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  1. 🧿 𝑳𝒂 𝒊𝒏𝒇𝒂𝒏𝒕𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒂𝒏𝒅𝒂𝒍𝒊𝒛𝒐́ 𝒂 𝒍𝒐𝒔 𝑩𝒐𝒓𝒃𝒐𝒏𝒆𝒔 🧿

    Cuando se habla de las mujeres más rebeldes de la monarquía española, casi siempre aparecen nombres del siglo XX.
    Sin embargo, décadas antes ya existía una auténtica revolucionaria dentro de la Casa Real: Eulalia de Borbón.

    La llamaban "la infanta republicana", "la oveja negra de los Borbones" y, para desesperación de buena parte de su familia, parecía disfrutar provocando escándalos allí donde iba.
    Defendió el divorcio cuando era casi impensable, habló de feminismo cuando la palabra apenas se utilizaba y llevó una vida sentimental que habría llenado páginas enteras de la prensa rosa actual.

    Y todo ello siendo hija de una reina.

    Eulalia nació en el Palacio Real de Madrid el 12 de febrero de 1864.
    Era la hija menor de Isabel II y de Francisco de Asís de Borbón.

    Desde el principio estuvo rodeada de rumores.
    La vida matrimonial de Isabel II era un auténtico desastre y durante décadas circularon comentarios sobre la posible paternidad biológica de varios de sus hijos.
    En el caso de Eulalia, el nombre que más apareció fue el de Miguel Tenorio de Castilla, secretario personal y hombre de absoluta confianza de la reina.

    Nunca se pudo demostrar nada.
    Pero el rumor fue tan persistente que sobrevivió durante toda la vida de la infanta.

    Cuando Eulalia tenía apenas cuatro años, estalló la Revolución Gloriosa.
    Isabel II perdió el trono y la familia tuvo que marcharse precipitadamente al exilio.

    Aquello marcó profundamente a la niña.

    Mientras la reina se instalaba en París, el matrimonio real prácticamente se rompió.
    Francisco de Asís decidió vivir separado y Eulalia creció en un ambiente muy distinto al de una corte tradicional.

    Estudió en el colegio del Sagrado Corazón de París junto a sus hermanas.
    Aprendió idiomas, viajó y conoció un ambiente intelectual mucho más abierto que el que existía en España.
    Esa educación acabaría influyendo enormemente en su carácter.

    A diferencia de muchas princesas de su época, Eulalia no parecía especialmente interesada en obedecer.

    En 1886 se casó con su primo, Antonio de Orleans y Borbón, hijo de los duques de Montpensier.

    Sobre el papel era una unión perfecta.

    En la práctica fue un desastre.

    Antonio tenía fama de mujeriego, derrochador y poco responsable.
    Eulalia pronto descubrió que aquel matrimonio estaba muy lejos de ser el cuento de hadas que la sociedad esperaba.

    Tuvieron tres hijos.

    El primero fue Alfonso de Orleans y Borbón, que se convertiría en uno de los pioneros de la aviación española.

    Después nació Luis Fernando de Orleans y Borbón, probablemente el miembro más escandaloso de toda la familia.

    La tercera fue Roberta, que murió el mismo día de su nacimiento en 1890.

    Aquella pérdida afectó profundamente a Eulalia.

    Uno de los episodios más fascinantes de su vida ocurrió en 1892.

    Estados Unidos celebraba el cuarto centenario del viaje de Colón con la gran Exposición Universal de Chicago.
    El presidente Grover Cleveland invitó a representantes de la Corona española.

    La elegida fue Eulalia.

    Lo extraordinario es que antes del viaje decidió entrevistarse con independentistas cubanos exiliados en Madrid para comprender mejor la situación colonial.

    Aquello dejó horrorizado al gobierno español.

    Una infanta escuchando a los opositores del sistema era algo difícil de digerir para muchos políticos de la época.

    Pero ese era precisamente el problema con Eulalia: siempre hacía lo que le parecía correcto, no lo que se esperaba de ella.

    A finales del siglo XIX su matrimonio estaba prácticamente roto.

    En 1900 tomó una decisión explosiva.

    Se separó judicialmente de Antonio.

    Hoy puede parecer algo normal, pero en la España de entonces fue un terremoto social.
    Una infanta de España rompiendo oficialmente con su marido era un escándalo monumental.

    Fue uno de los primeros casos de separación pública dentro de la familia Borbón.

    Y lejos de esconderse, comenzó a vivir con una libertad inusual para una mujer de sangre real.

    Se instaló largas temporadas en París, viajó constantemente y empezó a rodearse de intelectuales, artistas y aristócratas europeos.

    Los rumores sentimentales se multiplicaron.

    Se la relacionó con varios hombres, entre ellos el aristócrata francés conocido como Jametel.
    También circularon historias sobre una posible relación con su propio suegro, el poderoso Antonio de Orleans.
    Nunca llegaron a demostrarse, pero alimentaron durante años las conversaciones de los salones europeos.

    Sin embargo, el mayor escándalo todavía estaba por llegar.

    En 1911 publicó el libro Au fil de la vie ("Al hilo de la vida").

    Para la sociedad actual puede parecer moderado, pero en aquel momento era dinamita.

    Defendía la educación femenina, cuestionaba el matrimonio tradicional, hablaba de independencia económica para las mujeres y mostraba simpatía por ideas reformistas que chocaban frontalmente con la imagen oficial de la monarquía.

    Su sobrino, Alfonso XIII, montó en cólera.

    Consideró que aquellas opiniones dañaban el prestigio de la Corona.

    Como castigo le retiró parte de su asignación económica y la apartó durante años de la vida oficial española.

    Aquello consolidó definitivamente su apodo de "infanta republicana".

    Otra de las razones por las que llamaba tanto la atención era su comportamiento público.

    Mientras muchas damas aristocráticas seguían rígidas normas sociales, Eulalia fumaba en público, viajaba sola, expresaba opiniones políticas y bebía alcohol sin esconderse.

    Puede sonar trivial hoy, pero a finales del siglo XIX aquello era visto como una provocación.

    Además, poseía una lengua afilada.

    Entre las frases que se le atribuyen destaca una especialmente famosa:

    "Ninguna corona se ciñe lo suficiente como para no caerse."

    Vista la caída de numerosas monarquías europeas durante el siglo XX, la frase resultó casi profética.

    Su hijo Luis Fernando tampoco ayudó a mejorar la reputación familiar.

    Acumuló tantos escándalos relacionados con fiestas, deudas y comportamientos considerados impropios que Alfonso XIII terminó retirándole títulos y privilegios.

    La propia Eulalia pasó buena parte de su vida intentando controlar los problemas que generaba.

    Con los años se convirtió en una observadora privilegiada del derrumbe de la vieja Europa.

    Vio desaparecer imperios, caer tronos y cambiar radicalmente la sociedad en la que había nacido.

    Murió en Irún el 8 de marzo de 1958, con 94 años.
    Había sobrevivido a la monarquía de Isabel II, a la Restauración, a la dictadura de Primo de Rivera, a la Segunda República, a la Guerra Civil y a dos guerras mundiales.

    Sus restos descansan en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

    Paradójicamente, la mujer que más quebraderos de cabeza dio a los Borbones acabó convirtiéndose en una de las figuras más modernas y fascinantes de toda la familia real española.

    Mientras otros miembros de la realeza son recordados por coronas, títulos o ceremonias, Eulalia sigue siendo recordada por algo mucho más raro: atreverse a pensar por sí misma.

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    youtube.com/watch?v=aFe1PWTRDqI

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