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#evolucion — Public Fediverse posts

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  1. 🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿

    Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».

    Y tiene razón… pero solo a medias.

    Porque nosotros somos simios.

    No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
    A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.

    Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.

    ¿Quién fue el primer humano?

    Pues no hubo ninguno.

    No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».

    La evolución no funciona así.

    Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
    Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.

    Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».

    Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
    Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
    No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.

    Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.

    Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.

    Eran simios.

    Pero unos simios bastante especiales.

    Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
    El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.

    Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏

    Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
    Algunas convivieron.
    Otras se extinguieron.
    Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.

    Después llegó el género Homo.

    Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
    Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.

    Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».

    Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.

    Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.

    Existieron neandertales.
    Denisovanos.
    Homo floresiensis.
    Homo naledi.
    Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.

    Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
    Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.

    Y sí, coincidieron con nosotros.

    Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
    No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.

    Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.

    Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.

    Los denisovanos son todavía más misteriosos.
    Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.

    Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.

    De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

    Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.

    También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
    Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.

    Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.

    La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.

    Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.

    Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.

    Algunas poblaciones desaparecieron.

    Otras quedaron aisladas.

    Otras se mezclaron con sus vecinos.

    Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.

    Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.

    Homo sapiens.

    Pero tampoco aparecimos de repente.

    Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
    Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.

    Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.

    Somos el resultado de una historia larguísima.

    Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:

    ¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?

    No.

    Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
    Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.

    Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.

    Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.

    Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.

    Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».

    Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.

    Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.

    Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.

    Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.

    Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.

    Algunos caminaron antes que nosotros.

    Otros llegaron antes a determinados lugares.

    Algunos utilizaron herramientas.

    Algunos enterraron a sus muertos.

    Algunos probablemente se comieron a otros humanos.

    Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.

    Y casi todos desaparecieron.

    Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.

    Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.

    Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.

    No hubo un primer hombre.

    Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.

    Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
    𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
    𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.

    youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo

    #historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado

  2. 🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿

    Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».

    Y tiene razón… pero solo a medias.

    Porque nosotros somos simios.

    No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
    A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.

    Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.

    ¿Quién fue el primer humano?

    Pues no hubo ninguno.

    No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».

    La evolución no funciona así.

    Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
    Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.

    Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».

    Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
    Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
    No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.

    Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.

    Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.

    Eran simios.

    Pero unos simios bastante especiales.

    Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
    El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.

    Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏

    Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
    Algunas convivieron.
    Otras se extinguieron.
    Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.

    Después llegó el género Homo.

    Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
    Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.

    Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».

    Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.

    Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.

    Existieron neandertales.
    Denisovanos.
    Homo floresiensis.
    Homo naledi.
    Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.

    Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
    Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.

    Y sí, coincidieron con nosotros.

    Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
    No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.

    Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.

    Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.

    Los denisovanos son todavía más misteriosos.
    Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.

    Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.

    De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

    Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.

    También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
    Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.

    Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.

    La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.

    Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.

    Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.

    Algunas poblaciones desaparecieron.

    Otras quedaron aisladas.

    Otras se mezclaron con sus vecinos.

    Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.

    Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.

    Homo sapiens.

    Pero tampoco aparecimos de repente.

    Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
    Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.

    Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.

    Somos el resultado de una historia larguísima.

    Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:

    ¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?

    No.

    Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
    Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.

    Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.

    Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.

    Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.

    Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».

    Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.

    Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.

    Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.

    Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.

    Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.

    Algunos caminaron antes que nosotros.

    Otros llegaron antes a determinados lugares.

    Algunos utilizaron herramientas.

    Algunos enterraron a sus muertos.

    Algunos probablemente se comieron a otros humanos.

    Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.

    Y casi todos desaparecieron.

    Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.

    Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.

    Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.

    No hubo un primer hombre.

    Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.

    Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
    𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
    𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.

    youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo

    #historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado

  3. 🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿

    Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».

    Y tiene razón… pero solo a medias.

    Porque nosotros somos simios.

    No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
    A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.

    Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.

    ¿Quién fue el primer humano?

    Pues no hubo ninguno.

    No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».

    La evolución no funciona así.

    Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
    Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.

    Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».

    Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
    Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
    No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.

    Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.

    Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.

    Eran simios.

    Pero unos simios bastante especiales.

    Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
    El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.

    Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏

    Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
    Algunas convivieron.
    Otras se extinguieron.
    Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.

    Después llegó el género Homo.

    Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
    Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.

    Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».

    Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.

    Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.

    Existieron neandertales.
    Denisovanos.
    Homo floresiensis.
    Homo naledi.
    Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.

    Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
    Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.

    Y sí, coincidieron con nosotros.

    Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
    No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.

    Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.

    Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.

    Los denisovanos son todavía más misteriosos.
    Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.

    Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.

    De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

    Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.

    También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
    Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.

    Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.

    La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.

    Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.

    Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.

    Algunas poblaciones desaparecieron.

    Otras quedaron aisladas.

    Otras se mezclaron con sus vecinos.

    Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.

    Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.

    Homo sapiens.

    Pero tampoco aparecimos de repente.

    Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
    Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.

    Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.

    Somos el resultado de una historia larguísima.

    Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:

    ¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?

    No.

    Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
    Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.

    Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.

    Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.

    Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.

    Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».

    Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.

    Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.

    Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.

    Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.

    Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.

    Algunos caminaron antes que nosotros.

    Otros llegaron antes a determinados lugares.

    Algunos utilizaron herramientas.

    Algunos enterraron a sus muertos.

    Algunos probablemente se comieron a otros humanos.

    Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.

    Y casi todos desaparecieron.

    Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.

    Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.

    Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.

    No hubo un primer hombre.

    Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.

    Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
    𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
    𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.

    youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo

    #historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado

  4. 🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿

    Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».

    Y tiene razón… pero solo a medias.

    Porque nosotros somos simios.

    No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
    A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.

    Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.

    ¿Quién fue el primer humano?

    Pues no hubo ninguno.

    No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».

    La evolución no funciona así.

    Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
    Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.

    Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».

    Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
    Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
    No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.

    Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.

    Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.

    Eran simios.

    Pero unos simios bastante especiales.

    Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
    El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.

    Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏

    Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
    Algunas convivieron.
    Otras se extinguieron.
    Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.

    Después llegó el género Homo.

    Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
    Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.

    Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».

    Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.

    Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.

    Existieron neandertales.
    Denisovanos.
    Homo floresiensis.
    Homo naledi.
    Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.

    Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
    Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.

    Y sí, coincidieron con nosotros.

    Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
    No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.

    Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.

    Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.

    Los denisovanos son todavía más misteriosos.
    Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.

    Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.

    De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

    Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.

    También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
    Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.

    Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.

    La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.

    Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.

    Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.

    Algunas poblaciones desaparecieron.

    Otras quedaron aisladas.

    Otras se mezclaron con sus vecinos.

    Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.

    Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.

    Homo sapiens.

    Pero tampoco aparecimos de repente.

    Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
    Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.

    Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.

    Somos el resultado de una historia larguísima.

    Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:

    ¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?

    No.

    Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
    Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.

    Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.

    Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.

    Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.

    Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».

    Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.

    Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.

    Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.

    Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.

    Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.

    Algunos caminaron antes que nosotros.

    Otros llegaron antes a determinados lugares.

    Algunos utilizaron herramientas.

    Algunos enterraron a sus muertos.

    Algunos probablemente se comieron a otros humanos.

    Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.

    Y casi todos desaparecieron.

    Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.

    Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.

    Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.

    No hubo un primer hombre.

    Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.

    Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
    𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
    𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.

    youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo

    #historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado

  5. 🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿

    Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».

    Y tiene razón… pero solo a medias.

    Porque nosotros somos simios.

    No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
    A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.

    Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.

    ¿Quién fue el primer humano?

    Pues no hubo ninguno.

    No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».

    La evolución no funciona así.

    Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
    Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.

    Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».

    Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
    Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
    No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.

    Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.

    Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.

    Eran simios.

    Pero unos simios bastante especiales.

    Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
    El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.

    Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏

    Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
    Algunas convivieron.
    Otras se extinguieron.
    Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.

    Después llegó el género Homo.

    Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
    Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.

    Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».

    Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.

    Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.

    Existieron neandertales.
    Denisovanos.
    Homo floresiensis.
    Homo naledi.
    Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.

    Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
    Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.

    Y sí, coincidieron con nosotros.

    Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
    No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.

    Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.

    Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.

    Los denisovanos son todavía más misteriosos.
    Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.

    Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.

    De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

    Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.

    También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
    Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.

    Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.

    La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.

    Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.

    Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.

    Algunas poblaciones desaparecieron.

    Otras quedaron aisladas.

    Otras se mezclaron con sus vecinos.

    Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.

    Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.

    Homo sapiens.

    Pero tampoco aparecimos de repente.

    Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
    Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.

    Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.

    Somos el resultado de una historia larguísima.

    Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:

    ¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?

    No.

    Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
    Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.

    Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.

    Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.

    Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.

    Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».

    Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.

    Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.

    Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.

    Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.

    Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.

    Algunos caminaron antes que nosotros.

    Otros llegaron antes a determinados lugares.

    Algunos utilizaron herramientas.

    Algunos enterraron a sus muertos.

    Algunos probablemente se comieron a otros humanos.

    Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.

    Y casi todos desaparecieron.

    Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.

    Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.

    Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.

    No hubo un primer hombre.

    Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.

    Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
    𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
    𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.

    youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo

    #historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado

  6. 🧿 𝑬𝒍 𝒈𝒊𝒈𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒚𝒂 𝒏𝒐 𝒑𝒊𝒔𝒂 𝑵𝒖𝒆𝒗𝒂 𝒁𝒆𝒍𝒂𝒏𝒅𝒂 🧿

    El moa es una de esas historias que cuesta creer hasta que ves sus huesos de cerca.
    Durante miles de años, estas aves enormes dominaron los paisajes de Nueva Zelanda, caminando tranquilas por bosques y llanuras como si el mundo fuera suyo.

    No volaban.
    No necesitaban hacerlo.
    Había especies pequeñas, pero otras eran auténticos gigantes: algunas superaban los 3 metros de altura con el cuello estirado y podían pesar más de 200 kilos.
    En un ecosistema sin mamíferos terrestres grandes, los moa ocuparon ese espacio sin competencia real.

    Su único gran enemigo natural era el águila de Haast, una rapaz colosal capaz de cazarlos en pleno vuelo de ataque desde el bosque.
    Era una escena brutal pero equilibrada: depredador y presa creciendo juntos durante miles de años.

    Todo cambió cuando llegaron los primeros humanos polinesios a Nueva Zelanda hacia el siglo XIII.
    El moa no había evolucionado frente a cazadores inteligentes, rápidos y organizados.
    Era grande, sí, pero vulnerable: ponía pocos huevos, se reproducía lentamente y no tenía defensas reales contra una caza constante.

    En apenas unos siglos desapareció.
    No fue una caída lenta, sino un derrumbe rápido.
    Caza intensiva, incendios para abrir terreno y la llegada de especies como perros y ratas hicieron el resto.
    El resultado fue devastador: nueve especies de moa desaparecieron por completo.

    Lo curioso es que durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a excavar, aparecieron restos tan bien conservados que parecía que el animal había muerto hacía poco: huesos completos, plumas, incluso tejidos con piel y escamas.
    Era como si el tiempo se hubiera detenido en cuevas frías de Nueva Zelanda.

    Y aún hoy sigue siendo un tema delicado.
    Se ha hablado de “revivirlo” mediante genética, pero la mayoría de científicos es muy cauta.
    No sería traer de vuelta al mismo animal, sino crear algo nuevo en un mundo que ya no es el suyo.

    El moa no desapareció por una catástrofe natural imposible de evitar.
    Desapareció en silencio, en pocos siglos, en un lugar aislado donde la vida había seguido su propio ritmo durante millones de años.

    Y quizá esa es la parte más incómoda de su historia: no parece tan lejana.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #moa #nuevazelanda #extincion #historia #megafauna #avesprehistoricas #faunaextinta #prehistoria #curiosidadeshistoricas #historiadelnatural #evolucion #animalesextintos

  7. 🧿 𝑬𝒍 𝒈𝒊𝒈𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒚𝒂 𝒏𝒐 𝒑𝒊𝒔𝒂 𝑵𝒖𝒆𝒗𝒂 𝒁𝒆𝒍𝒂𝒏𝒅𝒂 🧿

    El moa es una de esas historias que cuesta creer hasta que ves sus huesos de cerca.
    Durante miles de años, estas aves enormes dominaron los paisajes de Nueva Zelanda, caminando tranquilas por bosques y llanuras como si el mundo fuera suyo.

    No volaban.
    No necesitaban hacerlo.
    Había especies pequeñas, pero otras eran auténticos gigantes: algunas superaban los 3 metros de altura con el cuello estirado y podían pesar más de 200 kilos.
    En un ecosistema sin mamíferos terrestres grandes, los moa ocuparon ese espacio sin competencia real.

    Su único gran enemigo natural era el águila de Haast, una rapaz colosal capaz de cazarlos en pleno vuelo de ataque desde el bosque.
    Era una escena brutal pero equilibrada: depredador y presa creciendo juntos durante miles de años.

    Todo cambió cuando llegaron los primeros humanos polinesios a Nueva Zelanda hacia el siglo XIII.
    El moa no había evolucionado frente a cazadores inteligentes, rápidos y organizados.
    Era grande, sí, pero vulnerable: ponía pocos huevos, se reproducía lentamente y no tenía defensas reales contra una caza constante.

    En apenas unos siglos desapareció.
    No fue una caída lenta, sino un derrumbe rápido.
    Caza intensiva, incendios para abrir terreno y la llegada de especies como perros y ratas hicieron el resto.
    El resultado fue devastador: nueve especies de moa desaparecieron por completo.

    Lo curioso es que durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a excavar, aparecieron restos tan bien conservados que parecía que el animal había muerto hacía poco: huesos completos, plumas, incluso tejidos con piel y escamas.
    Era como si el tiempo se hubiera detenido en cuevas frías de Nueva Zelanda.

    Y aún hoy sigue siendo un tema delicado.
    Se ha hablado de “revivirlo” mediante genética, pero la mayoría de científicos es muy cauta.
    No sería traer de vuelta al mismo animal, sino crear algo nuevo en un mundo que ya no es el suyo.

    El moa no desapareció por una catástrofe natural imposible de evitar.
    Desapareció en silencio, en pocos siglos, en un lugar aislado donde la vida había seguido su propio ritmo durante millones de años.

    Y quizá esa es la parte más incómoda de su historia: no parece tan lejana.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #moa #nuevazelanda #extincion #historia #megafauna #avesprehistoricas #faunaextinta #prehistoria #curiosidadeshistoricas #historiadelnatural #evolucion #animalesextintos

  8. 🧿 𝑬𝒍 𝒈𝒊𝒈𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒚𝒂 𝒏𝒐 𝒑𝒊𝒔𝒂 𝑵𝒖𝒆𝒗𝒂 𝒁𝒆𝒍𝒂𝒏𝒅𝒂 🧿

    El moa es una de esas historias que cuesta creer hasta que ves sus huesos de cerca.
    Durante miles de años, estas aves enormes dominaron los paisajes de Nueva Zelanda, caminando tranquilas por bosques y llanuras como si el mundo fuera suyo.

    No volaban.
    No necesitaban hacerlo.
    Había especies pequeñas, pero otras eran auténticos gigantes: algunas superaban los 3 metros de altura con el cuello estirado y podían pesar más de 200 kilos.
    En un ecosistema sin mamíferos terrestres grandes, los moa ocuparon ese espacio sin competencia real.

    Su único gran enemigo natural era el águila de Haast, una rapaz colosal capaz de cazarlos en pleno vuelo de ataque desde el bosque.
    Era una escena brutal pero equilibrada: depredador y presa creciendo juntos durante miles de años.

    Todo cambió cuando llegaron los primeros humanos polinesios a Nueva Zelanda hacia el siglo XIII.
    El moa no había evolucionado frente a cazadores inteligentes, rápidos y organizados.
    Era grande, sí, pero vulnerable: ponía pocos huevos, se reproducía lentamente y no tenía defensas reales contra una caza constante.

    En apenas unos siglos desapareció.
    No fue una caída lenta, sino un derrumbe rápido.
    Caza intensiva, incendios para abrir terreno y la llegada de especies como perros y ratas hicieron el resto.
    El resultado fue devastador: nueve especies de moa desaparecieron por completo.

    Lo curioso es que durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a excavar, aparecieron restos tan bien conservados que parecía que el animal había muerto hacía poco: huesos completos, plumas, incluso tejidos con piel y escamas.
    Era como si el tiempo se hubiera detenido en cuevas frías de Nueva Zelanda.

    Y aún hoy sigue siendo un tema delicado.
    Se ha hablado de “revivirlo” mediante genética, pero la mayoría de científicos es muy cauta.
    No sería traer de vuelta al mismo animal, sino crear algo nuevo en un mundo que ya no es el suyo.

    El moa no desapareció por una catástrofe natural imposible de evitar.
    Desapareció en silencio, en pocos siglos, en un lugar aislado donde la vida había seguido su propio ritmo durante millones de años.

    Y quizá esa es la parte más incómoda de su historia: no parece tan lejana.

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    #moa #nuevazelanda #extincion #historia #megafauna #avesprehistoricas #faunaextinta #prehistoria #curiosidadeshistoricas #historiadelnatural #evolucion #animalesextintos

  9. Miniaturas de la Edad de Hielo: El arte en la cueva de Hohle Fels

    Los primeros seres humanos que poblaron Europa demostraron una destreza sorprendente al tallar figuras de aves en colmillos de mamut que miden menos que una uña

    Hay descubrimientos arqueológicos que nos deslumbran por sus dimensiones colosales, pero existen otros que nos maravillan justamente por todo lo contrario, obligándonos a mirar de cerca para entender la inmensa capacidad creativa de nuestros antepasados. Esto es lo que ocurrió en el suroeste de Alemania, específicamente en la cueva de Hohle Fels, donde un grupo de investigadores de la Universidad de Tubinga desenterró dos piezas artísticas extraordinarias durante las excavaciones de 2025. Se trata de dos figuras diminutas que representan aves talladas sobre fragmentos de marfil de mamut, unas obras de arte que tienen una antigüedad aproximada de 40000 años y cuyo tamaño apenas supera las dimensiones de una uña humana.

    Las estatuillas fueron localizadas en los sedimentos correspondientes al periodo Auriñaciense, una etapa de la prehistoria que coincide con la llegada de las primeras poblaciones de Homo sapiens a esta región del continente europeo. Lo que resulta verdaderamente asombroso de estos objetos es su ligereza, pues una de las piezas pesa solamente 1.3 gramos y la otra alcanza apenas los 0.7 gramos. Una de las figuras se conserva casi por completo y muestra la silueta de un pájaro en una postura de reposo, lo que ha llevado a los expertos a plantear la posibilidad de que estuviera incubando, mientras que la segunda pieza presenta las alas extendidas, aunque debido a que le falta una de sus extremidades, resulta difícil asegurar si el artesano prehistórico intentaba plasmar el vuelo o el aterrizaje del animal.

    A pesar de trabajar en una escala tan pequeña y con un material tan duro como el colmillo de mamut, el creador de estas figuras se tomó el tiempo necesario para marcar con herramientas de piedra los rasgos anatómicos que permiten distinguir el cuerpo, el pico y la forma de las alas, alejándose por completo de un diseño rápido o descuidado. Las investigaciones sugieren que los pájaros reproducidos pertenecen a especies de lagópodos, unas aves parecidas a las perdices que habitaban aquellos paisajes fríos de la Edad de Hielo. Este hallazgo se suma a un pájaro acuático descubierto previamente en el mismo yacimiento, convirtiendo a Hohle Fels en la única cueva de la zona con tres representaciones de este tipo, lo que demuestra que estas criaturas tenían un valor especial para los habitantes del refugio.

    Lejos de caer en especulaciones sobre si estas miniaturas eran amuletos de la suerte, juguetes infantiles o piezas para rituales espirituales, la certeza científica nos demuestra que aquellas personas no pasaban todo el tiempo concentradas en la dura tarea de sobrevivir en un entorno hostil y congelado. El hallazgo de estas aves, sumado a la famosa Venus de Hohle Fels y a los instrumentos musicales de hueso encontrados con anterioridad en el sitio, deja claro que estas comunidades poseían una sensibilidad y un lenguaje simbólico muy desarrollado. Hace 40,000 años, alguien se tomó la molestia de sentarse a observar el vuelo de los pájaros para luego replicar esa belleza en un pedazo de marfil, evidenciando que el impulso de crear arte es una de las condiciones más profundas y antiguas de nuestra especie.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Prehistoria #Arqueología #ArtePrehistórico #HohleFels #HomoSapiens #Evolución

  10. #datocurioso

    ¿Sabías que los rebeldes y la gente que rompe las reglas de conducta son vitales para que la humanidad no se extinga?

    Cuando vemos a una persona que desafía los modales tradicionales, viste con ropa totalmente disruptiva o actúa ignorando las normas sociales, tendríamos la tendencia a pensar que solo busca llamar la atención. Sin embargo, la psicología evolutiva demuestra que la rebeldía cumple una función biológica fundamental. Si todos los humanos de la prehistoria se hubieran quedado dentro de la cueva obedeciendo las reglas sin chistar, jamás habríamos descubierto el fuego ni cruzado los océanos. En la ciencia de la conducta existe un perfil llamado buscador de novedades, personas cuyo sistema de dopamina cerebral se enciende ante el riesgo y el desafío a lo establecido.

    La sociedad necesita un equilibrio constante entre el orden y el caos. Mientras que la mayoría sigue los modales para mantener la convivencia pacífica, los rebeldes actúan activando un mecanismo mental conocido como reactancia psicológica, que es la defensa de la libertad individual ante las imposiciones del entorno. Al usar su estética y su conducta como un megáfono, estas personas estiran los límites de lo permitido y obligan a la cultura a renovarse, evitando que las normas se vuelvan rígidas y obsoletas. Aunque incomoden a la tribu, los transgresores son el motor que empuja la evolución y el progreso de la civilización.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #psicologia #datocurioso #conductahumana #rebeldes #evolucion #sociedad #neurociencia

  11. #datocurioso

    ¿Sabías que los buenos modales no nacieron por educación, sino para evitar que nos extinguiéramos como especie?

    Cuando dices por favor, pides permiso o evitas masticar con la boca abierta delante de los demás, no estás siguiendo una simple regla de etiqueta social inventada en un palacio. En realidad, estás activando un instinto de supervivencia muy profundo que heredamos del mundo animal. En la naturaleza, las especies que viven en manada, como los lobos o los chimpancés, desarrollan códigos de conducta no escritos para evitar peleas a muerte por la comida o el territorio. Si los miembros del grupo se atacaran entre sí todo el tiempo, la especie desaparecería muy rápido. Los modales humanos son la evolución directa de esos códigos animales, señales visuales que le demuestran al resto de la tribu que venimos en paz y que estamos dispuestos a cooperar.

    A diferencia de otros seres vivos, los humanos desarrollamos una zona en el cerebro llamada lóbulo frontal, la cual se encarga de frenar nuestros impulsos más salvajes en favor de la convivencia. Los modales son la manifestación de ese freno cerebral que reduce la ansiedad social. A nuestra mente le da pánico la incertidumbre, por lo que saber exactamente cómo se va a comportar el otro nos hace sentir seguros. Así, la cortesía funciona como un guion de teatro universal que vuelve el entorno predecible y pacífico. La próxima vez que uses tus modales, recuerda que estás utilizando la herramienta psicológica más poderosa de la evolución para mantener unida a la civilización.

    M. P., MSc. en Psicología Clínica

    #psicologia #datocurioso #conductahumana #evolucion #buenosmodales #supervivencia

  12. #Reflexión

    La humanidad suele mirar al cielo nocturno sintiéndose pequeña ante la inmensidad del espacio. Mirar las luces del cosmos provoca una sensación de separación, como si el universo fuera un escenario lejano y nosotros simples espectadores metidos en un planeta de roca. La física demuestra todo lo contrario. Cada uno de los átomos que componen tus ojos, tus manos y tu corazón nació en el corazón incandescente de estrellas gigantes que explotaron hace miles de millones de años. No estamos separados del cosmos, somos una parte directa de él. La verdadera sorpresa ocurre cuando nos damos cuenta de que el universo pasó de ser una nube de gas caliente a convertirse en criaturas vivas con la capacidad de pensar, sentir y razonar. Cuando un astrónomo apunta un telescopio hacia las galaxias lejanas, es en realidad el propio cosmos utilizando sus propios ojos y su propio cerebro para comprender su propio origen. Somos la materia del mundo que cobró vida para mirarse al espejo y descifrar sus propias leyes.

    — Aetherius Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso.

    #Ciencia #Cosmos #Astronomia #Evolucion #Conciencia #Reflexion

  13. #datocurioso

    ¿Sabías que la vida en la Tierra comenzó como una sopa tibia de químicos?

    A las personas nos encanta saber de dónde venimos y la ciencia tiene una respuesta muy llamativa que empezó en el siglo XX. Un científico llamado Aleksandr Oparin se dio cuenta de que hace miles de millones de años nuestro planeta no tenía oxígeno ni plantas. Era un lugar violento lleno de volcanes y tormentas eléctricas. Oparin propuso que los gases de esa atmósfera primitiva, mezclados con la radiación del sol y los rayos, se cocinaron juntos en los océanos. Este proceso creó una especie de caldo nutritivo lleno de ladrillos flotantes que, con el tiempo, se unieron para formar las primeras células vivas. Lo más curioso es que este biólogo jamás pisó un laboratorio para demostrarlo. Él solo usó su libreta y su mente. Décadas después, otros científicos construyeron "un planeta Tierra" en miniatura dentro de unos tubos de vidrio, soltaron chispas eléctricas y descubrieron que Oparin tenía toda la razón. La vida nació de una receta de cocina natural.

    — Aetherius Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso.

    #Ciencia #Historia #OrigenDeLaVida #Oparin #Evolucion

  14. El crisol del fuego: El motor invisible de la materia y el progreso humano

    Cómo el dominio de la combustión transformó la supervivencia biológica en alta tecnología y transmutación material

    La domesticación del fuego modificó para siempre el rumbo de nuestra especie en la Tierra. En sus etapas iniciales, el control de las llamas ofreció a los primeros homínidos ventajas inmediatas para la supervivencia cotidiana al proporcionar una fuente constante de calor frente a los climas hostiles, una barrera de iluminación en medio de la oscuridad total y un escudo de protección efectivo para mantener alejados a los grandes depredadores de los campamentos. Al mismo tiempo, la cocción de los alimentos redujo drásticamente el gasto energético de la digestión, multiplicando los nutrientes disponibles y liberando recursos metabólicos que la antropología vincula de forma directa con el crecimiento del cerebro. Este espacio seguro alrededor de las fogatas propició las primeras redes de socialización organizada, extendiendo las horas de vigilia y permitiendo el desarrollo de tradiciones orales primitivas y del lenguaje estructurado.

    Más allá de estas ventajas biológicas inmediatas, el fuego se convirtió en la primera gran herramienta de ingeniería del ser humano al permitir la alteración profunda de las propiedades físicas y químicas de la materia. Los grupos prehistóricos aprendieron que el calor controlado servía para endurecer las puntas de madera de sus lanzas y mejorar el tallado de rocas como la silcreta para fabricar herramientas de caza eficientes. Este dominio del gradiente térmico abrió la puerta a la creación de la cerámica, donde la arcilla blanda y moldeable se transmutaba mediante la cocción en recipientes sólidos e impermeables aptos para almacenar granos y agua por largos periodos de tiempo. La capacidad de elevar y sostener temperaturas extremas sentó las bases para el nacimiento de la metalurgia, un proceso que permitió fundir y alear minerales para extraer cobre, bronce y hierro, reemplazando las herramientas de piedra por utensilios de una resistencia y versatilidad sin precedentes.

    Esta búsqueda por alterar la naturaleza profunda de las sustancias encontró un puente cultural y filosófico en la práctica de la alquimia, donde el fuego actuaba como el agente purificador y transformador indispensable en los laboratorios antiguos para la experimentación con aleaciones, destilaciones y la búsqueda de nuevos compuestos. Cada nuevo material descubierto a través de los hornos y las forjas aceleró el desarrollo de la agricultura, la arquitectura y los sistemas de transporte, consolidando al fuego no solo como un recurso de refugio básico, sino como la chispa inicial detrás de la creación de las tecnologías modernas. La capacidad de manipular la energía calórica transformó al ser humano de un observador pasivo del entorno a un agente activo capaz de rediseñar su propia realidad material.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Historia #Antropología #Ciencia #Evolución #Tecnología #Metalurgia

  15. #reflexion

    Héroes y villanos: el espejo de nuestros propios miedos a través del tiempo

    Las historias de superhéroes y villanos de los cómics no son simple entretenimiento para pasar el rato. Si se mira con atención, estos personajes funcionan como un reflejo exacto de las preocupaciones, los deseos y los temores más profundos de la sociedad en cada época de la historia. Por esta razón, la forma de pintar a los buenos y a los malos ha cambiado tanto con el paso de las décadas; un villano del pasado no asusta de la misma manera que uno actual, porque los peligros del mundo real tampoco son los mismos.

    En los inicios de estas historias, durante la mitad del siglo pasado, los enemigos eran muy claros y directos, representando la amenaza de las guerras mundiales o el miedo a la destrucción por armas nucleares. Sin embargo, conforme las sociedades avanzan, las amenazas se vuelven más complejas y difíciles de ver. Hoy en día, los temores colectivos se concentran en asuntos como el control exagerado de la tecnología, la pérdida de la privacidad en internet o la aparición de líderes que prometen resolver todos los problemas económicos a cambio de obediencia absoluta.

    Cuando un personaje logra sobrevivir y mantenerse vigente a través de distintas generaciones, es debido a que los autores lo van modificando para adaptarlo a los nuevos enfoques del presente. El malo de la película ya no busca destruir el planeta solo por maldad; ahora se le construye con argumentos que tocan las fibras de nuestras crisis actuales, haciendo que el público se identifique con el conflicto. Al final, la evolución de estas figuras de ficción demuestra que el ser humano siempre necesita de los mitos para procesar sus propios traumas cotidianos, usando la pantalla del cine el cómic o la ficción para enfrentar los monstruos reales que le preocupan en el día a día.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #CulturaPop #PsicologíaSocial #Evolución #MiedosActuales #Reflexión #Cómics

  16. #reflexion

    La flojera como madre de la invención: el ingenio detrás del ahorro de esfuerzo

    Existe un dicho popular muy conocido que asegura que la flojera es la madre de todas las invenciones, y aunque suena a broma, la historia de la ciencia y la tecnología nos demuestra que el deseo de ahorrar tiempo y esfuerzo ha sido un motor real para el ingenio humano. A finales del siglo XIX, un joven de nombre Clarence Crane inventó los famosos dulces con centro de cruz para que la gente no tuviera que esforzarse en morder caramelos duros, pero el ejemplo más claro de esto se dio en 1902 con la creación del aire acondicionado por parte de Willis Carrier, quien buscaba una forma automatizada de regular la humedad para que los trabajadores de una imprenta en Nueva York no tuvieran que secar el papel a mano de forma constante.

    Este comportamiento responde a una ley natural de la biología y la evolución, donde el cerebro siempre busca el camino que consuma menos energía para realizar una tarea. Cuando nos topamos con un trabajo repetitivo, pesado o aburrido, la mente se activa para encontrar una solución ingeniosa que nos permita resolver el problema de la manera más rápida y cómoda posible. Prácticamente todas las herramientas modernas que usamos hoy en día, desde el control remoto de la televisión hasta las lavadoras automáticas y los sistemas de navegación por mapas, nacieron porque alguien se cansó de hacer las cosas a la vieja usanza y decidió inventar un atajo tecnológico.

    Apreciar este tipo de ingenio nos invita a mirar el descanso y la comodidad no como un defecto, sino como un detonador de la creatividad cuando se enfoca de manera correcta. En lugar de ver la falta de ganas como un simple pretexto para no hacer nada, la historia nos enseña que el verdadero avance ocurre cuando ocupamos esa incomodidad frente al esfuerzo físico para diseñar soluciones inteligentes que le faciliten la vida a los demás. El progreso humano no solo se construye con largas horas de trabajo pesado, sino también gracias a las mentes "flojas" que buscan la forma de trabajar menos haciendo las cosas mucho mejor.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCrítico #Historia #Tecnología #Ingenio #Inventos #Creatividad #Evolución

  17. #Cultura 👅| Investigadores utilizaron modelos matemáticos y conocimientos de antropología, lingüística y demografía para estimar el número de lenguas utilizadas en todo el mundo hace unos 12 mil años...

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    #Demografía #Evolución #Lingüística

  18. #CienciaYTecnología ✨| Identificaron eritrulosa en una nube de gas y polvo cerca del centro de la Vía Láctea. Esto muestra que compuestos orgánicos complejos pueden formarse antes de existir los planetas.

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    #Evolución #VíaLáctea

  19. Los pulpos son criaturas maravillosas. Son extremadamente inteligentes y ahora un estudio ha demostrado que su maquinaria de producción de proteínas roza la perfección, evitando anomalías estructurales y proteopatías.
    Cuando el humano maltrata y mata a este fantástico animal, demuestra ocupar un lugar muy rezagado en el proceso evolutivo. Aprendamos de ellos y dejemos a los animalitos en paz.
    science.org/content/article/mo
    #GoVegan #genómica #evolución #pulpo #ribosoma #vegan

  20. 🎭 ■ El ritmo que hace pegadizo el reguetón de Bad Bunny ya estaba en una ópera de 1875: así viaja el 'tresillo' del Caribe a Carmen ■ El cerebro busca un patrón repetitivo de regularidades para organizar el ritmo, lo que hace más probable que recordemos patro[…]
    huffingtonpost.es/life/cultura

    #cultura #historia #evolucion #opera #regueton #musicaclasica #badbunny

  21. 🎨 ■ Paco Álvarez Comesaña, filólogo: "El español lleva fraguándose unos 5.000 años y no viene del latín clásico, sino del latín vulgar, el latín del pueblo" ■ Este experto desmonta algunas de las creencias más arraigadas sob[…]
    huffingtonpost.es/life/cultura

    #lenguasoficiales #cultura #historia #evolucion #idiomas #filologia

  22. «Lo que el cuerpo nos cuenta» de Marga Sánchez Romero

    Descubre la Historia que llevamos escrita en los huesos: «Lo que el cuerpo nos cuenta»

    ¿Alguna vez te has preguntado qué secretos guardan los restos humanos de hace miles de años más allá de lo que dictan los libros de historia tradicionales? Marga Sánchez Romero, una de las arqueólogas más brillantes de nuestro tiempo, nos invita en «Lo que el cuerpo nos cuenta» a un viaje fascinante, revelador y, sobre todo, profundamente humano.

    ¿Por qué este libro cambia tu mirada sobre el pasado?

    Este no es un manual árido de arqueología. Es una autopsia social emocionante. Sánchez Romero utiliza la bioarqueología para dar voz a quienes la historia oficial ha silenciado sistemáticamente, especialmente a las mujeres, la infancia y los sectores más vulnerables de las sociedades prehistóricas.

    A través de sus páginas, descubrirás que:

    • Los huesos no mienten: A diferencia de los textos escritos por vencedores, los restos óseos actúan como un archivo biográfico. El desgaste de una articulación, la composición química de un diente o una lesión cicatrizada nos revelan cómo vivieron, qué trabajos realizaron, qué enfermedades padecieron y cómo fueron cuidados por su comunidad.
    • La arqueología tiene género: La autora desmonta con elegancia y rigor científico los mitos sobre la división sexual del trabajo. Nos muestra que las tareas en el pasado eran mucho más fluidas y diversas de lo que la mirada patriarcal nos ha intentado imponer durante décadas.
    • La fragilidad y la resiliencia: Uno de los aspectos más conmovedores es el análisis de los cuidados. La evidencia de que individuos con graves dolencias sobrevivieron años gracias a la ayuda de los demás nos habla de una humanidad capaz de empatía y cooperación desde sus orígenes.

    Tres razones para leerlo ahora

    1. Es una lectura transformadora: Después de cerrar este libro, mirarás cualquier pieza de museo con otros ojos. Ya no verás objetos inanimados, sino huellas de vidas reales que se parecen más a la tuya de lo que imaginas.
    2. Narrativa brillante: Sánchez Romero posee un don para convertir datos técnicos en una prosa ágil, cercana y cargada de pasión. Es capaz de hacer que la ciencia se sienta tan emocionante como una novela de misterio.
    3. Justicia histórica: Es una lectura necesaria para entender quiénes somos hoy. Al recuperar las historias de quienes fueron invisibles, nos ayuda a cuestionar los prejuicios que aún arrastramos sobre el papel de la mujer y la gestión de la vulnerabilidad en nuestra sociedad moderna.

    «Los cuerpos son el documento más rico que poseemos. En ellos se escribe la historia cotidiana, la del trabajo, la del esfuerzo y la de los afectos.»

    «Lo que el cuerpo nos cuenta» es, en esencia, un recordatorio de que la historia no es solo una sucesión de batallas y grandes nombres. Es la suma de miles de gestos, dolores y alegrías de personas que nos precedieron. Es un libro que no solo educa, sino que conecta.

    Si buscas una lectura que sacuda tus esquemas, que te emocione y que te devuelva la curiosidad por el origen de lo que somos, este es tu próximo libro de cabecera.

    ¿Te gustaría profundizar en algún aspecto específico de la arqueología de género o prefieres que busquemos otras recomendaciones sobre divulgación histórica?

    #evolución #libros #MujerYCiencia
  23. ━━━✧♡✧━━━✧♡✧━━━✧♡✧━━━

    No te quedes donde ya no hay movimiento solo por costumbre.
    Si algo cambió, permítete cambiar con ello.
    Vuelve a ti, a lo que te da paz verdaderamente.
    No todo lo que algún día fue importante tiene que seguir siéndolo.
    Haz espacio para lo nuevo.

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    #evolucion #cambio #pazmental #soltaryavanzar #nuevoscomienzos #autocuidado #fluir #bienestar #prioridades #crecimientopersonal

  24. SIGUE ⬇️

    Darwin, aunque seguía teniendo algunos prejuicios típicos de la Inglaterra victoriana, sentía un rechazo visceral hacia la esclavitud.

    Y aquello no surgía de la nada.

    Su familia llevaba años vinculada al movimiento abolicionista británico.
    Los Darwin y los Wedgwood habían criticado públicamente el comercio de esclavos mucho antes de que Charles naciera.
    Desde pequeño había crecido escuchando que ninguna persona debía ser propiedad de otra.

    Con el tiempo, además, sus propias investigaciones científicas reforzarían todavía más esa visión.

    La idea de un ancestro común para toda la humanidad chocaba directamente con las teorías raciales que intentaban justificar la superioridad “natural” de unas personas sobre otras.

    Por eso Brasil terminó ocupando un lugar tan contradictorio en su memoria.

    Era uno de los países más hermosos que había visto.

    Y al mismo tiempo uno de los que más dolor le produjo.

    Años después escribió una frase demoledora:

    “Doy gracias a Dios de que nunca volveré a visitar un país donde exista esclavitud.”

    Y hay un detalle histórico especialmente duro: Brasil fue el último país occidental en abolir oficialmente la esclavitud, algo que no ocurrió hasta 1888.

    La historia de Darwin en Brasil sigue siendo importante porque recuerda algo incómodo.

    La barbarie no siempre aparece lejos de la civilización.

    A veces vive dentro de ella. Vestida de religión, educación, riqueza y respetabilidad.

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    𝘓𝘢 𝘥𝘶𝘥𝘢 𝘥𝘦 𝘋𝘢𝘳𝘸𝘪𝘯 (𝘊𝘳𝘦𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯, 2009): 𝘌𝘴 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘪𝘥𝘢.
    𝘈𝘶𝘯𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘭𝘪𝘤𝘵𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘋𝘢𝘳𝘸𝘪𝘯 (𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘱𝘳𝘦𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘗𝘢𝘶𝘭 𝘉𝘦𝘵𝘵𝘢𝘯𝘺) 𝘢𝘭 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘪𝘳 𝘴𝘶 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰, 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘧𝘭𝘢𝘴𝘩𝘣𝘢𝘤𝘬𝘴 𝘺 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘉𝘦𝘢𝘨𝘭𝘦.
    𝘔𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘦𝘴𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘶𝘮𝘢𝘵𝘪𝘤𝘰𝘴, 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘩𝘪𝘫𝘢 𝘺 𝘭𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘦𝘭𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰́, 𝘭𝘰 𝘢𝘵𝘰𝘳𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘶𝘭𝘢𝘣𝘢 𝘴𝘶 𝘵𝘦𝘰𝘳𝘪́𝘢.

    youtube.com/watch?v=SxXZ3vqjDRw

    #historia #darwin #charlesdarwin #brasil #esclavitud #hmsbeagle #sigloxix #ciencia #historiasreales #curiosidadeshistoricas #evolucion #ecosdelpasado

  25. New #review today: "#Evolución is a Chilean band that has been around since the early 80s, though their recorded output is sparse; Secretos is a live album recorded in 2006-2007 and released in 2021. While I can’t fault the players for their technique, the music is instrumental fusion-oriented rock somewhat on the generic side." #ExposeOnline #MylodonRecords #JazzRock #ProgressiveRock #fusion expose.org/index.php/articles/

  26. 💮 Qué curioso es eso de despertarte un día y darte cuenta de que la persona que ves en el espejo ya no es la misma de hace un par de años.
    Ni siquiera la de hace unos meses.
    Cambias el café por el té, la ciudad por el campo, o simplemente dejas de darle importancia a cosas que antes te quitaban el sueño.

    Reconocerse de nuevo es casi como estrenar zapatos: al principio aprietan un poco, pero luego te das cuenta de que caminas mucho mejor.
    No es que hayamos fallado antes, es que simplemente hemos crecido, nos hemos pegado un par de golpes necesarios y hemos decidido que esa vieja versión ya no nos sirve para el camino que tenemos por delante.

    Aceptar que somos un borrador constante es la mayor libertad que existe.
    Ni los planes son sagrados, ni nosotros tenemos por qué ser estáticos.
    Hoy toca aprender de nuevo qué nos hace vibrar y hacia dónde queremos tirar, porque al final, lo único que no cambia es que todo cambia.

    ¿Quién no ha sentido alguna vez que necesita presentarse de nuevo al mundo?

    。゚.☆≡。゚.☆≡。゚.☆≡。゚.☆≡。゚.☆≡。゚.☆≡。゚.

    #evolucion #metas #cambio #mentalidad #vidareal #crecimiento #reflexiones

  27. 🐾 ■ Los científicos no dan crédito: los peces se están haciendo más pequeños y mueren para sobrevivir al calor del mar según un estudio que ha analizado 3.000 especies ■ La producción mundial de pescado podría reducirse en torno a un 22%.
    huffingtonpost.es/life/animale

    #evolucion #animales #biologia #peces

  28. Hola. Soy Vary. #presentación
    Soy doctor en biología y divulgador. #VaryDivulga.
    Tal vez me recuerdes por temas como “el eucalipto es invasor”, “el sexo no es binario”, “las especies no existen”, “el liquen es un ecosistema” o “la epigenetica no es lamarckista”.

    Él, LGTBIAQ+ friendly, demisex, antirracista, en espectro autista y de izquierdas.

    Publico artículos en medios de distinta índole: t.me/MuyVary

    Hablo en la radio, en La Mecánica del Caracol, en #RadioEuskadi

    Doy charlas en #Naukas y #DesgranandoCiencia. Soy profesor en el Máster de #Divulgación Científica en la Universidad Isabel I. Asesoro en ciencia.

    Puedo escribir, dar charlas y talleres sobre biología, ecología, pensamiento crítico y temas afines.
    Si tiene algún problema, necesita asesoramiento y me encuentra… tal vez pueda contratarme. Si es el caso, no dudes en enviarme tu propuesta a alvarobayon.com/contacto-profe

    Cosas en las que me he especialízado.

    Académicamente: #Botánica, #Ecología, #RiesgosNaturales, #PlantasMedicinales, #EspeciesInvasoras, #EcosistemasUrbanos, #CambioClimático, #divulgacioncientifica
    Extraoficialmente: #Escepticismo, #Paleontología, #Evolución, #FisiologíaVegetal, #Pseudociencias.

    Hablo #Castellano, #English, #Français. Un poco de #Quenya, y una miaja de #Klingon. Entiendo (sin saber hablar, y solo si me hablan despacio) #Català, #Galego, #Português, #Asturianu e #Italiano Quiero aprender #Euskera.

    ¿Qué hago en Mastodon? Pues huí de Twitter antes de que fuese X. Llevo en #Paquita desde octubre de 2022. Fundador y moderador de @neopaquita.

    Todas mis formas de contacto: alvarobayon.com/home/contact-c

    Si tienes XMPP, agrégame: [email protected]

    Estoy abierto a colaboraciones y trabajos. #OpenToWork