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23 results for “manchan”

  1. Bei manchen Leuten kann ich nur mit dem Kopf schütteln...

    ... aber nicht mit meinem.🤭

  2. ¿De verdad se van a manchar las manos dándole solo 1 año de cárcel a los lavadores del narcotráfico?

    Hoy en la Comisión Primera del Congreso estamos dando la pelea en el debate de la Ley de Sometimiento.

    Y se lo dije muy claro a mis colegas: Colombia no puede tragar entero con un proyecto que promete paz, pero que en la práctica es un engaño. Con las reglas tan débiles que pusieron, ningún grupo armado se va a someter y lo único que van a lograr es hundir al país en una guerra eterna.

    Detrás de este proyecto metieron una trampa gravísima: lo único que sí funciona de este texto es que beneficia a los narcos, les lava la plata a los testaferros y les deja la pena en una vergüenza de 1 año.

    Eso no es justicia, es impunidad descarada y una falta de respeto con las víctimas y al país entero. Por eso exigimos que se archive de inmediato.

    #CarolinaCorcho #PactoHistorico #CongresoDeLaRepublica #LeyDeSometimiento #Colombia

  3. Fastest recorded ODI fifty by an Indian woman:

    BF
    23 Smriti Mandhana v AUS, 2025
    26 Richa Ghosh v NZ, 2022
    29 Rumeli Dhar v AL, 2008
    29 Shafali Verma v ZIM, today
    32 Veda Krishnamurthy v SA, 2018


  4. Die schönsten Weihnachtsmärkte Europas – eine bayerische Stadt mit dabei

    Die Weihnachtszeit rückt näher – und mit ihr die besondere Stimmung zwischen Büdchen, Glühwein und Leckereien. In manchen…
    #Nuernberg #Nuremberg #Deutschland #Deutsch #DE #Schlagzeilen #Headlines #Nachrichten #News #Europe #Europa #EU #Nürnberg #Armenien #Augsburg #Bayern #Craiova #Georgien #Germany #Griechenland #München #Ranking
    europesays.com/de/1361888/

  5. ¡Media noche en El Toboso… don Quijote busca el palacio de Dulcinea y solo encuentra la iglesia... 🏰🌙

    Capítulo IX de Don Quijote (Parte II)

    fictograma.com/d/4414-el-ingen

    #books #literature #writing #literatura #cuento

  6. ¡Media noche en El Toboso… don Quijote busca el palacio de Dulcinea y solo encuentra la iglesia... 🏰🌙

    Capítulo IX de Don Quijote (Parte II)

    fictograma.com/d/4414-el-ingen

    #books #literature #writing #literatura #cuento

  7. ⏱️ 79’ | ¡Goooooooooooool de la Maaaaaaaaaquina! ⚽️ Andrés Montaño hace efectivo el cobro penal. 🔥 Grandísima definición desde el manchón penal. 😎

    @Tuzos 1-2 @CruzAzul | 🦫🆚🚂

    #J13 #AP26 ✨ #LaLigaDeLaAfición

  8. ¡Media noche en El Toboso… don Quijote busca el palacio de Dulcinea y solo encuentra la iglesia. Ladridos, confusiones y un Sancho que ya no sabe qué... 🏰🌙

    Capítulo IX de Don Quijote (Parte II)

    fictograma.com/d/4414-el-ingen

    #books #literature #writing #literatura #cuento

  9. 🫟 𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔 🫟

    A veces las historias más sorprendentes ocurren en los lugares más inesperados.

    En mayo de 2019, una mujer británica llamada Bal Gill visitó junto a su familia el museo interactivo Camera Obscura & World of Illusions, en Edimburgo.
    Era una excursión turística más, una de esas actividades pensadas para divertirse, hacerse fotos y pasar un buen rato durante las vacaciones.

    Nada hacía pensar que aquella visita acabaría cambiando su vida.

    Mientras recorría una de las salas, Bal se detuvo frente a una cámara térmica que mostraba a los visitantes en distintos colores según la temperatura de cada parte de su cuerpo.
    Era una atracción popular y, en principio, solo una curiosidad tecnológica.

    Sin embargo, al observar la pantalla, notó algo extraño.

    Uno de sus senos aparecía con una mancha de color mucho más intensa que el resto de su cuerpo.
    La diferencia le llamó la atención porque no parecía coincidir con los patrones que veía en otras personas que utilizaban la misma cámara.

    No salió del museo pensando que tenía cáncer.
    Salió con una pregunta rondándole la cabeza.

    Durante los días siguientes no consiguió quitarse aquella imagen de la mente.
    Buscó información, comparó lo que había visto y decidió acudir al médico para asegurarse de que todo estaba bien.

    Aquella decisión resultó crucial.

    Tras varias pruebas médicas, los especialistas confirmaron que padecía cáncer de mama en una fase temprana.
    La enfermedad aún no había avanzado demasiado, por lo que pudo ser tratada mediante cirugía y el correspondiente seguimiento médico.

    La noticia convirtió su historia en un fenómeno internacional.
    Muchos medios de comunicación se hicieron eco del caso porque parecía casi increíble que una simple atracción turística hubiera contribuido indirectamente a detectar un cáncer.

    Pero hay un detalle importante que suele perderse cuando se cuenta la historia.

    La cámara térmica no diagnosticó el cáncer.

    De hecho, los médicos insisten en que las imágenes térmicas por sí solas no pueden sustituir a mamografías, ecografías, resonancias ni a los procedimientos médicos habituales.
    Lo que ocurrió fue que aquella imagen despertó una sospecha que llevó a Bal a consultar a los especialistas.
    El diagnóstico llegó después, mediante pruebas clínicas convencionales.

    El propio museo de Edimburgo reconoció que nunca habían vivido una situación similar.
    Tras hacerse pública la historia, incluso colocaron información explicativa para recordar a los visitantes que las cámaras térmicas no son herramientas médicas ni deben utilizarse como método de detección.

    Aun así, el caso despertó el interés de muchos investigadores.
    Se sabe que algunos tumores pueden generar un aumento del flujo sanguíneo y de la actividad metabólica en la zona afectada, provocando cambios de temperatura que, en determinadas circunstancias, pueden ser visibles mediante cámaras térmicas.
    Sin embargo, esos cambios no son suficientes para confirmar una enfermedad ni aparecen en todos los pacientes.

    Lo que hace tan llamativa esta historia no es la tecnología, sino la reacción de Bal Gill.
    Muchas personas habrían ignorado aquella anomalía pensando que era un simple fallo de la pantalla o una curiosidad sin importancia.
    Ella decidió investigar y consultar.

    Y ahí estuvo la verdadera diferencia.

    Su experiencia recuerda algo que los médicos repiten constantemente: conocer nuestro cuerpo, prestar atención a cambios inesperados y acudir a revisiones cuando algo nos parece extraño puede resultar fundamental.
    A veces una duda razonable puede convertirse en una detección temprana, y una detección temprana puede cambiar por completo el pronóstico de una enfermedad.

    Bal Gill no encontró un diagnóstico en un museo.
    Encontró una señal.
    Y tuvo la prudencia de no ignorarla.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #balgill #cancerdemama #historiareal #curiosidades #medicina #salud #detecciontemprana #camaratermica #edimburgo #historiasreales #prevencion #ciencia #sabiasque

  10. 🧿𝑫𝒐𝒓𝒐𝒕𝒉𝒚 𝑪𝒓𝒐𝒘𝒇𝒐𝒐𝒕 𝑯𝒐𝒅𝒈𝒌𝒊𝒏 🧿

    Dorothy Crowfoot Hodgkin tenía las manos deformadas por la artritis reumatoide.
    Los dedos se le fueron torciendo con los años, caminar se convirtió en una dificultad y acabó necesitando una silla de ruedas.
    Hasta las tareas más sencillas podían resultarle dolorosas, pero siguió trabajando en aquello a lo que había dedicado buena parte de su vida: averiguar cómo estaban construidas algunas de las moléculas más importantes para los seres vivos.

    Había nacido en El Cairo el 12 de mayo de 1910, donde su padre, John Winter Crowfoot, trabajaba como arqueólogo.
    Su madre, Grace Mary Hood, era una mujer culta, interesada en la botánica y en las ciencias naturales.
    Dorothy pasó su infancia entre libros, plantas, fósiles y conversaciones sobre el mundo que la rodeaba.
    A los diez años ya sentía una enorme curiosidad por los cristales y sus formas geométricas.
    Le fascinaba que una sustancia pudiera organizarse siguiendo una estructura tan precisa, aunque todavía no podía imaginar hasta dónde la llevaría aquel interés.

    En 1928 entró en Somerville College, en Oxford, para estudiar Química.
    Allí descubrió la cristalografía de rayos X, una técnica que permitía investigar la estructura de la materia sin necesidad de ver directamente sus átomos.
    Se hacía pasar un haz de rayos X a través de un cristal y se estudiaba el patrón que aparecía al otro lado.
    Interpretando aquellas señales mediante cálculos matemáticos, era posible reconstruir la disposición de los átomos que componían una molécula.
    Lo que para otros podían ser manchas difíciles de interpretar, para Dorothy era una manera de averiguar cómo estaba organizado un mundo invisible.

    A los 24 años le diagnosticaron artritis reumatoide, una enfermedad inflamatoria que fue dañándole las articulaciones de las manos y los pies.
    Los tratamientos disponibles entonces eran muy limitados y su movilidad empeoró con el paso del tiempo.
    Tuvo que adaptar su forma de trabajar y apoyarse en sus colaboradores para determinadas tareas, pero no abandonó la investigación.
    Su trabajo requería paciencia, cálculos complejos y años de observaciones; precisamente por eso, cada avance suponía resolver una dificultad científica considerable.

    Uno de sus primeros grandes retos fue la penicilina.
    Durante la Segunda Guerra Mundial, este antibiótico se había convertido en una herramienta fundamental para combatir infecciones, pero todavía era necesario conocer con precisión su estructura química.
    Dorothy y su equipo recurrieron a la cristalografía de rayos X para estudiarla y en 1945 lograron determinar su estructura.
    El resultado ayudó a confirmar la presencia del anillo beta-lactámico, una parte esencial de la molécula y una pieza clave para comprender cómo estaban construidos estos antibióticos.

    Después se enfrentó a la vitamina B12, una molécula mucho más compleja de lo que podían abordar fácilmente las técnicas de la época.
    El trabajo exigió años de investigación y cálculos, hasta que en 1955 su equipo consiguió determinar su estructura.
    Aquello supuso un avance extraordinario para la química estructural y consolidó la reputación de Dorothy Hodgkin como una de las investigadoras más destacadas de su campo.

    Pero había otro problema al que llevaba dedicando tiempo desde 1934: la insulina.
    Se trataba de una proteína cuya estructura tridimensional era especialmente difícil de descifrar con los medios disponibles.
    Dorothy continuó trabajando en ella durante décadas, mientras su artritis avanzaba y las limitaciones físicas se hacían cada vez más evidentes.
    Finalmente, en 1969, su equipo consiguió determinar la estructura de la insulina.
    Habían transcurrido unos 35 años desde que comenzó a estudiarla, una muestra de lo complicado que resultaba aquel trabajo antes de disponer de las herramientas informáticas y experimentales actuales.

    Cinco años después de que comenzara aquella investigación, en 1964, Dorothy había recibido el Premio Nobel de Química por sus determinaciones mediante cristalografía de rayos X de las estructuras de importantes sustancias bioquímicas.
    Tenía 54 años y se convertía en una de las científicas más reconocidas del mundo.
    Sin embargo, algunos periódicos británicos presentaron la noticia haciendo hincapié en que era una «ama de casa».
    Resulta llamativo que, ante una investigadora que había realizado descubrimientos fundamentales para la química, parte de la prensa destacara su condición de mujer casada antes que su trayectoria científica.

    Su vida tampoco se limitó al laboratorio.
    Dorothy defendió la cooperación internacional entre científicos y participó en el movimiento Pugwash, dedicado a promover el diálogo sobre los peligros de las armas nucleares.
    Consideraba que quienes trabajaban en ciencia también tenían una responsabilidad con la sociedad y debían pensar en las consecuencias de sus descubrimientos.
    Además, se preocupó por las dificultades a las que se enfrentaban las mujeres que querían desarrollar una carrera científica sin renunciar a su vida familiar.
    Ella misma había tenido tres hijos y conocía bien los problemas de conciliar ambas cosas.
    En Somerville College apoyó la creación de una guardería y destinó parte del dinero de su Nobel a contribuir a su financiación.

    Entre las personas que pasaron por sus clases estuvo Margaret Thatcher, que estudió Química en Oxford antes de convertirse en primera ministra británica.
    Sus ideas políticas eran muy diferentes, pero mantuvieron el contacto a lo largo de los años.
    La relación entre ambas es una de esas curiosidades que acompañan a la biografía de Dorothy, aunque su legado científico fue, con diferencia, mucho más importante que cualquier vínculo personal.

    Se jubiló oficialmente de Oxford en 1977, pero siguió vinculada a la investigación y a la comunidad científica.
    Murió el 29 de julio de 1994, a los 84 años, después de una vida dedicada a estudiar estructuras que no podían observarse directamente.
    Su trabajo ayudó a demostrar hasta dónde podía llegar la cristalografía de rayos X y abrió nuevas posibilidades para comprender moléculas esenciales para la vida.

    Quizá su nombre no resulte tan familiar para el público como el de Marie Curie, pero sus investigaciones dejaron una huella profunda en la química y la biología.
    Conocer la estructura de la penicilina, la vitamina B12 o la insulina no era un simple ejercicio teórico: permitía comprender mejor cómo funcionaban estas sustancias y proporcionaba información fundamental para futuras investigaciones.

    La artritis nunca desapareció y Dorothy no tuvo un final milagroso en el que la enfermedad dejara de limitarla.
    Aprendió a trabajar con las dificultades que tenía, recurrió a la colaboración de otras personas y siguió investigando durante décadas.
    Su historia no necesita adornos: una niña fascinada por los cristales acabó convirtiéndose en una de las científicas que más contribuyeron a revelar la arquitectura invisible de la vida.

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    youtube.com/watch?v=VtDU2eVvb6o
    ➡️ 𝐷𝑜𝑐𝑢𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎𝑙

    #dorothycrowfoothodgkin #ciencia #historia #mujeresenlaciencia #premionobel #quimica #cristalografia #mujereshistoricas #biografias #historiadelaciencia

  11. Il paradosso dell’ossicodone e la protesi articolare

    Quando l’analgesico preoperatorio diventa un predittore di esito sfavorevole

    Il problema del dolore cronico pre-chirurgico

    L’osteoartrite grave di anca e ginocchio è una delle principali indicazioni alla chirurgia protesica, ma il percorso che conduce la sala operatoria è spesso lastricato di anni di terapia antidolorifica. Tra i farmaci più frequentemente impiegati in questa fase pre-chirurgica figurano gli oppioidi forti, in primis l’ossicodone, prescritto per controllare un dolore cronico da moderato a severo che i FANS o il paracetamolo non riescono più a contenere.

    Il paradosso emerge con forza dalla letteratura degli ultimi anni: il paziente che assume ossicodone o altri oppioidi nelle settimane e nei mesi precedenti l’artroprotesi — al fine di migliorare la propria qualità di vita in attesa dell’intervento — si trova dopo la chirurgia in una posizione significativamente più svantaggiata rispetto a chi non ha mai assunto oppioidi. Più dolore nel postoperatorio, più complicanze, più consumo di farmaci, esiti funzionali inferiori e un rischio sensibilmente più alto di dipendenza cronica da oppioidi.

    Dimensioni del fenomeno: quanti pazienti arrivano all’intervento già in terapia oppioide?

    I dati nordamericani, i più robusti disponibili, sono eloquenti. In uno studio su 84.932 pazienti sottoposti a artroprotesi totale di ginocchio (TKR), il 41,4% risultava in trattamento con oppioidi nei tre mesi precedenti l’intervento; i tre principi attivi più prescritti erano idrocodone/paracetamolo, ossicodone/paracetamolo e ossicodone in monoterapia. In un’analisi su 66.950 pazienti con TKR, il 34,8% di coloro che assumevano oppioidi preoperatoriamente diveniva utilizzatore cronico nel follow-up, contro il 5,0% del gruppo naive agli oppioidi — un rapporto di quasi 7 a 1.

    In Europa, e in Italia in particolare, i tassi di utilizzo preoperatorio di oppioidi forti sono storicamente inferiori rispetto al Nord America, ma la tendenza è in crescita, trainata dall’invecchiamento della popolazione, dalla maggiore durata delle liste d’attesa chirurgiche e dalla progressiva — seppur ancora cauta — apertura culturale verso la terapia con oppioidi nel dolore non oncologico.

    Il paradosso in numeri: outcome peggiori su più fronti

    La letteratura converge su un quadro coerente e preoccupante. I pazienti con uso preoperatorio di oppioidi — inclusi quelli in terapia con ossicodone — presentano, rispetto ai pazienti naive:

    • Punteggi di outcome riferiti dal paziente (PRO) significativamente peggiori nel postoperatorio: una metanalisi su 7.356 pazienti sottoposti a TKR o THR ha documentato una differenza standardizzata delle medie (SMD) di −0,53 (IC 95%: −0,75; −0,32, p < 0,0001), indicativa di un danno clinicamente rilevante in termini di dolore e funzione.
    • Maggiore tasso di complicanze: infezioni della protesi, necessità di revisione chirurgica, ritardo nella guarigione della ferita, più lunghe degenze ospedaliere e tassi di riammissione più elevati.
    • Rischio aumentato di uso prolungato di oppioidi nel postoperatorio: il pregresso utilizzo è il singolo più forte predittore di dipendenza oppioide a lungo termine dopo artroprotesi.
    • Più alti livelli di dolore postoperatorio e maggiore consumo di analgesici nelle prime settimane dopo l’intervento, con implicazioni per la riabilitazione e il recupero funzionale.
    • Maggiori costi sanitari complessivi legati alle complicanze e alle riammissioni.

    Perché accade? I meccanismi fisiopatologici

    Il deterioramento degli esiti post-chirurgici nei pazienti pretrattati con oppioidi non è casuale né imputabile esclusivamente al profilo di comorbidità — sebbene i pazienti in terapia oppioide tendano ad avere più condizioni concomitanti. I meccanismi biologici identificati includono:

    • Iperalgesia indotta da oppioidi (OIH): l’esposizione cronica agli agonisti μ produce una paradossale ipersensibilità al dolore, mediata da fenomeni di neuroplasticità a livello spinale e sopraspinale. Il paziente in OIH percepisce il dolore postoperatorio con un’intensità amplificata rispetto al paziente naive.
    • Tolleranza farmacologica: le dosi standard di analgesici oppioidi nel postoperatorio risultano spesso insufficienti nei pazienti pretrattati, rendendo necessari regimi analgesici più aggressivi o combinazioni multimodali più complesse.
    • Sensibilizzazione centrale: l’input nocicettivo cronico, combinato con l’esposizione prolungata agli oppioidi, modifica l’elaborazione del dolore a livello del sistema nervoso centrale, peggiorando la risposta funzionale all’intervento chirurgico.
    • Effetti immunosoppressori degli oppioidi: l’ossicodone, come altri agonisti μ, esercita effetti immunomodulanti che possono favorire le infezioni periprotesiche e ritardare la guarigione tissutale.
    • Effetti sul microbiota intestinale e sulla motilità: la stipsi oppioide-indotta e le alterazioni del microbioma intestinale possono influenzare la risposta infiammatoria perioperatoria.

    Ossicodone in ortopedia: da soluzione a problema?

    L’ossicodone ha una lunga storia nell’analgesia perioperatoria ortopedica. Studi italiani e internazionali hanno documentato l’efficacia della formulazione a rilascio prolungato (CR) e dell’associazione ossicodone/naloxone nel controllo del dolore postoperatorio da artroprotesi di ginocchio e anca, con un profilo gastrointestinale migliorato dall’azione periferica del naloxone. Il farmaco è indicato per il dolore da moderato a severo e la sua efficacia analgesica — con un rapporto morfina equivalente di circa 1:1,5 per via orale — è ben documentata.

    Il problema non è l’ossicodone in sé: usato appropriatamente nel perioperatorio, o nella gestione del dolore postoperatorio acuto a breve termine, mantiene un profilo rischio/beneficio accettabile. Il paradosso emerge quando l’oppioide viene impiegato per mesi nel preoperatorio, come misura di ‘ponte’ in attesa dell’intervento, in un contesto in cui le liste d’attesa chirurgiche si allungano e il dolore cronico dell’osteoartrite avanzata diventa ingestibile con i soli analgesici di primo livello.

    Implicazioni cliniche: cosa fare prima dell’intervento?

    Le linee guida dell’American Society for Enhanced Recovery (ASER) e le consensus statement perioperatorie convergono su alcune raccomandazioni chiave per i pazienti in terapia oppioide cronica candidati ad artroprotesi:

    • Stratificazione del rischio: identificare sistematicamente i pazienti in terapia oppioide preoperatoria e considerarli ad alto rischio per complicanze e dipendenza postoperatoria.
    • Riduzione preoperatoria degli oppioidi: dove clinicamente fattibile, avviare un programma strutturato di tapering preoperatorio dell’ossicodone nelle settimane precedenti l’intervento. Studi specifici hanno mostrato che la riduzione preoperatoria del carico oppioide migliora gli esiti funzionali.
    • Ottimizzazione dell’analgesia multimodale non oppioide: sfruttare al massimo il potenziale di paracetamolo, FANS/COX-2 inibitori (in assenza di controindicazioni), gabapentinergici e terapie topiche nel preoperatorio per ridurre il fabbisogno di oppioidi.
    • Blocchi locoregionali: l’utilizzo di tecniche anestetiche locoregionali (blocco del nervo femorale, adductor canal block, blocco perinervoso della spalla) riduce significativamente il consumo di oppioidi perioperatori e può essere pianificato anche nella fase preoperatoria.
    • Counseling informato: il paziente deve essere chiaramente informato che l’uso preoperatorio di oppioidi può ridurre i benefici attesi dall’artroprotesi in termini di dolore e funzione, favorendo una partecipazione attiva alle strategie di riduzione.
    • Nuovi analgesici come alternativa: farmaci come suzetrigine (bloccante selettivo di Nav1.8), attualmente in fase di valutazione regolatoria, potrebbero offrire in futuro un’alternativa analgesica perioperatoria efficace senza i rischi degli oppioidi.

    Il contesto italiano: liste d’attesa, oppioidi e il nodo irrisolto

    In Italia, il paradosso dell’ossicodone preoperatorio si inserisce in un contesto ulteriormente complicato dalle lunghe liste d’attesa per le artroprotesi nel Servizio Sanitario Nazionale. Un paziente con osteoartrite severa di ginocchio che attende anche 18-24 mesi per l’intervento si trova spesso nella condizione di dover scegliere tra tollerare un dolore invalidante o ricorrere a una terapia oppioide che, come emerge dai dati, potrebbe compromettere il risultato dell’intervento tanto atteso.

    La Legge 38/2010 sul diritto alla terapia del dolore ha ampliato significativamente l’accesso agli oppioidi in Italia, con effetti positivi innegabili per i pazienti oncologici e per molti con dolore cronico non oncologico. Tuttavia, la governance clinica dell’uso preoperatorio degli oppioidi in ortopedia rimane un ambito poco esplorato: mancano percorsi strutturati per la gestione e la riduzione del carico oppioide nelle settimane che precedono l’artroprotesi, e la comunicazione tra il medico di base o il reumatologo — che prescrivono l’analgesico — e il chirurgo ortopedico è spesso carente.

    Commento editoriale

    Il ‘paradosso dell’ossicodone e della protesi articolare’ non è una critica al farmaco in sé, né alla legittima esigenza di controllare il dolore nei mesi che precedono la chirurgia. È un monito contro la gestione frammentata del percorso terapeutico del paziente ortopedico: la prescrizione dell’oppioide e la pianificazione dell’intervento avvengono spesso in silos separati, senza che il rischio del pretrattamento oppioide venga esplicitamente discusso e gestito come variabile modificabile.

    La letteratura è chiara: il paziente che arriva all’artroprotesi pretrattato con ossicodone ha outcome peggiori, e questo è in parte un risultato prevenibile. Il chirurgo ortopedico, il medico di medicina generale, l’algologo e il reumatologo devono lavorare in un’ottica integrata, identificando per tempo i pazienti a rischio e implementando strategie di riduzione preoperatoria del carico oppioide che, pur complesse, hanno dimostrato di migliorare i risultati chirurgici. La lista d’attesa, in questo senso, può paradossalmente diventare un’opportunità terapeutica: il tempo che separa la diagnosi dall’intervento andrebbe utilizzato non solo per aspettare, ma per preparare il paziente in modo ottimale — anche farmacologicamente.

    Bedard, N. A., Pugely, A. J., Westermann, R. W., Duchman, K. R., Glass, N. A., & Callaghan, J. J. (2017). Opioid use after total knee arthroplasty: trends and risk factors for prolonged use. The Journal of Arthroplasty, 32(8), 2390–2394. https://doi.org/10.1016/j.arth.2017.03.014

    Smith, S. R., Bido, J., Collins, J. E., Yang, H., Katz, J. N., & Losina, E. (2017). Impact of preoperative opioid use on total knee arthroplasty outcomes. The Journal of Bone and Joint Surgery, 99(10), 803–808. https://doi.org/10.2106/JBJS.16.01200

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    Richebé, P., Capdevila, X., & Rivat, C. (2018). Persistent postsurgical pain: pathophysiology and preventative pharmacologic considerations. Anesthesiology, 129(3), 590–607. https://doi.org/10.1097/ALN.0000000000002238

    Cherubino, P., Raucci, U., Valentini, G., & Colombo, M. (2015). Il ruolo dell’associazione ossicodone/naloxone nella gestione del dolore in ortopedia. Giornale Italiano di Ortopedia e Traumatologia, 41(Suppl. 1), S40–S48.

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    Gritsenko, K., Khelemsky, Y., Kaye, A. D., Vadivelu, N., & Urman, R. D. (2014). Multimodal therapy in perioperative analgesia. Best Practice & Research Clinical Anaesthesiology, 28(1), 59–79. https://doi.org/10.1016/j.bpa.2014.03.001

    Salaffi, F., Stancati, A., Silvestri, C. A., Ciapetti, A., & Grassi, W. (2004). Minimal clinically important changes in chronic musculoskeletal pain intensity measured on a numerical rating scale. European Journal of Pain, 8(4), 283–291. https://doi.org/10.1016/j.ejpain.2003.09.004

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