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Un dimanche après-midi à lire d'une traite ce roman de Haruki #Murakami, L'incolore Tsukuru Tazaki et ses années de pèlerinage, paru en 2013, traduit en français en 2015, une merveille pour se replonger dans ce qui a fait qu'après notre adolescence nous sommes devenus ce que nous sommes
#silentsunday -
El séptimo hombre, de Murakami: la ola que se llevó a su amigo y el miedo que tardó treinta años en soltar
Sigo con la serie que empecé hace unas semanas: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después de la soledad de Tony Takitani, toca uno de los cuentos más inquietantes del libro: «El séptimo hombre».
Foto: UnsplashUn grupo que se cuenta sus miedos
El relato arranca con un truco sencillo: un grupo de personas reunidas una noche de tormenta se van turnando para contar lo que más miedo les ha dado en la vida. El narrador es el último, el séptimo, y lo que cuenta no es un susto cualquiera. Es algo que le pasó a los diez años y que decidió el resto de su vida, aunque él tardó décadas en entenderlo así.
La ola, K. y la sonrisa que no debía estar ahí
Vive en un pueblo costero, en temporada de tifones. Su mejor amigo se llama K., un chico más pequeño y frágil que él, con un don raro para dibujar. Un día de temporal salen juntos a ver el mar embravecido desde la playa, algo que han hecho otras veces sin que pase nada. Pero esa vez llega una ola distinta, mucho más alta que las demás, y el narrador corre hacia las dunas. K. se queda unos segundos de más. Cuando el narrador se gira para gritarle que corra, ve algo que no debería ver: a K. dentro de la ola, envuelto en el agua, mirándolo con una sonrisa. No de miedo. Una sonrisa.
Esa imagen es la que se le queda grabada, más que la propia desaparición de su amigo. K. no vuelve a aparecer con vida.
Lo que da miedo no es la ola, es quedarse quieto
Ahí está lo mejor del cuento. El peligro real duró segundos. Lo que destroza al narrador durante treinta años no es haber estado cerca de morir, es haberse quedado paralizado mirando a su amigo en vez de gritarle antes, de avisarle, de hacer algo. La culpa no es por lo que la ola hizo. Es por lo que él no hizo. Se muda de pueblo, deja de dibujar aunque se le daba bien, evita el mar, evita casarse, evita casi todo lo que implique acercarse demasiado a otra persona. El miedo que cuenta esa noche no es a las olas: es a quedarse quieto otra vez cuando de verdad importe.
Un dibujo que tarda treinta años en abrirse
Antes de morir, K. le había regalado un dibujo enrollado, hecho para él. El narrador lo guarda sin mirarlo ni una sola vez durante tres décadas, convencido de que dentro hay algo terrible, quizá su propia cara de pánico, quizá la ola misma. Cuando por fin, ya adulto, vuelve al pueblo y se obliga a desenrollarlo, no hay nada monstruoso. Es solo un paisaje, tranquilo, sin nada que temer. El miedo llevaba treinta años viviendo de lo que él imaginaba, no de lo que había dentro del papel.
¿Qué hay dentro de tu dibujo enrollado?
Murakami no necesita monstruos para esto: le basta una ola, un niño que corre y otro que no llega a tiempo. Y una idea que se sostiene sola: a veces el miedo real no está en lo que pasó, está en lo que llevamos años sin atrevernos a mirar de frente.
¿Hay algo que llevas tiempo evitando mirar de cerca solo por si acaso resulta ser tan terrible como lo imaginas?
Si quieres seguir la serie de Sauce ciego, mujer dormida, aquí tienes los relatos que ya he contado: el hombre que desaparece en una escalera y Tony Takitani.
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Tony Takitani, de Murakami: la soledad que hereda hasta la ropa
Sigo con la serie que empecé hace unos días: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después del hombre que desapareció en una escalera, toca uno de los más conocidos del libro: «Tony Takitani».
Foto: UnsplashUn hombre nacido para estar solo
Tony Takitani se llama Tony por casualidad. Su padre, un trombonista japonés que pasó la guerra encarcelado en China, le puso el nombre de un oficial americano al que había tratado, sin pensar demasiado en lo raro que sonaría para un niño creciendo en Japón. Ese nombre extraño marca a Tony desde el principio: un chico solitario, ilustrador de precisión, que nunca ha necesitado a nadie de verdad. Se le da bien dibujar máquinas exactas y vivir sin ruido.
Hasta que conoce a Eiko. Lo que le atrapa de ella no es solo la persona, es la manera en que lleva la ropa, una elegancia que parece casi imposible. Con el tiempo descubre que esa elegancia esconde algo más inquietante: Eiko compra ropa de forma compulsiva, como quien no puede dejar de respirar. Se casan, y la casa empieza a llenarse de armarios que ya no caben.
Lo que queda cuando se van las personas
Eiko muere de golpe, en un accidente de coche, un día que iba a devolver un abrigo. Tony se queda solo en una casa que ya no puede ni mirar, llena de la ropa de su mujer. Contrata a una chica con su misma talla para que se la vaya poniendo, casi como si eso pudiera sustituirla. La candidata se prueba un abrigo y rompe a llorar: dice que sentir tantas ganas de esa ropa le da miedo de sí misma. Tony no puede seguir con la idea. Vende toda la ropa. Años después, cuando muere su padre, hace lo mismo con su inmensa colección de discos de jazz. Al final no le queda nada que le recuerde a nadie. Y esa es, quizás, la única forma de paz que Tony conoce.
Foto: UnsplashMurakami y Carver: la misma economía, soledades distintas
No es casualidad que este relato me recuerde tanto a Raymond Carver. Murakami lo tradujo al japonés a finales de los años ochenta, y tras su muerte le dedicó un ensayo, «Comrades literarios», donde lo llama su maestro más valioso como escritor. Se nota en cada frase de «Tony Takitani»: la misma economía, la misma desconfianza hacia la palabra que explica de más, la misma costumbre de dejar que un objeto concreto, un abrigo, un disco, cargue con el peso de lo que el personaje siente y nunca dice.
Pero la soledad de cada uno nace en un sitio distinto. En Carver, como vimos en «Vecinos» o en «Gordo», el vacío se abre entre dos personas: en una conversación que no llega a ninguna parte, en un matrimonio que funciona hasta que deja de funcionar. Es una soledad de andar por casa, la de no terminar de conocer del todo a quien tienes al lado. En Tony Takitani, la soledad no la provoca ningún desencuentro. Tony ya nació para estar solo, casi por el propio nombre que le pusieron, y los dos intentos que hace por dejar de estarlo, una mujer, una casa llena de cosas, acaban los dos igual: vaciándose. Los objetos ocupan ahí el lugar que deberían ocupar las personas, y cuando desaparecen, no queda ni siquiera el rastro de haber estado acompañado.
¿Y a vosotros, qué os parece más de temer: la soledad de no llegar a conocer del todo a quien tenéis cerca, o la de haber nacido, como Tony, ya preparados para estar solos? Contádmelo en los comentarios, tengo curiosidad por leeros.
Seguiré con la serie de Sauce ciego, mujer dormida poco a poco. Si hay algún relato del libro que os apetece que comente, decídmelo.
Sigue leyendo en Rincones de papel:
- Sauce ciego, mujer dormida, de Murakami: el relato del hombre que desaparece en una escalera
- Vecinos, de Raymond Carver: el abismo escondido en lo cotidiano
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Sauce ciego, mujer dormida, de Murakami: el relato del hombre que desaparece en una escalera
Hay un relato de Haruki Murakami que no me he podido quitar de la cabeza. Un hombre baja por la escalera de su edificio, entre dos plantas, y no llega nunca abajo. No se cae, no se marcha, no huye de nadie. Simplemente desaparece en ese tramo de escalones, como si el hueco entre un piso y otro fuera una puerta a otro sitio. Su mujer contrata a un investigador peculiar, que trabaja gratis y sin método, y este se dedica a rondar la escalera durante días, hablando con los pocos vecinos que no usan el ascensor. Eso es casi todo lo que pasa. Y a mí me atrapó por completo.
Foto: UnsplashEl relato está en Sauce ciego, mujer dormida, la gran colección de cuentos de Murakami, y quiero empezar por él una serie: ir leyendo despacio este libro y contar aquí, de vez en cuando, alguno de sus relatos. Este me parecía el sitio exacto por donde entrar.
El estilo de Murakami: lo cotidiano que se tuerce
Si has leído a Murakami, ya sabes de qué hablo. Y si no, esta es una buena puerta. Lo suyo no son los grandes acontecimientos ni los mundos inventados desde cero. Lo suyo es la vida de todos los días, un hombre que se prepara la cena, alguien que atiende el teléfono, una pareja que discute por una tontería, y de pronto, sin aviso, una grieta. Algo que no encaja. Un pozo, un gato que no vuelve, una llamada que no debería existir.
Es el mismo territorio en el que se mueve Raymond Carver, aunque cada uno tire para su lado: en Carver, el abismo que se esconde bajo lo cotidiano es del todo humano; en Murakami, esa misma grieta se abre a algo que ya no tiene explicación. Los dos escriben lo normal con una calma casi hipnótica, y por eso, cuando aparece lo extraño, no lo sientes como fantasía: lo sientes como algo que podría pasarte a ti, esta misma tarde, en tu propia escalera.
El relato del hombre que desaparece
Foto: UnsplashLo que hace especial a este cuento es que Murakami va un paso más allá de su propia costumbre. Casi siempre deja que lo inexplicable asome un momento y luego vuelve a cerrar la puerta, dejándote con la duda. Aquí no. Aquí deja que lo cotidiano se disuelva del todo en lo desconocido, y toma una decisión valiente: no explicar nada.
No hay una teoría sobre dónde estuvo el hombre. No hay dimensión paralela descrita con detalle, ni truco final que lo ordene todo. El desaparecido, cuando reaparece, tampoco sabe nada. Y esa negativa a explicar, que en otro escritor sería una trampa o una pereza, en Murakami es justo lo que produce el escalofrío. Porque así es como funciona de verdad el misterio: no cuando te lo aclaran, sino cuando te dejan mirando el hueco.
Un libro para leer sin prisa
Sauce ciego, mujer dormida reúne veinticuatro relatos, y esa es una de sus mayores virtudes. Puedes leerlo de un tirón o dejarlo en la mesilla y coger uno cada noche, como quien se asoma cada vez a una ventana distinta. Los hay melancólicos, los hay casi cómicos, los hay francamente inquietantes como este. Todos comparten esa misma sensación de que la realidad es más fina de lo que parece, y que basta un descuido para atravesarla.
Por eso he decidido no reseñarlo entero de golpe, sino ir volviendo a él. Este hombre perdido en la escalera es solo el primero. Iremos entrando en los demás poco a poco.
Y a ti, ¿qué relato de Murakami te dejó pensando y no supiste muy bien por qué?
Sigue leyendo en Rincones de papel:
- Vecinos, de Raymond Carver: el abismo escondido en lo cotidiano
- Música para estudiar en YouTube: lo-fi, dark academia y concentración
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The Unwind Bird Chronicles
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El escritor Haruki Murakami regresa a las librerías de Japón con su nueva novela, 'La historia de Kaho'
El escritor Haruki Murakami regresa a las librerías de... #el #escritor #haruki #murakami #regresa #a #las #librerías #de #japón #con #su #nueva #novela, #'la #historia #kaho' #Literatura -
One of my greatest regrets is that I can not absorb books by osmosis, because I fear I shall never be able to read them all. I tell you that story, because despite considering myself rather well read for an ape, i have until this week, not read Kafka On The Shore by Japanese author Haruki #Murakami.
I am sad that I cannot read #Japanese, because the translated prose is a work of art, and I cannot fathom how elegant it must be in the native language, and I’m missing all of the cultural references that are clear to the original audience, but obscure to a westerner.
Example, Kafka is well known to western readers, but at the time of publishing, not a large factor in Japanese culture. Analyst Hayao Kawai saw special meaning in the name Kafka, as its Japanese version, Kafuka (Japanese: カフカ), is a combination of 可 (ka, meaning 'possible' or 'good') and 不可 (fuka, meaning 'bad' or 'unacceptable', the opposite), thus giving the book liminality.
Anyway, you should read it. It’s amazing.
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Kafka on the Shore (Vintage International) "The pure present is an ungraspable advance of the past devouring the future" Sale: $18 to $2.99 by Haruki Murakami Rating: 4.4/5 (21,538 Reviews) #fantasy #magicalrealism #contemporary #booksky #books #murakami #reading #bestseller
Kafka on the Shore (Vintage In... -
@TsubasaMFG Oh, I don’t know why, but I’ve been picturing the #staircase from #1Q84, #Murakami's novel.
A bit of context:
https://murakami.club/2020/10/31/1q84/ -
https://www.wacoca.com/tour/975354/ 海上自衛隊ミサイル艇「うみたか」一般公開|新潟県村上市・岩船港|2026年5月10日 #IwafunePort #JapaneseMaritimeSelfDefenseForce #jmsdf #JSUmitaka #Murakami #Niigata #PG828 #うみたか #はやぶさ型ミサイル艇 #ミサイル艇 #ミサイル艇うみたか #一般公開 #岩船 #新潟 #新潟ツアー #新潟県 #新潟県ツアー #新潟県村上市 #新潟県観光 #新潟観光 #村上市 #村上市観光 #海上自衛隊イベント #海自 #港 #自衛隊イベント #自衛隊新潟地方協力本部 #艦艇 #艦艇一般公開 #艦艇見学
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The Wind-Up Bird Chronicle: A Novel (Vintage International) "You’ve got to spend your money for the things that money can buy, not worry about profit or loss." Sale: $21 to $1.99 by Haruki Murakami Rating: 4.4/5 (11,493 Reviews) #Fiction #MagicalRealism #Literary #Murakami #BookClub #BookSky
The Wind-Up Bird Chronicle: A ... -
#FotoVorschlag °chic° erschien mir diese Frau, die mit dem Strand in Kamakura fast verschmolz.
[Und wie froh ich war, dass mein Japanisch damals ausreichte, um sie für das Foto anzusprechen!]
Daily Edit 🌞 Alt-Text: Sonnenschein in handlicheren Sonnenschirm geändert.
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Haruki #Murakami schreibt so wunderbare Liebesgeschichten, dass man am Ende total verzweifelt und hilflos zurückbleibt 😭
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Murakami’s The Wind-Up Bird Chronicle and Societal Melancholia in the Wake of Imperialism
Wind-Up Bird, like several of Murakami's later works, deals with social issues -- particularly atrocities that have been suppressed in mainstream historical accounts.
https://www.animefeminist.com/murakami-the-wind-up-bird-chronicle-and-imperialism/
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Murakami lesen ist wie 3 Uhr nachts wach sein und nicht wissen ob man träumt oder der Kater gerade wirklich mit einem redet. Genau mein Vibe. #bookstodon #murakami #lesen #schicksalsjahreeineskaisers
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Well, #SmallProphets
If Haruki #Murakami wrote #TheBigLebowski and set it for some reason in the North of England.
Some sprinkles of #Clerks as well, but very little, kind of as a homage?
Enjoyed it.