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1000 results for “cynthia”

  1. Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.

    Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.

    El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.

    Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.

    Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.

    Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.

    La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.

    La escritura de un cuento, según Raymond Carver

    Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.

    Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo másEl mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con CheeverUpdikeSinger, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.

    Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.

    Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.

    Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.

    Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.

    Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.

    Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.

    Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak BabelGuy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.

    En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotrosHenry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.

    Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.

    Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.

    Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.

    Foto de Tomáš Malík. Pexels.

    https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/

    #EscribenOtras #EscribenOtros #GonzaloMarrón #LeilaSucari #PaulaTomassoni #RaymondCarver

  2. Llueve. Las palabras se demoran. Abro la puerta balcón y dejo que el olor a lluvia pasee por la casa. Petricor, se ha difundido por ahí. Para la RAE, no existe. Igual no concilio con ella. Y busco otras.

    Aparece un artículo. Elijo reiu (lluvia fría) y kanu (lluvia fría de invierno), del japonés.

    El agua cae acompasada. Y las palabras se demoran, pero no hay desesperación. Sigue siendo un norte aquello de Isak Dinesen, citado por Raymond Carver, que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.

    Escritura como refugio. Y lecturas, varias. Dos de mujeres. Paula Tomassoni y su Indeleble. Argentina, 2001. Un suicidio y cómo reponerse, en un país que espera no colapsar y donde la receta siempre es reforma laboral, baja del gasto público. Tan cíclicos que duele. Y tan desmemoriados.

    Leila Sucari y Fugaz, una interpelación a la maternidad, a la que rechaza, abraza e interpela. También una obsesión con las ballenas que, por más que sepan del peligro, van a encallar a una playa. Casi como Argentina.

    Una patagónica y en lectura. Pitanza nocturna, de Gonzalo Marrón. Registro de vivir y de una vida —que es la literatura si no—con morosa maestría, dice Daniel Guebel en la contratapa y coincido. Libro rayado y anotado, como corresponde. Elijo al azar el repaso de una escena, como un predicado desnudo que apenas astilla el comentario del recuerdo, que en cada ocasión se inventa nuevos maridajes. Ciudades, vivencias y espacios se recorren bajo esos maridajes que nos deja el tiempo. Y se registran con solidez y belleza.

    La literatura como espacio donde cobijarse, un alero que sirve de refugio contra la lluvia. Comparto un fragmento de reflexiones de Carver. Seguramente conocidas.

    La escritura de un cuento, según Raymond Carver

    Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.

    Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo másEl mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con CheeverUpdikeSinger, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin… Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.

    Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.

    Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio… Entonces tendré al menos esa ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.

    Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:… Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.

    Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.

    Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.

    Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.

    Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak BabelGuy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.

    En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotrosHenry James llamó “especificación endeble” a este tipo de desafortunada escritura.

    Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. “Lo haría mejor si tuviera más tiempo”, dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.

    Este texto de Raymond Carver apareció por primera vez en The New York Times Book Review en 1981 con el título de Apuntes de un narrador.

    Mi fuente es de este sitio, donde podés leer el texto completo.

    Foto de Tomáš Malík. Pexels.

    https://conletrapropia.com.ar/los-nombres-de-la-lluvia/

    #EscribenOtras #EscribenOtros #GonzaloMarrón #LeilaSucari #PaulaTomassoni #RaymondCarver

  3. (1/2)

    I've been (slowly, because it's an emotionally intense journey) reading the Tillerman Cycle of young adult novels by Cynthia Voigt. Because I couldn't remember her, even though in a high school English paper that turned up in a box on my porch, I mentioned her as a favorite author.

    I think I couldn't remember her because her novels hit with pinpoint accuracy a lot of the feelings I experienced growing up in an abusive family. They resonated so much that she was a favorite at the time, but my brain couldn't hold on to any information about the books because it was too real and too much to process while I still wasn't safe.

    (this is all just to introduce a mother's day quote...)

    #CynthiaVoigt #YAlit #YoungAdultFiction #YoungAdult #CPTSD

  4. (1/2)

    I've been (slowly, because it's an emotionally intense journey) reading the Tillerman Cycle of young adult novels by Cynthia Voigt. Because I couldn't remember her, even though in a high school English paper that turned up in a box on my porch, I mentioned her as a favorite author.

    I think I couldn't remember her because her novels hit with pinpoint accuracy a lot of the feelings I experienced growing up in an abusive family. They resonated so much that she was a favorite at the time, but my brain couldn't hold on to any information about the books because it was too real and too much to process while I still wasn't safe.

    (this is all just to introduce a mother's day quote...)

    #CynthiaVoigt #YAlit #YoungAdultFiction #YoungAdult #CPTSD

  5. Brooks Running gaat een samenwerking aan met Cynthia Erivo op weg naar haar London Marathon 2026: shorturl.at/xf3p0

    #hardlopen #brooks #brooksrunning #cynthiaerivo

  6. Yeah... and THAT is why I wondered if CHANG Cheh owed someone money to churn out this... flick 🤪 with TI Lung & CHEN Kuan Tai spliced in at the beginning 🤦🏻‍♀️ #FalseAdvertising

    Thanks for coming to the "how bad could it be?" experiment today at #KungFuSat 🥊 #DeathRing1983 all!

    Next week @MatthewTitus88 hosts a Cynthia Rothrock vid, MARTIAL LAW (1990) 💥

    @paco @ManWithPez @Stellarkaye @LK_877 @JanineFromPgh @kcarr2015 @allanb @OldRustBucket @cmdln @kamikat infosec.exchange/@paco/1144054

  7. 𝐀ctrice 𝐝𝐮 𝐉our

    𝐂𝐲𝐧𝐭𝐡𝐢𝐚 𝐀𝐝𝐝𝐚𝐢-𝐑𝐨𝐛𝐢𝐧𝐬𝐨𝐧
    Actrice Américano-Britannique Née en 1980

    #CynthiaAddaiRobinson est une Actrice à suivre!

    #actricedujour #actress #actrice
    #cinegenres @Cinegenres #film #cinema

    𝐄n 𝐒avoir 𝐏lus:
    instagram.com/cinegenres/

  8. #JustWatched #FilmMastodon 📽️ 🎬
    #TheAccountant2 (2025)
    Christian Wolff applies his brilliant mind and illegal methods to reconstruct the unsolved puzzle of a Treasury chief's murder.
    #BenAffleck #JonBernthal #CynthiaAddaiRobinson

    3/5 ⭐️ - Resonable sequel

  9. Spartacus released in 2010

    There is ample evidence of Black People having existed at every level of soiety in Ancient Rome but this series perpetuates the myth preferred by white racists that Black People were only gladiators.

    #tv #blackactors #blackcanadian #ghana #PeterMensah #CynthiaAddaiRobinson #KevinTaylor #blackhistory #blackmastodon

  10. Aug 18: Money Laundering 💸
    #MikesMafiaMovieChallenge #FilmMastodon 📽️ 🎬
    @Multiplat_Mike

    #TheAccountant (2016)
    A forensic accountant who un-cooks the books for illicit clients launders his fees through cash businesses on a strip mall south of Chicago.
    #BenAffleck #AnnaKendrick #JKSimmons #JonBernthal #JeffreyTambor #CynthiaAddaiRobinson #JohnLithgow

  11. #TraumaTotal #TraumaGlobal : comment la sidération nous aliène politiquement

    "On n'est jamais à l'abri des passions tristes"
    "Un régime #politique, c'est un régime d'organisation des affects"

    La condition de la #démocratie, c'est la réalisation des conditions qui permettent le développement de chacun-e en tant que sujet critique - libre du conditionnement traumatique. On s'en éloigne... #fascisme "qui se propose comme soulagement" (de la #peur ...)

    Alors #émancipation ? Voire... Cynthia Fleury sur france tv défend le courage - de l'armée française ! à la fin de la vidéo. Suis perplexe

    m.youtube.com/watch?v=pv9XXhhB

    #actualite #France #usa #monde #trump