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#felicidad — Public Fediverse posts

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  1. #reflexion

    El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida

    Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.

    Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.

    Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Felicidad #AmorPropio #Sociedad #BienestarEmocional #Vida

  2. #reflexion

    El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida

    Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.

    Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.

    Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Felicidad #AmorPropio #Sociedad #BienestarEmocional #Vida

  3. #reflexion

    El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida

    Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.

    Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.

    Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Felicidad #AmorPropio #Sociedad #BienestarEmocional #Vida

  4. #reflexion

    El molde invisible de los demás: el peso de cumplir expectativas ajenas frente a nuestra propia vida

    Desde que somos bien chicos la gente de nuestro alrededor se va armando una idea muy fija de lo que se supone que debemos hacer para que nos vaya bien en la vida. Los papás, los amigos de la cuadra, los maestros de la escuela y hasta los anuncios que vemos en el celular nos repiten todo el tiempo qué carrera debemos estudiar, cuánto dinero tenemos que ganar, cómo debemos vestirnos o con quién tenemos que juntarnos. El gran peligro de esto es que sin darnos cuenta empezamos a tomar las decisiones más importantes del día a día con el único fin de que los de afuera nos aplaudan o nos digan que vamos bien, metiendo nuestro propio camino en un molde prestado que no nos queda y que nos va apretando el paso con los años.

    Vivir intentando llenar los zapatos que otros diseñaron para nosotros es una de las trampas más cansadas que existen porque los gustos de la gente cambian a cada rato y nunca los vas a tener contentos. Mientras nos desgastamos por cumplir con el manual del hijo perfecto, el trabajador del mes o la pareja ideal, vamos dejando bien arrumbados nuestros verdaderos gustos, lo que de veras nos apasiona y las cosas sencillas que nos alegran la jornada. Las metas de los demás no tienen por qué encajar en nuestros días por la simple razón de que cada persona siente, piensa y disfruta el mundo de una forma bien diferente, y lo que para alguien es la gran maravilla del éxito, para otro puede ser la peor de las cárceles.

    Aprender a poner un alto a tiempo y decir que no a los planes que otros tienen para nosotros no es ser egoísta, sino dar el paso básico para recuperar nuestras propias decisiones. Cuando nos quitamos de encima ese costal tan pesado y dejamos de buscar que los de afuera nos den el visto bueno, se abre el espacio para descubrir qué es lo que verdaderamente nos hace sonreír y nos da paz mental. El valor de nuestro paso por este mundo no se mide por cuántas tareas logramos cumplir en la lista de deseos de otra persona, sino por la honestidad con la que decidimos levantar nuestra propia vida.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Felicidad #AmorPropio #Sociedad #BienestarEmocional #Vida