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#humanidad — Public Fediverse posts

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  1. Una nueva flotilla humanitaria se prepara para zarpar desde Barcelona hacia Gaza. Cien países, miles de personas, un solo propósito: llevar ayuda donde más se necesita.

    La solidaridad global sigue en movimiento. ¿Te sumas?

    chileglobalsumud.cl/blog/una-n

    #palestina #solidaridad #humanidad

  2. En medio de la guerra, hay quienes regalan una flor.
    No para negar el estruendo… sino para recordar que aún se puede amar. #Esperanza #Paz #Solidaridad #Humanidad #Corazones #FlorEnMedioDelCaos #Resiliencia #Juntos #Fuerza

  3. #Explotación y #esclavitud laboral. #Depredación de la #naturaleza, #sobrecalentamiento global, #destrucción del #MedioAmbiente en todo el planeta. Avance hacia su Tercera #GuerraMundial.
    Todo esto es obra del #Capitalismo.
    Lo que vendieron como "el fin de la #historia" nos conduce en realidad al fin de la #humanidad.
    Son ellos o nosotros. La #vida o el capitalismo.

  4. #Explotación y #esclavitud laboral. #Depredación de la #naturaleza, #sobrecalentamiento global, #destrucción del #MedioAmbiente en todo el planeta. Avance hacia su Tercera #GuerraMundial.
    Todo esto es obra del #Capitalismo.
    Lo que vendieron como "el fin de la #historia" nos conduce en realidad al fin de la #humanidad.
    Son ellos o nosotros. La #vida o el capitalismo.

  5. #Explotación y #esclavitud laboral. #Depredación de la #naturaleza, #sobrecalentamiento global, #destrucción del #MedioAmbiente en todo el planeta. Avance hacia su Tercera #GuerraMundial.
    Todo esto es obra del #Capitalismo.
    Lo que vendieron como "el fin de la #historia" nos conduce en realidad al fin de la #humanidad.
    Son ellos o nosotros. La #vida o el capitalismo.

  6. #Explotación y #esclavitud laboral. #Depredación de la #naturaleza, #sobrecalentamiento global, #destrucción del #MedioAmbiente en todo el planeta. Avance hacia su Tercera #GuerraMundial.
    Todo esto es obra del #Capitalismo.
    Lo que vendieron como "el fin de la #historia" nos conduce en realidad al fin de la #humanidad.
    Son ellos o nosotros. La #vida o el capitalismo.

  7. :dancing_panda: Hay personas que, veinte años después, siguen recordando cómo las trataste.

    No porque les dijeras una frase espectacular ni porque les dieras un consejo digno de enmarcar.
    Muchas veces ni siquiera recuerdan las palabras exactas.

    Recuerdan que las escuchaste sin mirar el reloj.

    Que no las hiciste sentir pequeñas.

    Que tuviste paciencia cuando estaban perdidas.

    Que fuiste generoso cuando no tenías obligación de serlo.

    Con el tiempo me he dado cuenta de que el impacto que dejamos en los demás rara vez depende de momentos grandiosos.
    Lo que se queda es la sensación.

    La tranquilidad que daba hablar contigo.

    El respeto con el que tratabas a la gente.

    La forma en que reaccionabas cuando el otro estaba mal.

    Y eso también da un poco de vértigo, porque significa que muchas veces no nos recuerdan por lo que dijimos un día, sino por cómo los hicimos sentir de manera constante.

    Al final, las frases brillantes impresionan unos minutos.
    El trato humano es lo que permanece años.

    ◈ ─── ◈ ─── ◈

    #reflexión #psicología #vidareal #emociones #respeto #empatía #pensamientos #relaciones #crecimientopersonal #humanidad

  8. :dancing_panda: Hay personas que, veinte años después, siguen recordando cómo las trataste.

    No porque les dijeras una frase espectacular ni porque les dieras un consejo digno de enmarcar.
    Muchas veces ni siquiera recuerdan las palabras exactas.

    Recuerdan que las escuchaste sin mirar el reloj.

    Que no las hiciste sentir pequeñas.

    Que tuviste paciencia cuando estaban perdidas.

    Que fuiste generoso cuando no tenías obligación de serlo.

    Con el tiempo me he dado cuenta de que el impacto que dejamos en los demás rara vez depende de momentos grandiosos.
    Lo que se queda es la sensación.

    La tranquilidad que daba hablar contigo.

    El respeto con el que tratabas a la gente.

    La forma en que reaccionabas cuando el otro estaba mal.

    Y eso también da un poco de vértigo, porque significa que muchas veces no nos recuerdan por lo que dijimos un día, sino por cómo los hicimos sentir de manera constante.

    Al final, las frases brillantes impresionan unos minutos.
    El trato humano es lo que permanece años.

    ◈ ─── ◈ ─── ◈

    #reflexión #psicología #vidareal #emociones #respeto #empatía #pensamientos #relaciones #crecimientopersonal #humanidad

  9. Sobre el secreto masónico desde la Logia 'Humanidad'

    Sobre el secreto masónico desde la Logia 'Humanidad' #masoneria #masones #historia #albacete #logia #humanidad #iglesia #católica #persecución #Historia

    tardigram.com/m/Historia/t/377

  10. :blobcheerbounce: A veces vamos por la vida con el piloto automático, soltando juicios sobre la gente en los primeros cinco segundos.
    Es un mecanismo de defensa o pura pereza mental, no sé, pero nos encanta etiquetar: el serio es un borde, el que habla alto es un pesado y el que va de tranqui no tiene ni idea.

    Y luego, zas, te das cuenta de que te has equivocado hasta el fondo.

    La verdad es que la mayoría nos pasamos el día interpretando personajes para sobrevivir al entorno.
    Nos ponemos una coraza o una careta simplemente porque es más seguro que mostrar cómo estamos realmente por dentro.
    Lo gracioso es que, cuando vemos a los demás, exigimos transparencia total, pero nosotros somos los primeros en ocultar nuestras grietas.
    Nada es lo que parece porque nadie enseña sus cartas a la primera de cambio; todo el mundo tiene una historia detrás, miedos que le aprietan y batallas que ni siquiera intuyes.
    Al final, dejar de juzgar es un alivio, te quita una carga de encima increíble.

    ✤ ───────── ✤

    #percepcion #realidad #reflexion #juicios #humanidad

  11. :blobcheerbounce: A veces vamos por la vida con el piloto automático, soltando juicios sobre la gente en los primeros cinco segundos.
    Es un mecanismo de defensa o pura pereza mental, no sé, pero nos encanta etiquetar: el serio es un borde, el que habla alto es un pesado y el que va de tranqui no tiene ni idea.

    Y luego, zas, te das cuenta de que te has equivocado hasta el fondo.

    La verdad es que la mayoría nos pasamos el día interpretando personajes para sobrevivir al entorno.
    Nos ponemos una coraza o una careta simplemente porque es más seguro que mostrar cómo estamos realmente por dentro.
    Lo gracioso es que, cuando vemos a los demás, exigimos transparencia total, pero nosotros somos los primeros en ocultar nuestras grietas.
    Nada es lo que parece porque nadie enseña sus cartas a la primera de cambio; todo el mundo tiene una historia detrás, miedos que le aprietan y batallas que ni siquiera intuyes.
    Al final, dejar de juzgar es un alivio, te quita una carga de encima increíble.

    ✤ ───────── ✤

    #percepcion #realidad #reflexion #juicios #humanidad

  12. :blobcheerbounce: A veces vamos por la vida con el piloto automático, soltando juicios sobre la gente en los primeros cinco segundos.
    Es un mecanismo de defensa o pura pereza mental, no sé, pero nos encanta etiquetar: el serio es un borde, el que habla alto es un pesado y el que va de tranqui no tiene ni idea.

    Y luego, zas, te das cuenta de que te has equivocado hasta el fondo.

    La verdad es que la mayoría nos pasamos el día interpretando personajes para sobrevivir al entorno.
    Nos ponemos una coraza o una careta simplemente porque es más seguro que mostrar cómo estamos realmente por dentro.
    Lo gracioso es que, cuando vemos a los demás, exigimos transparencia total, pero nosotros somos los primeros en ocultar nuestras grietas.
    Nada es lo que parece porque nadie enseña sus cartas a la primera de cambio; todo el mundo tiene una historia detrás, miedos que le aprietan y batallas que ni siquiera intuyes.
    Al final, dejar de juzgar es un alivio, te quita una carga de encima increíble.

    ✤ ───────── ✤

    #percepcion #realidad #reflexion #juicios #humanidad

  13. :blobcheerbounce: A veces vamos por la vida con el piloto automático, soltando juicios sobre la gente en los primeros cinco segundos.
    Es un mecanismo de defensa o pura pereza mental, no sé, pero nos encanta etiquetar: el serio es un borde, el que habla alto es un pesado y el que va de tranqui no tiene ni idea.

    Y luego, zas, te das cuenta de que te has equivocado hasta el fondo.

    La verdad es que la mayoría nos pasamos el día interpretando personajes para sobrevivir al entorno.
    Nos ponemos una coraza o una careta simplemente porque es más seguro que mostrar cómo estamos realmente por dentro.
    Lo gracioso es que, cuando vemos a los demás, exigimos transparencia total, pero nosotros somos los primeros en ocultar nuestras grietas.
    Nada es lo que parece porque nadie enseña sus cartas a la primera de cambio; todo el mundo tiene una historia detrás, miedos que le aprietan y batallas que ni siquiera intuyes.
    Al final, dejar de juzgar es un alivio, te quita una carga de encima increíble.

    ✤ ───────── ✤

    #percepcion #realidad #reflexion #juicios #humanidad

  14. La evolución de la Zoociedad

    Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.

    Pero terminé mirando más a las personas que al plato.

    Eso siempre me pasa.

    No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.

    En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.

    No estaba completamente sola.

    Pero la escena me dejó pensando.

    No en ella.

    En mí.

    Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.

    La diferencia es que todavía no llego a la vejez.

    Y entonces apareció una pregunta incómoda.

    ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”

    La pregunta incomoda.

    Suena extraña.

    Hasta peligrosa.

    La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.

    Compartimos ascensores sin saludarnos.

    Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.

    Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.

    Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.

    Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.

    Preguntarle si podía sentarme.

    Conversar un rato.

    Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.

    No lo hice.

    Me ganó la costumbre.

    Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.

    La de no invadir.

    La de no hablar.

    La de no acercarse.

    No sé si aquella señora necesitaba compañía.

    No sé si habría aceptado.

    No sé absolutamente nada de su vida.

    Quizá estaba feliz hablando con alguien.

    Quizá esperaba a un familiar.

    Quizá simplemente disfrutaba ese momento.

    No tengo derecho a escribir su historia.

    Pero sí puedo escribir la mía.

    Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.

    Entonces pensé en eso que llamamos evolución.

    Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.

    Todo parece avanzar.

    Menos nosotros.

    Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.

    Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.

    Nunca habíamos estado tan conectados.

    Nunca habíamos estado tan encapsulados.

    Antes la evolución consistía en aprender a convivir.

    Hoy parece consistir en optimizar.

    Optimizar el tiempo.

    Optimizar la productividad.

    Optimizar el cuerpo.

    Optimizar el contenido.

    Optimizar la atención.

    Todo debe ser eficiente.

    Incluso las relaciones.

    Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.

    Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.

    Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.

    La Zoociedad no siempre es cruel.

    Muchas veces solo es indiferente.

    Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.

    Una señora almorzando con una mesa vacía.

    Un vigilante que nadie saluda.

    Un barrendero limpiando la basura ajena.

    Un vendedor ambulante caminando kilómetros.

    Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.

    Los vemos todos los días.

    Precisamente por eso dejamos de verlos.

    Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.

    Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.

    Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.

    Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.

    Somos expertos en conectar dispositivos.

    Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.

    Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.

    La fotografía había sido para mí.

    Fue un espejo.

    Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.

    Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.

    Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.

    Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.

    Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.

    No busco la fotografía perfecta.

    Busco preguntas.

    Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.

    Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.

    Todo parece ser inteligente.

    Las casas.

    Los carros.

    Los electrodomésticos.

    Los algoritmos.

    Las máquinas.

    Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:

    ”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”

    Será que soy un modelo obsoleto.

    Uno de esos humanos versión antigua.

    Cansado.

    Fuera de serie.

    Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.

    Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.

    Almorzando solo.

    Hablando con alguien.

    O simplemente mirando por la ventana.

    Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.

    Probablemente se equivoque.

    Como probablemente también me equivoqué yo.

    Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.

    Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:

    ¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?

    Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.

    Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.

    Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.

    Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.

    @elmandelacamara
    Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño.

    #adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
  15. La evolución de la Zoociedad

    Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.

    Pero terminé mirando más a las personas que al plato.

    Eso siempre me pasa.

    No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.

    En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.

    No estaba completamente sola.

    Pero la escena me dejó pensando.

    No en ella.

    En mí.

    Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.

    La diferencia es que todavía no llego a la vejez.

    Y entonces apareció una pregunta incómoda.

    ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”

    La pregunta incomoda.

    Suena extraña.

    Hasta peligrosa.

    La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.

    Compartimos ascensores sin saludarnos.

    Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.

    Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.

    Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.

    Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.

    Preguntarle si podía sentarme.

    Conversar un rato.

    Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.

    No lo hice.

    Me ganó la costumbre.

    Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.

    La de no invadir.

    La de no hablar.

    La de no acercarse.

    No sé si aquella señora necesitaba compañía.

    No sé si habría aceptado.

    No sé absolutamente nada de su vida.

    Quizá estaba feliz hablando con alguien.

    Quizá esperaba a un familiar.

    Quizá simplemente disfrutaba ese momento.

    No tengo derecho a escribir su historia.

    Pero sí puedo escribir la mía.

    Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.

    Entonces pensé en eso que llamamos evolución.

    Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.

    Todo parece avanzar.

    Menos nosotros.

    Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.

    Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.

    Nunca habíamos estado tan conectados.

    Nunca habíamos estado tan encapsulados.

    Antes la evolución consistía en aprender a convivir.

    Hoy parece consistir en optimizar.

    Optimizar el tiempo.

    Optimizar la productividad.

    Optimizar el cuerpo.

    Optimizar el contenido.

    Optimizar la atención.

    Todo debe ser eficiente.

    Incluso las relaciones.

    Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.

    Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.

    Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.

    La Zoociedad no siempre es cruel.

    Muchas veces solo es indiferente.

    Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.

    Una señora almorzando con una mesa vacía.

    Un vigilante que nadie saluda.

    Un barrendero limpiando la basura ajena.

    Un vendedor ambulante caminando kilómetros.

    Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.

    Los vemos todos los días.

    Precisamente por eso dejamos de verlos.

    Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.

    Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.

    Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.

    Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.

    Somos expertos en conectar dispositivos.

    Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.

    Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.

    La fotografía había sido para mí.

    Fue un espejo.

    Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.

    Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.

    Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.

    Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.

    Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.

    No busco la fotografía perfecta.

    Busco preguntas.

    Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.

    Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.

    Todo parece ser inteligente.

    Las casas.

    Los carros.

    Los electrodomésticos.

    Los algoritmos.

    Las máquinas.

    Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:

    ”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”

    Será que soy un modelo obsoleto.

    Uno de esos humanos versión antigua.

    Cansado.

    Fuera de serie.

    Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.

    Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.

    Almorzando solo.

    Hablando con alguien.

    O simplemente mirando por la ventana.

    Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.

    Probablemente se equivoque.

    Como probablemente también me equivoqué yo.

    Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.

    Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:

    ¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?

    Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.

    Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.

    Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.

    Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.

    @elmandelacamara
    Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño.

    #adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
  16. La evolución de la Zoociedad

    Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.

    Pero terminé mirando más a las personas que al plato.

    Eso siempre me pasa.

    No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.

    En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.

    No estaba completamente sola.

    Pero la escena me dejó pensando.

    No en ella.

    En mí.

    Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.

    La diferencia es que todavía no llego a la vejez.

    Y entonces apareció una pregunta incómoda.

    ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”

    La pregunta incomoda.

    Suena extraña.

    Hasta peligrosa.

    La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.

    Compartimos ascensores sin saludarnos.

    Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.

    Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.

    Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.

    Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.

    Preguntarle si podía sentarme.

    Conversar un rato.

    Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.

    No lo hice.

    Me ganó la costumbre.

    Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.

    La de no invadir.

    La de no hablar.

    La de no acercarse.

    No sé si aquella señora necesitaba compañía.

    No sé si habría aceptado.

    No sé absolutamente nada de su vida.

    Quizá estaba feliz hablando con alguien.

    Quizá esperaba a un familiar.

    Quizá simplemente disfrutaba ese momento.

    No tengo derecho a escribir su historia.

    Pero sí puedo escribir la mía.

    Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.

    Entonces pensé en eso que llamamos evolución.

    Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.

    Todo parece avanzar.

    Menos nosotros.

    Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.

    Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.

    Nunca habíamos estado tan conectados.

    Nunca habíamos estado tan encapsulados.

    Antes la evolución consistía en aprender a convivir.

    Hoy parece consistir en optimizar.

    Optimizar el tiempo.

    Optimizar la productividad.

    Optimizar el cuerpo.

    Optimizar el contenido.

    Optimizar la atención.

    Todo debe ser eficiente.

    Incluso las relaciones.

    Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.

    Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.

    Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.

    La Zoociedad no siempre es cruel.

    Muchas veces solo es indiferente.

    Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.

    Una señora almorzando con una mesa vacía.

    Un vigilante que nadie saluda.

    Un barrendero limpiando la basura ajena.

    Un vendedor ambulante caminando kilómetros.

    Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.

    Los vemos todos los días.

    Precisamente por eso dejamos de verlos.

    Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.

    Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.

    Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.

    Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.

    Somos expertos en conectar dispositivos.

    Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.

    Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.

    La fotografía había sido para mí.

    Fue un espejo.

    Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.

    Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.

    Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.

    Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.

    Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.

    No busco la fotografía perfecta.

    Busco preguntas.

    Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.

    Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.

    Todo parece ser inteligente.

    Las casas.

    Los carros.

    Los electrodomésticos.

    Los algoritmos.

    Las máquinas.

    Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:

    ”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”

    Será que soy un modelo obsoleto.

    Uno de esos humanos versión antigua.

    Cansado.

    Fuera de serie.

    Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.

    Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.

    Almorzando solo.

    Hablando con alguien.

    O simplemente mirando por la ventana.

    Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.

    Probablemente se equivoque.

    Como probablemente también me equivoqué yo.

    Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.

    Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:

    ¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?

    Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.

    Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.

    Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.

    Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.

    @elmandelacamara
    Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño.

    #adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
  17. La evolución de la Zoociedad

    Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.

    Pero terminé mirando más a las personas que al plato.

    Eso siempre me pasa.

    No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.

    En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.

    No estaba completamente sola.

    Pero la escena me dejó pensando.

    No en ella.

    En mí.

    Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.

    La diferencia es que todavía no llego a la vejez.

    Y entonces apareció una pregunta incómoda.

    ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”

    La pregunta incomoda.

    Suena extraña.

    Hasta peligrosa.

    La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.

    Compartimos ascensores sin saludarnos.

    Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.

    Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.

    Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.

    Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.

    Preguntarle si podía sentarme.

    Conversar un rato.

    Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.

    No lo hice.

    Me ganó la costumbre.

    Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.

    La de no invadir.

    La de no hablar.

    La de no acercarse.

    No sé si aquella señora necesitaba compañía.

    No sé si habría aceptado.

    No sé absolutamente nada de su vida.

    Quizá estaba feliz hablando con alguien.

    Quizá esperaba a un familiar.

    Quizá simplemente disfrutaba ese momento.

    No tengo derecho a escribir su historia.

    Pero sí puedo escribir la mía.

    Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.

    Entonces pensé en eso que llamamos evolución.

    Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.

    Todo parece avanzar.

    Menos nosotros.

    Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.

    Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.

    Nunca habíamos estado tan conectados.

    Nunca habíamos estado tan encapsulados.

    Antes la evolución consistía en aprender a convivir.

    Hoy parece consistir en optimizar.

    Optimizar el tiempo.

    Optimizar la productividad.

    Optimizar el cuerpo.

    Optimizar el contenido.

    Optimizar la atención.

    Todo debe ser eficiente.

    Incluso las relaciones.

    Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.

    Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.

    Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.

    La Zoociedad no siempre es cruel.

    Muchas veces solo es indiferente.

    Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.

    Una señora almorzando con una mesa vacía.

    Un vigilante que nadie saluda.

    Un barrendero limpiando la basura ajena.

    Un vendedor ambulante caminando kilómetros.

    Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.

    Los vemos todos los días.

    Precisamente por eso dejamos de verlos.

    Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.

    Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.

    Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.

    Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.

    Somos expertos en conectar dispositivos.

    Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.

    Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.

    La fotografía había sido para mí.

    Fue un espejo.

    Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.

    Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.

    Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.

    Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.

    Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.

    No busco la fotografía perfecta.

    Busco preguntas.

    Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.

    Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.

    Todo parece ser inteligente.

    Las casas.

    Los carros.

    Los electrodomésticos.

    Los algoritmos.

    Las máquinas.

    Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:

    ”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”

    Será que soy un modelo obsoleto.

    Uno de esos humanos versión antigua.

    Cansado.

    Fuera de serie.

    Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.

    Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.

    Almorzando solo.

    Hablando con alguien.

    O simplemente mirando por la ventana.

    Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.

    Probablemente se equivoque.

    Como probablemente también me equivoqué yo.

    Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.

    Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:

    ¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?

    Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.

    Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.

    Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.

    Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.

    @elmandelacamara
    Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño.

    #adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
  18. La evolución de la Zoociedad

    Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.

    Pero terminé mirando más a las personas que al plato.

    Eso siempre me pasa.

    No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.

    En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.

    No estaba completamente sola.

    Pero la escena me dejó pensando.

    No en ella.

    En mí.

    Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.

    La diferencia es que todavía no llego a la vejez.

    Y entonces apareció una pregunta incómoda.

    ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”

    La pregunta incomoda.

    Suena extraña.

    Hasta peligrosa.

    La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.

    Compartimos ascensores sin saludarnos.

    Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.

    Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.

    Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.

    Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.

    Preguntarle si podía sentarme.

    Conversar un rato.

    Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.

    No lo hice.

    Me ganó la costumbre.

    Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.

    La de no invadir.

    La de no hablar.

    La de no acercarse.

    No sé si aquella señora necesitaba compañía.

    No sé si habría aceptado.

    No sé absolutamente nada de su vida.

    Quizá estaba feliz hablando con alguien.

    Quizá esperaba a un familiar.

    Quizá simplemente disfrutaba ese momento.

    No tengo derecho a escribir su historia.

    Pero sí puedo escribir la mía.

    Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.

    Entonces pensé en eso que llamamos evolución.

    Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.

    Todo parece avanzar.

    Menos nosotros.

    Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.

    Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.

    Nunca habíamos estado tan conectados.

    Nunca habíamos estado tan encapsulados.

    Antes la evolución consistía en aprender a convivir.

    Hoy parece consistir en optimizar.

    Optimizar el tiempo.

    Optimizar la productividad.

    Optimizar el cuerpo.

    Optimizar el contenido.

    Optimizar la atención.

    Todo debe ser eficiente.

    Incluso las relaciones.

    Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.

    Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.

    Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.

    La Zoociedad no siempre es cruel.

    Muchas veces solo es indiferente.

    Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.

    Una señora almorzando con una mesa vacía.

    Un vigilante que nadie saluda.

    Un barrendero limpiando la basura ajena.

    Un vendedor ambulante caminando kilómetros.

    Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.

    Los vemos todos los días.

    Precisamente por eso dejamos de verlos.

    Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.

    Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.

    Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.

    Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.

    Somos expertos en conectar dispositivos.

    Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.

    Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.

    La fotografía había sido para mí.

    Fue un espejo.

    Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.

    Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.

    Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.

    Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.

    Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.

    No busco la fotografía perfecta.

    Busco preguntas.

    Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.

    Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.

    Todo parece ser inteligente.

    Las casas.

    Los carros.

    Los electrodomésticos.

    Los algoritmos.

    Las máquinas.

    Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:

    ”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”

    Será que soy un modelo obsoleto.

    Uno de esos humanos versión antigua.

    Cansado.

    Fuera de serie.

    Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.

    Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.

    Almorzando solo.

    Hablando con alguien.

    O simplemente mirando por la ventana.

    Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.

    Probablemente se equivoque.

    Como probablemente también me equivoqué yo.

    Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.

    Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:

    ¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?

    Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.

    Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.

    Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.

    Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.

    @elmandelacamara
    Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño.

    #adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
  19. Una de las principales razones del porque "Él qué quiere puede" y "Todo tiene que ver con fuerza de voluntad", son más falsos que cualquier discurso político emitido por gringolandía desde siempre...

    Y no lo digo porque al tener TDAH, aprendí qué la "Fuerza de voluntad" es inútil, sino porque aprendí qué somos seres espirituales, biológicos y culturales, atravesados por diversas dimensiones sensitivas, condicionadas por nuestras historias de vida...
    #humanidad #paz

    facebook.com/share/r/17ixN4t2D

  20. Una de las principales razones del porque "Él qué quiere puede" y "Todo tiene que ver con fuerza de voluntad", son más falsos que cualquier discurso político emitido por gringolandía desde siempre...

    Y no lo digo porque al tener TDAH, aprendí qué la "Fuerza de voluntad" es inútil, sino porque aprendí qué somos seres espirituales, biológicos y culturales, atravesados por diversas dimensiones sensitivas, condicionadas por nuestras historias de vida...
    #humanidad #paz

    facebook.com/share/r/17ixN4t2D

  21. :ajolote_bailando: Al final, siempre es más fácil soltar el golpe desde la barrera.
    Es curioso cómo nos gusta disfrazar de "opinión" o de "justicia" lo que, en el fondo, no es más que regodearse un poco en el mal ajeno cuando alguien tropieza.
    Porque sí, hay quien parece que lleva el botiquín con sal en vez de con antiséptico, esperando a que te caigas para terminar de rematarte.

    Me revienta esa falta de humanidad disfrazada de franqueza.
    Si alguien está en el suelo, lo último que necesita es que alguien venga a darle lecciones de moral o a recordarle lo evidente.
    Si la vida te obliga a tocar el daño de otro, se hace con guantes de seda, no con bisturís oxidados.
    Pero supongo que eso requiere un nivel de empatía que no todo el mundo tiene instalado en el sistema.

    Qué sabré yo, igual es que me he vuelto demasiado blanda o que, simplemente, hay gente que prefiere ser protagonista del desastre ajeno antes que mirarse un poco al espejo.

    ─── ⋆⋅☆⋅⋆ ───

    #empatia #reflexion #sinceridad #humanidad #comportamiento

  22. :ajolote_bailando: Al final, siempre es más fácil soltar el golpe desde la barrera.
    Es curioso cómo nos gusta disfrazar de "opinión" o de "justicia" lo que, en el fondo, no es más que regodearse un poco en el mal ajeno cuando alguien tropieza.
    Porque sí, hay quien parece que lleva el botiquín con sal en vez de con antiséptico, esperando a que te caigas para terminar de rematarte.

    Me revienta esa falta de humanidad disfrazada de franqueza.
    Si alguien está en el suelo, lo último que necesita es que alguien venga a darle lecciones de moral o a recordarle lo evidente.
    Si la vida te obliga a tocar el daño de otro, se hace con guantes de seda, no con bisturís oxidados.
    Pero supongo que eso requiere un nivel de empatía que no todo el mundo tiene instalado en el sistema.

    Qué sabré yo, igual es que me he vuelto demasiado blanda o que, simplemente, hay gente que prefiere ser protagonista del desastre ajeno antes que mirarse un poco al espejo.

    ─── ⋆⋅☆⋅⋆ ───

    #empatia #reflexion #sinceridad #humanidad #comportamiento

  23. :ajolote_bailando: Al final, siempre es más fácil soltar el golpe desde la barrera.
    Es curioso cómo nos gusta disfrazar de "opinión" o de "justicia" lo que, en el fondo, no es más que regodearse un poco en el mal ajeno cuando alguien tropieza.
    Porque sí, hay quien parece que lleva el botiquín con sal en vez de con antiséptico, esperando a que te caigas para terminar de rematarte.

    Me revienta esa falta de humanidad disfrazada de franqueza.
    Si alguien está en el suelo, lo último que necesita es que alguien venga a darle lecciones de moral o a recordarle lo evidente.
    Si la vida te obliga a tocar el daño de otro, se hace con guantes de seda, no con bisturís oxidados.
    Pero supongo que eso requiere un nivel de empatía que no todo el mundo tiene instalado en el sistema.

    Qué sabré yo, igual es que me he vuelto demasiado blanda o que, simplemente, hay gente que prefiere ser protagonista del desastre ajeno antes que mirarse un poco al espejo.

    ─── ⋆⋅☆⋅⋆ ───

    #empatia #reflexion #sinceridad #humanidad #comportamiento

  24. Creo que buena parte del futuro de la #humanidad depende de poder sacar las lecciones del #sigloXX y sus dos #guerrasmundiales, y hacernos una nueva piel, un nuevo cerebro que incorpore esas lecciones a las nuevas sociedades.

  25. Creo que buena parte del futuro de la #humanidad depende de poder sacar las lecciones del #sigloXX y sus dos #guerrasmundiales, y hacernos una nueva piel, un nuevo cerebro que incorpore esas lecciones a las nuevas sociedades.

  26. ❖ Al final, todo se resume en lo mismo: aprender a soltar el lastre y entender que el mundo no se acaba porque alguien te dé la espalda.
    Es irónico, porque pasamos media vida intentando ser autosuficientes para que no nos hagan daño, y la otra media dándonos cuenta de que, sin los demás, la carga se vuelve innecesariamente pesada.

    No se trata de ir por ahí salvando a nadie —que bastante tenemos con lo nuestro—, sino de esa capacidad de decir “aquí estoy” sin esperar una medalla.
    Eso es lo que realmente nos hace humanos, aunque suene a frase de anuncio.
    He aprendido a palos que mucha gente no quiere que le sostengas la mano, solo quiere que le aplaudan mientras se quejan de la caída.
    Con esa gente, lo mejor es el puente, sí, pero de lejos.

    Pero cuando alguien realmente merece la pena, no hace falta mucha parafernalia.
    Un gesto, un mensaje a tiempo, o simplemente estar ahí cuando el silencio se vuelve insoportable, es suficiente.
    Al final, somos lo que dejamos en la cabeza y en el pecho de quien nos rodea.
    Y si esa huella es haber sido un apoyo, pues oye, algo habremos hecho bien en este lío.

    ❖ ── ✦ ── ❖

    #reflexiones #vida #humanidad #aprendizaje #sinceridad #imagenretocadaconIA

  27. ❖ Al final, todo se resume en lo mismo: aprender a soltar el lastre y entender que el mundo no se acaba porque alguien te dé la espalda.
    Es irónico, porque pasamos media vida intentando ser autosuficientes para que no nos hagan daño, y la otra media dándonos cuenta de que, sin los demás, la carga se vuelve innecesariamente pesada.

    No se trata de ir por ahí salvando a nadie —que bastante tenemos con lo nuestro—, sino de esa capacidad de decir “aquí estoy” sin esperar una medalla.
    Eso es lo que realmente nos hace humanos, aunque suene a frase de anuncio.
    He aprendido a palos que mucha gente no quiere que le sostengas la mano, solo quiere que le aplaudan mientras se quejan de la caída.
    Con esa gente, lo mejor es el puente, sí, pero de lejos.

    Pero cuando alguien realmente merece la pena, no hace falta mucha parafernalia.
    Un gesto, un mensaje a tiempo, o simplemente estar ahí cuando el silencio se vuelve insoportable, es suficiente.
    Al final, somos lo que dejamos en la cabeza y en el pecho de quien nos rodea.
    Y si esa huella es haber sido un apoyo, pues oye, algo habremos hecho bien en este lío.

    ❖ ── ✦ ── ❖

    #reflexiones #vida #humanidad #aprendizaje #sinceridad #imagenretocadaconIA

  28. #reflexion

    Mandriles con pantalla táctil

    La humanidad presume con orgullo sus rascacielos de cristal, la llegada a planetas lejanos y la creación de redes de comunicación que conectan el mundo entero en un segundo. Existe la firme creencia de habitar la cumbre de la evolución biológica y cultural. Sin embargo, detrás de los trajes costosos, las corbatas perfectas y las oficinas con aire acondicionado, late un corazón cavernícola que responde a los mismos impulsos primitivos de hace miles de años. Las ciudades modernas no son más que selvas de asfalto donde los habitantes repiten conductas de supervivencia básicas bajo el disfraz de la civilización.

    El comportamiento cotidiano delata este origen animal a cada instante. El uso de ropa de diseñador, autos lujosos o relojes caros cumple la misma función que el plumaje brillante de un ave o el pecho inflado de un gorila, pues el objetivo real es marcar estatus y reclamar territorio frente a la manada. De igual manera, la obsesión contemporánea por conseguir reacciones positivas en las plataformas digitales privativas (Twitter, Instagram, Facebook, bluesky, etc) replica el viejo hábito de los chimpancés de limpiarse los parásitos unos a otros para consolidar alianzas. El miedo profundo al rechazo digital no es evolución, es el temor ancestral de quedar fuera de la tribu y morir desprotegido en la intemperie.

    Las viviendas estables y los departamentos de lujo funcionan como cuevas artificiales donde el instinto cavernicola exige acumular recursos de forma desmedida por miedo a una escasez que ya no existe. La fragilidad de la supuesta evolución humana queda expuesta cuando se interrumpe el suministro eléctrico o escasea un producto en el supermercado, momentos donde la cortesía social desaparece para dar paso al egoísmo más salvaje. La tecnología avanzó a pasos agigantados, pero la mente colectiva continúa atrapada en la sabana africana, alerta ante depredadores invisibles y buscando desesperadamente la aprobación del grupo para sobrevivir un día más.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Evolucion #Sociologia #Comportamiento #Humanidad #CulturaUrbana

  29. Giuseppe Lanza del Vasto describe una verdad incómoda sobre el estado de inconsciencia general de la humanidad...

    ¿Y si el verdadero origen de los conflictos humanos no estuviera en los gobiernos, las guerras o las ideologías... sino dentro de nosotros mismos?

    youtube.com/watch?v=4rr4GFi7aJQ

    #consciencia #consciencia_holistica #humanidad #verdad

  30. Una nueva flotilla humanitaria se alista en Barcelona para llevar ayuda a Gaza. Cien países, miles de personas unidas por la solidaridad. Como dijo Darwish: "La sangre derramada pide que resistamos".

    Mientras el mundo mira, nosotros actuamos. Tu apoyo hace posible esta misión.

    Lee más: chileglobalsumud.cl/blog/una-n

    #palestina #solidaridad #humanidad

  31. Una nueva flotilla humanitaria se alista en Barcelona para llevar ayuda a Gaza. Cien países, miles de personas unidas por la solidaridad. Como dijo Darwish: "La sangre derramada pide que resistamos".

    Mientras el mundo mira, nosotros actuamos. Tu apoyo hace posible esta misión.

    Lee más: chileglobalsumud.cl/blog/una-n

    #palestina #solidaridad #humanidad

  32. Una nueva flotilla humanitaria se alista en Barcelona para llevar ayuda a Gaza. Cien países, miles de personas unidas por la solidaridad. Como dijo Darwish: "La sangre derramada pide que resistamos".

    Mientras el mundo mira, nosotros actuamos. Tu apoyo hace posible esta misión.

    Lee más: chileglobalsumud.cl/blog/una-n

    #palestina #solidaridad #humanidad

  33. Una nueva flotilla humanitaria se alista en Barcelona para llevar ayuda a Gaza. Cien países, miles de personas unidas por la solidaridad. Como dijo Darwish: "La sangre derramada pide que resistamos".

    Mientras el mundo mira, nosotros actuamos. Tu apoyo hace posible esta misión.

    Lee más: chileglobalsumud.cl/blog/una-n

    #palestina #solidaridad #humanidad

  34. ✶━━━━━━━✶━━━━━━━✶

    El mundo sería maravilloso
    si la gente utilizara para pensar
    el tiempo que usa para ofender.

    ✶━━━━━━━✶━━━━━━━✶

    #reflexion #sinceridad #realidad #tiempo #humanidad

  35. ✶━━━━━━━✶━━━━━━━✶

    El mundo sería maravilloso
    si la gente utilizara para pensar
    el tiempo que usa para ofender.

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    #reflexion #sinceridad #realidad #tiempo #humanidad

  36. ✶━━━━━━━✶━━━━━━━✶

    El mundo sería maravilloso
    si la gente utilizara para pensar
    el tiempo que usa para ofender.

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    #reflexion #sinceridad #realidad #tiempo #humanidad

  37. ✶━━━━━━━✶━━━━━━━✶

    El mundo sería maravilloso
    si la gente utilizara para pensar
    el tiempo que usa para ofender.

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    #reflexion #sinceridad #realidad #tiempo #humanidad

  38. ✶━━━━━━━✶━━━━━━━✶

    El mundo sería maravilloso
    si la gente utilizara para pensar
    el tiempo que usa para ofender.

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    #reflexion #sinceridad #realidad #tiempo #humanidad

  39. europesays.com/es/590641/ ¿Está el mundo preparado para la próxima pandemia? La OMS lanza una advertencia que enciende todas las alarmas #ES #España #Health #humanidad #Pandemia #Salud #SEIMC #Spain #Virus