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#experiencias — Public Fediverse posts

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  1. A delicada questão do poder nas ecovilas

    Como organizar a autoridade coletiva, em comunidades que desejam superar as relações de dominação? Os resquícios do “velho mundo”: ímpeto de mandar e comodidade de obedecer. A liderança circular. O novo trato com o dinheiro

    outraspalavras.net/pos-capital

  2. También nos puedes encontrar en TIKTOK (tranquilx no bailamos) tiktok.com/@crazy_mad_doctor_ #tiktok #experiencias #directos #terror

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  7. Diez días

    Hace diez días que volví al mundo de los vivos y empecé a trabajar. Diez. Y ni siquiera puedo decir que hasta ahora no he tenido tiempo de pasarme por aquí para contarlo, porque sería mentira.

    Lo cierto es que en realidad no sé a qué mundo he vuelto. Y, peor todavía, tampoco tengo claro dónde quiero estar.

    Digo más, tampoco sé, ahora que he regresado, quién quiero ser.

    ¿Quiero ser esa mujer que escribe de todo y de nada en su blog, como si una parte de mí se hubiera quedado en los 2000? ¿Quiero escribir esa novela —o la otra, o la de más allá— que guardo en el cajón? ¿Quiero ir a ese festival de cine del próximo mes a intentar vender mi guion? ¿O lo mando directamente a las productoras afines? ¿O lo escondo en el cajón, junto a las mil novelas de las que me avergüenzo para que, igual que ellas, venga por las noches a torturarme con pesadillas de éxito y sueños de página en blanco?

    Tal vez, solo tal vez, resulta que ya no quiero escribir, sino solo trabajar, hacer deporte, salir con amigos los fines de semana, y, por una vez en mi vida, ser normal.

    Quizá, solo quizá, prefiero ocuparme de mi casa, hacer algo decente con ella y convertirla en algo más que el refugio de caos ordenado en el que me cobijo.

    Puede que quiera habitar mi vida sin pretender que sea nada más de lo que ya es. Sin proyecto, sin presión, sin ficción, ni metáfora, ni alegoría.

    Pero aquí estoy, tecleando a deshoras, sobre quién soy y quién quiero ser, con este gesto que me ancla en los 2000, porque es posible, solo posible, que nunca haya habido elección.

    O, por qué no, tal vez no se trata de elegir sino de asumir que soy la suma de todas y cada una de esas versiones, incluida esa que guarda en cajones historias de las que se avergüenza.

    Puede que mañana por la mañana vuelva al papel y al boli, como he hecho los últimos días, porque dejar de escribir nunca ha sido una opción. O puede que siga con los guiones. O con las novelas. O con el blog.

    _________
    PS: Acabo de darme cuenta de que aquí, en esta nueva realidad, quizá, el blog sea un animal nocturno, como lo era, qué curioso, curiosísimo, allá en los 2000.

    #bloqueoCreativo #cajónDeLosManuscritos #Diario #Escribir #escribirONoEscribir #escritora #escrituraCreativa #experiencias #guionVsNovela #identidadDeEscritora #indecisión #liminalidad #normalidadImposible #reflexiones #vueltaAlTrabajo
  8. Diez días

    Hace diez días que volví al mundo de los vivos y empecé a trabajar. Diez. Y ni siquiera puedo decir que hasta ahora no he tenido tiempo de pasarme por aquí para contarlo, porque sería mentira.

    Lo cierto es que en realidad no sé a qué mundo he vuelto. Y, peor todavía, tampoco tengo claro dónde quiero estar.

    Digo más, tampoco sé, ahora que he regresado, quién quiero ser.

    ¿Quiero ser esa mujer que escribe de todo y de nada en su blog, como si una parte de mí se hubiera quedado en los 2000? ¿Quiero escribir esa novela —o la otra, o la de más allá— que guardo en el cajón? ¿Quiero ir a ese festival de cine del próximo mes a intentar vender mi guion? ¿O lo mando directamente a las productoras afines? ¿O lo escondo en el cajón, junto a las mil novelas de las que me avergüenzo para que, igual que ellas, venga por las noches a torturarme con pesadillas de éxito y sueños de página en blanco?

    Tal vez, solo tal vez, resulta que ya no quiero escribir, sino solo trabajar, hacer deporte, salir con amigos los fines de semana, y, por una vez en mi vida, ser normal.

    Quizá, solo quizá, prefiero ocuparme de mi casa, hacer algo decente con ella y convertirla en algo más que el refugio de caos ordenado en el que me cobijo.

    Puede que quiera habitar mi vida sin pretender que sea nada más de lo que ya es. Sin proyecto, sin presión, sin ficción, ni metáfora, ni alegoría.

    Pero aquí estoy, tecleando a deshoras, sobre quién soy y quién quiero ser, con este gesto que me ancla en los 2000, porque es posible, solo posible, que nunca haya habido elección.

    O, por qué no, tal vez no se trata de elegir sino de asumir que soy la suma de todas y cada una de esas versiones, incluida esa que guarda en cajones historias de las que se avergüenza.

    Puede que mañana por la mañana vuelva al papel y al boli, como he hecho los últimos días, porque dejar de escribir nunca ha sido una opción. O puede que siga con los guiones. O con las novelas. O con el blog.

    _________
    PS: Acabo de darme cuenta de que aquí, en esta nueva realidad, quizá, el blog sea un animal nocturno, como lo era, qué curioso, curiosísimo, allá en los 2000.

    #bloqueoCreativo #cajónDeLosManuscritos #Diario #Escribir #escribirONoEscribir #escritora #escrituraCreativa #experiencias #guionVsNovela #identidadDeEscritora #indecisión #liminalidad #normalidadImposible #reflexiones #vueltaAlTrabajo
  9. Diez días

    Hace diez días que volví al mundo de los vivos y empecé a trabajar. Diez. Y ni siquiera puedo decir que hasta ahora no he tenido tiempo de pasarme por aquí para contarlo, porque sería mentira.

    Lo cierto es que en realidad no sé a qué mundo he vuelto. Y, peor todavía, tampoco tengo claro dónde quiero estar.

    Digo más, tampoco sé, ahora que he regresado, quién quiero ser.

    ¿Quiero ser esa mujer que escribe de todo y de nada en su blog, como si una parte de mí se hubiera quedado en los 2000? ¿Quiero escribir esa novela —o la otra, o la de más allá— que guardo en el cajón? ¿Quiero ir a ese festival de cine del próximo mes a intentar vender mi guion? ¿O lo mando directamente a las productoras afines? ¿O lo escondo en el cajón, junto a las mil novelas de las que me avergüenzo para que, igual que ellas, venga por las noches a torturarme con pesadillas de éxito y sueños de página en blanco?

    Tal vez, solo tal vez, resulta que ya no quiero escribir, sino solo trabajar, hacer deporte, salir con amigos los fines de semana, y, por una vez en mi vida, ser normal.

    Quizá, solo quizá, prefiero ocuparme de mi casa, hacer algo decente con ella y convertirla en algo más que el refugio de caos ordenado en el que me cobijo.

    Puede que quiera habitar mi vida sin pretender que sea nada más de lo que ya es. Sin proyecto, sin presión, sin ficción, ni metáfora, ni alegoría.

    Pero aquí estoy, tecleando a deshoras, sobre quién soy y quién quiero ser, con este gesto que me ancla en los 2000, porque es posible, solo posible, que nunca haya habido elección.

    O, por qué no, tal vez no se trata de elegir sino de asumir que soy la suma de todas y cada una de esas versiones, incluida esa que guarda en cajones historias de las que se avergüenza.

    Puede que mañana por la mañana vuelva al papel y al boli, como he hecho los últimos días, porque dejar de escribir nunca ha sido una opción. O puede que siga con los guiones. O con las novelas. O con el blog.

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    PS: Acabo de darme cuenta de que aquí, en esta nueva realidad, quizá, el blog sea un animal nocturno, como lo era, qué curioso, curiosísimo, allá en los 2000.

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  10. Diez días

    Hace diez días que volví al mundo de los vivos y empecé a trabajar. Diez. Y ni siquiera puedo decir que hasta ahora no he tenido tiempo de pasarme por aquí para contarlo, porque sería mentira.

    Lo cierto es que en realidad no sé a qué mundo he vuelto. Y, peor todavía, tampoco tengo claro dónde quiero estar.

    Digo más, tampoco sé, ahora que he regresado, quién quiero ser.

    ¿Quiero ser esa mujer que escribe de todo y de nada en su blog, como si una parte de mí se hubiera quedado en los 2000? ¿Quiero escribir esa novela —o la otra, o la de más allá— que guardo en el cajón? ¿Quiero ir a ese festival de cine del próximo mes a intentar vender mi guion? ¿O lo mando directamente a las productoras afines? ¿O lo escondo en el cajón, junto a las mil novelas de las que me avergüenzo para que, igual que ellas, venga por las noches a torturarme con pesadillas de éxito y sueños de página en blanco?

    Tal vez, solo tal vez, resulta que ya no quiero escribir, sino solo trabajar, hacer deporte, salir con amigos los fines de semana, y, por una vez en mi vida, ser normal.

    Quizá, solo quizá, prefiero ocuparme de mi casa, hacer algo decente con ella y convertirla en algo más que el refugio de caos ordenado en el que me cobijo.

    Puede que quiera habitar mi vida sin pretender que sea nada más de lo que ya es. Sin proyecto, sin presión, sin ficción, ni metáfora, ni alegoría.

    Pero aquí estoy, tecleando a deshoras, sobre quién soy y quién quiero ser, con este gesto que me ancla en los 2000, porque es posible, solo posible, que nunca haya habido elección.

    O, por qué no, tal vez no se trata de elegir sino de asumir que soy la suma de todas y cada una de esas versiones, incluida esa que guarda en cajones historias de las que se avergüenza.

    Puede que mañana por la mañana vuelva al papel y al boli, como he hecho los últimos días, porque dejar de escribir nunca ha sido una opción. O puede que siga con los guiones. O con las novelas. O con el blog.

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    PS: Acabo de darme cuenta de que aquí, en esta nueva realidad, quizá, el blog sea un animal nocturno, como lo era, qué curioso, curiosísimo, allá en los 2000.

    #bloqueoCreativo #cajónDeLosManuscritos #Diario #Escribir #escribirONoEscribir #escritora #escrituraCreativa #experiencias #guionVsNovela #identidadDeEscritora #indecisión #liminalidad #normalidadImposible #reflexiones #vueltaAlTrabajo
  11. Diez días

    Hace diez días que volví al mundo de los vivos y empecé a trabajar. Diez. Y ni siquiera puedo decir que hasta ahora no he tenido tiempo de pasarme por aquí para contarlo, porque sería mentira.

    Lo cierto es que en realidad no sé a qué mundo he vuelto. Y, peor todavía, tampoco tengo claro dónde quiero estar.

    Digo más, tampoco sé, ahora que he regresado, quién quiero ser.

    ¿Quiero ser esa mujer que escribe de todo y de nada en su blog, como si una parte de mí se hubiera quedado en los 2000? ¿Quiero escribir esa novela —o la otra, o la de más allá— que guardo en el cajón? ¿Quiero ir a ese festival de cine del próximo mes a intentar vender mi guion? ¿O lo mando directamente a las productoras afines? ¿O lo escondo en el cajón, junto a las mil novelas de las que me avergüenzo para que, igual que ellas, venga por las noches a torturarme con pesadillas de éxito y sueños de página en blanco?

    Tal vez, solo tal vez, resulta que ya no quiero escribir, sino solo trabajar, hacer deporte, salir con amigos los fines de semana, y, por una vez en mi vida, ser normal.

    Quizá, solo quizá, prefiero ocuparme de mi casa, hacer algo decente con ella y convertirla en algo más que el refugio de caos ordenado en el que me cobijo.

    Puede que quiera habitar mi vida sin pretender que sea nada más de lo que ya es. Sin proyecto, sin presión, sin ficción, ni metáfora, ni alegoría.

    Pero aquí estoy, tecleando a deshoras, sobre quién soy y quién quiero ser, con este gesto que me ancla en los 2000, porque es posible, solo posible, que nunca haya habido elección.

    O, por qué no, tal vez no se trata de elegir sino de asumir que soy la suma de todas y cada una de esas versiones, incluida esa que guarda en cajones historias de las que se avergüenza.

    Puede que mañana por la mañana vuelva al papel y al boli, como he hecho los últimos días, porque dejar de escribir nunca ha sido una opción. O puede que siga con los guiones. O con las novelas. O con el blog.

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    PS: Acabo de darme cuenta de que aquí, en esta nueva realidad, quizá, el blog sea un animal nocturno, como lo era, qué curioso, curiosísimo, allá en los 2000.

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  12. También nos puedes encontrar en TIKTOK (tranquilx no bailamos) tiktok.com/@crazy_mad_doctor_ #tiktok #experiencias #directos #terror

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  22. El vuelo de las mariposas

    Tengo el ánimo inquieto. Llevo un buen rato observando la página en blanco y las ideas que pasan frente a mí, como mariposas que revolotean a mi alrededor, pero nunca llegan a posarse sobre la mano que les tiendo.

    Tal vez una vida más aburrida y predecible, como tanto he deseado, es menos narrable. Dicen en ciertas escuelas de escritura que el conflicto es el centro de toda narración. Yo, como los japoneses, discrepo. Aunque narrar sin fuerzas opuestas visibles es, sin duda, más complejo.

    Bueno, no, en realidad, no.

    Lo difícil es hacer que el lector sienta interés por las aguas calmadas, especialmente en un tiempo en el que la tempestad y el oleaje es lo que más se incentiva.

    Quizá por eso también es tan difícil vivir bonito y despacio.

    Nos han acostumbrado tanto a los vientos huracanados y la tromba de agua que el chirimiri o cameta d’aranya, que diría mi madre, nos parece poca cosa y molesto al mismo tiempo.

    Pero yo quiero vivir despacio y, a poder ser, hacerlo bonito, aunque no acabo de saber muy bien por dónde empezar.

    Sí, vale, me levanto sin prisa, hago la cama, enciendo una vela aromática y preparo el café mientras escucho un podcast especialmente preparado para mis mañanas lentas. Después, me siento frente a la página en blanco y espero que la magia suceda.

    Es solo que, hasta ahora, esa página en blanco no era tanto placer como pura estrategia de supervivencia.

    Y ahora, que ya he sobrevivido, no sé muy bien qué hacer con ella.

    Puede que la respuesta que busco esté en describir el vuelo de la mariposa y no en esperar que se pose sobre mi palma.

    O, tal vez —solo tal vez—, la respuesta vuelve a estar en la ficción y ya no en el día a día.

    No lo sé.

    Seguramente, esto de vivir despacio requiere el cultivo paciente y constante de todas las disciplinas artísticas.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #ficciónYRealidad #inspiración #liminalidad #Mallorca #mariposas #reflexiones #vivirDespacio
  23. El vuelo de las mariposas

    Tengo el ánimo inquieto. Llevo un buen rato observando la página en blanco y las ideas que pasan frente a mí, como mariposas que revolotean a mi alrededor, pero nunca llegan a posarse sobre la mano que les tiendo.

    Tal vez una vida más aburrida y predecible, como tanto he deseado, es menos narrable. Dicen en ciertas escuelas de escritura que el conflicto es el centro de toda narración. Yo, como los japoneses, discrepo. Aunque narrar sin fuerzas opuestas visibles es, sin duda, más complejo.

    Bueno, no, en realidad, no.

    Lo difícil es hacer que el lector sienta interés por las aguas calmadas, especialmente en un tiempo en el que la tempestad y el oleaje es lo que más se incentiva.

    Quizá por eso también es tan difícil vivir bonito y despacio.

    Nos han acostumbrado tanto a los vientos huracanados y la tromba de agua que el chirimiri o cameta d’aranya, que diría mi madre, nos parece poca cosa y molesto al mismo tiempo.

    Pero yo quiero vivir despacio y, a poder ser, hacerlo bonito, aunque no acabo de saber muy bien por dónde empezar.

    Sí, vale, me levanto sin prisa, hago la cama, enciendo una vela aromática y preparo el café mientras escucho un podcast especialmente preparado para mis mañanas lentas. Después, me siento frente a la página en blanco y espero que la magia suceda.

    Es solo que, hasta ahora, esa página en blanco no era tanto placer como pura estrategia de supervivencia.

    Y ahora, que ya he sobrevivido, no sé muy bien qué hacer con ella.

    Puede que la respuesta que busco esté en describir el vuelo de la mariposa y no en esperar que se pose sobre mi palma.

    O, tal vez —solo tal vez—, la respuesta vuelve a estar en la ficción y ya no en el día a día.

    No lo sé.

    Seguramente, esto de vivir despacio requiere el cultivo paciente y constante de todas las disciplinas artísticas.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #ficciónYRealidad #inspiración #liminalidad #Mallorca #mariposas #reflexiones #vivirDespacio
  24. El vuelo de las mariposas

    Tengo el ánimo inquieto. Llevo un buen rato observando la página en blanco y las ideas que pasan frente a mí, como mariposas que revolotean a mi alrededor, pero nunca llegan a posarse sobre la mano que les tiendo.

    Tal vez una vida más aburrida y predecible, como tanto he deseado, es menos narrable. Dicen en ciertas escuelas de escritura que el conflicto es el centro de toda narración. Yo, como los japoneses, discrepo. Aunque narrar sin fuerzas opuestas visibles es, sin duda, más complejo.

    Bueno, no, en realidad, no.

    Lo difícil es hacer que el lector sienta interés por las aguas calmadas, especialmente en un tiempo en el que la tempestad y el oleaje es lo que más se incentiva.

    Quizá por eso también es tan difícil vivir bonito y despacio.

    Nos han acostumbrado tanto a los vientos huracanados y la tromba de agua que el chirimiri o cameta d’aranya, que diría mi madre, nos parece poca cosa y molesto al mismo tiempo.

    Pero yo quiero vivir despacio y, a poder ser, hacerlo bonito, aunque no acabo de saber muy bien por dónde empezar.

    Sí, vale, me levanto sin prisa, hago la cama, enciendo una vela aromática y preparo el café mientras escucho un podcast especialmente preparado para mis mañanas lentas. Después, me siento frente a la página en blanco y espero que la magia suceda.

    Es solo que, hasta ahora, esa página en blanco no era tanto placer como pura estrategia de supervivencia.

    Y ahora, que ya he sobrevivido, no sé muy bien qué hacer con ella.

    Puede que la respuesta que busco esté en describir el vuelo de la mariposa y no en esperar que se pose sobre mi palma.

    O, tal vez —solo tal vez—, la respuesta vuelve a estar en la ficción y ya no en el día a día.

    No lo sé.

    Seguramente, esto de vivir despacio requiere el cultivo paciente y constante de todas las disciplinas artísticas.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #ficciónYRealidad #inspiración #liminalidad #Mallorca #mariposas #reflexiones #vivirDespacio
  25. El vuelo de las mariposas

    Tengo el ánimo inquieto. Llevo un buen rato observando la página en blanco y las ideas que pasan frente a mí, como mariposas que revolotean a mi alrededor, pero nunca llegan a posarse sobre la mano que les tiendo.

    Tal vez una vida más aburrida y predecible, como tanto he deseado, es menos narrable. Dicen en ciertas escuelas de escritura que el conflicto es el centro de toda narración. Yo, como los japoneses, discrepo. Aunque narrar sin fuerzas opuestas visibles es, sin duda, más complejo.

    Bueno, no, en realidad, no.

    Lo difícil es hacer que el lector sienta interés por las aguas calmadas, especialmente en un tiempo en el que la tempestad y el oleaje es lo que más se incentiva.

    Quizá por eso también es tan difícil vivir bonito y despacio.

    Nos han acostumbrado tanto a los vientos huracanados y la tromba de agua que el chirimiri o cameta d’aranya, que diría mi madre, nos parece poca cosa y molesto al mismo tiempo.

    Pero yo quiero vivir despacio y, a poder ser, hacerlo bonito, aunque no acabo de saber muy bien por dónde empezar.

    Sí, vale, me levanto sin prisa, hago la cama, enciendo una vela aromática y preparo el café mientras escucho un podcast especialmente preparado para mis mañanas lentas. Después, me siento frente a la página en blanco y espero que la magia suceda.

    Es solo que, hasta ahora, esa página en blanco no era tanto placer como pura estrategia de supervivencia.

    Y ahora, que ya he sobrevivido, no sé muy bien qué hacer con ella.

    Puede que la respuesta que busco esté en describir el vuelo de la mariposa y no en esperar que se pose sobre mi palma.

    O, tal vez —solo tal vez—, la respuesta vuelve a estar en la ficción y ya no en el día a día.

    No lo sé.

    Seguramente, esto de vivir despacio requiere el cultivo paciente y constante de todas las disciplinas artísticas.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #ficciónYRealidad #inspiración #liminalidad #Mallorca #mariposas #reflexiones #vivirDespacio
  26. El vuelo de las mariposas

    Tengo el ánimo inquieto. Llevo un buen rato observando la página en blanco y las ideas que pasan frente a mí, como mariposas que revolotean a mi alrededor, pero nunca llegan a posarse sobre la mano que les tiendo.

    Tal vez una vida más aburrida y predecible, como tanto he deseado, es menos narrable. Dicen en ciertas escuelas de escritura que el conflicto es el centro de toda narración. Yo, como los japoneses, discrepo. Aunque narrar sin fuerzas opuestas visibles es, sin duda, más complejo.

    Bueno, no, en realidad, no.

    Lo difícil es hacer que el lector sienta interés por las aguas calmadas, especialmente en un tiempo en el que la tempestad y el oleaje es lo que más se incentiva.

    Quizá por eso también es tan difícil vivir bonito y despacio.

    Nos han acostumbrado tanto a los vientos huracanados y la tromba de agua que el chirimiri o cameta d’aranya, que diría mi madre, nos parece poca cosa y molesto al mismo tiempo.

    Pero yo quiero vivir despacio y, a poder ser, hacerlo bonito, aunque no acabo de saber muy bien por dónde empezar.

    Sí, vale, me levanto sin prisa, hago la cama, enciendo una vela aromática y preparo el café mientras escucho un podcast especialmente preparado para mis mañanas lentas. Después, me siento frente a la página en blanco y espero que la magia suceda.

    Es solo que, hasta ahora, esa página en blanco no era tanto placer como pura estrategia de supervivencia.

    Y ahora, que ya he sobrevivido, no sé muy bien qué hacer con ella.

    Puede que la respuesta que busco esté en describir el vuelo de la mariposa y no en esperar que se pose sobre mi palma.

    O, tal vez —solo tal vez—, la respuesta vuelve a estar en la ficción y ya no en el día a día.

    No lo sé.

    Seguramente, esto de vivir despacio requiere el cultivo paciente y constante de todas las disciplinas artísticas.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #ficciónYRealidad #inspiración #liminalidad #Mallorca #mariposas #reflexiones #vivirDespacio
  27. El algoritmo no exige nada

    Hay una mentira moderna que la gente repite con la misma fe con la que antes repetía horóscopos, sermones o discursos políticos:

    “El algoritmo me obliga.”

    No.

    El algoritmo no obliga a nadie.

    No entra a tu casa. No te apunta con un arma. No te despierta a las tres de la mañana para recordarte que debes publicar una historia mostrando tu desayuno, tu opinión política o la foto número quinientas de tu gimnasio.

    Lo que existe es algo mucho más incómodo de admitir:

    La necesidad de atención.

    Durante años las redes sociales convencieron a millones de personas de que existir y ser visto eran la misma cosa. Que si nadie reaccionaba, comentaba o compartía, entonces algo estaba mal.

    Así nació una generación de personas que ya no vive experiencias: las documenta.

    Ya no piensa: reacciona.

    Ya no conversa: publica.

    Ya no observa el mundo: observa estadísticas.

    Y cuando la ansiedad aparece, cuando el cansancio llega, cuando la mente se siente saturada de noticias, peleas, tendencias, indignaciones y escándalos diarios, aparece la excusa perfecta:

    “Es culpa del algoritmo.”

    Pero no.

    El algoritmo no es el autor de ese agotamiento.

    Es apenas un espejo que refleja comportamientos humanos que existían mucho antes de internet: la necesidad de pertenecer, de ser reconocido, de tener razón y de sentirse importante.

    Por eso resulta curioso ver a tantas personas anunciar públicamente que van a desconectarse.

    Publican cuatro historias explicando que necesitan alejarse de las redes.

    Es decir, convierten su salida de las redes en contenido para las redes.

    La desconexión también termina siendo parte del espectáculo.

    Y quizás ahí está la verdadera trampa.

    No en los algoritmos.

    No en Instagram.

    No en X.

    No en TikTok.

    Sino en haber entregado nuestra capacidad de decidir.

    Porque nadie está obligado a publicar todos los días.

    Nadie está obligado a opinar sobre cada noticia.

    Nadie está obligado a participar en cada pelea política.

    Nadie está obligado a consumir diez horas diarias de ruido digital.

    La mayoría simplemente eligió hacerlo durante tanto tiempo que terminó creyendo que ya no tenía elección.

    Mientras tanto, las plataformas siguen funcionando exactamente igual.

    Los políticos siguen manipulando.

    Los medios siguen exagerando.

    Las granjas de bots siguen fabricando conversaciones artificiales.

    Y millones de usuarios siguen confundiendo una tendencia con la realidad.

    Porque la verdad más incómoda de internet es que las redes sociales no representan necesariamente lo que piensa la gente.

    Representan lo que grita más duro.

    Representan lo que genera más reacción.

    Representan lo que produce más clics.

    Representan lo que más dinero mueve.

    Nada más.

    Por eso cada vez que alguien afirma que “todo el mundo está hablando de esto”, vale la pena hacerse una pregunta sencilla:

    ¿Todo el mundo?

    ¿O simplemente los mismos miles de perfiles atrapados dentro de la misma pantalla?

    Quizás la realidad sigue estando donde siempre estuvo.

    En la calle.

    En una conversación sin cámaras.

    En un libro.

    En una caminata.

    En el silencio.

    Porque fuera de internet existe una verdad que los algoritmos jamás podrán alterar:

    La vida continúa aunque nadie la publique.

    @elmandelacamara

    Escrito lejos del ruido.
    Sin Facebook. Sin X. Sin LinkedIn. Sin TikTok.

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  28. El algoritmo no exige nada

    Hay una mentira moderna que la gente repite con la misma fe con la que antes repetía horóscopos, sermones o discursos políticos:

    “El algoritmo me obliga.”

    No.

    El algoritmo no obliga a nadie.

    No entra a tu casa. No te apunta con un arma. No te despierta a las tres de la mañana para recordarte que debes publicar una historia mostrando tu desayuno, tu opinión política o la foto número quinientas de tu gimnasio.

    Lo que existe es algo mucho más incómodo de admitir:

    La necesidad de atención.

    Durante años las redes sociales convencieron a millones de personas de que existir y ser visto eran la misma cosa. Que si nadie reaccionaba, comentaba o compartía, entonces algo estaba mal.

    Así nació una generación de personas que ya no vive experiencias: las documenta.

    Ya no piensa: reacciona.

    Ya no conversa: publica.

    Ya no observa el mundo: observa estadísticas.

    Y cuando la ansiedad aparece, cuando el cansancio llega, cuando la mente se siente saturada de noticias, peleas, tendencias, indignaciones y escándalos diarios, aparece la excusa perfecta:

    “Es culpa del algoritmo.”

    Pero no.

    El algoritmo no es el autor de ese agotamiento.

    Es apenas un espejo que refleja comportamientos humanos que existían mucho antes de internet: la necesidad de pertenecer, de ser reconocido, de tener razón y de sentirse importante.

    Por eso resulta curioso ver a tantas personas anunciar públicamente que van a desconectarse.

    Publican cuatro historias explicando que necesitan alejarse de las redes.

    Es decir, convierten su salida de las redes en contenido para las redes.

    La desconexión también termina siendo parte del espectáculo.

    Y quizás ahí está la verdadera trampa.

    No en los algoritmos.

    No en Instagram.

    No en X.

    No en TikTok.

    Sino en haber entregado nuestra capacidad de decidir.

    Porque nadie está obligado a publicar todos los días.

    Nadie está obligado a opinar sobre cada noticia.

    Nadie está obligado a participar en cada pelea política.

    Nadie está obligado a consumir diez horas diarias de ruido digital.

    La mayoría simplemente eligió hacerlo durante tanto tiempo que terminó creyendo que ya no tenía elección.

    Mientras tanto, las plataformas siguen funcionando exactamente igual.

    Los políticos siguen manipulando.

    Los medios siguen exagerando.

    Las granjas de bots siguen fabricando conversaciones artificiales.

    Y millones de usuarios siguen confundiendo una tendencia con la realidad.

    Porque la verdad más incómoda de internet es que las redes sociales no representan necesariamente lo que piensa la gente.

    Representan lo que grita más duro.

    Representan lo que genera más reacción.

    Representan lo que produce más clics.

    Representan lo que más dinero mueve.

    Nada más.

    Por eso cada vez que alguien afirma que “todo el mundo está hablando de esto”, vale la pena hacerse una pregunta sencilla:

    ¿Todo el mundo?

    ¿O simplemente los mismos miles de perfiles atrapados dentro de la misma pantalla?

    Quizás la realidad sigue estando donde siempre estuvo.

    En la calle.

    En una conversación sin cámaras.

    En un libro.

    En una caminata.

    En el silencio.

    Porque fuera de internet existe una verdad que los algoritmos jamás podrán alterar:

    La vida continúa aunque nadie la publique.

    @elmandelacamara

    Escrito lejos del ruido.
    Sin Facebook. Sin X. Sin LinkedIn. Sin TikTok.

    #algoritmos #atenciónDigital #Bogotá #bots #Cali #Caliwood #Colombia #culturaDigital #desconexiónDigital #dignidad #economíaDeLaAtención #elmandelacamara #Ensayo #experiencias #Facebook #fanatismo #granjasDeBots #instagram #Internet #LinkedIn #mediosDeComunicación #opiniónPública #pensamientoCrítico #redes #redesSociales #Sociedad #Tecnología #TikTok #vidaDigital #x #Zoociedad
  29. El algoritmo no exige nada

    Hay una mentira moderna que la gente repite con la misma fe con la que antes repetía horóscopos, sermones o discursos políticos:

    “El algoritmo me obliga.”

    No.

    El algoritmo no obliga a nadie.

    No entra a tu casa. No te apunta con un arma. No te despierta a las tres de la mañana para recordarte que debes publicar una historia mostrando tu desayuno, tu opinión política o la foto número quinientas de tu gimnasio.

    Lo que existe es algo mucho más incómodo de admitir:

    La necesidad de atención.

    Durante años las redes sociales convencieron a millones de personas de que existir y ser visto eran la misma cosa. Que si nadie reaccionaba, comentaba o compartía, entonces algo estaba mal.

    Así nació una generación de personas que ya no vive experiencias: las documenta.

    Ya no piensa: reacciona.

    Ya no conversa: publica.

    Ya no observa el mundo: observa estadísticas.

    Y cuando la ansiedad aparece, cuando el cansancio llega, cuando la mente se siente saturada de noticias, peleas, tendencias, indignaciones y escándalos diarios, aparece la excusa perfecta:

    “Es culpa del algoritmo.”

    Pero no.

    El algoritmo no es el autor de ese agotamiento.

    Es apenas un espejo que refleja comportamientos humanos que existían mucho antes de internet: la necesidad de pertenecer, de ser reconocido, de tener razón y de sentirse importante.

    Por eso resulta curioso ver a tantas personas anunciar públicamente que van a desconectarse.

    Publican cuatro historias explicando que necesitan alejarse de las redes.

    Es decir, convierten su salida de las redes en contenido para las redes.

    La desconexión también termina siendo parte del espectáculo.

    Y quizás ahí está la verdadera trampa.

    No en los algoritmos.

    No en Instagram.

    No en X.

    No en TikTok.

    Sino en haber entregado nuestra capacidad de decidir.

    Porque nadie está obligado a publicar todos los días.

    Nadie está obligado a opinar sobre cada noticia.

    Nadie está obligado a participar en cada pelea política.

    Nadie está obligado a consumir diez horas diarias de ruido digital.

    La mayoría simplemente eligió hacerlo durante tanto tiempo que terminó creyendo que ya no tenía elección.

    Mientras tanto, las plataformas siguen funcionando exactamente igual.

    Los políticos siguen manipulando.

    Los medios siguen exagerando.

    Las granjas de bots siguen fabricando conversaciones artificiales.

    Y millones de usuarios siguen confundiendo una tendencia con la realidad.

    Porque la verdad más incómoda de internet es que las redes sociales no representan necesariamente lo que piensa la gente.

    Representan lo que grita más duro.

    Representan lo que genera más reacción.

    Representan lo que produce más clics.

    Representan lo que más dinero mueve.

    Nada más.

    Por eso cada vez que alguien afirma que “todo el mundo está hablando de esto”, vale la pena hacerse una pregunta sencilla:

    ¿Todo el mundo?

    ¿O simplemente los mismos miles de perfiles atrapados dentro de la misma pantalla?

    Quizás la realidad sigue estando donde siempre estuvo.

    En la calle.

    En una conversación sin cámaras.

    En un libro.

    En una caminata.

    En el silencio.

    Porque fuera de internet existe una verdad que los algoritmos jamás podrán alterar:

    La vida continúa aunque nadie la publique.

    @elmandelacamara

    Escrito lejos del ruido.
    Sin Facebook. Sin X. Sin LinkedIn. Sin TikTok.

    #algoritmos #atenciónDigital #Bogotá #bots #Cali #Caliwood #Colombia #culturaDigital #desconexiónDigital #dignidad #economíaDeLaAtención #elmandelacamara #Ensayo #experiencias #Facebook #fanatismo #granjasDeBots #instagram #Internet #LinkedIn #mediosDeComunicación #opiniónPública #pensamientoCrítico #redes #redesSociales #Sociedad #Tecnología #TikTok #vidaDigital #x #Zoociedad
  30. El algoritmo no exige nada

    Hay una mentira moderna que la gente repite con la misma fe con la que antes repetía horóscopos, sermones o discursos políticos:

    “El algoritmo me obliga.”

    No.

    El algoritmo no obliga a nadie.

    No entra a tu casa. No te apunta con un arma. No te despierta a las tres de la mañana para recordarte que debes publicar una historia mostrando tu desayuno, tu opinión política o la foto número quinientas de tu gimnasio.

    Lo que existe es algo mucho más incómodo de admitir:

    La necesidad de atención.

    Durante años las redes sociales convencieron a millones de personas de que existir y ser visto eran la misma cosa. Que si nadie reaccionaba, comentaba o compartía, entonces algo estaba mal.

    Así nació una generación de personas que ya no vive experiencias: las documenta.

    Ya no piensa: reacciona.

    Ya no conversa: publica.

    Ya no observa el mundo: observa estadísticas.

    Y cuando la ansiedad aparece, cuando el cansancio llega, cuando la mente se siente saturada de noticias, peleas, tendencias, indignaciones y escándalos diarios, aparece la excusa perfecta:

    “Es culpa del algoritmo.”

    Pero no.

    El algoritmo no es el autor de ese agotamiento.

    Es apenas un espejo que refleja comportamientos humanos que existían mucho antes de internet: la necesidad de pertenecer, de ser reconocido, de tener razón y de sentirse importante.

    Por eso resulta curioso ver a tantas personas anunciar públicamente que van a desconectarse.

    Publican cuatro historias explicando que necesitan alejarse de las redes.

    Es decir, convierten su salida de las redes en contenido para las redes.

    La desconexión también termina siendo parte del espectáculo.

    Y quizás ahí está la verdadera trampa.

    No en los algoritmos.

    No en Instagram.

    No en X.

    No en TikTok.

    Sino en haber entregado nuestra capacidad de decidir.

    Porque nadie está obligado a publicar todos los días.

    Nadie está obligado a opinar sobre cada noticia.

    Nadie está obligado a participar en cada pelea política.

    Nadie está obligado a consumir diez horas diarias de ruido digital.

    La mayoría simplemente eligió hacerlo durante tanto tiempo que terminó creyendo que ya no tenía elección.

    Mientras tanto, las plataformas siguen funcionando exactamente igual.

    Los políticos siguen manipulando.

    Los medios siguen exagerando.

    Las granjas de bots siguen fabricando conversaciones artificiales.

    Y millones de usuarios siguen confundiendo una tendencia con la realidad.

    Porque la verdad más incómoda de internet es que las redes sociales no representan necesariamente lo que piensa la gente.

    Representan lo que grita más duro.

    Representan lo que genera más reacción.

    Representan lo que produce más clics.

    Representan lo que más dinero mueve.

    Nada más.

    Por eso cada vez que alguien afirma que “todo el mundo está hablando de esto”, vale la pena hacerse una pregunta sencilla:

    ¿Todo el mundo?

    ¿O simplemente los mismos miles de perfiles atrapados dentro de la misma pantalla?

    Quizás la realidad sigue estando donde siempre estuvo.

    En la calle.

    En una conversación sin cámaras.

    En un libro.

    En una caminata.

    En el silencio.

    Porque fuera de internet existe una verdad que los algoritmos jamás podrán alterar:

    La vida continúa aunque nadie la publique.

    @elmandelacamara

    Escrito lejos del ruido.
    Sin Facebook. Sin X. Sin LinkedIn. Sin TikTok.

    #algoritmos #atenciónDigital #Bogotá #bots #Cali #Caliwood #Colombia #culturaDigital #desconexiónDigital #dignidad #economíaDeLaAtención #elmandelacamara #Ensayo #experiencias #Facebook #fanatismo #granjasDeBots #instagram #Internet #LinkedIn #mediosDeComunicación #opiniónPública #pensamientoCrítico #redes #redesSociales #Sociedad #Tecnología #TikTok #vidaDigital #x #Zoociedad
  31. El algoritmo no exige nada

    Hay una mentira moderna que la gente repite con la misma fe con la que antes repetía horóscopos, sermones o discursos políticos:

    “El algoritmo me obliga.”

    No.

    El algoritmo no obliga a nadie.

    No entra a tu casa. No te apunta con un arma. No te despierta a las tres de la mañana para recordarte que debes publicar una historia mostrando tu desayuno, tu opinión política o la foto número quinientas de tu gimnasio.

    Lo que existe es algo mucho más incómodo de admitir:

    La necesidad de atención.

    Durante años las redes sociales convencieron a millones de personas de que existir y ser visto eran la misma cosa. Que si nadie reaccionaba, comentaba o compartía, entonces algo estaba mal.

    Así nació una generación de personas que ya no vive experiencias: las documenta.

    Ya no piensa: reacciona.

    Ya no conversa: publica.

    Ya no observa el mundo: observa estadísticas.

    Y cuando la ansiedad aparece, cuando el cansancio llega, cuando la mente se siente saturada de noticias, peleas, tendencias, indignaciones y escándalos diarios, aparece la excusa perfecta:

    “Es culpa del algoritmo.”

    Pero no.

    El algoritmo no es el autor de ese agotamiento.

    Es apenas un espejo que refleja comportamientos humanos que existían mucho antes de internet: la necesidad de pertenecer, de ser reconocido, de tener razón y de sentirse importante.

    Por eso resulta curioso ver a tantas personas anunciar públicamente que van a desconectarse.

    Publican cuatro historias explicando que necesitan alejarse de las redes.

    Es decir, convierten su salida de las redes en contenido para las redes.

    La desconexión también termina siendo parte del espectáculo.

    Y quizás ahí está la verdadera trampa.

    No en los algoritmos.

    No en Instagram.

    No en X.

    No en TikTok.

    Sino en haber entregado nuestra capacidad de decidir.

    Porque nadie está obligado a publicar todos los días.

    Nadie está obligado a opinar sobre cada noticia.

    Nadie está obligado a participar en cada pelea política.

    Nadie está obligado a consumir diez horas diarias de ruido digital.

    La mayoría simplemente eligió hacerlo durante tanto tiempo que terminó creyendo que ya no tenía elección.

    Mientras tanto, las plataformas siguen funcionando exactamente igual.

    Los políticos siguen manipulando.

    Los medios siguen exagerando.

    Las granjas de bots siguen fabricando conversaciones artificiales.

    Y millones de usuarios siguen confundiendo una tendencia con la realidad.

    Porque la verdad más incómoda de internet es que las redes sociales no representan necesariamente lo que piensa la gente.

    Representan lo que grita más duro.

    Representan lo que genera más reacción.

    Representan lo que produce más clics.

    Representan lo que más dinero mueve.

    Nada más.

    Por eso cada vez que alguien afirma que “todo el mundo está hablando de esto”, vale la pena hacerse una pregunta sencilla:

    ¿Todo el mundo?

    ¿O simplemente los mismos miles de perfiles atrapados dentro de la misma pantalla?

    Quizás la realidad sigue estando donde siempre estuvo.

    En la calle.

    En una conversación sin cámaras.

    En un libro.

    En una caminata.

    En el silencio.

    Porque fuera de internet existe una verdad que los algoritmos jamás podrán alterar:

    La vida continúa aunque nadie la publique.

    @elmandelacamara

    Escrito lejos del ruido.
    Sin Facebook. Sin X. Sin LinkedIn. Sin TikTok.

    #algoritmos #atenciónDigital #Bogotá #bots #Cali #Caliwood #Colombia #culturaDigital #desconexiónDigital #dignidad #economíaDeLaAtención #elmandelacamara #Ensayo #experiencias #Facebook #fanatismo #granjasDeBots #instagram #Internet #LinkedIn #mediosDeComunicación #opiniónPública #pensamientoCrítico #redes #redesSociales #Sociedad #Tecnología #TikTok #vidaDigital #x #Zoociedad
  32. ╰┈➤ Todos tenemos un lore que no se ve a primera vista.

    La gente conoce una parte de nosotros: lo que contamos, lo que enseñamos, las decisiones que hemos tomado.
    Pero se pierde todo lo que hubo antes.
    Las veces que nos equivocamos, lo que aguantamos en silencio, las personas que nos cambiaron, las que nos hicieron daño y aquellas que simplemente pasaron por nuestra vida sin saber lo importantes que acabarían siendo.

    Por eso a veces juzgamos demasiado rápido.
    Vemos a alguien reaccionar de una manera y pensamos que exagera, que es frío, que desconfía demasiado o que tiene una manía absurda.
    Y resulta que detrás hay un lore que nosotros no hemos leído.

    También pasa con uno mismo.
    Hay cosas que hacemos hoy que ni siquiera entendemos del todo hasta que miramos hacia atrás y juntamos las piezas.

    Así que sí, todos tenemos nuestro lore.
    Y algunos capítulos, directamente, no son para contarlos en la primera cita. 😂

    ╰┈➤ ✦ ───────── ✦

    #psicologiacotidiana #reflexiones #vidareal #emociones #personas #historias #experiencias #lore

  33. ╰┈➤ Todos tenemos un lore que no se ve a primera vista.

    La gente conoce una parte de nosotros: lo que contamos, lo que enseñamos, las decisiones que hemos tomado.
    Pero se pierde todo lo que hubo antes.
    Las veces que nos equivocamos, lo que aguantamos en silencio, las personas que nos cambiaron, las que nos hicieron daño y aquellas que simplemente pasaron por nuestra vida sin saber lo importantes que acabarían siendo.

    Por eso a veces juzgamos demasiado rápido.
    Vemos a alguien reaccionar de una manera y pensamos que exagera, que es frío, que desconfía demasiado o que tiene una manía absurda.
    Y resulta que detrás hay un lore que nosotros no hemos leído.

    También pasa con uno mismo.
    Hay cosas que hacemos hoy que ni siquiera entendemos del todo hasta que miramos hacia atrás y juntamos las piezas.

    Así que sí, todos tenemos nuestro lore.
    Y algunos capítulos, directamente, no son para contarlos en la primera cita. 😂

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  34. También nos puedes encontrar en TIKTOK (tranquilx no bailamos) tiktok.com/@crazy_mad_doctor_ #tiktok #experiencias #directos #terror

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