#escritora — Public Fediverse posts
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Cuando las estrellas se alinean
España ha ganado el mundial de fútbol 2026 y estoy muerta de sueño. Feliz, sí, pero dormida. Aunque, en general, la felicidad gana al cansancio, en especial si tenemos en cuenta que la última vez que España se proclamó campeona del mundo de fútbol masculino, servidora escribió su primera novela.
Y ya sabéis que yo no creo en las casualidades sino en magia, alineaciones planetarias y eventos astrológicos. En este preciso momento, lo cierto es que tanto me da si el evento es astrológico o deportivo para que pase a considerarlo no solo señal, sino profecía. Aunque es posible que todo esto sea a causa de la falta de sueño.
No es de extrañar si tenemos en cuenta que la cosa acabó más allá de la medianoche y después del partido yo estaba tan emocionada que no era capaz de irme a dormir. Creo que han sido las tres y media de la madrugada cuando he mirado el reloj por última vez y, mientras escribo estas líneas, faltan quince minutos para las ocho de la mañana. Así que he dormido más bien poco y una ya no es una niña como para aguantar noches en vela.
Y, a pesar de todo el cansancio, la alegría está por encima, porque, ya no solo como española, sino como profesora de español y escritora en español, siento un especial orgullo porque la final se hablara en español en una competición en la que se intentó vetar y humillar a este idioma, que es el segundo en el mundo por número de hablantes nativos.
Debo admitir que estoy muy cansada de la guerra cultural de algunos países contra todo lo que huele remotamente a España, aunque no por hastío voy a dejar de defender la lengua y la cultura de este país. Y, precisamente por eso, me alegré muchísimo cuando Argentina ganó a Inglaterra y pasó a la final.
De todo corazón, para mí todo lo que sea vencer a Inglaterra me parece bien, en cualquier contexto. Pero en este caso en concreto me pareció especialmente elocuente justo por cómo se quiso humillar al español en esta competición por motivos ideológicos y políticos de la más baja categoría. Para mí que la final fuera entre dos países cuyo idioma era el español era ya, en sí, una enorme victoria. Sin contar que Argentina es una leyenda y jugar la final contra ellos era un hito histórico, fuera cual fuera el resultado.
La sorpresa me la encontré al observar la reacción del otro lado. Lo que yo pensaba que sería alegría compartida porque dos países, desde mi punto de vista, hermanos se jugaban la final resultó no serlo.
Y no voy a entrar en las estupideces desde el punto de vista histórico que se llegaron a decir sobre el periodo imperial español, a eso, por desgracia, ya estamos acostumbrados. Ni siquiera en los agravios casi personales. ¿De verdad Argentina no se alegró de que, después del intento de humillación internacional al idioma y cultura que, aunque les pese, compartimos, acabara siendo un derbi entre equipos de habla hispana?
Me consta que aficiones de otros países hispanoamericanos sí se alegraron por eso y muchos decidieron animar a España. Pero también he escuchado estupideces de parte de anglófonos —y, sí, estadounidenses— defendiendo que la verdadera final era el partido por el tercer puesto entre Inglaterra y Francia, porque por lo visto eran incapaces de tolerar cualquier otra cosa.
Y ya sé que llevamos en los genes la desunión y que, siendo hermanos, como somos, hemos transmitido al otro lado del charco eso de la sangre cainita, que diría Sabina. Pero por desunidos y enfrentados entre nosotros que estemos por lo general los españolitos en la piel de toro, solemos unirnos ante el enemigo común —que se lo pregunten a Napoleón—.
Imagino que por eso me sorprendió y hasta dolió la reacción de Argentina en su pase a la final —no sé ahora, unas ocho horas después de finalizar el evento, cómo llevarán el duelo—. En cualquier caso, supongo que, por costumbre, esperaba cierta alegría colectiva en el marco lógico de competitividad sana, porque, al fin y al cabo, esto es una competición deportiva.
Repito, esto es una competición deportiva.
Aunque siento que, en realidad, aquí se han puesto sobre la mesa muchas más cosas que únicamente las relacionadas con el deporte. Empezando por esa absurda idea de mantener el español fuera del evento y acabando por los que pensaban que se estaban vengando de sus colonizadores —y ya he dicho que no entraré en esta discusión porque creo que coger un libro de historia está al alcance de cualquiera—.
Sea como sea, y a pesar de las pocas horas de sueño, aquí estoy yo, escribiendo la entrada del blog del día sobre el único tema posible hoy. Porque, a pesar de todas las trabas políticas y deportivas —por favor, que nos anularon dos goles…—, España se ha proclamado campeona del mundo de fútbol masculino. Y la última vez que pasó eso yo escribí una gran novela.
Quizá, si España contra pronóstico puede conseguir una segunda estrella, tal vez también yo sea capaz de remontar, después de todo.
#Blog #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #escrituraCreativa #España #experiencias #fútbol #identidad #lenguaEspañola #Mundial2026 #mundoHispano #reflexiones #señales -
Del tamaño de la terraza y otras trampas del ego
Los domingos, me encanta levantarme tarde y tomar el café en la terraza con mi marido. Es casi el único día de la semana que podemos hacer algo así porque el resto de días, a la hora del café, el ruido del tráfico no permite mantener una conversación con normalidad. Y, seguramente, esa es una de las causas de esa extrañeza disfrazada de melancolía que acarreo, aunque esa autopsia, mejor, la dejo para otro día.
La cuestión es que durante la conversación de café con leche tranquilo, que hoy sí hemos podido mantener, me he sorprendido enunciando en voz alta que, quizá, me he acostumbrado tanto al traje de escritora frustrada que ahora no quiero salir de él.
Sí, has leído bien, querido lector: yo no quiero dejar el papel de autora bloqueada que lucha por su arte pero a la que el mundo —tan injusto, tan cruel— no permite florecer.
Vale, me he puesto un poco melodramática, pero es que el descubrimiento, de ser cierto, no es para menos. Y lo peor es que no hay dato alguno —¡ni uno!— que apunte hacia la incorrección de la premisa.
La cuestión es que el papel de fracasado es cómodo. Y ahora no importa que hablemos de escritura, de trabajo, de familia… Eso es lo de menos. Lo relevante es que ese rol solo exige seguir igual que siempre y, eso sí, quejarse mucho de lo mucho que se ha intentado previamente y la mala suerte que se ha tenido.
Y, ojo, que con eso no estoy diciendo que ese papel en cuestión se interprete desde el fondo de un pozo. Para nada. Por lo general, se interpreta mejor desde la comodidad relativa.
Es como lo de nuestra terraza. Nos encanta hacer cosas fuera, tener plantas, hacer barbacoas, paellas, tomar el sol o mirar la luna. Pero el tráfico de la calle a la que da nuestra terraza se ha puesto terrible, además de que, con los años, la terraza se nos ha quedado algo pequeña, seguramente porque antes preferíamos salir y con los pocos metros de terraza nos bastaba para cuando la usábamos. Ahora, en cambio, preferimos estar en casa y, claro, no es lo mismo.
Por supuesto, podríamos buscar otra casa, que cubra todas nuestras necesidades, incluida la terraza. Pero, claro, así como se ha puesto el mercado, con lo que nos gusta nuestro piso y lo bien situado que está. Y, ostras, ya casi tenemos del todo pagada la hipoteca, cómo vamos a pensar ahora en volver a empezar.
Es mucho más sencillo quejarse del tráfico, de la forma tan desordenada en la que ha crecido la ciudad, de los acelerones que pega la gente sin necesidad… Lo que sea. Porque, en realidad, en nuestra pequeña y ruidosa terraza no estamos tan mal.
Esta estrategia, obviamente, sería mucho menos factible si no tuviéramos terraza o, peor, pero más habitual tal y como están las cosas, no tuviéramos casa propia en absoluto.
Tampoco yo estoy tan mal como escritora frustrada. Me las he apañado para conseguir un trabajo que me encanta, con una carrera profesional más que decente, buen salario, cómodo y que, además, me deja tiempo para escribir lo suficiente como para no asfixiarme además de quejarme de la mala suerte que he tenido en la vida, que no me ha permitido dedicarme por completo a escribir.
Si no tuviera trabajo en absoluto o el empleo que tuviera fuera una maldita tortura no sería tan sencillo lo de quedarme instalada en la queja superficial mientras, en realidad, estoy en una posición cómoda. No ideal, no. Pero confortable.
Supongo que a eso es a lo que se refiere la psicología con la dichosa zona de confort: ese lugar que no es el ideal, pero que es lo suficientemente bueno como para que intentar cambiarlo te suponga una incomodidad mayor de la que te supone mantenerte como estás.
Por lo visto, no nos movemos por deseos. Para nada. Nos movemos por incomodidad. O, mejor dicho, por dolor. Si el dolor de una situación es soportable y, sobre todo, menor que el que nos provoca movernos a la siguiente casilla o, para ser más exactos, la incertidumbre que ese movimiento nos supone, nos quedamos.
Y esto me parece absurdamente cruel.
Pero, al menos, me sirve para entender qué me ha estado pasando estos días atrás y, sobre todo, por qué, de pronto, he tenido la tentación de enviarlo todo al carajo —otra vez—.
Y es que el traje de escritora frustrada lo conozco. No es cómodo, pero me he hecho a él. Y él a mí. Tanto, tanto, nos hemos acostumbrado el uno al otro que el ejercicio de tratar de salir de él se siente como arrancarme la piel a jirones, algunos de ellos, con trozos de carne.
Poco importa que hace casi dos meses, en una camilla de hospital tras una intervención de urgencia a vida o muerte descubriera que no quería irme de este mundo sin haber intentado en serio que mis historias llegaran a su público. El recuerdo sigue vivo, pero es lejano.
Sin embargo, lo peor de todo no es desprenderse de esa identidad anterior que, erróneamente, habíamos confundido con la auténtica. En absoluto. Lo peor es no saber exactamente cuál es el traje que te están poniendo ahora.
Esa, y no otra, es la incomodidad a la que ayer llamaba tontería.
#Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #frustración #identidad #miedoAlCambio #reflexión #reflexiones #vidaCotidiana #zonaDeConfort -
Del tamaño de la terraza y otras trampas del ego
Los domingos, me encanta levantarme tarde y tomar el café en la terraza con mi marido. Es casi el único día de la semana que podemos hacer algo así porque el resto de días, a la hora del café, el ruido del tráfico no permite mantener una conversación con normalidad. Y, seguramente, esa es una de las causas de esa extrañeza disfrazada de melancolía que acarreo, aunque esa autopsia, mejor, la dejo para otro día.
La cuestión es que durante la conversación de café con leche tranquilo, que hoy sí hemos podido mantener, me he sorprendido enunciando en voz alta que, quizá, me he acostumbrado tanto al traje de escritora frustrada que ahora no quiero salir de él.
Sí, has leído bien, querido lector: yo no quiero dejar el papel de autora bloqueada que lucha por su arte pero a la que el mundo —tan injusto, tan cruel— no permite florecer.
Vale, me he puesto un poco melodramática, pero es que el descubrimiento, de ser cierto, no es para menos. Y lo peor es que no hay dato alguno —¡ni uno!— que apunte hacia la incorrección de la premisa.
La cuestión es que el papel de fracasado es cómodo. Y ahora no importa que hablemos de escritura, de trabajo, de familia… Eso es lo de menos. Lo relevante es que ese rol solo exige seguir igual que siempre y, eso sí, quejarse mucho de lo mucho que se ha intentado previamente y la mala suerte que se ha tenido.
Y, ojo, que con eso no estoy diciendo que ese papel en cuestión se interprete desde el fondo de un pozo. Para nada. Por lo general, se interpreta mejor desde la comodidad relativa.
Es como lo de nuestra terraza. Nos encanta hacer cosas fuera, tener plantas, hacer barbacoas, paellas, tomar el sol o mirar la luna. Pero el tráfico de la calle a la que da nuestra terraza se ha puesto terrible, además de que, con los años, la terraza se nos ha quedado algo pequeña, seguramente porque antes preferíamos salir y con los pocos metros de terraza nos bastaba para cuando la usábamos. Ahora, en cambio, preferimos estar en casa y, claro, no es lo mismo.
Por supuesto, podríamos buscar otra casa, que cubra todas nuestras necesidades, incluida la terraza. Pero, claro, así como se ha puesto el mercado, con lo que nos gusta nuestro piso y lo bien situado que está. Y, ostras, ya casi tenemos del todo pagada la hipoteca, cómo vamos a pensar ahora en volver a empezar.
Es mucho más sencillo quejarse del tráfico, de la forma tan desordenada en la que ha crecido la ciudad, de los acelerones que pega la gente sin necesidad… Lo que sea. Porque, en realidad, en nuestra pequeña y ruidosa terraza no estamos tan mal.
Esta estrategia, obviamente, sería mucho menos factible si no tuviéramos terraza o, peor, pero más habitual tal y como están las cosas, no tuviéramos casa propia en absoluto.
Tampoco yo estoy tan mal como escritora frustrada. Me las he apañado para conseguir un trabajo que me encanta, con una carrera profesional más que decente, buen salario, cómodo y que, además, me deja tiempo para escribir lo suficiente como para no asfixiarme además de quejarme de la mala suerte que he tenido en la vida, que no me ha permitido dedicarme por completo a escribir.
Si no tuviera trabajo en absoluto o el empleo que tuviera fuera una maldita tortura no sería tan sencillo lo de quedarme instalada en la queja superficial mientras, en realidad, estoy en una posición cómoda. No ideal, no. Pero confortable.
Supongo que a eso es a lo que se refiere la psicología con la dichosa zona de confort: ese lugar que no es el ideal, pero que es lo suficientemente bueno como para que intentar cambiarlo te suponga una incomodidad mayor de la que te supone mantenerte como estás.
Por lo visto, no nos movemos por deseos. Para nada. Nos movemos por incomodidad. O, mejor dicho, por dolor. Si el dolor de una situación es soportable y, sobre todo, menor que el que nos provoca movernos a la siguiente casilla o, para ser más exactos, la incertidumbre que ese movimiento nos supone, nos quedamos.
Y esto me parece absurdamente cruel.
Pero, al menos, me sirve para entender qué me ha estado pasando estos días atrás y, sobre todo, por qué, de pronto, he tenido la tentación de enviarlo todo al carajo —otra vez—.
Y es que el traje de escritora frustrada lo conozco. No es cómodo, pero me he hecho a él. Y él a mí. Tanto, tanto, nos hemos acostumbrado el uno al otro que el ejercicio de tratar de salir de él se siente como arrancarme la piel a jirones, algunos de ellos, con trozos de carne.
Poco importa que hace casi dos meses, en una camilla de hospital tras una intervención de urgencia a vida o muerte descubriera que no quería irme de este mundo sin haber intentado en serio que mis historias llegaran a su público. El recuerdo sigue vivo, pero es lejano.
Sin embargo, lo peor de todo no es desprenderse de esa identidad anterior que, erróneamente, habíamos confundido con la auténtica. En absoluto. Lo peor es no saber exactamente cuál es el traje que te están poniendo ahora.
Esa, y no otra, es la incomodidad a la que ayer llamaba tontería.
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Las últimas instrucciones de Toni
Esta escena forma parte de un guion en proceso de escritura, que además es mi Trabajo Final de Máster de Guion Audiovisual. Su contenido y su posición dentro del largometraje son provisionales. Aquí, sencillamente, comparto el proceso. En la ficha encontrarás información sobre su estado actual.
Ficha
- Identificador: EF-003
- Estado actual: Vigente
- Ubicación actual: 3
- Fase de escritura: estructura y acción (pendiente de dialogar)
- Historial de cambios:
- 01/07/2026 Escritura
- 17/07/2026 Revisión y publicación blog
Escena
Notas
Soy consciente de que esta escena tendrá que sufrir variaciones durante el proceso de escritura por su longitud, pero me encanta porque no solo se ve la relación entre Toni y Xicu, que para mí es una parte fundamental de la historia, sino también porque, por primera vez, se ve a la criatura, y eso siempre es emocionante.
#Blog #CuadernoDeEscritura #cuadernoDeTrabajo #ElFameliar #Escribir #escritora #escrituraCreativa #escrituraDeGuion #fantasíaOscuraMediterránea #guion #guionCinematográfico #GuionEnConstrucción #Ibiza #Largometraje #MitologíaIbicenca #procesoDeEscritura #proyectoEnConstrucción #trabajoEnProceso #workInProgress #Xicu -
Las últimas instrucciones de Toni
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Soy consciente de que esta escena tendrá que sufrir variaciones durante el proceso de escritura por su longitud, pero me encanta porque no solo se ve la relación entre Toni y Xicu, que para mí es una parte fundamental de la historia, sino también porque, por primera vez, se ve a la criatura, y eso siempre es emocionante.
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Notas
Soy consciente de que esta escena tendrá que sufrir variaciones durante el proceso de escritura por su longitud, pero me encanta porque no solo se ve la relación entre Toni y Xicu, que para mí es una parte fundamental de la historia, sino también porque, por primera vez, se ve a la criatura, y eso siempre es emocionante.
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A golpe de tecla
Me he metido en un berenjenal. Aunque para alguien que usa la metáfora del huerto, el jardín y las plantas para hablar de su escritura quizás no sea algo malo.
Resulta que desde que empecé a hacer directos en TikTok tenía una idea que me medio obsesionaba: aplicar a la escritura lo que veía que muchas chicas hacían en YouTube y Twitch con el estudio, como sesiones de estudio en directo, bajo el título de «Estudia conmigo», con musiquita de fondo, un set bonito y aplicando la técnica pomodoro, que consiste en alternar periodos de trabajo y descanso. Mi ideal, cuando estoy estudiando, son las sesiones de cuatro tandas de cincuenta minutos de trabajo y diez de descanso. Para escribir, mi ideal es la mitad.
Ayer, mientras estaba en el directo, que, fiel a mi obsesión, suelo titular «Escribe conmigo», una chica me preguntó cuál era la dinámica, a lo que yo respondí que, de momento, ninguna, pero que mi idea era la de copiar las sesiones de «Estudia conmigo» y aplicarlas a la escritura. La idea le gustó y, bueno, ya sabéis que a mí me basta poco para venirme arriba.
Y aquí estoy yo hoy, escribiendo esta entrada durante la primera sesión oficial de «Escribe conmigo» de mi canal de TikTok —¿lo de TikTok se llama también canal o tiene otro nombre? Tendré que investigarlo—, mientras un cronómetro se come la primera mitad del tomate y hay más gente en mi live de la que ha habido nunca.
Debo decir que, para la ocasión, siguiendo la idea de trasladar a la escritura lo que veía en el estudio, he hecho un fondo de pantalla precioso para el directo, muy cuqui él, pero en el que, además, de un vistazo puede verse en qué consiste la dinámica.
Y creo, sinceramente, que de la misma manera que esas sesiones de «Estudia conmigo» son más que útiles para el estudio, también lo pueden ser para la escritura.
Esos canales dedicados a las sesiones de estudio en directo con la técnica pomodoro son especialmente útiles cuando uno está embarcado en un proceso largo, extremadamente exigente y muy competitivo, como, por ejemplo, una oposición. Pero también para las épocas de exámenes de bachillerato, ciclos formativos superiores y universidad.
Sirven porque, por un lado, ves que no eres la única persona que estudia y está sometida a un ritmo y a unos niveles de exigencia que no son los habituales. Y, seamos sinceros, no es lo mismo sufrir en solitario que hacerlo en compañía. Ese es el otro factor de utilidad. Al principio te puede parecer que solo tienes un canal de fondo, como quien tiene la tele sin sonido o música a un nivel bajito. Pero, poco a poco, vas conociendo a la persona que conduce los directos y, sobre todo —y esto es lo más importante—, a los asistentes habituales. Y el estudio deja de ser un sacrificio solitario y pasa a ser otra cosa.
Pero hay algo más. Estos directos suelen tener una estructura clara y, más importante, unos horarios definidos. Por ejemplo, de lunes a viernes de nueve a dos. O de diez a doce, que es el horario que me he puesto yo para probar. Y eso es oro en un momento en el que tienes que organizarte tú contigo misma, sin más motivación que la ilusión inicial por el proyecto que sea y una fecha de examen generalmente muy lejana.
Tampoco hay que olvidar que en los estudios, me da igual que sean los estudios oficiales normales o un proceso selectivo, por más que te esfuerces, no tienes nada asegurado, así que es muy importante —importantísimo— ser capaz de mantener la motivación suficiente a lo largo del tiempo para sostener el esfuerzo necesario sin flaquear. En ese contexto, saber que al otro lado de la pantalla hay un grupo de personas, o incluso una sola, con la que compartir el proceso y las sesiones, ayuda, y mucho.
Con toda esta exposición supongo que nadie se sorprenderá si digo que cuando preparaba mi oposición yo participaba en sesiones de «Estudia conmigo» de distintas plataformas y que me ayudaron muchísimo.
Y, por el mismo motivo, imagino que cualquiera puede suponer las enormes similitudes que veo entre las dos situaciones: estudiar es solitario, requiere de mucho esfuerzo, sacrificio y motivación. Escribir también. Cuando estudias, por mucho que te esfuerces, nadie te puede garantizar el éxito en el proceso que sea que estés participando. En la escritura tampoco hay nunca éxito garantizado. En el estudio la buena organización y unas rutinas adecuadas son imprescindibles. En la escritura —sí, lo adivinaste—, también.
Las mayores diferencias que veo entre el estudio y la escritura son, por un lado, la competitividad, pues parece que los escritores competimos entre nosotros para conseguir el éxito; por otro lado, el mito del escritor solitario. Que es, por cierto, tan falso como el mito del escritor sufridor, aunque de este último ya hablaremos detalladamente en otro post.
Ambas ideas, tanto la de la competitividad como la del escritor solitario, me las ha desmontado el mundo de la escritura de guiones audiovisuales. No es que los guionistas no compitan entre ellos —claro que lo hacen—, es que entienden que su trabajo no es solitario ni existe aislado en el mundo. Más que eso, lo más habitual es el trabajo conjunto, en equipos formados por múltiples profesionales. Cierto es que, en ese sector, el ego lleva la etiqueta de director. Pero, al menos, la industria del cine y la televisión entiende con facilidad la importancia del otro en el proceso y en el valor del resultado.
El mismo mecanismo sirve para exorcizar la idea del escritor solitario encerrado en su torre de marfil. Aunque, en la actualidad, es un mito absurdo, que no se sostiene de ningún modo si tenemos en cuenta el funcionamiento de la industria editorial, que ha convertido el trabajo del autor en algo mucho más colaborativo y cooperativo de lo que el cliché que todos tenemos en mente nos deja imaginar.
Aunque, dicho sea de paso, para mí la escritura nunca ha sido tan solitaria. Sí, íntima, por supuesto. Y a veces, muchas, nocturna, desvelada. Pero también existente en grietas del día a día, ya sea, cuando eres profe, en el ratito de una clase en el que te aburres o, cuando eres alumno, en ese momento en el que el profe no mira… Y, a veces, en minutos robados a la vida, en el coche, recién aparcada, cuando has llegado cinco minutitos antes. O los días de ruido, en una escapadita rápida al lavabo para ocuparse de unas necesidades que no son físicas, sino del alma, del espíritu, o lo que sea ese fuego que tenemos dentro y que tanto necesita salir en forma de palabras.
En cualquier caso, servidora, ya lo sabéis, tiene vocación de juglar, casi más que de trovador. Lo mío es —siempre lo ha sido— la plaza del pueblo, el conectar para enriquecerse y el contar para entretener y devolver lo ganado. ¿No es pues, lo propio de un alma de juglar actual escribir en línea, junto a más personas que sienten la misma pulsión y a otras que solo quieren estar, mientras la obra nace, a golpe de tecla, a modo de moderna cuerda de laúd?
#Blog #comunidadDeEscritores #creatividad #directos #escribeConmigo #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #oficioDeEscribir #procesoCreativo #reflexiones #rutinasDeEscritura #técnicaPomodoro #TikTok -
A golpe de tecla
Me he metido en un berenjenal. Aunque para alguien que usa la metáfora del huerto, el jardín y las plantas para hablar de su escritura quizás no sea algo malo.
Resulta que desde que empecé a hacer directos en TikTok tenía una idea que me medio obsesionaba: aplicar a la escritura lo que veía que muchas chicas hacían en YouTube y Twitch con el estudio, como sesiones de estudio en directo, bajo el título de «Estudia conmigo», con musiquita de fondo, un set bonito y aplicando la técnica pomodoro, que consiste en alternar periodos de trabajo y descanso. Mi ideal, cuando estoy estudiando, son las sesiones de cuatro tandas de cincuenta minutos de trabajo y diez de descanso. Para escribir, mi ideal es la mitad.
Ayer, mientras estaba en el directo, que, fiel a mi obsesión, suelo titular «Escribe conmigo», una chica me preguntó cuál era la dinámica, a lo que yo respondí que, de momento, ninguna, pero que mi idea era la de copiar las sesiones de «Estudia conmigo» y aplicarlas a la escritura. La idea le gustó y, bueno, ya sabéis que a mí me basta poco para venirme arriba.
Y aquí estoy yo hoy, escribiendo esta entrada durante la primera sesión oficial de «Escribe conmigo» de mi canal de TikTok —¿lo de TikTok se llama también canal o tiene otro nombre? Tendré que investigarlo—, mientras un cronómetro se come la primera mitad del tomate y hay más gente en mi live de la que ha habido nunca.
Debo decir que, para la ocasión, siguiendo la idea de trasladar a la escritura lo que veía en el estudio, he hecho un fondo de pantalla precioso para el directo, muy cuqui él, pero en el que, además, de un vistazo puede verse en qué consiste la dinámica.
Y creo, sinceramente, que de la misma manera que esas sesiones de «Estudia conmigo» son más que útiles para el estudio, también lo pueden ser para la escritura.
Esos canales dedicados a las sesiones de estudio en directo con la técnica pomodoro son especialmente útiles cuando uno está embarcado en un proceso largo, extremadamente exigente y muy competitivo, como, por ejemplo, una oposición. Pero también para las épocas de exámenes de bachillerato, ciclos formativos superiores y universidad.
Sirven porque, por un lado, ves que no eres la única persona que estudia y está sometida a un ritmo y a unos niveles de exigencia que no son los habituales. Y, seamos sinceros, no es lo mismo sufrir en solitario que hacerlo en compañía. Ese es el otro factor de utilidad. Al principio te puede parecer que solo tienes un canal de fondo, como quien tiene la tele sin sonido o música a un nivel bajito. Pero, poco a poco, vas conociendo a la persona que conduce los directos y, sobre todo —y esto es lo más importante—, a los asistentes habituales. Y el estudio deja de ser un sacrificio solitario y pasa a ser otra cosa.
Pero hay algo más. Estos directos suelen tener una estructura clara y, más importante, unos horarios definidos. Por ejemplo, de lunes a viernes de nueve a dos. O de diez a doce, que es el horario que me he puesto yo para probar. Y eso es oro en un momento en el que tienes que organizarte tú contigo misma, sin más motivación que la ilusión inicial por el proyecto que sea y una fecha de examen generalmente muy lejana.
Tampoco hay que olvidar que en los estudios, me da igual que sean los estudios oficiales normales o un proceso selectivo, por más que te esfuerces, no tienes nada asegurado, así que es muy importante —importantísimo— ser capaz de mantener la motivación suficiente a lo largo del tiempo para sostener el esfuerzo necesario sin flaquear. En ese contexto, saber que al otro lado de la pantalla hay un grupo de personas, o incluso una sola, con la que compartir el proceso y las sesiones, ayuda, y mucho.
Con toda esta exposición supongo que nadie se sorprenderá si digo que cuando preparaba mi oposición yo participaba en sesiones de «Estudia conmigo» de distintas plataformas y que me ayudaron muchísimo.
Y, por el mismo motivo, imagino que cualquiera puede suponer las enormes similitudes que veo entre las dos situaciones: estudiar es solitario, requiere de mucho esfuerzo, sacrificio y motivación. Escribir también. Cuando estudias, por mucho que te esfuerces, nadie te puede garantizar el éxito en el proceso que sea que estés participando. En la escritura tampoco hay nunca éxito garantizado. En el estudio la buena organización y unas rutinas adecuadas son imprescindibles. En la escritura —sí, lo adivinaste—, también.
Las mayores diferencias que veo entre el estudio y la escritura son, por un lado, la competitividad, pues parece que los escritores competimos entre nosotros para conseguir el éxito; por otro lado, el mito del escritor solitario. Que es, por cierto, tan falso como el mito del escritor sufridor, aunque de este último ya hablaremos detalladamente en otro post.
Ambas ideas, tanto la de la competitividad como la del escritor solitario, me las ha desmontado el mundo de la escritura de guiones audiovisuales. No es que los guionistas no compitan entre ellos —claro que lo hacen—, es que entienden que su trabajo no es solitario ni existe aislado en el mundo. Más que eso, lo más habitual es el trabajo conjunto, en equipos formados por múltiples profesionales. Cierto es que, en ese sector, el ego lleva la etiqueta de director. Pero, al menos, la industria del cine y la televisión entiende con facilidad la importancia del otro en el proceso y en el valor del resultado.
El mismo mecanismo sirve para exorcizar la idea del escritor solitario encerrado en su torre de marfil. Aunque, en la actualidad, es un mito absurdo, que no se sostiene de ningún modo si tenemos en cuenta el funcionamiento de la industria editorial, que ha convertido el trabajo del autor en algo mucho más colaborativo y cooperativo de lo que el cliché que todos tenemos en mente nos deja imaginar.
Aunque, dicho sea de paso, para mí la escritura nunca ha sido tan solitaria. Sí, íntima, por supuesto. Y a veces, muchas, nocturna, desvelada. Pero también existente en grietas del día a día, ya sea, cuando eres profe, en el ratito de una clase en el que te aburres o, cuando eres alumno, en ese momento en el que el profe no mira… Y, a veces, en minutos robados a la vida, en el coche, recién aparcada, cuando has llegado cinco minutitos antes. O los días de ruido, en una escapadita rápida al lavabo para ocuparse de unas necesidades que no son físicas, sino del alma, del espíritu, o lo que sea ese fuego que tenemos dentro y que tanto necesita salir en forma de palabras.
En cualquier caso, servidora, ya lo sabéis, tiene vocación de juglar, casi más que de trovador. Lo mío es —siempre lo ha sido— la plaza del pueblo, el conectar para enriquecerse y el contar para entretener y devolver lo ganado. ¿No es pues, lo propio de un alma de juglar actual escribir en línea, junto a más personas que sienten la misma pulsión y a otras que solo quieren estar, mientras la obra nace, a golpe de tecla, a modo de moderna cuerda de laúd?
#Blog #comunidadDeEscritores #creatividad #directos #escribeConmigo #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #oficioDeEscribir #procesoCreativo #reflexiones #rutinasDeEscritura #técnicaPomodoro #TikTok -
A golpe de tecla
Me he metido en un berenjenal. Aunque para alguien que usa la metáfora del huerto, el jardín y las plantas para hablar de su escritura quizás no sea algo malo.
Resulta que desde que empecé a hacer directos en TikTok tenía una idea que me medio obsesionaba: aplicar a la escritura lo que veía que muchas chicas hacían en YouTube y Twitch con el estudio, como sesiones de estudio en directo, bajo el título de «Estudia conmigo», con musiquita de fondo, un set bonito y aplicando la técnica pomodoro, que consiste en alternar periodos de trabajo y descanso. Mi ideal, cuando estoy estudiando, son las sesiones de cuatro tandas de cincuenta minutos de trabajo y diez de descanso. Para escribir, mi ideal es la mitad.
Ayer, mientras estaba en el directo, que, fiel a mi obsesión, suelo titular «Escribe conmigo», una chica me preguntó cuál era la dinámica, a lo que yo respondí que, de momento, ninguna, pero que mi idea era la de copiar las sesiones de «Estudia conmigo» y aplicarlas a la escritura. La idea le gustó y, bueno, ya sabéis que a mí me basta poco para venirme arriba.
Y aquí estoy yo hoy, escribiendo esta entrada durante la primera sesión oficial de «Escribe conmigo» de mi canal de TikTok —¿lo de TikTok se llama también canal o tiene otro nombre? Tendré que investigarlo—, mientras un cronómetro se come la primera mitad del tomate y hay más gente en mi live de la que ha habido nunca.
Debo decir que, para la ocasión, siguiendo la idea de trasladar a la escritura lo que veía en el estudio, he hecho un fondo de pantalla precioso para el directo, muy cuqui él, pero en el que, además, de un vistazo puede verse en qué consiste la dinámica.
Y creo, sinceramente, que de la misma manera que esas sesiones de «Estudia conmigo» son más que útiles para el estudio, también lo pueden ser para la escritura.
Esos canales dedicados a las sesiones de estudio en directo con la técnica pomodoro son especialmente útiles cuando uno está embarcado en un proceso largo, extremadamente exigente y muy competitivo, como, por ejemplo, una oposición. Pero también para las épocas de exámenes de bachillerato, ciclos formativos superiores y universidad.
Sirven porque, por un lado, ves que no eres la única persona que estudia y está sometida a un ritmo y a unos niveles de exigencia que no son los habituales. Y, seamos sinceros, no es lo mismo sufrir en solitario que hacerlo en compañía. Ese es el otro factor de utilidad. Al principio te puede parecer que solo tienes un canal de fondo, como quien tiene la tele sin sonido o música a un nivel bajito. Pero, poco a poco, vas conociendo a la persona que conduce los directos y, sobre todo —y esto es lo más importante—, a los asistentes habituales. Y el estudio deja de ser un sacrificio solitario y pasa a ser otra cosa.
Pero hay algo más. Estos directos suelen tener una estructura clara y, más importante, unos horarios definidos. Por ejemplo, de lunes a viernes de nueve a dos. O de diez a doce, que es el horario que me he puesto yo para probar. Y eso es oro en un momento en el que tienes que organizarte tú contigo misma, sin más motivación que la ilusión inicial por el proyecto que sea y una fecha de examen generalmente muy lejana.
Tampoco hay que olvidar que en los estudios, me da igual que sean los estudios oficiales normales o un proceso selectivo, por más que te esfuerces, no tienes nada asegurado, así que es muy importante —importantísimo— ser capaz de mantener la motivación suficiente a lo largo del tiempo para sostener el esfuerzo necesario sin flaquear. En ese contexto, saber que al otro lado de la pantalla hay un grupo de personas, o incluso una sola, con la que compartir el proceso y las sesiones, ayuda, y mucho.
Con toda esta exposición supongo que nadie se sorprenderá si digo que cuando preparaba mi oposición yo participaba en sesiones de «Estudia conmigo» de distintas plataformas y que me ayudaron muchísimo.
Y, por el mismo motivo, imagino que cualquiera puede suponer las enormes similitudes que veo entre las dos situaciones: estudiar es solitario, requiere de mucho esfuerzo, sacrificio y motivación. Escribir también. Cuando estudias, por mucho que te esfuerces, nadie te puede garantizar el éxito en el proceso que sea que estés participando. En la escritura tampoco hay nunca éxito garantizado. En el estudio la buena organización y unas rutinas adecuadas son imprescindibles. En la escritura —sí, lo adivinaste—, también.
Las mayores diferencias que veo entre el estudio y la escritura son, por un lado, la competitividad, pues parece que los escritores competimos entre nosotros para conseguir el éxito; por otro lado, el mito del escritor solitario. Que es, por cierto, tan falso como el mito del escritor sufridor, aunque de este último ya hablaremos detalladamente en otro post.
Ambas ideas, tanto la de la competitividad como la del escritor solitario, me las ha desmontado el mundo de la escritura de guiones audiovisuales. No es que los guionistas no compitan entre ellos —claro que lo hacen—, es que entienden que su trabajo no es solitario ni existe aislado en el mundo. Más que eso, lo más habitual es el trabajo conjunto, en equipos formados por múltiples profesionales. Cierto es que, en ese sector, el ego lleva la etiqueta de director. Pero, al menos, la industria del cine y la televisión entiende con facilidad la importancia del otro en el proceso y en el valor del resultado.
El mismo mecanismo sirve para exorcizar la idea del escritor solitario encerrado en su torre de marfil. Aunque, en la actualidad, es un mito absurdo, que no se sostiene de ningún modo si tenemos en cuenta el funcionamiento de la industria editorial, que ha convertido el trabajo del autor en algo mucho más colaborativo y cooperativo de lo que el cliché que todos tenemos en mente nos deja imaginar.
Aunque, dicho sea de paso, para mí la escritura nunca ha sido tan solitaria. Sí, íntima, por supuesto. Y a veces, muchas, nocturna, desvelada. Pero también existente en grietas del día a día, ya sea, cuando eres profe, en el ratito de una clase en el que te aburres o, cuando eres alumno, en ese momento en el que el profe no mira… Y, a veces, en minutos robados a la vida, en el coche, recién aparcada, cuando has llegado cinco minutitos antes. O los días de ruido, en una escapadita rápida al lavabo para ocuparse de unas necesidades que no son físicas, sino del alma, del espíritu, o lo que sea ese fuego que tenemos dentro y que tanto necesita salir en forma de palabras.
En cualquier caso, servidora, ya lo sabéis, tiene vocación de juglar, casi más que de trovador. Lo mío es —siempre lo ha sido— la plaza del pueblo, el conectar para enriquecerse y el contar para entretener y devolver lo ganado. ¿No es pues, lo propio de un alma de juglar actual escribir en línea, junto a más personas que sienten la misma pulsión y a otras que solo quieren estar, mientras la obra nace, a golpe de tecla, a modo de moderna cuerda de laúd?
#Blog #comunidadDeEscritores #creatividad #directos #escribeConmigo #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #oficioDeEscribir #procesoCreativo #reflexiones #rutinasDeEscritura #técnicaPomodoro #TikTok -
A golpe de tecla
Me he metido en un berenjenal. Aunque para alguien que usa la metáfora del huerto, el jardín y las plantas para hablar de su escritura quizás no sea algo malo.
Resulta que desde que empecé a hacer directos en TikTok tenía una idea que me medio obsesionaba: aplicar a la escritura lo que veía que muchas chicas hacían en YouTube y Twitch con el estudio, como sesiones de estudio en directo, bajo el título de «Estudia conmigo», con musiquita de fondo, un set bonito y aplicando la técnica pomodoro, que consiste en alternar periodos de trabajo y descanso. Mi ideal, cuando estoy estudiando, son las sesiones de cuatro tandas de cincuenta minutos de trabajo y diez de descanso. Para escribir, mi ideal es la mitad.
Ayer, mientras estaba en el directo, que, fiel a mi obsesión, suelo titular «Escribe conmigo», una chica me preguntó cuál era la dinámica, a lo que yo respondí que, de momento, ninguna, pero que mi idea era la de copiar las sesiones de «Estudia conmigo» y aplicarlas a la escritura. La idea le gustó y, bueno, ya sabéis que a mí me basta poco para venirme arriba.
Y aquí estoy yo hoy, escribiendo esta entrada durante la primera sesión oficial de «Escribe conmigo» de mi canal de TikTok —¿lo de TikTok se llama también canal o tiene otro nombre? Tendré que investigarlo—, mientras un cronómetro se come la primera mitad del tomate y hay más gente en mi live de la que ha habido nunca.
Debo decir que, para la ocasión, siguiendo la idea de trasladar a la escritura lo que veía en el estudio, he hecho un fondo de pantalla precioso para el directo, muy cuqui él, pero en el que, además, de un vistazo puede verse en qué consiste la dinámica.
Y creo, sinceramente, que de la misma manera que esas sesiones de «Estudia conmigo» son más que útiles para el estudio, también lo pueden ser para la escritura.
Esos canales dedicados a las sesiones de estudio en directo con la técnica pomodoro son especialmente útiles cuando uno está embarcado en un proceso largo, extremadamente exigente y muy competitivo, como, por ejemplo, una oposición. Pero también para las épocas de exámenes de bachillerato, ciclos formativos superiores y universidad.
Sirven porque, por un lado, ves que no eres la única persona que estudia y está sometida a un ritmo y a unos niveles de exigencia que no son los habituales. Y, seamos sinceros, no es lo mismo sufrir en solitario que hacerlo en compañía. Ese es el otro factor de utilidad. Al principio te puede parecer que solo tienes un canal de fondo, como quien tiene la tele sin sonido o música a un nivel bajito. Pero, poco a poco, vas conociendo a la persona que conduce los directos y, sobre todo —y esto es lo más importante—, a los asistentes habituales. Y el estudio deja de ser un sacrificio solitario y pasa a ser otra cosa.
Pero hay algo más. Estos directos suelen tener una estructura clara y, más importante, unos horarios definidos. Por ejemplo, de lunes a viernes de nueve a dos. O de diez a doce, que es el horario que me he puesto yo para probar. Y eso es oro en un momento en el que tienes que organizarte tú contigo misma, sin más motivación que la ilusión inicial por el proyecto que sea y una fecha de examen generalmente muy lejana.
Tampoco hay que olvidar que en los estudios, me da igual que sean los estudios oficiales normales o un proceso selectivo, por más que te esfuerces, no tienes nada asegurado, así que es muy importante —importantísimo— ser capaz de mantener la motivación suficiente a lo largo del tiempo para sostener el esfuerzo necesario sin flaquear. En ese contexto, saber que al otro lado de la pantalla hay un grupo de personas, o incluso una sola, con la que compartir el proceso y las sesiones, ayuda, y mucho.
Con toda esta exposición supongo que nadie se sorprenderá si digo que cuando preparaba mi oposición yo participaba en sesiones de «Estudia conmigo» de distintas plataformas y que me ayudaron muchísimo.
Y, por el mismo motivo, imagino que cualquiera puede suponer las enormes similitudes que veo entre las dos situaciones: estudiar es solitario, requiere de mucho esfuerzo, sacrificio y motivación. Escribir también. Cuando estudias, por mucho que te esfuerces, nadie te puede garantizar el éxito en el proceso que sea que estés participando. En la escritura tampoco hay nunca éxito garantizado. En el estudio la buena organización y unas rutinas adecuadas son imprescindibles. En la escritura —sí, lo adivinaste—, también.
Las mayores diferencias que veo entre el estudio y la escritura son, por un lado, la competitividad, pues parece que los escritores competimos entre nosotros para conseguir el éxito; por otro lado, el mito del escritor solitario. Que es, por cierto, tan falso como el mito del escritor sufridor, aunque de este último ya hablaremos detalladamente en otro post.
Ambas ideas, tanto la de la competitividad como la del escritor solitario, me las ha desmontado el mundo de la escritura de guiones audiovisuales. No es que los guionistas no compitan entre ellos —claro que lo hacen—, es que entienden que su trabajo no es solitario ni existe aislado en el mundo. Más que eso, lo más habitual es el trabajo conjunto, en equipos formados por múltiples profesionales. Cierto es que, en ese sector, el ego lleva la etiqueta de director. Pero, al menos, la industria del cine y la televisión entiende con facilidad la importancia del otro en el proceso y en el valor del resultado.
El mismo mecanismo sirve para exorcizar la idea del escritor solitario encerrado en su torre de marfil. Aunque, en la actualidad, es un mito absurdo, que no se sostiene de ningún modo si tenemos en cuenta el funcionamiento de la industria editorial, que ha convertido el trabajo del autor en algo mucho más colaborativo y cooperativo de lo que el cliché que todos tenemos en mente nos deja imaginar.
Aunque, dicho sea de paso, para mí la escritura nunca ha sido tan solitaria. Sí, íntima, por supuesto. Y a veces, muchas, nocturna, desvelada. Pero también existente en grietas del día a día, ya sea, cuando eres profe, en el ratito de una clase en el que te aburres o, cuando eres alumno, en ese momento en el que el profe no mira… Y, a veces, en minutos robados a la vida, en el coche, recién aparcada, cuando has llegado cinco minutitos antes. O los días de ruido, en una escapadita rápida al lavabo para ocuparse de unas necesidades que no son físicas, sino del alma, del espíritu, o lo que sea ese fuego que tenemos dentro y que tanto necesita salir en forma de palabras.
En cualquier caso, servidora, ya lo sabéis, tiene vocación de juglar, casi más que de trovador. Lo mío es —siempre lo ha sido— la plaza del pueblo, el conectar para enriquecerse y el contar para entretener y devolver lo ganado. ¿No es pues, lo propio de un alma de juglar actual escribir en línea, junto a más personas que sienten la misma pulsión y a otras que solo quieren estar, mientras la obra nace, a golpe de tecla, a modo de moderna cuerda de laúd?
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A golpe de tecla
Me he metido en un berenjenal. Aunque para alguien que usa la metáfora del huerto, el jardín y las plantas para hablar de su escritura quizás no sea algo malo.
Resulta que desde que empecé a hacer directos en TikTok tenía una idea que me medio obsesionaba: aplicar a la escritura lo que veía que muchas chicas hacían en YouTube y Twitch con el estudio, como sesiones de estudio en directo, bajo el título de «Estudia conmigo», con musiquita de fondo, un set bonito y aplicando la técnica pomodoro, que consiste en alternar periodos de trabajo y descanso. Mi ideal, cuando estoy estudiando, son las sesiones de cuatro tandas de cincuenta minutos de trabajo y diez de descanso. Para escribir, mi ideal es la mitad.
Ayer, mientras estaba en el directo, que, fiel a mi obsesión, suelo titular «Escribe conmigo», una chica me preguntó cuál era la dinámica, a lo que yo respondí que, de momento, ninguna, pero que mi idea era la de copiar las sesiones de «Estudia conmigo» y aplicarlas a la escritura. La idea le gustó y, bueno, ya sabéis que a mí me basta poco para venirme arriba.
Y aquí estoy yo hoy, escribiendo esta entrada durante la primera sesión oficial de «Escribe conmigo» de mi canal de TikTok —¿lo de TikTok se llama también canal o tiene otro nombre? Tendré que investigarlo—, mientras un cronómetro se come la primera mitad del tomate y hay más gente en mi live de la que ha habido nunca.
Debo decir que, para la ocasión, siguiendo la idea de trasladar a la escritura lo que veía en el estudio, he hecho un fondo de pantalla precioso para el directo, muy cuqui él, pero en el que, además, de un vistazo puede verse en qué consiste la dinámica.
Y creo, sinceramente, que de la misma manera que esas sesiones de «Estudia conmigo» son más que útiles para el estudio, también lo pueden ser para la escritura.
Esos canales dedicados a las sesiones de estudio en directo con la técnica pomodoro son especialmente útiles cuando uno está embarcado en un proceso largo, extremadamente exigente y muy competitivo, como, por ejemplo, una oposición. Pero también para las épocas de exámenes de bachillerato, ciclos formativos superiores y universidad.
Sirven porque, por un lado, ves que no eres la única persona que estudia y está sometida a un ritmo y a unos niveles de exigencia que no son los habituales. Y, seamos sinceros, no es lo mismo sufrir en solitario que hacerlo en compañía. Ese es el otro factor de utilidad. Al principio te puede parecer que solo tienes un canal de fondo, como quien tiene la tele sin sonido o música a un nivel bajito. Pero, poco a poco, vas conociendo a la persona que conduce los directos y, sobre todo —y esto es lo más importante—, a los asistentes habituales. Y el estudio deja de ser un sacrificio solitario y pasa a ser otra cosa.
Pero hay algo más. Estos directos suelen tener una estructura clara y, más importante, unos horarios definidos. Por ejemplo, de lunes a viernes de nueve a dos. O de diez a doce, que es el horario que me he puesto yo para probar. Y eso es oro en un momento en el que tienes que organizarte tú contigo misma, sin más motivación que la ilusión inicial por el proyecto que sea y una fecha de examen generalmente muy lejana.
Tampoco hay que olvidar que en los estudios, me da igual que sean los estudios oficiales normales o un proceso selectivo, por más que te esfuerces, no tienes nada asegurado, así que es muy importante —importantísimo— ser capaz de mantener la motivación suficiente a lo largo del tiempo para sostener el esfuerzo necesario sin flaquear. En ese contexto, saber que al otro lado de la pantalla hay un grupo de personas, o incluso una sola, con la que compartir el proceso y las sesiones, ayuda, y mucho.
Con toda esta exposición supongo que nadie se sorprenderá si digo que cuando preparaba mi oposición yo participaba en sesiones de «Estudia conmigo» de distintas plataformas y que me ayudaron muchísimo.
Y, por el mismo motivo, imagino que cualquiera puede suponer las enormes similitudes que veo entre las dos situaciones: estudiar es solitario, requiere de mucho esfuerzo, sacrificio y motivación. Escribir también. Cuando estudias, por mucho que te esfuerces, nadie te puede garantizar el éxito en el proceso que sea que estés participando. En la escritura tampoco hay nunca éxito garantizado. En el estudio la buena organización y unas rutinas adecuadas son imprescindibles. En la escritura —sí, lo adivinaste—, también.
Las mayores diferencias que veo entre el estudio y la escritura son, por un lado, la competitividad, pues parece que los escritores competimos entre nosotros para conseguir el éxito; por otro lado, el mito del escritor solitario. Que es, por cierto, tan falso como el mito del escritor sufridor, aunque de este último ya hablaremos detalladamente en otro post.
Ambas ideas, tanto la de la competitividad como la del escritor solitario, me las ha desmontado el mundo de la escritura de guiones audiovisuales. No es que los guionistas no compitan entre ellos —claro que lo hacen—, es que entienden que su trabajo no es solitario ni existe aislado en el mundo. Más que eso, lo más habitual es el trabajo conjunto, en equipos formados por múltiples profesionales. Cierto es que, en ese sector, el ego lleva la etiqueta de director. Pero, al menos, la industria del cine y la televisión entiende con facilidad la importancia del otro en el proceso y en el valor del resultado.
El mismo mecanismo sirve para exorcizar la idea del escritor solitario encerrado en su torre de marfil. Aunque, en la actualidad, es un mito absurdo, que no se sostiene de ningún modo si tenemos en cuenta el funcionamiento de la industria editorial, que ha convertido el trabajo del autor en algo mucho más colaborativo y cooperativo de lo que el cliché que todos tenemos en mente nos deja imaginar.
Aunque, dicho sea de paso, para mí la escritura nunca ha sido tan solitaria. Sí, íntima, por supuesto. Y a veces, muchas, nocturna, desvelada. Pero también existente en grietas del día a día, ya sea, cuando eres profe, en el ratito de una clase en el que te aburres o, cuando eres alumno, en ese momento en el que el profe no mira… Y, a veces, en minutos robados a la vida, en el coche, recién aparcada, cuando has llegado cinco minutitos antes. O los días de ruido, en una escapadita rápida al lavabo para ocuparse de unas necesidades que no son físicas, sino del alma, del espíritu, o lo que sea ese fuego que tenemos dentro y que tanto necesita salir en forma de palabras.
En cualquier caso, servidora, ya lo sabéis, tiene vocación de juglar, casi más que de trovador. Lo mío es —siempre lo ha sido— la plaza del pueblo, el conectar para enriquecerse y el contar para entretener y devolver lo ganado. ¿No es pues, lo propio de un alma de juglar actual escribir en línea, junto a más personas que sienten la misma pulsión y a otras que solo quieren estar, mientras la obra nace, a golpe de tecla, a modo de moderna cuerda de laúd?
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Lo que guardan las familias
Esta escena forma parte de un guion en proceso de escritura, que además es mi Trabajo Final de Máster de Guion Audiovisual. Su contenido y su posición dentro del largometraje son provisionales. Aquí, sencillamente, comparto el proceso. En la ficha encontrarás información sobre su estado actual.
Ficha
- Identificador: EF-002
- Estado actual: Vigente
- Ubicación actual: 2
- Fase de escritura: estructura y acción (pendiente de dialogar)
- Historial de cambios:
- 01/07/2026 Escritura
- 16/07/2026 Revisión y publicación blog
Escena
Notas
Es una de las escenas que más me gustan porque, después de varios borradores del guion centrados en un personaje masculino, al fin, la historia se centra en Savina, que es la verdadera protagonista de la historia. Y además, aquí la vemos en su ambiente, en su vida cotidiana, y eso me encanta porque creo que es uno de los personajes femeninos más ricos que he escrito.
#Blog #CuadernoDeEscritura #ElFameliar #Escribir #escritora #escrituraCreativa #guion #GuionEnConstrucción #Ibiza #Largometraje #MitologíaIbicenca #trabajoEnProceso #workInProgress -
Lo que guardan las familias
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- Estado actual: Vigente
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- 01/07/2026 Escritura
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Escena
Notas
Es una de las escenas que más me gustan porque, después de varios borradores del guion centrados en un personaje masculino, al fin, la historia se centra en Savina, que es la verdadera protagonista de la historia. Y además, aquí la vemos en su ambiente, en su vida cotidiana, y eso me encanta porque creo que es uno de los personajes femeninos más ricos que he escrito.
#Blog #CuadernoDeEscritura #ElFameliar #Escribir #escritora #escrituraCreativa #guion #GuionEnConstrucción #Ibiza #Largometraje #MitologíaIbicenca #trabajoEnProceso #workInProgress -
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Es una de las escenas que más me gustan porque, después de varios borradores del guion centrados en un personaje masculino, al fin, la historia se centra en Savina, que es la verdadera protagonista de la historia. Y además, aquí la vemos en su ambiente, en su vida cotidiana, y eso me encanta porque creo que es uno de los personajes femeninos más ricos que he escrito.
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Lo que guardan las familias
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Notas
Es una de las escenas que más me gustan porque, después de varios borradores del guion centrados en un personaje masculino, al fin, la historia se centra en Savina, que es la verdadera protagonista de la historia. Y además, aquí la vemos en su ambiente, en su vida cotidiana, y eso me encanta porque creo que es uno de los personajes femeninos más ricos que he escrito.
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Mudarse al refugio
Llevo días volcada en la puesta a punto del blog. Aunque no sé si, más que puesta a punto, debería llamarlo reestructuración. O, quizá, reforma. Al fin y al cabo, lo que estoy haciendo es transformar en un hogar mi pequeño refugio digital.
Hasta ahora, La Enésima había sido como una casita en el campo a la que acudir de tanto en tanto para reconectar conmigo misma. Era acogedora y tenía todo lo que necesitaba para estancias breves. Y me encantaba ir a pasar mis ratos libres. Pero no era un hogar. A lo sumo, una casa de vacaciones o, si me apuras, de fin de semana. Poco más.
Lo que estoy haciendo ahora es mudarme ahí, del todo, con todo lo que eso implica, y sin una casa en la ciudad que articule la vida o a la que regresar si todo sale mal.
Aunque, por supuesto, si todo sale mal, siempre puedo volver a empezar.
Eso, creo, es algo que he aprendido en este último año en el que la vida se me ha puesto del todo patas arriba. Solemos vivir como quien se lo juega todo a una mano y sin posibilidad de pedir más cartas. Pero la realidad, por dura que sea —y puede ser durísima—, es mucho más flexible de lo que solemos pensar. Mucho más.
Eso sí, empezar de cero da vértigo. Mucho. En especial cuando sientes que ya tienes algo construido y quieres conservarlo. Por ejemplo, este blog. No lo estoy estropeando, lo estoy ampliando, adaptándolo a mi momento actual o incluso, quizás, mejorando. Pero no voy a mentir, me daba pánico dar este paso porque el cambio, por leve que fuera, podía suponer perder el refugio que con tanto esfuerzo había construido y, sobre todo, que tanto bien me hacía —y me sigue haciendo—.
Igual que me daba pánico cambiar la forma de distribución de mis libros publicados y que dejaran de estar en exclusiva en Amazon, aunque hace años que las ventajas de esa exclusividad dejaron de serlo para mí. También me daba pánico publicar en el blog el guion en el que estoy trabajando, porque el formato es muy distinto, porque es un proyecto en curso, porque, porque, porque…
Siempre es igual, miedo versus oportunidad. Pero no miedo a que la oportunidad que sea no salga bien. Eso lo podemos tolerar con sorprendente facilidad. El miedo real es a perder lo que sea que tenemos y a que no haya nunca, jamás, ninguna otra oportunidad, ningún otro camino, solo vacío.
Al final, me temo, es a ese vacío informe al que tememos. Un vacío que ni siquiera está claro que sea real, pero que se alimenta de todos nuestros pequeños miedos concretos.
Y es posible que no exista una fórmula mágica para hacer frente a ese vacío o, siquiera, a esos pequeños miedos que se nos acumulan en el pecho, en lo más profundo de las tripas o nos anudan la garganta. Pero sí hay una certeza: nunca sabremos cuál es nuestra última mano hasta que lleguemos a ella. Y si esta en la que estamos no es nuestra última jugada, poco importa ganar o perder. Siempre podemos volver a pedir cartas. Siempre podemos volver a empezar. Aunque sea de cero.
#Blog #cambios #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #hogar #LaEnésima #miedo #procesoCreativo #proyectosPersonales #reflexiones #vidaCotidiana #volverAEmpezar -
Mudarse al refugio
Llevo días volcada en la puesta a punto del blog. Aunque no sé si, más que puesta a punto, debería llamarlo reestructuración. O, quizá, reforma. Al fin y al cabo, lo que estoy haciendo es transformar en un hogar mi pequeño refugio digital.
Hasta ahora, La Enésima había sido como una casita en el campo a la que acudir de tanto en tanto para reconectar conmigo misma. Era acogedora y tenía todo lo que necesitaba para estancias breves. Y me encantaba ir a pasar mis ratos libres. Pero no era un hogar. A lo sumo, una casa de vacaciones o, si me apuras, de fin de semana. Poco más.
Lo que estoy haciendo ahora es mudarme ahí, del todo, con todo lo que eso implica, y sin una casa en la ciudad que articule la vida o a la que regresar si todo sale mal.
Aunque, por supuesto, si todo sale mal, siempre puedo volver a empezar.
Eso, creo, es algo que he aprendido en este último año en el que la vida se me ha puesto del todo patas arriba. Solemos vivir como quien se lo juega todo a una mano y sin posibilidad de pedir más cartas. Pero la realidad, por dura que sea —y puede ser durísima—, es mucho más flexible de lo que solemos pensar. Mucho más.
Eso sí, empezar de cero da vértigo. Mucho. En especial cuando sientes que ya tienes algo construido y quieres conservarlo. Por ejemplo, este blog. No lo estoy estropeando, lo estoy ampliando, adaptándolo a mi momento actual o incluso, quizás, mejorando. Pero no voy a mentir, me daba pánico dar este paso porque el cambio, por leve que fuera, podía suponer perder el refugio que con tanto esfuerzo había construido y, sobre todo, que tanto bien me hacía —y me sigue haciendo—.
Igual que me daba pánico cambiar la forma de distribución de mis libros publicados y que dejaran de estar en exclusiva en Amazon, aunque hace años que las ventajas de esa exclusividad dejaron de serlo para mí. También me daba pánico publicar en el blog el guion en el que estoy trabajando, porque el formato es muy distinto, porque es un proyecto en curso, porque, porque, porque…
Siempre es igual, miedo versus oportunidad. Pero no miedo a que la oportunidad que sea no salga bien. Eso lo podemos tolerar con sorprendente facilidad. El miedo real es a perder lo que sea que tenemos y a que no haya nunca, jamás, ninguna otra oportunidad, ningún otro camino, solo vacío.
Al final, me temo, es a ese vacío informe al que tememos. Un vacío que ni siquiera está claro que sea real, pero que se alimenta de todos nuestros pequeños miedos concretos.
Y es posible que no exista una fórmula mágica para hacer frente a ese vacío o, siquiera, a esos pequeños miedos que se nos acumulan en el pecho, en lo más profundo de las tripas o nos anudan la garganta. Pero sí hay una certeza: nunca sabremos cuál es nuestra última mano hasta que lleguemos a ella. Y si esta en la que estamos no es nuestra última jugada, poco importa ganar o perder. Siempre podemos volver a pedir cartas. Siempre podemos volver a empezar. Aunque sea de cero.
#Blog #cambios #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #hogar #LaEnésima #miedo #procesoCreativo #proyectosPersonales #reflexiones #vidaCotidiana #volverAEmpezar -
Mudarse al refugio
Llevo días volcada en la puesta a punto del blog. Aunque no sé si, más que puesta a punto, debería llamarlo reestructuración. O, quizá, reforma. Al fin y al cabo, lo que estoy haciendo es transformar en un hogar mi pequeño refugio digital.
Hasta ahora, La Enésima había sido como una casita en el campo a la que acudir de tanto en tanto para reconectar conmigo misma. Era acogedora y tenía todo lo que necesitaba para estancias breves. Y me encantaba ir a pasar mis ratos libres. Pero no era un hogar. A lo sumo, una casa de vacaciones o, si me apuras, de fin de semana. Poco más.
Lo que estoy haciendo ahora es mudarme ahí, del todo, con todo lo que eso implica, y sin una casa en la ciudad que articule la vida o a la que regresar si todo sale mal.
Aunque, por supuesto, si todo sale mal, siempre puedo volver a empezar.
Eso, creo, es algo que he aprendido en este último año en el que la vida se me ha puesto del todo patas arriba. Solemos vivir como quien se lo juega todo a una mano y sin posibilidad de pedir más cartas. Pero la realidad, por dura que sea —y puede ser durísima—, es mucho más flexible de lo que solemos pensar. Mucho más.
Eso sí, empezar de cero da vértigo. Mucho. En especial cuando sientes que ya tienes algo construido y quieres conservarlo. Por ejemplo, este blog. No lo estoy estropeando, lo estoy ampliando, adaptándolo a mi momento actual o incluso, quizás, mejorando. Pero no voy a mentir, me daba pánico dar este paso porque el cambio, por leve que fuera, podía suponer perder el refugio que con tanto esfuerzo había construido y, sobre todo, que tanto bien me hacía —y me sigue haciendo—.
Igual que me daba pánico cambiar la forma de distribución de mis libros publicados y que dejaran de estar en exclusiva en Amazon, aunque hace años que las ventajas de esa exclusividad dejaron de serlo para mí. También me daba pánico publicar en el blog el guion en el que estoy trabajando, porque el formato es muy distinto, porque es un proyecto en curso, porque, porque, porque…
Siempre es igual, miedo versus oportunidad. Pero no miedo a que la oportunidad que sea no salga bien. Eso lo podemos tolerar con sorprendente facilidad. El miedo real es a perder lo que sea que tenemos y a que no haya nunca, jamás, ninguna otra oportunidad, ningún otro camino, solo vacío.
Al final, me temo, es a ese vacío informe al que tememos. Un vacío que ni siquiera está claro que sea real, pero que se alimenta de todos nuestros pequeños miedos concretos.
Y es posible que no exista una fórmula mágica para hacer frente a ese vacío o, siquiera, a esos pequeños miedos que se nos acumulan en el pecho, en lo más profundo de las tripas o nos anudan la garganta. Pero sí hay una certeza: nunca sabremos cuál es nuestra última mano hasta que lleguemos a ella. Y si esta en la que estamos no es nuestra última jugada, poco importa ganar o perder. Siempre podemos volver a pedir cartas. Siempre podemos volver a empezar. Aunque sea de cero.
#Blog #cambios #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #hogar #LaEnésima #miedo #procesoCreativo #proyectosPersonales #reflexiones #vidaCotidiana #volverAEmpezar -
Mudarse al refugio
Llevo días volcada en la puesta a punto del blog. Aunque no sé si, más que puesta a punto, debería llamarlo reestructuración. O, quizá, reforma. Al fin y al cabo, lo que estoy haciendo es transformar en un hogar mi pequeño refugio digital.
Hasta ahora, La Enésima había sido como una casita en el campo a la que acudir de tanto en tanto para reconectar conmigo misma. Era acogedora y tenía todo lo que necesitaba para estancias breves. Y me encantaba ir a pasar mis ratos libres. Pero no era un hogar. A lo sumo, una casa de vacaciones o, si me apuras, de fin de semana. Poco más.
Lo que estoy haciendo ahora es mudarme ahí, del todo, con todo lo que eso implica, y sin una casa en la ciudad que articule la vida o a la que regresar si todo sale mal.
Aunque, por supuesto, si todo sale mal, siempre puedo volver a empezar.
Eso, creo, es algo que he aprendido en este último año en el que la vida se me ha puesto del todo patas arriba. Solemos vivir como quien se lo juega todo a una mano y sin posibilidad de pedir más cartas. Pero la realidad, por dura que sea —y puede ser durísima—, es mucho más flexible de lo que solemos pensar. Mucho más.
Eso sí, empezar de cero da vértigo. Mucho. En especial cuando sientes que ya tienes algo construido y quieres conservarlo. Por ejemplo, este blog. No lo estoy estropeando, lo estoy ampliando, adaptándolo a mi momento actual o incluso, quizás, mejorando. Pero no voy a mentir, me daba pánico dar este paso porque el cambio, por leve que fuera, podía suponer perder el refugio que con tanto esfuerzo había construido y, sobre todo, que tanto bien me hacía —y me sigue haciendo—.
Igual que me daba pánico cambiar la forma de distribución de mis libros publicados y que dejaran de estar en exclusiva en Amazon, aunque hace años que las ventajas de esa exclusividad dejaron de serlo para mí. También me daba pánico publicar en el blog el guion en el que estoy trabajando, porque el formato es muy distinto, porque es un proyecto en curso, porque, porque, porque…
Siempre es igual, miedo versus oportunidad. Pero no miedo a que la oportunidad que sea no salga bien. Eso lo podemos tolerar con sorprendente facilidad. El miedo real es a perder lo que sea que tenemos y a que no haya nunca, jamás, ninguna otra oportunidad, ningún otro camino, solo vacío.
Al final, me temo, es a ese vacío informe al que tememos. Un vacío que ni siquiera está claro que sea real, pero que se alimenta de todos nuestros pequeños miedos concretos.
Y es posible que no exista una fórmula mágica para hacer frente a ese vacío o, siquiera, a esos pequeños miedos que se nos acumulan en el pecho, en lo más profundo de las tripas o nos anudan la garganta. Pero sí hay una certeza: nunca sabremos cuál es nuestra última mano hasta que lleguemos a ella. Y si esta en la que estamos no es nuestra última jugada, poco importa ganar o perder. Siempre podemos volver a pedir cartas. Siempre podemos volver a empezar. Aunque sea de cero.
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Mudarse al refugio
Llevo días volcada en la puesta a punto del blog. Aunque no sé si, más que puesta a punto, debería llamarlo reestructuración. O, quizá, reforma. Al fin y al cabo, lo que estoy haciendo es transformar en un hogar mi pequeño refugio digital.
Hasta ahora, La Enésima había sido como una casita en el campo a la que acudir de tanto en tanto para reconectar conmigo misma. Era acogedora y tenía todo lo que necesitaba para estancias breves. Y me encantaba ir a pasar mis ratos libres. Pero no era un hogar. A lo sumo, una casa de vacaciones o, si me apuras, de fin de semana. Poco más.
Lo que estoy haciendo ahora es mudarme ahí, del todo, con todo lo que eso implica, y sin una casa en la ciudad que articule la vida o a la que regresar si todo sale mal.
Aunque, por supuesto, si todo sale mal, siempre puedo volver a empezar.
Eso, creo, es algo que he aprendido en este último año en el que la vida se me ha puesto del todo patas arriba. Solemos vivir como quien se lo juega todo a una mano y sin posibilidad de pedir más cartas. Pero la realidad, por dura que sea —y puede ser durísima—, es mucho más flexible de lo que solemos pensar. Mucho más.
Eso sí, empezar de cero da vértigo. Mucho. En especial cuando sientes que ya tienes algo construido y quieres conservarlo. Por ejemplo, este blog. No lo estoy estropeando, lo estoy ampliando, adaptándolo a mi momento actual o incluso, quizás, mejorando. Pero no voy a mentir, me daba pánico dar este paso porque el cambio, por leve que fuera, podía suponer perder el refugio que con tanto esfuerzo había construido y, sobre todo, que tanto bien me hacía —y me sigue haciendo—.
Igual que me daba pánico cambiar la forma de distribución de mis libros publicados y que dejaran de estar en exclusiva en Amazon, aunque hace años que las ventajas de esa exclusividad dejaron de serlo para mí. También me daba pánico publicar en el blog el guion en el que estoy trabajando, porque el formato es muy distinto, porque es un proyecto en curso, porque, porque, porque…
Siempre es igual, miedo versus oportunidad. Pero no miedo a que la oportunidad que sea no salga bien. Eso lo podemos tolerar con sorprendente facilidad. El miedo real es a perder lo que sea que tenemos y a que no haya nunca, jamás, ninguna otra oportunidad, ningún otro camino, solo vacío.
Al final, me temo, es a ese vacío informe al que tememos. Un vacío que ni siquiera está claro que sea real, pero que se alimenta de todos nuestros pequeños miedos concretos.
Y es posible que no exista una fórmula mágica para hacer frente a ese vacío o, siquiera, a esos pequeños miedos que se nos acumulan en el pecho, en lo más profundo de las tripas o nos anudan la garganta. Pero sí hay una certeza: nunca sabremos cuál es nuestra última mano hasta que lleguemos a ella. Y si esta en la que estamos no es nuestra última jugada, poco importa ganar o perder. Siempre podemos volver a pedir cartas. Siempre podemos volver a empezar. Aunque sea de cero.
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Prólogo
Esta escena forma parte de un guion en proceso de escritura, que además es mi Trabajo Final de Máster de Guion Audiovisual. Su contenido y su posición dentro del largometraje son provisionales. Aquí, sencillamente, comparto el proceso. En la ficha encontrarás información sobre su estado actual.
Ficha
- Identificador: EF-001
- Estado actual: Vigente
- Ubicación actual: 1
- Fase de escritura: estructura y acción (pendiente de dialogar)
- Historial de cambios:
- 01/07/2026 Escritura
- 15/07/2026 Revisión y publicación blog
Escena
Notas
Esta es la cuarta versión del prólogo de El Fameliar y, por ahora, una de las que más me convence. La escena pertenece todavía a la primera fase de escritura: está construida desde la acción y la atmósfera, y se dialogará más adelante.
#Blog #CuadernoDeEscritura #ElFameliar #Escribir #escritora #escrituraCreativa #guion #GuionEnConstrucción #Ibiza #Largometraje #MitologíaIbicenca -
Prólogo
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Writer Leila Sucari. by Adolfo Rozenfeld
https://tmblr.co/Z7VXvxjYvsmd0W00
#portrait #woman #mujer #shadows #retrato #room #dramatic #naturallight #gatos #writer #habitación #cinematic #sombras #manuallens #escritora #luznatural #voigtlandernokton40mmf12aspherical #flickr #thingsdavidlikes
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A rebeldia e o marxismo de Pagu.
- bsoplvr
https://outraspalavras.net/historia-e-memoria/a-rebeldia-e-o-marxismo-de-pagu/
#HistriaeMemria #Ativismopoltico #Autoritarismo #Burocraciapartidria #Burocratismo #Classetrabalhadora #Comunismo #Criseeconmica #Direitosdemocrticos #Escritora #Experinciaspolticas #Feminismo #Intelectuais #Jornadadetrabalho #Jornalismo #Jornalista #LevanteComunista #Lutapoltica #Militncia #Modernismo #Movimentofeminista #OswalddeAndrade #Pagu #PCB -
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A rebeldia e o marxismo de Pagu
Ela via na arte uma ferramenta poderosa na luta de classes. Integrou órgão secreto da Internacional Comunista, mas rechaçou dogmatismos. Retratou a altivez das mulheres operárias. Fundou jornais. Foi presa. E defendeu: luta política e cultura são indissociáveishttps://outraspalavras.net/historia-e-memoria/a-rebeldia-e-o-marxismo-de-pagu/
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El meollo digital
Estoy aprendiendo a escribir con una cámara delante y otra enfocándome las manos. Sí, lo sé, suena raro. Hacerlo es más raro todavía. Pero el mundo avanza rápido y deja poco margen, o te sumas y lo sigues o te quedas atrás. Y tengo edad suficiente para haber probado las dos cosas y poder decir sin temor a equivocarme que es, con creces, peor la segunda.
Así que, aquí estoy, montada al carro de la vida como si en lugar de una millennial con mala salud fuera una centennial con al menos una década menos de edad y el doble de energía.
La otra opción, la de quedarme atrás, ni la contemplo. Ni por mí, que lo mío me está costando seguir con vida como para, encima, vivir como si prefiriera estar haciendo cualquier otra cosa. Ni por mis criaturas —léase historias, con sus personajes y paisajes—, que me he comprometido a traer de vuelta al mundo desde el cajón donde las encerré a cambio de que también me dejaran —las musas, el universo, los dioses, lo que sea— quedarme por aquí una temporadita más.
La cuestión es que, en este mundo actual, si una quiere dedicarse a escribir, no solo por el propio placer de hacerlo, sino con el ánimo de cumplir el firme compromiso de darle a sus critauras toda la visibilidad que merecen para que tengan una oportunidad de hacer lo suyo, sea eso lo que sea, pues no queda otra que estar en medio de todo y, más concretamente, allá donde está el movimiento.
Hace unos años —quizás décadas— eso significaba estar en la ciudad que, en ese momento, fuera capital cultural. Aquí en España, cuando yo era jovencita y soñaba con ser escritora, eso implicaba vivir en Madrid o Barcelona, por los contactos y los saraos culturales. Creo que en la actualidad el eje se ha desplazado a favor de la capital española. Pero eso ahora, al parecer, es menos relevante que antes. Lo crucial, por lo visto, es estar en el meollo digital. Todo lo demás, es subsanable.
Así que servidora, decidida como está a luchar por sus historias, ha decidido empezar por el asunto digital, a ver si conseguimos llegar, aunque sea a trompicones, al susodicho meollo, y, a partir de ahí, ya veremos.
La cuestión, más allá de la pereza que puede suponer eso de meterse en el mundillo de las redes sociales, en especial cuando ahora lo que se lleva no es lo de escribir sino lo de mostrarse, es qué contenido puedo compartir yo que sea interesante o, al menos, me pueda ayudar en mi propósito.
No penséis que no le he dado vueltas. Tantas que, para inspirarme, hasta he hecho una rigurosa investigación de perfiles similares al mío y que ya han conseguido lo que yo me propongo.
Pero, claro, ahí vino lo peliagudo. Definir qué narices me propongo. Porque la mayor parte de las personas con perfiles parecidos al mío tienen objetivos bastante claros y, lo más importante, cuantificables. Y suelen dividirse en grandes grupos.
Por un lado, encontramos a los autores que quieren vender libros. Suelen ser autores autopublicados, como servidora, pero no únicamente. También hay autores que publican con editoriales tradicionales que hacen una labor de promoción maravillosa. Y esa palabra es la clave: promoción. Todos ellos, también los que están publicando en Wattpad o plataformas análogas, quieren promocionar sus obras.
Por otro lado, encontramos a los autores que quieren llegar al lugar en el que están los primeros, a poder ser, pero no solo, a través de una oportunidad ofrecida por una editorial.
Y después está el enorme cajón que es booktok en el que caben desde personas que aman leer y comparten su afición hasta autores que desean ser leídos, pasando por personas que aman que las editoriales y autores quieran colaborar con ellos y les envían libros y otros regalitos a cambio de su tiempo y esfuerzo.
¡Ah, y se me olvidaban otros! Los que se dedican a enseñar a escribir/ maquetar/ promocionar o lo que sea que pueda necesitar cualquier autor o escritor en potencia. Estos, por lo general, ofrecen sus servicios, sean de asesoramiento o edición, corrección, maquetación o cualquier otra cosa. Pero otros muchos también lo hacen para darse a conocer como autores.
La cuestión es que de todos estos grupos, me temo, como mucho, solo encajo en el primero. Salvo por el hecho que la promoción y todo lo que huela a ella me repele. Diré más, creo que uno de los mayores culpables del largo bloqueo de escritura que he sufrido fue, precisamente la promoción.
Y no me malinterpretéis, me encanta hablar de mis historias, como a casi todos los autores, supongo, pero odio profundamente tratar de convencer a nadie de que se las lea. Mejor no hablemos del problemón que me supone tratar de vender un libro.
Lo mío, y eso también lo descubrí durante aquella etapa de locura previa al bloqueo en el que la escritura y la promoción ocupaban prácticamente todo mi día a día, es, en realidad, compartir mi trabajo y mi proceso creativo.
Repito, compartirlo. No enseñar nada a nadie —lo único que me siento capacitada para enseñar es español, que por algo es además mi trabajo—. No tratar de convencer a nadie de que lea o compre o lo que sea. De ahí, además, creo que vienen después los disgustos.
Eso me deja con pocas opciones de creación de contenido, salvo compartir lo que hago mientras lo hago. Y de ahí las cámaras de las que os hablaba al principio de esta entrada. Quizás, lo más sincero y fiel a mí misma sea, sencillamente, mostrar mi trabajo, aunque sea menos visual que, yo qué sé, el de un artista plástico y mucho menos impactante que, no sé, un músico que interpreta una pieza.
Pero, claro, no solo de directos viven la redes sociales de vídeo estas que están tan de moda ahora. También hay que crear vídeos.
Y para eso, más allá de pedir ayuda a varias inteligencias artificiales para elaborar un plan de creación de contenido mínimamente lógico, acorde a mi propósito y factible, dados mis medios, he vuelto a recurrir a los creadores que ya han conseguido lo que yo quiero, o algo similar, que podemos resumir, de forma muy clara como dar a conocer mi trabajo a mi público objetivo. No a la masa. No vender. No crecer. Llegar a quién puede disfrutarlo.
Eso me ha dejado una cartera de vídeos que, con alguna que otra adaptación puedo crear y compartir, como hablar de libros que me han gustado o inspirado, leer fragmentos de mi trabajo, hacer un vídeo diario hablando de los avances de mis proyectos…
Pero todo eso es exactamente lo mismo que hacen los del grupo dos, es decir, los que quieren llegar al mismo lugar al que los primeros ya han llegado. Y ese grupo es un saco sin fin del que es muy difícil salir salvo que consigas diferenciarte.
Y, si consigues diferenciarte lo suficiente, pasas a dejar de formar parte de ninguno de los grupos mencionados para crear tu propio y único grupo. Que no voy a decir que sea algo fácil de defender. Pero, al menos, es algo mucho más encaminado a lograr el objetivo establecido, que, recuerdo, no es llegar a la masa, sino a aquellas personas que realmente puedan estar interesadas en lo que yo hago.
Llegados a este punto, conviene ser realistas y sinceros. Es prácticamente imposible que nadie interesando en productos culturales, digamos, mainstream, se sienta interesado en lo que yo hago, salvo que, por alguna misteriosa regla de tres, lo mío acabara por convertirse en mainstream.
Mi público objetivo, me temo, es tan, digamos, particular como yo misma. Porque mi propia obra lo es —y por eso me bloqueé, recordemos, porque yo quería ser normal y que mi obra lo fuera, peor, oh, sorpresa, eso no es posible—.
Así que la creación de contenido normal me traerá a gente normal que busca obras normales cuando lo que yo tengo para ofrecer, es, más bien, alternativo.
Si lo quiero conseguir es dar a conocer mi obra tal y como es — porque a eso es a lo que me he comprometido a cambio de seguir en este mundo otra temporada, esperemos que larga—, a un potencial público objetivo, lo mejor que puedo hacer, por no decir lo único, es mostrarme tal y como soy.
Eso implica, por ejemplo, hablar sin cortapisa de ese pacto del alma de escribir y publicar a cambio de más tiempo de vida. Pero también volver a hablar del Muso y de las musas, de la inspiración, del subconsciente, del lugar donde viven las historias, el mundo de los sueños y de los mundos entre mundos.
Esto es, sin más, volver a lo que hacía antes de bloquearme en el blog que precedió a este.
Implica quitarme la coraza.
Y volver a poner el corazón y el alma sobre la mesa.
Aún a riesgo de volver a bloquearme.
#autopublicación #Blog #bloqueoCreativo #booktok #Diario #diarioDeEscritora #Escribir #escribirYMostrarse #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #identidadDeEscritora #inspiración #LaEnésimaAventura #musas #procesoCreativo #promociónLiteraria #redesSociales #reflexiones #vulnerabilidad -
El meollo digital
Estoy aprendiendo a escribir con una cámara delante y otra enfocándome las manos. Sí, lo sé, suena raro. Hacerlo es más raro todavía. Pero el mundo avanza rápido y deja poco margen, o te sumas y lo sigues o te quedas atrás. Y tengo edad suficiente para haber probado las dos cosas y poder decir sin temor a equivocarme que es, con creces, peor la segunda.
Así que, aquí estoy, montada al carro de la vida como si en lugar de una millennial con mala salud fuera una centennial con al menos una década menos de edad y el doble de energía.
La otra opción, la de quedarme atrás, ni la contemplo. Ni por mí, que lo mío me está costando seguir con vida como para, encima, vivir como si prefiriera estar haciendo cualquier otra cosa. Ni por mis criaturas —léase historias, con sus personajes y paisajes—, que me he comprometido a traer de vuelta al mundo desde el cajón donde las encerré a cambio de que también me dejaran —las musas, el universo, los dioses, lo que sea— quedarme por aquí una temporadita más.
La cuestión es que, en este mundo actual, si una quiere dedicarse a escribir, no solo por el propio placer de hacerlo, sino con el ánimo de cumplir el firme compromiso de darle a sus critauras toda la visibilidad que merecen para que tengan una oportunidad de hacer lo suyo, sea eso lo que sea, pues no queda otra que estar en medio de todo y, más concretamente, allá donde está el movimiento.
Hace unos años —quizás décadas— eso significaba estar en la ciudad que, en ese momento, fuera capital cultural. Aquí en España, cuando yo era jovencita y soñaba con ser escritora, eso implicaba vivir en Madrid o Barcelona, por los contactos y los saraos culturales. Creo que en la actualidad el eje se ha desplazado a favor de la capital española. Pero eso ahora, al parecer, es menos relevante que antes. Lo crucial, por lo visto, es estar en el meollo digital. Todo lo demás, es subsanable.
Así que servidora, decidida como está a luchar por sus historias, ha decidido empezar por el asunto digital, a ver si conseguimos llegar, aunque sea a trompicones, al susodicho meollo, y, a partir de ahí, ya veremos.
La cuestión, más allá de la pereza que puede suponer eso de meterse en el mundillo de las redes sociales, en especial cuando ahora lo que se lleva no es lo de escribir sino lo de mostrarse, es qué contenido puedo compartir yo que sea interesante o, al menos, me pueda ayudar en mi propósito.
No penséis que no le he dado vueltas. Tantas que, para inspirarme, hasta he hecho una rigurosa investigación de perfiles similares al mío y que ya han conseguido lo que yo me propongo.
Pero, claro, ahí vino lo peliagudo. Definir qué narices me propongo. Porque la mayor parte de las personas con perfiles parecidos al mío tienen objetivos bastante claros y, lo más importante, cuantificables. Y suelen dividirse en grandes grupos.
Por un lado, encontramos a los autores que quieren vender libros. Suelen ser autores autopublicados, como servidora, pero no únicamente. También hay autores que publican con editoriales tradicionales que hacen una labor de promoción maravillosa. Y esa palabra es la clave: promoción. Todos ellos, también los que están publicando en Wattpad o plataformas análogas, quieren promocionar sus obras.
Por otro lado, encontramos a los autores que quieren llegar al lugar en el que están los primeros, a poder ser, pero no solo, a través de una oportunidad ofrecida por una editorial.
Y después está el enorme cajón que es booktok en el que caben desde personas que aman leer y comparten su afición hasta autores que desean ser leídos, pasando por personas que aman que las editoriales y autores quieran colaborar con ellos y les envían libros y otros regalitos a cambio de su tiempo y esfuerzo.
¡Ah, y se me olvidaban otros! Los que se dedican a enseñar a escribir/ maquetar/ promocionar o lo que sea que pueda necesitar cualquier autor o escritor en potencia. Estos, por lo general, ofrecen sus servicios, sean de asesoramiento o edición, corrección, maquetación o cualquier otra cosa. Pero otros muchos también lo hacen para darse a conocer como autores.
La cuestión es que de todos estos grupos, me temo, como mucho, solo encajo en el primero. Salvo por el hecho que la promoción y todo lo que huela a ella me repele. Diré más, creo que uno de los mayores culpables del largo bloqueo de escritura que he sufrido fue, precisamente la promoción.
Y no me malinterpretéis, me encanta hablar de mis historias, como a casi todos los autores, supongo, pero odio profundamente tratar de convencer a nadie de que se las lea. Mejor no hablemos del problemón que me supone tratar de vender un libro.
Lo mío, y eso también lo descubrí durante aquella etapa de locura previa al bloqueo en el que la escritura y la promoción ocupaban prácticamente todo mi día a día, es, en realidad, compartir mi trabajo y mi proceso creativo.
Repito, compartirlo. No enseñar nada a nadie —lo único que me siento capacitada para enseñar es español, que por algo es además mi trabajo—. No tratar de convencer a nadie de que lea o compre o lo que sea. De ahí, además, creo que vienen después los disgustos.
Eso me deja con pocas opciones de creación de contenido, salvo compartir lo que hago mientras lo hago. Y de ahí las cámaras de las que os hablaba al principio de esta entrada. Quizás, lo más sincero y fiel a mí misma sea, sencillamente, mostrar mi trabajo, aunque sea menos visual que, yo qué sé, el de un artista plástico y mucho menos impactante que, no sé, un músico que interpreta una pieza.
Pero, claro, no solo de directos viven la redes sociales de vídeo estas que están tan de moda ahora. También hay que crear vídeos.
Y para eso, más allá de pedir ayuda a varias inteligencias artificiales para elaborar un plan de creación de contenido mínimamente lógico, acorde a mi propósito y factible, dados mis medios, he vuelto a recurrir a los creadores que ya han conseguido lo que yo quiero, o algo similar, que podemos resumir, de forma muy clara como dar a conocer mi trabajo a mi público objetivo. No a la masa. No vender. No crecer. Llegar a quién puede disfrutarlo.
Eso me ha dejado una cartera de vídeos que, con alguna que otra adaptación puedo crear y compartir, como hablar de libros que me han gustado o inspirado, leer fragmentos de mi trabajo, hacer un vídeo diario hablando de los avances de mis proyectos…
Pero todo eso es exactamente lo mismo que hacen los del grupo dos, es decir, los que quieren llegar al mismo lugar al que los primeros ya han llegado. Y ese grupo es un saco sin fin del que es muy difícil salir salvo que consigas diferenciarte.
Y, si consigues diferenciarte lo suficiente, pasas a dejar de formar parte de ninguno de los grupos mencionados para crear tu propio y único grupo. Que no voy a decir que sea algo fácil de defender. Pero, al menos, es algo mucho más encaminado a lograr el objetivo establecido, que, recuerdo, no es llegar a la masa, sino a aquellas personas que realmente puedan estar interesadas en lo que yo hago.
Llegados a este punto, conviene ser realistas y sinceros. Es prácticamente imposible que nadie interesando en productos culturales, digamos, mainstream, se sienta interesado en lo que yo hago, salvo que, por alguna misteriosa regla de tres, lo mío acabara por convertirse en mainstream.
Mi público objetivo, me temo, es tan, digamos, particular como yo misma. Porque mi propia obra lo es —y por eso me bloqueé, recordemos, porque yo quería ser normal y que mi obra lo fuera, peor, oh, sorpresa, eso no es posible—.
Así que la creación de contenido normal me traerá a gente normal que busca obras normales cuando lo que yo tengo para ofrecer, es, más bien, alternativo.
Si lo quiero conseguir es dar a conocer mi obra tal y como es — porque a eso es a lo que me he comprometido a cambio de seguir en este mundo otra temporada, esperemos que larga—, a un potencial público objetivo, lo mejor que puedo hacer, por no decir lo único, es mostrarme tal y como soy.
Eso implica, por ejemplo, hablar sin cortapisa de ese pacto del alma de escribir y publicar a cambio de más tiempo de vida. Pero también volver a hablar del Muso y de las musas, de la inspiración, del subconsciente, del lugar donde viven las historias, el mundo de los sueños y de los mundos entre mundos.
Esto es, sin más, volver a lo que hacía antes de bloquearme en el blog que precedió a este.
Implica quitarme la coraza.
Y volver a poner el corazón y el alma sobre la mesa.
Aún a riesgo de volver a bloquearme.
#autopublicación #Blog #bloqueoCreativo #booktok #Diario #diarioDeEscritora #Escribir #escribirYMostrarse #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #identidadDeEscritora #inspiración #LaEnésimaAventura #musas #procesoCreativo #promociónLiteraria #redesSociales #reflexiones #vulnerabilidad -
El meollo digital
Estoy aprendiendo a escribir con una cámara delante y otra enfocándome las manos. Sí, lo sé, suena raro. Hacerlo es más raro todavía. Pero el mundo avanza rápido y deja poco margen, o te sumas y lo sigues o te quedas atrás. Y tengo edad suficiente para haber probado las dos cosas y poder decir sin temor a equivocarme que es, con creces, peor la segunda.
Así que, aquí estoy, montada al carro de la vida como si en lugar de una millennial con mala salud fuera una centennial con al menos una década menos de edad y el doble de energía.
La otra opción, la de quedarme atrás, ni la contemplo. Ni por mí, que lo mío me está costando seguir con vida como para, encima, vivir como si prefiriera estar haciendo cualquier otra cosa. Ni por mis criaturas —léase historias, con sus personajes y paisajes—, que me he comprometido a traer de vuelta al mundo desde el cajón donde las encerré a cambio de que también me dejaran —las musas, el universo, los dioses, lo que sea— quedarme por aquí una temporadita más.
La cuestión es que, en este mundo actual, si una quiere dedicarse a escribir, no solo por el propio placer de hacerlo, sino con el ánimo de cumplir el firme compromiso de darle a sus critauras toda la visibilidad que merecen para que tengan una oportunidad de hacer lo suyo, sea eso lo que sea, pues no queda otra que estar en medio de todo y, más concretamente, allá donde está el movimiento.
Hace unos años —quizás décadas— eso significaba estar en la ciudad que, en ese momento, fuera capital cultural. Aquí en España, cuando yo era jovencita y soñaba con ser escritora, eso implicaba vivir en Madrid o Barcelona, por los contactos y los saraos culturales. Creo que en la actualidad el eje se ha desplazado a favor de la capital española. Pero eso ahora, al parecer, es menos relevante que antes. Lo crucial, por lo visto, es estar en el meollo digital. Todo lo demás, es subsanable.
Así que servidora, decidida como está a luchar por sus historias, ha decidido empezar por el asunto digital, a ver si conseguimos llegar, aunque sea a trompicones, al susodicho meollo, y, a partir de ahí, ya veremos.
La cuestión, más allá de la pereza que puede suponer eso de meterse en el mundillo de las redes sociales, en especial cuando ahora lo que se lleva no es lo de escribir sino lo de mostrarse, es qué contenido puedo compartir yo que sea interesante o, al menos, me pueda ayudar en mi propósito.
No penséis que no le he dado vueltas. Tantas que, para inspirarme, hasta he hecho una rigurosa investigación de perfiles similares al mío y que ya han conseguido lo que yo me propongo.
Pero, claro, ahí vino lo peliagudo. Definir qué narices me propongo. Porque la mayor parte de las personas con perfiles parecidos al mío tienen objetivos bastante claros y, lo más importante, cuantificables. Y suelen dividirse en grandes grupos.
Por un lado, encontramos a los autores que quieren vender libros. Suelen ser autores autopublicados, como servidora, pero no únicamente. También hay autores que publican con editoriales tradicionales que hacen una labor de promoción maravillosa. Y esa palabra es la clave: promoción. Todos ellos, también los que están publicando en Wattpad o plataformas análogas, quieren promocionar sus obras.
Por otro lado, encontramos a los autores que quieren llegar al lugar en el que están los primeros, a poder ser, pero no solo, a través de una oportunidad ofrecida por una editorial.
Y después está el enorme cajón que es booktok en el que caben desde personas que aman leer y comparten su afición hasta autores que desean ser leídos, pasando por personas que aman que las editoriales y autores quieran colaborar con ellos y les envían libros y otros regalitos a cambio de su tiempo y esfuerzo.
¡Ah, y se me olvidaban otros! Los que se dedican a enseñar a escribir/ maquetar/ promocionar o lo que sea que pueda necesitar cualquier autor o escritor en potencia. Estos, por lo general, ofrecen sus servicios, sean de asesoramiento o edición, corrección, maquetación o cualquier otra cosa. Pero otros muchos también lo hacen para darse a conocer como autores.
La cuestión es que de todos estos grupos, me temo, como mucho, solo encajo en el primero. Salvo por el hecho que la promoción y todo lo que huela a ella me repele. Diré más, creo que uno de los mayores culpables del largo bloqueo de escritura que he sufrido fue, precisamente la promoción.
Y no me malinterpretéis, me encanta hablar de mis historias, como a casi todos los autores, supongo, pero odio profundamente tratar de convencer a nadie de que se las lea. Mejor no hablemos del problemón que me supone tratar de vender un libro.
Lo mío, y eso también lo descubrí durante aquella etapa de locura previa al bloqueo en el que la escritura y la promoción ocupaban prácticamente todo mi día a día, es, en realidad, compartir mi trabajo y mi proceso creativo.
Repito, compartirlo. No enseñar nada a nadie —lo único que me siento capacitada para enseñar es español, que por algo es además mi trabajo—. No tratar de convencer a nadie de que lea o compre o lo que sea. De ahí, además, creo que vienen después los disgustos.
Eso me deja con pocas opciones de creación de contenido, salvo compartir lo que hago mientras lo hago. Y de ahí las cámaras de las que os hablaba al principio de esta entrada. Quizás, lo más sincero y fiel a mí misma sea, sencillamente, mostrar mi trabajo, aunque sea menos visual que, yo qué sé, el de un artista plástico y mucho menos impactante que, no sé, un músico que interpreta una pieza.
Pero, claro, no solo de directos viven la redes sociales de vídeo estas que están tan de moda ahora. También hay que crear vídeos.
Y para eso, más allá de pedir ayuda a varias inteligencias artificiales para elaborar un plan de creación de contenido mínimamente lógico, acorde a mi propósito y factible, dados mis medios, he vuelto a recurrir a los creadores que ya han conseguido lo que yo quiero, o algo similar, que podemos resumir, de forma muy clara como dar a conocer mi trabajo a mi público objetivo. No a la masa. No vender. No crecer. Llegar a quién puede disfrutarlo.
Eso me ha dejado una cartera de vídeos que, con alguna que otra adaptación puedo crear y compartir, como hablar de libros que me han gustado o inspirado, leer fragmentos de mi trabajo, hacer un vídeo diario hablando de los avances de mis proyectos…
Pero todo eso es exactamente lo mismo que hacen los del grupo dos, es decir, los que quieren llegar al mismo lugar al que los primeros ya han llegado. Y ese grupo es un saco sin fin del que es muy difícil salir salvo que consigas diferenciarte.
Y, si consigues diferenciarte lo suficiente, pasas a dejar de formar parte de ninguno de los grupos mencionados para crear tu propio y único grupo. Que no voy a decir que sea algo fácil de defender. Pero, al menos, es algo mucho más encaminado a lograr el objetivo establecido, que, recuerdo, no es llegar a la masa, sino a aquellas personas que realmente puedan estar interesadas en lo que yo hago.
Llegados a este punto, conviene ser realistas y sinceros. Es prácticamente imposible que nadie interesando en productos culturales, digamos, mainstream, se sienta interesado en lo que yo hago, salvo que, por alguna misteriosa regla de tres, lo mío acabara por convertirse en mainstream.
Mi público objetivo, me temo, es tan, digamos, particular como yo misma. Porque mi propia obra lo es —y por eso me bloqueé, recordemos, porque yo quería ser normal y que mi obra lo fuera, peor, oh, sorpresa, eso no es posible—.
Así que la creación de contenido normal me traerá a gente normal que busca obras normales cuando lo que yo tengo para ofrecer, es, más bien, alternativo.
Si lo quiero conseguir es dar a conocer mi obra tal y como es — porque a eso es a lo que me he comprometido a cambio de seguir en este mundo otra temporada, esperemos que larga—, a un potencial público objetivo, lo mejor que puedo hacer, por no decir lo único, es mostrarme tal y como soy.
Eso implica, por ejemplo, hablar sin cortapisa de ese pacto del alma de escribir y publicar a cambio de más tiempo de vida. Pero también volver a hablar del Muso y de las musas, de la inspiración, del subconsciente, del lugar donde viven las historias, el mundo de los sueños y de los mundos entre mundos.
Esto es, sin más, volver a lo que hacía antes de bloquearme en el blog que precedió a este.
Implica quitarme la coraza.
Y volver a poner el corazón y el alma sobre la mesa.
Aún a riesgo de volver a bloquearme.
#autopublicación #Blog #bloqueoCreativo #booktok #Diario #diarioDeEscritora #Escribir #escribirYMostrarse #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #identidadDeEscritora #inspiración #LaEnésimaAventura #musas #procesoCreativo #promociónLiteraria #redesSociales #reflexiones #vulnerabilidad -
El meollo digital
Estoy aprendiendo a escribir con una cámara delante y otra enfocándome las manos. Sí, lo sé, suena raro. Hacerlo es más raro todavía. Pero el mundo avanza rápido y deja poco margen, o te sumas y lo sigues o te quedas atrás. Y tengo edad suficiente para haber probado las dos cosas y poder decir sin temor a equivocarme que es, con creces, peor la segunda.
Así que, aquí estoy, montada al carro de la vida como si en lugar de una millennial con mala salud fuera una centennial con al menos una década menos de edad y el doble de energía.
La otra opción, la de quedarme atrás, ni la contemplo. Ni por mí, que lo mío me está costando seguir con vida como para, encima, vivir como si prefiriera estar haciendo cualquier otra cosa. Ni por mis criaturas —léase historias, con sus personajes y paisajes—, que me he comprometido a traer de vuelta al mundo desde el cajón donde las encerré a cambio de que también me dejaran —las musas, el universo, los dioses, lo que sea— quedarme por aquí una temporadita más.
La cuestión es que, en este mundo actual, si una quiere dedicarse a escribir, no solo por el propio placer de hacerlo, sino con el ánimo de cumplir el firme compromiso de darle a sus critauras toda la visibilidad que merecen para que tengan una oportunidad de hacer lo suyo, sea eso lo que sea, pues no queda otra que estar en medio de todo y, más concretamente, allá donde está el movimiento.
Hace unos años —quizás décadas— eso significaba estar en la ciudad que, en ese momento, fuera capital cultural. Aquí en España, cuando yo era jovencita y soñaba con ser escritora, eso implicaba vivir en Madrid o Barcelona, por los contactos y los saraos culturales. Creo que en la actualidad el eje se ha desplazado a favor de la capital española. Pero eso ahora, al parecer, es menos relevante que antes. Lo crucial, por lo visto, es estar en el meollo digital. Todo lo demás, es subsanable.
Así que servidora, decidida como está a luchar por sus historias, ha decidido empezar por el asunto digital, a ver si conseguimos llegar, aunque sea a trompicones, al susodicho meollo, y, a partir de ahí, ya veremos.
La cuestión, más allá de la pereza que puede suponer eso de meterse en el mundillo de las redes sociales, en especial cuando ahora lo que se lleva no es lo de escribir sino lo de mostrarse, es qué contenido puedo compartir yo que sea interesante o, al menos, me pueda ayudar en mi propósito.
No penséis que no le he dado vueltas. Tantas que, para inspirarme, hasta he hecho una rigurosa investigación de perfiles similares al mío y que ya han conseguido lo que yo me propongo.
Pero, claro, ahí vino lo peliagudo. Definir qué narices me propongo. Porque la mayor parte de las personas con perfiles parecidos al mío tienen objetivos bastante claros y, lo más importante, cuantificables. Y suelen dividirse en grandes grupos.
Por un lado, encontramos a los autores que quieren vender libros. Suelen ser autores autopublicados, como servidora, pero no únicamente. También hay autores que publican con editoriales tradicionales que hacen una labor de promoción maravillosa. Y esa palabra es la clave: promoción. Todos ellos, también los que están publicando en Wattpad o plataformas análogas, quieren promocionar sus obras.
Por otro lado, encontramos a los autores que quieren llegar al lugar en el que están los primeros, a poder ser, pero no solo, a través de una oportunidad ofrecida por una editorial.
Y después está el enorme cajón que es booktok en el que caben desde personas que aman leer y comparten su afición hasta autores que desean ser leídos, pasando por personas que aman que las editoriales y autores quieran colaborar con ellos y les envían libros y otros regalitos a cambio de su tiempo y esfuerzo.
¡Ah, y se me olvidaban otros! Los que se dedican a enseñar a escribir/ maquetar/ promocionar o lo que sea que pueda necesitar cualquier autor o escritor en potencia. Estos, por lo general, ofrecen sus servicios, sean de asesoramiento o edición, corrección, maquetación o cualquier otra cosa. Pero otros muchos también lo hacen para darse a conocer como autores.
La cuestión es que de todos estos grupos, me temo, como mucho, solo encajo en el primero. Salvo por el hecho que la promoción y todo lo que huela a ella me repele. Diré más, creo que uno de los mayores culpables del largo bloqueo de escritura que he sufrido fue, precisamente la promoción.
Y no me malinterpretéis, me encanta hablar de mis historias, como a casi todos los autores, supongo, pero odio profundamente tratar de convencer a nadie de que se las lea. Mejor no hablemos del problemón que me supone tratar de vender un libro.
Lo mío, y eso también lo descubrí durante aquella etapa de locura previa al bloqueo en el que la escritura y la promoción ocupaban prácticamente todo mi día a día, es, en realidad, compartir mi trabajo y mi proceso creativo.
Repito, compartirlo. No enseñar nada a nadie —lo único que me siento capacitada para enseñar es español, que por algo es además mi trabajo—. No tratar de convencer a nadie de que lea o compre o lo que sea. De ahí, además, creo que vienen después los disgustos.
Eso me deja con pocas opciones de creación de contenido, salvo compartir lo que hago mientras lo hago. Y de ahí las cámaras de las que os hablaba al principio de esta entrada. Quizás, lo más sincero y fiel a mí misma sea, sencillamente, mostrar mi trabajo, aunque sea menos visual que, yo qué sé, el de un artista plástico y mucho menos impactante que, no sé, un músico que interpreta una pieza.
Pero, claro, no solo de directos viven la redes sociales de vídeo estas que están tan de moda ahora. También hay que crear vídeos.
Y para eso, más allá de pedir ayuda a varias inteligencias artificiales para elaborar un plan de creación de contenido mínimamente lógico, acorde a mi propósito y factible, dados mis medios, he vuelto a recurrir a los creadores que ya han conseguido lo que yo quiero, o algo similar, que podemos resumir, de forma muy clara como dar a conocer mi trabajo a mi público objetivo. No a la masa. No vender. No crecer. Llegar a quién puede disfrutarlo.
Eso me ha dejado una cartera de vídeos que, con alguna que otra adaptación puedo crear y compartir, como hablar de libros que me han gustado o inspirado, leer fragmentos de mi trabajo, hacer un vídeo diario hablando de los avances de mis proyectos…
Pero todo eso es exactamente lo mismo que hacen los del grupo dos, es decir, los que quieren llegar al mismo lugar al que los primeros ya han llegado. Y ese grupo es un saco sin fin del que es muy difícil salir salvo que consigas diferenciarte.
Y, si consigues diferenciarte lo suficiente, pasas a dejar de formar parte de ninguno de los grupos mencionados para crear tu propio y único grupo. Que no voy a decir que sea algo fácil de defender. Pero, al menos, es algo mucho más encaminado a lograr el objetivo establecido, que, recuerdo, no es llegar a la masa, sino a aquellas personas que realmente puedan estar interesadas en lo que yo hago.
Llegados a este punto, conviene ser realistas y sinceros. Es prácticamente imposible que nadie interesando en productos culturales, digamos, mainstream, se sienta interesado en lo que yo hago, salvo que, por alguna misteriosa regla de tres, lo mío acabara por convertirse en mainstream.
Mi público objetivo, me temo, es tan, digamos, particular como yo misma. Porque mi propia obra lo es —y por eso me bloqueé, recordemos, porque yo quería ser normal y que mi obra lo fuera, peor, oh, sorpresa, eso no es posible—.
Así que la creación de contenido normal me traerá a gente normal que busca obras normales cuando lo que yo tengo para ofrecer, es, más bien, alternativo.
Si lo quiero conseguir es dar a conocer mi obra tal y como es — porque a eso es a lo que me he comprometido a cambio de seguir en este mundo otra temporada, esperemos que larga—, a un potencial público objetivo, lo mejor que puedo hacer, por no decir lo único, es mostrarme tal y como soy.
Eso implica, por ejemplo, hablar sin cortapisa de ese pacto del alma de escribir y publicar a cambio de más tiempo de vida. Pero también volver a hablar del Muso y de las musas, de la inspiración, del subconsciente, del lugar donde viven las historias, el mundo de los sueños y de los mundos entre mundos.
Esto es, sin más, volver a lo que hacía antes de bloquearme en el blog que precedió a este.
Implica quitarme la coraza.
Y volver a poner el corazón y el alma sobre la mesa.
Aún a riesgo de volver a bloquearme.
#autopublicación #Blog #bloqueoCreativo #booktok #Diario #diarioDeEscritora #Escribir #escribirYMostrarse #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #identidadDeEscritora #inspiración #LaEnésimaAventura #musas #procesoCreativo #promociónLiteraria #redesSociales #reflexiones #vulnerabilidad -
El meollo digital
Estoy aprendiendo a escribir con una cámara delante y otra enfocándome las manos. Sí, lo sé, suena raro. Hacerlo es más raro todavía. Pero el mundo avanza rápido y deja poco margen, o te sumas y lo sigues o te quedas atrás. Y tengo edad suficiente para haber probado las dos cosas y poder decir sin temor a equivocarme que es, con creces, peor la segunda.
Así que, aquí estoy, montada al carro de la vida como si en lugar de una millennial con mala salud fuera una centennial con al menos una década menos de edad y el doble de energía.
La otra opción, la de quedarme atrás, ni la contemplo. Ni por mí, que lo mío me está costando seguir con vida como para, encima, vivir como si prefiriera estar haciendo cualquier otra cosa. Ni por mis criaturas —léase historias, con sus personajes y paisajes—, que me he comprometido a traer de vuelta al mundo desde el cajón donde las encerré a cambio de que también me dejaran —las musas, el universo, los dioses, lo que sea— quedarme por aquí una temporadita más.
La cuestión es que, en este mundo actual, si una quiere dedicarse a escribir, no solo por el propio placer de hacerlo, sino con el ánimo de cumplir el firme compromiso de darle a sus critauras toda la visibilidad que merecen para que tengan una oportunidad de hacer lo suyo, sea eso lo que sea, pues no queda otra que estar en medio de todo y, más concretamente, allá donde está el movimiento.
Hace unos años —quizás décadas— eso significaba estar en la ciudad que, en ese momento, fuera capital cultural. Aquí en España, cuando yo era jovencita y soñaba con ser escritora, eso implicaba vivir en Madrid o Barcelona, por los contactos y los saraos culturales. Creo que en la actualidad el eje se ha desplazado a favor de la capital española. Pero eso ahora, al parecer, es menos relevante que antes. Lo crucial, por lo visto, es estar en el meollo digital. Todo lo demás, es subsanable.
Así que servidora, decidida como está a luchar por sus historias, ha decidido empezar por el asunto digital, a ver si conseguimos llegar, aunque sea a trompicones, al susodicho meollo, y, a partir de ahí, ya veremos.
La cuestión, más allá de la pereza que puede suponer eso de meterse en el mundillo de las redes sociales, en especial cuando ahora lo que se lleva no es lo de escribir sino lo de mostrarse, es qué contenido puedo compartir yo que sea interesante o, al menos, me pueda ayudar en mi propósito.
No penséis que no le he dado vueltas. Tantas que, para inspirarme, hasta he hecho una rigurosa investigación de perfiles similares al mío y que ya han conseguido lo que yo me propongo.
Pero, claro, ahí vino lo peliagudo. Definir qué narices me propongo. Porque la mayor parte de las personas con perfiles parecidos al mío tienen objetivos bastante claros y, lo más importante, cuantificables. Y suelen dividirse en grandes grupos.
Por un lado, encontramos a los autores que quieren vender libros. Suelen ser autores autopublicados, como servidora, pero no únicamente. También hay autores que publican con editoriales tradicionales que hacen una labor de promoción maravillosa. Y esa palabra es la clave: promoción. Todos ellos, también los que están publicando en Wattpad o plataformas análogas, quieren promocionar sus obras.
Por otro lado, encontramos a los autores que quieren llegar al lugar en el que están los primeros, a poder ser, pero no solo, a través de una oportunidad ofrecida por una editorial.
Y después está el enorme cajón que es booktok en el que caben desde personas que aman leer y comparten su afición hasta autores que desean ser leídos, pasando por personas que aman que las editoriales y autores quieran colaborar con ellos y les envían libros y otros regalitos a cambio de su tiempo y esfuerzo.
¡Ah, y se me olvidaban otros! Los que se dedican a enseñar a escribir/ maquetar/ promocionar o lo que sea que pueda necesitar cualquier autor o escritor en potencia. Estos, por lo general, ofrecen sus servicios, sean de asesoramiento o edición, corrección, maquetación o cualquier otra cosa. Pero otros muchos también lo hacen para darse a conocer como autores.
La cuestión es que de todos estos grupos, me temo, como mucho, solo encajo en el primero. Salvo por el hecho que la promoción y todo lo que huela a ella me repele. Diré más, creo que uno de los mayores culpables del largo bloqueo de escritura que he sufrido fue, precisamente la promoción.
Y no me malinterpretéis, me encanta hablar de mis historias, como a casi todos los autores, supongo, pero odio profundamente tratar de convencer a nadie de que se las lea. Mejor no hablemos del problemón que me supone tratar de vender un libro.
Lo mío, y eso también lo descubrí durante aquella etapa de locura previa al bloqueo en el que la escritura y la promoción ocupaban prácticamente todo mi día a día, es, en realidad, compartir mi trabajo y mi proceso creativo.
Repito, compartirlo. No enseñar nada a nadie —lo único que me siento capacitada para enseñar es español, que por algo es además mi trabajo—. No tratar de convencer a nadie de que lea o compre o lo que sea. De ahí, además, creo que vienen después los disgustos.
Eso me deja con pocas opciones de creación de contenido, salvo compartir lo que hago mientras lo hago. Y de ahí las cámaras de las que os hablaba al principio de esta entrada. Quizás, lo más sincero y fiel a mí misma sea, sencillamente, mostrar mi trabajo, aunque sea menos visual que, yo qué sé, el de un artista plástico y mucho menos impactante que, no sé, un músico que interpreta una pieza.
Pero, claro, no solo de directos viven la redes sociales de vídeo estas que están tan de moda ahora. También hay que crear vídeos.
Y para eso, más allá de pedir ayuda a varias inteligencias artificiales para elaborar un plan de creación de contenido mínimamente lógico, acorde a mi propósito y factible, dados mis medios, he vuelto a recurrir a los creadores que ya han conseguido lo que yo quiero, o algo similar, que podemos resumir, de forma muy clara como dar a conocer mi trabajo a mi público objetivo. No a la masa. No vender. No crecer. Llegar a quién puede disfrutarlo.
Eso me ha dejado una cartera de vídeos que, con alguna que otra adaptación puedo crear y compartir, como hablar de libros que me han gustado o inspirado, leer fragmentos de mi trabajo, hacer un vídeo diario hablando de los avances de mis proyectos…
Pero todo eso es exactamente lo mismo que hacen los del grupo dos, es decir, los que quieren llegar al mismo lugar al que los primeros ya han llegado. Y ese grupo es un saco sin fin del que es muy difícil salir salvo que consigas diferenciarte.
Y, si consigues diferenciarte lo suficiente, pasas a dejar de formar parte de ninguno de los grupos mencionados para crear tu propio y único grupo. Que no voy a decir que sea algo fácil de defender. Pero, al menos, es algo mucho más encaminado a lograr el objetivo establecido, que, recuerdo, no es llegar a la masa, sino a aquellas personas que realmente puedan estar interesadas en lo que yo hago.
Llegados a este punto, conviene ser realistas y sinceros. Es prácticamente imposible que nadie interesando en productos culturales, digamos, mainstream, se sienta interesado en lo que yo hago, salvo que, por alguna misteriosa regla de tres, lo mío acabara por convertirse en mainstream.
Mi público objetivo, me temo, es tan, digamos, particular como yo misma. Porque mi propia obra lo es —y por eso me bloqueé, recordemos, porque yo quería ser normal y que mi obra lo fuera, peor, oh, sorpresa, eso no es posible—.
Así que la creación de contenido normal me traerá a gente normal que busca obras normales cuando lo que yo tengo para ofrecer, es, más bien, alternativo.
Si lo quiero conseguir es dar a conocer mi obra tal y como es — porque a eso es a lo que me he comprometido a cambio de seguir en este mundo otra temporada, esperemos que larga—, a un potencial público objetivo, lo mejor que puedo hacer, por no decir lo único, es mostrarme tal y como soy.
Eso implica, por ejemplo, hablar sin cortapisa de ese pacto del alma de escribir y publicar a cambio de más tiempo de vida. Pero también volver a hablar del Muso y de las musas, de la inspiración, del subconsciente, del lugar donde viven las historias, el mundo de los sueños y de los mundos entre mundos.
Esto es, sin más, volver a lo que hacía antes de bloquearme en el blog que precedió a este.
Implica quitarme la coraza.
Y volver a poner el corazón y el alma sobre la mesa.
Aún a riesgo de volver a bloquearme.
#autopublicación #Blog #bloqueoCreativo #booktok #Diario #diarioDeEscritora #Escribir #escribirYMostrarse #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #identidadDeEscritora #inspiración #LaEnésimaAventura #musas #procesoCreativo #promociónLiteraria #redesSociales #reflexiones #vulnerabilidad -
#UnDiaComoHoy 13 de junio de 1949 nace Ann Druyan, activista, #escritora de divulgación #científica, guionista
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#UnDiaComoHoy 13 de junio de 1949 nace Ann Druyan, activista, #escritora de divulgación #científica, guionista
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Continúo con la corrección de #noeresreal.
Hoy corregí 2 capítulos más, el 8 y el 9, que hasta les cambié los nombres de los títulos que tenían antes, y el nueve no necesitaba casi correcciones, solo unos detallitos aquí y allá.
Con esta noche fría y lluviosa que hoy hace, quiero estar calentita bajo las mantas, así que lo suspendo por hoy. ¡Mañana sigo! #escribir #escritura #escribiendo #escritora #cosasdeescritora #novela #saga #book #libro #books #libros #bookstodon #Wattpad #Booknet -
Continúo con la corrección de #noeresreal.
Hoy corregí 2 capítulos más, el 8 y el 9, que hasta les cambié los nombres de los títulos que tenían antes, y el nueve no necesitaba casi correcciones, solo unos detallitos aquí y allá.
Con esta noche fría y lluviosa que hoy hace, quiero estar calentita bajo las mantas, así que lo suspendo por hoy. ¡Mañana sigo! #escribir #escritura #escribiendo #escritora #cosasdeescritora #novela #saga #book #libro #books #libros #bookstodon #Wattpad #Booknet -
Continúo con la corrección de #noeresreal.
Hoy corregí 2 capítulos más, el 8 y el 9, que hasta les cambié los nombres de los títulos que tenían antes, y el nueve no necesitaba casi correcciones, solo unos detallitos aquí y allá.
Con esta noche fría y lluviosa que hoy hace, quiero estar calentita bajo las mantas, así que lo suspendo por hoy. ¡Mañana sigo! #escribir #escritura #escribiendo #escritora #cosasdeescritora #novela #saga #book #libro #books #libros #bookstodon #Wattpad #Booknet -
Continúo con la corrección de #noeresreal.
Hoy corregí 2 capítulos más, el 8 y el 9, que hasta les cambié los nombres de los títulos que tenían antes, y el nueve no necesitaba casi correcciones, solo unos detallitos aquí y allá.
Con esta noche fría y lluviosa que hoy hace, quiero estar calentita bajo las mantas, así que lo suspendo por hoy. ¡Mañana sigo! #escribir #escritura #escribiendo #escritora #cosasdeescritora #novela #saga #book #libro #books #libros #bookstodon #Wattpad #Booknet -
Continúo con la corrección de #noeresreal.
Hoy corregí 2 capítulos más, el 8 y el 9, que hasta les cambié los nombres de los títulos que tenían antes, y el nueve no necesitaba casi correcciones, solo unos detallitos aquí y allá.
Con esta noche fría y lluviosa que hoy hace, quiero estar calentita bajo las mantas, así que lo suspendo por hoy. ¡Mañana sigo! #escribir #escritura #escribiendo #escritora #cosasdeescritora #novela #saga #book #libro #books #libros #bookstodon #Wattpad #Booknet -
Mi mente no da para más.
Solo pude empezar a corregir el capítulo 8, hoy ya he corregido el 6 y el 7, pero ello también implicó organizar los capítulos en booknet, suerte que en Wattpad estoy publicando la historia por partes y me puedo tomar mi tiempo, pero en Booknet ya está publicada al completo casi, reitero que está hasta el 19.
En fin, creo que lo dejaré por ahora, ya organicé todo en Booknet y con dos capítulos corregidos hoy, me doy por bien servida.
De momento, dejaré la mac y me pondré en el móvil a ver alguna película, o a escuchar música, ya veremos.
Continuaré editando mañana. #escribir #escritura #escritora #cosasdeescritora #libro #libros #book #books #bookstodon #novela #romance #familia #saga #Booknet #Wattpad