🧿 𝑨𝒏𝒂𝒄𝒂𝒓𝒅𝒐𝒔: 𝒍𝒂𝒔 𝒉𝒖𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒗𝒆𝒎𝒐𝒔 🧿
En 1988, un grupo de médicos de la India examinó las manos de 75 mujeres que trabajaban abriendo anacardos.
Encontraron piel ennegrecida y endurecida, uñas deterioradas y dedos que habían perdido parte de sus relieves naturales.
El daño procedía de algo que millones de personas comen sin conocer el peligro que encierra su cáscara.
El anacardo, también llamado marañón o nuez de la India, es una semilla que crece unida a un fruto carnoso.
Se vende limpia, sin su cubierta original, y suele consumirse tostada.
Pero antes de llegar a una tienda debe atravesar un proceso que, cuando se realiza sin protección adecuada, puede lesionar gravemente las manos de quienes lo manipulan.
Entre sus capas se encuentra un líquido aceitoso y cáustico que contiene ácido anacárdico, cardol y otros compuestos fenólicos.
Su contacto con la piel puede provocar irritaciones intensas, dermatitis y lesiones semejantes a quemaduras químicas.
Para extraer la semilla, los anacardos pueden someterse a tratamientos con vapor o calor que facilitan la apertura de la cubierta.
Después se retira cuidadosamente la cáscara, mediante herramientas manuales o maquinaria, procurando conservar intacto el interior.
Durante generaciones, buena parte de este trabajo ha dependido de manos humanas.
El estudio médico publicado en 1988, realizado entre trabajadoras del estado indio de Karnataka, encontró una diferencia reveladora.
Mientras las 75 mujeres encargadas de abrir las cáscaras exteriores presentaban lesiones características por exposición al aceite, otras 29 dedicadas a retirar la fina película rojiza de las semillas tenían las manos prácticamente normales, salvo algunas callosidades.
La etapa del procesamiento determinaba el riesgo.
Décadas después, una investigación publicada en 2016 sobre 301 trabajadoras de fábricas de anacardos en Kerala encontró que el 46,6 % sufría dolores en manos y muñecas.
Entre quienes realizaban tareas de tostado, el 86,6 % había experimentado alguna quemadura.
**El problema laboral también tiene una dimensión económica.**
Originario de Brasil, el anacardo llegó a la India durante el siglo XVI, transportado por los portugueses.
Con el tiempo, su cultivo se extendió por regiones tropicales de África y Asia hasta convertirse en una mercancía internacional.
En 2021, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo señaló que África producía más de la mitad de los anacardos del mundo, pero procesaba localmente menos del 15 %.
Buena parte salía del continente todavía con cáscara, mientras otros países obtenían el valor añadido de su transformación.
A las condiciones de trabajo se sumaban otros problemas.
En su lista de 2024, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos identificó evidencias de trabajo infantil relacionado con el cultivo de anacardos en Brasil, Guinea y Vietnam.
Existen fábricas mecanizadas y métodos de protección capaces de reducir considerablemente los riesgos.
Las lesiones documentadas no son una consecuencia inevitable del procesamiento.
Pero las investigaciones médicas dejaron constancia de algo que resulta imposible reconocer al observar una bolsa de anacardos: aquella superficie blanca y lisa tuvo alguna vez una cubierta capaz de dañar la piel.
En las manos de algunas trabajadoras, las marcas de retirarla permanecieron mucho después de que las semillas fueran vendidas.
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