¿Sabían que el tango nació a finales del siglo XIX en los barrios más pobres, cantinas de mala muerte y prostíbulos de Buenos Aires y Montevideo, y que originalmente se bailaba casi siempre entre puros hombres?
Hoy en día vemos al tango como un baile superconquistador y elegante que se presenta en los teatros más lujosos de todo el mundo, pero su origen es completamente diferente. Por ahí de la década de 1880, las ciudades del Río de la Plata recibieron oleadas gigantescas de inmigrantes que venían de Europa, en su mayoría hombres que andaban solteros, quienes se mezclaron en las vecindades de las orillas con la gente del campo y los afrodescendientes, dando vida a este ritmo entre la pobreza y los burdeles de las zonas portuarias.
Como en esos barrios bajos casi no había mujeres, los hombres se ponían a bailar entre ellos en las esquinas y en los patios de las casas de citas, haciendo pasos complicados para ensayar y estar listos por si alguna vez les tocaba bailar con una dama. Debido a que las parejas se abrazaban de forma muy apretada y enredaban las piernas, la alta sociedad y la iglesia consideraban que esta música era algo vulgar y prohibido que sólo era propia de delincuentes, hasta que en la década de 1910 unos jóvenes ricos se la llevaron a París, donde se volvió la gran moda europea y entonces la aristocracia de Sudamérica ya no tuvo más remedio que aceptarla en sus salones de gala.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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