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  1. 🔵No eres consciente de todo lo que has aguantado hasta que un día miras hacia atrás y te das cuenta de que, joder, has pasado por cosas que pensabas que no ibas a superar.

    Traiciones, pérdidas, decepciones, noches eternas, días en los que levantarte de la cama ya parecía demasiado.
    Cosas que te rompieron un poco por dentro y que, aun así, no consiguieron dejarte en el suelo para siempre.

    Porque has caído.
    Claro que has caído.
    Y algunas veces has tardado bastante en levantarte.
    Pero lo has hecho.
    De una manera u otra, has seguido.

    Y quizá esa fuerza que tanto buscamos fuera siempre estuvo ahí.
    No es magia, ni destino, ni el universo conspirando a nuestro favor.
    Eres tú.
    La que siguió cuando no tenía ganas.
    La que volvió a empezar cuando ya estaba cansada.
    La que aprendió, a veces a hostias, que también podía sostenerse sola.

    Así que hoy, en lugar de mirar únicamente lo que te falta, mira un momento todo lo que has conseguido atravesar.

    No, no es para fingir que todo está bien.
    Es simplemente para reconocerlo.
    Sin grandes discursos, sin convertirlo en una hazaña y sin quitarle importancia a todo lo que dolió.

    Y eso, después de todo, no es poca cosa. ❤️

    ┈┈┈┈ ◦•●◉✿◉●•◦ ┈┈┈┈

    #resiliencia #reflexiones #superación #vida #aprendizaje #fuerza #seguiradelante #amorpropio #realidad #psicologiacotidiana

  2. Esteban Pérez Bolívar @estebanperezbolivar.wordpress.com@estebanperezbolivar.wordpress.com ·

    CINE Y MAR III – LA VERDAD TRAS LA MENTIRA

    El tercer largometraje de la exitosa saga Aeropuerto —centrada en desastres aéreos— presentó un percance tan espectacular como imposible: el hundimiento de un Boeing 747 cuyos ocupantes quedan atrapados, con vida, dentro del avión.

    El filme fue un gran éxito internacional

    En los foros sobre la película surgidos a lo largo de los años se comenta que una situación semejante sería extremadamente improbable. Entre las razones está la presión del agua, que comprometería el fuselaje e inundaría el interior. Pero también existe el argumento contrario: un avión presurizado y sin vías de agua se comportaría, en cierto modo, como un gigantesco flotador con forma de avión y tendría dificultades para hundirse.

    Eso sin tomar en cuenta el oxímoron que representa la expresión «amerizaje sin averías». Ningún amerizaje deja un avión en perfecto estado, ni siquiera el famoso caso del río Hudson retratado en el filme Sully.

    En síntesis, lo de que un 747 se hunda en casi perfecto estado y que sus pasajeros sobrevivan durante horas dentro es… ¡mentira!

    El 747 hundido visto desde un A6 Intruder de la US Navy

    Las películas de desastres no son documentales. Necesitan exagerar, simplificar y, en ocasiones, desafiar abiertamente las leyes de la física.

    Lo curioso es que los propios productores de Aeropuerto 77 lo reconocen… ¡en la propia película!

    Justo antes de los créditos finales aparece un texto que dice:

    «El incidente presentado en este filme es ficticio; las capacidades de rescate de la US Navy son reales.»

    Esa frase fue la chispa que originó este tercer artículo de la serie «Cine y Mar».

    Porque Aeropuerto 77 contó con la colaboración de la US Navy, que puso a disposición de la producción barcos, buzos y equipos especializados en rescate submarinos.

    Así que vamos a olvidarnos por un momento del drama del amerizaje, de los pasajeros atrapados y de las inevitables licencias cinematográficas.

    Vamos a fijarnos en lo que ocurre después.

    Porque cuando llega el momento de rescatar el avión hundido, Hollywood empieza a contar una historia mucho más real.

    ¿Por qué viajar hasta finales de los años 70?

    Porque las capacidades actuales de la US Navy para rescatar submarinos y sus tripulaciones resultan, vistas desde aquella época, casi increíbles: drones, sistemas autónomos, vehículos operados remotamente, sensores y cálculos de flotabilidad realizados con una precisión inimaginable para los pioneros del salvamento submarino.

    Pero todo ese desarrollo tecnológico tiene antecedentes.

    El primer submarino que perdió la US Navy en el siglo XX fue el USS F-4, hundido en aguas de Hawái en 1915.

    Arriba, plano de los submarinos de la serie F. Abajo, el esquema del exclusivo 747 del millonario Phillip Stevens, dueño de la Corporación Stevens, mostrado a los pasajeros por una aeromoza

    Allí comienza también una historia de aprendizaje porque la lista de submarinos norteamericanos perdidos por accidentes o colisiones no es corta. Cada accidente obligó a la US Navy a aprender y perfeccionar sus procedimientos para rescatar a las tripulaciones —si permanecían con vida— y, cuando eso ya no era posible, recuperar los cuerpos y el propio submarino.

    Uno de los grandes avances llegó precisamente con el F-4: los pontones.

    Los pontones eran enormes cilindros metálicos que se llenaban de agua. Se colocaban por parejas, unidos por cadenas, a ambos lados del submarino hundido.

    Una vez situados en posición, se expulsaba el agua y se introducía aire.

    Ilustración de la época que muestra el reflotamiento y remolque a puerto del F-4

    El resultado era sencillo en su principio y extraordinariamente complejo en su ejecución: aumentar la flotabilidad hasta conseguir que el submarino ascendiera.

    El sistema se mantuvo durante décadas. En 1939, por ejemplo, el USS Squalus también fue reflotado mediante pontones.

    Con el paso del tiempo, los materiales evolucionaron y los grandes cilindros metálicos fueron sustituidos por bolsas de aire.

    El principio, sin embargo, seguía siendo exactamente el mismo: colocar bolsas a ambos lados del objeto hundido, unirlas mediante resistentes cinchas que pasan por debajo del casco y llenarlas de aire.

    Aquí es donde Aeropuerto 77 deja de ser una película de desastres para mostrar escenas reales de rescate submarino.

    Buzos reales de la US Navy colocan las bolsas de aire alrededor del fuselaje del 747

    Hay incluso un detalle especialmente interesante.

    Una secuencia muestra a los buzos utilizando una lanza curva para abrirse paso bajo el fuselaje.

    Un buzo sostiene la lanza curva

    Otro buzo acopla un alargador a medida que la lanza se abre paso bajo el fuselaje

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha, se unen las bolsa y…

    … se inicia su llenado con aire

    La herramienta formaba parte del equipo empleado en las operaciones de salvamento de aquella época. Una boquilla situada en su extremo expulsaba aire para remover la arena o el limo y permitir que la lanza avanzara por debajo del casco.

    Después, otro buzo va añadiendo extensiones hasta conseguir atravesar completamente por debajo del avión.

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha; se unen las bolsas y se sopla aire dentro hasta que… ¡el 747 empieza a subir!

    Lo mismo habría ocurrido con un submarino.

     Finalmente, el avión alcanza la superficie y comienza la angustiosa evacuación de los pasajeros.

    Tras este apogeo -nunca mejor dicho- Aeropuerto 77 vuelve a hacer lo que mejor sabían hacer las películas de desastres de los años 70, llevar la realidad hasta el límite… ¡y superarlo!, porque el hundimiento final del 747 es ficticio. Jamás habría durado tanto tiempo en la superficie pero, de lo contrario los espectadores no habrían apretado los reposabrazos de las butacas hasta arrancarles el tapizado.

    Los botes; equipos y buzos eran de la US Navy

    Jack Lemmon —piloto del 747— salva in extremis a su amada

    Lo importante es que los procedimientos empleados para intentar devolverlo a la superficie no son ficticios, que es, para mí, lo más interesante de esta película.

    La película miente sobre el accidente, pero dice la verdad sobre el rescate.

    Quizá esa sea una de las cosas más fascinantes del cine: incluso cuando inventa una catástrofe imposible, puede mostrarnos una tecnología real, un procedimiento auténtico o una historia que merece ser conocida.

    Arriba, despliegue de la US Navy para reflotar al USS Squalus (1939). Abajo, despliegue de la US Navy para reflotar al 747 del filme

    En Aeropuerto 77, detrás de un Boeing 747 hundido en la ficción, encontramos casi medio siglo de experiencia de la US Navy en una de las disciplinas más difíciles de la ingeniería naval: encontrar, alcanzar y devolver a la superficie lo que yace bajo el mar.

    Pero hay una última conexión que me gustaría añadir.

    La siguiente fotografía fue tomada en 1939, durante las operaciones de rescate del USS Squalus. En ella aparece otro submarino: el USS Sculpin.

    USS Sculpin durante las operaciones para reflotar al USS Squalus, en 1939. El submarino, gemelo del accidentado, sirvió como referencia durante los trabajos de rescate

    El Sculpin era gemelo del Squalus y permaneció en la zona durante la operación de salvamento. Su semejanza con el submarino accidentado permitió utilizarlo como modelo para resolver algunos de los problemas técnicos de la operación, entre ellos el delicado acoplamiento de la campana de rescate que permitió salvar a parte de la tripulación del Squalus.

    Cuando encontré esta fotografía, difícilmente podía imaginar que aquel submarino acabaría teniendo un papel tan importante en mi propia obra ya que el USS Sculpin es el protagonista de mi novela Silencio en el Pacífico: El comodoro, el submarino y la Batalla de Tarawa.

    La novela comienza en noviembre de 1943, cuando el Sculpin recibe la misión de interceptar un convoy japonés mientras a bordo viaja el comodoro John P. Cromwell, depositario de secretos que no pueden caer en manos del enemigo. A partir de ahí, la historia conduce a su tripulación hasta uno de los episodios más dramáticos de la guerra submarina en el Pacífico.

    Así que esta fotografía tiene para mí un significado especial.

    El Sculpin mostrado en este artículo todavía está en 1939, participando en una exitosa operación de salvamento de la historia de la US Navy.

    Cuatro años después, el mismo submarino y su tripulación se encontrarían al otro lado de la trama, ya no como salvadores, sino como hombres que podrían necesitar ser salvados.

    Pero, esa es otra historia… Historia que cuento en Silencio en el Pacífico.

    #747 #77 #Aeropuerto #Airport #Amazon #ARA #Argentina #Arhur #armada #aviación #Boeing #Bolívar #cine #desastres #Escritura #Esteban #Estrecho #filmes #Guerra #gulf #Hailey #Hollywood #Iran #Juan #Kursk #literatura #mar #marino #mentira #naval #Navy #Oman #Pérez #películas #Persian #Podcast #realidad #rescate #S42 #San #Strait #submarinos #transporte #Ucrania #US #Zafarrancho
  3. Esteban Pérez Bolívar @estebanperezbolivar.wordpress.com@estebanperezbolivar.wordpress.com ·

    CINE Y MAR III – LA VERDAD TRAS LA MENTIRA

    El tercer largometraje de la exitosa saga Aeropuerto —centrada en desastres aéreos— presentó un percance tan espectacular como imposible: el hundimiento de un Boeing 747 cuyos ocupantes quedan atrapados, con vida, dentro del avión.

    El filme fue un gran éxito internacional

    En los foros sobre la película surgidos a lo largo de los años se comenta que una situación semejante sería extremadamente improbable. Entre las razones está la presión del agua, que comprometería el fuselaje e inundaría el interior. Pero también existe el argumento contrario: un avión presurizado y sin vías de agua se comportaría, en cierto modo, como un gigantesco flotador con forma de avión y tendría dificultades para hundirse.

    Eso sin tomar en cuenta el oxímoron que representa la expresión «amerizaje sin averías». Ningún amerizaje deja un avión en perfecto estado, ni siquiera el famoso caso del río Hudson retratado en el filme Sully.

    En síntesis, lo de que un 747 se hunda en casi perfecto estado y que sus pasajeros sobrevivan durante horas dentro es… ¡mentira!

    El 747 hundido visto desde un A6 Intruder de la US Navy

    Las películas de desastres no son documentales. Necesitan exagerar, simplificar y, en ocasiones, desafiar abiertamente las leyes de la física.

    Lo curioso es que los propios productores de Aeropuerto 77 lo reconocen… ¡en la propia película!

    Justo antes de los créditos finales aparece un texto que dice:

    «El incidente presentado en este filme es ficticio; las capacidades de rescate de la US Navy son reales.»

    Esa frase fue la chispa que originó este tercer artículo de la serie «Cine y Mar».

    Porque Aeropuerto 77 contó con la colaboración de la US Navy, que puso a disposición de la producción barcos, buzos y equipos especializados en rescate submarinos.

    Así que vamos a olvidarnos por un momento del drama del amerizaje, de los pasajeros atrapados y de las inevitables licencias cinematográficas.

    Vamos a fijarnos en lo que ocurre después.

    Porque cuando llega el momento de rescatar el avión hundido, Hollywood empieza a contar una historia mucho más real.

    ¿Por qué viajar hasta finales de los años 70?

    Porque las capacidades actuales de la US Navy para rescatar submarinos y sus tripulaciones resultan, vistas desde aquella época, casi increíbles: drones, sistemas autónomos, vehículos operados remotamente, sensores y cálculos de flotabilidad realizados con una precisión inimaginable para los pioneros del salvamento submarino.

    Pero todo ese desarrollo tecnológico tiene antecedentes.

    El primer submarino que perdió la US Navy en el siglo XX fue el USS F-4, hundido en aguas de Hawái en 1915.

    Arriba, plano de los submarinos de la serie F. Abajo, el esquema del exclusivo 747 del millonario Phillip Stevens, dueño de la Corporación Stevens, mostrado a los pasajeros por una aeromoza

    Allí comienza también una historia de aprendizaje porque la lista de submarinos norteamericanos perdidos por accidentes o colisiones no es corta. Cada accidente obligó a la US Navy a aprender y perfeccionar sus procedimientos para rescatar a las tripulaciones —si permanecían con vida— y, cuando eso ya no era posible, recuperar los cuerpos y el propio submarino.

    Uno de los grandes avances llegó precisamente con el F-4: los pontones.

    Los pontones eran enormes cilindros metálicos que se llenaban de agua. Se colocaban por parejas, unidos por cadenas, a ambos lados del submarino hundido.

    Una vez situados en posición, se expulsaba el agua y se introducía aire.

    Ilustración de la época que muestra el reflotamiento y remolque a puerto del F-4

    El resultado era sencillo en su principio y extraordinariamente complejo en su ejecución: aumentar la flotabilidad hasta conseguir que el submarino ascendiera.

    El sistema se mantuvo durante décadas. En 1939, por ejemplo, el USS Squalus también fue reflotado mediante pontones.

    Con el paso del tiempo, los materiales evolucionaron y los grandes cilindros metálicos fueron sustituidos por bolsas de aire.

    El principio, sin embargo, seguía siendo exactamente el mismo: colocar bolsas a ambos lados del objeto hundido, unirlas mediante resistentes cinchas que pasan por debajo del casco y llenarlas de aire.

    Aquí es donde Aeropuerto 77 deja de ser una película de desastres para mostrar escenas reales de rescate submarino.

    Buzos reales de la US Navy colocan las bolsas de aire alrededor del fuselaje del 747

    Hay incluso un detalle especialmente interesante.

    Una secuencia muestra a los buzos utilizando una lanza curva para abrirse paso bajo el fuselaje.

    Un buzo sostiene la lanza curva

    Otro buzo acopla un alargador a medida que la lanza se abre paso bajo el fuselaje

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha, se unen las bolsa y…

    … se inicia su llenado con aire

    La herramienta formaba parte del equipo empleado en las operaciones de salvamento de aquella época. Una boquilla situada en su extremo expulsaba aire para remover la arena o el limo y permitir que la lanza avanzara por debajo del casco.

    Después, otro buzo va añadiendo extensiones hasta conseguir atravesar completamente por debajo del avión.

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha; se unen las bolsas y se sopla aire dentro hasta que… ¡el 747 empieza a subir!

    Lo mismo habría ocurrido con un submarino.

     Finalmente, el avión alcanza la superficie y comienza la angustiosa evacuación de los pasajeros.

    Tras este apogeo -nunca mejor dicho- Aeropuerto 77 vuelve a hacer lo que mejor sabían hacer las películas de desastres de los años 70, llevar la realidad hasta el límite… ¡y superarlo!, porque el hundimiento final del 747 es ficticio. Jamás habría durado tanto tiempo en la superficie pero, de lo contrario los espectadores no habrían apretado los reposabrazos de las butacas hasta arrancarles el tapizado.

    Los botes; equipos y buzos eran de la US Navy

    Jack Lemmon —piloto del 747— salva in extremis a su amada

    Lo importante es que los procedimientos empleados para intentar devolverlo a la superficie no son ficticios, que es, para mí, lo más interesante de esta película.

    La película miente sobre el accidente, pero dice la verdad sobre el rescate.

    Quizá esa sea una de las cosas más fascinantes del cine: incluso cuando inventa una catástrofe imposible, puede mostrarnos una tecnología real, un procedimiento auténtico o una historia que merece ser conocida.

    Arriba, despliegue de la US Navy para reflotar al USS Squalus (1939). Abajo, despliegue de la US Navy para reflotar al 747 del filme

    En Aeropuerto 77, detrás de un Boeing 747 hundido en la ficción, encontramos casi medio siglo de experiencia de la US Navy en una de las disciplinas más difíciles de la ingeniería naval: encontrar, alcanzar y devolver a la superficie lo que yace bajo el mar.

    Pero hay una última conexión que me gustaría añadir.

    La siguiente fotografía fue tomada en 1939, durante las operaciones de rescate del USS Squalus. En ella aparece otro submarino: el USS Sculpin.

    USS Sculpin durante las operaciones para reflotar al USS Squalus, en 1939. El submarino, gemelo del accidentado, sirvió como referencia durante los trabajos de rescate

    El Sculpin era gemelo del Squalus y permaneció en la zona durante la operación de salvamento. Su semejanza con el submarino accidentado permitió utilizarlo como modelo para resolver algunos de los problemas técnicos de la operación, entre ellos el delicado acoplamiento de la campana de rescate que permitió salvar a parte de la tripulación del Squalus.

    Cuando encontré esta fotografía, difícilmente podía imaginar que aquel submarino acabaría teniendo un papel tan importante en mi propia obra ya que el USS Sculpin es el protagonista de mi novela Silencio en el Pacífico: El comodoro, el submarino y la Batalla de Tarawa.

    La novela comienza en noviembre de 1943, cuando el Sculpin recibe la misión de interceptar un convoy japonés mientras a bordo viaja el comodoro John P. Cromwell, depositario de secretos que no pueden caer en manos del enemigo. A partir de ahí, la historia conduce a su tripulación hasta uno de los episodios más dramáticos de la guerra submarina en el Pacífico.

    Así que esta fotografía tiene para mí un significado especial.

    El Sculpin mostrado en este artículo todavía está en 1939, participando en una exitosa operación de salvamento de la historia de la US Navy.

    Cuatro años después, el mismo submarino y su tripulación se encontrarían al otro lado de la trama, ya no como salvadores, sino como hombres que podrían necesitar ser salvados.

    Pero, esa es otra historia… Historia que cuento en Silencio en el Pacífico.

    #747 #77 #Aeropuerto #Airport #Amazon #ARA #Argentina #Arhur #armada #aviación #Boeing #Bolívar #cine #desastres #Escritura #Esteban #Estrecho #filmes #Guerra #gulf #Hailey #Hollywood #Iran #Juan #Kursk #literatura #mar #marino #mentira #naval #Navy #Oman #Pérez #películas #Persian #Podcast #realidad #rescate #S42 #San #Strait #submarinos #transporte #Ucrania #US #Zafarrancho
  4. Esteban Pérez Bolívar @estebanperezbolivar.wordpress.com@estebanperezbolivar.wordpress.com ·

    CINE Y MAR III – LA VERDAD TRAS LA MENTIRA

    El tercer largometraje de la exitosa saga Aeropuerto —centrada en desastres aéreos— presentó un percance tan espectacular como imposible: el hundimiento de un Boeing 747 cuyos ocupantes quedan atrapados, con vida, dentro del avión.

    El filme fue un gran éxito internacional

    En los foros sobre la película surgidos a lo largo de los años se comenta que una situación semejante sería extremadamente improbable. Entre las razones está la presión del agua, que comprometería el fuselaje e inundaría el interior. Pero también existe el argumento contrario: un avión presurizado y sin vías de agua se comportaría, en cierto modo, como un gigantesco flotador con forma de avión y tendría dificultades para hundirse.

    Eso sin tomar en cuenta el oxímoron que representa la expresión «amerizaje sin averías». Ningún amerizaje deja un avión en perfecto estado, ni siquiera el famoso caso del río Hudson retratado en el filme Sully.

    En síntesis, lo de que un 747 se hunda en casi perfecto estado y que sus pasajeros sobrevivan durante horas dentro es… ¡mentira!

    El 747 hundido visto desde un A6 Intruder de la US Navy

    Las películas de desastres no son documentales. Necesitan exagerar, simplificar y, en ocasiones, desafiar abiertamente las leyes de la física.

    Lo curioso es que los propios productores de Aeropuerto 77 lo reconocen… ¡en la propia película!

    Justo antes de los créditos finales aparece un texto que dice:

    «El incidente presentado en este filme es ficticio; las capacidades de rescate de la US Navy son reales.»

    Esa frase fue la chispa que originó este tercer artículo de la serie «Cine y Mar».

    Porque Aeropuerto 77 contó con la colaboración de la US Navy, que puso a disposición de la producción barcos, buzos y equipos especializados en rescate submarinos.

    Así que vamos a olvidarnos por un momento del drama del amerizaje, de los pasajeros atrapados y de las inevitables licencias cinematográficas.

    Vamos a fijarnos en lo que ocurre después.

    Porque cuando llega el momento de rescatar el avión hundido, Hollywood empieza a contar una historia mucho más real.

    ¿Por qué viajar hasta finales de los años 70?

    Porque las capacidades actuales de la US Navy para rescatar submarinos y sus tripulaciones resultan, vistas desde aquella época, casi increíbles: drones, sistemas autónomos, vehículos operados remotamente, sensores y cálculos de flotabilidad realizados con una precisión inimaginable para los pioneros del salvamento submarino.

    Pero todo ese desarrollo tecnológico tiene antecedentes.

    El primer submarino que perdió la US Navy en el siglo XX fue el USS F-4, hundido en aguas de Hawái en 1915.

    Arriba, plano de los submarinos de la serie F. Abajo, el esquema del exclusivo 747 del millonario Phillip Stevens, dueño de la Corporación Stevens, mostrado a los pasajeros por una aeromoza

    Allí comienza también una historia de aprendizaje porque la lista de submarinos norteamericanos perdidos por accidentes o colisiones no es corta. Cada accidente obligó a la US Navy a aprender y perfeccionar sus procedimientos para rescatar a las tripulaciones —si permanecían con vida— y, cuando eso ya no era posible, recuperar los cuerpos y el propio submarino.

    Uno de los grandes avances llegó precisamente con el F-4: los pontones.

    Los pontones eran enormes cilindros metálicos que se llenaban de agua. Se colocaban por parejas, unidos por cadenas, a ambos lados del submarino hundido.

    Una vez situados en posición, se expulsaba el agua y se introducía aire.

    Ilustración de la época que muestra el reflotamiento y remolque a puerto del F-4

    El resultado era sencillo en su principio y extraordinariamente complejo en su ejecución: aumentar la flotabilidad hasta conseguir que el submarino ascendiera.

    El sistema se mantuvo durante décadas. En 1939, por ejemplo, el USS Squalus también fue reflotado mediante pontones.

    Con el paso del tiempo, los materiales evolucionaron y los grandes cilindros metálicos fueron sustituidos por bolsas de aire.

    El principio, sin embargo, seguía siendo exactamente el mismo: colocar bolsas a ambos lados del objeto hundido, unirlas mediante resistentes cinchas que pasan por debajo del casco y llenarlas de aire.

    Aquí es donde Aeropuerto 77 deja de ser una película de desastres para mostrar escenas reales de rescate submarino.

    Buzos reales de la US Navy colocan las bolsas de aire alrededor del fuselaje del 747

    Hay incluso un detalle especialmente interesante.

    Una secuencia muestra a los buzos utilizando una lanza curva para abrirse paso bajo el fuselaje.

    Un buzo sostiene la lanza curva

    Otro buzo acopla un alargador a medida que la lanza se abre paso bajo el fuselaje

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha, se unen las bolsa y…

    … se inicia su llenado con aire

    La herramienta formaba parte del equipo empleado en las operaciones de salvamento de aquella época. Una boquilla situada en su extremo expulsaba aire para remover la arena o el limo y permitir que la lanza avanzara por debajo del casco.

    Después, otro buzo va añadiendo extensiones hasta conseguir atravesar completamente por debajo del avión.

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha; se unen las bolsas y se sopla aire dentro hasta que… ¡el 747 empieza a subir!

    Lo mismo habría ocurrido con un submarino.

     Finalmente, el avión alcanza la superficie y comienza la angustiosa evacuación de los pasajeros.

    Tras este apogeo -nunca mejor dicho- Aeropuerto 77 vuelve a hacer lo que mejor sabían hacer las películas de desastres de los años 70, llevar la realidad hasta el límite… ¡y superarlo!, porque el hundimiento final del 747 es ficticio. Jamás habría durado tanto tiempo en la superficie pero, de lo contrario los espectadores no habrían apretado los reposabrazos de las butacas hasta arrancarles el tapizado.

    Los botes; equipos y buzos eran de la US Navy

    Jack Lemmon —piloto del 747— salva in extremis a su amada

    Lo importante es que los procedimientos empleados para intentar devolverlo a la superficie no son ficticios, que es, para mí, lo más interesante de esta película.

    La película miente sobre el accidente, pero dice la verdad sobre el rescate.

    Quizá esa sea una de las cosas más fascinantes del cine: incluso cuando inventa una catástrofe imposible, puede mostrarnos una tecnología real, un procedimiento auténtico o una historia que merece ser conocida.

    Arriba, despliegue de la US Navy para reflotar al USS Squalus (1939). Abajo, despliegue de la US Navy para reflotar al 747 del filme

    En Aeropuerto 77, detrás de un Boeing 747 hundido en la ficción, encontramos casi medio siglo de experiencia de la US Navy en una de las disciplinas más difíciles de la ingeniería naval: encontrar, alcanzar y devolver a la superficie lo que yace bajo el mar.

    Pero hay una última conexión que me gustaría añadir.

    La siguiente fotografía fue tomada en 1939, durante las operaciones de rescate del USS Squalus. En ella aparece otro submarino: el USS Sculpin.

    USS Sculpin durante las operaciones para reflotar al USS Squalus, en 1939. El submarino, gemelo del accidentado, sirvió como referencia durante los trabajos de rescate

    El Sculpin era gemelo del Squalus y permaneció en la zona durante la operación de salvamento. Su semejanza con el submarino accidentado permitió utilizarlo como modelo para resolver algunos de los problemas técnicos de la operación, entre ellos el delicado acoplamiento de la campana de rescate que permitió salvar a parte de la tripulación del Squalus.

    Cuando encontré esta fotografía, difícilmente podía imaginar que aquel submarino acabaría teniendo un papel tan importante en mi propia obra ya que el USS Sculpin es el protagonista de mi novela Silencio en el Pacífico: El comodoro, el submarino y la Batalla de Tarawa.

    La novela comienza en noviembre de 1943, cuando el Sculpin recibe la misión de interceptar un convoy japonés mientras a bordo viaja el comodoro John P. Cromwell, depositario de secretos que no pueden caer en manos del enemigo. A partir de ahí, la historia conduce a su tripulación hasta uno de los episodios más dramáticos de la guerra submarina en el Pacífico.

    Así que esta fotografía tiene para mí un significado especial.

    El Sculpin mostrado en este artículo todavía está en 1939, participando en una exitosa operación de salvamento de la historia de la US Navy.

    Cuatro años después, el mismo submarino y su tripulación se encontrarían al otro lado de la trama, ya no como salvadores, sino como hombres que podrían necesitar ser salvados.

    Pero, esa es otra historia… Historia que cuento en Silencio en el Pacífico.

    #747 #77 #Aeropuerto #Airport #Amazon #ARA #Argentina #Arhur #armada #aviación #Boeing #Bolívar #cine #desastres #Escritura #Esteban #Estrecho #filmes #Guerra #gulf #Hailey #Hollywood #Iran #Juan #Kursk #literatura #mar #marino #mentira #naval #Navy #Oman #Pérez #películas #Persian #Podcast #realidad #rescate #S42 #San #Strait #submarinos #transporte #Ucrania #US #Zafarrancho
  5. Esteban Pérez Bolívar @estebanperezbolivar.wordpress.com@estebanperezbolivar.wordpress.com ·

    CINE Y MAR III – LA VERDAD TRAS LA MENTIRA

    El tercer largometraje de la exitosa saga Aeropuerto —centrada en desastres aéreos— presentó un percance tan espectacular como imposible: el hundimiento de un Boeing 747 cuyos ocupantes quedan atrapados, con vida, dentro del avión.

    El filme fue un gran éxito internacional

    En los foros sobre la película surgidos a lo largo de los años se comenta que una situación semejante sería extremadamente improbable. Entre las razones está la presión del agua, que comprometería el fuselaje e inundaría el interior. Pero también existe el argumento contrario: un avión presurizado y sin vías de agua se comportaría, en cierto modo, como un gigantesco flotador con forma de avión y tendría dificultades para hundirse.

    Eso sin tomar en cuenta el oxímoron que representa la expresión «amerizaje sin averías». Ningún amerizaje deja un avión en perfecto estado, ni siquiera el famoso caso del río Hudson retratado en el filme Sully.

    En síntesis, lo de que un 747 se hunda en casi perfecto estado y que sus pasajeros sobrevivan durante horas dentro es… ¡mentira!

    El 747 hundido visto desde un A6 Intruder de la US Navy

    Las películas de desastres no son documentales. Necesitan exagerar, simplificar y, en ocasiones, desafiar abiertamente las leyes de la física.

    Lo curioso es que los propios productores de Aeropuerto 77 lo reconocen… ¡en la propia película!

    Justo antes de los créditos finales aparece un texto que dice:

    «El incidente presentado en este filme es ficticio; las capacidades de rescate de la US Navy son reales.»

    Esa frase fue la chispa que originó este tercer artículo de la serie «Cine y Mar».

    Porque Aeropuerto 77 contó con la colaboración de la US Navy, que puso a disposición de la producción barcos, buzos y equipos especializados en rescate submarinos.

    Así que vamos a olvidarnos por un momento del drama del amerizaje, de los pasajeros atrapados y de las inevitables licencias cinematográficas.

    Vamos a fijarnos en lo que ocurre después.

    Porque cuando llega el momento de rescatar el avión hundido, Hollywood empieza a contar una historia mucho más real.

    ¿Por qué viajar hasta finales de los años 70?

    Porque las capacidades actuales de la US Navy para rescatar submarinos y sus tripulaciones resultan, vistas desde aquella época, casi increíbles: drones, sistemas autónomos, vehículos operados remotamente, sensores y cálculos de flotabilidad realizados con una precisión inimaginable para los pioneros del salvamento submarino.

    Pero todo ese desarrollo tecnológico tiene antecedentes.

    El primer submarino que perdió la US Navy en el siglo XX fue el USS F-4, hundido en aguas de Hawái en 1915.

    Arriba, plano de los submarinos de la serie F. Abajo, el esquema del exclusivo 747 del millonario Phillip Stevens, dueño de la Corporación Stevens, mostrado a los pasajeros por una aeromoza

    Allí comienza también una historia de aprendizaje porque la lista de submarinos norteamericanos perdidos por accidentes o colisiones no es corta. Cada accidente obligó a la US Navy a aprender y perfeccionar sus procedimientos para rescatar a las tripulaciones —si permanecían con vida— y, cuando eso ya no era posible, recuperar los cuerpos y el propio submarino.

    Uno de los grandes avances llegó precisamente con el F-4: los pontones.

    Los pontones eran enormes cilindros metálicos que se llenaban de agua. Se colocaban por parejas, unidos por cadenas, a ambos lados del submarino hundido.

    Una vez situados en posición, se expulsaba el agua y se introducía aire.

    Ilustración de la época que muestra el reflotamiento y remolque a puerto del F-4

    El resultado era sencillo en su principio y extraordinariamente complejo en su ejecución: aumentar la flotabilidad hasta conseguir que el submarino ascendiera.

    El sistema se mantuvo durante décadas. En 1939, por ejemplo, el USS Squalus también fue reflotado mediante pontones.

    Con el paso del tiempo, los materiales evolucionaron y los grandes cilindros metálicos fueron sustituidos por bolsas de aire.

    El principio, sin embargo, seguía siendo exactamente el mismo: colocar bolsas a ambos lados del objeto hundido, unirlas mediante resistentes cinchas que pasan por debajo del casco y llenarlas de aire.

    Aquí es donde Aeropuerto 77 deja de ser una película de desastres para mostrar escenas reales de rescate submarino.

    Buzos reales de la US Navy colocan las bolsas de aire alrededor del fuselaje del 747

    Hay incluso un detalle especialmente interesante.

    Una secuencia muestra a los buzos utilizando una lanza curva para abrirse paso bajo el fuselaje.

    Un buzo sostiene la lanza curva

    Otro buzo acopla un alargador a medida que la lanza se abre paso bajo el fuselaje

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha, se unen las bolsa y…

    … se inicia su llenado con aire

    La herramienta formaba parte del equipo empleado en las operaciones de salvamento de aquella época. Una boquilla situada en su extremo expulsaba aire para remover la arena o el limo y permitir que la lanza avanzara por debajo del casco.

    Después, otro buzo va añadiendo extensiones hasta conseguir atravesar completamente por debajo del avión.

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha; se unen las bolsas y se sopla aire dentro hasta que… ¡el 747 empieza a subir!

    Lo mismo habría ocurrido con un submarino.

     Finalmente, el avión alcanza la superficie y comienza la angustiosa evacuación de los pasajeros.

    Tras este apogeo -nunca mejor dicho- Aeropuerto 77 vuelve a hacer lo que mejor sabían hacer las películas de desastres de los años 70, llevar la realidad hasta el límite… ¡y superarlo!, porque el hundimiento final del 747 es ficticio. Jamás habría durado tanto tiempo en la superficie pero, de lo contrario los espectadores no habrían apretado los reposabrazos de las butacas hasta arrancarles el tapizado.

    Los botes; equipos y buzos eran de la US Navy

    Jack Lemmon —piloto del 747— salva in extremis a su amada

    Lo importante es que los procedimientos empleados para intentar devolverlo a la superficie no son ficticios, que es, para mí, lo más interesante de esta película.

    La película miente sobre el accidente, pero dice la verdad sobre el rescate.

    Quizá esa sea una de las cosas más fascinantes del cine: incluso cuando inventa una catástrofe imposible, puede mostrarnos una tecnología real, un procedimiento auténtico o una historia que merece ser conocida.

    Arriba, despliegue de la US Navy para reflotar al USS Squalus (1939). Abajo, despliegue de la US Navy para reflotar al 747 del filme

    En Aeropuerto 77, detrás de un Boeing 747 hundido en la ficción, encontramos casi medio siglo de experiencia de la US Navy en una de las disciplinas más difíciles de la ingeniería naval: encontrar, alcanzar y devolver a la superficie lo que yace bajo el mar.

    Pero hay una última conexión que me gustaría añadir.

    La siguiente fotografía fue tomada en 1939, durante las operaciones de rescate del USS Squalus. En ella aparece otro submarino: el USS Sculpin.

    USS Sculpin durante las operaciones para reflotar al USS Squalus, en 1939. El submarino, gemelo del accidentado, sirvió como referencia durante los trabajos de rescate

    El Sculpin era gemelo del Squalus y permaneció en la zona durante la operación de salvamento. Su semejanza con el submarino accidentado permitió utilizarlo como modelo para resolver algunos de los problemas técnicos de la operación, entre ellos el delicado acoplamiento de la campana de rescate que permitió salvar a parte de la tripulación del Squalus.

    Cuando encontré esta fotografía, difícilmente podía imaginar que aquel submarino acabaría teniendo un papel tan importante en mi propia obra ya que el USS Sculpin es el protagonista de mi novela Silencio en el Pacífico: El comodoro, el submarino y la Batalla de Tarawa.

    La novela comienza en noviembre de 1943, cuando el Sculpin recibe la misión de interceptar un convoy japonés mientras a bordo viaja el comodoro John P. Cromwell, depositario de secretos que no pueden caer en manos del enemigo. A partir de ahí, la historia conduce a su tripulación hasta uno de los episodios más dramáticos de la guerra submarina en el Pacífico.

    Así que esta fotografía tiene para mí un significado especial.

    El Sculpin mostrado en este artículo todavía está en 1939, participando en una exitosa operación de salvamento de la historia de la US Navy.

    Cuatro años después, el mismo submarino y su tripulación se encontrarían al otro lado de la trama, ya no como salvadores, sino como hombres que podrían necesitar ser salvados.

    Pero, esa es otra historia… Historia que cuento en Silencio en el Pacífico.

    #747 #77 #Aeropuerto #Airport #Amazon #ARA #Argentina #Arhur #armada #aviación #Boeing #Bolívar #cine #desastres #Escritura #Esteban #Estrecho #filmes #Guerra #gulf #Hailey #Hollywood #Iran #Juan #Kursk #literatura #mar #marino #mentira #naval #Navy #Oman #Pérez #películas #Persian #Podcast #realidad #rescate #S42 #San #Strait #submarinos #transporte #Ucrania #US #Zafarrancho
  6. Esteban Pérez Bolívar @estebanperezbolivar.wordpress.com@estebanperezbolivar.wordpress.com ·

    CINE Y MAR III – LA VERDAD TRAS LA MENTIRA

    El tercer largometraje de la exitosa saga Aeropuerto —centrada en desastres aéreos— presentó un percance tan espectacular como imposible: el hundimiento de un Boeing 747 cuyos ocupantes quedan atrapados, con vida, dentro del avión.

    El filme fue un gran éxito internacional

    En los foros sobre la película surgidos a lo largo de los años se comenta que una situación semejante sería extremadamente improbable. Entre las razones está la presión del agua, que comprometería el fuselaje e inundaría el interior. Pero también existe el argumento contrario: un avión presurizado y sin vías de agua se comportaría, en cierto modo, como un gigantesco flotador con forma de avión y tendría dificultades para hundirse.

    Eso sin tomar en cuenta el oxímoron que representa la expresión «amerizaje sin averías». Ningún amerizaje deja un avión en perfecto estado, ni siquiera el famoso caso del río Hudson retratado en el filme Sully.

    En síntesis, lo de que un 747 se hunda en casi perfecto estado y que sus pasajeros sobrevivan durante horas dentro es… ¡mentira!

    El 747 hundido visto desde un A6 Intruder de la US Navy

    Las películas de desastres no son documentales. Necesitan exagerar, simplificar y, en ocasiones, desafiar abiertamente las leyes de la física.

    Lo curioso es que los propios productores de Aeropuerto 77 lo reconocen… ¡en la propia película!

    Justo antes de los créditos finales aparece un texto que dice:

    «El incidente presentado en este filme es ficticio; las capacidades de rescate de la US Navy son reales.»

    Esa frase fue la chispa que originó este tercer artículo de la serie «Cine y Mar».

    Porque Aeropuerto 77 contó con la colaboración de la US Navy, que puso a disposición de la producción barcos, buzos y equipos especializados en rescate submarinos.

    Así que vamos a olvidarnos por un momento del drama del amerizaje, de los pasajeros atrapados y de las inevitables licencias cinematográficas.

    Vamos a fijarnos en lo que ocurre después.

    Porque cuando llega el momento de rescatar el avión hundido, Hollywood empieza a contar una historia mucho más real.

    ¿Por qué viajar hasta finales de los años 70?

    Porque las capacidades actuales de la US Navy para rescatar submarinos y sus tripulaciones resultan, vistas desde aquella época, casi increíbles: drones, sistemas autónomos, vehículos operados remotamente, sensores y cálculos de flotabilidad realizados con una precisión inimaginable para los pioneros del salvamento submarino.

    Pero todo ese desarrollo tecnológico tiene antecedentes.

    El primer submarino que perdió la US Navy en el siglo XX fue el USS F-4, hundido en aguas de Hawái en 1915.

    Arriba, plano de los submarinos de la serie F. Abajo, el esquema del exclusivo 747 del millonario Phillip Stevens, dueño de la Corporación Stevens, mostrado a los pasajeros por una aeromoza

    Allí comienza también una historia de aprendizaje porque la lista de submarinos norteamericanos perdidos por accidentes o colisiones no es corta. Cada accidente obligó a la US Navy a aprender y perfeccionar sus procedimientos para rescatar a las tripulaciones —si permanecían con vida— y, cuando eso ya no era posible, recuperar los cuerpos y el propio submarino.

    Uno de los grandes avances llegó precisamente con el F-4: los pontones.

    Los pontones eran enormes cilindros metálicos que se llenaban de agua. Se colocaban por parejas, unidos por cadenas, a ambos lados del submarino hundido.

    Una vez situados en posición, se expulsaba el agua y se introducía aire.

    Ilustración de la época que muestra el reflotamiento y remolque a puerto del F-4

    El resultado era sencillo en su principio y extraordinariamente complejo en su ejecución: aumentar la flotabilidad hasta conseguir que el submarino ascendiera.

    El sistema se mantuvo durante décadas. En 1939, por ejemplo, el USS Squalus también fue reflotado mediante pontones.

    Con el paso del tiempo, los materiales evolucionaron y los grandes cilindros metálicos fueron sustituidos por bolsas de aire.

    El principio, sin embargo, seguía siendo exactamente el mismo: colocar bolsas a ambos lados del objeto hundido, unirlas mediante resistentes cinchas que pasan por debajo del casco y llenarlas de aire.

    Aquí es donde Aeropuerto 77 deja de ser una película de desastres para mostrar escenas reales de rescate submarino.

    Buzos reales de la US Navy colocan las bolsas de aire alrededor del fuselaje del 747

    Hay incluso un detalle especialmente interesante.

    Una secuencia muestra a los buzos utilizando una lanza curva para abrirse paso bajo el fuselaje.

    Un buzo sostiene la lanza curva

    Otro buzo acopla un alargador a medida que la lanza se abre paso bajo el fuselaje

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha, se unen las bolsa y…

    … se inicia su llenado con aire

    La herramienta formaba parte del equipo empleado en las operaciones de salvamento de aquella época. Una boquilla situada en su extremo expulsaba aire para remover la arena o el limo y permitir que la lanza avanzara por debajo del casco.

    Después, otro buzo va añadiendo extensiones hasta conseguir atravesar completamente por debajo del avión.

    Una vez alcanzado el otro lado, se pasa la cincha; se unen las bolsas y se sopla aire dentro hasta que… ¡el 747 empieza a subir!

    Lo mismo habría ocurrido con un submarino.

     Finalmente, el avión alcanza la superficie y comienza la angustiosa evacuación de los pasajeros.

    Tras este apogeo -nunca mejor dicho- Aeropuerto 77 vuelve a hacer lo que mejor sabían hacer las películas de desastres de los años 70, llevar la realidad hasta el límite… ¡y superarlo!, porque el hundimiento final del 747 es ficticio. Jamás habría durado tanto tiempo en la superficie pero, de lo contrario los espectadores no habrían apretado los reposabrazos de las butacas hasta arrancarles el tapizado.

    Los botes; equipos y buzos eran de la US Navy

    Jack Lemmon —piloto del 747— salva in extremis a su amada

    Lo importante es que los procedimientos empleados para intentar devolverlo a la superficie no son ficticios, que es, para mí, lo más interesante de esta película.

    La película miente sobre el accidente, pero dice la verdad sobre el rescate.

    Quizá esa sea una de las cosas más fascinantes del cine: incluso cuando inventa una catástrofe imposible, puede mostrarnos una tecnología real, un procedimiento auténtico o una historia que merece ser conocida.

    Arriba, despliegue de la US Navy para reflotar al USS Squalus (1939). Abajo, despliegue de la US Navy para reflotar al 747 del filme

    En Aeropuerto 77, detrás de un Boeing 747 hundido en la ficción, encontramos casi medio siglo de experiencia de la US Navy en una de las disciplinas más difíciles de la ingeniería naval: encontrar, alcanzar y devolver a la superficie lo que yace bajo el mar.

    Pero hay una última conexión que me gustaría añadir.

    La siguiente fotografía fue tomada en 1939, durante las operaciones de rescate del USS Squalus. En ella aparece otro submarino: el USS Sculpin.

    USS Sculpin durante las operaciones para reflotar al USS Squalus, en 1939. El submarino, gemelo del accidentado, sirvió como referencia durante los trabajos de rescate

    El Sculpin era gemelo del Squalus y permaneció en la zona durante la operación de salvamento. Su semejanza con el submarino accidentado permitió utilizarlo como modelo para resolver algunos de los problemas técnicos de la operación, entre ellos el delicado acoplamiento de la campana de rescate que permitió salvar a parte de la tripulación del Squalus.

    Cuando encontré esta fotografía, difícilmente podía imaginar que aquel submarino acabaría teniendo un papel tan importante en mi propia obra ya que el USS Sculpin es el protagonista de mi novela Silencio en el Pacífico: El comodoro, el submarino y la Batalla de Tarawa.

    La novela comienza en noviembre de 1943, cuando el Sculpin recibe la misión de interceptar un convoy japonés mientras a bordo viaja el comodoro John P. Cromwell, depositario de secretos que no pueden caer en manos del enemigo. A partir de ahí, la historia conduce a su tripulación hasta uno de los episodios más dramáticos de la guerra submarina en el Pacífico.

    Así que esta fotografía tiene para mí un significado especial.

    El Sculpin mostrado en este artículo todavía está en 1939, participando en una exitosa operación de salvamento de la historia de la US Navy.

    Cuatro años después, el mismo submarino y su tripulación se encontrarían al otro lado de la trama, ya no como salvadores, sino como hombres que podrían necesitar ser salvados.

    Pero, esa es otra historia… Historia que cuento en Silencio en el Pacífico.

    #747 #77 #Aeropuerto #Airport #Amazon #ARA #Argentina #Arhur #armada #aviación #Boeing #Bolívar #cine #desastres #Escritura #Esteban #Estrecho #filmes #Guerra #gulf #Hailey #Hollywood #Iran #Juan #Kursk #literatura #mar #marino #mentira #naval #Navy #Oman #Pérez #películas #Persian #Podcast #realidad #rescate #S42 #San #Strait #submarinos #transporte #Ucrania #US #Zafarrancho
  7. 🧿 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒚𝒍𝒂: 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚 𝒏𝒐 𝒂𝒍𝒄𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓 🧿

    “𝙲𝚛𝚘́𝚗𝚒𝚌𝚊 𝚗𝚎𝚐𝚛𝚊”

    Lo de Leyla Monserrat Lares Becerra no es una historia lejana ni un episodio aislado.
    Es de esas cosas que incomodan porque obligan a mirar de frente algo que muchas veces se prefiere ignorar.

    Todo empezó el 25 de septiembre de 2025, en General Plutarco Elías Calles (zona de Sonoyta).
    Leyla, de 15 años, viajaba en autobús con su madre cuando se encontró con una supuesta amiga.
    Nada fuera de lo normal.
    De hecho, la propuesta sonaba hasta ilusionante: una “fiesta sorpresa”.
    Leyla aceptó.

    No hubo fiesta.

    La llevaron a una vivienda.
    Allí, según la investigación, la sentaron, le vendaron los ojos y le ataron las manos bajo la excusa de esa sorpresa.
    Este punto es clave para entender lo que después cuesta tanto asimilar: Leyla no estaba en “modo peligro”.
    Estaba confiando.
    Estaba dentro de una situación que, aunque extraña, seguía teniendo sentido para ella en ese momento.

    Cuando alguien cree que está entre conocidos y en un contexto seguro, el cerebro no activa inmediatamente una respuesta de huida o defensa.
    De hecho, puede pasar lo contrario: se coopera.
    No por debilidad, sino porque la situación está disfrazada de normalidad.
    A eso se suma otro factor muy poco entendido: la reacción de bloqueo.
    Ante algo inesperado o confuso, muchas personas no gritan ni luchan de inmediato; se quedan quietas, intentando procesar lo que está pasando.

    Las agresoras —dos menores de 13 y 15 años— aprovecharon precisamente ese margen.
    No fue un impulso.
    Fue algo pensado.
    Prepararon el escenario para que Leyla no sospechara hasta el último momento.

    Y hay un punto que hace todo aún más duro de asimilar: lo grabaron.

    Ese video no se quedó ahí.
    Meses después terminó llegando a su madre.
    Esa grabación, además de ser una prueba clave, dejó al descubierto algo escalofriante: Leyla aparece riendo, confiada, pensando que le van a presentar a alguien especial.
    No entiende lo que está pasando hasta que ya es tarde.
    El estrangulamiento duró casi un minuto.

    Detrás de esto no había un arrebato puntual.
    Las investigaciones hablan de un contexto previo de acoso.
    Conflictos en redes sociales, burlas por su color de piel, tensiones personales e incluso un posible problema sentimental.
    La madre de Leyla, Carmen Becerra, lo ha repetido varias veces: esto venía de antes.
    Y se planeó.

    Después del asesinato, las menores enterraron el cuerpo en el patio de una vivienda, en el ejido El Desierto.
    Cavaron una fosa de unos dos metros y usaron cal para cubrirlo.
    Y todavía hay un detalle más difícil de encajar: dos días después enviaron el video a la madre.

    En marzo de 2026 llegaron las sentencias, y ahí es donde el caso estalló socialmente.

    La menor de 15 años recibió una condena de unos 2 años y 10 meses de internamiento en un centro para adolescentes.
    La de 13 años, por ley, no puede ser internada: se le impuso libertad asistida y el pago de una reparación del daño.

    Esa “reparación” fue de 5,677 pesos.

    La familia denunció que ni siquiera cubría el funeral, que superó los 30,000.
    Para muchos, no es solo insuficiente: es una forma de revictimización.

    El magistrado Rafael Acuña Griego fue claro al explicarlo: el juez no se salió de la norma.
    El Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes limita las penas para menores de 16 años a un máximo de tres años de internamiento, sin importar la gravedad del delito.

    Y ahí está el choque: lo que permite la ley frente a lo que la gente siente como justicia.

    Desde entonces ha habido marchas, protestas y presión social en Sonora.
    No solo por Leyla, sino porque su caso ha puesto sobre la mesa algo incómodo: hay muchos episodios de violencia entre menores que no llegan a conocerse o no generan este nivel de atención.

    No es un “caso histórico” en el sentido clásico.
    Pero sí es uno de esos hechos que obligan a pensar en serio sobre el bullying, el uso de redes, la violencia entre jóvenes y los límites de las leyes actuales.

    Porque al final, más allá de cifras, leyes o titulares, aquí hay una idea que cuesta quitarse de la cabeza: una chica de 15 años confió en quienes creía sus amigas… y eso fue exactamente lo que se utilizó en su contra.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘭 𝘤𝘢𝘴𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘴𝘦𝘴𝘪𝘯𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘢𝘥𝘰𝘭𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘓𝘦𝘺𝘭𝘢 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵, 𝘥𝘦 15 𝘢𝘯̃𝘰𝘴, 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘚𝘰𝘯𝘰𝘺𝘵𝘢, 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘰́ 𝘪𝘯𝘥𝘪𝘨𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘥𝘢𝘳𝘴𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘴𝘶𝘴 𝘢𝘨𝘳𝘦𝘴𝘰𝘳𝘢𝘴, 𝘥𝘰𝘴 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘣𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘱𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 2 𝘢𝘯̃𝘰𝘴 𝘺 10 𝘮𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘺 11 𝘮𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘵𝘢𝘥 𝘢𝘴𝘪𝘴𝘵𝘪𝘥𝘢, 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘵𝘪𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦.
    𝘓𝘢 𝘪𝘯𝘷𝘦𝘴𝘵𝘪𝘨𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘳𝘦𝘷𝘦𝘭𝘰́ 𝘲𝘶𝘦 𝘓𝘦𝘺𝘭𝘢 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵 𝘧𝘶𝘦 𝘤𝘪𝘵𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 25 𝘥𝘦 𝘴𝘦𝘱𝘵𝘪𝘦𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 2025 𝘱𝘰𝘳 𝘥𝘰𝘴 𝘢𝘥𝘰𝘭𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘪𝘥𝘦𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘉𝘳𝘪𝘵𝘢𝘯𝘺 𝘔𝘪𝘤𝘩𝘦𝘭, 𝘥𝘦 15 𝘢𝘯̃𝘰𝘴, 𝘺 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵, 𝘥𝘦 13, 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯̃𝘰𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘶𝘦́𝘴 𝘢𝘴𝘦𝘴𝘪𝘯𝘢𝘳𝘭𝘢.

    youtube.com/watch?v=9eDm3lliur4

    #casoreal #mexico #sonora #justicia #violenciajuvenil #bullying #acoso #racismo #concienciasocial #realidad #historiasreales #memoria #sociedad #reflexion #cambiodeley #leyla #nomasviolencia

  8. 🧿 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒚𝒍𝒂: 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚 𝒏𝒐 𝒂𝒍𝒄𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓 🧿

    “𝙲𝚛𝚘́𝚗𝚒𝚌𝚊 𝚗𝚎𝚐𝚛𝚊”

    Lo de Leyla Monserrat Lares Becerra no es una historia lejana ni un episodio aislado.
    Es de esas cosas que incomodan porque obligan a mirar de frente algo que muchas veces se prefiere ignorar.

    Todo empezó el 25 de septiembre de 2025, en General Plutarco Elías Calles (zona de Sonoyta).
    Leyla, de 15 años, viajaba en autobús con su madre cuando se encontró con una supuesta amiga.
    Nada fuera de lo normal.
    De hecho, la propuesta sonaba hasta ilusionante: una “fiesta sorpresa”.
    Leyla aceptó.

    No hubo fiesta.

    La llevaron a una vivienda.
    Allí, según la investigación, la sentaron, le vendaron los ojos y le ataron las manos bajo la excusa de esa sorpresa.
    Este punto es clave para entender lo que después cuesta tanto asimilar: Leyla no estaba en “modo peligro”.
    Estaba confiando.
    Estaba dentro de una situación que, aunque extraña, seguía teniendo sentido para ella en ese momento.

    Cuando alguien cree que está entre conocidos y en un contexto seguro, el cerebro no activa inmediatamente una respuesta de huida o defensa.
    De hecho, puede pasar lo contrario: se coopera.
    No por debilidad, sino porque la situación está disfrazada de normalidad.
    A eso se suma otro factor muy poco entendido: la reacción de bloqueo.
    Ante algo inesperado o confuso, muchas personas no gritan ni luchan de inmediato; se quedan quietas, intentando procesar lo que está pasando.

    Las agresoras —dos menores de 13 y 15 años— aprovecharon precisamente ese margen.
    No fue un impulso.
    Fue algo pensado.
    Prepararon el escenario para que Leyla no sospechara hasta el último momento.

    Y hay un punto que hace todo aún más duro de asimilar: lo grabaron.

    Ese video no se quedó ahí.
    Meses después terminó llegando a su madre.
    Esa grabación, además de ser una prueba clave, dejó al descubierto algo escalofriante: Leyla aparece riendo, confiada, pensando que le van a presentar a alguien especial.
    No entiende lo que está pasando hasta que ya es tarde.
    El estrangulamiento duró casi un minuto.

    Detrás de esto no había un arrebato puntual.
    Las investigaciones hablan de un contexto previo de acoso.
    Conflictos en redes sociales, burlas por su color de piel, tensiones personales e incluso un posible problema sentimental.
    La madre de Leyla, Carmen Becerra, lo ha repetido varias veces: esto venía de antes.
    Y se planeó.

    Después del asesinato, las menores enterraron el cuerpo en el patio de una vivienda, en el ejido El Desierto.
    Cavaron una fosa de unos dos metros y usaron cal para cubrirlo.
    Y todavía hay un detalle más difícil de encajar: dos días después enviaron el video a la madre.

    En marzo de 2026 llegaron las sentencias, y ahí es donde el caso estalló socialmente.

    La menor de 15 años recibió una condena de unos 2 años y 10 meses de internamiento en un centro para adolescentes.
    La de 13 años, por ley, no puede ser internada: se le impuso libertad asistida y el pago de una reparación del daño.

    Esa “reparación” fue de 5,677 pesos.

    La familia denunció que ni siquiera cubría el funeral, que superó los 30,000.
    Para muchos, no es solo insuficiente: es una forma de revictimización.

    El magistrado Rafael Acuña Griego fue claro al explicarlo: el juez no se salió de la norma.
    El Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes limita las penas para menores de 16 años a un máximo de tres años de internamiento, sin importar la gravedad del delito.

    Y ahí está el choque: lo que permite la ley frente a lo que la gente siente como justicia.

    Desde entonces ha habido marchas, protestas y presión social en Sonora.
    No solo por Leyla, sino porque su caso ha puesto sobre la mesa algo incómodo: hay muchos episodios de violencia entre menores que no llegan a conocerse o no generan este nivel de atención.

    No es un “caso histórico” en el sentido clásico.
    Pero sí es uno de esos hechos que obligan a pensar en serio sobre el bullying, el uso de redes, la violencia entre jóvenes y los límites de las leyes actuales.

    Porque al final, más allá de cifras, leyes o titulares, aquí hay una idea que cuesta quitarse de la cabeza: una chica de 15 años confió en quienes creía sus amigas… y eso fue exactamente lo que se utilizó en su contra.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘭 𝘤𝘢𝘴𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘴𝘦𝘴𝘪𝘯𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘢𝘥𝘰𝘭𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘓𝘦𝘺𝘭𝘢 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵, 𝘥𝘦 15 𝘢𝘯̃𝘰𝘴, 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘚𝘰𝘯𝘰𝘺𝘵𝘢, 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘰́ 𝘪𝘯𝘥𝘪𝘨𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘥𝘢𝘳𝘴𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘴𝘶𝘴 𝘢𝘨𝘳𝘦𝘴𝘰𝘳𝘢𝘴, 𝘥𝘰𝘴 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘣𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘱𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 2 𝘢𝘯̃𝘰𝘴 𝘺 10 𝘮𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘺 11 𝘮𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘵𝘢𝘥 𝘢𝘴𝘪𝘴𝘵𝘪𝘥𝘢, 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘵𝘪𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦.
    𝘓𝘢 𝘪𝘯𝘷𝘦𝘴𝘵𝘪𝘨𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘳𝘦𝘷𝘦𝘭𝘰́ 𝘲𝘶𝘦 𝘓𝘦𝘺𝘭𝘢 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵 𝘧𝘶𝘦 𝘤𝘪𝘵𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 25 𝘥𝘦 𝘴𝘦𝘱𝘵𝘪𝘦𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 2025 𝘱𝘰𝘳 𝘥𝘰𝘴 𝘢𝘥𝘰𝘭𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘪𝘥𝘦𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘉𝘳𝘪𝘵𝘢𝘯𝘺 𝘔𝘪𝘤𝘩𝘦𝘭, 𝘥𝘦 15 𝘢𝘯̃𝘰𝘴, 𝘺 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵, 𝘥𝘦 13, 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯̃𝘰𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘶𝘦́𝘴 𝘢𝘴𝘦𝘴𝘪𝘯𝘢𝘳𝘭𝘢.

    youtube.com/watch?v=9eDm3lliur4

    #casoreal #mexico #sonora #justicia #violenciajuvenil #bullying #acoso #racismo #concienciasocial #realidad #historiasreales #memoria #sociedad #reflexion #cambiodeley #leyla #nomasviolencia

  9. 🧿 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒚𝒍𝒂: 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚 𝒏𝒐 𝒂𝒍𝒄𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓 🧿

    “𝙲𝚛𝚘́𝚗𝚒𝚌𝚊 𝚗𝚎𝚐𝚛𝚊”

    Lo de Leyla Monserrat Lares Becerra no es una historia lejana ni un episodio aislado.
    Es de esas cosas que incomodan porque obligan a mirar de frente algo que muchas veces se prefiere ignorar.

    Todo empezó el 25 de septiembre de 2025, en General Plutarco Elías Calles (zona de Sonoyta).
    Leyla, de 15 años, viajaba en autobús con su madre cuando se encontró con una supuesta amiga.
    Nada fuera de lo normal.
    De hecho, la propuesta sonaba hasta ilusionante: una “fiesta sorpresa”.
    Leyla aceptó.

    No hubo fiesta.

    La llevaron a una vivienda.
    Allí, según la investigación, la sentaron, le vendaron los ojos y le ataron las manos bajo la excusa de esa sorpresa.
    Este punto es clave para entender lo que después cuesta tanto asimilar: Leyla no estaba en “modo peligro”.
    Estaba confiando.
    Estaba dentro de una situación que, aunque extraña, seguía teniendo sentido para ella en ese momento.

    Cuando alguien cree que está entre conocidos y en un contexto seguro, el cerebro no activa inmediatamente una respuesta de huida o defensa.
    De hecho, puede pasar lo contrario: se coopera.
    No por debilidad, sino porque la situación está disfrazada de normalidad.
    A eso se suma otro factor muy poco entendido: la reacción de bloqueo.
    Ante algo inesperado o confuso, muchas personas no gritan ni luchan de inmediato; se quedan quietas, intentando procesar lo que está pasando.

    Las agresoras —dos menores de 13 y 15 años— aprovecharon precisamente ese margen.
    No fue un impulso.
    Fue algo pensado.
    Prepararon el escenario para que Leyla no sospechara hasta el último momento.

    Y hay un punto que hace todo aún más duro de asimilar: lo grabaron.

    Ese video no se quedó ahí.
    Meses después terminó llegando a su madre.
    Esa grabación, además de ser una prueba clave, dejó al descubierto algo escalofriante: Leyla aparece riendo, confiada, pensando que le van a presentar a alguien especial.
    No entiende lo que está pasando hasta que ya es tarde.
    El estrangulamiento duró casi un minuto.

    Detrás de esto no había un arrebato puntual.
    Las investigaciones hablan de un contexto previo de acoso.
    Conflictos en redes sociales, burlas por su color de piel, tensiones personales e incluso un posible problema sentimental.
    La madre de Leyla, Carmen Becerra, lo ha repetido varias veces: esto venía de antes.
    Y se planeó.

    Después del asesinato, las menores enterraron el cuerpo en el patio de una vivienda, en el ejido El Desierto.
    Cavaron una fosa de unos dos metros y usaron cal para cubrirlo.
    Y todavía hay un detalle más difícil de encajar: dos días después enviaron el video a la madre.

    En marzo de 2026 llegaron las sentencias, y ahí es donde el caso estalló socialmente.

    La menor de 15 años recibió una condena de unos 2 años y 10 meses de internamiento en un centro para adolescentes.
    La de 13 años, por ley, no puede ser internada: se le impuso libertad asistida y el pago de una reparación del daño.

    Esa “reparación” fue de 5,677 pesos.

    La familia denunció que ni siquiera cubría el funeral, que superó los 30,000.
    Para muchos, no es solo insuficiente: es una forma de revictimización.

    El magistrado Rafael Acuña Griego fue claro al explicarlo: el juez no se salió de la norma.
    El Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes limita las penas para menores de 16 años a un máximo de tres años de internamiento, sin importar la gravedad del delito.

    Y ahí está el choque: lo que permite la ley frente a lo que la gente siente como justicia.

    Desde entonces ha habido marchas, protestas y presión social en Sonora.
    No solo por Leyla, sino porque su caso ha puesto sobre la mesa algo incómodo: hay muchos episodios de violencia entre menores que no llegan a conocerse o no generan este nivel de atención.

    No es un “caso histórico” en el sentido clásico.
    Pero sí es uno de esos hechos que obligan a pensar en serio sobre el bullying, el uso de redes, la violencia entre jóvenes y los límites de las leyes actuales.

    Porque al final, más allá de cifras, leyes o titulares, aquí hay una idea que cuesta quitarse de la cabeza: una chica de 15 años confió en quienes creía sus amigas… y eso fue exactamente lo que se utilizó en su contra.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘭 𝘤𝘢𝘴𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘴𝘦𝘴𝘪𝘯𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘢𝘥𝘰𝘭𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘓𝘦𝘺𝘭𝘢 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵, 𝘥𝘦 15 𝘢𝘯̃𝘰𝘴, 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘚𝘰𝘯𝘰𝘺𝘵𝘢, 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘰́ 𝘪𝘯𝘥𝘪𝘨𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘥𝘢𝘳𝘴𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘴𝘶𝘴 𝘢𝘨𝘳𝘦𝘴𝘰𝘳𝘢𝘴, 𝘥𝘰𝘴 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘣𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘱𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 2 𝘢𝘯̃𝘰𝘴 𝘺 10 𝘮𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘯𝘢𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘺 11 𝘮𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘵𝘢𝘥 𝘢𝘴𝘪𝘴𝘵𝘪𝘥𝘢, 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘵𝘪𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦.
    𝘓𝘢 𝘪𝘯𝘷𝘦𝘴𝘵𝘪𝘨𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘳𝘦𝘷𝘦𝘭𝘰́ 𝘲𝘶𝘦 𝘓𝘦𝘺𝘭𝘢 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵 𝘧𝘶𝘦 𝘤𝘪𝘵𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 25 𝘥𝘦 𝘴𝘦𝘱𝘵𝘪𝘦𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 2025 𝘱𝘰𝘳 𝘥𝘰𝘴 𝘢𝘥𝘰𝘭𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘪𝘥𝘦𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘉𝘳𝘪𝘵𝘢𝘯𝘺 𝘔𝘪𝘤𝘩𝘦𝘭, 𝘥𝘦 15 𝘢𝘯̃𝘰𝘴, 𝘺 𝘔𝘰𝘯𝘴𝘦𝘳𝘳𝘢𝘵, 𝘥𝘦 13, 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯̃𝘰𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘶𝘦́𝘴 𝘢𝘴𝘦𝘴𝘪𝘯𝘢𝘳𝘭𝘢.

    youtube.com/watch?v=9eDm3lliur4

    #casoreal #mexico #sonora #justicia #violenciajuvenil #bullying #acoso #racismo #concienciasocial #realidad #historiasreales #memoria #sociedad #reflexion #cambiodeley #leyla #nomasviolencia

  10. ❖ Esta mañana, leyendo noticias de distintos lugares del mundo, he vuelto a pensar en lo necesario que es el pensamiento crítico.

    Porque cada vez nos resulta más fácil quedarnos con lo que confirma lo que ya pensamos.
    Vemos una opinión repetida muchas veces y empieza a parecer un hecho.
    Algo se hace viral y parece que tiene que ser verdad.
    Y si además nos enfada, todavía nos lo creemos con más ganas. 😂

    Las redes sociales tampoco ayudan demasiado.
    Nos meten en burbujas donde todo el mundo parece pensar como nosotros y donde cambiar de opinión casi parece una derrota.

    Para mí, pensar críticamente no significa desconfiar de todo.
    Significa leer más de una fuente, incluso aquellas con las que no estamos de acuerdo, distinguir los hechos de las opiniones y ser capaces de decir: «igual estaba equivocado».

    Porque tener razón todo el tiempo no es pensar.
    A veces pensar es precisamente aceptar que podemos estar equivocados.

    Y quizá la manipulación más eficaz no sea decirnos qué tenemos que pensar, sino conseguir que pensemos que la idea nos salió a nosotros solitos. 🤔

    ✦ ┈┈┈┈┈┈┈ ❦ ┈┈┈┈┈┈┈ ✦

    #pensamientocritico #reflexiones #informacion #redessociales #sesgoscognitivos #psicologiacotidiana #pensamiento #realidad #opinion #vidasreales

  11. ✦ Hay problemas que duelen más cuando los demás no los consideran problemas.

    Porque bastante tienes ya con lo que llevas encima como para que alguien te diga «eso no es para tanto», «yo no le daría importancia» o «hay gente con problemas de verdad».
    Como si existiera una clasificación oficial del sufrimiento y alguien hubiera decidido que lo tuyo no merece pasar el corte.

    Lo curioso es que muchas veces no necesitas que te solucionen nada.
    Solo necesitas que alguien entienda que para ti aquello está siendo difícil.
    Punto.

    Cada persona tiene sus propios límites, sus miedos y sus mierdas.
    Lo que a uno le resbala a otro puede dejarlo hecho polvo.
    Y no, eso no significa que sea débil.
    Significa que somos personas y no venimos todos con el mismo manual de instrucciones.

    A veces lo que más necesitas escuchar no es «no pasa nada», sino «entiendo que para ti sí pasa».
    Y cambia bastante la cosa.

    ✧・゚: ✧・゚: ───── :・゚✧:・゚✧

    #psicologiacotidiana #reflexiones #emociones #empatia #saludmental #vidacotidiana #personas #sentimientos #comprender #realidad

  12. ❦ Nadie te avisa del vacío que se te queda en el pecho cuando haces lo que tenías que hacer.
    Nos han vendido que las decisiones acertadas vienen con una paz inmediata y una palmadita en la espalda, y claro, la realidad te da una hostia fría.

    Te quedas ahí, con el nudo en el estómago, aguantando el tipo y preguntándote si te has equivocado de pleno, porque lo único que sientes es pérdida o incertidumbre.
    Pero la verdad es que cortar por lo sano o mandar a la mierda algo que no te convenía no duele menos por ser lo correcto.

    Ese malestar no significa que vayas por el mal camino; es simplemente el peaje que hay que pagar.
    Las cosas de verdad, las que importan, tardan en asentarse.
    Así que, si ahora mismo todo pesa y no ves la luz por ningún lado, dale tiempo al tiempo sin fustigarte tanto.

    ╾━╤デ╦︻ ❦ ︻╦デ╤━╼

    #decisiones #reflexion #crecer #proceso #tiempoaltiempo #realidad

  13. ┈┈┈┈┈┈┈┈୨♡୧┈┈┈┈┈┈┈┈

    A veces tragamos saliva y decimos que sí a todo solo por no metemos en charcos, y luego nos autoconvencemos de que compartimos la misma opinión. Menudo autoengaño. Una cosa es buscar la paz y otra muy distinta callarse la boca por pura pereza o por no aguantar el careo.
    Al final, asentimos por fuera mientras por dentro pensamos exactamente lo contrario.

    ┈┈┈┈┈┈┈┈୨♡୧┈┈┈┈┈┈┈┈

    #reflexion #opiniones #convivencia #realidad #criteriopropio

  14. Pues eso, que la vida es sabia y nunca te deja con las manos vacías.
    Si el universo no te pone un tonto delante por decisión propia, la burocracia del karma ya se encarga de asignártelo.
    Es lo que hay. 🤷‍♀️⚖️

    #cosasdelavida #humor #karma #derecho #oficio #lunes #buenosdias #resignacion #realidad #memesdiarios

  15. "Sufrimos porque intentamos forzar nuestras vidas reales a encajar en moldes perfectos que solo existen en las pantallas o en la mente de los manipuladores."

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #SaludMental #Reflexion #FraseDelDia #Psicologia #AmorPropio #Realidad

  16. o0o A veces hablo con la gente y todos me sueltan lo mismo: “es tu destino”, como si fuera algo que viene en un sobre cerrado y no pudieras abrir.
    Y yo me río por dentro, porque me gustaría que alguien me explicara cómo funciona eso de sentarse a esperar que la vida te pase por delante.

    El destino no es un camino marcado con flechas luminosas, ni los sueños son mensajes cifrados del universo.
    Es más como caminar con los ojos entreabiertos: tropiezas, eliges, corriges, vuelves a tropezar.
    Cada decisión, cada impulso que ignoras o sigues, va dibujando algo que luego llamamos “destino”.

    Y no está mal querer creer que hay señales, que alguien allá afuera sabe qué va a pasar.
    Pero mientras tanto, no esperes que las cosas sucedan solas.
    Sal, habla, tropieza, ríe, llora.
    Porque al final, lo que llamamos destino no es otra cosa que el resultado de atreverte a moverte aunque tengas miedo.

    --- o0o --- --- o0o ---

    #destino #decisiones #vida #miedo #cambios #reflexiones #realidad #crecimiento #valentia #cosasmías

  17. :BlobAngrySigh: Hay problemas que duelen más cuando los demás no los consideran problemas.

    Porque bastante tienes ya con lo que llevas encima como para que alguien te diga «eso no es para tanto», «yo no le daría importancia» o «hay gente con problemas de verdad».
    Como si existiera una clasificación oficial del sufrimiento y alguien hubiera decidido que lo tuyo no merece pasar el corte.

    Lo curioso es que muchas veces no necesitas que te solucionen nada.
    Solo necesitas que alguien entienda que para ti aquello está siendo difícil.
    Punto.

    Cada persona tiene sus propios límites, sus miedos y sus mierdas.
    Lo que a uno le resbala a otro puede dejarlo hecho polvo.
    Y no, eso no significa que sea débil.
    Significa que somos personas y no venimos todos con el mismo manual de instrucciones.

    A veces lo que más necesitas escuchar no es «no pasa nada», sino «entiendo que para ti sí pasa».
    Y cambia bastante la cosa.

    ✧・゚: ✧・゚: ───── :・゚✧:・゚✧

    #psicologiacotidiana #reflexiones #emociones #empatía #saludmental #vidacotidiana #personas #sentimientos #comprender #realidad

  18. #reflexion

    El espejismo de la verdad digital

    En el universo de las redes sociales, sobre todo en las que son de tipo privativo, la línea que divide lo real de lo ficticio se ha vuelto prácticamente invisible. Muchas veces nos topamos con argumentos tan elocuentes, estéticos y convincentes que nuestra mente los acepta de inmediato como verdades absolutas, sin detenerse a verificar los hechos. Lo que la psicología cognitiva revela detrás de este fenómeno es una realidad fascinante y aterradora. El cerebro humano no busca la verdad, sino la coherencia. Nuestro órgano pensante es perezoso por naturaleza y utiliza un atajo mental conocido como fluidez cognitiva, el cual nos dicta que si una información es fácil de procesar, atractiva y no requiere esfuerzo intelectual, "debe ser real".

    Esta trampa biológica genera lo que en la ciencia de la conducta llamamos el efecto de ilusión de verdad. Confundimos con extrema facilidad un relato lógico y bien estructurado con un hecho comprobable. Los creadores de discursos falsos ( como los políticos, ciertas ideologías y también ciertas religiones) dominan este arte a la perfección, mezclando datos verídicos con conclusiones inventadas para que el engaño suene totalmente plausible. Creemos la mentira porque despierta una emoción real. Al leer una publicación o discurso que enciende nuestro enojo, el miedo o el orgullo, esperanza, el cuerpo libera sustancias químicas. Como la respuesta emocional es verídica, la mente concluye erróneamente que la fuente que la provocó también tiene que serlo.

    Aprender a habitar el entorno digital exige cuestionar la comodidad de nuestras certezas. Una redacción impecable o un video viral no son sinónimos de veracidad, sino de una narrativa bien ejecutada que sabe cómo hackear nuestros filtros cerebrales. Dudar de lo que nos resulta evidente es el verdadero acto de rebeldía intelectual. En un mundo donde la realidad se fabrica a través de clics y algoritmos, detener el impulso de compartir, respirar hondo y exigir evidencias es la única herramienta que poseemos para rescatar nuestro pensamiento crítico y no naufragar en un mar de espejismos.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #psicologia #reflexion #conductahumana #realidad #redessociales #sesgoscognitivos #pensamientocritico #Política

  19. ✧・゚: ✧・゚: ── :・゚✧:・゚✧

    Nos pensamos que las consecuencias vienen con cronómetro incorporado, y como no explotan al momento de tomar una decisión, ya nos creemos a salvo.
    Vaya ilusión.

    La factura suele llegar tarde, cuando ya ni te acuerdas de lo que hiciste.
    Nos traiciona esa falsa sensación de que librarse de un marrón a corto plazo significa que ha desaparecido para siempre, cuando lo único que está haciendo es coger carrerilla.

    ✧・゚: ✧・゚: ── :・゚✧:・゚✧

    #tiempo #consecuencias #reflexiones #vida #decisiones #realidad

  20. ༺═────────────═༻

    ⏳Vivir echándole la culpa al reloj y a los minutos es el deporte nacional cuando no llegamos a nada.
    Pero la verdad es que el día tiene las mismas veinticuatro horas para todos; lo que pasa es que preferimos hacernos los suecos en lugar de admitir que gastamos el tiempo en chorradas que no nos importan un pimiento.
    Al final la escasez no es de horas, sino de prioridades mal entendidas.

    ༺═────────────═༻

    #tiempo #decisiones #realidad

  21. — — — ◦ ❖ ◦ — — —

    Pedimos explicaciones con lupa y un Excel cuando nos la juegan, exigiendo luz y taquígrafos como si nos debieran una indemnización.
    Pero, oye, cuando somos nosotros los que la cagamos y rompemos algo, ahí se nos apaga la luz, nos entra una amnesia selectiva y tiramos de un "ya tal" o de perfil bajo.
    Qué fácil es medir con la vara del juicio a los demás y qué flexible nos ponemos cuando el marrón es nuestro.

    — — — ◦ ❖ ◦ — — —

    #reflexiones #realidad #vida

  22. ⛧ Yo sí creo en el karma, pero no en ese karma de película en el que haces una putada por la mañana y por la tarde el universo te manda una teja en la cabeza.
    Ojalá fuera tan sencillo.

    Creo que el karma tiene más que ver con lo que vamos construyendo con nuestras decisiones.
    Con cómo tratamos a la gente, con lo que permitimos, con las relaciones que conservamos y con las que terminamos perdiendo.
    No siempre recibes lo mismo que das, eso está clarísimo.
    Hay gente estupenda a la que le pasan cosas horribles y auténticos cabrones a los que parece que les ha tocado la lotería.

    Pero también creo que nadie sale completamente indemne de la persona que decide ser.
    A veces el karma no es que te ocurra algo malo.
    Es tener que vivir contigo mismo, con tus elecciones y con la clase de persona en la que te has convertido.

    Y eso, aunque no tenga nada de mágico, me parece bastante real.

    ༶•┈┈⛧┈┈•༶

    #karma #reflexiones #vidareal #personas #decisiones #psicologia #aprendizajes #conciencia #realidad #pensamientos

  23. 🌧️ Una mujer ha protagonizado una de las imágenes más llamativas del fuerte temporal que descargó este jueves sobre Terrassa (Barcelona).

    👉 Ante la intensidad de la lluvia y las balsas de agua acumuladas en la calzada, decidió quitarse las sandalias y cruzar descalza varios pasos de cebra para evitar estropear el calzado.

    ✦ ───────────── ✦

    Hombre, Julian Lopez Romero ,la gente habla por hablar sin tener ni idea de lo que lleva puesto la otra persona.

    Criticas a la chica del vídeo por quitarse el calzado para cruzar el charco en Terrassa, pero hay que ser muy ignorante para no ver lo que pasa ahí.
    Esas sandalias son de esparto o yute.
    ¿Y qué pasa cuando el esparto se moja?
    Pues que absorbe el agua como una esponja, la fibra natural se pudre, se deforma por completo, pierde la estructura y se queda rígida y apestosa al secarse.
    Básicamente, un chapuzón en un charco urbano de esos destroza el zapato por completo y te obliga a tirarlo a la basura directamente.

    La chica no va de sibarita ni de tiquismiquis; es pura supervivencia para salvar el calzado.
    Menos criticar y más pensar antes de soltar tonterías en redes.

    👞👟🥿👠🩰

    #terrassa #lluvia #zapatos #curiosidades #realidad

  24. 🖤 Qué fácil se nos da ver la paja en el ojo ajeno, ¿no?
    Ver a otro haciendo un mundo de un grano de arena y pensar «vaya drama por nada».
    Pero mírate a ti mismo: a la mínima que nos tocan un pelo, ahí estamos montando el número, buscando aprobación y sintiéndonos el centro de la injusticia universal.
    Al final, somos unos campeones absolutos en el arte de disimular nuestras propias comedias griegas mientras juzgamos las de los demás.

    ⸻⸻⸻ 🖤 ⸻⸻⸻

    #reflexiones #realidad #autoconocimiento #critica #vida

  25. Es triste, pero ya hace falta dejar de usar el #simulacro como recurso literario, a lo mejor para siempre. #Borges creaba la ilusión de mundos enteros cuando era difícil y existía el concepto de una #realidad común. Ese tiempo ya pasó.

    Toca #escribir para la vida en pantallas y falsificaciones. 😞

    #personal #literatura

  26. :ageblobcat: Durante años puedes vivir convencida de que sabes perfectamente quién eres.
    «Yo soy así».
    «Esto no lo haría nunca».
    «A mí esas cosas no me afectan».
    Y te lo crees, porque llevas tanto tiempo repitiéndotelo que acaba pareciendo una verdad absoluta.

    Hasta que llega un momento.
    Una persona.
    Una pérdida.
    Una decisión.
    Algo que no estaba en tus planes y que te pone delante de ti misma sin posibilidad de esconderte.

    Y descubres que quizá no eras tan fuerte como pensabas.
    O que eras mucho más fuerte.
    Que no necesitabas tanto a alguien.
    Que sí eras capaz de marcharte.
    Que aquello que jurabas que nunca soportarías, lo soportaste.

    A veces no cambiamos porque queramos.
    Cambiamos porque la vida nos desmonta una idea que llevábamos años creyendo sobre nosotros mismos.

    Y después toca volver a conocerse.

    ╭══•༻❀༺•══╮

    #psicologia #reflexiones #autoconocimiento #vida #cambios #emociones #crecimientopersonal #realidad

  27. ⌁ ───────────── ⌁

    Qué manía con confundir la humildad con andar pidiendo perdón por existir o hacerse el pobrecito.

    Al final, estar todo el día mirándose el ombligo para ver si uno parece lo suficientemente humilde es la misma trampa de siempre: puro ego disfrazado de modestia.
    Humildad es quitarse del medio, centrarse en lo que toca y dejarse de pamplinas y postureos morales.

    ⌁ ───────────── ⌁

    #humildad #reflexion #ego #realidad

  28. Hoy se eclipsa el sol y, por pedir, he querido aprovechar. 🌚

    A ver si con un poco de suerte también desaparecen un rato los gilipollas.

    No pido tanto. 😂

    #eclipse #humor #realidad #pazmental

  29. ♡ Menuda pérdida de tiempo es intentar encajar en las películas que los demás se montan sobre ti.

    Al final, cada uno ve lo que le da la gana ver, condicionado por sus propios traumas y sus limitaciones mentales.
    Que te juzguen o se inventen una narrativa sobre tu vida dice mucho de ellos y cero de ti.
    A otra cosa.

    ♡ ───────────── ♡

    #reflexion #saludmental #vida #realidad

  30. @Maripili @Maripili Totalmente de acuerdo, amiga mía. Se ve que en #mastodon vivimos en una nube de #realidad diferente al parauniverso de los #mediosdecomunicación que llenan páginas de "morosidad" y olvidan el "ucraniosida" que padece #Europa (los billetes lubrican la información que nos meten por el orto) :ai_yaysuperfast:

  31. 🤷‍♀️La crisis vital al comprobar que el catálogo masculino patrio parece diseñado por Iker Jiménez para una sección de Expedientes X.
    Cuatro citas y ninguna baja del inventario de lo absurdo; o te ríes para no llorar o montas una cooperativa de solteras empedernidas.

    💔💔💔💔

    #firstdates #humor #psicología #realidad #reflexiones

  32. Cuando decimos algunos que España es un nido infecto de subnormales y gilipollas, no lo decimos por capricho, ni porque nos guste el sonido de nuestra voz. Y TAMPOCO estamos ""insultando"" (como me dirán luego algunos). Estamos describiendo una REALIDAD OBJETIVA.

    #Ayuso #incendios #PedroSanchez #Subnormales #gilipollas #españa #realidad #objetivismo #Insultos

  33. 🍵 Un martes cualquiera, una mujer decide usar el plato bonito.
    Ese que siempre guarda “para una ocasión especial” por miedo a romperlo.
    Se prepara una tostada un poco quemada, corta una pera y se sirve el café en la taza que normalmente saca cuando vienen visitas.
    Pero ese día no espera a nadie.

    Durante mucho tiempo había vivido pensando que los días normales eran solo un trámite.
    Que lo importante llegaría después: el fin de semana, las vacaciones, una casa mejor, más tiempo, una vida más ordenada.
    Mientras tanto, iba dejando las cosas buenas guardadas para “más adelante”.

    Y de repente se da cuenta de algo: quizá no hace falta convertir cada desayuno en una escena perfecta de revista.
    La tostada puede quemarse, el café enfriarse y la cocina seguir teniendo migas.
    La vida no tiene que estar impecable para merecer un plato bonito.

    Entonces empieza a fijarse en cosas pequeñas: una persiana que se abre en el edificio de enfrente, una risa que llega desde el patio, el vapor del café empañando el cristal durante unos segundos.

    No son grandes momentos ni una lección mágica.
    Simplemente son cosas que estaban pasando mientras ella esperaba que empezara “la vida de verdad”.

    Cuando termina el desayuno, limpia la gota de café del borde azul y, por primera vez, no vuelve a guardar el plato en el estante más alto.
    Como si hubiera entendido que no hace falta esperar una ocasión especial para usar las cosas que le gustan.

    ────────── ✿ ──────────

    #reflexiones #vida #cotidiano #pensamientos #bienestar #momentos #escritura #realidad #emociones #psicologia

  34. ⟢────────────⟣

    Con la misma boca con la que me llamabas el amor de tu vida, hoy pronuncias otro nombre con la misma certeza.
    Qué poco duran algunas eternidades.

    ⟢────────────⟣

    #desamor #reflexion #sinceridad #ruptura #realidad #tiempo

  35. ⫘⫘⫘⫘⫘

    "Que te rompan el corazón está bien, al final a todos nos gusta armar rompecabezas... pero que se lleven las piezas, eso si que es jodido."

    ⫘⫘⫘⫘⫘

    Charles Bukowski 🇺🇸 (1920-1994)

    ⫘⫘⫘⫘⫘

    #bukowski #reflexion #corazon #desamor #realidad #vida #sinceridad

  36. ✦Te quiero por eso.
    Porque en este circo de gente poniéndose máscaras cada mañana, tú mantienes la mirada intacta, con esa verdad que no engaña.

    Te quiero porque no intentas salvarme, que para heroísmos ya vamos servidos.
    Te quiero porque caminas a mi lado, y ahí, justo en ese paso acompasado, es donde nace todo lo que quiero construir.
    Y si la noche se pone terca y nos cierra las persianas, inventamos una puerta a base de ganas y de no soltarnos.

    Es que el amor, cuando es de verdad, no necesita estridencias.
    Es tu hombro rozando el mío, ese silencio que no pesa porque nos entendemos sin hablar, un trozo de pan y esa risa tuya que me desarma el cansancio del día.
    Y si la esperanza se esconde, vamos a por ella, que ya nos sabemos el camino de vuelta a casa de memoria.

    Contigo, el mundo sigue doliendo —porque no se puede evitar—, pero joder, cómo duele menos a tu lado.
    Al final, el milagro no es huir de todo esto, es aguantar el tipo, codo a codo, mirando hacia donde tú mires, hasta que esta vida deje de parecernos ajena y empiece a ser, por fin, un poco nuestra.

    Te quiero.
    Y con eso me basta para entenderlo todo.

    ⋆✦────────✦⋆

    #tequiero #amor #juntos #vida #realidad #complicidad

  37. 🥵Ay diosito, entrar en la cocina ahora en verano es una experiencia religiosa, pero de las que te llevan directo al infierno.
    Es cruzar el umbral y sentir que te has teletransportado a la superficie del Sol sin traje espacial.

    El horno está apagado, pero la cocina tiene vida propia y parece que está entrenando para una maratón de calor extremo.
    ¿Cocinar?
    ¿Quién quiere cocinar?
    Solo pensar en encender un fuego me da un sofoco que me pide a gritos que me mude a vivir dentro de la nevera.
    Al final acabamos todos a base de ensaladas frías y helados, porque el que tenga el valor de ponerse a hacer un guiso con 40 grados tiene mi respeto y un problema grave de salud mental.
    ¡Qué horror, de verdad!

    🔥🔥🔥

    #verano #calor #humor #cocina #realidad

  38. 🗡️La traición es de las pocas cosas que tienen el poder de dinamitarlo todo sin vuelta atrás.
    Puedes aguantar mil tormentas, la distancia o hasta la ausencia, pero cuando alguien te apuñala por la espalda, lo que sentías se pudre al instante.
    Es ver cómo todo lo que construiste se convierte en asco, porque cada recuerdo bonito ahora lo miras con el filtro de la mentira.

    Lo que más duele es que la traición no es un accidente, es una elección consciente.
    Nadie se tropieza y acaba traicionando; lo haces sabiendo lo que haces.
    Y ahí es cuando la admiración se cae a pedazos y el amor, por mucho que fuera, se transforma en desprecio.
    Cuando se rompe la confianza de esa manera, ya no queda nada que salvar, solo las ganas de borrar el rastro.

    ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬

    #traicion #desamor #realidad #aprendizaje #decepcion

  39. ❥ ─────────────── ❥

    Sólo te escribe cuando tú lo haces.
    Entonces no te escribe sólo te contesta.
    Su falta de interés te está confundiendo y no sabes en que estás fallando.
    No estás fallando en nada, simplemente no le importas.
    Que no te llegue un mensaje, ya es un mensaje.
    Amarte, no está en sus planes.💔

    ❥ ─────────────── ❥

    #desamor #realidad #sinceridad #sentimientos #amorpropio #aprendizaje

  40. ❀ Al final nos pasamos la vida persiguiendo un fantasma: esa persona perfecta que no existe ni en las películas.
    Que si tiene que ser la risa encarnada, que si nunca debe mentir, que si no puede tener ni un vicio... vamos, una lista de deseos que no se la cree ni el que la escribe.
    Y lo gracioso es que, mientras exigimos esa perfección de catálogo, se nos olvida que nosotros también vamos destiñendo por el camino.
    Todos tenemos nuestras sombras, nuestras meteduras de pata y esos días en los que no aguantamos ni nuestra propia sombra.

    La magia no está en encontrar a alguien sin grietas, porque eso es imposible.
    El secreto real es dar con alguien que sea un desastre igual que tú, alguien que tenga sus propias manías y que, en lugar de juzgar las tuyas, las entienda y las acepte.
    Alguien deliciosamente imperfecto que, cuando tú fallas, no te señale, sino que se ría contigo y te quiera precisamente por eso.
    Al final, lo que engancha no es la perfección, sino encontrar a alguien que encaje en tu caos.

    ❀ • • • • • • • • ❀

    #amor #realidad #pareja #reflexion #sinceridad #imperfeccion #vida

  41. ︵‿︵‿୨♡୧‿︵‿︵

    ¿Existe realmente el ser humano capaz de vivir sin soltar ni un juicio?
    Venga ya.
    Siempre hay alguien que sale con el clásico "yo no critico a nadie, yo paso de todo".
    Y ahí te quedas tú, mirándole fijamente, pensando si es que vive en un monasterio tibetano o si simplemente es el campeón olímpico de la negación.

    Al final, esa postura de "el santo inmaculado" suele ser la crítica más grande de todas: la de quien se coloca por encima del bien y del mal, mirándonos al resto con condescendencia mientras se lava las manos.
    Todos tenemos un límite de paciencia y todos, en algún momento, hemos soltado un comentario sobre lo que hace el vecino o sobre la última locura de turno en redes.
    La diferencia es que algunos lo admitimos y otros prefieren vestirse de santos para dormir mejor por las noches.
    La sinceridad es incómoda, sí, pero es lo único que nos hace humanos.

    ︵‿︵‿୨♡୧‿︵‿︵

    #reflexiones #sinceridad #realidad #sinfiltro #sociedad #hipocresia #psicología

  42. ❗𝑵𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝒉𝒊𝒑𝒐𝒄𝒓𝒆𝒔𝒊́𝒂 𝒅𝒊𝒂𝒓𝒊𝒂❗

    Nos encanta señalar con el dedo la falta de sentido común de los demás en redes para sentirnos unos santos, pero todos escondemos nuestras propias miserias y locuras bajo la alfombra.
    ¿A qué jugamos realmente cuando criticamos a otros?

    #sociedad #hipocresia #reflexiones #moralidad #sinfiltro #realidad #critica

  43. ✝️Es que ves estas imágenes y se te pone el cuerpo malo.
    Lo que más me alucina es que los mismos que se llevan las manos a la cabeza si ven una bandera arcoíris en un colegio por "adoctrinar", luego montan este tipo de circos donde ponen a niños y adolescentes a llorar y a gritar bajo una carpa.
    Es un control absoluto de las emociones, jugando con el miedo y la culpa de gente que no tiene ni el criterio formado para entender qué les están haciendo.

    Al final, no tiene nada que ver con la fe; la fe es algo íntimo, algo tuyo.
    Esto es otra cosa: es una fábrica de obediencia pura y dura, disfrazada de victoria espiritual.
    Me parece una irresponsabilidad tremenda usar la vulnerabilidad de unos críos para este nivel de espectáculo, y luego tener la cara dura de ir dando lecciones sobre proteger la infancia.
    Menuda hipocresía.

    ⟡⋅⋆⋅⟡⋅⋆⋅⟡

    #adoctrinamiento #infancia #reflexiones #sociedad #sinfiltro #realidad #manipulación

  44. :heartsaesthetic00: El aire se para, literal.
    Es como si el mundo entero se quedara en pausa, conteniendo la respiración, solo para ver si sus labios terminan de soltar eso que llevan tanto tiempo guardando.
    Ese instante en el que la distancia se acorta tanto que ya no sabes dónde empieza tu piel y dónde acaba la suya, cargado de una electricidad que te eriza cada centímetro del cuerpo.
    Es un segundo suspendido en la nada, una tensión que pide a gritos romperse, esperando a que ese susurro se convierta en algo mucho más real, mucho más profundo.
    Te quedas ahí, congelada, sintiendo cómo el pulso se acelera y la razón se desdibuja, deseando que ese momento, ese roce prohibido, no tenga final nunca.

    ⊹₊˚✨‧︵‿₊୨❤️‍🔥୧₊‿︵‧˚₊⚡⊹

    #amor #instantes #susurros #conexión #deseo #realidad

  45. Hablábamos español y él respondía en política

    No escribo esto porque Jaimito sea un hijueputa.

    Tampoco porque yo sea una víctima.

    Lo escribo porque después de cuarenta y dos años viendo gente, uno empieza a notar patrones.

    Y algunos patrones cansan.

    Conocí a Jaimito hace años.

    Trabajamos juntos.

    Compartimos proyectos.

    Favores.

    Trasteos.

    Conversaciones.

    Tiempo.

    Lo ayudé cuando pude.

    Me ayudó cuando pudo.

    Como cualquier amistad normal entre dos obreros del audiovisual intentando sobrevivir en un país donde la estabilidad laboral parece una leyenda urbana.

    El problema nunca fue la amistad.

    El problema fue que con el tiempo descubrí que hablábamos idiomas distintos.

    Yo hablaba español.

    Él respondía en política.

    Yo hablaba de una mesa hecha con una señal de PARE.

    Terminábamos hablando de presidentes.

    Yo hablaba de trabajo.

    Terminábamos hablando de gobiernos.

    Yo hablaba de clientes.

    Terminábamos hablando de reformas.

    Yo hablaba de personas.

    Terminábamos hablando de ideologías.

    Y así durante años.

    Al principio uno debate.

    Después escucha.

    Luego sonríe.

    Finalmente se cansa.

    No porque el otro piense distinto.

    Porque cualquier conversación termina secuestrada por la misma obsesión.

    Llegó un momento en que ya no importaba el tema.

    Todo desembocaba en política.

    Todo tenía un culpable.

    Todo tenía una explicación ideológica.

    Todo tenía un enemigo.

    Y yo cada vez estaba más lejos de esa película.

    La plandemia me dejó muchas cosas.

    Una de ellas fue una profunda desconfianza hacia las certezas absolutas.

    Vi expertos equivocarse.

    Vi gobiernos equivocarse.

    Vi periodistas equivocarse.

    Vi conspiranoicos equivocarse.

    Vi gente inteligente actuar como idiota.

    Y vi idiotas convencidos de ser genios.

    Después de sobrevivir a todo eso me quedó muy poco entusiasmo para volver a meterme en trincheras políticas.

    Mientras otros discutían candidatos, yo estaba intentando pagar facturas.

    Mientras otros discutían reformas, yo estaba operando cámara.

    Mientras otros discutían revoluciones, yo estaba digitalizando VHS.

    Mientras otros discutían el futuro del país, yo estaba intentando sobrevivir el presente.

    Y aquí aparece otro fenómeno.

    La distancia entre el relato y la realidad.

    Durante años escuché historias.

    Planes.

    Negocios.

    Contactos.

    Oportunidades.

    Viajes.

    Promesas.

    Emprendimientos.

    Canadá.

    México.

    La ONU.

    Fortunas futuras.

    Y con el tiempo aprendí algo maravilloso:

    La realidad siempre llega a cobrar.

    Jaimito estudió administración de algo.

    Ya ni me acuerdo exactamente de qué era la vaina.

    Lo que sí recuerdo perfectamente era la promesa.

    En aquella época parecía que estaba a semanas de convertirse en el Bill Gates de las EPS.

    Iba a dejar el audiovisual.

    Iba a forrarse.

    Iba a despegar.

    Años después seguíamos sobreviviendo en el mismo planeta.

    Luego llegaron los negocios.

    El café.

    El bar.

    Las oportunidades.

    Los emprendimientos.

    Las ideas brillantes.

    Los proyectos espectaculares.

    Siempre había algo a punto de ocurrir.

    Siempre.

    Y después aparecía una pequeña dificultad llamada realidad.

    Mi favorita sigue siendo la época de los viajes.

    Diciembre de 2021.

    Escuché que uno se iba para Canadá.

    Escuché que otro se iba para México.

    La forma en que lo contaban hacía pensar que ya tenían las maletas listas y el pasabordo en la mano.

    Estamos varios años después.

    Sigo esperando.

    Mi mamá incluso propuso una teoría más razonable.

    Que de pronto México era un barrio de Funza.

    Canadá todavía no aparece en el mapa.

    Después llegó la ONU.

    Durante una grabación en plena plandemia parecía que algunos estaban a dos llamadas de convertirse en diplomáticos internacionales.

    Años después una funcionaria me llamó para trabajar.

    Ni siquiera sabía quién era.

    No tenía guardado el contacto.

    No tenía estrategia.

    No tenía networking.

    Solo sonó el teléfono.

    Necesitaban camarógrafo.

    Acepté.

    Trabajé.

    Cobré.

    Fin de la historia.

    Cuando lo conté, apareció otra vez el relato.

    — Yo tengo a las de la ONU.

    Claro.

    Cómo no.

    El problema es que para entonces ya vivía conmigo una criatura especial.

    El mono de los platillos.

    🐒🥁🥁🥁

    No siempre estuvo ahí.

    Fue entrenado.

    Pacientemente.

    Con años de exposición a promesas, contactos, discursos, ideologías, negocios milagrosos y relatos extraordinarios.

    Al principio discutía.

    Después analizaba.

    Ahora simplemente escucha.

    Y toca.

    Cada vez que alguien anuncia una revolución personal.

    Cada vez que alguien está a punto de volverse millonario.

    Cada vez que alguien conoce a medio planeta.

    Cada vez que alguien va a cambiar su vida para siempre.

    El mono toca.

    Y espera.

    Espera seis meses.

    Un año.

    Dos años.

    Y luego revisa los resultados.

    No por maldad.

    Por método científico.

    Porque la realidad suele hablar más bajito que las promesas.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo.

    La mayoría de las personas no miente.

    La mayoría exagera.

    Se cuentan una versión optimista de sí mismas.

    Y luego terminan creyéndola.

    Por eso dejé de discutir.

    No necesito demostrar que alguien está equivocado.

    El tiempo hace ese trabajo gratis.

    También descubrí otra cosa.

    Jamás he visto a un político pagarme una factura.

    Jamás he visto a un político cargarme una cámara.

    Jamás he visto a un político rescatarme un proyecto.

    Jamás he visto a un político digitalizarme un VHS.

    Los que han hecho eso han sido personas normales.

    Clase obrera.

    Gente que madruga.

    Gente que trabaja.

    Gente que también llega cansada a la casa.

    Por eso siempre me pareció absurdo que personas que viven prácticamente la misma vida terminaran convertidas en enemigos por defender políticos que jamás los llamarían por teléfono.

    Nunca entendí esa necesidad.

    Y mientras más años pasan, menos la entiendo.

    Jamás pondría un presidente por encima de una amistad.

    Jamás pondría una campaña por encima de una persona.

    Jamás.

    Porque después de las elecciones la vida sigue.

    Las facturas siguen.

    Los trabajos siguen.

    Los problemas siguen.

    Y la clase obrera sigue siendo clase obrera.

    Lo más curioso es que muchos de los que me trataban como exagerado terminaron haciendo cosas parecidas a las mías.

    Cerrar redes.

    Reducir ruido.

    Alejarse de discusiones inútiles.

    Buscar tranquilidad.

    No porque yo tuviera razón.

    Porque el agotamiento eventualmente alcanza a todo el mundo.

    Y quizá ahí está el centro de esta historia.

    No me cansé de Jaimito.

    Me cansé del ruido.

    Me cansé de las campañas eternas.

    Me cansé de las promesas recicladas.

    Me cansé de los relatos imposibles.

    Me cansé de los vendehumos.

    Me cansé de los algoritmos.

    Me cansé de la competencia imaginaria.

    Me cansé de la necesidad permanente de aparentar.

    Y cuando uno se cansa de todo eso, empieza a valorar algo muy simple.

    Los hechos.

    El cliente llamó o no llamó.

    El proyecto salió o no salió.

    El pago llegó o no llegó.

    El avión despegó o no despegó.

    Todo lo demás es conversación.

    Y a mis cuarenta y dos años ya escuché suficiente conversación para varias vidas.

    Por eso observo más de lo que discuto.

    Porque descubrí algo que me habría ahorrado muchos dolores de cabeza:

    La realidad no necesita que uno la defienda.

    La realidad siempre termina hablando sola.

    ¡Jaimito y Diegote nunca volverán a verse!

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Cansado, obsoleto, observador y guardando silencio.

    Después de cuarenta y dos años, el mono de los platillos tenía razón.

    Nota del autor:

    El nombre de los personajes ha sido cambiado para proteger a las víctimas.

    #amistades #audiovisual #Bogotá #camarógrafo #claseObrera #Colombia #crónicas #crónicasDeUnObservador #desencanto #Diegote #elMonoDeLosPlatillos #emprendimiento #ensayos #freelance #humorNegro #ironía #Jaimito #memorias #observaciónSocial #operadorDeCámara #pandemia #polarización #politica #postpandemia #promesas #realidad #redesSociales #trabajoIndependiente #vendehumos
  46. Hablábamos español y él respondía en política

    No escribo esto porque Jaimito sea un hijueputa.

    Tampoco porque yo sea una víctima.

    Lo escribo porque después de cuarenta y dos años viendo gente, uno empieza a notar patrones.

    Y algunos patrones cansan.

    Conocí a Jaimito hace años.

    Trabajamos juntos.

    Compartimos proyectos.

    Favores.

    Trasteos.

    Conversaciones.

    Tiempo.

    Lo ayudé cuando pude.

    Me ayudó cuando pudo.

    Como cualquier amistad normal entre dos obreros del audiovisual intentando sobrevivir en un país donde la estabilidad laboral parece una leyenda urbana.

    El problema nunca fue la amistad.

    El problema fue que con el tiempo descubrí que hablábamos idiomas distintos.

    Yo hablaba español.

    Él respondía en política.

    Yo hablaba de una mesa hecha con una señal de PARE.

    Terminábamos hablando de presidentes.

    Yo hablaba de trabajo.

    Terminábamos hablando de gobiernos.

    Yo hablaba de clientes.

    Terminábamos hablando de reformas.

    Yo hablaba de personas.

    Terminábamos hablando de ideologías.

    Y así durante años.

    Al principio uno debate.

    Después escucha.

    Luego sonríe.

    Finalmente se cansa.

    No porque el otro piense distinto.

    Porque cualquier conversación termina secuestrada por la misma obsesión.

    Llegó un momento en que ya no importaba el tema.

    Todo desembocaba en política.

    Todo tenía un culpable.

    Todo tenía una explicación ideológica.

    Todo tenía un enemigo.

    Y yo cada vez estaba más lejos de esa película.

    La plandemia me dejó muchas cosas.

    Una de ellas fue una profunda desconfianza hacia las certezas absolutas.

    Vi expertos equivocarse.

    Vi gobiernos equivocarse.

    Vi periodistas equivocarse.

    Vi conspiranoicos equivocarse.

    Vi gente inteligente actuar como idiota.

    Y vi idiotas convencidos de ser genios.

    Después de sobrevivir a todo eso me quedó muy poco entusiasmo para volver a meterme en trincheras políticas.

    Mientras otros discutían candidatos, yo estaba intentando pagar facturas.

    Mientras otros discutían reformas, yo estaba operando cámara.

    Mientras otros discutían revoluciones, yo estaba digitalizando VHS.

    Mientras otros discutían el futuro del país, yo estaba intentando sobrevivir el presente.

    Y aquí aparece otro fenómeno.

    La distancia entre el relato y la realidad.

    Durante años escuché historias.

    Planes.

    Negocios.

    Contactos.

    Oportunidades.

    Viajes.

    Promesas.

    Emprendimientos.

    Canadá.

    México.

    La ONU.

    Fortunas futuras.

    Y con el tiempo aprendí algo maravilloso:

    La realidad siempre llega a cobrar.

    Jaimito estudió administración de algo.

    Ya ni me acuerdo exactamente de qué era la vaina.

    Lo que sí recuerdo perfectamente era la promesa.

    En aquella época parecía que estaba a semanas de convertirse en el Bill Gates de las EPS.

    Iba a dejar el audiovisual.

    Iba a forrarse.

    Iba a despegar.

    Años después seguíamos sobreviviendo en el mismo planeta.

    Luego llegaron los negocios.

    El café.

    El bar.

    Las oportunidades.

    Los emprendimientos.

    Las ideas brillantes.

    Los proyectos espectaculares.

    Siempre había algo a punto de ocurrir.

    Siempre.

    Y después aparecía una pequeña dificultad llamada realidad.

    Mi favorita sigue siendo la época de los viajes.

    Diciembre de 2021.

    Escuché que uno se iba para Canadá.

    Escuché que otro se iba para México.

    La forma en que lo contaban hacía pensar que ya tenían las maletas listas y el pasabordo en la mano.

    Estamos varios años después.

    Sigo esperando.

    Mi mamá incluso propuso una teoría más razonable.

    Que de pronto México era un barrio de Funza.

    Canadá todavía no aparece en el mapa.

    Después llegó la ONU.

    Durante una grabación en plena plandemia parecía que algunos estaban a dos llamadas de convertirse en diplomáticos internacionales.

    Años después una funcionaria me llamó para trabajar.

    Ni siquiera sabía quién era.

    No tenía guardado el contacto.

    No tenía estrategia.

    No tenía networking.

    Solo sonó el teléfono.

    Necesitaban camarógrafo.

    Acepté.

    Trabajé.

    Cobré.

    Fin de la historia.

    Cuando lo conté, apareció otra vez el relato.

    — Yo tengo a las de la ONU.

    Claro.

    Cómo no.

    El problema es que para entonces ya vivía conmigo una criatura especial.

    El mono de los platillos.

    🐒🥁🥁🥁

    No siempre estuvo ahí.

    Fue entrenado.

    Pacientemente.

    Con años de exposición a promesas, contactos, discursos, ideologías, negocios milagrosos y relatos extraordinarios.

    Al principio discutía.

    Después analizaba.

    Ahora simplemente escucha.

    Y toca.

    Cada vez que alguien anuncia una revolución personal.

    Cada vez que alguien está a punto de volverse millonario.

    Cada vez que alguien conoce a medio planeta.

    Cada vez que alguien va a cambiar su vida para siempre.

    El mono toca.

    Y espera.

    Espera seis meses.

    Un año.

    Dos años.

    Y luego revisa los resultados.

    No por maldad.

    Por método científico.

    Porque la realidad suele hablar más bajito que las promesas.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo.

    La mayoría de las personas no miente.

    La mayoría exagera.

    Se cuentan una versión optimista de sí mismas.

    Y luego terminan creyéndola.

    Por eso dejé de discutir.

    No necesito demostrar que alguien está equivocado.

    El tiempo hace ese trabajo gratis.

    También descubrí otra cosa.

    Jamás he visto a un político pagarme una factura.

    Jamás he visto a un político cargarme una cámara.

    Jamás he visto a un político rescatarme un proyecto.

    Jamás he visto a un político digitalizarme un VHS.

    Los que han hecho eso han sido personas normales.

    Clase obrera.

    Gente que madruga.

    Gente que trabaja.

    Gente que también llega cansada a la casa.

    Por eso siempre me pareció absurdo que personas que viven prácticamente la misma vida terminaran convertidas en enemigos por defender políticos que jamás los llamarían por teléfono.

    Nunca entendí esa necesidad.

    Y mientras más años pasan, menos la entiendo.

    Jamás pondría un presidente por encima de una amistad.

    Jamás pondría una campaña por encima de una persona.

    Jamás.

    Porque después de las elecciones la vida sigue.

    Las facturas siguen.

    Los trabajos siguen.

    Los problemas siguen.

    Y la clase obrera sigue siendo clase obrera.

    Lo más curioso es que muchos de los que me trataban como exagerado terminaron haciendo cosas parecidas a las mías.

    Cerrar redes.

    Reducir ruido.

    Alejarse de discusiones inútiles.

    Buscar tranquilidad.

    No porque yo tuviera razón.

    Porque el agotamiento eventualmente alcanza a todo el mundo.

    Y quizá ahí está el centro de esta historia.

    No me cansé de Jaimito.

    Me cansé del ruido.

    Me cansé de las campañas eternas.

    Me cansé de las promesas recicladas.

    Me cansé de los relatos imposibles.

    Me cansé de los vendehumos.

    Me cansé de los algoritmos.

    Me cansé de la competencia imaginaria.

    Me cansé de la necesidad permanente de aparentar.

    Y cuando uno se cansa de todo eso, empieza a valorar algo muy simple.

    Los hechos.

    El cliente llamó o no llamó.

    El proyecto salió o no salió.

    El pago llegó o no llegó.

    El avión despegó o no despegó.

    Todo lo demás es conversación.

    Y a mis cuarenta y dos años ya escuché suficiente conversación para varias vidas.

    Por eso observo más de lo que discuto.

    Porque descubrí algo que me habría ahorrado muchos dolores de cabeza:

    La realidad no necesita que uno la defienda.

    La realidad siempre termina hablando sola.

    ¡Jaimito y Diegote nunca volverán a verse!

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Cansado, obsoleto, observador y guardando silencio.

    Después de cuarenta y dos años, el mono de los platillos tenía razón.

    Nota del autor:

    El nombre de los personajes ha sido cambiado para proteger a las víctimas.

    #amistades #audiovisual #Bogotá #camarógrafo #claseObrera #Colombia #crónicas #crónicasDeUnObservador #desencanto #Diegote #elMonoDeLosPlatillos #emprendimiento #ensayos #freelance #humorNegro #ironía #Jaimito #memorias #observaciónSocial #operadorDeCámara #pandemia #polarización #politica #postpandemia #promesas #realidad #redesSociales #trabajoIndependiente #vendehumos
  47. Hablábamos español y él respondía en política

    No escribo esto porque Jaimito sea un hijueputa.

    Tampoco porque yo sea una víctima.

    Lo escribo porque después de cuarenta y dos años viendo gente, uno empieza a notar patrones.

    Y algunos patrones cansan.

    Conocí a Jaimito hace años.

    Trabajamos juntos.

    Compartimos proyectos.

    Favores.

    Trasteos.

    Conversaciones.

    Tiempo.

    Lo ayudé cuando pude.

    Me ayudó cuando pudo.

    Como cualquier amistad normal entre dos obreros del audiovisual intentando sobrevivir en un país donde la estabilidad laboral parece una leyenda urbana.

    El problema nunca fue la amistad.

    El problema fue que con el tiempo descubrí que hablábamos idiomas distintos.

    Yo hablaba español.

    Él respondía en política.

    Yo hablaba de una mesa hecha con una señal de PARE.

    Terminábamos hablando de presidentes.

    Yo hablaba de trabajo.

    Terminábamos hablando de gobiernos.

    Yo hablaba de clientes.

    Terminábamos hablando de reformas.

    Yo hablaba de personas.

    Terminábamos hablando de ideologías.

    Y así durante años.

    Al principio uno debate.

    Después escucha.

    Luego sonríe.

    Finalmente se cansa.

    No porque el otro piense distinto.

    Porque cualquier conversación termina secuestrada por la misma obsesión.

    Llegó un momento en que ya no importaba el tema.

    Todo desembocaba en política.

    Todo tenía un culpable.

    Todo tenía una explicación ideológica.

    Todo tenía un enemigo.

    Y yo cada vez estaba más lejos de esa película.

    La plandemia me dejó muchas cosas.

    Una de ellas fue una profunda desconfianza hacia las certezas absolutas.

    Vi expertos equivocarse.

    Vi gobiernos equivocarse.

    Vi periodistas equivocarse.

    Vi conspiranoicos equivocarse.

    Vi gente inteligente actuar como idiota.

    Y vi idiotas convencidos de ser genios.

    Después de sobrevivir a todo eso me quedó muy poco entusiasmo para volver a meterme en trincheras políticas.

    Mientras otros discutían candidatos, yo estaba intentando pagar facturas.

    Mientras otros discutían reformas, yo estaba operando cámara.

    Mientras otros discutían revoluciones, yo estaba digitalizando VHS.

    Mientras otros discutían el futuro del país, yo estaba intentando sobrevivir el presente.

    Y aquí aparece otro fenómeno.

    La distancia entre el relato y la realidad.

    Durante años escuché historias.

    Planes.

    Negocios.

    Contactos.

    Oportunidades.

    Viajes.

    Promesas.

    Emprendimientos.

    Canadá.

    México.

    La ONU.

    Fortunas futuras.

    Y con el tiempo aprendí algo maravilloso:

    La realidad siempre llega a cobrar.

    Jaimito estudió administración de algo.

    Ya ni me acuerdo exactamente de qué era la vaina.

    Lo que sí recuerdo perfectamente era la promesa.

    En aquella época parecía que estaba a semanas de convertirse en el Bill Gates de las EPS.

    Iba a dejar el audiovisual.

    Iba a forrarse.

    Iba a despegar.

    Años después seguíamos sobreviviendo en el mismo planeta.

    Luego llegaron los negocios.

    El café.

    El bar.

    Las oportunidades.

    Los emprendimientos.

    Las ideas brillantes.

    Los proyectos espectaculares.

    Siempre había algo a punto de ocurrir.

    Siempre.

    Y después aparecía una pequeña dificultad llamada realidad.

    Mi favorita sigue siendo la época de los viajes.

    Diciembre de 2021.

    Escuché que uno se iba para Canadá.

    Escuché que otro se iba para México.

    La forma en que lo contaban hacía pensar que ya tenían las maletas listas y el pasabordo en la mano.

    Estamos varios años después.

    Sigo esperando.

    Mi mamá incluso propuso una teoría más razonable.

    Que de pronto México era un barrio de Funza.

    Canadá todavía no aparece en el mapa.

    Después llegó la ONU.

    Durante una grabación en plena plandemia parecía que algunos estaban a dos llamadas de convertirse en diplomáticos internacionales.

    Años después una funcionaria me llamó para trabajar.

    Ni siquiera sabía quién era.

    No tenía guardado el contacto.

    No tenía estrategia.

    No tenía networking.

    Solo sonó el teléfono.

    Necesitaban camarógrafo.

    Acepté.

    Trabajé.

    Cobré.

    Fin de la historia.

    Cuando lo conté, apareció otra vez el relato.

    — Yo tengo a las de la ONU.

    Claro.

    Cómo no.

    El problema es que para entonces ya vivía conmigo una criatura especial.

    El mono de los platillos.

    🐒🥁🥁🥁

    No siempre estuvo ahí.

    Fue entrenado.

    Pacientemente.

    Con años de exposición a promesas, contactos, discursos, ideologías, negocios milagrosos y relatos extraordinarios.

    Al principio discutía.

    Después analizaba.

    Ahora simplemente escucha.

    Y toca.

    Cada vez que alguien anuncia una revolución personal.

    Cada vez que alguien está a punto de volverse millonario.

    Cada vez que alguien conoce a medio planeta.

    Cada vez que alguien va a cambiar su vida para siempre.

    El mono toca.

    Y espera.

    Espera seis meses.

    Un año.

    Dos años.

    Y luego revisa los resultados.

    No por maldad.

    Por método científico.

    Porque la realidad suele hablar más bajito que las promesas.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo.

    La mayoría de las personas no miente.

    La mayoría exagera.

    Se cuentan una versión optimista de sí mismas.

    Y luego terminan creyéndola.

    Por eso dejé de discutir.

    No necesito demostrar que alguien está equivocado.

    El tiempo hace ese trabajo gratis.

    También descubrí otra cosa.

    Jamás he visto a un político pagarme una factura.

    Jamás he visto a un político cargarme una cámara.

    Jamás he visto a un político rescatarme un proyecto.

    Jamás he visto a un político digitalizarme un VHS.

    Los que han hecho eso han sido personas normales.

    Clase obrera.

    Gente que madruga.

    Gente que trabaja.

    Gente que también llega cansada a la casa.

    Por eso siempre me pareció absurdo que personas que viven prácticamente la misma vida terminaran convertidas en enemigos por defender políticos que jamás los llamarían por teléfono.

    Nunca entendí esa necesidad.

    Y mientras más años pasan, menos la entiendo.

    Jamás pondría un presidente por encima de una amistad.

    Jamás pondría una campaña por encima de una persona.

    Jamás.

    Porque después de las elecciones la vida sigue.

    Las facturas siguen.

    Los trabajos siguen.

    Los problemas siguen.

    Y la clase obrera sigue siendo clase obrera.

    Lo más curioso es que muchos de los que me trataban como exagerado terminaron haciendo cosas parecidas a las mías.

    Cerrar redes.

    Reducir ruido.

    Alejarse de discusiones inútiles.

    Buscar tranquilidad.

    No porque yo tuviera razón.

    Porque el agotamiento eventualmente alcanza a todo el mundo.

    Y quizá ahí está el centro de esta historia.

    No me cansé de Jaimito.

    Me cansé del ruido.

    Me cansé de las campañas eternas.

    Me cansé de las promesas recicladas.

    Me cansé de los relatos imposibles.

    Me cansé de los vendehumos.

    Me cansé de los algoritmos.

    Me cansé de la competencia imaginaria.

    Me cansé de la necesidad permanente de aparentar.

    Y cuando uno se cansa de todo eso, empieza a valorar algo muy simple.

    Los hechos.

    El cliente llamó o no llamó.

    El proyecto salió o no salió.

    El pago llegó o no llegó.

    El avión despegó o no despegó.

    Todo lo demás es conversación.

    Y a mis cuarenta y dos años ya escuché suficiente conversación para varias vidas.

    Por eso observo más de lo que discuto.

    Porque descubrí algo que me habría ahorrado muchos dolores de cabeza:

    La realidad no necesita que uno la defienda.

    La realidad siempre termina hablando sola.

    ¡Jaimito y Diegote nunca volverán a verse!

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Cansado, obsoleto, observador y guardando silencio.

    Después de cuarenta y dos años, el mono de los platillos tenía razón.

    Nota del autor:

    El nombre de los personajes ha sido cambiado para proteger a las víctimas.

    #amistades #audiovisual #Bogotá #camarógrafo #claseObrera #Colombia #crónicas #crónicasDeUnObservador #desencanto #Diegote #elMonoDeLosPlatillos #emprendimiento #ensayos #freelance #humorNegro #ironía #Jaimito #memorias #observaciónSocial #operadorDeCámara #pandemia #polarización #politica #postpandemia #promesas #realidad #redesSociales #trabajoIndependiente #vendehumos
  48. ▆ Vivimos en la era de la interrupción constante; el mundo parece empeñado en que no terminemos ni un pensamiento sin que salte una notificación, un aviso o una tontería de turno.

    Al final, la capacidad de sentarte, centrarte y profundizar en algo —de verdad, sin tener el móvil al lado como si fuera un imán— se está convirtiendo en una especie de superpoder.
    No es que nos hayamos vuelto más tontos, es que estamos entrenando a nuestro cerebro para picotear de aquí y de allá, como si fuéramos colibríes, y nos está costando una barbaridad mantener el foco.

    Quien sea capaz de cerrar el grifo a todo ese ruido y simplemente pensar, tendrá la sartén por el mango.
    Es pura supervivencia mental: o aprendes a elegir en qué pones tu energía, o te conviertes en un mero espectador de tu propia vida, distraído hasta el infinito.
    Es frustrante, pero es la realidad que nos ha tocado navegar.

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    #atencion #concentracion #reflexion #realidad #productividad

  49. ❁Es curioso cómo nos empeñamos en hacer equilibrios sobre la cuerda floja solo para no tener que mirar abajo.
    Nos pasamos la vida huyendo de esa pregunta que nos ronda a las tres de la mañana, esa que nos aprieta el pecho, como si al ignorarla dejara de existir.
    Pero al final, lo único que consigues es gastar una energía brutal manteniendo la puerta cerrada.

    Es agotador vivir así, con el miedo a que esa verdad nos explote en la cara.
    Y al final, la pregunta no se va; se pudre, se vuelve más grande y termina doliéndote el doble.
    A veces, simplemente habría que dejar de correr y aceptar que, aunque la respuesta pique, es la única forma de dejar de dar vueltas en círculo.

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    #psicologia #reflexiones #vida #sinceridad #menteycuerpo #realidad #crecimiento