#blogpersonal — Public Fediverse posts
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Buenom #presentación lol soy Lolo, soy argentino y me gustan muuuchas cosas, como #dibujar #películas #manga #anime #diy etc etc soy bastante malo haciendo todo pero al menos lo hago..! Estoy aprendiendo #html #css y #javascript pq tengo planeado hacerme un #blogpersonal en #neocities :3 soy manicurista y estudiante de letras en la uba y mmmmm no se q mas decir jeje si quieren q seamos mutis simplemente siganme!! Estoy abierte a todo y a todxs :33
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Buenom #presentación lol soy Lolo, soy argentino y me gustan muuuchas cosas, como #dibujar #películas #manga #anime #diy etc etc soy bastante malo haciendo todo pero al menos lo hago..! Estoy aprendiendo #html #css y #javascript pq tengo planeado hacerme un #blogpersonal en #neocities :3 soy manicurista y estudiante de letras en la uba y mmmmm no se q mas decir jeje si quieren q seamos mutis simplemente siganme!! Estoy abierte a todo y a todxs :33
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Buenom #presentación lol soy Lolo, soy argentino y me gustan muuuchas cosas, como #dibujar #películas #manga #anime #diy etc etc soy bastante malo haciendo todo pero al menos lo hago..! Estoy aprendiendo #html #css y #javascript pq tengo planeado hacerme un #blogpersonal en #neocities :3 soy manicurista y estudiante de letras en la uba y mmmmm no se q mas decir jeje si quieren q seamos mutis simplemente siganme!! Estoy abierte a todo y a todxs :33
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Buenom #presentación lol soy Lolo, soy argentino y me gustan muuuchas cosas, como #dibujar #películas #manga #anime #diy etc etc soy bastante malo haciendo todo pero al menos lo hago..! Estoy aprendiendo #html #css y #javascript pq tengo planeado hacerme un #blogpersonal en #neocities :3 soy manicurista y estudiante de letras en la uba y mmmmm no se q mas decir jeje si quieren q seamos mutis simplemente siganme!! Estoy abierte a todo y a todxs :33
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Por qué no publico (y por qué está bien así)
Post personal hablando sobre creación de contenido y salud mental.https://bitsdeocio.wordpress.com/2026/08/18/por-que-no-publico/
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Por qué no publico (y por qué está bien así)
Post personal hablando sobre creación de contenido y salud mental.https://bitsdeocio.wordpress.com/2026/08/18/por-que-no-publico/
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Por qué no publico (y por qué está bien así)
Post personal hablando sobre creación de contenido y salud mental.https://bitsdeocio.wordpress.com/2026/08/18/por-que-no-publico/
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Por qué no publico (y por qué está bien así)
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La evolución de la Zoociedad
Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.
Pero terminé mirando más a las personas que al plato.
Eso siempre me pasa.
No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.
En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.
No estaba completamente sola.
Pero la escena me dejó pensando.
No en ella.
En mí.
Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.
La diferencia es que todavía no llego a la vejez.
Y entonces apareció una pregunta incómoda.
¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”
La pregunta incomoda.
Suena extraña.
Hasta peligrosa.
La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.
Compartimos ascensores sin saludarnos.
Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.
Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.
Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.
Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.
Preguntarle si podía sentarme.
Conversar un rato.
Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.
No lo hice.
Me ganó la costumbre.
Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.
La de no invadir.
La de no hablar.
La de no acercarse.
No sé si aquella señora necesitaba compañía.
No sé si habría aceptado.
No sé absolutamente nada de su vida.
Quizá estaba feliz hablando con alguien.
Quizá esperaba a un familiar.
Quizá simplemente disfrutaba ese momento.
No tengo derecho a escribir su historia.
Pero sí puedo escribir la mía.
Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.
Entonces pensé en eso que llamamos evolución.
Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.
Todo parece avanzar.
Menos nosotros.
Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.
Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.
Nunca habíamos estado tan conectados.
Nunca habíamos estado tan encapsulados.
Antes la evolución consistía en aprender a convivir.
Hoy parece consistir en optimizar.
Optimizar el tiempo.
Optimizar la productividad.
Optimizar el cuerpo.
Optimizar el contenido.
Optimizar la atención.
Todo debe ser eficiente.
Incluso las relaciones.
Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.
Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.
Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.
La Zoociedad no siempre es cruel.
Muchas veces solo es indiferente.
Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.
Una señora almorzando con una mesa vacía.
Un vigilante que nadie saluda.
Un barrendero limpiando la basura ajena.
Un vendedor ambulante caminando kilómetros.
Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.
Los vemos todos los días.
Precisamente por eso dejamos de verlos.
Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.
Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.
Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.
Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.
Somos expertos en conectar dispositivos.
Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.
Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.
La fotografía había sido para mí.
Fue un espejo.
Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.
Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.
Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.
Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.
Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.
No busco la fotografía perfecta.
Busco preguntas.
Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.
Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.
Todo parece ser inteligente.
Las casas.
Los carros.
Los electrodomésticos.
Los algoritmos.
Las máquinas.
Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:
”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”
Será que soy un modelo obsoleto.
Uno de esos humanos versión antigua.
Cansado.
Fuera de serie.
Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.
Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.
Almorzando solo.
Hablando con alguien.
O simplemente mirando por la ventana.
Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.
Probablemente se equivoque.
Como probablemente también me equivoqué yo.
Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.
Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?
Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.
Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.
Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.
Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.
@elmandelacamara
#adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño. -
La evolución de la Zoociedad
Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.
Pero terminé mirando más a las personas que al plato.
Eso siempre me pasa.
No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.
En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.
No estaba completamente sola.
Pero la escena me dejó pensando.
No en ella.
En mí.
Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.
La diferencia es que todavía no llego a la vejez.
Y entonces apareció una pregunta incómoda.
¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”
La pregunta incomoda.
Suena extraña.
Hasta peligrosa.
La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.
Compartimos ascensores sin saludarnos.
Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.
Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.
Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.
Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.
Preguntarle si podía sentarme.
Conversar un rato.
Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.
No lo hice.
Me ganó la costumbre.
Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.
La de no invadir.
La de no hablar.
La de no acercarse.
No sé si aquella señora necesitaba compañía.
No sé si habría aceptado.
No sé absolutamente nada de su vida.
Quizá estaba feliz hablando con alguien.
Quizá esperaba a un familiar.
Quizá simplemente disfrutaba ese momento.
No tengo derecho a escribir su historia.
Pero sí puedo escribir la mía.
Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.
Entonces pensé en eso que llamamos evolución.
Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.
Todo parece avanzar.
Menos nosotros.
Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.
Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.
Nunca habíamos estado tan conectados.
Nunca habíamos estado tan encapsulados.
Antes la evolución consistía en aprender a convivir.
Hoy parece consistir en optimizar.
Optimizar el tiempo.
Optimizar la productividad.
Optimizar el cuerpo.
Optimizar el contenido.
Optimizar la atención.
Todo debe ser eficiente.
Incluso las relaciones.
Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.
Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.
Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.
La Zoociedad no siempre es cruel.
Muchas veces solo es indiferente.
Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.
Una señora almorzando con una mesa vacía.
Un vigilante que nadie saluda.
Un barrendero limpiando la basura ajena.
Un vendedor ambulante caminando kilómetros.
Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.
Los vemos todos los días.
Precisamente por eso dejamos de verlos.
Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.
Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.
Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.
Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.
Somos expertos en conectar dispositivos.
Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.
Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.
La fotografía había sido para mí.
Fue un espejo.
Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.
Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.
Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.
Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.
Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.
No busco la fotografía perfecta.
Busco preguntas.
Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.
Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.
Todo parece ser inteligente.
Las casas.
Los carros.
Los electrodomésticos.
Los algoritmos.
Las máquinas.
Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:
”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”
Será que soy un modelo obsoleto.
Uno de esos humanos versión antigua.
Cansado.
Fuera de serie.
Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.
Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.
Almorzando solo.
Hablando con alguien.
O simplemente mirando por la ventana.
Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.
Probablemente se equivoque.
Como probablemente también me equivoqué yo.
Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.
Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?
Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.
Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.
Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.
Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.
@elmandelacamara
#adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño. -
La evolución de la Zoociedad
Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.
Pero terminé mirando más a las personas que al plato.
Eso siempre me pasa.
No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.
En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.
No estaba completamente sola.
Pero la escena me dejó pensando.
No en ella.
En mí.
Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.
La diferencia es que todavía no llego a la vejez.
Y entonces apareció una pregunta incómoda.
¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”
La pregunta incomoda.
Suena extraña.
Hasta peligrosa.
La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.
Compartimos ascensores sin saludarnos.
Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.
Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.
Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.
Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.
Preguntarle si podía sentarme.
Conversar un rato.
Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.
No lo hice.
Me ganó la costumbre.
Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.
La de no invadir.
La de no hablar.
La de no acercarse.
No sé si aquella señora necesitaba compañía.
No sé si habría aceptado.
No sé absolutamente nada de su vida.
Quizá estaba feliz hablando con alguien.
Quizá esperaba a un familiar.
Quizá simplemente disfrutaba ese momento.
No tengo derecho a escribir su historia.
Pero sí puedo escribir la mía.
Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.
Entonces pensé en eso que llamamos evolución.
Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.
Todo parece avanzar.
Menos nosotros.
Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.
Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.
Nunca habíamos estado tan conectados.
Nunca habíamos estado tan encapsulados.
Antes la evolución consistía en aprender a convivir.
Hoy parece consistir en optimizar.
Optimizar el tiempo.
Optimizar la productividad.
Optimizar el cuerpo.
Optimizar el contenido.
Optimizar la atención.
Todo debe ser eficiente.
Incluso las relaciones.
Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.
Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.
Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.
La Zoociedad no siempre es cruel.
Muchas veces solo es indiferente.
Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.
Una señora almorzando con una mesa vacía.
Un vigilante que nadie saluda.
Un barrendero limpiando la basura ajena.
Un vendedor ambulante caminando kilómetros.
Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.
Los vemos todos los días.
Precisamente por eso dejamos de verlos.
Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.
Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.
Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.
Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.
Somos expertos en conectar dispositivos.
Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.
Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.
La fotografía había sido para mí.
Fue un espejo.
Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.
Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.
Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.
Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.
Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.
No busco la fotografía perfecta.
Busco preguntas.
Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.
Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.
Todo parece ser inteligente.
Las casas.
Los carros.
Los electrodomésticos.
Los algoritmos.
Las máquinas.
Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:
”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”
Será que soy un modelo obsoleto.
Uno de esos humanos versión antigua.
Cansado.
Fuera de serie.
Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.
Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.
Almorzando solo.
Hablando con alguien.
O simplemente mirando por la ventana.
Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.
Probablemente se equivoque.
Como probablemente también me equivoqué yo.
Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.
Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?
Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.
Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.
Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.
Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.
@elmandelacamara
#adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño. -
La evolución de la Zoociedad
Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.
Pero terminé mirando más a las personas que al plato.
Eso siempre me pasa.
No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.
En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.
No estaba completamente sola.
Pero la escena me dejó pensando.
No en ella.
En mí.
Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.
La diferencia es que todavía no llego a la vejez.
Y entonces apareció una pregunta incómoda.
¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”
La pregunta incomoda.
Suena extraña.
Hasta peligrosa.
La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.
Compartimos ascensores sin saludarnos.
Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.
Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.
Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.
Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.
Preguntarle si podía sentarme.
Conversar un rato.
Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.
No lo hice.
Me ganó la costumbre.
Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.
La de no invadir.
La de no hablar.
La de no acercarse.
No sé si aquella señora necesitaba compañía.
No sé si habría aceptado.
No sé absolutamente nada de su vida.
Quizá estaba feliz hablando con alguien.
Quizá esperaba a un familiar.
Quizá simplemente disfrutaba ese momento.
No tengo derecho a escribir su historia.
Pero sí puedo escribir la mía.
Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.
Entonces pensé en eso que llamamos evolución.
Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.
Todo parece avanzar.
Menos nosotros.
Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.
Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.
Nunca habíamos estado tan conectados.
Nunca habíamos estado tan encapsulados.
Antes la evolución consistía en aprender a convivir.
Hoy parece consistir en optimizar.
Optimizar el tiempo.
Optimizar la productividad.
Optimizar el cuerpo.
Optimizar el contenido.
Optimizar la atención.
Todo debe ser eficiente.
Incluso las relaciones.
Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.
Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.
Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.
La Zoociedad no siempre es cruel.
Muchas veces solo es indiferente.
Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.
Una señora almorzando con una mesa vacía.
Un vigilante que nadie saluda.
Un barrendero limpiando la basura ajena.
Un vendedor ambulante caminando kilómetros.
Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.
Los vemos todos los días.
Precisamente por eso dejamos de verlos.
Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.
Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.
Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.
Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.
Somos expertos en conectar dispositivos.
Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.
Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.
La fotografía había sido para mí.
Fue un espejo.
Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.
Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.
Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.
Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.
Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.
No busco la fotografía perfecta.
Busco preguntas.
Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.
Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.
Todo parece ser inteligente.
Las casas.
Los carros.
Los electrodomésticos.
Los algoritmos.
Las máquinas.
Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:
”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”
Será que soy un modelo obsoleto.
Uno de esos humanos versión antigua.
Cansado.
Fuera de serie.
Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.
Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.
Almorzando solo.
Hablando con alguien.
O simplemente mirando por la ventana.
Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.
Probablemente se equivoque.
Como probablemente también me equivoqué yo.
Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.
Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?
Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.
Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.
Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.
Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.
@elmandelacamara
#adultosMayores #aislamientoSocial #algoritmos #blogPersonal #Bogotá #Cali #Caliwood #cámara #ciudad #Colombia #comportamientoHumano #conexiónHumana #culturaDigital #desconocidos #dignidad #elmandelacamara #empatía #Ensayo #ensayoFotográfico #experiencias #filosofíaCotidiana #fotografíaCallejera #fotografíaDocumental #humanidad #inteligenciaArtificial #invisibles #modernidad #observaciónSocial #observadorUrbano #operadorDeCámara #progreso #redes #Reflexión #relacionesHumanas #restaurantes #smartphones #Sociedad #soledad #streetPhotography #Tecnología #vejez #VidaCotidiana #Zoociedad
Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño. -
Nací el 3 de octubre de 1983.
Tenía 10 años cuando asesinaron a Andrés Escobar por un autogol.
No soy paisa. No soy hincha de Nacional. Y aun así, más de treinta años después, esa historia me sigue doliendo.
Tal vez porque crecí en una Colombia donde las noticias hablaban de bombas, secuestros, magnicidios y narcotráfico. Tenía 6 años cuando mataron a Luis Carlos Galán, 9 cuando murió Pablo Escobar y 10 cuando asesinaron a Andrés Escobar.
Desde aquel día empecé a mirar con otros ojos el fútbol colombiano. No dejé de admirar el buen fútbol. Sigo admirando el talento, la inteligencia y la belleza de una jugada bien hecha. Lo que dejé de admirar fue el fanatismo.
Porque una cosa es disfrutar un deporte y otra convertirlo en una religión tribal.
Por eso hace años le digo “Secreción BOBOmbia”. No por odio al país, sino por cansancio de ver cómo desperdicia una y otra vez su inteligencia, su talento y su memoria en fanatismos inútiles. Porque aquí todo termina convertido en una barra brava: la política, el fútbol, la religión y ahora hasta las redes ‘sociales’.
Quizás soy obsoleto. Quizás caduco. Quizás un lagrimón.
Pero nunca he podido olvidar que en este país mataron a un hombre por un error en una cancha.
Y quizás por eso tampoco me he tragado jamás los cuentos de caudillos, mesías ni salvadores políticos. He visto pasar gobiernos, discursos, campañas, fanáticos y sectarios de todos los colores. Demasiadas veces la multitud termina comportándose igual; solo cambia la camiseta.
Algunas heridas no son de fútbol.
Son de país.
Y desde el 2 de julio de 1994 entendí que el problema nunca fueron once tipos pateando un balón.
El problema siempre fueron los fanáticos que creen que una camiseta, una bandera o un político valen más que una vida.
Operario de Cámara; Obsoleto. Cansado. Viejo. Fuera del rebaño.
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Del ruido salió una línea.
De la línea salió un gato.
Del gato salió la historia.#DeOniros #Microrrelato #Escritura #BlogPersonal #Palabras
#Susurro #Garabato #Tinta #PaginaEnBlanco #BloqueoCreativo
#Gato #Silencio #Melancolia #EscrituraNocturna #Pensamientoshttps://eldescansodelonironauta.com/2026/04/03/susurro-con-forma-de-gato/
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🙏 Es muy molesto cuando gente que ni siquiera forma parte de tu comunidad entra solo para fiscalizar tu contenido.
Es una falta de etiqueta básica en redes sociales.
Me fascina la cantidad de tiempo libre que tienen algunas personas para entrar en casas ajenas, sin invitación ni seguimiento previo, solo para cuestionar lo que ven.
El botón de "pasar de largo" es totalmente gratuito y funciona las 24 horas del día.
No es necesario que me expliquen qué debo publicar o cómo debo hacerlo; mi blog no es una democracia, es mi espacio personal.Agradezco profundamente a quienes están aquí por el placer de compartir y disfrutar.
A los demás, os deseo mucha suerte buscando ese lugar perfecto que cumpla con todos vuestros estándares.
Yo seguiré por aquí, a lo mío.¡Gracias por la visita fugaz! ✨
𓆩✧𓆪 ──────────────── 𓆩✧𓆪#educacion #etiquetadigital #miestilo #libertadcreativa #pasadeloargo #opinionesnopediadas #respeto #blogpersonal #ironia
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Yo seguiré por aquí, a lo mío.¡Gracias por la visita fugaz! ✨
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¿Cómo uso las redes sociales? 📱💬
Sugerencia de escritura del día ¿Cómo usas las redes sociales? Ver todas las respuestas¿Cómo uso las redes sociales? 📱💬
Las redes sociales no son solo un pasatiempo: son una herramienta que me sirve para expresarme, retroalimentarme e informarme. Siempre comparto lo que escribo, y muchas veces termino en un subreddit oscuro aprendiendo cosas que jamás encontraría en Facebook. 😅
💡 Siempre las uso para compartir mis posts
Soy muy activa compartiendo lo que escribo. Las redes son mi megáfono digital. 📣
- Las uso para darle visibilidad a mis ideas
- Me ayudan a conectar con personas interesadas en los mismos temas
- Recibo retroalimentación valiosa que me ayuda a mejorar
Aunque el algoritmo no siempre está de mi lado 😵💫, sigo posteando porque el contenido bueno merece circular.
📚 Me informo con ellas (pero no con todas)
La mayoría se queda con lo más superficial de las redes, pero yo tengo mis rincones favoritos. Y Reddit es uno de ellos. 🙌
Soy una chica Reddit ❤️👩💻
Reddit me ha recomendado libros increíbles sobre muchos de mis temas favoritos. Libros que probablemente nunca habría encontrado en Facebook (a menos que estés en un grupo nicho, y aún así…). 🤷♀️
Lo que me gusta de Reddit:
- Tiene subreddits para todo lo que se te ocurra
- La gente comparte experiencias de vida reales
- Me hace sentir menos sola en ciertos temas difíciles
Hay algo muy poderoso en darte cuenta de que tus vivencias no son únicas. A veces, alguien del otro lado del mundo ha pasado por lo mismo que tú. 🌎💔
🤝 Más que redes, son puentes
Uso las redes sociales para cruzar fronteras sin moverme de casa, para ver qué siente, piensa y experimenta gente que vive en otras latitudes, pero que también llora, sueña o se siente perdida igual que yo. 💭
#BlogPersonal #ChicaReddit #CompartirContenido #dailyprompt #dailyprompt1914 #EscribirOnline #LibrosRecomendados #RedesSociales
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Hola feliz Sabado.
Quiero compartiles mi nuevo blog. Pronto empecera a subir articulos ahi:
https://blog.iagosto.dev/ -
Hola feliz Sabado.
Quiero compartiles mi nuevo blog. Pronto empecera a subir articulos ahi:
https://blog.iagosto.dev/ -
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My website is currently hosted on #githubpages and I have used #netlify for a few other apps, and wondering if it’s worth it to change hosting. Both are still free, for what I need, but netlify might offer a few better options for building and serving the static files. #cloudflare can serve my static files too and have my #dns there.
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