home.social

#algoritmos — Public Fediverse posts

Live and recent posts from across the Fediverse tagged #algoritmos, aggregated by home.social.

  1. As conversas da internet parecem cada vez mais sincronizadas.

    Mas talvez a mudança mais profunda não esteja nos bots, e sim em como passamos a adaptar nossa linguagem aos padrões que as plataformas favorecem.

    Se isso continuar, talvez a diferença entre comportamento humano e comportamento otimizado fique cada vez menos evidente.

    drucillainsthub.substack.com/p

    #Algoritmos #CulturaDigital #instHub

  2. Quando decisões importantes passam por sistemas de IA, a transparência parece uma solução evidente.

    Mas talvez exista uma diferença entre mostrar o prompt e explicar como uma decisão realmente foi construída.

    Essa distância pode ser mais significativa do que costuma parecer.

    open.substack.com/pub/drucilla

    #Transparencia #Algoritmos #instHub

  3. Quando decisões importantes passam por sistemas de IA, a transparência parece uma solução evidente.

    Mas talvez exista uma diferença entre mostrar o prompt e explicar como uma decisão realmente foi construída.

    Essa distância pode ser mais significativa do que costuma parecer.

    open.substack.com/pub/drucilla

    #Transparencia #Algoritmos #instHub

  4. Quando decisões importantes passam por sistemas de IA, a transparência parece uma solução evidente.

    Mas talvez exista uma diferença entre mostrar o prompt e explicar como uma decisão realmente foi construída.

    Essa distância pode ser mais significativa do que costuma parecer.

    open.substack.com/pub/drucilla

  5. La gran rueda

    No nos volvimos más libres.

    Nos volvimos más fáciles de domesticar.

    Antes bastaban relojes para controlar el tiempo. Hoy llevamos en el bolsillo máquinas capaces de medir cada paso, cada palabra, cada fotografía, cada segundo de atención y cada instante de aburrimiento.

    Y todavía creemos que las usamos nosotros.

    La mentira más elegante del siglo XXI no es la inteligencia artificial.

    Es la gamificación.

    Todo tiene una barra de progreso.

    Todo tiene un nivel.

    Todo tiene una insignia.

    Todo tiene una racha.

    Todo tiene un contador.

    Ya no aprendemos idiomas.

    Mantenemos llamas virtuales.

    Ya no hacemos ejercicio.

    Cerramos anillos.

    Ya no compartimos fotografías.

    Perseguimos alcance.

    Ya no escribimos.

    Alimentamos algoritmos.

    Ya no conversamos.

    Respondemos notificaciones.

    Todo parece un juego.

    Nada parece una cárcel.

    Ese fue el verdadero genio del diseño moderno.

    Las prisiones dejaron de parecer prisiones.

    Ahora parecen aplicaciones bonitas, coloridas y llenas de recompensas.

    No hace falta obligarte.

    Te convencerán de volver mañana.

    Y tú volverás creyendo que fue decisión tuya.

    Las redes sociales descubrieron que un “me gusta” vale más que una conversación.

    Las aplicaciones de idiomas descubrieron que una racha pesa más que el conocimiento.

    Las plataformas de video descubrieron que el siguiente video importa más que el anterior.

    Las empresas descubrieron que un gráfico motiva más que un aumento de sueldo.

    Los gobiernos descubrieron que un ciudadano entretenido hace menos preguntas.

    Todo el mundo aprendió la misma lección:

    No vendas resultados.

    Vende indicadores.

    La tragedia es que terminamos confundiendo una cosa con la otra.

    Una persona presume mil días de Duolingo.

    Perfecto.

    ¿Puede sostener una conversación de diez minutos?

    Otra presume leer cien libros al año.

    Perfecto.

    ¿Cuántos le cambiaron la forma de pensar?

    Otra presume diez mil seguidores.

    Perfecto.

    ¿Cuántos aparecerían si necesitara ayuda para mudarse de casa?

    Vivimos enamorados del marcador.

    Olvidamos mirar el partido.

    Y lo peor es que defendemos nuestra rueda.

    Si alguien elimina Instagram, lo llaman exagerado.

    Si rompe una racha de mil días, le dicen que desperdició el esfuerzo.

    Si apaga las notificaciones, preguntan qué le pasó.

    Como si la normalidad consistiera en estar permanentemente disponible para una máquina.

    Nos enseñaron a sentir culpa por detenernos.

    Ansiedad por desconectarnos.

    Vacío por no producir datos.

    La economía ya no necesita solamente trabajadores.

    Necesita usuarios.

    No necesita ciudadanos.

    Necesita consumidores de atención.

    Cada clic alimenta una base de datos.

    Cada segundo mirando una pantalla alimenta un modelo.

    Cada desplazamiento del dedo tiene valor económico.

    Nos convencieron de que el producto era gratuito.

    Hasta que descubrimos que el producto éramos nosotros.

    Por eso ya casi nadie soporta el silencio.

    Cinco minutos esperando una fila parecen insoportables.

    Diez minutos sin revisar el celular producen inquietud.

    Una tarde sin publicar parece una oportunidad perdida.

    El aburrimiento, ese lugar donde antes nacían las ideas, fue reemplazado por una notificación.

    Y mientras celebramos nuestras estadísticas personales, alguien celebra las estadísticas reales.

    Las de nuestro tiempo.

    Las de nuestra atención.

    Las de nuestros hábitos.

    Las de nuestra dependencia.

    No estoy diciendo que abandonemos la tecnología.

    Sería absurdo.

    La tecnología es una herramienta extraordinaria.

    Lo peligroso comienza cuando la herramienta empieza a diseñar nuestro comportamiento mejor de lo que nosotros diseñamos el suyo.

    Ese día dejamos de usar el sistema.

    El sistema empezó a usarnos.

    La libertad no consiste en romper todas las ruedas.

    Consiste en reconocer cuándo una rueda nos está haciendo avanzar…

    …y cuándo solo nos mantiene corriendo para que alguien más cuente nuestros pasos.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Observador de la zoociedad. Porque no toda barra de progreso conduce a algún lugar.

    Imagen creada con inteligencia artificial.

    Las ideas, la crítica, la mala leche y las consecuencias… son problema de ElMandelaCámara.

    #AdicciónDigital #algoritmos #Atención #Bogotá #Bumble #Cali #Caliwood #Colombia #críticaSocial #culturapop #dignidad #DiseñoPersuasivo #DopaminaDigital #Duolingo #economíaDeLaAtención #economíaDigital #elmandelacamara #estupidoServil #experiencias #Facebook #Gamificación #Grindr #instagram #LinkedIn #Notificaciones #Productividad #Rachas #redes #redesSociales #SCRUFF #Sociedad #Tecnología #TikTok #Tinder #x #YouTube #Zoociedad
  6. La gran rueda

    No nos volvimos más libres.

    Nos volvimos más fáciles de domesticar.

    Antes bastaban relojes para controlar el tiempo. Hoy llevamos en el bolsillo máquinas capaces de medir cada paso, cada palabra, cada fotografía, cada segundo de atención y cada instante de aburrimiento.

    Y todavía creemos que las usamos nosotros.

    La mentira más elegante del siglo XXI no es la inteligencia artificial.

    Es la gamificación.

    Todo tiene una barra de progreso.

    Todo tiene un nivel.

    Todo tiene una insignia.

    Todo tiene una racha.

    Todo tiene un contador.

    Ya no aprendemos idiomas.

    Mantenemos llamas virtuales.

    Ya no hacemos ejercicio.

    Cerramos anillos.

    Ya no compartimos fotografías.

    Perseguimos alcance.

    Ya no escribimos.

    Alimentamos algoritmos.

    Ya no conversamos.

    Respondemos notificaciones.

    Todo parece un juego.

    Nada parece una cárcel.

    Ese fue el verdadero genio del diseño moderno.

    Las prisiones dejaron de parecer prisiones.

    Ahora parecen aplicaciones bonitas, coloridas y llenas de recompensas.

    No hace falta obligarte.

    Te convencerán de volver mañana.

    Y tú volverás creyendo que fue decisión tuya.

    Las redes sociales descubrieron que un “me gusta” vale más que una conversación.

    Las aplicaciones de idiomas descubrieron que una racha pesa más que el conocimiento.

    Las plataformas de video descubrieron que el siguiente video importa más que el anterior.

    Las empresas descubrieron que un gráfico motiva más que un aumento de sueldo.

    Los gobiernos descubrieron que un ciudadano entretenido hace menos preguntas.

    Todo el mundo aprendió la misma lección:

    No vendas resultados.

    Vende indicadores.

    La tragedia es que terminamos confundiendo una cosa con la otra.

    Una persona presume mil días de Duolingo.

    Perfecto.

    ¿Puede sostener una conversación de diez minutos?

    Otra presume leer cien libros al año.

    Perfecto.

    ¿Cuántos le cambiaron la forma de pensar?

    Otra presume diez mil seguidores.

    Perfecto.

    ¿Cuántos aparecerían si necesitara ayuda para mudarse de casa?

    Vivimos enamorados del marcador.

    Olvidamos mirar el partido.

    Y lo peor es que defendemos nuestra rueda.

    Si alguien elimina Instagram, lo llaman exagerado.

    Si rompe una racha de mil días, le dicen que desperdició el esfuerzo.

    Si apaga las notificaciones, preguntan qué le pasó.

    Como si la normalidad consistiera en estar permanentemente disponible para una máquina.

    Nos enseñaron a sentir culpa por detenernos.

    Ansiedad por desconectarnos.

    Vacío por no producir datos.

    La economía ya no necesita solamente trabajadores.

    Necesita usuarios.

    No necesita ciudadanos.

    Necesita consumidores de atención.

    Cada clic alimenta una base de datos.

    Cada segundo mirando una pantalla alimenta un modelo.

    Cada desplazamiento del dedo tiene valor económico.

    Nos convencieron de que el producto era gratuito.

    Hasta que descubrimos que el producto éramos nosotros.

    Por eso ya casi nadie soporta el silencio.

    Cinco minutos esperando una fila parecen insoportables.

    Diez minutos sin revisar el celular producen inquietud.

    Una tarde sin publicar parece una oportunidad perdida.

    El aburrimiento, ese lugar donde antes nacían las ideas, fue reemplazado por una notificación.

    Y mientras celebramos nuestras estadísticas personales, alguien celebra las estadísticas reales.

    Las de nuestro tiempo.

    Las de nuestra atención.

    Las de nuestros hábitos.

    Las de nuestra dependencia.

    No estoy diciendo que abandonemos la tecnología.

    Sería absurdo.

    La tecnología es una herramienta extraordinaria.

    Lo peligroso comienza cuando la herramienta empieza a diseñar nuestro comportamiento mejor de lo que nosotros diseñamos el suyo.

    Ese día dejamos de usar el sistema.

    El sistema empezó a usarnos.

    La libertad no consiste en romper todas las ruedas.

    Consiste en reconocer cuándo una rueda nos está haciendo avanzar…

    …y cuándo solo nos mantiene corriendo para que alguien más cuente nuestros pasos.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Observador de la zoociedad. Porque no toda barra de progreso conduce a algún lugar.

    Imagen creada con inteligencia artificial.

    Las ideas, la crítica, la mala leche y las consecuencias… son problema de ElMandelaCámara.

    #AdicciónDigital #algoritmos #Atención #Bogotá #Bumble #Cali #Caliwood #Colombia #críticaSocial #culturapop #dignidad #DiseñoPersuasivo #DopaminaDigital #Duolingo #economíaDeLaAtención #economíaDigital #elmandelacamara #estupidoServil #experiencias #Facebook #Gamificación #Grindr #instagram #LinkedIn #Notificaciones #Productividad #Rachas #redes #redesSociales #SCRUFF #Sociedad #Tecnología #TikTok #Tinder #x #YouTube #Zoociedad
  7. La gran rueda

    No nos volvimos más libres.

    Nos volvimos más fáciles de domesticar.

    Antes bastaban relojes para controlar el tiempo. Hoy llevamos en el bolsillo máquinas capaces de medir cada paso, cada palabra, cada fotografía, cada segundo de atención y cada instante de aburrimiento.

    Y todavía creemos que las usamos nosotros.

    La mentira más elegante del siglo XXI no es la inteligencia artificial.

    Es la gamificación.

    Todo tiene una barra de progreso.

    Todo tiene un nivel.

    Todo tiene una insignia.

    Todo tiene una racha.

    Todo tiene un contador.

    Ya no aprendemos idiomas.

    Mantenemos llamas virtuales.

    Ya no hacemos ejercicio.

    Cerramos anillos.

    Ya no compartimos fotografías.

    Perseguimos alcance.

    Ya no escribimos.

    Alimentamos algoritmos.

    Ya no conversamos.

    Respondemos notificaciones.

    Todo parece un juego.

    Nada parece una cárcel.

    Ese fue el verdadero genio del diseño moderno.

    Las prisiones dejaron de parecer prisiones.

    Ahora parecen aplicaciones bonitas, coloridas y llenas de recompensas.

    No hace falta obligarte.

    Te convencerán de volver mañana.

    Y tú volverás creyendo que fue decisión tuya.

    Las redes sociales descubrieron que un “me gusta” vale más que una conversación.

    Las aplicaciones de idiomas descubrieron que una racha pesa más que el conocimiento.

    Las plataformas de video descubrieron que el siguiente video importa más que el anterior.

    Las empresas descubrieron que un gráfico motiva más que un aumento de sueldo.

    Los gobiernos descubrieron que un ciudadano entretenido hace menos preguntas.

    Todo el mundo aprendió la misma lección:

    No vendas resultados.

    Vende indicadores.

    La tragedia es que terminamos confundiendo una cosa con la otra.

    Una persona presume mil días de Duolingo.

    Perfecto.

    ¿Puede sostener una conversación de diez minutos?

    Otra presume leer cien libros al año.

    Perfecto.

    ¿Cuántos le cambiaron la forma de pensar?

    Otra presume diez mil seguidores.

    Perfecto.

    ¿Cuántos aparecerían si necesitara ayuda para mudarse de casa?

    Vivimos enamorados del marcador.

    Olvidamos mirar el partido.

    Y lo peor es que defendemos nuestra rueda.

    Si alguien elimina Instagram, lo llaman exagerado.

    Si rompe una racha de mil días, le dicen que desperdició el esfuerzo.

    Si apaga las notificaciones, preguntan qué le pasó.

    Como si la normalidad consistiera en estar permanentemente disponible para una máquina.

    Nos enseñaron a sentir culpa por detenernos.

    Ansiedad por desconectarnos.

    Vacío por no producir datos.

    La economía ya no necesita solamente trabajadores.

    Necesita usuarios.

    No necesita ciudadanos.

    Necesita consumidores de atención.

    Cada clic alimenta una base de datos.

    Cada segundo mirando una pantalla alimenta un modelo.

    Cada desplazamiento del dedo tiene valor económico.

    Nos convencieron de que el producto era gratuito.

    Hasta que descubrimos que el producto éramos nosotros.

    Por eso ya casi nadie soporta el silencio.

    Cinco minutos esperando una fila parecen insoportables.

    Diez minutos sin revisar el celular producen inquietud.

    Una tarde sin publicar parece una oportunidad perdida.

    El aburrimiento, ese lugar donde antes nacían las ideas, fue reemplazado por una notificación.

    Y mientras celebramos nuestras estadísticas personales, alguien celebra las estadísticas reales.

    Las de nuestro tiempo.

    Las de nuestra atención.

    Las de nuestros hábitos.

    Las de nuestra dependencia.

    No estoy diciendo que abandonemos la tecnología.

    Sería absurdo.

    La tecnología es una herramienta extraordinaria.

    Lo peligroso comienza cuando la herramienta empieza a diseñar nuestro comportamiento mejor de lo que nosotros diseñamos el suyo.

    Ese día dejamos de usar el sistema.

    El sistema empezó a usarnos.

    La libertad no consiste en romper todas las ruedas.

    Consiste en reconocer cuándo una rueda nos está haciendo avanzar…

    …y cuándo solo nos mantiene corriendo para que alguien más cuente nuestros pasos.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Observador de la zoociedad. Porque no toda barra de progreso conduce a algún lugar.

    Imagen creada con inteligencia artificial.

    Las ideas, la crítica, la mala leche y las consecuencias… son problema de ElMandelaCámara.

    #AdicciónDigital #algoritmos #Atención #Bogotá #Bumble #Cali #Caliwood #Colombia #críticaSocial #culturapop #dignidad #DiseñoPersuasivo #DopaminaDigital #Duolingo #economíaDeLaAtención #economíaDigital #elmandelacamara #estupidoServil #experiencias #Facebook #Gamificación #Grindr #instagram #LinkedIn #Notificaciones #Productividad #Rachas #redes #redesSociales #SCRUFF #Sociedad #Tecnología #TikTok #Tinder #x #YouTube #Zoociedad
  8. La gran rueda

    No nos volvimos más libres.

    Nos volvimos más fáciles de domesticar.

    Antes bastaban relojes para controlar el tiempo. Hoy llevamos en el bolsillo máquinas capaces de medir cada paso, cada palabra, cada fotografía, cada segundo de atención y cada instante de aburrimiento.

    Y todavía creemos que las usamos nosotros.

    La mentira más elegante del siglo XXI no es la inteligencia artificial.

    Es la gamificación.

    Todo tiene una barra de progreso.

    Todo tiene un nivel.

    Todo tiene una insignia.

    Todo tiene una racha.

    Todo tiene un contador.

    Ya no aprendemos idiomas.

    Mantenemos llamas virtuales.

    Ya no hacemos ejercicio.

    Cerramos anillos.

    Ya no compartimos fotografías.

    Perseguimos alcance.

    Ya no escribimos.

    Alimentamos algoritmos.

    Ya no conversamos.

    Respondemos notificaciones.

    Todo parece un juego.

    Nada parece una cárcel.

    Ese fue el verdadero genio del diseño moderno.

    Las prisiones dejaron de parecer prisiones.

    Ahora parecen aplicaciones bonitas, coloridas y llenas de recompensas.

    No hace falta obligarte.

    Te convencerán de volver mañana.

    Y tú volverás creyendo que fue decisión tuya.

    Las redes sociales descubrieron que un “me gusta” vale más que una conversación.

    Las aplicaciones de idiomas descubrieron que una racha pesa más que el conocimiento.

    Las plataformas de video descubrieron que el siguiente video importa más que el anterior.

    Las empresas descubrieron que un gráfico motiva más que un aumento de sueldo.

    Los gobiernos descubrieron que un ciudadano entretenido hace menos preguntas.

    Todo el mundo aprendió la misma lección:

    No vendas resultados.

    Vende indicadores.

    La tragedia es que terminamos confundiendo una cosa con la otra.

    Una persona presume mil días de Duolingo.

    Perfecto.

    ¿Puede sostener una conversación de diez minutos?

    Otra presume leer cien libros al año.

    Perfecto.

    ¿Cuántos le cambiaron la forma de pensar?

    Otra presume diez mil seguidores.

    Perfecto.

    ¿Cuántos aparecerían si necesitara ayuda para mudarse de casa?

    Vivimos enamorados del marcador.

    Olvidamos mirar el partido.

    Y lo peor es que defendemos nuestra rueda.

    Si alguien elimina Instagram, lo llaman exagerado.

    Si rompe una racha de mil días, le dicen que desperdició el esfuerzo.

    Si apaga las notificaciones, preguntan qué le pasó.

    Como si la normalidad consistiera en estar permanentemente disponible para una máquina.

    Nos enseñaron a sentir culpa por detenernos.

    Ansiedad por desconectarnos.

    Vacío por no producir datos.

    La economía ya no necesita solamente trabajadores.

    Necesita usuarios.

    No necesita ciudadanos.

    Necesita consumidores de atención.

    Cada clic alimenta una base de datos.

    Cada segundo mirando una pantalla alimenta un modelo.

    Cada desplazamiento del dedo tiene valor económico.

    Nos convencieron de que el producto era gratuito.

    Hasta que descubrimos que el producto éramos nosotros.

    Por eso ya casi nadie soporta el silencio.

    Cinco minutos esperando una fila parecen insoportables.

    Diez minutos sin revisar el celular producen inquietud.

    Una tarde sin publicar parece una oportunidad perdida.

    El aburrimiento, ese lugar donde antes nacían las ideas, fue reemplazado por una notificación.

    Y mientras celebramos nuestras estadísticas personales, alguien celebra las estadísticas reales.

    Las de nuestro tiempo.

    Las de nuestra atención.

    Las de nuestros hábitos.

    Las de nuestra dependencia.

    No estoy diciendo que abandonemos la tecnología.

    Sería absurdo.

    La tecnología es una herramienta extraordinaria.

    Lo peligroso comienza cuando la herramienta empieza a diseñar nuestro comportamiento mejor de lo que nosotros diseñamos el suyo.

    Ese día dejamos de usar el sistema.

    El sistema empezó a usarnos.

    La libertad no consiste en romper todas las ruedas.

    Consiste en reconocer cuándo una rueda nos está haciendo avanzar…

    …y cuándo solo nos mantiene corriendo para que alguien más cuente nuestros pasos.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Observador de la zoociedad. Porque no toda barra de progreso conduce a algún lugar.

    Imagen creada con inteligencia artificial.

    Las ideas, la crítica, la mala leche y las consecuencias… son problema de ElMandelaCámara.

    #AdicciónDigital #algoritmos #Atención #Bogotá #Bumble #Cali #Caliwood #Colombia #críticaSocial #culturapop #dignidad #DiseñoPersuasivo #DopaminaDigital #Duolingo #economíaDeLaAtención #economíaDigital #elmandelacamara #estupidoServil #experiencias #Facebook #Gamificación #Grindr #instagram #LinkedIn #Notificaciones #Productividad #Rachas #redes #redesSociales #SCRUFF #Sociedad #Tecnología #TikTok #Tinder #x #YouTube #Zoociedad
  9. La gran rueda

    No nos volvimos más libres.

    Nos volvimos más fáciles de domesticar.

    Antes bastaban relojes para controlar el tiempo. Hoy llevamos en el bolsillo máquinas capaces de medir cada paso, cada palabra, cada fotografía, cada segundo de atención y cada instante de aburrimiento.

    Y todavía creemos que las usamos nosotros.

    La mentira más elegante del siglo XXI no es la inteligencia artificial.

    Es la gamificación.

    Todo tiene una barra de progreso.

    Todo tiene un nivel.

    Todo tiene una insignia.

    Todo tiene una racha.

    Todo tiene un contador.

    Ya no aprendemos idiomas.

    Mantenemos llamas virtuales.

    Ya no hacemos ejercicio.

    Cerramos anillos.

    Ya no compartimos fotografías.

    Perseguimos alcance.

    Ya no escribimos.

    Alimentamos algoritmos.

    Ya no conversamos.

    Respondemos notificaciones.

    Todo parece un juego.

    Nada parece una cárcel.

    Ese fue el verdadero genio del diseño moderno.

    Las prisiones dejaron de parecer prisiones.

    Ahora parecen aplicaciones bonitas, coloridas y llenas de recompensas.

    No hace falta obligarte.

    Te convencerán de volver mañana.

    Y tú volverás creyendo que fue decisión tuya.

    Las redes sociales descubrieron que un “me gusta” vale más que una conversación.

    Las aplicaciones de idiomas descubrieron que una racha pesa más que el conocimiento.

    Las plataformas de video descubrieron que el siguiente video importa más que el anterior.

    Las empresas descubrieron que un gráfico motiva más que un aumento de sueldo.

    Los gobiernos descubrieron que un ciudadano entretenido hace menos preguntas.

    Todo el mundo aprendió la misma lección:

    No vendas resultados.

    Vende indicadores.

    La tragedia es que terminamos confundiendo una cosa con la otra.

    Una persona presume mil días de Duolingo.

    Perfecto.

    ¿Puede sostener una conversación de diez minutos?

    Otra presume leer cien libros al año.

    Perfecto.

    ¿Cuántos le cambiaron la forma de pensar?

    Otra presume diez mil seguidores.

    Perfecto.

    ¿Cuántos aparecerían si necesitara ayuda para mudarse de casa?

    Vivimos enamorados del marcador.

    Olvidamos mirar el partido.

    Y lo peor es que defendemos nuestra rueda.

    Si alguien elimina Instagram, lo llaman exagerado.

    Si rompe una racha de mil días, le dicen que desperdició el esfuerzo.

    Si apaga las notificaciones, preguntan qué le pasó.

    Como si la normalidad consistiera en estar permanentemente disponible para una máquina.

    Nos enseñaron a sentir culpa por detenernos.

    Ansiedad por desconectarnos.

    Vacío por no producir datos.

    La economía ya no necesita solamente trabajadores.

    Necesita usuarios.

    No necesita ciudadanos.

    Necesita consumidores de atención.

    Cada clic alimenta una base de datos.

    Cada segundo mirando una pantalla alimenta un modelo.

    Cada desplazamiento del dedo tiene valor económico.

    Nos convencieron de que el producto era gratuito.

    Hasta que descubrimos que el producto éramos nosotros.

    Por eso ya casi nadie soporta el silencio.

    Cinco minutos esperando una fila parecen insoportables.

    Diez minutos sin revisar el celular producen inquietud.

    Una tarde sin publicar parece una oportunidad perdida.

    El aburrimiento, ese lugar donde antes nacían las ideas, fue reemplazado por una notificación.

    Y mientras celebramos nuestras estadísticas personales, alguien celebra las estadísticas reales.

    Las de nuestro tiempo.

    Las de nuestra atención.

    Las de nuestros hábitos.

    Las de nuestra dependencia.

    No estoy diciendo que abandonemos la tecnología.

    Sería absurdo.

    La tecnología es una herramienta extraordinaria.

    Lo peligroso comienza cuando la herramienta empieza a diseñar nuestro comportamiento mejor de lo que nosotros diseñamos el suyo.

    Ese día dejamos de usar el sistema.

    El sistema empezó a usarnos.

    La libertad no consiste en romper todas las ruedas.

    Consiste en reconocer cuándo una rueda nos está haciendo avanzar…

    …y cuándo solo nos mantiene corriendo para que alguien más cuente nuestros pasos.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Observador de la zoociedad. Porque no toda barra de progreso conduce a algún lugar.

    Imagen creada con inteligencia artificial.

    Las ideas, la crítica, la mala leche y las consecuencias… son problema de ElMandelaCámara.

    #AdicciónDigital #algoritmos #Atención #Bogotá #Bumble #Cali #Caliwood #Colombia #críticaSocial #culturapop #dignidad #DiseñoPersuasivo #DopaminaDigital #Duolingo #economíaDeLaAtención #economíaDigital #elmandelacamara #estupidoServil #experiencias #Facebook #Gamificación #Grindr #instagram #LinkedIn #Notificaciones #Productividad #Rachas #redes #redesSociales #SCRUFF #Sociedad #Tecnología #TikTok #Tinder #x #YouTube #Zoociedad
  10. La evolución de la Zoociedad

    Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.

    Pero terminé mirando más a las personas que al plato.

    Eso siempre me pasa.

    No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.

    En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.

    No estaba completamente sola.

    Pero la escena me dejó pensando.

    No en ella.

    En mí.

    Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.

    La diferencia es que todavía no llego a la vejez.

    Y entonces apareció una pregunta incómoda.

    ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”

    La pregunta incomoda.

    Suena extraña.

    Hasta peligrosa.

    La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.

    Compartimos ascensores sin saludarnos.

    Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.

    Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.

    Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.

    Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.

    Preguntarle si podía sentarme.

    Conversar un rato.

    Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.

    No lo hice.

    Me ganó la costumbre.

    Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.

    La de no invadir.

    La de no hablar.

    La de no acercarse.

    No sé si aquella señora necesitaba compañía.

    No sé si habría aceptado.

    No sé absolutamente nada de su vida.

    Quizá estaba feliz hablando con alguien.

    Quizá esperaba a un familiar.

    Quizá simplemente disfrutaba ese momento.

    No tengo derecho a escribir su historia.

    Pero sí puedo escribir la mía.

    Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.

    Entonces pensé en eso que llamamos evolución.

    Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.

    Todo parece avanzar.

    Menos nosotros.

    Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.

    Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.

    Nunca habíamos estado tan conectados.

    Nunca habíamos estado tan encapsulados.

    Antes la evolución consistía en aprender a convivir.

    Hoy parece consistir en optimizar.

    Optimizar el tiempo.

    Optimizar la productividad.

    Optimizar el cuerpo.

    Optimizar el contenido.

    Optimizar la atención.

    Todo debe ser eficiente.

    Incluso las relaciones.

    Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.

    Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.

    Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.

    La Zoociedad no siempre es cruel.

    Muchas veces solo es indiferente.

    Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.

    Una señora almorzando con una mesa vacía.

    Un vigilante que nadie saluda.

    Un barrendero limpiando la basura ajena.

    Un vendedor ambulante caminando kilómetros.

    Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.

    Los vemos todos los días.

    Precisamente por eso dejamos de verlos.

    Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.

    Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.

    Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.

    Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.

    Somos expertos en conectar dispositivos.

    Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.

    Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.

    La fotografía había sido para mí.

    Fue un espejo.

    Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.

    Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.

    Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.

    Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.

    Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.

    No busco la fotografía perfecta.

    Busco preguntas.

    Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.

    Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.

    Todo parece ser inteligente.

    Las casas.

    Los carros.

    Los electrodomésticos.

    Los algoritmos.

    Las máquinas.

    Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:

    ”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”

    Será que soy un modelo obsoleto.

    Uno de esos humanos versión antigua.

    Cansado.

    Fuera de serie.

    Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.

    Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.

    Almorzando solo.

    Hablando con alguien.

    O simplemente mirando por la ventana.

    Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.

    Probablemente se equivoque.

    Como probablemente también me equivoqué yo.

    Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.

    Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:

    ¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?

    Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.

    Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.

    Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.

    Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.

    @elmandelacamara
    Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño.

    #adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
  11. IA: o que propõe o Papa

    Leão XIV intervém, com peso político e simbólico, numa disputa crucial e ainda indefinida. Seus pontos: domínio das big techs é ilegítimo; dados, algoritmos, programas e infraestruturas, são parte do Comum; Estados precisam intervir

    outraspalavras.net/tecnologiae

  12. 🚀 La barrera de la programación ha muerto. Hoy, tú eres el creador.

    ¿Siempre tuviste una idea para una aplicación sencilla pero desististe por no saber programar? Ese tiempo se ha acabado. La IA Positiva está devolviendo el poder de creación a las personas. La herramienta se llama Cursor (cursor.com) y es, básicamente, un constructor de software que entiende nuestro idioma.

    No necesitas años de estudio, solo saber explicar qué quieres. Puedes crear un gestor de tareas personalizado, un conversor de archivos privado o incluso un analizador de datos para tu trabajo.
    Todo se ejecuta localmente en tu ordenador, sin suscripciones y con total privacidad.

    Cómo empezar en 5 minutos:

    1 - Instala Cursor desde su web oficial.

    2 - Crea un archivo llamado index.html.

    3 - Pide a la IA en el chat lateral: "Crea una herramienta para [TU IDEA]".

    4 - Haz clic en "Apply" y abre el archivo en tu navegador.

    Es un salto de gigante en la soberanía digital. Dejamos de ser solo consumidores de herramientas de las grandes tecnológicas para ser los arquitectos de nuestras propias soluciones. La tecnología ya no es un muro, es un pincel. 🛠️✨

    🔗 Guía paso a paso detallada en nuestro sub: reddit.com/r/IA_sin_Fronteras/

    #IAPositiva #IA_sin_Fronteras #NoCode #Cursor #Programacion #IA #Productividad #Tecnologia #Software #Futuro #Creatividad #HechoPorTi #Claude35 #Coding #Innovation #UserEmpowerment #DigitalSovereignty #AI #Dev #Apps #Libertad #Solopreneur #BuildInPublic #SoftwareLibre #Empoderamiento #DIY #TechTrend #InteligenciaArtificial #Aprendizaje #Estrategia #DesarrolloWeb #IndieHackers #Inovación #Python #JavaScript #WebDev #FutureOfWork #SoberaniaDigital #HerramientasDigitales #Autoempleo #TransformacionDigital #CreaTuApp #SinCodigo #TechRevolution #Logic #Algoritmos #Democratizacion #CulturaMaker #GenerativeAI #PromptEngineering #SmartTools

  13. 🚀 La barrera de la programación ha muerto. Hoy, tú eres el creador.

    ¿Siempre tuviste una idea para una aplicación sencilla pero desististe por no saber programar? Ese tiempo se ha acabado. La IA Positiva está devolviendo el poder de creación a las personas. La herramienta se llama Cursor (cursor.com) y es, básicamente, un constructor de software que entiende nuestro idioma.

    No necesitas años de estudio, solo saber explicar qué quieres. Puedes crear un gestor de tareas personalizado, un conversor de archivos privado o incluso un analizador de datos para tu trabajo.
    Todo se ejecuta localmente en tu ordenador, sin suscripciones y con total privacidad.

    Cómo empezar en 5 minutos:

    1 - Instala Cursor desde su web oficial.

    2 - Crea un archivo llamado index.html.

    3 - Pide a la IA en el chat lateral: "Crea una herramienta para [TU IDEA]".

    4 - Haz clic en "Apply" y abre el archivo en tu navegador.

    Es un salto de gigante en la soberanía digital. Dejamos de ser solo consumidores de herramientas de las grandes tecnológicas para ser los arquitectos de nuestras propias soluciones. La tecnología ya no es un muro, es un pincel. 🛠️✨

    🔗 Guía paso a paso detallada en nuestro sub: reddit.com/r/IA_sin_Fronteras/

    #IAPositiva #IA_sin_Fronteras #NoCode #Cursor #Programacion #IA #Productividad #Tecnologia #Software #Futuro #Creatividad #HechoPorTi #Claude35 #Coding #Innovation #UserEmpowerment #DigitalSovereignty #AI #Dev #Apps #Libertad #Solopreneur #BuildInPublic #SoftwareLibre #Empoderamiento #DIY #TechTrend #InteligenciaArtificial #Aprendizaje #Estrategia #DesarrolloWeb #IndieHackers #Inovación #Python #JavaScript #WebDev #FutureOfWork #SoberaniaDigital #HerramientasDigitales #Autoempleo #TransformacionDigital #CreaTuApp #SinCodigo #TechRevolution #Logic #Algoritmos #Democratizacion #CulturaMaker #GenerativeAI #PromptEngineering #SmartTools

  14. RE: masto.es/@pepepepe/11606852010

    Vamos a bajar esto a tierra: si estás usando una app 16 horas al día, no es un dato neutral ni inocente, es una señal de que algo en tu relación con esa herramienta está fuera de equilibrio.
    No importa cómo lo etiquete el CEO de Instagram, el impacto en tu vida real —sueño, relaciones, atención, emociones— es lo que cuenta… y ahí es donde suelen aparecer problemas reales.

    La adicción no es solo una palabra dramática: en psicología se mira por síntomas, no por un número de horas oficiales.
    Por ejemplo:

    💠¿Sientes ansiedad si no puedes entrar?

    💠¿Pierdes la noción del tiempo dentro de la app?

    💠¿Descuidas otras áreas de tu vida (sueño, trabajo, hobbies, relaciones)?

    💠¿Has intentado reducir y te resulta difícil?

    Si respondes “sí” a varios de estos, entonces no es una tontería: es un patrón que merece atención.

    Ahora, ¿por qué un CEO diría que “16 horas no es adicción”?

    Interés comercial claro: Cuanto más tiempo pasas en la app, más dinero generan.

    Normalización de conductas digitales intensas: Si todos pasamos 8, 10, 12+ horas mirando pantallas, de pronto se vuelve “lo normal”, aunque no lo sea para nuestra salud mental.

    Definiciones puristas de adicción: A veces los ejecutivos usan una definición clínica estricta para negar cualquier problema, pero la experiencia humana es mucho más matizada.

    La verdad es que una cosa es pasar tiempo en redes por ocio, y otra muy distinta es que ese uso sea compulsivo, automático, emocionalmente regulador o que interfiera con tu bienestar. Y eso lo notamos más los usuarios que los algoritmos que nos consumen.

    En resumen: que lo diga el CEO no lo desactiva.
    Si tú o alguien que conoces usa Instagram 16 horas al día y eso genera estrés, soledad, insomnio o malestar… eso sí merece llamarse atención, límites y quizás una estrategia consciente de uso.

    ♦︎ — ♦︎ — ♦︎

    #instagram #adammosseri #adicciondigital #saludmental #usoresponsable #redessociales #detoxdigital #tiempodepantalla #bienestardigital #algoritmos #concienciadigital

  15. EL GRAN ROBO DEL SIGLO XXI | 07x22
    La Economía de la Atención:
    El Gran Robo del Siglo XXI, Donde Tú Eres el Producto Estrella
    La atención es un recurso valioso en la era digital, influenciado por algoritmos que personalizan contenido.
    luisbermejo.com/el-gran-robo-d
    #algoritmos #astrología #burbujas #conexión #desencanto #emociones #empatía #esoterismo #ficciones #fragmentación #historias #narrativas #noticias #oculto #realidades #recurso #redes #regulaciones #sociedad #viral #podcast #NoSoyOriginal

  16. NOM | Con Nombre de Podcast 04x25
    Los únicos secretos que quedan en el mundo son los que están dentro de tu cabeza.
    Que estamos en un Nuevo Orden Mundial, NOM, es innegable. Algunos creen que se inician en la plandemia, pero no es..
    luisbermejo.com/2023/02/nom-co
    #historia #algoritmos #falsa bandera #guerra #cumbre #filosofía #nom #literatura #misterio #agencias #antiguo egipto #imperios #crisis de personalidad #tiempo #Inteligencia Artificial #espías #big data #enemigos #podcast #con nombre de podcast