#reflexion — Public Fediverse posts
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Una pequeña desviación de unos cuantos grados en la posición de un hueso cambió por completo el destino de nuestro planeta. En la anatomía comparada, no existe una herramienta más perfecta, versátil y revolucionaria que el pulgar oponible. Aunque muchas personas asumen que nuestra supremacía como especie se debe exclusivamente al tamaño del cerebro, la realidad antropológica es que la mente humana habría sido inútil sin una extremidad capaz de materializar sus ideas. El pulgar oponible, que puede tocar la punta de los otros 4 dedos de la misma mano, es el verdadero motor de la evolución tecnológica.
Sin esta ventaja anatómica, la manipulación fina de objetos habría sido imposible. No habríamos podido sostener una piedra con la fuerza necesaria para romper un hueso y extraer la médula ósea, una fuente de grasa y proteína que aceleró el crecimiento de nuestro cerebro en las etapas primitivas de la evolución. Tampoco habríamos tenido la capacidad de sostener un palo para mantener el fuego encendido, ni de tallar las primeras herramientas de sílex que nos defendieron de los grandes depredadores. Absolutamente todo el desarrollo humano, desde las pinturas rupestres primitivas hasta la fabricación de microchips ultrasensibles en el siglo XXI, depende de la pinza de precisión que realiza nuestra mano.
El pulgar oponible nos permitió pasar de ser simples recolectores que se adaptaban al entorno, a convertirnos en transformadores radicales del paisaje. Fuimos capaces de coser ropa para sobrevivir al frío, de construir refugios estables y de registrar la historia mediante la escritura. No somos la especie más rápida, ni la más fuerte, pero la combinación de un cerebro analítico con una mano de precisión hidráulica y ósea nos dio el control absoluto del entorno. La próxima vez que uses una herramienta simple, recuerda que sostienes el secreto que nos sacó de la edad de piedra.
La mano humana con su pulgar oponible es el puente físico que permitió a la mente transformar el pensamiento abstracto en herramientas.
— Aetherius Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso.
#EvolucionHumana #PulgarOponible #AntropologiaForense #Anatomia #Ciencia
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Una pequeña desviación de unos cuantos grados en la posición de un hueso cambió por completo el destino de nuestro planeta. En la anatomía comparada, no existe una herramienta más perfecta, versátil y revolucionaria que el pulgar oponible. Aunque muchas personas asumen que nuestra supremacía como especie se debe exclusivamente al tamaño del cerebro, la realidad antropológica es que la mente humana habría sido inútil sin una extremidad capaz de materializar sus ideas. El pulgar oponible, que puede tocar la punta de los otros 4 dedos de la misma mano, es el verdadero motor de la evolución tecnológica.
Sin esta ventaja anatómica, la manipulación fina de objetos habría sido imposible. No habríamos podido sostener una piedra con la fuerza necesaria para romper un hueso y extraer la médula ósea, una fuente de grasa y proteína que aceleró el crecimiento de nuestro cerebro en las etapas primitivas de la evolución. Tampoco habríamos tenido la capacidad de sostener un palo para mantener el fuego encendido, ni de tallar las primeras herramientas de sílex que nos defendieron de los grandes depredadores. Absolutamente todo el desarrollo humano, desde las pinturas rupestres primitivas hasta la fabricación de microchips ultrasensibles en el siglo XXI, depende de la pinza de precisión que realiza nuestra mano.
El pulgar oponible nos permitió pasar de ser simples recolectores que se adaptaban al entorno, a convertirnos en transformadores radicales del paisaje. Fuimos capaces de coser ropa para sobrevivir al frío, de construir refugios estables y de registrar la historia mediante la escritura. No somos la especie más rápida, ni la más fuerte, pero la combinación de un cerebro analítico con una mano de precisión hidráulica y ósea nos dio el control absoluto del entorno. La próxima vez que uses una herramienta simple, recuerda que sostienes el secreto que nos sacó de la edad de piedra.
La mano humana con su pulgar oponible es el puente físico que permitió a la mente transformar el pensamiento abstracto en herramientas.
— Aetherius Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso.
#EvolucionHumana #PulgarOponible #AntropologiaForense #Anatomia #Ciencia
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Las pantallas nos ganaron: Las predicciones cumplidas de Fahrenheit 451 en el siglo XXI
Mirar de frente el entorno digital actual nos obliga a reconocer que la visión del futuro escrita por Ray Bradbury a mediados del siglo XX dejó de ser una simple fantasía literaria para convertirse en nuestra realidad cotidiana. En su obra, el autor no solo imaginó la destrucción física de la literatura, sino un peligro mucho más sutil y certero: una sociedad que decide abandonar los libros y el pensamiento analítico de forma totalmente voluntaria, prefiriendo el consumo ininterrumpido de entretenimiento rápido y pantallas gigantes que cubren las paredes de los hogares. Hoy en día, el uso masivo de los teléfonos inteligentes, las redes sociales privativas y los videos cortos de unos cuantos segundos funcionan de manera idéntica a esos muros de televisión de la novela, inundando nuestra atención con ráfagas de información superficial que adormecen la mente y nos quitan el tiempo para cuestionar las cosas.
Otro de los aciertos más asombrosos y preocupantes de la novela fue la invención de los audífonos con forma de concha marina, unos pequeños aparatos que los personajes se colocaban en las orejas para escuchar música, noticias y conversaciones de forma constante, manteniéndose aislados de la gente que los rodeaba. Esta predicción coincide por completo con la presencia actual de los auriculares inalámbricos que casi todo el mundo lleva puestos en las calles, los autobuses o los centros de trabajo, creando una barrera invisible que destruye la convivencia vecinal y el diálogo directo en nuestra comunidad. Al preferir el ruido artificial de los dispositivos por encima de la interacción humana real, la sociedad global avanza hacia ese estado de soledad acompañada que Bradbury describió con tanta claridad, demostrando que para controlar a una población no hace falta violencia o quemar sus libros, sino convencerla de mirar una pantalla sin descanso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociedad #Fahrenheit451 #RayBradbury #Tecnologia #Reflexion
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Las pantallas nos ganaron: Las predicciones cumplidas de Fahrenheit 451 en el siglo XXI
Mirar de frente el entorno digital actual nos obliga a reconocer que la visión del futuro escrita por Ray Bradbury a mediados del siglo XX dejó de ser una simple fantasía literaria para convertirse en nuestra realidad cotidiana. En su obra, el autor no solo imaginó la destrucción física de la literatura, sino un peligro mucho más sutil y certero: una sociedad que decide abandonar los libros y el pensamiento analítico de forma totalmente voluntaria, prefiriendo el consumo ininterrumpido de entretenimiento rápido y pantallas gigantes que cubren las paredes de los hogares. Hoy en día, el uso masivo de los teléfonos inteligentes, las redes sociales privativas y los videos cortos de unos cuantos segundos funcionan de manera idéntica a esos muros de televisión de la novela, inundando nuestra atención con ráfagas de información superficial que adormecen la mente y nos quitan el tiempo para cuestionar las cosas.
Otro de los aciertos más asombrosos y preocupantes de la novela fue la invención de los audífonos con forma de concha marina, unos pequeños aparatos que los personajes se colocaban en las orejas para escuchar música, noticias y conversaciones de forma constante, manteniéndose aislados de la gente que los rodeaba. Esta predicción coincide por completo con la presencia actual de los auriculares inalámbricos que casi todo el mundo lleva puestos en las calles, los autobuses o los centros de trabajo, creando una barrera invisible que destruye la convivencia vecinal y el diálogo directo en nuestra comunidad. Al preferir el ruido artificial de los dispositivos por encima de la interacción humana real, la sociedad global avanza hacia ese estado de soledad acompañada que Bradbury describió con tanta claridad, demostrando que para controlar a una población no hace falta violencia o quemar sus libros, sino convencerla de mirar una pantalla sin descanso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociedad #Fahrenheit451 #RayBradbury #Tecnologia #Reflexion
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En el ciclo de vida de una flor, y sus circunstancias, se condensan todas las posibilidades de un ser humano.
Observarlas es observarnos a nosotros mismos en el espejo más honesto...
#Paz #Meditacion #Espiritualidad #Zen #Mindfulness #Armonia #Reflexion #Calma #Serenidad #Bienestar #Silencio
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En el ciclo de vida de una flor, y sus circunstancias, se condensan todas las posibilidades de un ser humano.
Observarlas es observarnos a nosotros mismos en el espejo más honesto...
#Paz #Meditacion #Espiritualidad #Zen #Mindfulness #Armonia #Reflexion #Calma #Serenidad #Bienestar #Silencio
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🎵Bitter Sweet Symphony - The Verve 🎶(1997)
"Bitter Sweet Symphony" es ese tipo de canción que te atrapa desde el primer violín y no te suelta.
Tiene ese aire de "vida" que nos pasa a todos: la mezcla de ir tirando, de buscarle el sentido a las cosas mientras caminas por la calle y sientes que estás en un bucle, siempre igual, sin avanzar de verdad.
Es una canción que suena a resignación pero también a fuerza, a esa sensación de que, por mucho que intentes cambiar el ritmo, al final todo sigue su curso.
The Verve consiguieron ponerle banda sonora a ese momento en el que te das cuenta de que la vida no es ni blanca ni negra, sino esa sinfonía agridulce donde lo bueno y lo malo se mezclan todo el rato.🎶🎵🎶🎵
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🎵Bitter Sweet Symphony - The Verve 🎶(1997)
"Bitter Sweet Symphony" es ese tipo de canción que te atrapa desde el primer violín y no te suelta.
Tiene ese aire de "vida" que nos pasa a todos: la mezcla de ir tirando, de buscarle el sentido a las cosas mientras caminas por la calle y sientes que estás en un bucle, siempre igual, sin avanzar de verdad.
Es una canción que suena a resignación pero también a fuerza, a esa sensación de que, por mucho que intentes cambiar el ritmo, al final todo sigue su curso.
The Verve consiguieron ponerle banda sonora a ese momento en el que te das cuenta de que la vida no es ni blanca ni negra, sino esa sinfonía agridulce donde lo bueno y lo malo se mezclan todo el rato.🎶🎵🎶🎵
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🎵Bitter Sweet Symphony - The Verve 🎶(1997)
"Bitter Sweet Symphony" es ese tipo de canción que te atrapa desde el primer violín y no te suelta.
Tiene ese aire de "vida" que nos pasa a todos: la mezcla de ir tirando, de buscarle el sentido a las cosas mientras caminas por la calle y sientes que estás en un bucle, siempre igual, sin avanzar de verdad.
Es una canción que suena a resignación pero también a fuerza, a esa sensación de que, por mucho que intentes cambiar el ritmo, al final todo sigue su curso.
The Verve consiguieron ponerle banda sonora a ese momento en el que te das cuenta de que la vida no es ni blanca ni negra, sino esa sinfonía agridulce donde lo bueno y lo malo se mezclan todo el rato.🎶🎵🎶🎵
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🍎La bolsa se rompió en el portal.
Una manzana rodó, el pan quedó torcido, las llaves al suelo.
Y de repente, todo.
No son las cosas, es el cansancio acumulado.A veces, el futuro pesa demasiado. Intentar abarcarlo todo es la forma más rápida de romperse.
La clave no es rendirse, es bajar la vista.
Recoger la manzana, entrar, quitarse los zapatos y aceptar que el día solo es hoy.
Mañana ya vendrá.
Hoy basta con cruzar la tarde, cenar y apagar la luz sin buscarle un sentido épico a cada paso.
Qué alivio entender que no tienes que cargar con tu vida entera, solo con este tramo.⋅•⋅⊰∙∘☽༓☾∘∙⊱⋅•⋅
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:gaming_pacman10: La bolsa del supermercado se rompió en el portal.
Una manzana rodó hasta la pared, el pan quedó torcido y las llaves se cayeron justo cuando ya no quedaba paciencia para nada más.
Y por un segundo, eso fue demasiado.
No el pan, ni las llaves, ni la manzana.
Todo.
La vida entera encima de una escena pequeña.Hay días en los que pensar en el futuro da una especie de vértigo.
Como si alguien abriera todas las puertas a la vez y te pidiera decidir por dónde vas a salir, qué vas a hacer, quién vas a ser, cómo vas a poder con tanto.
Y una no puede.
No así.
No mirando diez años hacia delante con el cuerpo cansado y la cabeza llena de ruido.Entonces quizá haya que bajar la vista.
No por rendirse.
Solo para no partirse.
Recoger la manzana.
Entrar en casa.
Dejar la bolsa sobre la encimera.
Quitarse los zapatos despacio.
Permitir que el día sea solo este día, con sus horas torpes, sus cosas pendientes, su luz cambiando sin pedir permiso.
Mañana ya tendrá su propia forma. Hoy basta con cruzar la tarde.
Con contestar lo necesario.
Con comer algo.
Con apagar una luz.
Con llegar a la cama sin exigirle sentido a todo.Qué raro alivio entender que no tienes que cargar con toda tu vida al mismo tiempo.
Solo con este tramo.
Este pasillo.
Esta respiración.
Esta noche acercándose poco a poco.
Y tal vez no sea una gran respuesta. Pero la manzana vuelve a la bolsa.
La puerta se abre.
Y por ahora, eso mueve algo.❀ ───────────── ❀
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Hay victorias que se celebran levantando una copa.
Y otras simplemente alejándote.
Mientras todos miraban el escenario, él eligió otro camino.
Sin discursos, sin fotos de última hora y sin regalar una imagen que no quería dar.
A veces, el gesto más ruidoso es el que se hace en silencio.Porque no todas las finales terminan cuando pita el árbitro.
🤷♀️🤷♀️
#fútbol #mundial2026 #argentina #españa #deporte #final #gestos #actualidad #reflexión #fútbol
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Hay victorias que se celebran levantando una copa.
Y otras simplemente alejándote.
Mientras todos miraban el escenario, él eligió otro camino.
Sin discursos, sin fotos de última hora y sin regalar una imagen que no quería dar.
A veces, el gesto más ruidoso es el que se hace en silencio.Porque no todas las finales terminan cuando pita el árbitro.
🤷♀️🤷♀️
#fútbol #mundial2026 #argentina #españa #deporte #final #gestos #actualidad #reflexión #fútbol
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Hay victorias que se celebran levantando una copa.
Y otras simplemente alejándote.
Mientras todos miraban el escenario, él eligió otro camino.
Sin discursos, sin fotos de última hora y sin regalar una imagen que no quería dar.
A veces, el gesto más ruidoso es el que se hace en silencio.Porque no todas las finales terminan cuando pita el árbitro.
🤷♀️🤷♀️
#fútbol #mundial2026 #argentina #españa #deporte #final #gestos #actualidad #reflexión #fútbol
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Spotify: la dictadura del algoritmo musical
Pasamos de buscar discos en tiendas independientes a dejar que un programa informático decida qué debemos escuchar según nuestro estado de ánimo. Las grandes plataformas digitales nos venden la falsa idea de "libertad" mientras encierran nuestro gusto musical en una burbuja controlada por sus propios intereses económicos mediante algoritmos. Este sistema no busca que descubras arte auténtico, sino que consumas de forma automática lo que a ellos les genera más ganancias. Cuando el éxito se mide solo en números y contratos exclusivos, la verdadera cultura y arte se apaga. La música siempre fue un espacio de resistencia y comunidad, no un negocio de datos para complacer a las corporaciones. Recuperar el control de lo que escuchamos mediante una Modesta estación de radio online como https://mdtradiomx.neocities.org es el primer paso para liberar la mente del control digital.
— S.P. Filósofa Urbana
#CulturaLibre #MusicaIndependiente #Algoritmo #CriticaSocial #MonopolioDigital #spotify
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Spotify: la dictadura del algoritmo musical
Pasamos de buscar discos en tiendas independientes a dejar que un programa informático decida qué debemos escuchar según nuestro estado de ánimo. Las grandes plataformas digitales nos venden la falsa idea de "libertad" mientras encierran nuestro gusto musical en una burbuja controlada por sus propios intereses económicos mediante algoritmos. Este sistema no busca que descubras arte auténtico, sino que consumas de forma automática lo que a ellos les genera más ganancias. Cuando el éxito se mide solo en números y contratos exclusivos, la verdadera cultura y arte se apaga. La música siempre fue un espacio de resistencia y comunidad, no un negocio de datos para complacer a las corporaciones. Recuperar el control de lo que escuchamos mediante una Modesta estación de radio online como https://mdtradiomx.neocities.org es el primer paso para liberar la mente del control digital.
— S.P. Filósofa Urbana
#CulturaLibre #MusicaIndependiente #Algoritmo #CriticaSocial #MonopolioDigital #spotify
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Spotify: la dictadura del algoritmo musical
Pasamos de buscar discos en tiendas independientes a dejar que un programa informático decida qué debemos escuchar según nuestro estado de ánimo. Las grandes plataformas digitales nos venden la falsa idea de "libertad" mientras encierran nuestro gusto musical en una burbuja controlada por sus propios intereses económicos mediante algoritmos. Este sistema no busca que descubras arte auténtico, sino que consumas de forma automática lo que a ellos les genera más ganancias. Cuando el éxito se mide solo en números y contratos exclusivos, la verdadera cultura y arte se apaga. La música siempre fue un espacio de resistencia y comunidad, no un negocio de datos para complacer a las corporaciones. Recuperar el control de lo que escuchamos mediante una Modesta estación de radio online como https://mdtradiomx.neocities.org es el primer paso para liberar la mente del control digital.
— S.P. Filósofa Urbana
#CulturaLibre #MusicaIndependiente #Algoritmo #CriticaSocial #MonopolioDigital #spotify
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Spotify: la dictadura del algoritmo musical
Pasamos de buscar discos en tiendas independientes a dejar que un programa informático decida qué debemos escuchar según nuestro estado de ánimo. Las grandes plataformas digitales nos venden la falsa idea de "libertad" mientras encierran nuestro gusto musical en una burbuja controlada por sus propios intereses económicos mediante algoritmos. Este sistema no busca que descubras arte auténtico, sino que consumas de forma automática lo que a ellos les genera más ganancias. Cuando el éxito se mide solo en números y contratos exclusivos, la verdadera cultura y arte se apaga. La música siempre fue un espacio de resistencia y comunidad, no un negocio de datos para complacer a las corporaciones. Recuperar el control de lo que escuchamos mediante una Modesta estación de radio online como https://mdtradiomx.neocities.org es el primer paso para liberar la mente del control digital.
— S.P. Filósofa Urbana
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Spotify: la dictadura del algoritmo musical
Pasamos de buscar discos en tiendas independientes a dejar que un programa informático decida qué debemos escuchar según nuestro estado de ánimo. Las grandes plataformas digitales nos venden la falsa idea de "libertad" mientras encierran nuestro gusto musical en una burbuja controlada por sus propios intereses económicos mediante algoritmos. Este sistema no busca que descubras arte auténtico, sino que consumas de forma automática lo que a ellos les genera más ganancias. Cuando el éxito se mide solo en números y contratos exclusivos, la verdadera cultura y arte se apaga. La música siempre fue un espacio de resistencia y comunidad, no un negocio de datos para complacer a las corporaciones. Recuperar el control de lo que escuchamos mediante una Modesta estación de radio online como https://mdtradiomx.neocities.org es el primer paso para liberar la mente del control digital.
— S.P. Filósofa Urbana
#CulturaLibre #MusicaIndependiente #Algoritmo #CriticaSocial #MonopolioDigital #spotify
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Raíces olvidadas: Lo que perdemos como sociedad al ignorar el saber ancestral
En medio de una era dominada por las prisas de las pantallas y la tecnología de consumo rápido, nuestra sociedad está cometiendo el grave error de dar la espalda a los conocimientos acumulados durante siglos por las culturas antiguas. Pensar que el progreso consiste únicamente en acumular dispositivos modernos nos ha llevado a mirar con desprecio o indiferencia el saber de las comunidades indígenas y rurales, considerándolo de forma equivocada como algo viejo o inservible. Al romper este hilo con nuestro pasado, no solo perdemos datos históricos, sino también una profunda brújula ética y de supervivencia que nos enseñaba a convivir en total equilibrio con el entorno natural sin destruir los recursos de los que dependemos.
Ignorar las lecciones de nuestros antepasados nos deja vulnerables ante las crisis climáticas, de salud y sociales que enfrentamos hoy en día. La medicina tradicional basada en plantas, el manejo sabio de la tierra a través de siembras comunitarias y la organización social basada en el respeto mutuo no eran supersticiones, sino ciencias prácticas pulidas a través del ensayo y el error por miles de años. Al borrar de nuestra mente colectiva estas formas de entender la vida por considerarlas obsoletas o anticuadas, nos convertimos en una sociedad sin cimientos, fácil de manipular por modas superficiales y vacías de sentido. Recuperar la atención hacia estas voces antiguas no es un ejercicio de nostalgia, la modernidad, tiene en efecto, muchas ventajas, pero a veces carece de bases sólidas, de ahí la necesidad urgente para reconstruir la identidad comunitaria y encontrar respuestas sencillas y reales a los problemas tan hipercomplejos del mundo contemporáneo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociedad #SaberAncestral #Cultura #Reflexion
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Raíces olvidadas: Lo que perdemos como sociedad al ignorar el saber ancestral
En medio de una era dominada por las prisas de las pantallas y la tecnología de consumo rápido, nuestra sociedad está cometiendo el grave error de dar la espalda a los conocimientos acumulados durante siglos por las culturas antiguas. Pensar que el progreso consiste únicamente en acumular dispositivos modernos nos ha llevado a mirar con desprecio o indiferencia el saber de las comunidades indígenas y rurales, considerándolo de forma equivocada como algo viejo o inservible. Al romper este hilo con nuestro pasado, no solo perdemos datos históricos, sino también una profunda brújula ética y de supervivencia que nos enseñaba a convivir en total equilibrio con el entorno natural sin destruir los recursos de los que dependemos.
Ignorar las lecciones de nuestros antepasados nos deja vulnerables ante las crisis climáticas, de salud y sociales que enfrentamos hoy en día. La medicina tradicional basada en plantas, el manejo sabio de la tierra a través de siembras comunitarias y la organización social basada en el respeto mutuo no eran supersticiones, sino ciencias prácticas pulidas a través del ensayo y el error por miles de años. Al borrar de nuestra mente colectiva estas formas de entender la vida por considerarlas obsoletas o anticuadas, nos convertimos en una sociedad sin cimientos, fácil de manipular por modas superficiales y vacías de sentido. Recuperar la atención hacia estas voces antiguas no es un ejercicio de nostalgia, la modernidad, tiene en efecto, muchas ventajas, pero a veces carece de bases sólidas, de ahí la necesidad urgente para reconstruir la identidad comunitaria y encontrar respuestas sencillas y reales a los problemas tan hipercomplejos del mundo contemporáneo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociedad #SaberAncestral #Cultura #Reflexion
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Pan y circo moderno: El deporte masivo como pantalla de humo social
La organización de eventos deportivos de gran escala suele funcionar como un enorme mecanismo de distracción colectiva que adormece la conciencia de las sociedades. Cuando un torneo atrapa la atención de millones de personas, las pantallas y las conversaciones se llenan de festejos, goles y banderas, empujando los problemas económicos, las crisis de salud y las fallas en la infraestructura hacia el rincón del olvido. Esta dinámica convierte al entretenimiento en una herramienta perfecta para evadir la cruda realidad del día a día, permitiendo que la emoción del juego reemplace temporalmente la preocupación por la falta de oportunidades o el aumento de los precios o la criminalidad.
Desde las altas esferas del poder, los gobiernos aprovechan y alientan activamente este entusiasmo desmedido para asegurar una calma social por completo artificial. Al inundar los canales de comunicación con propaganda deportiva y celebraciones públicas, se construye una barrera invisible que frena las quejas legítimas, las protestas ciudadanas y las muestras de inconformidad de la población. Mientras el pueblo se enfoca en el resultado de un partido de noventa minutos, los malos manejos financieros, los casos de corrupción institucional y las reformas dudosas pasan desapercibidos y sin auditoría alguna. Mantener una postura analítica y despierta frente a estos espectáculos es urgente para evitar que la pasión por una camiseta nos nuble la vista ante las verdaderas urgencias del entorno social.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociedad #Politica #Reflexion #fútbol #fifa #mundial #soccer #pinchefutbol #mundial2026 #worldcoup
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Pan y circo moderno: El deporte masivo como pantalla de humo social
La organización de eventos deportivos de gran escala suele funcionar como un enorme mecanismo de distracción colectiva que adormece la conciencia de las sociedades. Cuando un torneo atrapa la atención de millones de personas, las pantallas y las conversaciones se llenan de festejos, goles y banderas, empujando los problemas económicos, las crisis de salud y las fallas en la infraestructura hacia el rincón del olvido. Esta dinámica convierte al entretenimiento en una herramienta perfecta para evadir la cruda realidad del día a día, permitiendo que la emoción del juego reemplace temporalmente la preocupación por la falta de oportunidades o el aumento de los precios o la criminalidad.
Desde las altas esferas del poder, los gobiernos aprovechan y alientan activamente este entusiasmo desmedido para asegurar una calma social por completo artificial. Al inundar los canales de comunicación con propaganda deportiva y celebraciones públicas, se construye una barrera invisible que frena las quejas legítimas, las protestas ciudadanas y las muestras de inconformidad de la población. Mientras el pueblo se enfoca en el resultado de un partido de noventa minutos, los malos manejos financieros, los casos de corrupción institucional y las reformas dudosas pasan desapercibidos y sin auditoría alguna. Mantener una postura analítica y despierta frente a estos espectáculos es urgente para evitar que la pasión por una camiseta nos nuble la vista ante las verdaderas urgencias del entorno social.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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Del tamaño de la terraza y otras trampas del ego
Los domingos, me encanta levantarme tarde y tomar el café en la terraza con mi marido. Es casi el único día de la semana que podemos hacer algo así porque el resto de días, a la hora del café, el ruido del tráfico no permite mantener una conversación con normalidad. Y, seguramente, esa es una de las causas de esa extrañeza disfrazada de melancolía que acarreo, aunque esa autopsia, mejor, la dejo para otro día.
La cuestión es que durante la conversación de café con leche tranquilo, que hoy sí hemos podido mantener, me he sorprendido enunciando en voz alta que, quizá, me he acostumbrado tanto al traje de escritora frustrada que ahora no quiero salir de él.
Sí, has leído bien, querido lector: yo no quiero dejar el papel de autora bloqueada que lucha por su arte pero a la que el mundo —tan injusto, tan cruel— no permite florecer.
Vale, me he puesto un poco melodramática, pero es que el descubrimiento, de ser cierto, no es para menos. Y lo peor es que no hay dato alguno —¡ni uno!— que apunte hacia la incorrección de la premisa.
La cuestión es que el papel de fracasado es cómodo. Y ahora no importa que hablemos de escritura, de trabajo, de familia… Eso es lo de menos. Lo relevante es que ese rol solo exige seguir igual que siempre y, eso sí, quejarse mucho de lo mucho que se ha intentado previamente y la mala suerte que se ha tenido.
Y, ojo, que con eso no estoy diciendo que ese papel en cuestión se interprete desde el fondo de un pozo. Para nada. Por lo general, se interpreta mejor desde la comodidad relativa.
Es como lo de nuestra terraza. Nos encanta hacer cosas fuera, tener plantas, hacer barbacoas, paellas, tomar el sol o mirar la luna. Pero el tráfico de la calle a la que da nuestra terraza se ha puesto terrible, además de que, con los años, la terraza se nos ha quedado algo pequeña, seguramente porque antes preferíamos salir y con los pocos metros de terraza nos bastaba para cuando la usábamos. Ahora, en cambio, preferimos estar en casa y, claro, no es lo mismo.
Por supuesto, podríamos buscar otra casa, que cubra todas nuestras necesidades, incluida la terraza. Pero, claro, así como se ha puesto el mercado, con lo que nos gusta nuestro piso y lo bien situado que está. Y, ostras, ya casi tenemos del todo pagada la hipoteca, cómo vamos a pensar ahora en volver a empezar.
Es mucho más sencillo quejarse del tráfico, de la forma tan desordenada en la que ha crecido la ciudad, de los acelerones que pega la gente sin necesidad… Lo que sea. Porque, en realidad, en nuestra pequeña y ruidosa terraza no estamos tan mal.
Esta estrategia, obviamente, sería mucho menos factible si no tuviéramos terraza o, peor, pero más habitual tal y como están las cosas, no tuviéramos casa propia en absoluto.
Tampoco yo estoy tan mal como escritora frustrada. Me las he apañado para conseguir un trabajo que me encanta, con una carrera profesional más que decente, buen salario, cómodo y que, además, me deja tiempo para escribir lo suficiente como para no asfixiarme además de quejarme de la mala suerte que he tenido en la vida, que no me ha permitido dedicarme por completo a escribir.
Si no tuviera trabajo en absoluto o el empleo que tuviera fuera una maldita tortura no sería tan sencillo lo de quedarme instalada en la queja superficial mientras, en realidad, estoy en una posición cómoda. No ideal, no. Pero confortable.
Supongo que a eso es a lo que se refiere la psicología con la dichosa zona de confort: ese lugar que no es el ideal, pero que es lo suficientemente bueno como para que intentar cambiarlo te suponga una incomodidad mayor de la que te supone mantenerte como estás.
Por lo visto, no nos movemos por deseos. Para nada. Nos movemos por incomodidad. O, mejor dicho, por dolor. Si el dolor de una situación es soportable y, sobre todo, menor que el que nos provoca movernos a la siguiente casilla o, para ser más exactos, la incertidumbre que ese movimiento nos supone, nos quedamos.
Y esto me parece absurdamente cruel.
Pero, al menos, me sirve para entender qué me ha estado pasando estos días atrás y, sobre todo, por qué, de pronto, he tenido la tentación de enviarlo todo al carajo —otra vez—.
Y es que el traje de escritora frustrada lo conozco. No es cómodo, pero me he hecho a él. Y él a mí. Tanto, tanto, nos hemos acostumbrado el uno al otro que el ejercicio de tratar de salir de él se siente como arrancarme la piel a jirones, algunos de ellos, con trozos de carne.
Poco importa que hace casi dos meses, en una camilla de hospital tras una intervención de urgencia a vida o muerte descubriera que no quería irme de este mundo sin haber intentado en serio que mis historias llegaran a su público. El recuerdo sigue vivo, pero es lejano.
Sin embargo, lo peor de todo no es desprenderse de esa identidad anterior que, erróneamente, habíamos confundido con la auténtica. En absoluto. Lo peor es no saber exactamente cuál es el traje que te están poniendo ahora.
Esa, y no otra, es la incomodidad a la que ayer llamaba tontería.
#Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #frustración #identidad #miedoAlCambio #reflexión #reflexiones #vidaCotidiana #zonaDeConfort -
Del tamaño de la terraza y otras trampas del ego
Los domingos, me encanta levantarme tarde y tomar el café en la terraza con mi marido. Es casi el único día de la semana que podemos hacer algo así porque el resto de días, a la hora del café, el ruido del tráfico no permite mantener una conversación con normalidad. Y, seguramente, esa es una de las causas de esa extrañeza disfrazada de melancolía que acarreo, aunque esa autopsia, mejor, la dejo para otro día.
La cuestión es que durante la conversación de café con leche tranquilo, que hoy sí hemos podido mantener, me he sorprendido enunciando en voz alta que, quizá, me he acostumbrado tanto al traje de escritora frustrada que ahora no quiero salir de él.
Sí, has leído bien, querido lector: yo no quiero dejar el papel de autora bloqueada que lucha por su arte pero a la que el mundo —tan injusto, tan cruel— no permite florecer.
Vale, me he puesto un poco melodramática, pero es que el descubrimiento, de ser cierto, no es para menos. Y lo peor es que no hay dato alguno —¡ni uno!— que apunte hacia la incorrección de la premisa.
La cuestión es que el papel de fracasado es cómodo. Y ahora no importa que hablemos de escritura, de trabajo, de familia… Eso es lo de menos. Lo relevante es que ese rol solo exige seguir igual que siempre y, eso sí, quejarse mucho de lo mucho que se ha intentado previamente y la mala suerte que se ha tenido.
Y, ojo, que con eso no estoy diciendo que ese papel en cuestión se interprete desde el fondo de un pozo. Para nada. Por lo general, se interpreta mejor desde la comodidad relativa.
Es como lo de nuestra terraza. Nos encanta hacer cosas fuera, tener plantas, hacer barbacoas, paellas, tomar el sol o mirar la luna. Pero el tráfico de la calle a la que da nuestra terraza se ha puesto terrible, además de que, con los años, la terraza se nos ha quedado algo pequeña, seguramente porque antes preferíamos salir y con los pocos metros de terraza nos bastaba para cuando la usábamos. Ahora, en cambio, preferimos estar en casa y, claro, no es lo mismo.
Por supuesto, podríamos buscar otra casa, que cubra todas nuestras necesidades, incluida la terraza. Pero, claro, así como se ha puesto el mercado, con lo que nos gusta nuestro piso y lo bien situado que está. Y, ostras, ya casi tenemos del todo pagada la hipoteca, cómo vamos a pensar ahora en volver a empezar.
Es mucho más sencillo quejarse del tráfico, de la forma tan desordenada en la que ha crecido la ciudad, de los acelerones que pega la gente sin necesidad… Lo que sea. Porque, en realidad, en nuestra pequeña y ruidosa terraza no estamos tan mal.
Esta estrategia, obviamente, sería mucho menos factible si no tuviéramos terraza o, peor, pero más habitual tal y como están las cosas, no tuviéramos casa propia en absoluto.
Tampoco yo estoy tan mal como escritora frustrada. Me las he apañado para conseguir un trabajo que me encanta, con una carrera profesional más que decente, buen salario, cómodo y que, además, me deja tiempo para escribir lo suficiente como para no asfixiarme además de quejarme de la mala suerte que he tenido en la vida, que no me ha permitido dedicarme por completo a escribir.
Si no tuviera trabajo en absoluto o el empleo que tuviera fuera una maldita tortura no sería tan sencillo lo de quedarme instalada en la queja superficial mientras, en realidad, estoy en una posición cómoda. No ideal, no. Pero confortable.
Supongo que a eso es a lo que se refiere la psicología con la dichosa zona de confort: ese lugar que no es el ideal, pero que es lo suficientemente bueno como para que intentar cambiarlo te suponga una incomodidad mayor de la que te supone mantenerte como estás.
Por lo visto, no nos movemos por deseos. Para nada. Nos movemos por incomodidad. O, mejor dicho, por dolor. Si el dolor de una situación es soportable y, sobre todo, menor que el que nos provoca movernos a la siguiente casilla o, para ser más exactos, la incertidumbre que ese movimiento nos supone, nos quedamos.
Y esto me parece absurdamente cruel.
Pero, al menos, me sirve para entender qué me ha estado pasando estos días atrás y, sobre todo, por qué, de pronto, he tenido la tentación de enviarlo todo al carajo —otra vez—.
Y es que el traje de escritora frustrada lo conozco. No es cómodo, pero me he hecho a él. Y él a mí. Tanto, tanto, nos hemos acostumbrado el uno al otro que el ejercicio de tratar de salir de él se siente como arrancarme la piel a jirones, algunos de ellos, con trozos de carne.
Poco importa que hace casi dos meses, en una camilla de hospital tras una intervención de urgencia a vida o muerte descubriera que no quería irme de este mundo sin haber intentado en serio que mis historias llegaran a su público. El recuerdo sigue vivo, pero es lejano.
Sin embargo, lo peor de todo no es desprenderse de esa identidad anterior que, erróneamente, habíamos confundido con la auténtica. En absoluto. Lo peor es no saber exactamente cuál es el traje que te están poniendo ahora.
Esa, y no otra, es la incomodidad a la que ayer llamaba tontería.
#Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #frustración #identidad #miedoAlCambio #reflexión #reflexiones #vidaCotidiana #zonaDeConfort -
El costo de la lucidez: ¿Por qué la ignorancia a veces parece más cómoda?
Mantener los ojos abiertos ante la realidad del mundo actual tiene un precio muy alto que muchas personas prefieren no pagar. La lucidez es la capacidad de ver los hechos tal y como son, sin adornos, mentiras ni engaños, lo que nos obliga a aceptar verdades crudas sobre la sociedad, la política y la forma en que consumimos información de manera diaria. Este ejercicio constante de pensamiento crítico requiere un esfuerzo mental enorme, ya que nos quita la tranquilidad de las respuestas fáciles y nos llena de preguntas difíciles sobre nuestro entorno, generando una incomodidad interna que nos acompaña a donde quiera que vayamos.
Por el contrario, la ignorancia voluntaria ofrece un refugio que a simple vista parece mucho más cómodo y seguro para la vida cotidiana. Vivir sin cuestionar los mensajes que nos rodean, aceptar los discursos oficiales sin dudar y dejar que las grandes empresas o los algoritmos de internet decidan lo que debemos pensar nos ahorra el peso de la responsabilidad individual. Es la comodidad de integrarse a la masa sin resistencia, donde no hay dudas que resolver ni verdades incómodas que asimilar, permitiendo que las personas vivan en una falsa burbuja de felicidad que depende enteramente de no enterarse de cómo funciona realmente la maquinaria del mundo.
Sin embargo, aceptar esa comodidad de la flojera mental es una trampa peligrosa que nos despoja por completo de nuestra soberanía, voluntad y libertad como seres humanos. Quien elige no saber y no cuestionar se convierte en una pieza fácil de manipular por los intereses de terceros, cambiando su capacidad de decidir por una paz artificial que se rompe al primer golpe de la realidad. Aunque ser conscientes de los hechos reales suele ser un camino duro, solitario y lleno de retos, la lucidez es la única herramienta verdadera que nos permite actuar con honestidad, proteger nuestra dignidad y construir un criterio propio que ningún consorcio o engaño nos pueda quitar, de ahí que siempre diga que hay que cuestionarnos todo en cada momento y en cada situación, incluso lo que decimos y hacemos nosotros mismos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Filosofía #Cultura #Sociedad #SoberaniaIndividual
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El costo de la lucidez: ¿Por qué la ignorancia a veces parece más cómoda?
Mantener los ojos abiertos ante la realidad del mundo actual tiene un precio muy alto que muchas personas prefieren no pagar. La lucidez es la capacidad de ver los hechos tal y como son, sin adornos, mentiras ni engaños, lo que nos obliga a aceptar verdades crudas sobre la sociedad, la política y la forma en que consumimos información de manera diaria. Este ejercicio constante de pensamiento crítico requiere un esfuerzo mental enorme, ya que nos quita la tranquilidad de las respuestas fáciles y nos llena de preguntas difíciles sobre nuestro entorno, generando una incomodidad interna que nos acompaña a donde quiera que vayamos.
Por el contrario, la ignorancia voluntaria ofrece un refugio que a simple vista parece mucho más cómodo y seguro para la vida cotidiana. Vivir sin cuestionar los mensajes que nos rodean, aceptar los discursos oficiales sin dudar y dejar que las grandes empresas o los algoritmos de internet decidan lo que debemos pensar nos ahorra el peso de la responsabilidad individual. Es la comodidad de integrarse a la masa sin resistencia, donde no hay dudas que resolver ni verdades incómodas que asimilar, permitiendo que las personas vivan en una falsa burbuja de felicidad que depende enteramente de no enterarse de cómo funciona realmente la maquinaria del mundo.
Sin embargo, aceptar esa comodidad de la flojera mental es una trampa peligrosa que nos despoja por completo de nuestra soberanía, voluntad y libertad como seres humanos. Quien elige no saber y no cuestionar se convierte en una pieza fácil de manipular por los intereses de terceros, cambiando su capacidad de decidir por una paz artificial que se rompe al primer golpe de la realidad. Aunque ser conscientes de los hechos reales suele ser un camino duro, solitario y lleno de retos, la lucidez es la única herramienta verdadera que nos permite actuar con honestidad, proteger nuestra dignidad y construir un criterio propio que ningún consorcio o engaño nos pueda quitar, de ahí que siempre diga que hay que cuestionarnos todo en cada momento y en cada situación, incluso lo que decimos y hacemos nosotros mismos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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El costo de la lucidez: ¿Por qué la ignorancia a veces parece más cómoda?
Mantener los ojos abiertos ante la realidad del mundo actual tiene un precio muy alto que muchas personas prefieren no pagar. La lucidez es la capacidad de ver los hechos tal y como son, sin adornos, mentiras ni engaños, lo que nos obliga a aceptar verdades crudas sobre la sociedad, la política y la forma en que consumimos información de manera diaria. Este ejercicio constante de pensamiento crítico requiere un esfuerzo mental enorme, ya que nos quita la tranquilidad de las respuestas fáciles y nos llena de preguntas difíciles sobre nuestro entorno, generando una incomodidad interna que nos acompaña a donde quiera que vayamos.
Por el contrario, la ignorancia voluntaria ofrece un refugio que a simple vista parece mucho más cómodo y seguro para la vida cotidiana. Vivir sin cuestionar los mensajes que nos rodean, aceptar los discursos oficiales sin dudar y dejar que las grandes empresas o los algoritmos de internet decidan lo que debemos pensar nos ahorra el peso de la responsabilidad individual. Es la comodidad de integrarse a la masa sin resistencia, donde no hay dudas que resolver ni verdades incómodas que asimilar, permitiendo que las personas vivan en una falsa burbuja de felicidad que depende enteramente de no enterarse de cómo funciona realmente la maquinaria del mundo.
Sin embargo, aceptar esa comodidad de la flojera mental es una trampa peligrosa que nos despoja por completo de nuestra soberanía, voluntad y libertad como seres humanos. Quien elige no saber y no cuestionar se convierte en una pieza fácil de manipular por los intereses de terceros, cambiando su capacidad de decidir por una paz artificial que se rompe al primer golpe de la realidad. Aunque ser conscientes de los hechos reales suele ser un camino duro, solitario y lleno de retos, la lucidez es la única herramienta verdadera que nos permite actuar con honestidad, proteger nuestra dignidad y construir un criterio propio que ningún consorcio o engaño nos pueda quitar, de ahí que siempre diga que hay que cuestionarnos todo en cada momento y en cada situación, incluso lo que decimos y hacemos nosotros mismos.
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Mantener los ojos abiertos ante la realidad del mundo actual tiene un precio muy alto que muchas personas prefieren no pagar. La lucidez es la capacidad de ver los hechos tal y como son, sin adornos, mentiras ni engaños, lo que nos obliga a aceptar verdades crudas sobre la sociedad, la política y la forma en que consumimos información de manera diaria. Este ejercicio constante de pensamiento crítico requiere un esfuerzo mental enorme, ya que nos quita la tranquilidad de las respuestas fáciles y nos llena de preguntas difíciles sobre nuestro entorno, generando una incomodidad interna que nos acompaña a donde quiera que vayamos.
Por el contrario, la ignorancia voluntaria ofrece un refugio que a simple vista parece mucho más cómodo y seguro para la vida cotidiana. Vivir sin cuestionar los mensajes que nos rodean, aceptar los discursos oficiales sin dudar y dejar que las grandes empresas o los algoritmos de internet decidan lo que debemos pensar nos ahorra el peso de la responsabilidad individual. Es la comodidad de integrarse a la masa sin resistencia, donde no hay dudas que resolver ni verdades incómodas que asimilar, permitiendo que las personas vivan en una falsa burbuja de felicidad que depende enteramente de no enterarse de cómo funciona realmente la maquinaria del mundo.
Sin embargo, aceptar esa comodidad de la flojera mental es una trampa peligrosa que nos despoja por completo de nuestra soberanía, voluntad y libertad como seres humanos. Quien elige no saber y no cuestionar se convierte en una pieza fácil de manipular por los intereses de terceros, cambiando su capacidad de decidir por una paz artificial que se rompe al primer golpe de la realidad. Aunque ser conscientes de los hechos reales suele ser un camino duro, solitario y lleno de retos, la lucidez es la única herramienta verdadera que nos permite actuar con honestidad, proteger nuestra dignidad y construir un criterio propio que ningún consorcio o engaño nos pueda quitar, de ahí que siempre diga que hay que cuestionarnos todo en cada momento y en cada situación, incluso lo que decimos y hacemos nosotros mismos.
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Mantener los ojos abiertos ante la realidad del mundo actual tiene un precio muy alto que muchas personas prefieren no pagar. La lucidez es la capacidad de ver los hechos tal y como son, sin adornos, mentiras ni engaños, lo que nos obliga a aceptar verdades crudas sobre la sociedad, la política y la forma en que consumimos información de manera diaria. Este ejercicio constante de pensamiento crítico requiere un esfuerzo mental enorme, ya que nos quita la tranquilidad de las respuestas fáciles y nos llena de preguntas difíciles sobre nuestro entorno, generando una incomodidad interna que nos acompaña a donde quiera que vayamos.
Por el contrario, la ignorancia voluntaria ofrece un refugio que a simple vista parece mucho más cómodo y seguro para la vida cotidiana. Vivir sin cuestionar los mensajes que nos rodean, aceptar los discursos oficiales sin dudar y dejar que las grandes empresas o los algoritmos de internet decidan lo que debemos pensar nos ahorra el peso de la responsabilidad individual. Es la comodidad de integrarse a la masa sin resistencia, donde no hay dudas que resolver ni verdades incómodas que asimilar, permitiendo que las personas vivan en una falsa burbuja de felicidad que depende enteramente de no enterarse de cómo funciona realmente la maquinaria del mundo.
Sin embargo, aceptar esa comodidad de la flojera mental es una trampa peligrosa que nos despoja por completo de nuestra soberanía, voluntad y libertad como seres humanos. Quien elige no saber y no cuestionar se convierte en una pieza fácil de manipular por los intereses de terceros, cambiando su capacidad de decidir por una paz artificial que se rompe al primer golpe de la realidad. Aunque ser conscientes de los hechos reales suele ser un camino duro, solitario y lleno de retos, la lucidez es la única herramienta verdadera que nos permite actuar con honestidad, proteger nuestra dignidad y construir un criterio propio que ningún consorcio o engaño nos pueda quitar, de ahí que siempre diga que hay que cuestionarnos todo en cada momento y en cada situación, incluso lo que decimos y hacemos nosotros mismos.
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El peligroso mito de que todo lo natural es saludable
Existe una moda muy extraña en pleno siglo XXI donde la gente camina por el mundo creyendo que la naturaleza es una especie de enfermera buena que solo produce cosas para cuidarnos la salud. Nos han lavado el cerebro con comerciales y videos de internet que repiten que lo natural es sinónimo de bondad, limpieza y bienestar, mientras que todo lo hecho en un laboratorio es malo por defecto. Esta idea no solo es ridícula, sino que es una completa mentira que puede mandar a cualquiera directo al hospital en menos de lo que se cuenta. La naturaleza no es bonita ni pacífica; es un campo de batalla donde los árboles, las plantas y los hongos fabrican químicos sumamente potentes y peligrosos para defenderse de los animales que se los quieren comer. Que algo crezca de la tierra no significa que debas meterlo a tu licuadora por las mañanas.
Si usamos la lógica más simple del mundo, descubriremos que las drogas más destructivas del planeta y los venenos más letales de la historia humana son totalmente naturales. La planta de coca, la amapola y la marihuana vienen de una semilla, crecen con el agua de la lluvia y reciben la luz del sol todos los días, pero sus efectos en el cuerpo humano cambian por completo la mente de las personas en un abrir y cerrar de ojos. Si te vas por el lado de los venenos, la cicuta es una hierba verde común y corriente que mató al filósofo Sócrates hace miles de años, y el curare es el jugo natural de una planta que los cazadores usan en sus flechas para congelar los pulmones de sus presas en menos de 3 minutos. Hay hongos silvestres con colores hermosos que si los muerdes por accidente, te destruyen el hígado y los riñones en 24 horas sin que ningún doctor pueda salvarte la vida.
El verdadero problema de la herbolaria y de la medicina natural es que la gente común ignora la farmacología y no entiende el poder de las dosis. Una planta puede tener una sustancia que te quite el dolor de cabeza, pero si te tomas 5 tazas en lugar de una, te puedes provocar una hemorragia interna o un paro al corazón. Los medicamentos de las farmacias, aunque a muchos les asuste la palabra química, muchas veces nacen de esas mismas plantas, pero con la gran ventaja de que en el laboratorio se mide con exactitud milimétrica la cantidad de sustancia para que te cure sin matarte en el intento. Seguir creyendo que todo lo verde es saludable es una muestra gigantesca de ignorancia. La naturaleza merece respeto y miedo, no una confianza ciega que te puede hacer dar un viaje intergaláctico directo al cementerio solo por seguir los consejos de un falso gurú de las redes sociales como Instagram.
— S.P. Filósofa Urbana
#Salud #Natural #Herbolaria #Mitos #SentidoComun #Farmacologia #Naturismo
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El peligroso mito de que todo lo natural es saludable
Existe una moda muy extraña en pleno siglo XXI donde la gente camina por el mundo creyendo que la naturaleza es una especie de enfermera buena que solo produce cosas para cuidarnos la salud. Nos han lavado el cerebro con comerciales y videos de internet que repiten que lo natural es sinónimo de bondad, limpieza y bienestar, mientras que todo lo hecho en un laboratorio es malo por defecto. Esta idea no solo es ridícula, sino que es una completa mentira que puede mandar a cualquiera directo al hospital en menos de lo que se cuenta. La naturaleza no es bonita ni pacífica; es un campo de batalla donde los árboles, las plantas y los hongos fabrican químicos sumamente potentes y peligrosos para defenderse de los animales que se los quieren comer. Que algo crezca de la tierra no significa que debas meterlo a tu licuadora por las mañanas.
Si usamos la lógica más simple del mundo, descubriremos que las drogas más destructivas del planeta y los venenos más letales de la historia humana son totalmente naturales. La planta de coca, la amapola y la marihuana vienen de una semilla, crecen con el agua de la lluvia y reciben la luz del sol todos los días, pero sus efectos en el cuerpo humano cambian por completo la mente de las personas en un abrir y cerrar de ojos. Si te vas por el lado de los venenos, la cicuta es una hierba verde común y corriente que mató al filósofo Sócrates hace miles de años, y el curare es el jugo natural de una planta que los cazadores usan en sus flechas para congelar los pulmones de sus presas en menos de 3 minutos. Hay hongos silvestres con colores hermosos que si los muerdes por accidente, te destruyen el hígado y los riñones en 24 horas sin que ningún doctor pueda salvarte la vida.
El verdadero problema de la herbolaria y de la medicina natural es que la gente común ignora la farmacología y no entiende el poder de las dosis. Una planta puede tener una sustancia que te quite el dolor de cabeza, pero si te tomas 5 tazas en lugar de una, te puedes provocar una hemorragia interna o un paro al corazón. Los medicamentos de las farmacias, aunque a muchos les asuste la palabra química, muchas veces nacen de esas mismas plantas, pero con la gran ventaja de que en el laboratorio se mide con exactitud milimétrica la cantidad de sustancia para que te cure sin matarte en el intento. Seguir creyendo que todo lo verde es saludable es una muestra gigantesca de ignorancia. La naturaleza merece respeto y miedo, no una confianza ciega que te puede hacer dar un viaje intergaláctico directo al cementerio solo por seguir los consejos de un falso gurú de las redes sociales como Instagram.
— S.P. Filósofa Urbana
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El peligroso mito de que todo lo natural es saludable
Existe una moda muy extraña en pleno siglo XXI donde la gente camina por el mundo creyendo que la naturaleza es una especie de enfermera buena que solo produce cosas para cuidarnos la salud. Nos han lavado el cerebro con comerciales y videos de internet que repiten que lo natural es sinónimo de bondad, limpieza y bienestar, mientras que todo lo hecho en un laboratorio es malo por defecto. Esta idea no solo es ridícula, sino que es una completa mentira que puede mandar a cualquiera directo al hospital en menos de lo que se cuenta. La naturaleza no es bonita ni pacífica; es un campo de batalla donde los árboles, las plantas y los hongos fabrican químicos sumamente potentes y peligrosos para defenderse de los animales que se los quieren comer. Que algo crezca de la tierra no significa que debas meterlo a tu licuadora por las mañanas.
Si usamos la lógica más simple del mundo, descubriremos que las drogas más destructivas del planeta y los venenos más letales de la historia humana son totalmente naturales. La planta de coca, la amapola y la marihuana vienen de una semilla, crecen con el agua de la lluvia y reciben la luz del sol todos los días, pero sus efectos en el cuerpo humano cambian por completo la mente de las personas en un abrir y cerrar de ojos. Si te vas por el lado de los venenos, la cicuta es una hierba verde común y corriente que mató al filósofo Sócrates hace miles de años, y el curare es el jugo natural de una planta que los cazadores usan en sus flechas para congelar los pulmones de sus presas en menos de 3 minutos. Hay hongos silvestres con colores hermosos que si los muerdes por accidente, te destruyen el hígado y los riñones en 24 horas sin que ningún doctor pueda salvarte la vida.
El verdadero problema de la herbolaria y de la medicina natural es que la gente común ignora la farmacología y no entiende el poder de las dosis. Una planta puede tener una sustancia que te quite el dolor de cabeza, pero si te tomas 5 tazas en lugar de una, te puedes provocar una hemorragia interna o un paro al corazón. Los medicamentos de las farmacias, aunque a muchos les asuste la palabra química, muchas veces nacen de esas mismas plantas, pero con la gran ventaja de que en el laboratorio se mide con exactitud milimétrica la cantidad de sustancia para que te cure sin matarte en el intento. Seguir creyendo que todo lo verde es saludable es una muestra gigantesca de ignorancia. La naturaleza merece respeto y miedo, no una confianza ciega que te puede hacer dar un viaje intergaláctico directo al cementerio solo por seguir los consejos de un falso gurú de las redes sociales como Instagram.
— S.P. Filósofa Urbana
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El peligroso mito de que todo lo natural es saludable
Existe una moda muy extraña en pleno siglo XXI donde la gente camina por el mundo creyendo que la naturaleza es una especie de enfermera buena que solo produce cosas para cuidarnos la salud. Nos han lavado el cerebro con comerciales y videos de internet que repiten que lo natural es sinónimo de bondad, limpieza y bienestar, mientras que todo lo hecho en un laboratorio es malo por defecto. Esta idea no solo es ridícula, sino que es una completa mentira que puede mandar a cualquiera directo al hospital en menos de lo que se cuenta. La naturaleza no es bonita ni pacífica; es un campo de batalla donde los árboles, las plantas y los hongos fabrican químicos sumamente potentes y peligrosos para defenderse de los animales que se los quieren comer. Que algo crezca de la tierra no significa que debas meterlo a tu licuadora por las mañanas.
Si usamos la lógica más simple del mundo, descubriremos que las drogas más destructivas del planeta y los venenos más letales de la historia humana son totalmente naturales. La planta de coca, la amapola y la marihuana vienen de una semilla, crecen con el agua de la lluvia y reciben la luz del sol todos los días, pero sus efectos en el cuerpo humano cambian por completo la mente de las personas en un abrir y cerrar de ojos. Si te vas por el lado de los venenos, la cicuta es una hierba verde común y corriente que mató al filósofo Sócrates hace miles de años, y el curare es el jugo natural de una planta que los cazadores usan en sus flechas para congelar los pulmones de sus presas en menos de 3 minutos. Hay hongos silvestres con colores hermosos que si los muerdes por accidente, te destruyen el hígado y los riñones en 24 horas sin que ningún doctor pueda salvarte la vida.
El verdadero problema de la herbolaria y de la medicina natural es que la gente común ignora la farmacología y no entiende el poder de las dosis. Una planta puede tener una sustancia que te quite el dolor de cabeza, pero si te tomas 5 tazas en lugar de una, te puedes provocar una hemorragia interna o un paro al corazón. Los medicamentos de las farmacias, aunque a muchos les asuste la palabra química, muchas veces nacen de esas mismas plantas, pero con la gran ventaja de que en el laboratorio se mide con exactitud milimétrica la cantidad de sustancia para que te cure sin matarte en el intento. Seguir creyendo que todo lo verde es saludable es una muestra gigantesca de ignorancia. La naturaleza merece respeto y miedo, no una confianza ciega que te puede hacer dar un viaje intergaláctico directo al cementerio solo por seguir los consejos de un falso gurú de las redes sociales como Instagram.
— S.P. Filósofa Urbana
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El gran engaño de las aulas modernas
Por qué las universidades nos preparan para un mundo que ya no existe
Mucha gente se quema las pestañas durante años dentro de un salón de clases con la firme idea de que al salir tendrán la vida resuelta. Nos han vendido la escuela como el único camino seguro hacia el éxito, pero la realidad allá afuera es completamente diferente. El sistema escolar actual no está descompuesto, en realidad funciona exactamente para lo que fue diseñado hace más de doscientos años. Las escuelas nacieron en la época de las grandes fábricas, cuando el mundo necesitaba miles de obreros obedientes que supieran seguir órdenes, llegar temprano y aguantar jornadas largas sin quejarse. Hoy en día, un doctor, un abogado o un ingeniero de sistemas terminan siendo exactamente eso: obreros muy bien calificados y especializados que operan máquinas o procesos dentro de una empresa, repitiendo tareas dentro de un molde que alguien más inventó.
El verdadero problema es que la vida real avanza a una velocidad monstruosa y los temarios de las academias, incluso las más caras y famosas del planeta, se quedaron congelados en el tiempo. Un estudiante pasa cinco años de su juventud aprendiendo teorías viejas y cuando por fin recibe su título en las manos, descubre que todo lo que memorizó ya no sirve para nada porque el mundo real cambió tres veces mientras él estaba encerrado copiando un pizarrón. La educación tradicional va tarde por años, a veces por décadas, enseñando herramientas del pasado a jóvenes que van a competir en el futuro. Es una pérdida de tiempo y dinero que deja a las personas totalmente desarmadas ante la realidad de la calle.
Para colmo de males, los salones de clases ignoran por completo las cosas que de verdad importan para sobrevivir y no volverse loco. Nadie te enseña a manejar tus finanzas personales, a entender cómo funciona el dinero, a pagar impuestos o a ahorrar para cuando seas viejo. Jamás abren un espacio para enseñarte a ser asertivo, a lidiar con personas difíciles, a trabajar en equipo sin querer matar a tus compañeros o a liderar un proyecto con empatía. La escuela te califica con un número basado en tu capacidad de repetir como perico, pero se olvida por completo de entrenar tu mente para soportar la frustración, para comunicarte con claridad o para levantarte después de un fracaso. Sales al mundo laboral siendo un experto en teoría, pero un completo analfabeto emocional, listo para ser devorado por la rutina y el estrés de la ciudad.
— S.P. Filósofa Urbana
#Educacion #CrisisEscolar #MundoReal #HabilidadesBlandas #VidaModerna #reflexion
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El gran engaño de las aulas modernas
Por qué las universidades nos preparan para un mundo que ya no existe
Mucha gente se quema las pestañas durante años dentro de un salón de clases con la firme idea de que al salir tendrán la vida resuelta. Nos han vendido la escuela como el único camino seguro hacia el éxito, pero la realidad allá afuera es completamente diferente. El sistema escolar actual no está descompuesto, en realidad funciona exactamente para lo que fue diseñado hace más de doscientos años. Las escuelas nacieron en la época de las grandes fábricas, cuando el mundo necesitaba miles de obreros obedientes que supieran seguir órdenes, llegar temprano y aguantar jornadas largas sin quejarse. Hoy en día, un doctor, un abogado o un ingeniero de sistemas terminan siendo exactamente eso: obreros muy bien calificados y especializados que operan máquinas o procesos dentro de una empresa, repitiendo tareas dentro de un molde que alguien más inventó.
El verdadero problema es que la vida real avanza a una velocidad monstruosa y los temarios de las academias, incluso las más caras y famosas del planeta, se quedaron congelados en el tiempo. Un estudiante pasa cinco años de su juventud aprendiendo teorías viejas y cuando por fin recibe su título en las manos, descubre que todo lo que memorizó ya no sirve para nada porque el mundo real cambió tres veces mientras él estaba encerrado copiando un pizarrón. La educación tradicional va tarde por años, a veces por décadas, enseñando herramientas del pasado a jóvenes que van a competir en el futuro. Es una pérdida de tiempo y dinero que deja a las personas totalmente desarmadas ante la realidad de la calle.
Para colmo de males, los salones de clases ignoran por completo las cosas que de verdad importan para sobrevivir y no volverse loco. Nadie te enseña a manejar tus finanzas personales, a entender cómo funciona el dinero, a pagar impuestos o a ahorrar para cuando seas viejo. Jamás abren un espacio para enseñarte a ser asertivo, a lidiar con personas difíciles, a trabajar en equipo sin querer matar a tus compañeros o a liderar un proyecto con empatía. La escuela te califica con un número basado en tu capacidad de repetir como perico, pero se olvida por completo de entrenar tu mente para soportar la frustración, para comunicarte con claridad o para levantarte después de un fracaso. Sales al mundo laboral siendo un experto en teoría, pero un completo analfabeto emocional, listo para ser devorado por la rutina y el estrés de la ciudad.
— S.P. Filósofa Urbana
#Educacion #CrisisEscolar #MundoReal #HabilidadesBlandas #VidaModerna #reflexion
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La trampa de la hamburguesa de cartón
Sabemos perfectamente que una hamburguesa hecha en casa sabe mil veces mejor, cuesta menos dinero y no parece plástico. Sin embargo, la fila del servicio en el carro de esos locales gigantes siempre está llena de gente esperando. El verdadero negocio de esas marcas no es la comida, sino vender la idea de no hacer nada. Compramos ahí porque nuestro cerebro prefiere masticar cartón antes que ponerse a lavar platos, picar verdura o prender la estufa. Nos gana la hueva de cocinar y el deseo de tener todo listo en tres minutos, aunque el precio sea comer algo sin sabor. Irónicamente, pagamos más dinero para ahorrar un poco de esfuerzo.
— S.P. Filósofa Urbana
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La trampa de la hamburguesa de cartón
Sabemos perfectamente que una hamburguesa hecha en casa sabe mil veces mejor, cuesta menos dinero y no parece plástico. Sin embargo, la fila del servicio en el carro de esos locales gigantes siempre está llena de gente esperando. El verdadero negocio de esas marcas no es la comida, sino vender la idea de no hacer nada. Compramos ahí porque nuestro cerebro prefiere masticar cartón antes que ponerse a lavar platos, picar verdura o prender la estufa. Nos gana la hueva de cocinar y el deseo de tener todo listo en tres minutos, aunque el precio sea comer algo sin sabor. Irónicamente, pagamos más dinero para ahorrar un poco de esfuerzo.
— S.P. Filósofa Urbana
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El peligro detrás de la caridad de banqueta
Alimentar fauna callejera alimenta un problema de salud pública sin resolver
El acto de colocar recipientes con agua y alimento en la vía pública para los animales sin hogar es percibido de forma común como una muestra de bondad. Los establecimientos comerciales y los hogares recurren a esta práctica buscando aliviar el sufrimiento de las especies abandonadas. No obstante, un análisis de la situación revela que estas acciones generan consecuencias negativas en la estructura urbana, la higiene ambiental y la seguridad de la misma comunidad que intenta proteger a los ejemplares.
El suministro constante de comida en un punto fijo altera el comportamiento de las especies. Los cánidos sin supervisión humana tienden a agrupar territorios específicos en torno a las fuentes de recursos. Esta situación propicia la formación de jaurías que defienden el espacio público de forma agresiva ante la presencia de menores de edad o adultos mayores. Los ataques registrados en diversas zonas urbanas demuestran que la disponibilidad de alimento sin un control real de la población incrementa los riesgos de seguridad en las colonias.
A nivel sanitario, los comederos comunitarios representan un riesgo biológico elevado. Los restos de alimento expuestos durante la noche atraen de forma inevitable a fauna nociva como los roedores. Las ratas y ratones aprovechan estos recursos para incrementar sus poblaciones de manera descontrolada en los vecindarios. Asimismo, la aglomeración de aves como las palomas que son alimentadas en puntos fijos por parte de algunos individuos introduce vectores de transmisión de hongos y bacterias que contaminan el aire y los insumos de consumo humano a través del excremento seco.
La diferencia entre la asistencia real y el asistencialismo superficial radica en la asunción de responsabilidades legales y financieras. Un rescate genuino implica retirar al ejemplar de la vía pública, cubrir los gastos veterinarios, administrar el esquema de vacunación completo, realizar la esterilización y otorgar un espacio confinado adecuado para su desarrollo. El abandono de un plato en la acera carece de estas etapas de cuidado y traslada la carga de los efectos colaterales al resto de los habitantes del sector, quienes deben lidiar con la suciedad y los focos de contagio.
La solución a la crisis de sobrepoblación de animales no reside en facilitar su permanencia descontrolada en el ecosistema urbano. Las políticas eficaces de bienestar exigen una intervención activa mediante la adopción formal, la esterilización obligatoria y la tenencia responsable dentro de la propiedad privada. Mantener dinámicas de alimentación desvinculadas del resguardo doméstico perpetúa el ciclo de abandono y agrava las condiciones de insalubridad general.
— S.P. Filósofa Urbana
#SaludPublica #Urbanismo #TenenciaResponsable #BienestarAnimal #Sociedad #mascotas #perros #gatos #reflexion
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El peligro detrás de la caridad de banqueta
Alimentar fauna callejera alimenta un problema de salud pública sin resolver
El acto de colocar recipientes con agua y alimento en la vía pública para los animales sin hogar es percibido de forma común como una muestra de bondad. Los establecimientos comerciales y los hogares recurren a esta práctica buscando aliviar el sufrimiento de las especies abandonadas. No obstante, un análisis de la situación revela que estas acciones generan consecuencias negativas en la estructura urbana, la higiene ambiental y la seguridad de la misma comunidad que intenta proteger a los ejemplares.
El suministro constante de comida en un punto fijo altera el comportamiento de las especies. Los cánidos sin supervisión humana tienden a agrupar territorios específicos en torno a las fuentes de recursos. Esta situación propicia la formación de jaurías que defienden el espacio público de forma agresiva ante la presencia de menores de edad o adultos mayores. Los ataques registrados en diversas zonas urbanas demuestran que la disponibilidad de alimento sin un control real de la población incrementa los riesgos de seguridad en las colonias.
A nivel sanitario, los comederos comunitarios representan un riesgo biológico elevado. Los restos de alimento expuestos durante la noche atraen de forma inevitable a fauna nociva como los roedores. Las ratas y ratones aprovechan estos recursos para incrementar sus poblaciones de manera descontrolada en los vecindarios. Asimismo, la aglomeración de aves como las palomas que son alimentadas en puntos fijos por parte de algunos individuos introduce vectores de transmisión de hongos y bacterias que contaminan el aire y los insumos de consumo humano a través del excremento seco.
La diferencia entre la asistencia real y el asistencialismo superficial radica en la asunción de responsabilidades legales y financieras. Un rescate genuino implica retirar al ejemplar de la vía pública, cubrir los gastos veterinarios, administrar el esquema de vacunación completo, realizar la esterilización y otorgar un espacio confinado adecuado para su desarrollo. El abandono de un plato en la acera carece de estas etapas de cuidado y traslada la carga de los efectos colaterales al resto de los habitantes del sector, quienes deben lidiar con la suciedad y los focos de contagio.
La solución a la crisis de sobrepoblación de animales no reside en facilitar su permanencia descontrolada en el ecosistema urbano. Las políticas eficaces de bienestar exigen una intervención activa mediante la adopción formal, la esterilización obligatoria y la tenencia responsable dentro de la propiedad privada. Mantener dinámicas de alimentación desvinculadas del resguardo doméstico perpetúa el ciclo de abandono y agrava las condiciones de insalubridad general.
— S.P. Filósofa Urbana
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Cuando un músico toca un instrumento con presencia plena, con todo su ser, ¿es el músico el instrumento o es el instrumento el músico?...
#Paz #Meditacion #Espiritualidad #Zen #Mindfulness #Armonia #Reflexion #Calma #Serenidad #Bienestar #Silencio
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⫸ Qué peligro tienen esas dos palabras flotando de repente en la pantalla: "¿Podemos hablar?".
Así, sin anestesia, justo cuando ya estás con las llaves en la mano para salir de casa.Se te hace un nudo en el estómago al instante.
Y no porque te pille por sorpresa, sino porque te sabes el guion de memoria: la disculpa con cuidado, la promesa de que esta vez sí y esa explicación que suena distinta pero que te acaba llevando al mismo callejón sin salida de siempre.La tentación de contestar es enorme.
La nostalgia es muy tramposa y tiene la mala costumbre de recordarte solo las partes buenas —el calor de lo que fue— mientras te camufla el frío que pasaste en esa misma historia.
Es facilísimo usar la esperanza para volver a tropezar.Por eso, el verdadero logro no es que no te afecte; el logro es sentir el impulso de abrir el chat con toda su fuerza y, aun así, tener la cabeza fría para poner el móvil en silencio, guardártelo en el bolsillo y cerrar la puerta con un golpe seco.
Hay explicaciones que ya no cambian nada y conversaciones que solo sirven para reabrir heridas.
Elegir tu paz y seguir caminando es, a veces, la decisión más valiente.⫷⫸⫷⫸⫷⫸
#reflexion #psicologia #limites #autocuidado #pasado #decisiones #vidareal
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Así, sin anestesia, justo cuando ya estás con las llaves en la mano para salir de casa.Se te hace un nudo en el estómago al instante.
Y no porque te pille por sorpresa, sino porque te sabes el guion de memoria: la disculpa con cuidado, la promesa de que esta vez sí y esa explicación que suena distinta pero que te acaba llevando al mismo callejón sin salida de siempre.La tentación de contestar es enorme.
La nostalgia es muy tramposa y tiene la mala costumbre de recordarte solo las partes buenas —el calor de lo que fue— mientras te camufla el frío que pasaste en esa misma historia.
Es facilísimo usar la esperanza para volver a tropezar.Por eso, el verdadero logro no es que no te afecte; el logro es sentir el impulso de abrir el chat con toda su fuerza y, aun así, tener la cabeza fría para poner el móvil en silencio, guardártelo en el bolsillo y cerrar la puerta con un golpe seco.
Hay explicaciones que ya no cambian nada y conversaciones que solo sirven para reabrir heridas.
Elegir tu paz y seguir caminando es, a veces, la decisión más valiente.⫷⫸⫷⫸⫷⫸
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Bernal Díaz de Castillo
Por: Francisco Javier Estrada
¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.
El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.
Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.
Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.
Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.
Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.
Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.
Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.
En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.
Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.
Texto clásico de gran valor para saber lo que sucedió hace más de quinientos años en Mesoamérica, donde se ha de fundar la capital más impresionante de la Nueva España por toda la América. Leer a los Cronistas es ir en busca de la verdad, de ese momento que el estudioso de historia sabiendo que debe relatar su presente, no puede huir a tal tarea, a riesgo de ser sólo un ideólogo al servicio del poder político o económico. Nunca el Cronista debe ser alabador de tales.
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Bernal Díaz de Castillo
Por: Francisco Javier Estrada
¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.
El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.
Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.
Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.
Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.
Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.
Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.
Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.
En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.
Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.
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