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  1. Morte à 97 ans, l'artiste japonaise #YayoiKusama, alias la "reine des pois", a peint jusqu'au bout
    france24.com/fr/culture/202608
    Connue pour sa folle obsession des pois, l'artiste japonaise Yayoi Kusama, dont le décès à l'âge de 97 ans a été annoncé jeudi, était l'une des matriarches de l'art contemporain. Elle était douée d'une formidable puissance créatrice avant-gardiste. #japon

  2. Morte à 97 ans, l'artiste japonaise #YayoiKusama, alias la "reine des pois", a peint jusqu'au bout
    france24.com/fr/culture/202608
    Connue pour sa folle obsession des pois, l'artiste japonaise Yayoi Kusama, dont le décès à l'âge de 97 ans a été annoncé jeudi, était l'une des matriarches de l'art contemporain. Elle était douée d'une formidable puissance créatrice avant-gardiste. #japon

  3. Morte à 97 ans, l'artiste japonaise #YayoiKusama, alias la "reine des pois", a peint jusqu'au bout
    france24.com/fr/culture/202608
    Connue pour sa folle obsession des pois, l'artiste japonaise Yayoi Kusama, dont le décès à l'âge de 97 ans a été annoncé jeudi, était l'une des matriarches de l'art contemporain. Elle était douée d'une formidable puissance créatrice avant-gardiste. #japon

  4. Unidad 731: El laboratorio del horror en Manchuria

    El programa secreto de armas biológicas que convirtió vidas humanas en material de desecho durante la Segunda Guerra Mundial

    Entre los pasajes más oscuros de la Segunda Guerra Mundial existió un proyecto militar que por muchas décadas permaneció bajo la sombra del olvido, oculto a los ojos del mundo de una forma mucho más profunda que los crímenes del nazismo en Europa. Todo ocurrió en los territorios de la China ocupada por el Imperio de Japón, un escenario de crueldad extrema bautizado de manera oficial como la Unidad del Ejército de Kwantung para la Prevención de Epidemias y Purificación de Agua. Detrás de este nombre tan inocente y humanitario se escondía la Unidad 731, el centro neurálgico del mayor programa clandestino de experimentación médica y guerra bacteriológica de la época.

    El cerebro detrás de esta maquinaria fue un médico militar llamado Shirō Ishii, un hombre nacido en 1892 en Chiba que se formó en la Universidad Imperial de Kioto. Ishii sostenía la idea de que los conflictos modernos no se ganarían solo con armas de fuego, sino controlando los microorganismos, ya que históricamente morían más soldados por infecciones y epidemias que por heridas en el campo de batalla. Con esa mentalidad fría y calculadora, empezó a realizar pruebas desde la década de 1920, hasta que en 1936 el alto mando japonés le otorgó los recursos para levantar un complejo enorme en el distrito de Pingfang, muy cerca de la ciudad de Harbin.

    Aquel lugar no era un laboratorio pequeño ni improvisado, sino una fortaleza médica de proporciones gigantescas que albergaba a cerca de 3000 trabajadores, incluyendo a los mejores bacteriólogos, científicos y técnicos de Japón. El complejo contaba con edificios administrativos, criaderos de animales, salas de operaciones, celdas blindadas y hornos crematorios. A las personas encerradas en esas instalaciones, en su mayoría ciudadanos chinos, rusos, mongoles y coreanos, los investigadores les quitaron toda condición humana y los llamaron con desprecio maruta, una palabra japonesa que significa troncos, tratándolos como simple madera para quemar en sus ensayos.

    La crueldad dentro de Pingfang no conoció límites ni compasión alguna. Los médicos de la Unidad 731 inyectaban de forma voluntaria virus y bacterias de peste bubónica, cólera, ántrax, disentería y tifus en el cuerpo de hombres, mujeres y niños para vigilar de cerca la evolución de los síntomas cotidianos. Para evitar que los procesos de descomposición posteriores a la muerte alteraran los resultados de la investigación, los científicos realizaban disecciones y extirpaban órganos en personas que todavía se encontraban respirando y completamente conscientes. Los testimonios señalan que muchos de estos procedimientos se hacían sin aplicar anestesia, bajo el argumento de que las sustancias químicas podían alterar el comportamiento natural de los tejidos analizados.

    Otros grupos de prisioneros eran arrastrados al exterior durante el invierno helado de Manchuria para realizar estudios sobre la congelación extrema. Los técnicos sumergían las extremidades de las víctimas en agua helada y las exponían a la intemperie hasta que los brazos o las piernas quedaban totalmente petrificados, golpeándolos con varas para comprobar la pérdida de sensibilidad antes de probar distintos métodos de descongelación forzada para aplicar en los soldados japoneses. La Unidad 731 también perfeccionó la propagación de enfermedades criando millones de pulgas portadoras de la peste, diseñando bombas de cerámica especiales para dispersar estos insectos sobre ciudades civiles chinas, provocando brotes epidémicos que terminaron con la vida de miles de personas indefensas fuera de los muros del laboratorio. En agosto de 1945, ante el avance del ejército soviético, las fuerzas japonesas dinamitaron las estructuras y borraron los archivos en un intento por ocultar las evidencias de estas atrocidades.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #SegundaGuerraMundial #Unidad731 #Japón #CrímenesDeGuerra

  5. Unidad 731: El laboratorio del horror en Manchuria

    El programa secreto de armas biológicas que convirtió vidas humanas en material de desecho durante la Segunda Guerra Mundial

    Entre los pasajes más oscuros de la Segunda Guerra Mundial existió un proyecto militar que por muchas décadas permaneció bajo la sombra del olvido, oculto a los ojos del mundo de una forma mucho más profunda que los crímenes del nazismo en Europa. Todo ocurrió en los territorios de la China ocupada por el Imperio de Japón, un escenario de crueldad extrema bautizado de manera oficial como la Unidad del Ejército de Kwantung para la Prevención de Epidemias y Purificación de Agua. Detrás de este nombre tan inocente y humanitario se escondía la Unidad 731, el centro neurálgico del mayor programa clandestino de experimentación médica y guerra bacteriológica de la época.

    El cerebro detrás de esta maquinaria fue un médico militar llamado Shirō Ishii, un hombre nacido en 1892 en Chiba que se formó en la Universidad Imperial de Kioto. Ishii sostenía la idea de que los conflictos modernos no se ganarían solo con armas de fuego, sino controlando los microorganismos, ya que históricamente morían más soldados por infecciones y epidemias que por heridas en el campo de batalla. Con esa mentalidad fría y calculadora, empezó a realizar pruebas desde la década de 1920, hasta que en 1936 el alto mando japonés le otorgó los recursos para levantar un complejo enorme en el distrito de Pingfang, muy cerca de la ciudad de Harbin.

    Aquel lugar no era un laboratorio pequeño ni improvisado, sino una fortaleza médica de proporciones gigantescas que albergaba a cerca de 3000 trabajadores, incluyendo a los mejores bacteriólogos, científicos y técnicos de Japón. El complejo contaba con edificios administrativos, criaderos de animales, salas de operaciones, celdas blindadas y hornos crematorios. A las personas encerradas en esas instalaciones, en su mayoría ciudadanos chinos, rusos, mongoles y coreanos, los investigadores les quitaron toda condición humana y los llamaron con desprecio maruta, una palabra japonesa que significa troncos, tratándolos como simple madera para quemar en sus ensayos.

    La crueldad dentro de Pingfang no conoció límites ni compasión alguna. Los médicos de la Unidad 731 inyectaban de forma voluntaria virus y bacterias de peste bubónica, cólera, ántrax, disentería y tifus en el cuerpo de hombres, mujeres y niños para vigilar de cerca la evolución de los síntomas cotidianos. Para evitar que los procesos de descomposición posteriores a la muerte alteraran los resultados de la investigación, los científicos realizaban disecciones y extirpaban órganos en personas que todavía se encontraban respirando y completamente conscientes. Los testimonios señalan que muchos de estos procedimientos se hacían sin aplicar anestesia, bajo el argumento de que las sustancias químicas podían alterar el comportamiento natural de los tejidos analizados.

    Otros grupos de prisioneros eran arrastrados al exterior durante el invierno helado de Manchuria para realizar estudios sobre la congelación extrema. Los técnicos sumergían las extremidades de las víctimas en agua helada y las exponían a la intemperie hasta que los brazos o las piernas quedaban totalmente petrificados, golpeándolos con varas para comprobar la pérdida de sensibilidad antes de probar distintos métodos de descongelación forzada para aplicar en los soldados japoneses. La Unidad 731 también perfeccionó la propagación de enfermedades criando millones de pulgas portadoras de la peste, diseñando bombas de cerámica especiales para dispersar estos insectos sobre ciudades civiles chinas, provocando brotes epidémicos que terminaron con la vida de miles de personas indefensas fuera de los muros del laboratorio. En agosto de 1945, ante el avance del ejército soviético, las fuerzas japonesas dinamitaron las estructuras y borraron los archivos en un intento por ocultar las evidencias de estas atrocidades.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Historia #SegundaGuerraMundial #Unidad731 #Japón #CrímenesDeGuerra

  6. Unidad 731: El laboratorio del horror en Manchuria

    El programa secreto de armas biológicas que convirtió vidas humanas en material de desecho durante la Segunda Guerra Mundial

    Entre los pasajes más oscuros de la Segunda Guerra Mundial existió un proyecto militar que por muchas décadas permaneció bajo la sombra del olvido, oculto a los ojos del mundo de una forma mucho más profunda que los crímenes del nazismo en Europa. Todo ocurrió en los territorios de la China ocupada por el Imperio de Japón, un escenario de crueldad extrema bautizado de manera oficial como la Unidad del Ejército de Kwantung para la Prevención de Epidemias y Purificación de Agua. Detrás de este nombre tan inocente y humanitario se escondía la Unidad 731, el centro neurálgico del mayor programa clandestino de experimentación médica y guerra bacteriológica de la época.

    El cerebro detrás de esta maquinaria fue un médico militar llamado Shirō Ishii, un hombre nacido en 1892 en Chiba que se formó en la Universidad Imperial de Kioto. Ishii sostenía la idea de que los conflictos modernos no se ganarían solo con armas de fuego, sino controlando los microorganismos, ya que históricamente morían más soldados por infecciones y epidemias que por heridas en el campo de batalla. Con esa mentalidad fría y calculadora, empezó a realizar pruebas desde la década de 1920, hasta que en 1936 el alto mando japonés le otorgó los recursos para levantar un complejo enorme en el distrito de Pingfang, muy cerca de la ciudad de Harbin.

    Aquel lugar no era un laboratorio pequeño ni improvisado, sino una fortaleza médica de proporciones gigantescas que albergaba a cerca de 3000 trabajadores, incluyendo a los mejores bacteriólogos, científicos y técnicos de Japón. El complejo contaba con edificios administrativos, criaderos de animales, salas de operaciones, celdas blindadas y hornos crematorios. A las personas encerradas en esas instalaciones, en su mayoría ciudadanos chinos, rusos, mongoles y coreanos, los investigadores les quitaron toda condición humana y los llamaron con desprecio maruta, una palabra japonesa que significa troncos, tratándolos como simple madera para quemar en sus ensayos.

    La crueldad dentro de Pingfang no conoció límites ni compasión alguna. Los médicos de la Unidad 731 inyectaban de forma voluntaria virus y bacterias de peste bubónica, cólera, ántrax, disentería y tifus en el cuerpo de hombres, mujeres y niños para vigilar de cerca la evolución de los síntomas cotidianos. Para evitar que los procesos de descomposición posteriores a la muerte alteraran los resultados de la investigación, los científicos realizaban disecciones y extirpaban órganos en personas que todavía se encontraban respirando y completamente conscientes. Los testimonios señalan que muchos de estos procedimientos se hacían sin aplicar anestesia, bajo el argumento de que las sustancias químicas podían alterar el comportamiento natural de los tejidos analizados.

    Otros grupos de prisioneros eran arrastrados al exterior durante el invierno helado de Manchuria para realizar estudios sobre la congelación extrema. Los técnicos sumergían las extremidades de las víctimas en agua helada y las exponían a la intemperie hasta que los brazos o las piernas quedaban totalmente petrificados, golpeándolos con varas para comprobar la pérdida de sensibilidad antes de probar distintos métodos de descongelación forzada para aplicar en los soldados japoneses. La Unidad 731 también perfeccionó la propagación de enfermedades criando millones de pulgas portadoras de la peste, diseñando bombas de cerámica especiales para dispersar estos insectos sobre ciudades civiles chinas, provocando brotes epidémicos que terminaron con la vida de miles de personas indefensas fuera de los muros del laboratorio. En agosto de 1945, ante el avance del ejército soviético, las fuerzas japonesas dinamitaron las estructuras y borraron los archivos en un intento por ocultar las evidencias de estas atrocidades.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Historia #SegundaGuerraMundial #Unidad731 #Japón #CrímenesDeGuerra

  7. Unidad 731: El laboratorio del horror en Manchuria

    El programa secreto de armas biológicas que convirtió vidas humanas en material de desecho durante la Segunda Guerra Mundial

    Entre los pasajes más oscuros de la Segunda Guerra Mundial existió un proyecto militar que por muchas décadas permaneció bajo la sombra del olvido, oculto a los ojos del mundo de una forma mucho más profunda que los crímenes del nazismo en Europa. Todo ocurrió en los territorios de la China ocupada por el Imperio de Japón, un escenario de crueldad extrema bautizado de manera oficial como la Unidad del Ejército de Kwantung para la Prevención de Epidemias y Purificación de Agua. Detrás de este nombre tan inocente y humanitario se escondía la Unidad 731, el centro neurálgico del mayor programa clandestino de experimentación médica y guerra bacteriológica de la época.

    El cerebro detrás de esta maquinaria fue un médico militar llamado Shirō Ishii, un hombre nacido en 1892 en Chiba que se formó en la Universidad Imperial de Kioto. Ishii sostenía la idea de que los conflictos modernos no se ganarían solo con armas de fuego, sino controlando los microorganismos, ya que históricamente morían más soldados por infecciones y epidemias que por heridas en el campo de batalla. Con esa mentalidad fría y calculadora, empezó a realizar pruebas desde la década de 1920, hasta que en 1936 el alto mando japonés le otorgó los recursos para levantar un complejo enorme en el distrito de Pingfang, muy cerca de la ciudad de Harbin.

    Aquel lugar no era un laboratorio pequeño ni improvisado, sino una fortaleza médica de proporciones gigantescas que albergaba a cerca de 3000 trabajadores, incluyendo a los mejores bacteriólogos, científicos y técnicos de Japón. El complejo contaba con edificios administrativos, criaderos de animales, salas de operaciones, celdas blindadas y hornos crematorios. A las personas encerradas en esas instalaciones, en su mayoría ciudadanos chinos, rusos, mongoles y coreanos, los investigadores les quitaron toda condición humana y los llamaron con desprecio maruta, una palabra japonesa que significa troncos, tratándolos como simple madera para quemar en sus ensayos.

    La crueldad dentro de Pingfang no conoció límites ni compasión alguna. Los médicos de la Unidad 731 inyectaban de forma voluntaria virus y bacterias de peste bubónica, cólera, ántrax, disentería y tifus en el cuerpo de hombres, mujeres y niños para vigilar de cerca la evolución de los síntomas cotidianos. Para evitar que los procesos de descomposición posteriores a la muerte alteraran los resultados de la investigación, los científicos realizaban disecciones y extirpaban órganos en personas que todavía se encontraban respirando y completamente conscientes. Los testimonios señalan que muchos de estos procedimientos se hacían sin aplicar anestesia, bajo el argumento de que las sustancias químicas podían alterar el comportamiento natural de los tejidos analizados.

    Otros grupos de prisioneros eran arrastrados al exterior durante el invierno helado de Manchuria para realizar estudios sobre la congelación extrema. Los técnicos sumergían las extremidades de las víctimas en agua helada y las exponían a la intemperie hasta que los brazos o las piernas quedaban totalmente petrificados, golpeándolos con varas para comprobar la pérdida de sensibilidad antes de probar distintos métodos de descongelación forzada para aplicar en los soldados japoneses. La Unidad 731 también perfeccionó la propagación de enfermedades criando millones de pulgas portadoras de la peste, diseñando bombas de cerámica especiales para dispersar estos insectos sobre ciudades civiles chinas, provocando brotes epidémicos que terminaron con la vida de miles de personas indefensas fuera de los muros del laboratorio. En agosto de 1945, ante el avance del ejército soviético, las fuerzas japonesas dinamitaron las estructuras y borraron los archivos en un intento por ocultar las evidencias de estas atrocidades.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #SegundaGuerraMundial #Unidad731 #Japón #CrímenesDeGuerra

  8. 🧿 𝑬𝒍 𝒐𝒕𝒓𝒐 𝑺𝒆𝒂𝒈𝒂𝒍 🧿

    En 1979, Steven Seagal todavía no había rodado una sola película.

    Tenía 27 años, vivía en Osaka y, aunque hoy cueste imaginarlo, por aquel entonces no era una estrella de Hollywood ni el tipo duro de las películas de acción.
    Era un instructor de aikido casado con una mujer que, además, tenía un grado superior al suyo.

    Ella era Miyako Fujitani.

    Miyako había empezado a practicar aikido en la adolescencia y en 1967, con solo 19 años, realizó su examen de primer dan en Osaka ante Morihei Ueshiba, el fundador del aikido.
    Cuando conoció a Seagal en California, ella ya era segundo dan.
    Él acababa de conseguir el primero.

    Seagal la siguió hasta Japón.
    Se casaron y se instalaron en Osaka.
    Allí nació su hijo Kentaro en 1975 y, cuatro años después, su hija Ayako.

    Y aquí empieza una parte de la historia que Hollywood contó después de una manera bastante diferente.

    Miyako ya tenía experiencia y dirigía su propia escuela.
    Cuando creó el Tenshin Dojo en Osaka, decidió colocar a su marido como instructor principal, a pesar de que ella tenía una graduación superior.

    Seagal comenzó a hacerse un nombre entre los alumnos.
    Enseñaba, entrenaba y desarrollaba la forma de aikido que posteriormente convertiría en una de sus principales señas de identidad.

    Pero Miyako no era precisamente la esposa que esperaba sentada a que su marido se hiciera famoso.

    Ella tenía su propia carrera.

    Mientras tanto, Seagal empezó a mirar hacia Estados Unidos.
    A comienzos de los años ochenta pasó cada vez más tiempo allí y terminó abriendo una escuela de aikido en California.
    El cine apareció después.

    Y entonces empezó a crecer también el personaje.

    Seagal hablaba de sus años en Japón y de supuestos contactos con agentes de inteligencia y trabajos relacionados con operaciones clandestinas.
    Algunas de aquellas historias resultaban difíciles de comprobar y ya en la época de su llegada a Hollywood se señalaba la mezcla entre experiencias reales y relatos mucho más extraordinarios.

    Dicho de otra manera: el personaje de Steven Seagal empezó a crecer incluso antes de que existiera la estrella de cine.

    En 1988 llegó "Above the Law" y, de repente, aquel instructor de aikido que había pasado años en Japón se convirtió en protagonista de una película de acción.

    Hollywood había encontrado su producto perfecto: un hombre que realmente sabía artes marciales, hablaba japonés y además tenía una biografía que parecía escrita para una película de espías.

    Pero detrás del personaje había una historia familiar bastante menos cinematográfica.

    Miyako se quedó en Japón con sus hijos.
    Y cuando Seagal se marchó, el dojo sufrió.
    Algunos alumnos dejaron de acudir y hubo clases a las que, según recordaría Miyako, solo asistía una persona.

    Ella siguió adelante.

    Siguió enseñando, crió a sus hijos y continuó desarrollando su propia carrera hasta alcanzar el séptimo dan de Aikikai.

    Y mientras la carrera de su exmarido crecía, la vida de Seagal empezaba a llenarse también de polémicas.

    Su matrimonio con Miyako terminó en divorcio en 1987.
    Ese mismo año se casó con la actriz Adrienne La Russa, aunque aquel matrimonio fue posteriormente anulado.
    Poco después se casó con Kelly LeBrock, con quien tuvo tres hijos, y aquella relación también terminó en divorcio.

    Después llegaron más relaciones, más hijos y más titulares.

    Y tampoco faltaron problemas en los rodajes.
    Varios especialistas y compañeros de trabajo han contado que Seagal tenía fama de golpear con demasiada fuerza durante las escenas de acción.
    El especialista Gene LeBell llegó a protagonizar una de las historias más famosas alrededor del actor: según el relato difundido durante años, ambos tuvieron un enfrentamiento en el que LeBell consiguió someterlo.
    Seagal ha negado distintas versiones de aquel episodio.

    Luego aparecieron acusaciones de acoso y agresión sexual formuladas por varias mujeres.
    Seagal negó las acusaciones.

    Y cuando parecía que su etapa más extravagante había quedado atrás, llegó Rusia.

    Seagal obtuvo la ciudadanía rusa en 2016 y, en 2018, el Gobierno ruso lo nombró representante especial para las relaciones humanitarias entre Rusia y Estados Unidos.
    Era un cargo no remunerado, pero bastante llamativo para un actor de Hollywood que llevaba años mostrando públicamente su admiración por Vladímir Putin.

    En 2020 tuvo además otro problema muy distinto: la SEC estadounidense anunció que había aceptado pagar 314.000 dólares para resolver los cargos relacionados con la promoción de una oferta de criptomonedas sin revelar que estaba siendo compensado por ello.

    Pero volvamos a 1979.

    Porque aquella fotografía familiar pertenece precisamente a ese momento.

    Antes de las películas.
    Antes del ponytail.
    Antes de las historias de agentes secretos, de Putin, de las polémicas y del personaje de hombre indestructible que Hollywood fabricaría alrededor de él.

    Allí estaba simplemente Steven Seagal, un joven instructor de aikido, junto a Miyako Fujitani, una mujer que sabía tanto o más que él sobre el mundo que acabaría convirtiéndolo en famoso.

    Y quizá esa sea la parte más curiosa de toda la historia.

    Mientras Hollywood convirtió a Seagal en leyenda, Miyako siguió haciendo exactamente lo mismo que hacía antes de que nadie supiera quién era él: entrar en el tatami, enseñar aikido y continuar con su vida.

    Ella no necesitó Hollywood para convertirse en maestra.

    Él sí necesitó Hollywood para convertirse en Steven Seagal.

    Ah!! Y en 2011 Seagal llevó su imagen de hombre de acción un paso más allá.
    Prestó juramento como ayudante del sheriff del condado de Hudspeth, en Texas, y pasó a patrullar un tramo de unas 98 millas de frontera con México.
    Su cometido incluía vigilar los cruces ilegales y combatir el narcotráfico.
    No era simplemente una aparición publicitaria: ocupó oficialmente el puesto y participó en tareas de vigilancia.
    También impartió entrenamiento de defensa personal a otros agentes aprovechando su experiencia en aikido y artes marciales.
    El hombre que durante años había interpretado a policías, agentes y tipos duros en el cine ahora llevaba uniforme y patrullaba de verdad la frontera.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=TPUdDhaBLDQ

    #stevenseagal #miyakofujitani #aikido #artesmarciales #hollywood #cine #actores #historiasreales #biografias #curiosidades #japon #osaka #tenjinshojo #moriheiueshiba #accion #cineaccion #leyendas #vidasreales #historiasdelcine #hollywoodstories

  9. 🧿 𝑬𝒍 𝒐𝒕𝒓𝒐 𝑺𝒆𝒂𝒈𝒂𝒍 🧿

    En 1979, Steven Seagal todavía no había rodado una sola película.

    Tenía 27 años, vivía en Osaka y, aunque hoy cueste imaginarlo, por aquel entonces no era una estrella de Hollywood ni el tipo duro de las películas de acción.
    Era un instructor de aikido casado con una mujer que, además, tenía un grado superior al suyo.

    Ella era Miyako Fujitani.

    Miyako había empezado a practicar aikido en la adolescencia y en 1967, con solo 19 años, realizó su examen de primer dan en Osaka ante Morihei Ueshiba, el fundador del aikido.
    Cuando conoció a Seagal en California, ella ya era segundo dan.
    Él acababa de conseguir el primero.

    Seagal la siguió hasta Japón.
    Se casaron y se instalaron en Osaka.
    Allí nació su hijo Kentaro en 1975 y, cuatro años después, su hija Ayako.

    Y aquí empieza una parte de la historia que Hollywood contó después de una manera bastante diferente.

    Miyako ya tenía experiencia y dirigía su propia escuela.
    Cuando creó el Tenshin Dojo en Osaka, decidió colocar a su marido como instructor principal, a pesar de que ella tenía una graduación superior.

    Seagal comenzó a hacerse un nombre entre los alumnos.
    Enseñaba, entrenaba y desarrollaba la forma de aikido que posteriormente convertiría en una de sus principales señas de identidad.

    Pero Miyako no era precisamente la esposa que esperaba sentada a que su marido se hiciera famoso.

    Ella tenía su propia carrera.

    Mientras tanto, Seagal empezó a mirar hacia Estados Unidos.
    A comienzos de los años ochenta pasó cada vez más tiempo allí y terminó abriendo una escuela de aikido en California.
    El cine apareció después.

    Y entonces empezó a crecer también el personaje.

    Seagal hablaba de sus años en Japón y de supuestos contactos con agentes de inteligencia y trabajos relacionados con operaciones clandestinas.
    Algunas de aquellas historias resultaban difíciles de comprobar y ya en la época de su llegada a Hollywood se señalaba la mezcla entre experiencias reales y relatos mucho más extraordinarios.

    Dicho de otra manera: el personaje de Steven Seagal empezó a crecer incluso antes de que existiera la estrella de cine.

    En 1988 llegó "Above the Law" y, de repente, aquel instructor de aikido que había pasado años en Japón se convirtió en protagonista de una película de acción.

    Hollywood había encontrado su producto perfecto: un hombre que realmente sabía artes marciales, hablaba japonés y además tenía una biografía que parecía escrita para una película de espías.

    Pero detrás del personaje había una historia familiar bastante menos cinematográfica.

    Miyako se quedó en Japón con sus hijos.
    Y cuando Seagal se marchó, el dojo sufrió.
    Algunos alumnos dejaron de acudir y hubo clases a las que, según recordaría Miyako, solo asistía una persona.

    Ella siguió adelante.

    Siguió enseñando, crió a sus hijos y continuó desarrollando su propia carrera hasta alcanzar el séptimo dan de Aikikai.

    Y mientras la carrera de su exmarido crecía, la vida de Seagal empezaba a llenarse también de polémicas.

    Su matrimonio con Miyako terminó en divorcio en 1987.
    Ese mismo año se casó con la actriz Adrienne La Russa, aunque aquel matrimonio fue posteriormente anulado.
    Poco después se casó con Kelly LeBrock, con quien tuvo tres hijos, y aquella relación también terminó en divorcio.

    Después llegaron más relaciones, más hijos y más titulares.

    Y tampoco faltaron problemas en los rodajes.
    Varios especialistas y compañeros de trabajo han contado que Seagal tenía fama de golpear con demasiada fuerza durante las escenas de acción.
    El especialista Gene LeBell llegó a protagonizar una de las historias más famosas alrededor del actor: según el relato difundido durante años, ambos tuvieron un enfrentamiento en el que LeBell consiguió someterlo.
    Seagal ha negado distintas versiones de aquel episodio.

    Luego aparecieron acusaciones de acoso y agresión sexual formuladas por varias mujeres.
    Seagal negó las acusaciones.

    Y cuando parecía que su etapa más extravagante había quedado atrás, llegó Rusia.

    Seagal obtuvo la ciudadanía rusa en 2016 y, en 2018, el Gobierno ruso lo nombró representante especial para las relaciones humanitarias entre Rusia y Estados Unidos.
    Era un cargo no remunerado, pero bastante llamativo para un actor de Hollywood que llevaba años mostrando públicamente su admiración por Vladímir Putin.

    En 2020 tuvo además otro problema muy distinto: la SEC estadounidense anunció que había aceptado pagar 314.000 dólares para resolver los cargos relacionados con la promoción de una oferta de criptomonedas sin revelar que estaba siendo compensado por ello.

    Pero volvamos a 1979.

    Porque aquella fotografía familiar pertenece precisamente a ese momento.

    Antes de las películas.
    Antes del ponytail.
    Antes de las historias de agentes secretos, de Putin, de las polémicas y del personaje de hombre indestructible que Hollywood fabricaría alrededor de él.

    Allí estaba simplemente Steven Seagal, un joven instructor de aikido, junto a Miyako Fujitani, una mujer que sabía tanto o más que él sobre el mundo que acabaría convirtiéndolo en famoso.

    Y quizá esa sea la parte más curiosa de toda la historia.

    Mientras Hollywood convirtió a Seagal en leyenda, Miyako siguió haciendo exactamente lo mismo que hacía antes de que nadie supiera quién era él: entrar en el tatami, enseñar aikido y continuar con su vida.

    Ella no necesitó Hollywood para convertirse en maestra.

    Él sí necesitó Hollywood para convertirse en Steven Seagal.

    Ah!! Y en 2011 Seagal llevó su imagen de hombre de acción un paso más allá.
    Prestó juramento como ayudante del sheriff del condado de Hudspeth, en Texas, y pasó a patrullar un tramo de unas 98 millas de frontera con México.
    Su cometido incluía vigilar los cruces ilegales y combatir el narcotráfico.
    No era simplemente una aparición publicitaria: ocupó oficialmente el puesto y participó en tareas de vigilancia.
    También impartió entrenamiento de defensa personal a otros agentes aprovechando su experiencia en aikido y artes marciales.
    El hombre que durante años había interpretado a policías, agentes y tipos duros en el cine ahora llevaba uniforme y patrullaba de verdad la frontera.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=TPUdDhaBLDQ

    #stevenseagal #miyakofujitani #aikido #artesmarciales #hollywood #cine #actores #historiasreales #biografias #curiosidades #japon #osaka #tenjinshojo #moriheiueshiba #accion #cineaccion #leyendas #vidasreales #historiasdelcine #hollywoodstories

  10. 🧿 𝑬𝒍 𝒐𝒕𝒓𝒐 𝑺𝒆𝒂𝒈𝒂𝒍 🧿

    En 1979, Steven Seagal todavía no había rodado una sola película.

    Tenía 27 años, vivía en Osaka y, aunque hoy cueste imaginarlo, por aquel entonces no era una estrella de Hollywood ni el tipo duro de las películas de acción.
    Era un instructor de aikido casado con una mujer que, además, tenía un grado superior al suyo.

    Ella era Miyako Fujitani.

    Miyako había empezado a practicar aikido en la adolescencia y en 1967, con solo 19 años, realizó su examen de primer dan en Osaka ante Morihei Ueshiba, el fundador del aikido.
    Cuando conoció a Seagal en California, ella ya era segundo dan.
    Él acababa de conseguir el primero.

    Seagal la siguió hasta Japón.
    Se casaron y se instalaron en Osaka.
    Allí nació su hijo Kentaro en 1975 y, cuatro años después, su hija Ayako.

    Y aquí empieza una parte de la historia que Hollywood contó después de una manera bastante diferente.

    Miyako ya tenía experiencia y dirigía su propia escuela.
    Cuando creó el Tenshin Dojo en Osaka, decidió colocar a su marido como instructor principal, a pesar de que ella tenía una graduación superior.

    Seagal comenzó a hacerse un nombre entre los alumnos.
    Enseñaba, entrenaba y desarrollaba la forma de aikido que posteriormente convertiría en una de sus principales señas de identidad.

    Pero Miyako no era precisamente la esposa que esperaba sentada a que su marido se hiciera famoso.

    Ella tenía su propia carrera.

    Mientras tanto, Seagal empezó a mirar hacia Estados Unidos.
    A comienzos de los años ochenta pasó cada vez más tiempo allí y terminó abriendo una escuela de aikido en California.
    El cine apareció después.

    Y entonces empezó a crecer también el personaje.

    Seagal hablaba de sus años en Japón y de supuestos contactos con agentes de inteligencia y trabajos relacionados con operaciones clandestinas.
    Algunas de aquellas historias resultaban difíciles de comprobar y ya en la época de su llegada a Hollywood se señalaba la mezcla entre experiencias reales y relatos mucho más extraordinarios.

    Dicho de otra manera: el personaje de Steven Seagal empezó a crecer incluso antes de que existiera la estrella de cine.

    En 1988 llegó "Above the Law" y, de repente, aquel instructor de aikido que había pasado años en Japón se convirtió en protagonista de una película de acción.

    Hollywood había encontrado su producto perfecto: un hombre que realmente sabía artes marciales, hablaba japonés y además tenía una biografía que parecía escrita para una película de espías.

    Pero detrás del personaje había una historia familiar bastante menos cinematográfica.

    Miyako se quedó en Japón con sus hijos.
    Y cuando Seagal se marchó, el dojo sufrió.
    Algunos alumnos dejaron de acudir y hubo clases a las que, según recordaría Miyako, solo asistía una persona.

    Ella siguió adelante.

    Siguió enseñando, crió a sus hijos y continuó desarrollando su propia carrera hasta alcanzar el séptimo dan de Aikikai.

    Y mientras la carrera de su exmarido crecía, la vida de Seagal empezaba a llenarse también de polémicas.

    Su matrimonio con Miyako terminó en divorcio en 1987.
    Ese mismo año se casó con la actriz Adrienne La Russa, aunque aquel matrimonio fue posteriormente anulado.
    Poco después se casó con Kelly LeBrock, con quien tuvo tres hijos, y aquella relación también terminó en divorcio.

    Después llegaron más relaciones, más hijos y más titulares.

    Y tampoco faltaron problemas en los rodajes.
    Varios especialistas y compañeros de trabajo han contado que Seagal tenía fama de golpear con demasiada fuerza durante las escenas de acción.
    El especialista Gene LeBell llegó a protagonizar una de las historias más famosas alrededor del actor: según el relato difundido durante años, ambos tuvieron un enfrentamiento en el que LeBell consiguió someterlo.
    Seagal ha negado distintas versiones de aquel episodio.

    Luego aparecieron acusaciones de acoso y agresión sexual formuladas por varias mujeres.
    Seagal negó las acusaciones.

    Y cuando parecía que su etapa más extravagante había quedado atrás, llegó Rusia.

    Seagal obtuvo la ciudadanía rusa en 2016 y, en 2018, el Gobierno ruso lo nombró representante especial para las relaciones humanitarias entre Rusia y Estados Unidos.
    Era un cargo no remunerado, pero bastante llamativo para un actor de Hollywood que llevaba años mostrando públicamente su admiración por Vladímir Putin.

    En 2020 tuvo además otro problema muy distinto: la SEC estadounidense anunció que había aceptado pagar 314.000 dólares para resolver los cargos relacionados con la promoción de una oferta de criptomonedas sin revelar que estaba siendo compensado por ello.

    Pero volvamos a 1979.

    Porque aquella fotografía familiar pertenece precisamente a ese momento.

    Antes de las películas.
    Antes del ponytail.
    Antes de las historias de agentes secretos, de Putin, de las polémicas y del personaje de hombre indestructible que Hollywood fabricaría alrededor de él.

    Allí estaba simplemente Steven Seagal, un joven instructor de aikido, junto a Miyako Fujitani, una mujer que sabía tanto o más que él sobre el mundo que acabaría convirtiéndolo en famoso.

    Y quizá esa sea la parte más curiosa de toda la historia.

    Mientras Hollywood convirtió a Seagal en leyenda, Miyako siguió haciendo exactamente lo mismo que hacía antes de que nadie supiera quién era él: entrar en el tatami, enseñar aikido y continuar con su vida.

    Ella no necesitó Hollywood para convertirse en maestra.

    Él sí necesitó Hollywood para convertirse en Steven Seagal.

    Ah!! Y en 2011 Seagal llevó su imagen de hombre de acción un paso más allá.
    Prestó juramento como ayudante del sheriff del condado de Hudspeth, en Texas, y pasó a patrullar un tramo de unas 98 millas de frontera con México.
    Su cometido incluía vigilar los cruces ilegales y combatir el narcotráfico.
    No era simplemente una aparición publicitaria: ocupó oficialmente el puesto y participó en tareas de vigilancia.
    También impartió entrenamiento de defensa personal a otros agentes aprovechando su experiencia en aikido y artes marciales.
    El hombre que durante años había interpretado a policías, agentes y tipos duros en el cine ahora llevaba uniforme y patrullaba de verdad la frontera.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=TPUdDhaBLDQ

    #stevenseagal #miyakofujitani #aikido #artesmarciales #hollywood #cine #actores #historiasreales #biografias #curiosidades #japon #osaka #tenjinshojo #moriheiueshiba #accion #cineaccion #leyendas #vidasreales #historiasdelcine #hollywoodstories

  11. 🧿 𝑬𝒍 𝒐𝒕𝒓𝒐 𝑺𝒆𝒂𝒈𝒂𝒍 🧿

    En 1979, Steven Seagal todavía no había rodado una sola película.

    Tenía 27 años, vivía en Osaka y, aunque hoy cueste imaginarlo, por aquel entonces no era una estrella de Hollywood ni el tipo duro de las películas de acción.
    Era un instructor de aikido casado con una mujer que, además, tenía un grado superior al suyo.

    Ella era Miyako Fujitani.

    Miyako había empezado a practicar aikido en la adolescencia y en 1967, con solo 19 años, realizó su examen de primer dan en Osaka ante Morihei Ueshiba, el fundador del aikido.
    Cuando conoció a Seagal en California, ella ya era segundo dan.
    Él acababa de conseguir el primero.

    Seagal la siguió hasta Japón.
    Se casaron y se instalaron en Osaka.
    Allí nació su hijo Kentaro en 1975 y, cuatro años después, su hija Ayako.

    Y aquí empieza una parte de la historia que Hollywood contó después de una manera bastante diferente.

    Miyako ya tenía experiencia y dirigía su propia escuela.
    Cuando creó el Tenshin Dojo en Osaka, decidió colocar a su marido como instructor principal, a pesar de que ella tenía una graduación superior.

    Seagal comenzó a hacerse un nombre entre los alumnos.
    Enseñaba, entrenaba y desarrollaba la forma de aikido que posteriormente convertiría en una de sus principales señas de identidad.

    Pero Miyako no era precisamente la esposa que esperaba sentada a que su marido se hiciera famoso.

    Ella tenía su propia carrera.

    Mientras tanto, Seagal empezó a mirar hacia Estados Unidos.
    A comienzos de los años ochenta pasó cada vez más tiempo allí y terminó abriendo una escuela de aikido en California.
    El cine apareció después.

    Y entonces empezó a crecer también el personaje.

    Seagal hablaba de sus años en Japón y de supuestos contactos con agentes de inteligencia y trabajos relacionados con operaciones clandestinas.
    Algunas de aquellas historias resultaban difíciles de comprobar y ya en la época de su llegada a Hollywood se señalaba la mezcla entre experiencias reales y relatos mucho más extraordinarios.

    Dicho de otra manera: el personaje de Steven Seagal empezó a crecer incluso antes de que existiera la estrella de cine.

    En 1988 llegó "Above the Law" y, de repente, aquel instructor de aikido que había pasado años en Japón se convirtió en protagonista de una película de acción.

    Hollywood había encontrado su producto perfecto: un hombre que realmente sabía artes marciales, hablaba japonés y además tenía una biografía que parecía escrita para una película de espías.

    Pero detrás del personaje había una historia familiar bastante menos cinematográfica.

    Miyako se quedó en Japón con sus hijos.
    Y cuando Seagal se marchó, el dojo sufrió.
    Algunos alumnos dejaron de acudir y hubo clases a las que, según recordaría Miyako, solo asistía una persona.

    Ella siguió adelante.

    Siguió enseñando, crió a sus hijos y continuó desarrollando su propia carrera hasta alcanzar el séptimo dan de Aikikai.

    Y mientras la carrera de su exmarido crecía, la vida de Seagal empezaba a llenarse también de polémicas.

    Su matrimonio con Miyako terminó en divorcio en 1987.
    Ese mismo año se casó con la actriz Adrienne La Russa, aunque aquel matrimonio fue posteriormente anulado.
    Poco después se casó con Kelly LeBrock, con quien tuvo tres hijos, y aquella relación también terminó en divorcio.

    Después llegaron más relaciones, más hijos y más titulares.

    Y tampoco faltaron problemas en los rodajes.
    Varios especialistas y compañeros de trabajo han contado que Seagal tenía fama de golpear con demasiada fuerza durante las escenas de acción.
    El especialista Gene LeBell llegó a protagonizar una de las historias más famosas alrededor del actor: según el relato difundido durante años, ambos tuvieron un enfrentamiento en el que LeBell consiguió someterlo.
    Seagal ha negado distintas versiones de aquel episodio.

    Luego aparecieron acusaciones de acoso y agresión sexual formuladas por varias mujeres.
    Seagal negó las acusaciones.

    Y cuando parecía que su etapa más extravagante había quedado atrás, llegó Rusia.

    Seagal obtuvo la ciudadanía rusa en 2016 y, en 2018, el Gobierno ruso lo nombró representante especial para las relaciones humanitarias entre Rusia y Estados Unidos.
    Era un cargo no remunerado, pero bastante llamativo para un actor de Hollywood que llevaba años mostrando públicamente su admiración por Vladímir Putin.

    En 2020 tuvo además otro problema muy distinto: la SEC estadounidense anunció que había aceptado pagar 314.000 dólares para resolver los cargos relacionados con la promoción de una oferta de criptomonedas sin revelar que estaba siendo compensado por ello.

    Pero volvamos a 1979.

    Porque aquella fotografía familiar pertenece precisamente a ese momento.

    Antes de las películas.
    Antes del ponytail.
    Antes de las historias de agentes secretos, de Putin, de las polémicas y del personaje de hombre indestructible que Hollywood fabricaría alrededor de él.

    Allí estaba simplemente Steven Seagal, un joven instructor de aikido, junto a Miyako Fujitani, una mujer que sabía tanto o más que él sobre el mundo que acabaría convirtiéndolo en famoso.

    Y quizá esa sea la parte más curiosa de toda la historia.

    Mientras Hollywood convirtió a Seagal en leyenda, Miyako siguió haciendo exactamente lo mismo que hacía antes de que nadie supiera quién era él: entrar en el tatami, enseñar aikido y continuar con su vida.

    Ella no necesitó Hollywood para convertirse en maestra.

    Él sí necesitó Hollywood para convertirse en Steven Seagal.

    Ah!! Y en 2011 Seagal llevó su imagen de hombre de acción un paso más allá.
    Prestó juramento como ayudante del sheriff del condado de Hudspeth, en Texas, y pasó a patrullar un tramo de unas 98 millas de frontera con México.
    Su cometido incluía vigilar los cruces ilegales y combatir el narcotráfico.
    No era simplemente una aparición publicitaria: ocupó oficialmente el puesto y participó en tareas de vigilancia.
    También impartió entrenamiento de defensa personal a otros agentes aprovechando su experiencia en aikido y artes marciales.
    El hombre que durante años había interpretado a policías, agentes y tipos duros en el cine ahora llevaba uniforme y patrullaba de verdad la frontera.

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    #stevenseagal #miyakofujitani #aikido #artesmarciales #hollywood #cine #actores #historiasreales #biografias #curiosidades #japon #osaka #tenjinshojo #moriheiueshiba #accion #cineaccion #leyendas #vidasreales #historiasdelcine #hollywoodstories

  12. 🧿 𝑬𝒍 𝒐𝒕𝒓𝒐 𝑺𝒆𝒂𝒈𝒂𝒍 🧿

    En 1979, Steven Seagal todavía no había rodado una sola película.

    Tenía 27 años, vivía en Osaka y, aunque hoy cueste imaginarlo, por aquel entonces no era una estrella de Hollywood ni el tipo duro de las películas de acción.
    Era un instructor de aikido casado con una mujer que, además, tenía un grado superior al suyo.

    Ella era Miyako Fujitani.

    Miyako había empezado a practicar aikido en la adolescencia y en 1967, con solo 19 años, realizó su examen de primer dan en Osaka ante Morihei Ueshiba, el fundador del aikido.
    Cuando conoció a Seagal en California, ella ya era segundo dan.
    Él acababa de conseguir el primero.

    Seagal la siguió hasta Japón.
    Se casaron y se instalaron en Osaka.
    Allí nació su hijo Kentaro en 1975 y, cuatro años después, su hija Ayako.

    Y aquí empieza una parte de la historia que Hollywood contó después de una manera bastante diferente.

    Miyako ya tenía experiencia y dirigía su propia escuela.
    Cuando creó el Tenshin Dojo en Osaka, decidió colocar a su marido como instructor principal, a pesar de que ella tenía una graduación superior.

    Seagal comenzó a hacerse un nombre entre los alumnos.
    Enseñaba, entrenaba y desarrollaba la forma de aikido que posteriormente convertiría en una de sus principales señas de identidad.

    Pero Miyako no era precisamente la esposa que esperaba sentada a que su marido se hiciera famoso.

    Ella tenía su propia carrera.

    Mientras tanto, Seagal empezó a mirar hacia Estados Unidos.
    A comienzos de los años ochenta pasó cada vez más tiempo allí y terminó abriendo una escuela de aikido en California.
    El cine apareció después.

    Y entonces empezó a crecer también el personaje.

    Seagal hablaba de sus años en Japón y de supuestos contactos con agentes de inteligencia y trabajos relacionados con operaciones clandestinas.
    Algunas de aquellas historias resultaban difíciles de comprobar y ya en la época de su llegada a Hollywood se señalaba la mezcla entre experiencias reales y relatos mucho más extraordinarios.

    Dicho de otra manera: el personaje de Steven Seagal empezó a crecer incluso antes de que existiera la estrella de cine.

    En 1988 llegó "Above the Law" y, de repente, aquel instructor de aikido que había pasado años en Japón se convirtió en protagonista de una película de acción.

    Hollywood había encontrado su producto perfecto: un hombre que realmente sabía artes marciales, hablaba japonés y además tenía una biografía que parecía escrita para una película de espías.

    Pero detrás del personaje había una historia familiar bastante menos cinematográfica.

    Miyako se quedó en Japón con sus hijos.
    Y cuando Seagal se marchó, el dojo sufrió.
    Algunos alumnos dejaron de acudir y hubo clases a las que, según recordaría Miyako, solo asistía una persona.

    Ella siguió adelante.

    Siguió enseñando, crió a sus hijos y continuó desarrollando su propia carrera hasta alcanzar el séptimo dan de Aikikai.

    Y mientras la carrera de su exmarido crecía, la vida de Seagal empezaba a llenarse también de polémicas.

    Su matrimonio con Miyako terminó en divorcio en 1987.
    Ese mismo año se casó con la actriz Adrienne La Russa, aunque aquel matrimonio fue posteriormente anulado.
    Poco después se casó con Kelly LeBrock, con quien tuvo tres hijos, y aquella relación también terminó en divorcio.

    Después llegaron más relaciones, más hijos y más titulares.

    Y tampoco faltaron problemas en los rodajes.
    Varios especialistas y compañeros de trabajo han contado que Seagal tenía fama de golpear con demasiada fuerza durante las escenas de acción.
    El especialista Gene LeBell llegó a protagonizar una de las historias más famosas alrededor del actor: según el relato difundido durante años, ambos tuvieron un enfrentamiento en el que LeBell consiguió someterlo.
    Seagal ha negado distintas versiones de aquel episodio.

    Luego aparecieron acusaciones de acoso y agresión sexual formuladas por varias mujeres.
    Seagal negó las acusaciones.

    Y cuando parecía que su etapa más extravagante había quedado atrás, llegó Rusia.

    Seagal obtuvo la ciudadanía rusa en 2016 y, en 2018, el Gobierno ruso lo nombró representante especial para las relaciones humanitarias entre Rusia y Estados Unidos.
    Era un cargo no remunerado, pero bastante llamativo para un actor de Hollywood que llevaba años mostrando públicamente su admiración por Vladímir Putin.

    En 2020 tuvo además otro problema muy distinto: la SEC estadounidense anunció que había aceptado pagar 314.000 dólares para resolver los cargos relacionados con la promoción de una oferta de criptomonedas sin revelar que estaba siendo compensado por ello.

    Pero volvamos a 1979.

    Porque aquella fotografía familiar pertenece precisamente a ese momento.

    Antes de las películas.
    Antes del ponytail.
    Antes de las historias de agentes secretos, de Putin, de las polémicas y del personaje de hombre indestructible que Hollywood fabricaría alrededor de él.

    Allí estaba simplemente Steven Seagal, un joven instructor de aikido, junto a Miyako Fujitani, una mujer que sabía tanto o más que él sobre el mundo que acabaría convirtiéndolo en famoso.

    Y quizá esa sea la parte más curiosa de toda la historia.

    Mientras Hollywood convirtió a Seagal en leyenda, Miyako siguió haciendo exactamente lo mismo que hacía antes de que nadie supiera quién era él: entrar en el tatami, enseñar aikido y continuar con su vida.

    Ella no necesitó Hollywood para convertirse en maestra.

    Él sí necesitó Hollywood para convertirse en Steven Seagal.

    Ah!! Y en 2011 Seagal llevó su imagen de hombre de acción un paso más allá.
    Prestó juramento como ayudante del sheriff del condado de Hudspeth, en Texas, y pasó a patrullar un tramo de unas 98 millas de frontera con México.
    Su cometido incluía vigilar los cruces ilegales y combatir el narcotráfico.
    No era simplemente una aparición publicitaria: ocupó oficialmente el puesto y participó en tareas de vigilancia.
    También impartió entrenamiento de defensa personal a otros agentes aprovechando su experiencia en aikido y artes marciales.
    El hombre que durante años había interpretado a policías, agentes y tipos duros en el cine ahora llevaba uniforme y patrullaba de verdad la frontera.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

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    #stevenseagal #miyakofujitani #aikido #artesmarciales #hollywood #cine #actores #historiasreales #biografias #curiosidades #japon #osaka #tenjinshojo #moriheiueshiba #accion #cineaccion #leyendas #vidasreales #historiasdelcine #hollywoodstories

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  15. Ce blogue présente des écogestes, des technologies vertes, dans le domaine du logement, du jardinage, du transport et de l'énergie, du textile et de la mode, l'agriculture et l'alimentation, la santé et du bien-être, la finance responsable, ainsi que des références de livres

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