home.social

#diario — Public Fediverse posts

Live and recent posts from across the Fediverse tagged #diario, aggregated by home.social.

fetched live
  1. 📰 «Borderline, el juego de dibujar fronteras a mano alzada»
    🔗 proxy.jesusysustics.com/2026/1

    Borderline, el juego de dibujar fronteras de memoria y demostrar cuánto sabes de mapas microsiervos.com/archivo/juego

    Borderline es el juego ideal para que los amantes de la geografía saquen pecho y demuestren sus capacidades dibujando a mano las fronteras de los países propuestos. Además ahora también cuenta con versión de fronteras intraestatales, entre ellas España. Y, por supuesto, hay un reto diario.

    #️⃣ #curiosidad #diario #geografía #juego #mapa #navegadorWeb #webapp

  2. Todo lo que crece debajo

    Me estoy acostumbrando a la nueva rutina. Y ella se está acostumbrando a mí. En otras palabras, nos estamos conociendo. Estamos, diría, en esa fase del cortejo en que aprendes al otro, sus gestos, sus modos, sus costumbres, algunos agradables y bienvenidos, otros, quizá, no tanto. Pero conocerse es eso, ¿no?, descubrir lo bueno y bonito y lo que no lo es tanto.

    De ella diré que me gustan las mañanas lentas que no empiezan hasta que el sol se ha impuesto sobre la noche, aunque sea con timidez. Suelen traer de la mano, además, veladas largas, de esas en las que leer un buen rato, o incluso escribir, no es solo posible, sino que apetece. Y el conjunto me encanta.

    La siesta, o cualquier otro tipo de reposo después de almorzar, por mínimo que sea, ha desaparecido del orden del día. Pero, para mi sorpresa, no solo no me molesta, sino que casi no me he dado cuenta. Tampoco me pesa tener que salir de casa casi justo después de comer, quizá porque lo estoy solventando con comidas más ligeras y creo que mi cuerpo lo agradece.

    Y respecto a las clases, bueno, qué voy a decir, me encanta mi trabajo. Preparar las sesiones es tan divertido como siempre. Quizá un poco más porque aquí es más fácil hacer fotocopias y preparar materiales, eso sin contar que el equipo de audio de las aulas es mucho mejor que cualquiera que haya usado antes en condiciones similares. Impartir las clases es, directamente, pura diversión.

    Luego, claro, están las correcciones, la burocracia, los trámites, las reuniones y todo lo que no tiene que ver con enseñar, pero que hay que hacer igual. Eso sigue siendo lo más pesado y aun así es mucho más llevadero de lo que imaginaba, aunque, por supuesto, ya llegarán los exámenes y esa época en que burocracia es sinónimo de tortura.

    Los problemas, porque siempre los hay, están en lo demás. En todo lo demás. La mudanza sigue en marcha y ocupa del todo mis fines de semana, así como todos los rincones de mi casa. El espacio que habito es, ahora mismo, caos. Esperemos que, como en todo buen mito, en algún momento, se imponga el orden.

    La escritura, por su parte, emerge, como hierba en el asfalto, en las rendijas que la vida, con todo su ajetreo, deja aquí y allá. Pero son pocas rendijas, de momento, muy pocas.

    Creo que, de todo, eso es lo que peor lleva de mí la rutina. No las grietas ni las plantitas que han brotado en ellas. No. Es que, me temo, se ha dado cuenta de que el suelo, a la vista llano y uniforme, no lo es en realidad tanto. La he visto observando los bultos y huecos, los quiebres, las deformidades. Y hace unos días la pillé mirando la raíz de uno de esos brotes que se cuelan en los minúsculos espacios del asfalto.

    Dentro de poco seguramente comprenda que las florecitas que brotan no son el problema. Tampoco esas plantas tan feas que crecen en las esquinas sombrías. Lo que de verdad debería preocupar a mi rutina es el enorme crecimiento subterráneo de raíces que empuja tierra, cimientos y asfalto hasta deformar la superficie perfecta en apariencia, solo manchada por diminutas pinceladas de verde.

    Esa sospecha, que en mi interior se esconde algo, vivo y con voluntad, es lo que menos le gusta de mí. Lo noto cada día, en cada tarea repetida, en cada rato libre. Pero que se percate de esto es, en el fondo, lo que más me gusta de ella. Quizá porque, por primera vez en mi vida, siento que podría ser posible ser yo por completo, sin esconder nada, ni siquiera todo ese crecimiento que, durante tantos años, se ha expandido bajo metros y metros de tierra, cemento y asfalto.

    #Blog #Diario #Escribir #escritora #escrituraCreativa #experiencias #raíces #reflexiones #rutina #vidaDeEscritora
  3. Secondo post del mio diario Io e i miei Robot: diario di etica digitale.
    Per me, come per altri amant* della fantascienza (applicata!?), è naturale pensare ad Asimov. Perché da qualche parte bisogna pur iniziare!
    buymeacoffee.com/passaportoeti

    #etica #eticaAI #IA #passaportoeticodigitale #diario #robot #cobot
    @[email protected] @[email protected] @etica_digitale

  4. 📰 «Don’t Wordle, el reverso tenebroso del Wordle»
    🔗 proxy.jesusysustics.com/2026/0

    Don’t Wordle: un juego «al revés» en el que hay que evitar adivinar la palabra correcta microsiervos.com/archivo/juego

    Don’t Wordle nos propone completar el clásico tablero del Wordle sin adivinar la palabra del día y pudiera parecer muy fácil, algo que muchos consiguen a diario sin proponérselo. La realidad es que, con cada turno, es más difícil encontrar palabras válidas que no incluyan letras descartadas o las que hemos adivinado.

    Sería el juego ideal para entretener a mis alumnos adolescentes justo tras enseñales el original (o cualquiera de sus variantes) si no fuera porque solo tiene disponible la versión en inglés. Me quedo con la esperanza de que alguien desarrolle una versión en español.

    #️⃣ #diario #didáctico #educativo #juego #navegadorWeb #web #webapp

  5. Listerine è un progetto di liste quotidiane, una specie di diario per punti di pensieri e cose che accadono durante una giornata.
    noblogo.org/listerine/

    #scrittura #blog #diario

  6. Antes del café

    Son las cinco de la madrugada. Parece absurdo que esté despierta y escribiendo en el blog, pero aquí estoy, sin motivo y sin café siquiera, no vaya a despertar a nadie con el ruido de la cafetera.

    Diría, por aquello de esa tendencia mía de excusarme, que si estoy aquí tecleando y no en el séptimo sueño es porque esta semana en el trabajo están tratando de volverme loca con un estrambótico cambio de horarios. Y sería verdad. Lo del cambio de horas, no lo de la intención de desquiciarme. Pero también sería parcial. A nadie miento si digo que soy un animal de costumbres que agradece un horario fijo y estable más que mis gatos una latita de atún, pero tener algunas reuniones en horario de mañana, en lugar de habitar mi horario habitual de tarde, nunca antes ha provocado un ataque de bloguitis nocturna como el que nos ocupa. Nunca.

    Lo cierto es que estaba soñando, cómo no, con escribir. Pero no estaba escribiendo, no. El sueño era mucho más raro. Estaba en un lugar idílico, al aire libre. Si tuviera que buscar una imagen para ilustrarlo diría que esas verdes praderas inglesas de lomas suaves que tanto nos enseñan en pelis y series se acercan bastante. También había algunos árboles, aunque en absoluto pudiera decirse que se tratara de una arboleda, y plantas más o menos bajas, más o menos frondosas aquí y allá, salpicadas por coloridas flores. Y sí, el cielo era azul y los pajarillos cantaban. Bueno, vale, esto último no lo puedo afirmar con rotundidad, pero, si acaba de dibujar el cuadro de ensueño que quiero transmitir, bien podemos añadir a la imagen aves cantoras, suave aroma a hierba fresca y lavanda y hasta un hermoso y brillante arco iris surcando un bello cielo sin nubes.

    No estaba sola en ese paraje, casi nunca lo estoy cuando sueño, pero en esta ocasión había más gente de lo habitual. A algunos los conocía, a otros no. Eso sí, todos me conocían a mí. Y el tema en común de todos nosotros era la escritura. Aunque, vale, no solo la escritura en sí misma y ya está. Era algo más como crear y compartir en Internet. Y tampoco esa definición tan general hace justicia al tema, pero el sueño se diluye en mi mente tal como estoy de cada vez más despierta y las vaguedades son, en este contexto, mi mejor herramienta para no perder el hilo y evitar que se esfume la intensidad de la experiencia, y con ella, el recuerdo onírico.

    Bien, todos los que estábamos allí teníamos algún tipo de cuestión con lo que hacíamos. Podría ser cierta tristeza existencial, como en el caso de un peluquero —o tal vez debería decir estilista—, que cortaba el pelo a streamers pero que se sentía poco auténtico en su trabajo, casi un fraude, y eso le dificultaba llevar bien su tarea. O una pequeña obsesión con un método concreto, como una autora de ficción, que creaba tramas siempre iguales o con muy poca variación entre ellas y era incapaz de tomar distancia para darse cuenta. En el sueño, además, la creación de tramas era algo muy visual, algo como montar un puzle gigante con piezas en 3D que después se introduce en una máquina que permite usarlas en la vigilia. Y la muchacha dormía de pena, porque tenía la máquina de puzles trabajando todo el rato.

    Había otros que bailaban y, creedme, eso, de alguna manera, era escribir. Más allá, la actividad de algunos estaba relacionada con barcos y agua. En otro lugar, había verbenas y fiestas populares. Y más allá, música, mucha gente tocando instrumentos variopintos y extraños. Y todo era escribir, aunque no lo fuera.

    Yo paseaba por allí, acompañada, creo que por mi Muso, pero bien podría haber sido cualquier otra presencia que funcionara en ese contexto a modo de guía, aunque recibía información de todos lados, casi como si llevara puesta una audioguía. Y la experiencia era bastante buena y agradable, hasta que mis particulares circunstancias y yo nos convertíamos en protagonistas y todos los demás y sus curiosas actividades quedaban como simple fondo de la escena principal, que era, ya sin duda, mi particular drama.

    Y es que, al parecer, y resumiendo, paso más tiempo pensando en lo que tiene que ser que en lo que es y —escribo de carrerilla para que no se esfume el recuerdo— si no dejo que lo que es sea jamás será lo que tan convencida estoy de que debería ser.

    Este trabalenguas, traducido y adaptado al caso, viene a ser algo así como que me he obsesionado tanto por ser cierto tipo de escritora, ya sabéis, la que escribe maravillosas historias de ficción, que no me dejo ser la que soy, es decir, la que escribe de madrugada en su blog porque su Muso no le deja dormir.

    El problema, porque, como todos los que estaban en esas hermosas praderas, tengo un problema «con lo mío», no es que me haya obsesionado con una práctica concreta de escritura, eso pasa hasta en las mejores familias, me temo; sino que, por un lado, no me consiente escribir nada más y, por otro, desmerezco el género que, por decirlo así, me sale natural.

    Y ambas cosas son graves.

    Lo de desmerecer el género, bueno, qué voy a decir, tengo cierta tendencia a quitar valor a todo lo que hago. Si en lugar de esto tan moderno de la escritura del yo que con tanta naturalidad me sale escribiera ensayo, pues seguramente diría que es porque es un género fácil o para el que no hace falta talento creativo o cualquier otra estupidez. Si escribiera ficción, que es género, o, peor, comercial. Y así hasta el infinito. Y sí, eso, tal vez, sea más material para tratar con mi psicóloga que un problema de escritura en sí. Pero afecta a la escritura.

    La cuestión es que si siempre argumento que todo lo que escribo lo hago porque es fácil, poco meritorio, o lo que sea, jamás —pero nunca, nunca— me atreveré a salir de los géneros y estilos que me son cómodos, quizá no por falta de ganas, sino por creerme incapaz.

    Y esto, amigos, sí que es una cuestión de escritura. Porque la capacidad, perdón que aproveche para recordarlo ahora, no es algo innato. No existe eso del don caído del cielo. Existe la práctica, la perseverancia y, lo más importante, la maldita diversión. Porque en este oficio, y menos en español, nadie está para hacerse rico. Aquí se viene o por obsesión o por diversión, o puede que por ambas.

    En fin, que lo de desmerecer no solo el trabajo propio sino el género al que pertenece es más peliagudo de lo que parece y merece cierta atención por mi parte. Y este sería uno de los mensajes importantes de este sueño, que me ha sacado de la cama a las 5.

    Y ya son las seis.

    Sigamos, porque la otra parte es peor. O más dura, al menos.

    Mi obsesión por cierto tipo de escritura, más meritoria, por lo visto, según ese criterio mío sin respaldo aparente, que sería, supongo, la creación de historias largas de ficción y, para ser más concretos, de fantasía, provoca, según el sueño, que no me permita escribir lo que sí escribo.

    Y sí, tengo un ejemplo de eso para que se entienda. Bueno, vale, tengo muchos, pero contaré solo uno, en pos de la brevedad y del café con leche que tanto necesito tomarme:

    Ayer, sin ir más lejos, y en virtud del maldito horario cambiante de mi septiembre infernal, llegué a casa, destrozada tras una mañana llena de reuniones, a eso de las tres y media. Confieso haberme sentado en sofá y haber cerrado los ojos. Cuando los reabrí, había pasado una hora. Y yo era un zombi. Pensé en escribir, por supuesto —es lo que hago siempre—, pero, claro, en tal estado de zombificación, el proyecto de ficción en el que estoy trabajando no era una opción. Lo que realmente me apetecía era hacer, básicamente, lo que estoy haciendo ahora, a deshoras, que podemos llamar escritura de desahogo, pero que, entonces, habría sido mera escritura del día a día, tan falto él de épica y fantasía como siempre.

    Pero, claro, escribir esto, para servidora, no es escritura siquiera. Y si no tenía fuerzas o energía mental para lo que sí es escribir, según mi desviado criterio, cómo podía consentirme yo dedicar mi escasa energía a escribir cualquier otra cosa. ¿¡Cómo!?

    Así que no escribí.

    Y aquí estamos hoy, ya de mañana, pero todavía mucho antes de que salga el sol, haciendo lo que ayer no me permití hacer.

    Porque este es el segundo punto importante de este sueño extraño, que, por cierto, va mucho más allá de la escritura y que podría resumirse como hay que ser lo que se es completamente y hasta la última consecuencia. No vale ser una margarita que vive acomplejada por no ser una rosa y no abre del todo sus pétalos para tratar de imitar esa otra flor. Es una margarita, no una maldita rosa. Pero una humilde margarita, siendo ella por completo, puede ser, sin duda, una bellísima flor.

    Y no sé por qué hablo de flores y belleza si esto tendría que ir mucho más allá de lo estético, pero ahora mismo, quizás por la falta de café, tampoco me importa.

    Ya no me quedan más que jirones de recuerdos de ese sueño. Sensaciones y alguna imagen extraña, salvajemente onírica, y la convicción absurda de haber paseado por los Campos Asfódelos, adonde va aquello que no se reduce a cenizas…

    Será mejor que me prepare el café.

    Quizá, quién sabe, una bebida caliente y reconfortante dé más sentido a la experiencia.

    Aunque también puede que, en este tipo de cosas, el sentido esté sobrevalorado.

    #Blog #café #desmerecerLoPropio #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #escrituraDelYo #experiencias #fantasía #génerosLiterarios #identidadDeEscritora #insomnioCreativo #inspiración #madrugada #Muso #oficioDeEscribir #PradosAsfódelos #reflexiones #síndromeDelImpostor #sueños
  7. ¿Mastodontes, usan diarios o bitácoras?

    #preguntas #diario

  8. Decía Séneca que la ira quema a quien la guarda. Razón no le faltaba, pero cuesta mantener la calma cuando tus propios «compañeros» vuelven a actuar como buitres egoístas con la comida. Hemos salvado el día, sí, pero el grupo está roto.

    Amalia

    #Diario #BotGame #PostApocalypticGame #Game #Rpg #Bot #RPGbot #DailyPoll

  9. Un ratito robado

    Abro el blog con el tiempo justo. Al final, esto siempre se ha construido con ratitos robados a la vida. Es su esencia.

    Llevo días sin escribir aquí. He cambiado el desparrame mental en el blog por un cuaderno amarillo de esos que salen en las películas. Allí garabateo pensamientos sin digerir mientras me tomo el primer café. No sé por qué, como diríamos en mi tierra, me ha pegado por retomar esa costumbre, quizá sea porque me es más fácil escribir en papel en la terraza y cuando empiece el frío el ordenador o la tablet volverán a ser el lugar seguro que siempre han sido. O puede que sea por el mero placer de la actividad manual. En cualquier caso, lo disfruto y, ahora mismo, eso es lo único que me importa.

    También es lógico que vaya sin tiempo, ni inspiración, ni ganas de exposición, ni nada de nada. Estoy empezando en un centro educativo nuevo, con todo lo que ello conlleva. No es exactamente un cambio de trabajo, porque sigo currando de lo mismo y para el mismo empleador, pero, por lo demás, es exactamente igual. Y no me puedo quejar, porque es absolutamente todo maravilloso, mucho mejor, incluso, que cualquier fantasía que hubiera tenido al respecto. Pero servidora es un animal de costumbres, así que, mientras la novedad no se convierta en rutina, me sentiré extraña, como si llevara calzado nuevo y demasiado estrecho o, peor, pero más exacto, la ropa interior del revés. Es algo que nadie nota, pero que genera una incomodidad terrible.

    Además, estoy de mudanza. Tenía intención de aguantar la casa de Ibiza hasta el fin del contrato para poder hacer el traslado poco a poco porque, seamos sinceros, bastante tengo con el cambio de centro, de casa, de mundo, como para sumarle una mudanza acelerada. Pero los propietarios han tenido un problema personal y nos han preguntado si podemos dejar antes la casa. Así que lo que tenía que ser un traslado lento y sin traumas se ha convertido en una maldita contrarreloj que me obliga a viajar entre islas cada fin de semana para volver con el coche hasta arriba… Mejor no me preguntéis cómo está ahora mismo mi casa de cajas, bolsas y trastos, porque cuando acabo de despejar lo que he traído una semana, se suma lo del siguiente finde. Y soy consciente de que, acabada la mudanza, reacondicionar la casa de Palma se convertirá en el próximo monstruo a batir.

    ¡Ah, sí! Y no olvidemos que los primeros quince días de septiembre terminé el dichoso máster de guion. Bueno, terminé, a falta de la defensa del TFM, que debería ser, si todo va bien, en octubre. Pero, oigan, sin estrés y sin presión. Lo que no entiendo es cómo todavía me sorprendo de no encontrar tiempo para el blog en lugar de alucinar por hallar tiempo y fuerzas a diario para las páginas matutinas a lo Julia Cameron.

    En fin, que mi vida, ahora mismo, es muy poco romántica y en absoluto grandilocuente, pero, en su pequeña escala de cotidianeidad, os aseguro que es absurdamente épica. Vale, no lucho con espada, lo hago con bolígrafos y plumero, y aunque mis monstruos se llamen Ferry de ida y vuelta, Bolsa llena hasta los topes o Infernal horario mutante de septiembre, os aseguro que cada día es una aventura colosal digna de un héroe griego.

    Y ahí, en esa marabunta, quiero meter la escritura. No solo como un desahogo —como estos del blog o como los de las páginas matutinas, tanto da— sino como proyecto de vida, de ficción, de realidad, de día a día.

    Hay una parte de mí, adulta y sensata, que me dice que espere a que las aguas se calmen, a que, al menos, acabe la dichosa mudanza, o a que septiembre se convierta en octubre y que con él empiecen las clases para que el horario deje de ser un laberinto con minotauro y se transforme en amable rutina, al menos, hasta los exámenes. Pero hay otra, más experimentada y astuta, que insiste en que jamás existirá el momento ideal y lo que ahora es mudanza se transformará en cualquier otra cosa. Siempre, siempre, habrá algo que ocupe tiempo, fuerzas y mente; algo que sirva de excusa para no enfrentar la escritura.

    Mientras veo cómo empiezo, o por dónde, porque está claro que no esperaré al utópico momento perfecto, voy practicando, palabra a palabra, cómo ir robándole momentitos al día a día para que la escritura surja y, poco a poco, también ella se convierta en rutina.

    #Blog #bloqueoCreativo #cotidianidad #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #exilioInterior #experiencias #identidad #mudanza #páginasMatutinas #reflexiones #rutinaCreativa
  10. 📰 «Magnitudle, los juegos de comparación de tamaños»
    🔗 proxy.jesusysustics.com/2026/0

    Magnitudle | Estimate The Unimaginable magnitudle.com/

    Magnitudle ofrece una pequeña colección de juegos diarios que nos ofrecen elementos que debemos poner en su proporción adecuada en comparación a otros que nos dan. Por ejemplo, un huevo y un salmón. La premisa es sencillísima pero también muy potente porque es sorprendente lo difícil que es en algunas de las comparaciones.

    Se puede jugar tanto en ordenador como en móvil (donde es más fácil el manejo por el uso del clásico pellizco para cambiar el tamaño) y tiene una versión genérica, una centrada en personajes de la cultura pop y otra en geografía, además de preguntas diarias de respuesta numérica y un modo supervivencia.

    #️⃣ #diario #juego #navegadorWeb #tamaño #teléfonoMóvil #webapp

  11. Decía mi madre que para que te quieran hay que querer primero. En esta calma chicha me da por pensar si buscar amor en el fin del mundo es un capricho egoísta. Somos doce infelices apretujados aquí y, en el fondo, la soledad nos devora a todos por igual.

    Amalia

    #Diario #BotGame #PostApocalypticGame #Game #Rpg #Bot #RPGbot #DailyPoll

  12. No hace falta buscar grandes hazañas si sabes exprimir las horas rutinarias. En esta existencia que nos ha tocado, abunda la monotonía a la espera de un evento extraordinario que nadie desea. La incursión de hoy ha sido un éxito rotundo: víveres casi al límite y la moral del grupo por las nubes. Solo espero que el tiempo dé tregua y no regresen las lluvias de estos días.

    Amalia

    #Diario #GameBot #Survival #game #Rpg #Bot

  13. Io e i miei Robot: diario di etica digitale (post #1)
    Etica e IA: una co-creazione possibile
    Etica della IA e responsabilità degli esseri umani.
    buymeacoffee.com/passaportoeti

    I post di questo diario sono abbastanza lunghi e non riesco a scriverli nei 500 caratteri di Mastodon. Per questo, ci sarà un link esterno alla pagina Buy Me a Coffee del Passaporto Etico Digitale.

    #Etica #IA #passaportoeticodigitale #diario #cobot
    @[email protected] @[email protected] @etica_digitale

  14. Diez días

    Hace diez días que volví al mundo de los vivos y empecé a trabajar. Diez. Y ni siquiera puedo decir que hasta ahora no he tenido tiempo de pasarme por aquí para contarlo, porque sería mentira.

    Lo cierto es que en realidad no sé a qué mundo he vuelto. Y, peor todavía, tampoco tengo claro dónde quiero estar.

    Digo más, tampoco sé, ahora que he regresado, quién quiero ser.

    ¿Quiero ser esa mujer que escribe de todo y de nada en su blog, como si una parte de mí se hubiera quedado en los 2000? ¿Quiero escribir esa novela —o la otra, o la de más allá— que guardo en el cajón? ¿Quiero ir a ese festival de cine del próximo mes a intentar vender mi guion? ¿O lo mando directamente a las productoras afines? ¿O lo escondo en el cajón, junto a las mil novelas de las que me avergüenzo para que, igual que ellas, venga por las noches a torturarme con pesadillas de éxito y sueños de página en blanco?

    Tal vez, solo tal vez, resulta que ya no quiero escribir, sino solo trabajar, hacer deporte, salir con amigos los fines de semana, y, por una vez en mi vida, ser normal.

    Quizá, solo quizá, prefiero ocuparme de mi casa, hacer algo decente con ella y convertirla en algo más que el refugio de caos ordenado en el que me cobijo.

    Puede que quiera habitar mi vida sin pretender que sea nada más de lo que ya es. Sin proyecto, sin presión, sin ficción, ni metáfora, ni alegoría.

    Pero aquí estoy, tecleando a deshoras, sobre quién soy y quién quiero ser, con este gesto que me ancla en los 2000, porque es posible, solo posible, que nunca haya habido elección.

    O, por qué no, tal vez no se trata de elegir sino de asumir que soy la suma de todas y cada una de esas versiones, incluida esa que guarda en cajones historias de las que se avergüenza.

    Puede que mañana por la mañana vuelva al papel y al boli, como he hecho los últimos días, porque dejar de escribir nunca ha sido una opción. O puede que siga con los guiones. O con las novelas. O con el blog.

    _________
    PS: Acabo de darme cuenta de que aquí, en esta nueva realidad, quizá, el blog sea un animal nocturno, como lo era, qué curioso, curiosísimo, allá en los 2000.

    #bloqueoCreativo #cajónDeLosManuscritos #Diario #Escribir #escribirONoEscribir #escritora #escrituraCreativa #experiencias #guionVsNovela #identidadDeEscritora #indecisión #liminalidad #normalidadImposible #reflexiones #vueltaAlTrabajo
  15. Io e i miei Robot: diario di etica digitale

    Fin da quando ho iniziato questa avventura con l'IA, ho iniziato a fare delle domande etiche ai miei cobot.
    Gli spunti sono stati casuali. Un poster, una notizia, un codice da scrivere per la mia pwa.
    Ho salvato le chat, per poi creare una specie di diario.....

    Il testo completo, si trova qui:
    buymeacoffee.com/passaportoeti

    #Etica #IA #PassaportoEticoDigitale #diario #cobot
    @[email protected] @[email protected]
    @etica_digitale

  16. As ondas, a praia estreita, quedas e tesouros

    Ontem o mar em Copacabana estava de ressaca, que aliás é um jeito intrigante de dizer que o mar está revolto, afinal pessoas de ressaca só querem cama e um quarto escuro.

    Já estava assim desde ontem e decidimos ir ver, eu e a roommate, porque gostamos da natureza mostrando sua força, logo de manhã, mas não fomos, ainda bem! Temos uma idosa morando conosco, 86 anos e muito lúcida, mas de passos inseguros, joelhos fracos… e ela caiu! machucou o supercílio, lugar que sangra muito! Corremos a acudir, a levantei até a poltrona enquanto a roommate providenciava algodão, antisséptico, gelo, fazia a verificação da orientação, possíveis fraturas.

    Felizmente o corte no supercílio se fechou rapidamente, um arranhão aqui, um arroxeado ali, mas a mente afiada, o susto passando e logo ela já estava mergulhada em uma leitura, ela lê muito! mais de um livro por semana num Kindle onde pode colocar a letra bem grande.

    Sentamos, roommate e eu, na copa preocupados, acompanhando o estado da nossa idosa. A cada poucos minutos chamávamos por ela “Tá acordada? Tudo bem? Quer ver TV? Tem fome?”. Tudo em ordem! O susto foi passando e os cuidados surtindo efeito, da bolsa de gelo à pomada para os roxos que se formaram rapidamente.

    As horas passaram e achamos que dava para ir na rua fazer exercícios para continuar tendo força para emergências como essa e para trazer um agrado da rua para a acidentada. Aproveitamos para passar rapidamente na ressaca da praia para tirar umas fotos, fazer uns vídeos e trazer para casa também.

    Já vi ressacas maiores, das que passam por cima das pistas dos carros, mas talvez pelo susto da manhã essa me impressionou. A areia escura porque a que cobre a praia normalmente sumiu, muitas coisas que ficam escondidas passaram a ficar expostas, como uns canos fincados no chão, que acho que é para prender varas de pesca já que na região do posto seis costuma ter pescadores de noite.

    E tinha os caçadores de tesouros, um spoiler do vídeo abaixo: gente com redes para vasculhar a areia em busca de joias ou outros valores, tinha até um com detector de metais.

    Descrição do vídeo: vídeo mostrando um quiosque de Copacabana, a linha de prédios e a praia praticamente sem areia ao fundo, a areia que leva à escada do quiosque sumiu. O vídeo se move para direita mostrando o mar avançando sobre a praia, dá um zoom em alguns canos espetados na areia, mostra o forte e fecha o zoom novamente sobre uma dezena de pessoas usando um tipo de rede de limpar piscina para garimpar a areia puxando desde a água até a areia.

    Voltamos para casa levando histórias e um agrado de uma confeitaria próxima conforme a nossa idosa tinha nos pedido.

    Felizmente foi um dia atípico, ela não costuma cair e foi apenas um tropeção, a queda dela não foi nada sério (já se passaram mais de 36h) e tudo segue normalmente.

    Tem dias que a vida é só uma sequência de fatos, de acontecimentos, que não precisam vir com reflexões sobre a vida, sobre os nossos rumos, tem dias que são apenas vividos.

    Claro que eu poderia fazer aqui exercícios metafóricos, mas sinto que esse dia foi assim: um dia que aconteceu. A vida não precisa ter outros sentidos além de ser vivida.

    A foto que ilustra o post, assim como o vídeo, foram feitos por mim ontem. Achei que valia a pena registrar como a praia estava.

    #acidentes #Diário #mar
  17. El vuelo de las mariposas

    Tengo el ánimo inquieto. Llevo un buen rato observando la página en blanco y las ideas que pasan frente a mí, como mariposas que revolotean a mi alrededor, pero nunca llegan a posarse sobre la mano que les tiendo.

    Tal vez una vida más aburrida y predecible, como tanto he deseado, es menos narrable. Dicen en ciertas escuelas de escritura que el conflicto es el centro de toda narración. Yo, como los japoneses, discrepo. Aunque narrar sin fuerzas opuestas visibles es, sin duda, más complejo.

    Bueno, no, en realidad, no.

    Lo difícil es hacer que el lector sienta interés por las aguas calmadas, especialmente en un tiempo en el que la tempestad y el oleaje es lo que más se incentiva.

    Quizá por eso también es tan difícil vivir bonito y despacio.

    Nos han acostumbrado tanto a los vientos huracanados y la tromba de agua que el chirimiri o cameta d’aranya, que diría mi madre, nos parece poca cosa y molesto al mismo tiempo.

    Pero yo quiero vivir despacio y, a poder ser, hacerlo bonito, aunque no acabo de saber muy bien por dónde empezar.

    Sí, vale, me levanto sin prisa, hago la cama, enciendo una vela aromática y preparo el café mientras escucho un podcast especialmente preparado para mis mañanas lentas. Después, me siento frente a la página en blanco y espero que la magia suceda.

    Es solo que, hasta ahora, esa página en blanco no era tanto placer como pura estrategia de supervivencia.

    Y ahora, que ya he sobrevivido, no sé muy bien qué hacer con ella.

    Puede que la respuesta que busco esté en describir el vuelo de la mariposa y no en esperar que se pose sobre mi palma.

    O, tal vez —solo tal vez—, la respuesta vuelve a estar en la ficción y ya no en el día a día.

    No lo sé.

    Seguramente, esto de vivir despacio requiere el cultivo paciente y constante de todas las disciplinas artísticas.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritor #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #ficciónYRealidad #inspiración #liminalidad #Mallorca #mariposas #reflexiones #vivirDespacio
  18. non c’è riparo

    link a un intervento dell’8 agosto: https://noblogo.org/differx/non-ce-riparo

    se una cosa Giuliano Mesa ha schivato esplicitamente e assai accuratamente, sempre e comunque, è stata il sottobosco. me lo ripeteva direi spesso: il sottobosco di ogni città, il pacchiano in poesia, va evitato come la peste.

    oggi credo sia più difficile, quasi impossibile. attualmente sembra che “poesia” proprio coincida con “sottobosco”. (a volte ascensorizzato da un editore, da un festival, da un premio letterario. e – dove arriva – coinvolge nella palta tanta parte dei già facilmente stracorrotti critici letterari italofoni).

    #ControLaPoesia #diario #poesia #testiDiMgInRete #testiDiMgOnline
  19. La AEPD sanciona al Diari de Balears con 15.000 euros por informar sobre policías infiltrados

    La AEPD sanciona al Diari de Balears con 15.000 euros por... #tardigram #aepd #diario #balears #multa #Politica

    tardigram.com/m/Politica/t/508

  20. Una investigación de seis años permitió resolver un caso de #homicidio tras el hallazgo de un #diario personal. El análisis forense de las notas permitió a la #policía esclarecer la desaparición de un hombre y llevar justicia a la #familia afectada por este #crimen

    Más info: nbes.blog/entrada-diario-resol

  21. Mi pueblo, que nunca lo fue

    Creo que vivo mal.

    No solo yo, claro. La sociedad, el mundo que nos ha tocado.

    Y no porque haya una única forma buena de hacer las cosas, para nada. Sino porque parezco empeñada —¿parecemos?— en participar en una suerte de carrera de obstáculos de logros, prestigio y mérito en la que hemos olvidado los placeres lentos. O, sencillamente, los placeres. Sin más.

    Es posible que mi percepción no sea en absoluto un diagnóstico, sino la crisis de la mediana edad. Ya sabéis, ese momento en el que, por el motivo que sea, te paras, te observas y te das cuenta de que llevas media vida corriendo —quizás más— en pos de algo que puede que ahora ni siquiera valores. O, peor, ni lo recuerdes.

    Es como que corremos por inercia.

    Acumulamos por inercia.

    Y, también por inercia, mantenemos ciertos hábitos y costumbres, porque en algún momento fueron buenos. O nos lo parecieron. O lo que fuera.

    Yo, mientras, echo de menos el sonido del campanario de la iglesia las tardes de invierno en clase. El mercado en la plaza los viernes por la mañana. Los sábados de bicicleta y los domingos de arroz de pescado.

    Cualquiera podría pensar que echo de menos el pueblo, que no era tal, en el que me crié. Pero aquello nunca fue un pueblo, sino un simple puesto de postas a las puertas de la ciudad para pagar menos impuestos a la entrada en la urbe. En honor a su función, había hostales, posadas, bares y alguna casa de mala reputación, vosotros me entendéis. No tardaron en levantar allí una iglesia para ver si así se erradicaba el pecado que los viajeros, al parecer, traían consigo. Después, un colegio interno femenino de monjas liberales —sí, sí, liberales, todavía hoy se las llama «las francesas», aunque ya no quede ni una de ellas, para diferenciarlas de las monjas de verdad, de hábito y rosario a las cinco—.

    Con los años llegó una fábrica, después otra, bodegas y hasta minas. Con ellas se instaló allí un sindicato, que fue referencia en los primeros años del siglo XX. Ese pueblo, que no era pueblo, sino constructo a base de almas errantes de una y otra calaña amalgamadas en un espacio más que solo fronterizo, liminal, fue el lugar elegido para situar el primer aeropuerto de la isla. Todavía existe, claro, aunque ahora allí solo aterrizan avionetas y helicópteros.

    Me contaba mi abuela que, en los años de la guerra, cada vez que sonaban las sirenas, más que ir a los refugios, que les daban claustrofobia, muchos iban al aeropuerto. Una vez, por lo visto, para no dejar el guiso a medio hacer, se lo llevaron cargando la enorme olla entre dos de los siete hermanos por turnos. Y, creedme, su barrio, por más periférico que fuera, no estaba cerca de aquel aeropuerto construido en un pueblo que no era tal.

    Durante las últimas décadas de la dictadura, y a rebufo del éxito turístico de la isla, en aquel pueblo también surgió un espacio de ocio, que yo llegué a conocer y disfrutar cuando era pequeña, aunque ya no como el lugar de lujo y esplendor que había sido, sino como la realidad decadente que quedaba en los últimos coletazos de su existencia.

    Mi pueblo liminal fue un buen lugar donde crecer. Nadie era de allí, no había familias de toda la vida, a lo sumo, los descendientes de quienes, oliendo negocio en los años de expansión, se asentaron allí no más de tres generaciones atrás. La mayoría, éramos de cualquier lugar, menos de allí.

    El colegio de las monjas francesas, por aquel entonces, ya era mixto. Ya os he dicho que eran muy liberales. Fueron las primeras en mezclar chicas con chicos y en eliminar los uniformes. Absurdamente, hace pocos años los han vuelto a poner. Aunque, ya lo he dicho, de las monjas francesas que ya solo queda el nombre.

    Durante mi infancia, no obstante, no hubo uniformes, sí baberos durante algunos años —y cómo odiaba esa cosa—. Claro que el suyo ya no era el único colegio, pues, por lo visto, a rebufo de la fama de las francesas, más colegios privados y concertados se asentaron allí. Y, después —solo después— hicieron los públicos.

    Y la iglesia, ya sea porque yo iba a cole de monjas o porque de verdad era el centro de algo, vertebraba la sociedad con actividades, campamentos, excursiones, conciertos…

    Claro que, por pequeño que fuera aquello —aunque para aquel entonces ya estaba creciendo a lo bestia—, me consta que había familias que vivían de espaldas a toda aquella actividad y que si se enteraban de que existía, era de pasada.

    Y sí, es posible que eche de menos aquello, aunque de aquello ya no queda nada. La iglesia, sí, sigue en pie. Pero ahora allí solo se da misa y no queda actividad cívica alguna, igual que no quedan monjas francesas. Queda el aeropuerto, sí, y las ruinas de aquel club que alguna vez fue un lugar elitista. No tengo claro qué ha pasado con las bodegas, pero me ha parecido ver que están construyendo una finca encima. El edificio del sindicato alberga en su planta baja una compañía de seguros y, mire donde mire, hay una inmobiliaria.

    Aquel pueblo, que no era tal —nunca lo fue, ni lo pretendió—, ha seguido creciendo a lo largo de los años. Suerte que hay un torrente que delimita de alguna manera su espacio, pero ni esa frontera natural puede ocultar la realidad: ahora es un inmenso espacio residencial para la clase media aspiracional. Lo suficientemente lejos de la ciudad para sentirte cerca, pero bastante lejos para que adquirir una vivienda no suene a ilusión al alcance solo de Hans, Peter u Olaf. Ellos ya se han quedado con la ciudad y la costa, claro.

    Por lo menos, eso sí, las campanas de la iglesia siguen tocando, ya sea para llamar a misa o porque el carillón del reloj da la hora. Y eso, al menos, hace compañía. Resulta que el sonido de mi infancia es el de ese campanario y el de las avionetas cumpliendo horas de vuelo de pilotos en formación. Y sí, el de aviones teledirigidos que ni siquiera sé si todavía existen y el de un tren que ya no suena como sonaba.

    Así que no, no echo de menos aquel pueblo que nunca lo fue, porque sigue existiendo, aunque ahora sea muy diferente, pero, precisamente por eso, continúa siendo el mismo.

    Lo que echo de menos es vivir despacio. Necesitar menos. Disfrutar más. Y eso, a estas alturas, mi pueblo que jamás fue tal, levantado sobre las ruinas de casas de postas de reputación dudosa, no me lo puede dar.

    #Blog #crisisDeLaMedianaEdad #desarraigo #Diario #Escribir #escritora #especulaciónInmobiliaria #experiencias #identidad #infancia #liminalidad #Mallorca #memoria #nostalgia #vivirDespacio
  22. Vanko me mandou uma fotografia dele com o mexicano, preparando tortilhas. Uma cena comum, mas bastou olhar para a tela para que janeiro voltasse.

    No novo texto, escrevo sobre o que uma imagem pode reabrir: ciúme, abandono, desejo, cuidado, relações que mudam de nome e pessoas que vão embora sem sair de todos os lugares.

    📖 Tortilhas
    augustomb.substack.com/p/torti

    #Autoficção #Diário #LiteraturaQueer #EscritaDeSi

  23. 📰 «Pausagrama, el crucigrama breve diario»
    🔗 proxy.jesusysustics.com/2026/0

    Pausagrama pausagrama.pages.dev/home

    No hay mejor forma de estrenar agosto que con un juego diario estilo crucigrama que podemos resolver tanto en el teléfono como en el ordenador. Lo descubrí en Mastodon gracias a su creador, Ismurg (@[email protected]).

    Además del crucigrama del día podemos revisar los de días anteriores o probar el reto Ping-Pong en el que debemos resolver los acertijos antes de que se nos acabe el tiempo. También ofrece la tradicional posibilidad de registrarnos para que los resultados se sincronicen entre diferentes dispositivos, con el añadido de poder sincronizarlos manualmente mediante un código.

    #️⃣ #curiosidad #diario #entretenimiento #juego #navegadorWeb #webapp

  24. Escribir a tientas (o Diario del desastre V)

    Hay un recuerdo apalabrado por la memoria y el murmullo de una voz. No termino de divisarlo. Ni escucharlo. Pero ronda entre mis dedos, se desliza entre los poros de la piel mientras el tipo me mira cuando abro mi libreta.

    Podría decirle que todavía no sé de qué se trata, pero es inevitable detener mi andar, sentarme en el banco de madera y anotar con la esperanza de develar lo que me ronda. Acosar la palabra e ir tras ella por si aparece, con la certeza que va a fallar, según Leila. No pido que el sujeto lo entienda. No hace falta.

    Sigo sin divisar el recuerdo pero sé que está ahí. Tampoco entiendo por qué resurgió, de improviso sin concesiones, como esos sueños que no recordamos al despertar y nos mantienen en vilo durante el día, inquietos y recurrentes.

    Últimamente escribo a tientas.

    Un vistazo a la foto en blanco y negro que acompaña la cara interna de la libreta. Los ecos de una voz que olvidé o que, al menos, es difícil recuperar. Bocetan una presencia a prueba de golpes bajos que repaso con el sosiego de los años. ¿Sabés que estuve tentado de visitarte? De confesarte que no sé si todo salió como pensabas y que pienso bastante en el desamparo que trae la muerte. Y también la vida.

    Algunos dicen que tenemos la misma mirada. No lo sé, pero a veces me acosa una melancolía que arriba por asalto y trato de resisitir peldaño a peldaño, reinventando la pena y la alegría, esfuerzo sobrehumano para no detener la marcha, pese a que ahora esté sentado en este banco y las palabras son una retahíla de tachaduras y garabatos apenas legibles.

    #Diario #DiarioDelDesastre
  25. En Júpiter y con la cama sin hacer

    Estoy enfadada.

    No me gusta porque el enfado me perjudica. Poco importa su causa. Me pongo de mal humor, pierdo las ganas de hacer cosas y, las que hago, se convierten en trámite u obligación. Sin darme cuenta, dejo de disfrutar, de reír, de cantar. Y la vida se vuelve gris.

    No, no importa la causa del enfado, porque, sea la que sea, seguro que no vale que mi vida pierda el color.

    A mí me gusta mi vida colorida y con brillo, con música, con momentos suaves, con detalles bonitos. Ese es el motivo de que encienda una vela aromática cuando me siento a escribir, pero también de que lo primero que hago al levantarme sea poner música y hacer la cama. Hay gestos pequeños que cuestan poco pero cambian mucho.

    A pesar de todo, sé perfectamente que la vida no es así. No es suave, ni dulce, ni lenta. Más bien al contrario, tiene la manía de ser dura, bastante inflexible, de ritmos cambiantes y, a lo sumo, agridulce. Y por eso me esfuerzo en quedarme con lo bonito. No niego la mierda. Sé que existe, creedme, pero trato de buscarle el lado positivo. Al fin y al cabo, no hay mejor abono para el campo.

    Las cosas malas, duras, difíciles y hasta terribles existen. Y la mayoría de ellas no están en nuestras manos. Suceden. Podemos reaccionar a ellas. Hasta tratar de prevenirlas. Pero no evitarlas. Nuestro papel, por más que nos pese, se limita a lo que sí depende de nosotros.

    Y llevo años haciendo un esfuerzo enorme por centrarme en lo que depende de mí, porque a base de golpes aprendí que de nada sirve que me centre en lo demás. Al final, no deja de ser cierto eso de que la mejor manera de cambiar el mundo empieza por uno mismo.

    Pero en ese uno mismo es menos singular de lo que solemos pensar en un primer momento. Es más, si me centro en mí misma hay una parte de todo lo que haga que, directamente, afectará a los demás, para bien o para mal, pues somos seres gregarios y solemos vivir en comunidad.

    Si yo tengo un mal día —y hoy lo tengo— y empiezo a actuar desde el enfado, la rabia o la emoción que sea que sea que secuestre mi amígdala, mi comportamiento afectará a los demás, además de a mí misma. No digo que haya que ignorar o reprimir las emociones negativas, eso no lleva a nada. O, al menos, a nada bueno. Hay que sentirlas, claro. Y dejarlas ir.

    Y aquí estoy yo, respirando a través de una maraña de emociones feas y violentas porque la secuestrada amígdala de otro ser humano me ha sacado de mi centro —me ha enviado a Júpiter, para ser exactos—y sé que lo único que puedo hacer es surfear como pueda este momento porque a nadie beneficiará que mi amígdala tome el mando. Tampoco a mí.

    Pero aquí estoy, a las diez y media pasadas, con la cama sin hacer, la vela sin encender, un guion sin escribir, inhalando y exhalando porque un idiota fue incapaz de hacerse cargo de su propia mierda mientras me pregunto qué coño haré hoy yo con tanto abono.

    #amígdala #autocontrol #bloqueoCreativo #Diario #enfado #escrituraYEmociones #estoicismo #gestiónEmocional #ira #ironía #vidaCotidiana
  26. Julio Iglesias se querella contra elDiario.es, contra su director y contra cuatro de sus periodistas

    Julio Iglesias se querella contra elDiario.es, contra su... #tardigram #julio #iglesias #el #diario #querella #Actualidad

    tardigram.com/m/Actualidad/t/4

  27. Del tamaño de la terraza y otras trampas del ego

    Los domingos, me encanta levantarme tarde y tomar el café en la terraza con mi marido. Es casi el único día de la semana que podemos hacer algo así porque el resto de días, a la hora del café, el ruido del tráfico no permite mantener una conversación con normalidad. Y, seguramente, esa es una de las causas de esa extrañeza disfrazada de melancolía que acarreo, aunque esa autopsia, mejor, la dejo para otro día.

    La cuestión es que durante la conversación de café con leche tranquilo, que hoy sí hemos podido mantener, me he sorprendido enunciando en voz alta que, quizá, me he acostumbrado tanto al traje de escritora frustrada que ahora no quiero salir de él.

    Sí, has leído bien, querido lector: yo no quiero dejar el papel de autora bloqueada que lucha por su arte pero a la que el mundo —tan injusto, tan cruel— no permite florecer.

    Vale, me he puesto un poco melodramática, pero es que el descubrimiento, de ser cierto, no es para menos. Y lo peor es que no hay dato alguno —¡ni uno!— que apunte hacia la incorrección de la premisa.

    La cuestión es que el papel de fracasado es cómodo. Y ahora no importa que hablemos de escritura, de trabajo, de familia… Eso es lo de menos. Lo relevante es que ese rol solo exige seguir igual que siempre y, eso sí, quejarse mucho de lo mucho que se ha intentado previamente y la mala suerte que se ha tenido.

    Y, ojo, que con eso no estoy diciendo que ese papel en cuestión se interprete desde el fondo de un pozo. Para nada. Por lo general, se interpreta mejor desde la comodidad relativa.

    Es como lo de nuestra terraza. Nos encanta hacer cosas fuera, tener plantas, hacer barbacoas, paellas, tomar el sol o mirar la luna. Pero el tráfico de la calle a la que da nuestra terraza se ha puesto terrible, además de que, con los años, la terraza se nos ha quedado algo pequeña, seguramente porque antes preferíamos salir y con los pocos metros de terraza nos bastaba para cuando la usábamos. Ahora, en cambio, preferimos estar en casa y, claro, no es lo mismo.

    Por supuesto, podríamos buscar otra casa, que cubra todas nuestras necesidades, incluida la terraza. Pero, claro, así como se ha puesto el mercado, con lo que nos gusta nuestro piso y lo bien situado que está. Y, ostras, ya casi tenemos del todo pagada la hipoteca, cómo vamos a pensar ahora en volver a empezar.

    Es mucho más sencillo quejarse del tráfico, de la forma tan desordenada en la que ha crecido la ciudad, de los acelerones que pega la gente sin necesidad… Lo que sea. Porque, en realidad, en nuestra pequeña y ruidosa terraza no estamos tan mal.

    Esta estrategia, obviamente, sería mucho menos factible si no tuviéramos terraza o, peor, pero más habitual tal y como están las cosas, no tuviéramos casa propia en absoluto.

    Tampoco yo estoy tan mal como escritora frustrada. Me las he apañado para conseguir un trabajo que me encanta, con una carrera profesional más que decente, buen salario, cómodo y que, además, me deja tiempo para escribir lo suficiente como para no asfixiarme además de quejarme de la mala suerte que he tenido en la vida, que no me ha permitido dedicarme por completo a escribir.

    Si no tuviera trabajo en absoluto o el empleo que tuviera fuera una maldita tortura no sería tan sencillo lo de quedarme instalada en la queja superficial mientras, en realidad, estoy en una posición cómoda. No ideal, no. Pero confortable.

    Supongo que a eso es a lo que se refiere la psicología con la dichosa zona de confort: ese lugar que no es el ideal, pero que es lo suficientemente bueno como para que intentar cambiarlo te suponga una incomodidad mayor de la que te supone mantenerte como estás.

    Por lo visto, no nos movemos por deseos. Para nada. Nos movemos por incomodidad. O, mejor dicho, por dolor. Si el dolor de una situación es soportable y, sobre todo, menor que el que nos provoca movernos a la siguiente casilla o, para ser más exactos, la incertidumbre que ese movimiento nos supone, nos quedamos.

    Y esto me parece absurdamente cruel.

    Pero, al menos, me sirve para entender qué me ha estado pasando estos días atrás y, sobre todo, por qué, de pronto, he tenido la tentación de enviarlo todo al carajo —otra vez—.

    Y es que el traje de escritora frustrada lo conozco. No es cómodo, pero me he hecho a él. Y él a mí. Tanto, tanto, nos hemos acostumbrado el uno al otro que el ejercicio de tratar de salir de él se siente como arrancarme la piel a jirones, algunos de ellos, con trozos de carne.

    Poco importa que hace casi dos meses, en una camilla de hospital tras una intervención de urgencia a vida o muerte descubriera que no quería irme de este mundo sin haber intentado en serio que mis historias llegaran a su público. El recuerdo sigue vivo, pero es lejano.

    Sin embargo, lo peor de todo no es desprenderse de esa identidad anterior que, erróneamente, habíamos confundido con la auténtica. En absoluto. Lo peor es no saber exactamente cuál es el traje que te están poniendo ahora.

    Esa, y no otra, es la incomodidad a la que ayer llamaba tontería.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #frustración #identidad #miedoAlCambio #reflexión #reflexiones #vidaCotidiana #zonaDeConfort
  28. Un día tonto

    Menudo día tonto estoy teniendo. Sé que es normal, que de estos también hay, pero eso no lo hace más llevadero.

    Lo peor es que no ha pasado nada. Es decir, no hay un motivo concreto que justifique la tontería que padezco. Aunque, ahora que lo pienso, es posible que por ese motivo lo sienta como tonto y no como malestar, infelicidad, dolor o cualquier otra cosa.

    Por lo visto, soy una persona terriblemente racional que necesita que todo tenga su causa, su porqué, su sentido. A pesar de que, a la hora de la verdad, yo soy más de seguir corazonadas que estrategias. Es más, lo de ser una brújula no es algo que aplique en exclusiva a mi escritura. Para nada. Lo de guiarme por una brújula interior, o una suerte de sonar del alma o de ecolocalización del corazón, es algo que se aplica a mi vida al completo. Y no me va mal. Al contrario. Pero, siendo esto así, no sé por qué me angustio tanto.

    Dice mi psicóloga que esa angustia es, en realidad, ansiedad. Que no me apure, que es el mal de este siglo, que padecerla me hace más normal, más del montón, que es, según le digo una sesión tras otra, lo que más deseo ser. Que la terapia ayudará. Que me centre en el presente. Que deje seguir su curso lo que no está en mi mano y no puedo controlar.

    —Inspira… Aguanta el aire… Un poco más… Exhala despacio… Repite…—

    Ansiedad y un poco de trauma, ese creo que es el diagnóstico, para nada espectacular, pero sí bastante tocanarices, cuando de funcionar con normalidad se trata. Y sí, la meditación ayuda. Pero no es suficiente —o quita más tiempo que tranquilidad te da—. También ayudaba el deporte, hasta que el cuerpo dijo basta. Y el yoga…

    Quizás tendría que volver al yoga. O probar el pilates. ¿No han sacado nada nuevo ahora que esté de moda y te prometa un cuerpo —y sin dolor— y tranquilidad del alma?

    O, tal vez, quién sabe, tendría que aprender a fiarme de mi ecolocalizador interior y comprender que si tengo un día tonto, quizás sea porque el cuerpo y el alma me piden un poco de recogimiento y calma.

    #ansiedad #autocuidado #Blog #díasTontos #Diario #Escribir #escrituraCreativa #experiencias #introspección #reflexiones #saludMental #terapia
  29. Mudarse al refugio

    Llevo días volcada en la puesta a punto del blog. Aunque no sé si, más que puesta a punto, debería llamarlo reestructuración. O, quizá, reforma. Al fin y al cabo, lo que estoy haciendo es transformar en un hogar mi pequeño refugio digital.

    Hasta ahora, La Enésima había sido como una casita en el campo a la que acudir de tanto en tanto para reconectar conmigo misma. Era acogedora y tenía todo lo que necesitaba para estancias breves. Y me encantaba ir a pasar mis ratos libres. Pero no era un hogar. A lo sumo, una casa de vacaciones o, si me apuras, de fin de semana. Poco más.

    Lo que estoy haciendo ahora es mudarme ahí, del todo, con todo lo que eso implica, y sin una casa en la ciudad que articule la vida o a la que regresar si todo sale mal.

    Aunque, por supuesto, si todo sale mal, siempre puedo volver a empezar.

    Eso, creo, es algo que he aprendido en este último año en el que la vida se me ha puesto del todo patas arriba. Solemos vivir como quien se lo juega todo a una mano y sin posibilidad de pedir más cartas. Pero la realidad, por dura que sea —y puede ser durísima—, es mucho más flexible de lo que solemos pensar. Mucho más.

    Eso sí, empezar de cero da vértigo. Mucho. En especial cuando sientes que ya tienes algo construido y quieres conservarlo. Por ejemplo, este blog. No lo estoy estropeando, lo estoy ampliando, adaptándolo a mi momento actual o incluso, quizás, mejorando. Pero no voy a mentir, me daba pánico dar este paso porque el cambio, por leve que fuera, podía suponer perder el refugio que con tanto esfuerzo había construido y, sobre todo, que tanto bien me hacía —y me sigue haciendo—.

    Igual que me daba pánico cambiar la forma de distribución de mis libros publicados y que dejaran de estar en exclusiva en Amazon, aunque hace años que las ventajas de esa exclusividad dejaron de serlo para mí. También me daba pánico publicar en el blog el guion en el que estoy trabajando, porque el formato es muy distinto, porque es un proyecto en curso, porque, porque, porque…

    Siempre es igual, miedo versus oportunidad. Pero no miedo a que la oportunidad que sea no salga bien. Eso lo podemos tolerar con sorprendente facilidad. El miedo real es a perder lo que sea que tenemos y a que no haya nunca, jamás, ninguna otra oportunidad, ningún otro camino, solo vacío.

    Al final, me temo, es a ese vacío informe al que tememos. Un vacío que ni siquiera está claro que sea real, pero que se alimenta de todos nuestros pequeños miedos concretos.

    Y es posible que no exista una fórmula mágica para hacer frente a ese vacío o, siquiera, a esos pequeños miedos que se nos acumulan en el pecho, en lo más profundo de las tripas o nos anudan la garganta. Pero sí hay una certeza: nunca sabremos cuál es nuestra última mano hasta que lleguemos a ella. Y si esta en la que estamos no es nuestra última jugada, poco importa ganar o perder. Siempre podemos volver a pedir cartas. Siempre podemos volver a empezar. Aunque sea de cero.

    #Blog #cambios #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #hogar #LaEnésima #miedo #procesoCreativo #proyectosPersonales #reflexiones #vidaCotidiana #volverAEmpezar
  30. La casa de todo

    Esta noche he soñado con el blog. Seguramente, también con el Muso. Aunque no recuerdo el sueño, solo la conclusión: el blog es el centro y tiene que articularlo todo.

    Bueno, recuerdo eso y la terrible migraña con la que me he despertado, porque, por lo visto, lo de que de noche la mente siga trabajando como si fuera de día tiene un precio.

    Y, sí, quizá si no hubiera habido migraña ahora estaría con ánimo para escribir uno de esos diálogos con Aúspice en los que la conclusión que recuerdo no llega en frío y en el primer párrafo, sino después de una conversación que solo ha existido sobre el papel.

    Pero ha habido migraña y, por más que la medicación que tomo me quite el dolor de cabeza, lo cierto es que deja todo lo demás, como el cuerpo hecho un trapo, hasta el punto de que todo se siente como la resaca después de una noche de fiesta y desmadre, pero sin fiesta ni desmadre.

    Así que no hay ánimo para conversaciones teóricas con el Muso —ni para casi nada—. Pero aquí estamos, porque pienso escribiendo, porque necesito que la migraña, al menos, sirva para algo y porque no me perdonaría que una idea nocturna pasara de largo por no haber sabido parar un instante para hacerle caso.

    Así que llevo desde que me he levantado dándole vueltas a la idea, a la frase: el blog es —y tiene que ser— el centro de todo y tiene que articularlo. La única traducción a lenguaje de vigilia que se me ocurre es que no me conviene separar canales y que haya uno para el diario y la ficción breve, que sería el blog, y otros para la ficción larga.

    Quizás, si tenemos en cuenta que una de las decisiones más radicales que he tomado desde que he vuelto a escribir es que lo hago, fundamentalmente, para ser feliz y para que llegue a la gente, pero no con el fin de entrar en ningún tipo de circuito profesional, la idea de articular a través del blog también la ficción larga, es decir, las novelas y los guiones de cine, tiene todo el sentido del mundo.

    Y digo más, usar el blog como cuaderno de escritura no solo de los textos breves, sean de ficción o no, sino también de los largos encaja sorprendentemente bien con la idea de mostrar la escritura en vivo en TikTok, porque así también se vería el proceso no solo en la parte mecánica, que creo que es la más aburrida, sino también en los resultados —que son los textos, las historias— y que es la parte más importante de todo.

    Ahora bien, para hacer eso y que tenga algún tipo de sentido, el blog debería cambiar, al menos en la portada, para dejar claro que aquí se pueden encontrar distintas zonas y que están separadas por secciones. Y ahí es donde no sé si la idea que tengo en mente es ejecutable, o no. Y aunque lo sea, ahora mismo, en plena resaca migrañosa, se me hace un mundo —y sí, ya lo sé, esto también pasará y me encanta jugar con WordPress, aunque ahora no lo parezca—.

    En fin, que esa es la idea, convertir el blog en casa de todo, crear secciones más claras, no solo dentro, como ahora, sino en la portada, y de esta manera permitirme disfrutar del todo y sin complejos de lo mucho que me gusta esto de tener un blog que forma parte de mi rutina, a veces para soñar con letras e historias largas, a veces para dejar constancia de mi día a día.

    #Aúspice #arquitecturaDelBlog #Blog #bloqueo #creatividad #Diario #diarioYMuso #escritura #ficción #migraña #Muso #procesoCreativo #proyectosLiterarios #TikTok #vidaDeEscritora #wordpress
  31. Objeto, sujeto, zombi

    A veces, la versión de mí que sobrevivía en lugar de vivir regresa como un muerto viviente en una mala película de zombies. Regresa y toma el control, como si no hubiera conseguido ya lo que me propuse cuando cambié experiencia por supervivencia. O, peor, como si no hubiera entendido la lección más importante de todo aquello. La única que realmente valió la pena.

    Pero sí que lo entendí. Perfectamente. Es solo que tengo mala memoria y soy de olvido fácil. Sobre todo, en los días que tengo el ánimo bajo, como hoy. Y estaba a punto de escribir que, además, todo es culpa de la sociedad, que nos bombardea con ideas más o menos absurdas y nos genera falsas necesidades, ajenas a cualquier deseo o ambición personal. Pero la excusa es demasiado fácil. Demasiado simple.

    La culpa —ese concepto tan católico—, si la hay, es toda nuestra. Toda mía, en este caso. Y no es por darme importancia, sino por reconocer una verdad que no por ser omitida dolerá menos: es más fácil y cómodo dejarse llevar que pensar por uno mismo. Más simple que tener ideas propias. Mucho más sencillo que luchar por ellas, nadar contra corriente, pero no como un salmón cualquiera, siguiendo instintos e impulsos físicos ni siquiera comprendidos. Para nada. Sino como el superhombre nietzscheano —supermujer, si se me permite— que se sobrepone y supera a cualquier corriente de su tiempo y pensamiento imperante para construir las propias.

    Muy decimonónico todo —o de principios del veinte…—, pero qué queréis, soy una romántica. Nada me gusta más que una tormenta, un espíritu atormentado, un buen mito o una leyenda. Quizás un filósofo misógino. O un poeta sifilítico, pero inspirado. Tal vez, cuando era joven, también la absenta.

    Y es que, si me paro a pensarlo, soy una maldita encarnación, un siglo tardía, eso sí, de una heroína romántica. Quizás tuve que nacer cien años tarde porque, por aquel entonces, como mujer, era difícil ser nada más que objeto y servidora gusta de defender su función como sujeto, aunque la función que me toque ejecutar sea la de verbos tristes como enfermar, sufrir o perder. Ahora, que si lo pienso bien, es eso lo que me convierte en romántica, en realidad.

    Vaya tela, encajar tan bien en un movimiento y vivir con un siglo de retraso. Aunque, si me detengo a observarlo, también es eso muy, muy romántico. Es como el mito del fantasma pero elevado a la enésima potencia. No es que sea un espíritu del ayer que ha permanecido, por apego o por lo que sea, vinculado a un plano que no es el suyo. Es peor todavía. Es un alma de una época que ya no existe condenada a vivir en una época que no le corresponde, sin castillos ni dandis decadentes, sin la inocencia previa a las grandes guerras, ni la fe en el progreso, ni la nostalgia, siquiera, de un pasado dorado.

    Quizás, visto desde ese ángulo, no sea tan romántica como me creo, sino neorromántica —aunque estoy segura, sin necesidad de buscarlo, de que, como todo en nuestro tiempo, ya se habrá banalizado este término para referirse a cualquier cosa concretísima, como, yo qué sé, un tipo de ropa o un estilo de música—.

    En mi mundo, a partir de hoy, neorromántico es sufrir una enfermedad crónica, a poder ser autoinmune, pero no necesariamente, en lugar de sífilis y tuberculosis, tan propias ellas del romanticismo original.

    También lo es creer que los mundos imaginarios tal vez no lo son tanto, que un buen mito o leyenda puede explicar tanto o más que la mejor de las teorías científicas y, al mismo tiempo, que la ciencia, tarde o temprano, explicará muchas de las cosas que ahora niega.

    Una neorromántica no tiene problema en creer tanto en fantasmas como en la conciencia de las máquinas. Y, quizás, ya no beba absenta, pero, oigan, que el matcha es antioxidante, con toda una tradición que lo sostiene y mitología propia, y, en fin, también es verde.

    Y, puestos a ello, con tal de exorcizar días malos, como este, una neorromántica se viste acorde al estilo que representa, que un vestido largo hasta los pies y vaporoso es tan propio de Ibiza en verano como del siglo XIX —vale, quizás, el mío para viajar en el tiempo es un poco demasiado escotado, pero por algo hemos añadido el prefijo neo al término que nos define—.

    Dicho sea de paso, una buena neorromántica gusta de escribir y es una experta diarista. Quizás por aquello de la obsesión por el yo de los románticos, que ha perdurado hasta nuestros días a través de las décadas.

    Pero, de todo, lo mejor de ser una neorromántica es que tener días tontos, días malos —días de mierda— forma parte, por completo, de su propia esencia. Seamos realistas, no hay romántico o romántica que valga, con o sin prefijo rejuvenecedor, que no esté atormentado por el mero hecho de su existencia, a la par que maravillado por la misma.

    Y eso, queridos, desmitifica al zombi del pasado que, sin éxito, se empeña en tomar el mando. Hasta cuando es un muerto viviente el que gobierna mi mente, mi esencia sigue siendo la misma, porque, decidme, qué hay más romántico que luchar con tu propia psique por el control del barco.

    #autoconocimiento #autoironía #Blog #Diario #duelo #enfermedadCrónica #escritura #escrituraCreativa #experiencias #humor #identidad #ironía #liminalidad #neorromántica #Resiliencia #romanticismo #saludMental #superhombreNietzscheano
  32. El meollo digital

    Estoy aprendiendo a escribir con una cámara delante y otra enfocándome las manos. Sí, lo sé, suena raro. Hacerlo es más raro todavía. Pero el mundo avanza rápido y deja poco margen, o te sumas y lo sigues o te quedas atrás. Y tengo edad suficiente para haber probado las dos cosas y poder decir sin temor a equivocarme que es, con creces, peor la segunda.

    Así que, aquí estoy, montada al carro de la vida como si en lugar de una millennial con mala salud fuera una centennial con al menos una década menos de edad y el doble de energía.

    La otra opción, la de quedarme atrás, ni la contemplo. Ni por mí, que lo mío me está costando seguir con vida como para, encima, vivir como si prefiriera estar haciendo cualquier otra cosa. Ni por mis criaturas —léase historias, con sus personajes y paisajes—, que me he comprometido a traer de vuelta al mundo desde el cajón donde las encerré a cambio de que también me dejaran —las musas, el universo, los dioses, lo que sea— quedarme por aquí una temporadita más.

    La cuestión es que, en este mundo actual, si una quiere dedicarse a escribir, no solo por el propio placer de hacerlo, sino con el ánimo de cumplir el firme compromiso de darle a sus critauras toda la visibilidad que merecen para que tengan una oportunidad de hacer lo suyo, sea eso lo que sea, pues no queda otra que estar en medio de todo y, más concretamente, allá donde está el movimiento.

    Hace unos años —quizás décadas— eso significaba estar en la ciudad que, en ese momento, fuera capital cultural. Aquí en España, cuando yo era jovencita y soñaba con ser escritora, eso implicaba vivir en Madrid o Barcelona, por los contactos y los saraos culturales. Creo que en la actualidad el eje se ha desplazado a favor de la capital española. Pero eso ahora, al parecer, es menos relevante que antes. Lo crucial, por lo visto, es estar en el meollo digital. Todo lo demás, es subsanable.

    Así que servidora, decidida como está a luchar por sus historias, ha decidido empezar por el asunto digital, a ver si conseguimos llegar, aunque sea a trompicones, al susodicho meollo, y, a partir de ahí, ya veremos.

    La cuestión, más allá de la pereza que puede suponer eso de meterse en el mundillo de las redes sociales, en especial cuando ahora lo que se lleva no es lo de escribir sino lo de mostrarse, es qué contenido puedo compartir yo que sea interesante o, al menos, me pueda ayudar en mi propósito.

    No penséis que no le he dado vueltas. Tantas que, para inspirarme, hasta he hecho una rigurosa investigación de perfiles similares al mío y que ya han conseguido lo que yo me propongo.

    Pero, claro, ahí vino lo peliagudo. Definir qué narices me propongo. Porque la mayor parte de las personas con perfiles parecidos al mío tienen objetivos bastante claros y, lo más importante, cuantificables. Y suelen dividirse en grandes grupos.

    Por un lado, encontramos a los autores que quieren vender libros. Suelen ser autores autopublicados, como servidora, pero no únicamente. También hay autores que publican con editoriales tradicionales que hacen una labor de promoción maravillosa. Y esa palabra es la clave: promoción. Todos ellos, también los que están publicando en Wattpad o plataformas análogas, quieren promocionar sus obras.

    Por otro lado, encontramos a los autores que quieren llegar al lugar en el que están los primeros, a poder ser, pero no solo, a través de una oportunidad ofrecida por una editorial.

    Y después está el enorme cajón que es booktok en el que caben desde personas que aman leer y comparten su afición hasta autores que desean ser leídos, pasando por personas que aman que las editoriales y autores quieran colaborar con ellos y les envían libros y otros regalitos a cambio de su tiempo y esfuerzo.

    ¡Ah, y se me olvidaban otros! Los que se dedican a enseñar a escribir/ maquetar/ promocionar o lo que sea que pueda necesitar cualquier autor o escritor en potencia. Estos, por lo general, ofrecen sus servicios, sean de asesoramiento o edición, corrección, maquetación o cualquier otra cosa. Pero otros muchos también lo hacen para darse a conocer como autores.

    La cuestión es que de todos estos grupos, me temo, como mucho, solo encajo en el primero. Salvo por el hecho que la promoción y todo lo que huela a ella me repele. Diré más, creo que uno de los mayores culpables del largo bloqueo de escritura que he sufrido fue, precisamente la promoción.

    Y no me malinterpretéis, me encanta hablar de mis historias, como a casi todos los autores, supongo, pero odio profundamente tratar de convencer a nadie de que se las lea. Mejor no hablemos del problemón que me supone tratar de vender un libro.

    Lo mío, y eso también lo descubrí durante aquella etapa de locura previa al bloqueo en el que la escritura y la promoción ocupaban prácticamente todo mi día a día, es, en realidad, compartir mi trabajo y mi proceso creativo.

    Repito, compartirlo. No enseñar nada a nadie —lo único que me siento capacitada para enseñar es español, que por algo es además mi trabajo—. No tratar de convencer a nadie de que lea o compre o lo que sea. De ahí, además, creo que vienen después los disgustos.

    Eso me deja con pocas opciones de creación de contenido, salvo compartir lo que hago mientras lo hago. Y de ahí las cámaras de las que os hablaba al principio de esta entrada. Quizás, lo más sincero y fiel a mí misma sea, sencillamente, mostrar mi trabajo, aunque sea menos visual que, yo qué sé, el de un artista plástico y mucho menos impactante que, no sé, un músico que interpreta una pieza.

    Pero, claro, no solo de directos viven la redes sociales de vídeo estas que están tan de moda ahora. También hay que crear vídeos.

    Y para eso, más allá de pedir ayuda a varias inteligencias artificiales para elaborar un plan de creación de contenido mínimamente lógico, acorde a mi propósito y factible, dados mis medios, he vuelto a recurrir a los creadores que ya han conseguido lo que yo quiero, o algo similar, que podemos resumir, de forma muy clara como dar a conocer mi trabajo a mi público objetivo. No a la masa. No vender. No crecer. Llegar a quién puede disfrutarlo.

    Eso me ha dejado una cartera de vídeos que, con alguna que otra adaptación puedo crear y compartir, como hablar de libros que me han gustado o inspirado, leer fragmentos de mi trabajo, hacer un vídeo diario hablando de los avances de mis proyectos…

    Pero todo eso es exactamente lo mismo que hacen los del grupo dos, es decir, los que quieren llegar al mismo lugar al que los primeros ya han llegado. Y ese grupo es un saco sin fin del que es muy difícil salir salvo que consigas diferenciarte.

    Y, si consigues diferenciarte lo suficiente, pasas a dejar de formar parte de ninguno de los grupos mencionados para crear tu propio y único grupo. Que no voy a decir que sea algo fácil de defender. Pero, al menos, es algo mucho más encaminado a lograr el objetivo establecido, que, recuerdo, no es llegar a la masa, sino a aquellas personas que realmente puedan estar interesadas en lo que yo hago.

    Llegados a este punto, conviene ser realistas y sinceros. Es prácticamente imposible que nadie interesando en productos culturales, digamos, mainstream, se sienta interesado en lo que yo hago, salvo que, por alguna misteriosa regla de tres, lo mío acabara por convertirse en mainstream.

    Mi público objetivo, me temo, es tan, digamos, particular como yo misma. Porque mi propia obra lo es —y por eso me bloqueé, recordemos, porque yo quería ser normal y que mi obra lo fuera, peor, oh, sorpresa, eso no es posible—.

    Así que la creación de contenido normal me traerá a gente normal que busca obras normales cuando lo que yo tengo para ofrecer, es, más bien, alternativo.

    Si lo quiero conseguir es dar a conocer mi obra tal y como es — porque a eso es a lo que me he comprometido a cambio de seguir en este mundo otra temporada, esperemos que larga—, a un potencial público objetivo, lo mejor que puedo hacer, por no decir lo único, es mostrarme tal y como soy.

    Eso implica, por ejemplo, hablar sin cortapisa de ese pacto del alma de escribir y publicar a cambio de más tiempo de vida. Pero también volver a hablar del Muso y de las musas, de la inspiración, del subconsciente, del lugar donde viven las historias, el mundo de los sueños y de los mundos entre mundos.

    Esto es, sin más, volver a lo que hacía antes de bloquearme en el blog que precedió a este.

    Implica quitarme la coraza.

    Y volver a poner el corazón y el alma sobre la mesa.

    Aún a riesgo de volver a bloquearme.

    #autopublicación #Blog #bloqueoCreativo #booktok #Diario #diarioDeEscritora #Escribir #escribirYMostrarse #escritora #escritura #escrituraCreativa #experiencias #identidadDeEscritora #inspiración #LaEnésimaAventura #musas #procesoCreativo #promociónLiteraria #redesSociales #reflexiones #vulnerabilidad
  33. VERANO 2026 -Ideas Creativas para un Diario de Verano

    Crear un diario de verano es la actividad perfecta para que los niños expresen su creatividad, practiquen la escritura de forma divertida y guarden un recuerdo inolvidable de sus vacaciones. Lo ideal es plantearlo como un juego libre y no como un deber escolar.

    Vamos a ver paso a paso como diseñar y organizar un diario de verano infantil.

    1. Preparar la estructura base

    Puedes optar por un método rápido o fabricarlo desde cero en casa:

    • El cuaderno ideal: Usa un cuaderno sencillo de hojas blancas o lisas. Las hojas sin líneas facilitan que puedan alternar dibujos, garabatos y textos sin límites.
    • Hecho a mano: Dobla varios folios A4 por la mitad y encuadérnalos usando grapas, una cinta bonita o lana pasándola por agujeros.
    • Secciones plastificadas: Si usas cartulinas para las portadas, puedes forrarlas con papel contact adhesivo para que resistan los días de playa, piscina y parque.

    2. Decorar y personalizar la portada

    La primera tarde debe dedicarse exclusivamente a personalizar el cuaderno:

    • Título creativo: Escribe con letras grandes «El gran diario de verano de [Nombre del niño]» o «Mis aventuras veraniegas».
    • Materiales libres: Deja que utilicen rotuladores, acuarelas, pegatinas, recortes de revistas o purpurina.
    • El sobre de los tesoros: Pega un sobre de papel grande en la contraportada interior. Servirá para que guarden entradas de cine, hojas secas, billetes de transporte o mapas de los lugares que visiten.

    3. Dinámicas para rellenarlo sin aburrirse

    Para evitar el síndrome de la página en blanco, utiliza plantillas visuales o preguntas guía en lugar de pedirles que simplemente «escriban su día»:

    • La lista de deseos (Bucket List): En la primera página, pídeles que apunten o dibujen las 3 o 5 cosas que más ilusión les hace hacer este verano (por ejemplo: comer un helado gigante, ir a la playa, ver estrellas).
    • Disparadores de escritura: Si les cuesta empezar, sugiéreles frases inacabadas:
      • «Lo más divertido de hoy ha sido…»
      • «El calor de hoy se parecía a…»
      • «Hoy he descubierto que…»
      • «Mi comida de hoy sabía a…»
    • Registro del clima y humor: Reserva la esquina superior de cada página para que dibujen un sol, nubes o lluvia según el tiempo, y una carita que represente cómo se sienten ese día.
    #2026 #actividades #Blog #creatividad #diario #DIY #ideas #manualidades #niños #verano
  34. 📰 «Loxik, cinco divertidos juegos diarios en español»
    🔗 proxy.jesusysustics.com/2026/0

    Loxik: una colección de juegos diarios de palabras y lógica, en español microsiervos.com/archivo/juego

    ────────────────────

    Por si no tuviéramos suficientes juegos diarios, llega Loxik para añadir cinco nuevas opciones adictivas y en español. No inventa nada nuevo sino que son juegos ya clásicos diosponibles en inglés que le dan un girito al Wordle (en algunos casos, un giro literal) que añade variedad y los acerca a público hispanohablante.

    Todos los juegos son bastante intuitivos, pero por si no pillamos la dinámica tenemos sus normas al iniciarnos por primera vez. También cuenta con un tablero de puntuaciones para comparar tus resultados con los de otros participantes y un calendario para ver los acertijos de días anteriores. Y, por supuesto, funciona perfectamente tanto en el navegador de escritorio como de móvil.

    #️⃣ #colección #diario #didáctico #educativo #juego #navegadorWeb #teléfonoMóvil #webapp

  35. oggi, 16 giugno, a roma, asl rm3: “l’amore che libera”, di andrea di giorgi e federico raponi

    oggi, martedì 16 giugno 2026, alle ore 15, presso la ASL Roma 3 (sala affreschi) – via Arturo Colautti 30

    presentazione del libro
    L’AMORE CHE LIBERA – storia di strada politica famiglia
    di Andrea Di Giorgi e Federico Raponi

    insieme agli autori
    – Laura Figorilli, direttore generale ASL Roma 3
    – Piero Petrini, direttore DSM ASL Roma 3
    – Paola Medde, presidente Ordine Psicologi del Lazio
    – Barbara Funari, assessora alle Politiche Sociali e alla Salute di Roma Capitale
    – Elio Tomassetti, presidente Municipio XII
    – Fabio Bomarsi, assessore alle Politiche Sociali e Associazionismo Municipio XII

    letture dell’attrice Simona Zilli; modera Flavia Balestrieri, vice presidente Commissione Politiche Sociali Municipio XII

    L’incontro tra due classi sociali, un innamoramento che diventa famiglia, l’attivismo nel quartiere, la catastrofe e la forza per andare avanti.
    Un racconto in forma di diario.
    https://tuttascena1.wordpress.com/2025/11/21/lamore-che-libera-andrea-di-giorgi-federico-raponi/

    #AndreaDiGiorgi #ASLRoma3 #attivismo #BarbaraFunari #diario #dsm #ElioTomassetti #FabioBomarsi #famiglia #FedericoRaponi #LauraFigorilli #PaolaMedde #PieroPetrini #politica #presentazione #racconto #raccontoInFormaDiDiario #SimonaZilliModeraFlaviaBalestrieri #viaColautti
Share on Mastodon

Enter the server where you have an account.