#saludmental — Public Fediverse posts
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¿Hay alguna herida que sigue sangrando dentro de ti, porque crees que el tiempo la curará?
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#saludmental #crecimientopersonal #reflexiones #desarrollopersonal #sanar
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El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
Tu voto:
#Adicción #Adolescentes #Algoritmos #Atención #Bienestar #Consumo #Desconexión #Diseño #Dopamina #EducaciónDigital #FOMO #Gamers #GamingAddiction #Instagram #Microtransacciones #PaseDeBatalla #Privacidad #RedesSociales #Reflexión #Regulación #SaludMental #Smartphone #Tecnología #TikTok #Videojuegos -
El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
Tu voto:
#Adicción #Adolescentes #Algoritmos #Atención #Bienestar #Consumo #Desconexión #Diseño #Dopamina #EducaciónDigital #FOMO #Gamers #GamingAddiction #Instagram #Microtransacciones #PaseDeBatalla #Privacidad #RedesSociales #Reflexión #Regulación #SaludMental #Smartphone #Tecnología #TikTok #Videojuegos -
El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
Tu voto:
#Adicción #Adolescentes #Algoritmos #Atención #Bienestar #Consumo #Desconexión #Diseño #Dopamina #EducaciónDigital #FOMO #Gamers #GamingAddiction #Instagram #Microtransacciones #PaseDeBatalla #Privacidad #RedesSociales #Reflexión #Regulación #SaludMental #Smartphone #Tecnología #TikTok #Videojuegos -
El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
Tu voto:
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El diseño que no te suelta
Hay una pregunta que vale la pena hacerse cada vez que abrimos una aplicación o encendemos la consola: ¿por qué me cuesta tanto parar? La respuesta rápida suele ser «me falta voluntad». La respuesta correcta, según varios estudios recientes, es otra: no se trata de voluntad, se trata de diseño.
Videojuegos que ya no terminan
Durante décadas, un videojuego fue un producto cerrado: se compraba, se jugaba, se terminaba. Ese modelo cambió. Hoy buena parte de la industria vive de los llamados «videojuegos como servicio»: títulos que se compran una vez, pero que se actualizan constantemente con temporadas, eventos y recompensas nuevas.
El engranaje central de este modelo es el pase de batalla. Funciona como una escalera de niveles que se sube jugando durante un período limitado, con premios —armas, trajes, mascotas, monturas— que casi nunca son necesarios para jugar bien, pero que generan una presión social real: todos los demás los tienen, y quedarse sin ellos se siente como quedarse afuera.
Ahí aparece la pieza clave: la temporada tiene fecha de término. Cuando se acaba, esas recompensas desaparecen para siempre. Ese límite de tiempo fabrica urgencia, y la urgencia fabrica hábito. Algunos juegos incluso premian conectarse todos los días, así que quien no lo hace siente que se está quedando atrás frente a jugadores que ni siquiera conoce.
Es importante hacer una distinción: no todos los videojuegos funcionan así. El fenómeno es propio de un modelo de negocio específico —el de «juego como servicio»—, no una característica general de jugar. Pero en los títulos que sí lo usan, la lógica es clara: mientras más tiempo pasa una persona conectada, mayor es la probabilidad de que termine gastando dinero para no perderse algo. El tiempo, antes de ser diversión, se convierte en el recurso que la industria busca capturar.Las redes sociales, el mismo mecanismo a otra escala
Cambiemos de pantalla y el patrón se repite. Las redes sociales no están construidas para que las «usemos» un rato y las cerremos; están construidas para que no las cerremos. El académico Francisco Muñoz Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, lo resume con una idea incómoda: el sistema de medios y redes digitales está diseñado para que vivamos consumiendo, así que hablar de «uso» ya no alcanza para describir lo que ocurre.
Los números respaldan la sensación de estar atrapados: cerca de un 30% de los jóvenes ha intentado borrar estas aplicaciones de su teléfono, pero casi siempre vuelve a instalarlas a los pocos días. Niños y adolescentes pasan en promedio cuatro horas diarias conectados, recibiendo alrededor de 1.750 piezas de contenido distinto por día, es decir, una cada diez segundos, mezclando noticias, publicidad, entretenimiento y contenido sensible sin ningún filtro entre uno y otro.Por qué no es (solo) un problema de voluntad
Aquí está el punto que más vale la pena subrayar, y que tanto los artículos sobre videojuegos como los que hablan de redes sociales repiten: si esto fuera solo cuestión de fuerza de voluntad, bastaría con «querer» desconectarse. Pero la evidencia muestra que la mayoría de los intentos de alejarse duran días, no meses: la responsabilidad no es de quien no logra desengancharse, sino del sistema que hace casi imposible vivir al margen de él.
Ambos mundos —el de las temporadas y pases de batalla, y el de los feeds infinitos— comparten los mismos gatillos psicológicos: el miedo a perderse algo que otros sí están viviendo (FOMO), la búsqueda de una recompensa inmediata, la sensación de que hay que terminar una colección o una racha para no dejarla a medias, y el peso de todo el tiempo ya invertido, que hace más difícil soltar aunque la experiencia ya no entregue satisfacción real. No es casualidad que se parezcan: son mecanismos de diseño, no accidentes ni debilidades personales.Qué proponen quienes estudian el fenómeno
La solución no puede recaer únicamente en el individuo. Es un tema de diseño.
Pero nosotros primero debemos identificar este mecanismo cuando lo vemos.
Si hay algo en común entre todas estas recomendaciones es que empiezan por lo mismo: entender cómo funciona el sistema. Saber que una temporada está diseñada para generar urgencia, que un feed no tiene fin porque fue construido así, que el impulso de «una vuelta más» no es casualidad sino ingeniería, ya cambia la relación que se tiene con la pantalla.
No se trata de culpar a quien juega o a quien se queda pegado revisando el teléfono. Se trata de reconocer que la batalla contra el diseño no se gana solo con voluntad, sino con información, límites conscientes y, sobre todo, con la exigencia de que quienes construyen estos sistemas —empresas, reguladores, escuelas— asuman su parte de la responsabilidad. El tiempo es el recurso en juego, y saber que hay alguien diseñando para quitárnoslo es el primer paso para decidir cuánto estamos dispuestos a ceder.
Tu voto:
#Adicción #Adolescentes #Algoritmos #Atención #Bienestar #Consumo #Desconexión #Diseño #Dopamina #EducaciónDigital #FOMO #Gamers #GamingAddiction #Instagram #Microtransacciones #PaseDeBatalla #Privacidad #RedesSociales #Reflexión #Regulación #SaludMental #Smartphone #Tecnología #TikTok #Videojuegos -
🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿
A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
Alexis tenía apenas doce años.Después de aquello, siguió haciendo velas.
Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.Al principio no había una gran misión detrás.
No pensaba en campañas ni en activismo.
Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
Pequeñas cantidades primero.
Luego más.
Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
Su amigo Asher murió por suicidio.Alexis tenía quince años.
Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
Bajaban la voz.
Cambiaban de tema.
Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.
Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.Cada vela empezó a incluir información real.
No mensajes motivacionales de postal.
Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.Eso incomodaba a mucha gente.
Precisamente por eso importaba.
Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.Una luz temblando en mitad de la oscuridad.
En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.
Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.Ese era el verdadero trabajo.
No vender velas.
Abrir una puerta.
Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.
Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.
Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.
Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.
Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida
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🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿
A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
Alexis tenía apenas doce años.Después de aquello, siguió haciendo velas.
Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.Al principio no había una gran misión detrás.
No pensaba en campañas ni en activismo.
Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
Pequeñas cantidades primero.
Luego más.
Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
Su amigo Asher murió por suicidio.Alexis tenía quince años.
Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
Bajaban la voz.
Cambiaban de tema.
Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.
Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.Cada vela empezó a incluir información real.
No mensajes motivacionales de postal.
Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.Eso incomodaba a mucha gente.
Precisamente por eso importaba.
Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.Una luz temblando en mitad de la oscuridad.
En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.
Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.Ese era el verdadero trabajo.
No vender velas.
Abrir una puerta.
Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.
Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.
Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.
Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.
Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.
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#historia #historiasreales #saludmental #alexiskauchick #eternalessence #curiosidades #depresion #suicidio #historiashumanas #duelo #historiasquecambianvidas #memoria #superacion #historiasdelavida
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🧿 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂 🧿
A los once años, Alexis Kauchick aprendió algo que parecía simple: cómo centrar una mecha dentro de un frasco de cera caliente.
Su hermano mayor, Todd Kauchick, le enseñaba con paciencia durante viajes de campamento y tardes tranquilas en Florida.
Había reglas pequeñas que para él eran importantes.
La cera debía derretirse despacio para no quemarse.
Los aromas tenían que combinarse con cuidado.
Y la mecha debía quedar firme, exactamente en el centro, porque de eso dependía que la llama ardiera limpia y constante.Todd llevaba tiempo luchando contra el alcoholismo.
Aun así, aquellas tardes fabricando velas quedaron grabadas en Alexis como uno de los pocos lugares seguros de su infancia.
En 2011, Todd murió repentinamente por un aneurisma aórtico.
Alexis tenía apenas doce años.Después de aquello, siguió haciendo velas.
Probablemente porque el olor a vainilla, madera o canela todavía le recordaba a él.
Probablemente porque el duelo necesita movimiento para no ahogarte por dentro.
Mientras otros intentaban seguir adelante como podían, ella pasaba horas derritiendo cera en una mesa plegable, llenando frascos pequeños y vendiéndolos en ferias locales del sur de Florida.Al principio no había una gran misión detrás.
No pensaba en campañas ni en activismo.
Era simplemente una adolescente intentando respirar después de perder a alguien importante.Con el tiempo empezó a recaudar dinero con aquellas ventas.
Pequeñas cantidades primero.
Luego más.
Pero en 2014 ocurrió otra tragedia que cambió completamente el sentido de todo aquello.
Su amigo Asher murió por suicidio.Alexis tenía quince años.
Y hubo algo que la golpeó casi tanto como la pérdida: el silencio de los demás.
La gente evitaba decir la palabra “suicidio”.
Bajaban la voz.
Cambiaban de tema.
Usaban expresiones vagas como “se fue” o “pasó algo terrible”.
Ella veía a adultos enteros incapaces de hablar con claridad sobre salud mental.Y entendió algo incómodo: callarse también puede hacer daño.
Ahí fue cuando Eternal Essence Candle Company dejó de ser solo un pequeño negocio artesanal.
Alexis decidió convertirlo en una herramienta para hablar de depresión, trastorno bipolar, adicciones y suicidio sin rodeos ni frases vacías.Cada vela empezó a incluir información real.
No mensajes motivacionales de postal.
Datos concretos sobre enfermedades mentales, señales de alarma y recursos de ayuda.
Su idea era sencilla y al mismo tiempo muy difícil de ejecutar: lograr que alguien comprara una vela aromática y terminara teniendo una conversación honesta que normalmente evitaría.Eso incomodaba a mucha gente.
Precisamente por eso importaba.
Alexis decía que eligió las velas porque una llama pequeña puede convertirse en símbolo de esperanza.
Muchas enfermedades tienen lazos, colores o emblemas reconocibles.
Ella creía que la salud mental también necesitaba una imagen capaz de acompañar a quienes luchaban cada día contra algo invisible.Una luz temblando en mitad de la oscuridad.
En 2015, su historia comenzó a circular por medios locales y nacionales de Estados Unidos.
Tenía diecisiete años, seguía estudiando secundaria en The Benjamin School y al mismo tiempo organizaba campañas, eventos y recaudaciones de fondos.
Una sola de sus donaciones alcanzó los 30.000 dólares destinados a investigación sobre trastorno bipolar juvenil.Con el tiempo, las cifras siguieron creciendo.
Antes de cerrar oficialmente la iniciativa hacia finales de 2017, Eternal Essence Candle Company había recaudado más de 125.000 dólares para organizaciones relacionadas con salud mental y prevención del suicidio.Pero quizá el cambio más importante no podía medirse en dinero.
Alrededor de Alexis empezaron a ocurrir cosas pequeñas que antes parecían imposibles. Jóvenes hablando de depresión sin esconderse.
Familias preguntando cómo ayudar en lugar de fingir que no veían nada.
Amigos aprendiendo a escuchar sin escapar de conversaciones incómodas.Ese era el verdadero trabajo.
No vender velas.
Abrir una puerta.
Después de graduarse en 2016, Alexis se mudó a Athens, Georgia, para estudiar Publicidad en la Universidad de Georgia.
Allí obtuvo también un certificado en estudios de emprendimiento y llegó a participar como delegada estudiantil en el prestigioso festival Cannes Lions, uno de los encuentros de creatividad y publicidad más importantes del mundo.A diferencia de muchas historias virales de internet, la suya nunca giró alrededor de convertirse en celebridad.
Su perfil público siempre estuvo más ligado al marketing, el emprendimiento y la salud mental que a la exposición personal.
Por eso prácticamente no existen datos públicos sobre su vida privada actual, pareja o hijos.Y quizá eso también dice algo importante sobre ella.
Nunca pareció interesarle convertirse en símbolo.
Solo quería que la gente hablara con verdad sobre personas reales.
Todd le enseñó a cuidar la mecha de una vela.
Sin proponérselo, terminó dejándole otra cosa: una manera de sostener luz cuando todo alrededor parecía apagarse.Y Alexis convirtió esa pequeña enseñanza doméstica en algo mucho más grande.
Una conversación pública sobre dolor, duelo y salud mental que todavía sigue encendida en muchas personas que jamás llegaron a conocerla.Porque a veces una llama pequeña no ilumina una habitación.
Ilumina un tema entero que llevaba demasiado tiempo en silencio.
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● Qué manía tenemos a veces de querer explicarlo todo, de discutir durante horas y de gastar saliva con quien no se lo merece solo para intentar que entiendan el daño que han hecho o dónde han cruzado la línea.
Nos empeñamos en buscar una disculpa que a veces nunca llega, o en justificar lo injustificable para mantener las formas.Sin embargo, con los años te das cuenta de que el mayor desprecio no es la rabia ni el grito, sino la indiferencia absoluta.
Retirarte a tiempo no es de cobardes ni una huida; es un acto de pura supervivencia emocional y de salud mental.
Al final, que los demás piensen lo que les dé la gana. La paz de irte a casa con la conciencia tranquila, cerrar la puerta y no mirar atrás, no te la paga nadie.◌⑅⃝●♡⋆●♡⑅⃝◌ ───── ◌⑅⃝●♡⋆♡●⑅⃝◌
#distancia #respeto #pazmental #reflexión #vida #límites #saludmental
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“La ketamina racémica oral es una intervención razonablemente bien tolerada y rápidamente efectiva para la ideación suicida y la depresión en adultos con trastorno depresivo mayor. “ Ketamina oral para la reducción rápida de la ideación suicida en el trastorno depresivo mayor: un ensayo clínico aleatorio controlado con midazolam (2025) https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1876201825000565 #ketamina #terapiaketamina #psicodelicos #saludmental
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https://www.europesays.com/es/761594/ El truco de Penélope Cruz para proyectar seguridad que respalda la psicología: «Me río mucho de mí misma» #Celebrities #Entertainment #Entretenimiento #ES #España #EstarBien #Famosos #PenélopeCruz #Psicología #SaludMental #Spain
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¿Cuánto tiempo llevas castigándote por algo que ya no puedes cambiar?
https://www.facebook.com/photo?fbid=122103571959457085&set=a.122098016799457085
#saludmental #crecimientopersonal #reflexiones #desarrollopersonal #perdon
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El acoso escolar se enquista: uno de cada cuatro casos dura más de un año
El acoso escolar se enquista: uno de cada cuatro casos dura... #tardigram #acoso-escolar #saludmental -
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Cómo afrontar las críticas sin ponerse a la defensiva. (Eng)
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¿Qué empezarías hoy si dejaras de esperar a sentirte preparada?
Te leo en los comentarios.https://www.facebook.com/photo.php?fbid=122100095931457085&set=pb.61593712564938.-2207520000&type=3
#crecimientopersonal #inteligenciaemocional #superacion #saludmental
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¿Qué empezarías hoy si dejaras de esperar a sentirte preparada?
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Día Internacional de Acción contra la Migraña: el papel de la Psicología en su abordaje integral
Día Internacional de Acción contra la Migraña: el papel... #tardigram #migraña #psicología #saludmental -
¿Todo lo que te importa es urgente o hay situaciones que pueden esperar sin prisas?
Coméntalo en el post.
https://www.facebook.com/photo/?fbid=122102711763457085&set=pb.61593712564938.-2207520000
#saludmental #crecimientopersonal #desarrollopersonal #reflexion #tiempo
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¿Todo lo que te importa es urgente o hay situaciones que pueden esperar sin prisas?
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Casi uno de cada tres adultos en Gran Bretaña consume alcohol en niveles de riesgo https://www.vinetur.com/20260910106929/study-finds-318-of-adults-in-great-britain-drank-at-risky-levels-in-2024/25.html #Alcohol #SaludMental #Dependencia #GranBretaña #Riesgo
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𐀪ִֶָ A veces miramos atrás y pensamos:
«Bueno, al menos todo aquello me hizo más fuerte».Y sí, puede ser verdad.
Pero eso no convierte el dolor en algo bueno ni hace que tengamos que estar agradecidos por haber pasado por ciertas cosas.Hay cosas que nos cambian.
Nos enseñan a poner límites, a desconfiar, a conocernos mejor o a descubrir una fuerza que ni sabíamos que teníamos.
Pero una cosa es sacar algo de aquello que vivimos y otra muy distinta justificar lo que nos hicieron.No todo lo que nos hizo crecer tenía que habernos ocurrido.
Sanar también es poder decirlo sin sentir culpa: aquello me hizo quien soy, pero ojalá nunca hubiera tenido que aprenderlo de esa manera.
𓂃 ࣪˖ ִֶָ𐀪 ───────── 𐀪ִֶָ ˖ ࣪𓂃
#psicologia #reflexiones #sanar #heridasemocionales #pasado #saludmental #amorpropio #emociones #aprendizajes #fortaleza #vidareal #autoestima #limites #crecimientopersonal
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:ablobdundundun: Aceptar a las personas como son no significa tener que darles un lugar en nuestra vida.
Puedes querer a alguien y necesitar distancia.
Puedes entender su historia sin hacerte responsable de repararla.
Puedes perdonar y aun así decidir que no quieres volver a abrir esa puerta.Aceptar no significa permitir. Comprender no significa justificar.
Y querer no siempre significa acercar.La paz no llega cuando tienes a todo el mundo dentro, sino cuando aprendes quién merece entrar y hasta dónde.
A veces cuidarte también es decir: contigo, no.
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#psicologia #reflexiones #limites #relaciones #amorpropio #saludmental #autoestima #pazmental #emociones #vidareal
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:bluebirdroll: A veces terminamos en terapia intentando arreglar heridas que ni siquiera nos hicimos nosotros.
Nos pasamos años intentando entender por qué alguien nos trató así, por qué nos hizo sentir insuficientes, por qué tuvo que romper algo en nosotros para sentirse mejor consigo mismo.
Y mientras tanto, esa persona sigue tan tranquila, sin mirar lo que lleva dentro.Hasta que un día entiendes que quizá nunca vas a conseguir una explicación que te deje en paz.
Que hay gente que hace daño porque no sabe qué hacer con su propio dolor.
Y que tú no puedes sanarles, ni cambiarles, ni esperar que un día tengan la valentía de mirar sus propias heridas.Así que vas a terapia.
No para olvidar lo que pasó, sino para dejar de cargarlo como si fuera culpa tuya.Y qué ironía: acabamos curándonos de las heridas que otros dejaron abiertas porque ellos nunca quisieron mirar las suyas.
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#psicologia #reflexiones #heridasemocionales #sanar #terapia #saludmental #emociones #pasado #autoestima #relaciones #vidareal #aprendizaje
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¿Cómo descubre un psicólogo lo que pasa en tu mente?
El viaje científico detrás de un diagnóstico psicológico
Cuando una persona va al psicólogo clínico por primera vez, muchas veces piensa que el profesional va a adivinar sus problemas con solo mirarla. La realidad es que el diagnóstico psicológico es un proceso científico muy detallado que no incluye suposiciones. Todo comienza con una serie de charlas tranquilas donde el especialista pregunta sobre tu vida actual, tu infancia, tus relaciones y los momentos que te causan malestar. Esta conversación sirve para entender el mapa de tu vida.
Después de estas pláticas, el psicólogo utiliza herramientas científicas llamadas pruebas psicométricas. Estos cuestionarios y ejercicios ayudan a medir de forma exacta tus niveles de ansiedad, tus rasgos de personalidad o tu manera de manejar las emociones. El psicólogo analiza cómo reaccionas ante los problemas y qué cosas en tu entorno hacen que te sigas sintiendo mal. Con todas estas piezas juntas, el profesional arma un rompecabezas para explicarte con claridad qué te sucede y diseñar una terapia personalizada que te ayude a sanar.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#Psicologia #SaludMental #Terapia #Diagnostico #MenteSaludable
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✦ Hay algo curioso en esperar.
Estamos cinco minutos en una sala y ya estamos buscando el teléfono.
Un minuto en una cola y sentimos que tenemos que hacer algo.
Mirar una pantalla, revisar mensajes, deslizar el dedo sin saber muy bien qué buscamos.Nos hemos acostumbrado tanto a llenar cualquier silencio que quedarnos simplemente ahí, sin hacer nada, empieza a resultar incómodo.
Y quizá lo raro no sea aburrirnos.
Quizá lo raro sea que ya casi no sabemos estar solos con nuestra propia cabeza.Porque cuando no hay pantalla, música, vídeos ni notificaciones que nos distraigan, aparecen pensamientos que normalmente dejamos esperando también.
Cosas que nos preocupan.
Decisiones que llevamos posponiendo.
Recuerdos.
Ideas.
Incluso cosas que no sabíamos que teníamos dentro.A veces cinco minutos sin estímulos no son tiempo perdido.
Son cinco minutos en los que, por fin, puedes escucharte.
⋆。°✩ ───────── ✩°。⋆
#psicologia #reflexion #menteyemociones #vidacotidiana #pensamientos #saludmental #autoconocimiento #atencionplena
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✦ Hay algo curioso en esperar.
Estamos cinco minutos en una sala y ya estamos buscando el teléfono.
Un minuto en una cola y sentimos que tenemos que hacer algo.
Mirar una pantalla, revisar mensajes, deslizar el dedo sin saber muy bien qué buscamos.Nos hemos acostumbrado tanto a llenar cualquier silencio que quedarnos simplemente ahí, sin hacer nada, empieza a resultar incómodo.
Y quizá lo raro no sea aburrirnos.
Quizá lo raro sea que ya casi no sabemos estar solos con nuestra propia cabeza.Porque cuando no hay pantalla, música, vídeos ni notificaciones que nos distraigan, aparecen pensamientos que normalmente dejamos esperando también.
Cosas que nos preocupan.
Decisiones que llevamos posponiendo.
Recuerdos.
Ideas.
Incluso cosas que no sabíamos que teníamos dentro.A veces cinco minutos sin estímulos no son tiempo perdido.
Son cinco minutos en los que, por fin, puedes escucharte.
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✦ Hay algo curioso en esperar.
Estamos cinco minutos en una sala y ya estamos buscando el teléfono.
Un minuto en una cola y sentimos que tenemos que hacer algo.
Mirar una pantalla, revisar mensajes, deslizar el dedo sin saber muy bien qué buscamos.Nos hemos acostumbrado tanto a llenar cualquier silencio que quedarnos simplemente ahí, sin hacer nada, empieza a resultar incómodo.
Y quizá lo raro no sea aburrirnos.
Quizá lo raro sea que ya casi no sabemos estar solos con nuestra propia cabeza.Porque cuando no hay pantalla, música, vídeos ni notificaciones que nos distraigan, aparecen pensamientos que normalmente dejamos esperando también.
Cosas que nos preocupan.
Decisiones que llevamos posponiendo.
Recuerdos.
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Son cinco minutos en los que, por fin, puedes escucharte.
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El peligro oculto de maratonear tus series favoritas
Pasar un fin de semana entero pegado a la pantalla devorando una temporada completa se siente como el descanso perfecto. Sin embargo, investigaciones de la Universidad del Sur de California demuestran que estos atracones visuales saturan nuestra mente de forma peligrosa. Al procesar tantas historias juntas y sin pausas, el cerebro sufre un desgaste que daña la atención y la memoria verbal.
Especialistas de la Universitat Oberta de Catalunya revelan que este hábito reduce el volumen de la materia gris en las zonas ligadas al razonamiento. Al meterle tanta información al cerebro sin darle descanso, este es incapaz de guardarla a largo plazo, lo que provoca que olvides los detalles de los episodios casi de inmediato. Ver historias sin parar apaga tu control mental y entrena a tu mente para reaccionar solo a estímulos rápidos. El verdadero descanso no se encuentra en el consumo desmedido de contenido, sino en darle a nuestra mente el espacio necesario para procesar la realidad.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#SaludMental #Neurociencia #BingeWatching #Cerebro #PlataformasDigitales
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¿Sabías que los "likes" cambian la estructura física del cerebro de los adolescentes?
Pasar el día revisando las notificaciones altera el desarrollo cerebral de los jóvenes. Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte demostró que los adolescentes que miran sus redes más de quince veces al día desarrollan una sensibilidad extrema a la opinión de los demás.
A través de escaneos cerebrales, los científicos descubrieron que la amígdala y la corteza prefrontal de estos chicos cambian de forma. Estas zonas controlan las emociones y las recompensas. Al recibir interacciones constantemente, el cerebro se reconfigura para mantenerse en un estado de alerta eterna. Se vuelve adicto a esperar la aprobación digital y sufre un impacto desproporcionado ante la indiferencia de los demás. Las plataformas digitales privativas están moldeando la anatomía de una generación entera mientras su mente aún se está formando, sorprendente y aterrador.
¿Qué opinan?
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#Neurociencia #CerebroAdolescente #RedesSociales #SaludMental #Psicología
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Me alegro de que mi madre haya muerto, Jennette McCurdy
Si están buscando una lectura que los atrape desde las primeras páginas pero que al mismo tiempo les deje pensando mucho sobre las relaciones familiares, este libro de memorias publicado en 2022 por la editorial Simon & Schuster es algo que no se pueden perder. La autora, a quien muchos recuerdan por su papel de Sam Puckett en la televisión, se abre por completo para contarnos la compleja y abusiva relación que vivió con su madre, Debra, quien falleció en 2013 debido al cáncer. Lejos de ser la típica biografía de una estrella infantil llena de glamour, el relato es un viaje honesto, crudo y con un humor negro muy particular sobre el precio real de cumplir los sueños frustrados de los padres.
A lo largo del texto nos enteramos de cómo su mamá la introdujo al mundo de la actuación a los 6 años y cómo poco a poco fue tomando el control absoluto de su cuerpo y de su vida. Jennette narra de manera muy cercana situaciones desgarradoras, como el hecho de que a los 11 años su madre la obligaba a contar calorías, le teñía el cabello y le blanqueaba los dientes, lo que la llevó a padecer trastornos alimenticios graves desde los 12 años, además de adicciones con las que tuvo que luchar durante mucho tiempo. Es una historia de sanación profunda y de liberación que nos muestra lo difícil pero necesario que es romper con ciclos dañinos para encontrar nuestra propia voz.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#RecomendaciónLiteraria #JennetteMcCurdy #Libros #Biografía #SaludMental #Sociedad
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Detrás de las risas grabadas: la urgencia de proteger a la infancia en los sets de televisión
Una mirada crítica a la explotación infantil en la industria del entretenimiento a partir del caso de Jennette McCurdy
El estreno de series de televisión juveniles a principios de los años 2000 parecía una época dorada de diversión familiar, pero detrás de los colores llamativos y los chistes con risas grabadas se escondía una realidad profundamente oscura para los pequeños protagonistas. La publicación del libro autobiográfico de la escritora y exactriz Jennette McCurdy en agosto de 2022 descorrió por completo el telón de los abusos emocionales, la manipulación psicológica y la explotación laboral extrema que vivió durante su estancia en canales infantiles como Nickelodeon, específicamente en producciones masivas como iCarly y Sam y Cat. Su testimonio no es un hecho aislado, sino el reflejo de una estructura industrial que históricamente ha visto a los niños creadores de contenido como mercancías generadoras de dinero antes que como seres humanos en pleno desarrollo. Analizar a detalle estos comportamientos dentro de los sets de grabación nos obliga a revisar de forma urgente cómo los adultos a cargo sabotean las etapas naturales de la niñez y la adolescencia. En el caso de McCurdy, las presiones no solo provenían de directores o productores que ejercían un control abusivo sobre su agenda y sus actuaciones, sino también de su propio núcleo familiar, donde su madre proyectaba sus frustraciones financieras y personales a costa de la salud de su hija, llevándola a desarrollar trastornos alimenticios graves como la anorexia y la bulimia desde los 11 años. Las jornadas laborales extensas que rebasaban los límites permitidos, el aislamiento social de amigos de su edad y la obligación de sonreír ante las cámaras mientras cargaban con el peso económico de familias enteras y contratos millonarios demuestran que las leyes de protección actuales son insuficientes o se ignoran de forma sistemática por la ambición corporativa. Para evitar que estas tragedias sigan repitiéndose en el cine, las series o cualquier programa actual, es imperativo que el público, los medios de comunicación y las autoridades mantengan una observación minuciosa sobre las dinámicas de trabajo infantiles. Debemos aprender a leer las señales de alerta, que van desde cambios drásticos en la conducta de los menores hasta la hipersexualización de sus personajes en pantalla, un recurso común empleado por productores abusivos para elevar los niveles de audiencia. La industria del entretenimiento no puede seguir operando bajo la premisa de que el éxito justifica la destrucción emocional de un individuo, y nos toca a todos exigir sindicatos más estrictos, supervisión psicológica independiente dentro de las filmaciones y una legislación penal que castigue con severidad a quienes vean en la infancia un negocio económico.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#ExplotaciónInfantil #Nickelodeon #JennetteMcCurdy #SaludMental #DerechosDeLaInfancia #Televisión #CulturaPop
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Mi infancia fue robada, mi adolescencia fue saboteada y mi cuerpo fue destruido por la ambición de los adultos que debían protegerme en la televisión.
Jennette McCurdy, escritora y exactriz infantil de Nickelodeon, sobre los abusos emocionales y la explotación vivida durante su carrera actoral
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#ExplotaciónInfantil #Nickelodeon #SaludMental #JennetteMcCurdy #CulturaPop #Frase
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"El maltrato no nace de los malos sentimientos ni de perder el control. Nace de una mentalidad de propiedad, donde uno cree que tiene el derecho de controlar y mandar sobre la vida del otro."
Lundy Bancroft, especialista en abuso relacional.
#SaludMental #AbusoEmocional #RelacionesSanas #Relaciones #Respeto #LundyBancroft
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Guía hispana de auxilio: Dónde pedir ayuda si sufres abuso y maltrato psicológico
Directorio de líneas gratuitas y confidenciales para romper el silencio en Iberoamérica y Estados Unidos
Salir de un entorno de manipulación o violencia emocional requiere apoyo profesional inmediato. Si te encuentras en México, el gobierno federal cuenta con la Línea de las Mujeres marcando al 079 opción 1, un servicio gratuito disponible a cualquier hora que te ofrece contención psicológica y asesoramiento legal. En caso de que prefieras comunicarte por mensajes de texto, el Consejo Ciudadano atiende denuncias y ofrece primeros auxilios emocionales las 24 horas a través del número telefónico y WhatsApp 55 5533 5533 de forma confidencial.
Para nuestra comunidad en Sudamérica, los canales de apoyo oficiales están listos para escucharte. En Argentina tienes a tu disposición la Línea 144, un espacio nacional de asesoramiento integral para personas en situación de violencia de género que también atiende por WhatsApp al 221 508 5988 durante todo el año. Si te encuentras en Colombia, puedes comunicarte a la Línea Púrpura Distrital marcando de forma gratuita al 01 8000 112 137, donde psicólogas especializadas te guiarán paso a paso. Por su parte, la comunidad en el Perú cuenta con el respaldo del Programa Nacional Aurora mediante la Línea 100, un servicio telefónico de orientación psicológica que funciona sin interrupciones para proteger a los integrantes del grupo familiar. En Chile, la red de apoyo se activa de inmediato llamando al número corto 1455 del Servicio Nacional de la Mujer.
Quienes se encuentran en España o Estados Unidos también tienen opciones seguras a su alcance. En territorio español, el número telefónico por excelencia es el 016, el cual brinda información y asesoría jurídica sobre malos tratos sin dejar rastro en la factura telefónica. Para los hispanohablantes que viven en los Estados Unidos, la línea de crisis ofrece una red especializada en español enviando la palabra AYUDA por mensaje de texto o presionando la opción dos al llamar, mientras que la Línea Directa Nacional contra la Violencia Doméstica atiende de forma bilingüe en el 1 800 799 7233. No importa el país donde estés, recuerda que el abuso emocional no es normal y que existen profesionales listos para ayudarte a recuperar tu libertad.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#SaludMental #AbusoPsicologico #LineasDeAyuda #NoEstasSola #Mexico #Argentina #Colombia #Peru #España #EEUU #Bienestar
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¿Qué pasa en la mente de un narcisista?
Un vistazo científico al frágil cascarón de la falsa superioridad
Mucha gente cree que el narcisista se ama demasiado, pero la psicología clínica demuestra lo contrario. En realidad, estas personas sufren de un vacío profundo y una autoestima tan débil que necesitan construir un personaje de superhéroe para no derrumbarse. Su mente no funciona con amor propio, funciona con pura supervivencia emocional.
Para un narcisista, las demás personas no son seres con sentimientos independientes, sino herramientas. Imagina que ven a los demás como electrodomésticos: sirven mientras funcionan y dan lo que ellos necesitan, ya sea aplausos, admiración, dinero o atención. Si dejas de serles útil o si te atreves a criticarlos, su mente lo interpreta como un ataque de vida o muerte.
Por eso nunca piden perdón ni aceptan errores. Su cerebro prefiere alterar la realidad e inventar que tú tienes la culpa antes de aceptar que fallaron. No es simple orgullo, es un mecanismo de defensa rígido para proteger un ego de cristal que se rompe con cualquier soplo. Viven atrapados en un teatro donde ellos son los únicos directores y las víctimas de su propio guion, solo ellos importan.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#Psicologia #SaludMental #Relaciones #Narcisismo #Clinica #BienestarEmocional
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https://www.europesays.com/es/738139/ Un estudio con más de 500.000 mayores relaciona la vacuna del herpes zóster con menos casos de demencia | Líder en Información Social #demencia #Discamedia #Discapacidad #ES #España #Health #herpes #mayores #Salud #SaludMental #Sociedad #Spain #UniversidadDeBrown
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🧠💜 #Video | Salud mental perinatal: un tema clave para la maternidad. Conoce más sobre la depresión, la psicosis posparto y la importancia crucial de crear redes de apoyo para las mujeres. 👩👧👦✨ #SaludMental #Mujeres #Maternidad #Posparto
https://zurl.co/KtpTz -
❖ Algo que rara vez se nombra: sentir celos de alguien no siempre significa que quieras lo que esa persona tiene.
A veces miras a alguien y notas ese pellizco incómodo.
Te molesta que le vaya bien, que tenga una relación bonita, que consiga algo que tú llevas años intentando, que parezca feliz o que reciba una atención que tú echas de menos.
Y enseguida aparece la culpa:
«Qué mala persona soy por sentir esto».Pero quizá no haya tanta maldad detrás.
Quizá haya una necesidad que llevas demasiado tiempo escondiendo.Porque puedes alegrarte sinceramente por alguien y, al mismo tiempo, sentir tristeza por lo que tú no tienes.
Las dos cosas pueden existir a la vez.
No somos personajes de Disney, por suerte.A veces no quieres su pareja.
Quieres sentirte querido.No quieres su trabajo.
Quieres sentir que lo que haces sirve para algo.No quieres su vida.
Quieres dejar de sentir que la tuya está en pausa.No quieres su reconocimiento.
Quieres que alguien mire lo que haces y diga: «Te veo».Y ahí es donde los celos pueden convertirse en una pista bastante incómoda.
En lugar de quedarnos mirando al otro con ese «¿por qué él sí?», quizá habría que preguntarse:
«¿Qué es exactamente lo que me está doliendo de esto?».Porque esa respuesta puede decir mucho más de nosotros que de la persona a la que estamos envidiando.
El problema es que pedir lo que necesitamos nos hace sentir vulnerables.
Es más fácil criticar, compararnos, quitarle importancia a lo que queremos o convencernos de que tampoco era para tanto.«Yo no necesito eso».
«A mí me da igual».
«Seguro que no es para tanto».
Ya.
Y mientras tanto, seguimos mirando de reojo la vida de los demás, esperando que alguien adivine aquello que nosotros ni siquiera nos atrevemos a reconocer.
Quizá sentir celos no siempre sea querer lo que tiene el otro.
A veces es descubrir, bastante a regañadientes, que hay algo que nosotros también necesitamos y todavía no hemos aprendido a pedir.
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#reflexiones #psicologia #emociones #autoconocimiento #celos #envidia #relaciones #vidareal #saludmental #imagenretocadaconIA
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❖ Algo que rara vez se nombra: sentir celos de alguien no siempre significa que quieras lo que esa persona tiene.
A veces miras a alguien y notas ese pellizco incómodo.
Te molesta que le vaya bien, que tenga una relación bonita, que consiga algo que tú llevas años intentando, que parezca feliz o que reciba una atención que tú echas de menos.
Y enseguida aparece la culpa:
«Qué mala persona soy por sentir esto».Pero quizá no haya tanta maldad detrás.
Quizá haya una necesidad que llevas demasiado tiempo escondiendo.Porque puedes alegrarte sinceramente por alguien y, al mismo tiempo, sentir tristeza por lo que tú no tienes.
Las dos cosas pueden existir a la vez.
No somos personajes de Disney, por suerte.A veces no quieres su pareja.
Quieres sentirte querido.No quieres su trabajo.
Quieres sentir que lo que haces sirve para algo.No quieres su vida.
Quieres dejar de sentir que la tuya está en pausa.No quieres su reconocimiento.
Quieres que alguien mire lo que haces y diga: «Te veo».Y ahí es donde los celos pueden convertirse en una pista bastante incómoda.
En lugar de quedarnos mirando al otro con ese «¿por qué él sí?», quizá habría que preguntarse:
«¿Qué es exactamente lo que me está doliendo de esto?».Porque esa respuesta puede decir mucho más de nosotros que de la persona a la que estamos envidiando.
El problema es que pedir lo que necesitamos nos hace sentir vulnerables.
Es más fácil criticar, compararnos, quitarle importancia a lo que queremos o convencernos de que tampoco era para tanto.«Yo no necesito eso».
«A mí me da igual».
«Seguro que no es para tanto».
Ya.
Y mientras tanto, seguimos mirando de reojo la vida de los demás, esperando que alguien adivine aquello que nosotros ni siquiera nos atrevemos a reconocer.
Quizá sentir celos no siempre sea querer lo que tiene el otro.
A veces es descubrir, bastante a regañadientes, que hay algo que nosotros también necesitamos y todavía no hemos aprendido a pedir.
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#reflexiones #psicologia #emociones #autoconocimiento #celos #envidia #relaciones #vidareal #saludmental #imagenretocadaconIA
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Aprender a retirarse a tiempo: El acto más grande de madurez ante la indiferencia
Cuando estamos pasando por un mal momento o nos enfrentamos a una situación difícil que nos rebasa, lo más natural y humano es buscar apoyo en los demás. Sin embargo, una de las lecciones más amargas pero necesarias de la vida ocurre cuando lo primero que recibimos al pedir ayuda es que la otra persona o servicio o institución niegue por completo la existencia de nuestro problema, minimizando lo que sentimos como si estemos exagerando. Por si fuera poco, a esta ceguera voluntaria muchas veces le sigue un trato hostil, frío o grosero, dejándonos con una sensación de desamparo y enojo que sólo empeora las cosas en lugar de aliviarlas.
En esos momentos de frustración, el impulso inicial de muchos de nosotros es desgastarnos intentando demostrar que nuestra queja es válida, discutiendo con fuerza para obligar al otro a que entienda su error o cambie su actitud. Pero si lo analizamos con calma, la decisión más sana, inteligente y madura que podemos tomar es simplemente dar la media vuelta e irnos a otro lado, retirando por completo nuestra atención de ese entorno tan dañino. No se trata de cobardía ni de darse por vencidos, sino de entender que nuestro bienestar emocional vale demasiado como para andar mendigando empatía en lugares donde no existe la menor disposición para ofrecerla de corazón.
Aprender a cerrar esa puerta y buscar nuevos horizontes es un verdadero acto de autocuidado y autorespeto que nos ahorra una cantidad enorme de tiempo perdido en discusiones que no llegan a nada así como de corajes y malas vibras. Francamente, es mejor refugiarse en espacios y personas que sí demuestren una escucha abierta, respetuosa y solidaria, dejando atrás la mala experiencia con la tranquilidad de saber que hicimos lo correcto por nosotros mismos. La vida es muy corta para perder el tiempo discutiendo y alegando queriendo cambiar a gente que prefiere tratarte mal antes que admitir sus propias fallas.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #RelacionesHumanas #SaludMental #Madurez #CrecimientoPersonal #fediverso #Mastodon #RedesSociales
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Aprender a retirarse a tiempo: El acto más grande de madurez ante la indiferencia
Cuando estamos pasando por un mal momento o nos enfrentamos a una situación difícil que nos rebasa, lo más natural y humano es buscar apoyo en los demás. Sin embargo, una de las lecciones más amargas pero necesarias de la vida ocurre cuando lo primero que recibimos al pedir ayuda es que la otra persona o servicio o institución niegue por completo la existencia de nuestro problema, minimizando lo que sentimos como si estemos exagerando. Por si fuera poco, a esta ceguera voluntaria muchas veces le sigue un trato hostil, frío o grosero, dejándonos con una sensación de desamparo y enojo que sólo empeora las cosas en lugar de aliviarlas.
En esos momentos de frustración, el impulso inicial de muchos de nosotros es desgastarnos intentando demostrar que nuestra queja es válida, discutiendo con fuerza para obligar al otro a que entienda su error o cambie su actitud. Pero si lo analizamos con calma, la decisión más sana, inteligente y madura que podemos tomar es simplemente dar la media vuelta e irnos a otro lado, retirando por completo nuestra atención de ese entorno tan dañino. No se trata de cobardía ni de darse por vencidos, sino de entender que nuestro bienestar emocional vale demasiado como para andar mendigando empatía en lugares donde no existe la menor disposición para ofrecerla de corazón.
Aprender a cerrar esa puerta y buscar nuevos horizontes es un verdadero acto de autocuidado y autorespeto que nos ahorra una cantidad enorme de tiempo perdido en discusiones que no llegan a nada así como de corajes y malas vibras. Francamente, es mejor refugiarse en espacios y personas que sí demuestren una escucha abierta, respetuosa y solidaria, dejando atrás la mala experiencia con la tranquilidad de saber que hicimos lo correcto por nosotros mismos. La vida es muy corta para perder el tiempo discutiendo y alegando queriendo cambiar a gente que prefiere tratarte mal antes que admitir sus propias fallas.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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Aprender a retirarse a tiempo: El acto más grande de madurez ante la indiferencia
Cuando estamos pasando por un mal momento o nos enfrentamos a una situación difícil que nos rebasa, lo más natural y humano es buscar apoyo en los demás. Sin embargo, una de las lecciones más amargas pero necesarias de la vida ocurre cuando lo primero que recibimos al pedir ayuda es que la otra persona o servicio o institución niegue por completo la existencia de nuestro problema, minimizando lo que sentimos como si estemos exagerando. Por si fuera poco, a esta ceguera voluntaria muchas veces le sigue un trato hostil, frío o grosero, dejándonos con una sensación de desamparo y enojo que sólo empeora las cosas en lugar de aliviarlas.
En esos momentos de frustración, el impulso inicial de muchos de nosotros es desgastarnos intentando demostrar que nuestra queja es válida, discutiendo con fuerza para obligar al otro a que entienda su error o cambie su actitud. Pero si lo analizamos con calma, la decisión más sana, inteligente y madura que podemos tomar es simplemente dar la media vuelta e irnos a otro lado, retirando por completo nuestra atención de ese entorno tan dañino. No se trata de cobardía ni de darse por vencidos, sino de entender que nuestro bienestar emocional vale demasiado como para andar mendigando empatía en lugares donde no existe la menor disposición para ofrecerla de corazón.
Aprender a cerrar esa puerta y buscar nuevos horizontes es un verdadero acto de autocuidado y autorespeto que nos ahorra una cantidad enorme de tiempo perdido en discusiones que no llegan a nada así como de corajes y malas vibras. Francamente, es mejor refugiarse en espacios y personas que sí demuestren una escucha abierta, respetuosa y solidaria, dejando atrás la mala experiencia con la tranquilidad de saber que hicimos lo correcto por nosotros mismos. La vida es muy corta para perder el tiempo discutiendo y alegando queriendo cambiar a gente que prefiere tratarte mal antes que admitir sus propias fallas.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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Aprender a retirarse a tiempo: El acto más grande de madurez ante la indiferencia
Cuando estamos pasando por un mal momento o nos enfrentamos a una situación difícil que nos rebasa, lo más natural y humano es buscar apoyo en los demás. Sin embargo, una de las lecciones más amargas pero necesarias de la vida ocurre cuando lo primero que recibimos al pedir ayuda es que la otra persona o servicio o institución niegue por completo la existencia de nuestro problema, minimizando lo que sentimos como si estemos exagerando. Por si fuera poco, a esta ceguera voluntaria muchas veces le sigue un trato hostil, frío o grosero, dejándonos con una sensación de desamparo y enojo que sólo empeora las cosas en lugar de aliviarlas.
En esos momentos de frustración, el impulso inicial de muchos de nosotros es desgastarnos intentando demostrar que nuestra queja es válida, discutiendo con fuerza para obligar al otro a que entienda su error o cambie su actitud. Pero si lo analizamos con calma, la decisión más sana, inteligente y madura que podemos tomar es simplemente dar la media vuelta e irnos a otro lado, retirando por completo nuestra atención de ese entorno tan dañino. No se trata de cobardía ni de darse por vencidos, sino de entender que nuestro bienestar emocional vale demasiado como para andar mendigando empatía en lugares donde no existe la menor disposición para ofrecerla de corazón.
Aprender a cerrar esa puerta y buscar nuevos horizontes es un verdadero acto de autocuidado y autorespeto que nos ahorra una cantidad enorme de tiempo perdido en discusiones que no llegan a nada así como de corajes y malas vibras. Francamente, es mejor refugiarse en espacios y personas que sí demuestren una escucha abierta, respetuosa y solidaria, dejando atrás la mala experiencia con la tranquilidad de saber que hicimos lo correcto por nosotros mismos. La vida es muy corta para perder el tiempo discutiendo y alegando queriendo cambiar a gente que prefiere tratarte mal antes que admitir sus propias fallas.
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