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  1. Dermatitis atópica afecta a millones en México y altera sueño y calidad de vida

    La dermatitis atópica afecta a millones de personas en México y puede impactar el sueño, la salud mental y la dinámica familiar. Especialistas llaman a reconocer síntomas y buscar atención médica oportuna.

    Por Deyanira Vázquez | Reportera                                        

    La dermatitis atópica afecta a millones de personas en México y puede alterar el sueño, la salud mental, las actividades cotidianas y la dinámica familiar, especialmente cuando los brotes y la comezón son persistentes.

    La enfermedad inflamatoria crónica de la piel puede presentarse a cualquier edad, aunque es particularmente frecuente durante los primeros años de vida. Un estudio sobre su impacto en México documentó afectaciones físicas, psicológicas, sociales y económicas tanto en pacientes como en quienes se encargan de sus cuidados.

    Entre las principales consecuencias se encuentran las alteraciones del sueño, la ansiedad, la depresión, el aislamiento social y las dificultades para desarrollar actividades cotidianas. Un estudio multicéntrico publicado en 2025 encontró que 96.2% de los pacientes mexicanos evaluados reportó algún grado de afectación en su calidad de vida y que 48.8% presentó un impacto grave o muy grave.

    La comezón puede afectar el descanso y las actividades diarias

    Uno de los síntomas más característicos de la dermatitis atópica es el prurito o comezón persistente. La intensidad de este síntoma puede interferir con el descanso, la concentración y el desempeño escolar o laboral.

    Un estudio epidemiológico realizado en México reportó alteraciones del sueño en 89% de los pacientes con dermatitis atópica, porcentaje que aumentó a 92% entre quienes presentaban una forma grave de la enfermedad.

    La afectación también alcanza a las familias. El estudio Dermatitis atópica: más allá de la piel. Impactos a la calidad de vida en México, elaborado por Fundación IDEA, Fundación IMSS y la Fundación Mexicana para la Dermatología, analizó los efectos físicos, psicológicos, económicos y sociales del padecimiento en pacientes y cuidadores.

    Los mayores niveles de afectación del sueño entre cuidadores se observaron en quienes atendían a bebés de cero a dos años y a menores de tres a cinco años, de acuerdo con los resultados del estudio.

    Dermatitis atópica y la llamada marcha atópica

    La dermatitis atópica también forma parte del interés científico por su posible relación con la llamada marcha atópica, término utilizado para describir la aparición de distintas enfermedades relacionadas con la inflamación tipo 2 a lo largo de la vida de algunos pacientes.

    Esta trayectoria puede comenzar durante los primeros años con dermatitis atópica y, en determinados casos, anteceder a enfermedades como el asma. Sin embargo, esta progresión no ocurre en todas las personas y no debe interpretarse como un desenlace inevitable.

    La identificación temprana de los síntomas y el seguimiento médico permiten evaluar la evolución de cada paciente y determinar el manejo adecuado.

    El impacto va más allá de las lesiones en la piel

    La dermatitis atópica puede afectar la autoestima, las relaciones personales, la actividad física y la participación social. Las lesiones visibles también pueden generar temor al rechazo y contribuir al aislamiento, mientras que la falsa percepción de que se trata de una enfermedad contagiosa puede reforzar el estigma.

    La evidencia disponible muestra que el impacto puede ser particularmente importante en las formas moderadas y graves. Una investigación mexicana publicada en 2025 encontró una relación significativa entre la gravedad de la dermatitis atópica y el deterioro de la calidad de vida.

    La Fundación Mexicana para la Dermatología también señala que síntomas como la resequedad, irritación y comezón intensa pueden afectar el sueño, la concentración, las relaciones sociales y las actividades escolares o laborales.

    Atención médica para controlar la enfermedad

    La doctora Ana del Carmen García, gerente médica de Inmunología y Dermatología en Sanofi, señaló que el abordaje de la dermatitis atópica debe considerar tanto las manifestaciones físicas como sus repercusiones en la calidad de vida.

    “Las personas creen que la comezón persistente, la resequedad o las lesiones en la piel son molestias pasajeras o algo con lo que simplemente deben aprender a vivir. Sin embargo, la DA es una enfermedad crónica que puede diagnosticarse y controlarse”, afirmó.

    La especialista llamó a reconocer los síntomas y acudir oportunamente con profesionales de la salud, particularmente dermatólogos o alergólogos, para determinar el tratamiento correspondiente.

    Actualmente existen diferentes alternativas terapéuticas para la dermatitis atópica, incluidas opciones tópicas, sistémicas y terapias avanzadas para determinados pacientes. La elección depende de factores como la gravedad de la enfermedad y las características de cada persona. Sanofi mantiene a la dermatitis atópica entre sus áreas de investigación en inmunología y dermatología. –sn–

    Sociedad Noticias

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  2. ➤ A veces tengo la sensación de que ser adulto es estar subido a una cinta de correr que nadie sabe dónde se apaga.

    Puedes estar con gripe, con el corazón hecho polvo, haber dormido fatal o simplemente estar hasta las narices de todo, que a la mañana siguiente suena el despertador igual.
    Te duchas, te vistes, te pones una cara más o menos decente y sales a funcionar.
    Porque hay que trabajar, hay que estudiar, hay que hacer la compra, contestar mensajes, pagar cosas y seguir con la película aunque por dentro estés pensando «hoy no puedo ni conmigo».

    Y lo curioso es que muchas veces nadie se entera.
    Llegas, haces tu trabajo, sonríes si toca, dices que estás bien y hasta puedes soltar alguna broma.
    Luego vuelves a casa, cierras la puerta y entonces ya puedes quitarte la careta un rato.

    Supongo que por eso esa frase de «la vida sigue» tiene una parte que consuela y otra que jode bastante.
    Porque sí, la vida sigue. Incluso cuando tú necesitas que se pare cinco minutos para poder respirar.
    No espera a que estés preparado, ni a que hayas terminado de llorar, ni a que hayas entendido qué coño te está pasando.

    Y al final sigues.
    A veces con ganas, otras por pura inercia y algunas arrastrándote un poquito.
    Pero sigues.

    No sé si eso es fortaleza o simplemente supervivencia con horarios.
    Probablemente un poco de las dos. Y también creo que estaría bien admitir que funcionar no siempre significa estar bien.
    Hay días en los que levantarse, hacer lo que toca y llegar hasta la noche ya es bastante.

    Mañana ya veremos.
    Hoy, con llegar, suficiente.

    ╰┈➤ ───────────

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  3. Bienestar familiar y autismo: la importancia de lo cotidiano

    Bienestar familiar y autismo: la importancia de lo cotidiano #tardigram #bienestar #familiar #autismo #saludmental

    tardigram.com/m/saludmental/t/

  4. ISSSTE refuerza prevención del suicidio con capacitación y Código Morado: Martí Batres

    El ISSSTE fortalece la prevención del suicidio mediante capacitación, sensibilización y el Código Morado, mientras participa en la estrategia nacional El ABC de las emociones para impulsar la salud mental.

    Por Gabriela Díaz | Reportera                                           

    El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) reforzó sus acciones de prevención del suicidio mediante capacitación, sensibilización y protocolos de atención en sus unidades médicas, al tiempo que participa en la estrategia nacional El ABC de las emociones, dirigida al bienestar socioemocional de adolescentes y jóvenes.

    Las medidas incluyen actividades informativas para pacientes, familiares y personal de salud, además de mecanismos para identificar oportunamente factores de riesgo y canalizar a quienes requieren atención especializada. El organismo es encabezado por Martí Batres Guadarrama y mantiene el Código Morado como una herramienta para responder ante urgencias de salud mental.

    ISSSTE fortalece la atención de salud mental

    La coordinadora nacional de Atención Paliativa, Eréndira Vicencio Rosas, explicó que el ISSSTE participa en la Coordinación Nacional de Salud Mental mediante grupos focales, definición de contenidos, diseño de tamizajes y establecimiento de rutas de atención.

    También interviene en la elaboración de guías de orientación y acompañamiento socioemocional dirigidas a jóvenes y tutores, en coordinación con las acciones nacionales de prevención y cuidado de la salud mental.

    La estrategia El ABC de las emociones, puesta en marcha por el gobierno federal, busca que adolescentes y jóvenes desarrollen herramientas para reconocer y gestionar sus emociones, fortalecer el autocuidado y detectar oportunamente situaciones que requieran apoyo. La estrategia contempla acciones en escuelas de secundaria y educación media superior.

    Código Morado activa atención ante crisis de salud mental

    En el Centro Médico Nacional (CMN) “20 de Noviembre”, la jefa de Psiquiatría, Paidopsiquiatría, Neuropsicología y Psicología, Georgina Ochoa Madrigal, señaló que se realizan pláticas para médicos residentes, actividades con Trabajo Social y campañas de sensibilización dirigidas a pacientes, familiares y trabajadores de la salud.

    Entre las acciones se encuentra la difusión de señalizaciones que identifican espacios donde las personas pueden solicitar ayuda y materiales informativos relacionados con la prevención del suicidio.

    El Código Morado constituye uno de los principales mecanismos del ISSSTE para atender urgencias relacionadas con la salud mental. El protocolo se activa cuando una persona presenta una crisis que requiere intervención especializada y establece una ruta para que el personal identifique factores de riesgo y actúe de manera oportuna. –sn–

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  5. El diseño que no te suelta

    Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.

    Videojuegos que ya no terminan

    Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.

    El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.

    Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.

    Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.

    Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala

    Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.

    Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.

    Por qué no es (solo) un problema de voluntad

    Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.

    Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.

    Qué proponen quienes estudian el fenómeno

    La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.

    Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
    Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.

    No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
     

    Tu voto:

    #Adicción #Adolescentes #Algoritmos #Atención #Bienestar #Consumo #Desconexión #Diseño #Dopamina #EducaciónDigital #FOMO #Gamers #GamingAddiction #Instagram #Microtransacciones #PaseDeBatalla #Privacidad #RedesSociales #Reflexión #Regulación #SaludMental #Smartphone #Tecnología #TikTok #Videojuegos
  6. El diseño que no te suelta

    Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.

    Videojuegos que ya no terminan

    Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.

    El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.

    Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.

    Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.

    Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala

    Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.

    Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.

    Por qué no es (solo) un problema de voluntad

    Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.

    Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.

    Qué proponen quienes estudian el fenómeno

    La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.

    Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
    Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.

    No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
     

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  7. El diseño que no te suelta

    Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.

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    Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.

    El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.

    Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.

    Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.

    Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala

    Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.

    Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.

    Por qué no es (solo) un problema de voluntad

    Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.

    Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.

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  8. El diseño que no te suelta

    Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.

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    Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.

    Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.

    Por qué no es (solo) un problema de voluntad

    Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.

    Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.

    Qué proponen quienes estudian el fenómeno

    La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.

    Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
    Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.

    No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
     

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  9. El diseño que no te suelta

    Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.

    Videojuegos que ya no terminan

    Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.

    El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.

    Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.

    Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.

    Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala

    Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.

    Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.

    Por qué no es (solo) un problema de voluntad

    Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.

    Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.

    Qué proponen quienes estudian el fenómeno

    La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.

    Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
    Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.

    No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
     

    Tu voto:

    #Adicción #Adolescentes #Algoritmos #Atención #Bienestar #Consumo #Desconexión #Diseño #Dopamina #EducaciónDigital #FOMO #Gamers #GamingAddiction #Instagram #Microtransacciones #PaseDeBatalla #Privacidad #RedesSociales #Reflexión #Regulación #SaludMental #Smartphone #Tecnología #TikTok #Videojuegos
  10. 🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿

    A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
    Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
    Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
    La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
    Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
    Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.

    Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
    Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
    En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
    Alexis tenía apenas doce años.

    Después de aquello, siguió haciendo velas.

    Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
    Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
    Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.

    Al principio no había una gran misión detrás.
    No pensaba en campañas ni en activismo.
    Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.

    Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
    Pequeñas cantidades primero.
    Luego más.
    Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
    Su amigo Asher murió por suicidio.

    Alexis tenía quince años.

    Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
    La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
    Bajaban la voz.
    Cambiaban de tema.
    Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
    Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.

    Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.

    Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
    Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.

    Cada vela empezó a incluir información real.
    No mensajes motivacionales de postal.
    Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
    Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.

    Eso incomodaba a mucha gente.

    Precisamente por eso importaba.

    Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
    Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
    Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.

    Una luz temblando en mitad de la oscuridad.

    En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
    Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
    Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.

    Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
    Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.

    Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.

    Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
    Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
    Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.

    Ese era el verdadero trabajo.

    No vender velas.

    Abrir una puerta.

    Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
    Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.

    A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
    Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
    Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.

    Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.

    Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.

    Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.

    Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
    Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.

    Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
    Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.

    Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.

    Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida

  11. 🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿

    A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
    Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
    Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
    La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
    Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
    Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.

    Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
    Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
    En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
    Alexis tenía apenas doce años.

    Después de aquello, siguió haciendo velas.

    Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
    Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
    Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.

    Al principio no había una gran misión detrás.
    No pensaba en campañas ni en activismo.
    Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.

    Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
    Pequeñas cantidades primero.
    Luego más.
    Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
    Su amigo Asher murió por suicidio.

    Alexis tenía quince años.

    Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
    La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
    Bajaban la voz.
    Cambiaban de tema.
    Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
    Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.

    Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.

    Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
    Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.

    Cada vela empezó a incluir información real.
    No mensajes motivacionales de postal.
    Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
    Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.

    Eso incomodaba a mucha gente.

    Precisamente por eso importaba.

    Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
    Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
    Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.

    Una luz temblando en mitad de la oscuridad.

    En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
    Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
    Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.

    Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
    Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.

    Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.

    Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
    Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
    Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.

    Ese era el verdadero trabajo.

    No vender velas.

    Abrir una puerta.

    Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
    Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.

    A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
    Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
    Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.

    Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.

    Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.

    Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.

    Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
    Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.

    Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
    Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.

    Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.

    Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.

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    #historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida

  12. 🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿

    A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
    Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
    Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
    La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
    Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
    Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.

    Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
    Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
    En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
    Alexis tenía apenas doce años.

    Después de aquello, siguió haciendo velas.

    Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
    Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
    Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.

    Al principio no había una gran misión detrás.
    No pensaba en campañas ni en activismo.
    Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.

    Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
    Pequeñas cantidades primero.
    Luego más.
    Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
    Su amigo Asher murió por suicidio.

    Alexis tenía quince años.

    Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
    La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
    Bajaban la voz.
    Cambiaban de tema.
    Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
    Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.

    Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.

    Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
    Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.

    Cada vela empezó a incluir información real.
    No mensajes motivacionales de postal.
    Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
    Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.

    Eso incomodaba a mucha gente.

    Precisamente por eso importaba.

    Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
    Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
    Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.

    Una luz temblando en mitad de la oscuridad.

    En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
    Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
    Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.

    Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
    Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.

    Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.

    Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
    Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
    Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.

    Ese era el verdadero trabajo.

    No vender velas.

    Abrir una puerta.

    Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
    Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.

    A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
    Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
    Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.

    Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.

    Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.

    Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.

    Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
    Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.

    Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
    Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.

    Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.

    Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.

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    #historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida

  13. 𐀪ִֶָ A veces miramos atrás y pensamos:
    «Bueno, al menos todo aquello me hizo más fuerte».

    Y sí, puede ser verdad.
    Pero eso no convierte el dolor en algo bueno ni hace que tengamos que estar agradecidos por haber pasado por ciertas cosas.

    Hay cosas que nos cambian.
    Nos enseñan a poner límites, a desconfiar, a conocernos mejor o a descubrir una fuerza que ni sabíamos que teníamos.
    Pero una cosa es sacar algo de aquello que vivimos y otra muy distinta justificar lo que nos hicieron.

    No todo lo que nos hizo crecer tenía que habernos ocurrido.

    Sanar también es poder decirlo sin sentir culpa: aquello me hizo quien soy, pero ojalá nunca hubiera tenido que aprenderlo de esa manera.

    𓂃 ࣪˖ ִֶָ𐀪 ───────── 𐀪ִֶָ ˖ ࣪𓂃

    #psicologia #reflexiones #sanar #heridasemocionales #pasado #saludmental #amorpropio #emociones #aprendizajes #fortaleza #vidareal #autoestima #limites #crecimientopersonal

  14. :ablobdundundun: Aceptar a las personas como son no significa tener que darles un lugar en nuestra vida.

    Puedes querer a alguien y necesitar distancia.
    Puedes entender su historia sin hacerte responsable de repararla.
    Puedes perdonar y aun así decidir que no quieres volver a abrir esa puerta.

    Aceptar no significa permitir. Comprender no significa justificar.
    Y querer no siempre significa acercar.

    La paz no llega cuando tienes a todo el mundo dentro, sino cuando aprendes quién merece entrar y hasta dónde.

    A veces cuidarte también es decir: contigo, no.

    ╰┈➤ ┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈

    #psicologia #reflexiones #limites #relaciones #amorpropio #saludmental #autoestima #pazmental #emociones #vidareal

  15. ¿Cómo influyen la violencia de género y los factores sociales en la salud mental de las mujeres? 🧐 Observa el análisis de la @Dra_Montse_JH en Periodistas Unidos. 📝✨ #PeriodistasUnidos #SaludMental #ViolenciaDeGenero
    zurl.co/zOe04

  16. 🎥💜 #Video | Suicidio en mujeres: violencia de género, opresión y determinantes sociales. Un análisis necesario de la @Dra_Montse_JH sobre cómo las desigualdades y las violencias estructurales impactan en la salud mental femenina. 🧠⚖️ #SaludMental #ViolenciaDeGenero
    zurl.co/6H9LT

  17. #reflexion

    Apagar el brillo de los niños con pastillas

    Hoy en día vivimos en una sociedad que parece tenerle miedo a la infancia. Esperamos que los niños se comporten como adultos en miniatura, manteniéndose quietos y callados durante jornadas escolares larguísimas. Cuando un pequeño muestra una energía desbordante, curiosidad extrema o simplemente es muy inquieto, el entorno se desespera. En lugar de entender que el movimiento es normal en su desarrollo, el sistema busca la salida rápida: poner una etiqueta médica y recurrir a la medicación inmediata.

    El sobrediagnóstico de condiciones como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se ha convertido en un problema muy serio. Un diagnóstico real requiere meses de estudio profundo por parte de varios especialistas, analizando la conducta en la escuela y el hogar. Sin embargo, se ha vuelto común etiquetar a un menor en una sola consulta exprés. Se confunden problemas emocionales, el aburrimiento en el aula o la falta de límites claros con una enfermedad cerebral, dañando la identidad del niño desde muy temprano.

    Medicar a la ligera a un cerebro que apenas se está formando es un peligro real. Los fármacos psiquiátricos alteran la química cerebral y tienen efectos secundarios en el sueño, el apetito y el crecimiento. Si un niño verdaderamente lo necesita, el medicamento es una herramienta de ayuda; pero si se usa solo para calmar a un niño sano que resulta incómodo, le estamos robando su esencia. La regla de oro en la salud mental infantil debe ser siempre agotar la terapia de conducta, el deporte, el arte y el apoyo familiar antes de pensar en una pastilla. No apaguemos la curiosidad ni el brillo natural de los niños solo para volverlos dóciles y predecibles.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #SaludMental #Infancia #TDAH #Psicologia #CrianzaRespetuosa #Reflexion

  18. "Sufrimos porque intentamos forzar nuestras vidas reales a encajar en moldes perfectos que solo existen en las pantallas o en la mente de los manipuladores."

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #SaludMental #Reflexion #FraseDelDia #Psicologia #AmorPropio #Realidad

  19. Más allá del espejo: Cómo la apariencia moldea nuestra mente

    El impacto invisible del sesgo físico en la personalidad y el cerebro

    Vivimos en un mundo que juzga el libro por la portada, y la psicología clínica demuestra que ese juicio altera directamente nuestra forma de pensar y actuar. Existe un sesgo llamado efecto halo, que hace que la sociedad trate mejor a la gente atractiva, asumiendo de manera automática que son personas más inteligentes, amables o capaces. Ese camino libre de obstáculos acostumbra a su mente a operar con una seguridad natural, pero a veces con menor tolerancia a la frustración.

    Por otro lado, quienes no encajan en los cánones estéticos normativos —ya sean hombres, mujeres o personas trans— experimentan una realidad social más fría y exigente. Lejos de ser una desventaja absoluta, esta resistencia del entorno obliga a la mente a construir autopistas cognitivas alternativas. Para ser escuchados y valorados, suelen desarrollar una empatía mucho más profunda, un sentido del humor brillante, mayor resiliencia y una agudeza intelectual superior. Su valor no se apoya en un cascarón, sino en la solidez de su arquitectura interna.

    Si bien, la apariencia física no define el cerebro con el que nacemos, sí define el mapa de carreteras emocionales que nos vemos obligados a diseñar para sobrevivir y destacar. La verdadera evolución mental ocurre cuando dejamos de buscar la validación en los ojos ajenos y entendemos que la belleza más magnética es la que se cultiva en los procesos del pensamiento, la bondad real y la autenticidad.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #Psicologia #SaludMental #EfectoHalo #EvolucionPersonal #Empatia #Inclusion #reflexion

  20. Desaparición de un familiar provoca un duelo sin cierre y mantiene a las familias en alerta

    La desaparición de una persona puede generar una pérdida ambigua: un duelo sin certeza que afecta la salud emocional, la economía y la dinámica familiar, explica especialista de la Universidad del Claustro de Sor Juana.

    Por José Víctor Rodríguez | Reportero                                                        

    La desaparición de un familiar puede provocar un proceso de duelo sin cierre, marcado por la incertidumbre, la esperanza y el temor ante la imposibilidad de confirmar si la persona está viva o murió, explicó Ana Patricia González Rodríguez, directora del Colegio de Psicología de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ).

    Este fenómeno, conocido como pérdida ambigua, puede mantener a las familias en un estado prolongado de alerta y dificultar la reorganización de la vida cotidiana. La especialista señaló que conservar las pertenencias de la persona desaparecida, mantener activo su teléfono o reservarle un lugar en la mesa no necesariamente constituye una negación patológica, sino una forma de mantener el vínculo mientras no existe certeza.

    La Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemora cada 30 de agosto el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. En 2026, la fecha adquiere además relevancia por el vigésimo aniversario de la adopción de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.

    ¿Qué es la pérdida ambigua?

    El concepto de pérdida ambigua fue desarrollado por la psicoterapeuta e investigadora estadounidense Pauline Boss para describir situaciones de pérdida en las que no existe una confirmación definitiva que permita concluir el proceso de duelo.

    En los casos de desaparición, la ausencia no tiene un desenlace definido. La familia puede conservar la esperanza de encontrar a la persona con vida y, al mismo tiempo, enfrentar el temor de que haya muerto.

    González Rodríguez explicó que esta incertidumbre interrumpe los rituales sociales asociados con la muerte y dificulta que la familia reorganice sus roles. Por ello, la desaparición no representa únicamente la ausencia física de una persona, sino una situación que puede prolongarse durante años.

    La desaparición mantiene activa la incertidumbre

    La especialista señaló que los familiares pueden desarrollar una búsqueda constante de información: revisar mensajes, hospitales, expedientes, redes sociales y noticias relacionadas con posibles hallazgos.

    Aunque esta conducta puede cumplir una función concreta en la localización de la persona desaparecida, también puede mantener al organismo en un estado permanente de alerta.

    La incertidumbre puede acompañarse de insomnio, pesadillas, fatiga, irritabilidad, problemas de concentración, tristeza persistente, ansiedad y reacciones intensas ante llamadas, fechas o noticias relacionadas con el caso.

    La exposición repetida a fotografías, expedientes y posibles hallazgos también puede provocar reactivaciones traumáticas, según la especialista.

    Culpa, miedo y cambios en la dinámica familiar

    Otro efecto frecuente es el pensamiento contrafactual, expresado en preguntas como “¿por qué no le llamé?”, “¿pude impedirlo?” o “¿estoy haciendo lo suficiente?”. De acuerdo con González Rodríguez, este mecanismo puede representar un intento de recuperar la sensación de control frente a un hecho imprevisible.

    Sin embargo, la culpa puede aparecer incluso cuando el familiar no tuvo responsabilidad alguna en la desaparición.

    La ausencia también puede modificar profundamente la organización familiar. Cuando la persona desaparecida era proveedora económica, cuidadora o una figura central, otros integrantes deben asumir nuevas responsabilidades, mientras los gastos de búsqueda, transporte y asesoría pueden generar presión económica y conflictos internos.

    En el caso de menores de edad, la especialista advirtió que pueden asumir responsabilidades propias de adultos antes de tiempo.

    Más de 128 mil personas desaparecidas en México

    El impacto psicológico ocurre dentro de una crisis de desapariciones que también tiene consecuencias jurídicas, económicas y sociales.

    En mayo de 2026, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó su informe Desapariciones en México, en el que señaló que el fenómeno genera una grave crisis de derechos humanos. Al cierre del informe, con información hasta junio de 2025, se contabilizaban más de 128 mil personas desaparecidas y, de acuerdo con conteos independientes citados por la Comisión, más de 70 mil cuerpos permanecían bajo custodia del Estado sin identificar.

    La CIDH señaló que la mayoría de las desapariciones están relacionadas con el crimen organizado, aunque también documentó casos de desaparición forzada en los que habrían existido vínculos entre organizaciones criminales y autoridades encargadas de seguridad, procuración de justicia y autoridades políticas. El informe incluyó 40 recomendaciones para fortalecer las políticas de prevención, búsqueda, investigación, sanción y reparación.

    La dimensión del problema también alcanza a distintos grupos sociales. La CIDH identificó particularidades en casos que involucran a menores de edad, mujeres, personas LGBTIQ+, periodistas y defensores de derechos humanos.

    La ausencia también genera pérdidas económicas y sociales

    Las familias pueden enfrentar pérdida de ingresos, ausencias laborales, gastos de transporte y asesoría, además de estigmatización.

    Las insinuaciones de que una persona desaparecida “estaba involucrada en algo” pueden trasladar injustamente la sospecha hacia la víctima y generar aislamiento para sus familiares.

    La ONU también reconoce que las desapariciones tienen consecuencias que trascienden a la víctima directa. Las familias y comunidades enfrentan angustia, incertidumbre, afectaciones económicas y sociales, además del derecho a conocer la verdad sobre el paradero de la persona desaparecida.

    La incertidumbre no equivale automáticamente a una enfermedad

    González Rodríguez señaló que sentir miedo, insomnio, tristeza, culpa o hipervigilancia ante la desaparición de un familiar puede constituir una respuesta comprensible frente a una situación extrema.

    Estos síntomas no deben convertirse automáticamente en diagnósticos. Para determinar si existe un trastorno se requiere una evaluación profesional que considere su duración, intensidad y repercusión en el funcionamiento cotidiano.

    La especialista planteó que la literatura especializada ha relacionado esta experiencia con estrés postraumático, depresión, ansiedad y aflicción intensa y persistente, además de proponer que la incertidumbre prolongada puede entenderse como una forma de trauma crónico.

    Coloquio abordará violencia, subjetividad y crisis humanitaria

    En este contexto, el Colegio de Psicología de la UCSJ realizará los días 28 y 29 de septiembre el Coloquio Internacional “Crisis Humanitaria, violencias, subjetividad y estados de marginalidad”, con la participación de investigadores y académicos de distintas instituciones.

    El encuentro contempla también la participación de las periodistas María Cortina y Marcela de Jesús Natalia, defensora de derechos humanos e integrante del pueblo Ñomndaa’, además de otros especialistas.

    El objetivo del encuentro será propiciar el intercambio académico sobre las distintas manifestaciones de la violencia y sus efectos en la subjetividad, así como discutir propuestas relacionadas con la práctica clínica y las políticas de atención e inclusión.

    La desaparición de una persona, por tanto, no termina con el momento en que se pierde su rastro. Para quienes la buscan, la ausencia puede convertirse en una experiencia cotidiana en la que la esperanza y el temor coexisten sin una respuesta definitiva. –sn–

    Familiares de desaparecidos en la Camara de Diputados

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  21. :BlobAngrySigh: Hay problemas que duelen más cuando los demás no los consideran problemas.

    Porque bastante tienes ya con lo que llevas encima como para que alguien te diga «eso no es para tanto», «yo no le daría importancia» o «hay gente con problemas de verdad».
    Como si existiera una clasificación oficial del sufrimiento y alguien hubiera decidido que lo tuyo no merece pasar el corte.

    Lo curioso es que muchas veces no necesitas que te solucionen nada.
    Solo necesitas que alguien entienda que para ti aquello está siendo difícil.
    Punto.

    Cada persona tiene sus propios límites, sus miedos y sus mierdas.
    Lo que a uno le resbala a otro puede dejarlo hecho polvo.
    Y no, eso no significa que sea débil.
    Significa que somos personas y no venimos todos con el mismo manual de instrucciones.

    A veces lo que más necesitas escuchar no es «no pasa nada», sino «entiendo que para ti sí pasa».
    Y cambia bastante la cosa.

    ✧・゚: ✧・゚: ───── :・゚✧:・゚✧

    #psicologiacotidiana #reflexiones #emociones #empatía #saludmental #vidacotidiana #personas #sentimientos #comprender #realidad

  22. #reflexion

    El peso invisible de un tropiezo

    Resulta devastador observar con qué asombrosa facilidad la sociedad actual es capaz de sepultar una trayectoria intachable de muchísimos años por culpa de un único desliz. Un profesional dedicado, talentoso y con un historial magnífico puede ver su reputación destruida en un segundo porque él o alguien de su equipo cometieron una equivocación. En lugar de equilibrar la balanza y analizar el panorama completo, la masa digital se apresura a tachan, etiquetar y calificar a la persona basándose únicamente en ese instante desafortunado. Este comportamiento tan injusto no es una casualidad, sino el reflejo de cómo evolucionó nuestro cerebro para sobrevivir, operando bajo dinámicas que prefieren la alarma antes que la justicia. El cerebro humano está programado para resaltar lo negativo. En nuestro pasado más remoto, recordar un peligro o un error salvaba vidas, mientras que los aciertos cotidianos pasaban a un segundo plano, provocando que hoy en día una sola amenaza borre de la memoria años de esfuerzo sostenido.

    A esta trampa evolutiva se le une una falla en la memoria humana conocida como el efecto de recencia. Nuestra mente tiende a recordar con una fuerza desproporcionada el último evento ocurrido, dejando de lado los antecedentes y los logros previos. Cuando ocurre un fallo en un equipo de trabajo, esa información se vuelve la más fresca y disponible para el público, y la pereza mental de las redes sociales prefiere quedarse con esa última impresión antes que revisar los archivos del pasado para realizar un juicio justo. Expandimos un error aislado a la totalidad del ser. Es aquí donde se activa el efecto halo invertido, un mecanismo por el cual tomamos una sola característica negativa y la usamos para contaminar toda la identidad de la persona, concluyendo de manera absurda que un tropiezo técnico convierte al profesional en un incompetente absoluto o en un fraude permanente.

    Esta tacañería social para reconocer el éxito y esta riqueza en piedras para lanzar cuando alguien cae genera entornos de trabajo y usuarios de redes sociales llenos de miedo y ansiedad. Un líder no solo carga con sus propias acciones, sino también con la vulnerabilidad de las decisiones de todo su entorno, sabiendo que el juicio público no tendrá compasión ni memoria. Aprender a juzgar con perspectiva es el verdadero reto de la madurez. Una mirada madura e inteligente exige aprender a pausar la indignación, recordar que los seres humanos somos procesos dinámicos y no fotografías fijas, y entender que un error no define la grandeza de todo lo que se construyó antes ni la maravilla de lo que se puede edificar después.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #psicologia #reflexion #conductahumana #reputacion #sesgoscognitivos #empatia #saludmental #redessociales #fediverso #Mastodon

  23. #reflexion

    El coliseo de las pantallas

    Observar las discusiones que se desatan diariamente en internet nos lleva a una conclusión evidente pero aterradora. En la gran mayoría de los debates virtuales, el tema central de la conversación, ya sea política, ciencia o simple entretenimiento, es apenas una pantalla. Las personas no se sumergen en la arena digital para intercambiar ideas, buscar la verdad o enriquecer su perspectiva. El verdadero motor de la confrontación es un impulso puramente emocional e interno. Este fenómeno no es exclusivo de una interfaz específica, sino que se replica con la misma intensidad tanto en las redes privativas comerciales como en la libertad comunitaria del Fediverso. Las pantallas funcionan como válvulas de escape emocional. Detrás de un comentario hostil suele haber un cerebro saturado de cortisol, el cual aprovecha el anonimato y la distancia física para realizar una catarsis agresiva y liberar toda la frustración acumulada en la vida cotidiana.

    El acto de pelear y pretender tener la razón en una publicación activa de forma inmediata el sistema de recompensa de nuestra mente. Cada vez que alguien responde con un insulto ingenioso o humilla públicamente a un rival, experimenta un shot de dopamina que infla el ego. La mente procesa la discusión como una batalla de estatus. Admitir una equivocación o aceptar un dato real del contrario se interpreta en las estructuras cerebrales más primitivas como una pérdida de territorio y una humillación social. Por esta razón, el usuario promedio prefiere distorsionar la realidad antes que aceptar que está equivocado, transformando el diálogo en un juego de poder donde lo único importante es someter al otro y colgarse una medalla virtual.

    A este egoísmo digital se le suma la búsqueda desesperada de validación y pertenencia tribal. Muchas veces, cuando un individuo ataca con ferocidad, no le está hablando realmente a su contrincante, sino que está gesticulando para su propia tribuna. Busca el aplauso, el me gusta y el reconocimiento de su grupo de pertenencia. Peleamos en internet para demostrar lealtad a nuestra tribu. Nos hemos convertido en gladiadores de un coliseo romano moderno donde la empatía estorba y el linchamiento público se premia. Comprender que la hostilidad en las redes no es un ataque personal, sino el reflejo de una sociedad profundamente estresada y necesitada de aprobación, nos otorga la madurez psicológica necesaria para apagar la pantalla, respirar hondo y negarnos a ser el saco de boxeo de un desconocido.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #psicologia #reflexion #conductahumana #fediverso #redessociales #saludmental #empatia #Mastodon

  24. El arte de pensar de lado

    Cómo entrenar tu cerebro para encontrar soluciones brillantes escapando de la lógica de siempre

    El cerebro humano es una máquina extraordinaria diseñada para ahorrar energía. Cada vez que nos enfrentamos a un problema o a un reto cotidiano, nuestra mente tiende a activar de forma automática caminos seguros que ya conoce, avanzando paso a paso en línea recta a través de la lógica tradicional. Este mecanismo es muy útil para resolver tareas sencillas, pero cuando esa vía recta se encuentra bloqueada, nos quedamos atascados repitiendo las mismas fórmulas sin éxito. Es en ese momento de frustración donde se vuelve vital encender un superpoder mental conocido en la psicología cognitiva como el pensamiento lateral, el cual consiste básicamente en la habilidad de resolver situaciones difíciles buscando caminos que no son para nada obvios.

    Utilizar el pensamiento lateral implica aprender a descarrilar el tren de nuestras certezas a propósito. En lugar de buscar obsesivamente la respuesta correcta utilizando las reglas establecidas, este enfoque nos invita a movernos hacia un costado y cambiar por completo el ángulo de la pregunta. Se trata de conectar ideas que a simple vista parecen no tener ninguna relación entre sí, permitiendo que la mente juegue de manera libre y creativa. Cuando rompemos esas estructuras rígidas de pensamiento, abrimos la puerta a la innovación, al arte y a esas grandes ocurrencias que suelen nacer justamente de las mezclas que al principio considerábamos extrañas o improbables.

    Para activar esta forma de genialidad en el día a día, debemos perderle el miedo a las respuestas que parecen absurdas. Para la lógica convencional, una idea disparatada es simplemente un error que debe ser descartado de inmediato, sin embargo, para el pensamiento lateral, una "idea loca" funciona como un puente maravilloso. Quizá esa propuesta inicial no sea la solución definitiva, pero tiene el valor psicológico de movernos de lugar, obligándonos a mirar el problema desde una ventana completamente nueva por la que jamás nos habíamos asomado. Aprender a pensar de lado es dejar de preguntarse cómo resolver un conflicto del modo habitual, para comenzar a explorar de qué otra manera divertida y diferente podemos interpretar nuestra realidad.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #psicologia #conductahumana #creatividad #pensamientolateral #innovacion #mente #saludmental

  25. El camino hacia el extremo

    Cómo la mente humana construye el pensamiento radical a partir del dolor y la falta de matices

    Nadie se despierta una mañana sintiendo un odio ciego hacia un grupo de personas o defendiendo ideas extremas de la noche a la mañana. El radicalismo no surge de la nada, sino que es el resultado de un proceso psicológico lento, un goteo constante donde el cerebro va construyendo una armadura ideológica para protegerse del miedo, del rechazo o de una injusticia real. En la psicología clínica observamos que este viaje hacia los extremos suele iniciar con una profunda pérdida de significado, una herida emocional provocada por la discriminación, el abandono o el sufrimiento. Cuando una persona se siente indefensa e invisible ante el mundo, su mente experimenta una angustia intolerable y busca desesperadamente un culpable para recuperar una sensación de control sobre su vida ( cosa que los políticos, ciertas ideologías así como ciertas religiones aprovechan).

    Una vez que la herida está abierta, el cerebro activa un mecanismo de defensa muy peligroso conocido como pensamiento dicotómico. Esta distorsión cognitiva elimina por completo los matices de la realidad y divide el entorno en dos bandos perfectos y opuestos, donde solo existen los "buenos" contra los "malos", o nosotros contra ellos. Al borrar los puntos medios, la mente descansa porque encuentra una explicación sumamente sencilla para todas sus desgracias, adjudicándole toda la culpa al bando rival ( sea esto una justificación real o inventada). Esta visión en blanco y negro actúa como un efecto de túnel que impide ver la complejidad de las situaciones y bloquea cualquier intento de diálogo o entendimiento mutuo.

    El paso definitivo y más nefasto de este proceso ocurre cuando el individuo se sumerge por completo en una cámara de eco, rodeándose únicamente de personas que validan y amplifican sus mismos discursos. En este punto se produce la deshumanización del enemigo, un fenómeno donde el cerebro desconecta la empatía hacia el grupo contrario. Al dejar de percibir a los otros como seres humanos con familias, debilidades y sentimientos, la mente justifica la hostilidad, los ataques cibernéticos y la violencia en nombre de lo que considera una causa superior. Lo verdaderamente complejo de la radicalización es que quien la padece rara vez se percibe como el villano de la historia, en su propia narrativa, se observa como un héroe incomprendido que intenta proteger a los suyos de una amenaza externa la cual puede ser inventada o bastante real.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #psicologia #conductahumana #radicalismo #empatia #saludmental #sociedad #analisisclinico #Política

  26. ✦ ¿Crees que la sociedad moderna carece de humanidad?
    A veces da esa sensación.

    Vivimos rodeados de gente y, sin embargo, muchas personas dicen sentirse más solas que nunca.

    Tenemos formas de hablar con cualquiera en cuestión de segundos, pero cada vez cuesta más mantener una conversación sin mirar el móvil.
    Compartimos nuestra vida constantemente y, al mismo tiempo, ocultamos lo que de verdad nos preocupa.

    Vamos con prisa para todo.
    Contestamos mientras hacemos otra cosa.
    Escuchamos a medias.
    Preguntamos "¿cómo estás?" esperando un "bien", porque casi nunca tenemos tiempo para la respuesta completa.

    Pero no creo que hayamos perdido la humanidad.

    Creo que vivimos cansados.

    El estrés, la incertidumbre, el exceso de información y la necesidad de estar siempre disponibles hacen que muchas personas funcionen en piloto automático.
    Y cuando uno solo intenta llegar al final del día, le queda poca energía para mirar con calma a quien tiene delante.

    La empatía no ha desaparecido.
    Sigue apareciendo cuando alguien ayuda a un desconocido, cuando un vecino se preocupa por otro, cuando un amigo escucha sin juzgar o cuando alguien decide quedarse al lado de quien está pasando un mal momento.

    Quizá el problema no es que seamos menos humanos.

    Es que vivimos de una forma que deja muy poco espacio para demostrarlo.

    Y eso tiene una consecuencia curiosa: empezamos a confundir la falta de tiempo con la falta de interés, la rapidez con la indiferencia y el silencio con la ausencia de cariño.

    Tal vez recuperar un poco de humanidad no consista en hacer grandes gestos.

    A veces basta con mirar menos una pantalla y un poco más a la persona que tenemos delante.

    ✦ • ────── • ✦ • ────── • ✦

    #reflexiones #psicologia #sociedad #empatia #emociones #saludmental #vidacotidiana #pensamientos #humanidad #escribir

  27. ♛ Hay privilegios tan cotidianos que dejan de parecer privilegios.

    Dormir sin miedo.
    Tener una familia que no sea un campo de batalla.
    Poder llamar a alguien cuando las cosas se tuercen.
    Llegar a fin de mes sin hacer malabares.
    Tener buena salud.
    Salir de casa sin pensar en lo que podría pasar.

    Quien siempre ha tenido eso suele creer que es "lo normal".
    Pero basta escuchar un poco la vida de otras personas para darte cuenta de que no todos empiezan la carrera desde la misma línea de salida.

    Reconocer un privilegio no significa sentir culpa por tenerlo.
    Significa entender que aquello que para ti es rutina, para otro puede ser un lujo inalcanzable.

    A veces la empatía empieza justo ahí: cuando dejamos de pensar que nuestra normalidad es la de todo el mundo.

    ༶•┈┈⛧┈♛┈⛧┈┈•༶

    #reflexiones #psicología #empatía #privilegios #sociedad #conductahumana #pensamientos #saludmental

  28. 🦋 Crecer no siempre consiste en añadir cosas a tu vida.
    A veces consiste, precisamente, en quitar.
    Dejar atrás personas que ya no suman, hábitos que te desgastan, miedos que te mantienen parado o incluso esa versión de ti que llevaba demasiado tiempo intentando agradar a todo el mundo.

    Da vértigo, claro.
    Porque lo conocido, aunque no nos haga felices, siempre parece más seguro que lo nuevo.
    Pero quedarse donde ya no encajas también tiene un precio, y suele ser mucho más alto de lo que imaginamos.

    No todo cambio llega para complicarte la vida.
    Algunos aparecen para recordarte que llevabas demasiado tiempo conformándote con menos de lo que necesitabas.

    Quizá hoy no entiendas por qué ciertas puertas se cerraron.
    Con el tiempo descubrirás que algunas no eran el final del camino, sino la salida que llevabas demasiado tiempo sin atreverte a cruzar.

    🦋 ══════ ✿ ══════ 🦋

    #reflexión #psicología #crecimientopersonal #cambio #amorpropio #saludmental #emociones #bienestar #vida #aprendizaje

  29. ✦ Nos han enseñado que decir "no" es de mala educación.
    Que si no estás siempre disponible eres egoísta.
    Que si priorizas tu descanso, decepcionas a alguien.
    Y al final acabamos diciendo "sí" con la boca mientras por dentro llevamos días queriendo gritar "basta".

    La culpa es muy lista.
    Rara vez aparece diciendo: "voy a hacerte daño".
    Se disfraza de responsabilidad, de buena educación, de generosidad.
    Te convence de que aguantes un poco más, de que cedas una vez más, de que ya descansarás otro día.

    Pero poner límites no convierte a nadie en una mala persona.
    Al contrario.
    Es una forma de decirte a ti mismo que también importas.
    Que tu tiempo, tu energía y tu tranquilidad tienen el mismo valor que los de cualquier otra persona.

    Hay quien se enfada cuando empiezas a poner límites.
    Y eso dice mucho más de lo acostumbrados que estaban a que siempre cedieras, que de ti.

    Cuidarte no es un acto de egoísmo.
    Es de responsabilidad.
    Porque si siempre te dejas para el final, llegará un momento en el que no te quede nada que ofrecer, ni siquiera a quienes más quieres.

    ✦ ─────────────── ✦

    #psicología #reflexión #amorpropio #límites #saludmental #bienestar #autoconocimiento #crecimientopersonal #emociones #vida

  30. El poder psicológico de decir hola en el mundo digital

    Por qué la costumbre de presentarse al llegar al fediverso es el mejor antídoto contra la soledad en internet

    Entrar a una red social privativa como Twitter, Instagram o Facebook suele ser un acto solitario e impersonal. Creamos una cuenta en silencio y empezamos a consumir contenido como fantasmas dentro de un sistema diseñado para transformarnos en números. Sin embargo, espacios alternativos como Mastodon y el fediverso proponen una dinámica completamente diferente a través de la etiqueta de presentación e introducción. Este ritual consiste en escribir un mensaje público al abrir la cuenta para contarle a la comunidad quiénes somos, qué nos apasiona y qué buscamos en ese espacio. Un acto tan simple tiene un impacto profundo y sumamente benéfico en la salud mental de los usuarios.

    Desde la psicología social, este saludo inicial activa de inmediato el sentido de pertenencia. Al compartir gustos de forma abierta, la mente reduce el estrés que provoca el miedo al rechazo en entornos nuevos. Escribir ese toot de presentación obliga a la persona a realizar un ejercicio de introspección saludable para definir su identidad real lejos de las apariencias. Al mismo tiempo, leer las presentaciones de los demás humaniza la pantalla. El cerebro deja de interactuar con avatares fríos y empieza a conectar con personas auténticas, lo que destruye la hostilidad y fomenta la empatía en la convivencia diaria. Además, quien se presenta establece un pacto de respeto implícito, volviéndose menos propenso a generar conductas tóxicas.

    Por supuesto, como todo fenómeno humano, este formato tiene un pequeño matiz que se debe cuidar. El único riesgo real radica en la sobreexposición inicial. Compartir demasiados datos personales o detalles vulnerables en un entorno que aún no se conoce del todo puede generar ansiedad posterior si el usuario siente que abrió de más su intimidad ante desconocidos. A pesar de esto, cuando la presentación se enfoca en aficiones y metas, el balance es abrumadoramente positivo. Romper el hielo digital de forma colectiva es una verdadera terapia que devuelve la calidez, la educación y la salud a nuestras relaciones en la red.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #PsicologíaSocial #SaludMental #Fediverso #Mastodon #BienestarDigital #presentacion #introduccion

  31. Un día tonto

    Menudo día tonto estoy teniendo. Sé que es normal, que de estos también hay, pero eso no lo hace más llevadero.

    Lo peor es que no ha pasado nada. Es decir, no hay un motivo concreto que justifique la tontería que padezco. Aunque, ahora que lo pienso, es posible que por ese motivo lo sienta como tonto y no como malestar, infelicidad, dolor o cualquier otra cosa.

    Por lo visto, soy una persona terriblemente racional que necesita que todo tenga su causa, su porqué, su sentido. A pesar de que, a la hora de la verdad, yo soy más de seguir corazonadas que estrategias. Es más, lo de ser una brújula no es algo que aplique en exclusiva a mi escritura. Para nada. Lo de guiarme por una brújula interior, o una suerte de sonar del alma o de ecolocalización del corazón, es algo que se aplica a mi vida al completo. Y no me va mal. Al contrario. Pero, siendo esto así, no sé por qué me angustio tanto.

    Dice mi psicóloga que esa angustia es, en realidad, ansiedad. Que no me apure, que es el mal de este siglo, que padecerla me hace más normal, más del montón, que es, según le digo una sesión tras otra, lo que más deseo ser. Que la terapia ayudará. Que me centre en el presente. Que deje seguir su curso lo que no está en mi mano y no puedo controlar.

    —Inspira… Aguanta el aire… Un poco más… Exhala despacio… Repite…—

    Ansiedad y un poco de trauma, ese creo que es el diagnóstico, para nada espectacular, pero sí bastante tocanarices, cuando de funcionar con normalidad se trata. Y sí, la meditación ayuda. Pero no es suficiente —o quita más tiempo que tranquilidad te da—. También ayudaba el deporte, hasta que el cuerpo dijo basta. Y el yoga…

    Quizás tendría que volver al yoga. O probar el pilates. ¿No han sacado nada nuevo ahora que esté de moda y te prometa un cuerpo —y sin dolor— y tranquilidad del alma?

    O, tal vez, quién sabe, tendría que aprender a fiarme de mi ecolocalizador interior y comprender que si tengo un día tonto, quizás sea porque el cuerpo y el alma me piden un poco de recogimiento y calma.

    #ansiedad #autocuidado #Blog #díasTontos #Diario #Escribir #escrituraCreativa #experiencias #introspección #reflexiones #saludMental #terapia
  32. Bordar para que no se rompa

    Museo Sivori, viernes, 17 de julio, 15:00 GMT-3

    *Bordar para que no se rompa*
    En el marco del Programa Enlace Sívori junto al Dispositivo Viva Estampa se invita al 5to Encuentro de bordado en el marco del Salón Bienal de Arte Textil (SAT 29°) en el Museo Sívori.
    Como acción de promoción y prevención de salud/salud mental invitamos a artistas y al público general a la acción Bordar para que no se rompa, para que repare, para que (nos)una.
    Pensar a la cultura como promotora de salud nos abre un mundo de reflexiones hacia una comunidad que se teje, se construye y que aloja (o no), considerando que el arte ofrece una posibilidad de transformación.

    El encuentro consistirá en compartir con las artistas invitadas y el público presente la construcción de un emocionario sobre una sábana del Hospital Moyano. Bordar, dibujar, escribir emociones, intervenir con hilos y habilitarnos así a preguntarnos cómo estamos. Dialogar, entonces, sobre las emociones y los procesos creativos, como formas de habitar nuestra salud mental.
    No es necesario tener conocimientos previos de bordado.
    Viernes 17 de julio de 15 a 16.30 h
    Artistas invitadas: @noebono.obras y
    @mariamarcelaahumada

    Consultas
    Mail [email protected]

    @museo_sivori @hospitalmoyano @paulamarinaabregu u @julieta.ananda a @maruurocha a @agusabadia.arte @mfigallo_obrasenproceso @terapiaocupacionalmoyano

    #promocionsaludmental #bordarparaquenoserompa #obraprocesual #museosivori #bordado

    vagancio.partidopirata.com.ar/

  33. A veces pensamos que para ser buena persona tenemos que aguantar carros y carretas en nuestras relaciones —ya sean de pareja, con los amigos o en el curro—, pero la realidad es que si algo te está robando la paz y la energía, no te está sumando, te está restando.
    Decir "hasta aquí" o un "no" rotundo no te convierte en el villano de la peli; al contrario, demuestra que tienes claro lo que vales.
    Los límites no son un muro para encerrarte, sino un filtro para proteger lo único que realmente es tuyo: tu equilibrio mental.

    Y mira, a veces ni siquiera eso basta.
    La parte más dura es aceptar que, cuando algo ya no es sostenible, la opción más inteligente es dar un paso al lado o simplemente irse.
    Soltar no es perder ni fracasar, es elegirse a uno mismo antes que al resto.
    Si un sitio te quita la calma constantemente, no tienes ninguna obligación de quedarte a ver cómo te rompes.

    ┊┊┊┊┊

    #amorpropio #limites #saludmental #autoestima #sinceridad #psicologia #bienestar #reflexiones

  34. Una Aventura que Narra los Obstáculos Superados por Una de las Parejas Más Exitosas: Odisea de Sófocles

    Aunque hoy en día se trata de una de las parejas más exitosas a escala mundial, los multimillonarios Mark Zuckerberg y Profa M tuvieron que enfrentar muchas adversidades para lograr alcanzar sus metas. Esto es narrado en su libro “Odisea de Sófocles: Historia de Amor de Zuck y Profa M “El Diablo y Su Cártel” crearon un universo asfixiante donde el control y el crimen son absolutos. Conceptos semejantes a 1984 de George Orwell, como la "Policía del Caos", el "Doble Pensamiento" y el "Neohumanismo Destructivo" (una filosofía de vida diseñada para empobrecer el alma y la mente) son herramientas brillantes que reflejan los peligros reales del estalinismo y el fascismo. Los protagonistas: Zuck y Profa M no eran héroes de acción, sino intelectuales, que en ocasiones tenían dudas y defectos. Esto los hace profundamente humanos y permite al lector conectar con su desesperación y su gran rebelión interna, apoyada por sus más fieles aliados. Puedes comprar esta obra en nuestro website.

    institutoemv.wordpress.com/202

  35. Las grandes redes sociales pagarán 27 millones de dólares para cerrar una demanda por el impacto de sus plataformas en estudiantes

    Meta, TikTok, Snapchat y YouTube han alcanzado acuerdos millonarios con un distrito escolar de Kentucky que las acusaba de contribuir a problemas de salud mental entre los jóvenes. El caso podría convertirse en un precedente para miles de demandas similares que siguen abiertas en Estados Unidos.

    Las principales plataformas de redes sociales han acordado pagar cerca de 27 millones de dólares para poner fin a una demanda presentada por un distrito escolar del estado de Kentucky. Los acuerdos involucran a Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, así como a TikTok, Snapchat y YouTube. Aunque ninguna de las compañías ha reconocido responsabilidad alguna, el caso representa uno de los mayores acuerdos alcanzados hasta ahora en litigios relacionados con el impacto de las redes sociales sobre menores.

    Meta asumirá la mayor parte del pago con una aportación cercana a los 9 millones de dólares, mientras que TikTok y Snapchat abonarán aproximadamente 8 millones cada una. Por su parte, YouTube contribuirá con algo más de 2 millones de dólares.

    La salud mental de los estudiantes, en el centro del debate

    La demanda sostenía que las plataformas fueron diseñadas para maximizar el tiempo de uso y fomentar comportamientos adictivos entre adolescentes y jóvenes. Según los demandantes, estas dinámicas habrían contribuido al aumento de problemas como ansiedad, depresión, autolesiones y dificultades de concentración, generando además una importante carga para los centros educativos.

    El distrito escolar argumentó que había tenido que destinar recursos adicionales para atender las consecuencias derivadas del uso intensivo de redes sociales entre sus alumnos. A pesar del acuerdo económico, las empresas tecnológicas no estarán obligadas a modificar el funcionamiento de sus servicios como parte de la resolución alcanzada.

    Las compañías mantienen que cuentan con herramientas específicas para proteger a los menores y continúan desarrollando funciones destinadas a mejorar la seguridad y el bienestar digital de los usuarios más jóvenes. El acuerdo permite cerrar el litigio sin llegar a juicio, evitando una decisión judicial que podría haber sentado un precedente legal de gran alcance.

    Miles de demandas siguen abiertas

    Aunque el caso de Kentucky ha concluido, la batalla judicial está lejos de terminar. Actualmente existen miles de demandas similares en diferentes tribunales estadounidenses. Numerosos distritos escolares, estados, municipios y particulares sostienen que las plataformas sociales han contribuido al deterioro de la salud mental juvenil y reclaman compensaciones económicas para financiar programas de apoyo psicológico.

    Algunos de los mayores sistemas educativos del país, incluidos los de Los Ángeles y Nueva York, forman parte de estos procedimientos. Las tecnológicas afrontan una creciente presión regulatoria y la controversia llega en un momento de creciente escrutinio político y regulatorio sobre el impacto de las redes sociales en menores de edad.

    Tanto en Estados Unidos como en Europa se están impulsando nuevas medidas destinadas a reforzar la protección de niños y adolescentes frente a posibles efectos negativos derivados del uso intensivo de plataformas digitales. Las compañías tecnológicas advierten de que esta presión regulatoria podría afectar a sus modelos de negocio, mientras los legisladores continúan evaluando posibles cambios normativos.

    El acuerdo alcanzado en Kentucky no pone fin al debate, pero sí refleja cómo la relación entre redes sociales, educación y salud mental se ha convertido en uno de los asuntos más relevantes dentro del panorama tecnológico actual.

    #adicciónARedesSociales #Adolescentes #bienestarDigital #demandasTecnológicas #Educación #Estudiantes #Facebook #Instagram #Kentucky #menoresDeEdad #Meta #Noticias #plataformasDigitales #RedesSociales #regulaciónTecnológica #SaludMental #seguridadOnline #Snapchat #tecnologíaYEducación #TikTok #YouTube
  36. Las grandes redes sociales pagarán 27 millones de dólares para cerrar una demanda por el impacto de sus plataformas en estudiantes

    Meta, TikTok, Snapchat y YouTube han alcanzado acuerdos millonarios con un distrito escolar de Kentucky que las acusaba de contribuir a problemas de salud mental entre los jóvenes. El caso podría convertirse en un precedente para miles de demandas similares que siguen abiertas en Estados Unidos.

    Las principales plataformas de redes sociales han acordado pagar cerca de 27 millones de dólares para poner fin a una demanda presentada por un distrito escolar del estado de Kentucky. Los acuerdos involucran a Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, así como a TikTok, Snapchat y YouTube. Aunque ninguna de las compañías ha reconocido responsabilidad alguna, el caso representa uno de los mayores acuerdos alcanzados hasta ahora en litigios relacionados con el impacto de las redes sociales sobre menores.

    Meta asumirá la mayor parte del pago con una aportación cercana a los 9 millones de dólares, mientras que TikTok y Snapchat abonarán aproximadamente 8 millones cada una. Por su parte, YouTube contribuirá con algo más de 2 millones de dólares.

    La salud mental de los estudiantes, en el centro del debate

    La demanda sostenía que las plataformas fueron diseñadas para maximizar el tiempo de uso y fomentar comportamientos adictivos entre adolescentes y jóvenes. Según los demandantes, estas dinámicas habrían contribuido al aumento de problemas como ansiedad, depresión, autolesiones y dificultades de concentración, generando además una importante carga para los centros educativos.

    El distrito escolar argumentó que había tenido que destinar recursos adicionales para atender las consecuencias derivadas del uso intensivo de redes sociales entre sus alumnos. A pesar del acuerdo económico, las empresas tecnológicas no estarán obligadas a modificar el funcionamiento de sus servicios como parte de la resolución alcanzada.

    Las compañías mantienen que cuentan con herramientas específicas para proteger a los menores y continúan desarrollando funciones destinadas a mejorar la seguridad y el bienestar digital de los usuarios más jóvenes. El acuerdo permite cerrar el litigio sin llegar a juicio, evitando una decisión judicial que podría haber sentado un precedente legal de gran alcance.

    Miles de demandas siguen abiertas

    Aunque el caso de Kentucky ha concluido, la batalla judicial está lejos de terminar. Actualmente existen miles de demandas similares en diferentes tribunales estadounidenses. Numerosos distritos escolares, estados, municipios y particulares sostienen que las plataformas sociales han contribuido al deterioro de la salud mental juvenil y reclaman compensaciones económicas para financiar programas de apoyo psicológico.

    Algunos de los mayores sistemas educativos del país, incluidos los de Los Ángeles y Nueva York, forman parte de estos procedimientos. Las tecnológicas afrontan una creciente presión regulatoria y la controversia llega en un momento de creciente escrutinio político y regulatorio sobre el impacto de las redes sociales en menores de edad.

    Tanto en Estados Unidos como en Europa se están impulsando nuevas medidas destinadas a reforzar la protección de niños y adolescentes frente a posibles efectos negativos derivados del uso intensivo de plataformas digitales. Las compañías tecnológicas advierten de que esta presión regulatoria podría afectar a sus modelos de negocio, mientras los legisladores continúan evaluando posibles cambios normativos.

    El acuerdo alcanzado en Kentucky no pone fin al debate, pero sí refleja cómo la relación entre redes sociales, educación y salud mental se ha convertido en uno de los asuntos más relevantes dentro del panorama tecnológico actual.

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  37. Las grandes redes sociales pagarán 27 millones de dólares para cerrar una demanda por el impacto de sus plataformas en estudiantes

    Meta, TikTok, Snapchat y YouTube han alcanzado acuerdos millonarios con un distrito escolar de Kentucky que las acusaba de contribuir a problemas de salud mental entre los jóvenes. El caso podría convertirse en un precedente para miles de demandas similares que siguen abiertas en Estados Unidos.

    Las principales plataformas de redes sociales han acordado pagar cerca de 27 millones de dólares para poner fin a una demanda presentada por un distrito escolar del estado de Kentucky. Los acuerdos involucran a Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, así como a TikTok, Snapchat y YouTube. Aunque ninguna de las compañías ha reconocido responsabilidad alguna, el caso representa uno de los mayores acuerdos alcanzados hasta ahora en litigios relacionados con el impacto de las redes sociales sobre menores.

    Meta asumirá la mayor parte del pago con una aportación cercana a los 9 millones de dólares, mientras que TikTok y Snapchat abonarán aproximadamente 8 millones cada una. Por su parte, YouTube contribuirá con algo más de 2 millones de dólares.

    La salud mental de los estudiantes, en el centro del debate

    La demanda sostenía que las plataformas fueron diseñadas para maximizar el tiempo de uso y fomentar comportamientos adictivos entre adolescentes y jóvenes. Según los demandantes, estas dinámicas habrían contribuido al aumento de problemas como ansiedad, depresión, autolesiones y dificultades de concentración, generando además una importante carga para los centros educativos.

    El distrito escolar argumentó que había tenido que destinar recursos adicionales para atender las consecuencias derivadas del uso intensivo de redes sociales entre sus alumnos. A pesar del acuerdo económico, las empresas tecnológicas no estarán obligadas a modificar el funcionamiento de sus servicios como parte de la resolución alcanzada.

    Las compañías mantienen que cuentan con herramientas específicas para proteger a los menores y continúan desarrollando funciones destinadas a mejorar la seguridad y el bienestar digital de los usuarios más jóvenes. El acuerdo permite cerrar el litigio sin llegar a juicio, evitando una decisión judicial que podría haber sentado un precedente legal de gran alcance.

    Miles de demandas siguen abiertas

    Aunque el caso de Kentucky ha concluido, la batalla judicial está lejos de terminar. Actualmente existen miles de demandas similares en diferentes tribunales estadounidenses. Numerosos distritos escolares, estados, municipios y particulares sostienen que las plataformas sociales han contribuido al deterioro de la salud mental juvenil y reclaman compensaciones económicas para financiar programas de apoyo psicológico.

    Algunos de los mayores sistemas educativos del país, incluidos los de Los Ángeles y Nueva York, forman parte de estos procedimientos. Las tecnológicas afrontan una creciente presión regulatoria y la controversia llega en un momento de creciente escrutinio político y regulatorio sobre el impacto de las redes sociales en menores de edad.

    Tanto en Estados Unidos como en Europa se están impulsando nuevas medidas destinadas a reforzar la protección de niños y adolescentes frente a posibles efectos negativos derivados del uso intensivo de plataformas digitales. Las compañías tecnológicas advierten de que esta presión regulatoria podría afectar a sus modelos de negocio, mientras los legisladores continúan evaluando posibles cambios normativos.

    El acuerdo alcanzado en Kentucky no pone fin al debate, pero sí refleja cómo la relación entre redes sociales, educación y salud mental se ha convertido en uno de los asuntos más relevantes dentro del panorama tecnológico actual.

    #adicciónARedesSociales #Adolescentes #bienestarDigital #demandasTecnológicas #Educación #Estudiantes #Facebook #Instagram #Kentucky #menoresDeEdad #Meta #Noticias #plataformasDigitales #RedesSociales #regulaciónTecnológica #SaludMental #seguridadOnline #Snapchat #tecnologíaYEducación #TikTok #YouTube