#Cine
Dark City, Alex Proyas, 1998
Existe una película de ciencia ficción de finales de los años 90 que para muchos quedó injustamente a la sombra de otros estrenos de la época, pero que tiene una de las atmósferas más atrapantes del cine moderno. La historia arranca en una ciudad donde nunca sale el sol y sigue a un hombre que despierta en la bañera de un hotel perdiendo por completo la memoria, con una extraña marca de aguja en el brazo y un cadáver en la habitación de al lado. A partir de ahí, el protagonista empieza a escapar tanto de la policía como de unos seres pálidos vestidos de negro que parecen controlar cada rincón del lugar.
Lo interesante del filme es el misterio detrás del entorno urbano donde se mueven los personajes. Conforme avanza la trama, descubrimos que a la medianoche el tiempo se detiene por completo para todos los habitantes, momento que estos extraños seres aprovechan para reordenar las calles, cambiar los edificios de lugar y hasta inyectar recuerdos falsos en las mentes de la gente. La película mezcla elementos del cine negro clásico de detectives con una estética visual muy oscura que recuerda a las historietas policiacas, logrando que el espectador comparta la misma confusión y desesperación del protagonista por descubrir qué es real y qué es una mentira.
La producción tiene un genial diseño de escenarios y uso de efectos prácticos muy ingeniosos que le dan un aire pesado y misterioso a cada toma, tocando temas profundos como la identidad, la memoria y qué es lo que realmente nos hace humanos.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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