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955 results for “mbarron”
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#recordoftheday Various Artists - Curated By MARRØN [FLOAT 066]
#stream with #bandcamp on https://mredhoertmusik.de/track-of-the-day/float-066-various-artists-curated-by-marron/
#marrøn #floatrecords #float #FLOAT066 #hypnotictechno #rawtechno #hardtechno #hardgroove #elektronischetanzmusik #electronicmusic
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Yesterday, I also went for a walk in the autumnal forest. Just being there, the peace and silence away from the noise of the city, is balm for the soul. And the disappointment is limited when there are no #boletus, #marron or #chanterelles. Here are a few pictures of the Green-leaved #sulphur head - Sulphur tuft - Hypholoma fasciculare , the poisonous #partner in confusion of the edible grey-leaved sulphur head. Especially when the #fungus is already a bit older, the green tone fades a bit, but with these young specimens the green of the #lamellae shone like the luminous digits of a clock.
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@infolAlies
Moi ce midi, potée chou rouge, patates douces et marrons avec un trait de tamari. Mais c'est trop moche en photo😃 -
Un vulcain en mode recharge (Vanessa Atalanta)
Observation du 17 novembre 2023 - Mes autres photos : https://pixelfed.social/dandauge
Le Vulcain est un papillon de taille moyenne caractérisé par des ailes noires à marron foncées frappées d’un demi-cercle rouge orangé centré sur le corps, délimitant le bout des ailes avant ornées de taches blanches, et s’inscrivant sur le bout des ailes arrières où une rangée de points noires orne la bande rouge. Il affectionne particulièrement les zones humides et se rencontre donc plus fréquemment près des cours d’eau, des étangs...
Les papillons sont des animaux à sang froid. Ils régulent la température de leur corps avec l'énergie solaire qu'ils peuvent capter grâce aux couleurs et à la disposition des motifs de leurs ailes.
#jardin #photography #photo #nature #biodiversité #environnement #mywork #myphoto #photographie #papillon #Insecte #lépidoptères -
#SerieC #Calciomercato | @[email protected], si lavora per il sostituto in difesa di Suagher. I nomi sono quelli di Emanuele #Terranova, Luca #Marrone e #DeMaio https://lacasadic.com/news-serie-c/c…
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🌞¡Por fin es jueves!
Ese día extraño que no sabe si es un miércoles con pretensiones o el precalentamiento oficial del viernes.Hay algo en el ambiente hoy que ya huele a libertad, aunque todavía nos queden un par de marrones que cerrar en el escritorio.
Es el día perfecto para ir a medio gas, tomarse un café extra y empezar a hacer planes que probablemente acabaremos cancelando por agotamiento el sábado, pero oye, que nos quiten lo bailao.Aprovechad el impulso, que ya casi lo tenemos.
🌞🌞🌞
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🌞¡Por fin es jueves!
Ese día extraño que no sabe si es un miércoles con pretensiones o el precalentamiento oficial del viernes.Hay algo en el ambiente hoy que ya huele a libertad, aunque todavía nos queden un par de marrones que cerrar en el escritorio.
Es el día perfecto para ir a medio gas, tomarse un café extra y empezar a hacer planes que probablemente acabaremos cancelando por agotamiento el sábado, pero oye, que nos quiten lo bailao.Aprovechad el impulso, que ya casi lo tenemos.
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🌞¡Por fin es jueves!
Ese día extraño que no sabe si es un miércoles con pretensiones o el precalentamiento oficial del viernes.Hay algo en el ambiente hoy que ya huele a libertad, aunque todavía nos queden un par de marrones que cerrar en el escritorio.
Es el día perfecto para ir a medio gas, tomarse un café extra y empezar a hacer planes que probablemente acabaremos cancelando por agotamiento el sábado, pero oye, que nos quiten lo bailao.Aprovechad el impulso, que ya casi lo tenemos.
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Una empresa de #aceitedepalma, un grupo de financieros de #EEUU y la destrucción de la selva amazónica de #Perú
El grupo #OchoSur vendió aceite de palma libre de deforestación a los fabricantes de #Cheetos, #Colgate y #Pepsi, pero la realidad era muy diferente.
Dos de las plantaciones de aceite de palma más grandes de Perú se encuentran en el lado oeste del río #Ucayali, que fluye desde los #Andes hasta el #Amazonas. Desde arriba, el paisaje circundante parece pintura: un remolino de verde entre lagos oscuros y ríos marrones. #Tibecocha, la más grande de las dos plantaciones, parece haber sido trazada en la jungla con escuadra y cartabón. Su cuadrícula rectangular de caminos se extiende por casi 13 kilómetros y contiene un millón de palmeras. La propiedad más pequeña, Zanja Seca, es casi del tamaño de Manhattan.
Pero la creación de las plantaciones tuvo un alto precio. Para dar paso a esos campos industriales de palmeras, se talaron alrededor de 12.000 hectáreas de #selvatropical, un tramo de destrucción que un líder indígena calificó como un acto de #ecogenocidio. Los biólogos del Museo Field de Chicago han clasificado las montañas escarpadas que se elevan al oeste de las plantaciones "entre las más diversas de todas las áreas de conservación en Perú". Cuando el equipo del museo examinó la región durante tres semanas en el año 2000, contabilizó 1.600 especies de plantas, 71 especies de mamíferos y más de 500 especies de aves. Al menos 28 especies eran nuevas para la #ciencia.
Desde la década de 1960, se ha acabado con más del 13% de la selva amazónica original. La mayor parte de la destrucción se ha concentrado en #Brasil, pero Perú es segundo en la lista. Si la destrucción continúa, Thomas Lovejoy, un exasesor de biodiversidad del Banco Mundial, ha argumentado que el Amazonas podría alcanzar un punto de inflexión y volverse demasiado caliente, seco y propenso a incendios para seguir siendo una selva tropical. Sin su capacidad de absorción de #carbono, el mundo se enfrentaría a un aumento de las temperaturas y al derretimiento de los #casquetespolares, haciendo que ciudades tan lejanas como #Mumbái sean prácticamente inhabitables.
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Generación de sueños de cumbia: Legado de la feminidad junto a House of Gad
Centro Cultural Casa de Vacas, sábado, 23 de mayo, 19:00 CEST
Te invitamos a formar parte de una activación que conecta la cumbia, como género musical popular latinoamericano, con la construcción de identidades queer.
A través de la música, la performatividad y elementos del universo drag como pelucas, vestuario y caracterización, explorarás cómo se construyen imaginarios de feminidad, estéticas maximalistas de los años 90 y 2000, y referentes disidentes dentro de la cultura musical.
La propuesta combina showcases contextualizados de la House of Gad con un espacio participativo de experimentación y reflexión colectiva. La cumbia se convierte aquí en un vehículo de memoria, resistencia y expresión identitaria.
Un espacio seguro para la expresión corporal, pensado para fortalecer redes y crear comunidad entre personas LGTBIQA+ racializadas y/o migrantes.
Esta actividad es una iniciativa que realizamos junto a P.O.M Condeduque, un proyecto desarrollado por Pedagogías Invisibles.Actividad recomendada para mayores de 14 años.
Biografía
House of Gad es una casa drag creada en 2021 en Madrid por la artista peruana Gad Yola (Perú, 1995), a partir de la pieza El drag es marrón, desarrollada junto a Nela Kino (Bolivia, 1995), Brendalucia (Perú, 1997) y Nativa la Reina Mexicana (México, 1982) en el marco de la residencia FelipaManuela. En 2023 se incorporan Galinda Galán (Bolivia, 1998), Bella Raymi (Perú, 2000) y Perricholi (Perú, ¡1999) con la pieza Tengo una idea! presentada en CentroCentro. En 2024 participa Jey Jey (Ecuador, 1994) en el Festival de Cine Peruano en Madrid, y en 2025 se suman Azul Celeste (México, 1993), Euphoria Magnética (Argentina, 1988) y Paul Inaluma (1995) con un workshop drag en Contemporánea Condeduque Madrid. La House desarrolla una metodología y un activismo intercultural, antirracista y decolonial, conectando a artistas en la diáspora a través de la disidencia queer y el fortalecimiento de redes migrantes. Su trabajo reimagina lo marrón como potencia política y afectiva, impulsando formas sostenibles de creación artística colectiva.
https://enredad.es/event/generacion-de-suenos-de-cumbia-legado-de-la-feminidad-junto-a-house-of-gad
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Generación de sueños de cumbia: Legado de la feminidad junto a House of Gad
Centro Cultural Casa de Vacas, sábado, 23 de mayo, 19:00 CEST
Te invitamos a formar parte de una activación que conecta la cumbia, como género musical popular latinoamericano, con la construcción de identidades queer.
A través de la música, la performatividad y elementos del universo drag como pelucas, vestuario y caracterización, explorarás cómo se construyen imaginarios de feminidad, estéticas maximalistas de los años 90 y 2000, y referentes disidentes dentro de la cultura musical.
La propuesta combina showcases contextualizados de la House of Gad con un espacio participativo de experimentación y reflexión colectiva. La cumbia se convierte aquí en un vehículo de memoria, resistencia y expresión identitaria.
Un espacio seguro para la expresión corporal, pensado para fortalecer redes y crear comunidad entre personas LGTBIQA+ racializadas y/o migrantes.
Esta actividad es una iniciativa que realizamos junto a P.O.M Condeduque, un proyecto desarrollado por Pedagogías Invisibles.Actividad recomendada para mayores de 14 años.
Biografía
House of Gad es una casa drag creada en 2021 en Madrid por la artista peruana Gad Yola (Perú, 1995), a partir de la pieza El drag es marrón, desarrollada junto a Nela Kino (Bolivia, 1995), Brendalucia (Perú, 1997) y Nativa la Reina Mexicana (México, 1982) en el marco de la residencia FelipaManuela. En 2023 se incorporan Galinda Galán (Bolivia, 1998), Bella Raymi (Perú, 2000) y Perricholi (Perú, ¡1999) con la pieza Tengo una idea! presentada en CentroCentro. En 2024 participa Jey Jey (Ecuador, 1994) en el Festival de Cine Peruano en Madrid, y en 2025 se suman Azul Celeste (México, 1993), Euphoria Magnética (Argentina, 1988) y Paul Inaluma (1995) con un workshop drag en Contemporánea Condeduque Madrid. La House desarrolla una metodología y un activismo intercultural, antirracista y decolonial, conectando a artistas en la diáspora a través de la disidencia queer y el fortalecimiento de redes migrantes. Su trabajo reimagina lo marrón como potencia política y afectiva, impulsando formas sostenibles de creación artística colectiva.
https://enredad.es/event/generacion-de-suenos-de-cumbia-legado-de-la-feminidad-junto-a-house-of-gad
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Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.
Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.
El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.
Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.
Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.
Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.
La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.
La escritura de un cuento, según Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.
Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.
Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.
Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.
En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.
Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.
Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.
Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.
Foto de Tomáš Malík. Pexels.
https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/
#EscribenOtras #EscribenOtros #GonzaloMarrón #LeilaSucari #PaulaTomassoni #RaymondCarver
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Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.
Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.
El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.
Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.
Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.
Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.
La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.
La escritura de un cuento, según Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.
Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.
Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.
Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.
En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.
Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.
Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.
Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.
Foto de Tomáš Malík. Pexels.
https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/
#EscribenOtras #EscribenOtros #GonzaloMarrón #LeilaSucari #PaulaTomassoni #RaymondCarver
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Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.
Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.
El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.
Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.
Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.
Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.
La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.
La escritura de un cuento, según Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.
Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.
Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.
Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.
En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.
Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.
Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.
Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.
Foto de Tomáš Malík. Pexels.
https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/
#EscribenOtras #EscribenOtros #GonzaloMarrón #LeilaSucari #PaulaTomassoni #RaymondCarver
-
Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.
Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.
El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.
Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.
Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.
Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.
La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.
La escritura de un cuento, según Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.
Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.
Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.
Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.
En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.
Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.
Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.
Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.
Foto de Tomáš Malík. Pexels.
https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/
#EscribenOtras #EscribenOtros #GonzaloMarrón #LeilaSucari #PaulaTomassoni #RaymondCarver
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Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.
Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.
El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.
Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.
Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.
Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.
La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.
La escritura de un cuento, según Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.
Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.
Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.
Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.
En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.
Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.
Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.
Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.
Foto de Tomáš Malík. Pexels.
https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/
#EscribenOtras #EscribenOtros #GonzaloMarrón #LeilaSucari #PaulaTomassoni #RaymondCarver
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A veces nos obsesionamos con que todo el mundo nos vea como "la buena persona", esa que nunca rompe un plato y que siempre está dispuesta a todo.
Pero, siendo sinceros, esa amabilidad extrema suele ser una trampa.
Te acabas comiendo marrones que no te tocan, pides perdón por cosas que no has hecho y dejas que otros se salten tus límites solo por no crear un conflicto.
Al final, ser "tan bueno" te deja la cuenta emocional en números rojos.Hay una diferencia abismal entre tener buen corazón y ser el felpudo de los demás.
La justicia empieza por uno mismo.
Ser justo significa que, si algo te parece mal, lo dices.
Si alguien se está pasando de listo, lo frenas.
Y sí, eso va a incomodar.
Habrá gente que, cuando dejes de decirles a todo que sí, empezará a decir que has cambiado o que ya no eres tan "majo".
Pero lo que realmente estás haciendo es ganar respeto, y sobre todo, respeto propio.No hemos venido a este mundo para caerle bien a todo el planeta a costa de nuestra salud mental.
Hacer lo correcto duele a veces, y poner un límite puede sentirse como una declaración de guerra para el que estaba acostumbrado a aprovecharse de ti.
Pero créeme, es preferible que te vean como alguien firme y con criterio que como alguien a quien se le puede torear.
La paz que te da saber que te estás respetando no tiene precio.═══════┊┊┊♡┊┊┊════════
#autoestima #limites #justicia #psicologia #pazmental #respeto #reflexiones #asieslavida #amorpropio #responsabilidadafectiva
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Seica a empresa encargada da depuradora ten apuro por rematar a obra en plazo e estáse a pasar os protocolos para a activación polo forro. Non queren pagar a multa por excederse nos plazos.
Haberá que facer que paguen unha por delito ecolóxico.
Este martes na Ponte Cabirta o cheiro era insoportable.
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Seica a empresa encargada da depuradora ten apuro por rematar a obra en plazo e estáse a pasar os protocolos para a activación polo forro. Non queren pagar a multa por excederse nos plazos.
Haberá que facer que paguen unha por delito ecolóxico.
Este martes na Ponte Cabirta o cheiro era insoportable.
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Seica a empresa encargada da depuradora ten apuro por rematar a obra en plazo e estáse a pasar os protocolos para a activación polo forro. Non queren pagar a multa por excederse nos plazos.
Haberá que facer que paguen unha por delito ecolóxico.
Este martes na Ponte Cabirta o cheiro era insoportable.
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Seica a empresa encargada da depuradora ten apuro por rematar a obra en plazo e estáse a pasar os protocolos para a activación polo forro. Non queren pagar a multa por excederse nos plazos.
Haberá que facer que paguen unha por delito ecolóxico.
Este martes na Ponte Cabirta o cheiro era insoportable.
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Seica a empresa encargada da depuradora ten apuro por rematar a obra en plazo e estáse a pasar os protocolos para a activación polo forro. Non queren pagar a multa por excederse nos plazos.
Haberá que facer que paguen unha por delito ecolóxico.
Este martes na Ponte Cabirta o cheiro era insoportable.
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RE: https://loops.video/v/fDEOIOroWK
Después de 9 años, cuando jugaba en PC y estaba soltero, he vuelto a ver ésta pantalla de inicio de Elite dangerous. En próximos videos en mi canal de gaming de peertube subiré videos hablando del juego, trasfondo y lore y curiosidades del juego como hoy que al salir de la velocidad de la luz he salido enfrente de una enana marrón y se me ha empezado a quemar la nave.
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CW: TMA 199 y 200 (spoilers del final del podcast)
El episodio 199 consiste en el grupo (John, Martin, Basira, Melanie y Georgie) definiendo el plan de acción en los túneles. Evalúan las opciones con tristeza, pues ninguna es buena. Que John se sacrifique y pase a ocupar el lugar de la pupila del Ojo no evitaría el estado del mundo, aunque podría cambiarlo (John también habla de acelerar su final). Martin, como era de esperar, se niega a este plan habiendo otras opciones. La idea de Annabelle de que los poderes pasen a otras dimensiones tiene muchos problemas también. Para empezar, es pasarle el marrón a otra gente. Me gusta que lleguen a especular si los miedos entraron a su mundo de esa forma, y sería seguir la cadena. También creen que no pasaría el apocalipsis, sino ese estado inicial en el que ocupan un segundo plano. La situación antes del ritual, vaya. Seguir como hasta ahora tampoco es una opción. Ese escenario no seguiría indefinidamente, pues the End terminaría acabando con todo, pero quién sabe cuándo.
No es una discusión fácil, se perciben muy bien el conflicto, la tensión y la amargura en cada aportación. Se nota que todo el mundo quiere hacer lo que cree mejor, pero ni siquiera querrían estar teniendo que tomar esa decisión. Ni siquiera creen que deberían tomarla, pero no hay nadie más que pueda hacerlo.
Al final optan por seguir el plan de Annabelle. Melanie, Georgie y Basira le prenderían fuego a los Archivos, mientras que Martin acabaría con Jonah (no se quieren arriesgar a que John ocupe su lugar).
(sigo)
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CW: TMA 199 y 200 (spoilers del final del podcast)
El episodio 199 consiste en el grupo (John, Martin, Basira, Melanie y Georgie) definiendo el plan de acción en los túneles. Evalúan las opciones con tristeza, pues ninguna es buena. Que John se sacrifique y pase a ocupar el lugar de la pupila del Ojo no evitaría el estado del mundo, aunque podría cambiarlo (John también habla de acelerar su final). Martin, como era de esperar, se niega a este plan habiendo otras opciones. La idea de Annabelle de que los poderes pasen a otras dimensiones tiene muchos problemas también. Para empezar, es pasarle el marrón a otra gente. Me gusta que lleguen a especular si los miedos entraron a su mundo de esa forma, y sería seguir la cadena. También creen que no pasaría el apocalipsis, sino ese estado inicial en el que ocupan un segundo plano. La situación antes del ritual, vaya. Seguir como hasta ahora tampoco es una opción. Ese escenario no seguiría indefinidamente, pues the End terminaría acabando con todo, pero quién sabe cuándo.
No es una discusión fácil, se perciben muy bien el conflicto, la tensión y la amargura en cada aportación. Se nota que todo el mundo quiere hacer lo que cree mejor, pero ni siquiera querrían estar teniendo que tomar esa decisión. Ni siquiera creen que deberían tomarla, pero no hay nadie más que pueda hacerlo.
Al final optan por seguir el plan de Annabelle. Melanie, Georgie y Basira le prenderían fuego a los Archivos, mientras que Martin acabaría con Jonah (no se quieren arriesgar a que John ocupe su lugar).
(sigo)
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CW: TMA 199 y 200 (spoilers del final del podcast)
El episodio 199 consiste en el grupo (John, Martin, Basira, Melanie y Georgie) definiendo el plan de acción en los túneles. Evalúan las opciones con tristeza, pues ninguna es buena. Que John se sacrifique y pase a ocupar el lugar de la pupila del Ojo no evitaría el estado del mundo, aunque podría cambiarlo (John también habla de acelerar su final). Martin, como era de esperar, se niega a este plan habiendo otras opciones. La idea de Annabelle de que los poderes pasen a otras dimensiones tiene muchos problemas también. Para empezar, es pasarle el marrón a otra gente. Me gusta que lleguen a especular si los miedos entraron a su mundo de esa forma, y sería seguir la cadena. También creen que no pasaría el apocalipsis, sino ese estado inicial en el que ocupan un segundo plano. La situación antes del ritual, vaya. Seguir como hasta ahora tampoco es una opción. Ese escenario no seguiría indefinidamente, pues the End terminaría acabando con todo, pero quién sabe cuándo.
No es una discusión fácil, se perciben muy bien el conflicto, la tensión y la amargura en cada aportación. Se nota que todo el mundo quiere hacer lo que cree mejor, pero ni siquiera querrían estar teniendo que tomar esa decisión. Ni siquiera creen que deberían tomarla, pero no hay nadie más que pueda hacerlo.
Al final optan por seguir el plan de Annabelle. Melanie, Georgie y Basira le prenderían fuego a los Archivos, mientras que Martin acabaría con Jonah (no se quieren arriesgar a que John ocupe su lugar).
(sigo)
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CW: TMA 199 y 200 (spoilers del final del podcast)
El episodio 199 consiste en el grupo (John, Martin, Basira, Melanie y Georgie) definiendo el plan de acción en los túneles. Evalúan las opciones con tristeza, pues ninguna es buena. Que John se sacrifique y pase a ocupar el lugar de la pupila del Ojo no evitaría el estado del mundo, aunque podría cambiarlo (John también habla de acelerar su final). Martin, como era de esperar, se niega a este plan habiendo otras opciones. La idea de Annabelle de que los poderes pasen a otras dimensiones tiene muchos problemas también. Para empezar, es pasarle el marrón a otra gente. Me gusta que lleguen a especular si los miedos entraron a su mundo de esa forma, y sería seguir la cadena. También creen que no pasaría el apocalipsis, sino ese estado inicial en el que ocupan un segundo plano. La situación antes del ritual, vaya. Seguir como hasta ahora tampoco es una opción. Ese escenario no seguiría indefinidamente, pues the End terminaría acabando con todo, pero quién sabe cuándo.
No es una discusión fácil, se perciben muy bien el conflicto, la tensión y la amargura en cada aportación. Se nota que todo el mundo quiere hacer lo que cree mejor, pero ni siquiera querrían estar teniendo que tomar esa decisión. Ni siquiera creen que deberían tomarla, pero no hay nadie más que pueda hacerlo.
Al final optan por seguir el plan de Annabelle. Melanie, Georgie y Basira le prenderían fuego a los Archivos, mientras que Martin acabaría con Jonah (no se quieren arriesgar a que John ocupe su lugar).
(sigo)
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Nada más fallecer Rocío Jurado, lo primero que se le antojó hacer fue comunicarse en sueños con Marc Anthony para inspirarle una canción, tema que se quedó su entonces pareja, Jennifer López. Se llamó Qué hiciste. Poco lustre le sacaron a la melodía y cero sentido le dieron a la letra. Yo creo que fue la primera y la última vez que la Jurado hizo de musa para alguien, lo entiendo.
Últimamente Jlo aparece en la socialmedia por dos frentes. El primero es fruto de una comparación absurda y sin fundamento con Melody. Yo ahí aprecio ignorancia musical o falta de deconstrucción en temas étnicos o como queramos denominarlos. ¿En qué se parecen? En lo que tus prejuicios quieren ver, cari. Inserte aquí el meme de la reina de Inglaterra con las muestras de tonos -de marrón oscuro a blanco- en la mano frente a los rostros de las esposas de sus nietos para determinar el passing.
Aparte, Pantoja ha firmado unos biopics y quiere que sea López su alter ego. Sencilla que es Maribel. Y con los pies en la tierra que está. No pudo ser alcaldesa de Marbella pero quién le va a quitar esta ilusión. Claro que si Penélope fue Donatella (y encima al principio puso hocicos a la serie, ¡con la suerte que tuvo!), por qué no.
Ya hubo artículos en el pasado que las comparaban como si estuvieran en una peli de Pedro, como si la Agrado hablase de las folclóricas y su vello.
https://www.elperiodico.com/cuore/famosos/jennifer-lopez-competencia-pantoja-patillas-84350686Yo veo más a una Mariola Fuentes, pero Maribel es mucha Maribel, siempre tiene hambre de focos para su persona y muchos egos que alimentar, así que sigue sonando Jennifer como candidata. Parece que hay dineros en juego, quizá acepte. Tampoco está en el pico de su carrerra. No será su sustancia a nivel de reconocimiento pero calentar esas mansiones de altos techos debe de costar lo suyo y no está llenando estadios.
https://www.abc.es/play/television/noticias/detalles-surrealistas-docuserie-sobre-isabel-pantoja-jennifer-20250305183728-nt.html
#popazo #jlo #serie #series #pantoja #isabelpantoja #tv #television #celebrity #celebrities #popculture #jenniferlopez #marcanthony #rociojurado -
Sargazo en el Caribe mexicano alcanzaría niveles récord y agrava crisis ambiental y turística
Recurren a tecnologías de punta para obtener datos, a fin de disminuir sus efectos negativos a la salud, medio ambiente y economía
Por Martín García | Reportero
Este año se esperan 40 millones de toneladas métricas de biomasa de sargazo en el Océano Atlántico y se estima que se incremente su recolección en Quintana Roo, donde el año pasado alcanzó aproximadamente 96 mil toneladas, refirió el coordinador del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT), con sede en el Instituto de Geografía de la UNAM, Jorge Prado Molina.
En la conferencia “Detección de sargazo en el Caribe Mexicano utilizando imágenes satelitales”, organizada por el Programa Espacial Universitario, dijo que a partir de 2022 se comenzó a registrar grandes cantidades en las costas de esa entidad, causando un problema ambiental (daño en arrecifes y pastos marinos), y económico porque numerosos turistas se han alejado de las playas.
El impacto también es en la salud, ya que este material captura arsénico, mercurio y cadmio del océano, razón por la cual es inadecuado para alimentar animales; además, si se deposita en la selva o algún lugar no autorizado, contamina los acuíferos. Y al retirarlo por medios mecánicos se causa deterioro porque se quita parte de la arena.
En ocasión del Seminario Universitario del Espacio, el científico mencionó que en el LANOT se ha abordado el tema de su detección en los últimos seis años, con la participación de otras instancias. Nuestro primer objetivo fue monitorear las manchas que arriban a nuestro país, y evitar que lleguen a los arrecifes y costas.
Se han instalado barreras de contención en 90 kilómetros de litoral, pero no han sido suficientes ante la gran cantidad que llega a las costas. “Cuando se descompone, se hunde, y pasa por debajo y termina causando la marea marrón”, explicó en el auditorio Raúl J. Marsal de la Facultad de Ingeniería.
El sargazo, que se origina en el Océano Atlántico, en realidad es un ecosistema en sí mismo, aclaró; es refugio de peces, crustáceos y tortugas. Obedece a causas como el calentamiento global y el cambio en las corrientes oceánicas; “puede duplicar su volumen en 18 días”.
La tecnología satelital, puntualizó, ayuda en su monitoreo y es solo una de las herramientas para resolver el suceso. Recurrimos a imágenes de libre acceso del satélite Sentinel-2, obtenidas cada cinco días. La zona de estudio incluye la costa de Quintana Roo y hasta Belice, Guatemala y parte de Honduras, ya que el sargazo pasa primero por esos países.
Para cubrir los intervalos sin fotografías, se han aplicado modelos de corrientes oceánicas, de vientos y oleaje, a fin de monitorear y predecir su arribo. Y se aplica otro para determinar dónde y cuándo llegarán las balsas (acumulación flotante) de sargazo a las costas del Caribe mexicano.
De acuerdo con Jorge Prado, recurren al Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, que tiene una unidad en Puerto Morelos, para estar seguros que lo observado en las imágenes es lo que ocurre en campo. Se utiliza GPS flotante para obtener la ubicación y seguimiento, y se usa un espectroradiómetro a fin de obtener las llamadas firmas espectrales de las algas.
También han tomado imágenes con drones para ver qué pasa con ese fenómeno y con el arrecife, apuntó el universitario. Para desplegar y analizar la información se desarrolló un visualizador web que permite determinar a qué distancia está y qué cantidad arriba; y con el modelo dinámico se sabe dónde va a encallar, entre otra información.
A decir del científico, cuentan con un acervo de cuatro mil 700 imágenes de la zona de estudio, con las cuales se pueden elaborar análisis en retrospectiva. También apoyan la difusión de la ubicación de sitios y métodos de disposición del producto en tierra, al igual que nuevas formas de solución como la captura del alga mar adentro para triturarla y que no flote. –sn–
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De façon façon presque involontaire, en travaillant sur Triumphum https://fauvenoir.github.io/triumphum/ j’ai introduit une fonctionnalité d’interface qui, aux années associée un code couleur d’après la décennie de chaque année.
Le code couleur que j’ai choisi est le suivant :
30: gris
40: jaune
50: argent
60: marron
70: orange
80: mauve
90: vert
00: blanc
10: bleu
20: rouge#ui #linux #gamedev #tui #linux #console #terminal #feature #interface #ergonomie