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  2. Chiara Pedrocchi: “Fuga da Big Tech” (guerredirete, 13 mag. 2026)

    [...] Ma cosa – o meglio chi – sono queste piattaforme? Tra quelle citate, si possono raggruppare Facebook e Instagram (e WhatsApp), del gruppo Meta fondato da Mark Zuckerberg. C’è poi YouTube, proprietà come Google della holding Alphabet Inc., di cui i fondatori di Google, Larry Page e Sergey Brin, sono ancora i maggiori azionisti e membri del consiglio di amministrazione, detenendo di fatto il controllo dell’azienda, pur non essendo più amministratori delegati. Meta ha […]

    differx.noblogs.org/2026/08/12

  3. Chiara Pedrocchi: “Fuga da Big Tech” (guerredirete, 13 mag. 2026)

    [...] Ma cosa – o meglio chi – sono queste piattaforme? Tra quelle citate, si possono raggruppare Facebook e Instagram (e WhatsApp), del gruppo Meta fondato da Mark Zuckerberg. C’è poi YouTube, proprietà come Google della holding Alphabet Inc., di cui i fondatori di Google, Larry Page e Sergey Brin, sono ancora i maggiori azionisti e membri del consiglio di amministrazione, detenendo di fatto il controllo dell’azienda, pur non essendo più amministratori delegati. Meta ha […]

    differx.noblogs.org/2026/08/12

  4. El tábano economista @eltabanoeconomista.wordpress.com@eltabanoeconomista.wordpress.com ·

    IA: del sueño tecnológico al riesgo sistémico


    Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

    Un Black Monday donde la euforia supera a los fundamentos (El Tábano Economista)

    Existía un viejo adagio en las profundidades de las minas de carbón del siglo XIX que advertía a los picadores sobre el peligro invisible del gas grisú. Antes de que existieran los sensores electrónicos, los mineros descendían a las galerías acompañados de un canario en una pequeña jaula de mimbre. El ave, mucho más sensible a las toxinas que el ser humano, servía como un sistema de alerta temprana; si el canario dejaba de cantar y caía al suelo, los hombres sabían que tenían apenas unos segundos para huir antes de que la atmósfera se volviera letal o una chispa provocara una explosión catastrófica.

    Hoy, en las pantallas de las terminales financieras de todo el mundo, hemos encontrado a nuestro propio canario. No está en una mina de Gales o de Virginia Occidental, sino en el índice bursátil de Seúl. Un reciente y revelador informe publicado por Asia Times nos muestra cómo la extrema exposición de la economía surcoreana a la fiebre de la Inteligencia Artificial no debe leerse como un evento aislado, una simple anécdota de un mercado emergente tecnológico, sino como el canario en la mina de un riesgo sistémico global.

    Si se quiere una imagen sencilla, Corea hoy funciona como alerta. No porque sea el único país vulnerable a la IA, sino porque condensa en un solo mercado varios de los riesgos que veremos dispersos por Asia y por el sistema financiero internacional: rentabilidad dudosa, inversión desbordada, endeudamiento, presión sobre monedas, dependencia de una cadena de suministros muy concentrada, así como una carrera entre gigantes tecnológicos que puede dejar mucho valor destruido antes de crear productividad real.

    Lo primero que conviene decir con claridad es que la IA no está financiándose, en gran medida, con el dinero “limpio” de una expansión autosostenida, sino con una mezcla de caja de las grandes tecnológicas, deuda, vehículos especiales y crédito privado. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) describe la inversión en IA en su análisis The AI investment race como uno de las mayores expansiones tecnológicas de la historia de Estados Unidos, y señala además que el proceso ya mostró dos rasgos preocupantes: una tendencia a la sobreinversión y la aparición de financiamiento circular entre grandes tecnológicas, llamadas hiperescaladores (Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta, Oracle), laboratorios y proveedores de infraestructura. Ese último punto es crucial, porque la circularidad vuelve más difícil distinguir entre ingresos reales y movimientos contables que alimentan valuaciones.

    La inversión circular funciona como sigue. Imagina una rueda que gira y en cada vuelta casi todos los que están encima creen que están ganando dinero nuevo. Nvidia fabrica los chips más buscados del mundo para inteligencia artificial. CoreWeave, una empresa que construye y alquila centros de datos especializados, necesita miles de esos chips para ofrecer potencia de cálculo a los grandes laboratorios. Nvidia no se limita a vendérselos: también invierte dinero en CoreWeave y se queda con una parte de sus acciones. CoreWeave, con ese capital y con deuda, compra todavía más chips a Nvidia. Nvidia registra una venta enorme, sus ingresos se disparan y el precio de su propia acción sube. Al mismo tiempo, la participación que Nvidia tiene en CoreWeave también vale más porque CoreWeave parece un negocio en plena expansión. Primera vuelta de la rueda: Nvidia gana por la venta de chips a la empresa que invirtió y vuelve a ganar porque sus acciones en CoreWeave se revalorizan.

    Ahora entran los laboratorios. OpenAI necesita una cantidad colosal de potencia de cálculo para entrenar y operar sus modelos. Firma contratos plurianuales con CoreWeave como proveedores de nube. Para poder pagarlos, OpenAI recibe miles de millones de Microsoft. Con ese dinero, OpenAI alquila capacidad a CoreWeave. Al tener un cliente del tamaño de OpenAI, puede pedir más préstamos o atraer más inversores, y con ese dinero nuevo vuelve a comprar chips a Nvidia. Segunda vuelta: Nvidia vende otra vez más chips, CoreWeave crece, OpenAI parece más valioso porque tiene acceso garantizado a una gran capacidad de cómputo y Microsoft ve cómo su propia división de nube crece gracias al gasto de OpenAI.

    Microsoft, además, tiene una participación importante en OpenAI. Cuando la valoración de OpenAI sube, Microsoft se apunta una ganancia contable por la revalorización de su inversión. Tercera vuelta: el dinero que Microsoft puso en OpenAI regresa, en parte, como ingreso y otra como aumento del valor de su stake (término que se utiliza para medir el nivel de confianza que tenemos en una apuesta).

    En cada giro parece haber más actividad, más demanda, más ingresos y valoraciones más altas. Pero una parte importante del dinero que alimenta la demanda es capital que los propios actores del círculo inyectaron antes. Mientras la rueda gira rápido, Nvidia, CoreWeave, OpenAI y Microsoft celebran ganancias en distintas formas: ventas de chips, ingresos de nube, revalorización de acciones y participaciones. El día que el capital nuevo deje de entrar con la misma fuerza, o que las empresas y los usuarios reales no paguen precios suficientes para cubrir el coste de toda esa infraestructura, la rueda se frena.

    Aquí el centro del problema: la diferencia entre inversión y su retornos o ganancia. Los llamados hiperescalares — Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle— están en una carrera de gasto gigantesca. El BIS calcula que este auge de inversión en IA se encuentra entre los más rápidos e intensos de la historia tecnológica estadounidense y que la inversión conjunta de los principales grandes tecnológicas superará con holgura el billón de dólares entre 2025 y 2026. Y esto en un contexto en el que el gasto de capital de 2026 ya se proyecta por encima de los 700.000 millones de dólares. El punto no es que estos montos sean imposibles de financiar para grupos tan grandes; el punto es que la velocidad del gasto está muy por delante de la capacidad de demostrar retornos consistentes.

    Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿la IA está generando productividad suficiente como para justificar semejante expansión? La respuesta más prudente, por ahora, es: todavía no de manera generalizada. Hay usos valiosos, sí, y hay casos concretos de eficiencia, pero la evidencia agregada sigue mostrando una brecha enorme entre entusiasmo e impacto medible. Informes citados por la prensa económica hablan de tasas de retorno muy bajas o nulas en buena parte de las implementaciones empresariales, y el propio BIS advierte que no es seguro que, en el corto plazo, la IA funcione como fuerza deflacionaria o como máquina de ganancias rápidas para toda la economía.

    Ese desajuste importa porque el mercado tiende a premiar la promesa antes que el resultado. En otras palabras, la inversión en capital puede seguir subiendo mientras los ingresos aún no llegan, siempre que el financiamiento sea abundante y la confianza no se rompa. Pero cuando esa confianza se debilita, el castigo es abrupto. El BIS compara la bonanza actual con cinco grandes episodios históricos de inversión: “La fiebre de los canales en la década de 1830; la burbuja ferroviaria británica de los años 1840; la electrificación de comienzos del siglo XX; la exuberancia de los años veinte y la burbuja de las puntocom de finales de los noventa compartieron un rasgo común: todos ellos surgieron a partir de auténticas revoluciones tecnológicas que atrajeron mucho más capital del que posteriormente pudieron justificar sus rendimientos comerciales«.

    La extrema exposición de Corea del Sur encaja en esa lógica. Corea es una economía profundamente entrelazada con los semiconductores, y por eso concentra tanto la promesa como el riesgo. Cuando suben las expectativas sobre IA, suben también los precios de las firmas coreanas vinculadas a chips y memorias; pero cuando el mercado duda de la rentabilidad del sector, la caída golpea de manera desproporcionada. La corrección no es solo bursátil: puede afectar empleo, inversión, consumo y financiamiento corporativo. Además, en Corea el endeudamiento de los hogares es extraordinariamente alto, lo que vuelve más sensible cualquier caída del efecto riqueza. Un retroceso fuerte en activos financieros o inmobiliarios reduce la confianza del consumidor y puede deteriorar la calidad del crédito doméstico.

    La deuda de hogares en Corea alcanzó récords cercanos a 1,4 billones de dólares en 2026. La ratio deuda/ingreso disponible está entre los más altos de la OCDE. Veamos cómo funciona un incremento bursátil o una caída. El rally del índice de bolsa coreano (KOSPI), impulsado por Samsung y SK Hynix, ligadas a la IA, genera efecto riqueza al aumentar un 54% su valorización bursátil. Las exportaciones de chips superaron a las de autos, barcos y electrónica; en junio de 2026 crecieron un 70,9% interanual, donde Samsung y SK Hynix concentran la mayoría del aumento. El índice subió, pero también sufrió caídas brutales de hasta 40% desde picos de junio.

    Si tenía acciones de Samsung que valían 10, ahora valen 15.4, ese es el efecto riqueza, quienes tienen este tipo de acciones tomaron un préstamo para comprar más acciones o aumentar su hipoteca, para invertir el efecto riqueza. En mayo 2026 el endeudamiento mensual saltó bruscamente. Parte de las plusvalías de acciones se destinan a vivienda. Ahora, si el índice bursátil corrige a la baja, tal como pasó (-40%), el patrimonio neto de los hogares cae, y las acciones que estaban a 15.4 pasan a 11. Esta disminución lleva a aumenta la morosidad y reducir el consumo, amplificando el shock macro. El Banco de Corea sube el interés por la fuga de capitales de las ganancias del auge de semiconductores y las deudas tomadas se encarecen, lo que afecta la demanda doméstica y la estabilidad financiera.

    La fuga de capitales hacia las tecnológicas estadounidenses tiene un efecto adicional: alimenta aún más el ecosistema de la IA en los Estados Unidos y reduce el margen de Asia para sostener sus propias inversiones sin tensionar moneda, inflación y tasas. Es decir, el centro absorbe capital del resto del mundo justo en el momento en que ese resto del mundo necesita inversión productiva y estabilidad financiera. Así, la IA no solo es una carrera entre empresas; también es una carrera entre sistemas monetarios y entre regiones que compiten por financiar el futuro.

    A esto se suma la colaboración de Estados y fondos soberanos, especialmente en el Golfo. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han entrado con fuerza en la financiación de infraestructura de IA, ya sea por medio de acuerdos con grandes tecnológicas o mediante vehículos soberanos vinculados a centros de datos, computación y modelos de escala global. Ese apoyo no es menor: aporta capital, acelera despliegue y refuerza la cadena global de infraestructura. Pero también introduce una dependencia estructural sobre energía, materiales y estabilidad geopolítica. Los centros de datos requieren electricidad masiva y continua, redes robustas, refrigeración intensiva, chips, agua y, además, acceso a insumos industriales y a rutas de suministro seguras.

    En otras palabras, la IA no es solo software. Es un sistema físico. Y como sistema físico, depende de electricidad, agua, cobre, tierras raras, logística y paz comercial. Por eso el Golfo es, a la vez, parte de la solución y del problema: aporta energía y capital, pero también convierte la expansión de la IA en un proceso expuesto a tensiones regionales, precios del petróleo, conflictos en rutas marítimas y riesgos sobre materiales críticos. Si algo interrumpe ese engranaje —una subida del costo energético, un cuello de botella en chips de memoria o una perturbación geopolítica— el modelo de crecimiento puede perder velocidad muy rápido.

    El private credit agrega opacidad a una historia que ya es compleja. Gran parte de la infraestructura de IA no está financiada exclusivamente por la banca tradicional ni por emisiones públicas transparentes, sino por fondos privados y estructuras diseñadas para acomodar riesgos específicos. Eso puede ser funcional en fase expansiva, pero también puede ocultar el verdadero nivel de apalancamiento del sistema. Cuando el financiamiento se vuelve menos transparente, el mercado tarda más en ver el deterioro; y cuando finalmente lo ve, suele reaccionar con mayor violencia. El BIS subraya precisamente el aumento de la deuda, la presencia de vehículos especiales y la arquitectura de financiamiento cruzado como una fuente de fragilidad sistémica.

    ¿Significa esto que la IA es una burbuja sin valor económico? No. Significa algo más incómodo: que una tecnología genuinamente transformadora puede convivir con una estructura financiera inestable. Esa es la gran lección de la historia económica. Los canales, los ferrocarriles, la electrificación, la industria digital y luego internet no fueron ilusiones; fueron revoluciones reales. Pero la historia enseña que las revoluciones tecnológicas suelen atraer más capital del que los retornos de corto plazo pueden soportar. El resultado no es necesariamente el fracaso de la tecnología, sino el fracaso de las expectativas financieras que la rodean.

    Por eso Corea del Sur no debe leerse como un caso nacional aislado. Es una advertencia. Un mercado concentrado, una economía abierta, una exposición alta a semiconductores, con hogares muy endeudado y una dependencia fuerte del ciclo tecnológico global pueden transformar una corrección bursátil en una señal sistémica. Si la rentabilidad de la IA sigue siendo baja, si la inversión sigue creciendo más rápido que los ingresos, si el private credit sigue acumulando riesgo opaco y si los bancos centrales se ven obligados a defender monedas mientras toleran inflación y menor crecimiento, entonces el desenlace puede ser un freno prolongado a la inversión, una presión sobre bonos y una desaceleración más amplia.

    En ese sentido, la pregunta relevante no es si la IA cambiará el mundo. Eso ya está ocurriendo. La pregunta es quién paga la transición, cuánto cuesta financiarla y qué pasa si la promesa de productividad tarda demasiado en materializarse. Corea del Sur, Japón, los grandes tecnológicas, los fondos del Golfo y el crédito privado están escribiendo hoy esa respuesta. Y no todos los capítulos prometen un final feliz.

    Corea del Sur no es una excepción exótica ni una víctima aislada de la volatilidad. Es un espejo. Refleja una economía atrapada entre la promesa de la productividad futura y las obligaciones financieras del presente. El canario todavía no ha muerto, pero ya dejó de cantar. Y cuando una mina escucha ese silencio, no conviene discutir si el ave exagera: conviene empezar a salir.

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  5. El tábano economista @eltabanoeconomista.wordpress.com@eltabanoeconomista.wordpress.com ·

    IA: del sueño tecnológico al riesgo sistémico


    Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

    Un Black Monday donde la euforia supera a los fundamentos (El Tábano Economista)

    Existía un viejo adagio en las profundidades de las minas de carbón del siglo XIX que advertía a los picadores sobre el peligro invisible del gas grisú. Antes de que existieran los sensores electrónicos, los mineros descendían a las galerías acompañados de un canario en una pequeña jaula de mimbre. El ave, mucho más sensible a las toxinas que el ser humano, servía como un sistema de alerta temprana; si el canario dejaba de cantar y caía al suelo, los hombres sabían que tenían apenas unos segundos para huir antes de que la atmósfera se volviera letal o una chispa provocara una explosión catastrófica.

    Hoy, en las pantallas de las terminales financieras de todo el mundo, hemos encontrado a nuestro propio canario. No está en una mina de Gales o de Virginia Occidental, sino en el índice bursátil de Seúl. Un reciente y revelador informe publicado por Asia Times nos muestra cómo la extrema exposición de la economía surcoreana a la fiebre de la Inteligencia Artificial no debe leerse como un evento aislado, una simple anécdota de un mercado emergente tecnológico, sino como el canario en la mina de un riesgo sistémico global.

    Si se quiere una imagen sencilla, Corea hoy funciona como alerta. No porque sea el único país vulnerable a la IA, sino porque condensa en un solo mercado varios de los riesgos que veremos dispersos por Asia y por el sistema financiero internacional: rentabilidad dudosa, inversión desbordada, endeudamiento, presión sobre monedas, dependencia de una cadena de suministros muy concentrada, así como una carrera entre gigantes tecnológicos que puede dejar mucho valor destruido antes de crear productividad real.

    Lo primero que conviene decir con claridad es que la IA no está financiándose, en gran medida, con el dinero “limpio” de una expansión autosostenida, sino con una mezcla de caja de las grandes tecnológicas, deuda, vehículos especiales y crédito privado. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) describe la inversión en IA en su análisis The AI investment race como uno de las mayores expansiones tecnológicas de la historia de Estados Unidos, y señala además que el proceso ya mostró dos rasgos preocupantes: una tendencia a la sobreinversión y la aparición de financiamiento circular entre grandes tecnológicas, llamadas hiperescaladores (Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta, Oracle), laboratorios y proveedores de infraestructura. Ese último punto es crucial, porque la circularidad vuelve más difícil distinguir entre ingresos reales y movimientos contables que alimentan valuaciones.

    La inversión circular funciona como sigue. Imagina una rueda que gira y en cada vuelta casi todos los que están encima creen que están ganando dinero nuevo. Nvidia fabrica los chips más buscados del mundo para inteligencia artificial. CoreWeave, una empresa que construye y alquila centros de datos especializados, necesita miles de esos chips para ofrecer potencia de cálculo a los grandes laboratorios. Nvidia no se limita a vendérselos: también invierte dinero en CoreWeave y se queda con una parte de sus acciones. CoreWeave, con ese capital y con deuda, compra todavía más chips a Nvidia. Nvidia registra una venta enorme, sus ingresos se disparan y el precio de su propia acción sube. Al mismo tiempo, la participación que Nvidia tiene en CoreWeave también vale más porque CoreWeave parece un negocio en plena expansión. Primera vuelta de la rueda: Nvidia gana por la venta de chips a la empresa que invirtió y vuelve a ganar porque sus acciones en CoreWeave se revalorizan.

    Ahora entran los laboratorios. OpenAI necesita una cantidad colosal de potencia de cálculo para entrenar y operar sus modelos. Firma contratos plurianuales con CoreWeave como proveedores de nube. Para poder pagarlos, OpenAI recibe miles de millones de Microsoft. Con ese dinero, OpenAI alquila capacidad a CoreWeave. Al tener un cliente del tamaño de OpenAI, puede pedir más préstamos o atraer más inversores, y con ese dinero nuevo vuelve a comprar chips a Nvidia. Segunda vuelta: Nvidia vende otra vez más chips, CoreWeave crece, OpenAI parece más valioso porque tiene acceso garantizado a una gran capacidad de cómputo y Microsoft ve cómo su propia división de nube crece gracias al gasto de OpenAI.

    Microsoft, además, tiene una participación importante en OpenAI. Cuando la valoración de OpenAI sube, Microsoft se apunta una ganancia contable por la revalorización de su inversión. Tercera vuelta: el dinero que Microsoft puso en OpenAI regresa, en parte, como ingreso y otra como aumento del valor de su stake (término que se utiliza para medir el nivel de confianza que tenemos en una apuesta).

    En cada giro parece haber más actividad, más demanda, más ingresos y valoraciones más altas. Pero una parte importante del dinero que alimenta la demanda es capital que los propios actores del círculo inyectaron antes. Mientras la rueda gira rápido, Nvidia, CoreWeave, OpenAI y Microsoft celebran ganancias en distintas formas: ventas de chips, ingresos de nube, revalorización de acciones y participaciones. El día que el capital nuevo deje de entrar con la misma fuerza, o que las empresas y los usuarios reales no paguen precios suficientes para cubrir el coste de toda esa infraestructura, la rueda se frena.

    Aquí el centro del problema: la diferencia entre inversión y su retornos o ganancia. Los llamados hiperescalares — Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle— están en una carrera de gasto gigantesca. El BIS calcula que este auge de inversión en IA se encuentra entre los más rápidos e intensos de la historia tecnológica estadounidense y que la inversión conjunta de los principales grandes tecnológicas superará con holgura el billón de dólares entre 2025 y 2026. Y esto en un contexto en el que el gasto de capital de 2026 ya se proyecta por encima de los 700.000 millones de dólares. El punto no es que estos montos sean imposibles de financiar para grupos tan grandes; el punto es que la velocidad del gasto está muy por delante de la capacidad de demostrar retornos consistentes.

    Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿la IA está generando productividad suficiente como para justificar semejante expansión? La respuesta más prudente, por ahora, es: todavía no de manera generalizada. Hay usos valiosos, sí, y hay casos concretos de eficiencia, pero la evidencia agregada sigue mostrando una brecha enorme entre entusiasmo e impacto medible. Informes citados por la prensa económica hablan de tasas de retorno muy bajas o nulas en buena parte de las implementaciones empresariales, y el propio BIS advierte que no es seguro que, en el corto plazo, la IA funcione como fuerza deflacionaria o como máquina de ganancias rápidas para toda la economía.

    Ese desajuste importa porque el mercado tiende a premiar la promesa antes que el resultado. En otras palabras, la inversión en capital puede seguir subiendo mientras los ingresos aún no llegan, siempre que el financiamiento sea abundante y la confianza no se rompa. Pero cuando esa confianza se debilita, el castigo es abrupto. El BIS compara la bonanza actual con cinco grandes episodios históricos de inversión: “La fiebre de los canales en la década de 1830; la burbuja ferroviaria británica de los años 1840; la electrificación de comienzos del siglo XX; la exuberancia de los años veinte y la burbuja de las puntocom de finales de los noventa compartieron un rasgo común: todos ellos surgieron a partir de auténticas revoluciones tecnológicas que atrajeron mucho más capital del que posteriormente pudieron justificar sus rendimientos comerciales«.

    La extrema exposición de Corea del Sur encaja en esa lógica. Corea es una economía profundamente entrelazada con los semiconductores, y por eso concentra tanto la promesa como el riesgo. Cuando suben las expectativas sobre IA, suben también los precios de las firmas coreanas vinculadas a chips y memorias; pero cuando el mercado duda de la rentabilidad del sector, la caída golpea de manera desproporcionada. La corrección no es solo bursátil: puede afectar empleo, inversión, consumo y financiamiento corporativo. Además, en Corea el endeudamiento de los hogares es extraordinariamente alto, lo que vuelve más sensible cualquier caída del efecto riqueza. Un retroceso fuerte en activos financieros o inmobiliarios reduce la confianza del consumidor y puede deteriorar la calidad del crédito doméstico.

    La deuda de hogares en Corea alcanzó récords cercanos a 1,4 billones de dólares en 2026. La ratio deuda/ingreso disponible está entre los más altos de la OCDE. Veamos cómo funciona un incremento bursátil o una caída. El rally del índice de bolsa coreano (KOSPI), impulsado por Samsung y SK Hynix, ligadas a la IA, genera efecto riqueza al aumentar un 54% su valorización bursátil. Las exportaciones de chips superaron a las de autos, barcos y electrónica; en junio de 2026 crecieron un 70,9% interanual, donde Samsung y SK Hynix concentran la mayoría del aumento. El índice subió, pero también sufrió caídas brutales de hasta 40% desde picos de junio.

    Si tenía acciones de Samsung que valían 10, ahora valen 15.4, ese es el efecto riqueza, quienes tienen este tipo de acciones tomaron un préstamo para comprar más acciones o aumentar su hipoteca, para invertir el efecto riqueza. En mayo 2026 el endeudamiento mensual saltó bruscamente. Parte de las plusvalías de acciones se destinan a vivienda. Ahora, si el índice bursátil corrige a la baja, tal como pasó (-40%), el patrimonio neto de los hogares cae, y las acciones que estaban a 15.4 pasan a 11. Esta disminución lleva a aumenta la morosidad y reducir el consumo, amplificando el shock macro. El Banco de Corea sube el interés por la fuga de capitales de las ganancias del auge de semiconductores y las deudas tomadas se encarecen, lo que afecta la demanda doméstica y la estabilidad financiera.

    La fuga de capitales hacia las tecnológicas estadounidenses tiene un efecto adicional: alimenta aún más el ecosistema de la IA en los Estados Unidos y reduce el margen de Asia para sostener sus propias inversiones sin tensionar moneda, inflación y tasas. Es decir, el centro absorbe capital del resto del mundo justo en el momento en que ese resto del mundo necesita inversión productiva y estabilidad financiera. Así, la IA no solo es una carrera entre empresas; también es una carrera entre sistemas monetarios y entre regiones que compiten por financiar el futuro.

    A esto se suma la colaboración de Estados y fondos soberanos, especialmente en el Golfo. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han entrado con fuerza en la financiación de infraestructura de IA, ya sea por medio de acuerdos con grandes tecnológicas o mediante vehículos soberanos vinculados a centros de datos, computación y modelos de escala global. Ese apoyo no es menor: aporta capital, acelera despliegue y refuerza la cadena global de infraestructura. Pero también introduce una dependencia estructural sobre energía, materiales y estabilidad geopolítica. Los centros de datos requieren electricidad masiva y continua, redes robustas, refrigeración intensiva, chips, agua y, además, acceso a insumos industriales y a rutas de suministro seguras.

    En otras palabras, la IA no es solo software. Es un sistema físico. Y como sistema físico, depende de electricidad, agua, cobre, tierras raras, logística y paz comercial. Por eso el Golfo es, a la vez, parte de la solución y del problema: aporta energía y capital, pero también convierte la expansión de la IA en un proceso expuesto a tensiones regionales, precios del petróleo, conflictos en rutas marítimas y riesgos sobre materiales críticos. Si algo interrumpe ese engranaje —una subida del costo energético, un cuello de botella en chips de memoria o una perturbación geopolítica— el modelo de crecimiento puede perder velocidad muy rápido.

    El private credit agrega opacidad a una historia que ya es compleja. Gran parte de la infraestructura de IA no está financiada exclusivamente por la banca tradicional ni por emisiones públicas transparentes, sino por fondos privados y estructuras diseñadas para acomodar riesgos específicos. Eso puede ser funcional en fase expansiva, pero también puede ocultar el verdadero nivel de apalancamiento del sistema. Cuando el financiamiento se vuelve menos transparente, el mercado tarda más en ver el deterioro; y cuando finalmente lo ve, suele reaccionar con mayor violencia. El BIS subraya precisamente el aumento de la deuda, la presencia de vehículos especiales y la arquitectura de financiamiento cruzado como una fuente de fragilidad sistémica.

    ¿Significa esto que la IA es una burbuja sin valor económico? No. Significa algo más incómodo: que una tecnología genuinamente transformadora puede convivir con una estructura financiera inestable. Esa es la gran lección de la historia económica. Los canales, los ferrocarriles, la electrificación, la industria digital y luego internet no fueron ilusiones; fueron revoluciones reales. Pero la historia enseña que las revoluciones tecnológicas suelen atraer más capital del que los retornos de corto plazo pueden soportar. El resultado no es necesariamente el fracaso de la tecnología, sino el fracaso de las expectativas financieras que la rodean.

    Por eso Corea del Sur no debe leerse como un caso nacional aislado. Es una advertencia. Un mercado concentrado, una economía abierta, una exposición alta a semiconductores, con hogares muy endeudado y una dependencia fuerte del ciclo tecnológico global pueden transformar una corrección bursátil en una señal sistémica. Si la rentabilidad de la IA sigue siendo baja, si la inversión sigue creciendo más rápido que los ingresos, si el private credit sigue acumulando riesgo opaco y si los bancos centrales se ven obligados a defender monedas mientras toleran inflación y menor crecimiento, entonces el desenlace puede ser un freno prolongado a la inversión, una presión sobre bonos y una desaceleración más amplia.

    En ese sentido, la pregunta relevante no es si la IA cambiará el mundo. Eso ya está ocurriendo. La pregunta es quién paga la transición, cuánto cuesta financiarla y qué pasa si la promesa de productividad tarda demasiado en materializarse. Corea del Sur, Japón, los grandes tecnológicas, los fondos del Golfo y el crédito privado están escribiendo hoy esa respuesta. Y no todos los capítulos prometen un final feliz.

    Corea del Sur no es una excepción exótica ni una víctima aislada de la volatilidad. Es un espejo. Refleja una economía atrapada entre la promesa de la productividad futura y las obligaciones financieras del presente. El canario todavía no ha muerto, pero ya dejó de cantar. Y cuando una mina escucha ese silencio, no conviene discutir si el ave exagera: conviene empezar a salir.

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  6. Google DeepMind enters a new era as co-founder Demis Hassabis shifts AI role
    By Dan Milmo and Aisha Down

    Observers express concern that the division has lost its independence and commercial reality has taken over

    theguardian.com/technology/202

    #DeepMind #Google #AIartificialintelligence #Alphabet #Technology #USnews #Computing #UKnews #TheGuardian #DanMilmo #AishaDown

  7. Google DeepMind enters a new era as co-founder Demis Hassabis shifts AI role
    By Dan Milmo and Aisha Down

    Observers express concern that the division has lost its independence and commercial reality has taken over

    theguardian.com/technology/202

    #DeepMind #Google #AIartificialintelligence #Alphabet #Technology #USnews #Computing #UKnews #TheGuardian #DanMilmo #AishaDown

  8. DeepMind Says Its AI Can Predict Hurricanes Earlier Than Everyone Else

    In October 2025, a storm brewed over the Caribbean Sea. Weather models differed on its trajectory. Would it…
    #NewsBeep #News #Headlines #Alphabet #ArtificialIntelligence #Climate #Data #deepmind #environment #Google #Weather #World
    newsbeep.com/681490/

  9. Demis Hassabis renunță la funcția de director 🧠#GoogleDeepMind, într-o reorganizare majoră a diviziei AI din cadrul 🔎#Google. Va deveni cercetător-șef în compania-mamă #Alphabet. Important cercetător în domeniu, Hassabis spune că vrea să accelereze dezvoltarea inteligenței artificiale generale. Alți doi ingineri 🔎#Google cu experiență părăsesc compania, de teama că pierde teren în cursa AI.

    🔗 biziday.ro/?p=365372

    #Știri #Tehnologie #InteligențaArtificială #AI #DeepMind

  10. Google is losing some of its most prominent AI veterans, casting doubt over leadership in a critical area of growth right as competition intensifies. japantimes.co.jp/business/2026 #business #tech #google #ai #alphabet #tech

  11. Google is losing some of its most prominent AI veterans, casting doubt over leadership in a critical area of growth right as competition intensifies. japantimes.co.jp/business/2026 #business #tech #google #ai #alphabet #tech

  12. RT @SBetschinger: Diese Meldung hat noch nicht die Aufmerksamkeit bekommen, die sie verdient. Alphabet hat am Freitag ein Betriebssystem für Humanoide Roboter vorgestellt. Tausende Startups und Konzerne können darauf aufsetzen und Humanoide entwickeln. traderzeitung.de/boerse/hot-… Link Alphabet: Gemini Robotics ER 2 als KI-Plattform für die nächste Generation von Robotern Alphabet präsentierte mit „Gemini Robotics ER 2“ eine neue Steuerungssoftware für die Zusammenarbeit von Robotern in Echtzeit. Mehrere Robotertypen... traderzeitung.de

    mehr auf Arint.info

    #Alphabet #Humanoide #Innovation #KI #Robotik #Technologie #arint_info

    https://x.com/SBetschinger/status/2084305967173304651#m

  13. Opinion: Google Has Become Too Powerful for Democracy to Ignore

    By Cliff Potts | WPS News Opinion

    BAYBAY CITY, LEYTE, Philippines, August 3, 2026 — 0005 PhST

    The question is no longer whether Google has become one of the most influential corporations in human history. That question has already been answered.

    The real question is whether any democratic society should permit a single private corporation to exercise such sweeping control over how information is discovered, distributed, monetized, and preserved.

    Google is no longer merely a search engine.

    Through its parent company, Alphabet, Google controls the world’s dominant search platform, YouTube, the Android operating system, the Google Play Store, one of the largest digital-advertising operations in existence, the Chrome browser, major artificial-intelligence systems, mapping services, analytics, cloud infrastructure, and an extraordinary volume of information about its users.

    Each of those operations is powerful on its own.

    Combined under one corporate roof, they create a digital ecosystem capable of influencing who is found, who earns money, which businesses reach customers, which applications succeed, which publishers remain visible, and which voices effectively disappear.

    That ownership structure creates the opportunity for abuse.

    Google Search can reinforce Google advertising. Android can reinforce Google Search. Chrome can reinforce both. The Play Store can dictate the terms under which software developers reach mobile users. YouTube can determine which videos are recommended, which channels qualify for advertising revenue, and which publishers lose practical access to audiences they spent years building.

    None of this requires a secret meeting in which executives decide to destroy one particular publisher.

    A recommendation system can quietly stop recommending a channel. A search-ranking adjustment can bury a publication. An automated advertising classification can eliminate revenue. An account restriction can remove years of accumulated work.

    The person or organization affected may receive little more than a generic notice—or no useful explanation at all.

    That is an unacceptable amount of unaccountable power.

    Breaking Up Google Is Not a Fringe Proposal

    Calls for structural action against Google are not confined to activists, angry creators, or small publishers.

    In 2024, a federal court found that Google had illegally maintained monopolies in general search services and general search-text advertising. During the remedies phase, the United States Department of Justice proposed measures that included forcing Google to divest Chrome and restricting its use of Android and other products to protect its search dominance.

    The court ultimately rejected the proposed Chrome divestiture. Its final judgment instead prohibited certain exclusive distribution contracts, required Google to provide qualifying competitors with access to specified search and user-interaction data, ordered syndication opportunities for search results and advertising, and established continuing technical oversight.

    Those remedies were significant, but the court’s decision not to order a breakup does not make structural separation an unreasonable idea. It confirms that divestiture was seriously proposed, litigated, and considered within an actual federal antitrust case—not invented in an internet comment section.

    The Justice Department has also won a separate case in which a federal court found that Google unlawfully monopolized important parts of the open-web digital-advertising market. According to the Justice Department, Google’s conduct harmed publishers, competition, and ultimately the consumers who depend upon information distributed across the open web.

    That finding should matter greatly to every independent news organization.

    A company that controls advertising technology while also operating competing services does not occupy the position of a neutral intermediary. It participates in the same market it helps govern.

    Google disputes allegations against it and continues exercising its legal rights in court. It is entitled to do so.

    The public is equally entitled to question whether the company should continue controlling so many interconnected layers of the digital economy.

    Europe Already Calls Alphabet a Gatekeeper

    The European Union has formally designated Alphabet a digital “gatekeeper” under the Digital Markets Act.

    The designation covers core services including Google Search, Google Play, Google Maps, Google Shopping, YouTube, Android, Chrome, and Alphabet’s online-advertising operations.

    The term is appropriate.

    These services do not merely compete within digital markets. They frequently determine how other businesses enter those markets, find customers, collect revenue, and survive.

    The Digital Markets Act attempts to address that power before another decade-long competition case reaches its conclusion. Instead of relying exclusively upon punishment after damage has occurred, it places advance obligations and prohibitions upon companies possessing entrenched control over essential digital services.

    That approach recognizes a basic problem with ordinary antitrust enforcement: by the time a case is investigated, tried, appealed, and remedied, smaller competitors may already be gone.

    A fine imposed years later does not restore a publication that closed, a developer who abandoned an application, or a creator whose audience disappeared.

    When financial penalties become routine operating expenses, governments must move beyond fines and consider structural remedies.

    The Transparency Failure

    I cannot honestly claim, without reliable supporting data, that most political creators affected by demonetization or reduced distribution are left-wing, progressive, or pro-democracy publishers.

    Progressive creators have accused YouTube of unequal treatment.

    Conservative creators have made the opposite accusation.

    The available public information does not establish which political group experiences the greatest overall harm.

    That absence of evidence does not clear YouTube.

    It exposes the transparency problem.

    Independent researchers cannot adequately determine whether YouTube’s enforcement is politically neutral because the company does not disclose enough channel-level information about recommendation reductions, monetization classifications, automated decisions, reversals, comparative enforcement, and the practical effects of its algorithms.

    YouTube publishes extensive rules governing monetization and advertiser-friendly content. Those policies describe broad categories of material that may receive limited advertising or no advertising.

    They do not necessarily tell an individual publisher why views dropped from thousands to hundreds and then to tens.

    They do not reveal whether a channel stopped appearing in recommendations.

    They do not explain whether an automated system changed its classification of the channel.

    They do not demonstrate whether politically comparable channels received comparable treatment.

    They do not provide the public with enough information to audit a system that helps determine what billions of people see.

    That is the issue.

    A system does not need to ban political speech outright to diminish it. It can simply stop showing that speech to people.

    I Have Watched the Audience Disappear

    This is not an abstract concern for me.

    I have watched my own work receive thousands of views, then hundreds, and eventually numbers in the tens. That decline occurred while the company controlling distribution provided no intelligible explanation of what changed.

    I cannot prove in a courtroom that Google or YouTube politically targeted Cliff Potts.

    I can prove that an opaque, Google-owned system possessed the practical ability to withdraw access to an audience without explaining itself in any meaningful way.

    That alone is a democratic problem.

    It is also an antitrust problem.

    Journalism, political commentary, music, education, and public advocacy increasingly depend upon privately operated systems that can alter distribution without notice. Publishers may technically remain free to speak while being denied any realistic opportunity to be heard.

    Freedom of speech is not a legal guarantee of an audience.

    But when one corporation has acquired extraordinary control over whether an audience can find that speech, elected governments have every right to investigate how that power is being exercised.

    Break Apart the Conflicting Functions

    The answer is not another vague request that YouTube “do better.”

    The ownership structure itself must be examined.

    Search should not reinforce advertising.

    Advertising should not reinforce YouTube.

    Android should not reinforce Search.

    The Play Store should not reinforce every other Google business.

    Chrome should not function as another mechanism for protecting Google’s position.

    Artificial intelligence should not be allowed to absorb information from independent publishers, answer users directly, and then deprive the original publishers of the traffic required to survive.

    Conflicting business functions should be separated.

    Self-preferencing should be prohibited.

    Recommendation and monetization systems should be independently audited.

    Publishers and creators should receive meaningful explanations when distribution or revenue is materially restricted.

    Appeals should be decided by accountable human reviewers rather than disappearing into another automated system.

    Regulators should have access to the records necessary to determine whether enforcement is consistent, discriminatory, anticompetitive, or politically uneven.

    Independent researchers should be permitted to study the effects of recommendation systems without depending entirely upon information selected and released by the company being examined.

    When fines fail to change conduct, structural separation should remain available.

    These are not attacks upon innovation.

    They are protections against concentrated power.

    Democratic societies regulate utilities, financial institutions, telecommunications systems, transportation networks, and other industries capable of affecting the public at enormous scale.

    They should not exempt the corporations governing digital discovery merely because their control is exercised through algorithms instead of physical gates.

    No private company should possess the practical ability to determine who is discovered, who is heard, who earns a living, and who quietly disappears from public view without meaningful explanation or independent oversight.

    Google has become too powerful for democracy to ignore.

    The only remaining question is whether democratic governments will act before that power becomes permanent.

    Sources

    U.S. Department of Justice: Department of Justice Prevails in Landmark Antitrust Case Against Google

    U.S. Department of Justice: Department of Justice Wins Significant Remedies Against Google

    U.S. Department of Justice: United States and Plaintiff States v. Google LLC

    European Commission: Digital Markets Act Designated Gatekeepers

    European Commission: The Digital Markets Act

    YouTube: Channel Monetization Policies

    YouTube: What Kind of Content Can I Monetize?

    Contact Cliff Potts

    Cliff Potts
    Founder, Publisher & Editor
    WPS News
    Baybay City, Leyte, Philippines

    WPS News
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    Bluesky — Preferred Public Contact
    WTFM.LOL

    Occupy 2.5
    Occupy25.com

    Cliff Potts
    CliffPotts.org

    Cliff Potts is also the creator of Cliff Potts & the AI Rebellion, with music available on Spotify, iHeartRadio, Apple Music, Amazon Music, YouTube Music, Deezer, TIDAL, Pandora, and other major streaming platforms worldwide.

    For news, commentary, music, and ongoing projects, begin with WPS.News or contact Cliff publicly through Bluesky at WTFM.LOL.

    #algorithmicTransparency #Alphabet #Android #antitrust #BigTechRegulation #Chrome #CliffPotts #Democracy #DepartmentOfJustice #digitalGatekeepers #DigitalMarketsAct #EuropeanUnion #Google #GoogleAdvertising #GoogleBreakup #GoogleMonopoly #GooglePlayStore #GoogleSearch #independentPublishers #journalism #politicalSpeech #recommendationAlgorithms #structuralSeparation #WPSNewsOpinion #YouTube #YouTubeDemonetization
  14. Opinion: Google Has Become Too Powerful for Democracy to Ignore

    By Cliff Potts | WPS News Opinion

    BAYBAY CITY, LEYTE, Philippines, August 3, 2026 — 0005 PhST

    The question is no longer whether Google has become one of the most influential corporations in human history. That question has already been answered.

    The real question is whether any democratic society should permit a single private corporation to exercise such sweeping control over how information is discovered, distributed, monetized, and preserved.

    Google is no longer merely a search engine.

    Through its parent company, Alphabet, Google controls the world’s dominant search platform, YouTube, the Android operating system, the Google Play Store, one of the largest digital-advertising operations in existence, the Chrome browser, major artificial-intelligence systems, mapping services, analytics, cloud infrastructure, and an extraordinary volume of information about its users.

    Each of those operations is powerful on its own.

    Combined under one corporate roof, they create a digital ecosystem capable of influencing who is found, who earns money, which businesses reach customers, which applications succeed, which publishers remain visible, and which voices effectively disappear.

    That ownership structure creates the opportunity for abuse.

    Google Search can reinforce Google advertising. Android can reinforce Google Search. Chrome can reinforce both. The Play Store can dictate the terms under which software developers reach mobile users. YouTube can determine which videos are recommended, which channels qualify for advertising revenue, and which publishers lose practical access to audiences they spent years building.

    None of this requires a secret meeting in which executives decide to destroy one particular publisher.

    A recommendation system can quietly stop recommending a channel. A search-ranking adjustment can bury a publication. An automated advertising classification can eliminate revenue. An account restriction can remove years of accumulated work.

    The person or organization affected may receive little more than a generic notice—or no useful explanation at all.

    That is an unacceptable amount of unaccountable power.

    Breaking Up Google Is Not a Fringe Proposal

    Calls for structural action against Google are not confined to activists, angry creators, or small publishers.

    In 2024, a federal court found that Google had illegally maintained monopolies in general search services and general search-text advertising. During the remedies phase, the United States Department of Justice proposed measures that included forcing Google to divest Chrome and restricting its use of Android and other products to protect its search dominance.

    The court ultimately rejected the proposed Chrome divestiture. Its final judgment instead prohibited certain exclusive distribution contracts, required Google to provide qualifying competitors with access to specified search and user-interaction data, ordered syndication opportunities for search results and advertising, and established continuing technical oversight.

    Those remedies were significant, but the court’s decision not to order a breakup does not make structural separation an unreasonable idea. It confirms that divestiture was seriously proposed, litigated, and considered within an actual federal antitrust case—not invented in an internet comment section.

    The Justice Department has also won a separate case in which a federal court found that Google unlawfully monopolized important parts of the open-web digital-advertising market. According to the Justice Department, Google’s conduct harmed publishers, competition, and ultimately the consumers who depend upon information distributed across the open web.

    That finding should matter greatly to every independent news organization.

    A company that controls advertising technology while also operating competing services does not occupy the position of a neutral intermediary. It participates in the same market it helps govern.

    Google disputes allegations against it and continues exercising its legal rights in court. It is entitled to do so.

    The public is equally entitled to question whether the company should continue controlling so many interconnected layers of the digital economy.

    Europe Already Calls Alphabet a Gatekeeper

    The European Union has formally designated Alphabet a digital “gatekeeper” under the Digital Markets Act.

    The designation covers core services including Google Search, Google Play, Google Maps, Google Shopping, YouTube, Android, Chrome, and Alphabet’s online-advertising operations.

    The term is appropriate.

    These services do not merely compete within digital markets. They frequently determine how other businesses enter those markets, find customers, collect revenue, and survive.

    The Digital Markets Act attempts to address that power before another decade-long competition case reaches its conclusion. Instead of relying exclusively upon punishment after damage has occurred, it places advance obligations and prohibitions upon companies possessing entrenched control over essential digital services.

    That approach recognizes a basic problem with ordinary antitrust enforcement: by the time a case is investigated, tried, appealed, and remedied, smaller competitors may already be gone.

    A fine imposed years later does not restore a publication that closed, a developer who abandoned an application, or a creator whose audience disappeared.

    When financial penalties become routine operating expenses, governments must move beyond fines and consider structural remedies.

    The Transparency Failure

    I cannot honestly claim, without reliable supporting data, that most political creators affected by demonetization or reduced distribution are left-wing, progressive, or pro-democracy publishers.

    Progressive creators have accused YouTube of unequal treatment.

    Conservative creators have made the opposite accusation.

    The available public information does not establish which political group experiences the greatest overall harm.

    That absence of evidence does not clear YouTube.

    It exposes the transparency problem.

    Independent researchers cannot adequately determine whether YouTube’s enforcement is politically neutral because the company does not disclose enough channel-level information about recommendation reductions, monetization classifications, automated decisions, reversals, comparative enforcement, and the practical effects of its algorithms.

    YouTube publishes extensive rules governing monetization and advertiser-friendly content. Those policies describe broad categories of material that may receive limited advertising or no advertising.

    They do not necessarily tell an individual publisher why views dropped from thousands to hundreds and then to tens.

    They do not reveal whether a channel stopped appearing in recommendations.

    They do not explain whether an automated system changed its classification of the channel.

    They do not demonstrate whether politically comparable channels received comparable treatment.

    They do not provide the public with enough information to audit a system that helps determine what billions of people see.

    That is the issue.

    A system does not need to ban political speech outright to diminish it. It can simply stop showing that speech to people.

    I Have Watched the Audience Disappear

    This is not an abstract concern for me.

    I have watched my own work receive thousands of views, then hundreds, and eventually numbers in the tens. That decline occurred while the company controlling distribution provided no intelligible explanation of what changed.

    I cannot prove in a courtroom that Google or YouTube politically targeted Cliff Potts.

    I can prove that an opaque, Google-owned system possessed the practical ability to withdraw access to an audience without explaining itself in any meaningful way.

    That alone is a democratic problem.

    It is also an antitrust problem.

    Journalism, political commentary, music, education, and public advocacy increasingly depend upon privately operated systems that can alter distribution without notice. Publishers may technically remain free to speak while being denied any realistic opportunity to be heard.

    Freedom of speech is not a legal guarantee of an audience.

    But when one corporation has acquired extraordinary control over whether an audience can find that speech, elected governments have every right to investigate how that power is being exercised.

    Break Apart the Conflicting Functions

    The answer is not another vague request that YouTube “do better.”

    The ownership structure itself must be examined.

    Search should not reinforce advertising.

    Advertising should not reinforce YouTube.

    Android should not reinforce Search.

    The Play Store should not reinforce every other Google business.

    Chrome should not function as another mechanism for protecting Google’s position.

    Artificial intelligence should not be allowed to absorb information from independent publishers, answer users directly, and then deprive the original publishers of the traffic required to survive.

    Conflicting business functions should be separated.

    Self-preferencing should be prohibited.

    Recommendation and monetization systems should be independently audited.

    Publishers and creators should receive meaningful explanations when distribution or revenue is materially restricted.

    Appeals should be decided by accountable human reviewers rather than disappearing into another automated system.

    Regulators should have access to the records necessary to determine whether enforcement is consistent, discriminatory, anticompetitive, or politically uneven.

    Independent researchers should be permitted to study the effects of recommendation systems without depending entirely upon information selected and released by the company being examined.

    When fines fail to change conduct, structural separation should remain available.

    These are not attacks upon innovation.

    They are protections against concentrated power.

    Democratic societies regulate utilities, financial institutions, telecommunications systems, transportation networks, and other industries capable of affecting the public at enormous scale.

    They should not exempt the corporations governing digital discovery merely because their control is exercised through algorithms instead of physical gates.

    No private company should possess the practical ability to determine who is discovered, who is heard, who earns a living, and who quietly disappears from public view without meaningful explanation or independent oversight.

    Google has become too powerful for democracy to ignore.

    The only remaining question is whether democratic governments will act before that power becomes permanent.

    Sources

    U.S. Department of Justice: Department of Justice Prevails in Landmark Antitrust Case Against Google

    U.S. Department of Justice: Department of Justice Wins Significant Remedies Against Google

    U.S. Department of Justice: United States and Plaintiff States v. Google LLC

    European Commission: Digital Markets Act Designated Gatekeepers

    European Commission: The Digital Markets Act

    YouTube: Channel Monetization Policies

    YouTube: What Kind of Content Can I Monetize?

    Contact Cliff Potts

    Cliff Potts
    Founder, Publisher & Editor
    WPS News
    Baybay City, Leyte, Philippines

    WPS News
    WPS.News

    Bluesky — Preferred Public Contact
    WTFM.LOL

    Occupy 2.5
    Occupy25.com

    Cliff Potts
    CliffPotts.org

    Cliff Potts is also the creator of Cliff Potts & the AI Rebellion, with music available on Spotify, iHeartRadio, Apple Music, Amazon Music, YouTube Music, Deezer, TIDAL, Pandora, and other major streaming platforms worldwide.

    For news, commentary, music, and ongoing projects, begin with WPS.News or contact Cliff publicly through Bluesky at WTFM.LOL.

    #algorithmicTransparency #Alphabet #Android #antitrust #BigTechRegulation #Chrome #CliffPotts #Democracy #DepartmentOfJustice #digitalGatekeepers #DigitalMarketsAct #EuropeanUnion #Google #GoogleAdvertising #GoogleBreakup #GoogleMonopoly #GooglePlayStore #GoogleSearch #independentPublishers #journalism #politicalSpeech #recommendationAlgorithms #structuralSeparation #WPSNewsOpinion #YouTube #YouTubeDemonetization
  15. Google (Alphabet) retire en catastrophe la possibilité de générer des images satellitaires par IA: les utilisateurs ont pu "placer des réfugiés près de la frontière mexicaine, une centrale nucléaire en Iran, un accident mortel dans une rue d'Amsterdam et un hôpital avec un cratère de bombe à Gaza. Rien n'a été refusé", comme l'écrit l'expert en enquêtes numériques Henk van Ess. Qui aurait pu prédire... digitaldigging.org/p/nano-bana

    #Politique #Alphabet #Google #IntelligenceArtificielle #IA #Tech

  16. Google (Alphabet) retire en catastrophe la possibilité de générer des images satellitaires par IA: les utilisateurs ont pu "placer des réfugiés près de la frontière mexicaine, une centrale nucléaire en Iran, un accident mortel dans une rue d'Amsterdam et un hôpital avec un cratère de bombe à Gaza. Rien n'a été refusé", comme l'écrit l'expert en enquêtes numériques Henk van Ess. Qui aurait pu prédire... digitaldigging.org/p/nano-bana

    #Politique #Alphabet #Google #IntelligenceArtificielle #IA #Tech

  17. Za kulisami wyników finansowych Apple powiedziało całkiem sporo

    Poza samymi liczbami z rekordowego kwartału, podczas rozmowy z inwestorami Apple zdradziło więcej, niż zwykle: dlaczego podniosło ceny, ile wyda na płatne funkcje AI, czego się spodziewa po wrześniu i jak wygląda pożegnanie Tima Cooka z fotela CEO.

    Jak pisaliśmy w głównym tekście o wynikach finansowych, Apple pobiło oczekiwania rynku w trzecim kwartale roku fiskalnego 2026. Ale to, co padło podczas samej rozmowy z analitykami, jest równie ciekawe co suche liczby — a czasem ciekawsze. Zebraliśmy najważniejsze wątki w jednym miejscu.

    „Stuletnia powódź” na rynku pamięci

    Zapytany wprost o czerwcowe podwyżki cen Maców i iPadów, o których pisaliśmy szczegółowo, Tim Cook nie owijał w bawełnę. Jak podaje MacRumors, Cook przyznał, że Apple podniosło ceny niechętnie, tłumacząc to sytuacją, którą określił mianem „stuletniej powodzi” na rynku cen pamięci — wykładniczych wzrostów, wobec których firma nie miała wyjścia. Zapytany, czy przy takich decyzjach Apple kieruje się bardziej ochroną marży procentowej, czy bezwzględnej kwoty zysku, odpowiedział, że to złożona kalkulacja uwzględniająca jednocześnie wolumen sprzedaży, przychód i marżę w perspektywie długoterminowej, a nie prosty wzór matematyczny.

    Jeśli chodzi o nasze podejście do kwestii kwot w dolarach czy wartości procentowych, bierzemy pod uwagę liczbę sztuk, przychody i marżę, a następnie podejmujemy decyzję biznesową dotyczącą tego, jak postąpić w danej sytuacji. Nie jest to więc wzór matematyczny, który prowadzi nas do konkretnego wyniku, ani też nie ograniczamy się do analizy tylko jednego aspektu. Bierzemy pod uwagę wszystkie trzy aspekty i rozważamy sprawę w perspektywie długoterminowej, a nie, no wiecie, w horyzoncie 90 dni.

    Cook nie skomentował wprost, czy ceny iPhone’a 18 Pro i pierwszego składanego modelu wzrosną przy wrześniowej premierze, ale wielu analityków się tego spodziewa. Potwierdził za to, że Apple spodziewa się jeszcze wyższych kosztów pamięci w nadchodzącym kwartale, choć część tego wzrostu uda się częściowo zamortyzować niższymi kosztami innych komponentów oraz zapasami zgromadzonymi wcześniej.

    Płatne AI w iCloud+ — plany dopiero się kształtują

    Drugi wątek dotyczy przyszłości monetyzacji Apple Intelligence. Cook potwierdził, jak opisuje MacRumors, że Apple planuje umożliwić płatne rozszerzenie limitów korzystania z funkcji AI poprzez plany iCloud+ — coś w rodzaju „wykupienia wyższego poziomu” dla osób intensywnie korzystających z takich narzędzi jak Image Playground. Sam przyznał jednak, że to wciąż wczesny etap i firma nie ma jeszcze gotowego, kompletnego planu co do tego, jak dokładnie rozliczać koszty mocy obliczeniowej. Konkretne cenniki prawdopodobnie poznamy dopiero przy wrześniowej premierze iOS 27 — sama Siri AI ma pozostać bezpłatna.

    Jeśli chodzi o wpływ na koszty obliczeniowe, to oczywiście jesteśmy dopiero na początku drogi, więc nie chcę twierdzić, że mamy już gotowy plan w tej kwestii. Jesteśmy jednak przekonani, że znajdą się osoby, które będą chciały intensywnie z tej usługi korzystać, i zamierzamy udostępnić pewne opcje rozszerzenia pakietu w ramach iCloud+, dzięki którym użytkownicy będą mogli wykupić wyższy poziom dostępu. Zobaczymy, jak ta usługa zostanie przyjęta.

    Ostatnia rozmowa Cooka jako CEO

    Ta rozmowa z inwestorami miała też wymiar symboliczny — to ostatni raz, gdy Cook prowadził ją jako CEO Apple. Jak informuje MacRumors, Cook otwarcie podziękował akcjonariuszom, w szczególności tym długoletnim, oraz analitykom śledzącym firmę przez lata, zaznaczając, że od teraz kolejne rozmowy poprowadzi już John Ternus. Ocenił przejście władzy jako przebiegające bez zakłóceń i wyraził pełne zaufanie do nowego kierownictwa, dodając, że nigdy nie czuł się bardziej optymistycznie co do przyszłości firmy. Jak przypominaliśmy wcześniej przy okazji artykułu o pięciobilionowej kapitalizacji Apple, Cook formalnie przejdzie na stanowisko przewodniczącego wykonawczego rady nadzorczej 1 września.

    Ostrzeżenie przed wrześniem: popyt większy niż podaż

    Najbardziej niepokojący fragment rozmowy dotyczył prognoz na nadchodzący kwartał. Jak podaje MacRumors, Cook zapowiedział, że ograniczenia podażowe będą miały znacznie większy wpływ na przychody w kwartale wrześniowym, obejmując iPhone’a, iPada i Maca. Podkreślił przy tym mocno jedną rzecz: to nie jest problem z dostawcami czy partnerami, tylko efekt wyjątkowo silnego popytu na iPhone’a i Maca, przewyższającego wcześniejsze prognozy samego Apple. Firma zapłaciła w minionym kwartale więcej za pamięć niż w poprzednim, a w kwartale wrześniowym spodziewa się jeszcze wyższych kosztów. Cook wspomniał też, że rynek DRAM obsługuje obecnie zaledwie trzech dostawców — więcej graczy mogłoby pomóc zarówno w kwestii dostępności, jak potencjalnie i cen — i że Apple rozważa wszystkie dostępne opcje.

    App Store: gaming słabnie, zmiany regulacyjne kosztują

    Przychody z usług wyniosły 30,7 mld dolarów, wzrost o 12% rok do roku — ale poniżej oczekiwań analityków, co skłoniło ich do dopytywania o przyczyny. Jak wyjaśnia MacRumors, CFO Kevan Parekh wskazał na osłabienie w segmencie gier mobilnych oraz zmiany w modelu biznesowym App Store wprowadzone w niektórych krajach — w tym w USA, gdzie Apple wciąż działa pod wyrokiem sądu dotyczącym transakcji kierujących poza aplikację, choć firma cieszy się, że Sąd Najwyższy zgodził się rozpatrzyć jej apelację. Mimo tych przeciwności App Store i tak ustanowił rekord przychodów dla kwartału czerwcowego, a Apple odnotowało dwucyfrowy wzrost w usługach chmurowych, wideo, płatnościach i reklamie, z rekordową liczbą użytkowników Apple Pay. Parekh dodał, że na wynik wpłynęły też niekorzystne kursy walutowe oraz brak w tym roku odpowiednika ubiegłorocznej premiery kinowej filmu „F1”.

    Rekordowe wydatki na badania i rozwój

    Jak informuje 9to5Mac, Apple wydało w tym kwartale rekordowe 11,73 mld dolarów na badania i rozwój — wzrost o 32% rok do roku, co daje łącznie 34,04 mld dolarów wydanych na R&D od początku roku fiskalnego, niemal dorównując całorocznemu wynikowi za 2025 rok, mimo że został jeszcze jeden kwartał do końca roku. Cook wcześniej otwarcie mówił o przyspieszającym tempie inwestycji w AI, a Parekh dodawał, że wydatki na sztuczną inteligencję nakładają się stopniowo na standardowe inwestycje w rozwój produktów.

    Warto dodać kontekst rynkowy: w ostatnich dniach Wall Street surowo karało spółki ogłaszające przyspieszające wydatki na AI bez wyraźnych, krótkoterminowych efektów — akcje Alphabetu spadły o 7% po podniesieniu prognozy nakładów inwestycyjnych, a Meta straciła 9–10% po ujawnieniu gwałtownego spadku wolnych przepływów pieniężnych. Akcje Apple również spadły po publikacji wyników — o ok. 4% w handlu posesyjnym.

    1,5 miliarda płatnych subskrypcji

    Na koniec liczba, która przeszła może najciszej, a mówi bardzo wiele o skali biznesu usługowego Apple. Jak podaje 9to5Mac, firma przekroczyła właśnie próg 1,5 miliarda płatnych subskrypcji — licząc zarówno własne usługi jak iCloud+, Apple Music czy Apple One, jak i wszystkie subskrypcje aplikacji z App Store, od których Apple pobiera prowizję. Dla porównania: granicę miliarda subskrypcji Apple przekroczyło w 2023 roku, co oznacza, że kolejne pół miliarda przybyło w niespełna trzy lata.

    Apple zarobiło więcej, niż oczekiwał rynek. Rekordowy kwartał pokazuje, że iPhone ma się lepiej niż kiedykolwiek

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  18. Za kulisami wyników finansowych Apple powiedziało całkiem sporo

    Poza samymi liczbami z rekordowego kwartału, podczas rozmowy z inwestorami Apple zdradziło więcej, niż zwykle: dlaczego podniosło ceny, ile wyda na płatne funkcje AI, czego się spodziewa po wrześniu i jak wygląda pożegnanie Tima Cooka z fotela CEO.

    Jak pisaliśmy w głównym tekście o wynikach finansowych, Apple pobiło oczekiwania rynku w trzecim kwartale roku fiskalnego 2026. Ale to, co padło podczas samej rozmowy z analitykami, jest równie ciekawe co suche liczby — a czasem ciekawsze. Zebraliśmy najważniejsze wątki w jednym miejscu.

    „Stuletnia powódź” na rynku pamięci

    Zapytany wprost o czerwcowe podwyżki cen Maców i iPadów, o których pisaliśmy szczegółowo, Tim Cook nie owijał w bawełnę. Jak podaje MacRumors, Cook przyznał, że Apple podniosło ceny niechętnie, tłumacząc to sytuacją, którą określił mianem „stuletniej powodzi” na rynku cen pamięci — wykładniczych wzrostów, wobec których firma nie miała wyjścia. Zapytany, czy przy takich decyzjach Apple kieruje się bardziej ochroną marży procentowej, czy bezwzględnej kwoty zysku, odpowiedział, że to złożona kalkulacja uwzględniająca jednocześnie wolumen sprzedaży, przychód i marżę w perspektywie długoterminowej, a nie prosty wzór matematyczny.

    Jeśli chodzi o nasze podejście do kwestii kwot w dolarach czy wartości procentowych, bierzemy pod uwagę liczbę sztuk, przychody i marżę, a następnie podejmujemy decyzję biznesową dotyczącą tego, jak postąpić w danej sytuacji. Nie jest to więc wzór matematyczny, który prowadzi nas do konkretnego wyniku, ani też nie ograniczamy się do analizy tylko jednego aspektu. Bierzemy pod uwagę wszystkie trzy aspekty i rozważamy sprawę w perspektywie długoterminowej, a nie, no wiecie, w horyzoncie 90 dni.

    Cook nie skomentował wprost, czy ceny iPhone’a 18 Pro i pierwszego składanego modelu wzrosną przy wrześniowej premierze, ale wielu analityków się tego spodziewa. Potwierdził za to, że Apple spodziewa się jeszcze wyższych kosztów pamięci w nadchodzącym kwartale, choć część tego wzrostu uda się częściowo zamortyzować niższymi kosztami innych komponentów oraz zapasami zgromadzonymi wcześniej.

    Płatne AI w iCloud+ — plany dopiero się kształtują

    Drugi wątek dotyczy przyszłości monetyzacji Apple Intelligence. Cook potwierdził, jak opisuje MacRumors, że Apple planuje umożliwić płatne rozszerzenie limitów korzystania z funkcji AI poprzez plany iCloud+ — coś w rodzaju „wykupienia wyższego poziomu” dla osób intensywnie korzystających z takich narzędzi jak Image Playground. Sam przyznał jednak, że to wciąż wczesny etap i firma nie ma jeszcze gotowego, kompletnego planu co do tego, jak dokładnie rozliczać koszty mocy obliczeniowej. Konkretne cenniki prawdopodobnie poznamy dopiero przy wrześniowej premierze iOS 27 — sama Siri AI ma pozostać bezpłatna.

    Jeśli chodzi o wpływ na koszty obliczeniowe, to oczywiście jesteśmy dopiero na początku drogi, więc nie chcę twierdzić, że mamy już gotowy plan w tej kwestii. Jesteśmy jednak przekonani, że znajdą się osoby, które będą chciały intensywnie z tej usługi korzystać, i zamierzamy udostępnić pewne opcje rozszerzenia pakietu w ramach iCloud+, dzięki którym użytkownicy będą mogli wykupić wyższy poziom dostępu. Zobaczymy, jak ta usługa zostanie przyjęta.

    Ostatnia rozmowa Cooka jako CEO

    Ta rozmowa z inwestorami miała też wymiar symboliczny — to ostatni raz, gdy Cook prowadził ją jako CEO Apple. Jak informuje MacRumors, Cook otwarcie podziękował akcjonariuszom, w szczególności tym długoletnim, oraz analitykom śledzącym firmę przez lata, zaznaczając, że od teraz kolejne rozmowy poprowadzi już John Ternus. Ocenił przejście władzy jako przebiegające bez zakłóceń i wyraził pełne zaufanie do nowego kierownictwa, dodając, że nigdy nie czuł się bardziej optymistycznie co do przyszłości firmy. Jak przypominaliśmy wcześniej przy okazji artykułu o pięciobilionowej kapitalizacji Apple, Cook formalnie przejdzie na stanowisko przewodniczącego wykonawczego rady nadzorczej 1 września.

    Ostrzeżenie przed wrześniem: popyt większy niż podaż

    Najbardziej niepokojący fragment rozmowy dotyczył prognoz na nadchodzący kwartał. Jak podaje MacRumors, Cook zapowiedział, że ograniczenia podażowe będą miały znacznie większy wpływ na przychody w kwartale wrześniowym, obejmując iPhone’a, iPada i Maca. Podkreślił przy tym mocno jedną rzecz: to nie jest problem z dostawcami czy partnerami, tylko efekt wyjątkowo silnego popytu na iPhone’a i Maca, przewyższającego wcześniejsze prognozy samego Apple. Firma zapłaciła w minionym kwartale więcej za pamięć niż w poprzednim, a w kwartale wrześniowym spodziewa się jeszcze wyższych kosztów. Cook wspomniał też, że rynek DRAM obsługuje obecnie zaledwie trzech dostawców — więcej graczy mogłoby pomóc zarówno w kwestii dostępności, jak potencjalnie i cen — i że Apple rozważa wszystkie dostępne opcje.

    App Store: gaming słabnie, zmiany regulacyjne kosztują

    Przychody z usług wyniosły 30,7 mld dolarów, wzrost o 12% rok do roku — ale poniżej oczekiwań analityków, co skłoniło ich do dopytywania o przyczyny. Jak wyjaśnia MacRumors, CFO Kevan Parekh wskazał na osłabienie w segmencie gier mobilnych oraz zmiany w modelu biznesowym App Store wprowadzone w niektórych krajach — w tym w USA, gdzie Apple wciąż działa pod wyrokiem sądu dotyczącym transakcji kierujących poza aplikację, choć firma cieszy się, że Sąd Najwyższy zgodził się rozpatrzyć jej apelację. Mimo tych przeciwności App Store i tak ustanowił rekord przychodów dla kwartału czerwcowego, a Apple odnotowało dwucyfrowy wzrost w usługach chmurowych, wideo, płatnościach i reklamie, z rekordową liczbą użytkowników Apple Pay. Parekh dodał, że na wynik wpłynęły też niekorzystne kursy walutowe oraz brak w tym roku odpowiednika ubiegłorocznej premiery kinowej filmu „F1”.

    Rekordowe wydatki na badania i rozwój

    Jak informuje 9to5Mac, Apple wydało w tym kwartale rekordowe 11,73 mld dolarów na badania i rozwój — wzrost o 32% rok do roku, co daje łącznie 34,04 mld dolarów wydanych na R&D od początku roku fiskalnego, niemal dorównując całorocznemu wynikowi za 2025 rok, mimo że został jeszcze jeden kwartał do końca roku. Cook wcześniej otwarcie mówił o przyspieszającym tempie inwestycji w AI, a Parekh dodawał, że wydatki na sztuczną inteligencję nakładają się stopniowo na standardowe inwestycje w rozwój produktów.

    Warto dodać kontekst rynkowy: w ostatnich dniach Wall Street surowo karało spółki ogłaszające przyspieszające wydatki na AI bez wyraźnych, krótkoterminowych efektów — akcje Alphabetu spadły o 7% po podniesieniu prognozy nakładów inwestycyjnych, a Meta straciła 9–10% po ujawnieniu gwałtownego spadku wolnych przepływów pieniężnych. Akcje Apple również spadły po publikacji wyników — o ok. 4% w handlu posesyjnym.

    1,5 miliarda płatnych subskrypcji

    Na koniec liczba, która przeszła może najciszej, a mówi bardzo wiele o skali biznesu usługowego Apple. Jak podaje 9to5Mac, firma przekroczyła właśnie próg 1,5 miliarda płatnych subskrypcji — licząc zarówno własne usługi jak iCloud+, Apple Music czy Apple One, jak i wszystkie subskrypcje aplikacji z App Store, od których Apple pobiera prowizję. Dla porównania: granicę miliarda subskrypcji Apple przekroczyło w 2023 roku, co oznacza, że kolejne pół miliarda przybyło w niespełna trzy lata.

    Apple zarobiło więcej, niż oczekiwał rynek. Rekordowy kwartał pokazuje, że iPhone ma się lepiej niż kiedykolwiek

    #Alphabet #AppStore #Apple #AppleIntelligence #badaniaIRozwój #ceny #DRAM #iCloud #JohnTernus #KevanParekh #Meta #pamięć #Q32026 #RD #subskrypcje #TimCook #WallStreet #wynikiFinansowe