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#ensayo — Public Fediverse posts

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  1. «Feminismos Enemigos: TERFs, policías y jefas contra la liberación»

    👤 Sophie Lewis
    👤 Traducción: Damián Queirolo
    🗓️ Febrero de 2026
    🆔 ISBN: 979-13-87639-62-4
    📔 Editorial: Bellaterra 🛒 bellaterra.coop/es/libros/femi

    > Esta es una obra necesaria. Una investigación que comienza con las imperialistas del siglo XIX, sigue con las militantes del Ku Klux Klan, las cruzadas antiporno del siglo XX y llega hasta las agendas antiabortistas y transexcluyentes actuales. Cuando entendemos que los feminismos no son inherentemente buenos, ¿debemos hacernos cargo de todos ellos? Hay que empezar a reconocerlo y asimilarlo, porque solo así seremos conscientes de cómo estos feminismos nos han empujado hacia posiciones insostenibles para un futuro más libre.
    > Ante las posiciones reaccionarias del feminismo supremacista blanco y burgués, en una época de creciente fascismo y violenta transfobia, no debemos bajar la guardia. Este libro es un grito de solidaridad transfeminista, una impugnación decolonial del ultranaciona-lismo teñido de lila y un llamado a acabar con el fascismo en todas sus formas. En estas líneas encontrarás una feroz y brillante carta de amor al feminismo.

    -

    ¡No me puedo creer que haya tardado medio año en enterarme que esta joya se había traducido al español..!¹

    Lo digo sin exagerar: este libro debería ser una lectura obligatoria en el norte global antes de hablar de feminismo. O más correctamente: feminismoS.

    Porque como el libro ilustra a la perfección, la idea de un feminismo único y hegemónico es poco más que un mito — uno además creado por y para lo que la autora apropiadamente denomina "feminismos enemigos": ideologías y acciones que o bien instrumentalizan los derechos de las mujeres con fines coloniales, totalitarios y carcelarios (cuando no llanamente fascistas o eugenésicos), o bien aquellas que usan las tácticas y estrategias de tales fuentes con el fin nominal de lograr la igualdad de hombres y mujeres [en la medida que esta distinción es aplicable…].

    Porque estos feminismos no son un aspecto accidental: han crecido no solo junto a y del mismo sustrato que todo el feminismo occidental —europeo/norteamericano, blanco, burgués— sino como parte intrínseca y espinal de este.

    Y porque "quien no conoce su pasado está condenadə a repetirlo": porque no hay reparación posible sin admitir el daño, porque el primer paso para superar esta limitación es reconocer su presencia, porque no se puede transformar aquello cuya existencia se niega.

    Y este es un proceso que muchos feminismos del norte global tienen pendiente.
    Y sobre el que este libro entra de pleno.

    [¹ H/t @ArtistSynth por impulsar la noticia que me lo hizo notar (y rutinariamente otras cosas interesantes pero que no vienen a cuento ahora :3). ^^]

    #Feminismos #Antipunitivismo #Anticolonialismo #Interseccionalidad #Historia #HistoriaModerna #Abolición #Punitivismo #Colonialismo #TERFismo #FeminismoCarcelario #Febrero2026 #Ensayo #Libro #Libros #Bookstodon

  2. "En la época en que más medios hay para contrastar y verificar las informaciones, mayor es la indistinción entre lo verdadero y lo falso, confundidos en una especie de magma, y cada vez va teniendo menos sentido decir y saber la verdad"

    El País Semanal, 26 de julio de 2009

    Este 11 de septiembre se cumplen cuatro años de la muerte de,
    🖊️ Javier Marías (Madrid, 1951 - 2022)
    Escritor, articulista, ensayista, traductor y editor.
    A todo ello se dedicó con mucha pasión.
    Guste o no 😉... Es uno de los grandes autores de la #LiteraturaEspañola contemporánea.
    #Narrativa #Ensayo #CulturaPopular

  3. «Puta: Historia de una palabra y un estigma»

    🗓️ 2026-06-24
    👤 Dominique Lagorgette
    👤 Traducción: Elena Fernández-Renau
    🆔 ISBN: 978-84-10435-39-1
    📔 Editorial: Altamarea 🛒 altamarea.es/producto/puta-his
    🇫🇷 Original (francés): kolektiva.social/@yenndc/11721

    > «Puta» es el insulto más lanzado contra las mujeres; una palabra usada para humillar, disciplinar y marcar cuerpos durante generaciones. Pero ¿de dónde viene? ¿Qué ha significado a lo largo del tiempo? ¿Y por qué hay quienes han decidido apropiársela y convertirla en bandera?
    > Este libro atraviesa once siglos de historia de la lengua para revelar el recorrido de esta palabra y del vasto léxico que ha maltratado a las mujeres desde la Edad Media hasta hoy. A través de textos literarios, canciones o expedientes policiales, la autora reconstruye cómo este término nació del latín y se convirtió muy pronto en una herramienta para señalar, clasificar y castigar a quien se desviaba de la norma. Porque llamar «puta» a una mujer nunca fue únicamente un insulto, sino también una advertencia. Una forma de control social que pesa sobre todas las feminidades, no solo sobre las trabajadoras sexuales.
    > Combativo, riguroso y lleno de hallazgos sorprendentes, Puta es una arqueología del machismo y, a la vez, una exploración feroz del poder de las palabras, sus cicatrices y sus límites.

    #TrabajoSexual #LibrosTS #Estigma #Historia #Ensayo #Junio2026 #Libro #Libros #Bookstodon

  4. «Puta: Historia de una palabra y un estigma»

    🗓️ 2026-06-24
    👤 Dominique Lagorgette
    👤 Traducción: Elena Fernández-Renau
    🆔 ISBN: 978-84-10435-39-1
    📔 Editorial: Altamarea 🛒 altamarea.es/producto/puta-his
    🇫🇷 Original (francés): kolektiva.social/@yenndc/11721

    > «Puta» es el insulto más lanzado contra las mujeres; una palabra usada para humillar, disciplinar y marcar cuerpos durante generaciones. Pero ¿de dónde viene? ¿Qué ha significado a lo largo del tiempo? ¿Y por qué hay quienes han decidido apropiársela y convertirla en bandera?
    > Este libro atraviesa once siglos de historia de la lengua para revelar el recorrido de esta palabra y del vasto léxico que ha maltratado a las mujeres desde la Edad Media hasta hoy. A través de textos literarios, canciones o expedientes policiales, la autora reconstruye cómo este término nació del latín y se convirtió muy pronto en una herramienta para señalar, clasificar y castigar a quien se desviaba de la norma. Porque llamar «puta» a una mujer nunca fue únicamente un insulto, sino también una advertencia. Una forma de control social que pesa sobre todas las feminidades, no solo sobre las trabajadoras sexuales.
    > Combativo, riguroso y lleno de hallazgos sorprendentes, Puta es una arqueología del machismo y, a la vez, una exploración feroz del poder de las palabras, sus cicatrices y sus límites.

    #TrabajoSexual #LibrosTS #Estigma #Historia #Ensayo #Junio2026 #Libro #Libros #Bookstodon

  5. «Puta: Historia de una palabra y un estigma»

    🗓️ 2026-06-24
    👤 Dominique Lagorgette
    👤 Traducción: Elena Fernández-Renau
    🆔 ISBN: 978-84-10435-39-1
    📔 Editorial: Altamarea 🛒 altamarea.es/producto/puta-his
    🇫🇷 Original (francés): kolektiva.social/@yenndc/11721

    > «Puta» es el insulto más lanzado contra las mujeres; una palabra usada para humillar, disciplinar y marcar cuerpos durante generaciones. Pero ¿de dónde viene? ¿Qué ha significado a lo largo del tiempo? ¿Y por qué hay quienes han decidido apropiársela y convertirla en bandera?
    > Este libro atraviesa once siglos de historia de la lengua para revelar el recorrido de esta palabra y del vasto léxico que ha maltratado a las mujeres desde la Edad Media hasta hoy. A través de textos literarios, canciones o expedientes policiales, la autora reconstruye cómo este término nació del latín y se convirtió muy pronto en una herramienta para señalar, clasificar y castigar a quien se desviaba de la norma. Porque llamar «puta» a una mujer nunca fue únicamente un insulto, sino también una advertencia. Una forma de control social que pesa sobre todas las feminidades, no solo sobre las trabajadoras sexuales.
    > Combativo, riguroso y lleno de hallazgos sorprendentes, Puta es una arqueología del machismo y, a la vez, una exploración feroz del poder de las palabras, sus cicatrices y sus límites.

    #TrabajoSexual #LibrosTS #Estigma #Historia #Ensayo #Junio2026 #Libro #Libros #Bookstodon

  6. «Puta: Historia de una palabra y un estigma»

    🗓️ 2026-06-24
    👤 Dominique Lagorgette
    👤 Traducción: Elena Fernández-Renau
    🆔 ISBN: 978-84-10435-39-1
    📔 Editorial: Altamarea 🛒 altamarea.es/producto/puta-his
    🇫🇷 Original (francés): kolektiva.social/@yenndc/11721

    > «Puta» es el insulto más lanzado contra las mujeres; una palabra usada para humillar, disciplinar y marcar cuerpos durante generaciones. Pero ¿de dónde viene? ¿Qué ha significado a lo largo del tiempo? ¿Y por qué hay quienes han decidido apropiársela y convertirla en bandera?
    > Este libro atraviesa once siglos de historia de la lengua para revelar el recorrido de esta palabra y del vasto léxico que ha maltratado a las mujeres desde la Edad Media hasta hoy. A través de textos literarios, canciones o expedientes policiales, la autora reconstruye cómo este término nació del latín y se convirtió muy pronto en una herramienta para señalar, clasificar y castigar a quien se desviaba de la norma. Porque llamar «puta» a una mujer nunca fue únicamente un insulto, sino también una advertencia. Una forma de control social que pesa sobre todas las feminidades, no solo sobre las trabajadoras sexuales.
    > Combativo, riguroso y lleno de hallazgos sorprendentes, Puta es una arqueología del machismo y, a la vez, una exploración feroz del poder de las palabras, sus cicatrices y sus límites.

    #TrabajoSexual #LibrosTS #Estigma #Historia #Ensayo #Junio2026 #Libro #Libros #Bookstodon

  7. «Puta: Historia de una palabra y un estigma»

    🗓️ 2026-06-24
    👤 Dominique Lagorgette
    👤 Traducción: Elena Fernández-Renau
    🆔 ISBN: 978-84-10435-39-1
    📔 Editorial: Altamarea 🛒 altamarea.es/producto/puta-his
    🇫🇷 Original (francés): kolektiva.social/@yenndc/11721

    > «Puta» es el insulto más lanzado contra las mujeres; una palabra usada para humillar, disciplinar y marcar cuerpos durante generaciones. Pero ¿de dónde viene? ¿Qué ha significado a lo largo del tiempo? ¿Y por qué hay quienes han decidido apropiársela y convertirla en bandera?
    > Este libro atraviesa once siglos de historia de la lengua para revelar el recorrido de esta palabra y del vasto léxico que ha maltratado a las mujeres desde la Edad Media hasta hoy. A través de textos literarios, canciones o expedientes policiales, la autora reconstruye cómo este término nació del latín y se convirtió muy pronto en una herramienta para señalar, clasificar y castigar a quien se desviaba de la norma. Porque llamar «puta» a una mujer nunca fue únicamente un insulto, sino también una advertencia. Una forma de control social que pesa sobre todas las feminidades, no solo sobre las trabajadoras sexuales.
    > Combativo, riguroso y lleno de hallazgos sorprendentes, Puta es una arqueología del machismo y, a la vez, una exploración feroz del poder de las palabras, sus cicatrices y sus límites.

    #TrabajoSexual #LibrosTS #Estigma #Historia #Ensayo #Junio2026 #Libro #Libros #Bookstodon

  8. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  9. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  10. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  11. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  12. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

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  13. SOBRE EL LENGUAJE INCLUSIVO

    Hoy me he disgustado porque, lamentablemente, alguien ha malentendido mis palabras pensando que estoy en contra del lenguaje inclusivo, cuando realmente no es así. Mi postura es que es algo que requiere un estudio extenso, porque pueden ocurrir cosas extrañas como esta: "El cuerpo está compuesto de miembros (brazos y piernas), tronco y cabeza", en un lenguaje exclusivo estricto quedaría como "El cuerpe está compueste de miembres (braces y piernes), tronque y cabece". Como se ve, al usar el lenguaje inclusivo de manera estricta, la alteración es sustancial y esto provocaría veraderos problemas, sobre todo en la poesía, donde al convertirla al lenguaje inclusivo perdería la mayoría de las rimas.

    Una solución a este problema sería no usar siempre el lenguaje inclusivo, sino solo añadir al lenguaje un sexo indeterminado y usarlo solo cuando el uso del lenguaje sexualizado no defina la realidad, quedando como: masculine, femenine e indeterminade. Y evitar usar artículos sexualizantes donde la sexualidad no existe. Por ejemplo, la Luna no es femenina porque no tiene sexo, ni el Sol es masculino porque tampoco tiene sexo. Así, habría que alterar el artículo que lo precede de forma que se cree uno adicional: "El gato macho", "la gata hembra", "il gate indeterminade". Esto sonaría mejor si en lugar de crear el artículo "il" creamos el "ol" y cambiamos el significado de "el". De esta forma, quedaría así: "Ol gato macho", "La gata hembra" y "El gate indeterminade". De esta última forma, las rimas que perdemos se recuperan por otra parte, porque ya suena rimando sin necesidad de hacer nada más. Y en cuanto a lo que no tiene sexo, sería más adecuado usar "El": "El sol", "El luna", "El campo", "El playa". Dejaríamos "Ol" y "La" solo cuando el sexo existe realmente: "El estatua de ol David de Miguel Ángel", "El calle de ol flautista de Hamelín", "Le ciudad perdide de el* noche estrellade", "El casa de les fantasmas", etc. Algunos de estos ejemplos podrían usarse de forma contraída de la siguiente manera: "El estatua dol David de Miguel Ángel", "El calle dol flautista de Hamelín" y "Le ciudad perdide del noche estrellade".

    Otro aspecto a tener en cuenta es que el lenguaje evoluciona de manera natural. Al incluir el sexo indeterminado estamos haciendo que evolucione de forma intencional, por lo que si queremos lenguaje que sea efectivo debería de ser de común acuerdo entre la población de los distinto países de lengua española, para evitar que degenere en distintas versiones dependiendo del lugar, ya que son los hablantes los que hacen evolucionar el idioma; algo difícil de conseguir, pero no imposible. En este sentido, la RAE, como organismo que unifica el lenguaje español, debería de cambiar su función. Tendría que pasar de ser meramente una entidad establecida para conservar y unificar el lenguaje usado por los hispanohablantes, a ser una entidad que establezca nuevas pautas del lenguaje de forma mandatoria sin dejar el control de él sobre los hispanohablantes.

    También hay que considerar que el lenguaje tiene un pasado muy extenso y, en ocasiones, para recoger el lenguaje inclusivo tal vez fuese necesario prescindir de rasgos etimológicos. Y que el español es un idioma complejo, tanto al hablarlo como al escribirlo; esto hace los cambios también complejos.

    Todos estos problemas hay que contraponerlos con los beneficios. Para mi los más importantes, aunque seguro que me olvido muchos, son:
    1º No discriminar a las personas de género no binario.
    2º No sexualizar a personas binarias que consideran que el sexo no es un rasgo significativo.
    3º Evitar la sexualización forzada de cosas ("La Luna", "el Sol", "la mesa", "la cremallera", etc. como "el Luna", "el Sol" "el mesa", "el cremallera", etc.)

    Este texto no es riguroso y seguro que tiene errores, además no he consultado opiniones rigurosas al respecto. Tan solo trato de mostrar algunos de los aspectos por los que veo problemas en el lenguaje inclusivo, pero al exponerlos estoy invitando a solucionarlos.

    Insisto: que vea problemas no quiere decir que lo rechace ni que lo admita, simplemente que veo problemas. A mi, por ejemplo, decir "El gate", "La gata" y "Ol gato" no me suena nada mal, e incluso me recuerda mucho al portugués, un lenguaje muy bonito.

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