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  1. Sheinbaum inaugura Acueducto Seri

    Como parte del Plan de Justicia anunció acciones de construcción de vivienda, un Programa de Paneles Fotovoltaicos y reparación de caminos.

    Por Paola Ramírez | Reportera                                                        

    Desde Punta Chueca, en Hermosillo, Sonora, la presidente Claudia Sheinbaum Pardo inauguró el Acueducto Seri que garantiza el derecho al agua en cada una de las viviendas de la nación Seri-Comca’ac como parte del Plan de Justicia, y anunció la implementación de un programa de Turismo Comunitario en beneficio de la comunidad.

    “Es un planteamiento de justicia, no es una solicitud, es un planteamiento de justicia para el pueblo Seri, aquí me comprometo con ustedes a que vamos a enviar a un equipo de trabajo. Les voy a contar quiénes: va a venir Sebastián Ramírez con Pedro Álvarez Icaza; Sebastián Ramírez es el director del Fonatur, el Fondo Nacional de Turismo.

    «Antes Fonatur solamente era para los grandes desarrollos turísticos, recientemente estuvimos en Quintana Roo con un pueblo del pueblo Maya, de la nación Maya, y anunciamos que iniciamos un proceso de certificación de Turismo Comunitario y lo que les propongo es que venga Sebastián Ramírez, director de Fonatur, con Pedro Álvarez Icaza, que es el director de Áreas Naturales Protegidas para atender de manera integral que haya un programa de turismo sustentable”, anunció.

    Agregó que también acudirá la secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Edna Elena Vega Rangel, para continuar con la construcción de vivienda; la secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar junto con la directora general de la Comisión Federal de Electricidad, Emilia Esther Calleja Alor, para implementar un Programa de Paneles Fotovoltaicos; y el secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Jesús Antonio Esteva Medina, para continuar con la reconstrucción de caminos. –sn–

    Sociedad Noticias

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  2. :stargif: 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒚𝒍𝒂: 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚 𝒏𝒐 𝒂𝒍𝒄𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓 :stargif:

    “𝙲𝚛𝚘́𝚗𝚒𝚌𝚊 𝚗𝚎𝚐𝚛𝚊”

    Lo de Leyla Monserrat Lares Becerra no es una historia lejana ni un episodio aislado.
    Es de esas cosas que incomodan porque obligan a mirar de frente algo que muchas veces se prefiere ignorar.

    Todo empezó el 25 de septiembre de 2025, en General Plutarco Elías Calles (zona de Sonoyta).
    Leyla, de 15 años, viajaba en autobús con su madre cuando se encontró con una supuesta amiga.
    Nada fuera de lo normal.
    De hecho, la propuesta sonaba hasta ilusionante: una “fiesta sorpresa”.
    Leyla aceptó.

    No hubo fiesta.

    La llevaron a una vivienda.
    Allí, según la investigación, la sentaron, le vendaron los ojos y le ataron las manos bajo la excusa de esa sorpresa.
    Este punto es clave para entender lo que después cuesta tanto asimilar: Leyla no estaba en “modo peligro”.
    Estaba confiando.
    Estaba dentro de una situación que, aunque extraña, seguía teniendo sentido para ella en ese momento.

    Cuando alguien cree que está entre conocidos y en un contexto seguro, el cerebro no activa inmediatamente una respuesta de huida o defensa.
    De hecho, puede pasar lo contrario: se coopera.
    No por debilidad, sino porque la situación está disfrazada de normalidad.
    A eso se suma otro factor muy poco entendido: la reacción de bloqueo.
    Ante algo inesperado o confuso, muchas personas no gritan ni luchan de inmediato; se quedan quietas, intentando procesar lo que está pasando.

    Las agresoras —dos menores de 13 y 15 años— aprovecharon precisamente ese margen.
    No fue un impulso.
    Fue algo pensado.
    Prepararon el escenario para que Leyla no sospechara hasta el último momento.

    Y hay un punto que hace todo aún más duro de asimilar: lo grabaron.

    Ese video no se quedó ahí.
    Meses después terminó llegando a su madre.
    Esa grabación, además de ser una prueba clave, dejó al descubierto algo escalofriante: Leyla aparece riendo, confiada, pensando que le van a presentar a alguien especial.
    No entiende lo que está pasando hasta que ya es tarde.
    El estrangulamiento duró casi un minuto.

    Detrás de esto no había un arrebato puntual.
    Las investigaciones hablan de un contexto previo de acoso.
    Conflictos en redes sociales, burlas por su color de piel, tensiones personales e incluso un posible problema sentimental.
    La madre de Leyla, Carmen Becerra, lo ha repetido varias veces: esto venía de antes.
    Y se planeó.

    Después del asesinato, las menores enterraron el cuerpo en el patio de una vivienda, en el ejido El Desierto.
    Cavaron una fosa de unos dos metros y usaron cal para cubrirlo.
    Y todavía hay un detalle más difícil de encajar: dos días después enviaron el video a la madre.

    En marzo de 2026 llegaron las sentencias, y ahí es donde el caso estalló socialmente.

    La menor de 15 años recibió una condena de unos 2 años y 10 meses de internamiento en un centro para adolescentes.
    La de 13 años, por ley, no puede ser internada: se le impuso libertad asistida y el pago de una reparación del daño.

    Esa “reparación” fue de 5,677 pesos.

    La familia denunció que ni siquiera cubría el funeral, que superó los 30,000.
    Para muchos, no es solo insuficiente: es una forma de revictimización.

    El magistrado Rafael Acuña Griego fue claro al explicarlo: el juez no se salió de la norma.
    El Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes limita las penas para menores de 16 años a un máximo de tres años de internamiento, sin importar la gravedad del delito.

    Y ahí está el choque: lo que permite la ley frente a lo que la gente siente como justicia.

    Desde entonces ha habido marchas, protestas y presión social en Sonora.
    No solo por Leyla, sino porque su caso ha puesto sobre la mesa algo incómodo: hay muchos episodios de violencia entre menores que no llegan a conocerse o no generan este nivel de atención.

    No es un “caso histórico” en el sentido clásico.
    Pero sí es uno de esos hechos que obligan a pensar en serio sobre el bullying, el uso de redes, la violencia entre jóvenes y los límites de las leyes actuales.

    Porque al final, más allá de cifras, leyes o titulares, aquí hay una idea que cuesta quitarse de la cabeza: una chica de 15 años confió en quienes creía sus amigas… y eso fue exactamente lo que se utilizó en su contra.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #casoreal #mexico #sonora #justicia #violenciajuvenil #bullying #acoso #racismo #concienciasocial #realidad #historiasreales #memoria #sociedad #reflexion #cambiodeley #leyla #nomasviolencia

  3. :stargif: 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒚𝒍𝒂: 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚 𝒏𝒐 𝒂𝒍𝒄𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓 :stargif:

    “𝙲𝚛𝚘́𝚗𝚒𝚌𝚊 𝚗𝚎𝚐𝚛𝚊”

    Lo de Leyla Monserrat Lares Becerra no es una historia lejana ni un episodio aislado.
    Es de esas cosas que incomodan porque obligan a mirar de frente algo que muchas veces se prefiere ignorar.

    Todo empezó el 25 de septiembre de 2025, en General Plutarco Elías Calles (zona de Sonoyta).
    Leyla, de 15 años, viajaba en autobús con su madre cuando se encontró con una supuesta amiga.
    Nada fuera de lo normal.
    De hecho, la propuesta sonaba hasta ilusionante: una “fiesta sorpresa”.
    Leyla aceptó.

    No hubo fiesta.

    La llevaron a una vivienda.
    Allí, según la investigación, la sentaron, le vendaron los ojos y le ataron las manos bajo la excusa de esa sorpresa.
    Este punto es clave para entender lo que después cuesta tanto asimilar: Leyla no estaba en “modo peligro”.
    Estaba confiando.
    Estaba dentro de una situación que, aunque extraña, seguía teniendo sentido para ella en ese momento.

    Cuando alguien cree que está entre conocidos y en un contexto seguro, el cerebro no activa inmediatamente una respuesta de huida o defensa.
    De hecho, puede pasar lo contrario: se coopera.
    No por debilidad, sino porque la situación está disfrazada de normalidad.
    A eso se suma otro factor muy poco entendido: la reacción de bloqueo.
    Ante algo inesperado o confuso, muchas personas no gritan ni luchan de inmediato; se quedan quietas, intentando procesar lo que está pasando.

    Las agresoras —dos menores de 13 y 15 años— aprovecharon precisamente ese margen.
    No fue un impulso.
    Fue algo pensado.
    Prepararon el escenario para que Leyla no sospechara hasta el último momento.

    Y hay un punto que hace todo aún más duro de asimilar: lo grabaron.

    Ese video no se quedó ahí.
    Meses después terminó llegando a su madre.
    Esa grabación, además de ser una prueba clave, dejó al descubierto algo escalofriante: Leyla aparece riendo, confiada, pensando que le van a presentar a alguien especial.
    No entiende lo que está pasando hasta que ya es tarde.
    El estrangulamiento duró casi un minuto.

    Detrás de esto no había un arrebato puntual.
    Las investigaciones hablan de un contexto previo de acoso.
    Conflictos en redes sociales, burlas por su color de piel, tensiones personales e incluso un posible problema sentimental.
    La madre de Leyla, Carmen Becerra, lo ha repetido varias veces: esto venía de antes.
    Y se planeó.

    Después del asesinato, las menores enterraron el cuerpo en el patio de una vivienda, en el ejido El Desierto.
    Cavaron una fosa de unos dos metros y usaron cal para cubrirlo.
    Y todavía hay un detalle más difícil de encajar: dos días después enviaron el video a la madre.

    En marzo de 2026 llegaron las sentencias, y ahí es donde el caso estalló socialmente.

    La menor de 15 años recibió una condena de unos 2 años y 10 meses de internamiento en un centro para adolescentes.
    La de 13 años, por ley, no puede ser internada: se le impuso libertad asistida y el pago de una reparación del daño.

    Esa “reparación” fue de 5,677 pesos.

    La familia denunció que ni siquiera cubría el funeral, que superó los 30,000.
    Para muchos, no es solo insuficiente: es una forma de revictimización.

    El magistrado Rafael Acuña Griego fue claro al explicarlo: el juez no se salió de la norma.
    El Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes limita las penas para menores de 16 años a un máximo de tres años de internamiento, sin importar la gravedad del delito.

    Y ahí está el choque: lo que permite la ley frente a lo que la gente siente como justicia.

    Desde entonces ha habido marchas, protestas y presión social en Sonora.
    No solo por Leyla, sino porque su caso ha puesto sobre la mesa algo incómodo: hay muchos episodios de violencia entre menores que no llegan a conocerse o no generan este nivel de atención.

    No es un “caso histórico” en el sentido clásico.
    Pero sí es uno de esos hechos que obligan a pensar en serio sobre el bullying, el uso de redes, la violencia entre jóvenes y los límites de las leyes actuales.

    Porque al final, más allá de cifras, leyes o titulares, aquí hay una idea que cuesta quitarse de la cabeza: una chica de 15 años confió en quienes creía sus amigas… y eso fue exactamente lo que se utilizó en su contra.

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    #casoreal #mexico #sonora #justicia #violenciajuvenil #bullying #acoso #racismo #concienciasocial #realidad #historiasreales #memoria #sociedad #reflexion #cambiodeley #leyla #nomasviolencia

  4. :stargif: 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒚𝒍𝒂: 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚 𝒏𝒐 𝒂𝒍𝒄𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒉𝒐𝒓𝒓𝒐𝒓 :stargif:

    “𝙲𝚛𝚘́𝚗𝚒𝚌𝚊 𝚗𝚎𝚐𝚛𝚊”

    Lo de Leyla Monserrat Lares Becerra no es una historia lejana ni un episodio aislado.
    Es de esas cosas que incomodan porque obligan a mirar de frente algo que muchas veces se prefiere ignorar.

    Todo empezó el 25 de septiembre de 2025, en General Plutarco Elías Calles (zona de Sonoyta).
    Leyla, de 15 años, viajaba en autobús con su madre cuando se encontró con una supuesta amiga.
    Nada fuera de lo normal.
    De hecho, la propuesta sonaba hasta ilusionante: una “fiesta sorpresa”.
    Leyla aceptó.

    No hubo fiesta.

    La llevaron a una vivienda.
    Allí, según la investigación, la sentaron, le vendaron los ojos y le ataron las manos bajo la excusa de esa sorpresa.
    Este punto es clave para entender lo que después cuesta tanto asimilar: Leyla no estaba en “modo peligro”.
    Estaba confiando.
    Estaba dentro de una situación que, aunque extraña, seguía teniendo sentido para ella en ese momento.

    Cuando alguien cree que está entre conocidos y en un contexto seguro, el cerebro no activa inmediatamente una respuesta de huida o defensa.
    De hecho, puede pasar lo contrario: se coopera.
    No por debilidad, sino porque la situación está disfrazada de normalidad.
    A eso se suma otro factor muy poco entendido: la reacción de bloqueo.
    Ante algo inesperado o confuso, muchas personas no gritan ni luchan de inmediato; se quedan quietas, intentando procesar lo que está pasando.

    Las agresoras —dos menores de 13 y 15 años— aprovecharon precisamente ese margen.
    No fue un impulso.
    Fue algo pensado.
    Prepararon el escenario para que Leyla no sospechara hasta el último momento.

    Y hay un punto que hace todo aún más duro de asimilar: lo grabaron.

    Ese video no se quedó ahí.
    Meses después terminó llegando a su madre.
    Esa grabación, además de ser una prueba clave, dejó al descubierto algo escalofriante: Leyla aparece riendo, confiada, pensando que le van a presentar a alguien especial.
    No entiende lo que está pasando hasta que ya es tarde.
    El estrangulamiento duró casi un minuto.

    Detrás de esto no había un arrebato puntual.
    Las investigaciones hablan de un contexto previo de acoso.
    Conflictos en redes sociales, burlas por su color de piel, tensiones personales e incluso un posible problema sentimental.
    La madre de Leyla, Carmen Becerra, lo ha repetido varias veces: esto venía de antes.
    Y se planeó.

    Después del asesinato, las menores enterraron el cuerpo en el patio de una vivienda, en el ejido El Desierto.
    Cavaron una fosa de unos dos metros y usaron cal para cubrirlo.
    Y todavía hay un detalle más difícil de encajar: dos días después enviaron el video a la madre.

    En marzo de 2026 llegaron las sentencias, y ahí es donde el caso estalló socialmente.

    La menor de 15 años recibió una condena de unos 2 años y 10 meses de internamiento en un centro para adolescentes.
    La de 13 años, por ley, no puede ser internada: se le impuso libertad asistida y el pago de una reparación del daño.

    Esa “reparación” fue de 5,677 pesos.

    La familia denunció que ni siquiera cubría el funeral, que superó los 30,000.
    Para muchos, no es solo insuficiente: es una forma de revictimización.

    El magistrado Rafael Acuña Griego fue claro al explicarlo: el juez no se salió de la norma.
    El Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes limita las penas para menores de 16 años a un máximo de tres años de internamiento, sin importar la gravedad del delito.

    Y ahí está el choque: lo que permite la ley frente a lo que la gente siente como justicia.

    Desde entonces ha habido marchas, protestas y presión social en Sonora.
    No solo por Leyla, sino porque su caso ha puesto sobre la mesa algo incómodo: hay muchos episodios de violencia entre menores que no llegan a conocerse o no generan este nivel de atención.

    No es un “caso histórico” en el sentido clásico.
    Pero sí es uno de esos hechos que obligan a pensar en serio sobre el bullying, el uso de redes, la violencia entre jóvenes y los límites de las leyes actuales.

    Porque al final, más allá de cifras, leyes o titulares, aquí hay una idea que cuesta quitarse de la cabeza: una chica de 15 años confió en quienes creía sus amigas… y eso fue exactamente lo que se utilizó en su contra.

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    #casoreal #mexico #sonora #justicia #violenciajuvenil #bullying #acoso #racismo #concienciasocial #realidad #historiasreales #memoria #sociedad #reflexion #cambiodeley #leyla #nomasviolencia

  5. RT by @CAMegalopolis: En los estados de #Sonora, #Durango, #Jalisco, #Michoacán, #Nayarit, #SanLuisPotosí, #Guerrero, #Morelos, #Oaxaca, #Chiapas y #QuintanaRoo, 984 personas realizan labores de control y liquidación en 39 incendios forestales activos en el país 🔥🌳.

  6. RT by @CAMegalopolis: En los estados de #Sonora, #Durango, #Jalisco, #Michoacán, #Nayarit, #SanLuisPotosí, #Guerrero, #Morelos, #Oaxaca, #Chiapas y #QuintanaRoo, 984 personas realizan labores de control y liquidación en 39 incendios forestales activos en el país 🔥🌳.

  7. Nature interrupted: Impact of the #USMexico #BorderWall on #wildlife

    Scientists on both sides of the border are working to understand how the barrier is affecting the area’s #biodiversity. Meanwhile, communities try to save animals left without access to #water.

    By Iván Carrillo 06.27.2024

    "In a vast stretch of the #SonoranDesert, between the towns of #SanLuisRíoColorado and #Sonoyta in northern #Mexico sits a modest building of cement, galvanized sheet metal and wood — the only stop along 125 miles of inhospitable landscape dominated by thorny ocotillo shrubs and towering saguaro cactuses up to 50 feet high. It’s a fonda — a small restaurant — called La Liebre del Desierto (The Desert Hare), and for more than 20 years, owner Elsa Ortiz Ramos has welcomed and nourished weary travelers taking a break from the adjacent highway that runs through the arid Pinacate and Grand Desierto de Altar Biosphere Reserve.
    Landscape showing an arid land with bushes and a mountain in the background. The land is divided by a brown wall. In the foreground is a huge cactus.

    "But the dedication and care of this petite woman go beyond her simple menu. Every two weeks, she pays out of pocket for a 5,000-gallon tank of water to distribute to a network of water troughs strategically placed in the area. By doing so, she relieves the thirst of #BighornSheep, #ocelots, #pronghorn, #coyotes, #deer and even #bats that have been deprived of access to their natural #WaterSources.

    "'The #crows come to the house and scream to warn us that there is no more water ... it’s our alarm,' says Ortiz Ramos in her distinct northern Mexico accent. Her words sound straight from an Aesop’s fable, but they take on stark realism in this spot. Covering large parts of #Arizona, #California and the Mexican states of #BajaCalifornia and #Sonora, the #SonoranDesert — along with the #LutDesert in Iran — was catalogued in 2023 as having the #hottest surface temperature on the planet, at 80.8 degrees Celsius (177 degrees Fahrenheit).

    "Through narrow steel bollards 3.5 inches apart, I observe lush vegetation surrounding the Quitobaquito spring on the other side of the border. 'This vital source supplies both humans and animals over an area of more than 1 million hectares,' Federico Godínez Leal, an agronomist from the University of Guadalajara, explains to me. But now this crucial water source is restricted to the US side due to the construction of the border wall, and I have come with him here to understand the consequences. Godínez Leal and his team have been documenting the stark difference between each side: Their poignant photographs show skeletons of wild boar, deer and bighorn sheep lying on Mexican soil."

    Read more:
    knowablemagazine.org/content/a

    #Extinction #BorderWalls #WaterIsLife #RestoreNature #PreserveNature