#saludmental — Public Fediverse posts
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¿Qué harías diferente hoy si empezaras a actuar como esa persona que quieres ser?
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#saludmental #crecimientopersonal #reflexiones #desarrollopersonal #personalidad
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➤ A veces tengo la sensación de que ser adulto es estar subido a una cinta de correr que nadie sabe dónde se apaga.
Puedes estar con gripe, con el corazón hecho polvo, haber dormido fatal o simplemente estar hasta las narices de todo, que a la mañana siguiente suena el despertador igual.
Te duchas, te vistes, te pones una cara más o menos decente y sales a funcionar.
Porque hay que trabajar, hay que estudiar, hay que hacer la compra, contestar mensajes, pagar cosas y seguir con la película aunque por dentro estés pensando «hoy no puedo ni conmigo».Y lo curioso es que muchas veces nadie se entera.
Llegas, haces tu trabajo, sonríes si toca, dices que estás bien y hasta puedes soltar alguna broma.
Luego vuelves a casa, cierras la puerta y entonces ya puedes quitarte la careta un rato.Supongo que por eso esa frase de «la vida sigue» tiene una parte que consuela y otra que jode bastante.
Porque sí, la vida sigue. Incluso cuando tú necesitas que se pare cinco minutos para poder respirar.
No espera a que estés preparado, ni a que hayas terminado de llorar, ni a que hayas entendido qué coño te está pasando.Y al final sigues.
A veces con ganas, otras por pura inercia y algunas arrastrándote un poquito.
Pero sigues.No sé si eso es fortaleza o simplemente supervivencia con horarios.
Probablemente un poco de las dos. Y también creo que estaría bien admitir que funcionar no siempre significa estar bien.
Hay días en los que levantarse, hacer lo que toca y llegar hasta la noche ya es bastante.Mañana ya veremos.
Hoy, con llegar, suficiente.╰┈➤ ───────────
#vidareal #vidaadulta #cansancio #emociones #saludmental #reflexiones #realidad #seguiradelante #agotamiento #sentimientos #vidacotidiana #psicologiacotidiana
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¿Estás siendo sincero contigo sobre lo que puedes hacer para que algo cambie en ti?
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#saludmental #crecimientopersonal #reflexiones #desarrollopersonal #positivismo
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Parte de Daños
Escribí estos apuntes hace un tiempo. A mí me ayudó leer a otros. -
¿Y si no fuera pereza, sino miedo a intentarlo de verdad? ¿Qué puedes perder?
https://www.facebook.com/reel/1971366103537080
#saludmental #crecimientopersonal #reflexiones #exito #desarrollopersonal #miedo
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¿Y si no fuera pereza, sino miedo a intentarlo de verdad? ¿Qué puedes perder?
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ISSSTE refuerza prevención del suicidio con capacitación y Código Morado: Martí Batres
El ISSSTE fortalece la prevención del suicidio mediante capacitación, sensibilización y el Código Morado, mientras participa en la estrategia nacional El ABC de las emociones para impulsar la salud mental.
Por Gabriela Díaz | Reportera
El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) reforzó sus acciones de prevención del suicidio mediante capacitación, sensibilización y protocolos de atención en sus unidades médicas, al tiempo que participa en la estrategia nacional El ABC de las emociones, dirigida al bienestar socioemocional de adolescentes y jóvenes.
Las medidas incluyen actividades informativas para pacientes, familiares y personal de salud, además de mecanismos para identificar oportunamente factores de riesgo y canalizar a quienes requieren atención especializada. El organismo es encabezado por Martí Batres Guadarrama y mantiene el Código Morado como una herramienta para responder ante urgencias de salud mental.
ISSSTE fortalece la atención de salud mental
La coordinadora nacional de Atención Paliativa, Eréndira Vicencio Rosas, explicó que el ISSSTE participa en la Coordinación Nacional de Salud Mental mediante grupos focales, definición de contenidos, diseño de tamizajes y establecimiento de rutas de atención.
También interviene en la elaboración de guías de orientación y acompañamiento socioemocional dirigidas a jóvenes y tutores, en coordinación con las acciones nacionales de prevención y cuidado de la salud mental.
La estrategia El ABC de las emociones, puesta en marcha por el gobierno federal, busca que adolescentes y jóvenes desarrollen herramientas para reconocer y gestionar sus emociones, fortalecer el autocuidado y detectar oportunamente situaciones que requieran apoyo. La estrategia contempla acciones en escuelas de secundaria y educación media superior.
Código Morado activa atención ante crisis de salud mental
En el Centro Médico Nacional (CMN) “20 de Noviembre”, la jefa de Psiquiatría, Paidopsiquiatría, Neuropsicología y Psicología, Georgina Ochoa Madrigal, señaló que se realizan pláticas para médicos residentes, actividades con Trabajo Social y campañas de sensibilización dirigidas a pacientes, familiares y trabajadores de la salud.
Entre las acciones se encuentra la difusión de señalizaciones que identifican espacios donde las personas pueden solicitar ayuda y materiales informativos relacionados con la prevención del suicidio.
El Código Morado constituye uno de los principales mecanismos del ISSSTE para atender urgencias relacionadas con la salud mental. El protocolo se activa cuando una persona presenta una crisis que requiere intervención especializada y establece una ruta para que el personal identifique factores de riesgo y actúe de manera oportuna. –sn–
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¿Hay alguna herida que sigue sangrando dentro de ti, porque crees que el tiempo la curará?
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#saludmental #crecimientopersonal #reflexiones #desarrollopersonal #sanar
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El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
Tu voto:
#Adicción #Adolescentes #Algoritmos #Atención #Bienestar #Consumo #Desconexión #Diseño #Dopamina #EducaciónDigital #FOMO #Gamers #GamingAddiction #Instagram #Microtransacciones #PaseDeBatalla #Privacidad #RedesSociales #Reflexión #Regulación #SaludMental #Smartphone #Tecnología #TikTok #Videojuegos -
El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
Tu voto:
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El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
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El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
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El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
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🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿
A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
Alexis tenía apenas doce años.Después de aquello, siguió haciendo velas.
Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.Al principio no había una gran misión detrás.
No pensaba en campañas ni en activismo.
Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
Pequeñas cantidades primero.
Luego más.
Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
Su amigo Asher murió por suicidio.Alexis tenía quince años.
Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
Bajaban la voz.
Cambiaban de tema.
Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.
Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.Cada vela empezó a incluir información real.
No mensajes motivacionales de postal.
Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.Eso incomodaba a mucha gente.
Precisamente por eso importaba.
Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.Una luz temblando en mitad de la oscuridad.
En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.
Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.Ese era el verdadero trabajo.
No vender velas.
Abrir una puerta.
Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.
Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.
Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.
Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.
Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.
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#historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida
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🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿
A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
Alexis tenía apenas doce años.Después de aquello, siguió haciendo velas.
Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.Al principio no había una gran misión detrás.
No pensaba en campañas ni en activismo.
Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
Pequeñas cantidades primero.
Luego más.
Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
Su amigo Asher murió por suicidio.Alexis tenía quince años.
Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
Bajaban la voz.
Cambiaban de tema.
Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.
Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.Cada vela empezó a incluir información real.
No mensajes motivacionales de postal.
Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.Eso incomodaba a mucha gente.
Precisamente por eso importaba.
Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.Una luz temblando en mitad de la oscuridad.
En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.
Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.Ese era el verdadero trabajo.
No vender velas.
Abrir una puerta.
Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.
Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.
Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.
Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.
Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.
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#historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida
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🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿
A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
Alexis tenía apenas doce años.Después de aquello, siguió haciendo velas.
Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.Al principio no había una gran misión detrás.
No pensaba en campañas ni en activismo.
Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
Pequeñas cantidades primero.
Luego más.
Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
Su amigo Asher murió por suicidio.Alexis tenía quince años.
Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
Bajaban la voz.
Cambiaban de tema.
Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.
Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.Cada vela empezó a incluir información real.
No mensajes motivacionales de postal.
Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.Eso incomodaba a mucha gente.
Precisamente por eso importaba.
Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.Una luz temblando en mitad de la oscuridad.
En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.
Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.Ese era el verdadero trabajo.
No vender velas.
Abrir una puerta.
Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.
Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.
Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.
Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.
Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.
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#historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida
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𐀪ִֶָ A veces miramos atrás y pensamos:
«Bueno, al menos todo aquello me hizo más fuerte».Y sí, puede ser verdad.
Pero eso no convierte el dolor en algo bueno ni hace que tengamos que estar agradecidos por haber pasado por ciertas cosas.Hay cosas que nos cambian.
Nos enseñan a poner límites, a desconfiar, a conocernos mejor o a descubrir una fuerza que ni sabíamos que teníamos.
Pero una cosa es sacar algo de aquello que vivimos y otra muy distinta justificar lo que nos hicieron.No todo lo que nos hizo crecer tenía que habernos ocurrido.
Sanar también es poder decirlo sin sentir culpa: aquello me hizo quien soy, pero ojalá nunca hubiera tenido que aprenderlo de esa manera.
𓂃 ࣪˖ ִֶָ𐀪 ───────── 𐀪ִֶָ ˖ ࣪𓂃
#psicologia #reflexiones #sanar #heridasemocionales #pasado #saludmental #amorpropio #emociones #aprendizajes #fortaleza #vidareal #autoestima #limites #crecimientopersonal
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:ablobdundundun: Aceptar a las personas como son no significa tener que darles un lugar en nuestra vida.
Puedes querer a alguien y necesitar distancia.
Puedes entender su historia sin hacerte responsable de repararla.
Puedes perdonar y aun así decidir que no quieres volver a abrir esa puerta.Aceptar no significa permitir. Comprender no significa justificar.
Y querer no siempre significa acercar.La paz no llega cuando tienes a todo el mundo dentro, sino cuando aprendes quién merece entrar y hasta dónde.
A veces cuidarte también es decir: contigo, no.
╰┈➤ ┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈
#psicologia #reflexiones #limites #relaciones #amorpropio #saludmental #autoestima #pazmental #emociones #vidareal
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:bluebirdroll: A veces terminamos en terapia intentando arreglar heridas que ni siquiera nos hicimos nosotros.
Nos pasamos años intentando entender por qué alguien nos trató así, por qué nos hizo sentir insuficientes, por qué tuvo que romper algo en nosotros para sentirse mejor consigo mismo.
Y mientras tanto, esa persona sigue tan tranquila, sin mirar lo que lleva dentro.Hasta que un día entiendes que quizá nunca vas a conseguir una explicación que te deje en paz.
Que hay gente que hace daño porque no sabe qué hacer con su propio dolor.
Y que tú no puedes sanarles, ni cambiarles, ni esperar que un día tengan la valentía de mirar sus propias heridas.Así que vas a terapia.
No para olvidar lo que pasó, sino para dejar de cargarlo como si fuera culpa tuya.Y qué ironía: acabamos curándonos de las heridas que otros dejaron abiertas porque ellos nunca quisieron mirar las suyas.
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#psicologia #reflexiones #heridasemocionales #sanar #terapia #saludmental #emociones #pasado #autoestima #relaciones #vidareal #aprendizaje
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🤐 Un día al año deberían inventar el Día Mundial de Callarse un Rato.
No por enfado.
No por castigo.
Simplemente porque a veces necesitamos que el mundo baje el volumen.
Que nadie opine, nadie explique, nadie discuta, nadie mande audios de cinco minutos para decir una cosa que cabía en dos líneas.Un día para dejar el móvil boca abajo, cerrar la puerta y escuchar lo que queda cuando desaparece todo ese ruido.
Quizá descubriríamos que no estábamos tan cansados de la vida.
Estábamos cansados de tenerla todo el rato metida en la cabeza.⊹ ࣪ ˖ ───────── ˖ ࣪ ⊹
#silencio #reflexiones #psicologia #vidacotidiana #ruido #pazmental #pensamientos #agotamiento #soledad #vivir #calma #reflexion #saludmental
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Lo que las cifras de suicidio juvenil no dicen sobre clase, género y territorio | vía #CIPERChile
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La sensación cuando no estás triste pero tampoco estás feliz. solo estás vacío y cansado de todo
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#psicologia #reflexiones #cansancioemocional #vacío #emociones #saludmental #pensamientos #vida #soledad #sentimientos #realidad #agotamiento
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Qué tienen en común los países que sí han logrado reducir el suicidio
Qué tienen en común los países que sí han logrado... #tardigram #países #reducir #suicidio #saludmental -
El peligro del pasado era que los hombres se convirtieran en esclavos. El peligro del futuro es que se conviertan en robots.
Erich Fromm, La sociedad sana
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Apagar el brillo de los niños con pastillas
Hoy en día vivimos en una sociedad que parece tenerle miedo a la infancia. Esperamos que los niños se comporten como adultos en miniatura, manteniéndose quietos y callados durante jornadas escolares larguísimas. Cuando un pequeño muestra una energía desbordante, curiosidad extrema o simplemente es muy inquieto, el entorno se desespera. En lugar de entender que el movimiento es normal en su desarrollo, el sistema busca la salida rápida: poner una etiqueta médica y recurrir a la medicación inmediata.
El sobrediagnóstico de condiciones como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se ha convertido en un problema muy serio. Un diagnóstico real requiere meses de estudio profundo por parte de varios especialistas, analizando la conducta en la escuela y el hogar. Sin embargo, se ha vuelto común etiquetar a un menor en una sola consulta exprés. Se confunden problemas emocionales, el aburrimiento en el aula o la falta de límites claros con una enfermedad cerebral, dañando la identidad del niño desde muy temprano.
Medicar a la ligera a un cerebro que apenas se está formando es un peligro real. Los fármacos psiquiátricos alteran la química cerebral y tienen efectos secundarios en el sueño, el apetito y el crecimiento. Si un niño verdaderamente lo necesita, el medicamento es una herramienta de ayuda; pero si se usa solo para calmar a un niño sano que resulta incómodo, le estamos robando su esencia. La regla de oro en la salud mental infantil debe ser siempre agotar la terapia de conducta, el deporte, el arte y el apoyo familiar antes de pensar en una pastilla. No apaguemos la curiosidad ni el brillo natural de los niños solo para volverlos dóciles y predecibles.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#SaludMental #Infancia #TDAH #Psicologia #CrianzaRespetuosa #Reflexion
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¿Cómo descubre un psicólogo lo que pasa en tu mente?
El viaje científico detrás de un diagnóstico psicológico
Cuando una persona va al psicólogo clínico por primera vez, muchas veces piensa que el profesional va a adivinar sus problemas con solo mirarla. La realidad es que el diagnóstico psicológico es un proceso científico muy detallado que no incluye suposiciones. Todo comienza con una serie de charlas tranquilas donde el especialista pregunta sobre tu vida actual, tu infancia, tus relaciones y los momentos que te causan malestar. Esta conversación sirve para entender el mapa de tu vida.
Después de estas pláticas, el psicólogo utiliza herramientas científicas llamadas pruebas psicométricas. Estos cuestionarios y ejercicios ayudan a medir de forma exacta tus niveles de ansiedad, tus rasgos de personalidad o tu manera de manejar las emociones. El psicólogo analiza cómo reaccionas ante los problemas y qué cosas en tu entorno hacen que te sigas sintiendo mal. Con todas estas piezas juntas, el profesional arma un rompecabezas para explicarte con claridad qué te sucede y diseñar una terapia personalizada que te ayude a sanar.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#Psicologia #SaludMental #Terapia #Diagnostico #MenteSaludable
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✦ Hay algo curioso en esperar.
Estamos cinco minutos en una sala y ya estamos buscando el teléfono.
Un minuto en una cola y sentimos que tenemos que hacer algo.
Mirar una pantalla, revisar mensajes, deslizar el dedo sin saber muy bien qué buscamos.Nos hemos acostumbrado tanto a llenar cualquier silencio que quedarnos simplemente ahí, sin hacer nada, empieza a resultar incómodo.
Y quizá lo raro no sea aburrirnos.
Quizá lo raro sea que ya casi no sabemos estar solos con nuestra propia cabeza.Porque cuando no hay pantalla, música, vídeos ni notificaciones que nos distraigan, aparecen pensamientos que normalmente dejamos esperando también.
Cosas que nos preocupan.
Decisiones que llevamos posponiendo.
Recuerdos.
Ideas.
Incluso cosas que no sabíamos que teníamos dentro.A veces cinco minutos sin estímulos no son tiempo perdido.
Son cinco minutos en los que, por fin, puedes escucharte.
⋆。°✩ ───────── ✩°。⋆
#psicologia #reflexion #menteyemociones #vidacotidiana #pensamientos #saludmental #autoconocimiento #atencionplena
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¡Hola! Actualizo mi #Presentacion con un trocito más de mí 👋 Mi nombre es Hela.
🎨 Dibujo y amo el #Arte y la #Artesanía. Todo lo que se hace con las manos merece la pena.
🔮 Me gusta investigar sobre #paganismo.
🎬 Fan del #Cine y las #Series de misterio y #Terror 🍿
😂 Me encanta el buen #Humor
🧠 Convivo con dos patologías de #SaludMental.
Estoy aquí para escuchar, apoyar y compartir el día a día.
#Dibujo #CineDeTerror #Misterio #pagana #paganismo #Hela #Autocuidado #saludmental -
"El maltrato no nace de los malos sentimientos ni de perder el control. Nace de una mentalidad de propiedad, donde uno cree que tiene el derecho de controlar y mandar sobre la vida del otro."
Lundy Bancroft, especialista en abuso relacional.
#SaludMental #AbusoEmocional #RelacionesSanas #Relaciones #Respeto #LundyBancroft
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Las cicatrices invisibles: Entender y frenar el abuso psicológico
Una guía clínica para identificar la manipulación, proteger tu mente y romper el silencio
El maltrato psicológico es una forma de violencia silenciosa que no deja huellas en la piel, pero destruye la identidad y la salud mental desde adentro. Consiste en un patrón sistemático de conductas donde una persona utiliza la manipulación, las humillaciones, los celos extremos y el control para someter a otra. A diferencia de una discusión normal, el abuso no es un conflicto aislado, sino una estructura de poder donde el agresor busca desgastar la autoestima de la víctima hasta dejarla sin fuerzas para defenderse.
Detectar este tipo de violencia puede ser muy difícil porque suele comenzar de manera sutil. Al inicio de la relación, es común que exista un exceso de atención y promesas conocido como bombardeo de amor, el cual se transforma rápidamente en control. Una de las tácticas más destructivas es el gaslighting o luz de gas, donde el agresor distorsiona los hechos para hacer que la víctima dude de su propia memoria o cordura. Otra señal de alarma muy clara es el aislamiento social, que ocurre cuando el abusador aleja a la persona de sus amigos y familiares mediante críticas constantes hacia su entorno, logrando que se quede sola y dependiente. También se manifiesta a través de la invalidación emocional, minimizando los sentimientos del otro, y el uso del castigo del silencio como una forma cruel de manipulación.
Para enfrentar esta situación, el primer paso fundamental es romper el aislamiento y hablar de lo que ocurre con personas de total confianza. Intentar razonar o cambiar al agresor no funciona, ya que estas dinámicas se alimentan de la justificación. Es indispensable comenzar a establecer límites firmes y, en la medida de lo posible, planificar una distancia segura. La reconstrucción de la autoestima requiere un acompañamiento profesional mediante terapia psicológica para sanar las secuelas del trauma y recuperar la confianza en el propio criterio. Asimismo, la prevención de estas dinámicas se logra educando sobre relaciones saludables basadas en el respeto mutuo, la comunicación abierta y el desarrollo de una fuerte autonomía emocional desde etapas tempranas.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#Psicologia #SaludMental #AbusoEmocional #RelacionesSanas #Bienestar #Autoestima
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El peligro silencioso de los ególatras: Cómo detectar y frenar a un narcisista
Una charla honesta sobre las trampas de la manipulación psicológica, el desgaste real que provocan en nuestra salud y las herramientas clave para proteger nuestra tranquilidad.
Seguro que en más de una ocasión han escuchado la palabra narcisista para describir a alguien que se toma demasiadas fotos o que no para de hablar de sus logros, pero la realidad detrás de este comportamiento es mucho más complicada y peligrosa. No estamos hablando de simple vanidad cotidiana, sino de una forma de ser donde la persona tiene una necesidad enorme de que la aplaudan todo el tiempo y, lo más grave, es totalmente incapaz de ponerse en los zapatos de los demás. Lo curioso y tramposo de estos individuos es que al principio se muestran como la gente más encantadora, divertida y perfecta del mundo, ya sea como amigos, parejas o jefes en el trabajo. Sin embargo, esa seguridad absoluta es solo una máscara para tapar una autoestima muy frágil que se rompe ante el menor desacuerdo, y es ahí donde empiezan los verdaderos problemas para quienes están a su alrededor.
Convivir con alguien así es como meterse a un juego donde las reglas cambian todos los días a conveniencia de ellos y donde uno siempre tiene las de perder. Al inicio de la relación te llenan de atenciones y elogios exagerados en una etapa que se conoce como bombardeo de afecto, haciéndote creer que encontraste a tu alma gemela o al socio ideal. Pero en cuanto te tienen asegurado, las cosas cambian por completo y empiezan a devaluarte con críticas disimuladas, burlas o indiferencia de la noche a la mañana. Juegan mucho con algo llamado refuerzo intermitente, es decir, un día te tratan de maravilla y al siguiente te ignoran sin motivo aparente, lo que te deja en un estado de confusión constante, intentando adivinar qué hiciste mal para que se alejaran.
El desgaste de aguantar estas dinámicas es enorme y pasa una factura muy real tanto en la mente como en el cuerpo. Una de las tácticas más dañinas es cuando te niegan las cosas en tu propia cara, haciéndote dudar de tu memoria o de lo que viste, al grado de que terminas pensando que tú eres el problema o que estás perdiendo la cordura. Vivir con ese nivel de estrés hace que tu cuerpo produzca cortisol y adrenalina todo el tiempo, lo que se traduce en insomnio, dolores de cabeza constantes, problemas en el estómago y una ansiedad terrible que te va apagando poco a poco. Además, estas personas buscan apartarte de tu familia y tus amigos para que no tengas a nadie que te abra los ojos y así ellos puedan mantener el control total de la situación.
Por fortuna, hay formas de detectar estas conductas a tiempo antes de que sea demasiado tarde. La mejor prueba para conocer a alguien es ver cómo reacciona cuando le pones un límite sencillo o cuando le dices que no a un capricho; un narcisista se va a enojar muchísimo o va a intentar hacerte sentir culpable. También es vital prestar atención a cómo habla de sus relaciones pasadas, ya que si para él todos sus ex-amigos o ex-parejas eran los malos y él siempre fue la víctima, ahí hay una señal de alerta enorme. Mantener tus propios pasatiempos, no descuidar a tus amistades y anotar las cosas importantes que platican te ayudará a mantener los pies en la tierra y a no dejarte enredar por sus historias inventadas.
Si ya estás metido en una situación así, la solución más sana y efectiva es cortar por lo sano mediante el contacto cero, lo que significa bloquear llamadas, mensajes y redes sociales para que tu mente pueda descansar de tanto caos. En los casos donde no se puede cortar la comunicación por completo, como cuando hay hijos de por medio o asuntos de trabajo, se recomienda usar el método de la piedra gris, que consiste en interactuar de la forma más aburrida, corta y seca posible, respondiendo solo con datos claros y sin mostrar ninguna emoción. Al ver que ya no pueden hacerte enojar ni controlarte, terminarán por aburrirse e irse a otra parte, permitiéndote recuperar tu vida, tu salud y tu tranquilidad con el apoyo de la gente que sí te quiere bien.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#SaludMental #Psicología #AbusoEmocional #RelacionesSanas #Bienestar #PensamientoCritico #narcisista
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Desaparición de un familiar provoca un duelo sin cierre y mantiene a las familias en alerta
La desaparición de una persona puede generar una pérdida ambigua: un duelo sin certeza que afecta la salud emocional, la economía y la dinámica familiar, explica especialista de la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Por José Víctor Rodríguez | Reportero
La desaparición de un familiar puede provocar un proceso de duelo sin cierre, marcado por la incertidumbre, la esperanza y el temor ante la imposibilidad de confirmar si la persona está viva o murió, explicó Ana Patricia González Rodríguez, directora del Colegio de Psicología de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ).
Este fenómeno, conocido como pérdida ambigua, puede mantener a las familias en un estado prolongado de alerta y dificultar la reorganización de la vida cotidiana. La especialista señaló que conservar las pertenencias de la persona desaparecida, mantener activo su teléfono o reservarle un lugar en la mesa no necesariamente constituye una negación patológica, sino una forma de mantener el vínculo mientras no existe certeza.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemora cada 30 de agosto el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. En 2026, la fecha adquiere además relevancia por el vigésimo aniversario de la adopción de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.
¿Qué es la pérdida ambigua?
El concepto de pérdida ambigua fue desarrollado por la psicoterapeuta e investigadora estadounidense Pauline Boss para describir situaciones de pérdida en las que no existe una confirmación definitiva que permita concluir el proceso de duelo.
En los casos de desaparición, la ausencia no tiene un desenlace definido. La familia puede conservar la esperanza de encontrar a la persona con vida y, al mismo tiempo, enfrentar el temor de que haya muerto.
González Rodríguez explicó que esta incertidumbre interrumpe los rituales sociales asociados con la muerte y dificulta que la familia reorganice sus roles. Por ello, la desaparición no representa únicamente la ausencia física de una persona, sino una situación que puede prolongarse durante años.
La desaparición mantiene activa la incertidumbre
La especialista señaló que los familiares pueden desarrollar una búsqueda constante de información: revisar mensajes, hospitales, expedientes, redes sociales y noticias relacionadas con posibles hallazgos.
Aunque esta conducta puede cumplir una función concreta en la localización de la persona desaparecida, también puede mantener al organismo en un estado permanente de alerta.
La incertidumbre puede acompañarse de insomnio, pesadillas, fatiga, irritabilidad, problemas de concentración, tristeza persistente, ansiedad y reacciones intensas ante llamadas, fechas o noticias relacionadas con el caso.
La exposición repetida a fotografías, expedientes y posibles hallazgos también puede provocar reactivaciones traumáticas, según la especialista.
Culpa, miedo y cambios en la dinámica familiar
Otro efecto frecuente es el pensamiento contrafactual, expresado en preguntas como “¿por qué no le llamé?”, “¿pude impedirlo?” o “¿estoy haciendo lo suficiente?”. De acuerdo con González Rodríguez, este mecanismo puede representar un intento de recuperar la sensación de control frente a un hecho imprevisible.
Sin embargo, la culpa puede aparecer incluso cuando el familiar no tuvo responsabilidad alguna en la desaparición.
La ausencia también puede modificar profundamente la organización familiar. Cuando la persona desaparecida era proveedora económica, cuidadora o una figura central, otros integrantes deben asumir nuevas responsabilidades, mientras los gastos de búsqueda, transporte y asesoría pueden generar presión económica y conflictos internos.
En el caso de menores de edad, la especialista advirtió que pueden asumir responsabilidades propias de adultos antes de tiempo.
Más de 128 mil personas desaparecidas en México
El impacto psicológico ocurre dentro de una crisis de desapariciones que también tiene consecuencias jurídicas, económicas y sociales.
En mayo de 2026, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó su informe Desapariciones en México, en el que señaló que el fenómeno genera una grave crisis de derechos humanos. Al cierre del informe, con información hasta junio de 2025, se contabilizaban más de 128 mil personas desaparecidas y, de acuerdo con conteos independientes citados por la Comisión, más de 70 mil cuerpos permanecían bajo custodia del Estado sin identificar.
La CIDH señaló que la mayoría de las desapariciones están relacionadas con el crimen organizado, aunque también documentó casos de desaparición forzada en los que habrían existido vínculos entre organizaciones criminales y autoridades encargadas de seguridad, procuración de justicia y autoridades políticas. El informe incluyó 40 recomendaciones para fortalecer las políticas de prevención, búsqueda, investigación, sanción y reparación.
La dimensión del problema también alcanza a distintos grupos sociales. La CIDH identificó particularidades en casos que involucran a menores de edad, mujeres, personas LGBTIQ+, periodistas y defensores de derechos humanos.
La ausencia también genera pérdidas económicas y sociales
Las familias pueden enfrentar pérdida de ingresos, ausencias laborales, gastos de transporte y asesoría, además de estigmatización.
Las insinuaciones de que una persona desaparecida “estaba involucrada en algo” pueden trasladar injustamente la sospecha hacia la víctima y generar aislamiento para sus familiares.
La ONU también reconoce que las desapariciones tienen consecuencias que trascienden a la víctima directa. Las familias y comunidades enfrentan angustia, incertidumbre, afectaciones económicas y sociales, además del derecho a conocer la verdad sobre el paradero de la persona desaparecida.
La incertidumbre no equivale automáticamente a una enfermedad
González Rodríguez señaló que sentir miedo, insomnio, tristeza, culpa o hipervigilancia ante la desaparición de un familiar puede constituir una respuesta comprensible frente a una situación extrema.
Estos síntomas no deben convertirse automáticamente en diagnósticos. Para determinar si existe un trastorno se requiere una evaluación profesional que considere su duración, intensidad y repercusión en el funcionamiento cotidiano.
La especialista planteó que la literatura especializada ha relacionado esta experiencia con estrés postraumático, depresión, ansiedad y aflicción intensa y persistente, además de proponer que la incertidumbre prolongada puede entenderse como una forma de trauma crónico.
Coloquio abordará violencia, subjetividad y crisis humanitaria
En este contexto, el Colegio de Psicología de la UCSJ realizará los días 28 y 29 de septiembre el Coloquio Internacional “Crisis Humanitaria, violencias, subjetividad y estados de marginalidad”, con la participación de investigadores y académicos de distintas instituciones.
El encuentro contempla también la participación de las periodistas María Cortina y Marcela de Jesús Natalia, defensora de derechos humanos e integrante del pueblo Ñomndaa’, además de otros especialistas.
El objetivo del encuentro será propiciar el intercambio académico sobre las distintas manifestaciones de la violencia y sus efectos en la subjetividad, así como discutir propuestas relacionadas con la práctica clínica y las políticas de atención e inclusión.
La desaparición de una persona, por tanto, no termina con el momento en que se pierde su rastro. Para quienes la buscan, la ausencia puede convertirse en una experiencia cotidiana en la que la esperanza y el temor coexisten sin una respuesta definitiva. –sn–
Familiares de desaparecidos en la Camara de Diputados¡Conéctate con Sociedad Noticias! Suscríbete a nuestro canal de YouTube y activa las notificaciones, o bien, síguenos en las redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram.
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:BlobAngrySigh: Hay problemas que duelen más cuando los demás no los consideran problemas.
Porque bastante tienes ya con lo que llevas encima como para que alguien te diga «eso no es para tanto», «yo no le daría importancia» o «hay gente con problemas de verdad».
Como si existiera una clasificación oficial del sufrimiento y alguien hubiera decidido que lo tuyo no merece pasar el corte.Lo curioso es que muchas veces no necesitas que te solucionen nada.
Solo necesitas que alguien entienda que para ti aquello está siendo difícil.
Punto.Cada persona tiene sus propios límites, sus miedos y sus mierdas.
Lo que a uno le resbala a otro puede dejarlo hecho polvo.
Y no, eso no significa que sea débil.
Significa que somos personas y no venimos todos con el mismo manual de instrucciones.A veces lo que más necesitas escuchar no es «no pasa nada», sino «entiendo que para ti sí pasa».
Y cambia bastante la cosa.✧・゚: ✧・゚: ───── :・゚✧:・゚✧
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🌷͙֒ Menuda presión nos metemos con esto de tener que rendir al doscientos por cien todos los putos días, como si fuéramos máquinas enchufadas a la corriente.
La energía fluctúa y punto; hay jornadas en las que te levantas con las pilas cargadas y otras en las que el simple hecho de poner un pie en el suelo ya pesa un quintal.
Y no pasa nada.
No estás roto ni te falta disciplina por tener un día de mierda o el cuerpo hecho polvo.Entre el estrés, las hormonas, la falta de descanso o simplemente que la cabeza te pide tregua, es normal no dar siempre la misma talla.
Lo jodido es que vivimos en una rueda de molino que nos exige cumplir con todo el mundo menos con nosotros mismos.
Pero parar no es un lujo, es supervivencia mental.
Aprender a soltar el acelerador, admitir sin complejos que hoy no puedes con tu alma y dejar de fustigarte por necesitar silencio es lo más sano que puedes hacer por ti.𓍢ִ໋🌷͙֒ ───── 𓍢ִ໋🌷͙֒
#autocuidado #reflexiones #vidareal #saludmental #bienestar #descanso
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:ablobcatwhachy: A veces confundimos superar algo con olvidarlo.
Como si sanar significara que aquello dejó de doler para siempre, que ya no vuelve a aparecer, que ni siquiera lo recuerdas.Y no.
Hay cosas que se quedan.
Algunas aparecen de vez en cuando, te aprietan un poco el pecho y luego se van.
Pero ya no mandan.
Ya no decides dónde ir, a quién querer, qué permitir o de qué huir pensando en aquello que pasó.Puedes seguir teniendo una cicatriz y estar perfectamente bien.
La diferencia está en que antes la herida llevaba el volante y ahora conduces tú.Eso también es estar bien.
No olvidar.
No borrar.
Simplemente dejar de vivir alrededor de lo que te hizo daño. 🖤༺ཌༀཉི ───── ཉི༃ཀ༃ཌ༻
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Un día tonto
Menudo día tonto estoy teniendo. Sé que es normal, que de estos también hay, pero eso no lo hace más llevadero.
Lo peor es que no ha pasado nada. Es decir, no hay un motivo concreto que justifique la tontería que padezco. Aunque, ahora que lo pienso, es posible que por ese motivo lo sienta como tonto y no como malestar, infelicidad, dolor o cualquier otra cosa.
Por lo visto, soy una persona terriblemente racional que necesita que todo tenga su causa, su porqué, su sentido. A pesar de que, a la hora de la verdad, yo soy más de seguir corazonadas que estrategias. Es más, lo de ser una brújula no es algo que aplique en exclusiva a mi escritura. Para nada. Lo de guiarme por una brújula interior, o una suerte de sonar del alma o de ecolocalización del corazón, es algo que se aplica a mi vida al completo. Y no me va mal. Al contrario. Pero, siendo esto así, no sé por qué me angustio tanto.
Dice mi psicóloga que esa angustia es, en realidad, ansiedad. Que no me apure, que es el mal de este siglo, que padecerla me hace más normal, más del montón, que es, según le digo una sesión tras otra, lo que más deseo ser. Que la terapia ayudará. Que me centre en el presente. Que deje seguir su curso lo que no está en mi mano y no puedo controlar.
—Inspira… Aguanta el aire… Un poco más… Exhala despacio… Repite…—
Ansiedad y un poco de trauma, ese creo que es el diagnóstico, para nada espectacular, pero sí bastante tocanarices, cuando de funcionar con normalidad se trata. Y sí, la meditación ayuda. Pero no es suficiente —o quita más tiempo que tranquilidad te da—. También ayudaba el deporte, hasta que el cuerpo dijo basta. Y el yoga…
Quizás tendría que volver al yoga. O probar el pilates. ¿No han sacado nada nuevo ahora que esté de moda y te prometa un cuerpo —y sin dolor— y tranquilidad del alma?
O, tal vez, quién sabe, tendría que aprender a fiarme de mi ecolocalizador interior y comprender que si tengo un día tonto, quizás sea porque el cuerpo y el alma me piden un poco de recogimiento y calma.
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El absurdo hábito de seguir en redes a las personas que te caen mal
Hay una conducta en las redes sociales que desafía por completo el sentido común. Se trata de esas personas que pasan el día entero criticando, atacando y quejándose de las publicaciones de alguien, pero que lo mantienen guardado con candado en su lista de cuentas seguidas. Desde un punto de vista lógico, esto no tiene ni un poquito de pies ni cabeza. Si el contenido de un usuario de verdad te molesta, te aburre o te cae mal, la pregunta obligada que todos deberíamos hacernos es: ¿entonces para qué rayos lo estás siguiendo en tu pantalla?
Esto es exactamente igual a caminar por la calle, entrar por tu propia voluntad a un restaurante sabiendo que solo cocinan cosas que detestas, sentarte a la mesa, pedir el plato más grande, comértelo a puños y luego ponerte a gritarle al cocinero porque la comida te supo horrible. Es una forma de actuar completamente irracional que solo te hace perder el tiempo y pasar un mal rato sin necesidad alguna. Lo más sano y maduro que se puede hacer en esta vida digital es aceptar que si algo no te gusta, simplemente debes dar la vuelta y dejar de mirarlo.
Por fortuna, dentro de una red libre y respetuosa como Mastodon no hay algoritmos obligándote a ver cosas feas, y tenemos herramientas muy fáciles de usar para limpiar nuestro espacio. Si no quieres ver las publicaciones de alguien, la plataforma te da opciones directas que van desde un simple botón de silenciar, para que sus mensajes dejen de aparecer en tu pantalla sin que se dé cuenta, hasta la opción de bloquear por completo a la cuenta. No te compliques la vida alimentando enojos artificiales; usa las herramientas de control y diseña un espacio que de verdad disfrutes revisar cada día.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
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¿Cuánto influyen los amigos en la salud mental de los adolescentes? Lo que un nuevo estudio puede (y no puede) revelarnos. (Eng)
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Objeto, sujeto, zombi
A veces, la versión de mí que sobrevivía en lugar de vivir regresa como un muerto viviente en una mala película de zombies. Regresa y toma el control, como si no hubiera conseguido ya lo que me propuse cuando cambié experiencia por supervivencia. O, peor, como si no hubiera entendido la lección más importante de todo aquello. La única que realmente valió la pena.
Pero sí que lo entendí. Perfectamente. Es solo que tengo mala memoria y soy de olvido fácil. Sobre todo, en los días que tengo el ánimo bajo, como hoy. Y estaba a punto de escribir que, además, todo es culpa de la sociedad, que nos bombardea con ideas más o menos absurdas y nos genera falsas necesidades, ajenas a cualquier deseo o ambición personal. Pero la excusa es demasiado fácil. Demasiado simple.
La culpa —ese concepto tan católico—, si la hay, es toda nuestra. Toda mía, en este caso. Y no es por darme importancia, sino por reconocer una verdad que no por ser omitida dolerá menos: es más fácil y cómodo dejarse llevar que pensar por uno mismo. Más simple que tener ideas propias. Mucho más sencillo que luchar por ellas, nadar contra corriente, pero no como un salmón cualquiera, siguiendo instintos e impulsos físicos ni siquiera comprendidos. Para nada. Sino como el superhombre nietzscheano —supermujer, si se me permite— que se sobrepone y supera a cualquier corriente de su tiempo y pensamiento imperante para construir las propias.
Muy decimonónico todo —o de principios del veinte…—, pero qué queréis, soy una romántica. Nada me gusta más que una tormenta, un espíritu atormentado, un buen mito o una leyenda. Quizás un filósofo misógino. O un poeta sifilítico, pero inspirado. Tal vez, cuando era joven, también la absenta.
Y es que, si me paro a pensarlo, soy una maldita encarnación, un siglo tardía, eso sí, de una heroína romántica. Quizás tuve que nacer cien años tarde porque, por aquel entonces, como mujer, era difícil ser nada más que objeto y servidora gusta de defender su función como sujeto, aunque la función que me toque ejecutar sea la de verbos tristes como enfermar, sufrir o perder. Ahora, que si lo pienso bien, es eso lo que me convierte en romántica, en realidad.
Vaya tela, encajar tan bien en un movimiento y vivir con un siglo de retraso. Aunque, si me detengo a observarlo, también es eso muy, muy romántico. Es como el mito del fantasma pero elevado a la enésima potencia. No es que sea un espíritu del ayer que ha permanecido, por apego o por lo que sea, vinculado a un plano que no es el suyo. Es peor todavía. Es un alma de una época que ya no existe condenada a vivir en una época que no le corresponde, sin castillos ni dandis decadentes, sin la inocencia previa a las grandes guerras, ni la fe en el progreso, ni la nostalgia, siquiera, de un pasado dorado.
Quizás, visto desde ese ángulo, no sea tan romántica como me creo, sino neorromántica —aunque estoy segura, sin necesidad de buscarlo, de que, como todo en nuestro tiempo, ya se habrá banalizado este término para referirse a cualquier cosa concretísima, como, yo qué sé, un tipo de ropa o un estilo de música—.
En mi mundo, a partir de hoy, neorromántico es sufrir una enfermedad crónica, a poder ser autoinmune, pero no necesariamente, en lugar de sífilis y tuberculosis, tan propias ellas del romanticismo original.
También lo es creer que los mundos imaginarios tal vez no lo son tanto, que un buen mito o leyenda puede explicar tanto o más que la mejor de las teorías científicas y, al mismo tiempo, que la ciencia, tarde o temprano, explicará muchas de las cosas que ahora niega.
Una neorromántica no tiene problema en creer tanto en fantasmas como en la conciencia de las máquinas. Y, quizás, ya no beba absenta, pero, oigan, que el matcha es antioxidante, con toda una tradición que lo sostiene y mitología propia, y, en fin, también es verde.
Y, puestos a ello, con tal de exorcizar días malos, como este, una neorromántica se viste acorde al estilo que representa, que un vestido largo hasta los pies y vaporoso es tan propio de Ibiza en verano como del siglo XIX —vale, quizás, el mío para viajar en el tiempo es un poco demasiado escotado, pero por algo hemos añadido el prefijo neo al término que nos define—.
Dicho sea de paso, una buena neorromántica gusta de escribir y es una experta diarista. Quizás por aquello de la obsesión por el yo de los románticos, que ha perdurado hasta nuestros días a través de las décadas.
Pero, de todo, lo mejor de ser una neorromántica es que tener días tontos, días malos —días de mierda— forma parte, por completo, de su propia esencia. Seamos realistas, no hay romántico o romántica que valga, con o sin prefijo rejuvenecedor, que no esté atormentado por el mero hecho de su existencia, a la par que maravillado por la misma.
Y eso, queridos, desmitifica al zombi del pasado que, sin éxito, se empeña en tomar el mando. Hasta cuando es un muerto viviente el que gobierna mi mente, mi esencia sigue siendo la misma, porque, decidme, qué hay más romántico que luchar con tu propia psique por el control del barco.
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Yo sí voy bloqueando y silenciando gente de una, a mí no me vas a estar estresando en mi propio celular, con mi propio internet y en mi propia casa.
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✶ Esa voz es una pesada, de verdad.
Es la que siempre está ahí pinchando, diciéndote que podrías haber hecho más, que podrías ser mejor o que, si el de al lado puede, tú también deberías.
A veces te la crees tanto que acabas convenciéndote de que si te cansas es porque eres floja, y no porque sencillamente eres humana y tienes un tope.Cuesta una vida entera entender que ponerse un límite no es perder ni rendirse; es sencillamente ser inteligente y tener un poco de sentido común.
No se trata de dejar de hacer cosas, sino de dejar de machacarse por no ser una máquina.
Hoy me he dado cuenta de que, aunque la autoexigencia sigue ahí —porque eso es difícil de apagar de golpe—, al menos estoy empezando a cambiar el chip.
Ya no me hablo igual, y aunque parezca una tontería, es un alivio inmenso.
A veces, ser tu propia aliada es el mejor trabajo que puedes hacer.✶ ───── ✶ ───── ✶
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◆ Compartir el apellido no te obliga a compartir la mesa.💔
Crecer duele, pero la decepción más profunda llega cuando descubres que la herida viene de quienes, por sangre, debían protegerte.
A tu niña interior le enseñaron que “la familia es primero”, pero nadie le dijo qué hacer cuando esa misma familia te envidia, minimiza tus logros o te sonríe de frente mientras no soporta verte brillar.
Aceptar esto cuesta lágrimas, porque rompe la fantasía de la tribu que siempre nos apoya.Aceptar que existe la maldad y la envidia dentro del propio árbol genealógico es un duelo necesario.
Madurar es entender que poner distancia no te hace el “malo” de la historia; te hace alguien que por fin aprendió a proteger su propia energía.◇ ◆ ◇ ◆ ◇ ◆ ◇
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✤ Qué alivio da cuando por fin entiendes que no tienes que ser simpática con todo el mundo.
Al principio da un poco de vértigo eso de ir podando el jardín, pero en cuanto empiezas a quitar la maleza, la paz que queda no te la paga nadie.
Ya no estoy para aguantar dramas ni juegos de nadie, y menos para estar dando explicaciones de por qué no estoy disponible para gente que solo drena energía.Mi teléfono ahora mismo es el mejor termómetro de mis límites: si no tengo tu número guardado y no sé quién eres, el móvil puede sonar hasta que se agote la batería, que yo no voy a mover un dedo.
Los que importan tienen las llaves de casa, metafóricamente hablando, y el resto es ruido blanco que ya ni me molesto en filtrar.
La soledad elegida es el lujo más grande que existe, y que digan lo que quieran, pero vivir tranquila sin tener que estar pendiente de quién viene a tocar las narices no tiene precio.✤ ✤ ✤ ✤ ✤ ✤ ✤
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Una Aventura que Narra los Obstáculos Superados por Una de las Parejas Más Exitosas: Odisea de Sófocles
Aunque hoy en día se trata de una de las parejas más exitosas a escala mundial, los multimillonarios Mark Zuckerberg y Profa M tuvieron que enfrentar muchas adversidades para lograr alcanzar sus metas. Esto es narrado en su libro “Odisea de Sófocles: Historia de Amor de Zuck y Profa M “El Diablo y Su Cártel” crearon un universo asfixiante donde el control y el crimen son absolutos. Conceptos semejantes a 1984 de George Orwell, como la "Policía del Caos", el "Doble Pensamiento" y el "Neohumanismo Destructivo" (una filosofía de vida diseñada para empobrecer el alma y la mente) son herramientas brillantes que reflejan los peligros reales del estalinismo y el fascismo. Los protagonistas: Zuck y Profa M no eran héroes de acción, sino intelectuales, que en ocasiones tenían dudas y defectos. Esto los hace profundamente humanos y permite al lector conectar con su desesperación y su gran rebelión interna, apoyada por sus más fieles aliados. Puedes comprar esta obra en nuestro website.https://institutoemv.wordpress.com/2026/06/02/libro-odisea-de-sofocles/
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Las grandes redes sociales pagarán 27 millones de dólares para cerrar una demanda por el impacto de sus plataformas en estudiantes
Meta, TikTok, Snapchat y YouTube han alcanzado acuerdos millonarios con un distrito escolar de Kentucky que las acusaba de contribuir a problemas de salud mental entre los jóvenes. El caso podría convertirse en un precedente para miles de demandas similares que siguen abiertas en Estados Unidos.
Las principales plataformas de redes sociales han acordado pagar cerca de 27 millones de dólares para poner fin a una demanda presentada por un distrito escolar del estado de Kentucky. Los acuerdos involucran a Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, así como a TikTok, Snapchat y YouTube. Aunque ninguna de las compañías ha reconocido responsabilidad alguna, el caso representa uno de los mayores acuerdos alcanzados hasta ahora en litigios relacionados con el impacto de las redes sociales sobre menores.
Meta asumirá la mayor parte del pago con una aportación cercana a los 9 millones de dólares, mientras que TikTok y Snapchat abonarán aproximadamente 8 millones cada una. Por su parte, YouTube contribuirá con algo más de 2 millones de dólares.
La salud mental de los estudiantes, en el centro del debate
La demanda sostenía que las plataformas fueron diseñadas para maximizar el tiempo de uso y fomentar comportamientos adictivos entre adolescentes y jóvenes. Según los demandantes, estas dinámicas habrían contribuido al aumento de problemas como ansiedad, depresión, autolesiones y dificultades de concentración, generando además una importante carga para los centros educativos.
El distrito escolar argumentó que había tenido que destinar recursos adicionales para atender las consecuencias derivadas del uso intensivo de redes sociales entre sus alumnos. A pesar del acuerdo económico, las empresas tecnológicas no estarán obligadas a modificar el funcionamiento de sus servicios como parte de la resolución alcanzada.
Las compañías mantienen que cuentan con herramientas específicas para proteger a los menores y continúan desarrollando funciones destinadas a mejorar la seguridad y el bienestar digital de los usuarios más jóvenes. El acuerdo permite cerrar el litigio sin llegar a juicio, evitando una decisión judicial que podría haber sentado un precedente legal de gran alcance.
Miles de demandas siguen abiertas
Aunque el caso de Kentucky ha concluido, la batalla judicial está lejos de terminar. Actualmente existen miles de demandas similares en diferentes tribunales estadounidenses. Numerosos distritos escolares, estados, municipios y particulares sostienen que las plataformas sociales han contribuido al deterioro de la salud mental juvenil y reclaman compensaciones económicas para financiar programas de apoyo psicológico.
Algunos de los mayores sistemas educativos del país, incluidos los de Los Ángeles y Nueva York, forman parte de estos procedimientos. Las tecnológicas afrontan una creciente presión regulatoria y la controversia llega en un momento de creciente escrutinio político y regulatorio sobre el impacto de las redes sociales en menores de edad.
Tanto en Estados Unidos como en Europa se están impulsando nuevas medidas destinadas a reforzar la protección de niños y adolescentes frente a posibles efectos negativos derivados del uso intensivo de plataformas digitales. Las compañías tecnológicas advierten de que esta presión regulatoria podría afectar a sus modelos de negocio, mientras los legisladores continúan evaluando posibles cambios normativos.
El acuerdo alcanzado en Kentucky no pone fin al debate, pero sí refleja cómo la relación entre redes sociales, educación y salud mental se ha convertido en uno de los asuntos más relevantes dentro del panorama tecnológico actual.
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⚪Es duro cuando te miras al espejo y te das cuenta de que lo que ves es solo un residuo de quien eras.
A veces nos quedamos enganchados a gente o situaciones por pura inercia, por miedo a lo desconocido o por ese "qué dirán" familiar, y acabamos anestesiando el vacío con cualquier cosa que tengamos a mano para no sentir el golpe.
Pero, ¿hasta cuándo?
Estás pagando un precio demasiado alto por mantener una paz que, en el fondo, es solo una guerra silenciosa dentro de ti.Tu cuerpo y tu mente son lo único que tienes, y los estás quemando por gente que, probablemente, no movería ni un dedo por ti.
Mandarlo todo al carajo no es de cobardes, es un acto de supervivencia.
A veces necesitas esa mochila básica, a tu perro —que es el único que no te va a juzgar— y largarte a buscar un sitio donde puedas respirar sin pedir permiso.
Empezar de cero no es fácil, pero lo que te espera al otro lado es tu propia vida, recuperada y sin ese peso muerto que te arrastra al fondo.
Mándalo todo a paseo y date la oportunidad de volver a ser tú.༺═────────═༻
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