home.social

#identidad — Public Fediverse posts

Live and recent posts from across the Fediverse tagged #identidad, aggregated by home.social.

  1. El lenguaje como espejo de la identidad: la psicología del uso del argot en la era digital

    El lenguaje como espejo de la identidad: la psicología del... #tardigram #argot #slang #lenguaje #identidad #LaPlaza

    tardigram.com/m/LaPlaza/t/62576

  2. Un incidente en Italia dio origen al quijongo plegable

    El músico y luthier Werner Korte creó el quijongo eléctrico a principios de los años 80 y en la misma década nació una idea que vio la luz 40 años después: el quijongo plegable
    The post Un incidente en Italia dio origen al quijongo plegable appeared first on Voz de Guanacaste.

    #Afro #Afroguanacasteco #Cultura #Identidad #Música #Quijongo

    vozdeguanacaste.com/un-inciden

  3. El laboratorio del antojo: los crossovers más extremos de la comida callejera

    El ingenio urbano que se atreve a mezclar lo dulce y lo salado en los puestos de la esquina.

    La gastronomía urbana en las grandes avenidas de nuestro país funciona como un laboratorio de experimentación constante donde las reglas tradicionales de la cocina simplemente no existen. Los cocineros de la calle poseen una habilidad única para fusionar ingredientes que en teoría jamás deberían estar juntos, creando platillos que desafían el sentido común de cualquier extranjero. El ejemplo más extremo de este fenómeno es la concha rellena de chilaquiles, una combinación que junta la suavidad y el dulzor de una pieza de pan de dulce tradicional con lo crujiente, picante y salado de unas tortillas bañadas en salsa verde o roja. Esta mezcla, que para muchos comensales parecería un error de lógica, es un éxito en las mañanas debido a la forma en que los sabores contrastantes se equilibran en el paladar.

    Lejos de detenerse con el pan dulce, la creatividad de los puestos nocturnos encontró otra mina de oro en los famosos esquites con tuétano. Servir los tradicionales granos de maíz cocidos con epazote junto al hueso de res directamente de la vaporera añade una textura cremosa y un sabor intenso que eleva un antojito económico a un nivel de riqueza culinaria impresionante. Estos inventos demuestran que la cocina popular mexicana no le tiene miedo a la grasa, al azúcar ni al picante, utilizando la calle como un escenario vivo donde los ingredientes comerciales y las tradiciones prehispánicas se fusionan de formas inesperadas.

    Esta mentalidad de mezclarlo todo responde a una profunda identidad cultural enfocada en la abundancia y la personalización de la comida. En el barrio, la comida no se consume tal como sale de la fábrica o de la receta original, sino que se utiliza como una base moldeable que debe adaptarse al antojo exacto del cliente. Ver puestos que ofrecen hamburguesas con base de pizza o hot dogs de medio metro rellenos de chile con carne confirma que el paladar urbano busca constantemente emociones fuertes a través del exceso y la sorpresa, convirtiendo la alimentación diaria en un reflejo fiel de la vitalidad y el caos de la propia ciudad.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #CulturaUrbana #ComidaCallejera #GastronomiaMexicana #InventosCulinarios #Sociedad #Identidad #CDMX #Mexico

  4. #reflexion

    La sopa del ingenio: cómo el barrio adoptó la comida instantánea

    El verdadero mestizaje culinario no se quedó atrapado en los libros de historia del siglo XIX, sino que ocurre todos los días en los puestos de la esquina. El ejemplo más claro es la forma tan peculiar en que los mexicanos devoramos las sopas instantáneas en vaso. Si bien nació en Japón como un alimento rápido, económico y sumamente sencillo para trabajadores con poco tiempo, al cruzar la frontera se transformó en un lienzo en blanco para la creatividad del barrio. En México, abrir un empaque de estos no significa simplemente agregar agua caliente; es el inicio de un ritual donde se atiborra el vaso con todo lo que la imaginación permita.

    Agregarle esquites con su caldo, mayonesa, queso, toneladas de limón, cueritos y salsas ultra picantes demuestra una regla de oro de nuestra cultura: nos encanta adueñarnos de lo ajeno y transformarlo en algo completamente nuestro. Modificar un producto industrializado y convertirlo en un antojito callejero no es un error, sino una muestra de cómo el ingenio urbano desafía las reglas de la alimentación moderna. Esa mezcla exagerada y ruidosa de sabores es el reflejo fiel de nuestras propias ciudades, donde lo extranjero y lo local se mezclan en un solo vaso para crear algo irresistible que cualquiera puede entender y disfrutar.

    — S.P. Filósofa Urbana

    #CulturaUrbana #ComidaCallejera #GastronomiaMexicana #Sociedad #Identidad #Creatividad #Mexico

  5. Muy interesante Federico Pita, investigador, periodista y activista afroargentino, sobre racismo, identidad, historia, política, no solo en téminos de Argentina, sino en relación con Latinoamerica. La entrevista es de 2023, pero mantiene por completo su actualidad.

    youtube.com/watch?v=__bTTIzZgno

    #Racismo #Afroargentinidad #Identidad #PensamientoCrítico

  6. Recorridos subterráneos, aguas turquesas e historia: así son los parques nacionales de Guanacaste

    (Unite a nuestro canal de WhatsApp y recibí las noticias directo en tu cel). Guanacaste posee una gran variedad de paisajes: desde bosques secos y playas, hasta cumbres volcánicas y … Leer más
    The post Recorridos subterráneos, aguas turquesas e historia: así son los parques nacionales de Guanacaste appeared first on Voz de Guanacaste.

    #Biodiversidad #CostaRica #Ecosistema #Guanacaste #Identidad #MedioAmbiente #Naturaleza #ParquesNacionales

    vozdeguanacaste.com/recorridos

  7. ⚠️ *AHORA A LAS 16HS!!!* ⚠️
    ◾⚖📜 *#MASTERCLASS 2 "La #verdad como bien común. La custodia de la #libertad frente a la #dependencia y la #mercantilización. La #protección de la #identidad. El #controlsocial y la #responsabilidadcompartida en la #IA"*
    💠 *Dra. PhD Johanna C. FALIERO*
    🔉*Lunes 10 de AGOSTO 16h* 🇦🇷
    📌 *LINK DE ZOOM 16h* 🇦🇷💻
    us02web.zoom.us/j/82361398237
    🔹️#ANÁLISIS #JURÍDICO DE LA #CARTA #ENCÍCLICA “#MAGNIFICAHUMANITAS” del #PapaLeón XIV SOBRE LA CUSTODIA DE LA #PERSONAHUMANA EN EL TIEMPO DE LA #INTELIGENCIAARTIFICIAL Microjuris Argentina

  8. SIGUE ⬇️

    Pero hay que hacer una precisión importante.

    La historia de David **no demuestra que la biología determine por sí sola toda la identidad de una persona**.

    Tampoco demuestra que una persona no pueda cambiar su identidad.

    Lo que demuestra es algo mucho más concreto:

    **no puedes coger a un niño que nació como niño, modificar quirúrgicamente su cuerpo, ocultarle deliberadamente su historia y asumir que su identidad se ajustará automáticamente a la identidad que los adultos han decidido para él.**

    Y además existe otra cuestión.

    David no fue simplemente un «paciente».

    Fue utilizado como un caso experimental para defender una teoría científica.

    Money quería saber si la identidad podía ser moldeada.

    Para obtener la respuesta convirtió la vida de un niño en el experimento.

    David no eligió participar.

    No pudo retirarse.

    No pudo dar consentimiento.

    Y durante años ni siquiera supo cuál era la pregunta que los médicos estaban intentando responder con su vida.

    Eso es lo que hace que su historia sea tan inquietante.

    No murió durante una operación.

    No fue asesinado por un investigador.

    No recibió una droga experimental que le provocara la muerte.

    Pero cuando finalmente conoció toda la verdad, tuvo que vivir con las consecuencias de una decisión tomada cuando apenas tenía meses de vida.

    El caso de David Reimer acabó convirtiéndose en una de las advertencias más conocidas de la historia de la medicina:

    **una teoría científica no puede convertir a una persona en propiedad del experimento.**

    Y cuando los investigadores se enamoran demasiado de su propia teoría, existe un peligro todavía mayor:

    que dejen de escuchar a la persona que tienen delante.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=GNThZD1zQe4

    #davidreimer #johnmoney #brucereimer #brenda #johnshopkins #historiadelamedicina #psicologia #experimentos #experimentacionhumana #identidad #medicina #etica #historiaoscura #gemelos #ecosdelpasado

  9. ⚠️ESTE LUNES 16H!!!⚠️
    ❇#Nuevo Ciclo de #Masterclass 2026 @microjurisar:
    ◾⚖#ANÁLISIS #JURÍDICO DE LA #CARTA #ENCÍCLICA “#MAGNIFICAHUMANITAS” del #PapaLeón XIV SOBRE LA CUSTODIA DE LA #PERSONAHUMANA EN EL TIEMPO DE LA #INTELIGENCIAARTIFICIAL.
    📜#MASTERCLASS 2 "La #verdad como bien común. La custodia de la #libertad frente a la #dependencia y la #mercantilización. La #protección de la #identidad. El #controlsocial y la #responsabilidadcompartida en la #IA"
    💠Dra. PhD Johanna C. FALIERO
    📌 10 de AGOSTO 16h🇦🇷
    💻INSCRIPCIÓN ➡️microjuris.tiendup.com/e/ciclo

  10. Mi pueblo, que nunca lo fue

    Creo que vivo mal.

    No solo yo, claro. La sociedad, el mundo que nos ha tocado.

    Y no porque haya una única forma buena de hacer las cosas, para nada. Sino porque parezco empeñada —¿parecemos?— en participar en una suerte de carrera de obstáculos de logros, prestigio y mérito en la que hemos olvidado los placeres lentos. O, sencillamente, los placeres. Sin más.

    Es posible que mi percepción no sea en absoluto un diagnóstico, sino la crisis de la mediana edad. Ya sabéis, ese momento en el que, por el motivo que sea, te paras, te observas y te das cuenta de que llevas media vida corriendo —quizás más— en pos de algo que puede que ahora ni siquiera valores. O, peor, ni lo recuerdes.

    Es como que corremos por inercia.

    Acumulamos por inercia.

    Y, también por inercia, mantenemos ciertos hábitos y costumbres, porque en algún momento fueron buenos. O nos lo parecieron. O lo que fuera.

    Yo, mientras, echo de menos el sonido del campanario de la iglesia las tardes de invierno en clase. El mercado en la plaza los viernes por la mañana. Los sábados de bicicleta y los domingos de arroz de pescado.

    Cualquiera podría pensar que echo de menos el pueblo, que no era tal, en el que me crié. Pero aquello nunca fue un pueblo, sino un simple puesto de postas a las puertas de la ciudad para pagar menos impuestos a la entrada en la urbe. En honor a su función, había hostales, posadas, bares y alguna casa de mala reputación, vosotros me entendéis. No tardaron en levantar allí una iglesia para ver si así se erradicaba el pecado que los viajeros, al parecer, traían consigo. Después, un colegio interno femenino de monjas liberales —sí, sí, liberales, todavía hoy se las llama «las francesas», aunque ya no quede ni una de ellas, para diferenciarlas de las monjas de verdad, de hábito y rosario a las cinco—.

    Con los años llegó una fábrica, después otra, bodegas y hasta minas. Con ellas se instaló allí un sindicato, que fue referencia en los primeros años del siglo XX. Ese pueblo, que no era pueblo, sino constructo a base de almas errantes de una y otra calaña amalgamadas en un espacio más que solo fronterizo, liminal, fue el lugar elegido para situar el primer aeropuerto de la isla. Todavía existe, claro, aunque ahora allí solo aterrizan avionetas y helicópteros.

    Me contaba mi abuela que, en los años de la guerra, cada vez que sonaban las sirenas, más que ir a los refugios, que les daban claustrofobia, muchos iban al aeropuerto. Una vez, por lo visto, para no dejar el guiso a medio hacer, se lo llevaron cargando la enorme olla entre dos de los siete hermanos por turnos. Y, creedme, su barrio, por más periférico que fuera, no estaba cerca de aquel aeropuerto construido en un pueblo que no era tal.

    Durante las últimas décadas de la dictadura, y a rebufo del éxito turístico de la isla, en aquel pueblo también surgió un espacio de ocio, que yo llegué a conocer y disfrutar cuando era pequeña, aunque ya no como el lugar de lujo y esplendor que había sido, sino como la realidad decadente que quedaba en los últimos coletazos de su existencia.

    Mi pueblo liminal fue un buen lugar donde crecer. Nadie era de allí, no había familias de toda la vida, a lo sumo, los descendientes de quienes, oliendo negocio en los años de expansión, se asentaron allí no más de tres generaciones atrás. La mayoría, éramos de cualquier lugar, menos de allí.

    El colegio de las monjas francesas, por aquel entonces, ya era mixto. Ya os he dicho que eran muy liberales. Fueron las primeras en mezclar chicas con chicos y en eliminar los uniformes. Absurdamente, hace pocos años los han vuelto a poner. Aunque, ya lo he dicho, de las monjas francesas que ya solo queda el nombre.

    Durante mi infancia, no obstante, no hubo uniformes, sí baberos durante algunos años —y cómo odiaba esa cosa—. Claro que el suyo ya no era el único colegio, pues, por lo visto, a rebufo de la fama de las francesas, más colegios privados y concertados se asentaron allí. Y, después —solo después— hicieron los públicos.

    Y la iglesia, ya sea porque yo iba a cole de monjas o porque de verdad era el centro de algo, vertebraba la sociedad con actividades, campamentos, excursiones, conciertos…

    Claro que, por pequeño que fuera aquello —aunque para aquel entonces ya estaba creciendo a lo bestia—, me consta que había familias que vivían de espaldas a toda aquella actividad y que si se enteraban de que existía, era de pasada.

    Y sí, es posible que eche de menos aquello, aunque de aquello ya no queda nada. La iglesia, sí, sigue en pie. Pero ahora allí solo se da misa y no queda actividad cívica alguna, igual que no quedan monjas francesas. Queda el aeropuerto, sí, y las ruinas de aquel club que alguna vez fue un lugar elitista. No tengo claro qué ha pasado con las bodegas, pero me ha parecido ver que están construyendo una finca encima. El edificio del sindicato alberga en su planta baja una compañía de seguros y, mire donde mire, hay una inmobiliaria.

    Aquel pueblo, que no era tal —nunca lo fue, ni lo pretendió—, ha seguido creciendo a lo largo de los años. Suerte que hay un torrente que delimita de alguna manera su espacio, pero ni esa frontera natural puede ocultar la realidad: ahora es un inmenso espacio residencial para la clase media aspiracional. Lo suficientemente lejos de la ciudad para sentirte cerca, pero bastante lejos para que adquirir una vivienda no suene a ilusión al alcance solo de Hans, Peter u Olaf. Ellos ya se han quedado con la ciudad y la costa, claro.

    Por lo menos, eso sí, las campanas de la iglesia siguen tocando, ya sea para llamar a misa o porque el carillón del reloj da la hora. Y eso, al menos, hace compañía. Resulta que el sonido de mi infancia es el de ese campanario y el de las avionetas cumpliendo horas de vuelo de pilotos en formación. Y sí, el de aviones teledirigidos que ni siquiera sé si todavía existen y el de un tren que ya no suena como sonaba.

    Así que no, no echo de menos aquel pueblo que nunca lo fue, porque sigue existiendo, aunque ahora sea muy diferente, pero, precisamente por eso, continúa siendo el mismo.

    Lo que echo de menos es vivir despacio. Necesitar menos. Disfrutar más. Y eso, a estas alturas, mi pueblo que jamás fue tal, levantado sobre las ruinas de casas de postas de reputación dudosa, no me lo puede dar.

    #Blog #crisisDeLaMedianaEdad #desarraigo #Diario #Escribir #escritora #especulaciónInmobiliaria #experiencias #identidad #infancia #liminalidad #Mallorca #memoria #nostalgia #vivirDespacio
  11. Del tamaño de la terraza y otras trampas del ego

    Los domingos, me encanta levantarme tarde y tomar el café en la terraza con mi marido. Es casi el único día de la semana que podemos hacer algo así porque el resto de días, a la hora del café, el ruido del tráfico no permite mantener una conversación con normalidad. Y, seguramente, esa es una de las causas de esa extrañeza disfrazada de melancolía que acarreo, aunque esa autopsia, mejor, la dejo para otro día.

    La cuestión es que durante la conversación de café con leche tranquilo, que hoy sí hemos podido mantener, me he sorprendido enunciando en voz alta que, quizá, me he acostumbrado tanto al traje de escritora frustrada que ahora no quiero salir de él.

    Sí, has leído bien, querido lector: yo no quiero dejar el papel de autora bloqueada que lucha por su arte pero a la que el mundo —tan injusto, tan cruel— no permite florecer.

    Vale, me he puesto un poco melodramática, pero es que el descubrimiento, de ser cierto, no es para menos. Y lo peor es que no hay dato alguno —¡ni uno!— que apunte hacia la incorrección de la premisa.

    La cuestión es que el papel de fracasado es cómodo. Y ahora no importa que hablemos de escritura, de trabajo, de familia… Eso es lo de menos. Lo relevante es que ese rol solo exige seguir igual que siempre y, eso sí, quejarse mucho de lo mucho que se ha intentado previamente y la mala suerte que se ha tenido.

    Y, ojo, que con eso no estoy diciendo que ese papel en cuestión se interprete desde el fondo de un pozo. Para nada. Por lo general, se interpreta mejor desde la comodidad relativa.

    Es como lo de nuestra terraza. Nos encanta hacer cosas fuera, tener plantas, hacer barbacoas, paellas, tomar el sol o mirar la luna. Pero el tráfico de la calle a la que da nuestra terraza se ha puesto terrible, además de que, con los años, la terraza se nos ha quedado algo pequeña, seguramente porque antes preferíamos salir y con los pocos metros de terraza nos bastaba para cuando la usábamos. Ahora, en cambio, preferimos estar en casa y, claro, no es lo mismo.

    Por supuesto, podríamos buscar otra casa, que cubra todas nuestras necesidades, incluida la terraza. Pero, claro, así como se ha puesto el mercado, con lo que nos gusta nuestro piso y lo bien situado que está. Y, ostras, ya casi tenemos del todo pagada la hipoteca, cómo vamos a pensar ahora en volver a empezar.

    Es mucho más sencillo quejarse del tráfico, de la forma tan desordenada en la que ha crecido la ciudad, de los acelerones que pega la gente sin necesidad… Lo que sea. Porque, en realidad, en nuestra pequeña y ruidosa terraza no estamos tan mal.

    Esta estrategia, obviamente, sería mucho menos factible si no tuviéramos terraza o, peor, pero más habitual tal y como están las cosas, no tuviéramos casa propia en absoluto.

    Tampoco yo estoy tan mal como escritora frustrada. Me las he apañado para conseguir un trabajo que me encanta, con una carrera profesional más que decente, buen salario, cómodo y que, además, me deja tiempo para escribir lo suficiente como para no asfixiarme además de quejarme de la mala suerte que he tenido en la vida, que no me ha permitido dedicarme por completo a escribir.

    Si no tuviera trabajo en absoluto o el empleo que tuviera fuera una maldita tortura no sería tan sencillo lo de quedarme instalada en la queja superficial mientras, en realidad, estoy en una posición cómoda. No ideal, no. Pero confortable.

    Supongo que a eso es a lo que se refiere la psicología con la dichosa zona de confort: ese lugar que no es el ideal, pero que es lo suficientemente bueno como para que intentar cambiarlo te suponga una incomodidad mayor de la que te supone mantenerte como estás.

    Por lo visto, no nos movemos por deseos. Para nada. Nos movemos por incomodidad. O, mejor dicho, por dolor. Si el dolor de una situación es soportable y, sobre todo, menor que el que nos provoca movernos a la siguiente casilla o, para ser más exactos, la incertidumbre que ese movimiento nos supone, nos quedamos.

    Y esto me parece absurdamente cruel.

    Pero, al menos, me sirve para entender qué me ha estado pasando estos días atrás y, sobre todo, por qué, de pronto, he tenido la tentación de enviarlo todo al carajo —otra vez—.

    Y es que el traje de escritora frustrada lo conozco. No es cómodo, pero me he hecho a él. Y él a mí. Tanto, tanto, nos hemos acostumbrado el uno al otro que el ejercicio de tratar de salir de él se siente como arrancarme la piel a jirones, algunos de ellos, con trozos de carne.

    Poco importa que hace casi dos meses, en una camilla de hospital tras una intervención de urgencia a vida o muerte descubriera que no quería irme de este mundo sin haber intentado en serio que mis historias llegaran a su público. El recuerdo sigue vivo, pero es lejano.

    Sin embargo, lo peor de todo no es desprenderse de esa identidad anterior que, erróneamente, habíamos confundido con la auténtica. En absoluto. Lo peor es no saber exactamente cuál es el traje que te están poniendo ahora.

    Esa, y no otra, es la incomodidad a la que ayer llamaba tontería.

    #Blog #bloqueoCreativo #Diario #Escribir #escritora #escritura #escrituraCreativa #frustración #identidad #miedoAlCambio #reflexión #reflexiones #vidaCotidiana #zonaDeConfort
  12. Bad Bunny visitó una finca de café de especialidad y regenerativa. Ahora una cafetería invita a vivir esa experiencia

    Cuando Bad Bunny llegó a una finca cafetalera de especialidad certificada regenerativa en la zona de Los Santos en Costa Rica –junto a Buena Vida Specialty Coffee– encontró algo distinto … Leer más
    The post Bad Bunny visitó una finca de café de especialidad y regenerativa. Ahora una cafetería invita a vivir esa experiencia appeared first on Voz de Guanacaste.

    #Alimentos #BadBunny #Café #CostaRica #Especialidad #Guanacaste #Identidad #Publirreportaje

    vozdeguanacaste.com/bad-bunny-

  13. 🧳 ¿Qué define a nuestro hogar? Conoce la paradoja de los armenios que viven entre Estambul y Ereván buscando su lugar en el mundo.🏛️ Como Odiseo en Ítaca: la historia de aprender a convivir con las identidades y los hogares que se multiplican a lo largo del camino. 🌍 #armenia #diáspora #EnderÖzkahraman #ereván #estambul #hayrenatarts #hogar #identidad #irán #líbano #malatya #MaralDink #odiseo #sivas #turquía soyarmenio.com/identidad-regre

  14. ✒️ #Opinión | Hispanistas e indianistas: un viejo pugilato. El analista Francisco Javier Guerrero examina las tensiones históricas e ideológicas que siguen dividiendo las posturas sobre nuestra identidad y el pasado colonial. 📜🇲🇽 #Cultura #Historia #Identidad
    zurl.co/g2HT2

  15. Objeto, sujeto, zombi

    A veces, la versión de mí que sobrevivía en lugar de vivir regresa como un muerto viviente en una mala película de zombies. Regresa y toma el control, como si no hubiera conseguido ya lo que me propuse cuando cambié experiencia por supervivencia. O, peor, como si no hubiera entendido la lección más importante de todo aquello. La única que realmente valió la pena.

    Pero sí que lo entendí. Perfectamente. Es solo que tengo mala memoria y soy de olvido fácil. Sobre todo, en los días que tengo el ánimo bajo, como hoy. Y estaba a punto de escribir que, además, todo es culpa de la sociedad, que nos bombardea con ideas más o menos absurdas y nos genera falsas necesidades, ajenas a cualquier deseo o ambición personal. Pero la excusa es demasiado fácil. Demasiado simple.

    La culpa —ese concepto tan católico—, si la hay, es toda nuestra. Toda mía, en este caso. Y no es por darme importancia, sino por reconocer una verdad que no por ser omitida dolerá menos: es más fácil y cómodo dejarse llevar que pensar por uno mismo. Más simple que tener ideas propias. Mucho más sencillo que luchar por ellas, nadar contra corriente, pero no como un salmón cualquiera, siguiendo instintos e impulsos físicos ni siquiera comprendidos. Para nada. Sino como el superhombre nietzscheano —supermujer, si se me permite— que se sobrepone y supera a cualquier corriente de su tiempo y pensamiento imperante para construir las propias.

    Muy decimonónico todo —o de principios del veinte…—, pero qué queréis, soy una romántica. Nada me gusta más que una tormenta, un espíritu atormentado, un buen mito o una leyenda. Quizás un filósofo misógino. O un poeta sifilítico, pero inspirado. Tal vez, cuando era joven, también la absenta.

    Y es que, si me paro a pensarlo, soy una maldita encarnación, un siglo tardía, eso sí, de una heroína romántica. Quizás tuve que nacer cien años tarde porque, por aquel entonces, como mujer, era difícil ser nada más que objeto y servidora gusta de defender su función como sujeto, aunque la función que me toque ejecutar sea la de verbos tristes como enfermar, sufrir o perder. Ahora, que si lo pienso bien, es eso lo que me convierte en romántica, en realidad.

    Vaya tela, encajar tan bien en un movimiento y vivir con un siglo de retraso. Aunque, si me detengo a observarlo, también es eso muy, muy romántico. Es como el mito del fantasma pero elevado a la enésima potencia. No es que sea un espíritu del ayer que ha permanecido, por apego o por lo que sea, vinculado a un plano que no es el suyo. Es peor todavía. Es un alma de una época que ya no existe condenada a vivir en una época que no le corresponde, sin castillos ni dandis decadentes, sin la inocencia previa a las grandes guerras, ni la fe en el progreso, ni la nostalgia, siquiera, de un pasado dorado.

    Quizás, visto desde ese ángulo, no sea tan romántica como me creo, sino neorromántica —aunque estoy segura, sin necesidad de buscarlo, de que, como todo en nuestro tiempo, ya se habrá banalizado este término para referirse a cualquier cosa concretísima, como, yo qué sé, un tipo de ropa o un estilo de música—.

    En mi mundo, a partir de hoy, neorromántico es sufrir una enfermedad crónica, a poder ser autoinmune, pero no necesariamente, en lugar de sífilis y tuberculosis, tan propias ellas del romanticismo original.

    También lo es creer que los mundos imaginarios tal vez no lo son tanto, que un buen mito o leyenda puede explicar tanto o más que la mejor de las teorías científicas y, al mismo tiempo, que la ciencia, tarde o temprano, explicará muchas de las cosas que ahora niega.

    Una neorromántica no tiene problema en creer tanto en fantasmas como en la conciencia de las máquinas. Y, quizás, ya no beba absenta, pero, oigan, que el matcha es antioxidante, con toda una tradición que lo sostiene y mitología propia, y, en fin, también es verde.

    Y, puestos a ello, con tal de exorcizar días malos, como este, una neorromántica se viste acorde al estilo que representa, que un vestido largo hasta los pies y vaporoso es tan propio de Ibiza en verano como del siglo XIX —vale, quizás, el mío para viajar en el tiempo es un poco demasiado escotado, pero por algo hemos añadido el prefijo neo al término que nos define—.

    Dicho sea de paso, una buena neorromántica gusta de escribir y es una experta diarista. Quizás por aquello de la obsesión por el yo de los románticos, que ha perdurado hasta nuestros días a través de las décadas.

    Pero, de todo, lo mejor de ser una neorromántica es que tener días tontos, días malos —días de mierda— forma parte, por completo, de su propia esencia. Seamos realistas, no hay romántico o romántica que valga, con o sin prefijo rejuvenecedor, que no esté atormentado por el mero hecho de su existencia, a la par que maravillado por la misma.

    Y eso, queridos, desmitifica al zombi del pasado que, sin éxito, se empeña en tomar el mando. Hasta cuando es un muerto viviente el que gobierna mi mente, mi esencia sigue siendo la misma, porque, decidme, qué hay más romántico que luchar con tu propia psique por el control del barco.

    #autoconocimiento #autoironía #Blog #Diario #duelo #enfermedadCrónica #escritura #escrituraCreativa #experiencias #humor #identidad #ironía #liminalidad #neorromántica #Resiliencia #romanticismo #saludMental #superhombreNietzscheano
  16. ✦ Es que al final el agotamiento no viene de las horas que metes en el trabajo, sino de esa especie de malabarismo constante con el que vivimos.
    Tienes que ser la profesional eficiente, la familiar que nunca falla, la social que siempre está disponible, la versión digital impecable y, por si fuera poco, esa idealizada que parece que nunca se despeina.

    Es un desgaste invisible, una forma de cansancio que te va vaciando por dentro sin que te des cuenta.
    Intentar encajar en todos esos moldes a la vez es agotador y, sinceramente, es una trampa mortal para la salud mental.
    Al final, lo que de verdad agota no es la carga de trabajo, sino el peso de tener que sostener tantas identidades simultáneas solo para encajar en la expectativa de los demás.
    A ver si aprendemos de una vez a soltar lastre y a ser más de una pieza, porque vivir así es un sinvivir.

    ✦✦✦✦✦✦✦✦✦

    #reflexion #saludmental #identidad #autenticidad #cansancio #psicologia #sinceridad

  17. Samsung Wallet acepta pasaportes digitales, pero los riesgos no son pocos

    Samsung anunció que los usuarios de Estados Unidos pueden agregar su pasaporte a Samsung Wallet para usar en más de 250 puntos de control del TSA, en colaboración con la empresa privada CLEAR. La comodidad es real, pero los interrogantes sobre privacidad, infraestructura y puntos de falla también (Fuente TechRadar).

    La propuesta suena tentadora: llegar tarde al aeropuerto, acercar el Galaxy al lector del TSA y pasar sin buscar el pasaporte físico. Samsung anunció que los usuarios en Estados Unidos pueden agregar su pasaporte estadounidense a Samsung Wallet, una función lanzada en colaboración con CLEAR que promete soporte en más de 250 puntos de control del TSA en todo el país.

    El detalle que no siempre queda claro en el anuncio es que CLEAR no es un programa gubernamental. Es una empresa privada que genera ingresos cobrando a los consumidores por acceso más rápido a infraestructura de seguridad pública que ya existe. Samsung afirma que toda la información del pasaporte se cifra en el propio dispositivo, pero no proporciona contexto sobre qué hace CLEAR con los datos de verificación en su propio sistema, una distinción que tampoco se comunica con suficiente claridad al usuario promedio durante la configuración inicial.

    Más allá de la privacidad, hay una lista concreta de puntos de falla que el pasaporte físico simplemente no tiene. La batería del teléfono puede agotarse. La app puede cerrarse inesperadamente. Una actualización de software puede introducir un problema de compatibilidad con el lector del TSA. El usuario puede quedar bloqueado fuera de su cuenta de Samsung. El teléfono puede ser robado camino al aeropuerto. El pasaporte físico, en cambio, tiene un único punto de falla: olvidarlo en casa.

    Hay también una limitación de alcance que reduce significativamente el atractivo de la función. El pasaporte digital solo sirve para viajes domésticos dentro de Estados Unidos. Para viajes internacionales, el pasaporte físico sigue siendo obligatorio, lo que hace que la función sea prácticamente irrelevante para quienes viajan poco dentro del país pero sí al exterior con frecuencia.

    Lo que Samsung está construyendo en realidad, más allá del discurso de conveniencia, es algo más ambicioso. Samsung Wallet ya almacena tarjetas de pago, tarjetas de embarque, llaves de hotel, tarjetas de fidelidad y credenciales de acceso al hogar. Un pasaporte digital es el paso lógico hacia convertir el teléfono en el token de autenticación único para toda la vida del usuario. Esa ambición no es necesariamente negativa, pero merece más escrutinio del que recibe cuando se empaqueta como una simple mejora de comodidad en el aeropuerto. Por ahora, el pasaporte físico no va a ningún lado, y el propio Samsung lo reconoce implícitamente al recomendar llevarlo siempre para viajes al exterior.

    #aeropuerto #CLEAR #DatosPersonales #GalaxyPhone #identidad #IdentidadDigital #pasaporteDigital #PORTADA #privacidad #Samsung #SamsungWallet #SeguridadDigital #tecnologia #tsa #viajes
  18. ⟡ A ver, vamos a ser sinceros: vivimos en un país donde nos encanta flagelarnos.
    Es surrealista que te pongas una camiseta con la bandera de Estados Unidos y la gente piense que estás de vacaciones o que eres un fan del diseño americano, pero te plantas una con la bandera de España y parece que has cometido un pecado capital.
    En seguida te ponen la etiqueta de "facha" y ya no hay más conversación, directamente te juzgan por el trapo que llevas puesto.

    La cuestión es que hemos comprado un discurso acomplejado donde el orgullo patrio se ha dejado secuestrar por extremos, y los demás, por miedo a que nos metan en el mismo saco, preferimos callar o mirar hacia otro lado.
    Parece que para ser "progresista" o "moderno" hay que odiar lo propio.
    Es de una hipocresía brutal.

    Estar orgulloso de tu país, de su cultura, de su gente o de su historia no debería ser una cuestión ideológica, sino algo natural.
    Pero aquí, si te gusta tu bandera, parece que tienes que dar explicaciones.
    Es agotador.
    Mientras tanto, aplaudimos todo lo que viene de fuera como si fuera el evangelio, pero nos da vergüenza lo que tenemos en casa.

    Al final, si no aprendemos a separar la identidad de la política barata, vamos a seguir viviendo en este bucle de complejos.
    El problema no es la bandera, es la incapacidad de la gente para aceptar que otros sientan orgullo sin que eso les suponga una amenaza.
    Y sinceramente, paso de pedir permiso para sentirme cómoda en mi propia piel y en mi propio país.

    ✶ ✶ ✶ ⟡ ✶ ✶ ✶

    #reflexion #identidad #realidad #sincomplejos

  19. 😼Los “therians” existen desde hace años, no es algo que haya surgido de repente como muchos parecen pensar.
    No son un movimiento político, ni de derechas ni de izquierdas, y no tienen un manifiesto ni buscan adoctrinar a nadie.

    Ser therian significa que una persona siente que su identidad interna —psicológica o espiritual— está conectada con un animal concreto.
    Algunos lo expresan con orejas, colas o máscaras, otros no.
    Para la mayoría es algo íntimo, relacionado con autoconocimiento y con vivir su identidad sin burla ni agresión.

    El problema es que cuando algo minoritario es visualmente llamativo, atrae público y curiosos, y a veces incluso agresores.
    Eso hace que las quedadas se vean como circo y que los medios den una imagen distorsionada. Internet mezcla todo: cosplay, furry, identidad therian… y parece más extraño de lo que es.

    Y te lanzo una reflexión tranquila:
    ¿nos molesta lo que hacen… o nos molesta no entenderlo? 🤔
    A veces no es rechazo, es incomodidad ante algo que no encaja en nuestras categorías.
    Y cuando no sabemos dónde colocar algo, lo atacamos, lo ridiculizamos o lo politizamos.

    Quizá la frontera está justo ahí: entre lo que realmente nos amenaza y lo que simplemente no comprendemos.

    🐶🐎🐷🐹🐰

    #therian #therianthropy #identidad #diversidad #respeto #convivencia #culturadigital #debate #sociedad #informarse