#etica — Public Fediverse posts
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El nuevo oscurantismo digital: La estrategia de la distracción masiva y la pérdida del pensamiento crítico
Muchas veces nos han contado que la época más oscura de la humanidad fue aquella donde se perseguía a los científicos, se prohibían los libros y se mantenía a la gente en la ignorancia obligada mediante el uso de la fuerza. Hoy en día pensamos que estamos completamente a salvo de una situación así porque cargamos en el bolsillo un teléfono móvil con acceso a casi todo el conocimiento humano de forma inmediata. Sin embargo, si nos detenemos a mirar con atención cómo funcionan las plataformas digitales privativas que se usan a diario, se vuelve evidente que estamos viviendo una especie de nuevo oscurantismo, uno mucho más peligroso porque no se basa en ocultarnos la información, sino en sepultarnos bajo un océano infinito de entretenimiento vacío y videos llamativos de pocos segundos de duración.
Esta situación no es una simple coincidencia ni una elección casual de las personas, sino una estrategia de manipulación masiva sumamente pulida y muy bien armada. Las aplicaciones privativas y las redes sociales de las grandes corporaciones están diseñadas por ingenieros y psicólogos con un objetivo muy claro: atrapar nuestra atención mediante ráfagas constantes de estímulos rápidos que cansan al cerebro. Al entregarnos entretenimiento fácil a cambio de cero esfuerzo mental, logran que la gente prefiera consumir contenido sumamente ligero antes que ponerse a pensar, leer un texto profundo o investigar la realidad de las cosas. Es una forma de apagar el pensamiento crítico para que dejemos de cuestionar a las instituciones, a los gobernantes y a las condiciones que nos imponen tanto dentro de las pantallas como en nuestra vida real.
Lo verdaderamente irónico de este tiempo es que, teniendo la oportunidad de estar más informados que cualquier otra generación en la historia del mundo, la sociedad está cayendo en una profunda ignorancia funcional y en un alto grado de obediencia voluntaria. Nos distraen tanto con el brillo de las pantallas que terminamos aceptando la pérdida de nuestra privacidad, el control de nuestros datos personales y los abusos cotidianos sin rechistar ni protestar. Una comunidad que no profundiza en nada, que se conforma con lo que un algoritmo decide mostrarle en su pantalla y que ha perdido el ánimo de dudar de lo que ve, lee y escucha, es una comunidad fácil de pastorear. Reconocer que este ecosistema colorido está hecho para mantenernos dormidos es un gran paso si realmente queremos recuperar nuestra soberanía y empezar a cuestionar el mundo que nos rodea.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCrítico #Ética #Comunicación #SoberaníaDigital #Internet #Manipulacion
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El algoritmo silencioso: Los nuevos catálogos que deciden lo que es verdad y lo que podemos ver en la red
Cuando platicamos sobre la historia del Index Librorum Prohibitorum, ese viejo catálogo con el que la Iglesia vigilaba y prohibía libros en el siglo XVI, nos suele parecer algo muy lejano en el tiempo. Pensamos en censores revisando estantes, confiscando rollos y quemando textos en las plazas públicas como una muestra de control absoluto que ya quedó en el pasado. Sin embargo, si miramos con atención la forma en que consumimos información hoy en día en internet, se vuelve evidente que los grandes buscadores y las plataformas tecnológicas actuales están aplicando un sistema muy similar para resguardar sus propios intereses económicos y políticos.
La gran diferencia entre el pasado y el presente es el método. La censura de la Iglesia era directa, ruidosa y transparente en su prohibición; te decían con nombre y apellido qué autor no podías leer bajo la amenaza de la excomunión. Hoy, las empresas que controlan los principales motores de búsqueda no necesitan emitir decretos ni borrar páginas web de forma explícita. Les basta con modificar un par de líneas en su código y alterar el algoritmo para enviar un artículo independiente, un blog de opinión o una investigación incómoda a la página diez o cincuenta de los resultados de búsqueda. En la práctica, volver un sitio invisible para el 99% de los usuarios de internet tiene exactamente el mismo efecto que haberlo quemado en una plaza pública en el siglo XVI.
A este control algorítmico se le suma el factor del dinero y el negocio publicitario. En los catálogos modernos de la red existe una regla que la Iglesia nunca permitió: la visibilidad al mejor postor. Quien tiene el capital suficiente puede pagar tarifas altísimas para que sus narrativas, productos o visiones del mundo se mantengan fijas en los primeros lugares de las pantallas, mientras que las voces comunes y las opciones alternativas quedan sepultadas bajo toneladas de contenido patrocinado. Ya no se protege el monopolio de la fe, sino el monopolio del mercado y el flujo de clics que genera ganancias. El entender que la relevancia en nuestras pantallas está completamente manipulada es el primer paso para buscar alternativas fuera de los jardines amurallados de las grandes corporaciones.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCrítico #Ética #Comunicación #SoberaníaDigital #Internet #Censura #google #buscador #indice #Tecnologia
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Para aquellos que me lo solicitaron, les comparto de forma directa el #podcast de #lacuevadelmago sobre
Obsolescencia Programada
#consumismo #etica #industria #mercadotecnia #producto #tecnologia #software #obsolescenciaProgramada
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El miedo a salir del corralito: Las redes sociales comerciales y el temor a la libertad
Así como pasa con las computadoras, las grandes empresas de internet tienen una estrategia muy bien pensada para amarrarnos a sus plataformas desde que abrimos nuestra primera cuenta. Diseñan sus redes privativas para que se conviertan en el único lugar donde platicamos con amigos, buscamos trabajo o nos enteramos de las noticias. Nos acostumbran tanto a sus pantallas que terminamos creyendo que estar en internet significa, por obligación, tener una cuenta con ellos, dejándoles el control de nuestras fotos, datos y conversaciones a cambio de pertenecer al grupo.
Esta dependencia crea un miedo muy curioso cuando escuchamos hablar de redes abiertas como las del Fediverso. La gente siente inquietud o temor de dar el salto, pero no porque el sistema sea difícil de usar, sino por el miedo psicológico a quedarse solos o incomunicados. Pensamos que salir de esas plataformas comerciales es como mudarse a un pueblo desconocido donde no conocemos a nadie, prefiriendo aguantar los anuncios y el espionaje con tal de no perder el contacto con los amigos de siempre, sin darnos cuenta de que la verdadera comunidad se construye conversando en libertad y no encerrados en un negocio ajeno.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #SoberaniaDigital #RedesSociales
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El miedo a salir del corralito: Las redes sociales comerciales y el temor a la libertad
Así como pasa con las computadoras, las grandes empresas de internet tienen una estrategia muy bien pensada para amarrarnos a sus plataformas desde que abrimos nuestra primera cuenta. Diseñan sus redes privativas para que se conviertan en el único lugar donde platicamos con amigos, buscamos trabajo o nos enteramos de las noticias. Nos acostumbran tanto a sus pantallas que terminamos creyendo que estar en internet significa, por obligación, tener una cuenta con ellos, dejándoles el control de nuestras fotos, datos y conversaciones a cambio de pertenecer al grupo.
Esta dependencia crea un miedo muy curioso cuando escuchamos hablar de redes abiertas como las del Fediverso. La gente siente inquietud o temor de dar el salto, pero no porque el sistema sea difícil de usar, sino por el miedo psicológico a quedarse solos o incomunicados. Pensamos que salir de esas plataformas comerciales es como mudarse a un pueblo desconocido donde no conocemos a nadie, prefiriendo aguantar los anuncios y el espionaje con tal de no perder el contacto con los amigos de siempre, sin darnos cuenta de que la verdadera comunidad se construye conversando en libertad y no encerrados en un negocio ajeno.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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El miedo a salir del corralito: Las redes sociales comerciales y el temor a la libertad
Así como pasa con las computadoras, las grandes empresas de internet tienen una estrategia muy bien pensada para amarrarnos a sus plataformas desde que abrimos nuestra primera cuenta. Diseñan sus redes privativas para que se conviertan en el único lugar donde platicamos con amigos, buscamos trabajo o nos enteramos de las noticias. Nos acostumbran tanto a sus pantallas que terminamos creyendo que estar en internet significa, por obligación, tener una cuenta con ellos, dejándoles el control de nuestras fotos, datos y conversaciones a cambio de pertenecer al grupo.
Esta dependencia crea un miedo muy curioso cuando escuchamos hablar de redes abiertas como las del Fediverso. La gente siente inquietud o temor de dar el salto, pero no porque el sistema sea difícil de usar, sino por el miedo psicológico a quedarse solos o incomunicados. Pensamos que salir de esas plataformas comerciales es como mudarse a un pueblo desconocido donde no conocemos a nadie, prefiriendo aguantar los anuncios y el espionaje con tal de no perder el contacto con los amigos de siempre, sin darnos cuenta de que la verdadera comunidad se construye conversando en libertad y no encerrados en un negocio ajeno.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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El miedo a salir del corralito: Las redes sociales comerciales y el temor a la libertad
Así como pasa con las computadoras, las grandes empresas de internet tienen una estrategia muy bien pensada para amarrarnos a sus plataformas desde que abrimos nuestra primera cuenta. Diseñan sus redes privativas para que se conviertan en el único lugar donde platicamos con amigos, buscamos trabajo o nos enteramos de las noticias. Nos acostumbran tanto a sus pantallas que terminamos creyendo que estar en internet significa, por obligación, tener una cuenta con ellos, dejándoles el control de nuestras fotos, datos y conversaciones a cambio de pertenecer al grupo.
Esta dependencia crea un miedo muy curioso cuando escuchamos hablar de redes abiertas como las del Fediverso. La gente siente inquietud o temor de dar el salto, pero no porque el sistema sea difícil de usar, sino por el miedo psicológico a quedarse solos o incomunicados. Pensamos que salir de esas plataformas comerciales es como mudarse a un pueblo desconocido donde no conocemos a nadie, prefiriendo aguantar los anuncios y el espionaje con tal de no perder el contacto con los amigos de siempre, sin darnos cuenta de que la verdadera comunidad se construye conversando en libertad y no encerrados en un negocio ajeno.
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El miedo a salir del corralito: Las redes sociales comerciales y el temor a la libertad
Así como pasa con las computadoras, las grandes empresas de internet tienen una estrategia muy bien pensada para amarrarnos a sus plataformas desde que abrimos nuestra primera cuenta. Diseñan sus redes privativas para que se conviertan en el único lugar donde platicamos con amigos, buscamos trabajo o nos enteramos de las noticias. Nos acostumbran tanto a sus pantallas que terminamos creyendo que estar en internet significa, por obligación, tener una cuenta con ellos, dejándoles el control de nuestras fotos, datos y conversaciones a cambio de pertenecer al grupo.
Esta dependencia crea un miedo muy curioso cuando escuchamos hablar de redes abiertas como las del Fediverso. La gente siente inquietud o temor de dar el salto, pero no porque el sistema sea difícil de usar, sino por el miedo psicológico a quedarse solos o incomunicados. Pensamos que salir de esas plataformas comerciales es como mudarse a un pueblo desconocido donde no conocemos a nadie, prefiriendo aguantar los anuncios y el espionaje con tal de no perder el contacto con los amigos de siempre, sin darnos cuenta de que la verdadera comunidad se construye conversando en libertad y no encerrados en un negocio ajeno.
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El arte de acostumbrarnos desde niños a las pantallas ajenas
Existe una estrategia muy bien armada por parte de las grandes empresas tecnológicas para meter sus programas en las escuelas y hogares desde que somos muy chicos. Al regalar licencias a los colegios o dar descuentos en equipos estudiantiles, acostumbran a los niños a usar una sola marca como si fuera la única opción real sobre la tierra. Este caminito crea una dependencia total desde la infancia, haciendo que al crecer y entrar al mundo laboral, las personas sientan pánico de usar algo diferente porque nunca les enseñaron que existían otras alternativas donde ellos son los verdaderos dueños de sus archivos y de su computadora.
Es el momento ideal para dar un giro completo a esa forma de pensar y quitarnos los viejos mitos de la cabeza. Hace años se tenía la idea de que usar un sistema abierto como Linux era una tarea exclusiva para ingenieros y que todo se tenía que controlar escribiendo comandos raros en una pantalla negra. Hoy las cosas son totalmente distintas, ya que existen opciones muy amigables, visualmente atractivas y sencillas que cualquier persona puede manejar con puros clics. Darle la oportunidad a estos programas libres no solo nos saca de ese corralito donde nos metieron las marcas desde la infancia, sino que nos devuelve el control sobre nuestra propia vida digital.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #SoftwareLibre #Tecnología #Educación
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El arte de acostumbrarnos desde niños a las pantallas ajenas
Existe una estrategia muy bien armada por parte de las grandes empresas tecnológicas para meter sus programas en las escuelas y hogares desde que somos muy chicos. Al regalar licencias a los colegios o dar descuentos en equipos estudiantiles, acostumbran a los niños a usar una sola marca como si fuera la única opción real sobre la tierra. Este caminito crea una dependencia total desde la infancia, haciendo que al crecer y entrar al mundo laboral, las personas sientan pánico de usar algo diferente porque nunca les enseñaron que existían otras alternativas donde ellos son los verdaderos dueños de sus archivos y de su computadora.
Es el momento ideal para dar un giro completo a esa forma de pensar y quitarnos los viejos mitos de la cabeza. Hace años se tenía la idea de que usar un sistema abierto como Linux era una tarea exclusiva para ingenieros y que todo se tenía que controlar escribiendo comandos raros en una pantalla negra. Hoy las cosas son totalmente distintas, ya que existen opciones muy amigables, visualmente atractivas y sencillas que cualquier persona puede manejar con puros clics. Darle la oportunidad a estos programas libres no solo nos saca de ese corralito donde nos metieron las marcas desde la infancia, sino que nos devuelve el control sobre nuestra propia vida digital.
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El arte de acostumbrarnos desde niños a las pantallas ajenas
Existe una estrategia muy bien armada por parte de las grandes empresas tecnológicas para meter sus programas en las escuelas y hogares desde que somos muy chicos. Al regalar licencias a los colegios o dar descuentos en equipos estudiantiles, acostumbran a los niños a usar una sola marca como si fuera la única opción real sobre la tierra. Este caminito crea una dependencia total desde la infancia, haciendo que al crecer y entrar al mundo laboral, las personas sientan pánico de usar algo diferente porque nunca les enseñaron que existían otras alternativas donde ellos son los verdaderos dueños de sus archivos y de su computadora.
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El arte de acostumbrarnos desde niños a las pantallas ajenas
Existe una estrategia muy bien armada por parte de las grandes empresas tecnológicas para meter sus programas en las escuelas y hogares desde que somos muy chicos. Al regalar licencias a los colegios o dar descuentos en equipos estudiantiles, acostumbran a los niños a usar una sola marca como si fuera la única opción real sobre la tierra. Este caminito crea una dependencia total desde la infancia, haciendo que al crecer y entrar al mundo laboral, las personas sientan pánico de usar algo diferente porque nunca les enseñaron que existían otras alternativas donde ellos son los verdaderos dueños de sus archivos y de su computadora.
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El arte de acostumbrarnos desde niños a las pantallas ajenas
Existe una estrategia muy bien armada por parte de las grandes empresas tecnológicas para meter sus programas en las escuelas y hogares desde que somos muy chicos. Al regalar licencias a los colegios o dar descuentos en equipos estudiantiles, acostumbran a los niños a usar una sola marca como si fuera la única opción real sobre la tierra. Este caminito crea una dependencia total desde la infancia, haciendo que al crecer y entrar al mundo laboral, las personas sientan pánico de usar algo diferente porque nunca les enseñaron que existían otras alternativas donde ellos son los verdaderos dueños de sus archivos y de su computadora.
Es el momento ideal para dar un giro completo a esa forma de pensar y quitarnos los viejos mitos de la cabeza. Hace años se tenía la idea de que usar un sistema abierto como Linux era una tarea exclusiva para ingenieros y que todo se tenía que controlar escribiendo comandos raros en una pantalla negra. Hoy las cosas son totalmente distintas, ya que existen opciones muy amigables, visualmente atractivas y sencillas que cualquier persona puede manejar con puros clics. Darle la oportunidad a estos programas libres no solo nos saca de ese corralito donde nos metieron las marcas desde la infancia, sino que nos devuelve el control sobre nuestra propia vida digital.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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El mito de la convivencia entre la fe del desierto y los viejos dioses
Cuando nos asomamos a las redes sociales o a eventos de diálogo entre religiones, es bien común escuchar que hoy en día ya hay espacio para todos y que las corrientes paganas y neopaganas pueden convivir en total armonía con las religiones abrahámicas como el cristianismo, el judaísmo o el islam. Se habla mucho de tolerancia e integración en el mundo moderno, pero si nos ponemos a revisar la historia con seriedad y dejamos de lado los buenos deseos, nos damos cuenta de que esa supuesta hermandad es más bien una pantalla que choca de frente con los dogmas de cada grupo y con un pasado que estuvo lleno de violencia.
Si echamos el casete para atrás y regresamos a los siglos que van del IV al XIV, las crónicas de la Europa medieval demuestran que el avance de la Iglesia no se dio a base de pláticas amables ni debates amistosos. El clero siempre buscó la forma de aplastar cualquier creencia que no se alineara con su dios único. Un dato muy claro de esto lo encontramos en el año 601, cuando el Papa Gregorio Magno mandó cartas muy específicas a sus misioneros dándoles la orden de no destruir los templos paganos, sino de quitar los ídolos, echar agua bendita y convertirlos en iglesias católicas, además de cambiar los días de fiesta de los antiguos dioses por celebraciones de santos cristianos. Esto no fue una muestra de respeto ni de aceptación, sino una estrategia política bien pensada para borrar la identidad de los pueblos originarios de forma gradual, persiguiendo con leyes y castigos severos a cualquiera que insistiera en seguir con sus viejas costumbres en la intimidad de su hogar.
Trayendo la charla a la época actual, la verdad es que las cosas no han cambiado tanto en el fondo, aunque ahora existan leyes que protegen la libertad de culto. Las encuestas de centros de investigación muy reconocidos, como el Foro Pew, nos dejan ver que la tolerancia de la que tanto se presume es puramente civil y legal, es decir, que la gente se aguanta porque no le queda de otra ante la ley, pero no porque exista una aceptación real. Para la teología abrahámica, adorar a varios dioses, practicar la brujería tradicional o seguir el sendero del pagano o neopaganismo sigue siendo visto como un pecado grave o una falsedad, lo que vuelve imposible una verdadera integración espiritual. Pensar que estas corrientes tan distintas pueden unirse de forma sincera es ignorar una realidad muy evidente, porque no se puede construir un puente de tolerancia auténtica cuando una de las partes mantiene la idea fija de que tu forma de ver el mundo está equivocada y debe ser "rescatada".
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #HistoriaDeLasReligiones #paganismo #Neopaganismo #Sociedad
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La ilusión de lo gratis y el valor de nuestra soberanía digital
Muchas veces nos deslizamos por nuestras pantallas viendo videos y compartiendo mensajes con la idea de que aplicaciones como TikTok, Instagram, Facebook, X, YouTube o WhatsApp son un regalo sin costo. La realidad es que no pagamos con monedas porque la verdadera moneda de cambio somos cada uno de nosotros, nuestros gustos, nuestros miedos y nuestras rutinas diarias. Detrás de ese botón de descarga que dice gratis se esconde una industria corporativa gigantesca que vive de espiar nuestro comportamiento para empaquetarlo y vendérselo al mejor postor, convirtiendo nuestra privacidad en el negocio más lucrativo del siglo XXI.
Esta maquinaria no se limita a enseñarnos anuncios de zapatos o teléfonos que acabamos de buscar en internet, sino que va mucho más profundo al meterse con la manipulación de nuestras emociones y opiniones. Las grandes corporaciones usan algoritmos diseñados de forma minuciosa para mantenernos enganchados la mayor cantidad de tiempo posible, mostrando contenido que nos haga enojar o reaccionar, porque saben que el conflicto genera clics. Al controlar lo que vemos y lo que ocultamos, estas plataformas tienen el poder de moldear corrientes de opinión completas, influir en procesos políticos y decidir qué es importante y qué no, quitándonos de las manos nuestra capacidad de pensar de forma independiente.
En el Fediverso las cosas funcionan de una manera completamente diferente porque se rompe esa cadena de control centralizado. Al estar construido sobre redes abiertas y servidores independientes que se comunican entre sí gracias al protocolo ActivityPub, aquí no existe un dueño único, ni un consejo de administración buscando exprimir ganancias, ni un algoritmo secreto decidiendo qué debes leer. En este espacio digital la moderación es comunitaria, los datos le pertenecen a los usuarios y no hay rastreadores vigilando cada paso que das en la red. Cooperar para mantener la infraestructura de forma colectiva nos devuelve la soberanía sobre nuestras vidas digitales, el Fediverso es otra forma de comunicarnos en internet sin el ojo vigía corporativo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #RedesSociales #SoberaniaDigital
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El espejismo de las ideologías como verdades absolutas
A mí me da exactamente igual si una postura política es de izquierda o de derecha porque, si revisamos la historia, ambas opciones funcionan como herramientas para enajenar a las masas. Estas ideologías operan mediante estrategias muy claras que buscan mover a los ciudadanos y utilizarlos como carne de cañón con el único propósito de ganar elecciones, conseguir votos y acumular poder en el tablero político. Cuando alguien decide encerrarse en el túnel de una postura rígida, lo único que consigue es fragmentar su visión de la realidad, perdiendo la objetividad al analizar el entorno desde un solo color.
Si alguien decide por voluntad propia seguir ese camino, es su decisión y su responsabilidad. El verdadero problema empieza cuando intentan imponerme ese dogma o quieren convencerme de que un partido, un candidato o un líder tiene la solución definitiva a todos los males del mundo. Conmigo ahí sí se topan con pared porque respeto por completo la diversidad, el libre pensamiento y la libertad de expresión, pero no el que a toda costa intentes convencerme de algo o la imposición de dogmas, pensamientos, creencias, ideologías, posturas políticas o estilos de vida. En este espacio yo acepto a todos y podemos no estar de acuerdo en muchas cosas y aún así platicar de lo que quieran de forma amigable, educada, civilizada y abierta, siempre y cuando dejemos de lado la intención de vender ideologías o adoctrinar a los demás.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Sociedad #LibertadDeExpresion #Politica
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El mito de la plaza pública digital: Cuatro vecindarios con reglas y dueños muy diferentes
Cuando nos asomamos al mundo de las redes para publicar textos cortos, es facilísimo caer en la trampa de pensar que todas las plataformas son iguales solo porque en todas se escribe con el teclado. La realidad es que si comparamos la convivencia en Twitter, Threads, BlueSky y Mastodon, nos damos cuenta de que el diseño de una red y, sobre todo, quién pone el dinero detrás, determina por completo cómo se comporta la gente. No es solo un asunto de qué botones puedes presionar, sino de la cultura que se genera en cada espacio y de la forma tan distinta en que se manejan los problemas, los ataques y el troleo de cada día.
Twitter, en lo que hoy conocemos como la red de la letra equis, el ambiente se rige bajo la voluntad de Elon Musk y su urgencia por exprimir billetes a través de las cuentas de pago. Al premiar el alcance por encima de la calidad, el sistema empuja a los usuarios a buscar la pelea constante porque la furia genera clics y los clics se traducen en centavos para quienes pagan su suscripción. Los ataques en ese espacio suelen ser masivos, coordinados y sumamente agresivos, buscando silenciar cualquier postura incómoda, mientras que la moderación brilla por su ausencia. Por su parte, Threads, la alternativa de Mark Zuckerberg y Meta, se va al extremo opuesto; su algoritmo está diseñado para esconder la política y los temas serios bajo la alfombra, buscando crear un ambiente artificialmente feliz donde el troleo es más sutil pero la censura algorítmica es constante para proteger los intereses de los anunciantes.
Luego tenemos a BlueSky, que nació como una idea de Jack Dorsey ( uno de los creadores del Twitter original) y usa un protocolo abierto, funciona gracias al dinero de inversionistas privados que no están haciendo una obra de caridad, sino esperando su tajada de ganancias en el futuro. Al tener algoritmos que potencian ciertos contenidos y etiquetas, el troleo aquí suele ser más pasivo-agresivo, lleno de ironía y sarcasmo, donde los conflictos escalan cuando las comunidades intentan organizarse con sus propios filtros de bloqueo ante la falta de un equipo de moderación central rápido. Tarde o temprano, ese soporte corporativo va a cobrar factura para recuperar lo invertido, cambiando las reglas del juego.
La experiencia en Mastodon cambia el panorama por completo porque aquí no existe un señor multimillonario, ni corporaciones, ni algoritmos ocultos diciéndote qué ver para venderte algo. Al ser una red cooperativa que se mantiene viva gracias a los donativos de la misma gente, la convivencia se construye desde los servidores locales, donde los administradores aplican las normas de forma humana y cercana. Los insultos o ataques masivos se topan con pared muy rápido, porque en cuanto una cuenta o un servidor entero empieza a molestar, los administradores de los demás nodos simplemente los bloquean de raíz. El verdadero conflicto en el Fediverso no viene de olas de odio pagado, sino de discusiones reales entre personas con ideas distintas sobre la convivencia, con esto podemos ver que la verdadera tranquilidad digital no se logra con fórmulas matemáticas ni algoritmos ni redes privativas, sino con acuerdos humanos y libertad cómo pasa en el fediverso.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Fediverso #Mastodon #RedesSociales #twitter #BlueSky #Threads
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La estética del estatus portátil: Por qué compramos el vasito y no el café
Si nos sentamos a analizarlo con calma, la realidad es que mucha gente no va a estas grandes cadenas de cafeterías famosas por el sabor del grano o porque la consistencia de la bebida sea de otro mundo. En realidad, lo que estamos comprando ahí es un poquito de estatus para llevar. El producto en sí pasa a un segundo plano cuando lo que de verdad importa es cómo nos vemos caminando por la calle o llegando a la oficina con ese vaso en la mano. Las marcas grandes lo saben perfectamente y por eso no te venden una bebida común, sino la idea de que perteneces a un estilo de vida moderno, activo y con cierto nivel económico.
Este truco funciona de maravilla porque es una forma muy fácil de conseguir reconocimiento social sin tener que gastar una fortuna en un coche de lujo o ropa de diseñador. Un café exótico es un lujo que casi cualquiera puede darse un par de veces por semana para sentirse especial. El detalle de que te pongan tu nombre con marcador en el vaso y que luego la gente le tome fotos para subirlo a sus redes sociales no es ninguna casualidad, es parte del juego visual. El vaso se convierte en una especie de anuncio portátil que grita a los demás que absurdamente tenemos el dinero para pagar cuatro veces más por algo básico, buscando la aprobación del resto de las personas de forma diaria.
Esto nos demuestra cómo las apariencias le han ganado terreno a lo que es auténtico. El mercado ha logrado meterse tanto en nuestras vidas que terminamos construyendo nuestra identidad y nuestra seguridad a través de los logos que presumimos en nuestros trayectos cotidianos. Vale la pena ponernos a pensar qué tanto de lo que compramos es porque realmente nos gusta o nos sirve, y qué tanto es simplemente para mostrarle una imagen armada a los demás para encajar en el grupo o intentar demostrar una falsa superioridad o estatus.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCritico #Etica #Comunicación #Sociología #Consumo #Cultura #Starbucks
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Monstruos modernos: ¿Quiénes son los verdaderos villanos en la sociedad actual?
Si nos ponemos a pensar en las historias de terror que nos asustaban de niños, casi siempre los malos eran monstruos con garras, fantasmas o criaturas ocultas en la oscuridad de un callejón. Pero si somos bien honestos y miramos lo que pasa a nuestro alrededor todos los días, los verdaderos villanos de la sociedad actual ya no usan máscaras de látex ni viven en castillos malditos en medio de la nada. Hoy en día, las peores pesadillas de nuestra realidad se esconden detrás de trajes finos, escritorios lujosos y pantallas digitales de plataformas privativas que controlan la vida de millones de personas sin que apenas nos demos cuenta.
Los peores monstruos del siglo XXI se alimentan de la mentira y el engaño masivo a través de internet, utilizando algoritmos diseñados con pincitas para picar los botones del miedo, el odio y la división entre amigos y familias, enajenando a las masas con doctrinas, ideologías políticas y dogmas. El verdadero peligro está en las oficinas corporativas y las sedes políticas donde se decide inflar los precios de las medicinas de los enfermos para ganar unos cuantos billetes extra, o en esos centros de desinformación donde se fabrican noticias falsas de la nada con el único propósito de manipular las elecciones de un país entero. Esos son los villanos de carne y hueso que están destruyendo la confianza entre los ciudadanos, dejando a la sociedad desarmada ante un entorno cada vez más hostil y egoísta.
Los mitos de antes nos enseñaban que a los monstruos se les ganaba con una espada o una bala de plata en una batalla de frente. Pero con estos villanos modernos la cosa es mucho más complicada porque su arma favorita es la indiferencia y hacernos creer que no podemos cambiar las cosas. La única forma de no dejarnos devorar por esta nueva clase de monstruos es manteniendo los ojos bien abiertos, desconfiando de las verdades fáciles que nos venden en las redes sociales privativas y defendiendo la honestidad y la empatía en nuestras comunidades, porque la peor de las victorias para los malos actuales es que nos volvamos igual de fríos e insensibles que ellos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#PensamientoCrítico #Ética #Sociedad #Comunicación #Reflexión
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El tribunal de prontitud: Cuando la inmediatez digital sepulta el beneficio de la duda y la verificación
Hace unas horas viví una experiencia en mis propias plataformas que me obligó a mirar de frente uno de los vicios más destructivos de la comunicación digital contemporánea: la renuncia absoluta al pensamiento crítico y a la verificación por parte de las audiencias. Debido a una vulnerabilidad en los accesos a mis cuentas, un antiguo colaborador de la mesa de redacción logró publicar una serie de contenidos ajenos por completo al rigor científico, histórico y periodístico que ha guiado cada uno de mis escritos, publicaciones, podcast y transmisiones durante más de 12 años de trayectoria ininterrumpida. Más allá del incidente técnico, lo verdaderamente alarmante y digno de un análisis profundo fue el comportamiento social inmediato de algunos usuarios ante la anomalía detectada.
Frente a un cambio abrupto en la línea editorial de un espacio que siempre se ha caracterizado por documentar cada premisa con datos duros constatables, la lógica elemental dictaba formular una pregunta básica para entender el contexto antes de emitir un juicio. Sin embargo, la dinámica actual de las redes sociales prefiere la gratificación instantánea de la condena sobre el esfuerzo honesto de la investigación. Unos perfiles, desconociendo por completo la realidad de lo que estaba sucediendo detrás de la pantalla, decidieron transformarse en jueces y verdugos en cuestión de minutos, arrojando todo tipo de adjetivos y acusaciones directas sin otorgar el menor espacio a la réplica o a la aclaración del suceso.
Este fenómeno expone una ceguera voluntaria tremenda donde el sesgo de confirmación y el reduccionismo operan con total impunidad, es aquí donde se hace notoria la gran facultad de juzgar a la ligera sin revisar contexto y hechos ( ya que cualquier persona con un mínimo de pensamiento crítico habría revisado mi trayectoria, las otras publicaciones que tengo, el tono, enfoque, rigor periodístico y línea editorial que manejamos primeramente, así como preguntar si es que pasa algo, pero lamentablemente fue el caso). Para estos tribunales de pantalla, una trayectoria de más de una década construida sobre la base de la verdad y el método documental es borrada de un plumazo por el impacto de una sola publicación atípica. La masa digital no busca la verdad de los hechos, sino el placer toxico de colgar etiquetas negativas y linchar reputaciones desde la comodidad del anonimato, ignorando deliberadamente el archivo histórico qué ha caracterizado mi trabajo por más de una década para concentrar su indignación en el evento aislado del momento.
La soberanía de la información se pierde cuando los ciudadanos renuncian a investigar y a la duda metódica, donde juzgan sin siquiera preguntar y prefieren consumir narrativas de condena rápida antes que validar la situación. Esta experiencia personal deja una lección severa sobre la fragilidad de los entornos compartidos en la red: si las audiencias persisten en juzgar el todo por la parte, destruyendo el contexto en favor del adjetivo visceral, terminaremos por consolidar el hecho de que el linchamiento reemplace de manera definitiva al debate inteligente y al periodismo con integridad.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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La deriva che sta prendendo il nostro paese è preoccupante!
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