#ensayo — Public Fediverse posts
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«Cuando me asaltan pensamientos sombríos, nada me ayuda tanto como correr hacia mis libros»
✒ Michel de Montaigne (1533-1592)
Un 13 de septiembre muere este destacado renacentista, pensador y literato francés.
Con sus famosísimos, influyentes y todavía vigentes 📚️ Ensayos (1580),
dio forma y nombre a este género fundamental de la #Literatura
Entre las ediciones en español, sugiero la edición completa de Cátedra en su Biblioteca AVREA 👇️
#Ensayo #Pensamiento #LiteraturaEuropea #LiteraturaFrancesa -
«Cuando me asaltan pensamientos sombríos, nada me ayuda tanto como correr hacia mis libros»
✒ Michel de Montaigne (1533-1592)
Un 13 de septiembre muere este destacado renacentista, pensador y literato francés.
Con sus famosísimos, influyentes y todavía vigentes 📚️ Ensayos (1580),
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«Cuando me asaltan pensamientos sombríos, nada me ayuda tanto como correr hacia mis libros»
✒ Michel de Montaigne (1533-1592)
Un 13 de septiembre muere este destacado renacentista, pensador y literato francés.
Con sus famosísimos, influyentes y todavía vigentes 📚️ Ensayos (1580),
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Entre las ediciones en español, sugiero la edición completa de Cátedra en su Biblioteca AVREA 👇️
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«Cuando me asaltan pensamientos sombríos, nada me ayuda tanto como correr hacia mis libros»
✒ Michel de Montaigne (1533-1592)
Un 13 de septiembre muere este destacado renacentista, pensador y literato francés.
Con sus famosísimos, influyentes y todavía vigentes 📚️ Ensayos (1580),
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«Cuando me asaltan pensamientos sombríos, nada me ayuda tanto como correr hacia mis libros»
✒ Michel de Montaigne (1533-1592)
Un 13 de septiembre muere este destacado renacentista, pensador y literato francés.
Con sus famosísimos, influyentes y todavía vigentes 📚️ Ensayos (1580),
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https://www.europesays.com/es/760991/ Los nueve libros de la semana | Babelia #CríticaLiteraria #Cultura #Ensayo #Entertainment #Entretenimiento #ES #Escritores #escritura #España #Lectura #Libros #Narrativa #novela #Spain
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«Feminismos Enemigos: TERFs, policías y jefas contra la liberación»
👤 Sophie Lewis
👤 Traducción: Damián Queirolo
🗓️ Febrero de 2026
🆔 ISBN: 979-13-87639-62-4
📔 Editorial: Bellaterra 🛒 https://www.bellaterra.coop/es/libros/feminismos-enemigos> Esta es una obra necesaria. Una investigación que comienza con las imperialistas del siglo XIX, sigue con las militantes del Ku Klux Klan, las cruzadas antiporno del siglo XX y llega hasta las agendas antiabortistas y transexcluyentes actuales. Cuando entendemos que los feminismos no son inherentemente buenos, ¿debemos hacernos cargo de todos ellos? Hay que empezar a reconocerlo y asimilarlo, porque solo así seremos conscientes de cómo estos feminismos nos han empujado hacia posiciones insostenibles para un futuro más libre.
> Ante las posiciones reaccionarias del feminismo supremacista blanco y burgués, en una época de creciente fascismo y violenta transfobia, no debemos bajar la guardia. Este libro es un grito de solidaridad transfeminista, una impugnación decolonial del ultranaciona-lismo teñido de lila y un llamado a acabar con el fascismo en todas sus formas. En estas líneas encontrarás una feroz y brillante carta de amor al feminismo.-
¡No me puedo creer que haya tardado medio año en enterarme que esta joya se había traducido al español..!¹
Lo digo sin exagerar: este libro debería ser una lectura obligatoria en el norte global antes de hablar de feminismo. O más correctamente: feminismoS.
Porque como el libro ilustra a la perfección, la idea de un feminismo único y hegemónico es poco más que un mito — uno además creado por y para lo que la autora apropiadamente denomina "feminismos enemigos": ideologías y acciones que o bien instrumentalizan los derechos de las mujeres con fines coloniales, totalitarios y carcelarios (cuando no llanamente fascistas o eugenésicos), o bien aquellas que usan las tácticas y estrategias de tales fuentes con el fin nominal de lograr la igualdad de hombres y mujeres [en la medida que esta distinción es aplicable…].
Porque estos feminismos no son un aspecto accidental: han crecido no solo junto a y del mismo sustrato que todo el feminismo occidental —europeo/norteamericano, blanco, burgués— sino como parte intrínseca y espinal de este.
Y porque "quien no conoce su pasado está condenadə a repetirlo": porque no hay reparación posible sin admitir el daño, porque el primer paso para superar esta limitación es reconocer su presencia, porque no se puede transformar aquello cuya existencia se niega.
Y este es un proceso que muchos feminismos del norte global tienen pendiente.
Y sobre el que este libro entra de pleno.[¹ H/t @ArtistSynth por impulsar la noticia que me lo hizo notar (y rutinariamente otras cosas interesantes pero que no vienen a cuento ahora :3). ^^]
#Feminismos #Antipunitivismo #Anticolonialismo #Interseccionalidad #Historia #HistoriaModerna #Abolición #Punitivismo #Colonialismo #TERFismo #FeminismoCarcelario #Febrero2026 #Ensayo #Libro #Libros #Bookstodon
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El algoritmo no exige nada
Hay una mentira moderna que la gente repite con la misma fe con la que antes repetía horóscopos, sermones o discursos políticos:
“El algoritmo me obliga.”
No.
El algoritmo no obliga a nadie.
No entra a tu casa. No te apunta con un arma. No te despierta a las tres de la mañana para recordarte que debes publicar una historia mostrando tu desayuno, tu opinión política o la foto número quinientas de tu gimnasio.
Lo que existe es algo mucho más incómodo de admitir:
La necesidad de atención.
Durante años las redes sociales convencieron a millones de personas de que existir y ser visto eran la misma cosa. Que si nadie reaccionaba, comentaba o compartía, entonces algo estaba mal.
Así nació una generación de personas que ya no vive experiencias: las documenta.
Ya no piensa: reacciona.
Ya no conversa: publica.
Ya no observa el mundo: observa estadísticas.
Y cuando la ansiedad aparece, cuando el cansancio llega, cuando la mente se siente saturada de noticias, peleas, tendencias, indignaciones y escándalos diarios, aparece la excusa perfecta:
“Es culpa del algoritmo.”
Pero no.
El algoritmo no es el autor de ese agotamiento.
Es apenas un espejo que refleja comportamientos humanos que existían mucho antes de internet: la necesidad de pertenecer, de ser reconocido, de tener razón y de sentirse importante.
Por eso resulta curioso ver a tantas personas anunciar públicamente que van a desconectarse.
Publican cuatro historias explicando que necesitan alejarse de las redes.
Es decir, convierten su salida de las redes en contenido para las redes.
La desconexión también termina siendo parte del espectáculo.
Y quizás ahí está la verdadera trampa.
No en los algoritmos.
No en Instagram.
No en X.
No en TikTok.
Sino en haber entregado nuestra capacidad de decidir.
Porque nadie está obligado a publicar todos los días.
Nadie está obligado a opinar sobre cada noticia.
Nadie está obligado a participar en cada pelea política.
Nadie está obligado a consumir diez horas diarias de ruido digital.
La mayoría simplemente eligió hacerlo durante tanto tiempo que terminó creyendo que ya no tenía elección.
Mientras tanto, las plataformas siguen funcionando exactamente igual.
Los políticos siguen manipulando.
Los medios siguen exagerando.
Las granjas de bots siguen fabricando conversaciones artificiales.
Y millones de usuarios siguen confundiendo una tendencia con la realidad.
Porque la verdad más incómoda de internet es que las redes sociales no representan necesariamente lo que piensa la gente.
Representan lo que grita más duro.
Representan lo que genera más reacción.
Representan lo que produce más clics.
Representan lo que más dinero mueve.
Nada más.
Por eso cada vez que alguien afirma que “todo el mundo está hablando de esto”, vale la pena hacerse una pregunta sencilla:
¿Todo el mundo?
¿O simplemente los mismos miles de perfiles atrapados dentro de la misma pantalla?
Quizás la realidad sigue estando donde siempre estuvo.
En la calle.
En una conversación sin cámaras.
En un libro.
En una caminata.
En el silencio.
Porque fuera de internet existe una verdad que los algoritmos jamás podrán alterar:
La vida continúa aunque nadie la publique.
Escrito lejos del ruido.
#algoritmos #atenciónDigital #Bogotá #bots #Cali #Caliwood #Colombia #culturaDigital #desconexiónDigital #dignidad #economíaDeLaAtención #elmandelacamara #Ensayo #experiencias #Facebook #fanatismo #granjasDeBots #instagram #Internet #LinkedIn #mediosDeComunicación #opiniónPública #pensamientoCrítico #redes #redesSociales #Sociedad #Tecnología #TikTok #vidaDigital #x #Zoociedad
Sin Facebook. Sin X. Sin LinkedIn. Sin TikTok. -
Un 16 de julio, nace en Gijón,
🖊️ Ángeles Caso
Hoy, cumple 67 años, ¡Felicidades! 🎂
Destacada periodista, gran narradora y ensayista de #PensamientoFeminista.
Ella se define como “escritora, historiadora especializada en historia del arte y comunicadora”
#Feminismo #LiteraturaEspañola #Narrativa #Ensayo
Dejo unas sugerencias entre sus #Novelas y #Ensayos 👇
#EscritorasFeministas #Feminismo -
https://www.europesays.com/es/639451/ Un radiofármaco abre nuevas opciones frente a los tumores neuroendocrinos avanzados #abre #avanzados #clínico #compete #edotreotida #Ensayo #ES #España #Everolimus #fase #frente #gastroenteropancreáticos #Health #lu]lu #metastasicos #muestra #neuroendocrinos #nuevas #opciones #Pacientes #prolonga #radiofarmaco #Salud #SLP #Spain #tumores
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La evolución de la Zoociedad
Hoy quisimos salir a almorzar a un restaurante casero. La comida estaba muy buena. De esas que todavía saben a cocina de verdad y no a una receta industrial.
Pero terminé mirando más a las personas que al plato.
Eso siempre me pasa.
No salgo únicamente a comer. Salgo a observar. A fotografiar desconocidos. A intentar entender esta cosa que llamamos sociedad y que, hace tiempo, decidí llamar Zoociedad.
En una mesa había una señora mayor. Almorzaba mientras hablaba con alguien. Su mesa estaba vacía.
No estaba completamente sola.
Pero la escena me dejó pensando.
No en ella.
En mí.
Porque yo también almuerzo solo muchas veces. También entro a un café con mi cámara, me siento en silencio y observo cómo transcurre la vida de personas cuyos nombres jamás conoceré.
La diferencia es que todavía no llego a la vejez.
Y entonces apareció una pregunta incómoda.
¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a un desconocido: “¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?”
La pregunta incomoda.
Suena extraña.
Hasta peligrosa.
La Zoociedad nos enseñó que un desconocido es un posible ladrón, un estafador, alguien con malas intenciones o, simplemente, una persona a la que no debemos dirigirle la palabra.
Compartimos ascensores sin saludarnos.
Esperamos en la misma fila sin cruzar una mirada.
Viajamos hombro con hombro mirando una pantalla.
Almorzamos separados por un metro de distancia y por kilómetros de silencio.
Mientras observaba a aquella señora pensé, por un instante, en acercarme.
Preguntarle si podía sentarme.
Conversar un rato.
Compartir el almuerzo con alguien a quien probablemente nunca volvería a ver.
No lo hice.
Me ganó la costumbre.
Esa norma invisible que nadie escribió, pero que todos obedecemos.
La de no invadir.
La de no hablar.
La de no acercarse.
No sé si aquella señora necesitaba compañía.
No sé si habría aceptado.
No sé absolutamente nada de su vida.
Quizá estaba feliz hablando con alguien.
Quizá esperaba a un familiar.
Quizá simplemente disfrutaba ese momento.
No tengo derecho a escribir su historia.
Pero sí puedo escribir la mía.
Y la mía dice que tuve miedo de hacer una pregunta tan sencilla como humana.
Entonces pensé en eso que llamamos evolución.
Nos enseñaron que evolucionar era construir ciudades, inventar internet, crear inteligencia artificial, fabricar teléfonos capaces de hacer millones de operaciones por segundo.
Todo parece avanzar.
Menos nosotros.
Construimos algoritmos capaces de anticipar qué compraremos mañana, pero seguimos sin entender qué siente quien está sentado a un metro de distancia.
Podemos hablar por videollamada con alguien al otro lado del planeta mientras ignoramos a quien comparte el mismo restaurante.
Nunca habíamos estado tan conectados.
Nunca habíamos estado tan encapsulados.
Antes la evolución consistía en aprender a convivir.
Hoy parece consistir en optimizar.
Optimizar el tiempo.
Optimizar la productividad.
Optimizar el cuerpo.
Optimizar el contenido.
Optimizar la atención.
Todo debe ser eficiente.
Incluso las relaciones.
Si alguien deja de entretenernos, deslizamos el dedo.
Si una conversación tarda demasiado, desbloqueamos el celular.
Si una persona envejece, muchas veces deja de existir para la mirada de los demás.
La Zoociedad no siempre es cruel.
Muchas veces solo es indiferente.
Y la indiferencia tiene una capacidad extraordinaria: convierte lo extraordinario en rutina.
Una señora almorzando con una mesa vacía.
Un vigilante que nadie saluda.
Un barrendero limpiando la basura ajena.
Un vendedor ambulante caminando kilómetros.
Un domiciliario comiendo de pie entre un pedido y otro.
Los vemos todos los días.
Precisamente por eso dejamos de verlos.
Quizá la evolución nunca consistió en crear máquinas más inteligentes.
Quizá consistía en no olvidar cómo acercarse a otro ser humano.
Porque resulta curioso que una especie capaz de enviar sondas al espacio considere extraño sentarse a compartir una mesa con un desconocido.
Tal vez esa sea la verdadera paradoja de la Zoociedad.
Somos expertos en conectar dispositivos.
Pero cada vez nos cuesta más conectar personas.
Salí de ese restaurante pensando que la fotografía no había sido de aquella señora.
La fotografía había sido para mí.
Fue un espejo.
Un recordatorio de que la soledad no empieza con las canas.
Empieza el día en que dejamos de hablar con quien no conocemos.
Empieza cuando la prudencia se convierte en indiferencia.
Empieza cuando creemos que cada mesa debe ser una isla.
Quizá por eso sigo saliendo con una cámara a mirar desconocidos.
No busco la fotografía perfecta.
Busco preguntas.
Busco esos instantes que nadie publica porque no generan likes, pero que dicen más sobre nosotros que cualquier tendencia del día.
Vivimos rodeados de smartphones, Smart TV, relojes inteligentes, asistentes de hogar, neveras inteligentes, aspiradoras inteligentes y quién sabe cuántas smartpollas en vinagre más.
Todo parece ser inteligente.
Las casas.
Los carros.
Los electrodomésticos.
Los algoritmos.
Las máquinas.
Menos nosotros cuando se trata de hacer algo tan simple como mirar a otro ser humano y decirle:
”¿Le puedo acompañar el almuerzo?”
Será que soy un modelo obsoleto.
Uno de esos humanos versión antigua.
Cansado.
Fuera de serie.
Convencido de que compartir una mesa todavía vale más que compartir un enlace.
Quizá algún día sea yo quien esté sentado allí.
Almorzando solo.
Hablando con alguien.
O simplemente mirando por la ventana.
Y quizá otro desconocido, con una cámara en las manos, imagine mi historia desde la mesa de enfrente.
Probablemente se equivoque.
Como probablemente también me equivoqué yo.
Porque una fotografía nunca alcanza para explicar una vida.
Pero sí puede recordarnos una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
¿Puedo sentarme con usted y acompañarlo mientras almorzamos?
Quizá la evolución de una sociedad no se mida por la velocidad de sus procesadores ni por la inteligencia de sus algoritmos.
Quizá se mida por la naturalidad con la que un desconocido puede compartir una mesa sin que eso parezca un acto extraordinario.
Porque el verdadero progreso no será el día en que inventemos un asistente más inteligente.
Será el día en que dejemos de necesitar un dispositivo para recordar que, antes que usuarios, consumidores o perfiles, seguimos siendo personas.
@elmandelacamara
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Operario de cámara. Observador de la Zoociedad. Cansado, obsoleto y fuera del rebaño. -
El crochet de mi mamá y la mentira del algoritmo
Hace unos días desactivé una cuenta de Instagram.
No era mi cuenta.
Era una que había creado para mi mamá.
Se llamaba El Ganchillo de Gloria.
Durante años pensé que internet podía ayudarla a vender los tejidos en crochet que hace con sus manos. Le tomé fotografías. Diseñé publicaciones. Subí contenido. Hice lo que se supone que uno debe hacer cuando le dicen que las redes sociales son una herramienta para emprender.
No funcionó.
Y eso me obligó a aceptar algo que durante mucho tiempo no quise ver.
Instagram nunca vendió un solo tejido.
Ni uno.
Los que sí compraron fueron los vecinos.
Los amigos.
Los amigos de los amigos.
La gente que conocía a mi mamá.
La gente que había visto su trabajo en persona.
La gente real.
La Matrix no compró una mierda.
Durante años nos vendieron una historia muy seductora.
Que cualquiera podía abrir una cuenta.
Que cualquiera podía construir una audiencia.
Que cualquiera podía convertir su oficio en un negocio.
Que el algoritmo conectaría mágicamente a los creadores con los compradores.
Pero la realidad fue mucho menos romántica.
La gente da likes.
La gente comenta.
La gente comparte.
La gente dice que ama lo artesanal.
Pero cuando llega la hora de sacar la billetera, descubre que ama mucho más las cosas baratas.
Un tejido en crochet puede tomar días o semanas de trabajo.
Horas y horas de una persona sentada construyendo algo punto por punto.
Sin embargo, mucha gente ve el resultado final y calcula el precio como si hubiera aparecido por generación espontánea.
Recuerdo haber visto en París chales tejidos vendidos por cientos de euros.
No estaban vendiendo lana.
Estaban vendiendo tiempo.
Experiencia.
Paciencia.
Trabajo humano.
Aquí muchas veces la conversación empieza al revés.
No preguntan cuánto demoró hacerlo.
Preguntan cuánto descuento les van a hacer.
Y si son amigos, esperan un descuento.
Y si son amigos cercanos, esperan otro.
Y si además existe algún parentesco, amistad o historia familiar, el descuento se vuelve parte de la negociación nacional permanente.
El problema nunca fue el crochet.
El problema fue creer que Instagram era la solución.
Yo también compré esa fantasía.
Creí que estar en redes significaba vender.
Creí que la visibilidad era lo mismo que el valor.
Creí que el algoritmo podía crear clientes.
Y estaba equivocado.
Lo más extraño es que, al desactivar la cuenta, no sentí que estuviera cerrando un negocio.
Sentí que estaba enterrando una ilusión.
La ilusión de que las plataformas digitales premian automáticamente el trabajo bien hecho.
No lo hacen.
Premian muchas otras cosas.
La atención.
La repetición.
La publicidad.
La suerte.
A veces el escándalo.
A veces el humo.
Pero no necesariamente el trabajo bien hecho.
Sin embargo, hay algo hermoso en todo esto.
Porque mientras la cuenta fue incapaz de vender casi nada, los tejidos siguen existiendo.
Tengo diez cubrecamas hechos a mano por mi mamá.
Diez.
Y los amo.
Quizá Instagram desaparezca algún día.
Quizá Meta termine siendo otro fósil digital.
Quizá dentro de veinte años nadie recuerde qué era un reel.
Pero esos cubrecamas seguirán existiendo.
Seguirán contando una historia.
La de una mujer que pasó miles de horas tejiendo.
La de un hijo que creyó que internet podía ayudarla.
Y la de una lección incómoda que tardé años en aprender:
el valor de una cosa y la capacidad de venderla en redes sociales no son la misma cosa.
La cuenta fue desactivada.
La fantasía murió.
Pero los tejidos sobrevivieron.
Y, honestamente, creo que eso es lo más importante.
Operador de cámara.
Viejo.
Cansado.
Obsoleto.
Hijo de una mujer que teje mejor de lo que vende Instagram.
Amante del crochet de mamá.
Desilusionado de eso que llaman amistad.
Cansado de nadar contra la corriente.
Solo la mayor parte del tiempo.
Libre de la Matrix casi siempre.
Y cada día más lejos de la fantasía del algoritmo.
#algoritmo #artesanía #autobiografía #Bogotá #Cali #Caliwood #Colombia #crochet #crochetDeMamá #crochetHechoAMano #culturaDigital #desilusiónDigital #economíaDigital #elmandelacamara #emprendimiento #Ensayo #familia #fantasíaDelAlgoritmo #filmmaker #fueraDelAlgoritmo #hechoAMano #hijoDeUnaMujerQueTeje #historiaPersonal #instagram #laFantasíaDelAlgoritmo #laMatrixNoCompróUnaMierda #losTejidosSobrevivieron #mamá #memoria #obsoletoPeroFuncional #operadorDeCámara #paleontologíaDigital #redes #redesSociales #Reflexiones #trabajoInvisible #trabajoManual #vidaDigital #vidaReal #Zoociedad -
Muy interesante entrada en el blog,
📚 Lecturas de Undine
Con reseña de 📖 La Novela Rosa. 1924-1939
Estudio; sobre esa popular colección publicada en las últimas décadas de la llamada 'Edad de Plata' de la #LiteraturaEspañola; firmado por 🖊️Antonio González Lejárraga (Madrid, 1956) Abogado y reconocido investigador, experto en #CulturaPopular
El libro está publicado por la editorial Renacimiento, en su sello 'Ediciones Ulises'
#BlogsLiterariosRecomendados #LiteraturaPopular #NovelasPopulares #Bolsilibro #Ensayo
Enlace al blog 👉 https://lecturasdeundine.blogspot.com/2026/05/resena-la-novela-rosa-1924-1939-antonio.html -
CW: [ES] Cual es la palabra más larga del mundo? Una historia.
Si todavia no estais recibiendo el newsletter de Monma Mingot, os lo recomiendo muchisimo. Monma es un cuentacuentos remajo de les terres de Lleida que se ha asentado en Eivissa.
Te llena el corazón y te alegra el dia.------------------------------------------
— ¿Sabes cuál es la palabra más larga del mundo?(En mi cabeza se asoma esternocleidomastoideo, pero como me está preguntando mi hijo y estamos en fase de adivinanzas, imagino que tiene trampa).
— Pues no
— Arroz. Porque empieza por la a y termina por la z.
Me reí, así que le dije que me gustaba.
La adivinanza. El arroz también me gusta, pero eso ya lo sabe: es mi comida favorita.
De hecho, mis amigos se rieron durante un tiempo de mí porque desayunaba arroz.
Una taza de arroz redondo, una de leche de arroz, dos de agua, pedacitos de pera sin piel, nueces troceadas y un toque de canela. Pones a hervir y cuando asome el arroz, apagas y dejas reposar con tapa. Una delicia.
Pero el arroz que realmente ha marcado mi vida era el de mi abuela.
Cada domingo reunía a toda la familia alrededor de su exquisita paella.
Era algo sublime. Sin duda, el mejor recuerdo que tengo de ella.
Aunque la disfrutaba con delirio, mi familia decía que yo de pequeño no era mucho de comer.
Así que de cocinar, ya ni te cuento.
En mi casa, la cocina era cosa de mujeres… y cuando mi madre (otra cocinera maravillosa, por cierto) estaba en la cocina, ahí no entraba ni el tato. Era su templo. Y punto.
Por lo que cuando me fui a vivir a EEUU con 16 años, no sabía ni hacer un huevo frito.
Y un arroz ya ni de broma, vamos. Era un negado absoluto.
Me hinché de comida basura, que te voy a contar.
Después, viajando por Latinoamérica antes de cumplir los veinte, me di cuenta de que saber domar los fogones era algo esencial para poder ir por el mundo.
Así que al volver a España, en medio de una crisis existencial propia de esa edad (andaba perdidísimo con mi vida) decidí ponerme a estudiar cocina.
Aprendí un montón y conocí gente muy bonita.
Pero al terminar la formación, solo tenía una cosa en la cabeza: aprender a hacer la paella de mi abuela antes de que muriese.
Recoger el legado de esa tradición tan especial para nuestra familia. Y quizá algún día para futuras generaciones.
Por lo que me presenté a su cocina con papel, boli y la ilusión de conseguir, por fin, LA RECETA. Así, en mayúsculas.
Una vez le pregunté todo emocionado, me contestó:
— ¿Paella? ¡Uy, ni idea! ¡Si yo no he hecho en mi vida!
Y se puso a reír como una niña pequeña.
Silencio.
No sé si me cayó el boli al suelo, pero el momento fue tan dramático que podría haber pasado. Pero no, creo que no se me cayó.
Lo que si se me cayó fue un jarro de agua fría.
Porque asistí al primer síntoma de su demencia, que con los años iría creciendo.
Y la receta se quedó enterrada en ese mar de nubes que nunca más se despejarían.
Así que decidí empezar a hacerla por mi cuenta, sin más. Sin receta ni nada.
Y a medida que pasaron los años, la iba cocinando con una paellera más grande para juntar a más gente querida.
Porque receta, etimológicamente, significa “lo que se recibe”.
Y lo que recibí de mi abuela era que hacer la paella era, en realidad, un ritual para juntarnos.
Por lo que sigo haciéndolo a su honor con mucha alegría.
De hecho, cuando hace poco más de un año murió, fui a su casa a ver si encontraba su paellera.
Si no tenía su receta, podía al menos heredar su herramienta.
Estaban todos los artilugios de cocina, pero ni rastro de la paellera.
Como si, realmente, no la hubiese usado en su vida.
Y todos esos domingos compartidos hubiesen sido fruto de nuestra imaginación.
O para demostrarme de nuevo que el legado auténtico no se puede escribir ni tocar.
Y que a veces hay cosas que se escapan de nuestro control, por lo que no queda otra que confiar en lo intangible, en lo que no es lógico, en lo que no se entiende.
Para descubrir así otra forma de ver la vida.
En la que, por ejemplo, la palabra más larga del mundo es arroz.
Al menos, durante esos segundos en los que te ríes con una adivinanza.
Un abrazo,
Monma
PD: Alguien me preguntó, después del último correo, si usaba la IA para escribir estas historias. Y creo que está bien que sepas que no lo voy a hacer jamás. Me gusta escribir desde mis entrañas y espero que así lo sientas. Y me pone contento que me contestes, aunque sea solo saludando. También te lo agradezco, para que el algoritmo sepa que esto va de comunicación entre seres humanos. Y quizá así dejan de llegar a la carpeta de spam a tantísimas personas. Gracias por estar al otro lado y compartir con quien lo sientas.
Cada luna nueva, una nueva historia
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#historias #ensayo #ElArteDeLasPalabras #Literatura #CuentaCuentos #Catalunya #Eivissa #Ibiza #narrativa #literaverso #lectura
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Este #ensayo es una maravilla. #VerónicaMurguía encuentra el origen de uno de los grandes #cuentos de Jorge Luis #Borges.
https://letraslibres.com/revista/la-palabra-bikanir/
#literatura #escritoras #RudyardKipling #ElInmortal -
Les recomiendo enormemente este #ensayo de la #escritora #mexicana #DanielaGuzmán, muy pertinente en estos días.
"El Incidente #Ghibli y la erosión del significado". https://danielalguzman.substack.com/p/el-incidente-ghibli-y-la-erosion?utm_source=share&utm_medium=android&r=1zpad&triedRedirect=true
#tecnología #arte #capitalismo #oligarquía #ensayos #escritoras #literaverso -
Hoy es el #TwinPeaksDay: el agente Dale Cooper llegó al misterioso pueblo de #TwinPeaks un 24 de febrero, dando inicio a aquella serie de #televisión legendaria.
🍰
Para quienes recuerden la serie (o no), aquí está un #ensayo que escribí hace tiempo acerca de su tremenda temporada 3, la #nostalgia vuelta mercancía y los primeros años de la debacle actual.
https://www.lashistorias.com.mx/index.php/textos/la-memoria-y-la-catastrofe/
#series #cine #DavidLynch #MarkFrost #actualidad #capitalismo #WeirdFiction #LiteraturaDeImaginación -
@Cirkadia entre mis últimas #lecturas recomendaría #ensayos como Declaración de Dependencia de Rebekka de Wit https://deconatus.com/libros/declaracion-de-dependencia/ y Utopías cotidianas de Kristen Ghodsee (este lo estoy terminando ahora): https://capitanswing.com/libros/utopias-cotidianas/
Otro que he disfrutado muchísimo (aunque no sé si es lo que buscas porque más que #ensayo divulgativo es ensayo narrativo y político) es La nada fértil, de Sarah Babiker. En @ElSaltoDiario la entrevistan: https://www.elsaltodiario.com/literatura/sarah-babiker-novela-cafe-abismo