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La normalización del absurdo
26 DE MAYO DE 2026 La normalización del absurdoPor: Víctor Manuel Reyes Ferriz
El mundo atraviesa nuevamente una etapa de reconfiguración ideológica cuya magnitud todavía no termina de dimensionarse por completo, porque aunque gran parte de la conversación pública continúa reduciendo los acontecimientos internacionales a disputas locales, elecciones nacionales o confrontaciones partidistas aisladas, lo cierto es que detrás de muchos de los movimientos políticos actuales comienza a consolidarse un proceso mucho más profundo relacionado con la reorganización de bloques narrativos, intereses estratégicos y posicionamientos ideológicos que progresivamente vuelven a dividir al escenario internacional bajo una lógica de alineamientos cada vez menos disimulados, por ello, las tensiones contemporáneas ya no pueden interpretarse únicamente desde la óptica tradicional de la diplomacia o la cooperación económica, sino también desde la construcción de discursos globales que intentan definir qué modelo económico, político y social debe prevalecer en los próximos años, particularmente en un contexto donde las democracias occidentales enfrentan niveles crecientes de polarización interna mientras potencias como China y Rusia impulsan esquemas alternativos de influencia política, militar y tecnológica capaces de alterar el equilibrio internacional construido tras el fin de la Guerra Fría.
Bajo esta lógica, resulta cada vez más evidente que las izquierdas y derechas contemporáneas dejaron de limitarse a la competencia electoral doméstica para comenzar a operar también como comunidades ideológicas transnacionales que construyen alianzas, respaldos simbólicos, plataformas discursivas y mecanismos de legitimación mutua, derivado de esto, los encuentros internacionales, los foros políticos, las declaraciones conjuntas y las narrativas de resistencia o defensa democrática ya no funcionan únicamente como actos protocolarios, sino como mensajes cuidadosamente observados e interpretados por otros actores globales, particularmente cuando las tensiones internacionales atraviesan uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas; sin embargo, lo verdaderamente relevante no radica únicamente en la existencia de estas redes ideológicas, sino en el momento histórico en el que resurgen, porque coinciden con un escenario internacional marcado por guerras abiertas, amenazas de escalamiento militar, disputas energéticas, confrontaciones tecnológicas y presiones diplomáticas que convierten cualquier posicionamiento político en una variable susceptible de ser leída bajo claves geopolíticas mucho más amplias que las reconocidas públicamente.
La guerra entre Rusia y Ucrania constituye probablemente el ejemplo más visible de esta transformación, no solo por el conflicto militar en sí mismo, sino porque terminó reactivando una lógica internacional que durante años pareció parcialmente contenida, particularmente la reconstrucción de bloques políticos y estratégicos enfrentados que vuelven a dividir al mundo bajo esquemas de influencia ideológica, militar y económica, por ello, el conflicto dejó de ser exclusivamente una disputa territorial para convertirse en una confrontación que involucra narrativas democráticas, intereses energéticos, expansión de alianzas militares y control geopolítico regional; empero, el verdadero impacto del conflicto quizá no radique únicamente en sus consecuencias materiales, sino en la manera en que logró normalizar nuevamente conceptos que hace apenas algunos años parecían lejanos para gran parte de la sociedad contemporánea, como amenazas nucleares, militarización fronteriza, espionaje internacional, propaganda política masiva y discursos permanentes de confrontación global.
Algo similar ocurre con la tensión creciente entre Estados Unidos e Irán, particularmente en Medio Oriente, donde cualquier movimiento militar, declaración diplomática o ataque indirecto posee la capacidad de alterar cadenas completas de estabilidad regional y económica a nivel global, especialmente cuando el control energético continúa desempeñando un papel determinante dentro del equilibrio internacional, por ello, la confrontación ya no puede entenderse únicamente como un desacuerdo bilateral, sino como parte de una disputa mucho más amplia relacionada con influencia regional, seguridad internacional y capacidad de proyección política sobre zonas estratégicas del planeta, mientras paralelamente China incrementa su presión sobre Taiwán bajo una lógica que combina demostración militar, competencia tecnológica y disputa económica global, introduciendo un escenario donde las principales potencias comienzan a exhibir cada vez menos disposición para ocultar sus intereses estratégicos reales detrás de discursos diplomáticos cuidadosamente moderados.
América Latina tampoco permanece al margen de esta reconfiguración internacional, particularmente porque distintos gobiernos de la región han comenzado a reforzar vínculos ideológicos, narrativos y políticos que inevitablemente son observados por Washington bajo criterios de seguridad, estabilidad regional e influencia estratégica, derivado de esto, las reuniones internacionales entre liderazgos de izquierda latinoamericana, los discursos sobre soberanía regional, las posturas frente a conflictos internacionales y los posicionamientos frente al modelo económico occidental adquieren una dimensión que trasciende lo meramente simbólico, especialmente en un contexto donde Estados Unidos enfrenta simultáneamente tensiones con Rusia, presión económica y tecnológica por parte de China y una creciente fragmentación política interna; por lo tanto, asumir que estos movimientos son completamente neutros o que carecen de implicaciones geopolíticas representa una lectura excesivamente ingenua de la realidad internacional contemporánea.
Lo verdaderamente inquietante de este escenario no es únicamente el nivel de confrontación política e ideológica que comienza a consolidarse a nivel global, sino la manera en que la sociedad parece haber desarrollado una capacidad extraordinaria para acostumbrarse a ello, porque mientras las tensiones internacionales aumentan, las contradicciones políticas se multiplican y los discursos públicos se radicalizan, la reacción colectiva parece cada vez más débil, más breve y más emocionalmente anestesiada, como si la sobreexposición permanente al conflicto hubiera terminado erosionando la capacidad social de sorprenderse frente a acontecimientos que en otros momentos históricos habrían provocado una conmoción mucho más profunda, derivado de esto, guerras, amenazas militares, manipulación narrativa, espionaje, polarización extrema, discursos de odio y contradicciones institucionales comienzan a consumirse socialmente con la misma velocidad con la que desaparecen dentro del ciclo informativo cotidiano.
Tal vez el síntoma más delicado de esta transformación no sea la polarización política en sí misma, sino la pérdida progresiva de la capacidad de indignación, porque la indignación funciona como uno de los últimos mecanismos morales capaces de recordarle a una sociedad que todavía existen límites éticos, contradicciones intolerables y conductas públicamente inaceptables; sin embargo, algo comenzó a romperse cuando la incongruencia dejó de generar rechazo para convertirse en parte normal del paisaje político y social, por ello, hoy los gobiernos pueden sostener discursos opuestos a sus propias acciones sin enfrentar necesariamente consecuencias reales de credibilidad, pueden condenar prácticas que simultáneamente replican, defender principios que aplican selectivamente o prometer transformaciones que jamás terminan materializándose, mientras la reacción pública rara vez supera algunos días de indignación momentánea antes de ser sustituida por la siguiente controversia.
El problema adquiere una dimensión todavía más profunda cuando esa pérdida de indignación deja de dirigirse únicamente hacia el poder político y comienza a reflejarse también en el comportamiento cotidiano de la propia sociedad, porque el ciudadano contemporáneo igualmente empezó a normalizar prácticas que durante años criticó en la clase gobernante, derivado de esto, mentir estratégicamente, justificar la simulación, actuar bajo conveniencia, incumplir compromisos, manipular discursos o relativizar principios dejó de percibirse como una anomalía moral para comenzar a integrarse progresivamente dentro de las dinámicas normales de convivencia pública, lo cual introduce una contradicción especialmente peligrosa, ya que una sociedad difícilmente puede exigir congruencia institucional cuando ella misma ha comenzado a perderla en su comportamiento cotidiano.
Nos encontramos en una época donde la incongruencia de pensamiento se puede presentar en dos o, incluso, tres vías diferentes; es decir, la manera en que pensamos y posteriormente actuamos es muy diferente cuando se presenta exactamente el mismo caso y esta incongruencia mental tampoco nos indigna, es más, algo que me parece sumamente delicado es que el mundo hoy se indigna mucho más por la decisión que el VAR pueda tomar en un partido de fútbol que en las acciones que nuestros líderes, padres, compañeros de trabajo o cualquiera que sea de nuestro ámbito más próximo pueda generar y solo considero indispensable que pongamos en una balanza y nos planteemos esta pregunta ¿Pueden las dudas en el fútbol tener mayor relevancia en nuestra vida diaria que las acciones que hacen o dejan de hacer nuestros gobiernos?
En este contexto, quizá el riesgo más grande no sea únicamente la confrontación ideológica mundial que lentamente vuelve a dividir al planeta bajo nuevas narrativas políticas, económicas y estratégicas, sino el hecho de que la humanidad parece estar perdiendo la capacidad emocional y moral para reaccionar frente a ella, porque cuando la mentira deja de sorprender, la simulación deja de incomodar y la contradicción deja de indignar, los límites éticos comienzan a desplazarse silenciosamente hasta volver aceptables conductas que anteriormente habrían resultado inadmisibles, por ello, el verdadero deterioro quizá no se encuentre solamente en los gobiernos, en los conflictos internacionales o en los intereses geopolíticos que hoy reorganizan al mundo, sino en la normalización colectiva de la incongruencia como forma habitual de convivencia pública.
Finalmente, el problema de una sociedad que pierde la capacidad de indignarse no radica únicamente en su pasividad frente al poder, sino en algo mucho más profundo y peligroso: la gradual desaparición de los criterios internos que permiten distinguir entre lo correcto y lo conveniente, porque cuando la contradicción deja de generar conflicto moral, las sociedades comienzan a adaptarse emocionalmente a cualquier narrativa, a cualquier abuso y a cualquier simulación siempre que resulte compatible con sus afinidades ideológicas o intereses inmediatos, derivado de esto, quizá la pregunta más inquietante no sea hacia dónde se dirige la nueva confrontación política mundial, sino ¿en qué momento dejamos de reaccionar frente a ella como si ya nada tuviera la capacidad de sorprendernos o indignarnos realmente?
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1816 en Montevideo, Uruguay, la Biblioteca Nacional abre sus puertas por primera ocasión y se convierte en la primera biblioteca pública del país, motivo por el cual, en Uruguay, se celebra en esta fecha, el “Día Nacional del Libro”; en 1914 en París, Francia, el Teatro de la Ópera de París se convierte en el recinto para el estreno mundial de la ópera “Le Rossignol” (El ruiseñor), de la autoría del célebre compositor, director de orquesta, libretista y pianista ruso Ígor Fiódorovich Stravinski, en 1989 en Casablanca, Marruecos, culmina la 16º edición de la cumbre de la Liga Árabe, con un reconocimiento “implícito” del Estado de Israel y con una petición para asentar una conferencia internacional para la paz en Oriente Próximo.
Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.
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#AnalisisAI #AperturaIntelectual #Conciencia #CriticaSocial #DebatePublico #Indignacion #LaNormalizacionDelAbsurdo #OpinionPublica #PensamientoCrítico #ReflexionPolitica #Sociedad #Vmrfaintelectual #Vicmanrf #Victormanrf #Victormrferriz #AceptarMentiras #Análisis #BloquesDeIzquierdaContraDerechaEnElMundo #China #Cine #ConflictoBélicoEEUUVsIrán #ConflictoBélicoRusiaVsUcrania #Cuestionarnos #Cultura #Empatía #EstadosUnidos #GeopolíticaMundial #Historia #IdeologíasPolíticas #Indignación #Irán #LaNormalizaciónDelAbsurdo #LuchaDeChinaPorTaiwán #MedioOriente #NormalizarElAbsurdo #Opinión #PensamientoCrítico #Política #Reflexión #ResignaciónSinDisputa #Rusia #SociedadAnestesiada #Taiwán #Turismo #Ucrania #Valores #VíctorManuelReyesFerriz #Viajes #VMRF
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La normalización del absurdo
26 DE MAYO DE 2026 La normalización del absurdoPor: Víctor Manuel Reyes Ferriz
El mundo atraviesa nuevamente una etapa de reconfiguración ideológica cuya magnitud todavía no termina de dimensionarse por completo, porque aunque gran parte de la conversación pública continúa reduciendo los acontecimientos internacionales a disputas locales, elecciones nacionales o confrontaciones partidistas aisladas, lo cierto es que detrás de muchos de los movimientos políticos actuales comienza a consolidarse un proceso mucho más profundo relacionado con la reorganización de bloques narrativos, intereses estratégicos y posicionamientos ideológicos que progresivamente vuelven a dividir al escenario internacional bajo una lógica de alineamientos cada vez menos disimulados, por ello, las tensiones contemporáneas ya no pueden interpretarse únicamente desde la óptica tradicional de la diplomacia o la cooperación económica, sino también desde la construcción de discursos globales que intentan definir qué modelo económico, político y social debe prevalecer en los próximos años, particularmente en un contexto donde las democracias occidentales enfrentan niveles crecientes de polarización interna mientras potencias como China y Rusia impulsan esquemas alternativos de influencia política, militar y tecnológica capaces de alterar el equilibrio internacional construido tras el fin de la Guerra Fría.
Bajo esta lógica, resulta cada vez más evidente que las izquierdas y derechas contemporáneas dejaron de limitarse a la competencia electoral doméstica para comenzar a operar también como comunidades ideológicas transnacionales que construyen alianzas, respaldos simbólicos, plataformas discursivas y mecanismos de legitimación mutua, derivado de esto, los encuentros internacionales, los foros políticos, las declaraciones conjuntas y las narrativas de resistencia o defensa democrática ya no funcionan únicamente como actos protocolarios, sino como mensajes cuidadosamente observados e interpretados por otros actores globales, particularmente cuando las tensiones internacionales atraviesan uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas; sin embargo, lo verdaderamente relevante no radica únicamente en la existencia de estas redes ideológicas, sino en el momento histórico en el que resurgen, porque coinciden con un escenario internacional marcado por guerras abiertas, amenazas de escalamiento militar, disputas energéticas, confrontaciones tecnológicas y presiones diplomáticas que convierten cualquier posicionamiento político en una variable susceptible de ser leída bajo claves geopolíticas mucho más amplias que las reconocidas públicamente.
La guerra entre Rusia y Ucrania constituye probablemente el ejemplo más visible de esta transformación, no solo por el conflicto militar en sí mismo, sino porque terminó reactivando una lógica internacional que durante años pareció parcialmente contenida, particularmente la reconstrucción de bloques políticos y estratégicos enfrentados que vuelven a dividir al mundo bajo esquemas de influencia ideológica, militar y económica, por ello, el conflicto dejó de ser exclusivamente una disputa territorial para convertirse en una confrontación que involucra narrativas democráticas, intereses energéticos, expansión de alianzas militares y control geopolítico regional; empero, el verdadero impacto del conflicto quizá no radique únicamente en sus consecuencias materiales, sino en la manera en que logró normalizar nuevamente conceptos que hace apenas algunos años parecían lejanos para gran parte de la sociedad contemporánea, como amenazas nucleares, militarización fronteriza, espionaje internacional, propaganda política masiva y discursos permanentes de confrontación global.
Algo similar ocurre con la tensión creciente entre Estados Unidos e Irán, particularmente en Medio Oriente, donde cualquier movimiento militar, declaración diplomática o ataque indirecto posee la capacidad de alterar cadenas completas de estabilidad regional y económica a nivel global, especialmente cuando el control energético continúa desempeñando un papel determinante dentro del equilibrio internacional, por ello, la confrontación ya no puede entenderse únicamente como un desacuerdo bilateral, sino como parte de una disputa mucho más amplia relacionada con influencia regional, seguridad internacional y capacidad de proyección política sobre zonas estratégicas del planeta, mientras paralelamente China incrementa su presión sobre Taiwán bajo una lógica que combina demostración militar, competencia tecnológica y disputa económica global, introduciendo un escenario donde las principales potencias comienzan a exhibir cada vez menos disposición para ocultar sus intereses estratégicos reales detrás de discursos diplomáticos cuidadosamente moderados.
América Latina tampoco permanece al margen de esta reconfiguración internacional, particularmente porque distintos gobiernos de la región han comenzado a reforzar vínculos ideológicos, narrativos y políticos que inevitablemente son observados por Washington bajo criterios de seguridad, estabilidad regional e influencia estratégica, derivado de esto, las reuniones internacionales entre liderazgos de izquierda latinoamericana, los discursos sobre soberanía regional, las posturas frente a conflictos internacionales y los posicionamientos frente al modelo económico occidental adquieren una dimensión que trasciende lo meramente simbólico, especialmente en un contexto donde Estados Unidos enfrenta simultáneamente tensiones con Rusia, presión económica y tecnológica por parte de China y una creciente fragmentación política interna; por lo tanto, asumir que estos movimientos son completamente neutros o que carecen de implicaciones geopolíticas representa una lectura excesivamente ingenua de la realidad internacional contemporánea.
Lo verdaderamente inquietante de este escenario no es únicamente el nivel de confrontación política e ideológica que comienza a consolidarse a nivel global, sino la manera en que la sociedad parece haber desarrollado una capacidad extraordinaria para acostumbrarse a ello, porque mientras las tensiones internacionales aumentan, las contradicciones políticas se multiplican y los discursos públicos se radicalizan, la reacción colectiva parece cada vez más débil, más breve y más emocionalmente anestesiada, como si la sobreexposición permanente al conflicto hubiera terminado erosionando la capacidad social de sorprenderse frente a acontecimientos que en otros momentos históricos habrían provocado una conmoción mucho más profunda, derivado de esto, guerras, amenazas militares, manipulación narrativa, espionaje, polarización extrema, discursos de odio y contradicciones institucionales comienzan a consumirse socialmente con la misma velocidad con la que desaparecen dentro del ciclo informativo cotidiano.
Tal vez el síntoma más delicado de esta transformación no sea la polarización política en sí misma, sino la pérdida progresiva de la capacidad de indignación, porque la indignación funciona como uno de los últimos mecanismos morales capaces de recordarle a una sociedad que todavía existen límites éticos, contradicciones intolerables y conductas públicamente inaceptables; sin embargo, algo comenzó a romperse cuando la incongruencia dejó de generar rechazo para convertirse en parte normal del paisaje político y social, por ello, hoy los gobiernos pueden sostener discursos opuestos a sus propias acciones sin enfrentar necesariamente consecuencias reales de credibilidad, pueden condenar prácticas que simultáneamente replican, defender principios que aplican selectivamente o prometer transformaciones que jamás terminan materializándose, mientras la reacción pública rara vez supera algunos días de indignación momentánea antes de ser sustituida por la siguiente controversia.
El problema adquiere una dimensión todavía más profunda cuando esa pérdida de indignación deja de dirigirse únicamente hacia el poder político y comienza a reflejarse también en el comportamiento cotidiano de la propia sociedad, porque el ciudadano contemporáneo igualmente empezó a normalizar prácticas que durante años criticó en la clase gobernante, derivado de esto, mentir estratégicamente, justificar la simulación, actuar bajo conveniencia, incumplir compromisos, manipular discursos o relativizar principios dejó de percibirse como una anomalía moral para comenzar a integrarse progresivamente dentro de las dinámicas normales de convivencia pública, lo cual introduce una contradicción especialmente peligrosa, ya que una sociedad difícilmente puede exigir congruencia institucional cuando ella misma ha comenzado a perderla en su comportamiento cotidiano.
Nos encontramos en una época donde la incongruencia de pensamiento se puede presentar en dos o, incluso, tres vías diferentes; es decir, la manera en que pensamos y posteriormente actuamos es muy diferente cuando se presenta exactamente el mismo caso y esta incongruencia mental tampoco nos indigna, es más, algo que me parece sumamente delicado es que el mundo hoy se indigna mucho más por la decisión que el VAR pueda tomar en un partido de fútbol que en las acciones que nuestros líderes, padres, compañeros de trabajo o cualquiera que sea de nuestro ámbito más próximo pueda generar y solo considero indispensable que pongamos en una balanza y nos planteemos esta pregunta ¿Pueden las dudas en el fútbol tener mayor relevancia en nuestra vida diaria que las acciones que hacen o dejan de hacer nuestros gobiernos?
En este contexto, quizá el riesgo más grande no sea únicamente la confrontación ideológica mundial que lentamente vuelve a dividir al planeta bajo nuevas narrativas políticas, económicas y estratégicas, sino el hecho de que la humanidad parece estar perdiendo la capacidad emocional y moral para reaccionar frente a ella, porque cuando la mentira deja de sorprender, la simulación deja de incomodar y la contradicción deja de indignar, los límites éticos comienzan a desplazarse silenciosamente hasta volver aceptables conductas que anteriormente habrían resultado inadmisibles, por ello, el verdadero deterioro quizá no se encuentre solamente en los gobiernos, en los conflictos internacionales o en los intereses geopolíticos que hoy reorganizan al mundo, sino en la normalización colectiva de la incongruencia como forma habitual de convivencia pública.
Finalmente, el problema de una sociedad que pierde la capacidad de indignarse no radica únicamente en su pasividad frente al poder, sino en algo mucho más profundo y peligroso: la gradual desaparición de los criterios internos que permiten distinguir entre lo correcto y lo conveniente, porque cuando la contradicción deja de generar conflicto moral, las sociedades comienzan a adaptarse emocionalmente a cualquier narrativa, a cualquier abuso y a cualquier simulación siempre que resulte compatible con sus afinidades ideológicas o intereses inmediatos, derivado de esto, quizá la pregunta más inquietante no sea hacia dónde se dirige la nueva confrontación política mundial, sino ¿en qué momento dejamos de reaccionar frente a ella como si ya nada tuviera la capacidad de sorprendernos o indignarnos realmente?
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1816 en Montevideo, Uruguay, la Biblioteca Nacional abre sus puertas por primera ocasión y se convierte en la primera biblioteca pública del país, motivo por el cual, en Uruguay, se celebra en esta fecha, el “Día Nacional del Libro”; en 1914 en París, Francia, el Teatro de la Ópera de París se convierte en el recinto para el estreno mundial de la ópera “Le Rossignol” (El ruiseñor), de la autoría del célebre compositor, director de orquesta, libretista y pianista ruso Ígor Fiódorovich Stravinski, en 1989 en Casablanca, Marruecos, culmina la 16º edición de la cumbre de la Liga Árabe, con un reconocimiento “implícito” del Estado de Israel y con una petición para asentar una conferencia internacional para la paz en Oriente Próximo.
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Desastres lingüísticos normalizados
19 DE MAYO DE 2026 Desastres lingüísticos normalizadosPor: Víctor Manuel Reyes Ferriz
El lenguaje no es un accesorio de la inteligencia ni un simple canal por el cual transitan ideas previamente formadas; es, en realidad, el andamiaje mismo sobre el cual esas ideas se construyen y ordenan por lo que realmente adquieren sentido, y por ello, cada palabra que utilizamos arrastra consigo no sólo una definición, sino una historia, una intención y una forma particular de mirar el mundo que rara vez nos detenemos a examinar ya que, en la vida cotidiana hablamos como si nombrar fuera un acto automático, casi mecánico, desligado de cualquier responsabilidad intelectual, como si bastara con que un término sea comprendido superficialmente para que su uso quede justificado, cuando en realidad el lenguaje exige una relación mucho más consciente, más crítica, más exigente, una relación que hemos ido debilitando hasta el punto de normalizar expresiones cuyo origen desconocemos, cuyo significado apenas intuimos y cuyas implicaciones jamás cuestionamos, y es precisamente en esa normalización donde comienza a configurarse un fenómeno más profundo que un simple descuido: una renuncia sistemática a pensar lo que decimos.
Nombrar no es inocente porque no sólo describe la realidad, también la organiza, la delimita y la jerarquiza, y en ese proceso cada término se convierte en una herramienta que puede aclarar o distorsionar dependiendo del nivel de comprensión con el que se utilice; sin embargo, en la práctica social, el lenguaje tiende a funcionar bajo una lógica de repetición más que de reflexión, lo que provoca que muchas palabras se mantengan vigentes no por su precisión o su pertinencia, sino por la costumbre de usarlas, por la comodidad de no cuestionarlas, por la inercia colectiva que transforma convenciones históricas en supuestas verdades naturales, y esa transformación es particularmente peligrosa porque desactiva la capacidad crítica, convierte el discurso en un terreno aparentemente estable y elimina la necesidad de revisar aquello que damos por hecho.
Uno de los casos más evidentes de esta dinámica es el uso extendido del término “Latinoamérica”, una palabra que se ha integrado de tal manera en el discurso cotidiano que rara vez se percibe como una construcción, como una categoría histórica que responde a intereses específicos y no como una descripción objetiva de la realidad; se utiliza para agrupar a una serie de países que comparten ciertas raíces lingüísticas derivadas del latín, pero en su uso común se convierte en una etiqueta que pretende sintetizar realidades profundamente distintas, que borra matices, que simplifica procesos complejos y que termina por instalar una idea homogénea de lo que en realidad es diverso, contradictorio y cambiante; lo más relevante no es si el término es correcto o incorrecto, sino la forma en que su uso acrítico lo convierte en una herramienta de reducción, en un atajo discursivo que sustituye el análisis por la generalización.
Esa generalización no surge de manera espontánea, se ve reforzada por estructuras institucionales que, aunque operan bajo lógicas técnicas, terminan influyendo en el lenguaje cotidiano; organismos como la Organización de las Naciones Unidas o la CEPAL utilizan categorías como “América Latina y el Caribe” con fines analíticos, buscando agrupar países que presentan ciertas similitudes económicas o históricas para diseñar políticas o estrategias de desarrollo, y en ese contexto la categoría tiene sentido, cumple una función específica y permite trabajar con marcos comparativos relativamente útiles; el problema aparece cuando esa categoría sale del ámbito técnico y se instala en el discurso general sin el contexto que la justifica, porque entonces deja de ser una herramienta de análisis para convertirse en una etiqueta que simplifica, que homogeneiza y que, en muchos casos, termina asociándose con una narrativa dominante que no siempre corresponde a la realidad.
En ese tránsito del lenguaje técnico al lenguaje cotidiano se produce una distorsión que rara vez se reconoce, una especie de desgaste semántico en el que la precisión inicial se pierde y es sustituida por una interpretación más vaga, más cargada de supuestos y menos consciente de sus propios límites; empero, esa pérdida de precisión no genera resistencia, no provoca una revisión crítica del término, sino que se integra con naturalidad en el uso común, como si el simple hecho de ser repetido por instituciones o medios de comunicación fuera suficiente para garantizar su validez, y en ese proceso se consolida una percepción del mundo basada en categorías que no hemos elegido conscientemente, pero que utilizamos como si nos pertenecieran.
Algo similar ocurre con expresiones como “Oriente Medio” u “Oriente Próximo”, términos que revelan con claridad cómo el lenguaje puede estar profundamente condicionado por la perspectiva desde la cual se construye; hablar de “oriente” implica necesariamente la existencia de un punto de referencia que define esa orientación, y ese punto, históricamente, ha sido Europa, lo que convierte a estas denominaciones en construcciones que no describen una realidad geográfica objetiva, sino una forma particular de organizar el mundo desde una mirada específica, una mirada que responde a procesos históricos vinculados con la expansión imperial, con la diplomacia del siglo XIX y con eventos como el declive del Imperio Otomano o la reconfiguración global posterior a la Primera Guerra Mundial.
Utilizar estos términos sin reconocer su origen presupone adoptar, de manera implícita, la lógica que los generó, reproducir una forma de ver el mundo que coloca a ciertos espacios como centro y a otros como periferia, aunque esa jerarquía no sea evidente en el uso cotidiano; el lenguaje, en este sentido, no sólo refleja la realidad, también la construye, la ordena y la interpreta, y cuando dejamos de cuestionarlo, dejamos de cuestionar también las estructuras de pensamiento que lo sostienen, lo que convierte la repetición en un mecanismo de conservación de ideas que, en muchos casos, ya no responden a las condiciones actuales.
La división entre “Europa del Este” y “Europa Occidental” ofrece otro ejemplo de cómo las categorías lingüísticas pueden sobrevivir más allá del contexto que les dio origen, funcionando como si describieran una realidad permanente cuando en realidad responden a un momento histórico específico; durante la Guerra Fría, esta división tenía un sentido claro, delimitaba bloques económicos, ideológicos y políticos que estructuraban el orden mundial, pero una vez transformado ese escenario, la persistencia de la terminología no necesariamente refleja la misma realidad, sino la inercia de un lenguaje que se resiste a desaparecer, que se mantiene vigente por costumbre más que por precisión.
Esa resistencia del lenguaje a actualizarse no es un defecto en sí mismo, es parte de su naturaleza, pero se vuelve problemática cuando va acompañada de una falta de conciencia sobre su origen y su alcance, porque entonces las palabras dejan de ser herramientas flexibles para convertirse en estructuras rígidas que limitan la forma en que interpretamos el mundo, que nos llevan a encajar la realidad en categorías preexistentes en lugar de cuestionar si esas categorías siguen siendo pertinentes, y en ese proceso se produce una especie de congelamiento conceptual en el que el lenguaje ya no acompaña la evolución de la realidad, sino que la retrasa, la simplifica y la distorsiona.
El problema no se limita a categorías geopolíticas o construcciones regionales, también se infiltra en el lenguaje cotidiano que creemos dominar, en palabras que usamos todos los días sin sospechar siquiera la carga histórica que contienen, términos que parecen simples pero que en realidad son cápsulas de tiempo que revelan cómo pensaban, organizaban y vivían otras civilizaciones; basta observar cómo “salario” proviene del latín (salarium), vinculado a la sal con la que se pagaba a soldados romanos, lo que transforma un concepto moderno de remuneración en un vestigio de subsistencia básica, o cómo “trabajo” deriva de (tripalium), un instrumento de tortura, insinuando que la actividad laboral estuvo asociada desde su origen con el sufrimiento, mientras que “familia” no nace del afecto sino del control, del latín (familia) que designaba al conjunto de esclavos bajo la autoridad de un pater familias, y no a un núcleo emocional como hoy lo concebimos; por otro lado, “escuela” proviene del griego (scholé), que significaba ocio, tiempo libre dedicado al pensamiento, una idea que contrasta brutalmente con su percepción actual como obligación, en tanto que “negocio” surge de (negotium), la negación del ocio, es decir, la renuncia consciente al tiempo libre para ocuparse en actividades productivas, y finalmente “sincero”, derivado de (sincerus), entendido como pureza o ausencia de mezcla, asociado incluso con la idea de algo sin artificios ni correcciones, lo que evidencia que incluso las nociones de autenticidad que hoy damos por sentadas tienen un origen profundamente material y concreto; todas estas palabras conviven en nuestro discurso diario como si fueran evidentes, como si siempre hubieran significado lo mismo, cuando en realidad son recordatorios silenciosos de que el lenguaje no sólo cambia, sino que arrastra consigo formas de entender el mundo que seguimos repitiendo sin darnos cuenta.
La normalización de estas expresiones no es un fenómeno aislado ni exclusivo de ciertos términos geopolíticos, es una manifestación de una relación más amplia con el lenguaje en la que predomina la repetición sobre la reflexión, la familiaridad sobre la comprensión, la inercia sobre el análisis, y esa relación tiene implicaciones que van más allá de la comunicación, porque el lenguaje no sólo transmite ideas, también configura la manera en que las construimos, las organizamos y las interpretamos, lo que significa que un uso superficial del lenguaje conduce inevitablemente a un pensamiento superficial.
En ese sentido, la renuncia intelectual no se manifiesta en errores evidentes, en equivocaciones gramaticales o en fallas de pronunciación, sino en algo mucho más sutil y, por lo mismo, más difícil de detectar: la falta de cuestionamiento, la ausencia de curiosidad por entender lo que se dice, la aceptación automática de términos cuya historia desconocemos y, por ende ignoramos su carga semántica, una aceptación que se convierte en hábito y que, con el tiempo, termina por consolidar un discurso en el que las palabras se utilizan más por costumbre que por convicción.
Esa costumbre no es inocente porque contribuye a la construcción de una percepción del mundo basada en simplificaciones, en etiquetas que reducen la complejidad de los fenómenos y que, al hacerlo, limitan nuestra capacidad de análisis; cuando hablamos de “Latinoamérica”, de “Oriente Medio” o de “Europa del Este” sin cuestionar lo que implican esos términos, no sólo estamos utilizando palabras, estamos adoptando marcos de interpretación que condicionan la forma en que entendemos esas realidades, que influyen en nuestras opiniones, en nuestras valoraciones y en nuestras decisiones, y todo ello ocurre de manera casi imperceptible, precisamente porque el lenguaje se presenta como algo dado, como algo que no requiere explicación.
La solución a este problema no pasa por eliminar términos ni por sustituirlos de manera arbitraria por otros que pretendan ser más precisos, porque el lenguaje no funciona bajo criterios de pureza, sino de uso y de consenso; empero, sí pasa por recuperar una relación consciente con las palabras, por entender que cada término que utilizamos tiene un origen, una intención y un alcance que no desaparecen por el simple hecho de que los ignoremos, y que al usarlos participamos en la reproducción de ese significado, lo reforzamos, lo validamos y lo mantenemos vigente.
Recuperar esa conciencia implica asumir una responsabilidad que no siempre resulta cómoda, porque exige detenerse, cuestionar, investigar, dudar, es decir, hacer exactamente lo contrario de lo que la inercia del lenguaje nos invita a hacer, y en un contexto donde la velocidad de la comunicación es cada vez mayor y la profundidad del análisis cada vez menor, esa exigencia se percibe como un esfuerzo adicional, como una carga innecesaria, cuando en realidad es una condición indispensable para mantener una relación crítica con el mundo.
No se trata de convertir cada conversación en un ejercicio académico ni de exigir una precisión absoluta en cada palabra, sino de desarrollar una sensibilidad lingüística que nos permita reconocer cuándo estamos utilizando términos que simplifican en exceso, que arrastran significados que no comprendemos o que responden a contextos que ya no son vigentes, una sensibilidad que no busca paralizar el discurso, sino enriquecerlo, hacerlo más consciente, más honesto y más preciso.
Finalmente, el desastre lingüístico no consiste en la existencia de palabras imperfectas ni en la presencia de categorías discutibles, sino en la naturalización de su uso sin comprensión, en la aceptación de un lenguaje que ya no interrogamos, que ya no analizamos y que utilizamos como si fuera transparente cuando en realidad está cargado de historia, de intención y de poder, y en esa naturalización se esconde una renuncia silenciosa pero profunda, porque si el lenguaje es la herramienta con la que pensamos, entonces dejar de cuestionarlo equivale a dejar de pensar plenamente, ¿cuántas de las palabras que utilizas todos los días entiendes realmente más allá de su uso inmediato?
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1643 en las nuevas tierras americanas de la Corona Británica, se funda la Confederación de Nueva Inglaterra conformada por las recién creadas colonias de Connecticut, Massachusetts, New Haven y Providence, que a la postre, serán integradas a las denominadas 13 colonias fundacionales de los Estados Unidos de Norteamérica. Con esta Confederación, el Imperio Británico se convierte en la cuarta gran potencia mundial al contar con territorios en el continente americano; en 1822 en la CDMX, México, el Congreso Constituyente declara al militar y político mexicano Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu como monarca del Imperio Mexicano. Esta proclamación se suscitó ante una feroz presión militar acompañada de la voz de gran número de civiles; en 1960 en Washington D.C., Estados Unidos en la sede de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), perteneciente al Banco Mundial, la República de Islandia es aceptada como Estado Miembro.
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Intervencionismo conveniente
12 DE MAYO DE 2026 Intervencionismo convenientePor: Víctor Manuel Reyes Ferriz
La soberanía, entendida en su dimensión más estricta y no como un recurso retórico adaptable, constituye uno de los pilares fundamentales sobre los cuales se edifica el orden constitucional mexicano, por ello, de los numerales 39 al 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no solo establecen que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, sino que además delimitan el origen, la legitimidad y el propósito del poder público, lo cual implica que cualquier forma de influencia externa que pretenda incidir en las decisiones internas del país debe ser observada bajo un criterio de excepcionalidad y cautela; es decir, no basta con invocar la soberanía como un principio abstracto cuando conviene al discurso político, sino que se exige coherencia en su aplicación práctica, ya que en la medida en que se relativiza o se interpreta de manera flexible, se corre el riesgo de vaciarla de contenido, convirtiéndola en un concepto maleable que pierde su capacidad de operar como límite frente a actores externos y como garantía frente a los propios excesos del poder interno, por lo tanto, hablar de intervencionismo extranjero no puede reducirse a una etiqueta circunstancial, sino que debe entenderse como una categoría que implica la transgresión de un principio constitucional claramente definido.
Desde esta perspectiva, y bajo una visión estrictamente personal, el momento político actual en México presenta la confluencia de, al menos, tres acontecimientos que han sido utilizados para “apelar” —ya sea de manera directa o indirecta— a la noción de intervencionismo extranjero dentro del discurso público, comenzando por el tratamiento institucional dirigido hacia Maru Campos, continuando con el contexto que rodea a Rubén Rocha Moya y culminando con la presencia en territorio nacional de Isabel Díaz Ayuso; empero, en medio de esta construcción narrativa que parece defender con firmeza la soberanía frente a cualquier forma de injerencia externa, se omite un elemento que, lejos de ser anecdótico, adquiere relevancia política en un entorno internacional particularmente sensible, y es la participación de Claudia Sheinbaum en un encuentro de liderazgos de izquierda latinoamericana en Barcelona, lo cual introduce una variable que no puede analizarse de manera aislada cuando las relaciones entre México y ciertos sectores de poder en Estados Unidos se encuentran en un punto de tensión que, aunque no siempre explícito, resulta innegable en su trasfondo.
El caso de Maru Campos permite observar con claridad cómo la lógica de la soberanía no se limita a la defensa frente a actores externos, sino que también se proyecta hacia el interior del sistema político como un mecanismo de control y de narrativa institucional, por ello, el citatorio emitido desde el Senado, cuidadosamente presentado bajo la figura de una “invitación” a comparecer, no puede interpretarse únicamente como un ejercicio ordinario de rendición de cuentas, sino que debe analizarse en el contexto político en el que se produce, particularmente cuando el trasfondo del caso se encuentra relacionado con versiones que comenzaron a surgir posteriormente sobre la participación directa de agencias norteamericanas en acciones para desmantelar un narcolaboratorio dentro del estado de Chihuahua, inicialmente presentado bajo una narrativa públicamente contradictoria respecto a las circunstancias en las que fallecieron dos agentes estadounidenses; ya que mientras las versiones oficiales intentaron reducir el hecho a un accidente aislado, distintas filtraciones y reportes posteriores apuntaron a la existencia de coordinación previa entre autoridades mexicanas y personal extranjero, lo que introduce una contradicción adicional, porque el ingreso y actuación formal de agentes internacionales dentro del territorio nacional únicamente puede producirse mediante autorización federal, lo cual revela una utilización estratégica de los instrumentos institucionales para generar presión pública bajo un lenguaje que pretende mantener una apariencia de neutralidad, derivado de esto, se configura una primera señal de selectividad, porque mientras se activa el aparato institucional frente a ciertos actores, se construye paralelamente una narrativa que legitima dicha acción como parte del funcionamiento democrático, cuando en realidad responde a una lógica de oportunidad política, lo cual implica que la soberanía, en lugar de operar como un principio uniforme, comienza a fragmentarse en su aplicación.
Al trasladar el análisis al caso de Rubén Rocha Moya, el escenario adquiere una complejidad mayor, ya que en él convergen factores internos y externos que no pueden entenderse de manera aislada, por lo tanto, la existencia de un marco jurídico y operativo norteamericano orientado a combatir estructuras criminales bajo esquemas de seguridad ampliada introduce una dimensión que rebasa el ámbito nacional y que abre la puerta a presiones diplomáticas, cooperación reforzada e incluso a interpretaciones con capacidad de impactar a distintos actores políticos, particularmente después de la publicación de la nueva estrategia estadounidense contra el tráfico de drogas, un documento de más de 190 páginas orientado a homologar y coordinar el actuar de distintas agencias de seguridad bajo una lógica de combate transnacional al narcotráfico; empero, lo verdaderamente relevante no radica únicamente en la existencia de este instrumento, sino en el momento en que adquiere protagonismo dentro del discurso y la acción política, particularmente porque las versiones y documentos difundidos alrededor del caso no se limitan exclusivamente a la figura del gobernador sinaloense, sino que incluyen solicitudes norteamericanas de detención y posterior extradición dirigidas contra un grupo más amplio de actores políticos del estado de Sinaloa, alcanzando presuntamente a diez funcionarios tanto del ámbito ejecutivo como legislativo vinculados con estructuras criminales, lo que transforma el asunto de un señalamiento individual a una posible red de protección política, derivado de esto, la licencia solicitada por Rocha Moya bajo el argumento de facilitar las investigaciones terminó generando todavía más cuestionamientos ante la ausencia de información clara sobre su ubicación y sobre el verdadero alcance de la cooperación entre autoridades mexicanas y norteamericanas, ya que es precisamente en este tipo de escenarios donde se vuelve pertinente preguntarse bajo qué condiciones determinadas herramientas internacionales se activan con mayor intensidad, lo cual permite sostener, desde una lectura personal, que ciertos acontecimientos políticos pueden funcionar como detonadores contextuales que facilitan la utilización de mecanismos previamente establecidos, no como resultado de una relación causal automática, sino como consecuencia de un entorno geopolítico que vuelve más viable su aplicación, por ello, no se trata de afirmar que un hecho específico genere una reacción inmediata, sino de reconocer que en el ámbito internacional los movimientos políticos se interpretan, se acumulan y, eventualmente, se utilizan.
En el caso de Isabel Díaz Ayuso, el análisis se desplaza hacia una dimensión simbólica y discursiva que resulta particularmente reveladora, por lo tanto, su presencia en México no puede reducirse a un ejercicio de intercambio político o académico, sino que debe entenderse como la inserción de una figura extranjera en el debate interno de un país que, al menos en su narrativa oficial, ha sostenido una postura de rechazo frente a cualquier forma de intervención externa, lo cual genera una tensión evidente entre el discurso y la práctica, especialmente al considerar que la visita fue impulsada y respaldada por un grupo empresarial que desde hace tiempo mantiene una confrontación pública con el gobierno mexicano y cuya postura política resulta diametralmente opuesta a la narrativa encabezada por Claudia Sheinbaum, por ello, desde una lectura estrictamente personal, resulta difícil interpretar esta coincidencia como un hecho completamente casual, particularmente cuando la figura elegida para encabezar dicha gira fue precisamente una dirigente española identificada con posiciones conservadoras y con discursos que históricamente han confrontado las posturas impulsadas por distintos sectores de la izquierda iberoamericana, derivado de esto, la visita deja de percibirse como un acto aislado y comienza a insertarse dentro de una lógica de posicionamientos ideológicos que inevitablemente terminan proyectándose sobre el debate político mexicano.
La tensión alrededor de este episodio adquirió una dimensión todavía más reveladora tras el retiro de la invitación que originalmente había sido extendida a Ayuso para participar en un evento organizado por Grupo Xcaret en Quintana Roo, ya que la explicación pública ofrecida por la propia empresa terminó exhibiendo una contradicción difícil de ignorar, particularmente cuando se argumentó que la decisión obedecía a declaraciones realizadas por la dirigente española “meses anteriores”, pese a que una visita internacional de esta naturaleza necesariamente implicó un proceso de coordinación y planeación previo durante el cual dichas posturas ya eran ampliamente conocidas por quienes organizaron y avalaron su presencia en México, lo cual vuelve poco congruente sostener que el verdadero detonante surgió repentinamente de expresiones que ya formaban parte de su perfil político público; por ello, desde una visión estrictamente personal, resulta complicado desvincular la cancelación del contexto político y mediático que se intensificó tras las declaraciones emitidas ya en territorio mexicano, especialmente cuando distintos sectores afines al oficialismo reaccionaron de manera inmediata y cuando el costo político de mantener su participación comenzó a crecer públicamente, derivado de esto, el episodio termina proyectando la percepción de que ciertas expresiones políticas extranjeras pueden ser toleradas o desplazadas del espacio público dependiendo de la narrativa dominante del momento, lo que vuelve todavía más difusa la línea entre la defensa legítima de la soberanía y la administración selectiva de las voces consideradas políticamente aceptables.
A partir de estos tres casos, el análisis permite identificar un patrón que trasciende los hechos aislados, dicho esto, la soberanía no opera en la práctica como un principio rígido, sino como una herramienta que se adapta a las necesidades del momento político; sin embargo, adquiere una dimensión aún más relevante cuando la narrativa oficial comienza a mostrar una fisura, porque mientras se invoca la soberanía como principio inquebrantable frente a cualquier forma de intervención externa, se omite señalar con la misma claridad que la participación de la propia presidenta en espacios como la IV Reunión “En Defensa de la Democracia”, realizada en Barcelona el pasado mes de abril, no es un acto neutro, no es un gesto diplomático aislado, es una toma de postura, y en un contexto de tensiones con actores internacionales relevantes, esa postura no solo se observa, se interpreta y eventualmente se utiliza, particularmente cuando se incorpora el contexto internacional en el que se inscriben estos acontecimientos, ya que la participación en foros de carácter ideológico fuera del país no puede desvincularse de la manera en que dichos movimientos son leídos por otros actores globales, especialmente en un entorno donde las relaciones bilaterales se encuentran sujetas a tensiones constantes, por ello, las decisiones políticas no se producen en el vacío, sino dentro de marcos de interpretación que influyen en la activación de determinadas herramientas jurídicas o diplomáticas.
Este entramado se vuelve aún más evidente cuando se traslada al terreno electoral, donde los incentivos políticos adquieren una relevancia determinante, por lo tanto, el contexto rumbo a 2027 introduce una variable que no puede ignorarse, ya que los movimientos observados en el presente parecen responder a una lógica de posicionamiento anticipado que desborda los tiempos formales establecidos por la ley, lo cual se refleja en la proliferación de figuras como “Coordinadores de la Defensa de la Transformación” para el caso del oficialismo y, en el caso de partidos como PAN y PRI, bajo la denominación “Coordinadores de la defensa del voto”, cuya función resulta difícil de desvincular de una estrategia de construcción de presencia territorial con fines electorales, derivado de esto, la discusión deja de ser estrictamente jurídica para convertirse en un análisis de coherencia política.
No hace falta probar jurídicamente que son actos anticipados; basta exhibir la lógica: cambiar el nombre para evitar la consecuencia. Y cuando esa lógica se normaliza, el problema deja de ser una posible infracción aislada para convertirse en una práctica sistemática que erosiona la equidad del proceso democrático, dicho lo anterior, no puede atribuirse exclusivamente a un solo actor político, ya que, distintos partidos han incurrido en estrategias similares, evidenciando que la simulación no es una anomalía, sino una constante dentro del sistema, por ello, el lenguaje deja de ser un instrumento de claridad para convertirse en una herramienta de evasión que permite sortear las restricciones legales sin modificar la esencia de la conducta.
En este contexto, la relación entre soberanía, selectividad política y simulación electoral adquiere una coherencia que no puede ignorarse, por lo tanto, los distintos casos analizados no deben entenderse como episodios aislados, sino como manifestaciones de una misma lógica en la que los principios se adaptan a las necesidades del momento, lo que revela una transformación profunda en la manera en que se ejerce el poder, ya que, en lugar de operar bajo criterios absolutos, se ajusta a una racionalidad estratégica que privilegia la utilidad política por encima de la consistencia normativa, derivado de esto, la soberanía pierde su carácter de límite y se convierte en un recurso que se activa o se desactiva según convenga.
Lo que comenzó como una discusión sobre intervencionismo extranjero termina revelando algo más profundo, por ello, el problema ya no radica en quién interviene o deja de intervenir, sino en quién decide cuándo nombrarlo y cuándo ignorarlo; los principios ya no son absolutos; empero, son administrados.
Finalmente, esta realidad obliga a replantear no solo la manera en que se interpreta la soberanía, sino también el uso que se hace de ella dentro del discurso político contemporáneo, porque en la medida en que se convierte en un recurso flexible, pierde su capacidad de funcionar como un principio rector y se transforma en una herramienta de legitimación, lo cual plantea una interrogante inevitable ¿la soberanía sigue siendo un principio o se ha convertido en un recurso discursivo estratégicamente permisivo, activado o ignorado según la conveniencia política, incluso cuando el tablero electoral ya comenzó a moverse mucho antes de que la ley lo permita?
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1521 fallecía en Texcoco (posiblemente), México, el tlatoani, guerrero y militar Tlaxcalteca, Xicohténcatl Axayacatzin, quien luchó contra las fuerzas españolas durante el periodo de la Conquista y tras haber sido vencido generó alianzas para continuar su lucha; sin embargo, Hernán Cortés tuvo conocimiento previo de sus intenciones de provocar un golpe de estado en Tlaxcala y ordenó su captura y muerte; en 1820 nacía en Florencia, Italia, la enfermera, escritora, estadista y profesora Florence Nightingale, quien a temprana edad mostró su pasión por ayudar en la atención a los enfermos y modificar un poco el trato que se les brindaba; fue altamente reconocida por su labor en la Guerra de Crimea en el hospital de Scutari; sin embargo, la prensa de la época pareciera haber exaltado de más dicho trabajo con lo que le valió convertirla en una imagen pública en el Reino Unido. El reconocimiento del día internacional de la enfermera se estableció debido a la fecha de nacimiento de esta notable mujer; en 1910 nacía en El Cairo, Imperio Británico, la bioquímica Dorothy Mary Crowfoot Hodgkin, quien descubrió la técnica para visualizar las estructuras moleculares en tres dimensiones en forma de cristales a la que se llamó “Cristalografía”, con la cual, se consiguieron avances importantes en las investigaciones sobre la estructura de la vitamina B12 y la penicilina lo que le valió ganar el Premio Nobel de Química en 1964 “por sus determinaciones mediante técnicas de rayos X de las estructuras de importantes sustancias bioquímicas».
Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.
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Intervencionismo conveniente
12 DE MAYO DE 2026 Intervencionismo convenientePor: Víctor Manuel Reyes Ferriz
La soberanía, entendida en su dimensión más estricta y no como un recurso retórico adaptable, constituye uno de los pilares fundamentales sobre los cuales se edifica el orden constitucional mexicano, por ello, de los numerales 39 al 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no solo establecen que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, sino que además delimitan el origen, la legitimidad y el propósito del poder público, lo cual implica que cualquier forma de influencia externa que pretenda incidir en las decisiones internas del país debe ser observada bajo un criterio de excepcionalidad y cautela; es decir, no basta con invocar la soberanía como un principio abstracto cuando conviene al discurso político, sino que se exige coherencia en su aplicación práctica, ya que en la medida en que se relativiza o se interpreta de manera flexible, se corre el riesgo de vaciarla de contenido, convirtiéndola en un concepto maleable que pierde su capacidad de operar como límite frente a actores externos y como garantía frente a los propios excesos del poder interno, por lo tanto, hablar de intervencionismo extranjero no puede reducirse a una etiqueta circunstancial, sino que debe entenderse como una categoría que implica la transgresión de un principio constitucional claramente definido.
Desde esta perspectiva, y bajo una visión estrictamente personal, el momento político actual en México presenta la confluencia de, al menos, tres acontecimientos que han sido utilizados para “apelar” —ya sea de manera directa o indirecta— a la noción de intervencionismo extranjero dentro del discurso público, comenzando por el tratamiento institucional dirigido hacia Maru Campos, continuando con el contexto que rodea a Rubén Rocha Moya y culminando con la presencia en territorio nacional de Isabel Díaz Ayuso; empero, en medio de esta construcción narrativa que parece defender con firmeza la soberanía frente a cualquier forma de injerencia externa, se omite un elemento que, lejos de ser anecdótico, adquiere relevancia política en un entorno internacional particularmente sensible, y es la participación de Claudia Sheinbaum en un encuentro de liderazgos de izquierda latinoamericana en Barcelona, lo cual introduce una variable que no puede analizarse de manera aislada cuando las relaciones entre México y ciertos sectores de poder en Estados Unidos se encuentran en un punto de tensión que, aunque no siempre explícito, resulta innegable en su trasfondo.
El caso de Maru Campos permite observar con claridad cómo la lógica de la soberanía no se limita a la defensa frente a actores externos, sino que también se proyecta hacia el interior del sistema político como un mecanismo de control y de narrativa institucional, por ello, el citatorio emitido desde el Senado, cuidadosamente presentado bajo la figura de una “invitación” a comparecer, no puede interpretarse únicamente como un ejercicio ordinario de rendición de cuentas, sino que debe analizarse en el contexto político en el que se produce, particularmente cuando el trasfondo del caso se encuentra relacionado con versiones que comenzaron a surgir posteriormente sobre la participación directa de agencias norteamericanas en acciones para desmantelar un narcolaboratorio dentro del estado de Chihuahua, inicialmente presentado bajo una narrativa públicamente contradictoria respecto a las circunstancias en las que fallecieron dos agentes estadounidenses; ya que mientras las versiones oficiales intentaron reducir el hecho a un accidente aislado, distintas filtraciones y reportes posteriores apuntaron a la existencia de coordinación previa entre autoridades mexicanas y personal extranjero, lo que introduce una contradicción adicional, porque el ingreso y actuación formal de agentes internacionales dentro del territorio nacional únicamente puede producirse mediante autorización federal, lo cual revela una utilización estratégica de los instrumentos institucionales para generar presión pública bajo un lenguaje que pretende mantener una apariencia de neutralidad, derivado de esto, se configura una primera señal de selectividad, porque mientras se activa el aparato institucional frente a ciertos actores, se construye paralelamente una narrativa que legitima dicha acción como parte del funcionamiento democrático, cuando en realidad responde a una lógica de oportunidad política, lo cual implica que la soberanía, en lugar de operar como un principio uniforme, comienza a fragmentarse en su aplicación.
Al trasladar el análisis al caso de Rubén Rocha Moya, el escenario adquiere una complejidad mayor, ya que en él convergen factores internos y externos que no pueden entenderse de manera aislada, por lo tanto, la existencia de un marco jurídico y operativo norteamericano orientado a combatir estructuras criminales bajo esquemas de seguridad ampliada introduce una dimensión que rebasa el ámbito nacional y que abre la puerta a presiones diplomáticas, cooperación reforzada e incluso a interpretaciones con capacidad de impactar a distintos actores políticos, particularmente después de la publicación de la nueva estrategia estadounidense contra el tráfico de drogas, un documento de más de 190 páginas orientado a homologar y coordinar el actuar de distintas agencias de seguridad bajo una lógica de combate transnacional al narcotráfico; empero, lo verdaderamente relevante no radica únicamente en la existencia de este instrumento, sino en el momento en que adquiere protagonismo dentro del discurso y la acción política, particularmente porque las versiones y documentos difundidos alrededor del caso no se limitan exclusivamente a la figura del gobernador sinaloense, sino que incluyen solicitudes norteamericanas de detención y posterior extradición dirigidas contra un grupo más amplio de actores políticos del estado de Sinaloa, alcanzando presuntamente a diez funcionarios tanto del ámbito ejecutivo como legislativo vinculados con estructuras criminales, lo que transforma el asunto de un señalamiento individual a una posible red de protección política, derivado de esto, la licencia solicitada por Rocha Moya bajo el argumento de facilitar las investigaciones terminó generando todavía más cuestionamientos ante la ausencia de información clara sobre su ubicación y sobre el verdadero alcance de la cooperación entre autoridades mexicanas y norteamericanas, ya que es precisamente en este tipo de escenarios donde se vuelve pertinente preguntarse bajo qué condiciones determinadas herramientas internacionales se activan con mayor intensidad, lo cual permite sostener, desde una lectura personal, que ciertos acontecimientos políticos pueden funcionar como detonadores contextuales que facilitan la utilización de mecanismos previamente establecidos, no como resultado de una relación causal automática, sino como consecuencia de un entorno geopolítico que vuelve más viable su aplicación, por ello, no se trata de afirmar que un hecho específico genere una reacción inmediata, sino de reconocer que en el ámbito internacional los movimientos políticos se interpretan, se acumulan y, eventualmente, se utilizan.
En el caso de Isabel Díaz Ayuso, el análisis se desplaza hacia una dimensión simbólica y discursiva que resulta particularmente reveladora, por lo tanto, su presencia en México no puede reducirse a un ejercicio de intercambio político o académico, sino que debe entenderse como la inserción de una figura extranjera en el debate interno de un país que, al menos en su narrativa oficial, ha sostenido una postura de rechazo frente a cualquier forma de intervención externa, lo cual genera una tensión evidente entre el discurso y la práctica, especialmente al considerar que la visita fue impulsada y respaldada por un grupo empresarial que desde hace tiempo mantiene una confrontación pública con el gobierno mexicano y cuya postura política resulta diametralmente opuesta a la narrativa encabezada por Claudia Sheinbaum, por ello, desde una lectura estrictamente personal, resulta difícil interpretar esta coincidencia como un hecho completamente casual, particularmente cuando la figura elegida para encabezar dicha gira fue precisamente una dirigente española identificada con posiciones conservadoras y con discursos que históricamente han confrontado las posturas impulsadas por distintos sectores de la izquierda iberoamericana, derivado de esto, la visita deja de percibirse como un acto aislado y comienza a insertarse dentro de una lógica de posicionamientos ideológicos que inevitablemente terminan proyectándose sobre el debate político mexicano.
La tensión alrededor de este episodio adquirió una dimensión todavía más reveladora tras el retiro de la invitación que originalmente había sido extendida a Ayuso para participar en un evento organizado por Grupo Xcaret en Quintana Roo, ya que la explicación pública ofrecida por la propia empresa terminó exhibiendo una contradicción difícil de ignorar, particularmente cuando se argumentó que la decisión obedecía a declaraciones realizadas por la dirigente española “meses anteriores”, pese a que una visita internacional de esta naturaleza necesariamente implicó un proceso de coordinación y planeación previo durante el cual dichas posturas ya eran ampliamente conocidas por quienes organizaron y avalaron su presencia en México, lo cual vuelve poco congruente sostener que el verdadero detonante surgió repentinamente de expresiones que ya formaban parte de su perfil político público; por ello, desde una visión estrictamente personal, resulta complicado desvincular la cancelación del contexto político y mediático que se intensificó tras las declaraciones emitidas ya en territorio mexicano, especialmente cuando distintos sectores afines al oficialismo reaccionaron de manera inmediata y cuando el costo político de mantener su participación comenzó a crecer públicamente, derivado de esto, el episodio termina proyectando la percepción de que ciertas expresiones políticas extranjeras pueden ser toleradas o desplazadas del espacio público dependiendo de la narrativa dominante del momento, lo que vuelve todavía más difusa la línea entre la defensa legítima de la soberanía y la administración selectiva de las voces consideradas políticamente aceptables.
A partir de estos tres casos, el análisis permite identificar un patrón que trasciende los hechos aislados, dicho esto, la soberanía no opera en la práctica como un principio rígido, sino como una herramienta que se adapta a las necesidades del momento político; sin embargo, adquiere una dimensión aún más relevante cuando la narrativa oficial comienza a mostrar una fisura, porque mientras se invoca la soberanía como principio inquebrantable frente a cualquier forma de intervención externa, se omite señalar con la misma claridad que la participación de la propia presidenta en espacios como la IV Reunión “En Defensa de la Democracia”, realizada en Barcelona el pasado mes de abril, no es un acto neutro, no es un gesto diplomático aislado, es una toma de postura, y en un contexto de tensiones con actores internacionales relevantes, esa postura no solo se observa, se interpreta y eventualmente se utiliza, particularmente cuando se incorpora el contexto internacional en el que se inscriben estos acontecimientos, ya que la participación en foros de carácter ideológico fuera del país no puede desvincularse de la manera en que dichos movimientos son leídos por otros actores globales, especialmente en un entorno donde las relaciones bilaterales se encuentran sujetas a tensiones constantes, por ello, las decisiones políticas no se producen en el vacío, sino dentro de marcos de interpretación que influyen en la activación de determinadas herramientas jurídicas o diplomáticas.
Este entramado se vuelve aún más evidente cuando se traslada al terreno electoral, donde los incentivos políticos adquieren una relevancia determinante, por lo tanto, el contexto rumbo a 2027 introduce una variable que no puede ignorarse, ya que los movimientos observados en el presente parecen responder a una lógica de posicionamiento anticipado que desborda los tiempos formales establecidos por la ley, lo cual se refleja en la proliferación de figuras como “Coordinadores de la Defensa de la Transformación” para el caso del oficialismo y, en el caso de partidos como PAN y PRI, bajo la denominación “Coordinadores de la defensa del voto”, cuya función resulta difícil de desvincular de una estrategia de construcción de presencia territorial con fines electorales, derivado de esto, la discusión deja de ser estrictamente jurídica para convertirse en un análisis de coherencia política.
No hace falta probar jurídicamente que son actos anticipados; basta exhibir la lógica: cambiar el nombre para evitar la consecuencia. Y cuando esa lógica se normaliza, el problema deja de ser una posible infracción aislada para convertirse en una práctica sistemática que erosiona la equidad del proceso democrático, dicho lo anterior, no puede atribuirse exclusivamente a un solo actor político, ya que, distintos partidos han incurrido en estrategias similares, evidenciando que la simulación no es una anomalía, sino una constante dentro del sistema, por ello, el lenguaje deja de ser un instrumento de claridad para convertirse en una herramienta de evasión que permite sortear las restricciones legales sin modificar la esencia de la conducta.
En este contexto, la relación entre soberanía, selectividad política y simulación electoral adquiere una coherencia que no puede ignorarse, por lo tanto, los distintos casos analizados no deben entenderse como episodios aislados, sino como manifestaciones de una misma lógica en la que los principios se adaptan a las necesidades del momento, lo que revela una transformación profunda en la manera en que se ejerce el poder, ya que, en lugar de operar bajo criterios absolutos, se ajusta a una racionalidad estratégica que privilegia la utilidad política por encima de la consistencia normativa, derivado de esto, la soberanía pierde su carácter de límite y se convierte en un recurso que se activa o se desactiva según convenga.
Lo que comenzó como una discusión sobre intervencionismo extranjero termina revelando algo más profundo, por ello, el problema ya no radica en quién interviene o deja de intervenir, sino en quién decide cuándo nombrarlo y cuándo ignorarlo; los principios ya no son absolutos; empero, son administrados.
Finalmente, esta realidad obliga a replantear no solo la manera en que se interpreta la soberanía, sino también el uso que se hace de ella dentro del discurso político contemporáneo, porque en la medida en que se convierte en un recurso flexible, pierde su capacidad de funcionar como un principio rector y se transforma en una herramienta de legitimación, lo cual plantea una interrogante inevitable ¿la soberanía sigue siendo un principio o se ha convertido en un recurso discursivo estratégicamente permisivo, activado o ignorado según la conveniencia política, incluso cuando el tablero electoral ya comenzó a moverse mucho antes de que la ley lo permita?
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1521 fallecía en Texcoco (posiblemente), México, el tlatoani, guerrero y militar Tlaxcalteca, Xicohténcatl Axayacatzin, quien luchó contra las fuerzas españolas durante el periodo de la Conquista y tras haber sido vencido generó alianzas para continuar su lucha; sin embargo, Hernán Cortés tuvo conocimiento previo de sus intenciones de provocar un golpe de estado en Tlaxcala y ordenó su captura y muerte; en 1820 nacía en Florencia, Italia, la enfermera, escritora, estadista y profesora Florence Nightingale, quien a temprana edad mostró su pasión por ayudar en la atención a los enfermos y modificar un poco el trato que se les brindaba; fue altamente reconocida por su labor en la Guerra de Crimea en el hospital de Scutari; sin embargo, la prensa de la época pareciera haber exaltado de más dicho trabajo con lo que le valió convertirla en una imagen pública en el Reino Unido. El reconocimiento del día internacional de la enfermera se estableció debido a la fecha de nacimiento de esta notable mujer; en 1910 nacía en El Cairo, Imperio Británico, la bioquímica Dorothy Mary Crowfoot Hodgkin, quien descubrió la técnica para visualizar las estructuras moleculares en tres dimensiones en forma de cristales a la que se llamó “Cristalografía”, con la cual, se consiguieron avances importantes en las investigaciones sobre la estructura de la vitamina B12 y la penicilina lo que le valió ganar el Premio Nobel de Química en 1964 “por sus determinaciones mediante técnicas de rayos X de las estructuras de importantes sustancias bioquímicas».
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“Check your ego at the door”
28 DE ENERO DE 2025 “Check your ego at the door”POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ
¿Recuerdas cómo era tu vida hace 40 años?, ¿Recuerdas qué hacías en 1985?, ¿Puedes recordar lo que era vivir en un mundo mucho más aislado que en el que transitamos hoy en día?, ¿Cómo te enterabas de lo que sucedía en el mundo?, bueno pues hoy intentaré llevarlos a un momento específico que, en lo personal, me pone la piel chinita debido a una gran acción, donde afloró la sensibilidad, la humanidad, la cooperación y sobre todo la empatía de los mayores artistas musicales del género pop, es decir, la crema y nata de los grandes hits de la música de los 80’s que, se dieron cita para que juntos, lograran crear la maravillosa canción de “We are the world”, la cual, fue grabada en el A&M Recording Studios en Los Ángeles, California un 28 de enero pero de 1985.
Para llegar a este punto debemos retroceder al menos un año más, situarnos en 1984 y debemos recordar que en aquella incipiente década de los 80’s, todavía se veía lejano, por una parte, la culminación del periodo denominado como “Guerra Fría” (1947-1989), también entre los años 1981 y 1983 se presentaron sucesos que sacudieron al mundo entre los que podemos encontrar los atentados contra el presidente Ronald Reagan y el papa Juan Pablo II o el asesinato de la Primer Ministra Indira Gandhi, el descubrimiento del “Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida” (SIDA), la muerte del legendario cantante y rey del reggae Bob Marley, o la invasión de Argentina en las Islas Malvinas que lo confrontó con las fuerzas armadas de Gran Bretaña y que, de hecho, gracias a dicha derrota fue posible la caída de la dictadura encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri y la nación tuvo de nuevo elecciones abiertas; por si todo esto no fuera suficiente alrededor del mundo, en el continente africano se presentaba una de las mayores crisis alimentarias que lo ha azotado durante décadas y especialmente afectaba a los países de Etiopía y Somalia, por lo que en el mes de noviembre del mencionado 1984, el activista político, actor, cantante y compositor irlandés Robert Frederick Zenon Geldof mejor conocido simplemente como Bob Geldof, encontró una manera de ayudar, de involucrarse en ser una solución para dejar de pertenecer al problema mismo, y su aportación, además de novedosa, francamente impactante, fue reunir a los mayores solistas y algunas bandas de rock británicas para grabar un sencillo intitulado “Do they know it´s christmas”, con la finalidad de que cada “penny” recaudado fuera destinado a llevar alimentos a estos dos países que tanto lo necesitaban.
Este enorme proyecto que encabezó Bob Geldof, además de ser innovador, generoso, solidario, empático y sobre todo humano, nos ubicó en el ánimo de preocuparnos, pero por encima de todo, a ocuparnos de los problemas que se encuentran todos los días en las diferentes latitudes y hacernos consientes que siempre habrá quienes la estén pasando peor que nosotros, por ello, es indispensable sumarse a causas de este tipo para intentar, en la medida de lo posible, contrarrestar las causas que originan esa desigualdad, y es así que este proyecto culminó con la conformación de la banda “Band Aid” que consiguió reunir a 42 artistas británicos, lo más destacado del momento, entre los que se resaltan las participaciones de genios como Paul McCartney, David Bowie, Phil Collins, Sting, Bono, George Michael, entre muchos otros y juntos grabaron, en sus tiempos libres, la canción que se convirtió en un himno para Europa; empero, si ese proyecto fue grandioso, debemos darle una mención y reconocimiento especial a lo hecho “del otro lado del charco” gracias al interés genuino de Harry Belafonte.
Muy bien es momento de regresar a nuestro tema original. Probablemente en muchos de nosotros cuando escuchamos el nombre de Harry Belafonte, nuestra mente en automático comienza a tararear la música de la canción “Day-O” que generalmente la conocemos como “The banana boat song”, e incluso, una canción que es utilizada en el famosísimo largometraje “Beetlejuice” que nuevamente nos remonta a la década de los 80´s pues su lanzamiento fue en 1988; empero, este icónico personaje traspasó las fronteras de la música para posicionarse no solo como actor, cantante y político sino en un asesor y gran amigo de Martin Luther King Jr., a quien apoyó fuertemente. Contestatario, entregado a la causa de los derechos civiles de las personas de color, pero sobre todo un gran ser humano, que peleaba por conseguir una igualdad en todos los estratos sociales en todos los rubros y eso incluyó el enorme problema del hambre en África, y dicho esto, resulta que el artífice de lo que hoy conocemos como el movimiento “USA for Africa” es gracias a este maravilloso ser humano, quien contactó a Ken Kragen, un influyente representante artístico de los Estados Unidos, y le propuso replicar lo hecho por Bob Geldof pero con las voces más reconocidas de la nación de las barras y las estrellas.
Debemos recordar que para aquellos años existían nombres de muchísimo peso en la escena musical; empero, al menos tres de los primeros involucrados era una verdadera bomba, me refiero a Lionel Richie quien recibió la primer llamada para la realización de tan ambicioso proyecto, Stevie Wonder, en quien Richie pensó para la creación de la canción; sin embargo, no tuvo una respuesta a tiempo, y Michael Jackson, quien además de ser un enorme músico, se encontraba en la, tal vez, cima de su carrera y por consiguiente al contar con estos monstruos de la música bajo la dirección de otro grande como Quincy Jones, se pensó que sería más que suficiente para convocar a 43 personalidades entre las que se encontraban artistas de la talla de Tina Turner, Bob Dylan, Diana Ross, Ray Charles, Bruce Springsteen, Billy Joel, Cyndi Lauper, entre muchos otros; sin embargo, el reto fue mayúsculo no solo para coordinar que tantas estrellas estuvieran en el mismo lugar al mismo tiempo, sino porque adicionalmente a ello, se realizó en un lapso de poco más de diez horas, y esas dos condicionantes, únicamente son una pequeña muestra de la complejidad que se tuvo que sortear, porque toda la logística fue perfecta y se cubrieron todos los detalles comenzando por la secrecía; nada más me gustaría adicionar otro “pequeño” detalle, la canción fue realizada en una semana, si, en solo siete días se contaba ya, con la música y la letra, una verdadera locura.
El resultado y desarrollo de todo este proyecto lo pueden disfrutar en la plataforma de streaming Netflix bajo el título “The greatest night in pop”, que es un documental que vio la luz en el 2024, y que muestra lo complejo, pero a la vez satisfactorio que fue llevar a cabo este maravilloso acontecimiento que reunió a lo mejor de la música de la inolvidable década de los 80´s, y que, en palabras de otro pilar indiscutible del proyecto, Lionel Richie nos dice: “There was nothing more chaotic than trying to rope this creative ball of energy together” (No había nada más caótico que intentar unificar esa masa de energía creativa); empero, quizás lo más extraordinario fue una enorme acción que hizo Quincy Jones antes de la llegada de todo el elenco, y fue el colocar un pequeño letrero sobre la puerta de entrada que decía “Check your ego at the door” (Deja tu ego en la puerta), una frase sumamente potente, directa, clara, certera, porque reunir a tanta estrella por supuesto que podría convertirse en una competencia, así que darles a entender que lo importante no eran las personas sino el resultado del proyecto me parece la forma más sabia de preparar el terreno para conseguir el resultado deseado; no pueden ni deben dejar de verlo.
Con base en este tipo de proyectos, la música siempre ha sido un canal perfecto para tocar el alma de las personas y guiarnos para ayudar, para empatizar con los que menos tienen, para unirnos aunque sea por momentos breves pero bastante profundos y para muestras tenemos muchísimas empezando por el concierto “Live Aid” que fue precisamente Geldof quien lo hizo posible en julio de 1985 y nuevamente, en 2005, se lanzó a replicarlo, pero esta vez con una serie de 11 conciertos en 8 ciudades que se desarrolló del 2 al 6 de julio y lo llamó “Live 8”, los cuales, fueron completos éxitos, el resultado no solo fue el de grandes conciertos que miles de almas disfrutaron, sino la recaudación fue enorme, se cumplió con el único objetivo bajo el que fueron concebidos estos espectáculos masivos y muchas personas en Etiopía y Somalia recibieron la ayuda alimentaria que se necesitaba y aunque no sería posible erradicar la hambruna que los aquejaba, el simple hecho de dedicar esfuerzos de tantos meses valió la pena.
Hoy en día, Etiopía y Somalia se encuentran respectivamente en los lugares 61 y 152 en el ranking de la economía con base en su PIB, asimismo, en los puestos 159 y 190 en el ranking Doing Business de un total de 190 países participantes, también cuentan con 38 y 12 puntos bajo el índice de percepción de la corrupción, de tal suerte que la situación no ha mejorado para los poco más de 147 millones de habitantes de ambas naciones, lo que significa solamente el 1,83% de la población mundial, por lo que me es inevitable pensar ¿entre el resto de la población mundial, no existe una manera de sacar de la pobreza extrema y hambruna si nos decidimos a hacerlo?, y me parece que la respuesta es obvia, SÍ, entonces ¿no deberíamos exigirles a los múltiples organismos internacionales como el Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, Banco Interamericano de Desarrollo, entre muchos otros, el involucrar no a los estados sino a la población a que aporten recursos para encontrar una equidad?, ¿de qué nos sirven ese tipo de organismos sino para proteger a los desfavorecidos?.
Finalmente, dentro de la Organización de las Naciones Unidas existen organismos que se enfocan específicamente a combatir el hambre como lo es la FAO, o el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y parece que no han resultado lo suficientemente eficientes por lo que como personas físicas o morales, podemos optar por apoyar ONG´s que hayan demostrado su eficiencia y eficacia como lo son “Food Yoga International” que es una organización sin fines de lucro que sirve 1 millón de comidas diarias y todo su enfoque es vegano procurando gestionar e implementar proyectos agropecuarios en las diferentes comunidades y aunque en mi punto de vista, la utilización de alimentos de origen animal debe ser necesario, seguramente ellos cuentan con mayor información y por algo continúan haciendo su enorme labor; así que si queremos mejorar nuestro planeta, comencemos por ocuparnos de los problemas de los demás que terminan siendo de todos.
Recordemos lo que dice esta hermosa canción:
“We are the world
We are the children
We are the ones who make a brighter day, so let’s start giving…”DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1225 nacía en Roccasecca, Italia, el catedrático, escritor, filósofo, teólogo y presbítero católico Tommaso d’Aquino, mejor conocido como Santo Tomás de Aquino y quien dejó como legado entre muchas otras obras, sus tres síntesis teológicas “Summa Theologiae”, “Summa contra Gentiles” y “Scriptum super Sententias”; en 1813 en Londres, Inglaterra, la escritora Jane Austen publica por primera ocasión la novela que posiblemente marcará su carrera “Pride & Prejudice” (Orgullo y Prejuicio) y en cuyas páginas se puede advertir gran comicidad para tratar temas tan arraigados y añejos como el que nos mantiene aquejando hoy en día como lo es la falta de equidad en las oportunidades de las mujeres; en 1887 en París, Francia, se comienza la construcción de la que en aquel entonces se preveía como la entrada a la “Exposición Universal de París” que se celebraría dos años después para conmemorar el Centenario de la Revolución Francesa y lo que posiblemente no se vislumbró en ningún momento es que esta icónica edificación se convertiría en el corazón de la ciudad, nos referimos a la “Tour Eiffel” (Torre Eiffel).
Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.
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“Check your ego at the door”
28 DE ENERO DE 2025 “Check your ego at the door”POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ
¿Recuerdas cómo era tu vida hace 40 años?, ¿Recuerdas qué hacías en 1985?, ¿Puedes recordar lo que era vivir en un mundo mucho más aislado que en el que transitamos hoy en día?, ¿Cómo te enterabas de lo que sucedía en el mundo?, bueno pues hoy intentaré llevarlos a un momento específico que, en lo personal, me pone la piel chinita debido a una gran acción, donde afloró la sensibilidad, la humanidad, la cooperación y sobre todo la empatía de los mayores artistas musicales del género pop, es decir, la crema y nata de los grandes hits de la música de los 80’s que, se dieron cita para que juntos, lograran crear la maravillosa canción de “We are the world”, la cual, fue grabada en el A&M Recording Studios en Los Ángeles, California un 28 de enero pero de 1985.
Para llegar a este punto debemos retroceder al menos un año más, situarnos en 1984 y debemos recordar que en aquella incipiente década de los 80’s, todavía se veía lejano, por una parte, la culminación del periodo denominado como “Guerra Fría” (1947-1989), también entre los años 1981 y 1983 se presentaron sucesos que sacudieron al mundo entre los que podemos encontrar los atentados contra el presidente Ronald Reagan y el papa Juan Pablo II o el asesinato de la Primer Ministra Indira Gandhi, el descubrimiento del “Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida” (SIDA), la muerte del legendario cantante y rey del reggae Bob Marley, o la invasión de Argentina en las Islas Malvinas que lo confrontó con las fuerzas armadas de Gran Bretaña y que, de hecho, gracias a dicha derrota fue posible la caída de la dictadura encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri y la nación tuvo de nuevo elecciones abiertas; por si todo esto no fuera suficiente alrededor del mundo, en el continente africano se presentaba una de las mayores crisis alimentarias que lo ha azotado durante décadas y especialmente afectaba a los países de Etiopía y Somalia, por lo que en el mes de noviembre del mencionado 1984, el activista político, actor, cantante y compositor irlandés Robert Frederick Zenon Geldof mejor conocido simplemente como Bob Geldof, encontró una manera de ayudar, de involucrarse en ser una solución para dejar de pertenecer al problema mismo, y su aportación, además de novedosa, francamente impactante, fue reunir a los mayores solistas y algunas bandas de rock británicas para grabar un sencillo intitulado “Do they know it´s christmas”, con la finalidad de que cada “penny” recaudado fuera destinado a llevar alimentos a estos dos países que tanto lo necesitaban.
Este enorme proyecto que encabezó Bob Geldof, además de ser innovador, generoso, solidario, empático y sobre todo humano, nos ubicó en el ánimo de preocuparnos, pero por encima de todo, a ocuparnos de los problemas que se encuentran todos los días en las diferentes latitudes y hacernos consientes que siempre habrá quienes la estén pasando peor que nosotros, por ello, es indispensable sumarse a causas de este tipo para intentar, en la medida de lo posible, contrarrestar las causas que originan esa desigualdad, y es así que este proyecto culminó con la conformación de la banda “Band Aid” que consiguió reunir a 42 artistas británicos, lo más destacado del momento, entre los que se resaltan las participaciones de genios como Paul McCartney, David Bowie, Phil Collins, Sting, Bono, George Michael, entre muchos otros y juntos grabaron, en sus tiempos libres, la canción que se convirtió en un himno para Europa; empero, si ese proyecto fue grandioso, debemos darle una mención y reconocimiento especial a lo hecho “del otro lado del charco” gracias al interés genuino de Harry Belafonte.
Muy bien es momento de regresar a nuestro tema original. Probablemente en muchos de nosotros cuando escuchamos el nombre de Harry Belafonte, nuestra mente en automático comienza a tararear la música de la canción “Day-O” que generalmente la conocemos como “The banana boat song”, e incluso, una canción que es utilizada en el famosísimo largometraje “Beetlejuice” que nuevamente nos remonta a la década de los 80´s pues su lanzamiento fue en 1988; empero, este icónico personaje traspasó las fronteras de la música para posicionarse no solo como actor, cantante y político sino en un asesor y gran amigo de Martin Luther King Jr., a quien apoyó fuertemente. Contestatario, entregado a la causa de los derechos civiles de las personas de color, pero sobre todo un gran ser humano, que peleaba por conseguir una igualdad en todos los estratos sociales en todos los rubros y eso incluyó el enorme problema del hambre en África, y dicho esto, resulta que el artífice de lo que hoy conocemos como el movimiento “USA for Africa” es gracias a este maravilloso ser humano, quien contactó a Ken Kragen, un influyente representante artístico de los Estados Unidos, y le propuso replicar lo hecho por Bob Geldof pero con las voces más reconocidas de la nación de las barras y las estrellas.
Debemos recordar que para aquellos años existían nombres de muchísimo peso en la escena musical; empero, al menos tres de los primeros involucrados era una verdadera bomba, me refiero a Lionel Richie quien recibió la primer llamada para la realización de tan ambicioso proyecto, Stevie Wonder, en quien Richie pensó para la creación de la canción; sin embargo, no tuvo una respuesta a tiempo, y Michael Jackson, quien además de ser un enorme músico, se encontraba en la, tal vez, cima de su carrera y por consiguiente al contar con estos monstruos de la música bajo la dirección de otro grande como Quincy Jones, se pensó que sería más que suficiente para convocar a 43 personalidades entre las que se encontraban artistas de la talla de Tina Turner, Bob Dylan, Diana Ross, Ray Charles, Bruce Springsteen, Billy Joel, Cyndi Lauper, entre muchos otros; sin embargo, el reto fue mayúsculo no solo para coordinar que tantas estrellas estuvieran en el mismo lugar al mismo tiempo, sino porque adicionalmente a ello, se realizó en un lapso de poco más de diez horas, y esas dos condicionantes, únicamente son una pequeña muestra de la complejidad que se tuvo que sortear, porque toda la logística fue perfecta y se cubrieron todos los detalles comenzando por la secrecía; nada más me gustaría adicionar otro “pequeño” detalle, la canción fue realizada en una semana, si, en solo siete días se contaba ya, con la música y la letra, una verdadera locura.
El resultado y desarrollo de todo este proyecto lo pueden disfrutar en la plataforma de streaming Netflix bajo el título “The greatest night in pop”, que es un documental que vio la luz en el 2024, y que muestra lo complejo, pero a la vez satisfactorio que fue llevar a cabo este maravilloso acontecimiento que reunió a lo mejor de la música de la inolvidable década de los 80´s, y que, en palabras de otro pilar indiscutible del proyecto, Lionel Richie nos dice: “There was nothing more chaotic than trying to rope this creative ball of energy together” (No había nada más caótico que intentar unificar esa masa de energía creativa); empero, quizás lo más extraordinario fue una enorme acción que hizo Quincy Jones antes de la llegada de todo el elenco, y fue el colocar un pequeño letrero sobre la puerta de entrada que decía “Check your ego at the door” (Deja tu ego en la puerta), una frase sumamente potente, directa, clara, certera, porque reunir a tanta estrella por supuesto que podría convertirse en una competencia, así que darles a entender que lo importante no eran las personas sino el resultado del proyecto me parece la forma más sabia de preparar el terreno para conseguir el resultado deseado; no pueden ni deben dejar de verlo.
Con base en este tipo de proyectos, la música siempre ha sido un canal perfecto para tocar el alma de las personas y guiarnos para ayudar, para empatizar con los que menos tienen, para unirnos aunque sea por momentos breves pero bastante profundos y para muestras tenemos muchísimas empezando por el concierto “Live Aid” que fue precisamente Geldof quien lo hizo posible en julio de 1985 y nuevamente, en 2005, se lanzó a replicarlo, pero esta vez con una serie de 11 conciertos en 8 ciudades que se desarrolló del 2 al 6 de julio y lo llamó “Live 8”, los cuales, fueron completos éxitos, el resultado no solo fue el de grandes conciertos que miles de almas disfrutaron, sino la recaudación fue enorme, se cumplió con el único objetivo bajo el que fueron concebidos estos espectáculos masivos y muchas personas en Etiopía y Somalia recibieron la ayuda alimentaria que se necesitaba y aunque no sería posible erradicar la hambruna que los aquejaba, el simple hecho de dedicar esfuerzos de tantos meses valió la pena.
Hoy en día, Etiopía y Somalia se encuentran respectivamente en los lugares 61 y 152 en el ranking de la economía con base en su PIB, asimismo, en los puestos 159 y 190 en el ranking Doing Business de un total de 190 países participantes, también cuentan con 38 y 12 puntos bajo el índice de percepción de la corrupción, de tal suerte que la situación no ha mejorado para los poco más de 147 millones de habitantes de ambas naciones, lo que significa solamente el 1,83% de la población mundial, por lo que me es inevitable pensar ¿entre el resto de la población mundial, no existe una manera de sacar de la pobreza extrema y hambruna si nos decidimos a hacerlo?, y me parece que la respuesta es obvia, SÍ, entonces ¿no deberíamos exigirles a los múltiples organismos internacionales como el Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, Banco Interamericano de Desarrollo, entre muchos otros, el involucrar no a los estados sino a la población a que aporten recursos para encontrar una equidad?, ¿de qué nos sirven ese tipo de organismos sino para proteger a los desfavorecidos?.
Finalmente, dentro de la Organización de las Naciones Unidas existen organismos que se enfocan específicamente a combatir el hambre como lo es la FAO, o el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y parece que no han resultado lo suficientemente eficientes por lo que como personas físicas o morales, podemos optar por apoyar ONG´s que hayan demostrado su eficiencia y eficacia como lo son “Food Yoga International” que es una organización sin fines de lucro que sirve 1 millón de comidas diarias y todo su enfoque es vegano procurando gestionar e implementar proyectos agropecuarios en las diferentes comunidades y aunque en mi punto de vista, la utilización de alimentos de origen animal debe ser necesario, seguramente ellos cuentan con mayor información y por algo continúan haciendo su enorme labor; así que si queremos mejorar nuestro planeta, comencemos por ocuparnos de los problemas de los demás que terminan siendo de todos.
Recordemos lo que dice esta hermosa canción:
“We are the world
We are the children
We are the ones who make a brighter day, so let’s start giving…”DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1225 nacía en Roccasecca, Italia, el catedrático, escritor, filósofo, teólogo y presbítero católico Tommaso d’Aquino, mejor conocido como Santo Tomás de Aquino y quien dejó como legado entre muchas otras obras, sus tres síntesis teológicas “Summa Theologiae”, “Summa contra Gentiles” y “Scriptum super Sententias”; en 1813 en Londres, Inglaterra, la escritora Jane Austen publica por primera ocasión la novela que posiblemente marcará su carrera “Pride & Prejudice” (Orgullo y Prejuicio) y en cuyas páginas se puede advertir gran comicidad para tratar temas tan arraigados y añejos como el que nos mantiene aquejando hoy en día como lo es la falta de equidad en las oportunidades de las mujeres; en 1887 en París, Francia, se comienza la construcción de la que en aquel entonces se preveía como la entrada a la “Exposición Universal de París” que se celebraría dos años después para conmemorar el Centenario de la Revolución Francesa y lo que posiblemente no se vislumbró en ningún momento es que esta icónica edificación se convertiría en el corazón de la ciudad, nos referimos a la “Tour Eiffel” (Torre Eiffel).
Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.
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“Check your ego at the door”
28 DE ENERO DE 2025 “Check your ego at the door”POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ
¿Recuerdas cómo era tu vida hace 40 años?, ¿Recuerdas qué hacías en 1985?, ¿Puedes recordar lo que era vivir en un mundo mucho más aislado que en el que transitamos hoy en día?, ¿Cómo te enterabas de lo que sucedía en el mundo?, bueno pues hoy intentaré llevarlos a un momento específico que, en lo personal, me pone la piel chinita debido a una gran acción, donde afloró la sensibilidad, la humanidad, la cooperación y sobre todo la empatía de los mayores artistas musicales del género pop, es decir, la crema y nata de los grandes hits de la música de los 80’s que, se dieron cita para que juntos, lograran crear la maravillosa canción de “We are the world”, la cual, fue grabada en el A&M Recording Studios en Los Ángeles, California un 28 de enero pero de 1985.
Para llegar a este punto debemos retroceder al menos un año más, situarnos en 1984 y debemos recordar que en aquella incipiente década de los 80’s, todavía se veía lejano, por una parte, la culminación del periodo denominado como “Guerra Fría” (1947-1989), también entre los años 1981 y 1983 se presentaron sucesos que sacudieron al mundo entre los que podemos encontrar los atentados contra el presidente Ronald Reagan y el papa Juan Pablo II o el asesinato de la Primer Ministra Indira Gandhi, el descubrimiento del “Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida” (SIDA), la muerte del legendario cantante y rey del reggae Bob Marley, o la invasión de Argentina en las Islas Malvinas que lo confrontó con las fuerzas armadas de Gran Bretaña y que, de hecho, gracias a dicha derrota fue posible la caída de la dictadura encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri y la nación tuvo de nuevo elecciones abiertas; por si todo esto no fuera suficiente alrededor del mundo, en el continente africano se presentaba una de las mayores crisis alimentarias que lo ha azotado durante décadas y especialmente afectaba a los países de Etiopía y Somalia, por lo que en el mes de noviembre del mencionado 1984, el activista político, actor, cantante y compositor irlandés Robert Frederick Zenon Geldof mejor conocido simplemente como Bob Geldof, encontró una manera de ayudar, de involucrarse en ser una solución para dejar de pertenecer al problema mismo, y su aportación, además de novedosa, francamente impactante, fue reunir a los mayores solistas y algunas bandas de rock británicas para grabar un sencillo intitulado “Do they know it´s christmas”, con la finalidad de que cada “penny” recaudado fuera destinado a llevar alimentos a estos dos países que tanto lo necesitaban.
Este enorme proyecto que encabezó Bob Geldof, además de ser innovador, generoso, solidario, empático y sobre todo humano, nos ubicó en el ánimo de preocuparnos, pero por encima de todo, a ocuparnos de los problemas que se encuentran todos los días en las diferentes latitudes y hacernos consientes que siempre habrá quienes la estén pasando peor que nosotros, por ello, es indispensable sumarse a causas de este tipo para intentar, en la medida de lo posible, contrarrestar las causas que originan esa desigualdad, y es así que este proyecto culminó con la conformación de la banda “Band Aid” que consiguió reunir a 42 artistas británicos, lo más destacado del momento, entre los que se resaltan las participaciones de genios como Paul McCartney, David Bowie, Phil Collins, Sting, Bono, George Michael, entre muchos otros y juntos grabaron, en sus tiempos libres, la canción que se convirtió en un himno para Europa; empero, si ese proyecto fue grandioso, debemos darle una mención y reconocimiento especial a lo hecho “del otro lado del charco” gracias al interés genuino de Harry Belafonte.
Muy bien es momento de regresar a nuestro tema original. Probablemente en muchos de nosotros cuando escuchamos el nombre de Harry Belafonte, nuestra mente en automático comienza a tararear la música de la canción “Day-O” que generalmente la conocemos como “The banana boat song”, e incluso, una canción que es utilizada en el famosísimo largometraje “Beetlejuice” que nuevamente nos remonta a la década de los 80´s pues su lanzamiento fue en 1988; empero, este icónico personaje traspasó las fronteras de la música para posicionarse no solo como actor, cantante y político sino en un asesor y gran amigo de Martin Luther King Jr., a quien apoyó fuertemente. Contestatario, entregado a la causa de los derechos civiles de las personas de color, pero sobre todo un gran ser humano, que peleaba por conseguir una igualdad en todos los estratos sociales en todos los rubros y eso incluyó el enorme problema del hambre en África, y dicho esto, resulta que el artífice de lo que hoy conocemos como el movimiento “USA for Africa” es gracias a este maravilloso ser humano, quien contactó a Ken Kragen, un influyente representante artístico de los Estados Unidos, y le propuso replicar lo hecho por Bob Geldof pero con las voces más reconocidas de la nación de las barras y las estrellas.
Debemos recordar que para aquellos años existían nombres de muchísimo peso en la escena musical; empero, al menos tres de los primeros involucrados era una verdadera bomba, me refiero a Lionel Richie quien recibió la primer llamada para la realización de tan ambicioso proyecto, Stevie Wonder, en quien Richie pensó para la creación de la canción; sin embargo, no tuvo una respuesta a tiempo, y Michael Jackson, quien además de ser un enorme músico, se encontraba en la, tal vez, cima de su carrera y por consiguiente al contar con estos monstruos de la música bajo la dirección de otro grande como Quincy Jones, se pensó que sería más que suficiente para convocar a 43 personalidades entre las que se encontraban artistas de la talla de Tina Turner, Bob Dylan, Diana Ross, Ray Charles, Bruce Springsteen, Billy Joel, Cyndi Lauper, entre muchos otros; sin embargo, el reto fue mayúsculo no solo para coordinar que tantas estrellas estuvieran en el mismo lugar al mismo tiempo, sino porque adicionalmente a ello, se realizó en un lapso de poco más de diez horas, y esas dos condicionantes, únicamente son una pequeña muestra de la complejidad que se tuvo que sortear, porque toda la logística fue perfecta y se cubrieron todos los detalles comenzando por la secrecía; nada más me gustaría adicionar otro “pequeño” detalle, la canción fue realizada en una semana, si, en solo siete días se contaba ya, con la música y la letra, una verdadera locura.
El resultado y desarrollo de todo este proyecto lo pueden disfrutar en la plataforma de streaming Netflix bajo el título “The greatest night in pop”, que es un documental que vio la luz en el 2024, y que muestra lo complejo, pero a la vez satisfactorio que fue llevar a cabo este maravilloso acontecimiento que reunió a lo mejor de la música de la inolvidable década de los 80´s, y que, en palabras de otro pilar indiscutible del proyecto, Lionel Richie nos dice: “There was nothing more chaotic than trying to rope this creative ball of energy together” (No había nada más caótico que intentar unificar esa masa de energía creativa); empero, quizás lo más extraordinario fue una enorme acción que hizo Quincy Jones antes de la llegada de todo el elenco, y fue el colocar un pequeño letrero sobre la puerta de entrada que decía “Check your ego at the door” (Deja tu ego en la puerta), una frase sumamente potente, directa, clara, certera, porque reunir a tanta estrella por supuesto que podría convertirse en una competencia, así que darles a entender que lo importante no eran las personas sino el resultado del proyecto me parece la forma más sabia de preparar el terreno para conseguir el resultado deseado; no pueden ni deben dejar de verlo.
Con base en este tipo de proyectos, la música siempre ha sido un canal perfecto para tocar el alma de las personas y guiarnos para ayudar, para empatizar con los que menos tienen, para unirnos aunque sea por momentos breves pero bastante profundos y para muestras tenemos muchísimas empezando por el concierto “Live Aid” que fue precisamente Geldof quien lo hizo posible en julio de 1985 y nuevamente, en 2005, se lanzó a replicarlo, pero esta vez con una serie de 11 conciertos en 8 ciudades que se desarrolló del 2 al 6 de julio y lo llamó “Live 8”, los cuales, fueron completos éxitos, el resultado no solo fue el de grandes conciertos que miles de almas disfrutaron, sino la recaudación fue enorme, se cumplió con el único objetivo bajo el que fueron concebidos estos espectáculos masivos y muchas personas en Etiopía y Somalia recibieron la ayuda alimentaria que se necesitaba y aunque no sería posible erradicar la hambruna que los aquejaba, el simple hecho de dedicar esfuerzos de tantos meses valió la pena.
Hoy en día, Etiopía y Somalia se encuentran respectivamente en los lugares 61 y 152 en el ranking de la economía con base en su PIB, asimismo, en los puestos 159 y 190 en el ranking Doing Business de un total de 190 países participantes, también cuentan con 38 y 12 puntos bajo el índice de percepción de la corrupción, de tal suerte que la situación no ha mejorado para los poco más de 147 millones de habitantes de ambas naciones, lo que significa solamente el 1,83% de la población mundial, por lo que me es inevitable pensar ¿entre el resto de la población mundial, no existe una manera de sacar de la pobreza extrema y hambruna si nos decidimos a hacerlo?, y me parece que la respuesta es obvia, SÍ, entonces ¿no deberíamos exigirles a los múltiples organismos internacionales como el Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, Banco Interamericano de Desarrollo, entre muchos otros, el involucrar no a los estados sino a la población a que aporten recursos para encontrar una equidad?, ¿de qué nos sirven ese tipo de organismos sino para proteger a los desfavorecidos?.
Finalmente, dentro de la Organización de las Naciones Unidas existen organismos que se enfocan específicamente a combatir el hambre como lo es la FAO, o el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y parece que no han resultado lo suficientemente eficientes por lo que como personas físicas o morales, podemos optar por apoyar ONG´s que hayan demostrado su eficiencia y eficacia como lo son “Food Yoga International” que es una organización sin fines de lucro que sirve 1 millón de comidas diarias y todo su enfoque es vegano procurando gestionar e implementar proyectos agropecuarios en las diferentes comunidades y aunque en mi punto de vista, la utilización de alimentos de origen animal debe ser necesario, seguramente ellos cuentan con mayor información y por algo continúan haciendo su enorme labor; así que si queremos mejorar nuestro planeta, comencemos por ocuparnos de los problemas de los demás que terminan siendo de todos.
Recordemos lo que dice esta hermosa canción:
“We are the world
We are the children
We are the ones who make a brighter day, so let’s start giving…”DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1225 nacía en Roccasecca, Italia, el catedrático, escritor, filósofo, teólogo y presbítero católico Tommaso d’Aquino, mejor conocido como Santo Tomás de Aquino y quien dejó como legado entre muchas otras obras, sus tres síntesis teológicas “Summa Theologiae”, “Summa contra Gentiles” y “Scriptum super Sententias”; en 1813 en Londres, Inglaterra, la escritora Jane Austen publica por primera ocasión la novela que posiblemente marcará su carrera “Pride & Prejudice” (Orgullo y Prejuicio) y en cuyas páginas se puede advertir gran comicidad para tratar temas tan arraigados y añejos como el que nos mantiene aquejando hoy en día como lo es la falta de equidad en las oportunidades de las mujeres; en 1887 en París, Francia, se comienza la construcción de la que en aquel entonces se preveía como la entrada a la “Exposición Universal de París” que se celebraría dos años después para conmemorar el Centenario de la Revolución Francesa y lo que posiblemente no se vislumbró en ningún momento es que esta icónica edificación se convertiría en el corazón de la ciudad, nos referimos a la “Tour Eiffel” (Torre Eiffel).
Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.
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“Check your ego at the door”
28 DE ENERO DE 2025 “Check your ego at the door”POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ
¿Recuerdas cómo era tu vida hace 40 años?, ¿Recuerdas qué hacías en 1985?, ¿Puedes recordar lo que era vivir en un mundo mucho más aislado que en el que transitamos hoy en día?, ¿Cómo te enterabas de lo que sucedía en el mundo?, bueno pues hoy intentaré llevarlos a un momento específico que, en lo personal, me pone la piel chinita debido a una gran acción, donde afloró la sensibilidad, la humanidad, la cooperación y sobre todo la empatía de los mayores artistas musicales del género pop, es decir, la crema y nata de los grandes hits de la música de los 80’s que, se dieron cita para que juntos, lograran crear la maravillosa canción de “We are the world”, la cual, fue grabada en el A&M Recording Studios en Los Ángeles, California un 28 de enero pero de 1985.
Para llegar a este punto debemos retroceder al menos un año más, situarnos en 1984 y debemos recordar que en aquella incipiente década de los 80’s, todavía se veía lejano, por una parte, la culminación del periodo denominado como “Guerra Fría” (1947-1989), también entre los años 1981 y 1983 se presentaron sucesos que sacudieron al mundo entre los que podemos encontrar los atentados contra el presidente Ronald Reagan y el papa Juan Pablo II o el asesinato de la Primer Ministra Indira Gandhi, el descubrimiento del “Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida” (SIDA), la muerte del legendario cantante y rey del reggae Bob Marley, o la invasión de Argentina en las Islas Malvinas que lo confrontó con las fuerzas armadas de Gran Bretaña y que, de hecho, gracias a dicha derrota fue posible la caída de la dictadura encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri y la nación tuvo de nuevo elecciones abiertas; por si todo esto no fuera suficiente alrededor del mundo, en el continente africano se presentaba una de las mayores crisis alimentarias que lo ha azotado durante décadas y especialmente afectaba a los países de Etiopía y Somalia, por lo que en el mes de noviembre del mencionado 1984, el activista político, actor, cantante y compositor irlandés Robert Frederick Zenon Geldof mejor conocido simplemente como Bob Geldof, encontró una manera de ayudar, de involucrarse en ser una solución para dejar de pertenecer al problema mismo, y su aportación, además de novedosa, francamente impactante, fue reunir a los mayores solistas y algunas bandas de rock británicas para grabar un sencillo intitulado “Do they know it´s christmas”, con la finalidad de que cada “penny” recaudado fuera destinado a llevar alimentos a estos dos países que tanto lo necesitaban.
Este enorme proyecto que encabezó Bob Geldof, además de ser innovador, generoso, solidario, empático y sobre todo humano, nos ubicó en el ánimo de preocuparnos, pero por encima de todo, a ocuparnos de los problemas que se encuentran todos los días en las diferentes latitudes y hacernos consientes que siempre habrá quienes la estén pasando peor que nosotros, por ello, es indispensable sumarse a causas de este tipo para intentar, en la medida de lo posible, contrarrestar las causas que originan esa desigualdad, y es así que este proyecto culminó con la conformación de la banda “Band Aid” que consiguió reunir a 42 artistas británicos, lo más destacado del momento, entre los que se resaltan las participaciones de genios como Paul McCartney, David Bowie, Phil Collins, Sting, Bono, George Michael, entre muchos otros y juntos grabaron, en sus tiempos libres, la canción que se convirtió en un himno para Europa; empero, si ese proyecto fue grandioso, debemos darle una mención y reconocimiento especial a lo hecho “del otro lado del charco” gracias al interés genuino de Harry Belafonte.
Muy bien es momento de regresar a nuestro tema original. Probablemente en muchos de nosotros cuando escuchamos el nombre de Harry Belafonte, nuestra mente en automático comienza a tararear la música de la canción “Day-O” que generalmente la conocemos como “The banana boat song”, e incluso, una canción que es utilizada en el famosísimo largometraje “Beetlejuice” que nuevamente nos remonta a la década de los 80´s pues su lanzamiento fue en 1988; empero, este icónico personaje traspasó las fronteras de la música para posicionarse no solo como actor, cantante y político sino en un asesor y gran amigo de Martin Luther King Jr., a quien apoyó fuertemente. Contestatario, entregado a la causa de los derechos civiles de las personas de color, pero sobre todo un gran ser humano, que peleaba por conseguir una igualdad en todos los estratos sociales en todos los rubros y eso incluyó el enorme problema del hambre en África, y dicho esto, resulta que el artífice de lo que hoy conocemos como el movimiento “USA for Africa” es gracias a este maravilloso ser humano, quien contactó a Ken Kragen, un influyente representante artístico de los Estados Unidos, y le propuso replicar lo hecho por Bob Geldof pero con las voces más reconocidas de la nación de las barras y las estrellas.
Debemos recordar que para aquellos años existían nombres de muchísimo peso en la escena musical; empero, al menos tres de los primeros involucrados era una verdadera bomba, me refiero a Lionel Richie quien recibió la primer llamada para la realización de tan ambicioso proyecto, Stevie Wonder, en quien Richie pensó para la creación de la canción; sin embargo, no tuvo una respuesta a tiempo, y Michael Jackson, quien además de ser un enorme músico, se encontraba en la, tal vez, cima de su carrera y por consiguiente al contar con estos monstruos de la música bajo la dirección de otro grande como Quincy Jones, se pensó que sería más que suficiente para convocar a 43 personalidades entre las que se encontraban artistas de la talla de Tina Turner, Bob Dylan, Diana Ross, Ray Charles, Bruce Springsteen, Billy Joel, Cyndi Lauper, entre muchos otros; sin embargo, el reto fue mayúsculo no solo para coordinar que tantas estrellas estuvieran en el mismo lugar al mismo tiempo, sino porque adicionalmente a ello, se realizó en un lapso de poco más de diez horas, y esas dos condicionantes, únicamente son una pequeña muestra de la complejidad que se tuvo que sortear, porque toda la logística fue perfecta y se cubrieron todos los detalles comenzando por la secrecía; nada más me gustaría adicionar otro “pequeño” detalle, la canción fue realizada en una semana, si, en solo siete días se contaba ya, con la música y la letra, una verdadera locura.
El resultado y desarrollo de todo este proyecto lo pueden disfrutar en la plataforma de streaming Netflix bajo el título “The greatest night in pop”, que es un documental que vio la luz en el 2024, y que muestra lo complejo, pero a la vez satisfactorio que fue llevar a cabo este maravilloso acontecimiento que reunió a lo mejor de la música de la inolvidable década de los 80´s, y que, en palabras de otro pilar indiscutible del proyecto, Lionel Richie nos dice: “There was nothing more chaotic than trying to rope this creative ball of energy together” (No había nada más caótico que intentar unificar esa masa de energía creativa); empero, quizás lo más extraordinario fue una enorme acción que hizo Quincy Jones antes de la llegada de todo el elenco, y fue el colocar un pequeño letrero sobre la puerta de entrada que decía “Check your ego at the door” (Deja tu ego en la puerta), una frase sumamente potente, directa, clara, certera, porque reunir a tanta estrella por supuesto que podría convertirse en una competencia, así que darles a entender que lo importante no eran las personas sino el resultado del proyecto me parece la forma más sabia de preparar el terreno para conseguir el resultado deseado; no pueden ni deben dejar de verlo.
Con base en este tipo de proyectos, la música siempre ha sido un canal perfecto para tocar el alma de las personas y guiarnos para ayudar, para empatizar con los que menos tienen, para unirnos aunque sea por momentos breves pero bastante profundos y para muestras tenemos muchísimas empezando por el concierto “Live Aid” que fue precisamente Geldof quien lo hizo posible en julio de 1985 y nuevamente, en 2005, se lanzó a replicarlo, pero esta vez con una serie de 11 conciertos en 8 ciudades que se desarrolló del 2 al 6 de julio y lo llamó “Live 8”, los cuales, fueron completos éxitos, el resultado no solo fue el de grandes conciertos que miles de almas disfrutaron, sino la recaudación fue enorme, se cumplió con el único objetivo bajo el que fueron concebidos estos espectáculos masivos y muchas personas en Etiopía y Somalia recibieron la ayuda alimentaria que se necesitaba y aunque no sería posible erradicar la hambruna que los aquejaba, el simple hecho de dedicar esfuerzos de tantos meses valió la pena.
Hoy en día, Etiopía y Somalia se encuentran respectivamente en los lugares 61 y 152 en el ranking de la economía con base en su PIB, asimismo, en los puestos 159 y 190 en el ranking Doing Business de un total de 190 países participantes, también cuentan con 38 y 12 puntos bajo el índice de percepción de la corrupción, de tal suerte que la situación no ha mejorado para los poco más de 147 millones de habitantes de ambas naciones, lo que significa solamente el 1,83% de la población mundial, por lo que me es inevitable pensar ¿entre el resto de la población mundial, no existe una manera de sacar de la pobreza extrema y hambruna si nos decidimos a hacerlo?, y me parece que la respuesta es obvia, SÍ, entonces ¿no deberíamos exigirles a los múltiples organismos internacionales como el Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, Banco Interamericano de Desarrollo, entre muchos otros, el involucrar no a los estados sino a la población a que aporten recursos para encontrar una equidad?, ¿de qué nos sirven ese tipo de organismos sino para proteger a los desfavorecidos?.
Finalmente, dentro de la Organización de las Naciones Unidas existen organismos que se enfocan específicamente a combatir el hambre como lo es la FAO, o el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y parece que no han resultado lo suficientemente eficientes por lo que como personas físicas o morales, podemos optar por apoyar ONG´s que hayan demostrado su eficiencia y eficacia como lo son “Food Yoga International” que es una organización sin fines de lucro que sirve 1 millón de comidas diarias y todo su enfoque es vegano procurando gestionar e implementar proyectos agropecuarios en las diferentes comunidades y aunque en mi punto de vista, la utilización de alimentos de origen animal debe ser necesario, seguramente ellos cuentan con mayor información y por algo continúan haciendo su enorme labor; así que si queremos mejorar nuestro planeta, comencemos por ocuparnos de los problemas de los demás que terminan siendo de todos.
Recordemos lo que dice esta hermosa canción:
“We are the world
We are the children
We are the ones who make a brighter day, so let’s start giving…”DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1225 nacía en Roccasecca, Italia, el catedrático, escritor, filósofo, teólogo y presbítero católico Tommaso d’Aquino, mejor conocido como Santo Tomás de Aquino y quien dejó como legado entre muchas otras obras, sus tres síntesis teológicas “Summa Theologiae”, “Summa contra Gentiles” y “Scriptum super Sententias”; en 1813 en Londres, Inglaterra, la escritora Jane Austen publica por primera ocasión la novela que posiblemente marcará su carrera “Pride & Prejudice” (Orgullo y Prejuicio) y en cuyas páginas se puede advertir gran comicidad para tratar temas tan arraigados y añejos como el que nos mantiene aquejando hoy en día como lo es la falta de equidad en las oportunidades de las mujeres; en 1887 en París, Francia, se comienza la construcción de la que en aquel entonces se preveía como la entrada a la “Exposición Universal de París” que se celebraría dos años después para conmemorar el Centenario de la Revolución Francesa y lo que posiblemente no se vislumbró en ningún momento es que esta icónica edificación se convertiría en el corazón de la ciudad, nos referimos a la “Tour Eiffel” (Torre Eiffel).
Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.
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