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  1. Alstom nombra a Jean-Michel Morvan como director general para América Latina Sur

    Jean-Michel Morvan liderará desde Santiago de Chile las actividades de Alstom en Argentina, Chile, Perú y Ecuador, cubriendo todas las líneas de productos.

    Por Gabriela Díaz | Reportera                                                      

    Alstom, líder mundial en movilidad inteligente y sostenible, anuncia el nombramiento de Jean-Michel Morvan como director general de Alstom para América Latina Sur. El ejecutivo liderará la empresa en Argentina, Chile, Perú y Ecuador, con base en Santiago de Chile, cubriendo todas las líneas de productos y gestionando el desempeño general del negocio en la región.

    Con aproximadamente 20 años de experiencia en Alstom, Jean-Michel Morvan cuenta con un sólido historial en gestión general, responsabilidad de resultados (P&L) y el liderazgo de proyectos grandes, complejos, llave en mano y en consorcio en múltiples países y continentes. Su trayectoria incluye roles de alto nivel como director general en Panamá, director de Proyectos en Consorcio y director de Ofertas para proyectos llave en mano en Norteamérica, donde fue responsable del desempeño del negocio en múltiples países y de las relaciones con autoridades públicas y partes interesadas clave.

    “Asumo este cargo con el compromiso de fortalecer el desempeño de Alstom en América Latina Sur. Esta región representa una oportunidad estratégica para nuestra compañía, y mi prioridad es impulsar el crecimiento del negocio en la región que tiene un mercado desafiante, consolidar las relaciones con nuestros clientes y partes interesadas, y asegurar la excelencia en la ejecución en todos nuestros proyectos”, señaló Jean-Michel Morvan. –sn–

    Sociedad Noticias

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  2. Ripio - Entrevista con Cristian Barra para Rock and wrestling podcast (Santiago de Chile)

    youtu.be/FbSP2hGbgAU

  3. Ripio (24-04-2026) Entrevista con Cristian Barra para Rock and wrestling podcast (Santiago de Chile)

    #Ripio #RockAndWrestling #SantiagoDeChile #Chile

  4. Ripio (24-04-2026) Entrevista con Cristian Barra para Rock and wrestling podcast (Santiago de Chile)

  5. Ripio (24-04-2026) Entrevista con Cristian Barra para Rock and wrestling podcast (Santiago de Chile)

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  6. Ripio (24-04-2026) Entrevista con Cristian Barra para Rock and wrestling podcast (Santiago de Chile)

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  7. Ripio (24-04-2026) Entrevista con Cristian Barra para Rock and wrestling podcast (Santiago de Chile)

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  8. Ripio (24-04-2026) Entrevista con Cristian Barra para Rock and wrestling podcast (Santiago de Chile)

    #Ripio #RockAndWrestling #SantiagoDeChile #Chile

  9. :stargif: 𝑰𝒏𝒆́𝒔 𝑺𝒖𝒂́𝒓𝒆𝒛: 𝒔𝒂𝒏𝒈𝒓𝒆, 𝒂𝒎𝒃𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒇𝒓𝒐𝒏𝒕𝒆𝒓𝒂 𝒎𝒂́𝒔 𝒇𝒆𝒓𝒐𝒛 𝒅𝒆 𝑨𝒎𝒆́𝒓𝒊𝒄𝒂 :stargif:

    Septiembre de 1541.
    Santiago de la Nueva Extremadura arde.
    No es una exageración épica: la ciudad fue literalmente reducida a cenizas.
    Apenas medio centenar de españoles resisten el asedio mapuche liderado por Michimalonco.
    Y al frente no está solo el gobernador, sino una mujer nacida hacia 1507 en Plasencia: Inés Suárez.

    No era noble.
    No era rica.
    Era hija de un artesano, criada en un entorno humilde de “cristianos viejos”.
    Aprendió costura porque era lo que una mujer pobre podía aprender.
    Ese detalle, aparentemente menor, le dio algo esencial: independencia práctica.
    No fue criada para obedecer en silencio.

    Se casó joven con Juan de Málaga.
    Él marchó a América y la dejó atrás.
    Aquí empieza el primer ángulo incómodo: Inés no aceptó el abandono como destino.
    Consiguió licencia real para viajar sola en 1537.
    Una mujer cruzando el Atlántico sin marido al lado no era habitual; era una declaración de carácter.

    Al llegar a Cuzco descubre que su esposo ha muerto tras la Batalla de las Salinas.
    Como viuda recibe una encomienda.
    No es una limosna: es poder económico basado en trabajo indígena.
    Desde ese momento, Inés ya no es solo superviviente; es parte del engranaje colonial.

    Ahí entra en su vida Pedro de Valdivia.
    Se convierte en su amante.
    No es un romance de novela: es una alianza estratégica y emocional.
    Para viajar con él a Chile debe presentarse como sirvienta, porque la Iglesia prohíbe que los conquistadores viajen con concubinas.
    Apariencia pública de recato; realidad privada de influencia.

    Y llegamos a 1541.
    El asedio.
    Cuando la ciudad está cercada, Inés toma una decisión brutal: ordenar la ejecución de siete caciques prisioneros y arrojar sus cabezas a los atacantes.
    No es un acto de locura, es una maniobra psicológica.
    Terror contra terror.
    Funcionó.
    El asalto se desorganizó.
    Santiago sobrevivió, aunque convertida en ruinas.

    Aquí conviene ser claros: ese gesto salvó la ciudad española, pero fue un acto extremo dentro de una guerra feroz.
    No hay épica limpia.
    Hay violencia, cálculo y miedo.

    Después vino la política.
    En 1548, el juicio de residencia contra Valdivia en Lima.
    El virrey Pedro de la Gasca lo acusa de amancebamiento escandaloso.
    La Corona no podía permitir que el gobernador viviera públicamente con su amante mientras se evangelizaba el territorio.

    La orden fue clara: o Inés se casaba con un hombre “honorable” o volvía a España.
    Y Valdivia debía traer a su esposa legítima, Marina Ortiz de Gaete, desde Extremadura.

    Valdivia eligió conservar el poder.
    Inés aceptó casarse en 1549 con Rodrigo de Quiroga, mano derecha del gobernador.
    ¿Traición sentimental?
    Probablemente.
    ¿Supervivencia política?
    Sin duda.

    Desde entonces, Inés cambió de piel.
    De mujer de armas pasó a matrona respetada.
    Fundó obras religiosas, promovió templos como la ermita de Montserrat, ejerció caridad.
    No fue una caída en desgracia; fue una transformación inteligente.
    Sabía que en América el poder femenino no podía mostrarse de frente, debía administrarse con discreción.

    Mientras tanto, Marina viajaba hacia Chile.
    Vendió bienes, cruzó el océano tras casi veinte años esperando a su marido.
    Pero el destino fue cruel: cuando llegó en 1554, Valdivia ya había muerto en la Batalla de Tucapel.

    Su muerte es otro episodio sin filtros.
    Capturado por las fuerzas de Lautaro, antiguo mozo de caballerizas que aprendió tácticas españolas observándolo, fue ejecutado tras un consejo mapuche.
    La leyenda del oro fundido es eso: leyenda.
    Las versiones más aceptadas hablan de un golpe de macana y de rituales posteriores con su cuerpo.
    Fue una muerte diseñada para enviar un mensaje.

    Y entonces el contraste se hizo brutal.

    Marina, esposa legal, llegó a una ciudad donde Inés era respetada y poderosa.
    Marina reclamó herencias, encomiendas, reconocimiento.
    Pasó años litigando por lo que consideraba suyo.
    Vivía en la misma Santiago que Inés, probablemente cruzándose en la Catedral.
    Una con prestigio y estabilidad.
    La otra con título legítimo pero escaso poder real.

    Inés murió en 1580, rica, devota y respetada.
    Marina murió peleando por una pensión.
    Es el desenlace más incómodo: la “otra” ganó la memoria colectiva; la esposa legítima quedó diluida.

    Inés Suárez no fue una heroína simple.
    Fue ambiciosa, estratégica, capaz de violencia y de diplomacia.
    Supo usar la apariencia de virtud para conservar influencia.
    Supo cuándo empuñar la espada y cuándo sostener un rosario.
    Fue producto de su tiempo, pero también lo moldeó.

    No es un relato de buenos y malos.
    Es una historia de poder en estado puro, en la frontera más dura del Imperio.

    /no existe un retrato oficial de Marina Ortiz de Gaete/

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historia #conquistadechile #inessuarez #pedrodevaldivia #lautaro #marinaortizdegaete #sigloxvi #historiadeamerica #mujeresenlahistoria #santiagodechile #imperioespañol #extremadura #plasencia #historiacolonial #ecosdelpasado

  10. :stargif: 𝑰𝒏𝒆́𝒔 𝑺𝒖𝒂́𝒓𝒆𝒛: 𝒔𝒂𝒏𝒈𝒓𝒆, 𝒂𝒎𝒃𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒇𝒓𝒐𝒏𝒕𝒆𝒓𝒂 𝒎𝒂́𝒔 𝒇𝒆𝒓𝒐𝒛 𝒅𝒆 𝑨𝒎𝒆́𝒓𝒊𝒄𝒂 :stargif:

    Septiembre de 1541.
    Santiago de la Nueva Extremadura arde.
    No es una exageración épica: la ciudad fue literalmente reducida a cenizas.
    Apenas medio centenar de españoles resisten el asedio mapuche liderado por Michimalonco.
    Y al frente no está solo el gobernador, sino una mujer nacida hacia 1507 en Plasencia: Inés Suárez.

    No era noble.
    No era rica.
    Era hija de un artesano, criada en un entorno humilde de “cristianos viejos”.
    Aprendió costura porque era lo que una mujer pobre podía aprender.
    Ese detalle, aparentemente menor, le dio algo esencial: independencia práctica.
    No fue criada para obedecer en silencio.

    Se casó joven con Juan de Málaga.
    Él marchó a América y la dejó atrás.
    Aquí empieza el primer ángulo incómodo: Inés no aceptó el abandono como destino.
    Consiguió licencia real para viajar sola en 1537.
    Una mujer cruzando el Atlántico sin marido al lado no era habitual; era una declaración de carácter.

    Al llegar a Cuzco descubre que su esposo ha muerto tras la Batalla de las Salinas.
    Como viuda recibe una encomienda.
    No es una limosna: es poder económico basado en trabajo indígena.
    Desde ese momento, Inés ya no es solo superviviente; es parte del engranaje colonial.

    Ahí entra en su vida Pedro de Valdivia.
    Se convierte en su amante.
    No es un romance de novela: es una alianza estratégica y emocional.
    Para viajar con él a Chile debe presentarse como sirvienta, porque la Iglesia prohíbe que los conquistadores viajen con concubinas.
    Apariencia pública de recato; realidad privada de influencia.

    Y llegamos a 1541.
    El asedio.
    Cuando la ciudad está cercada, Inés toma una decisión brutal: ordenar la ejecución de siete caciques prisioneros y arrojar sus cabezas a los atacantes.
    No es un acto de locura, es una maniobra psicológica.
    Terror contra terror.
    Funcionó.
    El asalto se desorganizó.
    Santiago sobrevivió, aunque convertida en ruinas.

    Aquí conviene ser claros: ese gesto salvó la ciudad española, pero fue un acto extremo dentro de una guerra feroz.
    No hay épica limpia.
    Hay violencia, cálculo y miedo.

    Después vino la política.
    En 1548, el juicio de residencia contra Valdivia en Lima.
    El virrey Pedro de la Gasca lo acusa de amancebamiento escandaloso.
    La Corona no podía permitir que el gobernador viviera públicamente con su amante mientras se evangelizaba el territorio.

    La orden fue clara: o Inés se casaba con un hombre “honorable” o volvía a España.
    Y Valdivia debía traer a su esposa legítima, Marina Ortiz de Gaete, desde Extremadura.

    Valdivia eligió conservar el poder.
    Inés aceptó casarse en 1549 con Rodrigo de Quiroga, mano derecha del gobernador.
    ¿Traición sentimental?
    Probablemente.
    ¿Supervivencia política?
    Sin duda.

    Desde entonces, Inés cambió de piel.
    De mujer de armas pasó a matrona respetada.
    Fundó obras religiosas, promovió templos como la ermita de Montserrat, ejerció caridad.
    No fue una caída en desgracia; fue una transformación inteligente.
    Sabía que en América el poder femenino no podía mostrarse de frente, debía administrarse con discreción.

    Mientras tanto, Marina viajaba hacia Chile.
    Vendió bienes, cruzó el océano tras casi veinte años esperando a su marido.
    Pero el destino fue cruel: cuando llegó en 1554, Valdivia ya había muerto en la Batalla de Tucapel.

    Su muerte es otro episodio sin filtros.
    Capturado por las fuerzas de Lautaro, antiguo mozo de caballerizas que aprendió tácticas españolas observándolo, fue ejecutado tras un consejo mapuche.
    La leyenda del oro fundido es eso: leyenda.
    Las versiones más aceptadas hablan de un golpe de macana y de rituales posteriores con su cuerpo.
    Fue una muerte diseñada para enviar un mensaje.

    Y entonces el contraste se hizo brutal.

    Marina, esposa legal, llegó a una ciudad donde Inés era respetada y poderosa.
    Marina reclamó herencias, encomiendas, reconocimiento.
    Pasó años litigando por lo que consideraba suyo.
    Vivía en la misma Santiago que Inés, probablemente cruzándose en la Catedral.
    Una con prestigio y estabilidad.
    La otra con título legítimo pero escaso poder real.

    Inés murió en 1580, rica, devota y respetada.
    Marina murió peleando por una pensión.
    Es el desenlace más incómodo: la “otra” ganó la memoria colectiva; la esposa legítima quedó diluida.

    Inés Suárez no fue una heroína simple.
    Fue ambiciosa, estratégica, capaz de violencia y de diplomacia.
    Supo usar la apariencia de virtud para conservar influencia.
    Supo cuándo empuñar la espada y cuándo sostener un rosario.
    Fue producto de su tiempo, pero también lo moldeó.

    No es un relato de buenos y malos.
    Es una historia de poder en estado puro, en la frontera más dura del Imperio.

    /no existe un retrato oficial de Marina Ortiz de Gaete/

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    #historia #conquistadechile #inessuarez #pedrodevaldivia #lautaro #marinaortizdegaete #sigloxvi #historiadeamerica #mujeresenlahistoria #santiagodechile #imperioespañol #extremadura #plasencia #historiacolonial #ecosdelpasado

  11. :stargif: 𝑰𝒏𝒆́𝒔 𝑺𝒖𝒂́𝒓𝒆𝒛: 𝒔𝒂𝒏𝒈𝒓𝒆, 𝒂𝒎𝒃𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒇𝒓𝒐𝒏𝒕𝒆𝒓𝒂 𝒎𝒂́𝒔 𝒇𝒆𝒓𝒐𝒛 𝒅𝒆 𝑨𝒎𝒆́𝒓𝒊𝒄𝒂 :stargif:

    Septiembre de 1541.
    Santiago de la Nueva Extremadura arde.
    No es una exageración épica: la ciudad fue literalmente reducida a cenizas.
    Apenas medio centenar de españoles resisten el asedio mapuche liderado por Michimalonco.
    Y al frente no está solo el gobernador, sino una mujer nacida hacia 1507 en Plasencia: Inés Suárez.

    No era noble.
    No era rica.
    Era hija de un artesano, criada en un entorno humilde de “cristianos viejos”.
    Aprendió costura porque era lo que una mujer pobre podía aprender.
    Ese detalle, aparentemente menor, le dio algo esencial: independencia práctica.
    No fue criada para obedecer en silencio.

    Se casó joven con Juan de Málaga.
    Él marchó a América y la dejó atrás.
    Aquí empieza el primer ángulo incómodo: Inés no aceptó el abandono como destino.
    Consiguió licencia real para viajar sola en 1537.
    Una mujer cruzando el Atlántico sin marido al lado no era habitual; era una declaración de carácter.

    Al llegar a Cuzco descubre que su esposo ha muerto tras la Batalla de las Salinas.
    Como viuda recibe una encomienda.
    No es una limosna: es poder económico basado en trabajo indígena.
    Desde ese momento, Inés ya no es solo superviviente; es parte del engranaje colonial.

    Ahí entra en su vida Pedro de Valdivia.
    Se convierte en su amante.
    No es un romance de novela: es una alianza estratégica y emocional.
    Para viajar con él a Chile debe presentarse como sirvienta, porque la Iglesia prohíbe que los conquistadores viajen con concubinas.
    Apariencia pública de recato; realidad privada de influencia.

    Y llegamos a 1541.
    El asedio.
    Cuando la ciudad está cercada, Inés toma una decisión brutal: ordenar la ejecución de siete caciques prisioneros y arrojar sus cabezas a los atacantes.
    No es un acto de locura, es una maniobra psicológica.
    Terror contra terror.
    Funcionó.
    El asalto se desorganizó.
    Santiago sobrevivió, aunque convertida en ruinas.

    Aquí conviene ser claros: ese gesto salvó la ciudad española, pero fue un acto extremo dentro de una guerra feroz.
    No hay épica limpia.
    Hay violencia, cálculo y miedo.

    Después vino la política.
    En 1548, el juicio de residencia contra Valdivia en Lima.
    El virrey Pedro de la Gasca lo acusa de amancebamiento escandaloso.
    La Corona no podía permitir que el gobernador viviera públicamente con su amante mientras se evangelizaba el territorio.

    La orden fue clara: o Inés se casaba con un hombre “honorable” o volvía a España.
    Y Valdivia debía traer a su esposa legítima, Marina Ortiz de Gaete, desde Extremadura.

    Valdivia eligió conservar el poder.
    Inés aceptó casarse en 1549 con Rodrigo de Quiroga, mano derecha del gobernador.
    ¿Traición sentimental?
    Probablemente.
    ¿Supervivencia política?
    Sin duda.

    Desde entonces, Inés cambió de piel.
    De mujer de armas pasó a matrona respetada.
    Fundó obras religiosas, promovió templos como la ermita de Montserrat, ejerció caridad.
    No fue una caída en desgracia; fue una transformación inteligente.
    Sabía que en América el poder femenino no podía mostrarse de frente, debía administrarse con discreción.

    Mientras tanto, Marina viajaba hacia Chile.
    Vendió bienes, cruzó el océano tras casi veinte años esperando a su marido.
    Pero el destino fue cruel: cuando llegó en 1554, Valdivia ya había muerto en la Batalla de Tucapel.

    Su muerte es otro episodio sin filtros.
    Capturado por las fuerzas de Lautaro, antiguo mozo de caballerizas que aprendió tácticas españolas observándolo, fue ejecutado tras un consejo mapuche.
    La leyenda del oro fundido es eso: leyenda.
    Las versiones más aceptadas hablan de un golpe de macana y de rituales posteriores con su cuerpo.
    Fue una muerte diseñada para enviar un mensaje.

    Y entonces el contraste se hizo brutal.

    Marina, esposa legal, llegó a una ciudad donde Inés era respetada y poderosa.
    Marina reclamó herencias, encomiendas, reconocimiento.
    Pasó años litigando por lo que consideraba suyo.
    Vivía en la misma Santiago que Inés, probablemente cruzándose en la Catedral.
    Una con prestigio y estabilidad.
    La otra con título legítimo pero escaso poder real.

    Inés murió en 1580, rica, devota y respetada.
    Marina murió peleando por una pensión.
    Es el desenlace más incómodo: la “otra” ganó la memoria colectiva; la esposa legítima quedó diluida.

    Inés Suárez no fue una heroína simple.
    Fue ambiciosa, estratégica, capaz de violencia y de diplomacia.
    Supo usar la apariencia de virtud para conservar influencia.
    Supo cuándo empuñar la espada y cuándo sostener un rosario.
    Fue producto de su tiempo, pero también lo moldeó.

    No es un relato de buenos y malos.
    Es una historia de poder en estado puro, en la frontera más dura del Imperio.

    /no existe un retrato oficial de Marina Ortiz de Gaete/

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    #historia #conquistadechile #inessuarez #pedrodevaldivia #lautaro #marinaortizdegaete #sigloxvi #historiadeamerica #mujeresenlahistoria #santiagodechile #imperioespañol #extremadura #plasencia #historiacolonial #ecosdelpasado

  12. :stargif: 𝑰𝒏𝒆́𝒔 𝑺𝒖𝒂́𝒓𝒆𝒛: 𝒔𝒂𝒏𝒈𝒓𝒆, 𝒂𝒎𝒃𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒇𝒓𝒐𝒏𝒕𝒆𝒓𝒂 𝒎𝒂́𝒔 𝒇𝒆𝒓𝒐𝒛 𝒅𝒆 𝑨𝒎𝒆́𝒓𝒊𝒄𝒂 :stargif:

    Septiembre de 1541.
    Santiago de la Nueva Extremadura arde.
    No es una exageración épica: la ciudad fue literalmente reducida a cenizas.
    Apenas medio centenar de españoles resisten el asedio mapuche liderado por Michimalonco.
    Y al frente no está solo el gobernador, sino una mujer nacida hacia 1507 en Plasencia: Inés Suárez.

    No era noble.
    No era rica.
    Era hija de un artesano, criada en un entorno humilde de “cristianos viejos”.
    Aprendió costura porque era lo que una mujer pobre podía aprender.
    Ese detalle, aparentemente menor, le dio algo esencial: independencia práctica.
    No fue criada para obedecer en silencio.

    Se casó joven con Juan de Málaga.
    Él marchó a América y la dejó atrás.
    Aquí empieza el primer ángulo incómodo: Inés no aceptó el abandono como destino.
    Consiguió licencia real para viajar sola en 1537.
    Una mujer cruzando el Atlántico sin marido al lado no era habitual; era una declaración de carácter.

    Al llegar a Cuzco descubre que su esposo ha muerto tras la Batalla de las Salinas.
    Como viuda recibe una encomienda.
    No es una limosna: es poder económico basado en trabajo indígena.
    Desde ese momento, Inés ya no es solo superviviente; es parte del engranaje colonial.

    Ahí entra en su vida Pedro de Valdivia.
    Se convierte en su amante.
    No es un romance de novela: es una alianza estratégica y emocional.
    Para viajar con él a Chile debe presentarse como sirvienta, porque la Iglesia prohíbe que los conquistadores viajen con concubinas.
    Apariencia pública de recato; realidad privada de influencia.

    Y llegamos a 1541.
    El asedio.
    Cuando la ciudad está cercada, Inés toma una decisión brutal: ordenar la ejecución de siete caciques prisioneros y arrojar sus cabezas a los atacantes.
    No es un acto de locura, es una maniobra psicológica.
    Terror contra terror.
    Funcionó.
    El asalto se desorganizó.
    Santiago sobrevivió, aunque convertida en ruinas.

    Aquí conviene ser claros: ese gesto salvó la ciudad española, pero fue un acto extremo dentro de una guerra feroz.
    No hay épica limpia.
    Hay violencia, cálculo y miedo.

    Después vino la política.
    En 1548, el juicio de residencia contra Valdivia en Lima.
    El virrey Pedro de la Gasca lo acusa de amancebamiento escandaloso.
    La Corona no podía permitir que el gobernador viviera públicamente con su amante mientras se evangelizaba el territorio.

    La orden fue clara: o Inés se casaba con un hombre “honorable” o volvía a España.
    Y Valdivia debía traer a su esposa legítima, Marina Ortiz de Gaete, desde Extremadura.

    Valdivia eligió conservar el poder.
    Inés aceptó casarse en 1549 con Rodrigo de Quiroga, mano derecha del gobernador.
    ¿Traición sentimental?
    Probablemente.
    ¿Supervivencia política?
    Sin duda.

    Desde entonces, Inés cambió de piel.
    De mujer de armas pasó a matrona respetada.
    Fundó obras religiosas, promovió templos como la ermita de Montserrat, ejerció caridad.
    No fue una caída en desgracia; fue una transformación inteligente.
    Sabía que en América el poder femenino no podía mostrarse de frente, debía administrarse con discreción.

    Mientras tanto, Marina viajaba hacia Chile.
    Vendió bienes, cruzó el océano tras casi veinte años esperando a su marido.
    Pero el destino fue cruel: cuando llegó en 1554, Valdivia ya había muerto en la Batalla de Tucapel.

    Su muerte es otro episodio sin filtros.
    Capturado por las fuerzas de Lautaro, antiguo mozo de caballerizas que aprendió tácticas españolas observándolo, fue ejecutado tras un consejo mapuche.
    La leyenda del oro fundido es eso: leyenda.
    Las versiones más aceptadas hablan de un golpe de macana y de rituales posteriores con su cuerpo.
    Fue una muerte diseñada para enviar un mensaje.

    Y entonces el contraste se hizo brutal.

    Marina, esposa legal, llegó a una ciudad donde Inés era respetada y poderosa.
    Marina reclamó herencias, encomiendas, reconocimiento.
    Pasó años litigando por lo que consideraba suyo.
    Vivía en la misma Santiago que Inés, probablemente cruzándose en la Catedral.
    Una con prestigio y estabilidad.
    La otra con título legítimo pero escaso poder real.

    Inés murió en 1580, rica, devota y respetada.
    Marina murió peleando por una pensión.
    Es el desenlace más incómodo: la “otra” ganó la memoria colectiva; la esposa legítima quedó diluida.

    Inés Suárez no fue una heroína simple.
    Fue ambiciosa, estratégica, capaz de violencia y de diplomacia.
    Supo usar la apariencia de virtud para conservar influencia.
    Supo cuándo empuñar la espada y cuándo sostener un rosario.
    Fue producto de su tiempo, pero también lo moldeó.

    No es un relato de buenos y malos.
    Es una historia de poder en estado puro, en la frontera más dura del Imperio.

    /no existe un retrato oficial de Marina Ortiz de Gaete/

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    #historia #conquistadechile #inessuarez #pedrodevaldivia #lautaro #marinaortizdegaete #sigloxvi #historiadeamerica #mujeresenlahistoria #santiagodechile #imperioespañol #extremadura #plasencia #historiacolonial #ecosdelpasado

  13. : Températures très élevées prévues demain pour la capitale avec autour de 35°, ce qui serait dans l'extrême climatologique saisonnier

    x.com/meteochile_dmc/status/20

    🐦🔗 x.com/MeteoPedagogie/status/20
    🕐 30/12 19:55

  14. De la subida por Parque Mahuida, entre bosque verde y montaña, a la bajada hacia Caleta La Reina para un almuerzo simple-perfecto de mariscos (¡con música chilena en vivo!): del mapudungún al chileno, hasta este gringo cacha el ritmo, po. #SantiagoDeChile

  15. De la subida por Parque Mahuida, entre bosque verde y montaña, a la bajada hacia Caleta La Reina para un almuerzo simple-perfecto de mariscos (¡con música chilena en vivo!): del mapudungún al chileno, hasta este gringo cacha el ritmo, po. #SantiagoDeChile

  16. De la subida por Parque Mahuida, entre bosque verde y montaña, a la bajada hacia Caleta La Reina para un almuerzo simple-perfecto de mariscos (¡con música chilena en vivo!): del mapudungún al chileno, hasta este gringo cacha el ritmo, po. #SantiagoDeChile

  17. De la subida por Parque Mahuida, entre bosque verde y montaña, a la bajada hacia Caleta La Reina para un almuerzo simple-perfecto de mariscos (¡con música chilena en vivo!): del mapudungún al chileno, hasta este gringo cacha el ritmo, po. #SantiagoDeChile