#amorpropio — Public Fediverse posts
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● Qué manía tenemos a veces de querer explicarlo todo, de discutir durante horas y de gastar saliva con quien no se lo merece, solo para intentar que entienda el daño que ha hecho o dónde ha cruzado la línea.
Nos empeñamos en buscar una disculpa que a veces nunca llega, en conseguir que el otro reconozca lo evidente o en justificar lo injustificable para mantener las formas.
Y llega un momento en que te das cuenta de que seguir explicándote tampoco va a cambiar nada.
Hay personas que no quieren entenderte, y otras que aunque entiendan perfectamente lo que han hecho, jamás van a reconocerlo.Sin embargo, con los años aprendes que el mayor desprecio no es la rabia ni el grito, sino la indiferencia absoluta.
Dejar de intentar convencer, dejar de esperar una explicación y, sobre todo, dejar de entregar tu energía a quien solo sabe devolverte desgaste.Retirarte a tiempo no es de cobardes ni una huida.
A veces es un acto de pura supervivencia emocional.
Es elegirte cuando ya has explicado suficiente, cuando ya has dado demasiadas oportunidades y cuando seguir ahí empieza a costarte demasiado.No necesitas que la otra persona entienda tu decisión para que sea válida.
Tampoco necesitas que te dé la razón para poder marcharte.Al final, que los demás piensen lo que les dé la gana.
Tú sabes lo que has vivido y hasta dónde quieres llegar.Y esa paz de irte a casa con la conciencia tranquila, cerrar la puerta y sentir que por fin has dejado de pelear una batalla que ya no quieres ganar, no te la paga nadie.
A veces la mejor respuesta es simplemente dejar de estar disponible para aquello que te hace daño.
◌⑅⃝●♡⋆●♡⑅⃝◌ ───── ◌⑅⃝●♡⋆♡●⑅⃝◌
#reflexiones #limites #pazmental #saludemocional #amorpropio #relaciones #emociones #aprendizajes #vidareal #bienestar
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● Qué manía tenemos a veces de querer explicarlo todo, de discutir durante horas y de gastar saliva con quien no se lo merece, solo para intentar que entienda el daño que ha hecho o dónde ha cruzado la línea.
Nos empeñamos en buscar una disculpa que a veces nunca llega, en conseguir que el otro reconozca lo evidente o en justificar lo injustificable para mantener las formas.
Y llega un momento en que te das cuenta de que seguir explicándote tampoco va a cambiar nada.
Hay personas que no quieren entenderte, y otras que aunque entiendan perfectamente lo que han hecho, jamás van a reconocerlo.Sin embargo, con los años aprendes que el mayor desprecio no es la rabia ni el grito, sino la indiferencia absoluta.
Dejar de intentar convencer, dejar de esperar una explicación y, sobre todo, dejar de entregar tu energía a quien solo sabe devolverte desgaste.Retirarte a tiempo no es de cobardes ni una huida.
A veces es un acto de pura supervivencia emocional.
Es elegirte cuando ya has explicado suficiente, cuando ya has dado demasiadas oportunidades y cuando seguir ahí empieza a costarte demasiado.No necesitas que la otra persona entienda tu decisión para que sea válida.
Tampoco necesitas que te dé la razón para poder marcharte.Al final, que los demás piensen lo que les dé la gana.
Tú sabes lo que has vivido y hasta dónde quieres llegar.Y esa paz de irte a casa con la conciencia tranquila, cerrar la puerta y sentir que por fin has dejado de pelear una batalla que ya no quieres ganar, no te la paga nadie.
A veces la mejor respuesta es simplemente dejar de estar disponible para aquello que te hace daño.
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#reflexiones #limites #pazmental #saludemocional #amorpropio #relaciones #emociones #aprendizajes #vidareal #bienestar
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● Qué manía tenemos a veces de querer explicarlo todo, de discutir durante horas y de gastar saliva con quien no se lo merece, solo para intentar que entienda el daño que ha hecho o dónde ha cruzado la línea.
Nos empeñamos en buscar una disculpa que a veces nunca llega, en conseguir que el otro reconozca lo evidente o en justificar lo injustificable para mantener las formas.
Y llega un momento en que te das cuenta de que seguir explicándote tampoco va a cambiar nada.
Hay personas que no quieren entenderte, y otras que aunque entiendan perfectamente lo que han hecho, jamás van a reconocerlo.Sin embargo, con los años aprendes que el mayor desprecio no es la rabia ni el grito, sino la indiferencia absoluta.
Dejar de intentar convencer, dejar de esperar una explicación y, sobre todo, dejar de entregar tu energía a quien solo sabe devolverte desgaste.Retirarte a tiempo no es de cobardes ni una huida.
A veces es un acto de pura supervivencia emocional.
Es elegirte cuando ya has explicado suficiente, cuando ya has dado demasiadas oportunidades y cuando seguir ahí empieza a costarte demasiado.No necesitas que la otra persona entienda tu decisión para que sea válida.
Tampoco necesitas que te dé la razón para poder marcharte.Al final, que los demás piensen lo que les dé la gana.
Tú sabes lo que has vivido y hasta dónde quieres llegar.Y esa paz de irte a casa con la conciencia tranquila, cerrar la puerta y sentir que por fin has dejado de pelear una batalla que ya no quieres ganar, no te la paga nadie.
A veces la mejor respuesta es simplemente dejar de estar disponible para aquello que te hace daño.
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#reflexiones #limites #pazmental #saludemocional #amorpropio #relaciones #emociones #aprendizajes #vidareal #bienestar
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● Qué manía tenemos a veces de querer explicarlo todo, de discutir durante horas y de gastar saliva con quien no se lo merece, solo para intentar que entienda el daño que ha hecho o dónde ha cruzado la línea.
Nos empeñamos en buscar una disculpa que a veces nunca llega, en conseguir que el otro reconozca lo evidente o en justificar lo injustificable para mantener las formas.
Y llega un momento en que te das cuenta de que seguir explicándote tampoco va a cambiar nada.
Hay personas que no quieren entenderte, y otras que aunque entiendan perfectamente lo que han hecho, jamás van a reconocerlo.Sin embargo, con los años aprendes que el mayor desprecio no es la rabia ni el grito, sino la indiferencia absoluta.
Dejar de intentar convencer, dejar de esperar una explicación y, sobre todo, dejar de entregar tu energía a quien solo sabe devolverte desgaste.Retirarte a tiempo no es de cobardes ni una huida.
A veces es un acto de pura supervivencia emocional.
Es elegirte cuando ya has explicado suficiente, cuando ya has dado demasiadas oportunidades y cuando seguir ahí empieza a costarte demasiado.No necesitas que la otra persona entienda tu decisión para que sea válida.
Tampoco necesitas que te dé la razón para poder marcharte.Al final, que los demás piensen lo que les dé la gana.
Tú sabes lo que has vivido y hasta dónde quieres llegar.Y esa paz de irte a casa con la conciencia tranquila, cerrar la puerta y sentir que por fin has dejado de pelear una batalla que ya no quieres ganar, no te la paga nadie.
A veces la mejor respuesta es simplemente dejar de estar disponible para aquello que te hace daño.
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✩ Hay días en los que la vida parece empeñada en amargarnos el carácter.
Te llevas un disgusto, alguien te trata mal, las cosas no salen como esperabas… y sin darte cuenta empiezas a ir por ahí con un poquito más de mala leche. Contestando peor, teniendo menos paciencia, saltando por cualquier tontería.
Y lo peor es que a veces llegas a casa y sigues enfadada con alguien que ya ni siquiera está delante. El disgusto se ha terminado, pero tú sigues dándole vueltas.
Pero tampoco quiero eso para mí.
Prefiero soltar lo que me hace daño antes que quedármelo dentro y acabar pagándoselo a quien no tiene la culpa. No siempre lo consigo, claro. Hay días en los que cuesta muchísimo. Días en los que necesitas encerrarte un rato, estar en silencio y dejar que se te pase el cabreo sin hacer daño a nadie.
Porque también he aprendido que no todo merece una respuesta, ni todas las batallas merecen que les regalemos nuestro tiempo.
Intento que lo que otros hagan no decida la persona que quiero ser yo. Que alguien haya tenido un mal gesto conmigo no significa que tenga que llevarme ese gesto puesto todo el día.
Y cuando puedo, vuelvo a las cosas pequeñas: una conversación que me hace bien, una risa inesperada, el perro haciendo alguna de las suyas, una tarde tranquila, esa sensación de llegar a casa y poder respirar.
Porque bastante tenemos ya con los días malos como para dejar que se nos queden a vivir dentro.
No siempre podemos elegir lo que nos pasa, pero alguna vez sí podemos elegir qué hacemos con ello después.
«𝙚𝙣𝙙𝙪́𝙡𝙯𝙖𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖»
──────── ⋆。°✩°。⋆ ────────
#reflexiones #vida #emociones #sentimientos #bienestar #aprendizajes #actitud #calma #vivencias #amorpropio
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✩ Hay días en los que la vida parece empeñada en amargarnos el carácter.
Te llevas un disgusto, alguien te trata mal, las cosas no salen como esperabas… y sin darte cuenta empiezas a ir por ahí con un poquito más de mala leche. Contestando peor, teniendo menos paciencia, saltando por cualquier tontería.
Y lo peor es que a veces llegas a casa y sigues enfadada con alguien que ya ni siquiera está delante. El disgusto se ha terminado, pero tú sigues dándole vueltas.
Pero tampoco quiero eso para mí.
Prefiero soltar lo que me hace daño antes que quedármelo dentro y acabar pagándoselo a quien no tiene la culpa. No siempre lo consigo, claro. Hay días en los que cuesta muchísimo. Días en los que necesitas encerrarte un rato, estar en silencio y dejar que se te pase el cabreo sin hacer daño a nadie.
Porque también he aprendido que no todo merece una respuesta, ni todas las batallas merecen que les regalemos nuestro tiempo.
Intento que lo que otros hagan no decida la persona que quiero ser yo. Que alguien haya tenido un mal gesto conmigo no significa que tenga que llevarme ese gesto puesto todo el día.
Y cuando puedo, vuelvo a las cosas pequeñas: una conversación que me hace bien, una risa inesperada, el perro haciendo alguna de las suyas, una tarde tranquila, esa sensación de llegar a casa y poder respirar.
Porque bastante tenemos ya con los días malos como para dejar que se nos queden a vivir dentro.
No siempre podemos elegir lo que nos pasa, pero alguna vez sí podemos elegir qué hacemos con ello después.
«𝙚𝙣𝙙𝙪́𝙡𝙯𝙖𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖»
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#reflexiones #vida #emociones #sentimientos #bienestar #aprendizajes #actitud #calma #vivencias #amorpropio
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✩ Hay días en los que la vida parece empeñada en amargarnos el carácter.
Te llevas un disgusto, alguien te trata mal, las cosas no salen como esperabas… y sin darte cuenta empiezas a ir por ahí con un poquito más de mala leche. Contestando peor, teniendo menos paciencia, saltando por cualquier tontería.
Y lo peor es que a veces llegas a casa y sigues enfadada con alguien que ya ni siquiera está delante. El disgusto se ha terminado, pero tú sigues dándole vueltas.
Pero tampoco quiero eso para mí.
Prefiero soltar lo que me hace daño antes que quedármelo dentro y acabar pagándoselo a quien no tiene la culpa. No siempre lo consigo, claro. Hay días en los que cuesta muchísimo. Días en los que necesitas encerrarte un rato, estar en silencio y dejar que se te pase el cabreo sin hacer daño a nadie.
Porque también he aprendido que no todo merece una respuesta, ni todas las batallas merecen que les regalemos nuestro tiempo.
Intento que lo que otros hagan no decida la persona que quiero ser yo. Que alguien haya tenido un mal gesto conmigo no significa que tenga que llevarme ese gesto puesto todo el día.
Y cuando puedo, vuelvo a las cosas pequeñas: una conversación que me hace bien, una risa inesperada, el perro haciendo alguna de las suyas, una tarde tranquila, esa sensación de llegar a casa y poder respirar.
Porque bastante tenemos ya con los días malos como para dejar que se nos queden a vivir dentro.
No siempre podemos elegir lo que nos pasa, pero alguna vez sí podemos elegir qué hacemos con ello después.
«𝙚𝙣𝙙𝙪́𝙡𝙯𝙖𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖»
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#reflexiones #vida #emociones #sentimientos #bienestar #aprendizajes #actitud #calma #vivencias #amorpropio
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El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida
Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.
Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.
Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
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El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida
Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.
Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.
Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
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El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida
Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.
Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.
Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida
Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.
Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.
Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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