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#edadmedia — Public Fediverse posts

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  1. 🧿 𝑳𝒐𝒔 𝒎𝒊𝒔𝒕𝒆𝒓𝒊𝒐𝒔𝒐𝒔 𝒂𝒃𝒓𝒂𝒉𝒂𝒎𝒊𝒕𝒂𝒔: 𝒎𝒂́𝒓𝒕𝒊𝒓𝒆𝒔, 𝒉𝒆𝒓𝒆𝒋𝒆𝒔 𝒚 𝒖𝒏𝒂 𝒇𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒆𝒔𝒂𝒇𝒊𝒐́ 𝒂 𝒊𝒎𝒑𝒆𝒓𝒊𝒐𝒔 🧿

    La palabra abrahamitas puede llevar a confusión porque, a lo largo de la historia, se ha utilizado para designar a grupos muy distintos entre sí.
    No compartían época, ni objetivos, ni siquiera las mismas creencias.
    Sin embargo, todos tenían algo en común: afirmaban seguir el ejemplo de Abraham como modelo de fe, aunque cada uno lo interpretó de una manera diferente.

    Entre ellos encontramos a unos monjes bizantinos convertidos en mártires durante la crisis iconoclasta, una pequeña secta deísta que desafió al Imperio de los Habsburgo en el siglo XVIII e incluso otros movimientos considerados heréticos en Oriente Próximo.
    Su historia mezcla religión, política, persecuciones y numerosas leyendas.

    𝑳𝒐𝒔 𝒎𝒐𝒏𝒋𝒆𝒔 𝒂𝒃𝒓𝒂𝒉𝒂𝒎𝒊𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝑪𝒐𝒏𝒔𝒕𝒂𝒏𝒕𝒊𝒏𝒐𝒑𝒍𝒂 (𝒔𝒊𝒈𝒍𝒐 𝑰𝑿)

    Los primeros abrahamitas conocidos fueron los monjes del monasterio de San Abraham, en Constantinopla.
    Su nombre procedía de San Abraham de Éfeso, obispo y escritor del siglo VI, fundador del monasterio que siglos después se convertiría en uno de los principales focos de resistencia contra la política religiosa del Imperio bizantino.

    Aquella comunidad nació como un lugar dedicado al estudio, la oración y la vida ascética.
    Sin embargo, durante el reinado del emperador Teófilo, la situación cambió radicalmente.

    En el año 829, Teófilo retomó con fuerza la iconoclastia, un movimiento que prohibía el culto y la veneración de las imágenes religiosas.
    Los iconos fueron destruidos, muchos monasterios fueron vigilados y numerosos religiosos tuvieron que elegir entre obedecer al emperador o mantener sus convicciones.

    Los monjes abrahamitas eligieron resistir.

    No solo ocultaron y protegieron los iconos de su monasterio, sino que se negaron públicamente a cumplir las órdenes imperiales.
    Para ellos, destruir las imágenes era atacar la propia fe.

    Según las fuentes eclesiásticas, soportaron amenazas, torturas y finalmente fueron ejecutados alrededor del año 835.
    Tanto la Iglesia católica como la ortodoxa los veneran como mártires y los recuerdan cada 8 de julio.

    ¿Mártires... o agitadores políticos?

    Aquí aparece una de las grandes polémicas.

    Las crónicas religiosas presentan a los monjes como héroes espirituales que prefirieron morir antes que renunciar a sus creencias.

    Sin embargo, algunas crónicas cercanas al poder imperial ofrecen una imagen muy distinta.
    En ellas aparecen como religiosos extremadamente radicales que alentaban la resistencia contra el emperador y utilizaban la defensa de los iconos como una forma de desafiar la autoridad del Estado.

    No existen pruebas de que organizaran una rebelión armada, pero sí parece claro que su oposición tuvo también una dimensión política.
    En el Imperio bizantino religión y gobierno estaban profundamente unidos, de modo que cuestionar las decisiones religiosas del emperador también suponía cuestionar su legitimidad.

    Por eso, para la corte fueron castigados como traidores; para la Iglesia, como santos.

    El monasterio de San Abraham no sobrevivió al paso de los siglos.
    Con la decadencia del Imperio bizantino y, sobre todo, tras la caída de Constantinopla en 1453, desapareció prácticamente cualquier rastro material del lugar.

    Su recuerdo permanece únicamente en antiguos santorales, textos litúrgicos y crónicas medievales.

    𝑳𝒐𝒔 𝒂𝒃𝒓𝒂𝒉𝒂𝒎𝒊𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝑩𝒐𝒉𝒆𝒎𝒊𝒂 (𝒔𝒊𝒈𝒍𝒐 𝑿𝑽𝑰𝑰𝑰)

    Casi mil años después apareció otro grupo completamente distinto.

    En torno a 1781, en diversas zonas rurales de Bohemia —actual República Checa— surgió una pequeña comunidad religiosa conocida también como los abrahamitas.

    No tenían ninguna relación con los monjes bizantinos.

    Su intención era recuperar lo que consideraban la religión más pura de todas: la fe de Abraham antes de la circuncisión y antes del nacimiento del judaísmo y del cristianismo organizados.

    Una religión sin iglesias

    Sus ideas resultaban sorprendentes para la época.

    Creían en un único Dios, pero rechazaban buena parte de la doctrina cristiana.

    Negaban:

    La Santísima Trinidad.
    El pecado original.
    Los sacramentos.
    El bautismo.
    La autoridad de la Iglesia.

    De toda la Biblia solo aceptaban plenamente los Diez Mandamientos y el Padre Nuestro, considerando que el resto había sido alterado por los hombres.

    Algunos autores también señalan que rechazaban la inmortalidad natural del alma y el concepto tradicional del infierno eterno, acercándose a posiciones deístas e incluso racionalistas.

    Como ocurre con muchos grupos minoritarios, resulta complicado separar los hechos de la propaganda.

    Las autoridades eclesiásticas les atribuyeron numerosos comportamientos escandalosos.

    Entre las acusaciones figuraban:

    reuniones clandestinas;
    desprecio absoluto por la autoridad religiosa;
    rechazo del matrimonio tradicional;
    supuestas prácticas de amor libre;
    poligamia;
    inmoralidad sexual.

    Sin embargo, los historiadores actuales consideran que no existen pruebas sólidas que demuestren estas acusaciones.
    La mayoría proceden de escritos elaborados por sus adversarios religiosos y políticos, algo muy habitual en la Europa del siglo XVIII.

    Lo que sí está bien documentado es que su rechazo del pecado original y de las penas eternas hizo que muchos vecinos los vieran como personas peligrosas para el orden moral establecido.

    El enfrentamiento con José II
    José II era hijo de la emperatriz María Teresa y gobernó convencido de que el Estado debía estar por encima de la Iglesia.
    Impulsó profundas reformas para modernizar sus dominios: limitó el poder del clero, cerró monasterios contemplativos que consideraba "inútiles", reformó la administración, suavizó la censura y promulgó el Edicto de Tolerancia de 1781.
    Paradójicamente, esa misma política de tolerancia no alcanzó a los abrahamitas, ya que su religión no encajaba dentro de ninguna de las confesiones aceptadas por el Estado.

    José II promulgó el famoso Edicto de Tolerancia en 1781, permitiendo cierta libertad religiosa a luteranos, calvinistas y ortodoxos.

    Los abrahamitas pensaron inicialmente que también quedarían protegidos.

    Se equivocaban.

    Como no pertenecían oficialmente a ninguna confesión reconocida, quedaron fuera del decreto.

    Las autoridades les ofrecieron registrarse como miembros de alguna religión aceptada por el Estado.

    Se negaron.

    Aquella decisión tuvo graves consecuencias.

    Muchas familias perdieron sus propiedades, numerosos hombres fueron incorporados por la fuerza a regimientos destinados a las fronteras del Imperio y otros miembros del grupo fueron dispersados y deportados hacia distintas zonas de Transilvania.

    En apenas unos años, la comunidad prácticamente desapareció.

    ¿Desaparecieron realmente?

    Oficialmente sí.

    Sin embargo, durante todo el siglo XIX circularon rumores sobre familias aisladas en zonas montañosas de Bohemia que seguían transmitiendo en secreto las antiguas creencias abrahamitas de generación en generación.

    Algunas enciclopedias religiosas del siglo XIX mencionan estas noticias, aunque nunca pudieron confirmarse de forma definitiva.

    Hoy la mayoría de historiadores considera que, si existieron esos supervivientes, debieron ser grupos muy pequeños que terminaron integrándose en otras comunidades religiosas.

    𝑳𝒐𝒔 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂𝒅𝒐𝒔 𝒂𝒃𝒓𝒂𝒉𝒂𝒎𝒊𝒕𝒂𝒔 𝒔𝒊𝒓𝒊𝒐𝒔

    Existe además un tercer grupo mucho menos conocido.

    Algunas fuentes medievales mencionan comunidades vinculadas a un personaje llamado Abraham o Ibrahim de Antioquía, a las que en ocasiones se denomina abrahamitas.

    La información es muy escasa y procede casi exclusivamente de autores cristianos que escribían contra las herejías.

    Según esos textos, negaban la divinidad de Jesús y fueron acusados de idolatría, doctrinas gnósticas y comportamientos inmorales.

    También aparecen relacionados con los Paulicianos, un movimiento religioso surgido en Armenia entre los siglos VII y IX que rechazaba numerosos elementos de la Iglesia oficial y que, en algunos momentos, llegó a enfrentarse militarmente al Imperio bizantino.

    No obstante, los historiadores modernos son muy prudentes con estas afirmaciones.
    La mayor parte de la información procede de sus enemigos, por lo que resulta difícil distinguir qué hay de realidad y qué pertenece a la propaganda religiosa de la época.

    Los abrahamitas nunca fueron un gran movimiento religioso, pero dejaron una huella mucho mayor de lo que cabría esperar por su reducido número.

    Los monjes de Constantinopla acabaron convertidos en símbolo de resistencia frente al poder imperial.

    Los de Bohemia representan uno de los ejemplos más curiosos de búsqueda de una religión basada únicamente en la figura de Abraham, al margen del judaísmo y del cristianismo tradicionales.

    Y los supuestos abrahamitas sirios siguen siendo uno de esos grupos envueltos en el misterio, conocidos casi exclusivamente por las acusaciones de quienes los combatieron.

    Como ocurre tantas veces en la historia, la verdad quedó enterrada entre documentos oficiales, propaganda, persecuciones y leyendas.

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    youtube.com/watch?v=VoC7gPBLjdM

    #historia #abrahamitas #bizancio #bohemia #religión #curiosidadeshistóricas #edadmedia #imperiobizantino #historiadesconocida #ecosdelpasado

  2. #RecomendaciónLiteraria

    La clavícula de Salomón, anónimo

    Si les llama la atención el mundo de la alta magia ceremonial y los viejos grimorios, hay un texto clásico que es vital analizar de forma objetiva para no caer en engaños. Les hablo de un manual que se popularizó mucho en Europa entre los siglos XIV y XVII. Lo interesante de este volumen es que, aunque se le atribuye falsamente al sabio rey bíblico, en realidad es un reflejo total del pensamiento teológico de la Edad Media y el Renacimiento. Al leerlo con ojos críticos, se nota de inmediato un fuerte filtro eclesiástico que reduce todo el fenómeno de la magia a un sistema rígido de oraciones, ayunos y conjuros basados en el miedo al castigo divino.

    El valor real de revisar esta obra hoy en día radica en comprender cómo la mentalidad clerical de la época transformó las antiguas prácticas de la naturaleza. Los autores de estos manuscritos tomaron a viejos dioses paganos y espíritus protectores de culturas previas y los metieron a la fuerza en una lista de demonios para adaptarlos al tablero religioso de la Iglesia. El grimorio no nos muestra el origen libre de la magia humana, sino un intento desesperado por controlar lo desconocido mediante rituales que parecen misas al revés. Vale mucho la pena echarle una lectura con un enfoque puramente histórico, pues funciona como un ejemplo perfecto de cómo las instituciones moldearon las creencias para infundir temor en la población.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #RecomendaciónLiteraria #Esoterismo #Historia #Literatura #EdadMedia #PensamientoCritico

  3. #datocurioso

    ¿Sabían que el símbolo de la arroba no se inventó para el correo electrónico y que hace siglos la gente iba al mercado a comprar literalmente una arroba de vino o de aceite?

    Es muy común pensar que este carácter nació junto con el internet y las computadoras en el siglo XX, pero la realidad es que tiene una larga trayectoria en el comercio marítimo medieval. La palabra proviene del árabe ar-rub, que se traduce como la cuarta parte de algo, y en España se consolidó como una unidad oficial para medir masa y líquidos. Cuando los mercaderes del siglo XVI hacían sus inventarios de mercancías, una arroba equivalía a unos 11.5 kilos o al volumen de una vasija clásica conocida como ánfora. Para no escribir la palabra completa miles de veces en los libros de contabilidad, los comerciantes y los monjes copistas medievales unieron las letras de la preposición latina ad mediante un trazo rápido y circular, dibujando así la silueta exacta que usamos hoy en día.

    El trazo sobrevivió al paso del tiempo de forma discreta en los documentos mercantiles anglosajones, donde pasó a significar a razón de o al precio de. Debido a esta utilidad contable, las primeras máquinas de escribir mecánicas de finales del siglo XIX decidieron incluir la tecla en sus dispositivos. El verdadero salto al entorno digital ocurrió en 1971, cuando el ingeniero estadounidense Ray Tomlinson buscaba un carácter poco común en los teclados para separar el nombre de usuario de la ubicación del servidor en el primer sistema de correo electrónico. Tomlinson rescató este viejo rastro de la contabilidad medieval simplemente porque estaba arrumbado en su máquina y no se confundía con ningún apellido o comando del sistema, transformando una antigua medida de peso agrícola en el icono de la conectividad global.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Arroba #Historia #Internet #Tecnología #Curiosidades #EdadMedia

  4. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  5. #datocurioso

    ¿Sabían que en los registros históricos de la Inglaterra medieval el nombre de Robin Hood no pertenecía a un héroe noble, sino que era un alias genérico que los jueces utilizaban para clasificar a cualquier ladrón común que anduviera prófugo?

    La leyenda popular nos ha vendido la imagen de un aristócrata despojado de sus tierras que regresa de las Cruzadas para refugiarse en el bosque de Sherwood, robando a las clases altas para repartir el botín entre las comunidades desfavorecidas. Sin embargo, las crónicas judiciales de los siglos XIII y XIV cuentan una realidad muy diferente en términos burocráticos. En el año 1225, un tribunal de Yorkshire ordenó la confiscación de los bienes de un fugitivo llamado Robert Hod, quien debía dinero a una institución religiosa y huyó de la justicia. Al poco tiempo, los escribas del gobierno local comenzaron a modificar la ortografía en sus archivos, convirtiendo el apelativo de este delincuente en una etiqueta legal estándar para marcar a los fugitivos.

    Para el año 1261, los registros financieros de diversas regiones británicas muestran que las autoridades llamaban automáticamente Robin Hood a cualquier asaltante de caminos, sin importar su verdadera identidad o su lugar de procedencia, funcionando de manera muy similar al uso moderno del nombre Juan Pérez en los reportes civiles. Además, los poemas escritos más antiguos, como el texto de Piers Plowman de 1377, describen a este personaje como un hombre rústico y sumamente violento que atacaba de preferencia a clérigos y oficiales del rey. La famosa narrativa del arquero idealista que luchaba contra el príncipe Juan y entregaba monedas de oro a los campesinos no existía en la época feudal, sino que fue una invención de los escritores románticos de la era victoriana, quienes transformaron los reportes de crímenes rurales en un mito de justicia social adaptable a los teatros de la época.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #RobinHood #Historia #Inglaterra #Folclore #EdadMedia #Mitos #Curiosidades

  6. 🧿 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒕𝒊𝒍𝒍𝒐 𝒎𝒂́𝒔 𝒂𝒏𝒕𝒊𝒈𝒖𝒐 𝒅𝒆 𝑬𝒔𝒑𝒂𝒏̃𝒂 🧿

    El Castillo de Burgalimar (cuyo nombre original en árabe es Bury al-Hamma, que significa "Castillo de los Baños") es una de las fortalezas medievales más importantes del mundo.

    Está situado sobre un cerro en la localidad de Baños de la Encina, al norte de la provincia de Jaén, España.

    Es oficialmente el castillo más antiguo de España y el segundo mejor conservado de toda Europa.

    Lo más sorprendente es que, más de mil años después de su construcción, sigue dominando el paisaje prácticamente desde el mismo lugar donde fue levantado por orden del califa Alhakén II en el año 968.
    Su función era proteger una de las rutas estratégicas que comunicaban el corazón de Al-Ándalus con las tierras del norte, una frontera siempre amenazada por incursiones y conflictos.

    A diferencia de muchos castillos medievales que fueron reconstruidos una y otra vez hasta perder su aspecto original, Burgalimar conserva gran parte de su estructura andalusí.
    Sus murallas de tapial y sus catorce torres siguen formando un conjunto defensivo excepcional, algo muy poco frecuente en Europa.
    Caminar hoy por su interior permite hacerse una idea bastante aproximada de cómo era una fortaleza musulmana hace más de un milenio.

    Su nombre tampoco es casual.
    La localidad de Baños de la Encina ya era conocida desde época romana por la existencia de manantiales y baños termales, de ahí que la fortaleza recibiera el nombre de "Castillo de los Baños".

    Durante siglos fue una pieza clave en la lucha por el control de la Península.
    Musulmanes y cristianos se disputaron la fortaleza en numerosas ocasiones.
    Finalmente, en 1225, fue conquistada por Fernando III el Santo.
    Tras la conquista se añadió la gran Torre del Homenaje cristiana, fácilmente reconocible porque rompe la uniformidad de las torres originales almohades.

    Una de las curiosidades más llamativas es que cuando Burgalimar fue construido aún faltaban varios siglos para que se levantaran muchos de los castillos más famosos de Europa que hoy atraen a miles de turistas.
    Mientras numerosas fortalezas medievales desaparecieron, fueron desmanteladas o quedaron reducidas a ruinas, Burgalimar logró sobrevivir prácticamente intacto.

    Y hay una razón muy curiosa para ello.
    Durante siglos, cuando dejó de tener importancia militar, los vecinos de la zona utilizaron parte de sus dependencias para guardar ganado, herramientas y productos agrícolas.
    Puede parecer un destino poco glorioso para una fortaleza milenaria, pero ese uso cotidiano ayudó a conservarla.
    Muchos castillos españoles fueron desmontados piedra a piedra para reutilizar sus materiales en nuevas construcciones; Burgalimar, en cambio, permaneció en pie porque seguía siendo útil para la población local.

    Como ocurre con casi todas las fortalezas antiguas, tampoco faltan las leyendas.
    Durante generaciones circularon historias sobre túneles secretos excavados bajo el cerro y tesoros escondidos por los musulmanes antes de abandonar la fortaleza.
    Numerosos vecinos buscaron esos supuestos tesoros a lo largo de los siglos, aunque nunca apareció ninguna fortuna oculta.

    Hoy, más de mil años después de su construcción, el Castillo de Burgalimar sigue vigilando Sierra Morena desde lo alto de la colina.
    Ha sobrevivido a califas, reyes, guerras, invasiones, abandonos y cambios de civilización.
    Y esa es precisamente su grandeza: no es solo uno de los castillos más antiguos de Europa, sino también uno de los pocos lugares donde todavía puede contemplarse casi intacta la huella de un pasado que parecía destinado a desaparecer.

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    #castillodeburgalimar #burgalimar #bañosdelaencina #jaen #andalucia #historia #historiadeespaña #castillos #castillosdeespaña #edadmedia #alandalus #patrimonio #curiosidadeshistoricas #arquitecturamilitar #fortalezas #santofernando #alhakenii #viajesconhistoria #ecosdelpasado

  7. 🧿 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒕𝒊𝒍𝒍𝒐 𝒎𝒂́𝒔 𝒂𝒏𝒕𝒊𝒈𝒖𝒐 𝒅𝒆 𝑬𝒔𝒑𝒂𝒏̃𝒂 🧿

    El Castillo de Burgalimar (cuyo nombre original en árabe es Bury al-Hamma, que significa "Castillo de los Baños") es una de las fortalezas medievales más importantes del mundo.

    Está situado sobre un cerro en la localidad de Baños de la Encina, al norte de la provincia de Jaén, España.

    Es oficialmente el castillo más antiguo de España y el segundo mejor conservado de toda Europa.

    Lo más sorprendente es que, más de mil años después de su construcción, sigue dominando el paisaje prácticamente desde el mismo lugar donde fue levantado por orden del califa Alhakén II en el año 968.
    Su función era proteger una de las rutas estratégicas que comunicaban el corazón de Al-Ándalus con las tierras del norte, una frontera siempre amenazada por incursiones y conflictos.

    A diferencia de muchos castillos medievales que fueron reconstruidos una y otra vez hasta perder su aspecto original, Burgalimar conserva gran parte de su estructura andalusí.
    Sus murallas de tapial y sus catorce torres siguen formando un conjunto defensivo excepcional, algo muy poco frecuente en Europa.
    Caminar hoy por su interior permite hacerse una idea bastante aproximada de cómo era una fortaleza musulmana hace más de un milenio.

    Su nombre tampoco es casual.
    La localidad de Baños de la Encina ya era conocida desde época romana por la existencia de manantiales y baños termales, de ahí que la fortaleza recibiera el nombre de "Castillo de los Baños".

    Durante siglos fue una pieza clave en la lucha por el control de la Península.
    Musulmanes y cristianos se disputaron la fortaleza en numerosas ocasiones.
    Finalmente, en 1225, fue conquistada por Fernando III el Santo.
    Tras la conquista se añadió la gran Torre del Homenaje cristiana, fácilmente reconocible porque rompe la uniformidad de las torres originales almohades.

    Una de las curiosidades más llamativas es que cuando Burgalimar fue construido aún faltaban varios siglos para que se levantaran muchos de los castillos más famosos de Europa que hoy atraen a miles de turistas.
    Mientras numerosas fortalezas medievales desaparecieron, fueron desmanteladas o quedaron reducidas a ruinas, Burgalimar logró sobrevivir prácticamente intacto.

    Y hay una razón muy curiosa para ello.
    Durante siglos, cuando dejó de tener importancia militar, los vecinos de la zona utilizaron parte de sus dependencias para guardar ganado, herramientas y productos agrícolas.
    Puede parecer un destino poco glorioso para una fortaleza milenaria, pero ese uso cotidiano ayudó a conservarla.
    Muchos castillos españoles fueron desmontados piedra a piedra para reutilizar sus materiales en nuevas construcciones; Burgalimar, en cambio, permaneció en pie porque seguía siendo útil para la población local.

    Como ocurre con casi todas las fortalezas antiguas, tampoco faltan las leyendas.
    Durante generaciones circularon historias sobre túneles secretos excavados bajo el cerro y tesoros escondidos por los musulmanes antes de abandonar la fortaleza.
    Numerosos vecinos buscaron esos supuestos tesoros a lo largo de los siglos, aunque nunca apareció ninguna fortuna oculta.

    Hoy, más de mil años después de su construcción, el Castillo de Burgalimar sigue vigilando Sierra Morena desde lo alto de la colina.
    Ha sobrevivido a califas, reyes, guerras, invasiones, abandonos y cambios de civilización.
    Y esa es precisamente su grandeza: no es solo uno de los castillos más antiguos de Europa, sino también uno de los pocos lugares donde todavía puede contemplarse casi intacta la huella de un pasado que parecía destinado a desaparecer.

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    #castillodeburgalimar #burgalimar #bañosdelaencina #jaen #andalucia #historia #historiadeespaña #castillos #castillosdeespaña #edadmedia #alandalus #patrimonio #curiosidadeshistoricas #arquitecturamilitar #fortalezas #santofernando #alhakenii #viajesconhistoria #ecosdelpasado

  8. 🧿 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒕𝒊𝒍𝒍𝒐 𝒎𝒂́𝒔 𝒂𝒏𝒕𝒊𝒈𝒖𝒐 𝒅𝒆 𝑬𝒔𝒑𝒂𝒏̃𝒂 🧿

    El Castillo de Burgalimar (cuyo nombre original en árabe es Bury al-Hamma, que significa "Castillo de los Baños") es una de las fortalezas medievales más importantes del mundo.

    Está situado sobre un cerro en la localidad de Baños de la Encina, al norte de la provincia de Jaén, España.

    Es oficialmente el castillo más antiguo de España y el segundo mejor conservado de toda Europa.

    Lo más sorprendente es que, más de mil años después de su construcción, sigue dominando el paisaje prácticamente desde el mismo lugar donde fue levantado por orden del califa Alhakén II en el año 968.
    Su función era proteger una de las rutas estratégicas que comunicaban el corazón de Al-Ándalus con las tierras del norte, una frontera siempre amenazada por incursiones y conflictos.

    A diferencia de muchos castillos medievales que fueron reconstruidos una y otra vez hasta perder su aspecto original, Burgalimar conserva gran parte de su estructura andalusí.
    Sus murallas de tapial y sus catorce torres siguen formando un conjunto defensivo excepcional, algo muy poco frecuente en Europa.
    Caminar hoy por su interior permite hacerse una idea bastante aproximada de cómo era una fortaleza musulmana hace más de un milenio.

    Su nombre tampoco es casual.
    La localidad de Baños de la Encina ya era conocida desde época romana por la existencia de manantiales y baños termales, de ahí que la fortaleza recibiera el nombre de "Castillo de los Baños".

    Durante siglos fue una pieza clave en la lucha por el control de la Península.
    Musulmanes y cristianos se disputaron la fortaleza en numerosas ocasiones.
    Finalmente, en 1225, fue conquistada por Fernando III el Santo.
    Tras la conquista se añadió la gran Torre del Homenaje cristiana, fácilmente reconocible porque rompe la uniformidad de las torres originales almohades.

    Una de las curiosidades más llamativas es que cuando Burgalimar fue construido aún faltaban varios siglos para que se levantaran muchos de los castillos más famosos de Europa que hoy atraen a miles de turistas.
    Mientras numerosas fortalezas medievales desaparecieron, fueron desmanteladas o quedaron reducidas a ruinas, Burgalimar logró sobrevivir prácticamente intacto.

    Y hay una razón muy curiosa para ello.
    Durante siglos, cuando dejó de tener importancia militar, los vecinos de la zona utilizaron parte de sus dependencias para guardar ganado, herramientas y productos agrícolas.
    Puede parecer un destino poco glorioso para una fortaleza milenaria, pero ese uso cotidiano ayudó a conservarla.
    Muchos castillos españoles fueron desmontados piedra a piedra para reutilizar sus materiales en nuevas construcciones; Burgalimar, en cambio, permaneció en pie porque seguía siendo útil para la población local.

    Como ocurre con casi todas las fortalezas antiguas, tampoco faltan las leyendas.
    Durante generaciones circularon historias sobre túneles secretos excavados bajo el cerro y tesoros escondidos por los musulmanes antes de abandonar la fortaleza.
    Numerosos vecinos buscaron esos supuestos tesoros a lo largo de los siglos, aunque nunca apareció ninguna fortuna oculta.

    Hoy, más de mil años después de su construcción, el Castillo de Burgalimar sigue vigilando Sierra Morena desde lo alto de la colina.
    Ha sobrevivido a califas, reyes, guerras, invasiones, abandonos y cambios de civilización.
    Y esa es precisamente su grandeza: no es solo uno de los castillos más antiguos de Europa, sino también uno de los pocos lugares donde todavía puede contemplarse casi intacta la huella de un pasado que parecía destinado a desaparecer.

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  9. El verdadero costo de las espadas en la Edad Media

    La cultura popular actual nos ha dejado la idea de que en la época medieval cualquier persona llevaba una espada al cinto como si fuera un accesorio cualquiera. La historia nos muestra un panorama económico completamente distinto, donde el precio de una hoja de acero dictaba de forma directa el lugar que ocupaba un hombre dentro de la escala social. Pagar por un arma blanca en los siglos medievales equivalía a realizar una inversión financiera importante, escalonada según la calidad del metal y la mano de obra del herrero.

    En la Inglaterra de los años 1340, un peón de infantería o un trabajador del campo ganaba en promedio 2 peniques por una jornada completa de trabajo. Una espada básica de miliciano, forjada con hierro simple y sin ningún tipo de adorno, costaba alrededor de 6 peniques. Esto significaba que un soldado común debía destinar el fruto de 3 días enteros de trabajo para adquirir su arma más elemental. En ese mismo mercado, herramientas de labranza como las hachas comunes se conseguían por apenas 2 o 3 peniques, lo que demuestra que incluso la espada más barata duplicaba el valor de los utensilios cotidianos.

    Para la caballería la situación económica cambiaba de forma drástica. La espada de un caballero promedio requería acero templado de mejor calidad, un equilibrio preciso y un pomo contrapesado, elevando su costo hasta los 3 o 4 chelines, lo que equivalía a entre 36 y 48 peniques. Para un artesano calificado de la época, comprar un arma de este calibre representaba gastar el dinero de más de una semana de trabajo continuo, transformando al objeto en una propiedad valiosa que se cuidaba con la vida.

    En la punta de la pirámide social se encontraban las piezas de la alta aristocracia y la realeza. Estas hojas utilizaban acero importado de centros metalúrgicos famosos como Toledo o Solingen, e incluían mangos envueltos en hilos de plata, pomos bañados en oro e incrustaciones de piedras preciosas. Una sola de estas espadas de lujo superaba con facilidad el valor de varias libras esterlinas, recordando que una libra equivalía a 240 peniques. Estas fortunas andantes igualaban el precio de tierras enteras, castillos pequeños o rebaños completos de cientos de cabezas de ganado, lo cual hace al arma no solo un instrumento bélico sino un símbolo de poder político y linaje familiar que se heredaba de generación en generación.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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    #Historia #EdadMedia #Economía #Arqueología #espada

  10. El verdadero costo de las espadas en la Edad Media

    La cultura popular actual nos ha dejado la idea de que en la época medieval cualquier persona llevaba una espada al cinto como si fuera un accesorio cualquiera. La historia nos muestra un panorama económico completamente distinto, donde el precio de una hoja de acero dictaba de forma directa el lugar que ocupaba un hombre dentro de la escala social. Pagar por un arma blanca en los siglos medievales equivalía a realizar una inversión financiera importante, escalonada según la calidad del metal y la mano de obra del herrero.

    En la Inglaterra de los años 1340, un peón de infantería o un trabajador del campo ganaba en promedio 2 peniques por una jornada completa de trabajo. Una espada básica de miliciano, forjada con hierro simple y sin ningún tipo de adorno, costaba alrededor de 6 peniques. Esto significaba que un soldado común debía destinar el fruto de 3 días enteros de trabajo para adquirir su arma más elemental. En ese mismo mercado, herramientas de labranza como las hachas comunes se conseguían por apenas 2 o 3 peniques, lo que demuestra que incluso la espada más barata duplicaba el valor de los utensilios cotidianos.

    Para la caballería la situación económica cambiaba de forma drástica. La espada de un caballero promedio requería acero templado de mejor calidad, un equilibrio preciso y un pomo contrapesado, elevando su costo hasta los 3 o 4 chelines, lo que equivalía a entre 36 y 48 peniques. Para un artesano calificado de la época, comprar un arma de este calibre representaba gastar el dinero de más de una semana de trabajo continuo, transformando al objeto en una propiedad valiosa que se cuidaba con la vida.

    En la punta de la pirámide social se encontraban las piezas de la alta aristocracia y la realeza. Estas hojas utilizaban acero importado de centros metalúrgicos famosos como Toledo o Solingen, e incluían mangos envueltos en hilos de plata, pomos bañados en oro e incrustaciones de piedras preciosas. Una sola de estas espadas de lujo superaba con facilidad el valor de varias libras esterlinas, recordando que una libra equivalía a 240 peniques. Estas fortunas andantes igualaban el precio de tierras enteras, castillos pequeños o rebaños completos de cientos de cabezas de ganado, lo cual hace al arma no solo un instrumento bélico sino un símbolo de poder político y linaje familiar que se heredaba de generación en generación.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #EdadMedia #Economía #Arqueología #espada

  11. El verdadero costo de las espadas en la Edad Media

    La cultura popular actual nos ha dejado la idea de que en la época medieval cualquier persona llevaba una espada al cinto como si fuera un accesorio cualquiera. La historia nos muestra un panorama económico completamente distinto, donde el precio de una hoja de acero dictaba de forma directa el lugar que ocupaba un hombre dentro de la escala social. Pagar por un arma blanca en los siglos medievales equivalía a realizar una inversión financiera importante, escalonada según la calidad del metal y la mano de obra del herrero.

    En la Inglaterra de los años 1340, un peón de infantería o un trabajador del campo ganaba en promedio 2 peniques por una jornada completa de trabajo. Una espada básica de miliciano, forjada con hierro simple y sin ningún tipo de adorno, costaba alrededor de 6 peniques. Esto significaba que un soldado común debía destinar el fruto de 3 días enteros de trabajo para adquirir su arma más elemental. En ese mismo mercado, herramientas de labranza como las hachas comunes se conseguían por apenas 2 o 3 peniques, lo que demuestra que incluso la espada más barata duplicaba el valor de los utensilios cotidianos.

    Para la caballería la situación económica cambiaba de forma drástica. La espada de un caballero promedio requería acero templado de mejor calidad, un equilibrio preciso y un pomo contrapesado, elevando su costo hasta los 3 o 4 chelines, lo que equivalía a entre 36 y 48 peniques. Para un artesano calificado de la época, comprar un arma de este calibre representaba gastar el dinero de más de una semana de trabajo continuo, transformando al objeto en una propiedad valiosa que se cuidaba con la vida.

    En la punta de la pirámide social se encontraban las piezas de la alta aristocracia y la realeza. Estas hojas utilizaban acero importado de centros metalúrgicos famosos como Toledo o Solingen, e incluían mangos envueltos en hilos de plata, pomos bañados en oro e incrustaciones de piedras preciosas. Una sola de estas espadas de lujo superaba con facilidad el valor de varias libras esterlinas, recordando que una libra equivalía a 240 peniques. Estas fortunas andantes igualaban el precio de tierras enteras, castillos pequeños o rebaños completos de cientos de cabezas de ganado, lo cual hace al arma no solo un instrumento bélico sino un símbolo de poder político y linaje familiar que se heredaba de generación en generación.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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    #Historia #EdadMedia #Economía #Arqueología #espada

  12. El verdadero costo de las espadas en la Edad Media

    La cultura popular actual nos ha dejado la idea de que en la época medieval cualquier persona llevaba una espada al cinto como si fuera un accesorio cualquiera. La historia nos muestra un panorama económico completamente distinto, donde el precio de una hoja de acero dictaba de forma directa el lugar que ocupaba un hombre dentro de la escala social. Pagar por un arma blanca en los siglos medievales equivalía a realizar una inversión financiera importante, escalonada según la calidad del metal y la mano de obra del herrero.

    En la Inglaterra de los años 1340, un peón de infantería o un trabajador del campo ganaba en promedio 2 peniques por una jornada completa de trabajo. Una espada básica de miliciano, forjada con hierro simple y sin ningún tipo de adorno, costaba alrededor de 6 peniques. Esto significaba que un soldado común debía destinar el fruto de 3 días enteros de trabajo para adquirir su arma más elemental. En ese mismo mercado, herramientas de labranza como las hachas comunes se conseguían por apenas 2 o 3 peniques, lo que demuestra que incluso la espada más barata duplicaba el valor de los utensilios cotidianos.

    Para la caballería la situación económica cambiaba de forma drástica. La espada de un caballero promedio requería acero templado de mejor calidad, un equilibrio preciso y un pomo contrapesado, elevando su costo hasta los 3 o 4 chelines, lo que equivalía a entre 36 y 48 peniques. Para un artesano calificado de la época, comprar un arma de este calibre representaba gastar el dinero de más de una semana de trabajo continuo, transformando al objeto en una propiedad valiosa que se cuidaba con la vida.

    En la punta de la pirámide social se encontraban las piezas de la alta aristocracia y la realeza. Estas hojas utilizaban acero importado de centros metalúrgicos famosos como Toledo o Solingen, e incluían mangos envueltos en hilos de plata, pomos bañados en oro e incrustaciones de piedras preciosas. Una sola de estas espadas de lujo superaba con facilidad el valor de varias libras esterlinas, recordando que una libra equivalía a 240 peniques. Estas fortunas andantes igualaban el precio de tierras enteras, castillos pequeños o rebaños completos de cientos de cabezas de ganado, lo cual hace al arma no solo un instrumento bélico sino un símbolo de poder político y linaje familiar que se heredaba de generación en generación.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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    #Historia #EdadMedia #Economía #Arqueología #espada

  13. El verdadero costo de las espadas en la Edad Media

    La cultura popular actual nos ha dejado la idea de que en la época medieval cualquier persona llevaba una espada al cinto como si fuera un accesorio cualquiera. La historia nos muestra un panorama económico completamente distinto, donde el precio de una hoja de acero dictaba de forma directa el lugar que ocupaba un hombre dentro de la escala social. Pagar por un arma blanca en los siglos medievales equivalía a realizar una inversión financiera importante, escalonada según la calidad del metal y la mano de obra del herrero.

    En la Inglaterra de los años 1340, un peón de infantería o un trabajador del campo ganaba en promedio 2 peniques por una jornada completa de trabajo. Una espada básica de miliciano, forjada con hierro simple y sin ningún tipo de adorno, costaba alrededor de 6 peniques. Esto significaba que un soldado común debía destinar el fruto de 3 días enteros de trabajo para adquirir su arma más elemental. En ese mismo mercado, herramientas de labranza como las hachas comunes se conseguían por apenas 2 o 3 peniques, lo que demuestra que incluso la espada más barata duplicaba el valor de los utensilios cotidianos.

    Para la caballería la situación económica cambiaba de forma drástica. La espada de un caballero promedio requería acero templado de mejor calidad, un equilibrio preciso y un pomo contrapesado, elevando su costo hasta los 3 o 4 chelines, lo que equivalía a entre 36 y 48 peniques. Para un artesano calificado de la época, comprar un arma de este calibre representaba gastar el dinero de más de una semana de trabajo continuo, transformando al objeto en una propiedad valiosa que se cuidaba con la vida.

    En la punta de la pirámide social se encontraban las piezas de la alta aristocracia y la realeza. Estas hojas utilizaban acero importado de centros metalúrgicos famosos como Toledo o Solingen, e incluían mangos envueltos en hilos de plata, pomos bañados en oro e incrustaciones de piedras preciosas. Una sola de estas espadas de lujo superaba con facilidad el valor de varias libras esterlinas, recordando que una libra equivalía a 240 peniques. Estas fortunas andantes igualaban el precio de tierras enteras, castillos pequeños o rebaños completos de cientos de cabezas de ganado, lo cual hace al arma no solo un instrumento bélico sino un símbolo de poder político y linaje familiar que se heredaba de generación en generación.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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    #Historia #EdadMedia #Economía #Arqueología #espada

  14. SIGUE ⬇️

    𝐷𝑒 𝐾𝑎𝑡𝘩𝑒𝑟𝑖𝑛𝑒 𝑊𝑒𝑙𝑙𝑠 𝑛𝑜 𝑠𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑒𝑟𝑣𝑎𝑛 𝑟𝑒𝑡𝑟𝑎𝑡𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑛𝑖 𝑖𝑚𝑎́𝑔𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑚𝑝𝑜𝑟𝑎́𝑛𝑒𝑎𝑠 𝑎𝑢𝑡𝑒́𝑛𝑡𝑖𝑐𝑎𝑠.
    𝑌 𝑒𝑠𝑜 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑒𝑠 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑛𝑜𝑟𝑚𝑎𝑙 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑢𝑛 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑠𝑖𝑔𝑙𝑜 𝑋𝑉𝐼.
    𝐸𝑛 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑔𝑙𝑎𝑡𝑒𝑟𝑟𝑎 𝑇𝑢𝑑𝑜𝑟 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑖́𝑎𝑛 𝑟𝑒𝑡𝑟𝑎𝑡𝑎𝑟𝑠𝑒: 𝑟𝑒𝑦𝑒𝑠 𝑦 𝑛𝑜𝑏𝑙𝑒𝑠, 𝑎𝑙𝑡𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑟𝑔𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑔𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎, 𝑓𝑎𝑚𝑖𝑙𝑖𝑎𝑠 𝑚𝑢𝑦 𝑟𝑖𝑐𝑎𝑠, 𝑜 𝑓𝑖𝑔𝑢𝑟𝑎𝑠 𝑝𝑜𝑙𝑖́𝑡𝑖𝑐𝑎𝑠 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑟𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

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  15. SIGUE ⬇️

    Hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Suecia, protegido por cristal y condiciones de luz muy controladas.
    No por miedo a una maldición… sino porque el pergamino, después de tantos siglos, es extremadamente frágil.

    Y si te preguntas por la página del Diablo, tiene un detalle curioso: el pergamino está más oscuro que el resto.
    Durante años se pensó que era algo “extraño”.
    La explicación es más sencilla: es la página que todo el mundo abre primero.
    Siglos de luz, aire y manos han oxidado la piel.

    Al final, la pregunta no es si hubo un pacto.

    Es si un solo ser humano, aislado durante décadas, puede alcanzar un nivel de constancia, precisión y obsesión tan extremo que termine pareciendo algo sobrenatural.

    Y esa idea, siendo honesto, da más inquietud que cualquier demonio.

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    youtu.be/1FFy9SpmIKM

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