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871 results for “tabone”
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"Of the 14 […] people who arguably should have known — only two were aware the Parliament’s first gentleman was working on behalf of the leisure industry."
"Roberta appointed her long-time personal aide and brother-in-law Matthew Tabone to be her head of cabinet."
#lobbying #corruption #emissions #parliament #EuropeanParliament #cruises #tourism #fossilFuels #CO2 #transport #netZero #transition #energyTransition #carbonTax #family #Metsola #RobertaMetsola
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"Sur les 14 […] personnes qui auraient sans doute dû être au courant, seules deux savaient que le premier homme du Parlement travaillait pour le compte de l’industrie du tourisme."
"Roberta a nommé son assistant personnel de longue date et beau-frère Matthew Tabone à la tête de son cabinet. Elle avait déjà tenté de promouvoir Tabone à ce poste, mais elle a fait machine arrière face au tollé médiatique qui laissait entendre qu’elle transformait le Parlement en une entreprise familiale."
#lobbying #corruption #emissions #parlement #ParlementEuropéen #croisières #tourisme #énergiesFossiles #CO2 #transports #transition #taxeCarbone
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Anyone using or implementing with Microsoft Syntex out here?
#Syntex #MicrosoftSyntex #M365 #SharePoint #Microsoft365 #Microsoft
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:stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:
Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.Incluso el color tenía su propio lenguaje.
La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
Literalmente.
Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
Nadie lo decretó.
Nadie los “cedió”.
Simplemente pasó.Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
Sin mencionar casi nunca su origen.Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
El famoso “stiletto”.
Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.
Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.
Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
No es solo una sensación incómoda, es pura física.Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.
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#historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales
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:stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:
Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.Incluso el color tenía su propio lenguaje.
La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
Literalmente.
Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
Nadie lo decretó.
Nadie los “cedió”.
Simplemente pasó.Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
Sin mencionar casi nunca su origen.Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
El famoso “stiletto”.
Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.
Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.
Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
No es solo una sensación incómoda, es pura física.Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.
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#historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales
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:stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:
Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.Incluso el color tenía su propio lenguaje.
La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
Literalmente.
Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
Nadie lo decretó.
Nadie los “cedió”.
Simplemente pasó.Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
Sin mencionar casi nunca su origen.Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
El famoso “stiletto”.
Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.
Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.
Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
No es solo una sensación incómoda, es pura física.Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.
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#historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales
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:stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:
Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.Incluso el color tenía su propio lenguaje.
La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
Literalmente.
Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
Nadie lo decretó.
Nadie los “cedió”.
Simplemente pasó.Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
Sin mencionar casi nunca su origen.Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
El famoso “stiletto”.
Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.
Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.
Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
No es solo una sensación incómoda, es pura física.Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.
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#historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales
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Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.Incluso el color tenía su propio lenguaje.
La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
Literalmente.
Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
Nadie lo decretó.
Nadie los “cedió”.
Simplemente pasó.Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
Sin mencionar casi nunca su origen.Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
El famoso “stiletto”.
Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.
Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.
Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
No es solo una sensación incómoda, es pura física.Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.
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#historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales
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A inicios de 2020 hice mi primer curso en #Permacultura. De suerte que eso me mantuvo algo cuerda, y viva al menos, los primeros meses de la pandemia y me ayudó a tomar la decisión de salirme de la #CDMX.
Luego de todo lo que me ha atravesado estos dos años, ya empiezo a hacer realidad mi huerto.
Hoy trajeron los tablones para la #composta del #bañoseco. Mañana terminan de organizar la distribución más simple del riego. Y estoy planeando las camas de #cultivo.
Ahí voy... :blob_cat_heart:
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A inicios de 2020 hice mi primer curso en #Permacultura. De suerte que eso me mantuvo algo cuerda, y viva al menos, los primeros meses de la pandemia y me ayudó a tomar la decisión de salirme de la #CDMX.
Luego de todo lo que me ha atravesado estos dos años, ya empiezo a hacer realidad mi huerto.
Hoy trajeron los tablones para la #composta del #bañoseco. Mañana terminan de organizar la distribución más simple del riego. Y estoy planeando las camas de #cultivo.
Ahí voy... :blob_cat_heart:
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A inicios de 2020 hice mi primer curso en #Permacultura. De suerte que eso me mantuvo algo cuerda, y viva al menos, los primeros meses de la pandemia y me ayudó a tomar la decisión de salirme de la #CDMX.
Luego de todo lo que me ha atravesado estos dos años, ya empiezo a hacer realidad mi huerto.
Hoy trajeron los tablones para la #composta del #bañoseco. Mañana terminan de organizar la distribución más simple del riego. Y estoy planeando las camas de #cultivo.
Ahí voy... :blob_cat_heart:
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A inicios de 2020 hice mi primer curso en #Permacultura. De suerte que eso me mantuvo algo cuerda, y viva al menos, los primeros meses de la pandemia y me ayudó a tomar la decisión de salirme de la #CDMX.
Luego de todo lo que me ha atravesado estos dos años, ya empiezo a hacer realidad mi huerto.
Hoy trajeron los tablones para la #composta del #bañoseco. Mañana terminan de organizar la distribución más simple del riego. Y estoy planeando las camas de #cultivo.
Ahí voy... :blob_cat_heart:
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https://www.europesays.com/ie/451770/ New movies to watch this weekend: See ‘Michael’ in theaters, rent ‘Tow,’ stream ‘Apex’ on Netflix #AmyNicholson #AnthonyMackie #CharlizeTheron #DesertWarrior #Éire #Entertainment #EverettCollection #FilmCritic #IE #Ireland #JaafarJackson #JacksonFamily #JasonSegel #MartySupreme #Michael #MichaelJackson #Movies #NewMoviesReleased #RoseByrne #SamWorthington #TaronEgerton #TimotheeChalamet
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“Tear Gas: The most effective agent used by employers to persuade their employees that the interests of capital and labor are identical. “ T-Bone Slim (Industrial Worker, 06 March 1937.)
#JohnWestmoreland playing guitar by Antti Männynväli’s T-Bone Slim Tear Gas #mural in #Kangasala
Photo: #AnttiMännynväli 2021. -
:stargif: 𝑱𝒂𝒎𝒆𝒔 𝑩𝒂𝒓𝒓𝒚: 𝒆𝒍 𝒎𝒆́𝒅𝒊𝒄𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒐𝒄𝒖𝒍𝒕𝒐́ 𝒔𝒖 𝒊𝒅𝒆𝒏𝒕𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒖𝒓𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒎𝒆𝒅𝒊𝒐 𝒔𝒊𝒈𝒍𝒐 :stargif:
La vida del James Barry es una de las historias más sorprendentes de la medicina del siglo XIX.
Durante más de cincuenta años ejerció como médico militar respetado dentro del Imperio británico.
Solo después de su muerte se descubrió que había nacido como Margaret Ann Bulkley.En una época en la que a las mujeres se les prohibía estudiar medicina, aquella decisión fue la única forma de poder dedicarse a la profesión que deseaba.
Margaret Ann Bulkley nació alrededor de 1789 en Cork, Irlanda.
Su familia atravesó problemas económicos bastante serios y eso cambió su destino.
Margaret y su madre se trasladaron a Londres buscando ayuda de un pariente influyente: el pintor James Barry.Cuando el pintor murió en 1806, surgió una idea radical.
Con el apoyo de algunos amigos de la familia —personas con contactos en el mundo académico— Margaret adoptó el nombre de su tío y comenzó una nueva vida como James Barry.
El objetivo era claro: poder estudiar medicina, algo que entonces estaba totalmente vetado para las mujeres.Bajo esa identidad masculina ingresó en la University of Edinburgh en 1809.
Tres años después, en 1812, obtuvo el título de doctor en medicina.
Técnicamente fue la primera mujer británica en lograrlo… aunque el mundo entero pensaba que era un hombre.Mantener la identidad durante décadas no fue fácil.
Barry cuidaba cada detalle de su apariencia: llevaba abrigos con hombreras para ensanchar la figura, usaba tacones para parecer más alto y justificaba su voz aguda diciendo que era consecuencia de una enfermedad infantil.Además tenía fama de tener un carácter explosivo.
Era irritable, orgulloso y muy poco dado a dejar pasar una ofensa.
De hecho, en una ocasión llegó a batirse en duelo con pistolas para defender su honor, algo que encajaba perfectamente con el temperamento que la sociedad esperaba de un hombre de su rango.Nunca se casó.
Sin embargo, durante su estancia en Sudáfrica mantuvo una relación muy cercana con Charles Somerset, gobernador de Ciudad del Cabo.
Aquella amistad levantó rumores en la sociedad colonial de la época, donde algunos insinuaban que existía una relación homosexual entre ambos.Otro detalle curioso apareció mucho después.
Cuando prepararon el cuerpo tras su muerte, la mujer encargada de hacerlo afirmó que Barry no solo era biológicamente mujer, sino que presentaba estrías en el abdomen.
Aquello sugería que había tenido un embarazo en su juventud, antes de adoptar la identidad masculina.Mientras tanto, su carrera médica fue brillante.
Se unió al ejército británico como cirujano militar y trabajó en distintos lugares del imperio: Sudáfrica, Jamaica, Malta y Canadá.
Con el tiempo llegó a alcanzar el rango de Inspector General de Hospitales, un puesto equivalente al de general dentro del sistema médico militar.Uno de sus logros más recordados ocurrió en 1826.
Barry realizó una cesárea en la que sobrevivieron tanto la madre como el bebé, algo extraordinario en aquella época.
Se considera la primera cesárea exitosa de ese tipo dentro del Imperio británico.Pero no solo destacaba en el quirófano.
También era un reformista bastante adelantado a su tiempo.
Defendía la higiene hospitalaria, la buena alimentación de los soldados y un trato más humano hacia prisioneros, enfermos y personas esclavizadas.
Muchas de sus ideas chocaban con las prácticas habituales del ejército.Murió en Londres en 1865 a causa de disentería.
Antes de fallecer había dejado instrucciones claras: quería ser enterrado inmediatamente y sin que se cambiara la ropa que llevaba puesta.No se respetó del todo.
La mujer que preparó el cuerpo descubrió el secreto y lo contó.
Aquello provocó un auténtico escándalo.
El ejército británico se encontró con una situación incómoda: durante décadas una persona nacida mujer había servido como oficial médico y había alcanzado uno de los rangos más altos.La reacción fue intentar silenciar la historia.
Los archivos oficiales relacionados con Barry quedaron bajo embargo durante cien años.Aun así, el secreto terminó saliendo a la luz y hoy su vida se estudia como uno de los casos más fascinantes de desafío a las normas sociales de su tiempo.
Curiosamente, en el Kensal Green Cemetery su tumba sigue llevando el nombre con el que vivió la mayor parte de su vida: Dr. James Barry.
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#historia #historiadelamedicina #curiosidadeshistoricas #mujeresenlahistoria #historiareal #medicina #personajeshistoricos #curiosidades #historiapococonocida #biografias
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/𝙈𝙞𝙘𝙧𝙤𝙧𝙧𝙚𝙡𝙖𝙩𝙤/
Dicen que el infierno no está bajo tierra, sino en una carretera secundaria sin cobertura a las tres de la mañana.
El coche soltó un último suspiro de humo negro y se quedó mudo.
Silencio absoluto.
Un silencio denso, físico, de esos que te taponean los oídos y te hacen notar el latido de tu propia sangre en las sienes.Bajé del coche y el frío me dio un bofetón seco.
La oscuridad era tan brutal que me sentí ciego, perdido en un abismo de alquitrán donde el cielo y el asfalto eran la misma boca de lobo.
Busqué el móvil en el bolsillo, pero la pantalla estaba muerta, un cristal negro que no devolvía ni un reflejo.Y entonces, lo vi.
A unos metros, una luz roja rasgaba la negrura.
Un punto escarlata, estático, sangrando en mitad del vacío.
No era un faro, ni la luna, ni una señal de obra parpadeante.
Era una luz fija, un ojo incandescente que parecía clavado en el aire.
Me acerqué, atraído por esa única brizna de color como una polilla hipnotizada, aunque cada instinto me gritaba que diera media vuelta.Bajo el resplandor rojo, distinguí un bulto.
Bajo, ancho, indefinido.
No era una roca ni un animal atropellado.
Era una barrera, un obstáculo que cortaba el paso de forma antinatural.
Parecía absorber la poca luz que había, una masa de sombra más oscura que la propia noche.Me quedé ahí, paralizado.
El tiempo se volvió elástico.
Empecé a sentir que la oscuridad a mis espaldas ya no estaba vacía.
Sombras que se movían por el rabillo del ojo, un susurro que no llegaba a ser voz pero que me erizaba el vello de la nuca.
Dicen que si miras mucho tiempo al abismo, el abismo te devuelve la mirada.
Yo sigo aquí, atrapado por ese brillo rojo, sabiendo que lo que sea que se esconde bajo esa luz acaba de notar que estoy aquí. Y lo peor es que ha empezado a sonreír.◆═════════●★●═════════◆
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