Cuando publicar primero importa más que comprobar: Cantarrana y la fábrica de una noticia falsa
Una afirmación sin pruebas puede convertirse en «verdad» para miles de personas si se comparte antes de ser verificada
En tiempos de redes sociales existe una regla que algunos parecen haber decidido ignorar: antes de publicar hay que comprobar.
No es una exigencia ideológica. No es una cuestión de simpatías políticas. Es un principio elemental de la comunicación responsable y, sobre todo, del periodismo: una afirmación debe ser contrastada antes de presentarse públicamente como un hecho.
Lo ocurrido alrededor de una publicación referida al barrio de Cantarrana, en Nuevitas, constituye un ejemplo particularmente ilustrativo de lo peligroso que puede resultar invertir ese orden.
«Lo que pasó hoy…»
La publicación comienza afirmando categóricamente:
«Lo que pasó hoy en Cantarrana duró poco, pero dice muchísimo.»
A partir de ahí se construye un relato sobre una supuesta salida de vecinos a la calle para reclamar agua. Se afirma incluso que una funeraria habría quedado momentáneamente vacía porque las personas que se encontraban allí habrían salido a protagonizar la supuesta reclamación.
Posteriormente se establece una conexión con los desórdenes públicos y hechos de indisciplina social ocurridos en Nuevitas en agosto de 2022, intentando establecer entre ambos acontecimientos una continuidad política y emocional.
Pero entonces aparece un detalle que cambia completamente la naturaleza de la publicación:
«No tengo fotos ni videos…»
Es decir, quien afirma que ocurrió el acontecimiento reconoce públicamente que no posee las evidencias audiovisuales que podrían ayudar a demostrarlo.
Y, en lugar de detenerse ahí y continuar investigando, la publicación invita a otras personas a proporcionar posteriormente esas pruebas.
Aquí aparece el problema fundamental.
Primero se publicó. Después se pidió comprobar.
El orden correcto debería haber sido exactamente el contrario.
Primero:
¿Ocurrió?
Después:
¿Dónde ocurrió?
Luego:
¿Cuándo ocurrió?
Después:
¿Quiénes participaron?
Y finalmente:
¿Qué pruebas tenemos?
Solo entonces corresponde publicar.
Pero cuando se hace al revés —primero se afirma, después se busca la evidencia— se abre la puerta a algo mucho más peligroso que un simple error: la fabricación y propagación de una noticia falsa.
Porque una vez que una afirmación comienza a circular, deja de depender exclusivamente de quien la escribió.
Empieza a ser copiada.
Compartida.
Comentada.
Reproducida.
Convertida en captura de pantalla.
Publicada nuevamente por terceros.
Y cada nueva reproducción puede eliminar la advertencia de que originalmente «no había fotos ni videos».
Al final, alguien puede encontrarse con la misma afirmación por quinta o sexta vez y pensar:
«Si todo el mundo lo está diciendo, debe ser verdad».
No necesariamente.
Así funciona la bola de nieve de la desinformación
Una noticia falsa no siempre nace de una operación sofisticada.
A veces comienza con algo mucho más sencillo:
una persona escucha algo, interpreta algo, supone algo o decide contar algo que no ha podido verificar.
Lo publica.
Otra persona lo comparte.
Una tercera lo reproduce.
Una cuarta lo utiliza como «fuente».
Y finalmente alguien afirma:
«Está confirmado».
¿Confirmado por quién?
Por la misma publicación que originó el rumor.
Estamos ante uno de los mecanismos más elementales de propagación de la desinformación: la autocitación circular.
Una publicación sin pruebas genera otra publicación que la cita; esa segunda publicación es utilizada posteriormente para afirmar que existen «varias fuentes»; y finalmente las múltiples reproducciones terminan presentándose como confirmación independiente.
Pero cinco copias de una información no comprobada siguen siendo una información no comprobada.
El problema no es hablar de los problemas de Cuba
También debemos ser claros en esto.
Hablar de dificultades con el abastecimiento de agua, electricidad, transporte, alimentos o cualquier otro servicio público no constituye por sí mismo una campaña contra la Revolución.
Los problemas existen, se discuten y deben ser atendidos.
Una sociedad responsable no necesita ocultar sus dificultades.
Precisamente porque existen problemas reales, resulta todavía más irresponsable inventar acontecimientos que no han sido demostrados.
Cuando se mezcla un problema real con un acontecimiento no comprobado, se produce una combinación especialmente peligrosa:
una dificultad verdadera puede utilizarse como plataforma para hacer creíble una historia falsa.
Y ahí es donde debemos detenernos.
El problema de utilizar fechas cargadas de memoria política
La publicación tampoco se limita a describir el supuesto acontecimiento.
Lo vincula expresamente con el 19 de agosto y con Pastelillo.
¿Por qué?
Porque una fecha puede funcionar como un poderoso mecanismo de asociación emocional.
Quien recuerda los desórdenes públicos y hechos de indisciplina social ocurridos en Nuevitas en agosto de 2022 puede recibir el nuevo relato no como un hecho aislado, sino como una supuesta repetición o continuidad de aquellos acontecimientos.
La fórmula narrativa resulta evidente:
2022 → Pastelillo → 19 de agosto → Cantarrana → supuesto episodio actual → «los grandes cambios empiezan desde lo pequeño».
De esta manera, una afirmación que carece de pruebas termina integrada dentro de una historia política mucho mayor.
Y ahí deja de ser simplemente un supuesto incidente local.
Se convierte en una pieza de construcción de estado de opinión.
No se trata de censurar: se trata de verificar
Aquí es donde debemos establecer una diferencia fundamental.
Nadie está diciendo que las personas no puedan denunciar problemas.
Nadie está diciendo que un ciudadano tenga que permanecer callado.
Nadie está planteando que una situación determinada no pueda ser cuestionada.
El principio es mucho más sencillo:
puedes denunciar, pero debes hacerlo con responsabilidad.
Puedes decir:
«Estoy intentando verificar una denuncia sobre…»
Puedes decir:
«Vecinos afirman que…»
Puedes decir:
«No he podido confirmar esta información.»
Puedes esperar.
Puedes investigar.
Puedes contrastar.
Lo que no resulta responsable es presentar como hecho demostrado aquello que todavía no se ha podido comprobar.
¿Qué ocurre cuando la realidad contradice el relato?
En este caso adquieren especial importancia las publicaciones de perfiles informativos locales como La Verdad a través del Móvil y Por Camagüey Todo, que han sido señalados como fuentes de contraste frente al relato que circuló en redes.
Precisamente por eso, la discusión debe llevarnos a una cuestión esencial:
¿Qué información estaba disponible en el territorio y qué información se decidió difundir desde las redes?
La respuesta no puede construirse mediante opiniones.
Tiene que construirse mediante evidencias.
Publicaciones.
Testimonios verificables.
Imágenes.
Vídeos.
Declaraciones.
Fuentes identificables.
Datos.
Ese es el camino.
Una mentira compartida muchas veces no se transforma en verdad
Las redes sociales han cambiado radicalmente la velocidad de circulación de la información.
Antes, un rumor podía tardar días en recorrer una comunidad.
Hoy puede alcanzar miles de personas en cuestión de minutos.
Por eso la responsabilidad individual es todavía mayor.
Cada usuario que comparte una información sin comprobarla puede convertirse involuntariamente en un eslabón de una cadena de desinformación.
Y quien tiene una plataforma pública, una página o una audiencia numerosa tiene una responsabilidad todavía mayor.
Porque sus palabras tienen capacidad de amplificación.
Publicar no es simplemente escribir. Publicar es poner una información en circulación.
Y poner una información en circulación implica asumir responsabilidad sobre ella.
El verdadero periodismo empieza donde termina el «me dijeron»
Hay una frase que debería estar presente cada vez que abrimos una red social:
«¿Cómo sé que esto es cierto?»
No:
«¿Me gusta?»
No:
«¿Coincide con lo que pienso?»
No:
«¿Sirve para demostrar que tengo razón?»
Sino:
«¿Cómo sé que esto es cierto?»
Esa pregunta constituye una barrera elemental contra la manipulación.
Y resulta especialmente importante cuando una información confirma exactamente aquello que una persona ya quería creer.
Porque ahí aparece otro de los grandes peligros de la desinformación contemporánea: la gente tiende a compartir más rápidamente aquello que confirma sus prejuicios políticos o ideológicos.
La responsabilidad también es política
Desde Futuro mi Cuba defendemos una idea sencilla:
la defensa de la Revolución cubana no necesita mentiras.
No necesitamos inventar acontecimientos.
No necesitamos maquillar dificultades.
No necesitamos negar problemas.
Y tampoco necesitamos responder a una falsedad con otra falsedad.
La defensa de la soberanía, del proyecto socialista cubano y de la Revolución debe descansar precisamente sobre la capacidad de analizar la realidad con rigor.
Si existe un problema, se reconoce.
Si existe una denuncia, se investiga.
Si existe un hecho, se documenta.
Si existe una falsedad, se demuestra que es falsa.
Ese debería ser el método.
El caso Cantarrana deja una lección
La lección no es solamente para quien escribió la publicación.
Es para todos.
Para periodistas.
Para administradores de páginas.
Para influencers.
Para medios digitales.
Y también para cada ciudadano que utiliza Facebook, X, Telegram, WhatsApp o cualquier otra plataforma.
No todo lo que llega a nuestro teléfono merece ser compartido.
Antes de pulsar «compartir», hay que preguntarse:
¿Quién lo dice?
¿Qué pruebas presenta?
¿Hay otras fuentes independientes que lo confirmen?
¿La fecha y el lugar pueden comprobarse?
¿Se trata de un hecho o de una interpretación?
¿Existe una fuente oficial, testimonial o documental que permita contrastarlo?
Porque cuando esas preguntas desaparecen, la información puede transformarse rápidamente en propaganda, rumor o noticia falsa.
No basta con decir «yo solo lo compartí»
En la era de las redes sociales, esa excusa perdió buena parte de su validez.
Compartir también comunica.
Compartir también amplifica.
Compartir también puede contribuir a generar estados de opinión.
Y cuando el contenido compartido presenta como hecho algo que no ha sido demostrado, el usuario participa —consciente o inconscientemente— en la cadena de propagación.
Por eso la responsabilidad comienza antes del clic.
Verificar antes de viralizar
El caso de Cantarrana debería servir como recordatorio de algo elemental:
la velocidad no puede sustituir a la verificación.
No importa cuántos «me gusta» tenga una publicación.
No importa cuántas veces haya sido compartida.
No importa cuántos comentarios acumule.
No importa que encaje perfectamente con una determinada narrativa política.
La pregunta sigue siendo la misma:
¿Dónde están las pruebas?
Y mientras esas pruebas no existan, lo responsable no es convertir una afirmación en noticia.
Lo responsable es decir:
«No está comprobado.»
Ese pequeño acto de prudencia puede parecer insignificante.
Pero en una época en la que una publicación puede alcanzar a miles de personas en minutos, puede ser la diferencia entre informar y desinformar.
Porque la verdad no necesita correr más rápido que la mentira.
Necesita resistir la comprobación.
Fuentes y referencias utilizadas
- Publicación difundida en Facebook sobre el supuesto acontecimiento en Cantarrana, Nuevitas, 19 de agosto de 2026.
- Publicaciones de contraste de los perfiles informativos camagüeyanos La Verdad a través del Móvil y Por Camagüey Todo.
- Referencias documentales sobre los desórdenes públicos y hechos de indisciplina social ocurridos en Nuevitas en agosto de 2022 y la referencia a Pastelillo.
- Materiales públicos de comunicación y verificación relacionados con los acontecimientos de Nuevitas.
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