#experiencias — Public Fediverse posts
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Projeto Hortênsia leva estudantes de Gramado a experiências de hospitalidade e conexão com a identidade da cidade
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Diez días
Hace diez días que volví al mundo de los vivos y empecé a trabajar. Diez. Y ni siquiera puedo decir que hasta ahora no he tenido tiempo de pasarme por aquí para contarlo, porque sería mentira.
Lo cierto es que en realidad no sé a qué mundo he vuelto. Y, peor todavía, tampoco tengo claro dónde quiero estar.
Digo más, tampoco sé, ahora que he regresado, quién quiero ser.
¿Quiero ser esa mujer que escribe de todo y de nada en su blog, como si una parte de mí se hubiera quedado en los 2000? ¿Quiero escribir esa novela —o la otra, o la de más allá— que guardo en el cajón? ¿Quiero ir a ese festival de cine del próximo mes a intentar vender mi guion? ¿O lo mando directamente a las productoras afines? ¿O lo escondo en el cajón, junto a las mil novelas de las que me avergüenzo para que, igual que ellas, venga por las noches a torturarme con pesadillas de éxito y sueños de página en blanco?
Tal vez, solo tal vez, resulta que ya no quiero escribir, sino solo trabajar, hacer deporte, salir con amigos los fines de semana, y, por una vez en mi vida, ser normal.
Quizá, solo quizá, prefiero ocuparme de mi casa, hacer algo decente con ella y convertirla en algo más que el refugio de caos ordenado en el que me cobijo.
Puede que quiera habitar mi vida sin pretender que sea nada más de lo que ya es. Sin proyecto, sin presión, sin ficción, ni metáfora, ni alegoría.
Pero aquí estoy, tecleando a deshoras, sobre quién soy y quién quiero ser, con este gesto que me ancla en los 2000, porque es posible, solo posible, que nunca haya habido elección.
O, por qué no, tal vez no se trata de elegir sino de asumir que soy la suma de todas y cada una de esas versiones, incluida esa que guarda en cajones historias de las que se avergüenza.
Puede que mañana por la mañana vuelva al papel y al boli, como he hecho los últimos días, porque dejar de escribir nunca ha sido una opción. O puede que siga con los guiones. O con las novelas. O con el blog.
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#bloqueoCreativo #cajónDeLosManuscritos #Diario #Escribir #escribirONoEscribir #escritora #escrituraCreativa #experiencias #guionVsNovela #identidadDeEscritora #indecisión #liminalidad #normalidadImposible #reflexiones #vueltaAlTrabajo
PS: Acabo de darme cuenta de que aquí, en esta nueva realidad, quizá, el blog sea un animal nocturno, como lo era, qué curioso, curiosísimo, allá en los 2000. -
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Un día tonto
Menudo día tonto estoy teniendo. Sé que es normal, que de estos también hay, pero eso no lo hace más llevadero.
Lo peor es que no ha pasado nada. Es decir, no hay un motivo concreto que justifique la tontería que padezco. Aunque, ahora que lo pienso, es posible que por ese motivo lo sienta como tonto y no como malestar, infelicidad, dolor o cualquier otra cosa.
Por lo visto, soy una persona terriblemente racional que necesita que todo tenga su causa, su porqué, su sentido. A pesar de que, a la hora de la verdad, yo soy más de seguir corazonadas que estrategias. Es más, lo de ser una brújula no es algo que aplique en exclusiva a mi escritura. Para nada. Lo de guiarme por una brújula interior, o una suerte de sonar del alma o de ecolocalización del corazón, es algo que se aplica a mi vida al completo. Y no me va mal. Al contrario. Pero, siendo esto así, no sé por qué me angustio tanto.
Dice mi psicóloga que esa angustia es, en realidad, ansiedad. Que no me apure, que es el mal de este siglo, que padecerla me hace más normal, más del montón, que es, según le digo una sesión tras otra, lo que más deseo ser. Que la terapia ayudará. Que me centre en el presente. Que deje seguir su curso lo que no está en mi mano y no puedo controlar.
—Inspira… Aguanta el aire… Un poco más… Exhala despacio… Repite…—
Ansiedad y un poco de trauma, ese creo que es el diagnóstico, para nada espectacular, pero sí bastante tocanarices, cuando de funcionar con normalidad se trata. Y sí, la meditación ayuda. Pero no es suficiente —o quita más tiempo que tranquilidad te da—. También ayudaba el deporte, hasta que el cuerpo dijo basta. Y el yoga…
Quizás tendría que volver al yoga. O probar el pilates. ¿No han sacado nada nuevo ahora que esté de moda y te prometa un cuerpo —y sin dolor— y tranquilidad del alma?
O, tal vez, quién sabe, tendría que aprender a fiarme de mi ecolocalizador interior y comprender que si tengo un día tonto, quizás sea porque el cuerpo y el alma me piden un poco de recogimiento y calma.
#ansiedad #autocuidado #Blog #díasTontos #Diario #Escribir #escrituraCreativa #experiencias #introspección #reflexiones #saludMental #terapia -
Un día tonto
Menudo día tonto estoy teniendo. Sé que es normal, que de estos también hay, pero eso no lo hace más llevadero.
Lo peor es que no ha pasado nada. Es decir, no hay un motivo concreto que justifique la tontería que padezco. Aunque, ahora que lo pienso, es posible que por ese motivo lo sienta como tonto y no como malestar, infelicidad, dolor o cualquier otra cosa.
Por lo visto, soy una persona terriblemente racional que necesita que todo tenga su causa, su porqué, su sentido. A pesar de que, a la hora de la verdad, yo soy más de seguir corazonadas que estrategias. Es más, lo de ser una brújula no es algo que aplique en exclusiva a mi escritura. Para nada. Lo de guiarme por una brújula interior, o una suerte de sonar del alma o de ecolocalización del corazón, es algo que se aplica a mi vida al completo. Y no me va mal. Al contrario. Pero, siendo esto así, no sé por qué me angustio tanto.
Dice mi psicóloga que esa angustia es, en realidad, ansiedad. Que no me apure, que es el mal de este siglo, que padecerla me hace más normal, más del montón, que es, según le digo una sesión tras otra, lo que más deseo ser. Que la terapia ayudará. Que me centre en el presente. Que deje seguir su curso lo que no está en mi mano y no puedo controlar.
—Inspira… Aguanta el aire… Un poco más… Exhala despacio… Repite…—
Ansiedad y un poco de trauma, ese creo que es el diagnóstico, para nada espectacular, pero sí bastante tocanarices, cuando de funcionar con normalidad se trata. Y sí, la meditación ayuda. Pero no es suficiente —o quita más tiempo que tranquilidad te da—. También ayudaba el deporte, hasta que el cuerpo dijo basta. Y el yoga…
Quizás tendría que volver al yoga. O probar el pilates. ¿No han sacado nada nuevo ahora que esté de moda y te prometa un cuerpo —y sin dolor— y tranquilidad del alma?
O, tal vez, quién sabe, tendría que aprender a fiarme de mi ecolocalizador interior y comprender que si tengo un día tonto, quizás sea porque el cuerpo y el alma me piden un poco de recogimiento y calma.
#ansiedad #autocuidado #Blog #díasTontos #Diario #Escribir #escrituraCreativa #experiencias #introspección #reflexiones #saludMental #terapia -
A golpe de tecla
Me he metido en un berenjenal. Aunque para alguien que usa la metáfora del huerto, el jardín y las plantas para hablar de su escritura quizás no sea algo malo.
Resulta que desde que empecé a hacer directos en TikTok tenía una idea que me medio obsesionaba: aplicar a la escritura lo que veía que muchas chicas hacían en YouTube y Twitch con el estudio, como sesiones de estudio en directo, bajo el título de «Estudia conmigo», con musiquita de fondo, un set bonito y aplicando la técnica pomodoro, que consiste en alternar periodos de trabajo y descanso. Mi ideal, cuando estoy estudiando, son las sesiones de cuatro tandas de cincuenta minutos de trabajo y diez de descanso. Para escribir, mi ideal es la mitad.
Ayer, mientras estaba en el directo, que, fiel a mi obsesión, suelo titular «Escribe conmigo», una chica me preguntó cuál era la dinámica, a lo que yo respondí que, de momento, ninguna, pero que mi idea era la de copiar las sesiones de «Estudia conmigo» y aplicarlas a la escritura. La idea le gustó y, bueno, ya sabéis que a mí me basta poco para venirme arriba.
Y aquí estoy yo hoy, escribiendo esta entrada durante la primera sesión oficial de «Escribe conmigo» de mi canal de TikTok —¿lo de TikTok se llama también canal o tiene otro nombre? Tendré que investigarlo—, mientras un cronómetro se come la primera mitad del tomate y hay más gente en mi live de la que ha habido nunca.
Debo decir que, para la ocasión, siguiendo la idea de trasladar a la escritura lo que veía en el estudio, he hecho un fondo de pantalla precioso para el directo, muy cuqui él, pero en el que, además, de un vistazo puede verse en qué consiste la dinámica.
Y creo, sinceramente, que de la misma manera que esas sesiones de «Estudia conmigo» son más que útiles para el estudio, también lo pueden ser para la escritura.
Esos canales dedicados a las sesiones de estudio en directo con la técnica pomodoro son especialmente útiles cuando uno está embarcado en un proceso largo, extremadamente exigente y muy competitivo, como, por ejemplo, una oposición. Pero también para las épocas de exámenes de bachillerato, ciclos formativos superiores y universidad.
Sirven porque, por un lado, ves que no eres la única persona que estudia y está sometida a un ritmo y a unos niveles de exigencia que no son los habituales. Y, seamos sinceros, no es lo mismo sufrir en solitario que hacerlo en compañía. Ese es el otro factor de utilidad. Al principio te puede parecer que solo tienes un canal de fondo, como quien tiene la tele sin sonido o música a un nivel bajito. Pero, poco a poco, vas conociendo a la persona que conduce los directos y, sobre todo —y esto es lo más importante—, a los asistentes habituales. Y el estudio deja de ser un sacrificio solitario y pasa a ser otra cosa.
Pero hay algo más. Estos directos suelen tener una estructura clara y, más importante, unos horarios definidos. Por ejemplo, de lunes a viernes de nueve a dos. O de diez a doce, que es el horario que me he puesto yo para probar. Y eso es oro en un momento en el que tienes que organizarte tú contigo misma, sin más motivación que la ilusión inicial por el proyecto que sea y una fecha de examen generalmente muy lejana.
Tampoco hay que olvidar que en los estudios, me da igual que sean los estudios oficiales normales o un proceso selectivo, por más que te esfuerces, no tienes nada asegurado, así que es muy importante —importantísimo— ser capaz de mantener la motivación suficiente a lo largo del tiempo para sostener el esfuerzo necesario sin flaquear. En ese contexto, saber que al otro lado de la pantalla hay un grupo de personas, o incluso una sola, con la que compartir el proceso y las sesiones, ayuda, y mucho.
Con toda esta exposición supongo que nadie se sorprenderá si digo que cuando preparaba mi oposición yo participaba en sesiones de «Estudia conmigo» de distintas plataformas y que me ayudaron muchísimo.
Y, por el mismo motivo, imagino que cualquiera puede suponer las enormes similitudes que veo entre las dos situaciones: estudiar es solitario, requiere de mucho esfuerzo, sacrificio y motivación. Escribir también. Cuando estudias, por mucho que te esfuerces, nadie te puede garantizar el éxito en el proceso que sea que estés participando. En la escritura tampoco hay nunca éxito garantizado. En el estudio la buena organización y unas rutinas adecuadas son imprescindibles. En la escritura —sí, lo adivinaste—, también.
Las mayores diferencias que veo entre el estudio y la escritura son, por un lado, la competitividad, pues parece que los escritores competimos entre nosotros para conseguir el éxito; por otro lado, el mito del escritor solitario. Que es, por cierto, tan falso como el mito del escritor sufridor, aunque de este último ya hablaremos detalladamente en otro post.
Ambas ideas, tanto la de la competitividad como la del escritor solitario, me las ha desmontado el mundo de la escritura de guiones audiovisuales. No es que los guionistas no compitan entre ellos —claro que lo hacen—, es que entienden que su trabajo no es solitario ni existe aislado en el mundo. Más que eso, lo más habitual es el trabajo conjunto, en equipos formados por múltiples profesionales. Cierto es que, en ese sector, el ego lleva la etiqueta de director. Pero, al menos, la industria del cine y la televisión entiende con facilidad la importancia del otro en el proceso y en el valor del resultado.
El mismo mecanismo sirve para exorcizar la idea del escritor solitario encerrado en su torre de marfil. Aunque, en la actualidad, es un mito absurdo, que no se sostiene de ningún modo si tenemos en cuenta el funcionamiento de la industria editorial, que ha convertido el trabajo del autor en algo mucho más colaborativo y cooperativo de lo que el cliché que todos tenemos en mente nos deja imaginar.
Aunque, dicho sea de paso, para mí la escritura nunca ha sido tan solitaria. Sí, íntima, por supuesto. Y a veces, muchas, nocturna, desvelada. Pero también existente en grietas del día a día, ya sea, cuando eres profe, en el ratito de una clase en el que te aburres o, cuando eres alumno, en ese momento en el que el profe no mira… Y, a veces, en minutos robados a la vida, en el coche, recién aparcada, cuando has llegado cinco minutitos antes. O los días de ruido, en una escapadita rápida al lavabo para ocuparse de unas necesidades que no son físicas, sino del alma, del espíritu, o lo que sea ese fuego que tenemos dentro y que tanto necesita salir en forma de palabras.
En cualquier caso, servidora, ya lo sabéis, tiene vocación de juglar, casi más que de trovador. Lo mío es —siempre lo ha sido— la plaza del pueblo, el conectar para enriquecerse y el contar para entretener y devolver lo ganado. ¿No es pues, lo propio de un alma de juglar actual escribir en línea, junto a más personas que sienten la misma pulsión y a otras que solo quieren estar, mientras la obra nace, a golpe de tecla, a modo de moderna cuerda de laúd?
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Las tres noches colombianas que el mundo no puede ignorar. Presentadas por Jägermeister | #RollingStoneES
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El meollo digital
Estoy aprendiendo a escribir con una cámara delante y otra enfocándome las manos. Sí, lo sé, suena raro. Hacerlo es más raro todavía. Pero el mundo avanza rápido y deja poco margen, o te sumas y lo sigues o te quedas atrás. Y tengo edad suficiente para haber probado las dos cosas y poder decir sin temor a equivocarme que es, con creces, peor la segunda.
Así que, aquí estoy, montada al carro de la vida como si en lugar de una millennial con mala salud fuera una centennial con al menos una década menos de edad y el doble de energía.
La otra opción, la de quedarme atrás, ni la contemplo. Ni por mí, que lo mío me está costando seguir con vida como para, encima, vivir como si prefiriera estar haciendo cualquier otra cosa. Ni por mis criaturas —léase historias, con sus personajes y paisajes—, que me he comprometido a traer de vuelta al mundo desde el cajón donde las encerré a cambio de que también me dejaran —las musas, el universo, los dioses, lo que sea— quedarme por aquí una temporadita más.
La cuestión es que, en este mundo actual, si una quiere dedicarse a escribir, no solo por el propio placer de hacerlo, sino con el ánimo de cumplir el firme compromiso de darle a sus critauras toda la visibilidad que merecen para que tengan una oportunidad de hacer lo suyo, sea eso lo que sea, pues no queda otra que estar en medio de todo y, más concretamente, allá donde está el movimiento.
Hace unos años —quizás décadas— eso significaba estar en la ciudad que, en ese momento, fuera capital cultural. Aquí en España, cuando yo era jovencita y soñaba con ser escritora, eso implicaba vivir en Madrid o Barcelona, por los contactos y los saraos culturales. Creo que en la actualidad el eje se ha desplazado a favor de la capital española. Pero eso ahora, al parecer, es menos relevante que antes. Lo crucial, por lo visto, es estar en el meollo digital. Todo lo demás, es subsanable.
Así que servidora, decidida como está a luchar por sus historias, ha decidido empezar por el asunto digital, a ver si conseguimos llegar, aunque sea a trompicones, al susodicho meollo, y, a partir de ahí, ya veremos.
La cuestión, más allá de la pereza que puede suponer eso de meterse en el mundillo de las redes sociales, en especial cuando ahora lo que se lleva no es lo de escribir sino lo de mostrarse, es qué contenido puedo compartir yo que sea interesante o, al menos, me pueda ayudar en mi propósito.
No penséis que no le he dado vueltas. Tantas que, para inspirarme, hasta he hecho una rigurosa investigación de perfiles similares al mío y que ya han conseguido lo que yo me propongo.
Pero, claro, ahí vino lo peliagudo. Definir qué narices me propongo. Porque la mayor parte de las personas con perfiles parecidos al mío tienen objetivos bastante claros y, lo más importante, cuantificables. Y suelen dividirse en grandes grupos.
Por un lado, encontramos a los autores que quieren vender libros. Suelen ser autores autopublicados, como servidora, pero no únicamente. También hay autores que publican con editoriales tradicionales que hacen una labor de promoción maravillosa. Y esa palabra es la clave: promoción. Todos ellos, también los que están publicando en Wattpad o plataformas análogas, quieren promocionar sus obras.
Por otro lado, encontramos a los autores que quieren llegar al lugar en el que están los primeros, a poder ser, pero no solo, a través de una oportunidad ofrecida por una editorial.
Y después está el enorme cajón que es booktok en el que caben desde personas que aman leer y comparten su afición hasta autores que desean ser leídos, pasando por personas que aman que las editoriales y autores quieran colaborar con ellos y les envían libros y otros regalitos a cambio de su tiempo y esfuerzo.
¡Ah, y se me olvidaban otros! Los que se dedican a enseñar a escribir/ maquetar/ promocionar o lo que sea que pueda necesitar cualquier autor o escritor en potencia. Estos, por lo general, ofrecen sus servicios, sean de asesoramiento o edición, corrección, maquetación o cualquier otra cosa. Pero otros muchos también lo hacen para darse a conocer como autores.
La cuestión es que de todos estos grupos, me temo, como mucho, solo encajo en el primero. Salvo por el hecho que la promoción y todo lo que huela a ella me repele. Diré más, creo que uno de los mayores culpables del largo bloqueo de escritura que he sufrido fue, precisamente la promoción.
Y no me malinterpretéis, me encanta hablar de mis historias, como a casi todos los autores, supongo, pero odio profundamente tratar de convencer a nadie de que se las lea. Mejor no hablemos del problemón que me supone tratar de vender un libro.
Lo mío, y eso también lo descubrí durante aquella etapa de locura previa al bloqueo en el que la escritura y la promoción ocupaban prácticamente todo mi día a día, es, en realidad, compartir mi trabajo y mi proceso creativo.
Repito, compartirlo. No enseñar nada a nadie —lo único que me siento capacitada para enseñar es español, que por algo es además mi trabajo—. No tratar de convencer a nadie de que lea o compre o lo que sea. De ahí, además, creo que vienen después los disgustos.
Eso me deja con pocas opciones de creación de contenido, salvo compartir lo que hago mientras lo hago. Y de ahí las cámaras de las que os hablaba al principio de esta entrada. Quizás, lo más sincero y fiel a mí misma sea, sencillamente, mostrar mi trabajo, aunque sea menos visual que, yo qué sé, el de un artista plástico y mucho menos impactante que, no sé, un músico que interpreta una pieza.
Pero, claro, no solo de directos viven la redes sociales de vídeo estas que están tan de moda ahora. También hay que crear vídeos.
Y para eso, más allá de pedir ayuda a varias inteligencias artificiales para elaborar un plan de creación de contenido mínimamente lógico, acorde a mi propósito y factible, dados mis medios, he vuelto a recurrir a los creadores que ya han conseguido lo que yo quiero, o algo similar, que podemos resumir, de forma muy clara como dar a conocer mi trabajo a mi público objetivo. No a la masa. No vender. No crecer. Llegar a quién puede disfrutarlo.
Eso me ha dejado una cartera de vídeos que, con alguna que otra adaptación puedo crear y compartir, como hablar de libros que me han gustado o inspirado, leer fragmentos de mi trabajo, hacer un vídeo diario hablando de los avances de mis proyectos…
Pero todo eso es exactamente lo mismo que hacen los del grupo dos, es decir, los que quieren llegar al mismo lugar al que los primeros ya han llegado. Y ese grupo es un saco sin fin del que es muy difícil salir salvo que consigas diferenciarte.
Y, si consigues diferenciarte lo suficiente, pasas a dejar de formar parte de ninguno de los grupos mencionados para crear tu propio y único grupo. Que no voy a decir que sea algo fácil de defender. Pero, al menos, es algo mucho más encaminado a lograr el objetivo establecido, que, recuerdo, no es llegar a la masa, sino a aquellas personas que realmente puedan estar interesadas en lo que yo hago.
Llegados a este punto, conviene ser realistas y sinceros. Es prácticamente imposible que nadie interesando en productos culturales, digamos, mainstream, se sienta interesado en lo que yo hago, salvo que, por alguna misteriosa regla de tres, lo mío acabara por convertirse en mainstream.
Mi público objetivo, me temo, es tan, digamos, particular como yo misma. Porque mi propia obra lo es —y por eso me bloqueé, recordemos, porque yo quería ser normal y que mi obra lo fuera, peor, oh, sorpresa, eso no es posible—.
Así que la creación de contenido normal me traerá a gente normal que busca obras normales cuando lo que yo tengo para ofrecer, es, más bien, alternativo.
Si lo quiero conseguir es dar a conocer mi obra tal y como es — porque a eso es a lo que me he comprometido a cambio de seguir en este mundo otra temporada, esperemos que larga—, a un potencial público objetivo, lo mejor que puedo hacer, por no decir lo único, es mostrarme tal y como soy.
Eso implica, por ejemplo, hablar sin cortapisa de ese pacto del alma de escribir y publicar a cambio de más tiempo de vida. Pero también volver a hablar del Muso y de las musas, de la inspiración, del subconsciente, del lugar donde viven las historias, el mundo de los sueños y de los mundos entre mundos.
Esto es, sin más, volver a lo que hacía antes de bloquearme en el blog que precedió a este.
Implica quitarme la coraza.
Y volver a poner el corazón y el alma sobre la mesa.
Aún a riesgo de volver a bloquearme.
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TV Cultura estreia série ‘Encuentros en Brasil’, com Paulinho Moska e artistas latinos que desvendam o país
A música e o turismo se juntam na tela da TV Cultura nesta sexta-feira, 18 de julho, com a estreia de Encuentros en Brasil. Em 12 episódios, com direção musical de Paulinho Moska, a série faz uma viagem com seis artistas latinos pelas cidades sedes da Copa do Mundo de 2014. A atração vai ao ar a partir das 23h.
Nesta produção, o grande desafio de cada músico é criar uma canção para o destino visitado, gravar um videoclipe e conhecer as potencialidades turísticas locais. O Brasil se torna o protagonista por meio de seu povo, suas paisagens, sua cultura, seus sabores e suas experiências únicas.
Encuentros en Brasil (Foto: TV Cultura, cortesia)Jorge Drexler, Kevin Johansen, Francisca Valenzuela, Alejandro y Maria Laura, Andrea Echeverri e Natalia Lafourcade são os convidados dessa temporada, e cada um conta com dois episódios de 30 minutos para desbravar o território brasileiro.
A série é uma coprodução entre Santa Rita Filmes e a agência BeGiant Advertainment.
Séries Encuentros en Brasil
Episódios 1 e 2 – Jorge Drexler
No programa de estreia, Paulinho Moska encontra o cantor e compositor uruguaio Jorge Drexler no estúdio para gravarem a música composta por esse último para o Brasil. Depois, ele percorre os principais pontos turísticos da cidade para conhecer, vivenciar e gravar o clipe da música em São Paulo.
Já no segundo episódio, o artista se refugia do agito da maior metrópole do país nas paisagens paradisíacas de Jericoacoara, em Fortaleza.
Episódios 3 e 4 – Kevin Johansen
O cantor argentino Johansen começa sua visita ao Brasil sendo recebido por Moska no estúdio, onde gravam a música produzida. Depois, conhece Belo Horizonte, Ouro Preto e Inhotim, em Minas Gerais, onde grava seu clipe.
No quarto episódio, o músico vai a Fernando de Noronha, quando entra em contato com a cultura local e se admira com a riqueza natural da cidade.
Episódios 5 e 6 – Francisca Valenzuela
Francisca Valenzuela, escritora e cantora chilena, chega com toda a beleza e carisma no estúdio para também gravar sua canção. Após um dia cheio de sintonia e ritmo, ela deixa o estúdio para gravar seu clipe e desfrutar das belezas do Rio de Janeiro.
Depois das experiências deslumbrantes, no sexto programa a artista viaja para a outra ponta do país e conhece as cidades da grande Amazônia: Manaus e Anavilhana, onde vive experiências únicas com os habitantes locais e com a natureza.
Episódios 7 e 8 – Alejandro y Maria Laura
O casal peruano Alejandro y Maria Laura chegam no estúdio e fazem uma viagem mágica na gravação de sua composição. De lá, buscam com Moska paisagens em Porto Alegre e Gramado para ilustrar toda essa magia no videoclipe.
No episódio seguinte, continuam sua viagem pelo Brasil conhecendo um pouco da cultura de Cuiabá, as belezas da Chapada dos Guimarães e o verde único do Pantanal.
Episódios 9 e 10 – Andrea Echeverri
Andrea Echeverri, colombiana de Bogotá, mostra toda sua irreverência, espiritualidade e ousadia na gravação de sua música. Com um olhar curioso e único, ela conhece Salvador, o cenário ideal para ilustrar sua produção.
No décimo episódio, Echeverri esbanja simpatia nas cidades de Brasília e Pirenópolis.
Episódios 11 e 12 – Natalia Lafourcade
O penúltimo episódio da temporada é marcado por lágrima e sorrisos de Natalia Lafourcade e Paulinho Moska, com a gravação da música. Depois, eles se despendem e Natalia segue para conhecer as belezas naturais de Natal e da Praia da Pipa, e gravar seu clipe.
A série termina com um episódio mágico, em que a cantora e compositora mexicana Natalia Lafourcade deixa o Brasil maravilhada. Já Paulinho Moska se emociona ao contar de sua experiência com todos os artistas da temporada e, em homenagem, grava a última música da série que ele mesmo compôs: Flores de Abraços.
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A veces, actualmente, suelo pensar en una posible idea, sugerencia, propuesta para los usuarios de Mastodon: hacer publicaciones o hilos contando experiencias negativas que hemos tenido en Twitter, generalmente desagradables y dañinas, pero también, y sobretodo surrealistas, exageradas que nos dan ganas de contarlo, a modo de Desahogo y confesión, incluyendo capturas de esas experiencias.
La etiqueta/hashtag que se me ocurre para estas publicaciones es #twitteradas ¿o que otro nombre se os ocurre?.
Y para acabar ¿Que os parece la idea? ¿tenéis alguna idea mejor o similar?. Os invito (incluido el admin. de la estancia) a debatirlo, analizarlo, discutirlo y todo con asertividad.
#twitter #experiencias #propuesta #debate #twitteradas #etiqueta #hashtag #idea #mastodon #x