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  1. Qué puedes esperar cuando eliminas las aplicaciones de redes sociales de tu teléfono

    Después de un mes sin redes instaladas en el celular, entendí que los cambios importantes no son los que uno imagina. No se trata solo de «tener más tiempo», sino de cómo cambia la atención, el estado de ánimo y la forma en que te relacionas con la información.

    Lo bueno

    • Recuperé el foco. La mente deja de saltar de un estímulo a otro y vuelve a sostener una idea por más de dos minutos.
    • Apareció tiempo real, no teórico. Pasear, leer, conversar, entrenar, cocinar: todo eso vuelve a caber en el día.
    • Bajó el ruido mental. Ninguna noticia, mensaje o tendencia me alteraba el ánimo sin que yo lo eligiera.
    • Volvió la creatividad. Cuando tienes tiempo para divagar, aparecen ideas que antes no tenían dónde nacer.
    • Reconecté con lo mío. Lectura, gimnasio, música, DJ, proyectos personales: ocuparon el lugar que antes tenía el feed.

    Lo difícil

    • La sensación de «me estoy perdiendo algo» es real y aparece seguido. No desaparece del todo, pero se vuelve manejable con el tiempo.
    • Me vi las manías de frente. Desbloqueaba el teléfono sin ningún motivo. Ahí entendí cuánto me habían moldeado esos hábitos, y cuánto me condicionaban las redes sin que lo notara.
    • El aburrimiento apareció de nuevo. Antes lo tapaba con scroll; ahora hay que decidir, con esfuerzo, con qué llenarlo. Ese tiempo libre estaba ahí siempre, solo que enterrado bajo el feed.

    Lo inesperado

    • Me volví más selectivo con la información. Ya no consumo todo lo que aparece; elijo qué vale la pena.
    • Entendí que casi nada de lo que veía me aportaba algo. Era ruido disfrazado de contenido.
    • El ánimo se estabilizó. Sin sobresaltos constantes, la mente se aquieta sola.
    • La vida social se sintió más real. No necesariamente más grande, pero sí más presente: estoy en la conversación, en la actividad, en el momento. Dejé de vivir a través de fotos y videos para vivir lo que pasa frente a mí.

    Tu voto:

    #Aburrimiento #Ansiedad #Atención #Autenticidad #Autocontrol #Bienestar #Calma #Celular #Conciencia #Creatividad #Desconexión #Digital #Disciplina #Estilodevida #Foco #Hábitos #Información #Mindfulness #Minimalismo #Presencia #Productividad #Redes #Reflexión #Tecnología #Tiempo
  2. El tiempo se expande cuando eliminas el feed de las redes sociales

    Después de tres semanas sin aplicaciones de redes sociales en el teléfono —Instagram, Twitter, LinkedIn— llegué a una conclusión simple: el tiempo se expande cuando eliminas de la ecuación las visitas constantes a los reels, videos y feeds infinitos. No borré mis cuentas; solo eliminé el acceso directo desde el móvil. Sigo entrando desde el computador para ponerme al día, revisar mensajes o dejar un «like» a amigos y familiares, pero eliminé la posibilidad de estar atento en tiempo real a las novedades que ofrecen los feeds.

    La compulsión sigue ahí, aunque las apps no estén

    Lo primero que aprendí es que la facilidad de acceso es el corazón del problema. Al quitarla, aparece algo evidente: existe una compulsión de tomar el teléfono cada vez que surge ansiedad, temor, aburrimiento o ganas de procrastinar. Incluso sabiendo que las aplicaciones no están instaladas, la mano va al teléfono igual. Ese gesto automático revela un hábito arraigado que moldea la conducta.

    Varias veces tomé el teléfono sin un objetivo claro, solo para calmar una inquietud interna. La ausencia de redes deja en evidencia que el impulso no viene del contenido, sino de la necesidad de regular emociones. Las redes sociales se aprovechan de esa compulsión: ofrecen un alivio rápido, pero superficial.

    Con el tiempo entendí que el alivio nunca estuvo en el scroll. Cuando desbloqueas el teléfono y no encuentras la app, descubres que esa calma momentánea era falsa: los problemas siguen afuera. «Entendí que el alivio tampoco venía de ahí.» La dopamina del scroll no resuelve nada; solo tapa.

    Por eso me propuse una meta concreta: «que el acto de voluntad para entrar sea todavía más difícil que el acto de salir.» No se trata de tener más fuerza de voluntad en el momento, sino de diseñar el sistema —sin apps, sin acceso directo— para no necesitarla.

    El vacío inicial es una oportunidad

    Cuando eliminas las redes, aparece un vacío que antes llenabas con estímulos. Ese vacío, lejos de ser incómodo, se transforma en oportunidad. «Ese vacío se transforma en oportunidades para hacer cosas diferentes.» Es el inicio de la presencia.

    Al no perder minutos en videos sin sentido, surge espacio mental real. «Ese espacio libre aparece y puedes poner foco en lo que realmente te interesa.» Ese tiempo lo he usado para actividades más terrenales: pasear, aprender, conversar, leer, ejercitarse, almorzar atento a la conversación.

    La ansiedad persiste, pero se vuelve manejable. La compulsión por ver likes, noticias o reels no desaparece de inmediato, pero deja de gobernar la conducta. «No he bajado del todo ese nerviosismo persistente… pero sí noto que tengo más tiempo disponible.» La necesidad de revisar el teléfono se vuelve visible, y por lo tanto, trabajable.

    También descubrí que la presencia mejora cuando el celular sale de la mesa. Un gesto simple cambia la calidad de la experiencia. «Dejar el celular lejos de la mesa del comedor… ayuda a estar presente.» La distancia física crea distancia mental.

    Lo que más ha costado

    Controlar la necesidad de conectarme. Incluso sin apps, aparece el hábito de buscar scroll en YouTube o Instagram web. «Abrir el navegador y buscar algún tipo de scroll.» La compulsión migra; hay que vigilarla.

    Salir cuesta más que entrar. «Salir cuesta más que entrar; es un acto que se siente casi violento.» Esto demuestra que el problema no es la red social: es el circuito de recompensa.

    La versión web, por suerte, es menos adictiva. «El contenido que aparece en la versión web es menos adictivo.» Esa incomodidad permite mantener un uso mínimo y consciente. Incluso ahí noto matices: entrar a Facebook es solo costumbre, aburrimiento puro; entrar a Instagram tiene un motivo puntual —saber de amigos y familiares—, y el resto ya no me interesa. Cuando el impulso tiene nombre y apellido, es mucho más fácil ponerle límite.

    La tentación con un teléfono nuevo

    Cambié a un nuevo teléfono móvil. Apenas lo encendí sentí la tentación de reinstalar las redes sociales, con la excusa de «aprovechar la potencia del equipo». Pero la potencia real de un teléfono nuevo está en otra parte: grabar video, tomar fotos, mezclar música, correr juegos, almacenar rápido. Para redes sociales, en cambio, da lo mismo el equipo que se use. Ese momento confirmó lo que había aprendido la primera semana: el problema nunca fue el contenido ni el dispositivo, fue tener la puerta abierta.

    Lo que entendí al final

    No necesitas saber todo al minuto. «No es necesario saberlo al minuto. Menos tensión.» Ese dato urgente no suma nada a mi vida; solo quita tiempo. No necesito enterarme de inmediato de accidentes, robos, choques o incendios: igual termino sabiendo porque alguien lo comenta en una conversación. Digo «no lo sabía» y listo. No pasa nada. La urgencia informativa es una ilusión creada por el algoritmo.

    Mirando hacia atrás, después de tres semanas, veo con claridad que las redes moldean comportamientos artificiales. «La gente hace cosas extrañas para responder a las reglas ocultas del algoritmo»: fotos de playa todos los días aunque estén trabajando, sonrisas permanentes como si la vida fuera una vacación eterna. La prueba más clara la vi de lejos, una madrugada de semana: alguien se levantó a la una de la mañana a grabar un auto incendiado y chocado, le puso un logo de «Noticias» y narró el video como si fuera un reportero. Todo ese esfuerzo, a esa hora, por algo que se podía ver al día siguiente sin ninguna pérdida. Esa presión invisible empuja a actuar de maneras que no existirían sin ella, y que tampoco elegiría si me detuviera a pensarlo. Al final, la lección no fue dejar de usar redes sociales, sino recuperar el control sobre cuándo y cómo entrar en ellas. El tiempo que antes se filtraba en scrolls de tres minutos —repetidos veinte, treinta veces al día— hoy aparece como un bloque disponible: para leer, para entrenar, para estar presente en una conversación sin revisar el teléfono por debajo de la mesa. Ese es el hallazgo central de estas tres semanas: el tiempo no se administra mejor a punta de fuerza de voluntad, se expande solo cuando eliminas la fricción que lo consumía sin que lo notaras.

    Tu voto:

    #adicción #algoritmo #ansiedad #Atención #autocontrol #bienestar #celular #compulsión #conciencia #desconexión #digital #Disciplina #dopamina #foco #hábito #hábitos #mindfulness #minimalismo #presencia #productividad #redes #Reflexión #scroll #tecnología #tiempo
  3. Bares Por La Democracia: La Extracción De La Vida, sobre «Fracking Humano»

    La extracción de vida

    El capitalismo lo ha transformado todo. Hemos aprendido a ver cada detalle como un recurso: tiempo, atención, memoria, afecto, ocio, espacio, cultura. Todo debe ser útil y generar valor, tener una función cuantificable dentro de la lógica de la acumulación. Esa puesta de sol se convierte en una publicación en redes sociales, la reunión en una red de contactos y la cultura en entretenimiento. El motor de todo esto es nuestra atención, la materia prima del algoritmo.

    Este proceso no es nuevo. La crítica a la mercantilización tiene al menos doscientos años. Pero lo que estamos viviendo hoy es una aceleración tal que no queda espacio para lo que no es útil. Ahora, presenciamos la transformación de nuestras ciudades en este sentido. Desde su concepción hasta el modo de transporte, todo siempre se planeó para servir a esta miserable vida de trabajo en casa, pero teníamos momentos y espacios de respiro entre medias. Actualmente, no es así. Es un flujo continuo, donde cada movimiento se monitoriza y se convierte en datos. Lo que no encaja en esta lógica se trata como un obstáculo.

    Los conceptos de cultura, redes sociales y derecho a la ciudad se entrelazan como el núcleo de este plan perverso. Cada uno, a su manera, muestra cómo el capitalismo contemporáneo opera no en la superficie de las relaciones, sino en la esencia misma de lo humano

    Atención como materia prima

    Para que la ciudad y la cultura reciban este trato, es necesario persuadir. Ahí es donde entra en juego la gran tecnología. Peter Schmidt, en el programa Roda Viva , ofreció una metáfora precisa para describir lo que está en juego: la «fracturación humana» o fracking humano. En la fracturación hidráulica tradicional, la industria inyecta sustancias químicas bajo tierra para romper la estructura del suelo y forzar la extracción de petróleo. En la fracturación humana, las plataformas digitales inyectan enormes volúmenes de contenido en nuestras mentes, fragmentando nuestra capacidad de concentración, imaginación y pensamiento durante periodos prolongados.

    La diferencia entre la televisión y las redes sociales es crucial. En la televisión, miras la pantalla, y la pantalla no te mira. En las redes sociales, la pantalla te observa, te conoce, te clasifica. Miras al vacío, y el vacío te devuelve la mirada. El algoritmo no es neutral: está diseñado para maximizar el tiempo frente a la pantalla y captar tu atención para extraer cada segundo de interacción que pueda convertirse en ingresos publicitarios.

    Schmidt va más allá y afirma que la política también ha sido invadida por la lógica del espectáculo. Lo que importa no es la calidad de la decisión, sino la repercusión que genera. La vida pública se ha convertido en un reality show, donde la profundidad se ve sustituida por el clic. Todos los aspectos de nuestras vidas están controlados por esta lógica de destrucción, e incluso contribuimos a que así sea. ¿O acaso te imaginas vivir sin Instagram?

    La solución que propone es el «activismo de la atención», una resistencia colectiva contra la soberanía de las grandes tecnológicas. No se trata de fuerza de voluntad individual, sino de un movimiento que reivindica espacios de interacción sin pantallas y sin todo aquello que intentan imponernos. Lo que está en juego es la capacidad misma de estar juntos, de conversar sin intermediarios, de ocupar nuestro tiempo sin que nos lo arrebaten.

    La lógica única del mismo proceso

    Lo que une a la cultura como mercancía, al patrimonio como obstáculo y a la atención como materia prima es la misma lógica: el desprecio por lo que carece de valor económico. No existe frontera entre lo material y lo inmaterial. El espacio físico y el tiempo vivido, la memoria y la atención, la cultura y el afecto: todo se convierte en recurso y se somete a la lógica de la acumulación.

    Lo que se pierde es la posibilidad de existir al margen de la utilidad. De ser sin producir. De ocupar sin consumir. De encontrarse sin propósito. De mirar sin ser observado. De recordar sin que la memoria sea monetizada.

    La ciudad construida de esta manera es una ciudad que no encaja. No encaja con quienes no producen, quienes no consumen y quienes no se adaptan. El espacio público se rediseña para el flujo de capital, no para que la gente se detenga. El tiempo se organiza para el trabajo y el consumo, no para el encuentro y la contemplación. La cultura se moldea para el entretenimiento, no para la educación.

    No se trata de añorar un pasado que jamás volverá. Se trata de comprender que el presente se rige por una lógica que no deja espacio para lo humano. El capitalismo no es solo un sistema económico. Es una forma de vida que coloniza, transforma y destruye todo aquello que no le sirve. Al final, lo que queda es el paisaje de una ciudad donde todo se puede vender, incluso la capacidad de existir.

    Bares Pela Democracia: Extração da Vida

    Sobre el Fracking Humano artículo en The Guardian traducida de forma automática

    Peter Schmidt

    Encuentro con D. Graham Burnett

    Porque la atención se ha convertido en uno de los bienes más frágiles de nuestro tiempo. Conscientes de ello, la Fundación Telefónica y el Museo Universidad de Navarra se han aliado para investigar su deterioro y promover iniciativas que ayuden a recuperarla. El proyecto ha comenzado con la visita a España de Graham Burnett, una de las figuras internacionales más relevantes en el estudio de la atención y cofundador de Friends of Attention, una red internacional de carácter activista centrada en recuperar la capacidad humana de atender en un entorno dominado por la hiperestimulación y la economía de la distracción.

    Hoy Es Arte

    #atención #baresPorLaDemocracia #frackingHumano #fracturaHidráulicaHumana #peterSchmidt
  4. #Atención | Este jueves, por orden de la Fiscalía, un magistrado de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín impuso “medidas cautelares de embargo, secuestro y suspensión del poder dispositivo sobre 18 inmuebles que conformaron el denominado ‘Parqueadero Padilla’, avaluados en cerca de 18.000 millones de pesos”, informó la Fiscalía en un comunicado.