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#relatos — Public Fediverse posts

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  1. Simplemente, el silencio no era una característica de aquel edificio. Las tablas del suelo, a veces hasta las de las paredes, crujían al más ligero paso o movimiento, incluso emitían dolorosos restallidos cuando alguien se giraba en su cama, acompañados por quejumbrosos chirridos de los viejos somieres. Las barandillas de madera también chasqueaban ante el paso de las horas, como si de un macabro reloj arbóreo muerto se tratase, desperezándose con espasmos a horas irregulares en función de cómo las abandonara el frío o el calor. A aquellos ruidos se sumaban ocasionales silbidos bajo las puertas cerradas y junto a las ventanas entreabiertas, producidos por corrientes de aire que trataban de escapar o entrar a las estancias, cada puerta o ventana convertida en una armónica cuya respiración helaba el aire incluso en pleno verano, y a los que los golpeteos de los goznes se sumaban para aportar el siniestro toque metálico.

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  2. Simplemente, el silencio no era una característica de aquel edificio. Las tablas del suelo, a veces hasta las de las paredes, crujían al más ligero paso o movimiento, incluso emitían dolorosos restallidos cuando alguien se giraba en su cama, acompañados por quejumbrosos chirridos de los viejos somieres. Las barandillas de madera también chasqueaban ante el paso de las horas, como si de un macabro reloj arbóreo muerto se tratase, desperezándose con espasmos a horas irregulares en función de cómo las abandonara el frío o el calor. A aquellos ruidos se sumaban ocasionales silbidos bajo las puertas cerradas y junto a las ventanas entreabiertas, producidos por corrientes de aire que trataban de escapar o entrar a las estancias, cada puerta o ventana convertida en una armónica cuya respiración helaba el aire incluso en pleno verano, y a los que los golpeteos de los goznes se sumaban para aportar el siniestro toque metálico.

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    #relatos

  3. 📚 Último libro leído: #PinceladasDeColorRojoSangreYOtrasHistorias de Cristian Blanco @cblancowriter
    Trece historias de terror de los temas y estilos más variados; gustará tanto a los fans de los autores neoclásicos del género, como a los devoradores de nuevos mitos creepypasta.👌
    ⭐️⭐️⭐️⭐️/5
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    #libros #terror #horror #books #creepypasta #lecturas #lectores #literatura #literaverso #booktodon #relatos #historias #cuento #cuentos #kindle #amazon

  4. 📚 Último libro leído: #PinceladasDeColorRojoSangreYOtrasHistorias de Cristian Blanco @cblancowriter
    Trece historias de terror de los temas y estilos más variados; gustará tanto a los fans de los autores neoclásicos del género, como a los devoradores de nuevos mitos creepypasta.👌
    ⭐️⭐️⭐️⭐️/5
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    #libros #terror #horror #books #creepypasta #lecturas #lectores #literatura #literaverso #booktodon #relatos #historias #cuento #cuentos #kindle #amazon

  5. —¿Crees que vendrán este año los barcos de viento? —Por la forma en la que solía distraerse, el pequeño había recibido la tarea menos relevante de todo el proceso: separar las hebras en distintos montones con los que más tarde trenzar diferentes tipos de cuerdas. En lugar de poner el foco en los montones, que a menudo confundía, mezclaba y cambiaba de orden, deshaciendo de tanto en tanto parte del proceso, el pequeño estaba inmerso en sus asuntos. Esto obligaba a su abuela a poner orden, recordar para qué era cada montón y volver a insistir en que debía mirar hacia abajo en lugar de otear un horizonte amarillento que hacía apenas unos minutos había dejado de ser rojizo.

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  6. —¿Crees que vendrán este año los barcos de viento? —Por la forma en la que solía distraerse, el pequeño había recibido la tarea menos relevante de todo el proceso: separar las hebras en distintos montones con los que más tarde trenzar diferentes tipos de cuerdas. En lugar de poner el foco en los montones, que a menudo confundía, mezclaba y cambiaba de orden, deshaciendo de tanto en tanto parte del proceso, el pequeño estaba inmerso en sus asuntos. Esto obligaba a su abuela a poner orden, recordar para qué era cada montón y volver a insistir en que debía mirar hacia abajo en lugar de otear un horizonte amarillento que hacía apenas unos minutos había dejado de ser rojizo.

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    #relatos

  7. Cuidado, de Raymond Carver: cuando arreglas el oído y no el matrimonio

    Sigo con Catedral. Normalmente voy creando entradas sobre los relatos que me voy leyendo, para tenerlos frescos mientras avanzo en el libro, y el último que he terminado es «Cuidado». Después de «Vitaminas» y «Plumas», este es de los más tristes que llevo, aunque tenga momentos casi cómicos.

    Foto: Unsplash

    Un hombre solo en un ático

    Lloyd es alcohólico y acaba de separarse de su mujer, Inez. Vive en la habitación de un ático diminuto e intenta controlar la bebida sin conseguirlo. Carver no necesita explicar mucho más: con la habitación, con la botella, con el silencio, ya deja claro que aquí hay un hombre que se está cayendo a pedazos despacio.

    Él e Inez, según cuenta Lloyd, antes casi se leían el pensamiento. Ahora ya no consiguen ni hablar bien.

    El oído que no destapa

    Lloyd tiene un oído taponado de cera. No oye bien, y encima pierde el equilibrio. Lo intenta arreglar a golpes en la cabeza, sin éxito. Cuando Inez lo visita, prueba con una lima envuelta en un papel, y tampoco. Al final, un poco de aceite templado que le presta la casera es lo único que funciona.

    Es un detalle casi ridículo, y ahí está la gracia amarga de Carver: mientras los dos deberían estar hablando de su matrimonio, se pasan la escena entera peleándose con un oído tapado.

    Foto: Unsplash

    La visita que no llega a nada

    Inez se presenta después de dos semanas separados, con un vestido de primavera que Lloyd no le había visto nunca. Va con la intención de hablar de algo importante entre ellos, seguramente de cómo sigue esto a partir de ahora. Pero el oído de Lloyd se lo impide: toda la visita se va en resolver ese problema tonto, y la conversación de verdad queda aplazada.

    En cuanto el oído se destapa, Inez se marcha rápido, diciendo que ya hablarán con calma, más tarde, comiendo juntos. Lloyd se queda solo, aliviado por el oído, pero no por nada más de lo importante. Abre una botella de champán, e intenta convencerse a sí mismo de que esta vez sí, de que va a poder con todo.

    ¿Alguna vez habéis usado un problema insignificante y tonto para no afrontar uno de verdad? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Sigo con este hilo de Catedral. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #Catedral #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #LiteraturaNorteamericana #RaymondCarver #RealismoSucio #relatos
  8. Cuidado, de Raymond Carver: cuando arreglas el oído y no el matrimonio

    Sigo con Catedral. Normalmente voy creando entradas sobre los relatos que me voy leyendo, para tenerlos frescos mientras avanzo en el libro, y el último que he terminado es «Cuidado». Después de «Vitaminas» y «Plumas», este es de los más tristes que llevo, aunque tenga momentos casi cómicos.

    Foto: Unsplash

    Un hombre solo en un ático

    Lloyd es alcohólico y acaba de separarse de su mujer, Inez. Vive en la habitación de un ático diminuto e intenta controlar la bebida sin conseguirlo. Carver no necesita explicar mucho más: con la habitación, con la botella, con el silencio, ya deja claro que aquí hay un hombre que se está cayendo a pedazos despacio.

    Él e Inez, según cuenta Lloyd, antes casi se leían el pensamiento. Ahora ya no consiguen ni hablar bien.

    El oído que no destapa

    Lloyd tiene un oído taponado de cera. No oye bien, y encima pierde el equilibrio. Lo intenta arreglar a golpes en la cabeza, sin éxito. Cuando Inez lo visita, prueba con una lima envuelta en un papel, y tampoco. Al final, un poco de aceite templado que le presta la casera es lo único que funciona.

    Es un detalle casi ridículo, y ahí está la gracia amarga de Carver: mientras los dos deberían estar hablando de su matrimonio, se pasan la escena entera peleándose con un oído tapado.

    Foto: Unsplash

    La visita que no llega a nada

    Inez se presenta después de dos semanas separados, con un vestido de primavera que Lloyd no le había visto nunca. Va con la intención de hablar de algo importante entre ellos, seguramente de cómo sigue esto a partir de ahora. Pero el oído de Lloyd se lo impide: toda la visita se va en resolver ese problema tonto, y la conversación de verdad queda aplazada.

    En cuanto el oído se destapa, Inez se marcha rápido, diciendo que ya hablarán con calma, más tarde, comiendo juntos. Lloyd se queda solo, aliviado por el oído, pero no por nada más de lo importante. Abre una botella de champán, e intenta convencerse a sí mismo de que esta vez sí, de que va a poder con todo.

    ¿Alguna vez habéis usado un problema insignificante y tonto para no afrontar uno de verdad? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Sigo con este hilo de Catedral. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

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  9. El 5 de agosto de 1850 nace,
    🖋️ Guy de Maupassant
    Escritor francés que morirá en 1893.
    Escribió en pleno auge del 'naturalismo'.
    En la #HistoriaDeLaLiteratura, es uno de los grandes maestros de la #NarrativaCorta, formato donde tocó todos los géneros.
    Su obra ha superado con nota el paso del tiempo y en los últimos años, vive una merecida recuperación con nuevas ediciones de sus #relatos y #novelas.
    #LiteraturaFrancesa #Narrativa #Literatura #EscritoresRecomendados
    En la imagen, varias ediciones de Alianza Editorial 👇️

  10. «De vez en cuando ocurría. Era raro, pero ocurría. Alguien salía en misión de combate a decenas o cientos de años luz dejando a un hijo o una hija en Tierra, y varios siglos más tarde ambos coincidían en alguna misión de una roca perdida de la mano de Dios con edades similares debido a los efectos de la dilatación temporal. También era jodidamente violento para los implicados debido al abandono infantil que representaba, y nunca se habían registrado tres generaciones coincidiendo en la misma tartana. Hasta ahora»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  11. «De vez en cuando ocurría. Era raro, pero ocurría. Alguien salía en misión de combate a decenas o cientos de años luz dejando a un hijo o una hija en Tierra, y varios siglos más tarde ambos coincidían en alguna misión de una roca perdida de la mano de Dios con edades similares debido a los efectos de la dilatación temporal. También era jodidamente violento para los implicados debido al abandono infantil que representaba, y nunca se habían registrado tres generaciones coincidiendo en la misma tartana. Hasta ahora»

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  12. Plumas, de Raymond Carver: el pavo real, el bebé feo y la vida que no tuvieron

    Sigo con Catedral. Después de «Vitaminas», vuelvo al principio del libro, a «Plumas», el relato que de verdad lo abre. Y es un buen sitio para empezar: en unas pocas páginas, Carver mete un pavo real, un bebé espantoso y un molde de escayola con una dentadura torcida, y con eso construye una de sus historias más raras y más tristes.

    Foto: Unsplash

    Una cena en el campo

    Jack y Fran llevan una vida tranquila, sin hijos, contentos con lo poco que tienen. Un compañero de trabajo de Jack, Bud, los invita a cenar a su casa, veinte kilómetros fuera de la ciudad. Fran no tiene ganas de ir, pero acaban aceptando y se presentan con un pan casero.

    Nada más llegar, un pavo real llamado Joey se posa sobre el capó del coche. Dentro de la casa conocen a Olla, la mujer de Bud, que les prepara una cena por todo lo alto. Y entre los adornos del salón hay algo que no esperan: un molde de escayola con la dentadura torcida y espantosa que Olla tenía antes de que Bud le pagara el aparato para arreglársela. Lo enseña con un orgullo extraño, como un trofeo de lo que ya no es.

    El pavo real y el bebé

    Después conocen a Harold, el hijo de Bud y Olla, un bebé tan feo que a Jack y Fran les cuesta disimular. Pero cuando Joey, el pavo real, entra en la casa y se acerca a la cuna, Fran se queda mirando la escena como hipnotizada. Algo en ese momento, el animal precioso junto al bebé feo, en esa casa rara y feliz, la conmueve de una forma que ni ella misma sabe explicar.

    Foto: Unsplash

    Lo que queda cuando la noche termina

    Esa misma noche, ya en casa, Fran le pide a Jack que la deje embarazada. Y ahí Carver da la vuelta a todo: los años que vienen después no se parecen en nada a lo que Fran sintió esa noche. Lo que había en casa de Bud y Olla (el pavo real entrando en la cocina, Olla orgullosa hasta de sus dientes torcidos de antes) era una vida imperfecta pero viva, de verdad compartida entre los dos. Jack y Fran tienen a su hijo y no encuentran nada de eso: Carver llega a decir que el niño ya tiene algo retorcido dentro. Fran deja de trabajar, y entre ellos ya casi no se habla. Jack, contándolo desde el presente, entiende que aquella noche no les regaló una vida mejor, solo les dejó ver, por unas horas, cómo podría haber sido la suya. De las plumas de pavo real que Olla les regaló al despedirse ya no queda casi color. Ahí está la lección amarga del relato: no se puede copiar la vida de nadie solo porque una noche lo pasaste bien en su casa.

    ¿Alguna vez una noche especial os hizo tomar una decisión que después no salió como esperabais? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Sigo con este hilo de Catedral. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #Catedral #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #LiteraturaNorteamericana #RaymondCarver #RealismoSucio #relatos
  13. Plumas, de Raymond Carver: el pavo real, el bebé feo y la vida que no tuvieron

    Sigo con Catedral. Después de «Vitaminas», vuelvo al principio del libro, a «Plumas», el relato que de verdad lo abre. Y es un buen sitio para empezar: en unas pocas páginas, Carver mete un pavo real, un bebé espantoso y un molde de escayola con una dentadura torcida, y con eso construye una de sus historias más raras y más tristes.

    Foto: Unsplash

    Una cena en el campo

    Jack y Fran llevan una vida tranquila, sin hijos, contentos con lo poco que tienen. Un compañero de trabajo de Jack, Bud, los invita a cenar a su casa, veinte kilómetros fuera de la ciudad. Fran no tiene ganas de ir, pero acaban aceptando y se presentan con un pan casero.

    Nada más llegar, un pavo real llamado Joey se posa sobre el capó del coche. Dentro de la casa conocen a Olla, la mujer de Bud, que les prepara una cena por todo lo alto. Y entre los adornos del salón hay algo que no esperan: un molde de escayola con la dentadura torcida y espantosa que Olla tenía antes de que Bud le pagara el aparato para arreglársela. Lo enseña con un orgullo extraño, como un trofeo de lo que ya no es.

    El pavo real y el bebé

    Después conocen a Harold, el hijo de Bud y Olla, un bebé tan feo que a Jack y Fran les cuesta disimular. Pero cuando Joey, el pavo real, entra en la casa y se acerca a la cuna, Fran se queda mirando la escena como hipnotizada. Algo en ese momento, el animal precioso junto al bebé feo, en esa casa rara y feliz, la conmueve de una forma que ni ella misma sabe explicar.

    Foto: Unsplash

    Lo que queda cuando la noche termina

    Esa misma noche, ya en casa, Fran le pide a Jack que la deje embarazada. Y ahí Carver da la vuelta a todo: los años que vienen después no se parecen en nada a lo que Fran sintió esa noche. Lo que había en casa de Bud y Olla (el pavo real entrando en la cocina, Olla orgullosa hasta de sus dientes torcidos de antes) era una vida imperfecta pero viva, de verdad compartida entre los dos. Jack y Fran tienen a su hijo y no encuentran nada de eso: Carver llega a decir que el niño ya tiene algo retorcido dentro. Fran deja de trabajar, y entre ellos ya casi no se habla. Jack, contándolo desde el presente, entiende que aquella noche no les regaló una vida mejor, solo les dejó ver, por unas horas, cómo podría haber sido la suya. De las plumas de pavo real que Olla les regaló al despedirse ya no queda casi color. Ahí está la lección amarga del relato: no se puede copiar la vida de nadie solo porque una noche lo pasaste bien en su casa.

    ¿Alguna vez una noche especial os hizo tomar una decisión que después no salió como esperabais? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Sigo con este hilo de Catedral. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

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  14. «Miró preocupado el panel informativo de la pared. La cadena de números azul eléctrico le devolvía una cifra cada segundo más baja a medida que las milésimas bajaban al ritmo de su acelerada respiración. No es fácil consumir oxígeno de forma calmada cuando estás a punto de quedarte sin suministro. Un segundo cartel auxiliar indicaba la duración del cartucho a la velocidad actual de consumo. Tres días, siete horas y dos minutos. Actualización: y un minuto. Se pasó las manos por el pelo, ensuciando las lentes en el proceso con su propio sudor frío»

    #relatos

    publish.obsidian.md/euklidiada

  15. «Miró preocupado el panel informativo de la pared. La cadena de números azul eléctrico le devolvía una cifra cada segundo más baja a medida que las milésimas bajaban al ritmo de su acelerada respiración. No es fácil consumir oxígeno de forma calmada cuando estás a punto de quedarte sin suministro. Un segundo cartel auxiliar indicaba la duración del cartucho a la velocidad actual de consumo. Tres días, siete horas y dos minutos. Actualización: y un minuto. Se pasó las manos por el pelo, ensuciando las lentes en el proceso con su propio sudor frío»

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  16. Vitaminas, de Raymond Carver: la noche en que todo se tuerce

    Cambio de libro. Después de ir desgranando ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, quiero abrir otro hilo con Catedral, la colección que para muchos es la obra más madura de Raymond Carver. Empiezo por «Vitaminas», el sexto relato del libro, porque es de los que mejor resume, en pocas páginas, lo que Carver sabe hacer.

    Foto: Unsplash

    Un matrimonio que se apaga sin ruido

    El narrador limpia un hospital por las noches, un trabajo que él mismo llama “de nada”. Su mujer, Patti, vende vitaminas a domicilio, y con el tiempo ha llegado a montar su propia oficina y llevar un pequeño equipo de vendedoras. No hay gritos ni portazos entre ellos. Hay algo peor: una vida que sigue funcionando por pura inercia, mientras por dentro ya no queda gran cosa.

    Entre las vendedoras de Patti está Donna. El narrador empieza a fijarse en ella después de un momento cómplice en una fiesta de Navidad, y esa atracción, tan poco dicha como todo en Carver, va a acabar llevándolos a los dos a un sitio del que no van a salir igual.

    La noche en el Off-Broadway

    Foto: Unsplash

    El narrador ve el coche de Donna aparcado junto a un bar de mala muerte, el Off-Broadway, y entra. Una copa lleva a otra, y unos conocidos les presentan a Nelson, un veterano que acaba de volver de Vietnam. Lo que empieza como una charla de bar se vuelve, poco a poco, amenazante.

    Nelson lleva encima una oreja humana reseca, un trofeo de guerra que enseña sin que nadie se lo pida. Cuando Donna lo rechaza, él responde con una propuesta explícita y sórdida, delante de todos. Solo la intervención del dueño del bar corta la escena antes de que vaya a más.

    Lo que queda después

    De camino a casa, ya en el coche, Donna confiesa que necesitaba el dinero que Nelson le ofrecía, y habla de irse a Portland, como quien busca una salida de toda esta vida. El narrador la deja y vuelve a la suya, donde encuentra a Patti sonámbula, a oscuras, buscando una aspirina que no aparece.

    Carver no explica qué siente el narrador con todo lo que ha pasado esa noche. Simplemente lo deja ahí, despierto, con su mujer perdida en su propio sueño y él cargando con algo que no va a poder contarle a nadie. Ese silencio final, otra vez, dice más que cualquier confesión.

    ¿Alguna vez habéis notado que una relación se apagaba antes de que pasara nada “grave” de verdad? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Seguiré con este hilo de Catedral más adelante. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #Catedral #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #LiteraturaNorteamericana #RaymondCarver #RealismoSucio #relatos
  17. Vitaminas, de Raymond Carver: la noche en que todo se tuerce

    Cambio de libro. Después de ir desgranando ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, quiero abrir otro hilo con Catedral, la colección que para muchos es la obra más madura de Raymond Carver. Empiezo por «Vitaminas», el sexto relato del libro, porque es de los que mejor resume, en pocas páginas, lo que Carver sabe hacer.

    Foto: Unsplash

    Un matrimonio que se apaga sin ruido

    El narrador limpia un hospital por las noches, un trabajo que él mismo llama “de nada”. Su mujer, Patti, vende vitaminas a domicilio, y con el tiempo ha llegado a montar su propia oficina y llevar un pequeño equipo de vendedoras. No hay gritos ni portazos entre ellos. Hay algo peor: una vida que sigue funcionando por pura inercia, mientras por dentro ya no queda gran cosa.

    Entre las vendedoras de Patti está Donna. El narrador empieza a fijarse en ella después de un momento cómplice en una fiesta de Navidad, y esa atracción, tan poco dicha como todo en Carver, va a acabar llevándolos a los dos a un sitio del que no van a salir igual.

    La noche en el Off-Broadway

    Foto: Unsplash

    El narrador ve el coche de Donna aparcado junto a un bar de mala muerte, el Off-Broadway, y entra. Una copa lleva a otra, y unos conocidos les presentan a Nelson, un veterano que acaba de volver de Vietnam. Lo que empieza como una charla de bar se vuelve, poco a poco, amenazante.

    Nelson lleva encima una oreja humana reseca, un trofeo de guerra que enseña sin que nadie se lo pida. Cuando Donna lo rechaza, él responde con una propuesta explícita y sórdida, delante de todos. Solo la intervención del dueño del bar corta la escena antes de que vaya a más.

    Lo que queda después

    De camino a casa, ya en el coche, Donna confiesa que necesitaba el dinero que Nelson le ofrecía, y habla de irse a Portland, como quien busca una salida de toda esta vida. El narrador la deja y vuelve a la suya, donde encuentra a Patti sonámbula, a oscuras, buscando una aspirina que no aparece.

    Carver no explica qué siente el narrador con todo lo que ha pasado esa noche. Simplemente lo deja ahí, despierto, con su mujer perdida en su propio sueño y él cargando con algo que no va a poder contarle a nadie. Ese silencio final, otra vez, dice más que cualquier confesión.

    ¿Alguna vez habéis notado que una relación se apagaba antes de que pasara nada “grave” de verdad? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Seguiré con este hilo de Catedral más adelante. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

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    #booklovers #bookreview #bookstodon #Catedral #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #LiteraturaNorteamericana #RaymondCarver #RealismoSucio #relatos
  18. «Gwen fijó la cámara y mostró a Adrian el avance de la masa a través de la zona boscosa. Debido al ángulo de caída, los protagonistas de la escena eran árboles de copa frondosa, que vibraban al ritmo de las pisadas sobre el suelo, y pequeños destellos verde oliva se filtraban entre las hojas. El bosque era antiguo, denso y húmedo, el tipo de espacio nunca tocado por la mano del ser humano, en un estado de abandono propio de la naturaleza, tupido hasta el punto de no disponer de arbustos ni hierbas a ras de suelo, lo que permitía avanzar a la horda»

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    #relatos

  19. «Gwen fijó la cámara y mostró a Adrian el avance de la masa a través de la zona boscosa. Debido al ángulo de caída, los protagonistas de la escena eran árboles de copa frondosa, que vibraban al ritmo de las pisadas sobre el suelo, y pequeños destellos verde oliva se filtraban entre las hojas. El bosque era antiguo, denso y húmedo, el tipo de espacio nunca tocado por la mano del ser humano, en un estado de abandono propio de la naturaleza, tupido hasta el punto de no disponer de arbustos ni hierbas a ras de suelo, lo que permitía avanzar a la horda»

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    #relatos

  20. Tony Takitani, de Murakami: la soledad que hereda hasta la ropa

    Sigo con la serie que empecé hace unos días: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después del hombre que desapareció en una escalera, toca uno de los más conocidos del libro: «Tony Takitani».

    Foto: Unsplash

    Un hombre nacido para estar solo

    Tony Takitani se llama Tony por casualidad. Su padre, un trombonista japonés que pasó la guerra encarcelado en China, le puso el nombre de un oficial americano al que había tratado, sin pensar demasiado en lo raro que sonaría para un niño creciendo en Japón. Ese nombre extraño marca a Tony desde el principio: un chico solitario, ilustrador de precisión, que nunca ha necesitado a nadie de verdad. Se le da bien dibujar máquinas exactas y vivir sin ruido.

    Hasta que conoce a Eiko. Lo que le atrapa de ella no es solo la persona, es la manera en que lleva la ropa, una elegancia que parece casi imposible. Con el tiempo descubre que esa elegancia esconde algo más inquietante: Eiko compra ropa de forma compulsiva, como quien no puede dejar de respirar. Se casan, y la casa empieza a llenarse de armarios que ya no caben.

    Lo que queda cuando se van las personas

    Eiko muere de golpe, en un accidente de coche, un día que iba a devolver un abrigo. Tony se queda solo en una casa que ya no puede ni mirar, llena de la ropa de su mujer. Contrata a una chica con su misma talla para que se la vaya poniendo, casi como si eso pudiera sustituirla. La candidata se prueba un abrigo y rompe a llorar: dice que sentir tantas ganas de esa ropa le da miedo de sí misma. Tony no puede seguir con la idea. Vende toda la ropa. Años después, cuando muere su padre, hace lo mismo con su inmensa colección de discos de jazz. Al final no le queda nada que le recuerde a nadie. Y esa es, quizás, la única forma de paz que Tony conoce.

    Foto: Unsplash

    Murakami y Carver: la misma economía, soledades distintas

    No es casualidad que este relato me recuerde tanto a Raymond Carver. Murakami lo tradujo al japonés a finales de los años ochenta, y tras su muerte le dedicó un ensayo, «Comrades literarios», donde lo llama su maestro más valioso como escritor. Se nota en cada frase de «Tony Takitani»: la misma economía, la misma desconfianza hacia la palabra que explica de más, la misma costumbre de dejar que un objeto concreto, un abrigo, un disco, cargue con el peso de lo que el personaje siente y nunca dice.

    Pero la soledad de cada uno nace en un sitio distinto. En Carver, como vimos en «Vecinos» o en «Gordo», el vacío se abre entre dos personas: en una conversación que no llega a ninguna parte, en un matrimonio que funciona hasta que deja de funcionar. Es una soledad de andar por casa, la de no terminar de conocer del todo a quien tienes al lado. En Tony Takitani, la soledad no la provoca ningún desencuentro. Tony ya nació para estar solo, casi por el propio nombre que le pusieron, y los dos intentos que hace por dejar de estarlo, una mujer, una casa llena de cosas, acaban los dos igual: vaciándose. Los objetos ocupan ahí el lugar que deberían ocupar las personas, y cuando desaparecen, no queda ni siquiera el rastro de haber estado acompañado.

    ¿Y a vosotros, qué os parece más de temer: la soledad de no llegar a conocer del todo a quien tenéis cerca, o la de haber nacido, como Tony, ya preparados para estar solos? Contádmelo en los comentarios, tengo curiosidad por leeros.

    Seguiré con la serie de Sauce ciego, mujer dormida poco a poco. Si hay algún relato del libro que os apetece que comente, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #Murakami #RaymondCarver #relatos #SauceCiegoMujerDormida #TonyTakitani
  21. Tony Takitani, de Murakami: la soledad que hereda hasta la ropa

    Sigo con la serie que empecé hace unos días: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después del hombre que desapareció en una escalera, toca uno de los más conocidos del libro: «Tony Takitani».

    Foto: Unsplash

    Un hombre nacido para estar solo

    Tony Takitani se llama Tony por casualidad. Su padre, un trombonista japonés que pasó la guerra encarcelado en China, le puso el nombre de un oficial americano al que había tratado, sin pensar demasiado en lo raro que sonaría para un niño creciendo en Japón. Ese nombre extraño marca a Tony desde el principio: un chico solitario, ilustrador de precisión, que nunca ha necesitado a nadie de verdad. Se le da bien dibujar máquinas exactas y vivir sin ruido.

    Hasta que conoce a Eiko. Lo que le atrapa de ella no es solo la persona, es la manera en que lleva la ropa, una elegancia que parece casi imposible. Con el tiempo descubre que esa elegancia esconde algo más inquietante: Eiko compra ropa de forma compulsiva, como quien no puede dejar de respirar. Se casan, y la casa empieza a llenarse de armarios que ya no caben.

    Lo que queda cuando se van las personas

    Eiko muere de golpe, en un accidente de coche, un día que iba a devolver un abrigo. Tony se queda solo en una casa que ya no puede ni mirar, llena de la ropa de su mujer. Contrata a una chica con su misma talla para que se la vaya poniendo, casi como si eso pudiera sustituirla. La candidata se prueba un abrigo y rompe a llorar: dice que sentir tantas ganas de esa ropa le da miedo de sí misma. Tony no puede seguir con la idea. Vende toda la ropa. Años después, cuando muere su padre, hace lo mismo con su inmensa colección de discos de jazz. Al final no le queda nada que le recuerde a nadie. Y esa es, quizás, la única forma de paz que Tony conoce.

    Foto: Unsplash

    Murakami y Carver: la misma economía, soledades distintas

    No es casualidad que este relato me recuerde tanto a Raymond Carver. Murakami lo tradujo al japonés a finales de los años ochenta, y tras su muerte le dedicó un ensayo, «Comrades literarios», donde lo llama su maestro más valioso como escritor. Se nota en cada frase de «Tony Takitani»: la misma economía, la misma desconfianza hacia la palabra que explica de más, la misma costumbre de dejar que un objeto concreto, un abrigo, un disco, cargue con el peso de lo que el personaje siente y nunca dice.

    Pero la soledad de cada uno nace en un sitio distinto. En Carver, como vimos en «Vecinos» o en «Gordo», el vacío se abre entre dos personas: en una conversación que no llega a ninguna parte, en un matrimonio que funciona hasta que deja de funcionar. Es una soledad de andar por casa, la de no terminar de conocer del todo a quien tienes al lado. En Tony Takitani, la soledad no la provoca ningún desencuentro. Tony ya nació para estar solo, casi por el propio nombre que le pusieron, y los dos intentos que hace por dejar de estarlo, una mujer, una casa llena de cosas, acaban los dos igual: vaciándose. Los objetos ocupan ahí el lugar que deberían ocupar las personas, y cuando desaparecen, no queda ni siquiera el rastro de haber estado acompañado.

    ¿Y a vosotros, qué os parece más de temer: la soledad de no llegar a conocer del todo a quien tenéis cerca, o la de haber nacido, como Tony, ya preparados para estar solos? Contádmelo en los comentarios, tengo curiosidad por leeros.

    Seguiré con la serie de Sauce ciego, mujer dormida poco a poco. Si hay algún relato del libro que os apetece que comente, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #Murakami #RaymondCarver #relatos #SauceCiegoMujerDormida #TonyTakitani
  22. En mi historia, dos personas se quedan atrapadas durante días en el aeropuerto de NY, a causa de una tormenta de nieve. Los dos están casados pero entre ellos pronto se establece una conexión inevitable. Bésame en mitad de la tormenta es una historia alegre y triste a la vez, una historia que te hace viajar a una situación con unas particularidades especiales. Porque estar atrapado sin conexión durante días, no ocurre todos los días, y es el caldo de cultivo ideal para una bonita historia de amor. #orbitarocolisionar #libro #book #relatos #EsterGarcia

  23. En mi historia, dos personas se quedan atrapadas durante días en el aeropuerto de NY, a causa de una tormenta de nieve. Los dos están casados pero entre ellos pronto se establece una conexión inevitable. Bésame en mitad de la tormenta es una historia alegre y triste a la vez, una historia que te hace viajar a una situación con unas particularidades especiales. Porque estar atrapado sin conexión durante días, no ocurre todos los días, y es el caldo de cultivo ideal para una bonita historia de amor. #orbitarocolisionar #libro #book #relatos #EsterGarcia

  24. ୨୧ La llave llevaba días en el bolsillo de su abrigo.

    Cada mañana pensaba:
    «Hoy la dejo».
    Y cada tarde volvía a casa con ella.

    No necesitaba esa llave.
    Ni iba a volver a abrir aquella puerta.
    Pero mientras siguiera guardándola, todavía podía fingir que no todo estaba decidido.

    Aquella mañana se bajó del autobús dos paradas antes.
    Necesitaba caminar.
    No para hacer tiempo, sino para reunir el valor que llevaba semanas posponiendo.

    Cuando llegó al portal levantó la vista.

    Su nombre ya no estaba.

    Solo quedaba el de él, escrito con el mismo rotulador negro de siempre.
    Donde antes aparecía el suyo solo quedaba una marca más clara, como esas huellas que dejan los cuadros cuando llevan demasiado tiempo colgados de una pared.

    Se quedó inmóvil unos segundos.

    Recordó la ilusión con la que habían abierto aquella puerta por primera vez.
    Las cajas sin deshacer.
    Las discusiones por dónde poner el sofá.
    Los domingos en pijama.
    Las promesas que parecían tan fáciles cuando todavía nadie imaginaba un final.

    Después llegaron los silencios.

    Las conversaciones que terminaban antes de empezar.
    La sensación de estar pidiendo cariño en lugar de recibirlo.
    El cansancio de intentar salvar una relación que solo sostenía una persona.

    Lo más duro no había sido perderle.

    Había sido aceptar que llevaba demasiado tiempo queriendo por dos.

    Sacó la llave del bolsillo y la sostuvo unos instantes entre los dedos.

    Qué poco pesa un trozo de metal para todo lo que puede llegar a contener.

    La dejó caer dentro del buzón.

    El sonido fue seco.

    Y, sin embargo, sintió que era ella quien acababa de romperse un poco más.

    Se dio la vuelta despacio.

    No porque hubiera dejado de quererle.

    Sino porque, por fin, había entendido que quedarse esperando delante de una puerta cerrada no iba a hacer que alguien la abriera desde dentro.

    Siguió caminando.

    Por primera vez en mucho tiempo llevaba las manos vacías.

    ⋆ ˚。⋆୨୧˚ ───────── ˚୨୧⋆。˚ ⋆

    #relatos #microrelato #reflexiones #parejas #ruptura #duelo #emociones #psicologia #vidacotidiana #sentimientos #amor #escribir

  25. ୨୧ La llave llevaba días en el bolsillo de su abrigo.

    Cada mañana pensaba:
    «Hoy la dejo».
    Y cada tarde volvía a casa con ella.

    No necesitaba esa llave.
    Ni iba a volver a abrir aquella puerta.
    Pero mientras siguiera guardándola, todavía podía fingir que no todo estaba decidido.

    Aquella mañana se bajó del autobús dos paradas antes.
    Necesitaba caminar.
    No para hacer tiempo, sino para reunir el valor que llevaba semanas posponiendo.

    Cuando llegó al portal levantó la vista.

    Su nombre ya no estaba.

    Solo quedaba el de él, escrito con el mismo rotulador negro de siempre.
    Donde antes aparecía el suyo solo quedaba una marca más clara, como esas huellas que dejan los cuadros cuando llevan demasiado tiempo colgados de una pared.

    Se quedó inmóvil unos segundos.

    Recordó la ilusión con la que habían abierto aquella puerta por primera vez.
    Las cajas sin deshacer.
    Las discusiones por dónde poner el sofá.
    Los domingos en pijama.
    Las promesas que parecían tan fáciles cuando todavía nadie imaginaba un final.

    Después llegaron los silencios.

    Las conversaciones que terminaban antes de empezar.
    La sensación de estar pidiendo cariño en lugar de recibirlo.
    El cansancio de intentar salvar una relación que solo sostenía una persona.

    Lo más duro no había sido perderle.

    Había sido aceptar que llevaba demasiado tiempo queriendo por dos.

    Sacó la llave del bolsillo y la sostuvo unos instantes entre los dedos.

    Qué poco pesa un trozo de metal para todo lo que puede llegar a contener.

    La dejó caer dentro del buzón.

    El sonido fue seco.

    Y, sin embargo, sintió que era ella quien acababa de romperse un poco más.

    Se dio la vuelta despacio.

    No porque hubiera dejado de quererle.

    Sino porque, por fin, había entendido que quedarse esperando delante de una puerta cerrada no iba a hacer que alguien la abriera desde dentro.

    Siguió caminando.

    Por primera vez en mucho tiempo llevaba las manos vacías.

    ⋆ ˚。⋆୨୧˚ ───────── ˚୨୧⋆。˚ ⋆

    #relatos #microrelato #reflexiones #parejas #ruptura #duelo #emociones #psicologia #vidacotidiana #sentimientos #amor #escribir

  26. «El traqueteo del metro siempre me ha ayudado a pensar, focalizarme y despejar la mente para afrontar los desafíos del día a día. Recostado en el asiento y con los pies sobre el que tengo enfrente, me calo el sombrero hasta perder la visual a pesar de que dentro del vagón no cae agua y enciendo el cigarro de liar ignorando a la pareja que tengo a pocos metros de distancia. Por la forma en la que sus hormonas condicionan sus actos, no parece que les vaya a importar que llene el vagón de cáncer respirable. A pesar de sus intentos por librar a la humanidad del lento suicidio del humo, la Pauta aún no ha conseguido que dejemos de fumar. Mi muñeca vibra con fuerza. No necesito remangarme la gabardina para visualizar el mensaje que me envía al gadget en el que ya no miramos las horas. Un mensaje brillante parpadea en rojo con letras blancas «FUMAR ES MALO PARA TU SALUD, TE RECOMIENDO QUE LO DEJES». Ignoro el texto mientras suelto una calada junto a los sensores del reloj. Nadie va a decirme cómo me voy a matar, especialmente no hoy. Especialmente no el día en que las predicciones no se cumplen»

    El último de mis #relatos

    publish.obsidian.md/euklidiada

  27. «El traqueteo del metro siempre me ha ayudado a pensar, focalizarme y despejar la mente para afrontar los desafíos del día a día. Recostado en el asiento y con los pies sobre el que tengo enfrente, me calo el sombrero hasta perder la visual a pesar de que dentro del vagón no cae agua y enciendo el cigarro de liar ignorando a la pareja que tengo a pocos metros de distancia. Por la forma en la que sus hormonas condicionan sus actos, no parece que les vaya a importar que llene el vagón de cáncer respirable. A pesar de sus intentos por librar a la humanidad del lento suicidio del humo, la Pauta aún no ha conseguido que dejemos de fumar. Mi muñeca vibra con fuerza. No necesito remangarme la gabardina para visualizar el mensaje que me envía al gadget en el que ya no miramos las horas. Un mensaje brillante parpadea en rojo con letras blancas «FUMAR ES MALO PARA TU SALUD, TE RECOMIENDO QUE LO DEJES». Ignoro el texto mientras suelto una calada junto a los sensores del reloj. Nadie va a decirme cómo me voy a matar, especialmente no hoy. Especialmente no el día en que las predicciones no se cumplen»

    El último de mis #relatos

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  28. El 24 de julio de 1991 muere en Miami,
    🖋️ Isaac Bashevis Singer
    Nacido en Polonia, huyendo de los nazis llegó a EE.UU. en 1935.
    Se quedará pero seguirá escribiendo en su lengua natal, el yiddish.
    🏅 #PremioNobel de #Literatura en 1978
    Maravilloso narrador, no es extraño que año tras año surjan nuevas ediciones de sus siempre muy recomendables #novelas y #relatos... Hablando de relatos, me gustaría sugerir este par de #libros que destaco en la imagen 👇️, editados por Nórdica, entre otras propuestas de lectura.
    #EscritoresRecomendados #LiteraturaEstadounidense #LecturasMemorables

  29. Uno más para mi colección de #relatos , este en clave de #solarpunk más #biopunk

    «Cuesta abajo sobre la mullida y pálida pista de micelio, la bicicleta de Ellie parecía volar sobre los sembrados de patatas y trigo que corrían a ambos lados y en dirección opuesta a su movimiento. De tanto en tanto, uno de los fibrosos nudos de la pista hacía temblar el manillar al golpear las ruedas de madera, y el saco de tela se movía para mostrar la menguante barra de pan. La mano de Ellie tanteaba el manillar, la bolsa y la oquedad, pinzaba un pedazo de pan sin dejar de prestar atención al sendero, y se metía en la boca la fracción robada. Su abuela le regañaría por eso dentro de una hora, pero de momento el tiempo a toda velocidad hacia el valle era completamente suyo, y el trofeo harinoso logrado en su expedición también»

    publish.obsidian.md/euklidiada

  30. Uno más para mi colección de #relatos , este en clave de #solarpunk más #biopunk

    «Cuesta abajo sobre la mullida y pálida pista de micelio, la bicicleta de Ellie parecía volar sobre los sembrados de patatas y trigo que corrían a ambos lados y en dirección opuesta a su movimiento. De tanto en tanto, uno de los fibrosos nudos de la pista hacía temblar el manillar al golpear las ruedas de madera, y el saco de tela se movía para mostrar la menguante barra de pan. La mano de Ellie tanteaba el manillar, la bolsa y la oquedad, pinzaba un pedazo de pan sin dejar de prestar atención al sendero, y se metía en la boca la fracción robada. Su abuela le regañaría por eso dentro de una hora, pero de momento el tiempo a toda velocidad hacia el valle era completamente suyo, y el trofeo harinoso logrado en su expedición también»

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  31. «El aullido que provenía de su propia garganta se fusionó con el movimiento de descenso del martillo, el sonido del metal deformándose por el impacto y el alarido de los altavoces del inerte que destrozaba con su último impulso eléctrico. Siguió gritando por encima de la alarma que le indicaba que el traje se había quedado sin batería, congelado como una estatua a la muerte en la última colina abandonada de Marte. Tras la caída de potencia, Semper se había quedado casi completamente a oscuras dentro de la armadura. Solo una pequeña luz auxiliar, roja, parpadeante, indicaba la muerte eléctrica de la que había sido su arma y escudo durante la batalla. Apagada la climatización, todos los poros de su piel comenzaron a sudar y notó la presión de la sangre bajo la piel. Ahora que todo estaba negro y las pantallas y los relojes habían dejado de funcionar, el ruido del bombeo de su propio corazón se convirtió en su única referencia del tiempo, pero ese descanso no duró muchos latidos»

    Uno más para la colección de #relatos , esta vez bélico.

    publish.obsidian.md/euklidiada

  32. «El aullido que provenía de su propia garganta se fusionó con el movimiento de descenso del martillo, el sonido del metal deformándose por el impacto y el alarido de los altavoces del inerte que destrozaba con su último impulso eléctrico. Siguió gritando por encima de la alarma que le indicaba que el traje se había quedado sin batería, congelado como una estatua a la muerte en la última colina abandonada de Marte. Tras la caída de potencia, Semper se había quedado casi completamente a oscuras dentro de la armadura. Solo una pequeña luz auxiliar, roja, parpadeante, indicaba la muerte eléctrica de la que había sido su arma y escudo durante la batalla. Apagada la climatización, todos los poros de su piel comenzaron a sudar y notó la presión de la sangre bajo la piel. Ahora que todo estaba negro y las pantallas y los relojes habían dejado de funcionar, el ruido del bombeo de su propio corazón se convirtió en su única referencia del tiempo, pero ese descanso no duró muchos latidos»

    Uno más para la colección de #relatos , esta vez bélico.

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  33. Sauce ciego, mujer dormida, de Murakami: el relato del hombre que desaparece en una escalera

    Hay un relato de Haruki Murakami que no me he podido quitar de la cabeza. Un hombre baja por la escalera de su edificio, entre dos plantas, y no llega nunca abajo. No se cae, no se marcha, no huye de nadie. Simplemente desaparece en ese tramo de escalones, como si el hueco entre un piso y otro fuera una puerta a otro sitio. Su mujer contrata a un investigador peculiar, que trabaja gratis y sin método, y este se dedica a rondar la escalera durante días, hablando con los pocos vecinos que no usan el ascensor. Eso es casi todo lo que pasa. Y a mí me atrapó por completo.

    Foto: Unsplash

    El relato está en Sauce ciego, mujer dormida, la gran colección de cuentos de Murakami, y quiero empezar por él una serie: ir leyendo despacio este libro y contar aquí, de vez en cuando, alguno de sus relatos. Este me parecía el sitio exacto por donde entrar.

    El estilo de Murakami: lo cotidiano que se tuerce

    Si has leído a Murakami, ya sabes de qué hablo. Y si no, esta es una buena puerta. Lo suyo no son los grandes acontecimientos ni los mundos inventados desde cero. Lo suyo es la vida de todos los días, un hombre que se prepara la cena, alguien que atiende el teléfono, una pareja que discute por una tontería, y de pronto, sin aviso, una grieta. Algo que no encaja. Un pozo, un gato que no vuelve, una llamada que no debería existir.

    Es el mismo territorio en el que se mueve Raymond Carver, aunque cada uno tire para su lado: en Carver, el abismo que se esconde bajo lo cotidiano es del todo humano; en Murakami, esa misma grieta se abre a algo que ya no tiene explicación. Los dos escriben lo normal con una calma casi hipnótica, y por eso, cuando aparece lo extraño, no lo sientes como fantasía: lo sientes como algo que podría pasarte a ti, esta misma tarde, en tu propia escalera.

    El relato del hombre que desaparece

    Foto: Unsplash

    Lo que hace especial a este cuento es que Murakami va un paso más allá de su propia costumbre. Casi siempre deja que lo inexplicable asome un momento y luego vuelve a cerrar la puerta, dejándote con la duda. Aquí no. Aquí deja que lo cotidiano se disuelva del todo en lo desconocido, y toma una decisión valiente: no explicar nada.

    No hay una teoría sobre dónde estuvo el hombre. No hay dimensión paralela descrita con detalle, ni truco final que lo ordene todo. El desaparecido, cuando reaparece, tampoco sabe nada. Y esa negativa a explicar, que en otro escritor sería una trampa o una pereza, en Murakami es justo lo que produce el escalofrío. Porque así es como funciona de verdad el misterio: no cuando te lo aclaran, sino cuando te dejan mirando el hueco.

    Un libro para leer sin prisa

    Sauce ciego, mujer dormida reúne veinticuatro relatos, y esa es una de sus mayores virtudes. Puedes leerlo de un tirón o dejarlo en la mesilla y coger uno cada noche, como quien se asoma cada vez a una ventana distinta. Los hay melancólicos, los hay casi cómicos, los hay francamente inquietantes como este. Todos comparten esa misma sensación de que la realidad es más fina de lo que parece, y que basta un descuido para atravesarla.

    Por eso he decidido no reseñarlo entero de golpe, sino ir volviendo a él. Este hombre perdido en la escalera es solo el primero. Iremos entrando en los demás poco a poco.

    Y a ti, ¿qué relato de Murakami te dejó pensando y no supiste muy bien por qué?

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #Murakami #relatos #SauceCiegoMujerDormida
  34. Sauce ciego, mujer dormida, de Murakami: el relato del hombre que desaparece en una escalera

    Hay un relato de Haruki Murakami que no me he podido quitar de la cabeza. Un hombre baja por la escalera de su edificio, entre dos plantas, y no llega nunca abajo. No se cae, no se marcha, no huye de nadie. Simplemente desaparece en ese tramo de escalones, como si el hueco entre un piso y otro fuera una puerta a otro sitio. Su mujer contrata a un investigador peculiar, que trabaja gratis y sin método, y este se dedica a rondar la escalera durante días, hablando con los pocos vecinos que no usan el ascensor. Eso es casi todo lo que pasa. Y a mí me atrapó por completo.

    Foto: Unsplash

    El relato está en Sauce ciego, mujer dormida, la gran colección de cuentos de Murakami, y quiero empezar por él una serie: ir leyendo despacio este libro y contar aquí, de vez en cuando, alguno de sus relatos. Este me parecía el sitio exacto por donde entrar.

    El estilo de Murakami: lo cotidiano que se tuerce

    Si has leído a Murakami, ya sabes de qué hablo. Y si no, esta es una buena puerta. Lo suyo no son los grandes acontecimientos ni los mundos inventados desde cero. Lo suyo es la vida de todos los días, un hombre que se prepara la cena, alguien que atiende el teléfono, una pareja que discute por una tontería, y de pronto, sin aviso, una grieta. Algo que no encaja. Un pozo, un gato que no vuelve, una llamada que no debería existir.

    Es el mismo territorio en el que se mueve Raymond Carver, aunque cada uno tire para su lado: en Carver, el abismo que se esconde bajo lo cotidiano es del todo humano; en Murakami, esa misma grieta se abre a algo que ya no tiene explicación. Los dos escriben lo normal con una calma casi hipnótica, y por eso, cuando aparece lo extraño, no lo sientes como fantasía: lo sientes como algo que podría pasarte a ti, esta misma tarde, en tu propia escalera.

    El relato del hombre que desaparece

    Foto: Unsplash

    Lo que hace especial a este cuento es que Murakami va un paso más allá de su propia costumbre. Casi siempre deja que lo inexplicable asome un momento y luego vuelve a cerrar la puerta, dejándote con la duda. Aquí no. Aquí deja que lo cotidiano se disuelva del todo en lo desconocido, y toma una decisión valiente: no explicar nada.

    No hay una teoría sobre dónde estuvo el hombre. No hay dimensión paralela descrita con detalle, ni truco final que lo ordene todo. El desaparecido, cuando reaparece, tampoco sabe nada. Y esa negativa a explicar, que en otro escritor sería una trampa o una pereza, en Murakami es justo lo que produce el escalofrío. Porque así es como funciona de verdad el misterio: no cuando te lo aclaran, sino cuando te dejan mirando el hueco.

    Un libro para leer sin prisa

    Sauce ciego, mujer dormida reúne veinticuatro relatos, y esa es una de sus mayores virtudes. Puedes leerlo de un tirón o dejarlo en la mesilla y coger uno cada noche, como quien se asoma cada vez a una ventana distinta. Los hay melancólicos, los hay casi cómicos, los hay francamente inquietantes como este. Todos comparten esa misma sensación de que la realidad es más fina de lo que parece, y que basta un descuido para atravesarla.

    Por eso he decidido no reseñarlo entero de golpe, sino ir volviendo a él. Este hombre perdido en la escalera es solo el primero. Iremos entrando en los demás poco a poco.

    Y a ti, ¿qué relato de Murakami te dejó pensando y no supiste muy bien por qué?

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #Murakami #relatos #SauceCiegoMujerDormida
  35. «Lindsey se quedó mirando el mensaje en la pantalla durante unos minutos, tal y como había en repetidas ocasiones al día durante las últimas semanas. El anuncio, que hacía poco había pasado de naranja brillante a un rojo imposible de ignorar, informaba de que se estaba quedando sin espacio físico y que debía tomar decisiones de inmediato. Si no lo hacía, el sistema las tomaría por ella, y entonces volvería a pasar lo de Fran»

    Uno más de mis #relatos

    Llevo unos cuantos días tecleando y con cuatro relatos la web empieza a parecer algo confusa. ¿Alguna idea sobre cómo ordenarlos? #ayuda

    publish.obsidian.md/euklidiada

  36. «Lindsey se quedó mirando el mensaje en la pantalla durante unos minutos, tal y como había en repetidas ocasiones al día durante las últimas semanas. El anuncio, que hacía poco había pasado de naranja brillante a un rojo imposible de ignorar, informaba de que se estaba quedando sin espacio físico y que debía tomar decisiones de inmediato. Si no lo hacía, el sistema las tomaría por ella, y entonces volvería a pasar lo de Fran»

    Uno más de mis #relatos

    Llevo unos cuantos días tecleando y con cuatro relatos la web empieza a parecer algo confusa. ¿Alguna idea sobre cómo ordenarlos? #ayuda

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  37. Este 17 de julio, cumple 59 años,
    🖊️ Kelly Robson (she/her) ¡Felicidades! 🎂
    Reconocida escritora canadiense de #CienciaFicción y #Fantasía
    De ella, aquí, Gigamesh, ha editado la sugerente novela,
    📖 Las aguas de Versalles, con ilustraciones de Corominas.
    Y por otra parte, también la misma editorial incluye un relato suyo en 📖 Lenguas maternas, atractiva recopilación de #relatos reunidos en un libro que también está ilustrado 👇️

  38. Nueva York, una de las imágenes icónicas del capitalismo tardío. Usada hasta la saciedad para representar la civilización, progreso y de la mayor potencia mundial, EEUU. Sobre ella se construyeron muchos #relatos inverosímiles sobre sueño americano, nueva vida urbanita y moderna, éxito de un supuesto sistema que disfrazaba todas sus consecuencias negativas externalizando los problemas hacia el sur global
    A través de la obra del fotógrafo Thomas Hoepker, reflexionamos sobre dicha narrativa

  39. «La puerta de marco rojo pulsó durante unos segundos con el brillo que caracterizaba a estas estructuras-puente, hasta terminar de materializarse, condensada finalmente en un tono carmesí. Luego, un crujido metálico similar al de un pestillo anunció el alineamiento con el otro lado, y un instante después la hoja se introdujo en la pared sin hacer uso de bisagras. En su lugar, se deslizó hacia atrás y hacia uno de los lados, haciendo visible un espacio de completa oscuridad sobre la que descansaba una figura de estatura y complexión media, con el rostro convencional y las facciones casi inexistentes. Johan había estado múltiples veces en presencia de proxies, pero nunca en la misma estancia con uno de apariencia tan vaga.»

    Uno más de mis #relatos

    publish.obsidian.md/euklidiada

  40. «La puerta de marco rojo pulsó durante unos segundos con el brillo que caracterizaba a estas estructuras-puente, hasta terminar de materializarse, condensada finalmente en un tono carmesí. Luego, un crujido metálico similar al de un pestillo anunció el alineamiento con el otro lado, y un instante después la hoja se introdujo en la pared sin hacer uso de bisagras. En su lugar, se deslizó hacia atrás y hacia uno de los lados, haciendo visible un espacio de completa oscuridad sobre la que descansaba una figura de estatura y complexión media, con el rostro convencional y las facciones casi inexistentes. Johan había estado múltiples veces en presencia de proxies, pero nunca en la misma estancia con uno de apariencia tan vaga.»

    Uno más de mis #relatos

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  41. «Este es mi hogar ahora. Supongo que negar que tuvimos otra forma de habitar fue la única manera que encontramos para seguir adelante. Acompañados por nuevas soluciones tecnológicas que recibimos con los brazos abiertos, los cambios se sucedieron de forma tan gradual que resultaron prácticamente invisibles. Me acuerdo de la moda de las mascarillas y la customización de los filtros para salir a la calle, de los vídeos graciosos y los chistes que mostraban rostros oscurecidos a la altura de los ojos y pálidas narices y barbillas. Lo que durante un par de años fue un meme pronto se convirtió en un imperativo social. ¿De verdad ibas a caminar por la calle sin mascarilla? ¿En serio ibas a ser tan mal padre como para no comprarle a su hijo aquella que mejor se adaptaba a su rostro?»

    #relatos

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  42. «Este es mi hogar ahora. Supongo que negar que tuvimos otra forma de habitar fue la única manera que encontramos para seguir adelante. Acompañados por nuevas soluciones tecnológicas que recibimos con los brazos abiertos, los cambios se sucedieron de forma tan gradual que resultaron prácticamente invisibles. Me acuerdo de la moda de las mascarillas y la customización de los filtros para salir a la calle, de los vídeos graciosos y los chistes que mostraban rostros oscurecidos a la altura de los ojos y pálidas narices y barbillas. Lo que durante un par de años fue un meme pronto se convirtió en un imperativo social. ¿De verdad ibas a caminar por la calle sin mascarilla? ¿En serio ibas a ser tan mal padre como para no comprarle a su hijo aquella que mejor se adaptaba a su rostro?»

    #relatos

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  43. «El tren frenó en la estación tras un imperceptible siseo electromagnético y abrió sus puertas. Los pasajeros buscaban el espacio que ocuparía la puerta junto al andén de la forma en la que las palomas buscan el próximo puñado de migas de pan. Las puertas se abrieron y vomitaron cientos de rostros desconocidos, absorbiendo luego una cantidad proporcional, como si el tubo de metal respirase personas. En el absoluto caos ordenado con base en empujones, subieron todos, incluido él. Incluida esa silueta ofensivamente invisible, insultantemente etérea.

    Fue el último en subir, y las puertas se cerraron a sus espaldas sin prestarle demasiada atención, como si los sensores que regían el mecanismo de seguridad no pudiesen identificarle del todo. Las máquinas ejecutaban su programación sin titubeos, y él era tan invisible a ojos de las personas como a sus sensores.»

    He vuelto a escribir #relatos

    publish.obsidian.md/euklidiada

  44. «El tren frenó en la estación tras un imperceptible siseo electromagnético y abrió sus puertas. Los pasajeros buscaban el espacio que ocuparía la puerta junto al andén de la forma en la que las palomas buscan el próximo puñado de migas de pan. Las puertas se abrieron y vomitaron cientos de rostros desconocidos, absorbiendo luego una cantidad proporcional, como si el tubo de metal respirase personas. En el absoluto caos ordenado con base en empujones, subieron todos, incluido él. Incluida esa silueta ofensivamente invisible, insultantemente etérea.

    Fue el último en subir, y las puertas se cerraron a sus espaldas sin prestarle demasiada atención, como si los sensores que regían el mecanismo de seguridad no pudiesen identificarle del todo. Las máquinas ejecutaban su programación sin titubeos, y él era tan invisible a ojos de las personas como a sus sensores.»

    He vuelto a escribir #relatos

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  45. Futuraville

    (...) Vamos, señor Jones, debe usted aceptarlo. Permítase el lujo de no torturarse más. Usted, como otros de su época, heredaron un mundo que estaba lejos de su control. No ha fallado en la vida, no es que fuera menos valioso... sencillamente tuvo mala suerte, como muchos otros. Comprendo la frustración, ese desasosiego, la falta de raíces, las dudas... Pero ahora debe limitarse a vivir el presente, y construir un futuro. Verá; hace muchos años que trato a gente como usted. He […]

    thecheis.com/2026/07/08/futura