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#educacion — Public Fediverse posts

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  1. Nuevo ejemplo de que #PíoMoa no es un historiador fiable.
    Una de las primeras cosas que me interesaron de este libro, por no decir la única, era saber cómo contaba Moa el desarrollo del debate sobre el sufragio femenino y su resultado. Le dedica este pequeño espacio, pequeñísimo. Vayamos frase a frase.

    Hilo va 🧵👇🏼
    bsky.app/profile/jagospierre.b licenciado en historia. Profesor de secundaria
    #Educación

  2. Opinión | Guadalupe Orona | Sin educación no hay transformación social

    Estamos en el periodo de clausura del ciclo escolar y de graduaciones de miles de niños y jóvenes en diferentes instituciones de nivel básico, medio superior y superior.

    Por Guadalupe Orona Urías*                                             

    Da gusto ver los rostros sonrientes y felices de los graduandos y los de sus padres, y confirmar la inteligencia y toda la simiente fértil que existe en nuestra niñez y juventud; su futuro debe ser parte de nuestra preocupación.

    Y realmente nos debe preocupar a todos o, al menos la mayoría de este país, a quienes los vaivenes de la vida, la política oficial y las desmesuradas ansias de ganancia de los dueños del gran capital amenazan su futuro y bienestar.

    Decía en colaboración anterior que el “Estado del bienestar” ha terminado en nuestro país y en casi todos aquellos del régimen capitalista; que el imperio encabezado por los Estados Unidos viene sometiendo descaradamente a la mayoría de los gobernantes del mundo, aun a aquellos que se hacen llamar de “izquierda” y, a quienes no se someten “por la buena” o traicionando a sus pueblos deliberadamente, los obligan a través de las armas, como lo demuestran más de 500 guerras promovidas o intervenciones por los Estados Unidos en los últimos 250 años. Su objetivo: apoderarse del mundo y de sus riquezas y apropiarse de todos los recursos económicos de los pueblos a través de la subordinación a sus políticas financieras dictadas por el FMI (Fondo Monetario Internacional), entre las cuales se encuentra la reducción drástica en gasto social: servicios básicos, salud, vivienda y educación.

    Así se explican, entre otras razones, consecuencias de la causa madre, los graves niveles de pobreza en México y del gran rezago educativo. Así se revela por qué a la educación solamente se destina un 3% del PIB, cuando mínimamente debería ser del 6%; la razón de que en el nivel bachillerato la deserción sea del 40%, es decir, que sólo seis de cada 10 muchachos que ingresan logren concluirlo y, de estos, solamente 2.4 en promedio continúen estudiando; y como resultado, apenas 22% de la población adulta llegue a la licenciatura, de acuerdo con cifras de la OCDE.  

    En reciente encuentro de rectores de Universia, se dieron cifras alarmantes en el nivel licenciatura: “Tres de cada 10 alumnos de nuevo ingreso a licenciatura en el país, tanto en instituciones públicas como privadas, abandonan sus estudios en el primer año […] y sólo 4.4 por ciento de los jóvenes más pobres logran cursar una carrera universitaria, lo que demuestra que el acceso a la educación superior aún es excluyente”. Sin instituciones educativas, sin jóvenes en las aulas, se evita una verdadera transformación social.

    Plantel de la UNRC

    Y esa transformación social que debería estar impulsada por los jóvenes, se inhibe por todos los mecanismos y acciones de las que puede echar mano la clase gobernante, sus testaferros y su aparato burocrático, administrativo, judicial y de mediatización. Los jóvenes, como parte de la sociedad, también se encuentran sometidos a un aparato que comprende la producción, la distribución y el consumo; un aparato que determina su existencia diaria, sus necesidades y sus aspiraciones. Son  víctimas también del sistema explotador, de la violencia, de la enajenación, del permanente lavado de cerebro al que son sometidos a través de los diversos medios de comunicación; de las drogas, del alcohol y a hasta de las diferentes formas de diversión y de música.

    Además de los insuficientes recursos invertidos en la educación por parte del Estado mexicano, otra gran insuficiencia es la calidad educativa, empeorada con las nuevas políticas, pues ahora menos se enseña, menos se educa. Pero esto, tampoco es novedad, está acorde con lo señalado anteriormente, pues cierto tipo de educación debe corresponder necesariamente a determinada base económica, a cierto tipo de sociedad e interés.

    Se requiere una verdadera transformación en la educación para enseñar a pensar al estudiante, para generarle conciencia social y ansias de libertad, pero ello prácticamente no está permitido, pues una educación crítica y progresista entra en conflicto con los poderes, públicos y privados. La contradicción es una contradicción real: “la sociedad existente puede ofrecer la posibilidad de una educación para una sociedad mejor [pero], una educación así sería una amenaza para la sociedad existente”. Un cambio cualitativo, de calidad, en la educación, traería consecuentemente un cambio social cualitativo.

    Cierto filosofo nos recuerda que Kant planteó como objetivo de la educación que “los niños fueran educados no de acuerdo con el presente, sino de acuerdo con una condición futura, mejor de la especie humana, de acuerdo con la idea de humanitas”. Es decir, del hombre verdadero, humano, del que cultiva los principios de respeto, solidaridad y empatía con su prójimo, del hombre en permanente desarrollo y en constante aprendizaje. Pero también nos señala que  dicho objetivo “implica todavía la subversión de la actual condición del hombre”.

    Salon de clase universitaria

    Finalmente, sólo para precisar, cuando hablamos de las guerras o intervenciones imperialistas de los Estados Unidos a lo largo historia, sí, “Desde su independencia, Estados Unidos ha lanzado más de 500 intervenciones en el extranjero: un 60% del total en esos 250 años ha tenido lugar desde 1950,según un cálculo del Centro Fletcher de Estudios Estratégicos de la Universidad Tufts. Y se dispararon al final de la Guerra Fría, pese a las grandilocuentes tesis de entonces sobre el final de la Historia y la supuesta llegada de una benévola Pax Americana: un tercio del total de operaciones ha ocurrido desde 1999. La mayoría del total, en América Latina, aunque desde la era de la Guerra Fría los escenarios en Asia u Oriente Próximo se han ido haciendo más frecuentes” (El País, 2 de julio de 2026).

    No se ha tratado de incidentes aislados o de una política guerrerista de tal o cual presidente ¡no! Ha sido una estrategia sistemática para apoderarse del mundo y sus riquezas: proteger los intereses económicos, asegurar rutas comerciales estratégicas, apropiarse de recursos naturales con la simulación de combatir el terrorismo o el narcotráfico o defender los derechos humanos o la democracia. Ahora el imperialismo enfrenta una competencia global cada vez mayor, incertidumbre económica y sobre su futuro papel en el mundo, y son precisamente la competencia y la incertidumbre lo que hoy vuelve más agresivo y mortífero al imperio.

    Columna anterior: «Viviendas para el bienestar»

    *Dirigente del Movimiento Antorchista en Hidalgo

    Guadalupe Orona | @SociedadNoticias_

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  3. Escándalo en #Portugal🇵🇹 tras descubrirse errores en varios exámenes de acceso a la universidad —el ministerio asegura que el calendario de acceso se mantiene y descarta perdonar la tasa de 25 euros que deben pagar los alumnos para que se les corrijan las pruebas mal evaluadas
    #educación #política #noticias
    rtp.pt/noticias/pais/missao-es

  4. Escándalo en #Portugal🇵🇹 tras descubrirse errores en varios exámenes de acceso a la universidad —el ministerio asegura que el calendario de acceso se mantiene y descarta perdonar la tasa de 25 euros que deben pagar los alumnos para que se les corrijan las pruebas mal evaluadas
    #educación #política #noticias
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  5. Suecia, Finlandia y Francia están limitando pantallas y recuperando libros impresos, escritura a mano y pausas digitales. No es nostalgia: es una respuesta al exceso de distracción en la infancia.

    🔗 Lee el artículo completo en El Solidario elsolidario.com/escuelas-papel

    #Educación #Libros #Infancia #Pantallas #Escuela

  6. Suecia, Finlandia y Francia están limitando pantallas y recuperando libros impresos, escritura a mano y pausas digitales. No es nostalgia: es una respuesta al exceso de distracción en la infancia.

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    #Educación #Libros #Infancia #Pantallas #Escuela

  7. Suecia, Finlandia y Francia están limitando pantallas y recuperando libros impresos, escritura a mano y pausas digitales. No es nostalgia: es una respuesta al exceso de distracción en la infancia.

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  8. Suecia, Finlandia y Francia están limitando pantallas y recuperando libros impresos, escritura a mano y pausas digitales. No es nostalgia: es una respuesta al exceso de distracción en la infancia.

    🔗 Lee el artículo completo en El Solidario elsolidario.com/escuelas-papel

    #Educación #Libros #Infancia #Pantallas #Escuela

  9. Suecia, Finlandia y Francia están limitando pantallas y recuperando libros impresos, escritura a mano y pausas digitales. No es nostalgia: es una respuesta al exceso de distracción en la infancia.

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    #Educación #Libros #Infancia #Pantallas #Escuela

  10. El engaño del papel colgado en la pared

    Por qué un título universitario no te quita lo idiota según un premio Nobel

    Existe una confusión gigantesca en nuestra sociedad que nos hace creer que acumular diplomas es lo mismo que tener un cerebro brillante. Nos han enseñado a agachar la cabeza y respetar a cualquiera que tenga un cartón firmado por una escuela de renombre, pero la realidad de la calle nos demuestra todos los días lo contrario. El físico Richard Feynman, quien ganó el Premio Nobel en el año 1965, dejó una frase muy clara para desarmar a los presumidos: nunca confundas la educación con la inteligencia, puedes tener un doctorado y seguir siendo un idiota. La escuela te da información y te entrena para repetir datos, pero la verdadera inteligencia es otra cosa muy diferente que tiene que ver con la curiosidad, el sentido común y la capacidad de resolver problemas reales cuando las cosas se ponen difíciles.

    En el mundo laboral del siglo XXI se vive un fenómeno muy curioso que la gente de campo y de taller conoce a la perfección. Hay ingenieros sin título y títulos sin ingeniero. Cualquiera que haya visitado un negocio de reparación de carros o una planta de producción sabe que existen mecánicos que jamás pisaron una preparatoria pero son capaces de desarmar un motor de cabo a rabo, detectar un ruido extraño en 2 minutos y dejar la máquina funcionando como nueva usando solo su ingenio y su experiencia. Por otro lado, las oficinas están llenas de profesionales con paredes repletas de certificaciones costosas que no tienen la menor idea de cómo agarrar un desarmador, se hunden en un vaso de agua ante la primera falla del sistema y no saben resolver nada si el manual de la empresa no les dice exactamente qué botón presionar.

    El problema es que los títulos miden la obediencia y la memoria de una persona, pero no su capacidad para pensar por sí misma. Estudiar una carrera es una herramienta útil, pero cuando se mezcla con la soberbia produce analfabetas de la vida real que se creen superiores solo por tener un prefijo antes de su nombre. El conocimiento que no se puede aplicar en el día a día para mejorar las cosas o para ayudar a los demás es solo basura mental. El valor de una persona se demuestra con las manos en la obra y las soluciones sobre la mesa, no con la cantidad de dinero que gastó en una escuela para que le dieran un papel.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Inteligencia #Educacion #MundoReal #SentidoComun #RichardFeynman #Titulos

  11. El engaño del papel colgado en la pared

    Por qué un título universitario no te quita lo idiota según un premio Nobel

    Existe una confusión gigantesca en nuestra sociedad que nos hace creer que acumular diplomas es lo mismo que tener un cerebro brillante. Nos han enseñado a agachar la cabeza y respetar a cualquiera que tenga un cartón firmado por una escuela de renombre, pero la realidad de la calle nos demuestra todos los días lo contrario. El físico Richard Feynman, quien ganó el Premio Nobel en el año 1965, dejó una frase muy clara para desarmar a los presumidos: nunca confundas la educación con la inteligencia, puedes tener un doctorado y seguir siendo un idiota. La escuela te da información y te entrena para repetir datos, pero la verdadera inteligencia es otra cosa muy diferente que tiene que ver con la curiosidad, el sentido común y la capacidad de resolver problemas reales cuando las cosas se ponen difíciles.

    En el mundo laboral del siglo XXI se vive un fenómeno muy curioso que la gente de campo y de taller conoce a la perfección. Hay ingenieros sin título y títulos sin ingeniero. Cualquiera que haya visitado un negocio de reparación de carros o una planta de producción sabe que existen mecánicos que jamás pisaron una preparatoria pero son capaces de desarmar un motor de cabo a rabo, detectar un ruido extraño en 2 minutos y dejar la máquina funcionando como nueva usando solo su ingenio y su experiencia. Por otro lado, las oficinas están llenas de profesionales con paredes repletas de certificaciones costosas que no tienen la menor idea de cómo agarrar un desarmador, se hunden en un vaso de agua ante la primera falla del sistema y no saben resolver nada si el manual de la empresa no les dice exactamente qué botón presionar.

    El problema es que los títulos miden la obediencia y la memoria de una persona, pero no su capacidad para pensar por sí misma. Estudiar una carrera es una herramienta útil, pero cuando se mezcla con la soberbia produce analfabetas de la vida real que se creen superiores solo por tener un prefijo antes de su nombre. El conocimiento que no se puede aplicar en el día a día para mejorar las cosas o para ayudar a los demás es solo basura mental. El valor de una persona se demuestra con las manos en la obra y las soluciones sobre la mesa, no con la cantidad de dinero que gastó en una escuela para que le dieran un papel.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Inteligencia #Educacion #MundoReal #SentidoComun #RichardFeynman #Titulos

  12. El engaño del papel colgado en la pared

    Por qué un título universitario no te quita lo idiota según un premio Nobel

    Existe una confusión gigantesca en nuestra sociedad que nos hace creer que acumular diplomas es lo mismo que tener un cerebro brillante. Nos han enseñado a agachar la cabeza y respetar a cualquiera que tenga un cartón firmado por una escuela de renombre, pero la realidad de la calle nos demuestra todos los días lo contrario. El físico Richard Feynman, quien ganó el Premio Nobel en el año 1965, dejó una frase muy clara para desarmar a los presumidos: nunca confundas la educación con la inteligencia, puedes tener un doctorado y seguir siendo un idiota. La escuela te da información y te entrena para repetir datos, pero la verdadera inteligencia es otra cosa muy diferente que tiene que ver con la curiosidad, el sentido común y la capacidad de resolver problemas reales cuando las cosas se ponen difíciles.

    En el mundo laboral del siglo XXI se vive un fenómeno muy curioso que la gente de campo y de taller conoce a la perfección. Hay ingenieros sin título y títulos sin ingeniero. Cualquiera que haya visitado un negocio de reparación de carros o una planta de producción sabe que existen mecánicos que jamás pisaron una preparatoria pero son capaces de desarmar un motor de cabo a rabo, detectar un ruido extraño en 2 minutos y dejar la máquina funcionando como nueva usando solo su ingenio y su experiencia. Por otro lado, las oficinas están llenas de profesionales con paredes repletas de certificaciones costosas que no tienen la menor idea de cómo agarrar un desarmador, se hunden en un vaso de agua ante la primera falla del sistema y no saben resolver nada si el manual de la empresa no les dice exactamente qué botón presionar.

    El problema es que los títulos miden la obediencia y la memoria de una persona, pero no su capacidad para pensar por sí misma. Estudiar una carrera es una herramienta útil, pero cuando se mezcla con la soberbia produce analfabetas de la vida real que se creen superiores solo por tener un prefijo antes de su nombre. El conocimiento que no se puede aplicar en el día a día para mejorar las cosas o para ayudar a los demás es solo basura mental. El valor de una persona se demuestra con las manos en la obra y las soluciones sobre la mesa, no con la cantidad de dinero que gastó en una escuela para que le dieran un papel.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Inteligencia #Educacion #MundoReal #SentidoComun #RichardFeynman #Titulos

  13. El engaño del papel colgado en la pared

    Por qué un título universitario no te quita lo idiota según un premio Nobel

    Existe una confusión gigantesca en nuestra sociedad que nos hace creer que acumular diplomas es lo mismo que tener un cerebro brillante. Nos han enseñado a agachar la cabeza y respetar a cualquiera que tenga un cartón firmado por una escuela de renombre, pero la realidad de la calle nos demuestra todos los días lo contrario. El físico Richard Feynman, quien ganó el Premio Nobel en el año 1965, dejó una frase muy clara para desarmar a los presumidos: nunca confundas la educación con la inteligencia, puedes tener un doctorado y seguir siendo un idiota. La escuela te da información y te entrena para repetir datos, pero la verdadera inteligencia es otra cosa muy diferente que tiene que ver con la curiosidad, el sentido común y la capacidad de resolver problemas reales cuando las cosas se ponen difíciles.

    En el mundo laboral del siglo XXI se vive un fenómeno muy curioso que la gente de campo y de taller conoce a la perfección. Hay ingenieros sin título y títulos sin ingeniero. Cualquiera que haya visitado un negocio de reparación de carros o una planta de producción sabe que existen mecánicos que jamás pisaron una preparatoria pero son capaces de desarmar un motor de cabo a rabo, detectar un ruido extraño en 2 minutos y dejar la máquina funcionando como nueva usando solo su ingenio y su experiencia. Por otro lado, las oficinas están llenas de profesionales con paredes repletas de certificaciones costosas que no tienen la menor idea de cómo agarrar un desarmador, se hunden en un vaso de agua ante la primera falla del sistema y no saben resolver nada si el manual de la empresa no les dice exactamente qué botón presionar.

    El problema es que los títulos miden la obediencia y la memoria de una persona, pero no su capacidad para pensar por sí misma. Estudiar una carrera es una herramienta útil, pero cuando se mezcla con la soberbia produce analfabetas de la vida real que se creen superiores solo por tener un prefijo antes de su nombre. El conocimiento que no se puede aplicar en el día a día para mejorar las cosas o para ayudar a los demás es solo basura mental. El valor de una persona se demuestra con las manos en la obra y las soluciones sobre la mesa, no con la cantidad de dinero que gastó en una escuela para que le dieran un papel.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Inteligencia #Educacion #MundoReal #SentidoComun #RichardFeynman #Titulos

  14. El engaño del papel colgado en la pared

    Por qué un título universitario no te quita lo idiota según un premio Nobel

    Existe una confusión gigantesca en nuestra sociedad que nos hace creer que acumular diplomas es lo mismo que tener un cerebro brillante. Nos han enseñado a agachar la cabeza y respetar a cualquiera que tenga un cartón firmado por una escuela de renombre, pero la realidad de la calle nos demuestra todos los días lo contrario. El físico Richard Feynman, quien ganó el Premio Nobel en el año 1965, dejó una frase muy clara para desarmar a los presumidos: nunca confundas la educación con la inteligencia, puedes tener un doctorado y seguir siendo un idiota. La escuela te da información y te entrena para repetir datos, pero la verdadera inteligencia es otra cosa muy diferente que tiene que ver con la curiosidad, el sentido común y la capacidad de resolver problemas reales cuando las cosas se ponen difíciles.

    En el mundo laboral del siglo XXI se vive un fenómeno muy curioso que la gente de campo y de taller conoce a la perfección. Hay ingenieros sin título y títulos sin ingeniero. Cualquiera que haya visitado un negocio de reparación de carros o una planta de producción sabe que existen mecánicos que jamás pisaron una preparatoria pero son capaces de desarmar un motor de cabo a rabo, detectar un ruido extraño en 2 minutos y dejar la máquina funcionando como nueva usando solo su ingenio y su experiencia. Por otro lado, las oficinas están llenas de profesionales con paredes repletas de certificaciones costosas que no tienen la menor idea de cómo agarrar un desarmador, se hunden en un vaso de agua ante la primera falla del sistema y no saben resolver nada si el manual de la empresa no les dice exactamente qué botón presionar.

    El problema es que los títulos miden la obediencia y la memoria de una persona, pero no su capacidad para pensar por sí misma. Estudiar una carrera es una herramienta útil, pero cuando se mezcla con la soberbia produce analfabetas de la vida real que se creen superiores solo por tener un prefijo antes de su nombre. El conocimiento que no se puede aplicar en el día a día para mejorar las cosas o para ayudar a los demás es solo basura mental. El valor de una persona se demuestra con las manos en la obra y las soluciones sobre la mesa, no con la cantidad de dinero que gastó en una escuela para que le dieran un papel.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Inteligencia #Educacion #MundoReal #SentidoComun #RichardFeynman #Titulos

  15. #DatoCurioso

    ¿Por qué las escuelas se parecen tanto a una fábrica de salchichas?

    El sistema donde los alumnos usan uniforme, se sientan en filas, se dividen por edades y se mueven cuando suena una campana ruidosa no nació para hacer a la gente más inteligente. Esta estructura la inventaron en el siglo XVIII en un lugar de Europa llamado Prusia. Los gobernantes de esa época necesitaban urgentemente dos cosas: soldados que obedecieran las órdenes en las guerras sin cuestionar a sus jefes y obreros que aguantaran doce horas metidos en las fábricas repitiendo la misma tarea sin protestar. Por eso diseñaron las escuelas como líneas de producción humana, donde cada año escolar funciona como un lote de mercancía. Los estudiantes entran como materia prima y salen de la escuela como un paquete de salchichas, todos procesados y exactamente iguales, con los mismos pensamientos moldeados y listos para ser consumidos por el sistema del dinero.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #HistoriaOculta #Educacion #Sociedad #ControlSocial

  16. #DatoCurioso

    ¿Por qué las escuelas se parecen tanto a una fábrica de salchichas?

    El sistema donde los alumnos usan uniforme, se sientan en filas, se dividen por edades y se mueven cuando suena una campana ruidosa no nació para hacer a la gente más inteligente. Esta estructura la inventaron en el siglo XVIII en un lugar de Europa llamado Prusia. Los gobernantes de esa época necesitaban urgentemente dos cosas: soldados que obedecieran las órdenes en las guerras sin cuestionar a sus jefes y obreros que aguantaran doce horas metidos en las fábricas repitiendo la misma tarea sin protestar. Por eso diseñaron las escuelas como líneas de producción humana, donde cada año escolar funciona como un lote de mercancía. Los estudiantes entran como materia prima y salen de la escuela como un paquete de salchichas, todos procesados y exactamente iguales, con los mismos pensamientos moldeados y listos para ser consumidos por el sistema del dinero.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #HistoriaOculta #Educacion #Sociedad #ControlSocial

  17. El gran engaño de las aulas modernas

    Por qué las universidades nos preparan para un mundo que ya no existe

    Mucha gente se quema las pestañas durante años dentro de un salón de clases con la firme idea de que al salir tendrán la vida resuelta. Nos han vendido la escuela como el único camino seguro hacia el éxito, pero la realidad allá afuera es completamente diferente. El sistema escolar actual no está descompuesto, en realidad funciona exactamente para lo que fue diseñado hace más de doscientos años. Las escuelas nacieron en la época de las grandes fábricas, cuando el mundo necesitaba miles de obreros obedientes que supieran seguir órdenes, llegar temprano y aguantar jornadas largas sin quejarse. Hoy en día, un doctor, un abogado o un ingeniero de sistemas terminan siendo exactamente eso: obreros muy bien calificados y especializados que operan máquinas o procesos dentro de una empresa, repitiendo tareas dentro de un molde que alguien más inventó.

    El verdadero problema es que la vida real avanza a una velocidad monstruosa y los temarios de las academias, incluso las más caras y famosas del planeta, se quedaron congelados en el tiempo. Un estudiante pasa cinco años de su juventud aprendiendo teorías viejas y cuando por fin recibe su título en las manos, descubre que todo lo que memorizó ya no sirve para nada porque el mundo real cambió tres veces mientras él estaba encerrado copiando un pizarrón. La educación tradicional va tarde por años, a veces por décadas, enseñando herramientas del pasado a jóvenes que van a competir en el futuro. Es una pérdida de tiempo y dinero que deja a las personas totalmente desarmadas ante la realidad de la calle.

    Para colmo de males, los salones de clases ignoran por completo las cosas que de verdad importan para sobrevivir y no volverse loco. Nadie te enseña a manejar tus finanzas personales, a entender cómo funciona el dinero, a pagar impuestos o a ahorrar para cuando seas viejo. Jamás abren un espacio para enseñarte a ser asertivo, a lidiar con personas difíciles, a trabajar en equipo sin querer matar a tus compañeros o a liderar un proyecto con empatía. La escuela te califica con un número basado en tu capacidad de repetir como perico, pero se olvida por completo de entrenar tu mente para soportar la frustración, para comunicarte con claridad o para levantarte después de un fracaso. Sales al mundo laboral siendo un experto en teoría, pero un completo analfabeto emocional, listo para ser devorado por la rutina y el estrés de la ciudad.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Educacion #CrisisEscolar #MundoReal #HabilidadesBlandas #VidaModerna #reflexion

  18. El gran engaño de las aulas modernas

    Por qué las universidades nos preparan para un mundo que ya no existe

    Mucha gente se quema las pestañas durante años dentro de un salón de clases con la firme idea de que al salir tendrán la vida resuelta. Nos han vendido la escuela como el único camino seguro hacia el éxito, pero la realidad allá afuera es completamente diferente. El sistema escolar actual no está descompuesto, en realidad funciona exactamente para lo que fue diseñado hace más de doscientos años. Las escuelas nacieron en la época de las grandes fábricas, cuando el mundo necesitaba miles de obreros obedientes que supieran seguir órdenes, llegar temprano y aguantar jornadas largas sin quejarse. Hoy en día, un doctor, un abogado o un ingeniero de sistemas terminan siendo exactamente eso: obreros muy bien calificados y especializados que operan máquinas o procesos dentro de una empresa, repitiendo tareas dentro de un molde que alguien más inventó.

    El verdadero problema es que la vida real avanza a una velocidad monstruosa y los temarios de las academias, incluso las más caras y famosas del planeta, se quedaron congelados en el tiempo. Un estudiante pasa cinco años de su juventud aprendiendo teorías viejas y cuando por fin recibe su título en las manos, descubre que todo lo que memorizó ya no sirve para nada porque el mundo real cambió tres veces mientras él estaba encerrado copiando un pizarrón. La educación tradicional va tarde por años, a veces por décadas, enseñando herramientas del pasado a jóvenes que van a competir en el futuro. Es una pérdida de tiempo y dinero que deja a las personas totalmente desarmadas ante la realidad de la calle.

    Para colmo de males, los salones de clases ignoran por completo las cosas que de verdad importan para sobrevivir y no volverse loco. Nadie te enseña a manejar tus finanzas personales, a entender cómo funciona el dinero, a pagar impuestos o a ahorrar para cuando seas viejo. Jamás abren un espacio para enseñarte a ser asertivo, a lidiar con personas difíciles, a trabajar en equipo sin querer matar a tus compañeros o a liderar un proyecto con empatía. La escuela te califica con un número basado en tu capacidad de repetir como perico, pero se olvida por completo de entrenar tu mente para soportar la frustración, para comunicarte con claridad o para levantarte después de un fracaso. Sales al mundo laboral siendo un experto en teoría, pero un completo analfabeto emocional, listo para ser devorado por la rutina y el estrés de la ciudad.

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  19. El gran engaño de las aulas modernas

    Por qué las universidades nos preparan para un mundo que ya no existe

    Mucha gente se quema las pestañas durante años dentro de un salón de clases con la firme idea de que al salir tendrán la vida resuelta. Nos han vendido la escuela como el único camino seguro hacia el éxito, pero la realidad allá afuera es completamente diferente. El sistema escolar actual no está descompuesto, en realidad funciona exactamente para lo que fue diseñado hace más de doscientos años. Las escuelas nacieron en la época de las grandes fábricas, cuando el mundo necesitaba miles de obreros obedientes que supieran seguir órdenes, llegar temprano y aguantar jornadas largas sin quejarse. Hoy en día, un doctor, un abogado o un ingeniero de sistemas terminan siendo exactamente eso: obreros muy bien calificados y especializados que operan máquinas o procesos dentro de una empresa, repitiendo tareas dentro de un molde que alguien más inventó.

    El verdadero problema es que la vida real avanza a una velocidad monstruosa y los temarios de las academias, incluso las más caras y famosas del planeta, se quedaron congelados en el tiempo. Un estudiante pasa cinco años de su juventud aprendiendo teorías viejas y cuando por fin recibe su título en las manos, descubre que todo lo que memorizó ya no sirve para nada porque el mundo real cambió tres veces mientras él estaba encerrado copiando un pizarrón. La educación tradicional va tarde por años, a veces por décadas, enseñando herramientas del pasado a jóvenes que van a competir en el futuro. Es una pérdida de tiempo y dinero que deja a las personas totalmente desarmadas ante la realidad de la calle.

    Para colmo de males, los salones de clases ignoran por completo las cosas que de verdad importan para sobrevivir y no volverse loco. Nadie te enseña a manejar tus finanzas personales, a entender cómo funciona el dinero, a pagar impuestos o a ahorrar para cuando seas viejo. Jamás abren un espacio para enseñarte a ser asertivo, a lidiar con personas difíciles, a trabajar en equipo sin querer matar a tus compañeros o a liderar un proyecto con empatía. La escuela te califica con un número basado en tu capacidad de repetir como perico, pero se olvida por completo de entrenar tu mente para soportar la frustración, para comunicarte con claridad o para levantarte después de un fracaso. Sales al mundo laboral siendo un experto en teoría, pero un completo analfabeto emocional, listo para ser devorado por la rutina y el estrés de la ciudad.

    — S.P. Filósofa Urbana

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  20. El gran engaño de las aulas modernas

    Por qué las universidades nos preparan para un mundo que ya no existe

    Mucha gente se quema las pestañas durante años dentro de un salón de clases con la firme idea de que al salir tendrán la vida resuelta. Nos han vendido la escuela como el único camino seguro hacia el éxito, pero la realidad allá afuera es completamente diferente. El sistema escolar actual no está descompuesto, en realidad funciona exactamente para lo que fue diseñado hace más de doscientos años. Las escuelas nacieron en la época de las grandes fábricas, cuando el mundo necesitaba miles de obreros obedientes que supieran seguir órdenes, llegar temprano y aguantar jornadas largas sin quejarse. Hoy en día, un doctor, un abogado o un ingeniero de sistemas terminan siendo exactamente eso: obreros muy bien calificados y especializados que operan máquinas o procesos dentro de una empresa, repitiendo tareas dentro de un molde que alguien más inventó.

    El verdadero problema es que la vida real avanza a una velocidad monstruosa y los temarios de las academias, incluso las más caras y famosas del planeta, se quedaron congelados en el tiempo. Un estudiante pasa cinco años de su juventud aprendiendo teorías viejas y cuando por fin recibe su título en las manos, descubre que todo lo que memorizó ya no sirve para nada porque el mundo real cambió tres veces mientras él estaba encerrado copiando un pizarrón. La educación tradicional va tarde por años, a veces por décadas, enseñando herramientas del pasado a jóvenes que van a competir en el futuro. Es una pérdida de tiempo y dinero que deja a las personas totalmente desarmadas ante la realidad de la calle.

    Para colmo de males, los salones de clases ignoran por completo las cosas que de verdad importan para sobrevivir y no volverse loco. Nadie te enseña a manejar tus finanzas personales, a entender cómo funciona el dinero, a pagar impuestos o a ahorrar para cuando seas viejo. Jamás abren un espacio para enseñarte a ser asertivo, a lidiar con personas difíciles, a trabajar en equipo sin querer matar a tus compañeros o a liderar un proyecto con empatía. La escuela te califica con un número basado en tu capacidad de repetir como perico, pero se olvida por completo de entrenar tu mente para soportar la frustración, para comunicarte con claridad o para levantarte después de un fracaso. Sales al mundo laboral siendo un experto en teoría, pero un completo analfabeto emocional, listo para ser devorado por la rutina y el estrés de la ciudad.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Educacion #CrisisEscolar #MundoReal #HabilidadesBlandas #VidaModerna #reflexion

  21. El gran engaño de las aulas modernas

    Por qué las universidades nos preparan para un mundo que ya no existe

    Mucha gente se quema las pestañas durante años dentro de un salón de clases con la firme idea de que al salir tendrán la vida resuelta. Nos han vendido la escuela como el único camino seguro hacia el éxito, pero la realidad allá afuera es completamente diferente. El sistema escolar actual no está descompuesto, en realidad funciona exactamente para lo que fue diseñado hace más de doscientos años. Las escuelas nacieron en la época de las grandes fábricas, cuando el mundo necesitaba miles de obreros obedientes que supieran seguir órdenes, llegar temprano y aguantar jornadas largas sin quejarse. Hoy en día, un doctor, un abogado o un ingeniero de sistemas terminan siendo exactamente eso: obreros muy bien calificados y especializados que operan máquinas o procesos dentro de una empresa, repitiendo tareas dentro de un molde que alguien más inventó.

    El verdadero problema es que la vida real avanza a una velocidad monstruosa y los temarios de las academias, incluso las más caras y famosas del planeta, se quedaron congelados en el tiempo. Un estudiante pasa cinco años de su juventud aprendiendo teorías viejas y cuando por fin recibe su título en las manos, descubre que todo lo que memorizó ya no sirve para nada porque el mundo real cambió tres veces mientras él estaba encerrado copiando un pizarrón. La educación tradicional va tarde por años, a veces por décadas, enseñando herramientas del pasado a jóvenes que van a competir en el futuro. Es una pérdida de tiempo y dinero que deja a las personas totalmente desarmadas ante la realidad de la calle.

    Para colmo de males, los salones de clases ignoran por completo las cosas que de verdad importan para sobrevivir y no volverse loco. Nadie te enseña a manejar tus finanzas personales, a entender cómo funciona el dinero, a pagar impuestos o a ahorrar para cuando seas viejo. Jamás abren un espacio para enseñarte a ser asertivo, a lidiar con personas difíciles, a trabajar en equipo sin querer matar a tus compañeros o a liderar un proyecto con empatía. La escuela te califica con un número basado en tu capacidad de repetir como perico, pero se olvida por completo de entrenar tu mente para soportar la frustración, para comunicarte con claridad o para levantarte después de un fracaso. Sales al mundo laboral siendo un experto en teoría, pero un completo analfabeto emocional, listo para ser devorado por la rutina y el estrés de la ciudad.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #Educacion #CrisisEscolar #MundoReal #HabilidadesBlandas #VidaModerna #reflexion

  22. 👧🧒 A protección da infancia tamén pasa polo software que se utiliza nas aulas:
    mancomun.gal/novas/brasil-apro

    Brasil aprobou unha das leis máis esixentes do mundo en materia de protección dixital de menores, establecendo requisitos estritos para aplicacións e ferramentas educativas.

    LibreOffice, pola súa natureza libre e transparente, encaixa de forma natural nestes principios.

    #SoftwareLibre #LibreOffice #TransformaciónDixital #Educación #Privacidade