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#japon — Public Fediverse posts

Live and recent posts from across the Fediverse tagged #japon, aggregated by home.social.

  1. On commence à recevoir les choses pour notre voyage au Japon. C'est plutôt très bien foutu ! De quoi rassurer des gens stressés de voyager dans un pays inconnu à l'autre bout du monde 😅
    Non sérieux, ils ont une app avec les cartes de chaque endroit qu'on va visiter, la météo, de la todo list pour ne rien oublier, les e-billets, des guides et des infos pratiques pour chaque lieux visités, franchement, c'est hyper cool. Avec, il faut le dire, la version papier en prime. (Qu'on va aussi prendre)

    Et pour l'anecdote, on ira à une cérémonie du thé à Kyoto. Et cette maison est ici sur Mastodon, je les suis, même ! (c'est @camelliakyoto 😅 🥰 ❤️

    #Japon #voyage

  2. 🎯 ■ El japonés que recomiendan los japoneses: "Para alguien que haya vivido en Japón, reconoces los sabores" ■ Un experto en gastronomía japonesa señala un histórico restaurante de Madrid cuando le preguntan dónde comer comida nipona auténtica en España.
    huffingtonpost.es/virales/el-j

    #virales #japon #sushi #japoneses

  3. 🧘 ■ Qué son los marimos, el alga viral que arrasa en redes sociales: dónde conseguirlos y cómo cuidarlos ■ Son bastante fáciles de cuidar y crecen apenas unos milímetros al año. Si se cuidan de forma correcta pueden llegar a vivir más de 100 o 150 años.
    huffingtonpost.es/life/que-son

    #life #japon #algas #hogar #decoracion

  4. #datocurioso

    ¿Sabían que en 1985 Japón vivió una oleada de asesinatos al azar donde el culpable usaba máquinas expendedoras y refrescos envenenados para acabar con sus víctimas?

    El caso comenzó el 30 de abril de 1985, cuando un camionero de 45 años encontró una botella de la bebida energética Oronamin C encima de una máquina en una carretera de Fukuyama. Pensando que a alguien se le había olvidado, se la tomó, pero a los pocos días falleció en el hospital. Los médicos descubrieron que la botella contenía paraquat, un herbicida para eliminar malas hierbas que es sumamente tóxico y destruye los pulmones de forma lenta y dolorosa a través de una fibrosis pulmonar. El misterioso atacante repetía siempre el mismo truco: inyectaba el veneno en envases de bebidas muy populares como Oronamin C o Real Gold y las dejaba abandonadas sobre las máquinas expendedoras o justo en el compartimento donde caen los productos para que la gente las encontrara y pensara que tenía un golpe de suerte.

    El pánico se extendió rápidamente por todo el país porque las víctimas no tenían ninguna relación entre sí; había desde estudiantes hasta trabajadores de distintas edades y regiones que solo tuvieron la mala fortuna de recoger la botella equivocada. La situación se volvió todavía más compleja para la policía porque la enorme cobertura de los periódicos provocó la aparición de imitadores, lo que hizo casi imposible saber si todos los ataques eran obra de un solo individuo. Uno de los momentos más tristes ocurrió el 17 de noviembre de 1925, cuando una estudiante de 17 años de la prefectura de Saitama recogió una Coca-Cola contaminada con paraquat de una máquina y murió una semana después.

    Para finales de ese año, las autoridades registraron 12 personas fallecidas y más de 30 intoxicadas por culpa de esta ruleta macabra. El miedo obligó a las empresas a cambiar por completo los diseños de los envases para volverlos más seguros contra manipulaciones y el gobierno japonés redujo por ley la concentración química del herbicida en los productos comerciales. A pesar de los meses de investigación y de las miles de pistas revisadas, la policía jamás pudo encontrar una sola prueba para detener a un sospechoso, por lo que el caso se cerró sin identificar al responsable, dejando el misterio sin resolver.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #Japón #CrímenesReales #Misterio

  5. Haniwa del periodo Asuka (538-710), o Kofun según algunos historiadores, que, por la forma de la cabeza, probablemente represente a un gobernante. Los haniwa se colocaban sobre los montículos funerarios, en torno a estos o en sus entradas. 🏛️Galería de Arte de la Universidad de Yale #japon #japan

  6. 🧿 𝑬𝒍 𝑴𝒐𝒏𝒔𝒕𝒓𝒖𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝟐𝟏 𝑪𝒂𝒓𝒂𝒔 🧿

    Japón estaba acostumbrado a que sus grandes empresas de alimentación fueran sinónimo de confianza.
    Pero en 1984 alguien encontró una forma de convertir esa confianza en miedo.

    El 18 de marzo, dos hombres enmascarados entraron en la casa de Katsuhisa Ezaki, presidente de la compañía de dulces Ezaki Glico.
    Su familia fue reducida y el empresario, que estaba bañándose, fue sacado de su propia casa a punta de pistola.
    Los secuestradores exigieron 1.000 millones de yenes y 100 kilos de oro.

    Pero el secuestro no terminó como esperaban.
    Tres días después, Ezaki consiguió escapar de sus captores y apareció en una zona residencial.
    Estaba descalzo y tenía algunas heridas en la cara, pero se encontraba con vida.
    No se pagó el rescate.

    Podría haber parecido un secuestro fallido.
    No lo era.

    Después de la fuga comenzaron las cartas.
    Al principio amenazaban a Glico y exigían dinero.
    Después llegó algo mucho más peligroso: los autores aseguraron que habían contaminado productos de la empresa con cianuro potásico y amenazaron con colocarlos en los supermercados.

    Las cartas estaban firmadas con un nombre que acabaría convirtiéndose en uno de los más famosos de la historia criminal japonesa: «El Monstruo de las 21 Caras».

    El nombre no era casual.
    Procedía del personaje criminal creado por el escritor japonés Edogawa Ranpo, conocido como el Hombre de las Veintiuna Caras.
    Los responsables del caso utilizaron aquella identidad como si fuera una máscara colectiva.
    Nunca dijeron claramente quiénes eran y, en sus cartas, se burlaban abiertamente de la policía.

    Glico retiró productos de las tiendas ante las amenazas, aunque nunca llegaron a encontrarse dulces Glico envenenados.
    El golpe económico, sin embargo, fue enorme: las ventas se desplomaron y la empresa terminó sufriendo pérdidas de decenas de millones de dólares.

    En junio de 1984, cuando parecía que la campaña contra Glico podía continuar indefinidamente, llegó otra carta.
    El grupo anunció, con una tranquilidad casi absurda, que «perdonaba a Glico».

    Y cambió de objetivo.

    La siguiente gran víctima fue Morinaga, otra de las grandes empresas de dulces de Japón.
    Esta vez las amenazas no se quedaron en palabras.

    En octubre comenzaron a aparecer en supermercados paquetes de caramelos, chocolates y galletas de Morinaga que contenían cianuro en cantidades letales.
    Los paquetes llevaban etiquetas que advertían del peligro, de modo que nadie llegó a consumirlos.
    Pero la amenaza ya no era una simple extorsión: alguien había demostrado que podía colocar alimentos envenenados en tiendas sin que los responsables del establecimiento lo detectaran inmediatamente.

    La reacción fue inmediata.
    Los supermercados retiraron productos Morinaga de sus estanterías y miles de policías fueron movilizados.
    En uno de los momentos de mayor tensión llegaron a desplegarse decenas de miles de agentes para buscar a los responsables y proteger los establecimientos.

    El grupo, mientras tanto, jugaba con ellos.

    Enviaba cartas a periódicos y empresas, daba pistas falsas, anunciaba nuevos ataques y se burlaba de los investigadores.
    En una de las amenazas llegaron a decir que aquello se convertiría en una especie de «búsqueda del tesoro», porque los policías tendrían que localizar los productos envenenados antes de que alguien los comprara.

    Y hubo un detalle que convirtió el caso en una auténtica pesadilla para los investigadores.

    Una cámara de seguridad de un supermercado había captado a un hombre cerca de los productos que después aparecieron envenenados.
    Era corpulento, llevaba gafas y una gorra de béisbol.
    Más adelante apareció otro sospechoso especialmente famoso: el «Hombre de los ojos de zorro», llamado así por la forma característica de sus ojos.
    La policía llegó a seguirlo en una operación relacionada con uno de los intercambios, pero volvió a desaparecer.

    El misterio se hizo todavía mayor porque no parecía tratarse simplemente de una persona actuando por dinero.
    El grupo también parecía disfrutar del juego psicológico.
    Enviaba cartas a los medios, provocaba a la policía y anunciaba nuevos ataques con una mezcla de amenazas y burlas.

    Y, aunque hablaban de grandes cantidades de dinero, nunca consiguieron cobrar el gran rescate que habían pedido inicialmente.
    La extorsión terminó provocando pérdidas enormes sin que el grupo obtuviera el beneficio que supuestamente buscaba.

    Durante meses, Japón vivió pendiente de los supermercados.
    Una caja de caramelos podía convertirse en una amenaza.
    Las familias desconfiaban de los productos de una marca que hasta entonces habían comprado con absoluta normalidad y la policía llegó a realizar una de las mayores operaciones de búsqueda de su historia.

    El caso también se cruzó con otro episodio que terminó de convertirlo en una tragedia nacional.

    En agosto de 1985, Shoji Yamamoto, superintendente de la policía de la prefectura de Shiga, murió tras prenderse fuego en el jardín de su residencia.
    Había sido relevado de su puesto y trasladado a la Agencia Nacional de Policía.
    La prensa relacionó su muerte con la enorme presión provocada por el fracaso de la investigación, pero la propia policía señaló que el motivo del suicidio no estaba establecido.

    Cinco días después ocurrió algo escalofriante.

    El 12 de agosto de 1985, el Monstruo de las 21 Caras envió su última carta.
    Se burlaba de la muerte de Yamamoto y anunciaba que dejaba de acosar a las empresas alimentarias.
    También advertía de que, si alguien volvía a atacar a esas compañías, serían imitadores.

    Después de aquella carta, el Monstruo desapareció.

    No hubo una última detención.
    No apareció un cadáver que resolviera el misterio.
    No hubo una confesión.
    Nadie pudo demostrar quién estaba detrás de las cartas, quién había participado en el secuestro ni quién había colocado los paquetes de cianuro en los supermercados.

    La investigación continuó durante años, pero no hubo condenados.
    La prescripción del secuestro de Ezaki llegó en 1995 y los delitos relacionados con los productos envenenados prescribieron en 2000.
    El caso quedó oficialmente sin resolver.

    Y quizá esa sea la parte que más desconcierta de toda esta historia.

    El grupo consiguió paralizar a algunas de las mayores empresas alimentarias de Japón, movilizó a miles de policías, provocó retiradas masivas de productos, hundió ventas y convirtió algo tan cotidiano como comprar caramelos en un acto cargado de desconfianza.

    Y después, simplemente, dejó de escribir.

    Como si quienes habían conseguido aterrorizar a todo un país hubieran cerrado la puerta y regresado a su vida normal.

    Nadie sabe quiénes fueron.

    Y, más de cuarenta años después, el Monstruo de las 21 Caras sigue sin tener rostro.

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    #historia #japon #crimenesreales #casossinresolver #historiacriminal #glico #morinaga #extorsion #sucesos #historiaoscura

  7. 🧿 𝑳𝒂𝒔 𝒃𝒆𝒃𝒊𝒅𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒎𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 🧿

    En 1985, Japón vivió una de esas historias que parecen inventadas para una novela negra, pero que ocurrieron de verdad.
    Durante meses, personas de distintas partes del país comenzaron a enfermar y morir después de beber refrescos que, aparentemente, alguien había dejado abandonados junto a máquinas expendedoras.

    Todo empezó el 30 de abril.
    Un camionero de 45 años se detuvo junto a la Ruta 2, en Fukuyama.
    Compró una botella de Oronamin C y vio otra botella encima de la máquina.
    Pensó que algún cliente la había olvidado y se la llevó.
    Poco después perdió el conocimiento y murió en el hospital.
    Los análisis encontraron paraquat en su organismo.

    El paraquat era un herbicida utilizado para eliminar malas hierbas.
    Es un producto extremadamente tóxico: una vez ingerido puede provocar lesiones graves en el aparato digestivo y, en los casos de intoxicación severa, dañar progresivamente los pulmones.
    El organismo puede sufrir una reacción inflamatoria que termina produciendo fibrosis pulmonar, es decir, el tejido de los pulmones se va cicatrizando y pierde su capacidad para funcionar correctamente.
    Por eso una persona intoxicada podía parecer relativamente estable al principio y empeorar después durante días.
    No era simplemente un veneno que provocaba una muerte inmediata.

    Después de aquel primer caso comenzaron a aparecer otros.

    El método era sencillo y, precisamente por eso, aterrador.
    Alguien manipulaba botellas de bebidas populares, introducía el producto tóxico y después las dejaba en lugares donde una persona pudiera encontrarlas: encima de una máquina expendedora, en el compartimento donde caían las bebidas o junto a la propia máquina.

    Para quien las encontraba, podían parecer un golpe de suerte.
    Una bebida que otro cliente había comprado y olvidado.

    En realidad, podían contener veneno.

    Las investigaciones relacionaron numerosos casos con paraquat y también apareció diquat, otro herbicida tóxico, en al menos uno de los episodios.
    Entre las bebidas que aparecieron repetidamente estuvieron Oronamin C y Real Gold, dos productos muy populares en aquella época.

    Las víctimas no tenían un perfil determinado.
    Había estudiantes, trabajadores y hombres de distintas edades, y los casos aparecieron en diferentes prefecturas.
    No parecía existir ninguna relación entre ellos.
    No conocían al supuesto atacante y, aparentemente, habían sido elegidos únicamente porque encontraron una botella en el lugar equivocado.

    A medida que aumentaban los casos, el miedo se extendió por todo Japón.
    Las autoridades comenzaron a advertir a la población que no bebiera ninguna bebida encontrada en una máquina expendedora o junto a ella.
    Los fabricantes también tuvieron que reaccionar.

    Y entonces apareció otro problema: ¿había realmente un solo asesino?

    La policía llegó a considerar que algunos de los casos podían ser obra de imitadores.
    La publicidad que estaba recibiendo la serie de envenenamientos podía estar inspirando a otras personas a repetir el método.
    Por eso nunca llegó a demostrarse que todos los episodios fueran obra de un mismo individuo.

    El 17 de noviembre ocurrió uno de los casos que más conmocionaron al país.
    Una estudiante de 17 años encontró una botella de Coca-Cola en el compartimento de una máquina expendedora de la prefectura de Saitama.
    Se la llevó a casa y bebió de ella.
    La botella había sido contaminada con paraquat.
    La joven murió el 24 de noviembre.

    Para entonces, la policía contabilizaba 12 víctimas mortales y más de treinta personas intoxicadas, aunque las cifras varían según las fuentes y según qué casos se incluyen en la serie.
    Algunas recopilaciones posteriores hablan de 13 muertos y unos 35 afectados.

    El pánico fue suficiente para provocar cambios importantes.
    Se multiplicaron las advertencias junto a las máquinas expendedoras y los fabricantes comenzaron a prestar mucha más atención a la posibilidad de manipulación de los envases.
    En los años siguientes también se endurecieron las medidas relacionadas con el paraquat en Japón, reduciendo considerablemente la concentración de las formulaciones comerciales.

    Pero había algo que ninguna campaña de seguridad podía solucionar: nadie sabía quién estaba dejando aquellas botellas.

    La policía investigó durante meses.
    No consiguió identificar al autor ni demostrar que todos los casos estuvieran relacionados.
    Tampoco apareció una prueba que permitiera señalar a un sospechoso concreto.

    El responsable —o los responsables— nunca fueron identificados.

    Y aquel detalle convirtió el caso en algo todavía más inquietante.
    No había una víctima elegida por una relación personal, ni un lugar concreto, ni siquiera la certeza de que todos los ataques procedieran de la misma persona.
    Bastaba con encontrar una botella que alguien había dejado atrás.

    Durante aquellos meses, una máquina expendedora podía convertirse en una especie de ruleta macabra: metías una moneda, elegías una bebida y te marchabas.
    Pero si encontrabas otra botella aparentemente abandonada, nadie podía saber qué había dentro.

    Cuarenta años después, seguimos sin saber con certeza quién inició aquella cadena de envenenamientos ni cuántas personas participaron realmente en ella.

    Lo que sí quedó claro es que una simple botella abandonada podía esconder algo mucho más peligroso que la bebida que decía contener.

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    #historia #japon #crimenesreales #casossinresolver #envenenamientos #paráquat #historiacriminal #sucesos #historiaoscura #curiosidadeshistoricas

  8. J'espère que mes petites créatures sauront gagner votre coeur ~ je m'inspire de l'Asie, des aliens, des animaux, de la magie ~ pour ce premier post sur Mastodon, je choisis de vous présenter un petit esprit félin ☆

    #illustration #japon #esprit #magie #créateur #artiste #chat #art #artist #cat

  9. Malgré ma fièvre et un chéri à 41°c qui veut être *sur* sa #maman j'ai réussi à lire tout un #livre en #japonais! Et puis encore plusieurs autres.

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