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Manchester United inicia la Champions con baile y cuatro goles
El Manchester United no tuvo problemas para derrotar al Sabah y lo goleó 4-0 en su debut en la Champions. Este jueves, en el cierre de la jornada, ambos equipos se enfrentaron en el mítico estadio de Old Trafford, donde el conjunto de los Red Devils celebró a placer. Matheus Cunha rompió el cero en […]
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https://www.europesays.com/es/758493/ Así son los Cotswolds, el refugio rural de Inglaterra al que Harry y Meghan podrían regresar para vivir #Celebrities #Entertainment #Entretenimiento #ES #España #Famosos #inglaterra #internacionales #ReinoUnido #Spain #viajes
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‘Oasis: Don’t Look Back in Anger’, flojo documental que disfraza de reconciliación una operación de marketing
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¿Sabían que en los registros históricos de la Inglaterra medieval el nombre de Robin Hood no pertenecía a un héroe noble, sino que era un alias genérico que los jueces utilizaban para clasificar a cualquier ladrón común que anduviera prófugo?
La leyenda popular nos ha vendido la imagen de un aristócrata despojado de sus tierras que regresa de las Cruzadas para refugiarse en el bosque de Sherwood, robando a las clases altas para repartir el botín entre las comunidades desfavorecidas. Sin embargo, las crónicas judiciales de los siglos XIII y XIV cuentan una realidad muy diferente en términos burocráticos. En el año 1225, un tribunal de Yorkshire ordenó la confiscación de los bienes de un fugitivo llamado Robert Hod, quien debía dinero a una institución religiosa y huyó de la justicia. Al poco tiempo, los escribas del gobierno local comenzaron a modificar la ortografía en sus archivos, convirtiendo el apelativo de este delincuente en una etiqueta legal estándar para marcar a los fugitivos.
Para el año 1261, los registros financieros de diversas regiones británicas muestran que las autoridades llamaban automáticamente Robin Hood a cualquier asaltante de caminos, sin importar su verdadera identidad o su lugar de procedencia, funcionando de manera muy similar al uso moderno del nombre Juan Pérez en los reportes civiles. Además, los poemas escritos más antiguos, como el texto de Piers Plowman de 1377, describen a este personaje como un hombre rústico y sumamente violento que atacaba de preferencia a clérigos y oficiales del rey. La famosa narrativa del arquero idealista que luchaba contra el príncipe Juan y entregaba monedas de oro a los campesinos no existía en la época feudal, sino que fue una invención de los escritores románticos de la era victoriana, quienes transformaron los reportes de crímenes rurales en un mito de justicia social adaptable a los teatros de la época.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#RobinHood #Historia #Inglaterra #Folclore #EdadMedia #Mitos #Curiosidades
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¿Sabían que en los registros históricos de la Inglaterra medieval el nombre de Robin Hood no pertenecía a un héroe noble, sino que era un alias genérico que los jueces utilizaban para clasificar a cualquier ladrón común que anduviera prófugo?
La leyenda popular nos ha vendido la imagen de un aristócrata despojado de sus tierras que regresa de las Cruzadas para refugiarse en el bosque de Sherwood, robando a las clases altas para repartir el botín entre las comunidades desfavorecidas. Sin embargo, las crónicas judiciales de los siglos XIII y XIV cuentan una realidad muy diferente en términos burocráticos. En el año 1225, un tribunal de Yorkshire ordenó la confiscación de los bienes de un fugitivo llamado Robert Hod, quien debía dinero a una institución religiosa y huyó de la justicia. Al poco tiempo, los escribas del gobierno local comenzaron a modificar la ortografía en sus archivos, convirtiendo el apelativo de este delincuente en una etiqueta legal estándar para marcar a los fugitivos.
Para el año 1261, los registros financieros de diversas regiones británicas muestran que las autoridades llamaban automáticamente Robin Hood a cualquier asaltante de caminos, sin importar su verdadera identidad o su lugar de procedencia, funcionando de manera muy similar al uso moderno del nombre Juan Pérez en los reportes civiles. Además, los poemas escritos más antiguos, como el texto de Piers Plowman de 1377, describen a este personaje como un hombre rústico y sumamente violento que atacaba de preferencia a clérigos y oficiales del rey. La famosa narrativa del arquero idealista que luchaba contra el príncipe Juan y entregaba monedas de oro a los campesinos no existía en la época feudal, sino que fue una invención de los escritores románticos de la era victoriana, quienes transformaron los reportes de crímenes rurales en un mito de justicia social adaptable a los teatros de la época.
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¿Sabían que en los registros históricos de la Inglaterra medieval el nombre de Robin Hood no pertenecía a un héroe noble, sino que era un alias genérico que los jueces utilizaban para clasificar a cualquier ladrón común que anduviera prófugo?
La leyenda popular nos ha vendido la imagen de un aristócrata despojado de sus tierras que regresa de las Cruzadas para refugiarse en el bosque de Sherwood, robando a las clases altas para repartir el botín entre las comunidades desfavorecidas. Sin embargo, las crónicas judiciales de los siglos XIII y XIV cuentan una realidad muy diferente en términos burocráticos. En el año 1225, un tribunal de Yorkshire ordenó la confiscación de los bienes de un fugitivo llamado Robert Hod, quien debía dinero a una institución religiosa y huyó de la justicia. Al poco tiempo, los escribas del gobierno local comenzaron a modificar la ortografía en sus archivos, convirtiendo el apelativo de este delincuente en una etiqueta legal estándar para marcar a los fugitivos.
Para el año 1261, los registros financieros de diversas regiones británicas muestran que las autoridades llamaban automáticamente Robin Hood a cualquier asaltante de caminos, sin importar su verdadera identidad o su lugar de procedencia, funcionando de manera muy similar al uso moderno del nombre Juan Pérez en los reportes civiles. Además, los poemas escritos más antiguos, como el texto de Piers Plowman de 1377, describen a este personaje como un hombre rústico y sumamente violento que atacaba de preferencia a clérigos y oficiales del rey. La famosa narrativa del arquero idealista que luchaba contra el príncipe Juan y entregaba monedas de oro a los campesinos no existía en la época feudal, sino que fue una invención de los escritores románticos de la era victoriana, quienes transformaron los reportes de crímenes rurales en un mito de justicia social adaptable a los teatros de la época.
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¿Sabían que en los registros históricos de la Inglaterra medieval el nombre de Robin Hood no pertenecía a un héroe noble, sino que era un alias genérico que los jueces utilizaban para clasificar a cualquier ladrón común que anduviera prófugo?
La leyenda popular nos ha vendido la imagen de un aristócrata despojado de sus tierras que regresa de las Cruzadas para refugiarse en el bosque de Sherwood, robando a las clases altas para repartir el botín entre las comunidades desfavorecidas. Sin embargo, las crónicas judiciales de los siglos XIII y XIV cuentan una realidad muy diferente en términos burocráticos. En el año 1225, un tribunal de Yorkshire ordenó la confiscación de los bienes de un fugitivo llamado Robert Hod, quien debía dinero a una institución religiosa y huyó de la justicia. Al poco tiempo, los escribas del gobierno local comenzaron a modificar la ortografía en sus archivos, convirtiendo el apelativo de este delincuente en una etiqueta legal estándar para marcar a los fugitivos.
Para el año 1261, los registros financieros de diversas regiones británicas muestran que las autoridades llamaban automáticamente Robin Hood a cualquier asaltante de caminos, sin importar su verdadera identidad o su lugar de procedencia, funcionando de manera muy similar al uso moderno del nombre Juan Pérez en los reportes civiles. Además, los poemas escritos más antiguos, como el texto de Piers Plowman de 1377, describen a este personaje como un hombre rústico y sumamente violento que atacaba de preferencia a clérigos y oficiales del rey. La famosa narrativa del arquero idealista que luchaba contra el príncipe Juan y entregaba monedas de oro a los campesinos no existía en la época feudal, sino que fue una invención de los escritores románticos de la era victoriana, quienes transformaron los reportes de crímenes rurales en un mito de justicia social adaptable a los teatros de la época.
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La leyenda popular nos ha vendido la imagen de un aristócrata despojado de sus tierras que regresa de las Cruzadas para refugiarse en el bosque de Sherwood, robando a las clases altas para repartir el botín entre las comunidades desfavorecidas. Sin embargo, las crónicas judiciales de los siglos XIII y XIV cuentan una realidad muy diferente en términos burocráticos. En el año 1225, un tribunal de Yorkshire ordenó la confiscación de los bienes de un fugitivo llamado Robert Hod, quien debía dinero a una institución religiosa y huyó de la justicia. Al poco tiempo, los escribas del gobierno local comenzaron a modificar la ortografía en sus archivos, convirtiendo el apelativo de este delincuente en una etiqueta legal estándar para marcar a los fugitivos.
Para el año 1261, los registros financieros de diversas regiones británicas muestran que las autoridades llamaban automáticamente Robin Hood a cualquier asaltante de caminos, sin importar su verdadera identidad o su lugar de procedencia, funcionando de manera muy similar al uso moderno del nombre Juan Pérez en los reportes civiles. Además, los poemas escritos más antiguos, como el texto de Piers Plowman de 1377, describen a este personaje como un hombre rústico y sumamente violento que atacaba de preferencia a clérigos y oficiales del rey. La famosa narrativa del arquero idealista que luchaba contra el príncipe Juan y entregaba monedas de oro a los campesinos no existía en la época feudal, sino que fue una invención de los escritores románticos de la era victoriana, quienes transformaron los reportes de crímenes rurales en un mito de justicia social adaptable a los teatros de la época.
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El mercado de fichajes en las grandes ligas de Europa cierra este martes
El mercado de fichajes de las grandes ligas cierra este martes, por lo que todavía podrían darse movimientos inesperados de última hora. El plazo se extendió excepcionalmente hasta este 1 de setiembre, en lugar del tradicional 31 de agosto, debido a un festivo bancario en Inglaterra el lunes. La ventana cierra a las 11:00 p.m., […]
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🧿 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒅𝒂́𝒍𝒎𝒂𝒕𝒂𝒔 𝒊𝒃𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒏 𝒍𝒐𝒔 𝒃𝒐𝒎𝒃𝒆𝒓𝒐𝒔 🧿
Hoy vemos un dálmata y es bastante probable que pensemos en un perro con manchas, una película de Disney o, si somos de los que miramos demasiado las películas antiguas, en un camión de bomberos.
La relación entre ambas cosas no nació de la imaginación de ningún publicista.
Durante mucho tiempo, los dálmatas fueron auténticos perros de trabajo en los parques de bomberos.Pero para entender por qué hay que olvidarse por un momento de los camiones rojos y volver a una época en la que los bomberos todavía llegaban a los incendios a caballo.
En los siglos XVII y XVIII, especialmente en Inglaterra, los dálmatas eran conocidos como coach dogs, perros de carruaje.
Corrían junto a las diligencias y carruajes durante kilómetros, a veces durante jornadas enteras.
Tenían resistencia, velocidad y, sobre todo, una curiosa facilidad para convivir con los caballos sin asustarlos.
También servían para mantener alejados a otros perros y proteger tanto a los animales como a los viajeros.Y ahí apareció el incendio.
Cuando los cuerpos de bomberos comenzaron a utilizar vehículos tirados por caballos, los dálmatas encajaron perfectamente.
Ya estaban acostumbrados a correr junto a los animales y conocían aquel trabajo mejor que muchos humanos con sueldo.Cuando sonaba la alarma, el perro salía disparado delante o junto al carro.
Ladraba para que la gente se apartara y ayudaba a abrir camino por unas calles llenas de peatones, carros, caballos y otros perros.
En una época sin sirenas, aquello era bastante más útil de lo que parece.
Un dálmata corriendo y ladrando delante del carro era, básicamente, una sirena con patas.Pero no solo servía para despejar la calle.
Los caballos de los bomberos eran animales muy valiosos y podían pasar muchas horas en el parque esperando una llamada.
El dálmata permanecía con ellos, los acompañaba, ayudaba a mantenerlos tranquilos y también podía actuar como perro guardián.
En los incendios vigilaba el material mientras los bomberos estaban ocupados y ayudaba a mantener alejados a animales que pudieran asustar a los caballos.Y aquí viene una pequeña corrección a la historia que solemos escuchar: no fue porque los dálmatas fueran especialmente resistentes al fuego, al humo o a las llamas.
No tenían ningún superpoder contra incendios.
Su verdadero vínculo era con los caballos.De hecho, ni siquiera todos los perros de los parques de bomberos eran dálmatas.
En los cuerpos de bomberos del siglo XIX había perros de diferentes razas, incluidos mestizos.
El dálmata acabó convirtiéndose en el símbolo porque su antigua función como perro de carruaje encajaba especialmente bien con los equipos de bomberos tirados por caballos y porque su aspecto llamativo tampoco pasaba precisamente desapercibido.En Estados Unidos la tradición llegó a tener una presencia especialmente fuerte.
Hay documentación de dálmatas asociados a compañías de bomberos estadounidenses durante el siglo XIX, y en algunas ciudades se convirtieron prácticamente en parte del equipo.
En Nueva York, por ejemplo, los perros acompañaban a los caballos cuando salían hacia un incendio.
En 1910, un teniente de la ciudad describía cómo su dálmata corría delante de los caballos para apartar a la gente.¿Y cuándo desaparecieron?
Aquí no hay una fecha exacta porque no fue algo que un buen día alguien decidiera prohibir.
Fue desapareciendo poco a poco con la llegada de los camiones de bomberos motorizados, aproximadamente desde comienzos del siglo XX.
Cuando los caballos dejaron de tirar de las bombas y los carros, ya no hacía falta un perro que corriera junto a ellos para abrir camino.Pero los dálmatas no desaparecieron de los parques.
Muchos se quedaron como compañeros, perros guardianes y, finalmente, mascotas y mascotas oficiales.
La función había muerto, pero la tradición sobrevivió.
Por eso todavía podemos encontrar fotografías de dálmatas sentados orgullosamente sobre los vehículos de bomberos mucho después de que los caballos desaparecieran.La tradición estuvo especialmente arraigada en Inglaterra y Estados Unidos, y también existió en Canadá y Australia.
En Australia, por ejemplo, hay documentación histórica de dálmatas acompañando a los vehículos de bomberos tirados por caballos y posteriormente convertidos en mascotas de las brigadas.Así que aquel dálmata que aparece junto a un bombero no era simplemente un adorno bonito para la foto.
Durante una época en la que un incendio significaba enganchar caballos, cargar una bomba y atravesar calles abarrotadas a toda velocidad, había un perro corriendo delante del carro, ladrando para que la gente se apartara.
Y mientras los bomberos hacían su trabajo, él hacía el suyo.
Luego llegaron los motores, las sirenas y los camiones.
El trabajo del perro desapareció.
La historia no. 🐾🔥
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#gibsonton #historia #curiosidades #dalmata #bomberos #perros #historiaanimal #animales #estadosunidos #inglaterra #canada #australia #sigloxix #sigloxx #ecosdelpasado
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Hoy vemos un dálmata y es bastante probable que pensemos en un perro con manchas, una película de Disney o, si somos de los que miramos demasiado las películas antiguas, en un camión de bomberos.
La relación entre ambas cosas no nació de la imaginación de ningún publicista.
Durante mucho tiempo, los dálmatas fueron auténticos perros de trabajo en los parques de bomberos.Pero para entender por qué hay que olvidarse por un momento de los camiones rojos y volver a una época en la que los bomberos todavía llegaban a los incendios a caballo.
En los siglos XVII y XVIII, especialmente en Inglaterra, los dálmatas eran conocidos como coach dogs, perros de carruaje.
Corrían junto a las diligencias y carruajes durante kilómetros, a veces durante jornadas enteras.
Tenían resistencia, velocidad y, sobre todo, una curiosa facilidad para convivir con los caballos sin asustarlos.
También servían para mantener alejados a otros perros y proteger tanto a los animales como a los viajeros.Y ahí apareció el incendio.
Cuando los cuerpos de bomberos comenzaron a utilizar vehículos tirados por caballos, los dálmatas encajaron perfectamente.
Ya estaban acostumbrados a correr junto a los animales y conocían aquel trabajo mejor que muchos humanos con sueldo.Cuando sonaba la alarma, el perro salía disparado delante o junto al carro.
Ladraba para que la gente se apartara y ayudaba a abrir camino por unas calles llenas de peatones, carros, caballos y otros perros.
En una época sin sirenas, aquello era bastante más útil de lo que parece.
Un dálmata corriendo y ladrando delante del carro era, básicamente, una sirena con patas.Pero no solo servía para despejar la calle.
Los caballos de los bomberos eran animales muy valiosos y podían pasar muchas horas en el parque esperando una llamada.
El dálmata permanecía con ellos, los acompañaba, ayudaba a mantenerlos tranquilos y también podía actuar como perro guardián.
En los incendios vigilaba el material mientras los bomberos estaban ocupados y ayudaba a mantener alejados a animales que pudieran asustar a los caballos.Y aquí viene una pequeña corrección a la historia que solemos escuchar: no fue porque los dálmatas fueran especialmente resistentes al fuego, al humo o a las llamas.
No tenían ningún superpoder contra incendios.
Su verdadero vínculo era con los caballos.De hecho, ni siquiera todos los perros de los parques de bomberos eran dálmatas.
En los cuerpos de bomberos del siglo XIX había perros de diferentes razas, incluidos mestizos.
El dálmata acabó convirtiéndose en el símbolo porque su antigua función como perro de carruaje encajaba especialmente bien con los equipos de bomberos tirados por caballos y porque su aspecto llamativo tampoco pasaba precisamente desapercibido.En Estados Unidos la tradición llegó a tener una presencia especialmente fuerte.
Hay documentación de dálmatas asociados a compañías de bomberos estadounidenses durante el siglo XIX, y en algunas ciudades se convirtieron prácticamente en parte del equipo.
En Nueva York, por ejemplo, los perros acompañaban a los caballos cuando salían hacia un incendio.
En 1910, un teniente de la ciudad describía cómo su dálmata corría delante de los caballos para apartar a la gente.¿Y cuándo desaparecieron?
Aquí no hay una fecha exacta porque no fue algo que un buen día alguien decidiera prohibir.
Fue desapareciendo poco a poco con la llegada de los camiones de bomberos motorizados, aproximadamente desde comienzos del siglo XX.
Cuando los caballos dejaron de tirar de las bombas y los carros, ya no hacía falta un perro que corriera junto a ellos para abrir camino.Pero los dálmatas no desaparecieron de los parques.
Muchos se quedaron como compañeros, perros guardianes y, finalmente, mascotas y mascotas oficiales.
La función había muerto, pero la tradición sobrevivió.
Por eso todavía podemos encontrar fotografías de dálmatas sentados orgullosamente sobre los vehículos de bomberos mucho después de que los caballos desaparecieran.La tradición estuvo especialmente arraigada en Inglaterra y Estados Unidos, y también existió en Canadá y Australia.
En Australia, por ejemplo, hay documentación histórica de dálmatas acompañando a los vehículos de bomberos tirados por caballos y posteriormente convertidos en mascotas de las brigadas.Así que aquel dálmata que aparece junto a un bombero no era simplemente un adorno bonito para la foto.
Durante una época en la que un incendio significaba enganchar caballos, cargar una bomba y atravesar calles abarrotadas a toda velocidad, había un perro corriendo delante del carro, ladrando para que la gente se apartara.
Y mientras los bomberos hacían su trabajo, él hacía el suyo.
Luego llegaron los motores, las sirenas y los camiones.
El trabajo del perro desapareció.
La historia no. 🐾🔥
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La relación entre ambas cosas no nació de la imaginación de ningún publicista.
Durante mucho tiempo, los dálmatas fueron auténticos perros de trabajo en los parques de bomberos.Pero para entender por qué hay que olvidarse por un momento de los camiones rojos y volver a una época en la que los bomberos todavía llegaban a los incendios a caballo.
En los siglos XVII y XVIII, especialmente en Inglaterra, los dálmatas eran conocidos como coach dogs, perros de carruaje.
Corrían junto a las diligencias y carruajes durante kilómetros, a veces durante jornadas enteras.
Tenían resistencia, velocidad y, sobre todo, una curiosa facilidad para convivir con los caballos sin asustarlos.
También servían para mantener alejados a otros perros y proteger tanto a los animales como a los viajeros.Y ahí apareció el incendio.
Cuando los cuerpos de bomberos comenzaron a utilizar vehículos tirados por caballos, los dálmatas encajaron perfectamente.
Ya estaban acostumbrados a correr junto a los animales y conocían aquel trabajo mejor que muchos humanos con sueldo.Cuando sonaba la alarma, el perro salía disparado delante o junto al carro.
Ladraba para que la gente se apartara y ayudaba a abrir camino por unas calles llenas de peatones, carros, caballos y otros perros.
En una época sin sirenas, aquello era bastante más útil de lo que parece.
Un dálmata corriendo y ladrando delante del carro era, básicamente, una sirena con patas.Pero no solo servía para despejar la calle.
Los caballos de los bomberos eran animales muy valiosos y podían pasar muchas horas en el parque esperando una llamada.
El dálmata permanecía con ellos, los acompañaba, ayudaba a mantenerlos tranquilos y también podía actuar como perro guardián.
En los incendios vigilaba el material mientras los bomberos estaban ocupados y ayudaba a mantener alejados a animales que pudieran asustar a los caballos.Y aquí viene una pequeña corrección a la historia que solemos escuchar: no fue porque los dálmatas fueran especialmente resistentes al fuego, al humo o a las llamas.
No tenían ningún superpoder contra incendios.
Su verdadero vínculo era con los caballos.De hecho, ni siquiera todos los perros de los parques de bomberos eran dálmatas.
En los cuerpos de bomberos del siglo XIX había perros de diferentes razas, incluidos mestizos.
El dálmata acabó convirtiéndose en el símbolo porque su antigua función como perro de carruaje encajaba especialmente bien con los equipos de bomberos tirados por caballos y porque su aspecto llamativo tampoco pasaba precisamente desapercibido.En Estados Unidos la tradición llegó a tener una presencia especialmente fuerte.
Hay documentación de dálmatas asociados a compañías de bomberos estadounidenses durante el siglo XIX, y en algunas ciudades se convirtieron prácticamente en parte del equipo.
En Nueva York, por ejemplo, los perros acompañaban a los caballos cuando salían hacia un incendio.
En 1910, un teniente de la ciudad describía cómo su dálmata corría delante de los caballos para apartar a la gente.¿Y cuándo desaparecieron?
Aquí no hay una fecha exacta porque no fue algo que un buen día alguien decidiera prohibir.
Fue desapareciendo poco a poco con la llegada de los camiones de bomberos motorizados, aproximadamente desde comienzos del siglo XX.
Cuando los caballos dejaron de tirar de las bombas y los carros, ya no hacía falta un perro que corriera junto a ellos para abrir camino.Pero los dálmatas no desaparecieron de los parques.
Muchos se quedaron como compañeros, perros guardianes y, finalmente, mascotas y mascotas oficiales.
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Por eso todavía podemos encontrar fotografías de dálmatas sentados orgullosamente sobre los vehículos de bomberos mucho después de que los caballos desaparecieran.La tradición estuvo especialmente arraigada en Inglaterra y Estados Unidos, y también existió en Canadá y Australia.
En Australia, por ejemplo, hay documentación histórica de dálmatas acompañando a los vehículos de bomberos tirados por caballos y posteriormente convertidos en mascotas de las brigadas.Así que aquel dálmata que aparece junto a un bombero no era simplemente un adorno bonito para la foto.
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Durante mucho tiempo, los dálmatas fueron auténticos perros de trabajo en los parques de bomberos.Pero para entender por qué hay que olvidarse por un momento de los camiones rojos y volver a una época en la que los bomberos todavía llegaban a los incendios a caballo.
En los siglos XVII y XVIII, especialmente en Inglaterra, los dálmatas eran conocidos como coach dogs, perros de carruaje.
Corrían junto a las diligencias y carruajes durante kilómetros, a veces durante jornadas enteras.
Tenían resistencia, velocidad y, sobre todo, una curiosa facilidad para convivir con los caballos sin asustarlos.
También servían para mantener alejados a otros perros y proteger tanto a los animales como a los viajeros.Y ahí apareció el incendio.
Cuando los cuerpos de bomberos comenzaron a utilizar vehículos tirados por caballos, los dálmatas encajaron perfectamente.
Ya estaban acostumbrados a correr junto a los animales y conocían aquel trabajo mejor que muchos humanos con sueldo.Cuando sonaba la alarma, el perro salía disparado delante o junto al carro.
Ladraba para que la gente se apartara y ayudaba a abrir camino por unas calles llenas de peatones, carros, caballos y otros perros.
En una época sin sirenas, aquello era bastante más útil de lo que parece.
Un dálmata corriendo y ladrando delante del carro era, básicamente, una sirena con patas.Pero no solo servía para despejar la calle.
Los caballos de los bomberos eran animales muy valiosos y podían pasar muchas horas en el parque esperando una llamada.
El dálmata permanecía con ellos, los acompañaba, ayudaba a mantenerlos tranquilos y también podía actuar como perro guardián.
En los incendios vigilaba el material mientras los bomberos estaban ocupados y ayudaba a mantener alejados a animales que pudieran asustar a los caballos.Y aquí viene una pequeña corrección a la historia que solemos escuchar: no fue porque los dálmatas fueran especialmente resistentes al fuego, al humo o a las llamas.
No tenían ningún superpoder contra incendios.
Su verdadero vínculo era con los caballos.De hecho, ni siquiera todos los perros de los parques de bomberos eran dálmatas.
En los cuerpos de bomberos del siglo XIX había perros de diferentes razas, incluidos mestizos.
El dálmata acabó convirtiéndose en el símbolo porque su antigua función como perro de carruaje encajaba especialmente bien con los equipos de bomberos tirados por caballos y porque su aspecto llamativo tampoco pasaba precisamente desapercibido.En Estados Unidos la tradición llegó a tener una presencia especialmente fuerte.
Hay documentación de dálmatas asociados a compañías de bomberos estadounidenses durante el siglo XIX, y en algunas ciudades se convirtieron prácticamente en parte del equipo.
En Nueva York, por ejemplo, los perros acompañaban a los caballos cuando salían hacia un incendio.
En 1910, un teniente de la ciudad describía cómo su dálmata corría delante de los caballos para apartar a la gente.¿Y cuándo desaparecieron?
Aquí no hay una fecha exacta porque no fue algo que un buen día alguien decidiera prohibir.
Fue desapareciendo poco a poco con la llegada de los camiones de bomberos motorizados, aproximadamente desde comienzos del siglo XX.
Cuando los caballos dejaron de tirar de las bombas y los carros, ya no hacía falta un perro que corriera junto a ellos para abrir camino.Pero los dálmatas no desaparecieron de los parques.
Muchos se quedaron como compañeros, perros guardianes y, finalmente, mascotas y mascotas oficiales.
La función había muerto, pero la tradición sobrevivió.
Por eso todavía podemos encontrar fotografías de dálmatas sentados orgullosamente sobre los vehículos de bomberos mucho después de que los caballos desaparecieran.La tradición estuvo especialmente arraigada en Inglaterra y Estados Unidos, y también existió en Canadá y Australia.
En Australia, por ejemplo, hay documentación histórica de dálmatas acompañando a los vehículos de bomberos tirados por caballos y posteriormente convertidos en mascotas de las brigadas.Así que aquel dálmata que aparece junto a un bombero no era simplemente un adorno bonito para la foto.
Durante una época en la que un incendio significaba enganchar caballos, cargar una bomba y atravesar calles abarrotadas a toda velocidad, había un perro corriendo delante del carro, ladrando para que la gente se apartara.
Y mientras los bomberos hacían su trabajo, él hacía el suyo.
Luego llegaron los motores, las sirenas y los camiones.
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Hoy vemos un dálmata y es bastante probable que pensemos en un perro con manchas, una película de Disney o, si somos de los que miramos demasiado las películas antiguas, en un camión de bomberos.
La relación entre ambas cosas no nació de la imaginación de ningún publicista.
Durante mucho tiempo, los dálmatas fueron auténticos perros de trabajo en los parques de bomberos.Pero para entender por qué hay que olvidarse por un momento de los camiones rojos y volver a una época en la que los bomberos todavía llegaban a los incendios a caballo.
En los siglos XVII y XVIII, especialmente en Inglaterra, los dálmatas eran conocidos como coach dogs, perros de carruaje.
Corrían junto a las diligencias y carruajes durante kilómetros, a veces durante jornadas enteras.
Tenían resistencia, velocidad y, sobre todo, una curiosa facilidad para convivir con los caballos sin asustarlos.
También servían para mantener alejados a otros perros y proteger tanto a los animales como a los viajeros.Y ahí apareció el incendio.
Cuando los cuerpos de bomberos comenzaron a utilizar vehículos tirados por caballos, los dálmatas encajaron perfectamente.
Ya estaban acostumbrados a correr junto a los animales y conocían aquel trabajo mejor que muchos humanos con sueldo.Cuando sonaba la alarma, el perro salía disparado delante o junto al carro.
Ladraba para que la gente se apartara y ayudaba a abrir camino por unas calles llenas de peatones, carros, caballos y otros perros.
En una época sin sirenas, aquello era bastante más útil de lo que parece.
Un dálmata corriendo y ladrando delante del carro era, básicamente, una sirena con patas.Pero no solo servía para despejar la calle.
Los caballos de los bomberos eran animales muy valiosos y podían pasar muchas horas en el parque esperando una llamada.
El dálmata permanecía con ellos, los acompañaba, ayudaba a mantenerlos tranquilos y también podía actuar como perro guardián.
En los incendios vigilaba el material mientras los bomberos estaban ocupados y ayudaba a mantener alejados a animales que pudieran asustar a los caballos.Y aquí viene una pequeña corrección a la historia que solemos escuchar: no fue porque los dálmatas fueran especialmente resistentes al fuego, al humo o a las llamas.
No tenían ningún superpoder contra incendios.
Su verdadero vínculo era con los caballos.De hecho, ni siquiera todos los perros de los parques de bomberos eran dálmatas.
En los cuerpos de bomberos del siglo XIX había perros de diferentes razas, incluidos mestizos.
El dálmata acabó convirtiéndose en el símbolo porque su antigua función como perro de carruaje encajaba especialmente bien con los equipos de bomberos tirados por caballos y porque su aspecto llamativo tampoco pasaba precisamente desapercibido.En Estados Unidos la tradición llegó a tener una presencia especialmente fuerte.
Hay documentación de dálmatas asociados a compañías de bomberos estadounidenses durante el siglo XIX, y en algunas ciudades se convirtieron prácticamente en parte del equipo.
En Nueva York, por ejemplo, los perros acompañaban a los caballos cuando salían hacia un incendio.
En 1910, un teniente de la ciudad describía cómo su dálmata corría delante de los caballos para apartar a la gente.¿Y cuándo desaparecieron?
Aquí no hay una fecha exacta porque no fue algo que un buen día alguien decidiera prohibir.
Fue desapareciendo poco a poco con la llegada de los camiones de bomberos motorizados, aproximadamente desde comienzos del siglo XX.
Cuando los caballos dejaron de tirar de las bombas y los carros, ya no hacía falta un perro que corriera junto a ellos para abrir camino.Pero los dálmatas no desaparecieron de los parques.
Muchos se quedaron como compañeros, perros guardianes y, finalmente, mascotas y mascotas oficiales.
La función había muerto, pero la tradición sobrevivió.
Por eso todavía podemos encontrar fotografías de dálmatas sentados orgullosamente sobre los vehículos de bomberos mucho después de que los caballos desaparecieran.La tradición estuvo especialmente arraigada en Inglaterra y Estados Unidos, y también existió en Canadá y Australia.
En Australia, por ejemplo, hay documentación histórica de dálmatas acompañando a los vehículos de bomberos tirados por caballos y posteriormente convertidos en mascotas de las brigadas.Así que aquel dálmata que aparece junto a un bombero no era simplemente un adorno bonito para la foto.
Durante una época en la que un incendio significaba enganchar caballos, cargar una bomba y atravesar calles abarrotadas a toda velocidad, había un perro corriendo delante del carro, ladrando para que la gente se apartara.
Y mientras los bomberos hacían su trabajo, él hacía el suyo.
Luego llegaron los motores, las sirenas y los camiones.
El trabajo del perro desapareció.
La historia no. 🐾🔥
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𝑌 𝑒𝑠𝑜 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑒𝑠 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑛𝑜𝑟𝑚𝑎𝑙 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑟𝑖𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑢𝑛 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑠𝑖𝑔𝑙𝑜 𝑋𝑉𝐼.
𝐸𝑛 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑔𝑙𝑎𝑡𝑒𝑟𝑟𝑎 𝑇𝑢𝑑𝑜𝑟 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑖́𝑎𝑛 𝑟𝑒𝑡𝑟𝑎𝑡𝑎𝑟𝑠𝑒: 𝑟𝑒𝑦𝑒𝑠 𝑦 𝑛𝑜𝑏𝑙𝑒𝑠, 𝑎𝑙𝑡𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑟𝑔𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑔𝑙𝑒𝑠𝑖𝑎, 𝑓𝑎𝑚𝑖𝑙𝑖𝑎𝑠 𝑚𝑢𝑦 𝑟𝑖𝑐𝑎𝑠, 𝑜 𝑓𝑖𝑔𝑢𝑟𝑎𝑠 𝑝𝑜𝑙𝑖́𝑡𝑖𝑐𝑎𝑠 𝑖𝑚𝑝𝑜𝑟𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
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