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1000 results for “elefan”

  1. "L'elefante nella stanza."

    “Basta con il silenzio. Il momento di agire è adesso.”

    Oltre 1700 accademici ebrei, palestinesi e internazionali firmano una lettera che collega il colpo di stato giudiziario ad occupazione e #apartheid.
    🧵1

    #ApartheidIsrael #IsraeliOccupation #Israel #18agosto #fascismo #razzismo #Palestine #WestBank #Gaza #Jerusalem #PACE #peace #NOwar

    sites.google.com/view/israel-e

  2. Liebe Elefantenherde

    eine Idee für alle zum Mitmachen, daher ist Teilen/Boosten ausdrücklich erwünscht.

    ---> I proudly present

    #DichterDienstag

    Schraubt zusammen, was immer euch in den Sinn kommt, zur Inspiration 3 Begriffe

    - Karaoke
    - Einkommenssteuer
    - Kredit

    Feuer frei!

  3. @zdfheute

    Elefant im Porzellanladen ist für #Melnyk nur ein Hilfsausdruck.

  4. Se elefanto estus pasero, ĝi estus la reĝo de la birdejo, sed feliĉe por la paseroj, elefantoj estas tro grandaj por flugi! 😂

    #anekdoto #humuraĵo #ŝerco

  5. Keine Elefanten-Emojis mit verschiedenen Emotionen? Ich bin enttäuscht! Das wäre die Gelegenheit gewesen! #Mastodon #NeuAufMastodon #Trööörööö

  6. Die Elefantenherde im Zoo Osnabrück hat Zuwachs bekommen: Mutter Douanita brachte einen kleinen Bullen zur Welt. Beiden gehe es gut, so ein Tierpfleger.
    Elefanten-Baby Yaro im Zoo Osnabrück geboren - DER SPIEGEL - Panorama
    #Panorama #Elefanten #Osnabrück #Tierparks
  7. ¡Hola elefantas que se balanceaban en una tela de araña (web network punpunpun)!

    Me llamo Lis. Me desvivo por entender cómo y mediante qué mecanismos cambia el mundo, y estoy licenciada en Historia (más especializada en filosofía de Hª y social), he trabajado como investigadora en unis sobre FLOSS economy y comunidades hasta que no me gustó la uni

    Trabajo como consultora en mi fundada agencia #Postfuturear para habilitar el entendimiento de este mundo loco y construir algo mejor juntas

  8. :stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:

    Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
    Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
    En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
    Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
    No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.

    De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
    En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
    Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
    Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.

    Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
    En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
    No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
    Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
    Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.

    Incluso el color tenía su propio lenguaje.
    La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
    Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.

    Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
    Literalmente.
    Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
    A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.

    En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
    En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
    Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.

    Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
    Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
    Nadie lo decretó.
    Nadie los “cedió”.
    Simplemente pasó.

    Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
    Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
    Sin mencionar casi nunca su origen.

    Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
    Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
    Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.

    Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
    El famoso “stiletto”.
    Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
    Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.

    La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.

    Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
    Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
    Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.

    El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.

    Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
    No es solo una sensación incómoda, es pura física.

    Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
    Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.

    De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales

  9. :stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:

    Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
    Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
    En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
    Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
    No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.

    De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
    En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
    Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
    Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.

    Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
    En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
    No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
    Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
    Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.

    Incluso el color tenía su propio lenguaje.
    La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
    Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.

    Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
    Literalmente.
    Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
    A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.

    En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
    En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
    Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.

    Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
    Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
    Nadie lo decretó.
    Nadie los “cedió”.
    Simplemente pasó.

    Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
    Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
    Sin mencionar casi nunca su origen.

    Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
    Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
    Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.

    Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
    El famoso “stiletto”.
    Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
    Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.

    La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.

    Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
    Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
    Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.

    El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.

    Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
    No es solo una sensación incómoda, es pura física.

    Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
    Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.

    De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.

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    #historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales

  10. :stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:

    Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
    Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
    En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
    Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
    No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.

    De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
    En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
    Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
    Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.

    Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
    En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
    No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
    Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
    Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.

    Incluso el color tenía su propio lenguaje.
    La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
    Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.

    Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
    Literalmente.
    Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
    A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.

    En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
    En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
    Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.

    Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
    Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
    Nadie lo decretó.
    Nadie los “cedió”.
    Simplemente pasó.

    Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
    Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
    Sin mencionar casi nunca su origen.

    Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
    Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
    Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.

    Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
    El famoso “stiletto”.
    Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
    Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.

    La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.

    Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
    Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
    Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.

    El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.

    Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
    No es solo una sensación incómoda, es pura física.

    Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
    Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.

    De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.

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    #historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales

  11. :stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:

    Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
    Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
    En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
    Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
    No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.

    De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
    En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
    Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
    Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.

    Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
    En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
    No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
    Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
    Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.

    Incluso el color tenía su propio lenguaje.
    La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
    Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.

    Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
    Literalmente.
    Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
    A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.

    En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
    En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
    Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.

    Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
    Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
    Nadie lo decretó.
    Nadie los “cedió”.
    Simplemente pasó.

    Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
    Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
    Sin mencionar casi nunca su origen.

    Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
    Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
    Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.

    Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
    El famoso “stiletto”.
    Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
    Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.

    La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.

    Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
    Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
    Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.

    El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.

    Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
    No es solo una sensación incómoda, es pura física.

    Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
    Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.

    De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.

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    #historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales

  12. :stargif: 𝑪𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒂𝒄𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒍𝒅𝒂𝒅𝒐𝒔 :stargif:

    Puede sonar raro, pero los tacones no nacieron en un armario ni en una pasarela.
    Nacieron en un contexto práctico, muy lejos de la moda.
    En el siglo X, la caballería persa los utilizaba como una herramienta funcional: el tacón encajaba en el estribo y daba estabilidad al jinete.
    Eso les permitía levantarse mejor sobre el caballo y disparar flechas con más precisión.
    No era estética, era ingeniería aplicada a la guerra.

    De hecho, la idea de elevar el cuerpo no era exclusiva de Persia.
    En el Antiguo Egipto ya se han encontrado representaciones de carniceros usando plataformas elevadas para no pisar la sangre del suelo.
    Y en Japón, los “geta”, sandalias de madera, elevaban a la persona para evitar el barro y la humedad.
    Distintas culturas, una misma solución: separar el cuerpo del suelo por razones prácticas.

    Siglos después, ese detalle funcional terminó en Europa y cambió completamente de significado.
    En el siglo XVII, Luis XIV los convirtió en un símbolo de poder.
    No cualquiera podía llevarlos, y menos aún con suelas rojas.
    Eso estaba reservado a su círculo más cercano.
    Era una forma de marcar jerarquías sin decir una palabra: veías el color y sabías quién tenía acceso directo al rey.

    Incluso el color tenía su propio lenguaje.
    La famosa suela roja, que hoy asociamos a lujo moderno, ya funcionaba entonces como un código de estatus en la corte de Luis XIV.
    Mucho antes de convertirse en marca, ya era un símbolo de poder.

    Pero llegó la Revolución Francesa y todo lo que oliera a aristocracia pasó a ser peligroso.
    Literalmente.
    Los hombres dejaron de usar tacones, joyas y ropa ostentosa porque podía ser una sentencia social demasiado arriesgada.
    A ese cambio se le conoce como el “Gran Renunciamiento Masculino”: el paso a una estética sobria, oscura, donde lo importante ya no era aparentar estatus, sino proyectar trabajo y seriedad.

    En ese mismo contexto, incluso la medicina empezó a reinterpretarlos.
    En el siglo XVIII, algunos médicos europeos llegaron a recomendar tacones a los hombres, no como moda, sino como corrección postural o alivio de ciertos dolores de espalda.
    Un objeto que había sido símbolo de poder pasaba a considerarse casi una herramienta ortopédica.

    Y aquí viene uno de esos giros curiosos de la historia: las mujeres empezaron a usar tacones en parte para parecerse a los hombres, para adoptar esa imagen de poder.
    Pero cuando ellos los abandonaron, los tacones se quedaron en el armario femenino.
    Nadie lo decretó.
    Nadie los “cedió”.
    Simplemente pasó.

    Con el tiempo, la industria los redefinió por completo.
    Lo que durante siglos había sido masculino, militar o político, pasó a venderse como símbolo de feminidad.
    Sin mencionar casi nunca su origen.

    Otro detalle interesante: durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de cuero y metal afectó directamente a la fabricación de zapatos.
    Los tacones se simplificaron y perdieron complejidad técnica durante años.
    Después de la guerra, volvieron con fuerza, asociados a la reconstrucción económica y a una imagen renovada de feminidad.

    Y si avanzamos un poco más, llegamos al tacón de aguja.
    El famoso “stiletto”.
    Ese diseño extremo no fue posible hasta los años 50 por un problema bastante básico: la física.
    Un tacón tan fino, hecho solo de madera o plástico, se rompía con el peso del cuerpo.

    La solución vino de donde menos se esperaba: la ingeniería.

    Diseñadores como Roger Vivier (trabajando para Dior) o Salvatore Ferragamo incorporaron una varilla de acero templado dentro del tacón.
    Esa “alma” metálica distribuía el peso y permitía que el tacón fuera delgado sin partirse.
    Tecnología inspirada, en parte, en la aviación.

    El nombre tampoco es casual: “stiletto” viene de la daga italiana, una hoja fina pensada para atravesar armaduras.

    Y hay un dato que pone todo en perspectiva: una persona de unos 60 kg caminando con tacones de aguja puede ejercer más presión por centímetro cuadrado que un elefante.
    No es solo una sensación incómoda, es pura física.

    Al final, la historia de los tacones tiene algo casi irónico.
    Empezaron como una herramienta para la guerra, pasaron a ser símbolo de poder, luego desaparecieron por miedo político… y terminaron convertidos en un estándar estético cotidiano.

    De ayudar a mantener el equilibrio en combate… a ser, para muchos, una pequeña “tortura” diaria.

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    #historia #curiosidades #moda #tacones #origenes #historiareal #cultura #sociedad #datoscuriosos #ecosdelpasado #siglos #cambiossociales

  13. El yali es una criatura mítica propia de los templos del sur de la India. Es un guardián sin una forma fija, más allá de ser un feroz cuadrúpedo. Principalmente contiene rasgos de ave y felino, pudiendo mostrar colmillos y trompa de elefante, cabeza de perro y tener un cuerpo de caballo cuando es cabalgado.📷Sagar Das #mitologiahindu #hindumythology

  14. El yali es una criatura mítica propia de los templos del sur de la India. Es un guardián sin una forma fija, más allá de ser un feroz cuadrúpedo. Principalmente contiene rasgos de ave y felino, pudiendo mostrar colmillos y trompa de elefante, cabeza de perro y tener un cuerpo de caballo cuando es cabalgado.📷Sagar Das #mitologiahindu #hindumythology

  15. El yali es una criatura mítica propia de los templos del sur de la India. Es un guardián sin una forma fija, más allá de ser un feroz cuadrúpedo. Principalmente contiene rasgos de ave y felino, pudiendo mostrar colmillos y trompa de elefante, cabeza de perro y tener un cuerpo de caballo cuando es cabalgado.📷Sagar Das #mitologiahindu #hindumythology

  16. El yali es una criatura mítica propia de los templos del sur de la India. Es un guardián sin una forma fija, más allá de ser un feroz cuadrúpedo. Principalmente contiene rasgos de ave y felino, pudiendo mostrar colmillos y trompa de elefante, cabeza de perro y tener un cuerpo de caballo cuando es cabalgado.📷Sagar Das #mitologiahindu #hindumythology

  17. ✨ 💖💕🌹💐💖 💙💜💖🦋🌺💜🎼 🎶 🎸 Now playing Wynton Marsalis Arturo Sandoval Los Elefantes - Wheel within a Wheel 🛍️ 🌑 🔔 44kHz Digital version 🎹 📚 📖 🎻🎻 🎼 🎶 ✨ 💖💕🌹💐💖 💙💜💖🦋

    #NowPlaying #WyntonMarsalis #Arturo #Sandoval #Los #Elefantes 🎶 #Jazz #Trumpet #Bass #Double 💫 #Legacy #Music #RetroMusic