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#ecosdelpasado — Public Fediverse posts

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  1. SIGUE ⬇️

    Quizá fue la mujer más inteligente de toda aquella generación.

    Lo curioso es que muchas de estas estrellas parecían completamente distintas cuando se apagaban las cámaras.

    Humphrey Bogart, que interpretaba a tipos duros, era conocido por su sentido del humor.

    Cary Grant, su imagen era la del caballero perfecto, pero en privado tenía un humor muy travieso.
    Era amigo íntimo de Randolph Scott y en las fiestas le encantaba gastar bromas a sus invitados.
    Años después también habló abiertamente de las sesiones de LSD supervisadas por médicos que realizó en los años cincuenta para superar problemas emocionales, algo muy poco habitual en una estrella de su categoría.

    Marlene Dietrich podía beber tanto como cualquiera de sus compañeros y seguir siendo la persona mejor vestida de la sala.

    Y luego estaba Katharine Hepburn.

    Mientras muchas actrices se dejaban moldear por los estudios, ella hacía exactamente lo contrario.

    Fue de las primeras en aparecer en público llevando pantalones cuando casi ninguna mujer lo hacía.
    En los rodajes era famosa por discutir con directores, negarse a aceptar órdenes que consideraba absurdas y mandar a paseo a quien intentara decirle cómo debía comportarse.

    Su gran historia de amor fue Spencer Tracy.

    Se conocieron durante el rodaje de "La mujer del año" (1942) y mantuvieron una relación durante casi tres décadas.
    El problema era que Tracy seguía casado con Louise Treadwell.
    Nunca se divorció, en parte por sus profundas convicciones católicas y porque no quería perjudicar a su esposa ni a su hijo, que era sordo.

    Durante años Hepburn aceptó vivir aquella relación casi en la sombra.
    Apenas aparecían juntos en público y evitaban alimentar los rumores, aunque en Hollywood era un secreto a voces.

    Pero la historia no fue precisamente idílica.

    Tracy tenía graves problemas con el alcohol.
    Sus borracheras eran frecuentes y su carácter podía cambiar por completo cuando bebía.
    Hepburn lo cuidó durante años, soportando recaídas, depresiones y largas temporadas en las que él apenas trabajaba.

    Muchos amigos decían que Katharine sacrificó parte de su propia vida por permanecer a su lado.

    Cuando Spencer Tracy murió en 1967, Hepburn ni siquiera acudió al funeral por respeto a la esposa de Tracy.
    Esperó a que terminara la ceremonia antes de visitar la casa para presentar sus condolencias.

    Años después escribiría que había sido el gran amor de su vida.

    Sin embargo, su personalidad seguía siendo tan fuerte como siempre.

    En una ocasión, un productor le dijo que ninguna actriz era más importante que un estudio.

    Katharine respondió con una sonrisa:

    "Pruebe a hacer la película sin mí."

    Y, sorprendentemente, podía permitírselo.

    💡 Una curiosidad: Katharine Hepburn y John Wayne se llevaban fatal.
    Ella lo consideraba un actor limitado y Wayne opinaba que Hepburn era demasiado intelectual y poco femenina para el gusto del público.
    Nunca trabajaron juntos y se lanzaron varias pullas a través de la prensa.

    Y mientras todo aquello sucedía...

    Los periódicos seguían hablando del glamour de Hollywood.

    Porque alguien se ocupaba de borrar las huellas antes del amanecer.

    Aquella era la verdadera magia de la industria del cine.

    No consistía solo en crear películas.

    Consistía en convencer al mundo de que sus estrellas eran perfectas... aunque la realidad, una vez apagados los focos, estuviera muy lejos de serlo

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=meXaHjjG-xo

    #hollywood #hollywoodclásico #cine #errolflynn #ritahayworth #avagardner #garycooper #clarkgable #judygarland #joancrawford #bettedavis #tallulahbankhead #hedylamarr #davidniven #johnbarrymore #curiosidadeshistóricas #ecosdelpasado

  2. SIGUE ⬇️

    Quizá fue la mujer más inteligente de toda aquella generación.

    Lo curioso es que muchas de estas estrellas parecían completamente distintas cuando se apagaban las cámaras.

    Humphrey Bogart, que interpretaba a tipos duros, era conocido por su sentido del humor.

    Cary Grant, su imagen era la del caballero perfecto, pero en privado tenía un humor muy travieso.
    Era amigo íntimo de Randolph Scott y en las fiestas le encantaba gastar bromas a sus invitados.
    Años después también habló abiertamente de las sesiones de LSD supervisadas por médicos que realizó en los años cincuenta para superar problemas emocionales, algo muy poco habitual en una estrella de su categoría.

    Marlene Dietrich podía beber tanto como cualquiera de sus compañeros y seguir siendo la persona mejor vestida de la sala.

    Y luego estaba Katharine Hepburn.

    Mientras muchas actrices se dejaban moldear por los estudios, ella hacía exactamente lo contrario.

    Fue de las primeras en aparecer en público llevando pantalones cuando casi ninguna mujer lo hacía.
    En los rodajes era famosa por discutir con directores, negarse a aceptar órdenes que consideraba absurdas y mandar a paseo a quien intentara decirle cómo debía comportarse.

    Su gran historia de amor fue Spencer Tracy.

    Se conocieron durante el rodaje de "La mujer del año" (1942) y mantuvieron una relación durante casi tres décadas.
    El problema era que Tracy seguía casado con Louise Treadwell.
    Nunca se divorció, en parte por sus profundas convicciones católicas y porque no quería perjudicar a su esposa ni a su hijo, que era sordo.

    Durante años Hepburn aceptó vivir aquella relación casi en la sombra.
    Apenas aparecían juntos en público y evitaban alimentar los rumores, aunque en Hollywood era un secreto a voces.

    Pero la historia no fue precisamente idílica.

    Tracy tenía graves problemas con el alcohol.
    Sus borracheras eran frecuentes y su carácter podía cambiar por completo cuando bebía.
    Hepburn lo cuidó durante años, soportando recaídas, depresiones y largas temporadas en las que él apenas trabajaba.

    Muchos amigos decían que Katharine sacrificó parte de su propia vida por permanecer a su lado.

    Cuando Spencer Tracy murió en 1967, Hepburn ni siquiera acudió al funeral por respeto a la esposa de Tracy.
    Esperó a que terminara la ceremonia antes de visitar la casa para presentar sus condolencias.

    Años después escribiría que había sido el gran amor de su vida.

    Sin embargo, su personalidad seguía siendo tan fuerte como siempre.

    En una ocasión, un productor le dijo que ninguna actriz era más importante que un estudio.

    Katharine respondió con una sonrisa:

    "Pruebe a hacer la película sin mí."

    Y, sorprendentemente, podía permitírselo.

    💡 Una curiosidad: Katharine Hepburn y John Wayne se llevaban fatal.
    Ella lo consideraba un actor limitado y Wayne opinaba que Hepburn era demasiado intelectual y poco femenina para el gusto del público.
    Nunca trabajaron juntos y se lanzaron varias pullas a través de la prensa.

    Y mientras todo aquello sucedía...

    Los periódicos seguían hablando del glamour de Hollywood.

    Porque alguien se ocupaba de borrar las huellas antes del amanecer.

    Aquella era la verdadera magia de la industria del cine.

    No consistía solo en crear películas.

    Consistía en convencer al mundo de que sus estrellas eran perfectas... aunque la realidad, una vez apagados los focos, estuviera muy lejos de serlo

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=meXaHjjG-xo

    #hollywood #hollywoodclásico #cine #errolflynn #ritahayworth #avagardner #garycooper #clarkgable #judygarland #joancrawford #bettedavis #tallulahbankhead #hedylamarr #davidniven #johnbarrymore #curiosidadeshistóricas #ecosdelpasado

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    Quizá fue la mujer más inteligente de toda aquella generación.

    Lo curioso es que muchas de estas estrellas parecían completamente distintas cuando se apagaban las cámaras.

    Humphrey Bogart, que interpretaba a tipos duros, era conocido por su sentido del humor.

    Cary Grant, su imagen era la del caballero perfecto, pero en privado tenía un humor muy travieso.
    Era amigo íntimo de Randolph Scott y en las fiestas le encantaba gastar bromas a sus invitados.
    Años después también habló abiertamente de las sesiones de LSD supervisadas por médicos que realizó en los años cincuenta para superar problemas emocionales, algo muy poco habitual en una estrella de su categoría.

    Marlene Dietrich podía beber tanto como cualquiera de sus compañeros y seguir siendo la persona mejor vestida de la sala.

    Y luego estaba Katharine Hepburn.

    Mientras muchas actrices se dejaban moldear por los estudios, ella hacía exactamente lo contrario.

    Fue de las primeras en aparecer en público llevando pantalones cuando casi ninguna mujer lo hacía.
    En los rodajes era famosa por discutir con directores, negarse a aceptar órdenes que consideraba absurdas y mandar a paseo a quien intentara decirle cómo debía comportarse.

    Su gran historia de amor fue Spencer Tracy.

    Se conocieron durante el rodaje de "La mujer del año" (1942) y mantuvieron una relación durante casi tres décadas.
    El problema era que Tracy seguía casado con Louise Treadwell.
    Nunca se divorció, en parte por sus profundas convicciones católicas y porque no quería perjudicar a su esposa ni a su hijo, que era sordo.

    Durante años Hepburn aceptó vivir aquella relación casi en la sombra.
    Apenas aparecían juntos en público y evitaban alimentar los rumores, aunque en Hollywood era un secreto a voces.

    Pero la historia no fue precisamente idílica.

    Tracy tenía graves problemas con el alcohol.
    Sus borracheras eran frecuentes y su carácter podía cambiar por completo cuando bebía.
    Hepburn lo cuidó durante años, soportando recaídas, depresiones y largas temporadas en las que él apenas trabajaba.

    Muchos amigos decían que Katharine sacrificó parte de su propia vida por permanecer a su lado.

    Cuando Spencer Tracy murió en 1967, Hepburn ni siquiera acudió al funeral por respeto a la esposa de Tracy.
    Esperó a que terminara la ceremonia antes de visitar la casa para presentar sus condolencias.

    Años después escribiría que había sido el gran amor de su vida.

    Sin embargo, su personalidad seguía siendo tan fuerte como siempre.

    En una ocasión, un productor le dijo que ninguna actriz era más importante que un estudio.

    Katharine respondió con una sonrisa:

    "Pruebe a hacer la película sin mí."

    Y, sorprendentemente, podía permitírselo.

    💡 Una curiosidad: Katharine Hepburn y John Wayne se llevaban fatal.
    Ella lo consideraba un actor limitado y Wayne opinaba que Hepburn era demasiado intelectual y poco femenina para el gusto del público.
    Nunca trabajaron juntos y se lanzaron varias pullas a través de la prensa.

    Y mientras todo aquello sucedía...

    Los periódicos seguían hablando del glamour de Hollywood.

    Porque alguien se ocupaba de borrar las huellas antes del amanecer.

    Aquella era la verdadera magia de la industria del cine.

    No consistía solo en crear películas.

    Consistía en convencer al mundo de que sus estrellas eran perfectas... aunque la realidad, una vez apagados los focos, estuviera muy lejos de serlo

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    #hollywood #hollywoodclásico #cine #errolflynn #ritahayworth #avagardner #garycooper #clarkgable #judygarland #joancrawford #bettedavis #tallulahbankhead #hedylamarr #davidniven #johnbarrymore #curiosidadeshistóricas #ecosdelpasado

  4. SIGUE ⬇️

    Quizá fue la mujer más inteligente de toda aquella generación.

    Lo curioso es que muchas de estas estrellas parecían completamente distintas cuando se apagaban las cámaras.

    Humphrey Bogart, que interpretaba a tipos duros, era conocido por su sentido del humor.

    Cary Grant, su imagen era la del caballero perfecto, pero en privado tenía un humor muy travieso.
    Era amigo íntimo de Randolph Scott y en las fiestas le encantaba gastar bromas a sus invitados.
    Años después también habló abiertamente de las sesiones de LSD supervisadas por médicos que realizó en los años cincuenta para superar problemas emocionales, algo muy poco habitual en una estrella de su categoría.

    Marlene Dietrich podía beber tanto como cualquiera de sus compañeros y seguir siendo la persona mejor vestida de la sala.

    Y luego estaba Katharine Hepburn.

    Mientras muchas actrices se dejaban moldear por los estudios, ella hacía exactamente lo contrario.

    Fue de las primeras en aparecer en público llevando pantalones cuando casi ninguna mujer lo hacía.
    En los rodajes era famosa por discutir con directores, negarse a aceptar órdenes que consideraba absurdas y mandar a paseo a quien intentara decirle cómo debía comportarse.

    Su gran historia de amor fue Spencer Tracy.

    Se conocieron durante el rodaje de "La mujer del año" (1942) y mantuvieron una relación durante casi tres décadas.
    El problema era que Tracy seguía casado con Louise Treadwell.
    Nunca se divorció, en parte por sus profundas convicciones católicas y porque no quería perjudicar a su esposa ni a su hijo, que era sordo.

    Durante años Hepburn aceptó vivir aquella relación casi en la sombra.
    Apenas aparecían juntos en público y evitaban alimentar los rumores, aunque en Hollywood era un secreto a voces.

    Pero la historia no fue precisamente idílica.

    Tracy tenía graves problemas con el alcohol.
    Sus borracheras eran frecuentes y su carácter podía cambiar por completo cuando bebía.
    Hepburn lo cuidó durante años, soportando recaídas, depresiones y largas temporadas en las que él apenas trabajaba.

    Muchos amigos decían que Katharine sacrificó parte de su propia vida por permanecer a su lado.

    Cuando Spencer Tracy murió en 1967, Hepburn ni siquiera acudió al funeral por respeto a la esposa de Tracy.
    Esperó a que terminara la ceremonia antes de visitar la casa para presentar sus condolencias.

    Años después escribiría que había sido el gran amor de su vida.

    Sin embargo, su personalidad seguía siendo tan fuerte como siempre.

    En una ocasión, un productor le dijo que ninguna actriz era más importante que un estudio.

    Katharine respondió con una sonrisa:

    "Pruebe a hacer la película sin mí."

    Y, sorprendentemente, podía permitírselo.

    💡 Una curiosidad: Katharine Hepburn y John Wayne se llevaban fatal.
    Ella lo consideraba un actor limitado y Wayne opinaba que Hepburn era demasiado intelectual y poco femenina para el gusto del público.
    Nunca trabajaron juntos y se lanzaron varias pullas a través de la prensa.

    Y mientras todo aquello sucedía...

    Los periódicos seguían hablando del glamour de Hollywood.

    Porque alguien se ocupaba de borrar las huellas antes del amanecer.

    Aquella era la verdadera magia de la industria del cine.

    No consistía solo en crear películas.

    Consistía en convencer al mundo de que sus estrellas eran perfectas... aunque la realidad, una vez apagados los focos, estuviera muy lejos de serlo

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=meXaHjjG-xo

    #hollywood #hollywoodclásico #cine #errolflynn #ritahayworth #avagardner #garycooper #clarkgable #judygarland #joancrawford #bettedavis #tallulahbankhead #hedylamarr #davidniven #johnbarrymore #curiosidadeshistóricas #ecosdelpasado

  5. :stargif: 𝑴𝒂𝒕𝒕𝒉𝒆𝒘 𝑯𝒐𝒑𝒌𝒊𝒏𝒔, 𝒆𝒍 “𝑾𝒊𝒕𝒄𝒉𝒇𝒊𝒏𝒅𝒆𝒓 𝑮𝒆𝒏𝒆𝒓𝒂𝒍” :stargif:

    Matthew Hopkins (c. 1620–1647) es una de las figuras más oscuras de la historia inglesa.
    Autoproclamado Witchfinder General (Cazador General de Brujas), actuó durante los años más caóticos de la Guerra Civil Inglesa.
    Nunca recibió ese título de forma oficial, pero en la práctica ejerció un poder casi absoluto sobre pueblos aterrados y magistrados complacientes.
    Entre 1644 y 1647, junto a su colaborador John Stearne, lideró una auténtica cacería de brujas en el este de Inglaterra, especialmente en East Anglia.
    En apenas tres años, unas 300 mujeres fueron ejecutadas tras ser acusadas de brujería.
    Para ponerlo en contexto: Hopkins causó más muertes que todos los demás cazadores de brujas ingleses juntos en los 160 años anteriores.
    No fue un episodio aislado de locura colectiva, sino una campaña sistemática basada en el miedo, la superstición y el beneficio económico.
    Sus métodos evitaban la tortura “oficial”, prohibida por la ley inglesa, pero eran igual o más crueles.
    Utilizaba la privación del sueño, manteniendo a las acusadas despiertas durante días hasta quebrar su resistencia mental.
    Aplicaba la llamada “prueba del pinchazo”, buscando supuestas marcas del diablo en el cuerpo; si al clavar una aguja no había dolor o sangrado, se consideraba prueba de culpabilidad.
    Otra práctica habitual era la prueba de natación: la mujer era atada y arrojada al agua.
    Si flotaba, era culpable; si se hundía, era inocente… aunque muchas morían ahogadas antes de poder demostrarlo.
    Detrás del fanatismo había también un negocio muy rentable.
    Hopkins cobraba tarifas elevadísimas por sus “servicios”.
    Mientras un trabajador ganaba unos seis peniques al día, él exigía hasta veinte chelines por visita, una suma desorbitada.
    Algunos pueblos, como Stowmarket, tuvieron que imponer impuestos especiales para pagarle.
    En total, llegó a reunir alrededor de 1.000 libras, una fortuna para la época.
    El terror, literalmente, daba beneficios.
    En 1647, poco antes de morir, publicó su único libro: "The Discovery of Witches".
    En este breve tratado se defendía de las críticas, justificaba sus métodos —especialmente el “asecho”, es decir, la privación del sueño— y se presentaba como un servidor del bien común y del reino.
    El texto tuvo una influencia duradera: cruzó el Atlántico y acabó influyendo en los criterios usados décadas después en los juicios de Salem, en Massachusetts.
    Sin embargo, Hopkins no actuó sin oposición.
    Su principal crítico fue el clérigo John Gaule, quien lo acusó públicamente de abusar de su poder y de comportarse como alguien “demasiado familiarizado con los secretos del diablo”.
    La presión social, unida al elevado coste de sus servicios, llevó a que muchos magistrados empezaran a exigir pruebas más sólidas.
    En 1646, su carrera comenzó a derrumbarse.
    Hopkins murió en agosto de 1647, probablemente de tuberculosis.
    Existe una leyenda popular que afirma que fue sometido a su propia prueba de natación y ejecutado como brujo, pero los registros parroquiales confirman que falleció enfermo y fue enterrado en Mistley Heath.
    La realidad, menos poética, no es menos inquietante.
    Hijo de un vicario puritano, Hopkins tenía un profundo conocimiento de la Biblia, que utilizó y manipuló para justificar interrogatorios y condenas.
    Según él mismo, todo comenzó cuando aseguró haber escuchado a unas mujeres en Manningtree hablar de encuentros con el diablo cerca de su casa.
    A partir de ahí, el miedo se convirtió en poder, y el poder en negocio.
    Su figura ha quedado inmortalizada en la cultura popular, especialmente en la película de 1968 "Witchfinder General (El inquisidor en España)", protagonizada por Vincent Price.
    Pero más allá del cine, Matthew Hopkins sigue siendo un recordatorio incómodo de hasta dónde puede llegar una sociedad cuando el miedo, la religión y el interés económico se mezclan sin control.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historia #edadmoderna #cazadebrujas #inglaterra #gueracivilinglesa #fanatismo #historiaoscura #ecosdelpasado

  6. :stargif: 𝑴𝒂𝒕𝒕𝒉𝒆𝒘 𝑯𝒐𝒑𝒌𝒊𝒏𝒔, 𝒆𝒍 “𝑾𝒊𝒕𝒄𝒉𝒇𝒊𝒏𝒅𝒆𝒓 𝑮𝒆𝒏𝒆𝒓𝒂𝒍” :stargif:

    Matthew Hopkins (c. 1620–1647) es una de las figuras más oscuras de la historia inglesa.
    Autoproclamado Witchfinder General (Cazador General de Brujas), actuó durante los años más caóticos de la Guerra Civil Inglesa.
    Nunca recibió ese título de forma oficial, pero en la práctica ejerció un poder casi absoluto sobre pueblos aterrados y magistrados complacientes.
    Entre 1644 y 1647, junto a su colaborador John Stearne, lideró una auténtica cacería de brujas en el este de Inglaterra, especialmente en East Anglia.
    En apenas tres años, unas 300 mujeres fueron ejecutadas tras ser acusadas de brujería.
    Para ponerlo en contexto: Hopkins causó más muertes que todos los demás cazadores de brujas ingleses juntos en los 160 años anteriores.
    No fue un episodio aislado de locura colectiva, sino una campaña sistemática basada en el miedo, la superstición y el beneficio económico.
    Sus métodos evitaban la tortura “oficial”, prohibida por la ley inglesa, pero eran igual o más crueles.
    Utilizaba la privación del sueño, manteniendo a las acusadas despiertas durante días hasta quebrar su resistencia mental.
    Aplicaba la llamada “prueba del pinchazo”, buscando supuestas marcas del diablo en el cuerpo; si al clavar una aguja no había dolor o sangrado, se consideraba prueba de culpabilidad.
    Otra práctica habitual era la prueba de natación: la mujer era atada y arrojada al agua.
    Si flotaba, era culpable; si se hundía, era inocente… aunque muchas morían ahogadas antes de poder demostrarlo.
    Detrás del fanatismo había también un negocio muy rentable.
    Hopkins cobraba tarifas elevadísimas por sus “servicios”.
    Mientras un trabajador ganaba unos seis peniques al día, él exigía hasta veinte chelines por visita, una suma desorbitada.
    Algunos pueblos, como Stowmarket, tuvieron que imponer impuestos especiales para pagarle.
    En total, llegó a reunir alrededor de 1.000 libras, una fortuna para la época.
    El terror, literalmente, daba beneficios.
    En 1647, poco antes de morir, publicó su único libro: "The Discovery of Witches".
    En este breve tratado se defendía de las críticas, justificaba sus métodos —especialmente el “asecho”, es decir, la privación del sueño— y se presentaba como un servidor del bien común y del reino.
    El texto tuvo una influencia duradera: cruzó el Atlántico y acabó influyendo en los criterios usados décadas después en los juicios de Salem, en Massachusetts.
    Sin embargo, Hopkins no actuó sin oposición.
    Su principal crítico fue el clérigo John Gaule, quien lo acusó públicamente de abusar de su poder y de comportarse como alguien “demasiado familiarizado con los secretos del diablo”.
    La presión social, unida al elevado coste de sus servicios, llevó a que muchos magistrados empezaran a exigir pruebas más sólidas.
    En 1646, su carrera comenzó a derrumbarse.
    Hopkins murió en agosto de 1647, probablemente de tuberculosis.
    Existe una leyenda popular que afirma que fue sometido a su propia prueba de natación y ejecutado como brujo, pero los registros parroquiales confirman que falleció enfermo y fue enterrado en Mistley Heath.
    La realidad, menos poética, no es menos inquietante.
    Hijo de un vicario puritano, Hopkins tenía un profundo conocimiento de la Biblia, que utilizó y manipuló para justificar interrogatorios y condenas.
    Según él mismo, todo comenzó cuando aseguró haber escuchado a unas mujeres en Manningtree hablar de encuentros con el diablo cerca de su casa.
    A partir de ahí, el miedo se convirtió en poder, y el poder en negocio.
    Su figura ha quedado inmortalizada en la cultura popular, especialmente en la película de 1968 "Witchfinder General (El inquisidor en España)", protagonizada por Vincent Price.
    Pero más allá del cine, Matthew Hopkins sigue siendo un recordatorio incómodo de hasta dónde puede llegar una sociedad cuando el miedo, la religión y el interés económico se mezclan sin control.

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    #historia #edadmoderna #cazadebrujas #inglaterra #gueracivilinglesa #fanatismo #historiaoscura #ecosdelpasado

  7. :stargif: 𝑴𝒂𝒕𝒕𝒉𝒆𝒘 𝑯𝒐𝒑𝒌𝒊𝒏𝒔, 𝒆𝒍 “𝑾𝒊𝒕𝒄𝒉𝒇𝒊𝒏𝒅𝒆𝒓 𝑮𝒆𝒏𝒆𝒓𝒂𝒍” :stargif:

    Matthew Hopkins (c. 1620–1647) es una de las figuras más oscuras de la historia inglesa.
    Autoproclamado Witchfinder General (Cazador General de Brujas), actuó durante los años más caóticos de la Guerra Civil Inglesa.
    Nunca recibió ese título de forma oficial, pero en la práctica ejerció un poder casi absoluto sobre pueblos aterrados y magistrados complacientes.
    Entre 1644 y 1647, junto a su colaborador John Stearne, lideró una auténtica cacería de brujas en el este de Inglaterra, especialmente en East Anglia.
    En apenas tres años, unas 300 mujeres fueron ejecutadas tras ser acusadas de brujería.
    Para ponerlo en contexto: Hopkins causó más muertes que todos los demás cazadores de brujas ingleses juntos en los 160 años anteriores.
    No fue un episodio aislado de locura colectiva, sino una campaña sistemática basada en el miedo, la superstición y el beneficio económico.
    Sus métodos evitaban la tortura “oficial”, prohibida por la ley inglesa, pero eran igual o más crueles.
    Utilizaba la privación del sueño, manteniendo a las acusadas despiertas durante días hasta quebrar su resistencia mental.
    Aplicaba la llamada “prueba del pinchazo”, buscando supuestas marcas del diablo en el cuerpo; si al clavar una aguja no había dolor o sangrado, se consideraba prueba de culpabilidad.
    Otra práctica habitual era la prueba de natación: la mujer era atada y arrojada al agua.
    Si flotaba, era culpable; si se hundía, era inocente… aunque muchas morían ahogadas antes de poder demostrarlo.
    Detrás del fanatismo había también un negocio muy rentable.
    Hopkins cobraba tarifas elevadísimas por sus “servicios”.
    Mientras un trabajador ganaba unos seis peniques al día, él exigía hasta veinte chelines por visita, una suma desorbitada.
    Algunos pueblos, como Stowmarket, tuvieron que imponer impuestos especiales para pagarle.
    En total, llegó a reunir alrededor de 1.000 libras, una fortuna para la época.
    El terror, literalmente, daba beneficios.
    En 1647, poco antes de morir, publicó su único libro: "The Discovery of Witches".
    En este breve tratado se defendía de las críticas, justificaba sus métodos —especialmente el “asecho”, es decir, la privación del sueño— y se presentaba como un servidor del bien común y del reino.
    El texto tuvo una influencia duradera: cruzó el Atlántico y acabó influyendo en los criterios usados décadas después en los juicios de Salem, en Massachusetts.
    Sin embargo, Hopkins no actuó sin oposición.
    Su principal crítico fue el clérigo John Gaule, quien lo acusó públicamente de abusar de su poder y de comportarse como alguien “demasiado familiarizado con los secretos del diablo”.
    La presión social, unida al elevado coste de sus servicios, llevó a que muchos magistrados empezaran a exigir pruebas más sólidas.
    En 1646, su carrera comenzó a derrumbarse.
    Hopkins murió en agosto de 1647, probablemente de tuberculosis.
    Existe una leyenda popular que afirma que fue sometido a su propia prueba de natación y ejecutado como brujo, pero los registros parroquiales confirman que falleció enfermo y fue enterrado en Mistley Heath.
    La realidad, menos poética, no es menos inquietante.
    Hijo de un vicario puritano, Hopkins tenía un profundo conocimiento de la Biblia, que utilizó y manipuló para justificar interrogatorios y condenas.
    Según él mismo, todo comenzó cuando aseguró haber escuchado a unas mujeres en Manningtree hablar de encuentros con el diablo cerca de su casa.
    A partir de ahí, el miedo se convirtió en poder, y el poder en negocio.
    Su figura ha quedado inmortalizada en la cultura popular, especialmente en la película de 1968 "Witchfinder General (El inquisidor en España)", protagonizada por Vincent Price.
    Pero más allá del cine, Matthew Hopkins sigue siendo un recordatorio incómodo de hasta dónde puede llegar una sociedad cuando el miedo, la religión y el interés económico se mezclan sin control.

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    #historia #edadmoderna #cazadebrujas #inglaterra #gueracivilinglesa #fanatismo #historiaoscura #ecosdelpasado

  8. :stargif: 𝑴𝒂𝒕𝒕𝒉𝒆𝒘 𝑯𝒐𝒑𝒌𝒊𝒏𝒔, 𝒆𝒍 “𝑾𝒊𝒕𝒄𝒉𝒇𝒊𝒏𝒅𝒆𝒓 𝑮𝒆𝒏𝒆𝒓𝒂𝒍” :stargif:

    Matthew Hopkins (c. 1620–1647) es una de las figuras más oscuras de la historia inglesa.
    Autoproclamado Witchfinder General (Cazador General de Brujas), actuó durante los años más caóticos de la Guerra Civil Inglesa.
    Nunca recibió ese título de forma oficial, pero en la práctica ejerció un poder casi absoluto sobre pueblos aterrados y magistrados complacientes.
    Entre 1644 y 1647, junto a su colaborador John Stearne, lideró una auténtica cacería de brujas en el este de Inglaterra, especialmente en East Anglia.
    En apenas tres años, unas 300 mujeres fueron ejecutadas tras ser acusadas de brujería.
    Para ponerlo en contexto: Hopkins causó más muertes que todos los demás cazadores de brujas ingleses juntos en los 160 años anteriores.
    No fue un episodio aislado de locura colectiva, sino una campaña sistemática basada en el miedo, la superstición y el beneficio económico.
    Sus métodos evitaban la tortura “oficial”, prohibida por la ley inglesa, pero eran igual o más crueles.
    Utilizaba la privación del sueño, manteniendo a las acusadas despiertas durante días hasta quebrar su resistencia mental.
    Aplicaba la llamada “prueba del pinchazo”, buscando supuestas marcas del diablo en el cuerpo; si al clavar una aguja no había dolor o sangrado, se consideraba prueba de culpabilidad.
    Otra práctica habitual era la prueba de natación: la mujer era atada y arrojada al agua.
    Si flotaba, era culpable; si se hundía, era inocente… aunque muchas morían ahogadas antes de poder demostrarlo.
    Detrás del fanatismo había también un negocio muy rentable.
    Hopkins cobraba tarifas elevadísimas por sus “servicios”.
    Mientras un trabajador ganaba unos seis peniques al día, él exigía hasta veinte chelines por visita, una suma desorbitada.
    Algunos pueblos, como Stowmarket, tuvieron que imponer impuestos especiales para pagarle.
    En total, llegó a reunir alrededor de 1.000 libras, una fortuna para la época.
    El terror, literalmente, daba beneficios.
    En 1647, poco antes de morir, publicó su único libro: "The Discovery of Witches".
    En este breve tratado se defendía de las críticas, justificaba sus métodos —especialmente el “asecho”, es decir, la privación del sueño— y se presentaba como un servidor del bien común y del reino.
    El texto tuvo una influencia duradera: cruzó el Atlántico y acabó influyendo en los criterios usados décadas después en los juicios de Salem, en Massachusetts.
    Sin embargo, Hopkins no actuó sin oposición.
    Su principal crítico fue el clérigo John Gaule, quien lo acusó públicamente de abusar de su poder y de comportarse como alguien “demasiado familiarizado con los secretos del diablo”.
    La presión social, unida al elevado coste de sus servicios, llevó a que muchos magistrados empezaran a exigir pruebas más sólidas.
    En 1646, su carrera comenzó a derrumbarse.
    Hopkins murió en agosto de 1647, probablemente de tuberculosis.
    Existe una leyenda popular que afirma que fue sometido a su propia prueba de natación y ejecutado como brujo, pero los registros parroquiales confirman que falleció enfermo y fue enterrado en Mistley Heath.
    La realidad, menos poética, no es menos inquietante.
    Hijo de un vicario puritano, Hopkins tenía un profundo conocimiento de la Biblia, que utilizó y manipuló para justificar interrogatorios y condenas.
    Según él mismo, todo comenzó cuando aseguró haber escuchado a unas mujeres en Manningtree hablar de encuentros con el diablo cerca de su casa.
    A partir de ahí, el miedo se convirtió en poder, y el poder en negocio.
    Su figura ha quedado inmortalizada en la cultura popular, especialmente en la película de 1968 "Witchfinder General (El inquisidor en España)", protagonizada por Vincent Price.
    Pero más allá del cine, Matthew Hopkins sigue siendo un recordatorio incómodo de hasta dónde puede llegar una sociedad cuando el miedo, la religión y el interés económico se mezclan sin control.

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