#etica — Public Fediverse posts
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O perigo do moralismo: por que a virtude individual não salva a República?
https://fed.brid.gy/r/https://iclnoticias.com.br/o-perigo-do-moralismo-virtude-individual/
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El mito de la plaza pública digital: Cuatro vecindarios con reglas y dueños muy diferentes
Cuando nos asomamos al mundo de las redes para publicar textos cortos, es facilísimo caer en la trampa de pensar que todas las plataformas son iguales solo porque en todas se escribe con el teclado. La realidad es que si comparamos la convivencia en Twitter, Threads, BlueSky y Mastodon, nos damos cuenta de que el diseño de una red y, sobre todo, quién pone el dinero detrás, determina por completo cómo se comporta la gente. No es solo un asunto de qué botones puedes presionar, sino de la cultura que se genera en cada espacio y de la forma tan distinta en que se manejan los problemas, los ataques y el troleo de cada día.
Twitter, en lo que hoy conocemos como la red de la letra equis, el ambiente se rige bajo la voluntad de Elon Musk y su urgencia por exprimir billetes a través de las cuentas de pago. Al premiar el alcance por encima de la calidad, el sistema empuja a los usuarios a buscar la pelea constante porque la furia genera clics y los clics se traducen en centavos para quienes pagan su suscripción. Los ataques en ese espacio suelen ser masivos, coordinados y sumamente agresivos, buscando silenciar cualquier postura incómoda, mientras que la moderación brilla por su ausencia. Por su parte, Threads, la alternativa de Mark Zuckerberg y Meta, se va al extremo opuesto; su algoritmo está diseñado para esconder la política y los temas serios bajo la alfombra, buscando crear un ambiente artificialmente feliz donde el troleo es más sutil pero la censura algorítmica es constante para proteger los intereses de los anunciantes.
Luego tenemos a BlueSky, que nació como una idea de Jack Dorsey ( uno de los creadores del Twitter original) y usa un protocolo abierto, funciona gracias al dinero de inversionistas privados que no están haciendo una obra de caridad, sino esperando su tajada de ganancias en el futuro. Al tener algoritmos que potencian ciertos contenidos y etiquetas, el troleo aquí suele ser más pasivo-agresivo, lleno de ironía y sarcasmo, donde los conflictos escalan cuando las comunidades intentan organizarse con sus propios filtros de bloqueo ante la falta de un equipo de moderación central rápido. Tarde o temprano, ese soporte corporativo va a cobrar factura para recuperar lo invertido, cambiando las reglas del juego.
La experiencia en Mastodon cambia el panorama por completo porque aquí no existe un señor multimillonario, ni corporaciones, ni algoritmos ocultos diciéndote qué ver para venderte algo. Al ser una red cooperativa que se mantiene viva gracias a los donativos de la misma gente, la convivencia se construye desde los servidores locales, donde los administradores aplican las normas de forma humana y cercana. Los insultos o ataques masivos se topan con pared muy rápido, porque en cuanto una cuenta o un servidor entero empieza a molestar, los administradores de los demás nodos simplemente los bloquean de raíz. El verdadero conflicto en el Fediverso no viene de olas de odio pagado, sino de discusiones reales entre personas con ideas distintas sobre la convivencia, con esto podemos ver que la verdadera tranquilidad digital no se logra con fórmulas matemáticas ni algoritmos ni redes privativas, sino con acuerdos humanos y libertad cómo pasa en el fediverso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #Mastodon #RedesSociales #twitter #BlueSky #Threads
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El nuevo rostro del chayote, la payola digital y la crisis de la honestidad informativa
Una mirada crítica a los acuerdos comerciales ocultos entre marcas, políticos y creadores de contenido en las plataformas actuales
La historia de los medios de comunicación en los siglos XX y XXI arrastra una sombra constante que ha dañado de forma severa su credibilidad ante los ojos del público. Prácticas ilícitas como la payola en las estaciones de radio, donde se cobraba dinero por debajo de la mesa para reproducir ciertas canciones, o el chayote en la prensa escrita, consistente en la entrega de sobres con efectivo a cambio de notas favorables para el gobierno, parecían vicios del pasado. Sin embargo, el nacimiento de las redes sociales y la consolidación de figuras populares como los influencers y los streamers no eliminaron estas conductas de corrupción informativa, sino que las trasladaron a un entorno digital mucho más masivo, opaco y difícil de fiscalizar por las leyes vigentes. Hoy en día, millones de personas consumen diariamente transmisiones en vivo y videos cortos bajo la idea de estar ante un amigo cercano que comparte sus gustos de forma sincera, ignorando que detrás de muchas recomendaciones existe un contrato comercial que dicta cada palabra que sale de su boca.
Este fenómeno no puede considerarse ético bajo ninguna circunstancia, ya que vulnera el principio básico de la transparencia hacia la audiencia. El problema no radica en que una empresa o una organización busque canales para anunciarse, sino en la deliberada ocultación del patrocinio para hacer pasar un comercial pagado como si fuera un testimonio espontáneo y honesto. Cuando un creador con millones de seguidores afirma de forma entusiasta que un producto cambió su vida, o que cierto partido político ofrece las mejores propuestas para el país en plena veda electoral, está cometiendo un engaño directo. Las sumas de dinero que se manejan en estos acuerdos comerciales actuales alcanzan cifras de 5 o hasta 6 dígitos, permitiendo que la línea de opinión de estos canales se venda al mejor postor de la misma forma en que lo hacían los viejos periodistas corrompidos del siglo pasado. El hecho de que estas transacciones ahora se realicen por medio de transferencias bancarias y agencias de publicidad legítimas no borra la falta de integridad moral del acto.
La respuesta de los organismos reguladores a nivel internacional ha sido lenta en comparación con la velocidad a la que avanzan los algoritmos de internet de las redes privativas. En algunas regiones se han emitido guías de cumplimiento y leyes que obligan a colocar de forma visible leyendas como publicidad o patrocinado, pero el volumen de contenido que se sube cada minuto hace que la vigilancia resulte casi imposible de ejecutar con efectividad. La verdadera resistencia ante esta normalización de la mentira pagada recae en la construcción de un público con un sentido crítico muy agudo. Los ciudadanos necesitan entender que las dinámicas de manipulación informativa no desaparecieron con la llegada de las pantallas digitales, sino que adoptaron un tono más coloquial, luces de colores y un lenguaje supuestamente cercano para seguir operando con total impunidad en beneficio de los mismos intereses económicos y políticos de siempre.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#Periodismo #Ética #Comunicación #Influencers #MediosDigitales #PensamientoCrítico #reflexion #corrupcion
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‘A gente não tem nome’: Verônica Oliveira, do Faxina Boa, critica desumanização de faxineiras