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  1. El peso de la historia

    Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

    21 DE JULIO DE 2026 El peso de la historia

    El balón rodando sobre una historia que empezó mucho antes del silbatazo inicial.

    Inglaterra-Argentina fue mucho más que una semifinal de la Copa del Mundo porque durante 101 minutos millones de personas alrededor del planeta observaron cómo una historia construida durante décadas encontraba un nuevo capítulo, una historia donde una disputa territorial, una guerra, una herencia emocional y sentimientos acumulados encontraron en una cancha de futbol un escenario simbólico para manifestarse con una intensidad exacerbada, sin límite e irracional, porque las rivalidades históricas entre naciones encuentran en el futbol el espacio donde la historia, la identidad y las emociones colectivas vuelven a enfrentarse. La relación entre ambas naciones ya tenía un antecedente en el Mundial de Inglaterra 1966, cuando la expulsión del capitán argentino Antonio Rattín alimentó la percepción de una injusticia arbitral que añadió una primera capa de tensión al duelo; sin embargo, aquel episodio todavía pertenecía exclusivamente al terreno deportivo, porque el verdadero punto de ruptura llegaría dieciséis años después, cuando la Guerra de las Malvinas transformó para siempre el significado de cada enfrentamiento entre ambas selecciones.

    La Guerra de las Malvinas representó el momento en que una disputa territorial histórica entre Argentina y el Reino Unido dejó de pertenecer únicamente al ámbito diplomático para convertirse en una herida profunda dentro de la sociedad argentina. El conflicto, desarrollado entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, enfrentó a aproximadamente diez mil efectivos argentinos contra cerca de treinta mil militares británicos entre fuerzas terrestres, navales y aéreas, dejando como saldo 649 soldados argentinos fallecidos, 255 británicos y tres civiles isleños muertos, además del mantenimiento de la administración británica sobre el archipiélago hasta nuestros días; empero, la derrota trascendió el ámbito militar porque convirtió aquella guerra en una conciencia histórica que encontró en el futbol un vehículo para expresar frustraciones, agravios y sentimientos que nunca desaparecieron por completo.

    México 86 escribiría el capítulo más simbólico de esa rivalidad con Diego Armando Maradona como protagonista, quien durante 90 minutos fue diablo y ángel para los ingleses, pero nació el D10S para los argentinos, al grado de bautizar aquellos dos tantos como «La Mano de Dios» y «El Gol del Siglo», porque aquella victoria dejó de representar únicamente un resultado deportivo para convertirse en una reivindicación emocional frente a un adversario que apenas cuatro años antes había derrotado militarmente al país sudamericano. Francia 98 añadió un nuevo episodio cuando Argentina volvió a imponerse sobre Inglaterra en una Copa del Mundo y fortaleció la percepción de una superioridad futbolística sostenida; sin embargo, la historia suele ser bromista y juguetona, ya que para Corea-Japón 2002, cuando David Beckham, señalado durante años como villano por buena parte de la afición argentina tras su encontronazo con Diego Simeone, terminó convirtiéndose en el verdugo al marcar el penal que eliminó a la albiceleste del torneo. Cada uno de esos episodios fue incorporándose al imaginario nacional argentino hasta entrelazar derrotas, victorias, agravios y recuerdos dentro de una misma narrativa emocional, de tal suerte que, veinticuatro años después, un nuevo Inglaterra-Argentina volvió a convertirse en mucho más que un partido de futbol, porque sobre el césped también se disputó el peso simbólico de una historia que nunca terminó de cerrarse.

    Francia-España representa otra de las grandes rivalidades que el futbol heredó de la historia porque detrás de cada enfrentamiento entre ambas selecciones existe una relación construida durante siglos entre dos pueblos que han compartido frontera, conflictos, intercambios culturales y una región vasca donde las identidades nunca han encajado por completo dentro de los límites políticos establecidos. La región vasca constituye uno de los espacios más complejos de Europa occidental al desarrollarse simultáneamente entre dos Estados nacionales sin perder una identidad propia sustentada en tradiciones, instituciones y una lengua ancestral como el euskera, cuya procedencia continúa siendo uno de los grandes enigmas lingüísticos del continente por no pertenecer a la familia de lenguas indoeuropeas predominante en Europa; de tal suerte que los Pirineos fueron mucho más que una frontera natural, convirtiéndose durante siglos en el escenario donde las disputas por Navarra, el Rosellón y otras ambiciones territoriales enfrentaron de manera constante a ambas coronas y consolidaron dos formas distintas de comprender el poder, el territorio y la construcción del Estado.

    Esa identidad vasca encontró uno de sus momentos más complejos durante la dictadura de Francisco Franco, cuando el uso público del euskera fue restringido, numerosas expresiones culturales fueron perseguidas y la centralización política buscó diluir las identidades regionales dentro de un proyecto nacional uniforme; contexto que décadas después favoreció el fortalecimiento de Euskadi Ta Askatasuna (ETA), organización que trasladó el conflicto más allá de las fronteras españolas debido a que una parte importante de la comunidad vasca también habita el sur de Francia, generando tensiones diplomáticas relacionadas con refugios, persecuciones judiciales, extradiciones y el tratamiento de integrantes de la organización, al grado de solicitar en distintos momentos el traslado de presos vinculados al movimiento hacia cárceles francesas por considerar que el conflicto tenía un origen entre vascos y españoles y que las instituciones francesas ofrecían mayores garantías, demostrando cómo una reivindicación territorial podía terminar convirtiéndose en un asunto político entre dos naciones.

    Cabe recordar que la competencia entre Francia y España nunca se limitó al terreno político porque también encontró expresión en la religión, la cultura, la gastronomía, el turismo y el vino. Francia fue conocida tradicionalmente como La fille aînée de l’église —»la hija mayor de la Iglesia»— por su estrecha relación con el papado y su temprana conversión al cristianismo, además de haber visto nacer a la Orden del Temple, mientras España construyó buena parte de su identidad alrededor de la defensa y expansión del catolicismo durante la Reconquista y la formación de su imperio; dos trayectorias que convergieron durante el Papado de Aviñón entre 1309 y 1377, episodio que antecedió al Cisma de Occidente y evidenció que la influencia espiritual sobre Europa también formó parte de la competencia por ejercer el liderazgo del mundo occidental.

    La rivalidad también puede recorrerse entre los viñedos que cubren ambos países porque la competencia se cultiva desde hace generaciones entre Burdeos y La Rioja, dos territorios que representan maneras distintas de comprender el vino, el paisaje, la tradición y el prestigio internacional. En Francia, cada botella expresa el concepto de Terroir, donde el suelo, el clima y la composición mineral forman parte inseparable de la identidad del vino; mientras España convirtió regiones como La Rioja, Ribera del Duero, Jerez, Priorat o Rías Baixas en expresiones donde la viticultura también narra la historia de familias, monasterios, rutas comerciales y generaciones enteras. La competencia entre ambas naciones, por tanto, nunca ha consistido únicamente en determinar quién produce el mejor vino, sino quién logra interpretar con mayor profundidad la relación entre territorio, tradición, cultura e identidad.

    La historia nunca es monocromática; los mismos pueblos que alguna vez fueron enemigos también han sido aliados, socios, familiares o compañeros de armas; sin embargo, basta un partido de futbol para que decidamos recordar únicamente una parte de esa historia. La otra parte merece ser contada.

    A partir de ahí la historia continúa ofreciendo capítulos muy distintos a los que solemos recordar con mayor facilidad. Francia y España, después de décadas marcadas por el conflicto derivado de la actividad de ETA, iniciaron un proceso de cooperación institucional que transformó profundamente la relación entre ambos Estados mediante mecanismos conjuntos de inteligencia, procedimientos judiciales armonizados, extradiciones más ágiles, intercambio permanente de información policial y operaciones coordinadas a ambos lados de los Pirineos; el mismo territorio que durante años simbolizó la confrontación terminó convirtiéndose en uno de los ejemplos más representativos de colaboración transfronteriza dentro de la Unión Europea, mientras la libre circulación derivada del Espacio Schengen transformó una antigua frontera de vigilancia permanente en un punto de encuentro cotidiano para miles de personas que hoy estudian, trabajan, comercian o viven entre ambos países.

    La integración tampoco se limitó al ámbito de la seguridad. Francia y España desarrollaron corredores ferroviarios, proyectos energéticos, infraestructura compartida, intercambios universitarios y programas culturales que fortalecieron una relación construida sobre siglos de vecindad; ciudades fronterizas como Hendaya e Irún, separadas únicamente por el río Bidasoa, representan hoy una realidad donde la cooperación administrativa, económica y social forma parte de la vida cotidiana, mientras el euskera continúa escuchándose en ambos lados de la frontera como testimonio de una identidad que sobrevivió a monarquías, guerras, dictaduras y transformaciones políticas sin desaparecer.

    La relación entre Francia e Inglaterra siguió un recorrido igualmente complejo. Después de siglos de disputas dinásticas, enfrentamientos territoriales y competencia por la influencia política en Europa, ambas naciones firmaron la Entente Cordiale el 8 de abril de 1904, acuerdo que puso fin a buena parte de sus desacuerdos coloniales y abrió una nueva etapa de entendimiento. Apenas una década más tarde combatieron como aliados durante la Primera Guerra Mundial en escenarios como el Somme, Ypres, Arras y Passchendaele; esa cooperación se consolidó nuevamente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Charles de Gaulle organizó desde territorio británico el movimiento de la Francia Libre con el respaldo de Winston Churchill, antecedente de una alianza que posteriormente se reflejaría en el desembarco de Normandía y, concluido el conflicto, en una estrecha colaboración diplomática, militar y de inteligencia que ambas naciones mantienen hasta la actualidad como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

    España-Argentina recorrieron un camino diferente porque sus vínculos comenzaron mucho antes de constituirse como Estados independientes. Desde el proceso de conquista española del Cono Sur durante la primera mitad del siglo XVI, y con la expedición de Pedro de Mendoza y el establecimiento de Buenos Aires en 1536, comenzó a construirse una relación que posteriormente se consolidaría con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, dejando una herencia institucional, jurídica, lingüística, religiosa y cultural que continuaría desarrollándose incluso después de la independencia argentina; durante los siglos XIX y XX millones de españoles emigraron al país sudamericano, influyendo en su comercio, educación, arquitectura, literatura, gastronomía y vida política, mientras los intercambios académicos, culturales y económicos entre ambas naciones permanecen vigentes hasta nuestros días.

    Dicha herencia compartida también puede recorrerse entre los viñedos. La vid llegó al actual territorio argentino durante los primeros años de la presencia española y, con el paso de los siglos, aquel conocimiento agrícola se adaptó a los valles andinos hasta dar origen a una tradición vitivinícola con identidad propia; lo que comenzó como una práctica introducida por la Corona y fortalecida por las órdenes religiosas terminó convirtiéndose en una de las expresiones culturales y económicas más representativas de Argentina, demostrando que algunas herencias evolucionan sin romper el vínculo con su origen; de tal suerte que una historia compartida durante siglos quedará momentáneamente en pausa cuando ambas selecciones defiendan identidades distintas sobre el terreno de juego.

    Podríamos asegurar que el recorrido histórico deja entonces una pregunta que trasciende cualquier marcador, cualquier selección y cualquier torneo: ¿por qué las rivalidades tienen la capacidad de instalarse con tanta fuerza en nuestra memoria mientras las alianzas, incluso aquellas que transformaron el rumbo de naciones enteras, suelen ocupar un espacio mucho menor en nuestra percepción cotidiana? La respuesta comienza a encontrarse en la forma en que funciona nuestro cerebro. La psicología cognitiva ha estudiado ampliamente un fenómeno conocido como sesgo de negatividad (Negativity bias), mediante el cual los estímulos negativos, las amenazas, los conflictos y las experiencias dolorosas captan mayor atención, permanecen durante más tiempo en nuestra memoria y ejercen una influencia más profunda sobre nuestras decisiones que los acontecimientos positivos o neutrales.

    Desde la experiencia individual hasta la construcción de sociedades enteras, nuestro cerebro parece otorgar prioridad a aquello que representa peligro, pérdida o confrontación. En la vida cotidiana ocurre cuando una crítica pesa más que diez reconocimientos, un error permanece más tiempo que cien aciertos o una experiencia desagradable termina definiendo la percepción completa sobre una persona o una institución; esa misma lógica se reproduce a escala colectiva, donde guerras, derrotas y agravios históricos ocupan un lugar central dentro de la identidad de los pueblos, mientras los acuerdos, las reconciliaciones y los periodos de cooperación suelen quedar relegados a un segundo plano.

    Las aulas representan uno de los primeros espacios donde construimos nuestra relación con la historia, aprendemos sobre guerras, conquistas, revoluciones, invasiones y conflictos porque forman parte indispensable de la comprensión del mundo; sin embargo, con frecuencia conocemos menos sobre los periodos de colaboración, los intercambios culturales, los acuerdos diplomáticos o los momentos donde antiguos enemigos encontraron puntos de encuentro. No porque esos hechos carezcan de importancia, sino porque el conflicto posee una capacidad narrativa superior: tiene protagonistas, antagonistas, vencedores, derrotados y momentos de tensión que facilitan su permanencia en nuestra memoria.

    El entorno digital llevó este fenómeno a una dimensión completamente distinta ya que, los algoritmos de las redes sociales no fueron diseñados para premiar la reflexión pausada, sino para maximizar la interacción, y las emociones más intensas suelen generar mayores niveles de participación. La indignación, el rechazo, la burla y la confrontación encuentran un espacio ideal para multiplicarse, creando comunidades donde una identidad colectiva puede fortalecerse alrededor de aquello que rechaza antes que alrededor de aquello que comparte; de tal suerte que una rivalidad histórica, deportiva o política puede reactivarse en cuestión de horas y alcanzar una intensidad que supera incluso la comprensión racional del hecho que la originó.

    Durante el Mundial actual surgieron ejemplos evidentes de este comportamiento, teniendo muy a la mano la rivalidad entre México y Argentina volvió a ocupar un espacio relevante dentro de las conversaciones digitales después del episodio ocurrido durante el Mundial anterior alrededor de Lionel Messi y una playera de la selección mexicana, sumándose a narrativas construidas durante años alrededor de la comparación entre Messi y Cristiano Ronaldo, donde millones de aficionados trasladan una disputa individual hacia selecciones, países y culturas completas; de tal suerte que un enfrentamiento deportivo termina cargándose con emociones acumuladas que van mucho más allá de los noventa minutos de juego.

    La contradicción se vuelve todavía más profunda cuando observamos cómo las sociedades pueden reorganizar rápidamente sus narrativas dependiendo del contexto emocional del momento. Durante los últimos años, una parte importante del debate público mexicano colocó nuevamente en el centro de la conversación la relación con España por los acontecimientos ocurridos durante la conquista, llegando incluso a convertir la exigencia de una disculpa oficial de la Corona española en un elemento recurrente del discurso político nacional; empero, cuando la posibilidad de una final entre España y Argentina apareció como escenario deportivo, una parte de esos mismos espacios digitales modificó su postura y convirtió a España en un aliado circunstancial frente a un nuevo adversario.

    El fenómeno no está en la existencia de una rivalidad deportiva, porque eso forma parte natural de cualquier competencia; el punto verdaderamente interesante está en la velocidad con la que una memoria colectiva puede reorganizar sus emociones, recuperar determinados episodios históricos, olvidar temporalmente otros y construir nuevas alianzas simbólicas dependiendo de quién ocupa el lugar del adversario en un momento determinado. La historia permanece intacta, los acontecimientos no cambian y los vínculos entre pueblos continúan siendo los mismos; lo que cambia es la interpretación emocional que hacemos de ellos.

    Finalmente, cuando una sociedad como la mexicana cambia de «adversario» momentáneamente por un evento, cualquiera que este sea, y convierte en amigo y aliado a quien los anteriores 8 años no lo bajó del enemigo número uno, cabe hacer quizá, la pregunta más interesante de todas: ¿tan poco criterio tenemos los mexicanos que nos convierte en una sociedad altamente manipulable?

    DATO CULTURAL.

    Un día como hoy en 356 a.C. nacía en Pella, Macedonia (actual Grecia), el aristócrata perteneciente a la dinastía argéada, rey de Persia, faraón de Egipto, hegemón griego y rey de Macedonia, Alejandro Magno, también conocido como “Alejandro el Grande”; en 1980 en Washington D.C., Estados Unidos en la sede de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), perteneciente al Banco Mundial, las Islas Solomon son aceptadas como Estado Miembro; en 1983 en la Antártida, la Estación Oriental mejor conocida como “Base Vostok” de propiedad rusa, registra la temperatura más baja en la historia reciente de la tierra al marcar los -89,2ºC (-128,6 grados Fahrenheit).

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  2. ¿Obedecer o cuestionar?

    Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

    07 DE JULIO DE 2026 ¿Obedecer o cuestionar?

    A punto de concluir el ciclo escolar en México, millones de estudiantes recibirán un documento que certifica su tránsito al siguiente nivel educativo, mientras el calendario oficial marca el cierre de actividades el 15 de julio; sin embargo, la pregunta que debería incomodar no es cuántos aprobaron, sino qué es exactamente lo que aprendieron, porque existe una diferencia sustancial entre concluir un grado escolar y haber desarrollado pensamiento crítico, capacidad de análisis o verdadera comprensión del entorno que habitan.

    Históricamente, el sistema educativo mexicano ha operado bajo una lógica estructural que prioriza la obediencia sobre la duda, la repetición sobre la reflexión y la respuesta correcta sobre la pregunta incómoda; empero, esta arquitectura no es accidental en sus efectos, porque un modelo que desincentiva el cuestionamiento produce, como consecuencia natural, ciudadanos más acostumbrados a ejecutar instrucciones que a interrogar las razones detrás de ellas, y en ese tránsito se va diluyendo algo esencial: la curiosidad intelectual.

    El problema no se reduce a lo pedagógico, sino que se extiende a lo cultural y político, porque cuando un sistema educativo deja de premiar la pregunta y comienza a premiar exclusivamente la respuesta, se configura una sociedad que aprende a adaptarse al orden existente en lugar de cuestionar sus fundamentos, sin que ello implique atribuir intenciones homogéneas a todos los actores institucionales, pero sí reconocer que los efectos acumulados terminan por consolidar un entorno donde el pensamiento crítico deja de ser estructura y se convierte en excepción.

    Sobre la discusión del financiamiento y las tensiones entre autoridades educativas y organizaciones sindicales, han quedado registradas negociaciones donde se han documentado transferencias de recursos públicos por montos estratosféricos para la desactivación de conflictos; empero, conviene preguntarse si esos 800 millones de pesos compraron mejores estudiantes… o si únicamente financiaron un Centro Histórico más silencioso para la foto política.

    Más allá del debate inmediato, la cuestión de fondo permanece intacta: en qué medida estos recursos se traducen en mejora real del aprendizaje, fortalecimiento del pensamiento crítico o desarrollo de habilidades cognitivas, o si únicamente operan como mecanismos de contención política que desplazan la discusión central sobre la calidad educativa.

    Desde esa perspectiva, la incomodidad no proviene del gasto en sí mismo, sino de la ausencia de resultados proporcionales, porque mientras el sistema se mantiene en dinámicas de negociación recurrente, los indicadores educativos continúan evidenciando rezagos en comprensión lectora, razonamiento matemático y capacidad de análisis, lo que sugiere que el problema no es únicamente de recursos, sino de modelo estructural.

    Comparativamente, el análisis internacional abre una discusión inevitable sobre los distintos resultados que producen sistemas educativos con lógicas pedagógicas divergentes; Chile y Finlandia han sido referentes históricos en ciertos indicadores, mientras Japón ha comenzado a destacar no tanto por la sofisticación teórica de su currículo, sino por los efectos visibles de su formación cultural en el comportamiento social.

    Japón presenta una relación particularmente compleja entre educación y estructura social, porque la formación trasciende el aula y se convierte en una extensión del orden colectivo, donde la responsabilidad, el respeto por el espacio público y la disciplina individual se integran como práctica cotidiana, empero, esta misma estructura genera una dualidad innegable, ya que junto a comportamientos altamente cívicos también emergen tensiones profundas en la subjetividad social.

    La manifestación del hikikomori representa una de las expresiones más evidentes de esa tensión, al describir a jóvenes que se aíslan durante periodos prolongados, retirándose de la vida social, académica o laboral como respuesta a presiones que perciben como inalcanzables o asfixiantes, fenómeno que no puede reducirse a lo clínico individual, sino que refleja exigencias culturales de rendimiento, expectativas sociales elevadas y costos emocionales asociados a un sistema de alta exigencia.

    En paralelo, la proyección de estos valores fuera del país muestra cómo ciertas estructuras educativas pueden trascender fronteras institucionales, cuando empresas japonesas operan en otros contextos manteniendo estándares de disciplina, organización y respeto por procesos que contrastan con entornos donde dichas prácticas no son predominantes, lo que evidencia una continuidad cultural formada durante décadas de aprendizaje social integrado.

    Planteado así, el contraste con México no busca idealizar ni descalificar modelos, sino evidenciar que estructuras educativas distintas generan resultados sociales distintos, y es en esa diferencia donde se hacen visibles patrones de responsabilidad colectiva, apropiación del espacio público y relación con la norma que también derivan de lo que se aprende, o se deja de aprender, en la infancia.

    Tratándose de la formación del individuo, la discusión no puede limitarse exclusivamente a la escuela, porque intervienen simultáneamente el sistema educativo, el profesorado y el entorno familiar, de manera que la pregunta no es si la escuela puede asumir toda la carga formativa, sino qué ocurre cuando la curiosidad intelectual se estimula en casa pero se inhibe en el aula, o viceversa, generando siempre una construcción incompleta del pensamiento.

    Naturalmente, el núcleo del problema radica en la normalización de una educación orientada a la obediencia, donde cuestionar puede interpretarse como desafío a la autoridad, cuando en realidad constituye el eje del proceso formativo, porque un estudiante que no pregunta no necesariamente aprende, sino que se adapta a un esquema de repetición que limita su capacidad analítica.

    “Durante décadas, el sistema educativo mexicano enseñó que hacer muchas preguntas era sinónimo de indisciplina. Justo cuando la humanidad desarrolla la herramienta más poderosa basada en preguntas, descubrimos que educamos generaciones enteras para responder… pero no para preguntar.”

    Intentando situar el debate en el presente, la urgencia no radica únicamente en reformar contenidos, sino en redefinir el propósito mismo de la educación frente a un entorno donde la inteligencia artificial ya forma parte del aprendizaje cotidiano, pues ignorar esta transformación no elimina su impacto, únicamente amplía la brecha entre quienes desarrollan pensamiento crítico y quienes dependen de estructuras rígidas de instrucción.

    Un escenario contemporáneo deja claro que la Inteligencia Artificial no premia a quien más memoriza; premia a quien mejor piensa, y es que cada respuesta generada depende de la calidad de las preguntas formuladas, por ello el desafío ya no consiste en enseñar a encontrar información, sino en formar la capacidad de comprenderla, cuestionarla y, cuando sea necesario, refutarla.

    Finalmente, si la educación continúa formando generaciones incapaces de cuestionar con rigor, de contrastar información con criterio propio y de construir pensamiento autónomo en un entorno saturado de datos, entonces la verdadera pregunta no es si el sistema educativo está cambiando, sino si la sociedad está dispuesta a aceptar las consecuencias de no haberlo hecho a tiempo, ¿o seguiremos formando ciudadanos para obedecer un mundo que ya dejó de funcionar bajo la lógica de la obediencia?

    DATO CULTURAL.

    Un día como hoy en 1520 en Otumba, México, tras la huída de Tenochtitlán por parte de las tropas españolas en lo que se conoce como la “Noche triste”, son atacadas nuevamente por huestes mexicas al mando del tlatoani Cuitláhuac en la conocida “Batalla de Otumba”, en la cual, salieron triunfantes los del viejo continente y será una batalla decisiva para la conquista española; en 2007 en Lisboa, Portugal, fueron presentados los resultados del concurso internacional mediante el cual, el público elegiría las “7 maravillas del mundo moderno”, siendo las ganadoras “Chichen Itzá” en México, “Coliseo Romano” en Italia, “Cristo Redentor” en Brasil, “Gran Muralla” en China, “Machu Picchu” en Perú, “Petra” en Jordania y “Taj Mahal” en India; en 2009 en Los Angeles, Estados Unidos, el Staples Center se convierte en el recinto para albergar un homenaje póstumo al “Rey del Pop”, Michael Jackson, que congrega a más de 2,500 millones de televidentes en todo el mundo; dicho concierto contó con la participación de grandes personalidades entre las que destacaron Lionel Richie, Stevie Wonder, Kobe Bryant y Magic Johnson.

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  3. El último mecenazgo

    16 DE JUNIO DE 2026 El último mecenazgo

    Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

    Desde hace varios años, la velocidad con la que el mundo contemporáneo consume contenido modificó mucho más que simples hábitos de entretenimiento; alteró la manera en que las sociedades administran atención, definen valor cultural y procesan el tiempo, derivado de esto, prácticamente cualquier obra artística parece hoy obligada a justificar su existencia mediante impacto comercial acelerado, métricas inmediatas, reproducciones instantáneas o viralidad sostenida, como si la legitimidad de cualquier manifestación intelectual dependiera exclusivamente de su capacidad para convertirse rápidamente en mercancía masiva, bajo esa lógica, toda expresión que exija complejidad narrativa, contemplación, paciencia o silencio empieza lentamente a percibirse como anticuada, elitista o improductiva, situación particularmente peligrosa porque la satisfacción inmediata comenzó a desplazar cualquier experiencia que demande esfuerzo intelectual sostenido; el problema dejó de ser exclusivamente artístico para convertirse lentamente en un fenómeno profundamente civilizatorio.

    Resulta particularmente llamativo que todavía existan estructuras culturales capaces de resistirse deliberadamente a esa degradación progresiva de profundidad intelectual. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el Festival Internacional de Cine de Venecia, representan dos de los últimos grandes bastiones que todavía parecen negarse a convertirse en instituciones patito diseñadas exclusivamente para producir consumo emocionalmente inmediato, fácil y rentable. A primera vista, la comparación entre ambos eventos culturales podría parecer una especie de romanticismo intelectual destinado a confrontar arte “serio” contra entretenimiento comercial; sin embargo, el verdadero hilo conductor entre Guadalajara y Venecia no se encuentra en nostalgia vacía por la llamada alta cultura, sino en la manera en que ambas instituciones todavía intentan proteger experiencias complejas dentro de un ecosistema obsesionado con inmediatez, rentabilidad y velocidad.

    Ahí aparece además una diferencia estructural enorme entre ambas industrias porque el cine de autor europeo todavía conserva redes de mecenazgo moderno capaces de sostener proyectos artísticos incluso, cuando éstos no representan negocios particularmente atractivos. El director cinematográfico todavía puede fracasar comercialmente y continuar filmando gracias a circuitos culturales, coproducciones, fondos internacionales o inversionistas privados interesados en prestigio simbólico. Muchas películas que llegan a Venecia saben perfectamente que jamás competirán contra franquicias multimillonarias; empero, siguen existiendo porque todavía sobreviven sectores culturales convencidos de que el arte no puede reducirse exclusivamente a utilidad económica inmediata.

    Muchísimo más cruel resulta el panorama que enfrenta actualmente la literatura mexicana. El escritor contemporáneo quedó prácticamente solo frente al mercado y frente a una economía digital diseñada específicamente para destruir concentración sostenida. Mientras el cineasta de autor todavía puede refugiarse detrás de fondos culturales o prestigio institucional, el escritor debe enfrentarse directamente a editoriales financieramente presionadas, lectores fragmentados y plataformas digitales que transformaron atención humana en mercancía instantánea. La literatura empezó a competir no contra otras novelas, sino contra ansiedad digital, gratificación instantánea, reels, series y TikTok. Esa transformación alteró completamente la manera en que se producen y consumen textos contemporáneos, tal es el caso que muchos autores comenzaron lentamente a adaptar estructura, profundidad y ritmo de sus obras a un ecosistema donde cualquier párrafo complejo corre el riesgo de perder lectores acostumbrados a consumir estímulos breves y rápidos.

    Ahí aparece además una responsabilidad social particularmente incómoda que muchas veces preferimos ignorar. Resulta demasiado sencillo responsabilizar exclusivamente a editoriales, industrias audiovisuales o plataformas digitales por la degradación cultural contemporánea; empero, como sociedad también comenzamos lentamente a fomentar y normalizar contenidos cada vez más vacíos porque exigen menos esfuerzo intelectual y generan menor incomodidad emocional. Mientras más alejados se encuentran ciertos productos de complejidad narrativa, cuestionamiento intelectual o profundidad artística mayor suele ser su consumo masivo; la razón probablemente resulte mucho más delicada de aceptar: cada vez nos cuesta más sostener atención suficiente para comprender conceptos complejos y, derivado de esto, terminamos buscando experiencias culturales que no nos obliguen a cuestionarnos demasiado para permanecer cómodamente dentro de nuestra propia zona de confort.

    La pregunta verdaderamente incómoda entonces resulta inevitable: ¿debemos continuar consumiendo y promoviendo productos cada vez más vacíos únicamente para permanecer cómodos dentro de nuestra zona de confort, o todavía somos capaces de exigir calidad artística aunque ello implique incomodidad, esfuerzo intelectual y paciencia?

    “El prestigio artístico sobrevive… aunque los algoritmos quieran destruir la atención humana.”

    Precisamente ahí convergen de manera extraordinaria tanto la FIL como el Festival de Cine de Venecia. Ambos espacios funcionan como refugios culturales para quienes todavía desean enfrentarse a experiencias intelectualmente incómodas, profundas y retantes en una época obsesionada con inmediatez emocional. Acudir a ellos ya no debería entenderse únicamente como una actividad cultural o recreativa, sino casi como una obligación intelectual para quienes todavía consideran importante defender espacios donde el pensamiento complejo pueda sobrevivir antes de ser completamente desplazado por la lógica de consumo inmediato.

    Enorme resulta, además, el contraste entre la grandeza organizativa de la FIL y la realidad que enfrentan muchísimos escritores mexicanos, es profundamente paradójico que México posea una de las ferias literarias más importantes del planeta mientras mantiene simultáneamente un ecosistema extraordinariamente precario para quienes producen literatura seria. La FIL de Guadalajara no representa una victoria gubernamental; buena parte de su prestigio internacional proviene precisamente de la capacidad organizativa de editoriales, iniciativa privada, patronatos, sociedad civil y universidades capaces de construir una estructura muchísimo más eficiente que gran parte de los aparatos burocráticos latinoamericanos destinados supuestamente a promover cultura.

    La sociedad mexicana ha podido alinearse alrededor de proyectos culturales de esta envergadura no por placer ni romanticismo, sino porque alguien debía llenar el vacío de una ausencia gubernamental que renunció hace mucho tiempo a una de sus obligaciones más elementales: culturizar y educar al pueblo que votó por ella. Esa afirmación no constituye un ataque contra México; al contrario, representa una defensa brutal de la capacidad organizativa mexicana cuando logra operar lejos de burocracia improvisada, mediocridad administrativa o propaganda sexenal. La FIL se convirtió en referencia internacional porque entendió algo que muchos proyectos oficiales jamás comprendieron: la cultura no puede construirse mediante campañas pasajeras ni discursos grandilocuentes, sino mediante continuidad institucional, cooperación estructural y visión de largo plazo.

    Otro fenómeno particularmente preocupante aparece cuando se analiza la discusión alrededor de los estímulos fiscales dirigidos a creadores y escritores. El discurso oficial suele presumir supuestos apoyos culturales; sin embargo, cuando se revisan cuidadosamente los mecanismos reales, la narrativa gubernamental comienza rápidamente a desmoronarse. La famosa exención del ISR para autores funciona únicamente hasta cierto límite anual (20 UMAs) que resulta prácticamente simbólico frente a niveles de facturación que incluso escritores medianamente posicionados pueden alcanzar; otros mal llamados beneficios, tampoco representan apoyos profundos a la creación intelectual ya que, la tasa cero aplicada a libros busca estimular circulación comercial y consumo, no elevar calidad de lectura ni proteger autores; incluso esquemas como EFIARTES suelen beneficiar proyectos editoriales capaces de navegar complejidad administrativa, no necesariamente escritores independientes obligados a competir dentro de un mercado cultural cada vez más hostil hacia la profundidad narrativa.

    Gigantesca resulta la consecuencia cultural derivada de esa diferencia estructural entre cine y literatura. Mientras ciertas cinematografías europeas todavía logran sostener obras densas, lentas o narrativamente incómodas, gran parte del mercado literario comienza progresivamente a privilegiar textos diseñados para consumo emocionalmente accesible, fácilmente compartible y rápido. No se trata de despreciar el entretenimiento comercial ni literatura popular, hacerlo sería profundamente elitista e intelectualmente deshonesto; el verdadero problema aparece cuando las estructuras culturales comienzan a sobrevivir exclusivamente mediante aquello que exige menos atención, menos complejidad y menos tiempo mental.

    Una sociedad incapaz de sostener experiencias culturales complejas durante períodos prolongados probablemente también tendrá enormes dificultades para comprender fenómenos económicos, históricos o sociales igualmente complejos. La degradación de atención colectiva termina inevitablemente afectando calidad del pensamiento público y, eventualmente, también deteriora la calidad democrática. Una población acostumbrada exclusivamente a estímulos inmediatos difícilmente desarrollará paciencia suficiente para analizar procesos políticos amplios, interpretar fenómenos históricos complejos o sostener discusiones intelectuales profundas.

    Tampoco puede ignorarse otro elemento que vuelve todavía más delicada la situación contemporánea de la literatura: la transformación psicológica del lector moderno. Muchísimas personas ya no se aproximan a un libro buscando complejidad intelectual, sino frases compartibles y validación inmediata capaces de competir contra hiperactividad digital cotidiana. Las propias editoriales comenzaron lentamente a adaptar estrategias comerciales a esa nueva realidad, privilegiando autores con enorme visibilidad en plataformas digitales aunque muchas veces carezcan de verdadera profundidad literaria. Difícilmente podría encontrarse un síntoma más claro de esa transformación que la manera en que numerosos escritores contemporáneos se ven obligados a construir presencia permanente dentro de redes sociales para mantener relevancia comercial, derivado de esto, muchos terminan dedicando más tiempo a mantener visibilidad digital que a desarrollar procesos creativos rigurosos.

    Precisamente por eso tanto Guadalajara como Venecia conservan todavía un valor simbólico tan poderoso dentro del escenario internacional contemporáneo porque ambos espacios continúan defendiendo algo profundamente incómodo para la lógica dominante de nuestra época: la posibilidad de que ciertas experiencias humanas requieran dificultad, paciencia y tiempo para adquirir verdadero significado. Recorrer durante horas los pasillos de la FIL o permanecer sentado observando una película narrativamente exigente en Venecia, implica enfrentarse a una temporalidad completamente distinta de aquella impuesta por plataformas digitales donde no existe satisfacción emocional instantánea; en una época obsesionada con rapidez, semejante exigencia ya constituye una forma de resistencia cultural.

    Finalmente, quizá el verdadero valor histórico tanto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como del Festival Internacional de Cine de Venecia no consista únicamente en preservar cine de autor o literatura compleja, sino en recordarle al mundo contemporáneo que todavía existen experiencias humanas incapaces de reducirse exitosamente a métricas rápidas, tendencias virales o rentabilidad instantánea; porque cuando una civilización comienza a perder interés por aquello que exige complejidad, paciencia y silencio intelectual, ¿no empieza también lentamente a perder capacidad para comprenderse a sí misma?

    DATO CULTURAL.

    Un día como hoy en 1723 nacía en Kirkcaldi, Escocia, el catedrático, conferencista, economista y filósofo graduado de las universidades de Glasgow y Oxford, Adam Smith quien, es considerado como el padre de la economía moderna y que en 1767 publicara el primer gran trabajo de economía política intitulado “Ensayo sobre la riqueza de las naciones”; en 1903 en Detroit, Estados Unidos, Henry Ford junto con otros diez inversionistas, fundan en la avenida Mack, la fábrica automotriz denominada Ford Motors Company; en 1965 en New York, Estados Unidos, se lanza en las operadoras de radio la canción “Like a Rolling Stone” del gran músico Bob Dylan, a pesar de las múltiples insistencias de la industria musical para modificar la duración de la canción que es de 6:34 segundo, y con todo en contra, conseguiría convertirse en un éxito internacional, así como, una canción emblemática para la cultura popular de todos los tiempos.

    Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.

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    #AnalisisAI #AperturaIntelectual #CineDeAutor #FestivalDeVenecia #FILGuadalajara #PensamientoCrítico #Vmrfaintelectual #Vicmanrf #Victormanrf #Victormrferriz #Análisis #ansiedadDigital #Arte #BobDylan #CanciónLikeARollingStone #Cine #CinematografíasEuropeas #circuitosCulturales #coproducciones #Cuestionarnos #Cultura #directorCinematográfico #EconomistaAdamSmith #EFIARTES #ElúltimoMecenazgo #Empatía #escritorContemporáneo #EsfuerzoIntelectual #EstímulosFiscalesEnLaLiteraturaEnMéxico #FeriaInternacionalDelLibroDeGuadalajaraYElFestivalInternacionalDeCineDeVenecia #fondosInternacionalesOInversionistasPrivadosInteresadosEnPrestigioSimbólico #gratificaciónInstantánea #HenryFord #Historia #IncomodidadEmocional #Literatura #LiteraturaCompleja #LiteraturaDensa #ObligaciónDelEstadoEnEducarYCulturizarASusCiudadanos #Opinión #PensamientoCrítico #Política #PrestigioArtístico #reels #Reflexión #Series #Tiktok #Turismo #Valores #VíctorManuelReyesFerriz #Viajes #VMRF #ZonaDeConfort
  4. El último mecenazgo

    16 DE JUNIO DE 2026 El último mecenazgo

    Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

    Desde hace varios años, la velocidad con la que el mundo contemporáneo consume contenido modificó mucho más que simples hábitos de entretenimiento; alteró la manera en que las sociedades administran atención, definen valor cultural y procesan el tiempo, derivado de esto, prácticamente cualquier obra artística parece hoy obligada a justificar su existencia mediante impacto comercial acelerado, métricas inmediatas, reproducciones instantáneas o viralidad sostenida, como si la legitimidad de cualquier manifestación intelectual dependiera exclusivamente de su capacidad para convertirse rápidamente en mercancía masiva, bajo esa lógica, toda expresión que exija complejidad narrativa, contemplación, paciencia o silencio empieza lentamente a percibirse como anticuada, elitista o improductiva, situación particularmente peligrosa porque la satisfacción inmediata comenzó a desplazar cualquier experiencia que demande esfuerzo intelectual sostenido; el problema dejó de ser exclusivamente artístico para convertirse lentamente en un fenómeno profundamente civilizatorio.

    Resulta particularmente llamativo que todavía existan estructuras culturales capaces de resistirse deliberadamente a esa degradación progresiva de profundidad intelectual. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el Festival Internacional de Cine de Venecia, representan dos de los últimos grandes bastiones que todavía parecen negarse a convertirse en instituciones patito diseñadas exclusivamente para producir consumo emocionalmente inmediato, fácil y rentable. A primera vista, la comparación entre ambos eventos culturales podría parecer una especie de romanticismo intelectual destinado a confrontar arte “serio” contra entretenimiento comercial; sin embargo, el verdadero hilo conductor entre Guadalajara y Venecia no se encuentra en nostalgia vacía por la llamada alta cultura, sino en la manera en que ambas instituciones todavía intentan proteger experiencias complejas dentro de un ecosistema obsesionado con inmediatez, rentabilidad y velocidad.

    Ahí aparece además una diferencia estructural enorme entre ambas industrias porque el cine de autor europeo todavía conserva redes de mecenazgo moderno capaces de sostener proyectos artísticos incluso, cuando éstos no representan negocios particularmente atractivos. El director cinematográfico todavía puede fracasar comercialmente y continuar filmando gracias a circuitos culturales, coproducciones, fondos internacionales o inversionistas privados interesados en prestigio simbólico. Muchas películas que llegan a Venecia saben perfectamente que jamás competirán contra franquicias multimillonarias; empero, siguen existiendo porque todavía sobreviven sectores culturales convencidos de que el arte no puede reducirse exclusivamente a utilidad económica inmediata.

    Muchísimo más cruel resulta el panorama que enfrenta actualmente la literatura mexicana. El escritor contemporáneo quedó prácticamente solo frente al mercado y frente a una economía digital diseñada específicamente para destruir concentración sostenida. Mientras el cineasta de autor todavía puede refugiarse detrás de fondos culturales o prestigio institucional, el escritor debe enfrentarse directamente a editoriales financieramente presionadas, lectores fragmentados y plataformas digitales que transformaron atención humana en mercancía instantánea. La literatura empezó a competir no contra otras novelas, sino contra ansiedad digital, gratificación instantánea, reels, series y TikTok. Esa transformación alteró completamente la manera en que se producen y consumen textos contemporáneos, tal es el caso que muchos autores comenzaron lentamente a adaptar estructura, profundidad y ritmo de sus obras a un ecosistema donde cualquier párrafo complejo corre el riesgo de perder lectores acostumbrados a consumir estímulos breves y rápidos.

    Ahí aparece además una responsabilidad social particularmente incómoda que muchas veces preferimos ignorar. Resulta demasiado sencillo responsabilizar exclusivamente a editoriales, industrias audiovisuales o plataformas digitales por la degradación cultural contemporánea; empero, como sociedad también comenzamos lentamente a fomentar y normalizar contenidos cada vez más vacíos porque exigen menos esfuerzo intelectual y generan menor incomodidad emocional. Mientras más alejados se encuentran ciertos productos de complejidad narrativa, cuestionamiento intelectual o profundidad artística mayor suele ser su consumo masivo; la razón probablemente resulte mucho más delicada de aceptar: cada vez nos cuesta más sostener atención suficiente para comprender conceptos complejos y, derivado de esto, terminamos buscando experiencias culturales que no nos obliguen a cuestionarnos demasiado para permanecer cómodamente dentro de nuestra propia zona de confort.

    La pregunta verdaderamente incómoda entonces resulta inevitable: ¿debemos continuar consumiendo y promoviendo productos cada vez más vacíos únicamente para permanecer cómodos dentro de nuestra zona de confort, o todavía somos capaces de exigir calidad artística aunque ello implique incomodidad, esfuerzo intelectual y paciencia?

    “El prestigio artístico sobrevive… aunque los algoritmos quieran destruir la atención humana.”

    Precisamente ahí convergen de manera extraordinaria tanto la FIL como el Festival de Cine de Venecia. Ambos espacios funcionan como refugios culturales para quienes todavía desean enfrentarse a experiencias intelectualmente incómodas, profundas y retantes en una época obsesionada con inmediatez emocional. Acudir a ellos ya no debería entenderse únicamente como una actividad cultural o recreativa, sino casi como una obligación intelectual para quienes todavía consideran importante defender espacios donde el pensamiento complejo pueda sobrevivir antes de ser completamente desplazado por la lógica de consumo inmediato.

    Enorme resulta, además, el contraste entre la grandeza organizativa de la FIL y la realidad que enfrentan muchísimos escritores mexicanos, es profundamente paradójico que México posea una de las ferias literarias más importantes del planeta mientras mantiene simultáneamente un ecosistema extraordinariamente precario para quienes producen literatura seria. La FIL de Guadalajara no representa una victoria gubernamental; buena parte de su prestigio internacional proviene precisamente de la capacidad organizativa de editoriales, iniciativa privada, patronatos, sociedad civil y universidades capaces de construir una estructura muchísimo más eficiente que gran parte de los aparatos burocráticos latinoamericanos destinados supuestamente a promover cultura.

    La sociedad mexicana ha podido alinearse alrededor de proyectos culturales de esta envergadura no por placer ni romanticismo, sino porque alguien debía llenar el vacío de una ausencia gubernamental que renunció hace mucho tiempo a una de sus obligaciones más elementales: culturizar y educar al pueblo que votó por ella. Esa afirmación no constituye un ataque contra México; al contrario, representa una defensa brutal de la capacidad organizativa mexicana cuando logra operar lejos de burocracia improvisada, mediocridad administrativa o propaganda sexenal. La FIL se convirtió en referencia internacional porque entendió algo que muchos proyectos oficiales jamás comprendieron: la cultura no puede construirse mediante campañas pasajeras ni discursos grandilocuentes, sino mediante continuidad institucional, cooperación estructural y visión de largo plazo.

    Otro fenómeno particularmente preocupante aparece cuando se analiza la discusión alrededor de los estímulos fiscales dirigidos a creadores y escritores. El discurso oficial suele presumir supuestos apoyos culturales; sin embargo, cuando se revisan cuidadosamente los mecanismos reales, la narrativa gubernamental comienza rápidamente a desmoronarse. La famosa exención del ISR para autores funciona únicamente hasta cierto límite anual (20 UMAs) que resulta prácticamente simbólico frente a niveles de facturación que incluso escritores medianamente posicionados pueden alcanzar; otros mal llamados beneficios, tampoco representan apoyos profundos a la creación intelectual ya que, la tasa cero aplicada a libros busca estimular circulación comercial y consumo, no elevar calidad de lectura ni proteger autores; incluso esquemas como EFIARTES suelen beneficiar proyectos editoriales capaces de navegar complejidad administrativa, no necesariamente escritores independientes obligados a competir dentro de un mercado cultural cada vez más hostil hacia la profundidad narrativa.

    Gigantesca resulta la consecuencia cultural derivada de esa diferencia estructural entre cine y literatura. Mientras ciertas cinematografías europeas todavía logran sostener obras densas, lentas o narrativamente incómodas, gran parte del mercado literario comienza progresivamente a privilegiar textos diseñados para consumo emocionalmente accesible, fácilmente compartible y rápido. No se trata de despreciar el entretenimiento comercial ni literatura popular, hacerlo sería profundamente elitista e intelectualmente deshonesto; el verdadero problema aparece cuando las estructuras culturales comienzan a sobrevivir exclusivamente mediante aquello que exige menos atención, menos complejidad y menos tiempo mental.

    Una sociedad incapaz de sostener experiencias culturales complejas durante períodos prolongados probablemente también tendrá enormes dificultades para comprender fenómenos económicos, históricos o sociales igualmente complejos. La degradación de atención colectiva termina inevitablemente afectando calidad del pensamiento público y, eventualmente, también deteriora la calidad democrática. Una población acostumbrada exclusivamente a estímulos inmediatos difícilmente desarrollará paciencia suficiente para analizar procesos políticos amplios, interpretar fenómenos históricos complejos o sostener discusiones intelectuales profundas.

    Tampoco puede ignorarse otro elemento que vuelve todavía más delicada la situación contemporánea de la literatura: la transformación psicológica del lector moderno. Muchísimas personas ya no se aproximan a un libro buscando complejidad intelectual, sino frases compartibles y validación inmediata capaces de competir contra hiperactividad digital cotidiana. Las propias editoriales comenzaron lentamente a adaptar estrategias comerciales a esa nueva realidad, privilegiando autores con enorme visibilidad en plataformas digitales aunque muchas veces carezcan de verdadera profundidad literaria. Difícilmente podría encontrarse un síntoma más claro de esa transformación que la manera en que numerosos escritores contemporáneos se ven obligados a construir presencia permanente dentro de redes sociales para mantener relevancia comercial, derivado de esto, muchos terminan dedicando más tiempo a mantener visibilidad digital que a desarrollar procesos creativos rigurosos.

    Precisamente por eso tanto Guadalajara como Venecia conservan todavía un valor simbólico tan poderoso dentro del escenario internacional contemporáneo porque ambos espacios continúan defendiendo algo profundamente incómodo para la lógica dominante de nuestra época: la posibilidad de que ciertas experiencias humanas requieran dificultad, paciencia y tiempo para adquirir verdadero significado. Recorrer durante horas los pasillos de la FIL o permanecer sentado observando una película narrativamente exigente en Venecia, implica enfrentarse a una temporalidad completamente distinta de aquella impuesta por plataformas digitales donde no existe satisfacción emocional instantánea; en una época obsesionada con rapidez, semejante exigencia ya constituye una forma de resistencia cultural.

    Finalmente, quizá el verdadero valor histórico tanto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como del Festival Internacional de Cine de Venecia no consista únicamente en preservar cine de autor o literatura compleja, sino en recordarle al mundo contemporáneo que todavía existen experiencias humanas incapaces de reducirse exitosamente a métricas rápidas, tendencias virales o rentabilidad instantánea; porque cuando una civilización comienza a perder interés por aquello que exige complejidad, paciencia y silencio intelectual, ¿no empieza también lentamente a perder capacidad para comprenderse a sí misma?

    DATO CULTURAL.

    Un día como hoy en 1723 nacía en Kirkcaldi, Escocia, el catedrático, conferencista, economista y filósofo graduado de las universidades de Glasgow y Oxford, Adam Smith quien, es considerado como el padre de la economía moderna y que en 1767 publicara el primer gran trabajo de economía política intitulado “Ensayo sobre la riqueza de las naciones”; en 1903 en Detroit, Estados Unidos, Henry Ford junto con otros diez inversionistas, fundan en la avenida Mack, la fábrica automotriz denominada Ford Motors Company; en 1965 en New York, Estados Unidos, se lanza en las operadoras de radio la canción “Like a Rolling Stone” del gran músico Bob Dylan, a pesar de las múltiples insistencias de la industria musical para modificar la duración de la canción que es de 6:34 segundo, y con todo en contra, conseguiría convertirse en un éxito internacional, así como, una canción emblemática para la cultura popular de todos los tiempos.

    Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.

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  5. El último mecenazgo

    16 DE JUNIO DE 2026 El último mecenazgo

    Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

    Desde hace varios años, la velocidad con la que el mundo contemporáneo consume contenido modificó mucho más que simples hábitos de entretenimiento; alteró la manera en que las sociedades administran atención, definen valor cultural y procesan el tiempo, derivado de esto, prácticamente cualquier obra artística parece hoy obligada a justificar su existencia mediante impacto comercial acelerado, métricas inmediatas, reproducciones instantáneas o viralidad sostenida, como si la legitimidad de cualquier manifestación intelectual dependiera exclusivamente de su capacidad para convertirse rápidamente en mercancía masiva, bajo esa lógica, toda expresión que exija complejidad narrativa, contemplación, paciencia o silencio empieza lentamente a percibirse como anticuada, elitista o improductiva, situación particularmente peligrosa porque la satisfacción inmediata comenzó a desplazar cualquier experiencia que demande esfuerzo intelectual sostenido; el problema dejó de ser exclusivamente artístico para convertirse lentamente en un fenómeno profundamente civilizatorio.

    Resulta particularmente llamativo que todavía existan estructuras culturales capaces de resistirse deliberadamente a esa degradación progresiva de profundidad intelectual. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el Festival Internacional de Cine de Venecia, representan dos de los últimos grandes bastiones que todavía parecen negarse a convertirse en instituciones patito diseñadas exclusivamente para producir consumo emocionalmente inmediato, fácil y rentable. A primera vista, la comparación entre ambos eventos culturales podría parecer una especie de romanticismo intelectual destinado a confrontar arte “serio” contra entretenimiento comercial; sin embargo, el verdadero hilo conductor entre Guadalajara y Venecia no se encuentra en nostalgia vacía por la llamada alta cultura, sino en la manera en que ambas instituciones todavía intentan proteger experiencias complejas dentro de un ecosistema obsesionado con inmediatez, rentabilidad y velocidad.

    Ahí aparece además una diferencia estructural enorme entre ambas industrias porque el cine de autor europeo todavía conserva redes de mecenazgo moderno capaces de sostener proyectos artísticos incluso, cuando éstos no representan negocios particularmente atractivos. El director cinematográfico todavía puede fracasar comercialmente y continuar filmando gracias a circuitos culturales, coproducciones, fondos internacionales o inversionistas privados interesados en prestigio simbólico. Muchas películas que llegan a Venecia saben perfectamente que jamás competirán contra franquicias multimillonarias; empero, siguen existiendo porque todavía sobreviven sectores culturales convencidos de que el arte no puede reducirse exclusivamente a utilidad económica inmediata.

    Muchísimo más cruel resulta el panorama que enfrenta actualmente la literatura mexicana. El escritor contemporáneo quedó prácticamente solo frente al mercado y frente a una economía digital diseñada específicamente para destruir concentración sostenida. Mientras el cineasta de autor todavía puede refugiarse detrás de fondos culturales o prestigio institucional, el escritor debe enfrentarse directamente a editoriales financieramente presionadas, lectores fragmentados y plataformas digitales que transformaron atención humana en mercancía instantánea. La literatura empezó a competir no contra otras novelas, sino contra ansiedad digital, gratificación instantánea, reels, series y TikTok. Esa transformación alteró completamente la manera en que se producen y consumen textos contemporáneos, tal es el caso que muchos autores comenzaron lentamente a adaptar estructura, profundidad y ritmo de sus obras a un ecosistema donde cualquier párrafo complejo corre el riesgo de perder lectores acostumbrados a consumir estímulos breves y rápidos.

    Ahí aparece además una responsabilidad social particularmente incómoda que muchas veces preferimos ignorar. Resulta demasiado sencillo responsabilizar exclusivamente a editoriales, industrias audiovisuales o plataformas digitales por la degradación cultural contemporánea; empero, como sociedad también comenzamos lentamente a fomentar y normalizar contenidos cada vez más vacíos porque exigen menos esfuerzo intelectual y generan menor incomodidad emocional. Mientras más alejados se encuentran ciertos productos de complejidad narrativa, cuestionamiento intelectual o profundidad artística mayor suele ser su consumo masivo; la razón probablemente resulte mucho más delicada de aceptar: cada vez nos cuesta más sostener atención suficiente para comprender conceptos complejos y, derivado de esto, terminamos buscando experiencias culturales que no nos obliguen a cuestionarnos demasiado para permanecer cómodamente dentro de nuestra propia zona de confort.

    La pregunta verdaderamente incómoda entonces resulta inevitable: ¿debemos continuar consumiendo y promoviendo productos cada vez más vacíos únicamente para permanecer cómodos dentro de nuestra zona de confort, o todavía somos capaces de exigir calidad artística aunque ello implique incomodidad, esfuerzo intelectual y paciencia?

    “El prestigio artístico sobrevive… aunque los algoritmos quieran destruir la atención humana.”

    Precisamente ahí convergen de manera extraordinaria tanto la FIL como el Festival de Cine de Venecia. Ambos espacios funcionan como refugios culturales para quienes todavía desean enfrentarse a experiencias intelectualmente incómodas, profundas y retantes en una época obsesionada con inmediatez emocional. Acudir a ellos ya no debería entenderse únicamente como una actividad cultural o recreativa, sino casi como una obligación intelectual para quienes todavía consideran importante defender espacios donde el pensamiento complejo pueda sobrevivir antes de ser completamente desplazado por la lógica de consumo inmediato.

    Enorme resulta, además, el contraste entre la grandeza organizativa de la FIL y la realidad que enfrentan muchísimos escritores mexicanos, es profundamente paradójico que México posea una de las ferias literarias más importantes del planeta mientras mantiene simultáneamente un ecosistema extraordinariamente precario para quienes producen literatura seria. La FIL de Guadalajara no representa una victoria gubernamental; buena parte de su prestigio internacional proviene precisamente de la capacidad organizativa de editoriales, iniciativa privada, patronatos, sociedad civil y universidades capaces de construir una estructura muchísimo más eficiente que gran parte de los aparatos burocráticos latinoamericanos destinados supuestamente a promover cultura.

    La sociedad mexicana ha podido alinearse alrededor de proyectos culturales de esta envergadura no por placer ni romanticismo, sino porque alguien debía llenar el vacío de una ausencia gubernamental que renunció hace mucho tiempo a una de sus obligaciones más elementales: culturizar y educar al pueblo que votó por ella. Esa afirmación no constituye un ataque contra México; al contrario, representa una defensa brutal de la capacidad organizativa mexicana cuando logra operar lejos de burocracia improvisada, mediocridad administrativa o propaganda sexenal. La FIL se convirtió en referencia internacional porque entendió algo que muchos proyectos oficiales jamás comprendieron: la cultura no puede construirse mediante campañas pasajeras ni discursos grandilocuentes, sino mediante continuidad institucional, cooperación estructural y visión de largo plazo.

    Otro fenómeno particularmente preocupante aparece cuando se analiza la discusión alrededor de los estímulos fiscales dirigidos a creadores y escritores. El discurso oficial suele presumir supuestos apoyos culturales; sin embargo, cuando se revisan cuidadosamente los mecanismos reales, la narrativa gubernamental comienza rápidamente a desmoronarse. La famosa exención del ISR para autores funciona únicamente hasta cierto límite anual (20 UMAs) que resulta prácticamente simbólico frente a niveles de facturación que incluso escritores medianamente posicionados pueden alcanzar; otros mal llamados beneficios, tampoco representan apoyos profundos a la creación intelectual ya que, la tasa cero aplicada a libros busca estimular circulación comercial y consumo, no elevar calidad de lectura ni proteger autores; incluso esquemas como EFIARTES suelen beneficiar proyectos editoriales capaces de navegar complejidad administrativa, no necesariamente escritores independientes obligados a competir dentro de un mercado cultural cada vez más hostil hacia la profundidad narrativa.

    Gigantesca resulta la consecuencia cultural derivada de esa diferencia estructural entre cine y literatura. Mientras ciertas cinematografías europeas todavía logran sostener obras densas, lentas o narrativamente incómodas, gran parte del mercado literario comienza progresivamente a privilegiar textos diseñados para consumo emocionalmente accesible, fácilmente compartible y rápido. No se trata de despreciar el entretenimiento comercial ni literatura popular, hacerlo sería profundamente elitista e intelectualmente deshonesto; el verdadero problema aparece cuando las estructuras culturales comienzan a sobrevivir exclusivamente mediante aquello que exige menos atención, menos complejidad y menos tiempo mental.

    Una sociedad incapaz de sostener experiencias culturales complejas durante períodos prolongados probablemente también tendrá enormes dificultades para comprender fenómenos económicos, históricos o sociales igualmente complejos. La degradación de atención colectiva termina inevitablemente afectando calidad del pensamiento público y, eventualmente, también deteriora la calidad democrática. Una población acostumbrada exclusivamente a estímulos inmediatos difícilmente desarrollará paciencia suficiente para analizar procesos políticos amplios, interpretar fenómenos históricos complejos o sostener discusiones intelectuales profundas.

    Tampoco puede ignorarse otro elemento que vuelve todavía más delicada la situación contemporánea de la literatura: la transformación psicológica del lector moderno. Muchísimas personas ya no se aproximan a un libro buscando complejidad intelectual, sino frases compartibles y validación inmediata capaces de competir contra hiperactividad digital cotidiana. Las propias editoriales comenzaron lentamente a adaptar estrategias comerciales a esa nueva realidad, privilegiando autores con enorme visibilidad en plataformas digitales aunque muchas veces carezcan de verdadera profundidad literaria. Difícilmente podría encontrarse un síntoma más claro de esa transformación que la manera en que numerosos escritores contemporáneos se ven obligados a construir presencia permanente dentro de redes sociales para mantener relevancia comercial, derivado de esto, muchos terminan dedicando más tiempo a mantener visibilidad digital que a desarrollar procesos creativos rigurosos.

    Precisamente por eso tanto Guadalajara como Venecia conservan todavía un valor simbólico tan poderoso dentro del escenario internacional contemporáneo porque ambos espacios continúan defendiendo algo profundamente incómodo para la lógica dominante de nuestra época: la posibilidad de que ciertas experiencias humanas requieran dificultad, paciencia y tiempo para adquirir verdadero significado. Recorrer durante horas los pasillos de la FIL o permanecer sentado observando una película narrativamente exigente en Venecia, implica enfrentarse a una temporalidad completamente distinta de aquella impuesta por plataformas digitales donde no existe satisfacción emocional instantánea; en una época obsesionada con rapidez, semejante exigencia ya constituye una forma de resistencia cultural.

    Finalmente, quizá el verdadero valor histórico tanto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como del Festival Internacional de Cine de Venecia no consista únicamente en preservar cine de autor o literatura compleja, sino en recordarle al mundo contemporáneo que todavía existen experiencias humanas incapaces de reducirse exitosamente a métricas rápidas, tendencias virales o rentabilidad instantánea; porque cuando una civilización comienza a perder interés por aquello que exige complejidad, paciencia y silencio intelectual, ¿no empieza también lentamente a perder capacidad para comprenderse a sí misma?

    DATO CULTURAL.

    Un día como hoy en 1723 nacía en Kirkcaldi, Escocia, el catedrático, conferencista, economista y filósofo graduado de las universidades de Glasgow y Oxford, Adam Smith quien, es considerado como el padre de la economía moderna y que en 1767 publicara el primer gran trabajo de economía política intitulado “Ensayo sobre la riqueza de las naciones”; en 1903 en Detroit, Estados Unidos, Henry Ford junto con otros diez inversionistas, fundan en la avenida Mack, la fábrica automotriz denominada Ford Motors Company; en 1965 en New York, Estados Unidos, se lanza en las operadoras de radio la canción “Like a Rolling Stone” del gran músico Bob Dylan, a pesar de las múltiples insistencias de la industria musical para modificar la duración de la canción que es de 6:34 segundo, y con todo en contra, conseguiría convertirse en un éxito internacional, así como, una canción emblemática para la cultura popular de todos los tiempos.

    Espero tus comentarios en el correo [email protected] y recuerda que, en este espacio, las críticas no sólo son bienvenidas, SON NECESARIAS.

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  6. El último mecenazgo

    16 DE JUNIO DE 2026 El último mecenazgo

    Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

    Desde hace varios años, la velocidad con la que el mundo contemporáneo consume contenido modificó mucho más que simples hábitos de entretenimiento; alteró la manera en que las sociedades administran atención, definen valor cultural y procesan el tiempo, derivado de esto, prácticamente cualquier obra artística parece hoy obligada a justificar su existencia mediante impacto comercial acelerado, métricas inmediatas, reproducciones instantáneas o viralidad sostenida, como si la legitimidad de cualquier manifestación intelectual dependiera exclusivamente de su capacidad para convertirse rápidamente en mercancía masiva, bajo esa lógica, toda expresión que exija complejidad narrativa, contemplación, paciencia o silencio empieza lentamente a percibirse como anticuada, elitista o improductiva, situación particularmente peligrosa porque la satisfacción inmediata comenzó a desplazar cualquier experiencia que demande esfuerzo intelectual sostenido; el problema dejó de ser exclusivamente artístico para convertirse lentamente en un fenómeno profundamente civilizatorio.

    Resulta particularmente llamativo que todavía existan estructuras culturales capaces de resistirse deliberadamente a esa degradación progresiva de profundidad intelectual. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el Festival Internacional de Cine de Venecia, representan dos de los últimos grandes bastiones que todavía parecen negarse a convertirse en instituciones patito diseñadas exclusivamente para producir consumo emocionalmente inmediato, fácil y rentable. A primera vista, la comparación entre ambos eventos culturales podría parecer una especie de romanticismo intelectual destinado a confrontar arte “serio” contra entretenimiento comercial; sin embargo, el verdadero hilo conductor entre Guadalajara y Venecia no se encuentra en nostalgia vacía por la llamada alta cultura, sino en la manera en que ambas instituciones todavía intentan proteger experiencias complejas dentro de un ecosistema obsesionado con inmediatez, rentabilidad y velocidad.

    Ahí aparece además una diferencia estructural enorme entre ambas industrias porque el cine de autor europeo todavía conserva redes de mecenazgo moderno capaces de sostener proyectos artísticos incluso, cuando éstos no representan negocios particularmente atractivos. El director cinematográfico todavía puede fracasar comercialmente y continuar filmando gracias a circuitos culturales, coproducciones, fondos internacionales o inversionistas privados interesados en prestigio simbólico. Muchas películas que llegan a Venecia saben perfectamente que jamás competirán contra franquicias multimillonarias; empero, siguen existiendo porque todavía sobreviven sectores culturales convencidos de que el arte no puede reducirse exclusivamente a utilidad económica inmediata.

    Muchísimo más cruel resulta el panorama que enfrenta actualmente la literatura mexicana. El escritor contemporáneo quedó prácticamente solo frente al mercado y frente a una economía digital diseñada específicamente para destruir concentración sostenida. Mientras el cineasta de autor todavía puede refugiarse detrás de fondos culturales o prestigio institucional, el escritor debe enfrentarse directamente a editoriales financieramente presionadas, lectores fragmentados y plataformas digitales que transformaron atención humana en mercancía instantánea. La literatura empezó a competir no contra otras novelas, sino contra ansiedad digital, gratificación instantánea, reels, series y TikTok. Esa transformación alteró completamente la manera en que se producen y consumen textos contemporáneos, tal es el caso que muchos autores comenzaron lentamente a adaptar estructura, profundidad y ritmo de sus obras a un ecosistema donde cualquier párrafo complejo corre el riesgo de perder lectores acostumbrados a consumir estímulos breves y rápidos.

    Ahí aparece además una responsabilidad social particularmente incómoda que muchas veces preferimos ignorar. Resulta demasiado sencillo responsabilizar exclusivamente a editoriales, industrias audiovisuales o plataformas digitales por la degradación cultural contemporánea; empero, como sociedad también comenzamos lentamente a fomentar y normalizar contenidos cada vez más vacíos porque exigen menos esfuerzo intelectual y generan menor incomodidad emocional. Mientras más alejados se encuentran ciertos productos de complejidad narrativa, cuestionamiento intelectual o profundidad artística mayor suele ser su consumo masivo; la razón probablemente resulte mucho más delicada de aceptar: cada vez nos cuesta más sostener atención suficiente para comprender conceptos complejos y, derivado de esto, terminamos buscando experiencias culturales que no nos obliguen a cuestionarnos demasiado para permanecer cómodamente dentro de nuestra propia zona de confort.

    La pregunta verdaderamente incómoda entonces resulta inevitable: ¿debemos continuar consumiendo y promoviendo productos cada vez más vacíos únicamente para permanecer cómodos dentro de nuestra zona de confort, o todavía somos capaces de exigir calidad artística aunque ello implique incomodidad, esfuerzo intelectual y paciencia?

    “El prestigio artístico sobrevive… aunque los algoritmos quieran destruir la atención humana.”

    Precisamente ahí convergen de manera extraordinaria tanto la FIL como el Festival de Cine de Venecia. Ambos espacios funcionan como refugios culturales para quienes todavía desean enfrentarse a experiencias intelectualmente incómodas, profundas y retantes en una época obsesionada con inmediatez emocional. Acudir a ellos ya no debería entenderse únicamente como una actividad cultural o recreativa, sino casi como una obligación intelectual para quienes todavía consideran importante defender espacios donde el pensamiento complejo pueda sobrevivir antes de ser completamente desplazado por la lógica de consumo inmediato.

    Enorme resulta, además, el contraste entre la grandeza organizativa de la FIL y la realidad que enfrentan muchísimos escritores mexicanos, es profundamente paradójico que México posea una de las ferias literarias más importantes del planeta mientras mantiene simultáneamente un ecosistema extraordinariamente precario para quienes producen literatura seria. La FIL de Guadalajara no representa una victoria gubernamental; buena parte de su prestigio internacional proviene precisamente de la capacidad organizativa de editoriales, iniciativa privada, patronatos, sociedad civil y universidades capaces de construir una estructura muchísimo más eficiente que gran parte de los aparatos burocráticos latinoamericanos destinados supuestamente a promover cultura.

    La sociedad mexicana ha podido alinearse alrededor de proyectos culturales de esta envergadura no por placer ni romanticismo, sino porque alguien debía llenar el vacío de una ausencia gubernamental que renunció hace mucho tiempo a una de sus obligaciones más elementales: culturizar y educar al pueblo que votó por ella. Esa afirmación no constituye un ataque contra México; al contrario, representa una defensa brutal de la capacidad organizativa mexicana cuando logra operar lejos de burocracia improvisada, mediocridad administrativa o propaganda sexenal. La FIL se convirtió en referencia internacional porque entendió algo que muchos proyectos oficiales jamás comprendieron: la cultura no puede construirse mediante campañas pasajeras ni discursos grandilocuentes, sino mediante continuidad institucional, cooperación estructural y visión de largo plazo.

    Otro fenómeno particularmente preocupante aparece cuando se analiza la discusión alrededor de los estímulos fiscales dirigidos a creadores y escritores. El discurso oficial suele presumir supuestos apoyos culturales; sin embargo, cuando se revisan cuidadosamente los mecanismos reales, la narrativa gubernamental comienza rápidamente a desmoronarse. La famosa exención del ISR para autores funciona únicamente hasta cierto límite anual (20 UMAs) que resulta prácticamente simbólico frente a niveles de facturación que incluso escritores medianamente posicionados pueden alcanzar; otros mal llamados beneficios, tampoco representan apoyos profundos a la creación intelectual ya que, la tasa cero aplicada a libros busca estimular circulación comercial y consumo, no elevar calidad de lectura ni proteger autores; incluso esquemas como EFIARTES suelen beneficiar proyectos editoriales capaces de navegar complejidad administrativa, no necesariamente escritores independientes obligados a competir dentro de un mercado cultural cada vez más hostil hacia la profundidad narrativa.

    Gigantesca resulta la consecuencia cultural derivada de esa diferencia estructural entre cine y literatura. Mientras ciertas cinematografías europeas todavía logran sostener obras densas, lentas o narrativamente incómodas, gran parte del mercado literario comienza progresivamente a privilegiar textos diseñados para consumo emocionalmente accesible, fácilmente compartible y rápido. No se trata de despreciar el entretenimiento comercial ni literatura popular, hacerlo sería profundamente elitista e intelectualmente deshonesto; el verdadero problema aparece cuando las estructuras culturales comienzan a sobrevivir exclusivamente mediante aquello que exige menos atención, menos complejidad y menos tiempo mental.

    Una sociedad incapaz de sostener experiencias culturales complejas durante períodos prolongados probablemente también tendrá enormes dificultades para comprender fenómenos económicos, históricos o sociales igualmente complejos. La degradación de atención colectiva termina inevitablemente afectando calidad del pensamiento público y, eventualmente, también deteriora la calidad democrática. Una población acostumbrada exclusivamente a estímulos inmediatos difícilmente desarrollará paciencia suficiente para analizar procesos políticos amplios, interpretar fenómenos históricos complejos o sostener discusiones intelectuales profundas.

    Tampoco puede ignorarse otro elemento que vuelve todavía más delicada la situación contemporánea de la literatura: la transformación psicológica del lector moderno. Muchísimas personas ya no se aproximan a un libro buscando complejidad intelectual, sino frases compartibles y validación inmediata capaces de competir contra hiperactividad digital cotidiana. Las propias editoriales comenzaron lentamente a adaptar estrategias comerciales a esa nueva realidad, privilegiando autores con enorme visibilidad en plataformas digitales aunque muchas veces carezcan de verdadera profundidad literaria. Difícilmente podría encontrarse un síntoma más claro de esa transformación que la manera en que numerosos escritores contemporáneos se ven obligados a construir presencia permanente dentro de redes sociales para mantener relevancia comercial, derivado de esto, muchos terminan dedicando más tiempo a mantener visibilidad digital que a desarrollar procesos creativos rigurosos.

    Precisamente por eso tanto Guadalajara como Venecia conservan todavía un valor simbólico tan poderoso dentro del escenario internacional contemporáneo porque ambos espacios continúan defendiendo algo profundamente incómodo para la lógica dominante de nuestra época: la posibilidad de que ciertas experiencias humanas requieran dificultad, paciencia y tiempo para adquirir verdadero significado. Recorrer durante horas los pasillos de la FIL o permanecer sentado observando una película narrativamente exigente en Venecia, implica enfrentarse a una temporalidad completamente distinta de aquella impuesta por plataformas digitales donde no existe satisfacción emocional instantánea; en una época obsesionada con rapidez, semejante exigencia ya constituye una forma de resistencia cultural.

    Finalmente, quizá el verdadero valor histórico tanto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como del Festival Internacional de Cine de Venecia no consista únicamente en preservar cine de autor o literatura compleja, sino en recordarle al mundo contemporáneo que todavía existen experiencias humanas incapaces de reducirse exitosamente a métricas rápidas, tendencias virales o rentabilidad instantánea; porque cuando una civilización comienza a perder interés por aquello que exige complejidad, paciencia y silencio intelectual, ¿no empieza también lentamente a perder capacidad para comprenderse a sí misma?

    DATO CULTURAL.

    Un día como hoy en 1723 nacía en Kirkcaldi, Escocia, el catedrático, conferencista, economista y filósofo graduado de las universidades de Glasgow y Oxford, Adam Smith quien, es considerado como el padre de la economía moderna y que en 1767 publicara el primer gran trabajo de economía política intitulado “Ensayo sobre la riqueza de las naciones”; en 1903 en Detroit, Estados Unidos, Henry Ford junto con otros diez inversionistas, fundan en la avenida Mack, la fábrica automotriz denominada Ford Motors Company; en 1965 en New York, Estados Unidos, se lanza en las operadoras de radio la canción “Like a Rolling Stone” del gran músico Bob Dylan, a pesar de las múltiples insistencias de la industria musical para modificar la duración de la canción que es de 6:34 segundo, y con todo en contra, conseguiría convertirse en un éxito internacional, así como, una canción emblemática para la cultura popular de todos los tiempos.

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  7. La normalización del absurdo

    26 DE MAYO DE 2026 La normalización del absurdo

    Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

    El mundo atraviesa nuevamente una etapa de reconfiguración ideológica cuya magnitud todavía no termina de dimensionarse por completo, porque aunque gran parte de la conversación pública continúa reduciendo los acontecimientos internacionales a disputas locales, elecciones nacionales o confrontaciones partidistas aisladas, lo cierto es que detrás de muchos de los movimientos políticos actuales comienza a consolidarse un proceso mucho más profundo relacionado con la reorganización de bloques narrativos, intereses estratégicos y posicionamientos ideológicos que progresivamente vuelven a dividir al escenario internacional bajo una lógica de alineamientos cada vez menos disimulados, por ello, las tensiones contemporáneas ya no pueden interpretarse únicamente desde la óptica tradicional de la diplomacia o la cooperación económica, sino también desde la construcción de discursos globales que intentan definir qué modelo económico, político y social debe prevalecer en los próximos años, particularmente en un contexto donde las democracias occidentales enfrentan niveles crecientes de polarización interna mientras potencias como China y Rusia impulsan esquemas alternativos de influencia política, militar y tecnológica capaces de alterar el equilibrio internacional construido tras el fin de la Guerra Fría.

    Bajo esta lógica, resulta cada vez más evidente que las izquierdas y derechas contemporáneas dejaron de limitarse a la competencia electoral doméstica para comenzar a operar también como comunidades ideológicas transnacionales que construyen alianzas, respaldos simbólicos, plataformas discursivas y mecanismos de legitimación mutua, derivado de esto, los encuentros internacionales, los foros políticos, las declaraciones conjuntas y las narrativas de resistencia o defensa democrática ya no funcionan únicamente como actos protocolarios, sino como mensajes cuidadosamente observados e interpretados por otros actores globales, particularmente cuando las tensiones internacionales atraviesan uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas; sin embargo, lo verdaderamente relevante no radica únicamente en la existencia de estas redes ideológicas, sino en el momento histórico en el que resurgen, porque coinciden con un escenario internacional marcado por guerras abiertas, amenazas de escalamiento militar, disputas energéticas, confrontaciones tecnológicas y presiones diplomáticas que convierten cualquier posicionamiento político en una variable susceptible de ser leída bajo claves geopolíticas mucho más amplias que las reconocidas públicamente.

    La guerra entre Rusia y Ucrania constituye probablemente el ejemplo más visible de esta transformación, no solo por el conflicto militar en sí mismo, sino porque terminó reactivando una lógica internacional que durante años pareció parcialmente contenida, particularmente la reconstrucción de bloques políticos y estratégicos enfrentados que vuelven a dividir al mundo bajo esquemas de influencia ideológica, militar y económica, por ello, el conflicto dejó de ser exclusivamente una disputa territorial para convertirse en una confrontación que involucra narrativas democráticas, intereses energéticos, expansión de alianzas militares y control geopolítico regional; empero, el verdadero impacto del conflicto quizá no radique únicamente en sus consecuencias materiales, sino en la manera en que logró normalizar nuevamente conceptos que hace apenas algunos años parecían lejanos para gran parte de la sociedad contemporánea, como amenazas nucleares, militarización fronteriza, espionaje internacional, propaganda política masiva y discursos permanentes de confrontación global.

    Algo similar ocurre con la tensión creciente entre Estados Unidos e Irán, particularmente en Medio Oriente, donde cualquier movimiento militar, declaración diplomática o ataque indirecto posee la capacidad de alterar cadenas completas de estabilidad regional y económica a nivel global, especialmente cuando el control energético continúa desempeñando un papel determinante dentro del equilibrio internacional, por ello, la confrontación ya no puede entenderse únicamente como un desacuerdo bilateral, sino como parte de una disputa mucho más amplia relacionada con influencia regional, seguridad internacional y capacidad de proyección política sobre zonas estratégicas del planeta, mientras paralelamente China incrementa su presión sobre Taiwán bajo una lógica que combina demostración militar, competencia tecnológica y disputa económica global, introduciendo un escenario donde las principales potencias comienzan a exhibir cada vez menos disposición para ocultar sus intereses estratégicos reales detrás de discursos diplomáticos cuidadosamente moderados.

    América Latina tampoco permanece al margen de esta reconfiguración internacional, particularmente porque distintos gobiernos de la región han comenzado a reforzar vínculos ideológicos, narrativos y políticos que inevitablemente son observados por Washington bajo criterios de seguridad, estabilidad regional e influencia estratégica, derivado de esto, las reuniones internacionales entre liderazgos de izquierda latinoamericana, los discursos sobre soberanía regional, las posturas frente a conflictos internacionales y los posicionamientos frente al modelo económico occidental adquieren una dimensión que trasciende lo meramente simbólico, especialmente en un contexto donde Estados Unidos enfrenta simultáneamente tensiones con Rusia, presión económica y tecnológica por parte de China y una creciente fragmentación política interna; por lo tanto, asumir que estos movimientos son completamente neutros o que carecen de implicaciones geopolíticas representa una lectura excesivamente ingenua de la realidad internacional contemporánea.

    Lo verdaderamente inquietante de este escenario no es únicamente el nivel de confrontación política e ideológica que comienza a consolidarse a nivel global, sino la manera en que la sociedad parece haber desarrollado una capacidad extraordinaria para acostumbrarse a ello, porque mientras las tensiones internacionales aumentan, las contradicciones políticas se multiplican y los discursos públicos se radicalizan, la reacción colectiva parece cada vez más débil, más breve y más emocionalmente anestesiada, como si la sobreexposición permanente al conflicto hubiera terminado erosionando la capacidad social de sorprenderse frente a acontecimientos que en otros momentos históricos habrían provocado una conmoción mucho más profunda, derivado de esto, guerras, amenazas militares, manipulación narrativa, espionaje, polarización extrema, discursos de odio y contradicciones institucionales comienzan a consumirse socialmente con la misma velocidad con la que desaparecen dentro del ciclo informativo cotidiano.

    Tal vez el síntoma más delicado de esta transformación no sea la polarización política en sí misma, sino la pérdida progresiva de la capacidad de indignación, porque la indignación funciona como uno de los últimos mecanismos morales capaces de recordarle a una sociedad que todavía existen límites éticos, contradicciones intolerables y conductas públicamente inaceptables; sin embargo, algo comenzó a romperse cuando la incongruencia dejó de generar rechazo para convertirse en parte normal del paisaje político y social, por ello, hoy los gobiernos pueden sostener discursos opuestos a sus propias acciones sin enfrentar necesariamente consecuencias reales de credibilidad, pueden condenar prácticas que simultáneamente replican, defender principios que aplican selectivamente o prometer transformaciones que jamás terminan materializándose, mientras la reacción pública rara vez supera algunos días de indignación momentánea antes de ser sustituida por la siguiente controversia.

    El problema adquiere una dimensión todavía más profunda cuando esa pérdida de indignación deja de dirigirse únicamente hacia el poder político y comienza a reflejarse también en el comportamiento cotidiano de la propia sociedad, porque el ciudadano contemporáneo igualmente empezó a normalizar prácticas que durante años criticó en la clase gobernante, derivado de esto, mentir estratégicamente, justificar la simulación, actuar bajo conveniencia, incumplir compromisos, manipular discursos o relativizar principios dejó de percibirse como una anomalía moral para comenzar a integrarse progresivamente dentro de las dinámicas normales de convivencia pública, lo cual introduce una contradicción especialmente peligrosa, ya que una sociedad difícilmente puede exigir congruencia institucional cuando ella misma ha comenzado a perderla en su comportamiento cotidiano.

    Nos encontramos en una época donde la incongruencia de pensamiento se puede presentar en dos o, incluso, tres vías diferentes; es decir, la manera en que pensamos y posteriormente actuamos es muy diferente cuando se presenta exactamente el mismo caso y esta incongruencia mental tampoco nos indigna, es más, algo que me parece sumamente delicado es que el mundo hoy se indigna mucho más por la decisión que el VAR pueda tomar en un partido de fútbol que en las acciones que nuestros líderes, padres, compañeros de trabajo o cualquiera que sea de nuestro ámbito más próximo pueda generar y solo considero indispensable que pongamos en una balanza y nos planteemos esta pregunta ¿Pueden las dudas en el fútbol tener mayor relevancia en nuestra vida diaria que las acciones que hacen o dejan de hacer nuestros gobiernos?

    En este contexto, quizá el riesgo más grande no sea únicamente la confrontación ideológica mundial que lentamente vuelve a dividir al planeta bajo nuevas narrativas políticas, económicas y estratégicas, sino el hecho de que la humanidad parece estar perdiendo la capacidad emocional y moral para reaccionar frente a ella, porque cuando la mentira deja de sorprender, la simulación deja de incomodar y la contradicción deja de indignar, los límites éticos comienzan a desplazarse silenciosamente hasta volver aceptables conductas que anteriormente habrían resultado inadmisibles, por ello, el verdadero deterioro quizá no se encuentre solamente en los gobiernos, en los conflictos internacionales o en los intereses geopolíticos que hoy reorganizan al mundo, sino en la normalización colectiva de la incongruencia como forma habitual de convivencia pública.

    Finalmente, el problema de una sociedad que pierde la capacidad de indignarse no radica únicamente en su pasividad frente al poder, sino en algo mucho más profundo y peligroso: la gradual desaparición de los criterios internos que permiten distinguir entre lo correcto y lo conveniente, porque cuando la contradicción deja de generar conflicto moral, las sociedades comienzan a adaptarse emocionalmente a cualquier narrativa, a cualquier abuso y a cualquier simulación siempre que resulte compatible con sus afinidades ideológicas o intereses inmediatos, derivado de esto, quizá la pregunta más inquietante no sea hacia dónde se dirige la nueva confrontación política mundial, sino ¿en qué momento dejamos de reaccionar frente a ella como si ya nada tuviera la capacidad de sorprendernos o indignarnos realmente?

    DATO CULTURAL.

    Un día como hoy en 1816 en Montevideo, Uruguay, la Biblioteca Nacional abre sus puertas por primera ocasión y se convierte en la primera biblioteca pública del país, motivo por el cual, en Uruguay, se celebra en esta fecha, el “Día Nacional del Libro”; en 1914 en París, Francia, el Teatro de la Ópera de París se convierte en el recinto para el estreno mundial de la ópera “Le Rossignol” (El ruiseñor), de la autoría del célebre compositor, director de orquesta, libretista y pianista ruso Ígor Fiódorovich Stravinski, en 1989 en Casablanca, Marruecos, culmina la 16º edición de la cumbre de la Liga Árabe, con un reconocimiento “implícito” del Estado de Israel y con una petición para asentar una conferencia internacional para la paz en Oriente Próximo.

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  8. ≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

    Puedo tener mil defectos, pero no, yo no traiciono.

    ≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

    #lealtad #valores #sinceridad #directa #principios #realidad

  9. *❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚

    La envidia no es que tú tengas menos.
    Es que te duele que alguien tenga más.
    Y en vez de subir tú, prefieres que baje la otra persona.
    Por eso siempre serás pobre: no de dinero, sino de alma.

    *❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚*❥:・゚

    #envidia #reflexion #crecimientopersonal #sinceridad #mentepositiva #frasesdeldia #valores

  10. El petróleo sube y las acciones bajan en medio de incertidumbre por la guerra

    La confusión reina en torno a los contactos entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto
    La entrada El petróleo sube y las acciones bajan en medio de incertidumbre por la guerra aparece primero en Semanario Universidad.

    #Acciones #Bolsas #EEUU #Europa #Guerra #Impreso #Mundo #Petróleo #Valores #ÚltimaHora

    semanariouniversidad.com/mundo

  11. La verdadera bondad no se exhibe, se refleja en pequeños gestos, en seguir actuando con integridad incluso cuando el entorno no lo merece.
    Ser buena persona no es ser ingenuo, es mantener el corazón limpio en un mundo que constantemente intenta ensuciarlo.

    ▸▸▸ ───── ◂◂◂

    #reflexiones #bondad #humanidad #valores #integridad #vidacotidiana #pensamientos #psicologia #personas #mirarlavida

  12. Hoy hemos puesto este video en una charla sobre afectos y #tecnologia.

    Si os apetece hacer reflexionar sobre sociedades tecnologicas y las #rrss sin focalizarse solo en adolescentes, recomendamos su visualización, se han dado conversas bien interesantes!!

    tokyvideo.com/es/video/socieda

    #educacion #valores #ética

  13. La vida no se mide en cómo la vives, sino en cómo te reinventas sin hacer daño a nadie, de manera honesta. No necesito que me adulen para sentirme completo: si mientes para quedar bien conmigo, me faltas al respeto; si llegas con la verdad, tendrás por siempre mi estima.

    #Reinvención
    #Honestidad
    #Integridad
    #Autoestima
    #Valores
    #Reflexiones
    #Pensamientos
    #Escritura
    #Frases
    #CitasEnEspañol
    #SaludMental
    #CrecimientoPersonal
    #Ética

  14. ⚫Vivimos en una época tan ridícula que hay quien se atreve a juzgar el envoltorio sin tener ni pajolera idea del contenido.
    El caso de Mariano Barbacid y la burla que recibió en redes es para que nos lo hagamos mirar como sociedad.

    Mientras una usuaria perdía el tiempo señalando una marca en una cara, ese hombre estaba ocupado salvando vidas.
    Estamos hablando del bioquímico que aisló el primer oncogén humano y cuyo equipo ha logrado eliminar el cáncer de páncreas en modelos experimentales.
    Casi nada.

    Es la paradoja de nuestra era: gente que no ha aportado nada al mundo, más allá de un par de selfis con filtro, sintiéndose con el derecho de menospreciar a mentes brillantes.
    La verdadera "cura" que necesitamos no es para la piel, es para la estupidez y la falta de valores.

    La belleza de Barbacid no está en su simetría facial, sino en su capacidad para cambiar el destino de nuestra especie.
    Él no necesita "likes" ni aprobación de gente vacía; lo que necesita es el Premio Nobel y el respeto eterno de un país que, a veces, parece olvidar quiénes son sus verdaderos héroes.

    Al final, la integridad no discute con la ignorancia, se sostiene sola con hechos.
    Y los hechos de este hombre son de los que curan el alma (y el cuerpo).

    ❧ ────────── ❧

    #marianobarbacid #ciencia #reflexion #heroesreales #investigacion #cnio #sinceridad #valores #españa #cancerdepancreas

  15. 🟢La otra crisis, la que casi no sale en los titulares.

    No es económica ni energética.
    Es humana.
    Una crisis de valores, de educación emocional, de respeto al otro y a lo que nos rodea.
    Vamos muy rápidos, muy centrados en el yo, en el ombligo, en la foto perfecta… y muy poco atentos a lo que pasa alrededor.

    El individualismo se ha vendido como libertad, pero muchas veces es simple desinterés.
    Mucho ego inflado, poca escucha. Mucha pose, poco contenido.
    No es casual tanta obsesión por la imagen: mirarme, gustarme, mostrarme… aunque sea vacío.

    Y mientras tanto, la empatía se queda en segundo plano, la diversidad incomoda, el medio ambiente estorba y el pensamiento crítico molesta.
    No es una plaga de selfies: es una señal.
    Algo no está bien cuando importa más parecer que ser.

    Tal vez la verdadera revolución hoy sea mirar menos la pantalla y más a las personas.
    Cuidar, cuestionar, pensar.
    Y recordar que vivir no va de likes, va de sentido. 🤍
    — — — ✦ — — —

    #reflexión #crisishumana #valores #ética #sociedad #educación #empatía #conciencia #menosyo #másnosotros

  16. 💋 Hay verdades que se nos olvidan con las prisas de este mundo tan raro, pero esta es sagrada: te mereces que te quieran bien, sin letra pequeña y sin condiciones.
    Que te besen hasta que pierdas la cuenta y que esas manías que te hacen ser tú —con tus cosas buenas y tus estupideces— sean precisamente lo que alguien adore.

    Mereces a alguien que te mire y te recuerde lo increíble que eres hasta que, por fin, te lo creas de una vez.
    Que te haga reír tanto que te duela la tripa y que te cure los días malos solo con una sonrisa.
    Y sobre todo, mereces un amor que no corra, que sepa saborear el tiempo contigo.

    Despertar con ganas de morder el mundo es genial, pero que alguien se despierte con las mismas ganas de "comerte" a ti es, sencillamente, de otro planeta.
    Quédate con quien te de todo lo bueno que este mundo ofrece, porque quien no sea capaz de ver eso, sinceramente, es que nunca estuvo a tu altura.
    Quien diga lo contrario, que se aparte, porque no te merece.

    ─── ❖ ── ✦ ── ❖ ───

    #amor #realidad #sinceridad #valores #autoestima

  17. ¡Y llega el episodio 92 🤯 de #RescateSostenibleCorporativo!

    Este lunes hablamos de #ética y #valores y cómo se relaciona todo con la #sostenibilidad corporativa.

    Algunas conclusiones personales:

    🟡 Mis líneas rojas no tienen por qué coincidir con las tuyas, pero si son muy dispares tenemos un problema 😅

    🟡 A veces es muy difícil ver dónde está esa línea porque ni tú misma te lo has planteado, ¿verdad?

    ¡Espero que te guste!

    podcastidae.com/rsc/valores-y-

    #podcast #RSC

  18. Han puesto plantas de cyclamen rojo en unos maceteros con olivos que hay en el centro de la ciudad para adornar en Navidad.

    Y la gente se las está llevando... Cuánta falta de civismo, aunque después de ver que quitan los ramos de la ofrenda a la virgen tampoco debería sorprenderme tanto.

    #civismo #convivencia #valores