#etica — Public Fediverse posts
Live and recent posts from across the Fediverse tagged #etica, aggregated by home.social.
-
La ilusión de lo gratis y el valor de nuestra soberanía digital
Muchas veces nos deslizamos por nuestras pantallas viendo videos y compartiendo mensajes con la idea de que aplicaciones como TikTok, Instagram, Facebook, X, YouTube o WhatsApp son un regalo sin costo. La realidad es que no pagamos con monedas porque la verdadera moneda de cambio somos cada uno de nosotros, nuestros gustos, nuestros miedos y nuestras rutinas diarias. Detrás de ese botón de descarga que dice gratis se esconde una industria corporativa gigantesca que vive de espiar nuestro comportamiento para empaquetarlo y vendérselo al mejor postor, convirtiendo nuestra privacidad en el negocio más lucrativo del siglo XXI.
Esta maquinaria no se limita a enseñarnos anuncios de zapatos o teléfonos que acabamos de buscar en internet, sino que va mucho más profundo al meterse con la manipulación de nuestras emociones y opiniones. Las grandes corporaciones usan algoritmos diseñados de forma minuciosa para mantenernos enganchados la mayor cantidad de tiempo posible, mostrando contenido que nos haga enojar o reaccionar, porque saben que el conflicto genera clics. Al controlar lo que vemos y lo que ocultamos, estas plataformas tienen el poder de moldear corrientes de opinión completas, influir en procesos políticos y decidir qué es importante y qué no, quitándonos de las manos nuestra capacidad de pensar de forma independiente.
En el Fediverso las cosas funcionan de una manera completamente diferente porque se rompe esa cadena de control centralizado. Al estar construido sobre redes abiertas y servidores independientes que se comunican entre sí gracias al protocolo ActivityPub, aquí no existe un dueño único, ni un consejo de administración buscando exprimir ganancias, ni un algoritmo secreto decidiendo qué debes leer. En este espacio digital la moderación es comunitaria, los datos le pertenecen a los usuarios y no hay rastreadores vigilando cada paso que das en la red. Cooperar para mantener la infraestructura de forma colectiva nos devuelve la soberanía sobre nuestras vidas digitales, el Fediverso es otra forma de comunicarnos en internet sin el ojo vigía corporativo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #RedesSociales #SoberaniaDigital
-
La ilusión de lo gratis y el valor de nuestra soberanía digital
Muchas veces nos deslizamos por nuestras pantallas viendo videos y compartiendo mensajes con la idea de que aplicaciones como TikTok, Instagram, Facebook, X, YouTube o WhatsApp son un regalo sin costo. La realidad es que no pagamos con monedas porque la verdadera moneda de cambio somos cada uno de nosotros, nuestros gustos, nuestros miedos y nuestras rutinas diarias. Detrás de ese botón de descarga que dice gratis se esconde una industria corporativa gigantesca que vive de espiar nuestro comportamiento para empaquetarlo y vendérselo al mejor postor, convirtiendo nuestra privacidad en el negocio más lucrativo del siglo XXI.
Esta maquinaria no se limita a enseñarnos anuncios de zapatos o teléfonos que acabamos de buscar en internet, sino que va mucho más profundo al meterse con la manipulación de nuestras emociones y opiniones. Las grandes corporaciones usan algoritmos diseñados de forma minuciosa para mantenernos enganchados la mayor cantidad de tiempo posible, mostrando contenido que nos haga enojar o reaccionar, porque saben que el conflicto genera clics. Al controlar lo que vemos y lo que ocultamos, estas plataformas tienen el poder de moldear corrientes de opinión completas, influir en procesos políticos y decidir qué es importante y qué no, quitándonos de las manos nuestra capacidad de pensar de forma independiente.
En el Fediverso las cosas funcionan de una manera completamente diferente porque se rompe esa cadena de control centralizado. Al estar construido sobre redes abiertas y servidores independientes que se comunican entre sí gracias al protocolo ActivityPub, aquí no existe un dueño único, ni un consejo de administración buscando exprimir ganancias, ni un algoritmo secreto decidiendo qué debes leer. En este espacio digital la moderación es comunitaria, los datos le pertenecen a los usuarios y no hay rastreadores vigilando cada paso que das en la red. Cooperar para mantener la infraestructura de forma colectiva nos devuelve la soberanía sobre nuestras vidas digitales, el Fediverso es otra forma de comunicarnos en internet sin el ojo vigía corporativo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #RedesSociales #SoberaniaDigital
-
La ilusión de lo gratis y el valor de nuestra soberanía digital
Muchas veces nos deslizamos por nuestras pantallas viendo videos y compartiendo mensajes con la idea de que aplicaciones como TikTok, Instagram, Facebook, X, YouTube o WhatsApp son un regalo sin costo. La realidad es que no pagamos con monedas porque la verdadera moneda de cambio somos cada uno de nosotros, nuestros gustos, nuestros miedos y nuestras rutinas diarias. Detrás de ese botón de descarga que dice gratis se esconde una industria corporativa gigantesca que vive de espiar nuestro comportamiento para empaquetarlo y vendérselo al mejor postor, convirtiendo nuestra privacidad en el negocio más lucrativo del siglo XXI.
Esta maquinaria no se limita a enseñarnos anuncios de zapatos o teléfonos que acabamos de buscar en internet, sino que va mucho más profundo al meterse con la manipulación de nuestras emociones y opiniones. Las grandes corporaciones usan algoritmos diseñados de forma minuciosa para mantenernos enganchados la mayor cantidad de tiempo posible, mostrando contenido que nos haga enojar o reaccionar, porque saben que el conflicto genera clics. Al controlar lo que vemos y lo que ocultamos, estas plataformas tienen el poder de moldear corrientes de opinión completas, influir en procesos políticos y decidir qué es importante y qué no, quitándonos de las manos nuestra capacidad de pensar de forma independiente.
En el Fediverso las cosas funcionan de una manera completamente diferente porque se rompe esa cadena de control centralizado. Al estar construido sobre redes abiertas y servidores independientes que se comunican entre sí gracias al protocolo ActivityPub, aquí no existe un dueño único, ni un consejo de administración buscando exprimir ganancias, ni un algoritmo secreto decidiendo qué debes leer. En este espacio digital la moderación es comunitaria, los datos le pertenecen a los usuarios y no hay rastreadores vigilando cada paso que das en la red. Cooperar para mantener la infraestructura de forma colectiva nos devuelve la soberanía sobre nuestras vidas digitales, el Fediverso es otra forma de comunicarnos en internet sin el ojo vigía corporativo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #RedesSociales #SoberaniaDigital
-
La ilusión de lo gratis y el valor de nuestra soberanía digital
Muchas veces nos deslizamos por nuestras pantallas viendo videos y compartiendo mensajes con la idea de que aplicaciones como TikTok, Instagram, Facebook, X, YouTube o WhatsApp son un regalo sin costo. La realidad es que no pagamos con monedas porque la verdadera moneda de cambio somos cada uno de nosotros, nuestros gustos, nuestros miedos y nuestras rutinas diarias. Detrás de ese botón de descarga que dice gratis se esconde una industria corporativa gigantesca que vive de espiar nuestro comportamiento para empaquetarlo y vendérselo al mejor postor, convirtiendo nuestra privacidad en el negocio más lucrativo del siglo XXI.
Esta maquinaria no se limita a enseñarnos anuncios de zapatos o teléfonos que acabamos de buscar en internet, sino que va mucho más profundo al meterse con la manipulación de nuestras emociones y opiniones. Las grandes corporaciones usan algoritmos diseñados de forma minuciosa para mantenernos enganchados la mayor cantidad de tiempo posible, mostrando contenido que nos haga enojar o reaccionar, porque saben que el conflicto genera clics. Al controlar lo que vemos y lo que ocultamos, estas plataformas tienen el poder de moldear corrientes de opinión completas, influir en procesos políticos y decidir qué es importante y qué no, quitándonos de las manos nuestra capacidad de pensar de forma independiente.
En el Fediverso las cosas funcionan de una manera completamente diferente porque se rompe esa cadena de control centralizado. Al estar construido sobre redes abiertas y servidores independientes que se comunican entre sí gracias al protocolo ActivityPub, aquí no existe un dueño único, ni un consejo de administración buscando exprimir ganancias, ni un algoritmo secreto decidiendo qué debes leer. En este espacio digital la moderación es comunitaria, los datos le pertenecen a los usuarios y no hay rastreadores vigilando cada paso que das en la red. Cooperar para mantener la infraestructura de forma colectiva nos devuelve la soberanía sobre nuestras vidas digitales, el Fediverso es otra forma de comunicarnos en internet sin el ojo vigía corporativo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #RedesSociales #SoberaniaDigital
-
La ilusión de lo gratis y el valor de nuestra soberanía digital
Muchas veces nos deslizamos por nuestras pantallas viendo videos y compartiendo mensajes con la idea de que aplicaciones como TikTok, Instagram, Facebook, X, YouTube o WhatsApp son un regalo sin costo. La realidad es que no pagamos con monedas porque la verdadera moneda de cambio somos cada uno de nosotros, nuestros gustos, nuestros miedos y nuestras rutinas diarias. Detrás de ese botón de descarga que dice gratis se esconde una industria corporativa gigantesca que vive de espiar nuestro comportamiento para empaquetarlo y vendérselo al mejor postor, convirtiendo nuestra privacidad en el negocio más lucrativo del siglo XXI.
Esta maquinaria no se limita a enseñarnos anuncios de zapatos o teléfonos que acabamos de buscar en internet, sino que va mucho más profundo al meterse con la manipulación de nuestras emociones y opiniones. Las grandes corporaciones usan algoritmos diseñados de forma minuciosa para mantenernos enganchados la mayor cantidad de tiempo posible, mostrando contenido que nos haga enojar o reaccionar, porque saben que el conflicto genera clics. Al controlar lo que vemos y lo que ocultamos, estas plataformas tienen el poder de moldear corrientes de opinión completas, influir en procesos políticos y decidir qué es importante y qué no, quitándonos de las manos nuestra capacidad de pensar de forma independiente.
En el Fediverso las cosas funcionan de una manera completamente diferente porque se rompe esa cadena de control centralizado. Al estar construido sobre redes abiertas y servidores independientes que se comunican entre sí gracias al protocolo ActivityPub, aquí no existe un dueño único, ni un consejo de administración buscando exprimir ganancias, ni un algoritmo secreto decidiendo qué debes leer. En este espacio digital la moderación es comunitaria, los datos le pertenecen a los usuarios y no hay rastreadores vigilando cada paso que das en la red. Cooperar para mantener la infraestructura de forma colectiva nos devuelve la soberanía sobre nuestras vidas digitales, el Fediverso es otra forma de comunicarnos en internet sin el ojo vigía corporativo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #RedesSociales #SoberaniaDigital
-
Hinton advierte: 80–90% de que la IA supere a humanos; 10–20% de riesgo de extinción. Pide frenar la carrera y resolver la alineación antes de que sea tarde. https://aidoo.news/noticia/6GLg2z
#Noticias #Tecnologia #AlineacionAI #Etica #RiesgoExistencial
-
Compasión
Compasión #tardigram #compasión #ética #sentimientos #moral #ceuta #LaPlaza -
José Ignacio Latorre: «El gran peligro de la IA es un declive ético»
José Ignacio Latorre: «El gran peligro de la IA es un... #ia #contrato #social #etica #josé #ignacio #latorre #singapur #LaPlaza -
Banca "Etica" ha bloccato i fondi del collettivo "Autistici / Inventati" perché il governo USA ha detto che sono cattivi ☹️
https://keepitfree.ai/it/announcements/banca-etica-sequestra-i-fondi-di-a/i/
-
Banca "Etica" ha bloccato i fondi del collettivo "Autistici / Inventati" perché il governo USA ha detto che sono cattivi ☹️
https://keepitfree.ai/it/announcements/banca-etica-sequestra-i-fondi-di-a/i/
-
Banca "Etica" ha bloccato i fondi del collettivo "Autistici / Inventati" perché il governo USA ha detto che sono cattivi ☹️
https://keepitfree.ai/it/announcements/banca-etica-sequestra-i-fondi-di-a/i/
-
El espejismo de las ideologías como verdades absolutas
A mí me da exactamente igual si una postura política es de izquierda o de derecha porque, si revisamos la historia, ambas opciones funcionan como herramientas para enajenar a las masas. Estas ideologías operan mediante estrategias muy claras que buscan mover a los ciudadanos y utilizarlos como carne de cañón con el único propósito de ganar elecciones, conseguir votos y acumular poder en el tablero político. Cuando alguien decide encerrarse en el túnel de una postura rígida, lo único que consigue es fragmentar su visión de la realidad, perdiendo la objetividad al analizar el entorno desde un solo color.
Si alguien decide por voluntad propia seguir ese camino, es su decisión y su responsabilidad. El verdadero problema empieza cuando intentan imponerme ese dogma o quieren convencerme de que un partido, un candidato o un líder tiene la solución definitiva a todos los males del mundo. Conmigo ahí sí se topan con pared porque respeto por completo la diversidad, el libre pensamiento y la libertad de expresión, pero no el que a toda costa intentes convencerme de algo o la imposición de dogmas, pensamientos, creencias, ideologías, posturas políticas o estilos de vida. En este espacio yo acepto a todos y podemos no estar de acuerdo en muchas cosas y aún así platicar de lo que quieran de forma amigable, educada, civilizada y abierta, siempre y cuando dejemos de lado la intención de vender ideologías o adoctrinar a los demás.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Sociedad #LibertadDeExpresion #Politica
-
El espejismo de las ideologías como verdades absolutas
A mí me da exactamente igual si una postura política es de izquierda o de derecha porque, si revisamos la historia, ambas opciones funcionan como herramientas para enajenar a las masas. Estas ideologías operan mediante estrategias muy claras que buscan mover a los ciudadanos y utilizarlos como carne de cañón con el único propósito de ganar elecciones, conseguir votos y acumular poder en el tablero político. Cuando alguien decide encerrarse en el túnel de una postura rígida, lo único que consigue es fragmentar su visión de la realidad, perdiendo la objetividad al analizar el entorno desde un solo color.
Si alguien decide por voluntad propia seguir ese camino, es su decisión y su responsabilidad. El verdadero problema empieza cuando intentan imponerme ese dogma o quieren convencerme de que un partido, un candidato o un líder tiene la solución definitiva a todos los males del mundo. Conmigo ahí sí se topan con pared porque respeto por completo la diversidad, el libre pensamiento y la libertad de expresión, pero no el que a toda costa intentes convencerme de algo o la imposición de dogmas, pensamientos, creencias, ideologías, posturas políticas o estilos de vida. En este espacio yo acepto a todos y podemos no estar de acuerdo en muchas cosas y aún así platicar de lo que quieran de forma amigable, educada, civilizada y abierta, siempre y cuando dejemos de lado la intención de vender ideologías o adoctrinar a los demás.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Sociedad #LibertadDeExpresion #Politica
-
El espejismo de las ideologías como verdades absolutas
A mí me da exactamente igual si una postura política es de izquierda o de derecha porque, si revisamos la historia, ambas opciones funcionan como herramientas para enajenar a las masas. Estas ideologías operan mediante estrategias muy claras que buscan mover a los ciudadanos y utilizarlos como carne de cañón con el único propósito de ganar elecciones, conseguir votos y acumular poder en el tablero político. Cuando alguien decide encerrarse en el túnel de una postura rígida, lo único que consigue es fragmentar su visión de la realidad, perdiendo la objetividad al analizar el entorno desde un solo color.
Si alguien decide por voluntad propia seguir ese camino, es su decisión y su responsabilidad. El verdadero problema empieza cuando intentan imponerme ese dogma o quieren convencerme de que un partido, un candidato o un líder tiene la solución definitiva a todos los males del mundo. Conmigo ahí sí se topan con pared porque respeto por completo la diversidad, el libre pensamiento y la libertad de expresión, pero no el que a toda costa intentes convencerme de algo o la imposición de dogmas, pensamientos, creencias, ideologías, posturas políticas o estilos de vida. En este espacio yo acepto a todos y podemos no estar de acuerdo en muchas cosas y aún así platicar de lo que quieran de forma amigable, educada, civilizada y abierta, siempre y cuando dejemos de lado la intención de vender ideologías o adoctrinar a los demás.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Sociedad #LibertadDeExpresion #Politica
-
El espejismo de las ideologías como verdades absolutas
A mí me da exactamente igual si una postura política es de izquierda o de derecha porque, si revisamos la historia, ambas opciones funcionan como herramientas para enajenar a las masas. Estas ideologías operan mediante estrategias muy claras que buscan mover a los ciudadanos y utilizarlos como carne de cañón con el único propósito de ganar elecciones, conseguir votos y acumular poder en el tablero político. Cuando alguien decide encerrarse en el túnel de una postura rígida, lo único que consigue es fragmentar su visión de la realidad, perdiendo la objetividad al analizar el entorno desde un solo color.
Si alguien decide por voluntad propia seguir ese camino, es su decisión y su responsabilidad. El verdadero problema empieza cuando intentan imponerme ese dogma o quieren convencerme de que un partido, un candidato o un líder tiene la solución definitiva a todos los males del mundo. Conmigo ahí sí se topan con pared porque respeto por completo la diversidad, el libre pensamiento y la libertad de expresión, pero no el que a toda costa intentes convencerme de algo o la imposición de dogmas, pensamientos, creencias, ideologías, posturas políticas o estilos de vida. En este espacio yo acepto a todos y podemos no estar de acuerdo en muchas cosas y aún así platicar de lo que quieran de forma amigable, educada, civilizada y abierta, siempre y cuando dejemos de lado la intención de vender ideologías o adoctrinar a los demás.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Sociedad #LibertadDeExpresion #Politica
-
El espejismo de las ideologías como verdades absolutas
A mí me da exactamente igual si una postura política es de izquierda o de derecha porque, si revisamos la historia, ambas opciones funcionan como herramientas para enajenar a las masas. Estas ideologías operan mediante estrategias muy claras que buscan mover a los ciudadanos y utilizarlos como carne de cañón con el único propósito de ganar elecciones, conseguir votos y acumular poder en el tablero político. Cuando alguien decide encerrarse en el túnel de una postura rígida, lo único que consigue es fragmentar su visión de la realidad, perdiendo la objetividad al analizar el entorno desde un solo color.
Si alguien decide por voluntad propia seguir ese camino, es su decisión y su responsabilidad. El verdadero problema empieza cuando intentan imponerme ese dogma o quieren convencerme de que un partido, un candidato o un líder tiene la solución definitiva a todos los males del mundo. Conmigo ahí sí se topan con pared porque respeto por completo la diversidad, el libre pensamiento y la libertad de expresión, pero no el que a toda costa intentes convencerme de algo o la imposición de dogmas, pensamientos, creencias, ideologías, posturas políticas o estilos de vida. En este espacio yo acepto a todos y podemos no estar de acuerdo en muchas cosas y aún así platicar de lo que quieran de forma amigable, educada, civilizada y abierta, siempre y cuando dejemos de lado la intención de vender ideologías o adoctrinar a los demás.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Sociedad #LibertadDeExpresion #Politica
-
O perigo do moralismo: por que a virtude individual não salva a República?
https://fed.brid.gy/r/https://iclnoticias.com.br/o-perigo-do-moralismo-virtude-individual/
-
O perigo do moralismo: por que a virtude individual não salva a República?
https://fed.brid.gy/r/https://iclnoticias.com.br/o-perigo-do-moralismo-virtude-individual/
-
O perigo do moralismo: por que a virtude individual não salva a República?
https://fed.brid.gy/r/https://iclnoticias.com.br/o-perigo-do-moralismo-virtude-individual/
-
O perigo do moralismo: por que a virtude individual não salva a República?
https://fed.brid.gy/r/https://iclnoticias.com.br/o-perigo-do-moralismo-virtude-individual/
-
El mito de la plaza pública digital: Cuatro vecindarios con reglas y dueños muy diferentes
Cuando nos asomamos al mundo de las redes para publicar textos cortos, es facilísimo caer en la trampa de pensar que todas las plataformas son iguales solo porque en todas se escribe con el teclado. La realidad es que si comparamos la convivencia en Twitter, Threads, BlueSky y Mastodon, nos damos cuenta de que el diseño de una red y, sobre todo, quién pone el dinero detrás, determina por completo cómo se comporta la gente. No es solo un asunto de qué botones puedes presionar, sino de la cultura que se genera en cada espacio y de la forma tan distinta en que se manejan los problemas, los ataques y el troleo de cada día.
Twitter, en lo que hoy conocemos como la red de la letra equis, el ambiente se rige bajo la voluntad de Elon Musk y su urgencia por exprimir billetes a través de las cuentas de pago. Al premiar el alcance por encima de la calidad, el sistema empuja a los usuarios a buscar la pelea constante porque la furia genera clics y los clics se traducen en centavos para quienes pagan su suscripción. Los ataques en ese espacio suelen ser masivos, coordinados y sumamente agresivos, buscando silenciar cualquier postura incómoda, mientras que la moderación brilla por su ausencia. Por su parte, Threads, la alternativa de Mark Zuckerberg y Meta, se va al extremo opuesto; su algoritmo está diseñado para esconder la política y los temas serios bajo la alfombra, buscando crear un ambiente artificialmente feliz donde el troleo es más sutil pero la censura algorítmica es constante para proteger los intereses de los anunciantes.
Luego tenemos a BlueSky, que nació como una idea de Jack Dorsey ( uno de los creadores del Twitter original) y usa un protocolo abierto, funciona gracias al dinero de inversionistas privados que no están haciendo una obra de caridad, sino esperando su tajada de ganancias en el futuro. Al tener algoritmos que potencian ciertos contenidos y etiquetas, el troleo aquí suele ser más pasivo-agresivo, lleno de ironía y sarcasmo, donde los conflictos escalan cuando las comunidades intentan organizarse con sus propios filtros de bloqueo ante la falta de un equipo de moderación central rápido. Tarde o temprano, ese soporte corporativo va a cobrar factura para recuperar lo invertido, cambiando las reglas del juego.
La experiencia en Mastodon cambia el panorama por completo porque aquí no existe un señor multimillonario, ni corporaciones, ni algoritmos ocultos diciéndote qué ver para venderte algo. Al ser una red cooperativa que se mantiene viva gracias a los donativos de la misma gente, la convivencia se construye desde los servidores locales, donde los administradores aplican las normas de forma humana y cercana. Los insultos o ataques masivos se topan con pared muy rápido, porque en cuanto una cuenta o un servidor entero empieza a molestar, los administradores de los demás nodos simplemente los bloquean de raíz. El verdadero conflicto en el Fediverso no viene de olas de odio pagado, sino de discusiones reales entre personas con ideas distintas sobre la convivencia, con esto podemos ver que la verdadera tranquilidad digital no se logra con fórmulas matemáticas ni algoritmos ni redes privativas, sino con acuerdos humanos y libertad cómo pasa en el fediverso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #Mastodon #RedesSociales #twitter #BlueSky #Threads
-
El mito de la plaza pública digital: Cuatro vecindarios con reglas y dueños muy diferentes
Cuando nos asomamos al mundo de las redes para publicar textos cortos, es facilísimo caer en la trampa de pensar que todas las plataformas son iguales solo porque en todas se escribe con el teclado. La realidad es que si comparamos la convivencia en Twitter, Threads, BlueSky y Mastodon, nos damos cuenta de que el diseño de una red y, sobre todo, quién pone el dinero detrás, determina por completo cómo se comporta la gente. No es solo un asunto de qué botones puedes presionar, sino de la cultura que se genera en cada espacio y de la forma tan distinta en que se manejan los problemas, los ataques y el troleo de cada día.
Twitter, en lo que hoy conocemos como la red de la letra equis, el ambiente se rige bajo la voluntad de Elon Musk y su urgencia por exprimir billetes a través de las cuentas de pago. Al premiar el alcance por encima de la calidad, el sistema empuja a los usuarios a buscar la pelea constante porque la furia genera clics y los clics se traducen en centavos para quienes pagan su suscripción. Los ataques en ese espacio suelen ser masivos, coordinados y sumamente agresivos, buscando silenciar cualquier postura incómoda, mientras que la moderación brilla por su ausencia. Por su parte, Threads, la alternativa de Mark Zuckerberg y Meta, se va al extremo opuesto; su algoritmo está diseñado para esconder la política y los temas serios bajo la alfombra, buscando crear un ambiente artificialmente feliz donde el troleo es más sutil pero la censura algorítmica es constante para proteger los intereses de los anunciantes.
Luego tenemos a BlueSky, que nació como una idea de Jack Dorsey ( uno de los creadores del Twitter original) y usa un protocolo abierto, funciona gracias al dinero de inversionistas privados que no están haciendo una obra de caridad, sino esperando su tajada de ganancias en el futuro. Al tener algoritmos que potencian ciertos contenidos y etiquetas, el troleo aquí suele ser más pasivo-agresivo, lleno de ironía y sarcasmo, donde los conflictos escalan cuando las comunidades intentan organizarse con sus propios filtros de bloqueo ante la falta de un equipo de moderación central rápido. Tarde o temprano, ese soporte corporativo va a cobrar factura para recuperar lo invertido, cambiando las reglas del juego.
La experiencia en Mastodon cambia el panorama por completo porque aquí no existe un señor multimillonario, ni corporaciones, ni algoritmos ocultos diciéndote qué ver para venderte algo. Al ser una red cooperativa que se mantiene viva gracias a los donativos de la misma gente, la convivencia se construye desde los servidores locales, donde los administradores aplican las normas de forma humana y cercana. Los insultos o ataques masivos se topan con pared muy rápido, porque en cuanto una cuenta o un servidor entero empieza a molestar, los administradores de los demás nodos simplemente los bloquean de raíz. El verdadero conflicto en el Fediverso no viene de olas de odio pagado, sino de discusiones reales entre personas con ideas distintas sobre la convivencia, con esto podemos ver que la verdadera tranquilidad digital no se logra con fórmulas matemáticas ni algoritmos ni redes privativas, sino con acuerdos humanos y libertad cómo pasa en el fediverso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #Mastodon #RedesSociales #twitter #BlueSky #Threads
-
El mito de la plaza pública digital: Cuatro vecindarios con reglas y dueños muy diferentes
Cuando nos asomamos al mundo de las redes para publicar textos cortos, es facilísimo caer en la trampa de pensar que todas las plataformas son iguales solo porque en todas se escribe con el teclado. La realidad es que si comparamos la convivencia en Twitter, Threads, BlueSky y Mastodon, nos damos cuenta de que el diseño de una red y, sobre todo, quién pone el dinero detrás, determina por completo cómo se comporta la gente. No es solo un asunto de qué botones puedes presionar, sino de la cultura que se genera en cada espacio y de la forma tan distinta en que se manejan los problemas, los ataques y el troleo de cada día.
Twitter, en lo que hoy conocemos como la red de la letra equis, el ambiente se rige bajo la voluntad de Elon Musk y su urgencia por exprimir billetes a través de las cuentas de pago. Al premiar el alcance por encima de la calidad, el sistema empuja a los usuarios a buscar la pelea constante porque la furia genera clics y los clics se traducen en centavos para quienes pagan su suscripción. Los ataques en ese espacio suelen ser masivos, coordinados y sumamente agresivos, buscando silenciar cualquier postura incómoda, mientras que la moderación brilla por su ausencia. Por su parte, Threads, la alternativa de Mark Zuckerberg y Meta, se va al extremo opuesto; su algoritmo está diseñado para esconder la política y los temas serios bajo la alfombra, buscando crear un ambiente artificialmente feliz donde el troleo es más sutil pero la censura algorítmica es constante para proteger los intereses de los anunciantes.
Luego tenemos a BlueSky, que nació como una idea de Jack Dorsey ( uno de los creadores del Twitter original) y usa un protocolo abierto, funciona gracias al dinero de inversionistas privados que no están haciendo una obra de caridad, sino esperando su tajada de ganancias en el futuro. Al tener algoritmos que potencian ciertos contenidos y etiquetas, el troleo aquí suele ser más pasivo-agresivo, lleno de ironía y sarcasmo, donde los conflictos escalan cuando las comunidades intentan organizarse con sus propios filtros de bloqueo ante la falta de un equipo de moderación central rápido. Tarde o temprano, ese soporte corporativo va a cobrar factura para recuperar lo invertido, cambiando las reglas del juego.
La experiencia en Mastodon cambia el panorama por completo porque aquí no existe un señor multimillonario, ni corporaciones, ni algoritmos ocultos diciéndote qué ver para venderte algo. Al ser una red cooperativa que se mantiene viva gracias a los donativos de la misma gente, la convivencia se construye desde los servidores locales, donde los administradores aplican las normas de forma humana y cercana. Los insultos o ataques masivos se topan con pared muy rápido, porque en cuanto una cuenta o un servidor entero empieza a molestar, los administradores de los demás nodos simplemente los bloquean de raíz. El verdadero conflicto en el Fediverso no viene de olas de odio pagado, sino de discusiones reales entre personas con ideas distintas sobre la convivencia, con esto podemos ver que la verdadera tranquilidad digital no se logra con fórmulas matemáticas ni algoritmos ni redes privativas, sino con acuerdos humanos y libertad cómo pasa en el fediverso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #Mastodon #RedesSociales #twitter #BlueSky #Threads
-
El mito de la plaza pública digital: Cuatro vecindarios con reglas y dueños muy diferentes
Cuando nos asomamos al mundo de las redes para publicar textos cortos, es facilísimo caer en la trampa de pensar que todas las plataformas son iguales solo porque en todas se escribe con el teclado. La realidad es que si comparamos la convivencia en Twitter, Threads, BlueSky y Mastodon, nos damos cuenta de que el diseño de una red y, sobre todo, quién pone el dinero detrás, determina por completo cómo se comporta la gente. No es solo un asunto de qué botones puedes presionar, sino de la cultura que se genera en cada espacio y de la forma tan distinta en que se manejan los problemas, los ataques y el troleo de cada día.
Twitter, en lo que hoy conocemos como la red de la letra equis, el ambiente se rige bajo la voluntad de Elon Musk y su urgencia por exprimir billetes a través de las cuentas de pago. Al premiar el alcance por encima de la calidad, el sistema empuja a los usuarios a buscar la pelea constante porque la furia genera clics y los clics se traducen en centavos para quienes pagan su suscripción. Los ataques en ese espacio suelen ser masivos, coordinados y sumamente agresivos, buscando silenciar cualquier postura incómoda, mientras que la moderación brilla por su ausencia. Por su parte, Threads, la alternativa de Mark Zuckerberg y Meta, se va al extremo opuesto; su algoritmo está diseñado para esconder la política y los temas serios bajo la alfombra, buscando crear un ambiente artificialmente feliz donde el troleo es más sutil pero la censura algorítmica es constante para proteger los intereses de los anunciantes.
Luego tenemos a BlueSky, que nació como una idea de Jack Dorsey ( uno de los creadores del Twitter original) y usa un protocolo abierto, funciona gracias al dinero de inversionistas privados que no están haciendo una obra de caridad, sino esperando su tajada de ganancias en el futuro. Al tener algoritmos que potencian ciertos contenidos y etiquetas, el troleo aquí suele ser más pasivo-agresivo, lleno de ironía y sarcasmo, donde los conflictos escalan cuando las comunidades intentan organizarse con sus propios filtros de bloqueo ante la falta de un equipo de moderación central rápido. Tarde o temprano, ese soporte corporativo va a cobrar factura para recuperar lo invertido, cambiando las reglas del juego.
La experiencia en Mastodon cambia el panorama por completo porque aquí no existe un señor multimillonario, ni corporaciones, ni algoritmos ocultos diciéndote qué ver para venderte algo. Al ser una red cooperativa que se mantiene viva gracias a los donativos de la misma gente, la convivencia se construye desde los servidores locales, donde los administradores aplican las normas de forma humana y cercana. Los insultos o ataques masivos se topan con pared muy rápido, porque en cuanto una cuenta o un servidor entero empieza a molestar, los administradores de los demás nodos simplemente los bloquean de raíz. El verdadero conflicto en el Fediverso no viene de olas de odio pagado, sino de discusiones reales entre personas con ideas distintas sobre la convivencia, con esto podemos ver que la verdadera tranquilidad digital no se logra con fórmulas matemáticas ni algoritmos ni redes privativas, sino con acuerdos humanos y libertad cómo pasa en el fediverso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #Mastodon #RedesSociales #twitter #BlueSky #Threads
-
El mito de la plaza pública digital: Cuatro vecindarios con reglas y dueños muy diferentes
Cuando nos asomamos al mundo de las redes para publicar textos cortos, es facilísimo caer en la trampa de pensar que todas las plataformas son iguales solo porque en todas se escribe con el teclado. La realidad es que si comparamos la convivencia en Twitter, Threads, BlueSky y Mastodon, nos damos cuenta de que el diseño de una red y, sobre todo, quién pone el dinero detrás, determina por completo cómo se comporta la gente. No es solo un asunto de qué botones puedes presionar, sino de la cultura que se genera en cada espacio y de la forma tan distinta en que se manejan los problemas, los ataques y el troleo de cada día.
Twitter, en lo que hoy conocemos como la red de la letra equis, el ambiente se rige bajo la voluntad de Elon Musk y su urgencia por exprimir billetes a través de las cuentas de pago. Al premiar el alcance por encima de la calidad, el sistema empuja a los usuarios a buscar la pelea constante porque la furia genera clics y los clics se traducen en centavos para quienes pagan su suscripción. Los ataques en ese espacio suelen ser masivos, coordinados y sumamente agresivos, buscando silenciar cualquier postura incómoda, mientras que la moderación brilla por su ausencia. Por su parte, Threads, la alternativa de Mark Zuckerberg y Meta, se va al extremo opuesto; su algoritmo está diseñado para esconder la política y los temas serios bajo la alfombra, buscando crear un ambiente artificialmente feliz donde el troleo es más sutil pero la censura algorítmica es constante para proteger los intereses de los anunciantes.
Luego tenemos a BlueSky, que nació como una idea de Jack Dorsey ( uno de los creadores del Twitter original) y usa un protocolo abierto, funciona gracias al dinero de inversionistas privados que no están haciendo una obra de caridad, sino esperando su tajada de ganancias en el futuro. Al tener algoritmos que potencian ciertos contenidos y etiquetas, el troleo aquí suele ser más pasivo-agresivo, lleno de ironía y sarcasmo, donde los conflictos escalan cuando las comunidades intentan organizarse con sus propios filtros de bloqueo ante la falta de un equipo de moderación central rápido. Tarde o temprano, ese soporte corporativo va a cobrar factura para recuperar lo invertido, cambiando las reglas del juego.
La experiencia en Mastodon cambia el panorama por completo porque aquí no existe un señor multimillonario, ni corporaciones, ni algoritmos ocultos diciéndote qué ver para venderte algo. Al ser una red cooperativa que se mantiene viva gracias a los donativos de la misma gente, la convivencia se construye desde los servidores locales, donde los administradores aplican las normas de forma humana y cercana. Los insultos o ataques masivos se topan con pared muy rápido, porque en cuanto una cuenta o un servidor entero empieza a molestar, los administradores de los demás nodos simplemente los bloquean de raíz. El verdadero conflicto en el Fediverso no viene de olas de odio pagado, sino de discusiones reales entre personas con ideas distintas sobre la convivencia, con esto podemos ver que la verdadera tranquilidad digital no se logra con fórmulas matemáticas ni algoritmos ni redes privativas, sino con acuerdos humanos y libertad cómo pasa en el fediverso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #Mastodon #RedesSociales #twitter #BlueSky #Threads
-
La estética del estatus portátil: Por qué compramos el vasito y no el café
Si nos sentamos a analizarlo con calma, la realidad es que mucha gente no va a estas grandes cadenas de cafeterías famosas por el sabor del grano o porque la consistencia de la bebida sea de otro mundo. En realidad, lo que estamos comprando ahí es un poquito de estatus para llevar. El producto en sí pasa a un segundo plano cuando lo que de verdad importa es cómo nos vemos caminando por la calle o llegando a la oficina con ese vaso en la mano. Las marcas grandes lo saben perfectamente y por eso no te venden una bebida común, sino la idea de que perteneces a un estilo de vida moderno, activo y con cierto nivel económico.
Este truco funciona de maravilla porque es una forma muy fácil de conseguir reconocimiento social sin tener que gastar una fortuna en un coche de lujo o ropa de diseñador. Un café exótico es un lujo que casi cualquiera puede darse un par de veces por semana para sentirse especial. El detalle de que te pongan tu nombre con marcador en el vaso y que luego la gente le tome fotos para subirlo a sus redes sociales no es ninguna casualidad, es parte del juego visual. El vaso se convierte en una especie de anuncio portátil que grita a los demás que absurdamente tenemos el dinero para pagar cuatro veces más por algo básico, buscando la aprobación del resto de las personas de forma diaria.
Esto nos demuestra cómo las apariencias le han ganado terreno a lo que es auténtico. El mercado ha logrado meterse tanto en nuestras vidas que terminamos construyendo nuestra identidad y nuestra seguridad a través de los logos que presumimos en nuestros trayectos cotidianos. Vale la pena ponernos a pensar qué tanto de lo que compramos es porque realmente nos gusta o nos sirve, y qué tanto es simplemente para mostrarle una imagen armada a los demás para encajar en el grupo o intentar demostrar una falsa superioridad o estatus.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociología #Consumo #Cultura #Starbucks
-
La estética del estatus portátil: Por qué compramos el vasito y no el café
Si nos sentamos a analizarlo con calma, la realidad es que mucha gente no va a estas grandes cadenas de cafeterías famosas por el sabor del grano o porque la consistencia de la bebida sea de otro mundo. En realidad, lo que estamos comprando ahí es un poquito de estatus para llevar. El producto en sí pasa a un segundo plano cuando lo que de verdad importa es cómo nos vemos caminando por la calle o llegando a la oficina con ese vaso en la mano. Las marcas grandes lo saben perfectamente y por eso no te venden una bebida común, sino la idea de que perteneces a un estilo de vida moderno, activo y con cierto nivel económico.
Este truco funciona de maravilla porque es una forma muy fácil de conseguir reconocimiento social sin tener que gastar una fortuna en un coche de lujo o ropa de diseñador. Un café exótico es un lujo que casi cualquiera puede darse un par de veces por semana para sentirse especial. El detalle de que te pongan tu nombre con marcador en el vaso y que luego la gente le tome fotos para subirlo a sus redes sociales no es ninguna casualidad, es parte del juego visual. El vaso se convierte en una especie de anuncio portátil que grita a los demás que absurdamente tenemos el dinero para pagar cuatro veces más por algo básico, buscando la aprobación del resto de las personas de forma diaria.
Esto nos demuestra cómo las apariencias le han ganado terreno a lo que es auténtico. El mercado ha logrado meterse tanto en nuestras vidas que terminamos construyendo nuestra identidad y nuestra seguridad a través de los logos que presumimos en nuestros trayectos cotidianos. Vale la pena ponernos a pensar qué tanto de lo que compramos es porque realmente nos gusta o nos sirve, y qué tanto es simplemente para mostrarle una imagen armada a los demás para encajar en el grupo o intentar demostrar una falsa superioridad o estatus.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociología #Consumo #Cultura #Starbucks
-
La estética del estatus portátil: Por qué compramos el vasito y no el café
Si nos sentamos a analizarlo con calma, la realidad es que mucha gente no va a estas grandes cadenas de cafeterías famosas por el sabor del grano o porque la consistencia de la bebida sea de otro mundo. En realidad, lo que estamos comprando ahí es un poquito de estatus para llevar. El producto en sí pasa a un segundo plano cuando lo que de verdad importa es cómo nos vemos caminando por la calle o llegando a la oficina con ese vaso en la mano. Las marcas grandes lo saben perfectamente y por eso no te venden una bebida común, sino la idea de que perteneces a un estilo de vida moderno, activo y con cierto nivel económico.
Este truco funciona de maravilla porque es una forma muy fácil de conseguir reconocimiento social sin tener que gastar una fortuna en un coche de lujo o ropa de diseñador. Un café exótico es un lujo que casi cualquiera puede darse un par de veces por semana para sentirse especial. El detalle de que te pongan tu nombre con marcador en el vaso y que luego la gente le tome fotos para subirlo a sus redes sociales no es ninguna casualidad, es parte del juego visual. El vaso se convierte en una especie de anuncio portátil que grita a los demás que absurdamente tenemos el dinero para pagar cuatro veces más por algo básico, buscando la aprobación del resto de las personas de forma diaria.
Esto nos demuestra cómo las apariencias le han ganado terreno a lo que es auténtico. El mercado ha logrado meterse tanto en nuestras vidas que terminamos construyendo nuestra identidad y nuestra seguridad a través de los logos que presumimos en nuestros trayectos cotidianos. Vale la pena ponernos a pensar qué tanto de lo que compramos es porque realmente nos gusta o nos sirve, y qué tanto es simplemente para mostrarle una imagen armada a los demás para encajar en el grupo o intentar demostrar una falsa superioridad o estatus.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociología #Consumo #Cultura #Starbucks
-
La estética del estatus portátil: Por qué compramos el vasito y no el café
Si nos sentamos a analizarlo con calma, la realidad es que mucha gente no va a estas grandes cadenas de cafeterías famosas por el sabor del grano o porque la consistencia de la bebida sea de otro mundo. En realidad, lo que estamos comprando ahí es un poquito de estatus para llevar. El producto en sí pasa a un segundo plano cuando lo que de verdad importa es cómo nos vemos caminando por la calle o llegando a la oficina con ese vaso en la mano. Las marcas grandes lo saben perfectamente y por eso no te venden una bebida común, sino la idea de que perteneces a un estilo de vida moderno, activo y con cierto nivel económico.
Este truco funciona de maravilla porque es una forma muy fácil de conseguir reconocimiento social sin tener que gastar una fortuna en un coche de lujo o ropa de diseñador. Un café exótico es un lujo que casi cualquiera puede darse un par de veces por semana para sentirse especial. El detalle de que te pongan tu nombre con marcador en el vaso y que luego la gente le tome fotos para subirlo a sus redes sociales no es ninguna casualidad, es parte del juego visual. El vaso se convierte en una especie de anuncio portátil que grita a los demás que absurdamente tenemos el dinero para pagar cuatro veces más por algo básico, buscando la aprobación del resto de las personas de forma diaria.
Esto nos demuestra cómo las apariencias le han ganado terreno a lo que es auténtico. El mercado ha logrado meterse tanto en nuestras vidas que terminamos construyendo nuestra identidad y nuestra seguridad a través de los logos que presumimos en nuestros trayectos cotidianos. Vale la pena ponernos a pensar qué tanto de lo que compramos es porque realmente nos gusta o nos sirve, y qué tanto es simplemente para mostrarle una imagen armada a los demás para encajar en el grupo o intentar demostrar una falsa superioridad o estatus.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociología #Consumo #Cultura #Starbucks
-
Aggiornamento #2 sulla pwa TERRA v2.3
Riprendo il racconto da dove l'avevo lasciato.Archiviata, momentaneamente, la questione dell'ID anonimo (non creato, almeno per ora, ma verrà ripreso in un secondo momento solo dopo aver testato la pwa, aver compreso il vero interessamento sul progetto e la disponibilità di fondi), ho iniziato a costruire ......
L'intero post è pubblicato su https://buymeacoffee.com/passaportoeticodigitale/aggiornamento-02-progettazione-pwa-terra-v2-3
@ambiente @[email protected]
#passaportoeticodigitale #pwaterrav23 #etica #sostenibilità #etichetta -
Aggiornamento #2 sulla pwa TERRA v2.3
Riprendo il racconto da dove l'avevo lasciato.Archiviata, momentaneamente, la questione dell'ID anonimo (non creato, almeno per ora, ma verrà ripreso in un secondo momento solo dopo aver testato la pwa, aver compreso il vero interessamento sul progetto e la disponibilità di fondi), ho iniziato a costruire ......
L'intero post è pubblicato su https://buymeacoffee.com/passaportoeticodigitale/aggiornamento-02-progettazione-pwa-terra-v2-3
@ambiente @[email protected]
#passaportoeticodigitale #pwaterrav23 #etica #sostenibilità #etichetta -
Las cortinas de humo de la política: El arte de aparentar que se resuelve algo
Si nos ponemos a revisar la historia con calma, es muy fácil notar cómo se repite una maña vieja entre quienes tienen el poder. Muchas veces los políticos se sacan de la manga leyes nuevas, decretos o programas vistosos que no tienen la menor intención de solucionar los problemas reales de fondo. El verdadero objetivo de todo ese alboroto es colgarse una medalla frente al público, quedar bien en las fotos y convencer a la gente de que están trabajando duro, mientras usan todo ese espectáculo como un parapeto para que nadie se fije en los verdaderos desastres que están ocurriendo en el país.
El gran periodista y ensayista estadounidense Henry Louis Mencken explicaba esta situación con una claridad tremenda al decir que todo el objetivo de la política práctica es mantener a la población alarmada, y por lo tanto clamorosa de ser llevada a la seguridad, amenazándola con una serie interminable de duendes, todos ellos imaginarios. Con esta idea, el escritor desnudó por completo la estrategia de inventar enemigos, lanzar discursos dramáticos o proclamar regulaciones inútiles frente a las cámaras. Todo se reduce a una técnica de distracción masiva muy bien ensayada para que la sociedad centre su atención en temas superficiales y deje de cuestionar la corrupción, la incompetencia o la falta de resultados de sus gobernantes.
Por su parte, el economista Thomas Sowell también puso el dedo en la llaga sobre este mismo comportamiento con otra frase muy certera al señalar que cuando quieres ayudar a la gente les dices la verdad, pero cuando quieres ayudarte a ti mismo les dices lo que quieren escuchar. Armar leyes exprés o lanzar promesas que suenan bonito es el camino más fácil para los políticos porque les genera simpatía inmediata sin tener que esforzarse en resolver nada. Desgraciadamente, la sociedad suele morder el anzuelo de estas pantallas de humo, conformándose con discursos diseñados para endulzar el oído en lugar de exigir cuentas claras y soluciones de verdad.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
Las cortinas de humo de la política: El arte de aparentar que se resuelve algo
Si nos ponemos a revisar la historia con calma, es muy fácil notar cómo se repite una maña vieja entre quienes tienen el poder. Muchas veces los políticos se sacan de la manga leyes nuevas, decretos o programas vistosos que no tienen la menor intención de solucionar los problemas reales de fondo. El verdadero objetivo de todo ese alboroto es colgarse una medalla frente al público, quedar bien en las fotos y convencer a la gente de que están trabajando duro, mientras usan todo ese espectáculo como un parapeto para que nadie se fije en los verdaderos desastres que están ocurriendo en el país.
El gran periodista y ensayista estadounidense Henry Louis Mencken explicaba esta situación con una claridad tremenda al decir que todo el objetivo de la política práctica es mantener a la población alarmada, y por lo tanto clamorosa de ser llevada a la seguridad, amenazándola con una serie interminable de duendes, todos ellos imaginarios. Con esta idea, el escritor desnudó por completo la estrategia de inventar enemigos, lanzar discursos dramáticos o proclamar regulaciones inútiles frente a las cámaras. Todo se reduce a una técnica de distracción masiva muy bien ensayada para que la sociedad centre su atención en temas superficiales y deje de cuestionar la corrupción, la incompetencia o la falta de resultados de sus gobernantes.
Por su parte, el economista Thomas Sowell también puso el dedo en la llaga sobre este mismo comportamiento con otra frase muy certera al señalar que cuando quieres ayudar a la gente les dices la verdad, pero cuando quieres ayudarte a ti mismo les dices lo que quieren escuchar. Armar leyes exprés o lanzar promesas que suenan bonito es el camino más fácil para los políticos porque les genera simpatía inmediata sin tener que esforzarse en resolver nada. Desgraciadamente, la sociedad suele morder el anzuelo de estas pantallas de humo, conformándose con discursos diseñados para endulzar el oído en lugar de exigir cuentas claras y soluciones de verdad.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
Las cortinas de humo de la política: El arte de aparentar que se resuelve algo
Si nos ponemos a revisar la historia con calma, es muy fácil notar cómo se repite una maña vieja entre quienes tienen el poder. Muchas veces los políticos se sacan de la manga leyes nuevas, decretos o programas vistosos que no tienen la menor intención de solucionar los problemas reales de fondo. El verdadero objetivo de todo ese alboroto es colgarse una medalla frente al público, quedar bien en las fotos y convencer a la gente de que están trabajando duro, mientras usan todo ese espectáculo como un parapeto para que nadie se fije en los verdaderos desastres que están ocurriendo en el país.
El gran periodista y ensayista estadounidense Henry Louis Mencken explicaba esta situación con una claridad tremenda al decir que todo el objetivo de la política práctica es mantener a la población alarmada, y por lo tanto clamorosa de ser llevada a la seguridad, amenazándola con una serie interminable de duendes, todos ellos imaginarios. Con esta idea, el escritor desnudó por completo la estrategia de inventar enemigos, lanzar discursos dramáticos o proclamar regulaciones inútiles frente a las cámaras. Todo se reduce a una técnica de distracción masiva muy bien ensayada para que la sociedad centre su atención en temas superficiales y deje de cuestionar la corrupción, la incompetencia o la falta de resultados de sus gobernantes.
Por su parte, el economista Thomas Sowell también puso el dedo en la llaga sobre este mismo comportamiento con otra frase muy certera al señalar que cuando quieres ayudar a la gente les dices la verdad, pero cuando quieres ayudarte a ti mismo les dices lo que quieren escuchar. Armar leyes exprés o lanzar promesas que suenan bonito es el camino más fácil para los políticos porque les genera simpatía inmediata sin tener que esforzarse en resolver nada. Desgraciadamente, la sociedad suele morder el anzuelo de estas pantallas de humo, conformándose con discursos diseñados para endulzar el oído en lugar de exigir cuentas claras y soluciones de verdad.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
Las cortinas de humo de la política: El arte de aparentar que se resuelve algo
Si nos ponemos a revisar la historia con calma, es muy fácil notar cómo se repite una maña vieja entre quienes tienen el poder. Muchas veces los políticos se sacan de la manga leyes nuevas, decretos o programas vistosos que no tienen la menor intención de solucionar los problemas reales de fondo. El verdadero objetivo de todo ese alboroto es colgarse una medalla frente al público, quedar bien en las fotos y convencer a la gente de que están trabajando duro, mientras usan todo ese espectáculo como un parapeto para que nadie se fije en los verdaderos desastres que están ocurriendo en el país.
El gran periodista y ensayista estadounidense Henry Louis Mencken explicaba esta situación con una claridad tremenda al decir que todo el objetivo de la política práctica es mantener a la población alarmada, y por lo tanto clamorosa de ser llevada a la seguridad, amenazándola con una serie interminable de duendes, todos ellos imaginarios. Con esta idea, el escritor desnudó por completo la estrategia de inventar enemigos, lanzar discursos dramáticos o proclamar regulaciones inútiles frente a las cámaras. Todo se reduce a una técnica de distracción masiva muy bien ensayada para que la sociedad centre su atención en temas superficiales y deje de cuestionar la corrupción, la incompetencia o la falta de resultados de sus gobernantes.
Por su parte, el economista Thomas Sowell también puso el dedo en la llaga sobre este mismo comportamiento con otra frase muy certera al señalar que cuando quieres ayudar a la gente les dices la verdad, pero cuando quieres ayudarte a ti mismo les dices lo que quieren escuchar. Armar leyes exprés o lanzar promesas que suenan bonito es el camino más fácil para los políticos porque les genera simpatía inmediata sin tener que esforzarse en resolver nada. Desgraciadamente, la sociedad suele morder el anzuelo de estas pantallas de humo, conformándose con discursos diseñados para endulzar el oído en lugar de exigir cuentas claras y soluciones de verdad.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
La caducidad del enojo: El desgaste inútil de cargar con rencores del pasado
A todos nos ha pasado que nos guardamos un coraje por algo que nos hicieron hace meses o incluso años, y nos quedamos con esa idea fija de que el rencor es una especie de escudo para que no nos vuelvan a ver la cara. Pero si nos detenemos a ver las cosas como son, cargar con ese peso todos los días es como tomarse un veneno esperando que le haga daño a la otra persona. El enojo tiene una fecha de caducidad natural, y cuando lo estiramos a la fuerza por puro orgullo, el único cuerpo que se desgasta y la única mente que se amarga es la nuestra, mientras la vida sigue su curso sin detenerse por nadie.
Los seres humanos gastamos una cantidad tremenda de energía mental en mantener vivos los agravios del pasado, repasando la misma escena una y otra vez en la cabeza y pensando en lo que hubiéramos dicho o hecho para ganar la discusión. Toda esa corriente de pensamientos negativos altera nuestro ritmo diario, nos quita el sueño y nos nubla el juicio ante las cosas buenas que están pasando justo ahora en el presente. Los registros médicos y psicológicos demuestran que vivir amarrado al resentimiento crónico eleva los niveles de estrés y afecta directamente al corazón, convirtiendo un viejo conflicto de palabras en un problema de salud física bastante real y dañino.
Aprender a soltar esas cuentas pendientes no tiene nada que ver con darle la razón al que nos lastimó ni con aplaudir las malas acciones de los demás. Se trata de un acto de puro respeto hacia nosotros mismos, entendiendo que el tiempo es un recurso muy corto como para desperdiciarlo cuidando fantasmas del ayer. El pasado ya no se puede cambiar ni con todo el coraje del mundo, y la única manera de recuperar la tranquilidad es dejar que las cosas viejas se queden en su lugar, cerrando la puerta a los rencores inútiles para poder caminar ligeros y con la cabeza limpia.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Psicología #Bienestar #Reflexión
-
La caducidad del enojo: El desgaste inútil de cargar con rencores del pasado
A todos nos ha pasado que nos guardamos un coraje por algo que nos hicieron hace meses o incluso años, y nos quedamos con esa idea fija de que el rencor es una especie de escudo para que no nos vuelvan a ver la cara. Pero si nos detenemos a ver las cosas como son, cargar con ese peso todos los días es como tomarse un veneno esperando que le haga daño a la otra persona. El enojo tiene una fecha de caducidad natural, y cuando lo estiramos a la fuerza por puro orgullo, el único cuerpo que se desgasta y la única mente que se amarga es la nuestra, mientras la vida sigue su curso sin detenerse por nadie.
Los seres humanos gastamos una cantidad tremenda de energía mental en mantener vivos los agravios del pasado, repasando la misma escena una y otra vez en la cabeza y pensando en lo que hubiéramos dicho o hecho para ganar la discusión. Toda esa corriente de pensamientos negativos altera nuestro ritmo diario, nos quita el sueño y nos nubla el juicio ante las cosas buenas que están pasando justo ahora en el presente. Los registros médicos y psicológicos demuestran que vivir amarrado al resentimiento crónico eleva los niveles de estrés y afecta directamente al corazón, convirtiendo un viejo conflicto de palabras en un problema de salud física bastante real y dañino.
Aprender a soltar esas cuentas pendientes no tiene nada que ver con darle la razón al que nos lastimó ni con aplaudir las malas acciones de los demás. Se trata de un acto de puro respeto hacia nosotros mismos, entendiendo que el tiempo es un recurso muy corto como para desperdiciarlo cuidando fantasmas del ayer. El pasado ya no se puede cambiar ni con todo el coraje del mundo, y la única manera de recuperar la tranquilidad es dejar que las cosas viejas se queden en su lugar, cerrando la puerta a los rencores inútiles para poder caminar ligeros y con la cabeza limpia.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Psicología #Bienestar #Reflexión
-
La caducidad del enojo: El desgaste inútil de cargar con rencores del pasado
A todos nos ha pasado que nos guardamos un coraje por algo que nos hicieron hace meses o incluso años, y nos quedamos con esa idea fija de que el rencor es una especie de escudo para que no nos vuelvan a ver la cara. Pero si nos detenemos a ver las cosas como son, cargar con ese peso todos los días es como tomarse un veneno esperando que le haga daño a la otra persona. El enojo tiene una fecha de caducidad natural, y cuando lo estiramos a la fuerza por puro orgullo, el único cuerpo que se desgasta y la única mente que se amarga es la nuestra, mientras la vida sigue su curso sin detenerse por nadie.
Los seres humanos gastamos una cantidad tremenda de energía mental en mantener vivos los agravios del pasado, repasando la misma escena una y otra vez en la cabeza y pensando en lo que hubiéramos dicho o hecho para ganar la discusión. Toda esa corriente de pensamientos negativos altera nuestro ritmo diario, nos quita el sueño y nos nubla el juicio ante las cosas buenas que están pasando justo ahora en el presente. Los registros médicos y psicológicos demuestran que vivir amarrado al resentimiento crónico eleva los niveles de estrés y afecta directamente al corazón, convirtiendo un viejo conflicto de palabras en un problema de salud física bastante real y dañino.
Aprender a soltar esas cuentas pendientes no tiene nada que ver con darle la razón al que nos lastimó ni con aplaudir las malas acciones de los demás. Se trata de un acto de puro respeto hacia nosotros mismos, entendiendo que el tiempo es un recurso muy corto como para desperdiciarlo cuidando fantasmas del ayer. El pasado ya no se puede cambiar ni con todo el coraje del mundo, y la única manera de recuperar la tranquilidad es dejar que las cosas viejas se queden en su lugar, cerrando la puerta a los rencores inútiles para poder caminar ligeros y con la cabeza limpia.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Psicología #Bienestar #Reflexión
-
La caducidad del enojo: El desgaste inútil de cargar con rencores del pasado
A todos nos ha pasado que nos guardamos un coraje por algo que nos hicieron hace meses o incluso años, y nos quedamos con esa idea fija de que el rencor es una especie de escudo para que no nos vuelvan a ver la cara. Pero si nos detenemos a ver las cosas como son, cargar con ese peso todos los días es como tomarse un veneno esperando que le haga daño a la otra persona. El enojo tiene una fecha de caducidad natural, y cuando lo estiramos a la fuerza por puro orgullo, el único cuerpo que se desgasta y la única mente que se amarga es la nuestra, mientras la vida sigue su curso sin detenerse por nadie.
Los seres humanos gastamos una cantidad tremenda de energía mental en mantener vivos los agravios del pasado, repasando la misma escena una y otra vez en la cabeza y pensando en lo que hubiéramos dicho o hecho para ganar la discusión. Toda esa corriente de pensamientos negativos altera nuestro ritmo diario, nos quita el sueño y nos nubla el juicio ante las cosas buenas que están pasando justo ahora en el presente. Los registros médicos y psicológicos demuestran que vivir amarrado al resentimiento crónico eleva los niveles de estrés y afecta directamente al corazón, convirtiendo un viejo conflicto de palabras en un problema de salud física bastante real y dañino.
Aprender a soltar esas cuentas pendientes no tiene nada que ver con darle la razón al que nos lastimó ni con aplaudir las malas acciones de los demás. Se trata de un acto de puro respeto hacia nosotros mismos, entendiendo que el tiempo es un recurso muy corto como para desperdiciarlo cuidando fantasmas del ayer. El pasado ya no se puede cambiar ni con todo el coraje del mundo, y la única manera de recuperar la tranquilidad es dejar que las cosas viejas se queden en su lugar, cerrando la puerta a los rencores inútiles para poder caminar ligeros y con la cabeza limpia.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Psicología #Bienestar #Reflexión
-
Monstruos modernos: ¿Quiénes son los verdaderos villanos en la sociedad actual?
Si nos ponemos a pensar en las historias de terror que nos asustaban de niños, casi siempre los malos eran monstruos con garras, fantasmas o criaturas ocultas en la oscuridad de un callejón. Pero si somos bien honestos y miramos lo que pasa a nuestro alrededor todos los días, los verdaderos villanos de la sociedad actual ya no usan máscaras de látex ni viven en castillos malditos en medio de la nada. Hoy en día, las peores pesadillas de nuestra realidad se esconden detrás de trajes finos, escritorios lujosos y pantallas digitales de plataformas privativas que controlan la vida de millones de personas sin que apenas nos demos cuenta.
Los peores monstruos del siglo XXI se alimentan de la mentira y el engaño masivo a través de internet, utilizando algoritmos diseñados con pincitas para picar los botones del miedo, el odio y la división entre amigos y familias, enajenando a las masas con doctrinas, ideologías políticas y dogmas. El verdadero peligro está en las oficinas corporativas y las sedes políticas donde se decide inflar los precios de las medicinas de los enfermos para ganar unos cuantos billetes extra, o en esos centros de desinformación donde se fabrican noticias falsas de la nada con el único propósito de manipular las elecciones de un país entero. Esos son los villanos de carne y hueso que están destruyendo la confianza entre los ciudadanos, dejando a la sociedad desarmada ante un entorno cada vez más hostil y egoísta.
Los mitos de antes nos enseñaban que a los monstruos se les ganaba con una espada o una bala de plata en una batalla de frente. Pero con estos villanos modernos la cosa es mucho más complicada porque su arma favorita es la indiferencia y hacernos creer que no podemos cambiar las cosas. La única forma de no dejarnos devorar por esta nueva clase de monstruos es manteniendo los ojos bien abiertos, desconfiando de las verdades fáciles que nos venden en las redes sociales privativas y defendiendo la honestidad y la empatía en nuestras comunidades, porque la peor de las victorias para los malos actuales es que nos volvamos igual de fríos e insensibles que ellos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Sociedad #Comunicación #Reflexión
-
Monstruos modernos: ¿Quiénes son los verdaderos villanos en la sociedad actual?
Si nos ponemos a pensar en las historias de terror que nos asustaban de niños, casi siempre los malos eran monstruos con garras, fantasmas o criaturas ocultas en la oscuridad de un callejón. Pero si somos bien honestos y miramos lo que pasa a nuestro alrededor todos los días, los verdaderos villanos de la sociedad actual ya no usan máscaras de látex ni viven en castillos malditos en medio de la nada. Hoy en día, las peores pesadillas de nuestra realidad se esconden detrás de trajes finos, escritorios lujosos y pantallas digitales de plataformas privativas que controlan la vida de millones de personas sin que apenas nos demos cuenta.
Los peores monstruos del siglo XXI se alimentan de la mentira y el engaño masivo a través de internet, utilizando algoritmos diseñados con pincitas para picar los botones del miedo, el odio y la división entre amigos y familias, enajenando a las masas con doctrinas, ideologías políticas y dogmas. El verdadero peligro está en las oficinas corporativas y las sedes políticas donde se decide inflar los precios de las medicinas de los enfermos para ganar unos cuantos billetes extra, o en esos centros de desinformación donde se fabrican noticias falsas de la nada con el único propósito de manipular las elecciones de un país entero. Esos son los villanos de carne y hueso que están destruyendo la confianza entre los ciudadanos, dejando a la sociedad desarmada ante un entorno cada vez más hostil y egoísta.
Los mitos de antes nos enseñaban que a los monstruos se les ganaba con una espada o una bala de plata en una batalla de frente. Pero con estos villanos modernos la cosa es mucho más complicada porque su arma favorita es la indiferencia y hacernos creer que no podemos cambiar las cosas. La única forma de no dejarnos devorar por esta nueva clase de monstruos es manteniendo los ojos bien abiertos, desconfiando de las verdades fáciles que nos venden en las redes sociales privativas y defendiendo la honestidad y la empatía en nuestras comunidades, porque la peor de las victorias para los malos actuales es que nos volvamos igual de fríos e insensibles que ellos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Sociedad #Comunicación #Reflexión
-
Monstruos modernos: ¿Quiénes son los verdaderos villanos en la sociedad actual?
Si nos ponemos a pensar en las historias de terror que nos asustaban de niños, casi siempre los malos eran monstruos con garras, fantasmas o criaturas ocultas en la oscuridad de un callejón. Pero si somos bien honestos y miramos lo que pasa a nuestro alrededor todos los días, los verdaderos villanos de la sociedad actual ya no usan máscaras de látex ni viven en castillos malditos en medio de la nada. Hoy en día, las peores pesadillas de nuestra realidad se esconden detrás de trajes finos, escritorios lujosos y pantallas digitales de plataformas privativas que controlan la vida de millones de personas sin que apenas nos demos cuenta.
Los peores monstruos del siglo XXI se alimentan de la mentira y el engaño masivo a través de internet, utilizando algoritmos diseñados con pincitas para picar los botones del miedo, el odio y la división entre amigos y familias, enajenando a las masas con doctrinas, ideologías políticas y dogmas. El verdadero peligro está en las oficinas corporativas y las sedes políticas donde se decide inflar los precios de las medicinas de los enfermos para ganar unos cuantos billetes extra, o en esos centros de desinformación donde se fabrican noticias falsas de la nada con el único propósito de manipular las elecciones de un país entero. Esos son los villanos de carne y hueso que están destruyendo la confianza entre los ciudadanos, dejando a la sociedad desarmada ante un entorno cada vez más hostil y egoísta.
Los mitos de antes nos enseñaban que a los monstruos se les ganaba con una espada o una bala de plata en una batalla de frente. Pero con estos villanos modernos la cosa es mucho más complicada porque su arma favorita es la indiferencia y hacernos creer que no podemos cambiar las cosas. La única forma de no dejarnos devorar por esta nueva clase de monstruos es manteniendo los ojos bien abiertos, desconfiando de las verdades fáciles que nos venden en las redes sociales privativas y defendiendo la honestidad y la empatía en nuestras comunidades, porque la peor de las victorias para los malos actuales es que nos volvamos igual de fríos e insensibles que ellos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Sociedad #Comunicación #Reflexión
-
Monstruos modernos: ¿Quiénes son los verdaderos villanos en la sociedad actual?
Si nos ponemos a pensar en las historias de terror que nos asustaban de niños, casi siempre los malos eran monstruos con garras, fantasmas o criaturas ocultas en la oscuridad de un callejón. Pero si somos bien honestos y miramos lo que pasa a nuestro alrededor todos los días, los verdaderos villanos de la sociedad actual ya no usan máscaras de látex ni viven en castillos malditos en medio de la nada. Hoy en día, las peores pesadillas de nuestra realidad se esconden detrás de trajes finos, escritorios lujosos y pantallas digitales de plataformas privativas que controlan la vida de millones de personas sin que apenas nos demos cuenta.
Los peores monstruos del siglo XXI se alimentan de la mentira y el engaño masivo a través de internet, utilizando algoritmos diseñados con pincitas para picar los botones del miedo, el odio y la división entre amigos y familias, enajenando a las masas con doctrinas, ideologías políticas y dogmas. El verdadero peligro está en las oficinas corporativas y las sedes políticas donde se decide inflar los precios de las medicinas de los enfermos para ganar unos cuantos billetes extra, o en esos centros de desinformación donde se fabrican noticias falsas de la nada con el único propósito de manipular las elecciones de un país entero. Esos son los villanos de carne y hueso que están destruyendo la confianza entre los ciudadanos, dejando a la sociedad desarmada ante un entorno cada vez más hostil y egoísta.
Los mitos de antes nos enseñaban que a los monstruos se les ganaba con una espada o una bala de plata en una batalla de frente. Pero con estos villanos modernos la cosa es mucho más complicada porque su arma favorita es la indiferencia y hacernos creer que no podemos cambiar las cosas. La única forma de no dejarnos devorar por esta nueva clase de monstruos es manteniendo los ojos bien abiertos, desconfiando de las verdades fáciles que nos venden en las redes sociales privativas y defendiendo la honestidad y la empatía en nuestras comunidades, porque la peor de las victorias para los malos actuales es que nos volvamos igual de fríos e insensibles que ellos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCrítico #Ética #Sociedad #Comunicación #Reflexión
-
🧿 𝑴𝒊𝒍𝒈𝒓𝒂𝒎 🧿
En 1961, Stanley Milgram, profesor e investigador de la Universidad de Yale, comenzó una serie de experimentos que acabarían convirtiéndose en uno de los estudios psicológicos más famosos y polémicos de la historia.
Milgram quería responder a una pregunta incómoda.
¿Cómo era posible que personas aparentemente normales obedecieran órdenes capaces de causar un daño terrible a otra persona?
El contexto histórico era fundamental.
El juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén había comenzado en 1961 y el mundo seguía intentando comprender cómo miles de personas habían participado en los mecanismos del régimen nazi.
Milgram se preguntó si la explicación podía encontrarse parcialmente en algo más sencillo y más inquietante:
**la obediencia a la autoridad.**
Para comprobarlo publicó anuncios en la zona de New Haven.
Buscaba hombres adultos de distintas profesiones para participar en un supuesto estudio sobre memoria y aprendizaje realizado en Yale.
Los voluntarios recibirían dinero por participar.
El anuncio no decía que se tratara de un estudio sobre obediencia.
Cuando llegaban al laboratorio, encontraban a otro hombre que aparentemente era también voluntario.
En realidad era un colaborador de Milgram.
Los participantes creían que se realizaría un sorteo para decidir quién sería «profesor» y quién «alumno».
El sorteo estaba amañado.
El verdadero participante siempre terminaba siendo el profesor.
El otro hombre siempre era el alumno.
En el experimento inicial participaron **40 hombres de New Haven**, de entre 20 y 50 años, procedentes de diferentes profesiones y niveles educativos.
El alumno era colocado en otra habitación.
Lo sentaban en una silla y le colocaban electrodos.
El participante podía verlo inicialmente, pero después quedaba separado por una pared.
Delante del participante había una máquina con una serie de interruptores.
Cada uno aumentaba la supuesta descarga eléctrica en 15 voltios.
Comenzaba en 15 voltios.
Después 30.
45.
46.
Y así sucesivamente hasta llegar a **450 voltios**.
Las etiquetas iban desde «descarga leve» hasta «peligro: descarga grave» y finalmente «XXX».
El participante recibía antes una pequeña descarga real para convencerle de que la máquina funcionaba.
Después comenzaba la prueba.
El supuesto alumno tenía que aprender parejas de palabras.
Cada vez que se equivocaba, el profesor debía administrarle una descarga.
Con cada nuevo error, la descarga aumentaba.
Pero el alumno no estaba recibiendo electricidad.
Era un actor.
Las protestas estaban preparadas de antemano.
A medida que aumentaba el voltaje, el hombre empezaba a quejarse.
Después gritaba.
Pedía que lo dejaran salir.
A cierta intensidad mencionaba problemas cardíacos.
A los niveles superiores dejaba de responder.
El participante podía creer que acababa de dejar inconsciente a un hombre.
Y entonces aparecía el experimentador.
Vestía bata de laboratorio y mantenía una actitud firme y profesional.
Cuando el participante dudaba, recibía instrucciones para continuar.
Primero se le pedía que siguiera.
Después se le decía que el experimento requería que continuara.
Si seguía negándose, el experimentador insistía.
Y si llegaba a la última de las instrucciones previstas, se le indicaba que no tenía otra opción y debía continuar.
La máquina no producía las descargas que el participante creía administrar.
Pero el miedo, la tensión y el conflicto moral eran reales.
Eso quedó registrado en las observaciones de los investigadores.
Algunos participantes sudaban.
Otros temblaban.
Algunos se mordían los labios.
Otros reían nerviosamente.
Algunos mostraban una tensión física extrema.
Y, sin embargo, muchos continuaban pulsando los interruptores.
El resultado sorprendió incluso al propio Milgram.
En la condición inicial, **26 de los 40 participantes, el 65 %, llegaron hasta los 450 voltios**.
Los otros 14 se detuvieron antes.
Todos llegaron al menos hasta 300 voltios.
No había ninguna víctima electrocutada.
Pero los participantes no lo sabían.
Eso es precisamente lo que hace que el experimento resulte tan inquietante.
Milgram no se limitó a realizar una única prueba.
Realizó numerosas variaciones entre 1961 y 1962.
Cambió la distancia entre el participante y la víctima.
Cambió la presencia del experimentador.
Cambió el lugar.
Cambió incluso la presencia de otras personas que obedecían o desobedecían.
Y descubrió que la obediencia podía aumentar o disminuir dependiendo de las circunstancias.
Cuando el experimentador estaba físicamente presente y la institución tenía un enorme prestigio, como Yale, la obediencia era elevada.
Cuando el experimentador daba las instrucciones por teléfono, descendía notablemente.
Cuando otros participantes se negaban a continuar, la obediencia también podía caer de manera drástica.
Milgram estaba demostrando algo más complejo que «los seres humanos son malos».
Estaba mostrando que **la situación, la autoridad, la responsabilidad percibida y el comportamiento de quienes nos rodean pueden modificar enormemente nuestras decisiones**.
Pero el experimento tuvo un precio.
Los participantes habían sido engañados.
Creían que estaban administrando descargas eléctricas.
Y algunos pensaron realmente que habían causado un daño grave.
Desde el punto de vista actual, la cuestión ética es evidente.
¿Cómo puede justificarse someter a una persona a semejante nivel de angustia sin decirle la verdad?
Milgram realizó sesiones de explicación posterior.
Se informó a los participantes de que las descargas no habían sido reales y se les explicó el objetivo del estudio.
Pero el hecho de que hubiera una explicación posterior no elimina el problema de que durante el experimento los participantes habían sufrido una situación de estrés considerable.
Las grabaciones y documentación del estudio se conservan en los archivos de Yale.
La colección de Stanley Milgram contiene datos experimentales, documentación administrativa, cuadernos, archivos sobre participantes y grabaciones de las sesiones y entrevistas posteriores.El estudio se convirtió rápidamente en un escándalo académico y ético.
Milgram publicó sus resultados en 1963.
La investigación lo hizo famoso.
Pero también recibió críticas por el engaño y por el estrés provocado a los voluntarios.
Y aquí hay otro detalle que suele perderse cuando se cuenta la historia.
El 65 % no significa que «el 65 % de las personas sean capaces de matar si se lo ordenan».
Eso sería sacar una conclusión que el experimento no permite.
Los participantes no mataron a nadie.
No estaban administrando descargas reales.
Además, se trataba de una muestra concreta, realizada en unas condiciones concretas y con hombres de la zona de New Haven.
El propio diseño del experimento fue mucho más específico.
Lo que sí demostró fue que **un número sorprendentemente elevado de personas estaba dispuesto a continuar una conducta que creía perjudicial cuando una figura de autoridad científica se lo ordenaba y asumía aparentemente la responsabilidad de la situación**.
Y eso ya era bastante inquietante.
Milgram continuó trabajando en psicología social.
Murió en Nueva York en 1984, con 51 años.
Su trabajo sobre obediencia quedó como uno de los experimentos más influyentes de la psicología del siglo XX.
También quedó como uno de los mejores ejemplos de una pregunta que la ciencia puede plantear, pero que no necesariamente puede responder de una manera cómoda:
¿Qué harías si una persona con autoridad te dijera que continuaras?
La mayoría de los participantes pensaba que estaba administrando una descarga potencialmente peligrosa.
Muchos protestaron.
Algunos se negaron.
Pero 26 llegaron hasta el último interruptor.
Y todo lo que necesitó el experimentador para conseguirlo fue una bata, un laboratorio de Yale y cuatro instrucciones para seguir adelante.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
𝘌𝘭 𝘭𝘢𝘳𝘨𝘰𝘮𝘦𝘵𝘳𝘢𝘫𝘦 𝘴𝘦 𝘵𝘪𝘵𝘶𝘭𝘢 𝘌𝘹𝘱𝘦𝘳𝘪𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦𝘳: 𝘌𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪́𝘧𝘪𝘤𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘪𝘷𝘪𝘥𝘪𝘰́ 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 (2015), 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘢 𝘺 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘤𝘪𝘯𝘦𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘔𝘪𝘤𝘩𝘢𝘦𝘭 𝘈𝘭𝘮𝘦𝘳𝘦𝘺𝘥𝘢.
𝘓𝘢 𝘱𝘦𝘭𝘪́𝘤𝘶𝘭𝘢 𝘯𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘮𝘶𝘺 𝘧𝘪𝘦𝘭 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘚𝘵𝘢𝘯𝘭𝘦𝘺 𝘔𝘪𝘭𝘨𝘳𝘢𝘮 𝘥𝘪𝘴𝘦𝘯̃𝘰́ 𝘺 𝘦𝘫𝘦𝘤𝘶𝘵𝘰́ 𝘦𝘭 𝘦𝘹𝘱𝘦𝘳𝘪𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘰𝘣𝘦𝘥𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘢 𝘭𝘢 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘜𝘯𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘠𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 1961.
𝘔𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘨𝘳𝘢𝘣𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘦𝘴, 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘮𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘱𝘰𝘭𝘦́𝘮𝘪𝘤𝘢 𝘦́𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘢𝘤𝘶𝘥𝘪𝘰́ 𝘢 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘶𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪́𝘧𝘪𝘤𝘢 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘴𝘦 𝘱𝘶𝘣𝘭𝘪𝘤𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘺 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘶𝘥𝘪𝘰 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰́ 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘴𝘪𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘢 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘳𝘳𝘦𝘳𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘴𝘪𝘤𝘰́𝘭𝘰𝘨𝘰.https://www.youtube.com/watch?v=Er9ZyVJ4CQE
#milgram #stanleymilgram #psicologia #obediencia #experimentos #experimentacionhumana #historiadelapsicologia #yale #historia #psicologiaoscura #etica #ecosdelpasado
-
🧿 𝑴𝒊𝒍𝒈𝒓𝒂𝒎 🧿
En 1961, Stanley Milgram, profesor e investigador de la Universidad de Yale, comenzó una serie de experimentos que acabarían convirtiéndose en uno de los estudios psicológicos más famosos y polémicos de la historia.
Milgram quería responder a una pregunta incómoda.
¿Cómo era posible que personas aparentemente normales obedecieran órdenes capaces de causar un daño terrible a otra persona?
El contexto histórico era fundamental.
El juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén había comenzado en 1961 y el mundo seguía intentando comprender cómo miles de personas habían participado en los mecanismos del régimen nazi.
Milgram se preguntó si la explicación podía encontrarse parcialmente en algo más sencillo y más inquietante:
**la obediencia a la autoridad.**
Para comprobarlo publicó anuncios en la zona de New Haven.
Buscaba hombres adultos de distintas profesiones para participar en un supuesto estudio sobre memoria y aprendizaje realizado en Yale.
Los voluntarios recibirían dinero por participar.
El anuncio no decía que se tratara de un estudio sobre obediencia.
Cuando llegaban al laboratorio, encontraban a otro hombre que aparentemente era también voluntario.
En realidad era un colaborador de Milgram.
Los participantes creían que se realizaría un sorteo para decidir quién sería «profesor» y quién «alumno».
El sorteo estaba amañado.
El verdadero participante siempre terminaba siendo el profesor.
El otro hombre siempre era el alumno.
En el experimento inicial participaron **40 hombres de New Haven**, de entre 20 y 50 años, procedentes de diferentes profesiones y niveles educativos.
El alumno era colocado en otra habitación.
Lo sentaban en una silla y le colocaban electrodos.
El participante podía verlo inicialmente, pero después quedaba separado por una pared.
Delante del participante había una máquina con una serie de interruptores.
Cada uno aumentaba la supuesta descarga eléctrica en 15 voltios.
Comenzaba en 15 voltios.
Después 30.
45.
46.
Y así sucesivamente hasta llegar a **450 voltios**.
Las etiquetas iban desde «descarga leve» hasta «peligro: descarga grave» y finalmente «XXX».
El participante recibía antes una pequeña descarga real para convencerle de que la máquina funcionaba.
Después comenzaba la prueba.
El supuesto alumno tenía que aprender parejas de palabras.
Cada vez que se equivocaba, el profesor debía administrarle una descarga.
Con cada nuevo error, la descarga aumentaba.
Pero el alumno no estaba recibiendo electricidad.
Era un actor.
Las protestas estaban preparadas de antemano.
A medida que aumentaba el voltaje, el hombre empezaba a quejarse.
Después gritaba.
Pedía que lo dejaran salir.
A cierta intensidad mencionaba problemas cardíacos.
A los niveles superiores dejaba de responder.
El participante podía creer que acababa de dejar inconsciente a un hombre.
Y entonces aparecía el experimentador.
Vestía bata de laboratorio y mantenía una actitud firme y profesional.
Cuando el participante dudaba, recibía instrucciones para continuar.
Primero se le pedía que siguiera.
Después se le decía que el experimento requería que continuara.
Si seguía negándose, el experimentador insistía.
Y si llegaba a la última de las instrucciones previstas, se le indicaba que no tenía otra opción y debía continuar.
La máquina no producía las descargas que el participante creía administrar.
Pero el miedo, la tensión y el conflicto moral eran reales.
Eso quedó registrado en las observaciones de los investigadores.
Algunos participantes sudaban.
Otros temblaban.
Algunos se mordían los labios.
Otros reían nerviosamente.
Algunos mostraban una tensión física extrema.
Y, sin embargo, muchos continuaban pulsando los interruptores.
El resultado sorprendió incluso al propio Milgram.
En la condición inicial, **26 de los 40 participantes, el 65 %, llegaron hasta los 450 voltios**.
Los otros 14 se detuvieron antes.
Todos llegaron al menos hasta 300 voltios.
No había ninguna víctima electrocutada.
Pero los participantes no lo sabían.
Eso es precisamente lo que hace que el experimento resulte tan inquietante.
Milgram no se limitó a realizar una única prueba.
Realizó numerosas variaciones entre 1961 y 1962.
Cambió la distancia entre el participante y la víctima.
Cambió la presencia del experimentador.
Cambió el lugar.
Cambió incluso la presencia de otras personas que obedecían o desobedecían.
Y descubrió que la obediencia podía aumentar o disminuir dependiendo de las circunstancias.
Cuando el experimentador estaba físicamente presente y la institución tenía un enorme prestigio, como Yale, la obediencia era elevada.
Cuando el experimentador daba las instrucciones por teléfono, descendía notablemente.
Cuando otros participantes se negaban a continuar, la obediencia también podía caer de manera drástica.
Milgram estaba demostrando algo más complejo que «los seres humanos son malos».
Estaba mostrando que **la situación, la autoridad, la responsabilidad percibida y el comportamiento de quienes nos rodean pueden modificar enormemente nuestras decisiones**.
Pero el experimento tuvo un precio.
Los participantes habían sido engañados.
Creían que estaban administrando descargas eléctricas.
Y algunos pensaron realmente que habían causado un daño grave.
Desde el punto de vista actual, la cuestión ética es evidente.
¿Cómo puede justificarse someter a una persona a semejante nivel de angustia sin decirle la verdad?
Milgram realizó sesiones de explicación posterior.
Se informó a los participantes de que las descargas no habían sido reales y se les explicó el objetivo del estudio.
Pero el hecho de que hubiera una explicación posterior no elimina el problema de que durante el experimento los participantes habían sufrido una situación de estrés considerable.
Las grabaciones y documentación del estudio se conservan en los archivos de Yale.
La colección de Stanley Milgram contiene datos experimentales, documentación administrativa, cuadernos, archivos sobre participantes y grabaciones de las sesiones y entrevistas posteriores.El estudio se convirtió rápidamente en un escándalo académico y ético.
Milgram publicó sus resultados en 1963.
La investigación lo hizo famoso.
Pero también recibió críticas por el engaño y por el estrés provocado a los voluntarios.
Y aquí hay otro detalle que suele perderse cuando se cuenta la historia.
El 65 % no significa que «el 65 % de las personas sean capaces de matar si se lo ordenan».
Eso sería sacar una conclusión que el experimento no permite.
Los participantes no mataron a nadie.
No estaban administrando descargas reales.
Además, se trataba de una muestra concreta, realizada en unas condiciones concretas y con hombres de la zona de New Haven.
El propio diseño del experimento fue mucho más específico.
Lo que sí demostró fue que **un número sorprendentemente elevado de personas estaba dispuesto a continuar una conducta que creía perjudicial cuando una figura de autoridad científica se lo ordenaba y asumía aparentemente la responsabilidad de la situación**.
Y eso ya era bastante inquietante.
Milgram continuó trabajando en psicología social.
Murió en Nueva York en 1984, con 51 años.
Su trabajo sobre obediencia quedó como uno de los experimentos más influyentes de la psicología del siglo XX.
También quedó como uno de los mejores ejemplos de una pregunta que la ciencia puede plantear, pero que no necesariamente puede responder de una manera cómoda:
¿Qué harías si una persona con autoridad te dijera que continuaras?
La mayoría de los participantes pensaba que estaba administrando una descarga potencialmente peligrosa.
Muchos protestaron.
Algunos se negaron.
Pero 26 llegaron hasta el último interruptor.
Y todo lo que necesitó el experimentador para conseguirlo fue una bata, un laboratorio de Yale y cuatro instrucciones para seguir adelante.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
𝘌𝘭 𝘭𝘢𝘳𝘨𝘰𝘮𝘦𝘵𝘳𝘢𝘫𝘦 𝘴𝘦 𝘵𝘪𝘵𝘶𝘭𝘢 𝘌𝘹𝘱𝘦𝘳𝘪𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦𝘳: 𝘌𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪́𝘧𝘪𝘤𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘪𝘷𝘪𝘥𝘪𝘰́ 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 (2015), 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘢 𝘺 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘤𝘪𝘯𝘦𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘔𝘪𝘤𝘩𝘢𝘦𝘭 𝘈𝘭𝘮𝘦𝘳𝘦𝘺𝘥𝘢.
𝘓𝘢 𝘱𝘦𝘭𝘪́𝘤𝘶𝘭𝘢 𝘯𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘮𝘶𝘺 𝘧𝘪𝘦𝘭 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘚𝘵𝘢𝘯𝘭𝘦𝘺 𝘔𝘪𝘭𝘨𝘳𝘢𝘮 𝘥𝘪𝘴𝘦𝘯̃𝘰́ 𝘺 𝘦𝘫𝘦𝘤𝘶𝘵𝘰́ 𝘦𝘭 𝘦𝘹𝘱𝘦𝘳𝘪𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘰𝘣𝘦𝘥𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘢 𝘭𝘢 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘜𝘯𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘠𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 1961.
𝘔𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘨𝘳𝘢𝘣𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘦𝘴, 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘮𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘱𝘰𝘭𝘦́𝘮𝘪𝘤𝘢 𝘦́𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘢𝘤𝘶𝘥𝘪𝘰́ 𝘢 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘶𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪́𝘧𝘪𝘤𝘢 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘴𝘦 𝘱𝘶𝘣𝘭𝘪𝘤𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘺 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘶𝘥𝘪𝘰 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰́ 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘴𝘪𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘢 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘳𝘳𝘦𝘳𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘴𝘪𝘤𝘰́𝘭𝘰𝘨𝘰.https://www.youtube.com/watch?v=Er9ZyVJ4CQE
#milgram #stanleymilgram #psicologia #obediencia #experimentos #experimentacionhumana #historiadelapsicologia #yale #historia #psicologiaoscura #etica #ecosdelpasado
-
La paradoja de la libertad
A veces nos detenemos a pensar que somos completamente dueños de nuestros pasos, pero cuando miramos de cerca el panorama, surge una pregunta que nos pone a temblar: ¿de verdad estamos decidiendo hacia dónde ir o vamos caminando por un sendero que alguien más ya dibujó para nosotros? Desde que nacemos, nos rodea un mapa invisible lleno de líneas trazadas por la religión, las corrientes políticas y las ideologías de moda que nos dicen qué es lo correcto, qué debemos desear y cómo se supone que debemos comportarnos en la sociedad.
El asunto se pone interesante cuando nos damos cuenta de que muchas de nuestras decisiones más importantes, esas que creemos que salen del corazón o del puro razonamiento propio, en realidad vienen prefabricadas por discursos que compramos sin darnos cuenta. Nos metemos en cajas ideológicas que nos hacen ver el mundo en blanco y negro, donde los de nuestro lado siempre tienen la razón y los del otro bando están equivocados, olvidando que la realidad es un asunto mucho más complejo y lleno de matices que no se pueden resumir en un folleto de campaña o en un dogma cerrado.
La verdadera independencia mental no consiste en aislarse del mundo ni en llevar la contraria solo por capricho, sino en tener el valor de cuestionar ese mapa que nos entregaron al nacer. Implica revisar las fuentes, contrastar lo que nos dicen con los hechos y limpiar la mirada de esos filtros que los líderes de opinión o las instituciones nos quieren imponer a diario para mantenernos bajo su control. Despertar esa mirada crítica es un proceso incómodo, pero es el único puente seguro hacia una vida donde las decisiones nos pertenezcan por completo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
La paradoja de la libertad
A veces nos detenemos a pensar que somos completamente dueños de nuestros pasos, pero cuando miramos de cerca el panorama, surge una pregunta que nos pone a temblar: ¿de verdad estamos decidiendo hacia dónde ir o vamos caminando por un sendero que alguien más ya dibujó para nosotros? Desde que nacemos, nos rodea un mapa invisible lleno de líneas trazadas por la religión, las corrientes políticas y las ideologías de moda que nos dicen qué es lo correcto, qué debemos desear y cómo se supone que debemos comportarnos en la sociedad.
El asunto se pone interesante cuando nos damos cuenta de que muchas de nuestras decisiones más importantes, esas que creemos que salen del corazón o del puro razonamiento propio, en realidad vienen prefabricadas por discursos que compramos sin darnos cuenta. Nos metemos en cajas ideológicas que nos hacen ver el mundo en blanco y negro, donde los de nuestro lado siempre tienen la razón y los del otro bando están equivocados, olvidando que la realidad es un asunto mucho más complejo y lleno de matices que no se pueden resumir en un folleto de campaña o en un dogma cerrado.
La verdadera independencia mental no consiste en aislarse del mundo ni en llevar la contraria solo por capricho, sino en tener el valor de cuestionar ese mapa que nos entregaron al nacer. Implica revisar las fuentes, contrastar lo que nos dicen con los hechos y limpiar la mirada de esos filtros que los líderes de opinión o las instituciones nos quieren imponer a diario para mantenernos bajo su control. Despertar esa mirada crítica es un proceso incómodo, pero es el único puente seguro hacia una vida donde las decisiones nos pertenezcan por completo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
La paradoja de la libertad
A veces nos detenemos a pensar que somos completamente dueños de nuestros pasos, pero cuando miramos de cerca el panorama, surge una pregunta que nos pone a temblar: ¿de verdad estamos decidiendo hacia dónde ir o vamos caminando por un sendero que alguien más ya dibujó para nosotros? Desde que nacemos, nos rodea un mapa invisible lleno de líneas trazadas por la religión, las corrientes políticas y las ideologías de moda que nos dicen qué es lo correcto, qué debemos desear y cómo se supone que debemos comportarnos en la sociedad.
El asunto se pone interesante cuando nos damos cuenta de que muchas de nuestras decisiones más importantes, esas que creemos que salen del corazón o del puro razonamiento propio, en realidad vienen prefabricadas por discursos que compramos sin darnos cuenta. Nos metemos en cajas ideológicas que nos hacen ver el mundo en blanco y negro, donde los de nuestro lado siempre tienen la razón y los del otro bando están equivocados, olvidando que la realidad es un asunto mucho más complejo y lleno de matices que no se pueden resumir en un folleto de campaña o en un dogma cerrado.
La verdadera independencia mental no consiste en aislarse del mundo ni en llevar la contraria solo por capricho, sino en tener el valor de cuestionar ese mapa que nos entregaron al nacer. Implica revisar las fuentes, contrastar lo que nos dicen con los hechos y limpiar la mirada de esos filtros que los líderes de opinión o las instituciones nos quieren imponer a diario para mantenernos bajo su control. Despertar esa mirada crítica es un proceso incómodo, pero es el único puente seguro hacia una vida donde las decisiones nos pertenezcan por completo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
La paradoja de la libertad
A veces nos detenemos a pensar que somos completamente dueños de nuestros pasos, pero cuando miramos de cerca el panorama, surge una pregunta que nos pone a temblar: ¿de verdad estamos decidiendo hacia dónde ir o vamos caminando por un sendero que alguien más ya dibujó para nosotros? Desde que nacemos, nos rodea un mapa invisible lleno de líneas trazadas por la religión, las corrientes políticas y las ideologías de moda que nos dicen qué es lo correcto, qué debemos desear y cómo se supone que debemos comportarnos en la sociedad.
El asunto se pone interesante cuando nos damos cuenta de que muchas de nuestras decisiones más importantes, esas que creemos que salen del corazón o del puro razonamiento propio, en realidad vienen prefabricadas por discursos que compramos sin darnos cuenta. Nos metemos en cajas ideológicas que nos hacen ver el mundo en blanco y negro, donde los de nuestro lado siempre tienen la razón y los del otro bando están equivocados, olvidando que la realidad es un asunto mucho más complejo y lleno de matices que no se pueden resumir en un folleto de campaña o en un dogma cerrado.
La verdadera independencia mental no consiste en aislarse del mundo ni en llevar la contraria solo por capricho, sino en tener el valor de cuestionar ese mapa que nos entregaron al nacer. Implica revisar las fuentes, contrastar lo que nos dicen con los hechos y limpiar la mirada de esos filtros que los líderes de opinión o las instituciones nos quieren imponer a diario para mantenernos bajo su control. Despertar esa mirada crítica es un proceso incómodo, pero es el único puente seguro hacia una vida donde las decisiones nos pertenezcan por completo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
-
El egoísmo compartido
El concepto del amor en la sociedad contemporánea suele idealizarse de forma constante en los medios de comunicación, presentándose como un lazo puramente desinteresado. Sin embargo, al analizar las dinámicas de convivencia desde una perspectiva crítica, descubrimos que una gran cantidad de uniones sentimentales no se sostienen por el afecto genuino hacia la individualidad de la otra persona, sino por un entramado complejo de necesidades personales que buscan ser satisfechas a toda costa.
El miedo profundo al aislamiento, la presión social por cumplir con ciertos estándares de vida y la búsqueda de una estabilidad económica empujan a muchos individuos a entablar vínculos afectivos utilizándolos como un refugio práctico. Cuando una pareja se construye bajo la premisa de llenar vacíos emocionales propios, mitigar la soledad o simplemente dividir los gastos de la vida diaria, el lazo deja de ser una entrega sincera para transformarse en una transacción mutua de conveniencias.
Esta realidad nos coloca ante lo que bien podemos definir como un egoísmo compartido. Se trata de un pacto donde ambas partes se sirven de las herramientas materiales, morales o afectivas del compañero para su propio bienestar individual, bautizando falsamente como amor a un intercambio utilitario. La autenticidad de las relaciones humanas actuales nos permite entender que la verdadera madurez emocional comienza cuando dejamos de usar al otro como un calmante para nuestras propias carencias.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#reflexion #Psicología #Sociedad #Relaciones #PensamientoCritico #Ética