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📰 «¿Cómo funciona una escalera mecánica?»
🔗 https://proxy.jesusysustics.com/2026/09/30943/ La Escalera Mecánica Más Peligrosa De Romahttps://www.youtube.com/watch?v=w225BY35xEg
Aunque el vídeo de Veritasium comienza con un incidente bastante peligroso (pero sin víctimas mortales), se centra especialmente en mostrarnos cómo funciona una escalera mecánica, su origen, evolución e incluso sistemas de seguridad.
#️⃣ #accidente #curiosidad #evolución #historia #negligencia #vídeo #YouTube -
🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿
Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».
Y tiene razón… pero solo a medias.
Porque nosotros somos simios.
No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.
¿Quién fue el primer humano?
Pues no hubo ninguno.
No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».
La evolución no funciona así.
Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».
Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.
Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.
Eran simios.
Pero unos simios bastante especiales.
Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏
Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
Algunas convivieron.
Otras se extinguieron.
Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.Después llegó el género Homo.
Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».
Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.
Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.
Existieron neandertales.
Denisovanos.
Homo floresiensis.
Homo naledi.
Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.Y sí, coincidieron con nosotros.
Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.
Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.
Los denisovanos son todavía más misteriosos.
Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.
De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.
Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.
También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.
La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.
Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.
Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.
Algunas poblaciones desaparecieron.
Otras quedaron aisladas.
Otras se mezclaron con sus vecinos.
Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.
Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.
Homo sapiens.
Pero tampoco aparecimos de repente.
Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.
Somos el resultado de una historia larguísima.
Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:
¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?
No.
Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.
Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.
Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.
Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».
Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.
Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.
Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.
Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.
Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.
Algunos caminaron antes que nosotros.
Otros llegaron antes a determinados lugares.
Algunos utilizaron herramientas.
Algunos enterraron a sus muertos.
Algunos probablemente se comieron a otros humanos.
Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.
Y casi todos desaparecieron.
Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.
Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.
Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.
No hubo un primer hombre.
Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.
Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.https://www.youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo
#historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado
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🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿
Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».
Y tiene razón… pero solo a medias.
Porque nosotros somos simios.
No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.
¿Quién fue el primer humano?
Pues no hubo ninguno.
No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».
La evolución no funciona así.
Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».
Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.
Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.
Eran simios.
Pero unos simios bastante especiales.
Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏
Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
Algunas convivieron.
Otras se extinguieron.
Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.Después llegó el género Homo.
Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».
Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.
Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.
Existieron neandertales.
Denisovanos.
Homo floresiensis.
Homo naledi.
Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.Y sí, coincidieron con nosotros.
Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.
Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.
Los denisovanos son todavía más misteriosos.
Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.
De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.
Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.
También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.
La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.
Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.
Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.
Algunas poblaciones desaparecieron.
Otras quedaron aisladas.
Otras se mezclaron con sus vecinos.
Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.
Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.
Homo sapiens.
Pero tampoco aparecimos de repente.
Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.
Somos el resultado de una historia larguísima.
Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:
¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?
No.
Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.
Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.
Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.
Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».
Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.
Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.
Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.
Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.
Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.
Algunos caminaron antes que nosotros.
Otros llegaron antes a determinados lugares.
Algunos utilizaron herramientas.
Algunos enterraron a sus muertos.
Algunos probablemente se comieron a otros humanos.
Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.
Y casi todos desaparecieron.
Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.
Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.
Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.
No hubo un primer hombre.
Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.
Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.
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𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.https://www.youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo
#historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado
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🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿
Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».
Y tiene razón… pero solo a medias.
Porque nosotros somos simios.
No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.
¿Quién fue el primer humano?
Pues no hubo ninguno.
No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».
La evolución no funciona así.
Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».
Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.
Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.
Eran simios.
Pero unos simios bastante especiales.
Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏
Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
Algunas convivieron.
Otras se extinguieron.
Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.Después llegó el género Homo.
Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».
Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.
Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.
Existieron neandertales.
Denisovanos.
Homo floresiensis.
Homo naledi.
Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.Y sí, coincidieron con nosotros.
Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.
Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.
Los denisovanos son todavía más misteriosos.
Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.
De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.
Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.
También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.
La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.
Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.
Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.
Algunas poblaciones desaparecieron.
Otras quedaron aisladas.
Otras se mezclaron con sus vecinos.
Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.
Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.
Homo sapiens.
Pero tampoco aparecimos de repente.
Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.
Somos el resultado de una historia larguísima.
Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:
¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?
No.
Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.
Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.
Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.
Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».
Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.
Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.
Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.
Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.
Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.
Algunos caminaron antes que nosotros.
Otros llegaron antes a determinados lugares.
Algunos utilizaron herramientas.
Algunos enterraron a sus muertos.
Algunos probablemente se comieron a otros humanos.
Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.
Y casi todos desaparecieron.
Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.
Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.
Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.
No hubo un primer hombre.
Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.
Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.
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𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.https://www.youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo
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🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿
Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».
Y tiene razón… pero solo a medias.
Porque nosotros somos simios.
No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.
¿Quién fue el primer humano?
Pues no hubo ninguno.
No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».
La evolución no funciona así.
Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».
Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.
Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.
Eran simios.
Pero unos simios bastante especiales.
Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏
Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
Algunas convivieron.
Otras se extinguieron.
Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.Después llegó el género Homo.
Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».
Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.
Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.
Existieron neandertales.
Denisovanos.
Homo floresiensis.
Homo naledi.
Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.Y sí, coincidieron con nosotros.
Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.
Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.
Los denisovanos son todavía más misteriosos.
Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.
De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.
Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.
También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.
La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.
Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.
Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.
Algunas poblaciones desaparecieron.
Otras quedaron aisladas.
Otras se mezclaron con sus vecinos.
Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.
Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.
Homo sapiens.
Pero tampoco aparecimos de repente.
Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.
Somos el resultado de una historia larguísima.
Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:
¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?
No.
Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.
Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.
Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.
Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».
Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.
Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.
Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.
Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.
Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.
Algunos caminaron antes que nosotros.
Otros llegaron antes a determinados lugares.
Algunos utilizaron herramientas.
Algunos enterraron a sus muertos.
Algunos probablemente se comieron a otros humanos.
Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.
Y casi todos desaparecieron.
Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.
Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.
Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.
No hubo un primer hombre.
Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.
Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.
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𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.https://www.youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo
#historia #prehistoria #evolucionhumana #evolucion #neandertales #denisovanos #homosapiens #homoerectus #homohabilis #australopitecos #arqueologia #antropologia #paleontologia #genetica #adn #primates #curiosidades #historiadelahumanidad #ecosdelpasado
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🧿 𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 🧿
Cuando alguien dice que «el hombre viene del mono», casi siempre aparece alguien dispuesto a corregirlo con cara de profesor de documental: «¡No venimos del mono!».
Y tiene razón… pero solo a medias.
Porque nosotros somos simios.
No descendemos de los chimpancés que existen hoy, ni de los gorilas, ni de ningún mono que podamos encontrar ahora mismo en un zoológico. Humanos y chimpancés tenemos un antepasado común que vivió en África hace millones de años.
A partir de aquellas poblaciones fueron separándose diferentes ramas y, con muchísimo tiempo por delante, una de ellas acabaría conduciendo hasta nosotros.Pero aquí empieza lo verdaderamente curioso.
¿Quién fue el primer humano?
Pues no hubo ninguno.
No existió un Adán prehistórico que un día se levantara sobre dos piernas y dijera: «Buenos días, soy Homo sapiens».
La evolución no funciona así.
Los cambios aparecen poco a poco dentro de poblaciones.
Una generación puede tener pequeñas diferencias respecto a la anterior, esas diferencias pueden heredarse y, después de muchísimas generaciones, una población puede terminar siendo muy diferente de sus antepasados.Por eso tampoco podemos señalar a un individuo y decir: «Este fue el primer humano».
Antes de existir nosotros ya había simios que caminaban de forma parcial o habitual sobre dos piernas.
Uno de los candidatos más antiguos es Sahelanthropus tchadensis, que vivió hace unos 7 millones de años en África.
No sabemos exactamente cómo se desplazaba, pero algunas características de su anatomía apuntan hacia el bipedismo.Después encontramos a Orrorin tugenensis, de hace unos 6 millones de años, y más tarde a Ardipithecus ramidus, de hace unos 4,4 millones de años.
Y ninguno era todavía «un humano» como nosotros.
Eran simios.
Pero unos simios bastante especiales.
Ya estaban apareciendo cambios en la forma de caminar, en la pelvis, en las piernas y en la manera de utilizar el cuerpo.
El cerebro, en cambio, todavía estaba muy lejos del nuestro.Y aquí hay una idea que suele olvidarse: caminar sobre dos piernas apareció mucho antes que fabricar ordenadores, hablar idiomas, escribir libros o discutir en internet sobre quién es más evolucionado. 😏
Durante millones de años fueron apareciendo distintas especies de homininos.
Algunas convivieron.
Otras se extinguieron.
Algunas dejaron descendencia y otras desaparecieron sin que sepamos exactamente qué ocurrió con ellas.Después llegó el género Homo.
Uno de los primeros fue Homo habilis, hace aproximadamente 2,4 millones de años.
Más tarde apareció Homo erectus, que consiguió algo bastante importante: salir de África y expandirse por otras partes del planeta.Pero tampoco aquí ocurrió eso de «uno desaparece y aparece el siguiente».
Durante largos periodos hubo varias especies humanas viviendo al mismo tiempo.
Y entonces la historia se vuelve todavía más interesante.
Existieron neandertales.
Denisovanos.
Homo floresiensis.
Homo naledi.
Y otras poblaciones que todavía estamos intentando colocar correctamente en nuestro árbol evolutivo.Los neandertales vivieron durante cientos de miles de años en Europa y Asia.
Fabricaban herramientas, cazaban, cuidaban de individuos heridos y tenían comportamientos sociales complejos.Y sí, coincidieron con nosotros.
Homo sapiens llegó a Eurasia y se encontró allí con los neandertales.
No sabemos todos los detalles de aquellos encuentros, pero sí sabemos una cosa: tuvieron descendencia.Por eso muchas personas actuales conservan una pequeña cantidad de ADN neandertal.
Y tampoco fueron los únicos con los que nos mezclamos.
Los denisovanos son todavía más misteriosos.
Los conocemos en buena parte gracias al ADN recuperado de restos encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia.Y sabemos que también se cruzaron con otros humanos.
De hecho, conocemos un caso extraordinario: una adolescente conocida como «Denny» tenía una madre neandertal y un padre denisovano.
Vamos, que nuestro árbol genealógico prehistórico tenía bastante más jaleo del que solemos imaginar.
También hay evidencias de canibalismo en algunas poblaciones humanas prehistóricas.
Se han encontrado huesos humanos con marcas de corte y otras señales compatibles con el procesamiento de cuerpos.Pero aquí conviene no montar una película de terror: no siempre podemos saber si aquello fue alimentación, rituales, prácticas funerarias u otra cosa.
La prehistoria tiene esa mala costumbre de dejarnos huesos y quitarnos las explicaciones.
Y mientras todo esto ocurría, el mundo tampoco era precisamente un sitio tranquilo.
Hubo migraciones, cambios climáticos, enfermedades, competencia por recursos y probablemente conflictos entre grupos.
Algunas poblaciones desaparecieron.
Otras quedaron aisladas.
Otras se mezclaron con sus vecinos.
Y algunas dejaron pequeñas huellas en nuestro ADN.
Hasta que, finalmente, quedamos nosotros.
Homo sapiens.
Pero tampoco aparecimos de repente.
Nuestra especie se fue formando en África a partir de poblaciones humanas antiguas que fueron cambiando y mezclándose durante muchísimo tiempo.
Los fósiles más antiguos que ya muestran una combinación de características propias de nuestra especie tienen alrededor de 300.000 años.Así que tampoco existe un «primer Homo sapiens» que podamos señalar con el dedo.
Somos el resultado de una historia larguísima.
Y hay otra pregunta que suele aparecer cuando hablamos de nuestros antepasados:
¿Llegaron a convivir con los dinosaurios?
No.
Los dinosaurios no avianos desaparecieron hace unos 66 millones de años.
Nuestros antepasados humanos aparecieron muchísimo después.Entre un T. rex y el primer Homo hay una cantidad de tiempo tan enorme que resulta difícil imaginarla.
Y luego está la famosa historia de los pelirrojos y los neandertales.
Sí, algunos neandertales pudieron tener el pelo rojizo debido a variantes genéticas relacionadas con la pigmentación.
Pero no, los pelirrojos actuales no son «neandertales supervivientes».
Lo que sí es cierto es que parte de la población humana actual conserva ADN heredado de nuestros encuentros con ellos.
Así que, de alguna manera, los neandertales no desaparecieron completamente.
Una pequeña parte de ellos sigue viajando dentro de nosotros.
Y quizá esa sea la parte más extraña de toda esta historia.
Durante millones de años hubo muchas clases de humanos.
Algunos caminaron antes que nosotros.
Otros llegaron antes a determinados lugares.
Algunos utilizaron herramientas.
Algunos enterraron a sus muertos.
Algunos probablemente se comieron a otros humanos.
Algunos tuvieron hijos con nuestros antepasados.
Y casi todos desaparecieron.
Nosotros no somos el resultado de una línea recta que empieza en un mono y termina en un Homo sapiens.
Somos la última rama de un árbol enorme y bastante desordenado.
Y si queremos encontrar al famoso «Adán», tendremos que aceptar que no existió.
No hubo un primer hombre.
Hubo una población de simios que, generación tras generación, fue cambiando.
Y ninguno de ellos sabía que estaba participando en el comienzo de una historia que, millones de años después, acabaría llevándonos hasta nosotros.
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𝘌𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 (1981), 𝘥𝘪𝘳𝘪𝘨𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘑𝘦𝘢𝘯-𝘑𝘢𝘤𝘲𝘶𝘦𝘴 𝘈𝘯𝘯𝘢𝘶𝘥.
𝘕𝘢𝘳𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘪́𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘪𝘦𝘳𝘥𝘦 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘺 𝘴𝘢𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰, 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘨𝘳𝘶𝘱𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰.
𝘔𝘶𝘺 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘪𝘭𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘷𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰𝘴.https://www.youtube.com/watch?v=TR3t_zxn9Qo
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🧿 𝑬𝒍 𝒈𝒊𝒈𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒚𝒂 𝒏𝒐 𝒑𝒊𝒔𝒂 𝑵𝒖𝒆𝒗𝒂 𝒁𝒆𝒍𝒂𝒏𝒅𝒂 🧿
El moa es una de esas historias que cuesta creer hasta que ves sus huesos de cerca.
Durante miles de años, estas aves enormes dominaron los paisajes de Nueva Zelanda, caminando tranquilas por bosques y llanuras como si el mundo fuera suyo.No volaban.
No necesitaban hacerlo.
Había especies pequeñas, pero otras eran auténticos gigantes: algunas superaban los 3 metros de altura con el cuello estirado y podían pesar más de 200 kilos.
En un ecosistema sin mamíferos terrestres grandes, los moa ocuparon ese espacio sin competencia real.Su único gran enemigo natural era el águila de Haast, una rapaz colosal capaz de cazarlos en pleno vuelo de ataque desde el bosque.
Era una escena brutal pero equilibrada: depredador y presa creciendo juntos durante miles de años.Todo cambió cuando llegaron los primeros humanos polinesios a Nueva Zelanda hacia el siglo XIII.
El moa no había evolucionado frente a cazadores inteligentes, rápidos y organizados.
Era grande, sí, pero vulnerable: ponía pocos huevos, se reproducía lentamente y no tenía defensas reales contra una caza constante.En apenas unos siglos desapareció.
No fue una caída lenta, sino un derrumbe rápido.
Caza intensiva, incendios para abrir terreno y la llegada de especies como perros y ratas hicieron el resto.
El resultado fue devastador: nueve especies de moa desaparecieron por completo.Lo curioso es que durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a excavar, aparecieron restos tan bien conservados que parecía que el animal había muerto hacía poco: huesos completos, plumas, incluso tejidos con piel y escamas.
Era como si el tiempo se hubiera detenido en cuevas frías de Nueva Zelanda.Y aún hoy sigue siendo un tema delicado.
Se ha hablado de “revivirlo” mediante genética, pero la mayoría de científicos es muy cauta.
No sería traer de vuelta al mismo animal, sino crear algo nuevo en un mundo que ya no es el suyo.El moa no desapareció por una catástrofe natural imposible de evitar.
Desapareció en silencio, en pocos siglos, en un lugar aislado donde la vida había seguido su propio ritmo durante millones de años.Y quizá esa es la parte más incómoda de su historia: no parece tan lejana.
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#moa #nuevazelanda #extincion #historia #megafauna #avesprehistoricas #faunaextinta #prehistoria #curiosidadeshistoricas #historiadelnatural #evolucion #animalesextintos
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El moa es una de esas historias que cuesta creer hasta que ves sus huesos de cerca.
Durante miles de años, estas aves enormes dominaron los paisajes de Nueva Zelanda, caminando tranquilas por bosques y llanuras como si el mundo fuera suyo.No volaban.
No necesitaban hacerlo.
Había especies pequeñas, pero otras eran auténticos gigantes: algunas superaban los 3 metros de altura con el cuello estirado y podían pesar más de 200 kilos.
En un ecosistema sin mamíferos terrestres grandes, los moa ocuparon ese espacio sin competencia real.Su único gran enemigo natural era el águila de Haast, una rapaz colosal capaz de cazarlos en pleno vuelo de ataque desde el bosque.
Era una escena brutal pero equilibrada: depredador y presa creciendo juntos durante miles de años.Todo cambió cuando llegaron los primeros humanos polinesios a Nueva Zelanda hacia el siglo XIII.
El moa no había evolucionado frente a cazadores inteligentes, rápidos y organizados.
Era grande, sí, pero vulnerable: ponía pocos huevos, se reproducía lentamente y no tenía defensas reales contra una caza constante.En apenas unos siglos desapareció.
No fue una caída lenta, sino un derrumbe rápido.
Caza intensiva, incendios para abrir terreno y la llegada de especies como perros y ratas hicieron el resto.
El resultado fue devastador: nueve especies de moa desaparecieron por completo.Lo curioso es que durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a excavar, aparecieron restos tan bien conservados que parecía que el animal había muerto hacía poco: huesos completos, plumas, incluso tejidos con piel y escamas.
Era como si el tiempo se hubiera detenido en cuevas frías de Nueva Zelanda.Y aún hoy sigue siendo un tema delicado.
Se ha hablado de “revivirlo” mediante genética, pero la mayoría de científicos es muy cauta.
No sería traer de vuelta al mismo animal, sino crear algo nuevo en un mundo que ya no es el suyo.El moa no desapareció por una catástrofe natural imposible de evitar.
Desapareció en silencio, en pocos siglos, en un lugar aislado donde la vida había seguido su propio ritmo durante millones de años.Y quizá esa es la parte más incómoda de su historia: no parece tan lejana.
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El moa es una de esas historias que cuesta creer hasta que ves sus huesos de cerca.
Durante miles de años, estas aves enormes dominaron los paisajes de Nueva Zelanda, caminando tranquilas por bosques y llanuras como si el mundo fuera suyo.No volaban.
No necesitaban hacerlo.
Había especies pequeñas, pero otras eran auténticos gigantes: algunas superaban los 3 metros de altura con el cuello estirado y podían pesar más de 200 kilos.
En un ecosistema sin mamíferos terrestres grandes, los moa ocuparon ese espacio sin competencia real.Su único gran enemigo natural era el águila de Haast, una rapaz colosal capaz de cazarlos en pleno vuelo de ataque desde el bosque.
Era una escena brutal pero equilibrada: depredador y presa creciendo juntos durante miles de años.Todo cambió cuando llegaron los primeros humanos polinesios a Nueva Zelanda hacia el siglo XIII.
El moa no había evolucionado frente a cazadores inteligentes, rápidos y organizados.
Era grande, sí, pero vulnerable: ponía pocos huevos, se reproducía lentamente y no tenía defensas reales contra una caza constante.En apenas unos siglos desapareció.
No fue una caída lenta, sino un derrumbe rápido.
Caza intensiva, incendios para abrir terreno y la llegada de especies como perros y ratas hicieron el resto.
El resultado fue devastador: nueve especies de moa desaparecieron por completo.Lo curioso es que durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a excavar, aparecieron restos tan bien conservados que parecía que el animal había muerto hacía poco: huesos completos, plumas, incluso tejidos con piel y escamas.
Era como si el tiempo se hubiera detenido en cuevas frías de Nueva Zelanda.Y aún hoy sigue siendo un tema delicado.
Se ha hablado de “revivirlo” mediante genética, pero la mayoría de científicos es muy cauta.
No sería traer de vuelta al mismo animal, sino crear algo nuevo en un mundo que ya no es el suyo.El moa no desapareció por una catástrofe natural imposible de evitar.
Desapareció en silencio, en pocos siglos, en un lugar aislado donde la vida había seguido su propio ritmo durante millones de años.Y quizá esa es la parte más incómoda de su historia: no parece tan lejana.
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¿Sabías que los rebeldes y la gente que rompe las reglas de conducta son vitales para que la humanidad no se extinga?
Cuando vemos a una persona que desafía los modales tradicionales, viste con ropa totalmente disruptiva o actúa ignorando las normas sociales, tendríamos la tendencia a pensar que solo busca llamar la atención. Sin embargo, la psicología evolutiva demuestra que la rebeldía cumple una función biológica fundamental. Si todos los humanos de la prehistoria se hubieran quedado dentro de la cueva obedeciendo las reglas sin chistar, jamás habríamos descubierto el fuego ni cruzado los océanos. En la ciencia de la conducta existe un perfil llamado buscador de novedades, personas cuyo sistema de dopamina cerebral se enciende ante el riesgo y el desafío a lo establecido.
La sociedad necesita un equilibrio constante entre el orden y el caos. Mientras que la mayoría sigue los modales para mantener la convivencia pacífica, los rebeldes actúan activando un mecanismo mental conocido como reactancia psicológica, que es la defensa de la libertad individual ante las imposiciones del entorno. Al usar su estética y su conducta como un megáfono, estas personas estiran los límites de lo permitido y obligan a la cultura a renovarse, evitando que las normas se vuelvan rígidas y obsoletas. Aunque incomoden a la tribu, los transgresores son el motor que empuja la evolución y el progreso de la civilización.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#psicologia #datocurioso #conductahumana #rebeldes #evolucion #sociedad #neurociencia
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¿Sabías que los buenos modales no nacieron por educación, sino para evitar que nos extinguiéramos como especie?
Cuando dices por favor, pides permiso o evitas masticar con la boca abierta delante de los demás, no estás siguiendo una simple regla de etiqueta social inventada en un palacio. En realidad, estás activando un instinto de supervivencia muy profundo que heredamos del mundo animal. En la naturaleza, las especies que viven en manada, como los lobos o los chimpancés, desarrollan códigos de conducta no escritos para evitar peleas a muerte por la comida o el territorio. Si los miembros del grupo se atacaran entre sí todo el tiempo, la especie desaparecería muy rápido. Los modales humanos son la evolución directa de esos códigos animales, señales visuales que le demuestran al resto de la tribu que venimos en paz y que estamos dispuestos a cooperar.
A diferencia de otros seres vivos, los humanos desarrollamos una zona en el cerebro llamada lóbulo frontal, la cual se encarga de frenar nuestros impulsos más salvajes en favor de la convivencia. Los modales son la manifestación de ese freno cerebral que reduce la ansiedad social. A nuestra mente le da pánico la incertidumbre, por lo que saber exactamente cómo se va a comportar el otro nos hace sentir seguros. Así, la cortesía funciona como un guion de teatro universal que vuelve el entorno predecible y pacífico. La próxima vez que uses tus modales, recuerda que estás utilizando la herramienta psicológica más poderosa de la evolución para mantener unida a la civilización.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
#psicologia #datocurioso #conductahumana #evolucion #buenosmodales #supervivencia
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No te quedes donde ya no hay movimiento solo por costumbre.
Si algo cambió, permítete cambiar con ello.
Vuelve a ti, a lo que te da paz verdaderamente.
No todo lo que algún día fue importante tiene que seguir siéndolo.
Haz espacio para lo nuevo.━━━✧♡✧━━━✧♡✧━━━✧♡✧━━━
#evolucion #cambio #pazmental #soltaryavanzar #nuevoscomienzos #autocuidado #fluir #bienestar #prioridades #crecimientopersonal
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SIGUE ⬇️
Darwin, aunque seguía teniendo algunos prejuicios típicos de la Inglaterra victoriana, sentía un rechazo visceral hacia la esclavitud.
Y aquello no surgía de la nada.
Su familia llevaba años vinculada al movimiento abolicionista británico.
Los Darwin y los Wedgwood habían criticado públicamente el comercio de esclavos mucho antes de que Charles naciera.
Desde pequeño había crecido escuchando que ninguna persona debía ser propiedad de otra.Con el tiempo, además, sus propias investigaciones científicas reforzarían todavía más esa visión.
La idea de un ancestro común para toda la humanidad chocaba directamente con las teorías raciales que intentaban justificar la superioridad “natural” de unas personas sobre otras.
Por eso Brasil terminó ocupando un lugar tan contradictorio en su memoria.
Era uno de los países más hermosos que había visto.
Y al mismo tiempo uno de los que más dolor le produjo.
Años después escribió una frase demoledora:
“Doy gracias a Dios de que nunca volveré a visitar un país donde exista esclavitud.”
Y hay un detalle histórico especialmente duro: Brasil fue el último país occidental en abolir oficialmente la esclavitud, algo que no ocurrió hasta 1888.
La historia de Darwin en Brasil sigue siendo importante porque recuerda algo incómodo.
La barbarie no siempre aparece lejos de la civilización.
A veces vive dentro de ella. Vestida de religión, educación, riqueza y respetabilidad.
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𝘓𝘢 𝘥𝘶𝘥𝘢 𝘥𝘦 𝘋𝘢𝘳𝘸𝘪𝘯 (𝘊𝘳𝘦𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯, 2009): 𝘌𝘴 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘪𝘥𝘢.
𝘈𝘶𝘯𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘭𝘪𝘤𝘵𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘋𝘢𝘳𝘸𝘪𝘯 (𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘱𝘳𝘦𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘗𝘢𝘶𝘭 𝘉𝘦𝘵𝘵𝘢𝘯𝘺) 𝘢𝘭 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘪𝘳 𝘴𝘶 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰, 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘧𝘭𝘢𝘴𝘩𝘣𝘢𝘤𝘬𝘴 𝘺 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘷𝘪𝘢𝘫𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘉𝘦𝘢𝘨𝘭𝘦.
𝘔𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘦𝘴𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘶𝘮𝘢𝘵𝘪𝘤𝘰𝘴, 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘩𝘪𝘫𝘢 𝘺 𝘭𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘦𝘭𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰́, 𝘭𝘰 𝘢𝘵𝘰𝘳𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘶𝘭𝘢𝘣𝘢 𝘴𝘶 𝘵𝘦𝘰𝘳𝘪́𝘢.https://www.youtube.com/watch?v=SxXZ3vqjDRw
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https://www.europesays.com/es/455550/ Las lesiones cerebrovasculares en el síndrome de Down no siguen una evolución lineal #algunas #alzheimer #aparecen #blanca #cerebrovasculares #disminuir #down #ES #España #especialmente #Estudio #evolución #Health #hiperintensidades #ir #lesiones #lineal #no #pau #primeros #pueden #revela #Salud #sant #siguen #síndrome #Síntomas #Spain #sustancia #tiempo
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🌸Soltar lo que alguien fue no significa olvidar.
Significa no condenar para siempre.
Significa mirar a la persona que tienes delante y preguntarte quién es hoy, no quién fue hace cinco o diez años.
Porque todos necesitamos una oportunidad.
Y porque, si soy honesta, yo también la he necesitado.🌸#soltar #segundasoportunidades #perdon #cambio #evolucion #mirarhoy #crecimientopersonal #humanidad #reflexion #madurez
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ECM y Ciencia | 07x07
ECM y ciencia van de la mano. El mundo de las experiencias cercanas a la muerte y la ciencia cada vez van más de la mano. El salto a los medios de comunicación de Cirujanos como el Doctor Manuel Sans Segarra ha conseguido que lo...
https://luisbermejo.com/ecm-y-ciencia-07x07/
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Me fascina cuando la ciencia encuentra pruebas de que el sentido común no siempre es infalible al pronosticar consecuencias.
Científicos analizan los perros de Chernóbil y revelan que "estos animales ya no son perros"
https://diariodeavisos.elespanol.com/canariasenred/cientificos-analizan-los-perros-de-chernobil-y-revelan-que-estos-animales-ya-no-son-perros/ -
Islas, laboratorios de evolución {La Mecánica del Caracol}
Este podcast fue originalmente publicado en La Mecánica del Caracol, el 14 de febrero de 2025. En esta participación de La Mecánica del Caracol os invitamos a conocer los laboratorios de evolución que constituyen las islas. Lugares en los que hay animales grandes que se vuelven pequeños, Animales pequeños que se vuelven enormes y aves que pierden la capacidad de volar. Son lugares con un delicado equilibrio ecológico que se rompe con la introducción de especies exóticas, a menudo […] -
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🐠 Un nuevo estudio revela que los machos más listos resuelven laberintos para seducir hembras y dejar más descendencia. t.ly/I3CF3
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