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  1. Bernal Díaz de Castillo

    Por: Francisco Javier Estrada

             ¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.

    El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.

    Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.

    Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.

    Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.

    Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.

    Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.

    Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.

    En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.

    Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.

    Texto clásico de gran valor para saber lo que sucedió hace más de quinientos años en Mesoamérica, donde se ha de fundar la capital más impresionante de la Nueva España por toda la América. Leer a los Cronistas es ir en busca de la verdad, de ese momento que el estudioso de historia sabiendo que debe relatar su presente, no puede huir a tal tarea, a riesgo de ser sólo un ideólogo al servicio del poder político o económico. Nunca el Cronista debe ser alabador de tales.   

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    #AnalisisAI #AperturaIntelectual #Historiauniversal #Humanidades #MemoriaHistórica #Mesoamerica #PensamientoCrítico #TlacuiloAI #EstradaCasasdelpoetaac #Análisis #Aprender #DarConLosNavíosAlTravés #BernalDíazDeCastillo #Conocimiento #Crónica #Cronistas #DiegoVelázquez #Europa #FJE #FranciscoJavierEstrada #FrayBartoloméDeLasCasas #HernánCortés #Historia #JuanDeGrijalva #LibroHistoriaVerdaderaDeLaConquistaDeLaNuevaEspaña #Literatura #México #Moctezuma #NuevaEspaña #Opinión #PensamientoCrítico #Periodismo #Reflexión #SanJuanDeUlúa #Tlacuilo
  2. Bernal Díaz de Castillo

    Por: Francisco Javier Estrada

             ¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.

    El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.

    Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.

    Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.

    Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.

    Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.

    Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.

    Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.

    En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.

    Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.

    Texto clásico de gran valor para saber lo que sucedió hace más de quinientos años en Mesoamérica, donde se ha de fundar la capital más impresionante de la Nueva España por toda la América. Leer a los Cronistas es ir en busca de la verdad, de ese momento que el estudioso de historia sabiendo que debe relatar su presente, no puede huir a tal tarea, a riesgo de ser sólo un ideólogo al servicio del poder político o económico. Nunca el Cronista debe ser alabador de tales.   

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  3. Bernal Díaz de Castillo

    Por: Francisco Javier Estrada

             ¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.

    El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.

    Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.

    Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.

    Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.

    Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.

    Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.

    Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.

    En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.

    Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.

    Texto clásico de gran valor para saber lo que sucedió hace más de quinientos años en Mesoamérica, donde se ha de fundar la capital más impresionante de la Nueva España por toda la América. Leer a los Cronistas es ir en busca de la verdad, de ese momento que el estudioso de historia sabiendo que debe relatar su presente, no puede huir a tal tarea, a riesgo de ser sólo un ideólogo al servicio del poder político o económico. Nunca el Cronista debe ser alabador de tales.   

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  4. Bernal Díaz de Castillo

    Por: Francisco Javier Estrada

             ¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.

    El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.

    Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.

    Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.

    Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.

    Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.

    Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.

    Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.

    En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.

    Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.

    Texto clásico de gran valor para saber lo que sucedió hace más de quinientos años en Mesoamérica, donde se ha de fundar la capital más impresionante de la Nueva España por toda la América. Leer a los Cronistas es ir en busca de la verdad, de ese momento que el estudioso de historia sabiendo que debe relatar su presente, no puede huir a tal tarea, a riesgo de ser sólo un ideólogo al servicio del poder político o económico. Nunca el Cronista debe ser alabador de tales.   

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  5. Bernal Díaz de Castillo

    Por: Francisco Javier Estrada

             ¿Queremos saber quién es ejemplo de Cronista? Hay que leer a fondo a Bernal Díaz de Castillo. Cuenta Sergio Gaspar Mondragón en el prólogo a Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, reimpresa en 2024, dice: “El año siguiente volvió a viajar al continente, ahora a las órdenes de Juan de Grijalva, y en 1519 por fin exploró con mayor detenimiento las nuevas tierras comandado por Hernán Cortés. Tras ordenas este “dar con los navíos al través”, es decir, que los barrenaran hasta hundirlos, y adentrarse en territorio azteca. El destino del tlatoani mexica estaba decidido. Dos años duró la cruenta guerra entre invasores e indígenas allegados a Moctezuma, pero al fin la urbe mexica fue invadida y con ello se derrumbó uno de los mayores imperios prehispánicos del continente americano”.

    El hombre que refiere su presente, estas son palabras de un texto que es clásico de las letras históricas y de crónica de aquella época que funda nuevas culturas en América. Dice: “Capítulo II / Cómo descubrimos la provincia de Yucatán / En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, donde viven unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol. Cuando nos acercábamos junto a tierra vinos venir diez canoas muy grandes que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón.

    Y venían estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con las vergüenzas de fuera, eceto las mujeres. Los indios estaban diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andale acá a mis casas”. Por esa causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche. Entonces comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra. En aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron, se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran trastabados de los ojos. Y lo que más pasó adelante lo diré…”.

    Qué lección más clara de lo que debe ser el Cronista, sino es aquel personaje, mujer u hombre que relata con minuciosidad los hechos de su tiempo. Si el cronista que se refiere constantemente a la historia tiene esa tarea de sabiduría del pasado para relatar su presente. El Cronista que más vale es el que enfrenta su presente con valor y con verdad.

    Múltiples ejemplos de este clásico de la crónica humana, cito otras palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Capítulo XIII / Cómo llegamos aquella isleta que agora se llama San Juan de Ulúa, e a qué causa se le puso aquel nombre, y lo que allí pasamos / Desembarcamos en unos arenales, hallamos una casa de adoratorios, donde estaba un ídolo muy grande y feo, el cual le llamamos Tescatepuca. Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los corazones, y sangre ofrecida aquel maldito ídolo. Y el general preguntó a un indio, que después de bautizarse se nombró Francisco, que por qué hacían aquello, y respondió que los de Ulúa los mandaban sacrificar y como era torpe de lengua, decía: “Ulúa, Ulúa”, y como nuestro capitán estaba presente y se llamaba Juan y era por eso San Juan de Ulúa.

    Fue acordado dado que lo enviásemos a hacer saber al Diego Velázquez que nos enviasen socorro, porque Juan de Grijalva muy gran voluntad tenía de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos. Pues para hacer aquella embajada acordamos que fuese el capitán Pedro de Alvarado, y también se concertó que llevase todo el oro que se había rescatado, y ropa de mantas y los dolientes y los capitanes escribieron al Diego Velázquez cada uno lo que les pareció. Agora diré como el Diego Velázquez envió en nuestra busca”.

    Las palabras escritas hace quinientos años por un personaje que es de leyenda, reconociéndose él como sabedor de poco latín, comprueba que más que ser escritor de abolengo vale más la pena relatar lo que se ve y se estudia con sinceridad. Sin acciones de presumir lo descubierto como lo más grande que se halla hecho en las letras o la literatura.

    Libro de muchos capítulos, todos siendo prueba de ese tiempo de heroicidad, conquista, masacres y salvajes esclavitudes que diezmaron las poblaciones indígenas desde el río Bravo hasta la Patagonia. La lectura de Fray Bartolomé de las Casas es suficiente para saber cuánta crueldad por parte de españoles y sus aliados indígenas sufrieron los dueños originarios de estos territorios tan extensos y mucho más grandes en extensión que la Europa de la que venían los imperialistas españoles.

    En el capítulo CLV, dice Bernal Díaz del Castillo: “Cómo Gonzalo entró con los doce bergantines a la parte que estaba Guatémuz y le prendió, y lo que sobre ello pasó / Cortés mandó a Gonzalo de Sandoval que entrase con bergantines en el sitio de la ciudad donde estaba retraído Guatémuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en México había, y le mandó que no matase ni hiriese a ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, e, aunque se la diesen, que solamente se defendiese y no les hiciese otro mal. Y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habían hecho en la laguna. Y Cortés se subió en el cu mayor del Tlatelulco para ver como Sandoval entraba con los bergantines. Y como el Sandoval entró con gran furia con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas del Guatémuz, y desque se vio cercado el Guatémuz tuvo temor n o lo prendiesen o matasen, y tenía aparejadas cincuenta grandes piraguas con buenos remeros para que, em viéndose en aprieto, salvarse e irse a esconderse en otros pueblos.

    Y como vieron que les entraban entre las casas, se embarca en las cincuenta canoas, e ya tenían metido su hacienda y oro y joyas y toda su familia e mujeres. Y se mete en ellas y tira por la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y como en aquel instante iban otras muchas canoas, llena la laguna de ellas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatémuz iba huyendo, mandó a todos los bergantines que dejasen de derrocar casas y barbacoas y siguiesen el alcance de las canoas e mirasen a qué parte iba el Guatémuz, e que no le ofendiese ni le hicieren enojo alguno ninguno, sino que buenamente le procurasen de prender”.

    Texto clásico de gran valor para saber lo que sucedió hace más de quinientos años en Mesoamérica, donde se ha de fundar la capital más impresionante de la Nueva España por toda la América. Leer a los Cronistas es ir en busca de la verdad, de ese momento que el estudioso de historia sabiendo que debe relatar su presente, no puede huir a tal tarea, a riesgo de ser sólo un ideólogo al servicio del poder político o económico. Nunca el Cronista debe ser alabador de tales.   

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  6. Fotografías e historia

    Por: Thelma Morales García

    La tecnología actual nos permite que atrapemos en una fotografía el tiempo de determinado evento de nuestra vida. Desde nuestros teléfonos celulares captamos momentos importantes para nosotros y se ha convertido en una manera de mirar el tiempo pasado. También capturamos el momento que se quedará resguardado para siempre en nuestros archivos digitales, pues la tecnología ha hecho que cambiemos nuestra forma de guardar esas imágenes, ahora lo hacemos en un USB o disco compacto.

    Desde su aparición la fotografía pasó de ser un simple registro de acontecimientos, a ser testigo de momentos importantes dentro de nuestra historia que quedaron capturados, conformando así una gran galería de millones de reflejos de formas de vida dentro de la sociedad de todo el siglo XX.

    A quien no le gusta observar fotografías de épocas en la historia de nuestro país, sin duda el más importante y reconocido en México, es el Fondo Casasola, el cual es parte fundamental de la historia de la Fototeca Nacional, pues este acervo fue con el que inició dicha institución. Actualmente aunque se cuentan con muchos más fondos, el Casasola es el más apreciado, consultado y estudiado y según los expertos aún tiene muchas lecturas inéditas que ofrecer a quienes lo consultan.

    Este archivo fotográfico fue adquirido por el gobierno federal en 1976; con un total de 484 mil piezas, entre negativos y positivos. Fue adquirido a través de INAH a Agustín Casasola Zapata, hijo de Agustín Víctor Casasola Velasco (1874-1938), fundador de este archivo quien desde su juventud, se dio a la tarea de recopilar y coleccionar imágenes que enriqueció con el tiempo con los trabajos de su hermano Miguel, y casi 500 autores entre los que se encuentran: Hugo Brehme, Antonio Garduño, los hermanos Mayo, Genaro Olivares, Sabino Ozuna, Manuel Ramos y Ezequiel Tostado.

    Las fotografías que más se reconocen del fondo Casasola son las que retrataron la Revolución Mexicana, sin embargo existen otras que muestran la vida cotidiana de distintas épocas, personajes, oficios y un sin número de eventos que muestran la riqueza de dicho acervo. Se cuenta que Agustín Casasola, tuvo la visión y el propósito de documentar y coleccionar todo evento que a su mirada fuera significativo en los acontecimientos de México. La conciencia del poder de la fotografía como registro permitió que tengamos la posibilidad de mirar otras épocas que se han ido.

    Agustín Casasola inició esta enorme tarea en los inicios del siglo XX, pues con su cámara, atrapó imágenes que le permitían ilustrar los reportajes que realizaba, así se convirtió en los primeros fotorreporteros de nuestro país. En 1911 funda con sus compañeros la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, la cual fue pionera en la materia a nivel mundial.

    El Fondo Casasola registra la vida del país desde finales del siglo XIX hasta 1972, por ello no es fácil de estudiar, pero aún en la actualidad siguen apareciendo joyas que son localizadas por la ardua búsqueda de los estudiosos, que entre los millares de piezas siguen apareciendo. Estas fotografías junto con muchos fondos más que existen para fortuna nuestra, se han vuelto memoria y según Rosa Casanova son el espejo de una sociedad cuya agitada historia la mantenía ocupada en armar una nación propia.

    Actualmente el acervo de la Fototeca Nacional, es uno de los más importantes de América Latina, y está integrado por casi un millón de imágenes distribuidas en 40 fondos y cubre 160 años de la historia mexicana. Para aquellos que deseen disfrutar de una muestra de las fotografías que se conservan en la Fototeca Nacional, se encuentran en el libro “Luces sobre México” Catálogo selectivo de la Fototeca Nacional del INAH; editado por el CONACULTA y el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 2006.

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  7. Fotografías e historia

    Por: Thelma Morales García

    La tecnología actual nos permite que atrapemos en una fotografía el tiempo de determinado evento de nuestra vida. Desde nuestros teléfonos celulares captamos momentos importantes para nosotros y se ha convertido en una manera de mirar el tiempo pasado. También capturamos el momento que se quedará resguardado para siempre en nuestros archivos digitales, pues la tecnología ha hecho que cambiemos nuestra forma de guardar esas imágenes, ahora lo hacemos en un USB o disco compacto.

    Desde su aparición la fotografía pasó de ser un simple registro de acontecimientos, a ser testigo de momentos importantes dentro de nuestra historia que quedaron capturados, conformando así una gran galería de millones de reflejos de formas de vida dentro de la sociedad de todo el siglo XX.

    A quien no le gusta observar fotografías de épocas en la historia de nuestro país, sin duda el más importante y reconocido en México, es el Fondo Casasola, el cual es parte fundamental de la historia de la Fototeca Nacional, pues este acervo fue con el que inició dicha institución. Actualmente aunque se cuentan con muchos más fondos, el Casasola es el más apreciado, consultado y estudiado y según los expertos aún tiene muchas lecturas inéditas que ofrecer a quienes lo consultan.

    Este archivo fotográfico fue adquirido por el gobierno federal en 1976; con un total de 484 mil piezas, entre negativos y positivos. Fue adquirido a través de INAH a Agustín Casasola Zapata, hijo de Agustín Víctor Casasola Velasco (1874-1938), fundador de este archivo quien desde su juventud, se dio a la tarea de recopilar y coleccionar imágenes que enriqueció con el tiempo con los trabajos de su hermano Miguel, y casi 500 autores entre los que se encuentran: Hugo Brehme, Antonio Garduño, los hermanos Mayo, Genaro Olivares, Sabino Ozuna, Manuel Ramos y Ezequiel Tostado.

    Las fotografías que más se reconocen del fondo Casasola son las que retrataron la Revolución Mexicana, sin embargo existen otras que muestran la vida cotidiana de distintas épocas, personajes, oficios y un sin número de eventos que muestran la riqueza de dicho acervo. Se cuenta que Agustín Casasola, tuvo la visión y el propósito de documentar y coleccionar todo evento que a su mirada fuera significativo en los acontecimientos de México. La conciencia del poder de la fotografía como registro permitió que tengamos la posibilidad de mirar otras épocas que se han ido.

    Agustín Casasola inició esta enorme tarea en los inicios del siglo XX, pues con su cámara, atrapó imágenes que le permitían ilustrar los reportajes que realizaba, así se convirtió en los primeros fotorreporteros de nuestro país. En 1911 funda con sus compañeros la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, la cual fue pionera en la materia a nivel mundial.

    El Fondo Casasola registra la vida del país desde finales del siglo XIX hasta 1972, por ello no es fácil de estudiar, pero aún en la actualidad siguen apareciendo joyas que son localizadas por la ardua búsqueda de los estudiosos, que entre los millares de piezas siguen apareciendo. Estas fotografías junto con muchos fondos más que existen para fortuna nuestra, se han vuelto memoria y según Rosa Casanova son el espejo de una sociedad cuya agitada historia la mantenía ocupada en armar una nación propia.

    Actualmente el acervo de la Fototeca Nacional, es uno de los más importantes de América Latina, y está integrado por casi un millón de imágenes distribuidas en 40 fondos y cubre 160 años de la historia mexicana. Para aquellos que deseen disfrutar de una muestra de las fotografías que se conservan en la Fototeca Nacional, se encuentran en el libro “Luces sobre México” Catálogo selectivo de la Fototeca Nacional del INAH; editado por el CONACULTA y el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 2006.

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  8. Fotografías e historia

    Por: Thelma Morales García

    La tecnología actual nos permite que atrapemos en una fotografía el tiempo de determinado evento de nuestra vida. Desde nuestros teléfonos celulares captamos momentos importantes para nosotros y se ha convertido en una manera de mirar el tiempo pasado. También capturamos el momento que se quedará resguardado para siempre en nuestros archivos digitales, pues la tecnología ha hecho que cambiemos nuestra forma de guardar esas imágenes, ahora lo hacemos en un USB o disco compacto.

    Desde su aparición la fotografía pasó de ser un simple registro de acontecimientos, a ser testigo de momentos importantes dentro de nuestra historia que quedaron capturados, conformando así una gran galería de millones de reflejos de formas de vida dentro de la sociedad de todo el siglo XX.

    A quien no le gusta observar fotografías de épocas en la historia de nuestro país, sin duda el más importante y reconocido en México, es el Fondo Casasola, el cual es parte fundamental de la historia de la Fototeca Nacional, pues este acervo fue con el que inició dicha institución. Actualmente aunque se cuentan con muchos más fondos, el Casasola es el más apreciado, consultado y estudiado y según los expertos aún tiene muchas lecturas inéditas que ofrecer a quienes lo consultan.

    Este archivo fotográfico fue adquirido por el gobierno federal en 1976; con un total de 484 mil piezas, entre negativos y positivos. Fue adquirido a través de INAH a Agustín Casasola Zapata, hijo de Agustín Víctor Casasola Velasco (1874-1938), fundador de este archivo quien desde su juventud, se dio a la tarea de recopilar y coleccionar imágenes que enriqueció con el tiempo con los trabajos de su hermano Miguel, y casi 500 autores entre los que se encuentran: Hugo Brehme, Antonio Garduño, los hermanos Mayo, Genaro Olivares, Sabino Ozuna, Manuel Ramos y Ezequiel Tostado.

    Las fotografías que más se reconocen del fondo Casasola son las que retrataron la Revolución Mexicana, sin embargo existen otras que muestran la vida cotidiana de distintas épocas, personajes, oficios y un sin número de eventos que muestran la riqueza de dicho acervo. Se cuenta que Agustín Casasola, tuvo la visión y el propósito de documentar y coleccionar todo evento que a su mirada fuera significativo en los acontecimientos de México. La conciencia del poder de la fotografía como registro permitió que tengamos la posibilidad de mirar otras épocas que se han ido.

    Agustín Casasola inició esta enorme tarea en los inicios del siglo XX, pues con su cámara, atrapó imágenes que le permitían ilustrar los reportajes que realizaba, así se convirtió en los primeros fotorreporteros de nuestro país. En 1911 funda con sus compañeros la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, la cual fue pionera en la materia a nivel mundial.

    El Fondo Casasola registra la vida del país desde finales del siglo XIX hasta 1972, por ello no es fácil de estudiar, pero aún en la actualidad siguen apareciendo joyas que son localizadas por la ardua búsqueda de los estudiosos, que entre los millares de piezas siguen apareciendo. Estas fotografías junto con muchos fondos más que existen para fortuna nuestra, se han vuelto memoria y según Rosa Casanova son el espejo de una sociedad cuya agitada historia la mantenía ocupada en armar una nación propia.

    Actualmente el acervo de la Fototeca Nacional, es uno de los más importantes de América Latina, y está integrado por casi un millón de imágenes distribuidas en 40 fondos y cubre 160 años de la historia mexicana. Para aquellos que deseen disfrutar de una muestra de las fotografías que se conservan en la Fototeca Nacional, se encuentran en el libro “Luces sobre México” Catálogo selectivo de la Fototeca Nacional del INAH; editado por el CONACULTA y el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 2006.

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  9. Fotografías e historia

    Por: Thelma Morales García

    La tecnología actual nos permite que atrapemos en una fotografía el tiempo de determinado evento de nuestra vida. Desde nuestros teléfonos celulares captamos momentos importantes para nosotros y se ha convertido en una manera de mirar el tiempo pasado. También capturamos el momento que se quedará resguardado para siempre en nuestros archivos digitales, pues la tecnología ha hecho que cambiemos nuestra forma de guardar esas imágenes, ahora lo hacemos en un USB o disco compacto.

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    A quien no le gusta observar fotografías de épocas en la historia de nuestro país, sin duda el más importante y reconocido en México, es el Fondo Casasola, el cual es parte fundamental de la historia de la Fototeca Nacional, pues este acervo fue con el que inició dicha institución. Actualmente aunque se cuentan con muchos más fondos, el Casasola es el más apreciado, consultado y estudiado y según los expertos aún tiene muchas lecturas inéditas que ofrecer a quienes lo consultan.

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    Agustín Casasola inició esta enorme tarea en los inicios del siglo XX, pues con su cámara, atrapó imágenes que le permitían ilustrar los reportajes que realizaba, así se convirtió en los primeros fotorreporteros de nuestro país. En 1911 funda con sus compañeros la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, la cual fue pionera en la materia a nivel mundial.

    El Fondo Casasola registra la vida del país desde finales del siglo XIX hasta 1972, por ello no es fácil de estudiar, pero aún en la actualidad siguen apareciendo joyas que son localizadas por la ardua búsqueda de los estudiosos, que entre los millares de piezas siguen apareciendo. Estas fotografías junto con muchos fondos más que existen para fortuna nuestra, se han vuelto memoria y según Rosa Casanova son el espejo de una sociedad cuya agitada historia la mantenía ocupada en armar una nación propia.

    Actualmente el acervo de la Fototeca Nacional, es uno de los más importantes de América Latina, y está integrado por casi un millón de imágenes distribuidas en 40 fondos y cubre 160 años de la historia mexicana. Para aquellos que deseen disfrutar de una muestra de las fotografías que se conservan en la Fototeca Nacional, se encuentran en el libro “Luces sobre México” Catálogo selectivo de la Fototeca Nacional del INAH; editado por el CONACULTA y el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 2006.

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  10. Fotografías e historia

    Por: Thelma Morales García

    La tecnología actual nos permite que atrapemos en una fotografía el tiempo de determinado evento de nuestra vida. Desde nuestros teléfonos celulares captamos momentos importantes para nosotros y se ha convertido en una manera de mirar el tiempo pasado. También capturamos el momento que se quedará resguardado para siempre en nuestros archivos digitales, pues la tecnología ha hecho que cambiemos nuestra forma de guardar esas imágenes, ahora lo hacemos en un USB o disco compacto.

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    Agustín Casasola inició esta enorme tarea en los inicios del siglo XX, pues con su cámara, atrapó imágenes que le permitían ilustrar los reportajes que realizaba, así se convirtió en los primeros fotorreporteros de nuestro país. En 1911 funda con sus compañeros la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, la cual fue pionera en la materia a nivel mundial.

    El Fondo Casasola registra la vida del país desde finales del siglo XIX hasta 1972, por ello no es fácil de estudiar, pero aún en la actualidad siguen apareciendo joyas que son localizadas por la ardua búsqueda de los estudiosos, que entre los millares de piezas siguen apareciendo. Estas fotografías junto con muchos fondos más que existen para fortuna nuestra, se han vuelto memoria y según Rosa Casanova son el espejo de una sociedad cuya agitada historia la mantenía ocupada en armar una nación propia.

    Actualmente el acervo de la Fototeca Nacional, es uno de los más importantes de América Latina, y está integrado por casi un millón de imágenes distribuidas en 40 fondos y cubre 160 años de la historia mexicana. Para aquellos que deseen disfrutar de una muestra de las fotografías que se conservan en la Fototeca Nacional, se encuentran en el libro “Luces sobre México” Catálogo selectivo de la Fototeca Nacional del INAH; editado por el CONACULTA y el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 2006.

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  11. 📚🏴‍☠️ 𝕭𝖎𝖇𝖑𝖎𝖔𝖙𝖊𝖈𝖆 𝕯𝖎𝖌𝖎𝖙𝖆𝖑
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    𝙏𝙀𝙓𝙏𝙊𝙎 𝘿𝙀: Pensamiento Latinoamericano, Pensamiento Crítico, Educación Pedagogía, Filosofía, Sociología, entre otros.

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  12. :stargif: 𝑳𝒂 𝑩𝒊𝒃𝒍𝒊𝒐𝒕𝒆𝒄𝒂 𝒅𝒆 𝑨𝒍𝒆𝒋𝒂𝒏𝒅𝒓𝒊́𝒂: 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒊𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒎𝒖𝒏𝒅𝒐 𝒂𝒓𝒅𝒊𝒐́ 𝒍𝒆𝒏𝒕𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 :stargif:

    Durante siglos, fue el lugar más sabio del planeta. 🌎
    Allí se reunía el conocimiento del mundo: astronomía, filosofía, medicina, poesía…
    La Biblioteca de Alejandría era el corazón de la sabiduría humana.

    Se decía que todo barco que llegaba al puerto debía entregar cualquier libro que llevara.
    Los escribas lo copiaban cuidadosamente y devolvían la copia al dueño, mientras el original quedaba en la biblioteca.
    Así, poco a poco, Alejandría reunió el mayor archivo de conocimiento jamás visto en la antigüedad.

    Hasta que una chispa lo destruyó todo.

    Ni el fuego, ni el tiempo pudieron borrar su legado.
    Porque cuando la biblioteca ardió, ardió también una parte de la memoria de la humanidad.

    Esa es una de las tragedias más grandes de la historia, pero también uno de los mitos mejor construidos.
    Lo que la mayoría de la gente cree (que un solo incendio provocado por un villano lo destruyó todo en una noche) es, en realidad, una "mentira" histórica conveniente.

    Aquí te cuento la verdadera y lenta agonía de la Biblioteca:

    No hubo un solo incendio

    La idea de que una sola chispa acabó con todo es un mito.
    La biblioteca sufrió varios golpes a lo largo de unos 400 años.

    El primero ocurrió en el 48 a.C., durante la guerra civil de Egipto.
    El general romano Julio César ordenó quemar su flota en el puerto para evitar que cayera en manos enemigas.
    El fuego se extendió a los almacenes cercanos y se calcula que unos 40.000 rollos se perdieron.
    Sin embargo, la biblioteca principal probablemente sobrevivió.

    Siglos después, en el año 270 d.C., el emperador romano Aureliano reconquistó Alejandría durante una rebelión.
    Gran parte del barrio real, donde se encontraba el complejo de la biblioteca, quedó devastado por los combates.

    En el 391 d.C. llegó otro golpe decisivo.
    El emperador cristiano Teodosio I ordenó cerrar los templos paganos.
    En ese contexto fue destruido el Serapeum de Alejandría, que funcionaba como una gran biblioteca secundaria vinculada a la original.

    Finalmente, tras la conquista árabe de Egipto en el 642 d.C., una tradición tardía atribuye la destrucción de los últimos libros al califa Omar ibn al-Jattab.
    Sin embargo, muchos historiadores creen que para entonces la gran biblioteca ya llevaba siglos prácticamente desaparecida.

    La biblioteca no murió solo por el fuego.
    Murió también por algo mucho más silencioso: la negligencia.

    Los rollos de papiro se deterioraban rápidamente con la humedad del Mediterráneo.
    Para conservarlos, miles de escribas debían copiarlos una y otra vez.
    Cuando los gobernantes dejaron de financiar ese trabajo, los textos simplemente se desintegraron con el tiempo.

    También hubo una fuga de cerebros.
    Alejandría había atraído durante siglos a matemáticos, filósofos y astrónomos gracias a becas pagadas por los reyes ptolemaicos.
    Cuando ese apoyo desapareció, muchos sabios emigraron a otras ciudades del Mediterráneo.

    Se calcula que la biblioteca pudo haber reunido entre 400.000 y 700.000 rollos.
    Entre ellos probablemente estaban:

    ▪️La verdadera historia de muchas civilizaciones antiguas, incluyendo textos fenicios, egipcios y mesopotámicos que hoy solo conocemos por referencias indirectas.

    ▪️Obras científicas adelantadas a su tiempo.
    Por ejemplo, los escritos de Aristarco de Samos, quien ya proponía que la Tierra giraba alrededor del Sol casi 1.800 años antes de Copérnico.
    También estaban los trabajos de Eratóstenes, que calculó con sorprendente precisión la circunferencia de la Tierra.

    ▪️Y quizá lo más doloroso: literatura perdida para siempre.
    De dramaturgos como Sófocles, Eurípides y Esquilo conocemos decenas de obras que hoy ya no existen.

    La Biblioteca de Alejandría no era solo un edificio lleno de libros.
    Era un sistema de investigación, becas y debate intelectual que conectaba a sabios de todo el mundo antiguo.

    Cuando el poder dejó de invertir en el conocimiento y la curiosidad fue reemplazada por conflictos políticos y religiosos, la biblioteca empezó a morir lentamente.

    No desapareció en una noche.
    Se fue apagando siglo tras siglo.

    Y tal vez por eso su historia sigue siendo tan poderosa: porque nos recuerda que el conocimiento no se pierde solo por el fuego… también se pierde cuando una civilización deja de cuidarlo.

    SIGUE ↘️

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  13. "Como es complicado que acciones de odio tengan como resultado actos de amor, el efecto lógico es que, en el mundillo de #Halloween, más allá de las #calabazas encendidas, los dulces y las #travesuras, los finados vuelvan a la vida llenos de suplicio en búsqueda de venganza, empeñados en causar tanto daño, pena y calvario como les fuera posible, antes de llevarse a sus víctimas al #infierno con objeto de perpetuar su sufrimiento. ¿Por qué una inmensa cantidad de personas ven en esto algo #divertido, loable y hasta deseable? La explicación es la falta de #consciencia, reflexión crítica y #conocimiento de la #realidad y de sus causas."

    En > politicaconciencia.astrosmxsft