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#ansiedad — Public Fediverse posts

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  1. 》》A veces la vida se llena de pequeñas renuncias que ni siquiera parecen importantes en el momento.
    Dejas de llamar a alguien.
    Dejas de escuchar cierta música.
    Dejas de entrar en sitios donde antes te sentías tú.
    Y un día descubres que también dejaste de intentar algunas cosas contigo mismo.

    Lo curioso es que casi nunca ocurre de golpe.
    No hay un gran drama, ni una escena triste con música de fondo como en las películas. 😅
    Solo rutina.
    Costumbre.
    Cansancio.
    Ese “ya da igual” que se instala poco a poco y empieza a mover los muebles por dentro.

    Y claro, uno aprende a adaptarse a espacios cada vez más pequeños.
    A quedarse donde no molesta demasiado.
    Donde nada explota… pero tampoco termina de encenderse nada.

    Lo peligroso de eso no es el dolor.
    Es la normalidad.

    Porque cuando llevas mucho tiempo evitando algo, acabas creyendo que ya no lo necesitas.
    Y no siempre es verdad.
    A veces solo te acostumbraste a vivir sin tocar esa parte de ti.

    Pero basta una tontería mínima para que algo despierte otra vez.
    Una conversación.
    Un recuerdo.
    Una canción escuchada en mal momento.
    La vida tiene esa manía absurda de devolverte cosas cuando pensabas que ya estaban archivadas. 😄

    Y quizá no hace falta revolucionarlo todo.
    A veces el cambio empieza solo por dejar de tratar como definitivo aquello que en realidad era una pausa larga.

    》》》》》》✧《《《《《《

    #reflexiones #vida #emociones #pensamientos #miedos #cambios #sentimientos #humanidad #ansiedad #crecer #realidad #escribir #reflexiondiaria #vivir

  2. 》》A veces la vida se llena de pequeñas renuncias que ni siquiera parecen importantes en el momento.
    Dejas de llamar a alguien.
    Dejas de escuchar cierta música.
    Dejas de entrar en sitios donde antes te sentías tú.
    Y un día descubres que también dejaste de intentar algunas cosas contigo mismo.

    Lo curioso es que casi nunca ocurre de golpe.
    No hay un gran drama, ni una escena triste con música de fondo como en las películas. 😅
    Solo rutina.
    Costumbre.
    Cansancio.
    Ese “ya da igual” que se instala poco a poco y empieza a mover los muebles por dentro.

    Y claro, uno aprende a adaptarse a espacios cada vez más pequeños.
    A quedarse donde no molesta demasiado.
    Donde nada explota… pero tampoco termina de encenderse nada.

    Lo peligroso de eso no es el dolor.
    Es la normalidad.

    Porque cuando llevas mucho tiempo evitando algo, acabas creyendo que ya no lo necesitas.
    Y no siempre es verdad.
    A veces solo te acostumbraste a vivir sin tocar esa parte de ti.

    Pero basta una tontería mínima para que algo despierte otra vez.
    Una conversación.
    Un recuerdo.
    Una canción escuchada en mal momento.
    La vida tiene esa manía absurda de devolverte cosas cuando pensabas que ya estaban archivadas. 😄

    Y quizá no hace falta revolucionarlo todo.
    A veces el cambio empieza solo por dejar de tratar como definitivo aquello que en realidad era una pausa larga.

    》》》》》》✧《《《《《《

    #reflexiones #vida #emociones #pensamientos #miedos #cambios #sentimientos #humanidad #ansiedad #crecer #realidad #escribir #reflexiondiaria #vivir

  3. 》》A veces la vida se llena de pequeñas renuncias que ni siquiera parecen importantes en el momento.
    Dejas de llamar a alguien.
    Dejas de escuchar cierta música.
    Dejas de entrar en sitios donde antes te sentías tú.
    Y un día descubres que también dejaste de intentar algunas cosas contigo mismo.

    Lo curioso es que casi nunca ocurre de golpe.
    No hay un gran drama, ni una escena triste con música de fondo como en las películas. 😅
    Solo rutina.
    Costumbre.
    Cansancio.
    Ese “ya da igual” que se instala poco a poco y empieza a mover los muebles por dentro.

    Y claro, uno aprende a adaptarse a espacios cada vez más pequeños.
    A quedarse donde no molesta demasiado.
    Donde nada explota… pero tampoco termina de encenderse nada.

    Lo peligroso de eso no es el dolor.
    Es la normalidad.

    Porque cuando llevas mucho tiempo evitando algo, acabas creyendo que ya no lo necesitas.
    Y no siempre es verdad.
    A veces solo te acostumbraste a vivir sin tocar esa parte de ti.

    Pero basta una tontería mínima para que algo despierte otra vez.
    Una conversación.
    Un recuerdo.
    Una canción escuchada en mal momento.
    La vida tiene esa manía absurda de devolverte cosas cuando pensabas que ya estaban archivadas. 😄

    Y quizá no hace falta revolucionarlo todo.
    A veces el cambio empieza solo por dejar de tratar como definitivo aquello que en realidad era una pausa larga.

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    #reflexiones #vida #emociones #pensamientos #miedos #cambios #sentimientos #humanidad #ansiedad #crecer #realidad #escribir #reflexiondiaria #vivir

  4. 🔵Hay gente que cree que quedarse quieto no cuenta como decisión.
    Pero claro que cuenta.

    Porque mientras aparentas que “ya verás”, la vida sigue pasando igual.
    Las oportunidades no suelen pegarse a la puerta como repartidores de Amazon diciendo: “¿seguro que no quieres intentarlo?” 😅

    A veces uno no se queda por cobardía.
    Se queda porque está cansado. Porque salió mal otras veces.
    Porque cuesta confiar en algo cuando ya has visto cómo se derrumban ciertas cosas.

    Y entonces entras en esa especie de sala de espera emocional donde no avanzas, pero tampoco retrocedes.
    Solo miras.
    Piensas.
    Das vueltas.
    Como si pensar mucho fuera a convertir el miedo en una brújula.

    Pero hay un momento raro —pequeño, casi ridículo— donde entiendes algo importante:

    que esperar eternamente también desgasta.

    Porque una parte de ti ya quería cruzar hace tiempo.
    Solo que el resto todavía estaba negociando con los fantasmas.

    Y no, dar un paso no garantiza finales felices.
    La vida no funciona así.
    Bastante tiene ella con apagarte el wifi cuando peor te viene.

    Pero moverte cambia algo.
    Aunque sea mínimo.

    Dejas de imaginar la vida… y vuelves a tocarla un poco.

    ≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

    #reflexiones #miedos #vida #emociones #ansiedad #pensamientos #crecer #cicatrices #cambios #sentimientos #realidad #escribir #humanidad #reflexiondiaria

  5. 🔵Hay gente que cree que quedarse quieto no cuenta como decisión.
    Pero claro que cuenta.

    Porque mientras aparentas que “ya verás”, la vida sigue pasando igual.
    Las oportunidades no suelen pegarse a la puerta como repartidores de Amazon diciendo: “¿seguro que no quieres intentarlo?” 😅

    A veces uno no se queda por cobardía.
    Se queda porque está cansado. Porque salió mal otras veces.
    Porque cuesta confiar en algo cuando ya has visto cómo se derrumban ciertas cosas.

    Y entonces entras en esa especie de sala de espera emocional donde no avanzas, pero tampoco retrocedes.
    Solo miras.
    Piensas.
    Das vueltas.
    Como si pensar mucho fuera a convertir el miedo en una brújula.

    Pero hay un momento raro —pequeño, casi ridículo— donde entiendes algo importante:

    que esperar eternamente también desgasta.

    Porque una parte de ti ya quería cruzar hace tiempo.
    Solo que el resto todavía estaba negociando con los fantasmas.

    Y no, dar un paso no garantiza finales felices.
    La vida no funciona así.
    Bastante tiene ella con apagarte el wifi cuando peor te viene.

    Pero moverte cambia algo.
    Aunque sea mínimo.

    Dejas de imaginar la vida… y vuelves a tocarla un poco.

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    #reflexiones #miedos #vida #emociones #ansiedad #pensamientos #crecer #cicatrices #cambios #sentimientos #realidad #escribir #humanidad #reflexiondiaria

  6. 🔵Hay gente que cree que quedarse quieto no cuenta como decisión.
    Pero claro que cuenta.

    Porque mientras aparentas que “ya verás”, la vida sigue pasando igual.
    Las oportunidades no suelen pegarse a la puerta como repartidores de Amazon diciendo: “¿seguro que no quieres intentarlo?” 😅

    A veces uno no se queda por cobardía.
    Se queda porque está cansado. Porque salió mal otras veces.
    Porque cuesta confiar en algo cuando ya has visto cómo se derrumban ciertas cosas.

    Y entonces entras en esa especie de sala de espera emocional donde no avanzas, pero tampoco retrocedes.
    Solo miras.
    Piensas.
    Das vueltas.
    Como si pensar mucho fuera a convertir el miedo en una brújula.

    Pero hay un momento raro —pequeño, casi ridículo— donde entiendes algo importante:

    que esperar eternamente también desgasta.

    Porque una parte de ti ya quería cruzar hace tiempo.
    Solo que el resto todavía estaba negociando con los fantasmas.

    Y no, dar un paso no garantiza finales felices.
    La vida no funciona así.
    Bastante tiene ella con apagarte el wifi cuando peor te viene.

    Pero moverte cambia algo.
    Aunque sea mínimo.

    Dejas de imaginar la vida… y vuelves a tocarla un poco.

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    #reflexiones #miedos #vida #emociones #ansiedad #pensamientos #crecer #cicatrices #cambios #sentimientos #realidad #escribir #humanidad #reflexiondiaria

  7. 🔵Hay gente que cree que quedarse quieto no cuenta como decisión.
    Pero claro que cuenta.

    Porque mientras aparentas que “ya verás”, la vida sigue pasando igual.
    Las oportunidades no suelen pegarse a la puerta como repartidores de Amazon diciendo: “¿seguro que no quieres intentarlo?” 😅

    A veces uno no se queda por cobardía.
    Se queda porque está cansado. Porque salió mal otras veces.
    Porque cuesta confiar en algo cuando ya has visto cómo se derrumban ciertas cosas.

    Y entonces entras en esa especie de sala de espera emocional donde no avanzas, pero tampoco retrocedes.
    Solo miras.
    Piensas.
    Das vueltas.
    Como si pensar mucho fuera a convertir el miedo en una brújula.

    Pero hay un momento raro —pequeño, casi ridículo— donde entiendes algo importante:

    que esperar eternamente también desgasta.

    Porque una parte de ti ya quería cruzar hace tiempo.
    Solo que el resto todavía estaba negociando con los fantasmas.

    Y no, dar un paso no garantiza finales felices.
    La vida no funciona así.
    Bastante tiene ella con apagarte el wifi cuando peor te viene.

    Pero moverte cambia algo.
    Aunque sea mínimo.

    Dejas de imaginar la vida… y vuelves a tocarla un poco.

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    #reflexiones #miedos #vida #emociones #ansiedad #pensamientos #crecer #cicatrices #cambios #sentimientos #realidad #escribir #humanidad #reflexiondiaria

  8. Imaginas… problemas que no existen.

    youtube.com/shorts/1yLdDqyeGio

    #shorts #ultimahora #youtube #Instagram #viral #tiktok #twitter #facebook #españa #reels #motivacion #ansiedad #mentalidadpositiva #superacionpersonal #desarrollomental

    “La mayoría de tus miedos nunca sucederán… pero tus sueños sí pueden hacerlo.”

    “Comenta ‘voy a vivir en paz’ si estás listo para dejar atrás la ansiedad.”

    Leer Completo En: jaml.es/imaginas-problemas-que

  9. :gif_shake: Nos han metido en la cabeza que si no sufres, no quieres.
    Y mira, no.
    Esa sensación de tener un nudo en el estómago las veinticuatro horas no es "mariposas", es tu cuerpo diciéndote a gritos que ahí no es.

    Confundimos el amor con estar pendientes de un hilo, analizando si nos han contestado al mensaje con un punto o con un emoji, o si el tono de voz hoy era un grado más frío de lo normal.
    Eso no es intensidad romántica, es vivir en una trinchera.
    El amor de verdad, el que vale la pena, te da una tranquilidad que te permite dormir a pierna suelta, no estar con el móvil en la mano como si fuera una granada a punto de explotar.

    La ansiedad es el detector de humos de nuestra intuición.
    Si suena, es porque hay fuego, aunque te empeñes en decir que solo es un poco de niebla.
    Si te sientes insegura, si sientes que tienes que mendigar atención o que siempre estás pisando huevos para que el otro no se moleste, no estás en una relación, estás en una carrera de obstáculos emocional.

    Hay que dejar de justificar lo que nos hace daño con eso de "es que me importa mucho".
    Si te importa tanto que te está costando la salud mental, el precio es demasiado alto.
    Una conexión sana te ayuda a regularte, no te dispara el sistema nervioso hasta dejarte frita.
    Al final, la paz no se negocia con nadie.

    ————————》✧《—————————

    #psicología #ansiedad #relaciones #amorpropio #pazmental #límites #intuición #saludmental #claraalbor #honestidad

  10. :gif_shake: Nos han metido en la cabeza que si no sufres, no quieres.
    Y mira, no.
    Esa sensación de tener un nudo en el estómago las veinticuatro horas no es "mariposas", es tu cuerpo diciéndote a gritos que ahí no es.

    Confundimos el amor con estar pendientes de un hilo, analizando si nos han contestado al mensaje con un punto o con un emoji, o si el tono de voz hoy era un grado más frío de lo normal.
    Eso no es intensidad romántica, es vivir en una trinchera.
    El amor de verdad, el que vale la pena, te da una tranquilidad que te permite dormir a pierna suelta, no estar con el móvil en la mano como si fuera una granada a punto de explotar.

    La ansiedad es el detector de humos de nuestra intuición.
    Si suena, es porque hay fuego, aunque te empeñes en decir que solo es un poco de niebla.
    Si te sientes insegura, si sientes que tienes que mendigar atención o que siempre estás pisando huevos para que el otro no se moleste, no estás en una relación, estás en una carrera de obstáculos emocional.

    Hay que dejar de justificar lo que nos hace daño con eso de "es que me importa mucho".
    Si te importa tanto que te está costando la salud mental, el precio es demasiado alto.
    Una conexión sana te ayuda a regularte, no te dispara el sistema nervioso hasta dejarte frita.
    Al final, la paz no se negocia con nadie.

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    #psicología #ansiedad #relaciones #amorpropio #pazmental #límites #intuición #saludmental #claraalbor #honestidad

  11. :gif_shake: Nos han metido en la cabeza que si no sufres, no quieres.
    Y mira, no.
    Esa sensación de tener un nudo en el estómago las veinticuatro horas no es "mariposas", es tu cuerpo diciéndote a gritos que ahí no es.

    Confundimos el amor con estar pendientes de un hilo, analizando si nos han contestado al mensaje con un punto o con un emoji, o si el tono de voz hoy era un grado más frío de lo normal.
    Eso no es intensidad romántica, es vivir en una trinchera.
    El amor de verdad, el que vale la pena, te da una tranquilidad que te permite dormir a pierna suelta, no estar con el móvil en la mano como si fuera una granada a punto de explotar.

    La ansiedad es el detector de humos de nuestra intuición.
    Si suena, es porque hay fuego, aunque te empeñes en decir que solo es un poco de niebla.
    Si te sientes insegura, si sientes que tienes que mendigar atención o que siempre estás pisando huevos para que el otro no se moleste, no estás en una relación, estás en una carrera de obstáculos emocional.

    Hay que dejar de justificar lo que nos hace daño con eso de "es que me importa mucho".
    Si te importa tanto que te está costando la salud mental, el precio es demasiado alto.
    Una conexión sana te ayuda a regularte, no te dispara el sistema nervioso hasta dejarte frita.
    Al final, la paz no se negocia con nadie.

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    #psicología #ansiedad #relaciones #amorpropio #pazmental #límites #intuición #saludmental #claraalbor #honestidad

  12. 👶 ■ Los dermatólogos coinciden: las niñas no necesitan cremas antiedad y la "cosmeticorexia" que se propaga en TikTok puede crear ansiedad por la piel que dura toda la vida ■ Recuerdan que la piel infantil es más sensible y que el uso de cosméticos inneces[…]
    huffingtonpost.es/life/hijos/l

    #ansiedad #piel #hijos #redessociales

  13. 🦋La ansiedad aparece cuando sabes exactamente la vida que quieres, pero no te atreves a ir a por ella.
    La mente va por delante, el cuerpo se queda atrás.
    Dudas, pospones, analizas todo mil veces.
    No actúas.
    Te frustras.
    Y así nunca hay paz.
    No es falta de claridad, es falta de coraje. Y sin coraje, todo pesa más.🦋

    #ansiedad #coraje #bloqueo #valentia #crecimientopersonal #decisiones #miedo #accion #claridad #reflexion

  14. 🦋 Mira… te lo digo sin anestesia y con cariño: no te estás desgastando por lo que pasa, sino por cómo lo rumias.
    Y eso depende, en parte, de ti.

    A veces creemos que estar en alerta constante es ser responsable.
    La mente dice: “si estoy pendiente, estoy haciendo lo correcto”.
    El cuerpo dice: “me estás agotando”.

    Pregunta incómoda: ¿te preocupas por un problema real o porque tu cabeza necesita algo que vigilar para sentirse útil?
    Muchas veces no es el peligro real.
    Es ansiedad buscando misión.

    No puedes controlar todo.
    Lo que puedes hacer hoy, actúa.
    Lo que está fuera de tu control, suéltalo.
    Aunque cueste.
    Aunque el ego quiera seguir masticándolo.

    Si acumulas tensión, no es solo por un tema concreto.
    A veces usamos la preocupación como contenedor de otras cosas que no miramos de frente.

    Respira.
    Baja el volumen del drama interior un punto.
    No necesitas estar en modo alarma permanente para ser buena persona.
    Tu sistema nervioso también merece descanso. 💛

    Cuídate con la misma seriedad con la que cuidas a los demás.
    No es egoísmo, es estrategia a largo plazo.

    ○○○○○○○○○○○○○○○○

    #reflexion #ansiedad #autocuidado #bienestar #saludmental #conciencia #vida #estrategia #mindfulness #equilibrio

  15. Hoy toca ir a la óptica porque como dice Broncano, veo menos que “un pescado por culo”. 😅
    Mis ojitos, que ya no son los de antes y se han vuelto un poco vagos, necesitan subir dioptrías otra vez.
    La hipermetropía avanza, el estrés y la ansiedad ayudan lo suyo… pero al menos siempre hay gafas nuevas que me hacen sentir un pelín más equipada para sobrevivir al mundo borroso. 👓

    👓😎🥸

    #hipermetropia #estres #ansiedad #vidadiaria #gafasnuevas #humorpsicologico #cosasdelavida #broncanoforever

  16. 🔥 ■ Leiva desvela que sufre ansiedad desde muy joven y cuenta cómo convive con ella: "No sabía qué era eso" ■ El artista reflexiona sobre un problema que sufren millones de personas.
    huffingtonpost.es/virales/leiv

    #virales #ansiedad #leiva #saludmental

  17. 🟡A menudo creemos que posponer una decisión nos da tiempo, control o seguridad.
    La verdad es más cruel: cada “mañana lo haré” aumenta la ansiedad y reduce nuestra libertad.
    Nos engañamos pensando que el tiempo nos pertenece, pero en realidad nos pertenece la elección que dejamos para más tarde.
    Cada vez que decidimos enfrentar lo que tememos, incluso con pasos pequeños, recuperamos un poco de nuestra vida y dejamos de ser espectadores de nosotros mismos.

    ✧・゚: ✧・゚:

    #tkz #psicologia #decisiones #ansiedad #procrastinacion #autoconocimiento #cambios #valentiasilenciosa

  18. Recuperación emocional tras tragedias puede prolongarse hasta un año: expertos

    La recuperación emocional tras una tragedia, como la del tren, puede durar hasta un año.


    Por Gabriela Díaz | Reportera                                                      

    Madrid (EFE).- La recuperación emocional tras la tragedia ferroviaria ocurrida este domingo en Adamuz (Córdoba) y en la que al menos han muerto 39 personas puede prolongarse al menos un año, un tiempo en el que son habituales los picos de angustia, el malestar, los temblores y las pesadillas en las que hay una reexperimentación de lo vivido.

    En declaraciones a EFE, la psicóloga de Emergencias del Colegio de Psicólogos de Madrid, Mónica Pereira, ha explicado que estos síntomas son más fuertes en el primer mes, cuando también aparecen problemas de sueño o hipersomnia, pero ha precisado que toda esta reacción es la forma que tiene el cerebro de intentar procesar lo vivido.

    Según esta profesional, un 80 % de quienes viven una tragedia de estas características lo supera por sí solo, mientras que un 10 % precisa ayuda profesional y otro 10 % siente que su vida ha mejorado porque ha aprendido mucho de sí mismo y de su capacidad de afrontamiento, lo que se llama resiliencia.

    Pedir ayuda

    Pereira ha recomendado que si la persona que ha sufrido la tragedia se estanca en el proceso de recuperación, no dude en pedir ayuda ya que en el 99 % de las situaciones se supera.

    Ha considerado, además, que la intensidad de la sintomatología, como pesadillas muy fuertes que reviven lo ocurrido, «asusta mucho», por lo que hay que explicar al paciente que todo ello entra dentro del proceso normal de recuperación.

    Cambia la forma de ver el mundo

    Tras sucesos de estas características, Pereira ha dicho que las personas que los sufren cambian su forma de ver el mundo.

    «Vamos por la vida con la idea de que somos infalibles y un accidente así nos da un golpe de realidad y nos hace ver que la vida es peligrosa», ha señalado.

    Por eso, la ayuda profesional es importante: «Damos herramientas al paciente para que poco a poco relativice la situación y deje de pensar que constantemente está en peligro».

    Llegada a la estación de tren de Huelva de familiares de viajeros de los trenes del accidente ocurrido en Córdoba. EFE/Alberto Díaz

    Tras una tragedia así, «el proceso emocional se desconfigura y se inicia un proceso para recomponerlo», ha comentado a EFE.

    Es habitual que a partir de un accidente como el ocurrido este domingo, los supervivientes suelen marcar el siniestro como una fecha determinante en su vida y todo lo que viva será «después de».

    Durante el primer año también es habitual pararse a analizar la situación muchas veces, generando un empeoramiento de la sintomatología.

    No obstante, todo dependerá del impacto físico sufrido ya que no es lo mismo haber salido ileso o sufrir una lesión permanente.

    Pereira ha insistido en que las personas afectadas han visto «cosas impactantes» y la primera reacción es de ‘shock’ sin saber qué hacer: «Nadie piensa cuando coge un tren que algo así le va a ocurrir».

    https://www.youtube.com/embed/V-YRHmMuI_k?enablejsapi=1&autoplay=0&cc_load_policy=0&cc_lang_pref=&iv_load_policy=1&loop=0&rel=1&fs=1&playsinline=0&autohide=2&theme=dark&color=red&controls=1&

    Síntomas comunes al principio

    Por ello, en los primeros momentos son esperables las crisis de ansiedad, de llanto, la deambulación, la ansiedad y el estupor, todo ello con una gran tristeza.

    Ante estas situaciones, los psicólogos de emergencias realizan primero un proceso de escucha activa en el que valoran el estado en que se encuentra el afectado.

    A partir de ahí le facilitan las primera pautas para gestionar los picos emocionales ya que la mente, «en modo defensa, se queda en ‘shock’ para amortiguar el dolor».

    En definitiva, el objetivo del psicólogo de emergencias es ayudar a generar un relato real, que el afectado entienda lo vivido para no mantenerse en el trauma sino en la supervivencia. –sn–

    Captura Imágenes de la búsqueda de evidencias que puedan servir para la identificación de víctimas e investigación del accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba). EFE/ Captura de vídeo de la Guardia Civil

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  19. Combatir la ansiedad y estrés, para mantener la salud este 2026: Nájera Villeda

    Hay que impulsar mejores hábitos en la rutina diaria, como el ejercicio y el descanso. Se debe aprender a controlar la ansiedad, con mejores hábitos alimenticios. 


    Por Gabriela Díaz | Reportera                                                       

    La parálisis del sueño es una experiencia más común de lo que se piensa y no tiene ningún origen paranormal, explicó la psicóloga Mireya Nájera, al explicar que este fenómeno ocurre por una descoordinación temporal entre el cuerpo y la conciencia durante el ciclo del sueño, por lo que recomendó que en este 2026, se impulsen mejores hábitos en la rutina diaria.

    La especialista en salud mental explicó que muchas personas han vivido al menos una vez el episodio conocido popularmente como “se me subió el muerto”, caracterizado por despertar sobresaltado, incapaz de moverse, con dificultad para respirar y la percepción de sombras, ruidos o presencias. “Estas sensaciones suelen generar miedo intenso y ansiedad, debido a la falta de información científica sobre lo que realmente sucede”.

    “La parálisis del sueño ocurre cuando la persona despierta de forma abrupta durante la fase REM del sueño. En ese momento, la conciencia ya está activa, pero los músculos siguen en estado de atonía, es decir, paralizados”, explicó la especialista. Añadió que en esta fase el cerebro continúa produciendo imágenes similares a las de los sueños, lo que explica la aparición de figuras, voces o sensaciones extrañas.

    Carga emocional

    La maestra en psicología detalló, además, que durante el sueño REM el cerebro procesa la carga emocional acumulada durante el día, mientras neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina se encuentran ausentes. “Al despertar repentinamente, estos químicos se activan de golpe, lo que puede intensificar el miedo, la sensación de ahogo y la percepción de peligro”.

    La especialista Nájera Villeda subrayó que la dificultad para respirar durante un episodio no implica un riesgo real de asfixia. “La respiración continúa de manera automática gracias al diafragma y al sistema nervioso parasimpático, aunque la persona sienta opresión en el pecho o falta de aire”, puntualizó.

    Ante este escenario, la especialista enfatizó la importancia de aprender a controlar la ansiedad durante la parálisis del sueño. Señaló que la herramienta más eficaz es la respiración diafragmática, ya que permite activar el sistema parasimpático, responsable de inducir calma y reducir la respuesta de alarma del cuerpo.

    Concentrarse en respirar

    “Cuando la persona logra concentrarse en respirar profundamente desde el abdomen, la ansiedad disminuye y el episodio suele durar menos tiempo”, afirmó; pero recomendó practicar esta técnica de manera cotidiana para que pueda utilizarse de forma automática en situaciones de estrés o durante la parálisis del sueño.

    La psicóloga indicó que existen factores que aumentan la probabilidad de presentar estos episodios, como la falta de un horario regular de sueño, el insomnio, el cansancio extremo, los altos niveles de estrés y una carga emocional elevada. Precisó que estos elementos son cada vez más frecuentes en la vida diaria de muchas personas.

    Dormir entre 7 y 9 horas diarias

    Para reducir la aparición de la parálisis del sueño, Mireya Nájera recomendó dormir entre siete y nueve horas diarias, mantener rutinas estables de descanso, realizar actividad física para liberar tensión y acudir con profesionales de la salud cuando los episodios sean recurrentes o generen angustia persistente.

    Finalmente, la especialista reiteró que la parálisis del sueño no es una experiencia peligrosa ni sobrenatural. “Con información adecuada, hábitos saludables y apoyo psicológico, es posible manejarla y disminuir su impacto emocional”, concluyó. –sn–

    Ejercicio en pareja

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  20. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

    Miedo a los ladrones, miedo a la policía.

    Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

    Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, ....miedo de vivir.
    🚨Es el tiempo del miedo.
    ❉✧❉✧❉

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  21. Depresión decembrina, fenómeno silencioso que requiere atención oportuna: Nájera Villeda

    Duelos no resueltos, pérdidas, conflictos o dificultades económicas, son factores que se agudizan en este periodo. Noviembre y diciembre tienen un repunte en consultas psicológicas relacionadas con depresión y ansiedad.


    Por Gabriela Díaz | Reportera                                                       

    La época decembrina puede representar un periodo de especial vulnerabilidad emocional para miles de personas en México que experimentan síntomas de depresión, ansiedad y soledad, así lo alertó la especialista en salud mental, Mireya Nájera Villeda.

    La psicóloga recordó que la época navideña está asociada a la celebración, convivencia y bienestar familiar, sin embargo, “los festejos de fin de año suelen detonar emociones intensas debido a la presión social por “estar bien”, los duelos no resueltos, pérdidas recientes, conflictos familiares y las dificultades económicas, son factores que se agudizan en este periodo y que muchas veces se viven en silencio”.

    “De manera regular observamos un incremento de personas que, durante diciembre y enero, presentan tristeza persistente, sensación de vacío, irritabilidad, alteraciones del sueño y del apetito, así como pensamientos de culpa o desesperanza. Son síntomas que deben atenderse de manera profesional”, explicó.

    Población adulta

    La especialista en salud mental detalló que, de acuerdo con datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), “en México más del 15 por ciento de la población adulta y adulta mayor, ha presentado síntomas de depresión en algún momento de su vida, y durante los últimos años se ha observado un aumento sostenido en los problemas de salud mental, particularmente después de la confinación por la pandemia de Covid 19.

    “Estudios del sector salud indican que los meses de noviembre y diciembre registran un repunte en consultas psicológicas relacionadas con depresión y ansiedad”, explicó la especialista.

    La maestra Mireya Nájera resaltó que en el caso mexicano influyen factores culturales muy específicos, como la idealización de la familia unida, la obligación de convivir aun cuando existen conflictos, y la comparación social exacerbada por redes sociales, factores que abonan en profundizar sentimientos de fracaso, soledad o exclusión; que deben atenderse de manera inmediata para superarse de manera efectiva.

    Problemas económicos

    “Muchas personas se sienten fuera de lugar porque no tienen con quién pasar las fiestas, han perdido a un ser querido o atraviesan problemas económicos. En México, donde la familia tiene un peso simbólico muy fuerte, estas ausencias o tensiones suelen vivirse con mayor carga emocional”, explicó.

    De esta forma, la maestra en psicología recomendó atender la depresión decembrina de manera integral y sin minimizar los síntomas. Subrayó la importancia de validar las emociones, entender que no todas las personas viven estas fechas de la misma forma y que no existe una obligación emocional de sentirse felices.

    Entre las principales recomendaciones, la especialista en salud mental recomendó mantener rutinas básicas de autocuidado, horarios regulares de sueño, alimentación balanceada y actividad física moderada, ya que estos elementos ayudan a estabilizar el estado de ánimo de las personas, de manera particular las adultas mayores.

    Sistema nervioso

    La especialista Nájera Villeda también recomendó limitar el consumo de alcohol, ya que actúa como depresor del sistema nervioso y puede intensificar síntomas depresivos, además de afectar el control emocional.

    La psicóloga enfatizó la importancia de expresar lo que se siente, ya sea con personas de confianza o con un profesional de la salud mental. “Hablar de lo que duele no arruina las fiestas, al contrario, puede prevenir crisis emocionales más graves”; además, aconsejó establecer límites sanos en reuniones familiares, evitando la sobreexposición a entornos que generan conflicto o malestar, y priorizando el bienestar personal sin culpa.

    Atención profesional

    En casos donde los síntomas persisten más de dos semanas, interfieren con la vida diaria o se presentan pensamientos de autolesión o desesperanza extrema, Nájera Villeda subrayó que es indispensable buscar atención profesional inmediata. Recordó que en México existen líneas de apoyo gratuitas y servicios de atención en instituciones públicas que pueden marcar una diferencia, a través de Locatel al 911, por ejemplo.

    “La salud mental también es salud. Atender la depresión en diciembre es un acto de responsabilidad personal y social. Normalizar la búsqueda de ayuda es clave para reducir el sufrimiento emocional de nuestros seres queridos; por lo que alertó a los familiares a mantenerse alerta y detectar disparos en las conductas de las personas que forman nuestro entorno social inmediato”, concluyó la psicóloga Mireya Nájera Villeda. –sn–

    Depresion diciembre

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  22. Documentos revelan que Facebook ocultó el vínculo entre su uso y efectos negativos en la salud mental

    Documentos judiciales en EE. UU. han revelado que Meta (propietaria de Facebook) habría ocultado los resultados de un estudio interno de 2020 llamado «Proyecto Mercurio». Dicho estudio demostró que los usuarios que desinstalaron Facebook durante una semana reportaron una mejora en su salud mental, con menores niveles de depresión, ansiedad, soledad y comparación social, hallazgos que la compañía habría minimizado y ocultado (Fuente Reuters).

    Un nuevo frente de batalla legal se ha abierto contra Meta, la empresa matriz de Facebook, a raíz de la divulgación de documentos internos como parte de un litigio judicial en Estados Unidos. Estos archivos revelan que Meta llevó a cabo un estudio en 2020, conocido como «Proyecto Mercurio», en colaboración con Nielsen, con el objetivo de medir el impacto de la desactivación de Facebook durante una semana en los usuarios.

    Los resultados del estudio fueron contundentes y poco favorables para la compañía: las personas que se abstuvieron de usar la red social durante el periodo de prueba reportaron una disminución en indicadores clave de malestar psicológico, como la depresión, la ansiedad, la soledad y la comparación social.

    Según los documentos, en lugar de profundizar en estos hallazgos, Meta decidió cancelar el estudio y minimizar sus conclusiones. La empresa alegó que los resultados estaban «influenciados» por la percepción negativa que ya existía en los medios sobre la compañía. No obstante, se revela que investigadores internos defendieron la validez de los resultados y advirtieron que la decisión de ocultarlos era comparable a las tácticas utilizadas por la industria tabacalera al ignorar los riesgos del consumo de cigarrillos.

    Este caso se integra en una demanda más amplia presentada por distritos escolares de EE. UU. contra Meta, Google, TikTok y Snapchat, acusándolos de priorizar el crecimiento sobre la seguridad de los menores y de ocultar riesgos conocidos. Entre las acusaciones específicas contra Meta se incluye haber establecido umbrales excesivamente altos para la eliminación de cuentas vinculadas a tráfico sexual y haber paralizado esfuerzos para frenar la comunicación entre depredadores y menores.

    Andy Stone, portavoz de Meta, ha rechazado las acusaciones, argumentando que las citas están descontextualizadas y que el estudio fue descartado por «problemas metodológicos», asegurando que la empresa trabaja desde hace años en la seguridad de sus productos.

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  23. Manual para florecer en tiempos difíciles

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    Tiempo lectura

    18 minutos

    I. El ruido

    El despertador sonó a las 6:30 a. m., 6:40, 6:50.

    Lucía no abría los ojos, solo cambiaba de posición como si el sueño fuera un pozo demasiado hondo del que no supiera salir. Había empezado a dormir con el celular debajo de la almohada “por si algo urgente”, pero nunca había nada urgente; solo notificaciones que podían esperar, jefes que no sabían de horarios, newsletters que jamás leía.

    La última alarma la obligó a incorporarse. Sentada en la orilla de la cama, miró sus manos. Sentía el cuerpo pesado, como lleno de arena húmeda.

    Se puso de pie. El departamento olía a encierro y café viejo. En la barra, junto al fregadero, una taza con restos secos formaba una aureola marrón. Lucía la enjuagó sin pensarlo mucho y puso a calentar agua. Encendió la cafetera como si fuera un interruptor de existencia: sin café, nada comenzaba.
    Volteó hacia la ventana del pequeño balcón. Y ahí estaba: la maceta.

    Era una maceta de barro color terracota, con una línea rota en la base. La había comprado dos años atrás, en un impulso optimista, cuando le pareció brillante idea empezar a cultivar albahaca “como toda adulta funcional en Pinterest”. La albahaca duró tres semanas. Desde entonces, la maceta se volvió paisaje fijo: tierra dura, grietas, polvo.

    Lucía se acercó y pasó el dedo sobre la superficie seca. Se levantó una nubecita mínima.

    —Igualita que yo —susurró.

    Abrió un cajón de la cocina buscando un clip, encontró de casualidad un sobre arrugado: “Semillas de lavanda — aroma de calma”.

    Había olvidado que las compró en una feria ecológica, el mismo día que se prometió “hacer yoga tres veces a la semana, meditar y comer mejor”. Nada de eso ocurrió. El sobre quedó enterrado entre boletas y ligas.

    Lo sostuvo entre los dedos. Lo lógico era tirarlo.
    En cambio, lo abrió.
    Tomó tres semillas, pequeñas, oscuras. Hizo tres agujeros torpes en la tierra seca y las dejó caer. Luego, con una botella de vidrio reciclada, echó un poco de agua.

    El agua se quedó en la superficie unos segundos, luego desapareció en grietas.

    —No va a crecer nada —dijo en voz baja, con una sonrisa cansada.

    Encendió la computadora. El día empezó a tragársela otra vez.

    No lo sabía aún, pero esa acción mínima, casi ridícula, había sido su primer acto de resistencia.

    II. El cuerpo que avisa

    Los días eran un archivo comprimido: juntas por Zoom, cambios de última hora, campañas urgentes, métricas, mensajes del jefe a las 11 de la noche con la palabra “IMPORTANTE” en mayúsculas.

    Lucía comía frente a la pantalla, respondía correos en el baño, hacía scroll infinito en Instagram hasta que los ojos le ardían.
    La lavanda no ocupaba un lugar real en su mente. Cada mañana se acercaba a la maceta, echaba un poco de agua y salía de cuadro. Ni esperanza ni fe; solo una repetición mecánica, como lavarse los dientes.
    Hasta que un jueves, durante una presentación, la voz empezó a temblarle. El corazón le latía tan fuerte que sentía el eco en los oídos. Se le durmieron las manos, le faltó el aire.

    —Lucía, ¿estás ahí? —preguntó la jefa desde la pantalla.

    Ella intentó contestar, pero las palabras no salieron. Cerró la laptop sin explicar. Caminó al baño. Se miró al espejo: estaba pálida, con ojeras moradas, la respiración entrecortada.

    Llamó a su mamá.

    —Me voy a morir —dijo, con los dedos temblando—. Me va a dar algo, siento que me apachurran el pecho.

    —Lucía, mi amor, eso es ansiedad —respondió su madre, con calma—. Respira. Inhala despacio. Exhala más lento. Ve al doctor, pero también tienes que bajarle al ritmo.

    Después de una revisión, el médico confirmó lo que el cuerpo llevaba meses gritando: agotamiento, estrés, ansiedad. Le recomendó terapia, pausas, caminar, “buscar actividades que te conecten con algo más que la pantalla”.

    “Conectarme con algo”. La frase se le quedó dando vueltas.

    Esa noche, al regresar, abrió la ventana para tomar aire.
    Entonces lo vio.
    Un punto verde, pequeño, absurdo, emergía entre la tierra agrietada.
    Se inclinó. Acercó la cara. No estaba segura si era una hierbita cualquiera, pero algo en la rectitud del tallito, en el esfuerzo diminuto de abrirse paso, le pareció heroico.
    Y por primera vez en mucho tiempo, Lucía sonrió sin obligarse.

    —Hola —susurró—. Así que sí estabas viva.

    III. Brotes

    A la mañana siguiente le escribió a su mamá:

    “Salió un brotecito en la maceta. Creo que es de la lavanda. Me hizo feliz. Es ridículo, pero sí.”

    Su mamá respondió con un audio lleno de cariño:

    —Pues cuídalo, hija. A veces Dios, la vida, el universo, lo que tú quieras, nos manda señales chiquitas. Tú cuida esa plantita. Y cuídate tú.
    Lucía decidió tomárselo en serio.
    Empezó a levantarse 10 minutos antes para regar el brote con calma, sin prisa, observando cómo la gota se deslizaba por el tallo. Buscó en internet: “cómo cuidar lavanda en maceta”. Aprendió sobre sol indirecto, buen drenaje, riego moderado.
    Comenzó un cuaderno al que llamó, medio en broma, medio en serio: “Manual para florecer en tiempos difíciles”.
    En la primera página escribió:

    Día 1: No me morí. Madres dice que es ansiedad.
    Día 2: El brote sigue aquí. Yo también.

    Los días siguientes, el tallo se alargó. Aparecieron las primeras hojas. Lucía sentía un orgullo extraño por algo que en realidad hacía solo. Pero la rutina de cuidar esa vida nueva comenzó a sembrar pequeños cambios:

    • Dejó de contestar mensajes laborales después de las 9:00 p. m. “Lo vemos mañana”.
    • Empezó a caminar dos cuadras para comprar frutas, en lugar de pedir todo por app.
    • Tomaba té en lugar de su cuarto café.
    • Cerraba los ojos un minuto al lado de la ventana para sentir el aire.

    Un compañero de trabajo, en una videollamada, se burló:
    —Te ves menos muerta, ¿cambiaste el filtro?
    —Estoy intentando dormir un poco más —dijo ella.
    —Qué lujo.
    Lucía pensó: no es un lujo, es sobrevivir.

    IV. El vecino del jardín colgante

    Un sábado por la tarde, mientras movía la maceta unos centímetros para que recibiera mejor luz, una voz masculina sonó al otro lado del muro del balcón.

    —Se ve bien ese brote.

    Lucía se sobresaltó. Giró. Desde el balcón contiguo, un hombre la miraba con una sonrisa leve. Tenía la barba descuidada y una playera gris con manchas de pintura. Detrás de él, una pared cubierta de macetas verdes: romero, albahaca, menta, suculentas, algo que parecía una higuera en miniatura.

    —Perdón, no quise asustarte —dijo—. Es que llevo unos días viéndote cuidar la maceta. Creo que es lavanda, ¿no?
    —Eso se supone —respondió Lucía—. Aunque pensé que no saldría nada.
    —Las semillas son tercas —dijo él—. Solo necesitan que alguien no se rinda antes.
    Lucía sintió que esas palabras iban dirigidas también a ella.
    —Soy Andrés —agregó—. Me acabo de mudar. Si quieres, cuando crezca más, te ayudo a podarla.
    —Lucía —dijo ella.
    Se quedó mirando su jardín colgante.
    —Tienes muchas plantas.
    —Es más barato que terapia —bromeó él, pero sus ojos tenían un brillo serio.

    A partir de ese día comenzaron conversaciones cortas:
    sobre el clima, el sol directo, bichitos blancos en la tierra, riego por la mañana o por la noche.
    Una tarde, Lucía señaló una maceta en el muro de Andrés.
    —¿Eso qué es?
    —Romero —dijo él—. Fue la primera planta que tuve cuando estaba hecho pedazos. Huele a casa nueva.

    Ella quiso preguntar “¿hecho pedazos cómo?”, pero se guardó la pregunta. Intuía que algún día él mismo lo contaría.

    V. La caída

    El día de la tormenta llegó sin anunciarse.

    Por la tarde, el cielo se puso amarillo y luego gris oscuro. Lucía, distraída en una reunión, escuchaba truenos a lo lejos, pero no se levantó a revisar nada.
    Cuando por fin cerró la laptop, la lluvia caía con furia. Un viento fuerte entraba por la ventana entreabierta.
    Corrió al balcón.
    La maceta estaba en el suelo, volcada. El tallo principal de la lavanda se había partido casi a la mitad. Tierra húmeda salpicaba todo.
    Lucía se quedó paralizada. Se arrodilló en el piso. Con manos torpes empezó a juntar puñados de tierra. El tallo se doblaba, vencido.
    Sintió cómo se le llenaban los ojos de lágrimas.
    No lloraba solo por la planta. Lloraba por todas las cosas que había dejado caer por descuido: amistades que ya no llamaba, citas que cancelaba, dibujos que nunca terminó, promesas hechas a sí misma que se le rompían entre correos y pendientes.
    Tocaron a su puerta.
    Abrió con el rostro húmedo.
    Era Andrés, empapado, sosteniendo una bolsa de tierra y una maceta limpia.

    —Vi desde mi balcón. ¿Puedo pasar?
    Lucía asintió.
    Fueron juntos al balcón. Andrés habló con voz tranquila:
    —A ver, no está todo perdido. Ayúdame.
    Sacó con cuidado el tallo, acomodó raíces y tierra en la nueva maceta.
    —Sostén aquí, por favor —le dijo a Lucía.
    Sus manos se rozaron. Lucía miró la lavanda quebrada y murmuró:
    —Siempre pasa esto. Empiezo algo y lo echo a perder.
    Andrés levantó la vista.
    —No es verdad. Aquí estás intentando salvarla.
    —Pero fue mi culpa. Debería haber cerrado la ventana.
    —Hay tormentas que llegan aunque cierres todo —respondió él—. Lo importante es lo que haces después.
    Apretó un poco la tierra alrededor del tallo.
    —Mira, si esta parte no se recupera, va a brotar desde abajo. Las plantas buscan otra vía. Nosotros también podemos.
    Lucía lo miró en silencio. Sintió ganas de creerle.
    —¿Tú cómo aprendiste todo esto? —preguntó.
    Andrés tragó saliva.

    —Perdí a mi hermano en un accidente —dijo finalmente—. No sabía qué hacer con la culpa, con el tiempo, con la casa vacía. Un día, compré una planta porque necesitaba cuidar algo que no fuera mi dolor. Luego otra. Y otra. No me curó, pero me dio un ritmo. Me obligó a levantarme, abrir la ventana, regar, seguir.
    Lucía sintió un nudo en la garganta.
    —Lo siento.
    —Yo también —dijo él—. Todavía. Pero aquí sigo. Y tú también, ¿no?
    Ella asintió.
    Esa noche, después de que Andrés se marchó, Lucía se sentó frente a la lavanda replantada. Aún se veía frágil.
    En su cuaderno escribió:

    “No todo lo que se quiebra muere.
    A veces solo cambia de forma.
    Yo también.”

    VI. Pequeños rituales

    Después de la tormenta, Lucía empezó a tomarse en serio la palabra “cuidado”.
    Se obligó a hacer algo nuevo: pidió cita con una terapeuta.

    En la primera sesión, habló atropellada de trabajo, ansiedad, la sensación de ser un archivo con mil pestañas abiertas.
    —¿Qué te calma? —preguntó la terapeuta.
    Lucía pensó.
    —Ver crecer mi planta —respondió, sorprendida de su propia honestidad.
    —Entonces vamos a convertir eso en un ritual —dijo la terapeuta—. No como obligación, sino como recordatorio de que eres capaz de sostener algo con paciencia. Y también de sostenerte.
    A partir de entonces, sus días empezaron a organizarse alrededor de pequeños rituales:

    • Por la mañana, cinco minutos de respiración junto a la ventana, con la lavanda.
    • A media tarde, pausa sin pantalla: regar si hacía falta, tocar la tierra, observar.
    • Por la noche, escribir una frase en el cuaderno: algo que agradecía, algo que había logrado, aunque fuera mínimo.

    Un día escribió:

    “Hoy no lloré en el baño de la oficina virtual. Eso cuenta.”

    Otro:

    “Dije que no a una entrega imposible. No se cayó el mundo.”

    Andrés se asomaba algunas noches.
    —Se ve más fuerte —decía señalando la lavanda.
    —Creo que nos estamos ayudando mutuamente —respondía ella.
    Él le enseñó a preparar infusión con hojas de menta. Ella le enseñó a hacer un pesto improvisado con casi nada.
    —La vida es más fácil cuando se comparte lo que se cultiva —dijo un día Andrés.
    Lucía guardó esa frase.

    VII. Retrocesos

    No todo fue lineal.
    Había días en los que Lucía despertaba con la misma piedra en el pecho de antes. Días en los que volvía a contestar correos a medianoche. Días en los que la lavanda parecía apagada, sus hojas tristes.
    Un miércoles, su jefa le gritó por mensaje de voz porque una presentación no estaba lista.
    Lucía se quedó inmóvil frente a la pantalla. El viejo impulso de complacer, aguantar, cederse hasta romperse volvió con fuerza.
    Fue al balcón buscando aire. El sol pegaba fuerte sobre la maceta.
    Las hojas estaban ligeramente caídas.

    —Perdón —susurró—. Te descuidé.
    Le echó agua de golpe. Drenó mal. La tierra se encharcó.
    En la próxima sesión, la terapeuta le dijo:
    —¿Ves cómo reaccionaste? Te diste cuenta del descuido y quisiste compensarlo con demasiado. Eso hacemos con nosotras también: nos saturamos buscando corregir de golpe. Ni a la planta ni a ti les sirve el exceso.
    Lucía se quedó en silencio.
    —Entonces… ¿qué hago?
    —Observar. Corregir con suavidad. No abandones, pero tampoco ahogues. Ni a la lavanda, ni a ti.
    Eso hizo.
    Destapó los agujeros de drenaje, dejó que la tierra respirara. Empezó a apagar el celular una hora antes de dormir. Puso límites con el trabajo poco a poco.
    Se permitió fallar un día y retomar al siguiente sin tratarse como enemiga.
    La lavanda se recuperó.
    Ella también, lentamente.

    VIII. Comunidad

    Con el tiempo, el balcón de Lucía dejó de ser un rincón triste.
    Andrés le regaló un esqueje de menta. Doña Teresa, la vecina del piso inferior, subió un día con una macetita de suculenta:
    —Para que no estés sola, mija. A las plantas les gusta la compañía —dijo.
    El edificio comenzó a cambiar sin que nadie lo planeara. Una vecina puso geranios rojos. Otro sembró jitomates en botes reciclados. Un niño pegó un dibujo de abejas junto a la entrada.
    Una tarde, al ver el conjunto, Andrés dijo:
    —Parece que sembraste un movimiento.
    —Yo solo quería que mi planta no muriera —respondió Lucía.
    —Y mientras la cuidabas, nos contagiaste las ganas.
    Organizaron una tarde de intercambio de esquejes. Lucía llevó frascos con flores secas de la lavanda, atados con hilo rústico y una etiqueta:

    “Para recordar que todo florece a su tiempo.”

    —Te estás volviendo muy poética —bromeó Andrés.
    —Es esto o volver a las crisis de pánico —dijo ella, riendo.
    Una vecina joven, Karla, se acercó tímida:
    —¿Tú escribiste esa frase?
    —Sí.
    —Deberías tener un blog.
    Lucía sintió el corazón dar un brinco.
    —Tenía uno. Lo abandoné —admitió.
    —Pues riega esa maceta también —dijo Karla—. Hay gente que necesita leer esto.
    La idea empezó a tomar raíz.

    IX. Florecer

    Llegó el verano, y con él, las flores.
    La lavanda se cubrió de espigas violetas que parecían pequeñas antorchas suaves. El olor era intenso, pero limpio. Cada vez que Lucía abría la ventana, el aroma la recibía como un abrazo.
    Una tarde organizaron una cena sencilla en el pasillo del edificio. Cada quien llevó algo: pan, ensalada, agua fresca, una tortilla de patata, galletas. En el centro, un frasco con lavanda.

    Doña Teresa olfateó el ramo.
    —Qué belleza. ¿Cómo le hiciste?
    Lucía pensó un momento antes de responder.
    —La regué cuando casi no tenía fuerzas. Le hablé cuando pensé que no me escuchaba. Le di espacio cuando estaba ahogándola. Y dejé de darla por muerta.
    Andrés levantó su vaso.
    —Brindo por eso.
    Durante la cena, alguien preguntó a qué se dedicaba Lucía realmente.
    —Trabajo en marketing —dijo—. Pero estoy aprendiendo a dedicarme también a mí.
    Se rieron, pero la frase se quedó flotando.
    Esa misma noche, al volver a su cama, abrió la laptop y entró al viejo blog que tenía olvidado. Leyó entradas de hace años: recetas, fotos de cafés, textos cortos sobre plantas.
    Suspiró.
    Luego abrió un documento nuevo y escribió el título:

    Manual para florecer en tiempos difíciles

    Y comenzó la historia. No maquilló los ataques de ansiedad ni la sensación de vacío. Contó sobre la lavanda, Andrés, la tormenta, la terapia, los pequeños rituales. Cada capítulo era una mezcla de relato, reflexión y gesto cotidiano.
    Cuando terminó, no estaba segura de si publicarlo. Le daba pudor exponerse.
    Le mandó el texto a Andrés.
    Al día siguiente, él le tocó la puerta con un vaso de té de lavanda.
    —Lo leí —dijo—. Está vivo. No es un tutorial. Es una mano extendida. Súbelo.
    —¿Y si a nadie le importa? —preguntó ella.
    —Ya le importó a una persona: a ti. Eso basta para empezar.
    Lo publicó.
    Cerró la laptop. Se fue al balcón. La lavanda se movía leve con el viento.

    X. Ecos

    Los primeros comentarios llegaron esa misma semana.
    Una chica escribió:

    “Pensé que era la única que se sentía rota. Voy a plantar algo hoy.”

    Otro:

    “Tengo ataques de ansiedad. Nunca pensé que una planta pudiera ser parte del proceso. Gracias por contarlo sin hacerlo cursi.”

    Una maestra de primaria dijo:

    “Voy a leer tu historia con mis alumnos y sembrar semillas con ellos.”

    Lucía se conmovió. No eran millones de vistas, pero eran raíces extendiéndose en lugares invisibles.
    En una videollamada, su terapeuta sonrió cuando Lucía le contó todo.
    —Convertiste tu dolor en puente —dijo—. Eso también es autocuidado: compartir para no cargar sola.
    Más adelante, Lucía creó una sección fija en su blog llamada “Florecer lento”, donde mezclaba historias, tips suaves, fotos de su balcón, pequeñas guías para empezar un huerto en espacios mínimos, pero siempre atravesados por la idea de bienestar, paciencia y humanidad.
    Andrés la ayudaba con fotos. Karla corregía textos. Doña Teresa aparecía de vez en cuando con refranes.
    El edificio ya no era solo un conjunto de departamentos: era una comunidad pequeña que olía a tierra mojada y pan recién horneado.

    XI. Un año después

    Un año después de haber enterrado las primeras semillas de lavanda, Lucía miró su balcón con calma.
    Había lavanda, sí. Pero también menta, romero, albahaca, una bugambilia miniatura, un par de tomates cherry, suculentas, una maceta con caléndula que ella llamaba “valentía”.
    El despertador sonaba menos veces. A veces se despertaba sola, con luz suave entrando por la cortina.
    Había días malos todavía. Días en los que el corazón se aceleraba sin motivo, o el trabajo la sobrepasaba.
    La diferencia era otra.
    Ahora sabía qué hacer:

    • Respirar cerca de la ventana.
    • No creerle al pensamiento catastrófico.
    • Escribir aunque doliera.
    • Mandar un mensaje a Andrés: “¿té?”
    • Acariciar con los dedos una ramita morada y oler.

    El dolor ya no era un abismo silencioso, sino un lugar donde podía sentarse acompañada hasta que pasara.
    Un mensaje apareció en su bandeja de entrada: una lectora de otra ciudad le decía que, gracias a su historia, había vuelto a plantar algo después de una pérdida muy grande.
    Lucía respondió con una frase que ya sentía suya:

    “No necesitas estar bien para empezar algo.
    A veces es al revés: empiezas, y poquito a poco, algo dentro de ti encuentra dónde sostenerse.”

    Cerró la computadora. Salió al balcón.
    Andrés le lanzó desde su terraza un frasco pequeño.
    —¿Qué es esto? —preguntó.
    —Semillas nuevas —dijo él—. Para lo que sigue.
    Lucía sonrió.
    —Entonces vamos a seguir floreciendo, supongo.
    —En tiempos difíciles, no sabemos hacerlo de otra forma —respondió él.

    Epílogo: Para ti que lees esto

    Si estás leyendo este “manual” esperando fórmulas rápidas, no las hay.

    Lo que sí hay son pequeñas verdades que Lucía aprendió al ritmo de una lavanda testaruda:

    1. Florecer no es un acto espectacular, es una serie de gestos silenciosos: apagar el celular a tiempo, decir “no puedo con todo”, pedir ayuda, respirar tres veces antes de creerle al miedo.
    2. Cuidar algo vivo fuera de ti —una planta, un huerto en una lata, un esqueje rescatado de la calle— puede recordarte que mereces el mismo cuidado. No al revés.
    3. Los retrocesos no cancelan el progreso. Una planta puede doblarse, secarse un poco, enfermar; eso no la define. Tú tampoco eres tus peores días.
    4. La comunidad sana. Un vecino que te ayuda a replantar, una amiga que te escucha, un lector desconocido que te dice “a mí también me pasa”: todo eso son raíces que se entrelazan.
    5. No todo lo que se rompe muere. A veces, como la lavanda de Lucía, solo cambia el lugar desde donde vuelve a brotar.

    Si estás pasando por un tiempo difícil, no necesitas tener un plan perfecto.
    Empieza pequeño: una semilla en una maceta vieja, un vaso de agua junto a tu cama, tres minutos de silencio con la ventana abierta.

    Mientras cuidas algo, aprende a hablarte con la misma paciencia.
    No le gritarías a una planta por tardar en florecer.
    No te lo hagas a ti.

    Florecer no siempre es brillar hacia afuera;
    a veces es simplemente seguir aquí,
    echando raíces en medio de la tormenta,
    hasta que un día —sin fecha fija— descubres
    que hueles un poco más a calma.

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    «Polenta cremosa con espinacas y ajo Anuncios

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  24. Hablando de ataques de #ansiedad.
    Me avisan de un día para otro que viene una doctora a casa y aquí estoy con mi amigo el Valium.
    Eso es lo que han hecho conmigo con tanta luz de gas en consulta y valoraciones para #dependencia #discapacidad #incapacidad 🤬
    #EncefalomielitisMialgica #Lupus #Fibromialgia #Sjögren #migrañas #POTS #raynaud #NdT #NauralgiaTrigeminal