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CDR: 66 años desde el barrio, una historia de organización popular junto a Fidel
Por Futuro mi Cuba
Hay organizaciones que nacen de una decisión administrativa y otras que surgen de una circunstancia histórica concreta. Los Comités de Defensa de la Revolución, los CDR, pertenecen a la segunda categoría.
Nacieron el 28 de septiembre de 1960, en uno de los momentos más complejos de los primeros años de la Revolución Cubana. Surgieron por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a partir de la necesidad de organizar la participación popular en la defensa de la Revolución y de sus conquistas.
Sesenta y seis años después, la pregunta ya no puede limitarse a qué fueron los CDR en 1960. También hay que preguntarse qué representan hoy, qué tareas mantienen, cuáles han cambiado y qué desafíos tienen delante.
Porque la historia de los CDR es, en buena medida, la historia de la Revolución vista desde la cuadra, desde el barrio y desde la comunidad.
28 de septiembre de 1960: una organización nacida en medio de la confrontación
Para comprender el nacimiento de los CDR es necesario trasladarse a la Cuba de 1960.
La Revolución había triunfado apenas veinte meses antes y el nuevo Gobierno enfrentaba una creciente confrontación interna y externa. Habían ocurrido acciones de sabotaje, atentados y otras formas de violencia política, mientras aumentaban las tensiones entre Cuba y el Gobierno de Estados Unidos.
Uno de los hechos que marcó profundamente aquel período fue el sabotaje al vapor francés La Coubre, ocurrido el 4 de marzo de 1960 en el puerto de La Habana, cuando descargaba armas y municiones adquiridas por Cuba. El hecho provocó numerosas víctimas mortales y heridos. Granma ha documentado ese acontecimiento como uno de los principales episodios de violencia sufridos por el país en aquella etapa.
La situación se agravaría durante los meses siguientes.
En ese escenario, la Revolución comenzó a desarrollar mecanismos de defensa popular que no se limitaban a las instituciones armadas. Las Milicias Nacionales Revolucionarias, las organizaciones obreras, campesinas, femeninas, estudiantiles y otras estructuras de masas formaban parte de un proceso más amplio de movilización social.
Pero faltaba un espacio específico: el barrio.
El ciudadano no solamente era trabajador, campesino, estudiante, mujer o joven. También era vecino.
Y precisamente ahí aparecerían los CDR.
Fidel Castro y aquella noche frente al antiguo Palacio Presidencial
El 28 de septiembre de 1960, Fidel Castro regresó a Cuba después de participar en el XV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York.
Aquella noche se congregó una multitud frente al entonces Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución.
Durante el acto se produjeron varias explosiones que interrumpieron el discurso.
La respuesta de Fidel no fue llamar al pueblo a dispersarse.
Fue proponer una forma organizada de participación popular.
En aquella noche pronunció la conocida convocatoria:
«Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva».
La idea fue convertir la propia organización de los vecinos en una forma de defensa de la Revolución.
Granma registra que esa misma noche quedaron constituidos los Comités de Defensa de la Revolución y que la iniciativa se extendió posteriormente por todo el país.
No se trataba simplemente de crear una nueva organización nacional con oficinas y dirigentes.
La idea fundamental era mucho más territorial:
organizar al pueblo allí donde vivía.
Cuadra por cuadra.
Barrio por barrio.
Comunidad por comunidad.
¿Por qué fueron necesarios los CDR?
La respuesta se encuentra en el contexto histórico.
En 1960 Cuba se encontraba bajo una fuerte presión política, económica y militar. La confrontación no se desarrollaba únicamente en el terreno diplomático.
Existían acciones clandestinas, sabotajes y grupos contrarrevolucionarios.
En ese escenario, la dirección revolucionaria consideró que la defensa del proceso no podía depender exclusivamente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias o de los órganos de seguridad.
También debía existir una participación consciente y organizada de la población.
Los CDR fueron concebidos precisamente para ocupar ese espacio.
La propia estructura territorial permitió que la organización llegara a lugares donde ninguna otra organización de masas tenía exactamente la misma presencia: el lugar donde las personas vivían.
Fidel explicaría años después que los CDR llenaban un espacio que no podían ocupar las demás organizaciones, porque todos los ciudadanos, independientemente de su profesión o pertenencia sectorial, compartían un territorio y una comunidad.
Esta característica explica buena parte de la permanencia histórica de los Comités.
De la vigilancia revolucionaria a la organización comunitaria
La primera función de los CDR estuvo directamente relacionada con la defensa de la Revolución.
Pero su historia no quedó limitada a esa tarea.
Desde sus primeros años comenzaron a asumir responsabilidades sociales, sanitarias, económicas, culturales y comunitarias.
La documentación histórica de Granma recoge, entre otras, la participación cederista en:
- campañas de vacunación;
- donaciones voluntarias de sangre;
- recuperación de materias primas;
- actividades de higiene y saneamiento;
- prevención social;
- actividades culturales y deportivas;
- trabajo voluntario;
- apoyo a la Defensa Civil;
- participación comunitaria;
- protección del medio ambiente;
- acciones contra el delito y las ilegalidades;
- acompañamiento a diferentes programas sociales.
Esto es importante para comprender la evolución de la organización.
Los CDR nacieron en circunstancias de confrontación y defensa, pero con el paso de las décadas fueron convirtiéndose también en una estructura de trabajo comunitario.
Una organización que acompañó los grandes momentos de la Revolución
La historia de los CDR está relacionada con prácticamente todas las grandes etapas de la Revolución Cubana.
Durante la Campaña Nacional de Alfabetización, la organización popular participó en las tareas de movilización y apoyo.
Durante los años de enfrentamiento a las acciones contrarrevolucionarias, los CDR desempeñaron funciones vinculadas a la vigilancia popular.
Durante las campañas sanitarias participaron en la movilización de la población.
En las campañas de donaciones de sangre ayudaron a garantizar la participación voluntaria de miles de ciudadanos.
También estuvieron presentes en la recuperación de materias primas, actividades productivas, jornadas de trabajo voluntario y múltiples acciones comunitarias.
La organización, por tanto, fue adquiriendo una característica propia:
el CDR dejó de ser solamente el comité que defendía una cuadra y pasó a ser también el comité que trabajaba por esa cuadra.
El CDR como espacio de participación popular
Existe otra dimensión que resulta esencial.
Los CDR ayudaron a crear una cultura de participación comunitaria.
El barrio dejó de ser solamente un espacio residencial para convertirse en escenario de reuniones, actividades políticas, culturales, sanitarias, recreativas y sociales.
En ese sentido, la organización contribuyó a construir una determinada concepción de ciudadanía revolucionaria: participar en los problemas del lugar donde se vive y asumir responsabilidades colectivas.
Una investigación académica publicada por Latin American Research Review ha estudiado precisamente esta dimensión de los CDR durante sus primeros años. El trabajo señala que la organización no se limitó a la vigilancia política, sino que desarrolló actividades culturales, económicas, laborales y comunitarias que contribuyeron a la formación de una determinada experiencia del socialismo cubano desde las comunidades.
Es una observación importante porque permite comprender la organización desde una perspectiva más amplia que la estrictamente política.
Fidel y los CDR: una relación que trascendió la fundación
Para Fidel, los CDR no fueron una organización más.
La consideraba una expresión directa de la fuerza organizada del pueblo.
En el discurso pronunciado durante el aniversario 50 de los CDR, en 2010, Fidel recordó las circunstancias de aquella noche de 1960 y la evolución posterior de la organización. Granma conserva la transcripción de aquel discurso.
A lo largo de los años, además, Fidel insistió en que las organizaciones de masas debían tener una participación real en la vida del país.
En 1977, al clausurar el Primer Congreso de los CDR, explicó que la organización había demostrado posibilidades que iban mucho más allá de la confrontación inicial con la contrarrevolución.
La idea resulta esencial para entender su trayectoria:
defender la Revolución no significaba únicamente enfrentar una agresión; también significaba contribuir a construirla.
Los CDR después de 1959: de la emergencia a la permanencia
Una organización creada en medio de una situación excepcional podía haber desaparecido cuando cambiaron las circunstancias.
No ocurrió así.
Los CDR sobrevivieron a las diferentes etapas de la Revolución y fueron modificando sus prioridades.
La organización pasó por la construcción socialista de las primeras décadas, el período de institucionalización, el Período Especial, las transformaciones económicas posteriores y las circunstancias derivadas de la pandemia de COVID-19.
Durante la pandemia, por ejemplo, los CDR participaron en labores de apoyo a centros de aislamiento y zonas rojas, distribución de alimentos y medicamentos y atención a personas vulnerables. Así lo recordó Miguel Díaz-Canel en la clausura del X Congreso de la organización.
La experiencia demostró nuevamente una característica histórica de la organización: su capacidad para movilizar personas desde la comunidad ante situaciones extraordinarias.
La revitalización de los CDR
Pero una organización con 66 años de historia no puede limitarse a repetir las fórmulas del pasado.
La propia dirección de la Revolución ha reconocido la necesidad de revitalizar las organizaciones de masas.
En diciembre de 2021 fue aprobada una estrategia para fortalecer la labor de los CDR, después del llamado realizado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz para actualizar el funcionamiento de las organizaciones de masas de acuerdo con las circunstancias contemporáneas.
Entre las nuevas o renovadas prioridades aparecieron cuestiones como:
- trabajo social;
- atención a personas vulnerables;
- cuidado de adultos mayores;
- trabajo con niños, adolescentes y jóvenes;
- transformación de las comunidades;
- soberanía alimentaria;
- sistemas productivos locales;
- desarrollo local;
- enfrentamiento a la discriminación;
- prevención de la violencia de género;
- recreación juvenil;
- atención a jubilados;
- tranquilidad ciudadana;
- proyectos medioambientales;
- presencia y comunicación en las redes sociales digitales.
También se modificó la edad de ingreso a la organización, que pasó de 14 a 16 años, y se adecuaron estructuras y responsabilidades de base.
Esto muestra algo importante: los CDR actuales no pueden ser analizados únicamente con los parámetros de 1960.
¿Qué son los CDR en 2026?
Al llegar al 66 aniversario, la organización continúa presentándose como una estructura de participación popular desde los barrios.
Y las actividades desarrolladas en septiembre de 2026 permiten observar cuáles son algunas de sus prioridades actuales.
En un encuentro sostenido esta semana con dirigentes de base, jóvenes y veteranos de los CDR, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, situó al barrio como un escenario fundamental de la transformación social y económica del país.
La discusión actual incorpora cuestiones que hace seis décadas no podían ocupar el mismo lugar:
vulnerabilidad social, desarrollo local, producción comunitaria, participación popular, juventud, atención a los adultos mayores, sistemas productivos locales y transformación económica y social.
El concepto del barrio adquiere así una dimensión más amplia.
Ya no se trata solamente de defenderlo.
Se trata de hacerlo funcionar mejor.
El barrio como escenario de la Revolución
Una de las ideas expresadas por Díaz-Canel en septiembre de 2026 resulta particularmente significativa para comprender el papel que se pretende otorgar hoy a los CDR: el barrio es considerado un escenario principal de la Revolución.
La lógica es sencilla.
Si los problemas se manifiestan en la comunidad, también deben encontrarse allí parte de las soluciones.
En ese espacio coinciden las organizaciones políticas y de masas, las instituciones estatales, trabajadores, jóvenes, jubilados, familias, productores y actores económicos estatales y no estatales.
Los CDR pueden funcionar entonces como un espacio de articulación comunitaria.
Esta concepción conecta con la esencia territorial con la que fueron creados en 1960, aunque las circunstancias económicas y sociales sean completamente diferentes.
Los jóvenes: una necesidad para el futuro
Uno de los principales desafíos de cualquier organización con más de seis décadas de existencia es garantizar el relevo generacional.
Los CDR no son una excepción.
Una organización formada fundamentalmente por personas que vivieron las primeras décadas de la Revolución corre el riesgo de convertirse en una estructura asociada exclusivamente con la memoria histórica si no consigue incorporar a las nuevas generaciones.
Por eso la estrategia actual concede importancia al trabajo con niños, adolescentes y jóvenes, y en 2021 se elevó de 14 a 16 años la edad para incorporarse formalmente a la organización.
La cuestión de fondo no es solamente cuántos jóvenes ingresan.
Es otra:
¿qué significado tienen hoy los CDR para un joven cubano que nació décadas después del triunfo de la Revolución?
Responder esa pregunta es probablemente uno de los principales retos de la organización.
Las tareas sociales mantienen su importancia
La vigencia de los CDR también puede observarse en actividades que han acompañado su historia desde hace décadas.
Las donaciones de sangre continúan formando parte de las acciones promovidas por la organización.
También permanecen la recuperación de materias primas, el trabajo comunitario, las actividades culturales y recreativas y la atención a determinadas situaciones sociales.
En septiembre de 2026, por ejemplo, medios territoriales cubanos han informado de actividades vinculadas al aniversario 66 que incluyen atención a familias vulnerables, acciones recreativas, recogida de materias primas, encuentros con jóvenes y promoción de iniciativas productivas comunitarias.
No son actividades espectaculares.
Precisamente por eso son importantes.
La verdadera medida de una organización comunitaria está muchas veces en su capacidad de resolver pequeños problemas cotidianos.
Una historia que también exige autocrítica
Celebrar la historia de los CDR no significa convertirla en una historia sin problemas.
La propia dirección de la organización y de la Revolución ha reconocido deficiencias.
En 2023, durante la clausura del X Congreso de los CDR, Díaz-Canel señaló problemas relacionados con el funcionamiento de las estructuras de base, la selección y estabilidad de cuadros y la preparación de las reservas. También se refirió a la necesidad de fortalecer la organización ante las dinámicas sociales contemporáneas.
Este reconocimiento resulta importante.
Una organización revolucionaria no puede defenderse mediante la repetición automática de sus éxitos históricos.
Tiene que ser capaz de reconocer sus insuficiencias y rectificarlas.
La crítica constructiva y la rectificación forman parte también de la cultura política revolucionaria cubana.
¿Cuál es entonces la misión de los CDR en el siglo XXI?
La misión histórica permanece expresada en su propio nombre:
Comités de Defensa de la Revolución.
Pero las formas concretas de defender una Revolución no son idénticas en 1960 y en 2026.
En 1960 predominaban el sabotaje, la violencia política, la amenaza de invasión y la confrontación directa.
Hoy existen otros escenarios.
Está la economía.
Está la comunidad.
Está la seguridad ciudadana.
Está la vulnerabilidad social.
Está la alimentación.
Está el envejecimiento poblacional.
Está el trabajo con los jóvenes.
Está el medio ambiente.
Está la comunicación digital.
Está también la batalla cultural y política que se desarrolla en las redes sociales.
La propia estrategia de revitalización de los CDR incorpora el trabajo en redes sociales digitales como una de sus áreas.
Por eso, defender hoy la Revolución significa también contribuir a que la comunidad funcione, que las personas vulnerables no queden abandonadas, que los jóvenes encuentren espacios de participación y que los problemas puedan discutirse y solucionarse colectivamente.
Fidel dejó una idea que sigue vigente
La historia de los CDR no puede separarse de una idea fundamental del pensamiento político de Fidel Castro:
la Revolución necesitaba apoyarse en el pueblo organizado.
Los CDR fueron una expresión concreta de esa concepción.
No nacieron en una oficina.
Nacieron en una plaza pública.
No comenzaron como una estructura burocrática.
Comenzaron como una respuesta de movilización popular ante una circunstancia histórica.
Y no permanecieron idénticos durante 66 años.
Fueron cambiando junto con Cuba.
66 años después: del petardo a la comunidad
El 28 de septiembre de 1960, unas explosiones interrumpieron el discurso de Fidel.
Aquella provocación terminó produciendo un resultado que sus autores probablemente no podían imaginar: una nueva forma de organización popular que se extendería por toda Cuba.
Sesenta y seis años después, los CDR continúan existiendo.
Pero la imagen del cederista de 2026 no puede reducirse a la vigilancia de la cuadra.
Es también la persona que ayuda a un vecino vulnerable.
La que participa en una donación de sangre.
La que recupera materias primas.
La que contribuye a una actividad comunitaria.
La que participa en una iniciativa productiva.
La que trabaja con los jóvenes.
La que ayuda ante una emergencia.
La que interviene en la transformación de su barrio.
Y, desde luego, la que mantiene el compromiso político con la defensa de la Revolución.
Ese tránsito —de la vigilancia revolucionaria de 1960 a la participación comunitaria de 2026— permite comprender mejor la verdadera dimensión histórica de los CDR.
Una organización que nació para defender y que hoy también debe ayudar a construir
Los Comités de Defensa de la Revolución constituyen uno de los fenómenos organizativos más singulares surgidos de la Revolución Cubana.
Su historia comenzó en una noche de septiembre, cuando Fidel llamó a organizar la vigilancia revolucionaria.
Continuó durante la defensa de la Revolución, las campañas sociales, la construcción del socialismo, las grandes crisis nacionales y las transformaciones económicas y sociales.
Y llega hasta el presente con una pregunta esencial:
¿cómo convertir la fuerza organizada del barrio en una fuerza capaz de enfrentar los problemas concretos de Cuba?
Ahí está probablemente la clave del futuro de los CDR.
Porque defender la Revolución no consiste solamente en defender una obra ya realizada.
También significa defender la posibilidad de perfeccionarla, corregir sus errores, atender a quienes más necesitan apoyo y construir, desde cada comunidad, el país que los cubanos desean legar a las próximas generaciones.
A 66 años de aquella noche histórica, una consigna mantiene plena actualidad:
la Revolución también vive en el barrio.
Y si vive en el barrio, también allí se defiende, se critica, se rectifica y se construye.
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