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:stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒎𝒐𝒓𝒂𝒍 𝒔𝒆 𝒎𝒆𝒅𝒊́𝒂 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏𝒂 𝒄𝒊𝒏𝒕𝒂 𝒎𝒆́𝒕𝒓𝒊𝒄𝒂 :stargif:
Antes de que el bikini fuera algo normal, hubo una época en la que un policía podía arrodillarse en la arena y medirte el traje de baño.
Literal.
En el verano de 1922, en Washington D.C., un agente comprobaba con cinta métrica que ninguna mujer enseñara más de 15 centímetros de muslo por encima de la rodilla.
No era un caso aislado: en Chicago, Atlantic City o Coney Island, esa escena se repetía cada verano.Uno de esos agentes era Bill Norton, y su trabajo consistía en eso: vigilar que la moral pública no se saliera de “lo permitido”.
Si el bañador era demasiado corto o ajustado, podía acabar en multa… o directamente en comisaría.
En ciudades como Chicago, se llegaron a detener a más de 20 mujeres en un solo día por “indecencia”.Y si tiras más atrás, la cosa era aún más restrictiva.
En la época victoriana, muchas mujeres ni siquiera podían caminar hasta la orilla.
Usaban las llamadas bathing machines: unas casetas de madera con ruedas que las llevaban directamente al agua, para que nadie las viera entrar ni salir.
La idea era evitar cualquier imagen “escandalosa”, incluso con ropa.Con ese contexto, lo del bikini en 1946 fue una bomba en todos los sentidos.
El ingeniero francés Louis Réard lo presentó en París, pero se encontró con un problema curioso: ninguna modelo profesional quiso ponérselo.
Al final, quien lo llevó fue Micheline Bernardini, una bailarina del Casino de París.
Réard lo llamó “bikini” por el Atolón Bikini, porque sabía que iba a provocar una explosión cultural.Y no se equivocó.
El Vaticano lo calificó de pecaminoso.
Países como Italia, España o Portugal lo prohibieron en playas públicas durante años.
Incluso concursos como Miss Mundo lo vetaron.
Lo que hoy parece una prenda básica era, hace menos de un siglo, motivo de escándalo internacional.El cambio no fue inmediato, pero hubo figuras clave.
Una de ellas fue Brigitte Bardot.
En 1953, durante el Festival de Cannes, apareció en la playa con un bikini de flores y las fotos dieron la vuelta al mundo.
Tres años después, con la película
Y Dios creó a la mujer, terminó de romper el tabú.
Aquello escandalizó a muchos, pero también abrió una puerta.Luego llegó otra imagen imposible de olvidar: Ursula Andress saliendo del agua en Dr. No con un bikini blanco.
Ahí ya no había vuelta atrás.Pero la historia no se quedó ahí.
En 1964, el diseñador Rudi Gernreich llevó todo aún más lejos con el monokini.
Y no, no era como los de ahora.
El original dejaba el pecho completamente al descubierto: una braga de talle alto con dos tirantes finos.La modelo Peggy Moffitt posó con él para la revista Look, y aquello desató un escándalo global.
Más de 3.000 artículos en pocos meses.
El Vaticano lo condenó.
El periódico soviético Izvestia lo llamó “decadencia capitalista”.
En ciudades como Chicago, algunas mujeres fueron arrestadas por llevarlo.
El propio Gernreich recibió amenazas.Y aun así, se vendieron miles.
Muchas mujeres no lo usaban en público, pero lo compraban como un gesto de protesta, casi político.
La idea detrás era clara: si los hombres podían ir sin camiseta, ¿por qué ellas no?Visto ahora, todo esto parece exagerado.
Pero no hace tanto tiempo.
Nadie eliminó esas normas de golpe.
Simplemente dejaron de poder sostenerse cuando la sociedad empezó a cuestionarlas.Y al final, lo que hoy vemos como algo cotidiano fue, durante años, una forma de rebeldía.
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#historia #curiosidades #bikini #moda #sociedad #historiareal #cambiossociales #mujeres #libertad #ecosdelpasado #cultura #sigloxx
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:stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒎𝒐𝒓𝒂𝒍 𝒔𝒆 𝒎𝒆𝒅𝒊́𝒂 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏𝒂 𝒄𝒊𝒏𝒕𝒂 𝒎𝒆́𝒕𝒓𝒊𝒄𝒂 :stargif:
Antes de que el bikini fuera algo normal, hubo una época en la que un policía podía arrodillarse en la arena y medirte el traje de baño.
Literal.
En el verano de 1922, en Washington D.C., un agente comprobaba con cinta métrica que ninguna mujer enseñara más de 15 centímetros de muslo por encima de la rodilla.
No era un caso aislado: en Chicago, Atlantic City o Coney Island, esa escena se repetía cada verano.Uno de esos agentes era Bill Norton, y su trabajo consistía en eso: vigilar que la moral pública no se saliera de “lo permitido”.
Si el bañador era demasiado corto o ajustado, podía acabar en multa… o directamente en comisaría.
En ciudades como Chicago, se llegaron a detener a más de 20 mujeres en un solo día por “indecencia”.Y si tiras más atrás, la cosa era aún más restrictiva.
En la época victoriana, muchas mujeres ni siquiera podían caminar hasta la orilla.
Usaban las llamadas bathing machines: unas casetas de madera con ruedas que las llevaban directamente al agua, para que nadie las viera entrar ni salir.
La idea era evitar cualquier imagen “escandalosa”, incluso con ropa.Con ese contexto, lo del bikini en 1946 fue una bomba en todos los sentidos.
El ingeniero francés Louis Réard lo presentó en París, pero se encontró con un problema curioso: ninguna modelo profesional quiso ponérselo.
Al final, quien lo llevó fue Micheline Bernardini, una bailarina del Casino de París.
Réard lo llamó “bikini” por el Atolón Bikini, porque sabía que iba a provocar una explosión cultural.Y no se equivocó.
El Vaticano lo calificó de pecaminoso.
Países como Italia, España o Portugal lo prohibieron en playas públicas durante años.
Incluso concursos como Miss Mundo lo vetaron.
Lo que hoy parece una prenda básica era, hace menos de un siglo, motivo de escándalo internacional.El cambio no fue inmediato, pero hubo figuras clave.
Una de ellas fue Brigitte Bardot.
En 1953, durante el Festival de Cannes, apareció en la playa con un bikini de flores y las fotos dieron la vuelta al mundo.
Tres años después, con la película
Y Dios creó a la mujer, terminó de romper el tabú.
Aquello escandalizó a muchos, pero también abrió una puerta.Luego llegó otra imagen imposible de olvidar: Ursula Andress saliendo del agua en Dr. No con un bikini blanco.
Ahí ya no había vuelta atrás.Pero la historia no se quedó ahí.
En 1964, el diseñador Rudi Gernreich llevó todo aún más lejos con el monokini.
Y no, no era como los de ahora.
El original dejaba el pecho completamente al descubierto: una braga de talle alto con dos tirantes finos.La modelo Peggy Moffitt posó con él para la revista Look, y aquello desató un escándalo global.
Más de 3.000 artículos en pocos meses.
El Vaticano lo condenó.
El periódico soviético Izvestia lo llamó “decadencia capitalista”.
En ciudades como Chicago, algunas mujeres fueron arrestadas por llevarlo.
El propio Gernreich recibió amenazas.Y aun así, se vendieron miles.
Muchas mujeres no lo usaban en público, pero lo compraban como un gesto de protesta, casi político.
La idea detrás era clara: si los hombres podían ir sin camiseta, ¿por qué ellas no?Visto ahora, todo esto parece exagerado.
Pero no hace tanto tiempo.
Nadie eliminó esas normas de golpe.
Simplemente dejaron de poder sostenerse cuando la sociedad empezó a cuestionarlas.Y al final, lo que hoy vemos como algo cotidiano fue, durante años, una forma de rebeldía.
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Quini 6 sorteará 10 premios especiales de 15.000 dólares por el Mundial 2026
📰 Título original: Con una buena jugada podés ir al mundial
🤖 IA: Es clickbait ⚠️
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Trump knew Iran war would 'end his presidency' – but proceeded 'against his will': insider #AxisOfEpstein #EpsteinFiles #Kompromat #Israel #Mossad #Russia #Iran #Blackmail #pedos #Epstein #Trump www.rawstory.com/trump-iran-2...
Trump knew Iran war would 'end... -
Arsenic cycle (Biogeochemical cycle 🔄)
The arsenic cycle is the biogeochemical cycle of natural and anthropogenic exchanges of arsenic terms through the atmosphere, lithosphere, pedosphere, hydrosphere, and biosphere. Although arsenic is naturally abundant in the Earth's crust, long-term exposure and high concentrations of arsenic can be detrimental to human health.
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:stargif: 𝑷𝒐𝒏𝒄𝒆 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒐́𝒏: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒂𝒎𝒃𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 :stargif:
En abril de 1513, las naves de Juan Ponce de León divisaron una costa verde y desconocida.
Aquella tierra terminaría llamándose Florida y marcaría un nuevo capítulo en la expansión de la Monarquía Hispánica por el Atlántico.Durante siglos se repitió la misma historia: un explorador obsesionado con encontrar la famosa Fuente de la Juventud.
La imagen es potente, casi de cuento.
Pero la realidad histórica fue bastante más compleja.Ponce de León nació hacia 1460 o 1465 en Santervás de Campos.
Su origen exacto sigue siendo algo difuso.
Algunas crónicas apuntan a que pudo ser hijo natural de un miembro de la familia noble de los Ponce de León.
Lo que sí parece claro es que creció en un entorno humilde pese a esa posible ascendencia.De joven sirvió como paje en la corte de Fernando II de Aragón y más tarde como escudero de Pedro Núñez de Guzmán.
Allí aprendió el manejo de las armas y las tácticas militares que más tarde aplicaría en el Caribe.Su vida cambió cuando viajó al Nuevo Mundo.
Participó en la colonización de La Española y pronto acumuló tierras y riqueza gracias al sistema de encomiendas.
En ese contexto se casó, alrededor del año 1500, con una mujer llamada Leonor en Santo Domingo.Sobre Leonor existen pocos datos claros.
Algunas fuentes dicen que era hija de un posadero español; otras sugieren que pudo tener origen indígena y que fue bautizada con ese nombre tras su conversión al cristianismo.
Lo cierto es que formaron una familia estable para la época.Tuvieron cuatro hijos: Luis, el único varón, y tres hijas llamadas Juana, María e Isabel.
Mientras Ponce de León construía su carrera política y militar, su familia permanecía en el Caribe administrando propiedades y haciendas.Su ascenso fue rápido.
En 1508 fundó el primer asentamiento europeo permanente en Puerto Rico y se convirtió en su primer gobernador.
Pero el poder en el Nuevo Mundo era frágil.El hijo de Cristóbal Colón, Diego Colón, inició una batalla legal contra la Corona para recuperar los privilegios concedidos a su padre en las Capitulaciones de Santa Fe.
En 1511 los tribunales le dieron la razón.La consecuencia fue humillante para Ponce de León: perdió el gobierno de Puerto Rico y tuvo que entregar el poder a hombres nombrados por Diego Colón.
Sin cargo político y con su prestigio tocado, buscó una salida.
El rey Fernando le concedió permiso para explorar nuevas tierras fuera de la jurisdicción de los Colón.
Así nació la expedición de 1513.El viaje fue duro: corrientes desconocidas, calor extremo, costas pantanosas y enfrentamientos con pueblos indígenas. Pero también dejó descubrimientos importantes.
Durante aquella navegación los españoles identificaron la poderosa Corriente del Golfo, una ruta marítima que más tarde permitiría a los barcos regresar a Europa con mucha más rapidez.El nombre de Florida surgió por una coincidencia de calendario.
Ponce de León avistó la costa durante las celebraciones de la Pascua Florida, y decidió bautizar así a la nueva tierra.Años después regresó para intentar colonizarla.
Pero el segundo intento terminó en tragedia.
En 1521, durante un enfrentamiento con los indígenas Calusa, fue alcanzado por una flecha.
Gravemente herido, fue trasladado a La Habana, donde murió poco tiempo después.Con el paso de los años, cronistas como Gonzalo Fernández de Oviedo difundieron la historia de que buscaba la Fuente de la Juventud.
La anécdota acabó convirtiéndose en leyenda.Pero si miramos su vida completa, vemos algo más humano: un soldado que ascendió desde una posición modesta, que acumuló poder en el Caribe, que lo perdió en una batalla política… y que se lanzó a explorar nuevas tierras para recuperar su lugar en la historia.
Quizá por eso su figura sigue generando debate.
No fue un héroe romántico ni un simple villano.
Fue, como muchos hombres de su tiempo, una mezcla de ambición, dureza y necesidad de dejar huella antes de desaparecer.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #historiadeespaña #edadmoderna #exploradores #imperioespañol #florida #historiadelcaribe #curiosidadeshistoricas #ecosdelpasado
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SIGUE ⬇️
¿Existió realmente Ragnar?
Los historiadores creen que detrás del Ragnar de las sagas podría haber un líder real llamado Reginherus.
Ese jefe vikingo lideró el famoso saqueo de París en el año 845. Remontó el Sena con más de cien barcos y obligó al rey franco Carlos el Calvo a pagar una enorme suma de plata para que se retirara.
Después de ese episodio, las crónicas dicen que murió poco tiempo más tarde, posiblemente por enfermedad.
Con el paso de los siglos, las sagas nórdicas mezclaron sus hazañas con las de otros jefes vikingos y crearon la figura legendaria de Ragnar Lothbrok.
Una lección inesperada de la historia
El secuestro del rey de Pamplona demuestra algo que muchas veces olvidamos: los vikingos no eran simples saqueadores de costas.
Eran navegantes extraordinarios, estrategas oportunistas y maestros en aprovechar cualquier debilidad política.Y en aquel año 859 lograron algo que pocos imaginarían: no conquistaron un reino… pero se llevaron a su rey.
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#historia #vikingos #edadmedia #historiadeespaña #pamplona #ragnarlothbrok #historiacuriosa #edadmediapeninsular
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:stargif: 𝑯𝒆𝒅𝒚 𝑳𝒂𝒎𝒂𝒓𝒓, 𝒍𝒂 𝒂𝒄𝒕𝒓𝒊𝒛 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒐́ 𝒂 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒕𝒆𝒄𝒏𝒐𝒍𝒐𝒈𝒊́𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑾𝒊-𝑭𝒊 :stargif:
En 1933 una joven actriz austriaca apareció corriendo desnuda por el bosque en una película europea llamada Éxtasis.
Aquella escena fue suficiente para provocar un escándalo enorme en su época.La actriz se llamaba Hedy Lamarr, aunque entonces todavía usaba su nombre real: Hedwig Kiesler.
La película fue prohibida en varios países y el propio Pío XII llegó a condenarla públicamente. Para muchos se convirtió en una cinta escandalosa.
Pero para ella también fue la puerta que hizo que medio mundo empezara a hablar de su nombre.Poco después se casó con Friedrich Mandl, un empresario muy rico del sector armamentístico austriaco, con contactos en gobiernos europeos y negocios vinculados a la fabricación de armas.
Ese matrimonio, que desde fuera parecía glamuroso, fue en realidad muy restrictivo.
Mandl intentó controlar su carrera e incluso trató de comprar todas las copias de Éxtasis para que la película desapareciera.Pero ese ambiente también tuvo un efecto inesperado.
En las cenas de negocios y reuniones a las que asistía con su marido se hablaba constantemente de tecnología militar, sistemas de guiado, torpedos y comunicaciones.
Ella escuchaba.
No participaba en las decisiones, pero prestaba atención.En 1937 decidió escapar de ese matrimonio.
Según varias biografías, lo hizo aprovechando un descuido del personal de la casa.
Salió disfrazada, vendió joyas para financiar el viaje y logró llegar primero a Londres.Allí conoció al poderoso productor de Metro‑Goldwyn‑Mayer, Louis B. Mayer, que la llevó a Hollywood y le sugirió un nuevo nombre artístico: Hedy Lamarr.
En pocos años se convirtió en una de las actrices más famosas del cine clásico.
Participó en películas como "Algiers" o "Samson and Delilah", y su imagen empezó a aparecer en carteles por todo el mundo.
Durante mucho tiempo fue considerada “la mujer más bella del cine”.Pero fuera de los rodajes seguía interesándose por la tecnología.
Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con el compositor George Antheil en una idea bastante avanzada para su tiempo: un sistema de comunicaciones que cambiara constantemente de frecuencia para evitar que el enemigo pudiera interceptar o bloquear la señal.
En 1941 registraron una patente llamada “sistema de comunicación por salto de frecuencia”.
La idea era que transmisor y receptor fueran saltando entre diferentes frecuencias de radio de forma sincronizada.En ese momento la Marina estadounidense no llegó a utilizar el sistema.
La tecnología disponible todavía no estaba preparada para aplicarlo fácilmente.Pero décadas después ese principio empezó a usarse en comunicaciones seguras y terminó siendo una base técnica de tecnologías inalámbricas modernas como Wi‑Fi, Bluetooth y algunos sistemas de GPS.
Lo curioso es que durante muchos años casi nadie habló de ese invento.
Hedy Lamarr siguió siendo recordada sobre todo por su belleza y por sus películas.No fue hasta los años 90 cuando empezó a reconocerse públicamente su aportación científica.
En 1997 recibió el Electronic Frontier Foundation Pioneer Award, un premio que reconoce contribuciones importantes a la tecnología.Su historia tiene algo bastante irónico.
Mientras el público la veía como un icono del cine, ella estaba desarrollando una idea que terminaría influyendo en la forma en que hoy nos comunicamos sin cables.
Una actriz brillante, sí.
Pero también una inventora que pensaba mucho más allá del guion.
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#historia #curiosidadeshistoricas #hedylamarr #historiadelcine #historiadelatecnologia #ciencia #inventoras #mujeresenlahistoria #wifi #bluetooth
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:stargif: 𝑬𝒖𝒏𝒊𝒄𝒆 𝑵𝒆𝒘𝒕𝒐𝒏 𝑭𝒐𝒐𝒕𝒆: 𝒍𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒅𝒊𝒋𝒐 𝒆𝒍 𝒄𝒂𝒍𝒆𝒏𝒕𝒂𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒈𝒍𝒐𝒃𝒂𝒍… 𝒚 𝒏𝒂𝒅𝒊𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒖𝒄𝒉𝒐́ :stargif:
La historia de Eunice Newton Foote es uno de los casos más claros de ciencia olvidada.
Durante más de un siglo, los libros de texto atribuyeron el descubrimiento del efecto del dióxido de carbono sobre la temperatura de la Tierra al físico irlandés John Tyndall.Sin embargo, tres años antes de sus experimentos, una mujer estadounidense ya había demostrado lo mismo con materiales sencillos y mucha intuición científica.
Eunice nació el 17 de julio de 1819 en Goshen, Connecticut.
Creció en una familia que valoraba la educación y la curiosidad intelectual. Su padre, Isaac Newton Jr., era granjero y emprendedor, y existía un parentesco lejano con Isaac Newton, el científico famoso por la historia de la manzana.Desde joven tuvo acceso a algo poco común para las mujeres de su tiempo: una educación científica seria.
Estudió en el Troy Female Seminary —hoy conocida como Emma Willard School—, uno de los pocos centros del siglo XIX que enseñaban química y ciencias a mujeres con un nivel similar al de los hombres.
Allí adquirió los conocimientos que más tarde le permitirían diseñar su propio experimento.En 1841 se casó con Elisha Foote, un abogado de patentes apasionado por la ciencia.
Su matrimonio fue bastante igualitario para la época.
Él apoyó sus investigaciones y ambos incluso compartieron patentes en algunos inventos.Tuvieron dos hijas, Mary y Augusta, que heredaron el ambiente intelectual de la casa.
El experimento que cambiaría la historia de la climatología llegó en 1856.
Eunice utilizó algo bastante simple: dos cilindros de vidrio, termómetros y una bomba de vacío.
Llenó cada cilindro con gases diferentes —aire seco, aire húmedo y dióxido de carbono— y los expuso a la luz del sol.El resultado fue sorprendente.
El cilindro con dióxido de carbono se calentaba mucho más que los otros… y además tardaba más en enfriarse.A partir de esa observación escribió una conclusión que hoy suena casi profética: si la atmósfera de la Tierra tuviera una mayor cantidad de ese gas, la temperatura del planeta aumentaría significativamente.
En otras palabras, había descrito el principio del calentamiento global 170 años antes de que el tema se convirtiera en una preocupación mundial.Pero el problema no fue el experimento.
Fue quién lo había hecho.Ese mismo año presentó su trabajo, titulado Circumstances Affecting the Heat of the Sun’s Rays, en una reunión de la American Association for the Advancement of Science.
Sin embargo, no le permitieron leerlo personalmente.
En su lugar lo presentó el científico Joseph Henry, del Smithsonian Institution.Antes de empezar dijo una frase que suena bonita… pero que no cambió nada: “La ciencia no tiene país ni sexo”.
Luego procedió a leer el trabajo de Eunice como si fuera una curiosidad menor.Tres años más tarde apareció en escena John Tyndall.
Con instrumentos mucho más sofisticados realizó experimentos similares sobre los gases atmosféricos y el calor.
Sus resultados fueron considerados revolucionarios y durante décadas se le atribuyó el descubrimiento.Durante mucho tiempo se discutió si Tyndall conocía el trabajo de Eunice.
Él siempre lo negó.
Pero hoy se sabe que la revista donde ella publicó su investigación estaba disponible en las bibliotecas que él utilizaba habitualmente.La realidad es que el mundo científico del siglo XIX decidió algo bastante simple: el trabajo de un científico profesional era más creíble que el de una mujer considerada “aficionada”.
Eunice no solo era científica.
También tenía una fuerte conciencia política.
Fue sufragista y amiga cercana de Elizabeth Cady Stanton.
En 1848 firmó la Seneca Falls Convention, el encuentro donde se redactó la famosa Declaration of Sentiments, que reclamaba derechos políticos y el voto femenino.Su nombre aparece en la lista original de firmantes.
En otras palabras, además de científica, también era una rebelde para los estándares de su tiempo.Eunice Newton Foote murió el 30 de septiembre de 1888 en Lenox, Massachusetts.
Durante décadas su contribución permaneció prácticamente olvidada.No fue hasta 2011 cuando el geólogo Raymond Sorenson redescubrió su artículo de 1856.
Al revisarlo, se dio cuenta de algo asombroso: aquella mujer había explicado el efecto del dióxido de carbono sobre el clima antes que nadie.Hoy su nombre empieza a recuperar el lugar que le corresponde en la historia de la ciencia.
Pero durante más de cien años, la persona que predijo el calentamiento global fue, literalmente, borrada de los libros.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #mujeresenlahistoria #ciencia #historiadelaciencia #cambioclimatico #calentamientoglobal #curiosidadeshistoricas #historiareal #efectomatilda #cientificas olvidadas
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:stargif: 𝑺𝒐𝒑𝒉𝒊𝒂 𝑺𝒎𝒊𝒕𝒉: 𝒍𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒑𝒖𝒅𝒐 𝒊𝒓 𝒂 𝒍𝒂 𝒖𝒏𝒊𝒗𝒆𝒓𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅… 𝒚 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒅𝒊𝒐́ 𝒇𝒖𝒏𝒅𝒂𝒓 𝒖𝒏𝒂 :stargif:
En la Massachusetts del siglo XIX, una mujer soltera, sin hijos y con problemas de audición no estaba llamada a cambiar el mundo.
Estaba llamada a desaparecer discretamente.Pero Sophia Smith no encajaba del todo en ese molde.
En 1863, tras la muerte del último miembro de su familia, se encontró sola y con una fortuna considerable heredada de las inversiones familiares en ferrocarriles y manufactura.
Era, sin exagerar, una de las mujeres más ricas de Nueva Inglaterra.
Y también una de las más libres… al menos en teoría.Porque en la práctica, su margen de acción era mínimo.
No podía votar, ni ocupar cargos, ni participar en decisiones públicas.
A las mujeres en su posición se les reservaba un papel muy concreto: donar, guardar las formas y dejar el dinero a otros.Sophia decidió no hacerlo.
Buscando orientación, acudió a su pastor, John Morton Greene.
Fue él quien le sugirió una idea que, en aquel momento, sonaba casi imprudente: crear una institución educativa para mujeres.La propuesta no cayó en saco roto.
En aquella época, universidades como Harvard University o Yale University estaban completamente cerradas a las mujeres.
Las pocas instituciones femeninas ofrecían una educación limitada, más centrada en lo “decoroso” que en lo intelectual.
Sophia, que se había formado por su cuenta leyendo, sabía perfectamente lo que eso significaba: quedarse siempre a medias.Así que tomó una decisión clara.
En marzo de 1870, con 73 años, dejó estipulado en su testamento que toda su fortuna —unos 400.000 dólares de la época, una suma enorme— se destinara a fundar un colegio para mujeres con el mismo nivel académico que las mejores universidades masculinas.
Sin versiones rebajadas. Sin concesiones.Murió pocos meses después, sin ver el resultado.
Pero su idea siguió adelante.
En 1871 se puso en marcha el proyecto y en 1875 abrió sus puertas el Smith College con catorce estudiantes.
El plan de estudios no tenía nada de “adaptado”: era exigente, completo y pensado para formar mentes, no solo modales.Hubo críticas, claro.
Se decía que las mujeres no estaban hechas para ese nivel de exigencia.
Que no aguantarían.Lo hicieron.
Con el tiempo, el Smith College se convirtió en una de las instituciones más importantes de educación femenina en Estados Unidos.
De allí salieron científicas, escritoras, activistas… mujeres que ocuparon espacios que antes simplemente no existían para ellas.Y todo empezó con alguien que no pudo estudiar donde quería.
Sophia Smith no dio discursos ni lideró movimientos.
Hizo algo más silencioso y, quizá, más eficaz: usó su dinero para abrir una puerta que siempre había estado cerrada.No pudo ir a la universidad.
Así que construyó una.
Se llama Smith College, y está en Northampton, Massachusetts.
Abrió en 1875 con solo 14 alumnas, y hoy es una institución prestigiosa dentro del grupo de las “Seven Sisters”, los históricos colleges femeninos de Estados Unidos.
Aunque mantiene su enfoque en la educación de mujeres, también ha evolucionado con el tiempo y hoy es bastante más diverso e inclusivo.Tiene muy buena reputación en humanidades, ciencias sociales y también en investigación.
Y lo interesante es que sigue fiel a la idea original de Sophia Smith: educación exigente, seria, sin rebajas por género.No es una reliquia histórica.
Es un sitio vivo, con peso académico real.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #mujeresenlahistoria #educacion #sophiasmith #smithcollege #historiareal #curiosidadeshistoricas #memoriahistorica
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:stargif: 𝑺𝒂𝒏 𝑽𝒂𝒍𝒆𝒏𝒕𝒊́𝒏: 𝒆𝒍 𝒄𝒖𝒓𝒂 𝒓𝒆𝒃𝒆𝒍𝒅𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒆𝒔𝒂𝒇𝒊𝒐́ 𝒂𝒍 𝑰𝒎𝒑𝒆𝒓𝒊𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒎𝒐𝒓 :stargif:
Hoy celebramos San Valentín, pero pocos recuerdan quién fue realmente.
Existen varios Valentinos en la historia, pero el más famoso es el de Roma, en el siglo III.
No era un santo de tarjetas ni bombones, sino un sacerdote valiente que se enfrentó al poder por proteger lo que creía justo: el amor.El emperador Claudio II “El Gótico” prohibió los matrimonios entre jóvenes.
Su lógica era fría y práctica: los hombres solteros, sin familia que los retuviera, eran soldados más eficaces y menos temerosos de la muerte.
Valentín consideró aquella ley una injusticia y comenzó a casar parejas en secreto en las catacumbas de Roma.
Sin aspavientos, pero con determinación, desafió directamente al Imperio.Mientras esperaba su ejecución, su historia adquirió un tono casi legendario.
El oficial encargado de custodiarlo, Asterius, quiso poner a prueba su fe.
Le presentó a su hija Julia, ciega de nacimiento.
Según la tradición, Valentín le devolvió la vista. Asterius y su familia se convirtieron al cristianismo.El 14 de febrero del año 269 fue decapitado.
Antes de morir, escribió una nota de despedida a Julia y la firmó con una frase sencilla: “De tu Valentín”.
De ahí nace la costumbre de firmar cartas de amor con esa expresión que hoy parece tan inocente y comercial.Pero la fecha no fue elegida al azar.
En el siglo V, el Papa Gelasio I quiso sustituir una festividad pagana muy popular: las Lupercales.
Aquella celebración incluía sacrificios de cabras y perros, y sacerdotes que corrían por Roma azotando a mujeres con tiras de piel para asegurar fertilidad y partos saludables.
La Iglesia prefirió reemplazar aquel ritual por la memoria de un mártir asociado al amor y la fidelidad.Hoy, el cráneo atribuido a San Valentín se exhibe en la Basílica de Santa Maria in Cosmedin, en Roma, coronado con flores secas dentro de un relicario.
Otras reliquias repartidas por Europa también reclaman su memoria.Conviene separar al mártir histórico del icono comercial.
En 1969, la Iglesia Católica retiró su festividad del calendario litúrgico universal porque los datos sobre su vida eran más legendarios que documentados.
Sin embargo, la tradición ya era demasiado fuerte.San Valentín no fue un inventor de corazones rojos.
Fue un sacerdote que desobedeció una ley que consideraba injusta.
Su historia mezcla rebeldía política, fe y mito en una Roma que empezaba a resquebrajarse.Hoy enviamos flores.
Él entregó la vida.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#sanvalentín #historia #roma #amor #mártir #lupercales #tradición #sigloiii #leyenda #14defebrero
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Roma | La Casa dei Grifi riapre al pubblico dopo il restauro: dal 3 marzo visite in “real time” sul Palatino
Elena Percivaldi
Il Parco archeologico del Colosseo apre al pubblico dal 3 marzo 2026 la Casa dei Grifi, uno dei complessi residenziali di età repubblicana più antichi e meglio conservati del Palatino. L’intervento rientra nel secondo dei dieci progetti finanziati dal PNRR Caput Mundi, nell’ambito della Missione 1 – Digitalizzazione, Innovazione, Competitività, Cultura e Turismo, e rappresenta un caso emblematico di integrazione tra tutela, ricerca scientifica, restauro e nuove forme di accessibilità.
Foto Simona Murrone © Ministero della CulturaIl progetto, concluso nel dicembre 2024 nel rispetto delle tempistiche previste dal Piano, ha visto come Responsabile unico del procedimento Federica Rinaldi, con Aura Picchione alla direzione dei lavori. L’intervento ha interessato sia le strutture sia le superfici decorate, affiancando alle operazioni di consolidamento e restauro un articolato sistema di valorizzazione tecnologica pensato per rendere fruibile un sito strutturalmente fragile e difficilmente accessibile.
Una domus repubblicana preservata dall’oblio
La Casa dei Grifi è convenzionalmente datata tra la fine del II secolo a.C. e la metà del I secolo a.C. e venne riportata alla luce nel 1912 durante gli scavi diretti da Giacomo Boni. La domus deve il proprio nome ai due grifi in stucco bianco raffigurati all’interno della lunetta di uno degli ambienti ipogei: animali fantastici con testa d’uccello e corpo di felino, disposti araldicamente ai lati di un rigoglioso cespo d’acanto, su fondo rosso.
La casa si articola su più livelli, adattandosi al pendio del colle, e deve il suo straordinario stato di conservazione a un processo di obliterazione precoce avvenuto già nei primi anni dell’età imperiale. La costruzione dei grandi complessi palaziali dei Flavi – la Domus Flavia e la Domus Augustana – attraversò fisicamente i livelli della domus repubblicana, compromettendone l’assetto planimetrico ma proteggendone le superfici decorate da ulteriori trasformazioni e spoliazioni.
Foto Simona Murrone © Ministero della CulturaGli ambienti conservano oggi un palinsesto stratificato di almeno tre secoli di utilizzi, rifunzionalizzazioni e abbandoni, leggibile nelle murature, nei pavimenti e nelle decorazioni parietali.
Gli ambienti ipogei e le decorazioni pittoriche
Il livello inferiore della domus, ipogeo, è quello di maggiore interesse conservativo, ma anche il più problematico dal punto di vista della fruizione. Vi si accede tramite una scala molto ripida, che rende impossibile una visita diretta generalizzata.
Si conservano otto ambienti, con pareti decorate da pitture parietali associate a stucchi e pavimenti a mosaico a tessere bianche, spesso incorniciati da fasce nere e inserti policromi. Le pitture rappresentano alcuni degli esempi meglio conservati di illusionismo architettonico di età repubblicana: colonne, lesene e podi, un tempo realizzati in stucco plastico, sono qui resi con grande perizia pittorica.
Foto Simona Murrone © Ministero della CulturaParticolarmente significativo è il grande ambiente centrale, dove le pareti simulano un colonnato su podio aggettante davanti a una sequenza di ortostati e pannelli marmorei dipinti, creando l’illusione di un ricco apparato architettonico. Il pavimento è decorato da un tessellato a bianco e nero con pseudo-emblema centrale, bordato in rosso antico e arricchito da cubi prospettici ottenuti mediante l’accostamento di materiali lapidei di diverso colore: palombino, calcare marnoso verde del nord Lazio e ardesia nera.
Foto Simona Murrone © Ministero della Cultura“Consolidare il consolidato”
La complessità del contesto archeologico ha richiesto un progetto strutturale altamente calibrato, diretto da Stefano Podestà, capace di mediare tra tutela, nuove esigenze di fruizione e interventi pregressi. La sfida principale è stata quella di “consolidare il consolidato”, confrontandosi con opere realizzate nel corso del Novecento e oggi non più pienamente rispondenti ai criteri attuali di durabilità e reversibilità.
Gli interventi hanno riguardato il rinforzo della copertura in legno lamellare realizzata alla fine del XX secolo, mediante protesi in legno e acciaio alle testate degradate delle travi del terrazzamento superiore, nonché iniezioni di malte a base di calce idraulica per il ripristino della continuità muraria in stati fessurativi ormai quiescenti.
Foto Simona Murrone © Ministero della CulturaUn ulteriore intervento ha interessato la realizzazione di un nuovo spazio di accesso, caratterizzato da una struttura in acciaio che dialoga con la volta rampante dello scalone monumentale, senza interferire con le strutture archeologiche. Il doppio rivestimento in lamiera microforata, interno ed esterno, ripropone il profilo mancante del vano scala del Palazzo Flavio e garantisce totale reversibilità.
Il restauro delle superfici decorate
Il restauro delle pitture murali, coordinato da Angelica Pujia e Francesca Isabella Gherardi, ha restituito la brillantezza cromatica e la finezza compositiva delle decorazioni, a lungo occultate da depositi superficiali, incrostazioni e alterazioni dovute a precedenti interventi.
Le superfici sono state consolidate, stuccate e pulite, anche mediante strumentazione laser, consentendo di recuperare dettagli altrimenti illeggibili. Particolare attenzione è stata riservata alle figure in stucco dei grifi, riportate alla cromia originale, così come al rosso intenso degli sfondi delle lunette e alla resa minuta dei girali di acanto.
La visita in real time: un nuovo modello di accessibilità
Per preservare il microclima e l’integrità delle superfici decorate, è stata ideata una visita in modalità real time che non ha precedenti nel panorama archeologico italiano. I visitatori vengono accolti in un ambiente protetto, da cui assistono alla proiezione in diretta streaming della visita guidata, condotta da una guida munita di videocamera all’interno degli ambienti ipogei.
Foto Simona Murrone © Ministero della CulturaDurante il percorso, un sofisticato impianto illuminotecnico attiva dieci scenari luminosi progressivi, studiati per accompagnare la narrazione e valorizzare selettivamente mosaici e pitture. Il ritorno avviene con una diversa scenografia, che mette in evidenza le strutture tarde responsabili dell’abbandono della domus.
La visita è arricchita da video di ricostruzione tridimensionale, dedicati alla topografia del Palatino e alla ricostruzione integrale della casa, realizzati da Katatexilux con la supervisione scientifica di Roberta Alteri, Paola Quaranta e Federica Rinaldi.
Impianti, domotica e accessibilità aumentata
Gli interventi impiantistici, realizzati da Comoli Ferrari, hanno riguardato l’illuminazione, i sistemi domotici, la trasmissione dati e l’audio-video. L’illuminazione utilizza proiettori LED ad altissima resa cromatica (CRI 98), con ottiche differenziate per luce diffusa e per la valorizzazione puntuale dei dettagli, integrati in un sistema DALI che consente la modulazione delle scenografie luminose.
Il sistema domotico controlla anche la qualità dell’aria, monitorando temperatura e umidità a tutela della conservazione, mentre la trasmissione dati è garantita da una rete Wi-Fi potenziata, progettata per superare le criticità di ambienti con murature di oltre un metro di spessore.
L’impianto audio-video consente la proiezione verticale delle immagini in diretta e dei contenuti ricostruttivi, rafforzando il contrasto tra realtà archeologica e virtualità. Una mappa tattile con testi in italiano, inglese e braille completa il progetto di accessibilità.
Un modello per la valorizzazione futura
Le visite sono programmate ogni martedì, a partire dal 3 marzo, alle 14.00 in italiano e alle 15.00 in inglese, con accesso riservato ai possessori di Forum Pass SUPER e integrazione per la visita guidata di 8 euro.
Come sottolineato da Alfonsina Russo, il format “Casa dei Grifi in real time” ambisce a diventare un modello per future iniziative di divulgazione archeologica digitale, mentre per Simone Quilici rappresenta un esempio virtuoso di integrazione tra archeologia e tecnologia destinato a fare scuola.
ℹ️ INFORMAZIONI UTILI
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✅ Come visitare la Casa dei Grifi
📍 Via Sacra, Arco di Tito
📅 Dal 3 marzo 2026
🌐 Info: www.colosseo.it -
:stargif: 𝑬𝒍 𝑪𝒐𝒍𝒊𝒔𝒆𝒐 𝒓𝒐𝒎𝒂𝒏𝒐: 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒆 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒂𝒅 𝒑𝒂𝒔𝒂𝒃𝒂 𝒅𝒆𝒏𝒕𝒓𝒐 :stargif:
Cuando uno piensa en la antigua Roma, casi siempre aparece la misma imagen: el enorme anfiteatro de piedra que hoy conocemos como Coliseo de Roma.
Se empezó a construir alrededor del año 72 d.C. por orden del emperador Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia.
Su hijo, Tito, lo inauguró en el año 80 d.C., y el tercero de la familia, Domiciano, terminó algunas ampliaciones poco después.Curiosamente, el Coliseo se levantó en un lugar que antes era un lago artificial del palacio de Nerón.
Tras la muerte de Nerón, los nuevos emperadores quisieron devolver ese espacio al pueblo.
Donde antes había un jardín privado imperial, levantaron un anfiteatro gigantesco para espectáculos públicos.El nombre “Coliseo” en realidad no es el original.
Los romanos lo llamaban Anfiteatro Flavio.
El nombre actual parece venir de una colosal estatua de Nerón que había cerca, el Coloso de Nerón.El edificio era una auténtica obra de ingeniería: podía albergar entre 50.000 y 65.000 espectadores, tenía más de 80 entradas y un sistema de pasillos y escaleras que permitía vaciarlo en pocos minutos.
Algo muy parecido a los estadios modernos.Además, los asientos estaban organizados según la clase social.
Los senadores abajo, cerca de la arena.
Los ciudadanos comunes en las gradas intermedias.
Y las mujeres y los pobres en las zonas más altas.Pero lo que realmente atraía a la gente eran los espectáculos.
Los más famosos eran los combates de gladiadores.
Eran luchadores entrenados que peleaban con distintos estilos y armas.
Algunos usaban redes y tridentes, otros espadas cortas, escudos grandes o cascos muy pesados.
No todos eran esclavos: algunos hombres libres se ofrecían voluntarios porque la fama y el dinero podían ser enormes.También se organizaban cacerías de animales, llamadas venationes.
Traían fieras de todo el imperio: leones, leopardos, osos, rinocerontes o elefantes.
A veces los cazadores profesionales luchaban contra ellos; otras veces simplemente se mostraban como espectáculo exótico para el público romano.Y sí, también hubo ejecuciones públicas, normalmente al mediodía.
A criminales condenados se les obligaba a enfrentarse a animales o a recrear escenas mitológicas que terminaban de forma bastante brutal.Hay muchas ideas populares sobre el Coliseo que en realidad no son correctas.
Una de ellas es que allí se hacían carreras de cuadrigas.
Eso no ocurrió.
Las carreras de carros se celebraban en otro lugar gigantesco de Roma: el Circo Máximo.
Ese recinto era mucho más largo y estaba diseñado precisamente para ese tipo de competición.Otra idea muy extendida es que el Coliseo se llenaba de agua para hacer batallas navales con tiburones, como aparece en algunas películas modernas.
En realidad, las naumaquias (combates navales) sí existieron en Roma, pero normalmente se hacían en estanques artificiales o en recintos preparados para ello.Algunos historiadores creen que durante los primeros años del anfiteatro, antes de construirse los complejos pasillos subterráneos, pudo haberse llenado de agua en alguna ocasión puntual.
Pero desde que el emperador Domiciano mandó construir el hipogeo —la red de túneles bajo la arena— eso ya no era posible.Y desde luego no hay ninguna evidencia histórica de tiburones nadando por allí.
Bajo la arena había un auténtico laberinto de pasillos, jaulas y plataformas con poleas.
Desde allí subían animales, decorados o gladiadores directamente al centro del espectáculo.
Era como un enorme escenario teatral con trampillas.Los juegos podían durar días.
Cuando el Coliseo se inauguró, el emperador Tito organizó fiestas que duraron cien días seguidos.
Las crónicas dicen que murieron miles de animales durante aquellos espectáculos.Con el paso de los siglos, el anfiteatro siguió utilizándose, aunque cada vez menos.
En el siglo V los combates de gladiadores desaparecieron y el edificio empezó a deteriorarse por terremotos y saqueos de piedra.Durante la Edad Media incluso se usó como fortaleza, cantera y barrio improvisado.
Muchas piedras de palacios e iglesias de Roma salieron literalmente de sus muros.Y aun así, casi dos mil años después, sigue en pie.
Quizá porque, más que un simple edificio, el Coliseo fue el lugar donde Roma mostraba su poder, su espectáculo… y también su lado más brutal.
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Cuando disfrutas de un banquete, conviene recordarte que todo acabará y tú también morirás. Es el propósito de la larva convivialis, de la que se han encontrado tan solo unos pocos ejemplares. Esta data del periodo altoimperial (25 a.C.-100 d.C.)🏛️Museo J. Paul Getty #antiguaroma #ancientrome
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No es el mejor momento para gastos inesperados, pero... por qué han decidido rebajar de golpe y tanto el #DoomTheDarkAges?
Lo tienen por 22,70€ en Green Man Gaming (una tienda legítima) para Steam (con préstamo familiar) y es un auténtico chollazo. No dudéis si os gusta mínimamente el género y tenéis máquina para correrlo.
Y si no queréis invucrar a terceros, en Steam lo tenéis unos pocos euros por encima.
#jueguicos -
PDO economy and Consorzi di tutela, how Italia wants to consolidate its leadership in Europe
The European Expo of PDOs and PGIs is born, a travelling itinerary with the objective of promoting and enhancing the European Union’s excellent agrifood products with geographical in…
#dining #cooking #diet #food #Italianfood #Italia #Italian #ItalianFood #italiano #italy
https://www.diningandcooking.com/2642256/pdo-economy-and-consorzi-di-tutela-how-italia-wants-to-consolidate-its-leadership-in-europe/ -
Did you know Epstein's name & ancestors come from a town in #Germany?
It's even called Eppstein!
https://en.wikipedia.org/wiki/EpsteinThey even had "nobles" - the Lords of Eppstein.
https://en.wikipedia.org/wiki/Lords_of_EppsteinWonder if they were also pedos? But I guess back then it was a common thing for nobles to be...
Just some of that #Epstein- #Etymology - #Trivia 🤷
#JeffreyEpstein #EpsteinFiles #Epstein #History #Random #Wikipedia #Wiki #Genealogy #Nobility #Ancestry #historical #weird
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🌱 ■ Una escritora gastronómica revela al mundo los 'paseos de pedos': nombre maloliente con beneficios ocultos ■ "Te ayudará a envejecer de maravilla", asegura la experta.
https://www.huffingtonpost.es/life/una-escritora-gastronomica-revela-mundo-paseos-pedos-nombre-maloliente-beneficios-ocultos.html?int=MASTODON_WORLD -
Lo de los mods no es coña, el creador del vídeo ha dejado aquí la listita... y no son precisamente pocos.
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Este sábado se viene la ultima fecha de cybercirujas del año y vamos a darlo todo. Está vez con muchísimxs invitados nuevos! Tocan @vancladis y @eykaboi con unas visuales livecodeadaz de @moqui.moqui
Además vienen a exponer @untallercito y su fabrica de calcos, @oliver.balfour con su juego flooder para #gameboy color corriendo en un teléfono iP, @juanxprz nos trae un sinte loquisimo para tocar con el cuerpo y @andres.dimartino con su calculadora anarquista. Además los clásicos de siempre, doom en cosas, los #arcades nacionales del club 404, nuestro cyber²ciruja con quake 3 , line wobler, #ventilastation y los juegos de su jam y muchas cosillas másLos esperamos el sábado 08 a las 20hs. Entrada 10k (pero si no te alcanza podes pagar menos y está todo bien). Las infancias menores de 16 entran gratis. Contamos con cupo TTNB.
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¿Cuánto vale la huella digital de un costarricense? El negocio billonario que pocos entienden
¿Cuánto vale la huella digital de un costarricense? El negocio billonario que pocos entienden
San José, 19 ene (elmundo.cr) – Mientras cientos de costarricenses descargan ticoneXion, la nueva aplicación de mensajería nacional disponible en App Store y Play Store, pocos se preguntan po [...]#EconomíaYNegocios #HuellaDigital #MensajeríaNacional #PlataformasDigitales #TiconeXion
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¡No caigas en la trampa! Guía para comprar y vender seguro en Facebook Marketplace
Facebook Marketplace se ha convertido en una herramienta fundamental para el comercio local, pero su popularidad también atrae a ciberdelincuentes. Para que no seas la próxima víctima, es crucial entender cómo operan estas estafas y qué medidas puedes tomar para protegerte.
¿Cómo operan los estafadores?
Los delincuentes utilizan diversas tácticas para engañar a los usuarios. Estas son las más comunes identificadas en las fuentes:
- El anzuelo del precio irrisorio: Publican productos de alta demanda, como tecnología o vehículos, a precios extremadamente bajos para generar un sentido de urgencia en el comprador.
- El engaño de la «seña»: Una vez captada tu atención, te solicitan una transferencia o seña para «reservar» el producto. Tras realizar el pago, el supuesto vendedor te bloquea y desaparece.
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- La trampa del código de validación: Se hacen pasar por el soporte técnico de Facebook Marketplace y te piden un código que llega a tu celular por SMS o WhatsApp. Con este código, roban tu cuenta de WhatsApp para estafar a tus contactos.
https://www.instagram.com/reel/DX4fkfLOBa3/
Reglas de oro para tu seguridad
Para blindar tus transacciones, sigue estos consejos fundamentales:
- Desconfía de las «gangas»: Si el precio es demasiado bueno para ser verdad, probablemente se trate de una estafa.
- Protege tus códigos: Ninguna plataforma oficial te pedirá códigos de seguridad o validación por mensaje de texto o WhatsApp. Nunca los compartas.
- Usa métodos de pago oficiales: Evita realizar pagos fuera de las plataformas integradas y desconfía siempre de los links externos que te envíen.
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La seguridad digital es una responsabilidad compartida. Mantenerse informado y alerta es la mejor defensa contra el cibercrimen.
Te leemos en los comentarios…
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Alemania, del escudo social al escudo militar
Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont
La regla es: déficit para las armas, austeridad para las personas (El Tábano Economista)
Nunca en la historia de la posguerra alemana se había visto una operación de ingeniería fiscal y social tan descaradamente hipócrita. Mientras Friedrich Merz, anuncia un drástico tijeretazo de casi 40.000 millones de euros al Estado del Bienestar, el fin de la gratuidad del seguro médico para cónyuges no cotizantes y pensiones reducidas a una mera «cobertura básica», su gobierno ha aprobado simultáneamente una reforma constitucional que permite endeudarse sin límites para financiar el rearme, eliminando de un plumazo cualquier restricción al déficit público cuando se trata de armamento.
La máxima es sencilla y brutal: austeridad para las mayorías, deuda ilimitada para las minorías armamentísticas. Y en el centro de esta operación, un mismo nombre —BlackRock— aparece tanto en el pasado laboral del canciller como en la lista de accionistas institucionales de prácticamente todas las empresas del DAX (índice bursátil alemán) y, de manera especialmente significativa, de los principales contratistas de defensa alemanes, con una participación del 7,19 % en Rheinmetall AG.
El presupuesto alemán para 2026, aprobado por el Bundestag el pasado noviembre, asciende a unos 524.000 millones de euros en gasto ordinario, a los que hay que sumar los fondos especiales extrapresupuestarios. El resultado es un endeudamiento total que roza los 180.000 millones de euros, la segunda cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Alemania ha logrado eliminar el límite de gasto en defensa mediante una modificación constitucional de marzo de 2025. El artículo 109 de la Ley Fundamental incorporó una excepción. Todo gasto en defensa y seguridad que supere el 1% del PIB queda automáticamente exento del freno de deuda. En términos prácticos, eso significa que, a partir de un umbral de unos 45.000 millones de euros anuales (el 1% del PIB alemán), el Estado puede endeudarse sin límite para financiar rearme, protección civil, inteligencia, ciberseguridad y ayuda a países atacados como Ucrania, diluyendo la llamada disciplina fiscal que a otros países se les ha exigido durante décadas, con deuda no presupuestada.
Complementariamente, el gobierno creó un fondo especial para infraestructuras de 500.000 millones de euros. Este patrimonio extrapresupuestario no está sujeto al freno de deuda y se financia íntegramente con crédito, con la condición de que el dinero se gaste en 12 años. Al mismo tiempo, la Comisión Europea y el Consejo de la UE activaron para Alemania la cláusula nacional de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que permite superar el límite de déficit del 3% durante cuatro años siempre que el exceso se deba al aumento del gasto en defensa.
El Tratado de Maastricht de 1992 estableció dos criterios básicos para la pertenencia al euro: déficit público menor al 3% del PIB y deuda pública menor al 60% del PIB. Alemania fue durante años el «alumno ejemplar», pero la realidad actual es muy distinta. Según Euractiv, 11 de los 27 Estados miembros superan actualmente el límite del 3% de déficit y 13 sobrepasan el 60% de deuda. La propia Alemania, una vez contabilizados los fondos fuera de balance, alcanzó un déficit real del 3,2% del PIB en 2025, superando el umbral de Maastrich.
BlackRock será uno de los que capture los fondos de la política fiscal y de endeudamiento alemán. El fondo también ha lanzado recientemente el ETF iShares Europe Defence UCITS, un producto financiero que capitaliza directamente el incremento del gasto militar europeo. De esta manera, la misma entidad, BlackRock, que asesora y dirige las políticas de deuda pública (a través de su expresidente, ahora canciller) se beneficia doblemente. Por un lado, de los contratos de rearme que el propio gobierno impulsa; por otro, de la deuda pública emitida para financiarlos, en la que BlackRock también es un actor destacado en los mercados de bonos.
La ironía es doblemente cruel. Durante años, Alemania aleccionó a los países del sur de Europa, Grecia en especial, sobre los peligros del déficit y la necesidad de la ortodoxia fiscal. Ahora que le toca a Berlín, no solo suspende sus propias reglas, sino que lo hace para un fin —el rearme— que en el pasado ha terminado siempre en catástrofe.
La narrativa oficial para justificar este giro copernicano es la «amenaza rusa». Según los propagandistas del gobierno, Alemania necesita gastar hasta el 3,5 % de su PIB en defensa porque Estados Unidos ya no garantiza su protección. Pero hay dos problemas fundamentales con este relato.
El primero es que la principal amenaza para la economía alemana en los últimos años no ha sido Rusia, sino la destrucción del gasoducto Nord Stream el 26 de septiembre de 2022. Tres años después del sabotaje, las consecuencias siguen siendo devastadoras. Pérdidas económicas estimadas en más de 160.000 millones de euros, precios del gas un 84 % más altos que antes de la guerra, dos años consecutivos de contracción del PIB (‑0,3 % en 2023 y ‑0,2 % en 2024) y un crecimiento de apenas el 0,2 % para 2025. El fin del gas ruso barato ha hundido la competitividad de los sectores de uso intensivo de energía y ha provocado una deslocalización industrial silenciosa pero masiva.
El segundo problema es que mientras el gobierno alemán predica la necesidad de «contención del déficit» para justificar recortes sociales, la propia Unión Europea ha activado para Alemania la «cláusula nacional de escape», que permite superar el límite del 3 % de déficit del Tratado de Maastricht durante cuatro años si el exceso se debe a gasto en defensa. Es decir: Alemania no necesita recortar el Estado del Bienestar para cumplir las reglas europeas; elige hacerlo. Porque el verdadero objetivo no es la sostenibilidad fiscal, sino la transferencia masiva de recursos públicos hacia la industria armamentística, de la que BlackRock es uno de los principales accionistas.
Mientras Merz recorta prestaciones sociales y multiplica la deuda para financiar el rearme, las grandes corporaciones alemanas que sustentan el índice DAX están abandonando el país de manera acelerada. La hipocresía de las élites empresariales alemanas alcanza cotas insospechadas: piden más gasto público en defensa (donde están invertidas) y simultáneamente deslocalizan su producción a China y Estados Unidos, donde los costes energéticos y laborales son más competitivos.
En China, Volkswagen opera más de 30 plantas y construye su mayor centro de I+D fuera de Alemania en Hefei; la química BASF ha invertido 87.000 millones de euros en su mega-complejo de Zhanjiang (18 plantas integradas), su tercera mayor base de producción global; BMW y Mercedes cuentan con dos plantas cada una, y el número de empresas alemanas en China supera ya las 8.200. China se ha convertido de nuevo, en 2025, en el mayor socio comercial de Alemania. En Estados Unidos Rheinmetall, el principal beneficiario del rearme alemán, opera 6 plantas en territorio estadounidense, mientras recibe miles de millones en contratos públicos alemanes. BMW, Mercedes, Volkswagen y BASF han realizado expansiones multimillonarias en EE.UU., atraídas por los bajos precios energéticos (gracias al fracking) y los incentivos fiscales de la Ley de Reducción de la Inflación de Biden.
El mensaje es inequívoco, las élites empresariales apoyan el rearme alemán siempre que éste no afecte a su cuenta de resultados. Mientras el gobierno alemán inyecta centenares de miles de millones en defensa e infraestructuras, las empresas del DAX invierten esos mismos recursos en otros países. El patriotismo de las élites es, como siempre, simple cuando hablamos de armamento (donde los beneficios son seguros), inexistente cuando hablamos de mantener empleos y tejido industrial en Alemania.
BlackRock y Merz tienen una relación incómodamente estrecha. El canciller fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania entre 2016 y 2020. No era un gestor de activos cualquiera, era la cabeza visible en Alemania del mayor fondo de inversión del mundo, con más de 10 billones de dólares bajo gestión directa y presencia en prácticamente todas las grandes empresas del planeta.
El conflicto de intereses es flagrante. BlackRock es accionista institucional de todas las principales empresas de defensa europeas y estadounidenses: en Rheinmetall (7,19 %), Airbus (alrededor del 5 %), Leonardo (3 %), Thales (más del 1 %), BAE Systems, y también de sus competidoras estadounidenses Lockheed Martin (4,9 %), Boeing (3,9 %), Raytheon (4,8 %) y Northrop Grumman (4,2 %). La misma entidad que financió el ascenso político de Merz y de la que él fue su máximo representante en Alemania es ahora la principal beneficiaria del rearme que él mismo impulsa desde la Cancillería.
No se trata de una conspiración, sino de la constatación de un hecho: Alemania está transfiriendo decenas de miles de millones de euros de deuda pública a manos de los accionistas de la industria armamentística, encabezados por BlackRock. Los recortes sociales no son un accidente; son la otra cara de la misma moneda. El déficit público no se reduce; simplemente se reorienta, hacia el armamento en lugar de hacia la sanidad, las pensiones o la educación.
Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo, es obligado recordar la reunión secreta del 20 de febrero de 1933 en la residencia oficial del presidente del Reichstag, Hermann Göring. Allí, Adolf Hitler, recién nombrado canciller, se reunió con entre 20 y 25 de los principales industriales y banqueros alemanes: Gustav Krupp von Bohlen und Halbach (Krupp), Fritz von Opel (Opel), Günther Quandt (que luego sería nombrado líder de la economía de armamento), representantes de Siemens, IG Farben, Allianz, BASF, Telefunken, Agfa, Bayer y Deutsche Bank.
El orden del día era sencillo, recaudar tres millones de Reichsmarks para financiar la campaña electoral nazi de marzo de 1933, cuyo objetivo era alcanzar la mayoría de dos tercios para aprobar la Ley de Habilitación que concedería a Hitler poderes dictatoriales. Según las actas, se recaudaron 2.071.000 Reichsmarks en la propia reunión, y Goebbels afirmó haber obtenido los tres millones completos.
El historiador y escritor francés Éric Vuillard, en su libro El orden del día, narra con extraordinaria precisión el desarrollo de aquella reunión. Los industriales escucharon a Hitler y Göring explicarles que el comunismo era la amenaza inminente, que la democracia parlamentaria no podía hacer frente a esa amenaza y que se necesitaba un «golpe de autoridad». A cambio de su financiación, los industriales obtendrían la destrucción de los sindicatos, la prohibición del Partido Comunista, la eliminación de cualquier restricción al rearme y la garantía de que el nuevo régimen serviría fielmente a los intereses del gran capital.
La historia posterior es conocida: el rearme masivo alemán condujo a la Segunda Guerra Mundial y a la muerte de decenas de millones de personas. Los mismos industriales que financiaron a Hitler, tras la guerra, recuperaron su lugar en la élite económica alemana como si nada hubiera ocurrido.
Hoy, el paralelismo es escalofriantemente evidente. Friedrich Merz, expresidente de BlackRock Alemania. Como en 1933, la élite industrial y financiera alemana apoya esta política porque se beneficia directamente de ella. BlackRock, el mayor accionista de Rheinmetall y de casi todas las empresas del DAX, no tiene ningún incentivo para detener un proceso que multiplica el valor de sus inversiones.
La diferencia es que hoy la retórica es distinta. Entonces hablaban de «comunismo», ahora hablan de «amenaza rusa». Pero el mecanismo es idéntico: crear un enemigo externo, movilizar el aparato del Estado en favor de la industria armamentística, financiar todo ello con deuda pública y cargar el coste sobre las espaldas de los ciudadanos mediante recortes en el Estado del Bienestar.
Friedrich Merz no solo fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania; sigue manteniendo estrechos vínculos con la élite financiera que ahora se beneficia de sus decisiones de gobierno. La oposición en el Bundestag ya ha denunciado abiertamente el conflicto de intereses, calificando a Merz de «conflicto de intereses andante» y advirtiendo que «nosotros tenemos que pagar todo esto, y encima soportar que este individuo nos recorte todas las prestaciones estatales».
El problema no es solo ético, sino estructural. La concentración de la propiedad del DAX en manos de unos pocos fondos estadounidenses (BlackRock, Vanguard, State Street, Fidelity, Capital Group) ha convertido el capitalismo alemán en una plutocracia transnacional, donde las decisiones que afectan a millones de ciudadanos se toman en función de los intereses de unos pocos accionistas institucionales.
Alemania está cometiendo el mismo error en el que incurrió tres veces en el último siglo y medio. Cada rearme alemán —desde la guerra franco-prusiana de 1870, pasando por la carrera armamentística previa a la Primera Guerra Mundial en 1914, hasta el rearme nazi de 1933— ha terminado en catástrofe. La historia debería habernos enseñado que la ecuación «austeridad para la población + deuda ilimitada para armamento = desastre» no admite excepciones.
Pero las élites no aprenden. No aprenden porque no les interesa aprender. A BlackRock y a la industria armamentística alemana les importa muy poco si dentro de diez o veinte años Europa está en guerra. Les importa el beneficio inmediato que obtienen de los miles de millones de euros que el gobierno alemán está inyectando en el sector de la defensa.
Mientras tanto, los ciudadanos alemanes soportan una inflación persistente, unos precios energéticos que no dejan de subir, un sistema sanitario que se desmantela, unas pensiones que se reducen a «cobertura básica» y unos salarios que no crecen al ritmo de los precios. Todo ello para financiar un rearme que, si la historia sirve de algo, acabará mal.
El grito de la oposición de izquierdas en el Bundestag resuena con una claridad que el gobierno de Merz se niega a escuchar: «La factura del nuevo ciclo militar empieza a trasladarse al bolsillo de los hogares». Mientras tanto, BlackRock sonríe y se frota las manos.
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Alemania, del escudo social al escudo militar
Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont
La regla es: déficit para las armas, austeridad para las personas (El Tábano Economista)
Nunca en la historia de la posguerra alemana se había visto una operación de ingeniería fiscal y social tan descaradamente hipócrita. Mientras Friedrich Merz, anuncia un drástico tijeretazo de casi 40.000 millones de euros al Estado del Bienestar, el fin de la gratuidad del seguro médico para cónyuges no cotizantes y pensiones reducidas a una mera «cobertura básica», su gobierno ha aprobado simultáneamente una reforma constitucional que permite endeudarse sin límites para financiar el rearme, eliminando de un plumazo cualquier restricción al déficit público cuando se trata de armamento.
La máxima es sencilla y brutal: austeridad para las mayorías, deuda ilimitada para las minorías armamentísticas. Y en el centro de esta operación, un mismo nombre —BlackRock— aparece tanto en el pasado laboral del canciller como en la lista de accionistas institucionales de prácticamente todas las empresas del DAX (índice bursátil alemán) y, de manera especialmente significativa, de los principales contratistas de defensa alemanes, con una participación del 7,19 % en Rheinmetall AG.
El presupuesto alemán para 2026, aprobado por el Bundestag el pasado noviembre, asciende a unos 524.000 millones de euros en gasto ordinario, a los que hay que sumar los fondos especiales extrapresupuestarios. El resultado es un endeudamiento total que roza los 180.000 millones de euros, la segunda cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Alemania ha logrado eliminar el límite de gasto en defensa mediante una modificación constitucional de marzo de 2025. El artículo 109 de la Ley Fundamental incorporó una excepción. Todo gasto en defensa y seguridad que supere el 1% del PIB queda automáticamente exento del freno de deuda. En términos prácticos, eso significa que, a partir de un umbral de unos 45.000 millones de euros anuales (el 1% del PIB alemán), el Estado puede endeudarse sin límite para financiar rearme, protección civil, inteligencia, ciberseguridad y ayuda a países atacados como Ucrania, diluyendo la llamada disciplina fiscal que a otros países se les ha exigido durante décadas, con deuda no presupuestada.
Complementariamente, el gobierno creó un fondo especial para infraestructuras de 500.000 millones de euros. Este patrimonio extrapresupuestario no está sujeto al freno de deuda y se financia íntegramente con crédito, con la condición de que el dinero se gaste en 12 años. Al mismo tiempo, la Comisión Europea y el Consejo de la UE activaron para Alemania la cláusula nacional de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que permite superar el límite de déficit del 3% durante cuatro años siempre que el exceso se deba al aumento del gasto en defensa.
El Tratado de Maastricht de 1992 estableció dos criterios básicos para la pertenencia al euro: déficit público menor al 3% del PIB y deuda pública menor al 60% del PIB. Alemania fue durante años el «alumno ejemplar», pero la realidad actual es muy distinta. Según Euractiv, 11 de los 27 Estados miembros superan actualmente el límite del 3% de déficit y 13 sobrepasan el 60% de deuda. La propia Alemania, una vez contabilizados los fondos fuera de balance, alcanzó un déficit real del 3,2% del PIB en 2025, superando el umbral de Maastrich.
BlackRock será uno de los que capture los fondos de la política fiscal y de endeudamiento alemán. El fondo también ha lanzado recientemente el ETF iShares Europe Defence UCITS, un producto financiero que capitaliza directamente el incremento del gasto militar europeo. De esta manera, la misma entidad, BlackRock, que asesora y dirige las políticas de deuda pública (a través de su expresidente, ahora canciller) se beneficia doblemente. Por un lado, de los contratos de rearme que el propio gobierno impulsa; por otro, de la deuda pública emitida para financiarlos, en la que BlackRock también es un actor destacado en los mercados de bonos.
La ironía es doblemente cruel. Durante años, Alemania aleccionó a los países del sur de Europa, Grecia en especial, sobre los peligros del déficit y la necesidad de la ortodoxia fiscal. Ahora que le toca a Berlín, no solo suspende sus propias reglas, sino que lo hace para un fin —el rearme— que en el pasado ha terminado siempre en catástrofe.
La narrativa oficial para justificar este giro copernicano es la «amenaza rusa». Según los propagandistas del gobierno, Alemania necesita gastar hasta el 3,5 % de su PIB en defensa porque Estados Unidos ya no garantiza su protección. Pero hay dos problemas fundamentales con este relato.
El primero es que la principal amenaza para la economía alemana en los últimos años no ha sido Rusia, sino la destrucción del gasoducto Nord Stream el 26 de septiembre de 2022. Tres años después del sabotaje, las consecuencias siguen siendo devastadoras. Pérdidas económicas estimadas en más de 160.000 millones de euros, precios del gas un 84 % más altos que antes de la guerra, dos años consecutivos de contracción del PIB (‑0,3 % en 2023 y ‑0,2 % en 2024) y un crecimiento de apenas el 0,2 % para 2025. El fin del gas ruso barato ha hundido la competitividad de los sectores de uso intensivo de energía y ha provocado una deslocalización industrial silenciosa pero masiva.
El segundo problema es que mientras el gobierno alemán predica la necesidad de «contención del déficit» para justificar recortes sociales, la propia Unión Europea ha activado para Alemania la «cláusula nacional de escape», que permite superar el límite del 3 % de déficit del Tratado de Maastricht durante cuatro años si el exceso se debe a gasto en defensa. Es decir: Alemania no necesita recortar el Estado del Bienestar para cumplir las reglas europeas; elige hacerlo. Porque el verdadero objetivo no es la sostenibilidad fiscal, sino la transferencia masiva de recursos públicos hacia la industria armamentística, de la que BlackRock es uno de los principales accionistas.
Mientras Merz recorta prestaciones sociales y multiplica la deuda para financiar el rearme, las grandes corporaciones alemanas que sustentan el índice DAX están abandonando el país de manera acelerada. La hipocresía de las élites empresariales alemanas alcanza cotas insospechadas: piden más gasto público en defensa (donde están invertidas) y simultáneamente deslocalizan su producción a China y Estados Unidos, donde los costes energéticos y laborales son más competitivos.
En China, Volkswagen opera más de 30 plantas y construye su mayor centro de I+D fuera de Alemania en Hefei; la química BASF ha invertido 87.000 millones de euros en su mega-complejo de Zhanjiang (18 plantas integradas), su tercera mayor base de producción global; BMW y Mercedes cuentan con dos plantas cada una, y el número de empresas alemanas en China supera ya las 8.200. China se ha convertido de nuevo, en 2025, en el mayor socio comercial de Alemania. En Estados Unidos Rheinmetall, el principal beneficiario del rearme alemán, opera 6 plantas en territorio estadounidense, mientras recibe miles de millones en contratos públicos alemanes. BMW, Mercedes, Volkswagen y BASF han realizado expansiones multimillonarias en EE.UU., atraídas por los bajos precios energéticos (gracias al fracking) y los incentivos fiscales de la Ley de Reducción de la Inflación de Biden.
El mensaje es inequívoco, las élites empresariales apoyan el rearme alemán siempre que éste no afecte a su cuenta de resultados. Mientras el gobierno alemán inyecta centenares de miles de millones en defensa e infraestructuras, las empresas del DAX invierten esos mismos recursos en otros países. El patriotismo de las élites es, como siempre, simple cuando hablamos de armamento (donde los beneficios son seguros), inexistente cuando hablamos de mantener empleos y tejido industrial en Alemania.
BlackRock y Merz tienen una relación incómodamente estrecha. El canciller fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania entre 2016 y 2020. No era un gestor de activos cualquiera, era la cabeza visible en Alemania del mayor fondo de inversión del mundo, con más de 10 billones de dólares bajo gestión directa y presencia en prácticamente todas las grandes empresas del planeta.
El conflicto de intereses es flagrante. BlackRock es accionista institucional de todas las principales empresas de defensa europeas y estadounidenses: en Rheinmetall (7,19 %), Airbus (alrededor del 5 %), Leonardo (3 %), Thales (más del 1 %), BAE Systems, y también de sus competidoras estadounidenses Lockheed Martin (4,9 %), Boeing (3,9 %), Raytheon (4,8 %) y Northrop Grumman (4,2 %). La misma entidad que financió el ascenso político de Merz y de la que él fue su máximo representante en Alemania es ahora la principal beneficiaria del rearme que él mismo impulsa desde la Cancillería.
No se trata de una conspiración, sino de la constatación de un hecho: Alemania está transfiriendo decenas de miles de millones de euros de deuda pública a manos de los accionistas de la industria armamentística, encabezados por BlackRock. Los recortes sociales no son un accidente; son la otra cara de la misma moneda. El déficit público no se reduce; simplemente se reorienta, hacia el armamento en lugar de hacia la sanidad, las pensiones o la educación.
Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo, es obligado recordar la reunión secreta del 20 de febrero de 1933 en la residencia oficial del presidente del Reichstag, Hermann Göring. Allí, Adolf Hitler, recién nombrado canciller, se reunió con entre 20 y 25 de los principales industriales y banqueros alemanes: Gustav Krupp von Bohlen und Halbach (Krupp), Fritz von Opel (Opel), Günther Quandt (que luego sería nombrado líder de la economía de armamento), representantes de Siemens, IG Farben, Allianz, BASF, Telefunken, Agfa, Bayer y Deutsche Bank.
El orden del día era sencillo, recaudar tres millones de Reichsmarks para financiar la campaña electoral nazi de marzo de 1933, cuyo objetivo era alcanzar la mayoría de dos tercios para aprobar la Ley de Habilitación que concedería a Hitler poderes dictatoriales. Según las actas, se recaudaron 2.071.000 Reichsmarks en la propia reunión, y Goebbels afirmó haber obtenido los tres millones completos.
El historiador y escritor francés Éric Vuillard, en su libro El orden del día, narra con extraordinaria precisión el desarrollo de aquella reunión. Los industriales escucharon a Hitler y Göring explicarles que el comunismo era la amenaza inminente, que la democracia parlamentaria no podía hacer frente a esa amenaza y que se necesitaba un «golpe de autoridad». A cambio de su financiación, los industriales obtendrían la destrucción de los sindicatos, la prohibición del Partido Comunista, la eliminación de cualquier restricción al rearme y la garantía de que el nuevo régimen serviría fielmente a los intereses del gran capital.
La historia posterior es conocida: el rearme masivo alemán condujo a la Segunda Guerra Mundial y a la muerte de decenas de millones de personas. Los mismos industriales que financiaron a Hitler, tras la guerra, recuperaron su lugar en la élite económica alemana como si nada hubiera ocurrido.
Hoy, el paralelismo es escalofriantemente evidente. Friedrich Merz, expresidente de BlackRock Alemania. Como en 1933, la élite industrial y financiera alemana apoya esta política porque se beneficia directamente de ella. BlackRock, el mayor accionista de Rheinmetall y de casi todas las empresas del DAX, no tiene ningún incentivo para detener un proceso que multiplica el valor de sus inversiones.
La diferencia es que hoy la retórica es distinta. Entonces hablaban de «comunismo», ahora hablan de «amenaza rusa». Pero el mecanismo es idéntico: crear un enemigo externo, movilizar el aparato del Estado en favor de la industria armamentística, financiar todo ello con deuda pública y cargar el coste sobre las espaldas de los ciudadanos mediante recortes en el Estado del Bienestar.
Friedrich Merz no solo fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania; sigue manteniendo estrechos vínculos con la élite financiera que ahora se beneficia de sus decisiones de gobierno. La oposición en el Bundestag ya ha denunciado abiertamente el conflicto de intereses, calificando a Merz de «conflicto de intereses andante» y advirtiendo que «nosotros tenemos que pagar todo esto, y encima soportar que este individuo nos recorte todas las prestaciones estatales».
El problema no es solo ético, sino estructural. La concentración de la propiedad del DAX en manos de unos pocos fondos estadounidenses (BlackRock, Vanguard, State Street, Fidelity, Capital Group) ha convertido el capitalismo alemán en una plutocracia transnacional, donde las decisiones que afectan a millones de ciudadanos se toman en función de los intereses de unos pocos accionistas institucionales.
Alemania está cometiendo el mismo error en el que incurrió tres veces en el último siglo y medio. Cada rearme alemán —desde la guerra franco-prusiana de 1870, pasando por la carrera armamentística previa a la Primera Guerra Mundial en 1914, hasta el rearme nazi de 1933— ha terminado en catástrofe. La historia debería habernos enseñado que la ecuación «austeridad para la población + deuda ilimitada para armamento = desastre» no admite excepciones.
Pero las élites no aprenden. No aprenden porque no les interesa aprender. A BlackRock y a la industria armamentística alemana les importa muy poco si dentro de diez o veinte años Europa está en guerra. Les importa el beneficio inmediato que obtienen de los miles de millones de euros que el gobierno alemán está inyectando en el sector de la defensa.
Mientras tanto, los ciudadanos alemanes soportan una inflación persistente, unos precios energéticos que no dejan de subir, un sistema sanitario que se desmantela, unas pensiones que se reducen a «cobertura básica» y unos salarios que no crecen al ritmo de los precios. Todo ello para financiar un rearme que, si la historia sirve de algo, acabará mal.
El grito de la oposición de izquierdas en el Bundestag resuena con una claridad que el gobierno de Merz se niega a escuchar: «La factura del nuevo ciclo militar empieza a trasladarse al bolsillo de los hogares». Mientras tanto, BlackRock sonríe y se frota las manos.
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Alemania, del escudo social al escudo militar
Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont
La regla es: déficit para las armas, austeridad para las personas (El Tábano Economista)
Nunca en la historia de la posguerra alemana se había visto una operación de ingeniería fiscal y social tan descaradamente hipócrita. Mientras Friedrich Merz, anuncia un drástico tijeretazo de casi 40.000 millones de euros al Estado del Bienestar, el fin de la gratuidad del seguro médico para cónyuges no cotizantes y pensiones reducidas a una mera «cobertura básica», su gobierno ha aprobado simultáneamente una reforma constitucional que permite endeudarse sin límites para financiar el rearme, eliminando de un plumazo cualquier restricción al déficit público cuando se trata de armamento.
La máxima es sencilla y brutal: austeridad para las mayorías, deuda ilimitada para las minorías armamentísticas. Y en el centro de esta operación, un mismo nombre —BlackRock— aparece tanto en el pasado laboral del canciller como en la lista de accionistas institucionales de prácticamente todas las empresas del DAX (índice bursátil alemán) y, de manera especialmente significativa, de los principales contratistas de defensa alemanes, con una participación del 7,19 % en Rheinmetall AG.
El presupuesto alemán para 2026, aprobado por el Bundestag el pasado noviembre, asciende a unos 524.000 millones de euros en gasto ordinario, a los que hay que sumar los fondos especiales extrapresupuestarios. El resultado es un endeudamiento total que roza los 180.000 millones de euros, la segunda cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Alemania ha logrado eliminar el límite de gasto en defensa mediante una modificación constitucional de marzo de 2025. El artículo 109 de la Ley Fundamental incorporó una excepción. Todo gasto en defensa y seguridad que supere el 1% del PIB queda automáticamente exento del freno de deuda. En términos prácticos, eso significa que, a partir de un umbral de unos 45.000 millones de euros anuales (el 1% del PIB alemán), el Estado puede endeudarse sin límite para financiar rearme, protección civil, inteligencia, ciberseguridad y ayuda a países atacados como Ucrania, diluyendo la llamada disciplina fiscal que a otros países se les ha exigido durante décadas, con deuda no presupuestada.
Complementariamente, el gobierno creó un fondo especial para infraestructuras de 500.000 millones de euros. Este patrimonio extrapresupuestario no está sujeto al freno de deuda y se financia íntegramente con crédito, con la condición de que el dinero se gaste en 12 años. Al mismo tiempo, la Comisión Europea y el Consejo de la UE activaron para Alemania la cláusula nacional de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que permite superar el límite de déficit del 3% durante cuatro años siempre que el exceso se deba al aumento del gasto en defensa.
El Tratado de Maastricht de 1992 estableció dos criterios básicos para la pertenencia al euro: déficit público menor al 3% del PIB y deuda pública menor al 60% del PIB. Alemania fue durante años el «alumno ejemplar», pero la realidad actual es muy distinta. Según Euractiv, 11 de los 27 Estados miembros superan actualmente el límite del 3% de déficit y 13 sobrepasan el 60% de deuda. La propia Alemania, una vez contabilizados los fondos fuera de balance, alcanzó un déficit real del 3,2% del PIB en 2025, superando el umbral de Maastrich.
BlackRock será uno de los que capture los fondos de la política fiscal y de endeudamiento alemán. El fondo también ha lanzado recientemente el ETF iShares Europe Defence UCITS, un producto financiero que capitaliza directamente el incremento del gasto militar europeo. De esta manera, la misma entidad, BlackRock, que asesora y dirige las políticas de deuda pública (a través de su expresidente, ahora canciller) se beneficia doblemente. Por un lado, de los contratos de rearme que el propio gobierno impulsa; por otro, de la deuda pública emitida para financiarlos, en la que BlackRock también es un actor destacado en los mercados de bonos.
La ironía es doblemente cruel. Durante años, Alemania aleccionó a los países del sur de Europa, Grecia en especial, sobre los peligros del déficit y la necesidad de la ortodoxia fiscal. Ahora que le toca a Berlín, no solo suspende sus propias reglas, sino que lo hace para un fin —el rearme— que en el pasado ha terminado siempre en catástrofe.
La narrativa oficial para justificar este giro copernicano es la «amenaza rusa». Según los propagandistas del gobierno, Alemania necesita gastar hasta el 3,5 % de su PIB en defensa porque Estados Unidos ya no garantiza su protección. Pero hay dos problemas fundamentales con este relato.
El primero es que la principal amenaza para la economía alemana en los últimos años no ha sido Rusia, sino la destrucción del gasoducto Nord Stream el 26 de septiembre de 2022. Tres años después del sabotaje, las consecuencias siguen siendo devastadoras. Pérdidas económicas estimadas en más de 160.000 millones de euros, precios del gas un 84 % más altos que antes de la guerra, dos años consecutivos de contracción del PIB (‑0,3 % en 2023 y ‑0,2 % en 2024) y un crecimiento de apenas el 0,2 % para 2025. El fin del gas ruso barato ha hundido la competitividad de los sectores de uso intensivo de energía y ha provocado una deslocalización industrial silenciosa pero masiva.
El segundo problema es que mientras el gobierno alemán predica la necesidad de «contención del déficit» para justificar recortes sociales, la propia Unión Europea ha activado para Alemania la «cláusula nacional de escape», que permite superar el límite del 3 % de déficit del Tratado de Maastricht durante cuatro años si el exceso se debe a gasto en defensa. Es decir: Alemania no necesita recortar el Estado del Bienestar para cumplir las reglas europeas; elige hacerlo. Porque el verdadero objetivo no es la sostenibilidad fiscal, sino la transferencia masiva de recursos públicos hacia la industria armamentística, de la que BlackRock es uno de los principales accionistas.
Mientras Merz recorta prestaciones sociales y multiplica la deuda para financiar el rearme, las grandes corporaciones alemanas que sustentan el índice DAX están abandonando el país de manera acelerada. La hipocresía de las élites empresariales alemanas alcanza cotas insospechadas: piden más gasto público en defensa (donde están invertidas) y simultáneamente deslocalizan su producción a China y Estados Unidos, donde los costes energéticos y laborales son más competitivos.
En China, Volkswagen opera más de 30 plantas y construye su mayor centro de I+D fuera de Alemania en Hefei; la química BASF ha invertido 87.000 millones de euros en su mega-complejo de Zhanjiang (18 plantas integradas), su tercera mayor base de producción global; BMW y Mercedes cuentan con dos plantas cada una, y el número de empresas alemanas en China supera ya las 8.200. China se ha convertido de nuevo, en 2025, en el mayor socio comercial de Alemania. En Estados Unidos Rheinmetall, el principal beneficiario del rearme alemán, opera 6 plantas en territorio estadounidense, mientras recibe miles de millones en contratos públicos alemanes. BMW, Mercedes, Volkswagen y BASF han realizado expansiones multimillonarias en EE.UU., atraídas por los bajos precios energéticos (gracias al fracking) y los incentivos fiscales de la Ley de Reducción de la Inflación de Biden.
El mensaje es inequívoco, las élites empresariales apoyan el rearme alemán siempre que éste no afecte a su cuenta de resultados. Mientras el gobierno alemán inyecta centenares de miles de millones en defensa e infraestructuras, las empresas del DAX invierten esos mismos recursos en otros países. El patriotismo de las élites es, como siempre, simple cuando hablamos de armamento (donde los beneficios son seguros), inexistente cuando hablamos de mantener empleos y tejido industrial en Alemania.
BlackRock y Merz tienen una relación incómodamente estrecha. El canciller fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania entre 2016 y 2020. No era un gestor de activos cualquiera, era la cabeza visible en Alemania del mayor fondo de inversión del mundo, con más de 10 billones de dólares bajo gestión directa y presencia en prácticamente todas las grandes empresas del planeta.
El conflicto de intereses es flagrante. BlackRock es accionista institucional de todas las principales empresas de defensa europeas y estadounidenses: en Rheinmetall (7,19 %), Airbus (alrededor del 5 %), Leonardo (3 %), Thales (más del 1 %), BAE Systems, y también de sus competidoras estadounidenses Lockheed Martin (4,9 %), Boeing (3,9 %), Raytheon (4,8 %) y Northrop Grumman (4,2 %). La misma entidad que financió el ascenso político de Merz y de la que él fue su máximo representante en Alemania es ahora la principal beneficiaria del rearme que él mismo impulsa desde la Cancillería.
No se trata de una conspiración, sino de la constatación de un hecho: Alemania está transfiriendo decenas de miles de millones de euros de deuda pública a manos de los accionistas de la industria armamentística, encabezados por BlackRock. Los recortes sociales no son un accidente; son la otra cara de la misma moneda. El déficit público no se reduce; simplemente se reorienta, hacia el armamento en lugar de hacia la sanidad, las pensiones o la educación.
Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo, es obligado recordar la reunión secreta del 20 de febrero de 1933 en la residencia oficial del presidente del Reichstag, Hermann Göring. Allí, Adolf Hitler, recién nombrado canciller, se reunió con entre 20 y 25 de los principales industriales y banqueros alemanes: Gustav Krupp von Bohlen und Halbach (Krupp), Fritz von Opel (Opel), Günther Quandt (que luego sería nombrado líder de la economía de armamento), representantes de Siemens, IG Farben, Allianz, BASF, Telefunken, Agfa, Bayer y Deutsche Bank.
El orden del día era sencillo, recaudar tres millones de Reichsmarks para financiar la campaña electoral nazi de marzo de 1933, cuyo objetivo era alcanzar la mayoría de dos tercios para aprobar la Ley de Habilitación que concedería a Hitler poderes dictatoriales. Según las actas, se recaudaron 2.071.000 Reichsmarks en la propia reunión, y Goebbels afirmó haber obtenido los tres millones completos.
El historiador y escritor francés Éric Vuillard, en su libro El orden del día, narra con extraordinaria precisión el desarrollo de aquella reunión. Los industriales escucharon a Hitler y Göring explicarles que el comunismo era la amenaza inminente, que la democracia parlamentaria no podía hacer frente a esa amenaza y que se necesitaba un «golpe de autoridad». A cambio de su financiación, los industriales obtendrían la destrucción de los sindicatos, la prohibición del Partido Comunista, la eliminación de cualquier restricción al rearme y la garantía de que el nuevo régimen serviría fielmente a los intereses del gran capital.
La historia posterior es conocida: el rearme masivo alemán condujo a la Segunda Guerra Mundial y a la muerte de decenas de millones de personas. Los mismos industriales que financiaron a Hitler, tras la guerra, recuperaron su lugar en la élite económica alemana como si nada hubiera ocurrido.
Hoy, el paralelismo es escalofriantemente evidente. Friedrich Merz, expresidente de BlackRock Alemania. Como en 1933, la élite industrial y financiera alemana apoya esta política porque se beneficia directamente de ella. BlackRock, el mayor accionista de Rheinmetall y de casi todas las empresas del DAX, no tiene ningún incentivo para detener un proceso que multiplica el valor de sus inversiones.
La diferencia es que hoy la retórica es distinta. Entonces hablaban de «comunismo», ahora hablan de «amenaza rusa». Pero el mecanismo es idéntico: crear un enemigo externo, movilizar el aparato del Estado en favor de la industria armamentística, financiar todo ello con deuda pública y cargar el coste sobre las espaldas de los ciudadanos mediante recortes en el Estado del Bienestar.
Friedrich Merz no solo fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania; sigue manteniendo estrechos vínculos con la élite financiera que ahora se beneficia de sus decisiones de gobierno. La oposición en el Bundestag ya ha denunciado abiertamente el conflicto de intereses, calificando a Merz de «conflicto de intereses andante» y advirtiendo que «nosotros tenemos que pagar todo esto, y encima soportar que este individuo nos recorte todas las prestaciones estatales».
El problema no es solo ético, sino estructural. La concentración de la propiedad del DAX en manos de unos pocos fondos estadounidenses (BlackRock, Vanguard, State Street, Fidelity, Capital Group) ha convertido el capitalismo alemán en una plutocracia transnacional, donde las decisiones que afectan a millones de ciudadanos se toman en función de los intereses de unos pocos accionistas institucionales.
Alemania está cometiendo el mismo error en el que incurrió tres veces en el último siglo y medio. Cada rearme alemán —desde la guerra franco-prusiana de 1870, pasando por la carrera armamentística previa a la Primera Guerra Mundial en 1914, hasta el rearme nazi de 1933— ha terminado en catástrofe. La historia debería habernos enseñado que la ecuación «austeridad para la población + deuda ilimitada para armamento = desastre» no admite excepciones.
Pero las élites no aprenden. No aprenden porque no les interesa aprender. A BlackRock y a la industria armamentística alemana les importa muy poco si dentro de diez o veinte años Europa está en guerra. Les importa el beneficio inmediato que obtienen de los miles de millones de euros que el gobierno alemán está inyectando en el sector de la defensa.
Mientras tanto, los ciudadanos alemanes soportan una inflación persistente, unos precios energéticos que no dejan de subir, un sistema sanitario que se desmantela, unas pensiones que se reducen a «cobertura básica» y unos salarios que no crecen al ritmo de los precios. Todo ello para financiar un rearme que, si la historia sirve de algo, acabará mal.
El grito de la oposición de izquierdas en el Bundestag resuena con una claridad que el gobierno de Merz se niega a escuchar: «La factura del nuevo ciclo militar empieza a trasladarse al bolsillo de los hogares». Mientras tanto, BlackRock sonríe y se frota las manos.
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Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont
La regla es: déficit para las armas, austeridad para las personas (El Tábano Economista)
Nunca en la historia de la posguerra alemana se había visto una operación de ingeniería fiscal y social tan descaradamente hipócrita. Mientras Friedrich Merz, anuncia un drástico tijeretazo de casi 40.000 millones de euros al Estado del Bienestar, el fin de la gratuidad del seguro médico para cónyuges no cotizantes y pensiones reducidas a una mera «cobertura básica», su gobierno ha aprobado simultáneamente una reforma constitucional que permite endeudarse sin límites para financiar el rearme, eliminando de un plumazo cualquier restricción al déficit público cuando se trata de armamento.
La máxima es sencilla y brutal: austeridad para las mayorías, deuda ilimitada para las minorías armamentísticas. Y en el centro de esta operación, un mismo nombre —BlackRock— aparece tanto en el pasado laboral del canciller como en la lista de accionistas institucionales de prácticamente todas las empresas del DAX (índice bursátil alemán) y, de manera especialmente significativa, de los principales contratistas de defensa alemanes, con una participación del 7,19 % en Rheinmetall AG.
El presupuesto alemán para 2026, aprobado por el Bundestag el pasado noviembre, asciende a unos 524.000 millones de euros en gasto ordinario, a los que hay que sumar los fondos especiales extrapresupuestarios. El resultado es un endeudamiento total que roza los 180.000 millones de euros, la segunda cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Alemania ha logrado eliminar el límite de gasto en defensa mediante una modificación constitucional de marzo de 2025. El artículo 109 de la Ley Fundamental incorporó una excepción. Todo gasto en defensa y seguridad que supere el 1% del PIB queda automáticamente exento del freno de deuda. En términos prácticos, eso significa que, a partir de un umbral de unos 45.000 millones de euros anuales (el 1% del PIB alemán), el Estado puede endeudarse sin límite para financiar rearme, protección civil, inteligencia, ciberseguridad y ayuda a países atacados como Ucrania, diluyendo la llamada disciplina fiscal que a otros países se les ha exigido durante décadas, con deuda no presupuestada.
Complementariamente, el gobierno creó un fondo especial para infraestructuras de 500.000 millones de euros. Este patrimonio extrapresupuestario no está sujeto al freno de deuda y se financia íntegramente con crédito, con la condición de que el dinero se gaste en 12 años. Al mismo tiempo, la Comisión Europea y el Consejo de la UE activaron para Alemania la cláusula nacional de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que permite superar el límite de déficit del 3% durante cuatro años siempre que el exceso se deba al aumento del gasto en defensa.
El Tratado de Maastricht de 1992 estableció dos criterios básicos para la pertenencia al euro: déficit público menor al 3% del PIB y deuda pública menor al 60% del PIB. Alemania fue durante años el «alumno ejemplar», pero la realidad actual es muy distinta. Según Euractiv, 11 de los 27 Estados miembros superan actualmente el límite del 3% de déficit y 13 sobrepasan el 60% de deuda. La propia Alemania, una vez contabilizados los fondos fuera de balance, alcanzó un déficit real del 3,2% del PIB en 2025, superando el umbral de Maastrich.
BlackRock será uno de los que capture los fondos de la política fiscal y de endeudamiento alemán. El fondo también ha lanzado recientemente el ETF iShares Europe Defence UCITS, un producto financiero que capitaliza directamente el incremento del gasto militar europeo. De esta manera, la misma entidad, BlackRock, que asesora y dirige las políticas de deuda pública (a través de su expresidente, ahora canciller) se beneficia doblemente. Por un lado, de los contratos de rearme que el propio gobierno impulsa; por otro, de la deuda pública emitida para financiarlos, en la que BlackRock también es un actor destacado en los mercados de bonos.
La ironía es doblemente cruel. Durante años, Alemania aleccionó a los países del sur de Europa, Grecia en especial, sobre los peligros del déficit y la necesidad de la ortodoxia fiscal. Ahora que le toca a Berlín, no solo suspende sus propias reglas, sino que lo hace para un fin —el rearme— que en el pasado ha terminado siempre en catástrofe.
La narrativa oficial para justificar este giro copernicano es la «amenaza rusa». Según los propagandistas del gobierno, Alemania necesita gastar hasta el 3,5 % de su PIB en defensa porque Estados Unidos ya no garantiza su protección. Pero hay dos problemas fundamentales con este relato.
El primero es que la principal amenaza para la economía alemana en los últimos años no ha sido Rusia, sino la destrucción del gasoducto Nord Stream el 26 de septiembre de 2022. Tres años después del sabotaje, las consecuencias siguen siendo devastadoras. Pérdidas económicas estimadas en más de 160.000 millones de euros, precios del gas un 84 % más altos que antes de la guerra, dos años consecutivos de contracción del PIB (‑0,3 % en 2023 y ‑0,2 % en 2024) y un crecimiento de apenas el 0,2 % para 2025. El fin del gas ruso barato ha hundido la competitividad de los sectores de uso intensivo de energía y ha provocado una deslocalización industrial silenciosa pero masiva.
El segundo problema es que mientras el gobierno alemán predica la necesidad de «contención del déficit» para justificar recortes sociales, la propia Unión Europea ha activado para Alemania la «cláusula nacional de escape», que permite superar el límite del 3 % de déficit del Tratado de Maastricht durante cuatro años si el exceso se debe a gasto en defensa. Es decir: Alemania no necesita recortar el Estado del Bienestar para cumplir las reglas europeas; elige hacerlo. Porque el verdadero objetivo no es la sostenibilidad fiscal, sino la transferencia masiva de recursos públicos hacia la industria armamentística, de la que BlackRock es uno de los principales accionistas.
Mientras Merz recorta prestaciones sociales y multiplica la deuda para financiar el rearme, las grandes corporaciones alemanas que sustentan el índice DAX están abandonando el país de manera acelerada. La hipocresía de las élites empresariales alemanas alcanza cotas insospechadas: piden más gasto público en defensa (donde están invertidas) y simultáneamente deslocalizan su producción a China y Estados Unidos, donde los costes energéticos y laborales son más competitivos.
En China, Volkswagen opera más de 30 plantas y construye su mayor centro de I+D fuera de Alemania en Hefei; la química BASF ha invertido 87.000 millones de euros en su mega-complejo de Zhanjiang (18 plantas integradas), su tercera mayor base de producción global; BMW y Mercedes cuentan con dos plantas cada una, y el número de empresas alemanas en China supera ya las 8.200. China se ha convertido de nuevo, en 2025, en el mayor socio comercial de Alemania. En Estados Unidos Rheinmetall, el principal beneficiario del rearme alemán, opera 6 plantas en territorio estadounidense, mientras recibe miles de millones en contratos públicos alemanes. BMW, Mercedes, Volkswagen y BASF han realizado expansiones multimillonarias en EE.UU., atraídas por los bajos precios energéticos (gracias al fracking) y los incentivos fiscales de la Ley de Reducción de la Inflación de Biden.
El mensaje es inequívoco, las élites empresariales apoyan el rearme alemán siempre que éste no afecte a su cuenta de resultados. Mientras el gobierno alemán inyecta centenares de miles de millones en defensa e infraestructuras, las empresas del DAX invierten esos mismos recursos en otros países. El patriotismo de las élites es, como siempre, simple cuando hablamos de armamento (donde los beneficios son seguros), inexistente cuando hablamos de mantener empleos y tejido industrial en Alemania.
BlackRock y Merz tienen una relación incómodamente estrecha. El canciller fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania entre 2016 y 2020. No era un gestor de activos cualquiera, era la cabeza visible en Alemania del mayor fondo de inversión del mundo, con más de 10 billones de dólares bajo gestión directa y presencia en prácticamente todas las grandes empresas del planeta.
El conflicto de intereses es flagrante. BlackRock es accionista institucional de todas las principales empresas de defensa europeas y estadounidenses: en Rheinmetall (7,19 %), Airbus (alrededor del 5 %), Leonardo (3 %), Thales (más del 1 %), BAE Systems, y también de sus competidoras estadounidenses Lockheed Martin (4,9 %), Boeing (3,9 %), Raytheon (4,8 %) y Northrop Grumman (4,2 %). La misma entidad que financió el ascenso político de Merz y de la que él fue su máximo representante en Alemania es ahora la principal beneficiaria del rearme que él mismo impulsa desde la Cancillería.
No se trata de una conspiración, sino de la constatación de un hecho: Alemania está transfiriendo decenas de miles de millones de euros de deuda pública a manos de los accionistas de la industria armamentística, encabezados por BlackRock. Los recortes sociales no son un accidente; son la otra cara de la misma moneda. El déficit público no se reduce; simplemente se reorienta, hacia el armamento en lugar de hacia la sanidad, las pensiones o la educación.
Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo, es obligado recordar la reunión secreta del 20 de febrero de 1933 en la residencia oficial del presidente del Reichstag, Hermann Göring. Allí, Adolf Hitler, recién nombrado canciller, se reunió con entre 20 y 25 de los principales industriales y banqueros alemanes: Gustav Krupp von Bohlen und Halbach (Krupp), Fritz von Opel (Opel), Günther Quandt (que luego sería nombrado líder de la economía de armamento), representantes de Siemens, IG Farben, Allianz, BASF, Telefunken, Agfa, Bayer y Deutsche Bank.
El orden del día era sencillo, recaudar tres millones de Reichsmarks para financiar la campaña electoral nazi de marzo de 1933, cuyo objetivo era alcanzar la mayoría de dos tercios para aprobar la Ley de Habilitación que concedería a Hitler poderes dictatoriales. Según las actas, se recaudaron 2.071.000 Reichsmarks en la propia reunión, y Goebbels afirmó haber obtenido los tres millones completos.
El historiador y escritor francés Éric Vuillard, en su libro El orden del día, narra con extraordinaria precisión el desarrollo de aquella reunión. Los industriales escucharon a Hitler y Göring explicarles que el comunismo era la amenaza inminente, que la democracia parlamentaria no podía hacer frente a esa amenaza y que se necesitaba un «golpe de autoridad». A cambio de su financiación, los industriales obtendrían la destrucción de los sindicatos, la prohibición del Partido Comunista, la eliminación de cualquier restricción al rearme y la garantía de que el nuevo régimen serviría fielmente a los intereses del gran capital.
La historia posterior es conocida: el rearme masivo alemán condujo a la Segunda Guerra Mundial y a la muerte de decenas de millones de personas. Los mismos industriales que financiaron a Hitler, tras la guerra, recuperaron su lugar en la élite económica alemana como si nada hubiera ocurrido.
Hoy, el paralelismo es escalofriantemente evidente. Friedrich Merz, expresidente de BlackRock Alemania. Como en 1933, la élite industrial y financiera alemana apoya esta política porque se beneficia directamente de ella. BlackRock, el mayor accionista de Rheinmetall y de casi todas las empresas del DAX, no tiene ningún incentivo para detener un proceso que multiplica el valor de sus inversiones.
La diferencia es que hoy la retórica es distinta. Entonces hablaban de «comunismo», ahora hablan de «amenaza rusa». Pero el mecanismo es idéntico: crear un enemigo externo, movilizar el aparato del Estado en favor de la industria armamentística, financiar todo ello con deuda pública y cargar el coste sobre las espaldas de los ciudadanos mediante recortes en el Estado del Bienestar.
Friedrich Merz no solo fue presidente del consejo de supervisión de BlackRock Alemania; sigue manteniendo estrechos vínculos con la élite financiera que ahora se beneficia de sus decisiones de gobierno. La oposición en el Bundestag ya ha denunciado abiertamente el conflicto de intereses, calificando a Merz de «conflicto de intereses andante» y advirtiendo que «nosotros tenemos que pagar todo esto, y encima soportar que este individuo nos recorte todas las prestaciones estatales».
El problema no es solo ético, sino estructural. La concentración de la propiedad del DAX en manos de unos pocos fondos estadounidenses (BlackRock, Vanguard, State Street, Fidelity, Capital Group) ha convertido el capitalismo alemán en una plutocracia transnacional, donde las decisiones que afectan a millones de ciudadanos se toman en función de los intereses de unos pocos accionistas institucionales.
Alemania está cometiendo el mismo error en el que incurrió tres veces en el último siglo y medio. Cada rearme alemán —desde la guerra franco-prusiana de 1870, pasando por la carrera armamentística previa a la Primera Guerra Mundial en 1914, hasta el rearme nazi de 1933— ha terminado en catástrofe. La historia debería habernos enseñado que la ecuación «austeridad para la población + deuda ilimitada para armamento = desastre» no admite excepciones.
Pero las élites no aprenden. No aprenden porque no les interesa aprender. A BlackRock y a la industria armamentística alemana les importa muy poco si dentro de diez o veinte años Europa está en guerra. Les importa el beneficio inmediato que obtienen de los miles de millones de euros que el gobierno alemán está inyectando en el sector de la defensa.
Mientras tanto, los ciudadanos alemanes soportan una inflación persistente, unos precios energéticos que no dejan de subir, un sistema sanitario que se desmantela, unas pensiones que se reducen a «cobertura básica» y unos salarios que no crecen al ritmo de los precios. Todo ello para financiar un rearme que, si la historia sirve de algo, acabará mal.
El grito de la oposición de izquierdas en el Bundestag resuena con una claridad que el gobierno de Merz se niega a escuchar: «La factura del nuevo ciclo militar empieza a trasladarse al bolsillo de los hogares». Mientras tanto, BlackRock sonríe y se frota las manos.
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Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.
Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.
El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.
Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.
Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.
Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.
La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.
La escritura de un cuento, según Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.
Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.
Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.
Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.
En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.
Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.
Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.
Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.
Foto de Tomáš Malík. Pexels.
https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/
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