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#rutinacreativa — Public Fediverse posts

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  1. Un ratito robado

    Abro el blog con el tiempo justo. Al final, esto siempre se ha construido con ratitos robados a la vida. Es su esencia.

    Llevo días sin escribir aquí. He cambiado el desparrame mental en el blog por un cuaderno amarillo de esos que salen en las películas. Allí garabateo pensamientos sin digerir mientras me tomo el primer café. No sé por qué, como diríamos en mi tierra, me ha pegado por retomar esa costumbre, quizá sea porque me es más fácil escribir en papel en la terraza y cuando empiece el frío el ordenador o la tablet volverán a ser el lugar seguro que siempre han sido. O puede que sea por el mero placer de la actividad manual. En cualquier caso, lo disfruto y, ahora mismo, eso es lo único que me importa.

    También es lógico que vaya sin tiempo, ni inspiración, ni ganas de exposición, ni nada de nada. Estoy empezando en un centro educativo nuevo, con todo lo que ello conlleva. No es exactamente un cambio de trabajo, porque sigo currando de lo mismo y para el mismo empleador, pero, por lo demás, es exactamente igual. Y no me puedo quejar, porque es absolutamente todo maravilloso, mucho mejor, incluso, que cualquier fantasía que hubiera tenido al respecto. Pero servidora es un animal de costumbres, así que, mientras la novedad no se convierta en rutina, me sentiré extraña, como si llevara calzado nuevo y demasiado estrecho o, peor, pero más exacto, la ropa interior del revés. Es algo que nadie nota, pero que genera una incomodidad terrible.

    Además, estoy de mudanza. Tenía intención de aguantar la casa de Ibiza hasta el fin del contrato para poder hacer el traslado poco a poco porque, seamos sinceros, bastante tengo con el cambio de centro, de casa, de mundo, como para sumarle una mudanza acelerada. Pero los propietarios han tenido un problema personal y nos han preguntado si podemos dejar antes la casa. Así que lo que tenía que ser un traslado lento y sin traumas se ha convertido en una maldita contrarreloj que me obliga a viajar entre islas cada fin de semana para volver con el coche hasta arriba… Mejor no me preguntéis cómo está ahora mismo mi casa de cajas, bolsas y trastos, porque cuando acabo de despejar lo que he traído una semana, se suma lo del siguiente finde. Y soy consciente de que, acabada la mudanza, reacondicionar la casa de Palma se convertirá en el próximo monstruo a batir.

    ¡Ah, sí! Y no olvidemos que los primeros quince días de septiembre terminé el dichoso máster de guion. Bueno, terminé, a falta de la defensa del TFM, que debería ser, si todo va bien, en octubre. Pero, oigan, sin estrés y sin presión. Lo que no entiendo es cómo todavía me sorprendo de no encontrar tiempo para el blog en lugar de alucinar por hallar tiempo y fuerzas a diario para las páginas matutinas a lo Julia Cameron.

    En fin, que mi vida, ahora mismo, es muy poco romántica y en absoluto grandilocuente, pero, en su pequeña escala de cotidianeidad, os aseguro que es absurdamente épica. Vale, no lucho con espada, lo hago con bolígrafos y plumero, y aunque mis monstruos se llamen Ferry de ida y vuelta, Bolsa llena hasta los topes o Infernal horario mutante de septiembre, os aseguro que cada día es una aventura colosal digna de un héroe griego.

    Y ahí, en esa marabunta, quiero meter la escritura. No solo como un desahogo —como estos del blog o como los de las páginas matutinas, tanto da— sino como proyecto de vida, de ficción, de realidad, de día a día.

    Hay una parte de mí, adulta y sensata, que me dice que espere a que las aguas se calmen, a que, al menos, acabe la dichosa mudanza, o a que septiembre se convierta en octubre y que con él empiecen las clases para que el horario deje de ser un laberinto con minotauro y se transforme en amable rutina, al menos, hasta los exámenes. Pero hay otra, más experimentada y astuta, que insiste en que jamás existirá el momento ideal y lo que ahora es mudanza se transformará en cualquier otra cosa. Siempre, siempre, habrá algo que ocupe tiempo, fuerzas y mente; algo que sirva de excusa para no enfrentar la escritura.

    Mientras veo cómo empiezo, o por dónde, porque está claro que no esperaré al utópico momento perfecto, voy practicando, palabra a palabra, cómo ir robándole momentitos al día a día para que la escritura surja y, poco a poco, también ella se convierta en rutina.

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  2. Ficción primero, diario después

    Hoy ha sido mi primer día de «ficción primero, diario después» y tengo que reconocer que, aunque el comienzo ha sido un poco lento, la sesión de escritura ha sido muy productiva. Mucho más de lo normal.

    Y no sé si será cierta mi teoría de que solo puedo vaciarme en la página una vez al día, pero sí que parece que he dejado todo el peso mental en las hojas de ficción y ahora, como podéis ver, a lo máximo que llego es a relatar cómo ha ido la jugada. Que, a ver, es un tipo de diario tan digno como cualquier otro. Incluso, según como se mire, incluso más. Al fin y al cabo, los diarios, como tales, tenían la función de recoger hechos, no pensamientos. Aunque, a veces, van tan ligados los unos a los otros que son inseparables.

    En cualquier caso, lo cierto es que la sesión de escritura de hoy también me ha llenado de energía, cosa que no suele pasar, o no del mismo modo, cuando escribo las entradas habituales del blog. Y, ya, lo sé, no todas mis entradas de blog son de puro diario, pero, en cualquier caso, ni siquiera la ficción que suelo escribir para el blog se siente igual, aunque desconozco el motivo.

    Quizás sea porque no es lo mismo trabajar en un proyecto largo que en muchos cortos. Tal vez sea que, cuando trabajas en un proyecto largo, tienes que poner en marcha mecanismos de memoria y de anticipación que no son necesarios, o no del mismo modo, en los más breves. Quién sabe, a lo mejor es eso lo que me supone un chute de energía.

    Aunque, conociéndome, no descarto que el subidón se deba a la dificultad.

    La verdad es que hoy he disfrutado tanto —tanto, tanto— que las tres horas que le he dedicado se me han pasado volando y habría seguido trabajando como una salvaje, de no ser porque esta tarde tengo una cita de esas que no se pueden cancelar ni postergar —y que ni siquiera se trata de un asunto mío—.

    Odio este tipo de compromisos porque no solo implican que tengo que reservar el tiempo que sea que dure el trámite, sino que además tengo que almorzar como una persona normal, ducharme y arreglarme para parecer que soy un ser humano funcional y no una cosa que escribe y que, por todos los dioses, preferiría estar escribiendo en lugar de hacer ninguna de esas cosas de adulta que, por algún motivo que se me escapa, no me queda más remedio que hacer.

    En fin, no sé si esta tarde tendré o no un ratito para seguir escribiendo. Pero sí sé que mañana a mediodía vuelvo a tener otra de estas cosas de adulta funcional que interfieren en mi escritura. Menos mal que después viene el fin de semana y al fin —¡al fin!— podré escribir sin odiosas interrupciones que solo sirven para sacarme de mis mundos de fantasía y recordarme lo aparatoso que es el maldito mundo real.

    Escrita queda la entrada del diario de hoy para que no se diga que si escribo ficción me olvido del blog y del diario.

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