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  1. Masonería cubana: historia, independencia, divisiones internas y soberanía nacional

    De las logias vinculadas a las luchas independentistas a las controversias contemporáneas: una mirada histórica sobre la masonería en Cuba, sus contradicciones internas y los desafíos que plantea la defensa de la autonomía institucional frente a posibles intereses externos.

    Introducción: una institución histórica que merece análisis, no simplificaciones

    La masonería cubana forma parte de una historia nacional compleja, en la que se entrecruzan las ideas de libertad, fraternidad, educación, solidaridad, independencia y participación social. A lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, numerosos masones han intervenido en distintos ámbitos de la vida cubana, desde las luchas contra el dominio colonial español hasta la actividad cultural y asociativa de la República y la sociedad contemporánea.

    Sin embargo, estudiar esa trayectoria exige evitar dos errores opuestos: presentar a la masonería como una institución históricamente homogénea, con una única posición política en todas las épocas, o reducirla a una organización sospechosa por el solo hecho de mantener relaciones fraternales internacionales.

    Desde la perspectiva editorial de Futuro mi Cuba, defendemos la soberanía nacional, la independencia política y el derecho del pueblo cubano a decidir su propio destino. Esa posición obliga a examinar con rigor cualquier intento de utilizar organizaciones sociales, culturales o fraternales como instrumentos de influencia política externa. Pero también exige diferenciar las actuaciones individuales de las responsabilidades institucionales y las denuncias de los hechos demostrados.

    La pregunta central no es si la masonería, en abstracto, constituye una amenaza para Cuba. La cuestión es otra: ¿cómo preservar la autonomía de una institución histórica cubana, garantizar su transparencia y evitar que sus espacios puedan ser utilizados para objetivos ajenos a los intereses de sus miembros y del país?   

    1. Los orígenes de la masonería organizada en Cuba

    La historia de la masonería cubana se remonta a la época colonial. Su desarrollo estuvo relacionado con la expansión de las ideas ilustradas, la circulación de corrientes filosóficas europeas y americanas y la formación de espacios asociativos en los que se debatían cuestiones morales, culturales y sociales.

    Un momento decisivo fue el establecimiento de la Gran Logia de Colón y del Supremo Consejo del Grado 33 en Santiago de Cuba, en diciembre de 1859. Posteriormente, en 1862, surgió el Gran Oriente de Cuba y las Antillas, vinculado a la labor de Vicente Antonio de Castro y a corrientes que asociaban la masonería con la reforma moral y social.

    Estos antecedentes muestran que la masonería cubana no nació en un vacío histórico. Se desarrolló dentro de una sociedad colonial marcada por las desigualdades, la esclavitud, las restricciones políticas y las contradicciones entre los intereses de la metrópoli española y las aspiraciones de sectores de la población criolla.

    Las logias ofrecieron espacios de sociabilidad y circulación de ideas, aunque su composición, sus posiciones y su relación con las autoridades coloniales variaron según la época y el lugar. No todas actuaron de la misma manera ni compartieron idénticos objetivos.

    Por ello, cualquier explicación seria debe reconocer tanto la importancia histórica de determinados masones como la diversidad política y social existente dentro de la propia institución.

    2. Masonería e independencia: los vínculos con los próceres cubanos

    La relación entre la masonería y las luchas independentistas constituye uno de los capítulos más significativos de su historia en Cuba.

    Diversas figuras vinculadas a las aspiraciones emancipadoras del siglo XIX mantuvieron relaciones con la masonería o con ambientes asociativos donde circulaban ideas de libertad, dignidad humana y transformación social. Entre los nombres que aparecen en los estudios sobre este período figuran Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte y otros patriotas de la época.

    No obstante, es necesario proceder con precisión histórica: la pertenencia masónica de una figura no demuestra automáticamente que todas sus decisiones políticas o militares fueran consecuencia de esa afiliación, ni que existiera una dirección única de las luchas independentistas desde las logias.

    La independencia cubana fue el resultado de múltiples factores: la contradicción colonial, las aspiraciones nacionales, la lucha contra la esclavitud, la acción de los patriotas, la movilización popular y los sacrificios de generaciones de cubanos.

    José Martí ocupa un lugar central en esta reflexión. Su pensamiento sobre la libertad, la dignidad, la unidad y la independencia forma parte del patrimonio ideológico de la nación. La bibliografía especializada ha estudiado sus relaciones con la masonería, entre ella la obra de Samuel Sánchez Gálvez Martí ciñó el mandil.

    Pero el legado martiano no puede reducirse a una afiliación institucional. Martí debe comprenderse desde la integralidad de su pensamiento político, latinoamericanista, antiimperialista y profundamente comprometido con la independencia de Cuba.

    Para nosotros, la lección histórica es clara: la independencia no fue una concesión de ninguna potencia extranjera ni el resultado exclusivo de una organización particular. Fue una aspiración nacional conquistada mediante la lucha de los cubanos.

    3. De la colonia a la República: continuidad, contradicciones y diversidad

    Con el paso de la etapa colonial a la República, la masonería continuó desarrollando actividades fraternales, educativas, culturales y de asistencia social. Sus miembros participaron en distintos espacios de la sociedad, y sus logias conservaron una presencia relevante dentro del tejido asociativo cubano.

    Como otras instituciones, la masonería también estuvo atravesada por las contradicciones de su tiempo. La República surgida en 1902 nació bajo importantes limitaciones a su soberanía, entre ellas las derivadas de la Enmienda Platt y de la influencia estadounidense sobre la vida política y económica del país.

    En aquel contexto, los masones no constituyeron un bloque político uniforme. Las posiciones de sus integrantes dependieron de sus convicciones, relaciones sociales y circunstancias históricas.

    Este punto resulta esencial para evitar interpretaciones simplistas. La existencia de masones patriotas no permite atribuir automáticamente una orientación independentista a cada logia; del mismo modo, la conducta cuestionable de determinados integrantes no autoriza a condenar a la totalidad de la institución.

    La historia debe analizarse mediante documentos, investigaciones y hechos concretos, no a partir de generalizaciones que sustituyan el examen de las pruebas.

    4. La Generación del Centenario y la Revolución Cubana: lo que puede afirmarse y lo que debe demostrarse

    La Generación del Centenario, encabezada por Fidel Castro, desempeñó un papel decisivo en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y en el proceso revolucionario que triunfó en enero de 1959.

    Aquel movimiento se articuló alrededor de objetivos políticos concretos: combatir la dictadura, recuperar las libertades públicas, transformar las estructuras de poder y abrir un camino de independencia nacional y justicia social.

    Al abordar posibles relaciones entre miembros de la masonería y los jóvenes revolucionarios, es imprescindible diferenciar la afiliación personal de la participación orgánica. Que una persona vinculada a la lucha revolucionaria pudiera tener relaciones con la masonería no demuestra que la institución, como cuerpo, organizara, dirigiera o respaldara formalmente las acciones de la Generación del Centenario.

    Para sostener una afirmación de esa naturaleza harían falta documentos históricos específicos.

    La misma exigencia debe aplicarse al período posterior a 1959. Las relaciones entre el Estado revolucionario y las asociaciones fraternales deben estudiarse a partir de sus normas, sus actividades y los acontecimientos concretos de cada etapa, sin construir una historia ficticia de confrontación permanente ni una narración idealizada que ignore los conflictos reales.

    La Revolución Cubana transformó profundamente las estructuras económicas, políticas y sociales del país. Dentro de ese proceso, las asociaciones civiles y fraternales han mantenido sus propias características y marcos de funcionamiento. Comprender su evolución requiere atender tanto al contexto nacional como a las particularidades de cada institución.

    5. José Manuel Collera Vento y el caso presentado en Falso ropaje: una distinción imprescindible

    Uno de los antecedentes que deben examinarse cuando se analiza la posible utilización política de espacios fraternales es el material televisivo presentado en marzo de 2011 en la serie cubana Las Razones de Cuba, bajo el título Falso ropaje.

    En aquel programa se abordó el caso de José Manuel Collera Vento, presentado por la televisión cubana como una persona que había actuado bajo el nombre de «Gerardo» y mantenido relaciones con actores estadounidenses en el marco de actividades relacionadas con la masonería. El material expuso denuncias sobre contactos y maniobras que, según el testimonio difundido, buscaban aprovechar relaciones fraternales para favorecer objetivos políticos contrarios a la Revolución Cubana.

    Este antecedente merece atención porque plantea una cuestión legítima desde el punto de vista de la soberanía nacional: las relaciones de confianza, los vínculos internacionales y los espacios de asociación pueden ser objeto de intentos de captación o utilización por actores que persigan objetivos políticos externos.

    Sin embargo, el rigor exige explicar correctamente el alcance de aquella denuncia.

    El material televisivo presentó una versión y unos testimonios sobre la actuación de una persona determinada. Eso no autoriza a afirmar que la masonería cubana, como institución, fuera responsable de las actividades denunciadas, ni que todos sus miembros compartieran esos propósitos.

    Además, la respuesta institucional de la Gran Logia de Cuba, recogida en el comunicado identificado como 001/2011, rechazó que las acciones atribuidas a Collera Vento debieran imputarse colectivamente a la institución o a la masonería en su conjunto.

    Ambos elementos forman parte del antecedente histórico y deben ser tenidos en cuenta al exponerlo.

    Nuestra posición editorial no consiste en ocultar las denuncias sobre posibles operaciones de influencia externa. Tampoco consiste en convertirlas, sin pruebas adicionales, en una acusación general contra una institución histórica cubana.

    La conclusión razonable es más precisa: el caso presentado en 2011 forma parte de los antecedentes que deben considerarse al estudiar los intentos denunciados de utilizar determinados vínculos fraternales con fines políticos. Para evaluar cada responsabilidad concreta, es necesario identificar a los actores, las conductas y las evidencias disponibles.

    La defensa de la seguridad nacional exige vigilancia y rigor, no generalizaciones.

    6. La crisis interna de 2024 y 2025: transparencia, legitimidad y autonomía institucional

    Durante 2024 y 2025, la masonería cubana atravesó una crisis interna que trascendió los espacios habituales de sus miembros y generó un debate público sobre el funcionamiento de su dirección, el destino de recursos y la legitimidad de determinados procedimientos institucionales.

    Entre las controversias divulgadas figuraron denuncias relacionadas con fondos destinados al Asilo Nacional Masónico Llansó, así como disputas sobre responsabilidades directivas, decisiones internas y procedimientos electorales. En el debate público también aparecieron cuestionamientos a la actuación de dirigentes y a la gestión de la institución.

    Es fundamental distinguir aquí entre una denuncia, una investigación, una decisión disciplinaria y una responsabilidad demostrada. Las cifras difundidas sobre recursos presuntamente desaparecidos o utilizados de forma irregular no deben presentarse como hechos judicialmente probados sin documentación que permita verificar su origen, el resultado de las investigaciones y las responsabilidades establecidas.

    La crisis mostró, en cualquier caso, la importancia de que una institución de larga trayectoria disponga de procedimientos claros para administrar sus bienes, rendir cuentas a sus miembros y resolver sus conflictos conforme a sus normas.

    En junio de 2025 se hicieron públicas manifestaciones de masones relacionadas con la crisis de dirección. En julio de ese año, el ministro de Justicia, Oscar Manuel Silvera Martínez, explicó a la televisión cubana el marco jurídico aplicable a las asociaciones fraternales y defendió que los conflictos de la Gran Logia debían resolverse mediante sus propias regulaciones, dentro de la legislación vigente.

    La información publicada por Granma el 9 de julio de 2025 recogió la posición oficial de que el Ministerio de Justicia no debía interferir, privilegiar a determinados integrantes ni sustituir los mecanismos internos de la institución. Al mismo tiempo, explicó las facultades legales de supervisión que corresponden al organismo en materia de asociaciones.

    Este aspecto merece una lectura equilibrada. El respeto a la autonomía de una asociación no significa ausencia de normas, y la supervisión legal del Estado no equivale automáticamente a una intervención arbitraria en sus decisiones internas.

    La solución de una crisis institucional debe descansar en la legalidad, la transparencia, el respeto a los procedimientos y la voluntad de los propios miembros de resolver sus diferencias.

    La masonería cubana tiene derecho a preservar su autonomía. Sus integrantes también tienen derecho a exigir explicaciones sobre el patrimonio común, la legitimidad de sus autoridades y el cumplimiento de las normas fraternales.

    7. El encuentro diplomático de octubre de 2026 y la posible distribución de ayuda estadounidense

    El debate adquirió una nueva dimensión a raíz de una información difundida el 9 de octubre de 2026 por Razones de Cuba, que se refirió a un encuentro celebrado el día anterior entre Mike Hammer, jefe de la misión diplomática estadounidense en La Habana, y Ángel Santiesteban Prats, identificado en la publicación como recién elegido Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33.

    Según esa publicación, durante el encuentro se habría examinado la posibilidad de que integrantes de la masonería participaran en la distribución de ayuda humanitaria procedente de Estados Unidos.

    Este asunto debe analizarse con seriedad, especialmente en el contexto de las relaciones históricamente conflictivas entre Washington y La Habana, las medidas coercitivas estadounidenses contra Cuba y las controversias en torno a las formas de canalizar asistencia material hacia la población cubana.

    No obstante, es necesario establecer una precisión documental: la información publicada por Razones de Cuba constituye la referencia que estamos examinando; no debe confundirse, por sí sola, con una confirmación independiente de todos los detalles del encuentro, sus acuerdos o sus posibles consecuencias. Para afirmar que existe un programa aprobado de distribución de ayuda, o que se han establecido compromisos concretos, sería necesario disponer de documentación adicional.

    También debemos distinguir dos estructuras diferentes: la Gran Logia de Cuba y el Supremo Consejo del Grado 33 no son denominaciones intercambiables. La representación de una de esas instancias no debe presentarse automáticamente como representación de toda la masonería cubana.

    Desde el punto de vista político, la cuestión central no es negar de antemano cualquier iniciativa humanitaria por su procedencia. La ayuda destinada a aliviar las necesidades de la población puede ser valiosa, pero su evaluación debe considerar las condiciones, los mecanismos de entrega, la transparencia de los recursos y el respeto a la legislación cubana.

    En un escenario de conflicto bilateral, la asistencia material también puede convertirse en un instrumento de influencia política. Por eso, no basta con utilizar la palabra «humanitaria» para dar por resueltas todas las preguntas, del mismo modo que la participación de un diplomático estadounidense no demuestra, por sí sola, la existencia de una operación de injerencia.

    Hay preguntas legítimas que deben responderse con información verificable:

    • ¿Existe una propuesta formal de ayuda o solamente conversaciones preliminares?
    • ¿Qué instituciones asumirían la responsabilidad de recibir y distribuir los recursos?
    • ¿Qué mecanismos garantizarían la transparencia de los donativos y la igualdad en el acceso de los beneficiarios?
    • ¿La iniciativa respetaría la legislación cubana y la autonomía de las organizaciones participantes?
    • ¿Se establecerían condiciones políticas, compromisos o canales de influencia vinculados a la entrega de la ayuda?

    Responder estas preguntas permitiría distinguir una acción humanitaria transparente de cualquier iniciativa que pudiera perseguir objetivos políticos adicionales.

    Lo que no sería correcto es anticipar una conclusión definitiva sin pruebas suficientes. La defensa de la soberanía cubana gana fuerza cuando se apoya en hechos verificables y argumentos sólidos.

    8. Masonería, relaciones internacionales y seguridad nacional: dónde está el límite

    Las organizaciones fraternales mantienen, por su propia naturaleza, vínculos con entidades y personas de otros países. Esos contactos pueden servir al intercambio cultural, la solidaridad, el estudio y la cooperación.

    Por tanto, no sería razonable considerar sospechoso todo vínculo internacional de una asociación cubana. La cuestión decisiva es el contenido de esas relaciones, la transparencia de sus objetivos y el respeto a la soberanía nacional.

    Cuba tiene una historia marcada por la intervención extranjera, las presiones políticas y económicas y los intentos de condicionar sus decisiones soberanas. La política estadounidense hacia la Isla ha incluido medidas coercitivas y acciones de presión que forman parte del contexto imprescindible para comprender las preocupaciones cubanas sobre la injerencia.

    Ese contexto no significa que toda iniciativa procedente de Estados Unidos deba calificarse automáticamente como hostil. Significa que los proyectos que impliquen financiación, distribución de recursos, intermediación institucional o posibles compromisos políticos deben examinarse con especial atención.

    La soberanía no se defiende mediante sospechas indiscriminadas, sino con instituciones transparentes, ciudadanos informados y procedimientos capaces de identificar los hechos y determinar responsabilidades.

    Si una persona utiliza su posición dentro de una organización para favorecer intereses ajenos a sus fines legítimos, debe examinarse su conducta concreta. Si existen pruebas de financiación irregular, captación política o vulneración de la legislación, deben presentarse por las vías correspondientes.

    Pero ninguna acusación debe extenderse automáticamente a miles de integrantes que no hayan participado en los hechos cuestionados.

    Esta distinción es especialmente importante en la masonería cubana, cuya trayectoria histórica y diversidad interna impiden reducirla a una sola interpretación política.

    9. Autonomía, transparencia y soberanía: tres principios inseparables

    La experiencia histórica y las controversias recientes permiten identificar tres principios fundamentales para cualquier organización social o fraternal que actúe en Cuba.

    Primero: autonomía institucional. Las asociaciones deben poder desarrollar sus actividades legítimas y resolver sus asuntos internos mediante sus normas, sin presiones indebidas de actores externos ni sustitución arbitraria de la voluntad de sus integrantes.

    Segundo: transparencia y responsabilidad. La administración de recursos, la elección de dirigentes y la rendición de cuentas deben ajustarse a procedimientos conocidos y verificables. La fraternidad y la confianza mutua no sustituyen la obligación de explicar el uso de los bienes colectivos.

    Tercero: respeto a la soberanía nacional. La cooperación internacional debe desarrollarse de manera transparente, sin convertirse en una vía para condicionar las decisiones cubanas o utilizar instituciones nacionales como instrumentos de agendas políticas ajenas.

    Estos principios no se contradicen. Al contrario, se complementan. Una institución transparente fortalece su autonomía; una organización autónoma puede relacionarse con el exterior sin renunciar a sus principios; y una sociedad que exige pruebas y responsabilidades protege mejor su soberanía.

    La masonería cubana, como cualquier asociación histórica, debe afrontar sus contradicciones mediante el diálogo, la legalidad y la responsabilidad de sus miembros.

    Conclusiones: defender la soberanía sin renunciar al rigor histórico

    La historia de la masonería cubana no puede explicarse mediante una sola etiqueta. En sus distintas etapas aparecen vínculos con la cultura nacional, las ideas de libertad, los procesos independentistas, la vida asociativa y los conflictos de la sociedad cubana.

    También existen antecedentes y denuncias sobre intentos de utilizar relaciones fraternales para promover objetivos políticos externos. El caso presentado en Falso ropaje en 2011 forma parte de ese debate.

    La crisis interna de 2024 y 2025, por su parte, puso de relieve la necesidad de fortalecer la transparencia, la legitimidad de los procedimientos y la confianza entre los integrantes de la institución.

    En octubre de 2026, la información divulgada por Razones de Cuba sobre un encuentro entre un representante diplomático estadounidense y una figura del Supremo Consejo del Grado 33 vuelve a situar sobre la mesa el debate acerca de la ayuda humanitaria, las relaciones internacionales y la autonomía de las organizaciones cubanas.

    Desde la posición revolucionaria, martiana, fidelista y antiimperialista de Futuro mi Cuba, sostenemos que ninguna organización cubana debe convertirse en instrumento de intereses externos contrarios a la independencia nacional.

    La masonería cubana debe responder a sus miembros, preservar su patrimonio, resolver sus diferencias y mantener relaciones internacionales compatibles con su autonomía y con las leyes del país.

    Nuestra posición editorial es firme: la soberanía nacional no se negocia, la transparencia institucional no es opcional.

    Defender la independencia de Cuba implica, precisamente, sostener principios claros, examinar los hechos y distinguir las evidencias de las interpretaciones. Esa es la forma responsable de contribuir al debate nacional y de preservar la memoria histórica de nuestro pueblo.

    Fuentes utilizadas y referencias para la verificación

    1. Granma, «Un proyecto cubano inspirado en los ideales de soberanía», 5 de diciembre de 2024. Información sobre el aniversario 165 de la Gran Logia Masónica de Cuba y sus referencias históricas.
    2. Granma, «Jamás existirá una acción que interfiera, privilegie o busque criterios de prevalencia del Estado entre los masones», 9 de julio de 2025. Declaraciones del ministro de Justicia sobre el marco jurídico de las asociaciones fraternales y la crisis institucional.
    3. Las Razones de Cuba, programa Falso ropaje, marzo de 2011. Material televisivo sobre José Manuel Collera Vento y las denuncias presentadas acerca de sus contactos y actuaciones.
    4. Gran Logia de Cuba, comunicado identificado como 001/2011, relacionado con el caso Collera Vento. Debe consultarse el documento íntegro para precisar su contenido y alcance.
    5. Samuel Sánchez Gálvez, Martí ciñó el mandil, investigación sobre las relaciones de José Martí con la masonería.
    6. Eduardo Torres-Cuevas, Historia de la masonería cubana. Seis ensayos, referencia para el estudio histórico de la institución.
    7. REHMLAC+, investigación académica sobre la geografía histórica de la masonería en Cuba, útil para contextualizar el surgimiento y la evolución de las estructuras masónicas.
    8. Razones de Cuba, publicación del 9 de octubre de 2026 sobre el encuentro del día anterior entre Mike Hammer y Ángel Santiesteban Prats y la posible participación de masones en la distribución de ayuda humanitaria estadounidense. Esta referencia documenta lo divulgado por el medio; los detalles del encuentro y el alcance de la iniciativa requieren corroboración adicional.

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