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La increíble historia del hombre que construyó un falso teatro romano en Italia y vendió entradas para visitarlo
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🗣️ ¿Cuántos de estos idiomas siguen vivos después de miles de años? Muchísimos más de los que imaginamos. 🌍📜
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https://www.instagram.com/p/DaxPUGEKvyi#Historia #Lingüística #Idiomas #Civilizaciones #Arqueología #templodelpasado
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🔥 Durante siglos, las ciudades del valle del Indo estuvieron entre las más avanzadas del mundo.
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https://www.instagram.com/p/DZ5VjIgK53w#HistoriaAntigua #ValleDelIndo #Arqueología #Civilizaciones #TemploDelPasado
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Manuel Gamio
Por: Thelma Morales García
Hace años en los recorridos que realizaba en el territorio del Estado de México, tuve la fortuna de conocer gente de la que aprendí mucho, muchas de esas visitas fue a la zona de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, sobre todo a los talleres de artesanos que trabajan la obsidiana realizando piezas para los turistas que visitan la zona.
En alguna ocasión me acompañó la Maestra Teresa Pomar, una de las más reconocidas investigadoras del arte popular en México, que inauguró uno de esos espacios donde los artesanos comercializarían sus piezas, en dicha inauguración nos obsequiaron un pequeño volante que traía un pensamiento de Manuel Gamio. Recuerdo que la maestra Pomar me dijo que se había publicado un libro titulado “Manuel Gamio una lucha sin final”, escrito por su nieta Ángeles González Gamio en el año de 2003.
En ese entonces solo había escuchado el nombre de Gamio en alguna institución y sabía que había realizado investigaciones en la zona arqueológica de Teotihuacán. Por eso cuando tuve el libro en mis manos, me di a la tarea de leerlo de principio a fin y me causó mucha sorpresa enterarme de todas las aportaciones que hizo a lo largo de su vida realizando estudios sobre temas agrícolas, culturales, sociales, arqueológicos, educativos, indígenas, legislativos, geográficos y de la industria y el comercio. Un libro que hoy conservo con gran cariño porque me fue obsequiado precisamente por doña Tere Pomar
Manuel Gamio nació en la ciudad de México un 2 de marzo de 1883, hijo de don Gabriel Gamio heredero de una de las minas ubicadas en Temascaltepec, y de Marina Martínez hija de un rico comerciante de la ciudad de México, por lo que en su infancia asiste a una de los mejores colegios de la época, el Liceo Fournier, posteriormente ingresaría a la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso.
Su madre fallece cuando él es apenas un niño, su padre despilfarra la fortuna familiar y con lo poco que aún conserva decide comprar una finca hulera llamada Santo Domingo, ubicada entre los límites de Veracruz, Puebla y Oaxaca. Manuel Gamio quien había iniciado la carrera de ingeniería decide abandonar sus estudios para ir a trabajar la finca junto con sus cinco hermanos.
A los pocos meses sus hermanos se regresan a la ciudad de México, porque la finca había estado abandonada por años y se encuentran con el terrible panorama de que las plantaciones han sido invadidas por la selva. Manuel es el único que por orgullo y amor propio decide continuar el trabajo, dicha finca sellaría su destino, pues en un artículo escrito en 1956 publicado en el periódico El Nacional recuerda: “Empecé a interesarme en la población indígena, cuando viví cerca de tres años, en un rancho de mi familia… mi hermano Rodrigo y yo éramos dizque los administradores de ese rancho palúdico, incrustado entonces entre salvajes bosque milenarios. Como era natural, dada nuestra falta de experiencia, fracasó a la postre esa explotación agrícola, pero alcancé en cambio, una ventaja y fue la de aprender algo del idioma náhuatl, que hablaban casi todos nuestros trabajadores procedentes de la sierra cercana de Puebla.”
En esta anécdota refiere que conoce a un indígena al que cierto día encontró en el río y al que le pide que se acerque a platicar con él, al ver que no le hace caso, le habla en náhuatl y entonces regresa su canoa y se disculpa con él, pero le dice que ahí no quieren a los que hablan español, porque de ellos ha sufrido maltratos y ofensas cuando trabajó con ellos, pero como él hablaba su idioma se convierte en su amigo y es quien lo introduce a la vida de las familias indígenas. Desde ese momento Manuel Gamio vislumbra las grandes necesidades y aspiraciones de los indígenas de nuestro país.
Ese conocimiento que adquiere, le permite conocer los valores y cualidades que tienen los grupos indígenas, le molesta e indigna la situación de abandono y abuso en que viven; de ahí surge su insistencia de que se conozcan y estudien para ayudarlos racionalmente, respetando sus valores –que tanto admira– que son fuente importante para alcanzar una identidad nacional.
Esto es sólo una parte de todo lo que realizaría durante toda su vida, pues se doctoró en filosofía en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos en 1921. Escribió sus reflexiones e investigaciones como un libro que publicó en 1916 que se llama “Forjando la Patria”, regresa a nuestro país a seguir con su labor antropológica y arqueológica, de lo cual decía que era terrible que alabáramos la grandeza de nuestras culturas indígenas prehispánicas y en cambio tuviéramos olvidados a los descendientes de esas culturas, es decir a los indígenas de nuestro tiempo.
Otra aportación que me dio este libro, es el seguimiento a la labor que desde hace décadas realiza su nieta Ángeles a quien admiro por las cónicas tan magníficas que escribe y que podemos leer semanalmente en La Jornada de los domingos.
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#AnalisisAI #Antropologia #AperturaIntelectual #Arqueologia #Conocimiento #CulturaMexicana #Educacion #Historia #Historiademexico #ManuelGamio #Mexico #PalabrasbajollaveAI #PensamientoCrítico #Teotihuacan #Viral #Moralesgarciathelma #Tmoralesgarcia1 #Arte #ÁngelesGonzálezGamio #Crónica #Cronista #Cultura #EscuelaNacionalPreparatoriaDeSanIldefonso #fincaHuleraLlamadaSantoDomingo #Historia #LibroForjandoLaPatria #LibroManuelGamioUnaLuchaSinFinal #Libros #Literatura #MaestraTeresaPomar #ManuelGamio #MunicipiosDeTeotihuacánYSanMartínDeLasPirámides #Obsidiana #palabrasbajollave #PensamientoCrítico #Personajes #Poesía #ThelmaMoralesGarcía #zonaArqueológicaDeTeotihuacán
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Manuel Gamio
Por: Thelma Morales García
Hace años en los recorridos que realizaba en el territorio del Estado de México, tuve la fortuna de conocer gente de la que aprendí mucho, muchas de esas visitas fue a la zona de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, sobre todo a los talleres de artesanos que trabajan la obsidiana realizando piezas para los turistas que visitan la zona.
En alguna ocasión me acompañó la Maestra Teresa Pomar, una de las más reconocidas investigadoras del arte popular en México, que inauguró uno de esos espacios donde los artesanos comercializarían sus piezas, en dicha inauguración nos obsequiaron un pequeño volante que traía un pensamiento de Manuel Gamio. Recuerdo que la maestra Pomar me dijo que se había publicado un libro titulado “Manuel Gamio una lucha sin final”, escrito por su nieta Ángeles González Gamio en el año de 2003.
En ese entonces solo había escuchado el nombre de Gamio en alguna institución y sabía que había realizado investigaciones en la zona arqueológica de Teotihuacán. Por eso cuando tuve el libro en mis manos, me di a la tarea de leerlo de principio a fin y me causó mucha sorpresa enterarme de todas las aportaciones que hizo a lo largo de su vida realizando estudios sobre temas agrícolas, culturales, sociales, arqueológicos, educativos, indígenas, legislativos, geográficos y de la industria y el comercio. Un libro que hoy conservo con gran cariño porque me fue obsequiado precisamente por doña Tere Pomar
Manuel Gamio nació en la ciudad de México un 2 de marzo de 1883, hijo de don Gabriel Gamio heredero de una de las minas ubicadas en Temascaltepec, y de Marina Martínez hija de un rico comerciante de la ciudad de México, por lo que en su infancia asiste a una de los mejores colegios de la época, el Liceo Fournier, posteriormente ingresaría a la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso.
Su madre fallece cuando él es apenas un niño, su padre despilfarra la fortuna familiar y con lo poco que aún conserva decide comprar una finca hulera llamada Santo Domingo, ubicada entre los límites de Veracruz, Puebla y Oaxaca. Manuel Gamio quien había iniciado la carrera de ingeniería decide abandonar sus estudios para ir a trabajar la finca junto con sus cinco hermanos.
A los pocos meses sus hermanos se regresan a la ciudad de México, porque la finca había estado abandonada por años y se encuentran con el terrible panorama de que las plantaciones han sido invadidas por la selva. Manuel es el único que por orgullo y amor propio decide continuar el trabajo, dicha finca sellaría su destino, pues en un artículo escrito en 1956 publicado en el periódico El Nacional recuerda: “Empecé a interesarme en la población indígena, cuando viví cerca de tres años, en un rancho de mi familia… mi hermano Rodrigo y yo éramos dizque los administradores de ese rancho palúdico, incrustado entonces entre salvajes bosque milenarios. Como era natural, dada nuestra falta de experiencia, fracasó a la postre esa explotación agrícola, pero alcancé en cambio, una ventaja y fue la de aprender algo del idioma náhuatl, que hablaban casi todos nuestros trabajadores procedentes de la sierra cercana de Puebla.”
En esta anécdota refiere que conoce a un indígena al que cierto día encontró en el río y al que le pide que se acerque a platicar con él, al ver que no le hace caso, le habla en náhuatl y entonces regresa su canoa y se disculpa con él, pero le dice que ahí no quieren a los que hablan español, porque de ellos ha sufrido maltratos y ofensas cuando trabajó con ellos, pero como él hablaba su idioma se convierte en su amigo y es quien lo introduce a la vida de las familias indígenas. Desde ese momento Manuel Gamio vislumbra las grandes necesidades y aspiraciones de los indígenas de nuestro país.
Ese conocimiento que adquiere, le permite conocer los valores y cualidades que tienen los grupos indígenas, le molesta e indigna la situación de abandono y abuso en que viven; de ahí surge su insistencia de que se conozcan y estudien para ayudarlos racionalmente, respetando sus valores –que tanto admira– que son fuente importante para alcanzar una identidad nacional.
Esto es sólo una parte de todo lo que realizaría durante toda su vida, pues se doctoró en filosofía en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos en 1921. Escribió sus reflexiones e investigaciones como un libro que publicó en 1916 que se llama “Forjando la Patria”, regresa a nuestro país a seguir con su labor antropológica y arqueológica, de lo cual decía que era terrible que alabáramos la grandeza de nuestras culturas indígenas prehispánicas y en cambio tuviéramos olvidados a los descendientes de esas culturas, es decir a los indígenas de nuestro tiempo.
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Manuel Gamio
Por: Thelma Morales García
Hace años en los recorridos que realizaba en el territorio del Estado de México, tuve la fortuna de conocer gente de la que aprendí mucho, muchas de esas visitas fue a la zona de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, sobre todo a los talleres de artesanos que trabajan la obsidiana realizando piezas para los turistas que visitan la zona.
En alguna ocasión me acompañó la Maestra Teresa Pomar, una de las más reconocidas investigadoras del arte popular en México, que inauguró uno de esos espacios donde los artesanos comercializarían sus piezas, en dicha inauguración nos obsequiaron un pequeño volante que traía un pensamiento de Manuel Gamio. Recuerdo que la maestra Pomar me dijo que se había publicado un libro titulado “Manuel Gamio una lucha sin final”, escrito por su nieta Ángeles González Gamio en el año de 2003.
En ese entonces solo había escuchado el nombre de Gamio en alguna institución y sabía que había realizado investigaciones en la zona arqueológica de Teotihuacán. Por eso cuando tuve el libro en mis manos, me di a la tarea de leerlo de principio a fin y me causó mucha sorpresa enterarme de todas las aportaciones que hizo a lo largo de su vida realizando estudios sobre temas agrícolas, culturales, sociales, arqueológicos, educativos, indígenas, legislativos, geográficos y de la industria y el comercio. Un libro que hoy conservo con gran cariño porque me fue obsequiado precisamente por doña Tere Pomar
Manuel Gamio nació en la ciudad de México un 2 de marzo de 1883, hijo de don Gabriel Gamio heredero de una de las minas ubicadas en Temascaltepec, y de Marina Martínez hija de un rico comerciante de la ciudad de México, por lo que en su infancia asiste a una de los mejores colegios de la época, el Liceo Fournier, posteriormente ingresaría a la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso.
Su madre fallece cuando él es apenas un niño, su padre despilfarra la fortuna familiar y con lo poco que aún conserva decide comprar una finca hulera llamada Santo Domingo, ubicada entre los límites de Veracruz, Puebla y Oaxaca. Manuel Gamio quien había iniciado la carrera de ingeniería decide abandonar sus estudios para ir a trabajar la finca junto con sus cinco hermanos.
A los pocos meses sus hermanos se regresan a la ciudad de México, porque la finca había estado abandonada por años y se encuentran con el terrible panorama de que las plantaciones han sido invadidas por la selva. Manuel es el único que por orgullo y amor propio decide continuar el trabajo, dicha finca sellaría su destino, pues en un artículo escrito en 1956 publicado en el periódico El Nacional recuerda: “Empecé a interesarme en la población indígena, cuando viví cerca de tres años, en un rancho de mi familia… mi hermano Rodrigo y yo éramos dizque los administradores de ese rancho palúdico, incrustado entonces entre salvajes bosque milenarios. Como era natural, dada nuestra falta de experiencia, fracasó a la postre esa explotación agrícola, pero alcancé en cambio, una ventaja y fue la de aprender algo del idioma náhuatl, que hablaban casi todos nuestros trabajadores procedentes de la sierra cercana de Puebla.”
En esta anécdota refiere que conoce a un indígena al que cierto día encontró en el río y al que le pide que se acerque a platicar con él, al ver que no le hace caso, le habla en náhuatl y entonces regresa su canoa y se disculpa con él, pero le dice que ahí no quieren a los que hablan español, porque de ellos ha sufrido maltratos y ofensas cuando trabajó con ellos, pero como él hablaba su idioma se convierte en su amigo y es quien lo introduce a la vida de las familias indígenas. Desde ese momento Manuel Gamio vislumbra las grandes necesidades y aspiraciones de los indígenas de nuestro país.
Ese conocimiento que adquiere, le permite conocer los valores y cualidades que tienen los grupos indígenas, le molesta e indigna la situación de abandono y abuso en que viven; de ahí surge su insistencia de que se conozcan y estudien para ayudarlos racionalmente, respetando sus valores –que tanto admira– que son fuente importante para alcanzar una identidad nacional.
Esto es sólo una parte de todo lo que realizaría durante toda su vida, pues se doctoró en filosofía en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos en 1921. Escribió sus reflexiones e investigaciones como un libro que publicó en 1916 que se llama “Forjando la Patria”, regresa a nuestro país a seguir con su labor antropológica y arqueológica, de lo cual decía que era terrible que alabáramos la grandeza de nuestras culturas indígenas prehispánicas y en cambio tuviéramos olvidados a los descendientes de esas culturas, es decir a los indígenas de nuestro tiempo.
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Manuel Gamio
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En esta anécdota refiere que conoce a un indígena al que cierto día encontró en el río y al que le pide que se acerque a platicar con él, al ver que no le hace caso, le habla en náhuatl y entonces regresa su canoa y se disculpa con él, pero le dice que ahí no quieren a los que hablan español, porque de ellos ha sufrido maltratos y ofensas cuando trabajó con ellos, pero como él hablaba su idioma se convierte en su amigo y es quien lo introduce a la vida de las familias indígenas. Desde ese momento Manuel Gamio vislumbra las grandes necesidades y aspiraciones de los indígenas de nuestro país.
Ese conocimiento que adquiere, le permite conocer los valores y cualidades que tienen los grupos indígenas, le molesta e indigna la situación de abandono y abuso en que viven; de ahí surge su insistencia de que se conozcan y estudien para ayudarlos racionalmente, respetando sus valores –que tanto admira– que son fuente importante para alcanzar una identidad nacional.
Esto es sólo una parte de todo lo que realizaría durante toda su vida, pues se doctoró en filosofía en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos en 1921. Escribió sus reflexiones e investigaciones como un libro que publicó en 1916 que se llama “Forjando la Patria”, regresa a nuestro país a seguir con su labor antropológica y arqueológica, de lo cual decía que era terrible que alabáramos la grandeza de nuestras culturas indígenas prehispánicas y en cambio tuviéramos olvidados a los descendientes de esas culturas, es decir a los indígenas de nuestro tiempo.
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Manuel Gamio
Por: Thelma Morales García
Hace años en los recorridos que realizaba en el territorio del Estado de México, tuve la fortuna de conocer gente de la que aprendí mucho, muchas de esas visitas fue a la zona de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, sobre todo a los talleres de artesanos que trabajan la obsidiana realizando piezas para los turistas que visitan la zona.
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Manuel Gamio nació en la ciudad de México un 2 de marzo de 1883, hijo de don Gabriel Gamio heredero de una de las minas ubicadas en Temascaltepec, y de Marina Martínez hija de un rico comerciante de la ciudad de México, por lo que en su infancia asiste a una de los mejores colegios de la época, el Liceo Fournier, posteriormente ingresaría a la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso.
Su madre fallece cuando él es apenas un niño, su padre despilfarra la fortuna familiar y con lo poco que aún conserva decide comprar una finca hulera llamada Santo Domingo, ubicada entre los límites de Veracruz, Puebla y Oaxaca. Manuel Gamio quien había iniciado la carrera de ingeniería decide abandonar sus estudios para ir a trabajar la finca junto con sus cinco hermanos.
A los pocos meses sus hermanos se regresan a la ciudad de México, porque la finca había estado abandonada por años y se encuentran con el terrible panorama de que las plantaciones han sido invadidas por la selva. Manuel es el único que por orgullo y amor propio decide continuar el trabajo, dicha finca sellaría su destino, pues en un artículo escrito en 1956 publicado en el periódico El Nacional recuerda: “Empecé a interesarme en la población indígena, cuando viví cerca de tres años, en un rancho de mi familia… mi hermano Rodrigo y yo éramos dizque los administradores de ese rancho palúdico, incrustado entonces entre salvajes bosque milenarios. Como era natural, dada nuestra falta de experiencia, fracasó a la postre esa explotación agrícola, pero alcancé en cambio, una ventaja y fue la de aprender algo del idioma náhuatl, que hablaban casi todos nuestros trabajadores procedentes de la sierra cercana de Puebla.”
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Pesquisadores da Universidade Autônoma de Barcelona e da Universidade da Corunha confirmaram que os romanos mineraram ouro nos Pireneus Orientais há cerca de 1.700 anos, utilizando técnicas avançadas de datação para evidenciar a atividade na região.
🔗 https://omniletters.com/minerao-ouro-romana-pireneus/
#mineriadeouro #historiaromana #pireneus #pesquisaacademica #arqueologia
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SIGUE ⬇️
Roma tenía una costumbre brutal con ciertos derrotados.
Intentaba borrarlos de la historia.
Sus nombres eran eliminados de inscripciones, sus estatuas destruidas y sus recuerdos manipulados.
Constantino terminó incluso apropiándose de edificios iniciados por Majencio, como la famosa basílica del Foro.Parecía que Majencio iba a desaparecer completamente bajo la propaganda del vencedor.
Pero casi 1700 años después ocurrió algo inesperado.
En 2005, arqueólogos dirigidos por Clementina Panella excavaban en las laderas del monte Palatino cuando encontraron una cavidad oculta a unos cuatro metros de profundidad.
Dentro había algo extraordinario.
No monedas.
No joyas comunes.
Sino las insignias imperiales completas de Majencio.
Era un descubrimiento casi imposible.
Los arqueólogos encontraron tres cetros imperiales, lanzas ceremoniales, jabalinas de gala, soportes de estandartes y varios símbolos de autoridad envueltos cuidadosamente en lino y seda.
Las telas habían protegido parcialmente las piezas durante siglos.
También aparecieron restos de cajas de madera de álamo donde habían sido escondidas.El objeto más impresionante era uno de los cetros: fabricado en oricalco —una aleación dorada parecida al oro— rematado con pétalos metálicos que sostenían una esfera de vidrio verde oscuro.
El globo simbolizaba el dominio sobre el mundo.Otros cetros llevaban esferas de calcedonia azulada y vidrio amarillo.
Lo increíble es que estas piezas estaban intactas.
No fragmentadas.
No saqueadas.
Completas.Y eso convirtió el hallazgo en algo único.
Hasta entonces esas insignias imperiales solo se conocían por relieves, monedas o esculturas antiguas.
Nadie había encontrado unas reales tan completas pertenecientes a un emperador romano.El descubrimiento abrió además un debate fascinante.
¿Por qué estaban escondidas?
Hay dos teorías principales.
La primera dice que Majencio ordenó ocultarlas antes de la batalla.
Sabía que Constantino avanzaba y quizá entendía que podía perder.
Enterrar las insignias imperiales habría sido una forma desesperada de impedir que el enemigo las usara para legitimarse inmediatamente como nuevo dueño de Roma.La segunda teoría resulta todavía más humana.
Tras la derrota y la exhibición de la cabeza de Majencio, algunos funcionarios o servidores fieles pudieron esconder los objetos apresuradamente para evitar que fueran profanados como trofeos.
Y la escena resulta muy fácil de imaginar.
Roma llena de rumores.
Noticias entrando a la ciudad.
Soldados huyendo.
Puertas cerrándose.
Gente hablando en voz baja.
Y alguien envolviendo cuidadosamente los símbolos de un emperador derrotado mientras fuera el mundo cambiaba para siempre.
Porque eso es lo que realmente ocurrió tras el Puente Milvio.
No solo cayó un hombre.
Cambió el rumbo de Occidente.
Poco después Constantino promulgó el Edicto de Milán, legalizando el cristianismo.
Con el tiempo fundaría Constantinopla y transformaría completamente la estructura política y religiosa del Imperio.Majencio quedó reducido al papel de villano en la historia oficial.
Pero la tierra terminó guardando algo que la propaganda no pudo destruir: las últimas huellas físicas de un emperador que intentó devolverle a Roma su antiguo protagonismo… y perdió.
Hoy esas insignias se conservan en el Museo Nacional Romano, en el Palazzo Massimo alle Terme, como un eco silencioso de aquella guerra civil.
Y quizá eso sea lo más fascinante de toda esta historia.
Que incluso cuando los vencedores intentan borrar a alguien para siempre, a veces el suelo decide recordar.
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▪️𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘦𝘭 𝘎𝘳𝘢𝘯𝘥𝘦 (𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪𝘦́𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘪𝘥𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘺 𝘭𝘢 𝘊𝘳𝘶𝘻, 1961): 𝘚𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘰𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘤𝘪𝘯𝘦𝘮𝘢𝘵𝘰𝘨𝘳𝘢𝘧𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘳𝘢𝘮𝘢𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘦 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰́𝘳𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘨𝘦́𝘯𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘦𝘱𝘭𝘶𝘮 (𝘤𝘪𝘯𝘦 𝘥𝘦 𝘳𝘰𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴) 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘓𝘪𝘰𝘯𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘋𝘦 𝘍𝘦𝘭𝘪𝘤𝘦.
▪️𝘓𝘢 𝘵𝘳𝘢𝘮𝘢 𝘴𝘦 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘴𝘰 𝘢𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘭, 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘱𝘪𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘤𝘪𝘦𝘨𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘤𝘶𝘯̃𝘢𝘥𝘰 𝘺 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰́𝘳𝘪𝘤𝘢 𝘣𝘢𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭.
▪️𝘌𝘭 𝘢𝘳𝘨𝘶𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰: 𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 (𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘱𝘳𝘦𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘊𝘰𝘳𝘯𝘦𝘭 𝘞𝘪𝘭𝘥𝘦) 𝘦𝘴 𝘷𝘪́𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘮𝘢𝘯𝘪𝘰𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘭𝘪́𝘵𝘪𝘤𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘫𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰 (𝘔𝘢𝘴𝘴𝘪𝘮𝘰 𝘚𝘦𝘳𝘢𝘵𝘰) 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭𝘪𝘮𝘪𝘯𝘢𝘳𝘭𝘰.
▪️𝘓𝘢 𝘱𝘦𝘭𝘪́𝘤𝘶𝘭𝘢 𝘢𝘣𝘢𝘳𝘤𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘪𝘭𝘢𝘨𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘪𝘰́𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘻 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘴𝘤𝘳𝘪𝘱𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘤𝘦𝘭𝘦𝘴𝘵𝘪𝘢𝘭 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘪𝘴𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘤𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘭𝘦𝘨𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘺 𝘭𝘢 𝘵𝘳𝘢𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘳𝘳𝘰𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘫𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘪𝘯𝘮𝘦𝘥𝘪𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘗𝘶𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘔𝘪𝘭𝘷𝘪𝘰.#roma #imperioromano #majencio #constantino #historia #arqueologia #antiguaroma #puentemilvio #historiareal #curiosidades #museonacionalromano #palatino #arqueología #ecosdelpasado
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Roma tenía una costumbre brutal con ciertos derrotados.
Intentaba borrarlos de la historia.
Sus nombres eran eliminados de inscripciones, sus estatuas destruidas y sus recuerdos manipulados.
Constantino terminó incluso apropiándose de edificios iniciados por Majencio, como la famosa basílica del Foro.Parecía que Majencio iba a desaparecer completamente bajo la propaganda del vencedor.
Pero casi 1700 años después ocurrió algo inesperado.
En 2005, arqueólogos dirigidos por Clementina Panella excavaban en las laderas del monte Palatino cuando encontraron una cavidad oculta a unos cuatro metros de profundidad.
Dentro había algo extraordinario.
No monedas.
No joyas comunes.
Sino las insignias imperiales completas de Majencio.
Era un descubrimiento casi imposible.
Los arqueólogos encontraron tres cetros imperiales, lanzas ceremoniales, jabalinas de gala, soportes de estandartes y varios símbolos de autoridad envueltos cuidadosamente en lino y seda.
Las telas habían protegido parcialmente las piezas durante siglos.
También aparecieron restos de cajas de madera de álamo donde habían sido escondidas.El objeto más impresionante era uno de los cetros: fabricado en oricalco —una aleación dorada parecida al oro— rematado con pétalos metálicos que sostenían una esfera de vidrio verde oscuro.
El globo simbolizaba el dominio sobre el mundo.Otros cetros llevaban esferas de calcedonia azulada y vidrio amarillo.
Lo increíble es que estas piezas estaban intactas.
No fragmentadas.
No saqueadas.
Completas.Y eso convirtió el hallazgo en algo único.
Hasta entonces esas insignias imperiales solo se conocían por relieves, monedas o esculturas antiguas.
Nadie había encontrado unas reales tan completas pertenecientes a un emperador romano.El descubrimiento abrió además un debate fascinante.
¿Por qué estaban escondidas?
Hay dos teorías principales.
La primera dice que Majencio ordenó ocultarlas antes de la batalla.
Sabía que Constantino avanzaba y quizá entendía que podía perder.
Enterrar las insignias imperiales habría sido una forma desesperada de impedir que el enemigo las usara para legitimarse inmediatamente como nuevo dueño de Roma.La segunda teoría resulta todavía más humana.
Tras la derrota y la exhibición de la cabeza de Majencio, algunos funcionarios o servidores fieles pudieron esconder los objetos apresuradamente para evitar que fueran profanados como trofeos.
Y la escena resulta muy fácil de imaginar.
Roma llena de rumores.
Noticias entrando a la ciudad.
Soldados huyendo.
Puertas cerrándose.
Gente hablando en voz baja.
Y alguien envolviendo cuidadosamente los símbolos de un emperador derrotado mientras fuera el mundo cambiaba para siempre.
Porque eso es lo que realmente ocurrió tras el Puente Milvio.
No solo cayó un hombre.
Cambió el rumbo de Occidente.
Poco después Constantino promulgó el Edicto de Milán, legalizando el cristianismo.
Con el tiempo fundaría Constantinopla y transformaría completamente la estructura política y religiosa del Imperio.Majencio quedó reducido al papel de villano en la historia oficial.
Pero la tierra terminó guardando algo que la propaganda no pudo destruir: las últimas huellas físicas de un emperador que intentó devolverle a Roma su antiguo protagonismo… y perdió.
Hoy esas insignias se conservan en el Museo Nacional Romano, en el Palazzo Massimo alle Terme, como un eco silencioso de aquella guerra civil.
Y quizá eso sea lo más fascinante de toda esta historia.
Que incluso cuando los vencedores intentan borrar a alguien para siempre, a veces el suelo decide recordar.
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▪️𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘦𝘭 𝘎𝘳𝘢𝘯𝘥𝘦 (𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪𝘦́𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘪𝘥𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘺 𝘭𝘢 𝘊𝘳𝘶𝘻, 1961): 𝘚𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘰𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘤𝘪𝘯𝘦𝘮𝘢𝘵𝘰𝘨𝘳𝘢𝘧𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘳𝘢𝘮𝘢𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘦 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰́𝘳𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘨𝘦́𝘯𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘦𝘱𝘭𝘶𝘮 (𝘤𝘪𝘯𝘦 𝘥𝘦 𝘳𝘰𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴) 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘓𝘪𝘰𝘯𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘋𝘦 𝘍𝘦𝘭𝘪𝘤𝘦.
▪️𝘓𝘢 𝘵𝘳𝘢𝘮𝘢 𝘴𝘦 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘴𝘰 𝘢𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘭, 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘱𝘪𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘤𝘪𝘦𝘨𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘤𝘶𝘯̃𝘢𝘥𝘰 𝘺 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰́𝘳𝘪𝘤𝘢 𝘣𝘢𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭.
▪️𝘌𝘭 𝘢𝘳𝘨𝘶𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰: 𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 (𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘱𝘳𝘦𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘊𝘰𝘳𝘯𝘦𝘭 𝘞𝘪𝘭𝘥𝘦) 𝘦𝘴 𝘷𝘪́𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘮𝘢𝘯𝘪𝘰𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘭𝘪́𝘵𝘪𝘤𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘫𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰 (𝘔𝘢𝘴𝘴𝘪𝘮𝘰 𝘚𝘦𝘳𝘢𝘵𝘰) 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭𝘪𝘮𝘪𝘯𝘢𝘳𝘭𝘰.
▪️𝘓𝘢 𝘱𝘦𝘭𝘪́𝘤𝘶𝘭𝘢 𝘢𝘣𝘢𝘳𝘤𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘪𝘭𝘢𝘨𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘪𝘰́𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘻 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘴𝘤𝘳𝘪𝘱𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘤𝘦𝘭𝘦𝘴𝘵𝘪𝘢𝘭 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘪𝘴𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘤𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘭𝘦𝘨𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘺 𝘭𝘢 𝘵𝘳𝘢𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘳𝘳𝘰𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘫𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘪𝘯𝘮𝘦𝘥𝘪𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘗𝘶𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘔𝘪𝘭𝘷𝘪𝘰.#roma #imperioromano #majencio #constantino #historia #arqueologia #antiguaroma #puentemilvio #historiareal #curiosidades #museonacionalromano #palatino #arqueología #ecosdelpasado
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🌿 ¿Y si los mayas no desaparecieron… sino que dejamos de mirarlos donde estaban?
💁🏻♀️ Post completo en IG:
https://www.instagram.com/p/DYFZmxoil3f#Historia #Arqueología #Mayas #Civilizaciones #TemploDelPasado
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🚨EL HALLAZGO QUE DEJÓ PERPLEJO AL MUNDO CIENTÍFICO.
En la selva de Costa Rica yacen más de 500 esferas de piedra casi perfectas. Algunas alcanzan los 2.6 metros de diámetro. Son lisas, simétricas… inquietantemente precisas. No parecen talladas: parecen calculadas.
Se atribuyen a la cultura Diquís, alrededor del año 600 d.C.
Un periodo donde, en teoría, no existían herramientas capaces de lograr ese nivel de exactitud.Y ahí empieza el problema.
No se pueden fechar por carbono.
Moverlas destruye su contexto.
Y muchas ya fueron desplazadas, saqueadas o reubicadas, borrando pistas que quizá nunca volverán.Aparecen agrupadas en sitios específicos, alineadas en algunos casos, dispersas en otros. El patrón no es claro. La intención tampoco.
¿Por qué esferas?
¿Por qué tantas?
¿Y por qué ahí?Algunos intentan explicarlo como símbolos de poder, marcadores territoriales o estructuras ceremoniales. Otros ven algo más difícil de encajar: una obsesión por la perfección geométrica en un mundo que apenas comenzaba a dominar la piedra.
Cuanto más se estudian, menos encajan en lo esperado.
Perfectas. Silenciosas. Inexplicables.
Y todavía están ahí.
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🚨EL HALLAZGO QUE DEJÓ PERPLEJO AL MUNDO CIENTÍFICO.
En la selva de Costa Rica yacen más de 500 esferas de piedra casi perfectas. Algunas alcanzan los 2.6 metros de diámetro. Son lisas, simétricas… inquietantemente precisas. No parecen talladas: parecen calculadas.
Se atribuyen a la cultura Diquís, alrededor del año 600 d.C.
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No se pueden fechar por carbono.
Moverlas destruye su contexto.
Y muchas ya fueron desplazadas, saqueadas o reubicadas, borrando pistas que quizá nunca volverán.Aparecen agrupadas en sitios específicos, alineadas en algunos casos, dispersas en otros. El patrón no es claro. La intención tampoco.
¿Por qué esferas?
¿Por qué tantas?
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Cuanto más se estudian, menos encajan en lo esperado.
Perfectas. Silenciosas. Inexplicables.
Y todavía están ahí.
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¿Por qué esferas?
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Un periodo donde, en teoría, no existían herramientas capaces de lograr ese nivel de exactitud.Y ahí empieza el problema.
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Cuanto más se estudian, menos encajan en lo esperado.
Perfectas. Silenciosas. Inexplicables.
Y todavía están ahí.
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En la selva de Costa Rica yacen más de 500 esferas de piedra casi perfectas. Algunas alcanzan los 2.6 metros de diámetro. Son lisas, simétricas… inquietantemente precisas. No parecen talladas: parecen calculadas.
Se atribuyen a la cultura Diquís, alrededor del año 600 d.C.
Un periodo donde, en teoría, no existían herramientas capaces de lograr ese nivel de exactitud.Y ahí empieza el problema.
No se pueden fechar por carbono.
Moverlas destruye su contexto.
Y muchas ya fueron desplazadas, saqueadas o reubicadas, borrando pistas que quizá nunca volverán.Aparecen agrupadas en sitios específicos, alineadas en algunos casos, dispersas en otros. El patrón no es claro. La intención tampoco.
¿Por qué esferas?
¿Por qué tantas?
¿Y por qué ahí?Algunos intentan explicarlo como símbolos de poder, marcadores territoriales o estructuras ceremoniales. Otros ven algo más difícil de encajar: una obsesión por la perfección geométrica en un mundo que apenas comenzaba a dominar la piedra.
Cuanto más se estudian, menos encajan en lo esperado.
Perfectas. Silenciosas. Inexplicables.
Y todavía están ahí.
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Caminho de Peabiru mobiliza debate indígena após falsos documentos e pressão turística
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:stargif: 𝑬𝒍 𝑪𝒐𝒍𝒊𝒔𝒆𝒐 𝒓𝒐𝒎𝒂𝒏𝒐: 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒆 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒂𝒅 𝒑𝒂𝒔𝒂𝒃𝒂 𝒅𝒆𝒏𝒕𝒓𝒐 :stargif:
Cuando uno piensa en la antigua Roma, casi siempre aparece la misma imagen: el enorme anfiteatro de piedra que hoy conocemos como Coliseo de Roma.
Se empezó a construir alrededor del año 72 d.C. por orden del emperador Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia.
Su hijo, Tito, lo inauguró en el año 80 d.C., y el tercero de la familia, Domiciano, terminó algunas ampliaciones poco después.Curiosamente, el Coliseo se levantó en un lugar que antes era un lago artificial del palacio de Nerón.
Tras la muerte de Nerón, los nuevos emperadores quisieron devolver ese espacio al pueblo.
Donde antes había un jardín privado imperial, levantaron un anfiteatro gigantesco para espectáculos públicos.El nombre “Coliseo” en realidad no es el original.
Los romanos lo llamaban Anfiteatro Flavio.
El nombre actual parece venir de una colosal estatua de Nerón que había cerca, el Coloso de Nerón.El edificio era una auténtica obra de ingeniería: podía albergar entre 50.000 y 65.000 espectadores, tenía más de 80 entradas y un sistema de pasillos y escaleras que permitía vaciarlo en pocos minutos.
Algo muy parecido a los estadios modernos.Además, los asientos estaban organizados según la clase social.
Los senadores abajo, cerca de la arena.
Los ciudadanos comunes en las gradas intermedias.
Y las mujeres y los pobres en las zonas más altas.Pero lo que realmente atraía a la gente eran los espectáculos.
Los más famosos eran los combates de gladiadores.
Eran luchadores entrenados que peleaban con distintos estilos y armas.
Algunos usaban redes y tridentes, otros espadas cortas, escudos grandes o cascos muy pesados.
No todos eran esclavos: algunos hombres libres se ofrecían voluntarios porque la fama y el dinero podían ser enormes.También se organizaban cacerías de animales, llamadas venationes.
Traían fieras de todo el imperio: leones, leopardos, osos, rinocerontes o elefantes.
A veces los cazadores profesionales luchaban contra ellos; otras veces simplemente se mostraban como espectáculo exótico para el público romano.Y sí, también hubo ejecuciones públicas, normalmente al mediodía.
A criminales condenados se les obligaba a enfrentarse a animales o a recrear escenas mitológicas que terminaban de forma bastante brutal.Hay muchas ideas populares sobre el Coliseo que en realidad no son correctas.
Una de ellas es que allí se hacían carreras de cuadrigas.
Eso no ocurrió.
Las carreras de carros se celebraban en otro lugar gigantesco de Roma: el Circo Máximo.
Ese recinto era mucho más largo y estaba diseñado precisamente para ese tipo de competición.Otra idea muy extendida es que el Coliseo se llenaba de agua para hacer batallas navales con tiburones, como aparece en algunas películas modernas.
En realidad, las naumaquias (combates navales) sí existieron en Roma, pero normalmente se hacían en estanques artificiales o en recintos preparados para ello.Algunos historiadores creen que durante los primeros años del anfiteatro, antes de construirse los complejos pasillos subterráneos, pudo haberse llenado de agua en alguna ocasión puntual.
Pero desde que el emperador Domiciano mandó construir el hipogeo —la red de túneles bajo la arena— eso ya no era posible.Y desde luego no hay ninguna evidencia histórica de tiburones nadando por allí.
Bajo la arena había un auténtico laberinto de pasillos, jaulas y plataformas con poleas.
Desde allí subían animales, decorados o gladiadores directamente al centro del espectáculo.
Era como un enorme escenario teatral con trampillas.Los juegos podían durar días.
Cuando el Coliseo se inauguró, el emperador Tito organizó fiestas que duraron cien días seguidos.
Las crónicas dicen que murieron miles de animales durante aquellos espectáculos.Con el paso de los siglos, el anfiteatro siguió utilizándose, aunque cada vez menos.
En el siglo V los combates de gladiadores desaparecieron y el edificio empezó a deteriorarse por terremotos y saqueos de piedra.Durante la Edad Media incluso se usó como fortaleza, cantera y barrio improvisado.
Muchas piedras de palacios e iglesias de Roma salieron literalmente de sus muros.Y aun así, casi dos mil años después, sigue en pie.
Quizá porque, más que un simple edificio, el Coliseo fue el lugar donde Roma mostraba su poder, su espectáculo… y también su lado más brutal.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #romaantigua #coliseo #historiadelmundo #curiosidadeshistoricas #imperioromano #arqueologia #historiareal #antiguaroma #ecosdelpasado
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:stargif: 𝑬𝒍 𝑪𝒐𝒍𝒊𝒔𝒆𝒐 𝒓𝒐𝒎𝒂𝒏𝒐: 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒆 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒂𝒅 𝒑𝒂𝒔𝒂𝒃𝒂 𝒅𝒆𝒏𝒕𝒓𝒐 :stargif:
Cuando uno piensa en la antigua Roma, casi siempre aparece la misma imagen: el enorme anfiteatro de piedra que hoy conocemos como Coliseo de Roma.
Se empezó a construir alrededor del año 72 d.C. por orden del emperador Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia.
Su hijo, Tito, lo inauguró en el año 80 d.C., y el tercero de la familia, Domiciano, terminó algunas ampliaciones poco después.Curiosamente, el Coliseo se levantó en un lugar que antes era un lago artificial del palacio de Nerón.
Tras la muerte de Nerón, los nuevos emperadores quisieron devolver ese espacio al pueblo.
Donde antes había un jardín privado imperial, levantaron un anfiteatro gigantesco para espectáculos públicos.El nombre “Coliseo” en realidad no es el original.
Los romanos lo llamaban Anfiteatro Flavio.
El nombre actual parece venir de una colosal estatua de Nerón que había cerca, el Coloso de Nerón.El edificio era una auténtica obra de ingeniería: podía albergar entre 50.000 y 65.000 espectadores, tenía más de 80 entradas y un sistema de pasillos y escaleras que permitía vaciarlo en pocos minutos.
Algo muy parecido a los estadios modernos.Además, los asientos estaban organizados según la clase social.
Los senadores abajo, cerca de la arena.
Los ciudadanos comunes en las gradas intermedias.
Y las mujeres y los pobres en las zonas más altas.Pero lo que realmente atraía a la gente eran los espectáculos.
Los más famosos eran los combates de gladiadores.
Eran luchadores entrenados que peleaban con distintos estilos y armas.
Algunos usaban redes y tridentes, otros espadas cortas, escudos grandes o cascos muy pesados.
No todos eran esclavos: algunos hombres libres se ofrecían voluntarios porque la fama y el dinero podían ser enormes.También se organizaban cacerías de animales, llamadas venationes.
Traían fieras de todo el imperio: leones, leopardos, osos, rinocerontes o elefantes.
A veces los cazadores profesionales luchaban contra ellos; otras veces simplemente se mostraban como espectáculo exótico para el público romano.Y sí, también hubo ejecuciones públicas, normalmente al mediodía.
A criminales condenados se les obligaba a enfrentarse a animales o a recrear escenas mitológicas que terminaban de forma bastante brutal.Hay muchas ideas populares sobre el Coliseo que en realidad no son correctas.
Una de ellas es que allí se hacían carreras de cuadrigas.
Eso no ocurrió.
Las carreras de carros se celebraban en otro lugar gigantesco de Roma: el Circo Máximo.
Ese recinto era mucho más largo y estaba diseñado precisamente para ese tipo de competición.Otra idea muy extendida es que el Coliseo se llenaba de agua para hacer batallas navales con tiburones, como aparece en algunas películas modernas.
En realidad, las naumaquias (combates navales) sí existieron en Roma, pero normalmente se hacían en estanques artificiales o en recintos preparados para ello.Algunos historiadores creen que durante los primeros años del anfiteatro, antes de construirse los complejos pasillos subterráneos, pudo haberse llenado de agua en alguna ocasión puntual.
Pero desde que el emperador Domiciano mandó construir el hipogeo —la red de túneles bajo la arena— eso ya no era posible.Y desde luego no hay ninguna evidencia histórica de tiburones nadando por allí.
Bajo la arena había un auténtico laberinto de pasillos, jaulas y plataformas con poleas.
Desde allí subían animales, decorados o gladiadores directamente al centro del espectáculo.
Era como un enorme escenario teatral con trampillas.Los juegos podían durar días.
Cuando el Coliseo se inauguró, el emperador Tito organizó fiestas que duraron cien días seguidos.
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🗺❓¿Te imaginas descubrir una ciudad maya perdida desde tu ordenador?
✨💻 Eso fue exactamente lo que hizo un adolescente, guiado por las estrellas y Google Earth...
🔗 https://www.instagram.com/reel/DPoWdKUjCqC/
#Arqueología #Mayas #Historia #Descubrimientos #Tecnología #Misterios #Civilizaciones
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☀️🏺🌿 Veraneando bajo el sol de la Antigüedad.
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#Historia #Verano #Civilizaciones #Cultura #Curiosidades #Arqueología #Vacaciones
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🏺 En Nîmes, descubren tumbas romanas con vidrios finos y cerámicas. Hallazgos que revelan prácticas funerarias y lujo romano. 📜 #HistoriaRomana #Arqueología
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#HistoriaRomana #Anfiteatros #Cultura #ArquitecturaAntigua #ImperioRomano #arqueología
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