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#relatos — Public Fediverse posts

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  1. El 18 de agosto de 1912, nace en Roma,
    🖊️ Elsa Morante
    Destacada escritora de la #LiteraturaItaliana del XX
    Una autora intensa, que rompió esquemas y pasó, tras su muerte en 1985, por un injusto olvido.
    Por suerte, terminó resurgiendo y desde hace unos años, aquí está bien atendida en español por la editorial Lumen que viene publicando periódicamente en español, lo imprescindible de su #narrativa, #novelas y #relatos
    #LiteraturaEuropea #EscritorasRecomendadas #Literatura

  2. El 18 de agosto de 1912, nace en Roma,
    🖊️ Elsa Morante
    Destacada escritora de la #LiteraturaItaliana del XX
    Una autora intensa, que rompió esquemas y pasó, tras su muerte en 1985, por un injusto olvido.
    Por suerte, terminó resurgiendo y desde hace unos años, aquí está bien atendida en español por la editorial Lumen que viene publicando periódicamente en español, lo imprescindible de su #narrativa, #novelas y #relatos
    #LiteraturaEuropea #EscritorasRecomendadas #Literatura

  3. El 18 de agosto de 1912, nace en Roma,
    🖊️ Elsa Morante
    Destacada escritora de la #LiteraturaItaliana del XX
    Una autora intensa, que rompió esquemas y pasó, tras su muerte en 1985, por un injusto olvido.
    Por suerte, terminó resurgiendo y desde hace unos años, aquí está bien atendida en español por la editorial Lumen que viene publicando periódicamente en español, lo imprescindible de su #narrativa, #novelas y #relatos
    #LiteraturaEuropea #EscritorasRecomendadas #Literatura

  4. «Los viejos túmulos de lava se escurrían sobre sí mismos en fascinantes formaciones de colmillos que cosían el terreno directamente sobre la bóveda de estrellas, dedos de metalobasalto tratando de escapar de la dura gravedad del mundo muerto. Aquellas estructuras nacían de un lecho cristalino y fracturado, endurecido a lo largo de varios milenios de succión atmosférica. El antiguo planeta gaseoso, ctónico desde antes de que los seres humanos alzasen la vista a otros sistemas solares, se extendía hasta un infinito oscuro en que la superficie de un rosado próximo al negro se fundía con el brillo de otros soles. Según el equipo investigador, eso era lo que ocurría cuando un sol robaba la atmósfera de forma paulatina, permitiendo que los elementos más densos condensaran capa tras capa, milenio tras milenio, hasta que toda la atmósfera quedaba disipada. Sin un casco-HUD que mostrase la línea del horizonte mediante una proyección, era imposible distinguir los brillos creados por el terreno fracturado o los puntos de las estrellas»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  5. «Los viejos túmulos de lava se escurrían sobre sí mismos en fascinantes formaciones de colmillos que cosían el terreno directamente sobre la bóveda de estrellas, dedos de metalobasalto tratando de escapar de la dura gravedad del mundo muerto. Aquellas estructuras nacían de un lecho cristalino y fracturado, endurecido a lo largo de varios milenios de succión atmosférica. El antiguo planeta gaseoso, ctónico desde antes de que los seres humanos alzasen la vista a otros sistemas solares, se extendía hasta un infinito oscuro en que la superficie de un rosado próximo al negro se fundía con el brillo de otros soles. Según el equipo investigador, eso era lo que ocurría cuando un sol robaba la atmósfera de forma paulatina, permitiendo que los elementos más densos condensaran capa tras capa, milenio tras milenio, hasta que toda la atmósfera quedaba disipada. Sin un casco-HUD que mostrase la línea del horizonte mediante una proyección, era imposible distinguir los brillos creados por el terreno fracturado o los puntos de las estrellas»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  6. «Los viejos túmulos de lava se escurrían sobre sí mismos en fascinantes formaciones de colmillos que cosían el terreno directamente sobre la bóveda de estrellas, dedos de metalobasalto tratando de escapar de la dura gravedad del mundo muerto. Aquellas estructuras nacían de un lecho cristalino y fracturado, endurecido a lo largo de varios milenios de succión atmosférica. El antiguo planeta gaseoso, ctónico desde antes de que los seres humanos alzasen la vista a otros sistemas solares, se extendía hasta un infinito oscuro en que la superficie de un rosado próximo al negro se fundía con el brillo de otros soles. Según el equipo investigador, eso era lo que ocurría cuando un sol robaba la atmósfera de forma paulatina, permitiendo que los elementos más densos condensaran capa tras capa, milenio tras milenio, hasta que toda la atmósfera quedaba disipada. Sin un casco-HUD que mostrase la línea del horizonte mediante una proyección, era imposible distinguir los brillos creados por el terreno fracturado o los puntos de las estrellas»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  7. «Los viejos túmulos de lava se escurrían sobre sí mismos en fascinantes formaciones de colmillos que cosían el terreno directamente sobre la bóveda de estrellas, dedos de metalobasalto tratando de escapar de la dura gravedad del mundo muerto. Aquellas estructuras nacían de un lecho cristalino y fracturado, endurecido a lo largo de varios milenios de succión atmosférica. El antiguo planeta gaseoso, ctónico desde antes de que los seres humanos alzasen la vista a otros sistemas solares, se extendía hasta un infinito oscuro en que la superficie de un rosado próximo al negro se fundía con el brillo de otros soles. Según el equipo investigador, eso era lo que ocurría cuando un sol robaba la atmósfera de forma paulatina, permitiendo que los elementos más densos condensaran capa tras capa, milenio tras milenio, hasta que toda la atmósfera quedaba disipada. Sin un casco-HUD que mostrase la línea del horizonte mediante una proyección, era imposible distinguir los brillos creados por el terreno fracturado o los puntos de las estrellas»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  8. «Los viejos túmulos de lava se escurrían sobre sí mismos en fascinantes formaciones de colmillos que cosían el terreno directamente sobre la bóveda de estrellas, dedos de metalobasalto tratando de escapar de la dura gravedad del mundo muerto. Aquellas estructuras nacían de un lecho cristalino y fracturado, endurecido a lo largo de varios milenios de succión atmosférica. El antiguo planeta gaseoso, ctónico desde antes de que los seres humanos alzasen la vista a otros sistemas solares, se extendía hasta un infinito oscuro en que la superficie de un rosado próximo al negro se fundía con el brillo de otros soles. Según el equipo investigador, eso era lo que ocurría cuando un sol robaba la atmósfera de forma paulatina, permitiendo que los elementos más densos condensaran capa tras capa, milenio tras milenio, hasta que toda la atmósfera quedaba disipada. Sin un casco-HUD que mostrase la línea del horizonte mediante una proyección, era imposible distinguir los brillos creados por el terreno fracturado o los puntos de las estrellas»

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    #relatos

  9. —¡Eh! —La voz de Gorka hizo que su compañero diese un brinco, tras lo que Paul sonrió y observó de vuelta por encima de aquellas ridículas gafas de sol graduadas—. ¿De dónde has sacado eso?

    Paul era la persona más rara que conocía, con diferencia, y quizá por eso fue interesante invitarle al piso cuando también le dieron la patada en su relación...

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos #ucronía

  10. —¡Eh! —La voz de Gorka hizo que su compañero diese un brinco, tras lo que Paul sonrió y observó de vuelta por encima de aquellas ridículas gafas de sol graduadas—. ¿De dónde has sacado eso?

    Paul era la persona más rara que conocía, con diferencia, y quizá por eso fue interesante invitarle al piso cuando también le dieron la patada en su relación...

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos #ucronía

  11. —¡Eh! —La voz de Gorka hizo que su compañero diese un brinco, tras lo que Paul sonrió y observó de vuelta por encima de aquellas ridículas gafas de sol graduadas—. ¿De dónde has sacado eso?

    Paul era la persona más rara que conocía, con diferencia, y quizá por eso fue interesante invitarle al piso cuando también le dieron la patada en su relación...

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    #relatos #ucronía

  12. —¡Eh! —La voz de Gorka hizo que su compañero diese un brinco, tras lo que Paul sonrió y observó de vuelta por encima de aquellas ridículas gafas de sol graduadas—. ¿De dónde has sacado eso?

    Paul era la persona más rara que conocía, con diferencia, y quizá por eso fue interesante invitarle al piso cuando también le dieron la patada en su relación...

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    #relatos #ucronía

  13. —¡Eh! —La voz de Gorka hizo que su compañero diese un brinco, tras lo que Paul sonrió y observó de vuelta por encima de aquellas ridículas gafas de sol graduadas—. ¿De dónde has sacado eso?

    Paul era la persona más rara que conocía, con diferencia, y quizá por eso fue interesante invitarle al piso cuando también le dieron la patada en su relación...

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos #ucronía

  14. El 15 de agosto de 2012, muere a los 87 años,
    🖊️ Harry Harrison
    Escritor estadounidense de #CienciaFicción,
    también editor y crítico.
    En sus #novelas y #relatos encontrarás un marcado carácter paródico.
    Tras un largo periodo de cierto abandono editorial... hace un tiempo, por suerte, parece que Minotauro ha decidido ir recuperando su obra...
    #LiteraturaPopular #LiterturaDeGénero

  15. El 15 de agosto de 2012, muere a los 87 años,
    🖊️ Harry Harrison
    Escritor estadounidense de #CienciaFicción,
    también editor y crítico.
    En sus #novelas y #relatos encontrarás un marcado carácter paródico.
    Tras un largo periodo de cierto abandono editorial... hace un tiempo, por suerte, parece que Minotauro ha decidido ir recuperando su obra...
    #LiteraturaPopular #LiterturaDeGénero

  16. El 15 de agosto de 2012, muere a los 87 años,
    🖊️ Harry Harrison
    Escritor estadounidense de #CienciaFicción,
    también editor y crítico.
    En sus #novelas y #relatos encontrarás un marcado carácter paródico.
    Tras un largo periodo de cierto abandono editorial... hace un tiempo, por suerte, parece que Minotauro ha decidido ir recuperando su obra...
    #LiteraturaPopular #LiterturaDeGénero

  17. El 15 de agosto de 2012, muere a los 87 años,
    🖊️ Harry Harrison
    Escritor estadounidense de #CienciaFicción,
    también editor y crítico.
    En sus #novelas y #relatos encontrarás un marcado carácter paródico.
    Tras un largo periodo de cierto abandono editorial... hace un tiempo, por suerte, parece que Minotauro ha decidido ir recuperando su obra...
    #LiteraturaPopular #LiterturaDeGénero

  18. El 15 de agosto de 2012, muere a los 87 años,
    🖊️ Harry Harrison
    Escritor estadounidense de #CienciaFicción,
    también editor y crítico.
    En sus #novelas y #relatos encontrarás un marcado carácter paródico.
    Tras un largo periodo de cierto abandono editorial... hace un tiempo, por suerte, parece que Minotauro ha decidido ir recuperando su obra...
    #LiteraturaPopular #LiterturaDeGénero

  19. «El suelo empezó a vibrar segundos después de que el segundo sol se sumergía en el horizonte, y ahora eran las botas de Shahid las que se hundían en el terreno. Con el movimiento oscilatorio del suelo, la arena formaba patrones zen como si de un antiguo jardín japonés se tratara...»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  20. «El suelo empezó a vibrar segundos después de que el segundo sol se sumergía en el horizonte, y ahora eran las botas de Shahid las que se hundían en el terreno. Con el movimiento oscilatorio del suelo, la arena formaba patrones zen como si de un antiguo jardín japonés se tratara...»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  21. «El suelo empezó a vibrar segundos después de que el segundo sol se sumergía en el horizonte, y ahora eran las botas de Shahid las que se hundían en el terreno. Con el movimiento oscilatorio del suelo, la arena formaba patrones zen como si de un antiguo jardín japonés se tratara...»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  22. «El suelo empezó a vibrar segundos después de que el segundo sol se sumergía en el horizonte, y ahora eran las botas de Shahid las que se hundían en el terreno. Con el movimiento oscilatorio del suelo, la arena formaba patrones zen como si de un antiguo jardín japonés se tratara...»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  23. «El suelo empezó a vibrar segundos después de que el segundo sol se sumergía en el horizonte, y ahora eran las botas de Shahid las que se hundían en el terreno. Con el movimiento oscilatorio del suelo, la arena formaba patrones zen como si de un antiguo jardín japonés se tratara...»

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  24. Muy buenas, gente, ¿alguien conoce una comunidad en alguna plataforma para intercambiar opiniones constructivas sobre relatos de los demás?

    Como sabéis, llevo un tiempo escribiendo un relato diario y publicando uno de ellos cada 2-3 días. Es un ejercicio que me parece divertido. No creo que guarde relación con mi próxima profesión y lo hago simplemente porque me lo paso bien creando mundos e historias. Es algo que me llena.

    Ahora me gustaría pasar al siguiente nivel: en lugar de simplemente redactarlos, o redactarlos y publicar una selección; querría que fuesen leídos y machacados por cruentos lectores y opinólogos. Simplemente por las risas. Y me parece coherente que ese tipo de comunidades juegue con los bancos de horas o con pasarse relatos unos a otros, pero no localizo nada o no sé dónde buscar.

    He visto un par de foros de r/ pero allí la gente vomita su spam, redacta rants de por qué nadie les lee y no hay piña.

    Así que aprovecho, y planteo la posibilidad de montar algún grupete por aquí que se dedique a ponerse retos literarios en formato de relato. ✌️

    #relatos

  25. Muy buenas, gente, ¿alguien conoce una comunidad en alguna plataforma para intercambiar opiniones constructivas sobre relatos de los demás?

    Como sabéis, llevo un tiempo escribiendo un relato diario y publicando uno de ellos cada 2-3 días. Es un ejercicio que me parece divertido. No creo que guarde relación con mi próxima profesión y lo hago simplemente porque me lo paso bien creando mundos e historias. Es algo que me llena.

    Ahora me gustaría pasar al siguiente nivel: en lugar de simplemente redactarlos, o redactarlos y publicar una selección; querría que fuesen leídos y machacados por cruentos lectores y opinólogos. Simplemente por las risas. Y me parece coherente que ese tipo de comunidades juegue con los bancos de horas o con pasarse relatos unos a otros, pero no localizo nada o no sé dónde buscar.

    He visto un par de foros de r/ pero allí la gente vomita su spam, redacta rants de por qué nadie les lee y no hay piña.

    Así que aprovecho, y planteo la posibilidad de montar algún grupete por aquí que se dedique a ponerse retos literarios en formato de relato. ✌️

    #relatos

  26. Muy buenas, gente, ¿alguien conoce una comunidad en alguna plataforma para intercambiar opiniones constructivas sobre relatos de los demás?

    Como sabéis, llevo un tiempo escribiendo un relato diario y publicando uno de ellos cada 2-3 días. Es un ejercicio que me parece divertido. No creo que guarde relación con mi próxima profesión y lo hago simplemente porque me lo paso bien creando mundos e historias. Es algo que me llena.

    Ahora me gustaría pasar al siguiente nivel: en lugar de simplemente redactarlos, o redactarlos y publicar una selección; querría que fuesen leídos y machacados por cruentos lectores y opinólogos. Simplemente por las risas. Y me parece coherente que ese tipo de comunidades juegue con los bancos de horas o con pasarse relatos unos a otros, pero no localizo nada o no sé dónde buscar.

    He visto un par de foros de r/ pero allí la gente vomita su spam, redacta rants de por qué nadie les lee y no hay piña.

    Así que aprovecho, y planteo la posibilidad de montar algún grupete por aquí que se dedique a ponerse retos literarios en formato de relato. ✌️

    #relatos

  27. Muy buenas, gente, ¿alguien conoce una comunidad en alguna plataforma para intercambiar opiniones constructivas sobre relatos de los demás?

    Como sabéis, llevo un tiempo escribiendo un relato diario y publicando uno de ellos cada 2-3 días. Es un ejercicio que me parece divertido. No creo que guarde relación con mi próxima profesión y lo hago simplemente porque me lo paso bien creando mundos e historias. Es algo que me llena.

    Ahora me gustaría pasar al siguiente nivel: en lugar de simplemente redactarlos, o redactarlos y publicar una selección; querría que fuesen leídos y machacados por cruentos lectores y opinólogos. Simplemente por las risas. Y me parece coherente que ese tipo de comunidades juegue con los bancos de horas o con pasarse relatos unos a otros, pero no localizo nada o no sé dónde buscar.

    He visto un par de foros de r/ pero allí la gente vomita su spam, redacta rants de por qué nadie les lee y no hay piña.

    Así que aprovecho, y planteo la posibilidad de montar algún grupete por aquí que se dedique a ponerse retos literarios en formato de relato. ✌️

    #relatos

  28. Muy buenas, gente, ¿alguien conoce una comunidad en alguna plataforma para intercambiar opiniones constructivas sobre relatos de los demás?

    Como sabéis, llevo un tiempo escribiendo un relato diario y publicando uno de ellos cada 2-3 días. Es un ejercicio que me parece divertido. No creo que guarde relación con mi próxima profesión y lo hago simplemente porque me lo paso bien creando mundos e historias. Es algo que me llena.

    Ahora me gustaría pasar al siguiente nivel: en lugar de simplemente redactarlos, o redactarlos y publicar una selección; querría que fuesen leídos y machacados por cruentos lectores y opinólogos. Simplemente por las risas. Y me parece coherente que ese tipo de comunidades juegue con los bancos de horas o con pasarse relatos unos a otros, pero no localizo nada o no sé dónde buscar.

    He visto un par de foros de r/ pero allí la gente vomita su spam, redacta rants de por qué nadie les lee y no hay piña.

    Así que aprovecho, y planteo la posibilidad de montar algún grupete por aquí que se dedique a ponerse retos literarios en formato de relato. ✌️

    #relatos

  29. El séptimo hombre, de Murakami: la ola que se llevó a su amigo y el miedo que tardó treinta años en soltar

    Sigo con la serie que empecé hace unas semanas: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después de la soledad de Tony Takitani, toca uno de los cuentos más inquietantes del libro: «El séptimo hombre».

    Foto: Unsplash

    Un grupo que se cuenta sus miedos

    El relato arranca con un truco sencillo: un grupo de personas reunidas una noche de tormenta se van turnando para contar lo que más miedo les ha dado en la vida. El narrador es el último, el séptimo, y lo que cuenta no es un susto cualquiera. Es algo que le pasó a los diez años y que decidió el resto de su vida, aunque él tardó décadas en entenderlo así.

    La ola, K. y la sonrisa que no debía estar ahí

    Vive en un pueblo costero, en temporada de tifones. Su mejor amigo se llama K., un chico más pequeño y frágil que él, con un don raro para dibujar. Un día de temporal salen juntos a ver el mar embravecido desde la playa, algo que han hecho otras veces sin que pase nada. Pero esa vez llega una ola distinta, mucho más alta que las demás, y el narrador corre hacia las dunas. K. se queda unos segundos de más. Cuando el narrador se gira para gritarle que corra, ve algo que no debería ver: a K. dentro de la ola, envuelto en el agua, mirándolo con una sonrisa. No de miedo. Una sonrisa.

    Esa imagen es la que se le queda grabada, más que la propia desaparición de su amigo. K. no vuelve a aparecer con vida.

    Lo que da miedo no es la ola, es quedarse quieto

    Ahí está lo mejor del cuento. El peligro real duró segundos. Lo que destroza al narrador durante treinta años no es haber estado cerca de morir, es haberse quedado paralizado mirando a su amigo en vez de gritarle antes, de avisarle, de hacer algo. La culpa no es por lo que la ola hizo. Es por lo que él no hizo. Se muda de pueblo, deja de dibujar aunque se le daba bien, evita el mar, evita casarse, evita casi todo lo que implique acercarse demasiado a otra persona. El miedo que cuenta esa noche no es a las olas: es a quedarse quieto otra vez cuando de verdad importe.

    Un dibujo que tarda treinta años en abrirse

    Antes de morir, K. le había regalado un dibujo enrollado, hecho para él. El narrador lo guarda sin mirarlo ni una sola vez durante tres décadas, convencido de que dentro hay algo terrible, quizá su propia cara de pánico, quizá la ola misma. Cuando por fin, ya adulto, vuelve al pueblo y se obliga a desenrollarlo, no hay nada monstruoso. Es solo un paisaje, tranquilo, sin nada que temer. El miedo llevaba treinta años viviendo de lo que él imaginaba, no de lo que había dentro del papel.

    ¿Qué hay dentro de tu dibujo enrollado?

    Murakami no necesita monstruos para esto: le basta una ola, un niño que corre y otro que no llega a tiempo. Y una idea que se sostiene sola: a veces el miedo real no está en lo que pasó, está en lo que llevamos años sin atrevernos a mirar de frente.

    ¿Hay algo que llevas tiempo evitando mirar de cerca solo por si acaso resulta ser tan terrible como lo imaginas?

    Si quieres seguir la serie de Sauce ciego, mujer dormida, aquí tienes los relatos que ya he contado: el hombre que desaparece en una escalera y Tony Takitani.

    Si te ha gustado esto, en mi Substack dejo notas más cortas entre entrada y entrada, sobre lecturas y sobre el doctorado. Suscríbete si quieres que te lleguen.

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #ElSéptimoHombre #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #miedo #Murakami #relatos #SauceCiegoMujerDormida
  30. El séptimo hombre, de Murakami: la ola que se llevó a su amigo y el miedo que tardó treinta años en soltar

    Sigo con la serie que empecé hace unas semanas: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después de la soledad de Tony Takitani, toca uno de los cuentos más inquietantes del libro: «El séptimo hombre».

    Foto: Unsplash

    Un grupo que se cuenta sus miedos

    El relato arranca con un truco sencillo: un grupo de personas reunidas una noche de tormenta se van turnando para contar lo que más miedo les ha dado en la vida. El narrador es el último, el séptimo, y lo que cuenta no es un susto cualquiera. Es algo que le pasó a los diez años y que decidió el resto de su vida, aunque él tardó décadas en entenderlo así.

    La ola, K. y la sonrisa que no debía estar ahí

    Vive en un pueblo costero, en temporada de tifones. Su mejor amigo se llama K., un chico más pequeño y frágil que él, con un don raro para dibujar. Un día de temporal salen juntos a ver el mar embravecido desde la playa, algo que han hecho otras veces sin que pase nada. Pero esa vez llega una ola distinta, mucho más alta que las demás, y el narrador corre hacia las dunas. K. se queda unos segundos de más. Cuando el narrador se gira para gritarle que corra, ve algo que no debería ver: a K. dentro de la ola, envuelto en el agua, mirándolo con una sonrisa. No de miedo. Una sonrisa.

    Esa imagen es la que se le queda grabada, más que la propia desaparición de su amigo. K. no vuelve a aparecer con vida.

    Lo que da miedo no es la ola, es quedarse quieto

    Ahí está lo mejor del cuento. El peligro real duró segundos. Lo que destroza al narrador durante treinta años no es haber estado cerca de morir, es haberse quedado paralizado mirando a su amigo en vez de gritarle antes, de avisarle, de hacer algo. La culpa no es por lo que la ola hizo. Es por lo que él no hizo. Se muda de pueblo, deja de dibujar aunque se le daba bien, evita el mar, evita casarse, evita casi todo lo que implique acercarse demasiado a otra persona. El miedo que cuenta esa noche no es a las olas: es a quedarse quieto otra vez cuando de verdad importe.

    Un dibujo que tarda treinta años en abrirse

    Antes de morir, K. le había regalado un dibujo enrollado, hecho para él. El narrador lo guarda sin mirarlo ni una sola vez durante tres décadas, convencido de que dentro hay algo terrible, quizá su propia cara de pánico, quizá la ola misma. Cuando por fin, ya adulto, vuelve al pueblo y se obliga a desenrollarlo, no hay nada monstruoso. Es solo un paisaje, tranquilo, sin nada que temer. El miedo llevaba treinta años viviendo de lo que él imaginaba, no de lo que había dentro del papel.

    ¿Qué hay dentro de tu dibujo enrollado?

    Murakami no necesita monstruos para esto: le basta una ola, un niño que corre y otro que no llega a tiempo. Y una idea que se sostiene sola: a veces el miedo real no está en lo que pasó, está en lo que llevamos años sin atrevernos a mirar de frente.

    ¿Hay algo que llevas tiempo evitando mirar de cerca solo por si acaso resulta ser tan terrible como lo imaginas?

    Si quieres seguir la serie de Sauce ciego, mujer dormida, aquí tienes los relatos que ya he contado: el hombre que desaparece en una escalera y Tony Takitani.

    Si te ha gustado esto, en mi Substack dejo notas más cortas entre entrada y entrada, sobre lecturas y sobre el doctorado. Suscríbete si quieres que te lleguen.

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #ElSéptimoHombre #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #miedo #Murakami #relatos #SauceCiegoMujerDormida
  31. El séptimo hombre, de Murakami: la ola que se llevó a su amigo y el miedo que tardó treinta años en soltar

    Sigo con la serie que empecé hace unas semanas: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después de la soledad de Tony Takitani, toca uno de los cuentos más inquietantes del libro: «El séptimo hombre».

    Foto: Unsplash

    Un grupo que se cuenta sus miedos

    El relato arranca con un truco sencillo: un grupo de personas reunidas una noche de tormenta se van turnando para contar lo que más miedo les ha dado en la vida. El narrador es el último, el séptimo, y lo que cuenta no es un susto cualquiera. Es algo que le pasó a los diez años y que decidió el resto de su vida, aunque él tardó décadas en entenderlo así.

    La ola, K. y la sonrisa que no debía estar ahí

    Vive en un pueblo costero, en temporada de tifones. Su mejor amigo se llama K., un chico más pequeño y frágil que él, con un don raro para dibujar. Un día de temporal salen juntos a ver el mar embravecido desde la playa, algo que han hecho otras veces sin que pase nada. Pero esa vez llega una ola distinta, mucho más alta que las demás, y el narrador corre hacia las dunas. K. se queda unos segundos de más. Cuando el narrador se gira para gritarle que corra, ve algo que no debería ver: a K. dentro de la ola, envuelto en el agua, mirándolo con una sonrisa. No de miedo. Una sonrisa.

    Esa imagen es la que se le queda grabada, más que la propia desaparición de su amigo. K. no vuelve a aparecer con vida.

    Lo que da miedo no es la ola, es quedarse quieto

    Ahí está lo mejor del cuento. El peligro real duró segundos. Lo que destroza al narrador durante treinta años no es haber estado cerca de morir, es haberse quedado paralizado mirando a su amigo en vez de gritarle antes, de avisarle, de hacer algo. La culpa no es por lo que la ola hizo. Es por lo que él no hizo. Se muda de pueblo, deja de dibujar aunque se le daba bien, evita el mar, evita casarse, evita casi todo lo que implique acercarse demasiado a otra persona. El miedo que cuenta esa noche no es a las olas: es a quedarse quieto otra vez cuando de verdad importe.

    Un dibujo que tarda treinta años en abrirse

    Antes de morir, K. le había regalado un dibujo enrollado, hecho para él. El narrador lo guarda sin mirarlo ni una sola vez durante tres décadas, convencido de que dentro hay algo terrible, quizá su propia cara de pánico, quizá la ola misma. Cuando por fin, ya adulto, vuelve al pueblo y se obliga a desenrollarlo, no hay nada monstruoso. Es solo un paisaje, tranquilo, sin nada que temer. El miedo llevaba treinta años viviendo de lo que él imaginaba, no de lo que había dentro del papel.

    ¿Qué hay dentro de tu dibujo enrollado?

    Murakami no necesita monstruos para esto: le basta una ola, un niño que corre y otro que no llega a tiempo. Y una idea que se sostiene sola: a veces el miedo real no está en lo que pasó, está en lo que llevamos años sin atrevernos a mirar de frente.

    ¿Hay algo que llevas tiempo evitando mirar de cerca solo por si acaso resulta ser tan terrible como lo imaginas?

    Si quieres seguir la serie de Sauce ciego, mujer dormida, aquí tienes los relatos que ya he contado: el hombre que desaparece en una escalera y Tony Takitani.

    Si te ha gustado esto, en mi Substack dejo notas más cortas entre entrada y entrada, sobre lecturas y sobre el doctorado. Suscríbete si quieres que te lleguen.

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #ElSéptimoHombre #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #miedo #Murakami #relatos #SauceCiegoMujerDormida
  32. El séptimo hombre, de Murakami: la ola que se llevó a su amigo y el miedo que tardó treinta años en soltar

    Sigo con la serie que empecé hace unas semanas: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después de la soledad de Tony Takitani, toca uno de los cuentos más inquietantes del libro: «El séptimo hombre».

    Foto: Unsplash

    Un grupo que se cuenta sus miedos

    El relato arranca con un truco sencillo: un grupo de personas reunidas una noche de tormenta se van turnando para contar lo que más miedo les ha dado en la vida. El narrador es el último, el séptimo, y lo que cuenta no es un susto cualquiera. Es algo que le pasó a los diez años y que decidió el resto de su vida, aunque él tardó décadas en entenderlo así.

    La ola, K. y la sonrisa que no debía estar ahí

    Vive en un pueblo costero, en temporada de tifones. Su mejor amigo se llama K., un chico más pequeño y frágil que él, con un don raro para dibujar. Un día de temporal salen juntos a ver el mar embravecido desde la playa, algo que han hecho otras veces sin que pase nada. Pero esa vez llega una ola distinta, mucho más alta que las demás, y el narrador corre hacia las dunas. K. se queda unos segundos de más. Cuando el narrador se gira para gritarle que corra, ve algo que no debería ver: a K. dentro de la ola, envuelto en el agua, mirándolo con una sonrisa. No de miedo. Una sonrisa.

    Esa imagen es la que se le queda grabada, más que la propia desaparición de su amigo. K. no vuelve a aparecer con vida.

    Lo que da miedo no es la ola, es quedarse quieto

    Ahí está lo mejor del cuento. El peligro real duró segundos. Lo que destroza al narrador durante treinta años no es haber estado cerca de morir, es haberse quedado paralizado mirando a su amigo en vez de gritarle antes, de avisarle, de hacer algo. La culpa no es por lo que la ola hizo. Es por lo que él no hizo. Se muda de pueblo, deja de dibujar aunque se le daba bien, evita el mar, evita casarse, evita casi todo lo que implique acercarse demasiado a otra persona. El miedo que cuenta esa noche no es a las olas: es a quedarse quieto otra vez cuando de verdad importe.

    Un dibujo que tarda treinta años en abrirse

    Antes de morir, K. le había regalado un dibujo enrollado, hecho para él. El narrador lo guarda sin mirarlo ni una sola vez durante tres décadas, convencido de que dentro hay algo terrible, quizá su propia cara de pánico, quizá la ola misma. Cuando por fin, ya adulto, vuelve al pueblo y se obliga a desenrollarlo, no hay nada monstruoso. Es solo un paisaje, tranquilo, sin nada que temer. El miedo llevaba treinta años viviendo de lo que él imaginaba, no de lo que había dentro del papel.

    ¿Qué hay dentro de tu dibujo enrollado?

    Murakami no necesita monstruos para esto: le basta una ola, un niño que corre y otro que no llega a tiempo. Y una idea que se sostiene sola: a veces el miedo real no está en lo que pasó, está en lo que llevamos años sin atrevernos a mirar de frente.

    ¿Hay algo que llevas tiempo evitando mirar de cerca solo por si acaso resulta ser tan terrible como lo imaginas?

    Si quieres seguir la serie de Sauce ciego, mujer dormida, aquí tienes los relatos que ya he contado: el hombre que desaparece en una escalera y Tony Takitani.

    Si te ha gustado esto, en mi Substack dejo notas más cortas entre entrada y entrada, sobre lecturas y sobre el doctorado. Suscríbete si quieres que te lleguen.

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #ElSéptimoHombre #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #miedo #Murakami #relatos #SauceCiegoMujerDormida
  33. El séptimo hombre, de Murakami: la ola que se llevó a su amigo y el miedo que tardó treinta años en soltar

    Sigo con la serie que empecé hace unas semanas: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después de la soledad de Tony Takitani, toca uno de los cuentos más inquietantes del libro: «El séptimo hombre».

    Foto: Unsplash

    Un grupo que se cuenta sus miedos

    El relato arranca con un truco sencillo: un grupo de personas reunidas una noche de tormenta se van turnando para contar lo que más miedo les ha dado en la vida. El narrador es el último, el séptimo, y lo que cuenta no es un susto cualquiera. Es algo que le pasó a los diez años y que decidió el resto de su vida, aunque él tardó décadas en entenderlo así.

    La ola, K. y la sonrisa que no debía estar ahí

    Vive en un pueblo costero, en temporada de tifones. Su mejor amigo se llama K., un chico más pequeño y frágil que él, con un don raro para dibujar. Un día de temporal salen juntos a ver el mar embravecido desde la playa, algo que han hecho otras veces sin que pase nada. Pero esa vez llega una ola distinta, mucho más alta que las demás, y el narrador corre hacia las dunas. K. se queda unos segundos de más. Cuando el narrador se gira para gritarle que corra, ve algo que no debería ver: a K. dentro de la ola, envuelto en el agua, mirándolo con una sonrisa. No de miedo. Una sonrisa.

    Esa imagen es la que se le queda grabada, más que la propia desaparición de su amigo. K. no vuelve a aparecer con vida.

    Lo que da miedo no es la ola, es quedarse quieto

    Ahí está lo mejor del cuento. El peligro real duró segundos. Lo que destroza al narrador durante treinta años no es haber estado cerca de morir, es haberse quedado paralizado mirando a su amigo en vez de gritarle antes, de avisarle, de hacer algo. La culpa no es por lo que la ola hizo. Es por lo que él no hizo. Se muda de pueblo, deja de dibujar aunque se le daba bien, evita el mar, evita casarse, evita casi todo lo que implique acercarse demasiado a otra persona. El miedo que cuenta esa noche no es a las olas: es a quedarse quieto otra vez cuando de verdad importe.

    Un dibujo que tarda treinta años en abrirse

    Antes de morir, K. le había regalado un dibujo enrollado, hecho para él. El narrador lo guarda sin mirarlo ni una sola vez durante tres décadas, convencido de que dentro hay algo terrible, quizá su propia cara de pánico, quizá la ola misma. Cuando por fin, ya adulto, vuelve al pueblo y se obliga a desenrollarlo, no hay nada monstruoso. Es solo un paisaje, tranquilo, sin nada que temer. El miedo llevaba treinta años viviendo de lo que él imaginaba, no de lo que había dentro del papel.

    ¿Qué hay dentro de tu dibujo enrollado?

    Murakami no necesita monstruos para esto: le basta una ola, un niño que corre y otro que no llega a tiempo. Y una idea que se sostiene sola: a veces el miedo real no está en lo que pasó, está en lo que llevamos años sin atrevernos a mirar de frente.

    ¿Hay algo que llevas tiempo evitando mirar de cerca solo por si acaso resulta ser tan terrible como lo imaginas?

    Si quieres seguir la serie de Sauce ciego, mujer dormida, aquí tienes los relatos que ya he contado: el hombre que desaparece en una escalera y Tony Takitani.

    Si te ha gustado esto, en mi Substack dejo notas más cortas entre entrada y entrada, sobre lecturas y sobre el doctorado. Suscríbete si quieres que te lleguen.

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  34. Íria miraba preocupada a sus padres. Se trataba de una noticia importante no solo para sus vidas, sino también para las del resto de la familia. La baja gravedad de los anillos interiores no era una cuestión menor y mudarse a ellos no era una decisión que debiera tomarse a la ligera, menos aún cuando hipotecaba la vida futura de los nietos.

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  35. Íria miraba preocupada a sus padres. Se trataba de una noticia importante no solo para sus vidas, sino también para las del resto de la familia. La baja gravedad de los anillos interiores no era una cuestión menor y mudarse a ellos no era una decisión que debiera tomarse a la ligera, menos aún cuando hipotecaba la vida futura de los nietos.

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  36. Íria miraba preocupada a sus padres. Se trataba de una noticia importante no solo para sus vidas, sino también para las del resto de la familia. La baja gravedad de los anillos interiores no era una cuestión menor y mudarse a ellos no era una decisión que debiera tomarse a la ligera, menos aún cuando hipotecaba la vida futura de los nietos.

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  37. Íria miraba preocupada a sus padres. Se trataba de una noticia importante no solo para sus vidas, sino también para las del resto de la familia. La baja gravedad de los anillos interiores no era una cuestión menor y mudarse a ellos no era una decisión que debiera tomarse a la ligera, menos aún cuando hipotecaba la vida futura de los nietos.

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  38. Íria miraba preocupada a sus padres. Se trataba de una noticia importante no solo para sus vidas, sino también para las del resto de la familia. La baja gravedad de los anillos interiores no era una cuestión menor y mudarse a ellos no era una decisión que debiera tomarse a la ligera, menos aún cuando hipotecaba la vida futura de los nietos.

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  39. 😴Siempre he tenido sueños misteriosos, pero el último parece querer contar una historia. Todo comenzó tranquilo hasta que la calma se rompió y algo salió de las sombras. El único testigo de su llegada fui yo, y no puedo evitar sentir un escalofrío cada vez que pienso en lo que vi. Mi insomnio ahora tiene muchas preguntas, y parece que la solución está en un video que debo mostrarte.

    Descúbrelo en mi canal 👇

    #misterio #sueños #relatos #sustenso #loquelindadesea

  40. 😴Siempre he tenido sueños misteriosos, pero el último parece querer contar una historia. Todo comenzó tranquilo hasta que la calma se rompió y algo salió de las sombras. El único testigo de su llegada fui yo, y no puedo evitar sentir un escalofrío cada vez que pienso en lo que vi. Mi insomnio ahora tiene muchas preguntas, y parece que la solución está en un video que debo mostrarte.

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    #misterio #sueños #relatos #sustenso #loquelindadesea

  41. «—Por favor, tomen asiento, gracias, empezaremos en unos minutos —enunció a través de la megafonía la doctora Anne Striker.

    Haciendo juego con las bolsas oscuras bajo los ojos, la voz de la doctora denotaba cansancio antes incluso de iniciar la charla. A pesar de solicitar el asiento, ella permanecía en pie oteando un horizonte más amplio de lo que estaba acostumbrada. El estadio olímpico se llenaba lentamente, a medida que el selecto público caminaba hacia asientos etiquetados con sus títulos y nombres. La labor de control de accesos y logística interna estaba siendo una pesadilla, pero gracias a la profesionalidad del personal y su diligencia no se estaban reportando problemas de calado...»

    Mi primer relato de 2026 de más de 3000 palabras, ficción especulativa.

    #relatos

    publish.obsidian.md/euklidiada

  42. «—Por favor, tomen asiento, gracias, empezaremos en unos minutos —enunció a través de la megafonía la doctora Anne Striker.

    Haciendo juego con las bolsas oscuras bajo los ojos, la voz de la doctora denotaba cansancio antes incluso de iniciar la charla. A pesar de solicitar el asiento, ella permanecía en pie oteando un horizonte más amplio de lo que estaba acostumbrada. El estadio olímpico se llenaba lentamente, a medida que el selecto público caminaba hacia asientos etiquetados con sus títulos y nombres. La labor de control de accesos y logística interna estaba siendo una pesadilla, pero gracias a la profesionalidad del personal y su diligencia no se estaban reportando problemas de calado...»

    Mi primer relato de 2026 de más de 3000 palabras, ficción especulativa.

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  43. «—Por favor, tomen asiento, gracias, empezaremos en unos minutos —enunció a través de la megafonía la doctora Anne Striker.

    Haciendo juego con las bolsas oscuras bajo los ojos, la voz de la doctora denotaba cansancio antes incluso de iniciar la charla. A pesar de solicitar el asiento, ella permanecía en pie oteando un horizonte más amplio de lo que estaba acostumbrada. El estadio olímpico se llenaba lentamente, a medida que el selecto público caminaba hacia asientos etiquetados con sus títulos y nombres. La labor de control de accesos y logística interna estaba siendo una pesadilla, pero gracias a la profesionalidad del personal y su diligencia no se estaban reportando problemas de calado...»

    Mi primer relato de 2026 de más de 3000 palabras, ficción especulativa.

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    Haciendo juego con las bolsas oscuras bajo los ojos, la voz de la doctora denotaba cansancio antes incluso de iniciar la charla. A pesar de solicitar el asiento, ella permanecía en pie oteando un horizonte más amplio de lo que estaba acostumbrada. El estadio olímpico se llenaba lentamente, a medida que el selecto público caminaba hacia asientos etiquetados con sus títulos y nombres. La labor de control de accesos y logística interna estaba siendo una pesadilla, pero gracias a la profesionalidad del personal y su diligencia no se estaban reportando problemas de calado...»

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    Haciendo juego con las bolsas oscuras bajo los ojos, la voz de la doctora denotaba cansancio antes incluso de iniciar la charla. A pesar de solicitar el asiento, ella permanecía en pie oteando un horizonte más amplio de lo que estaba acostumbrada. El estadio olímpico se llenaba lentamente, a medida que el selecto público caminaba hacia asientos etiquetados con sus títulos y nombres. La labor de control de accesos y logística interna estaba siendo una pesadilla, pero gracias a la profesionalidad del personal y su diligencia no se estaban reportando problemas de calado...»

    Mi primer relato de 2026 de más de 3000 palabras, ficción especulativa.

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  46. Un 9 de agosto muere,
    🖋️ Walter Tevis (San Francisco, 1928 - Nueva York, 1984)
    Destacado escritor estadounidense, que se mueve con mucha soltura en diferentes géneros... Durante un tiempo recordado, sobre todo, gracias al #cine y ultimamente por el merecido éxito alcanzado por la serie para #televisión basada en su novela 📖 📺 Gambito de dama
    Por suerte, ahora vive un gran momento editorial con la recuperación de sus muy recomendables #novelas y con la llegada en 2026 de la 1ª edición en español de todos sus #relatos en 📖 El rey ha muerto, libro publicado por la Editorial Impedimenta
    #LiteraturaEstadounidense #CulturaPopular #EscritoresRecomendados

  47. Un 9 de agosto muere,
    🖋️ Walter Tevis (San Francisco, 1928 - Nueva York, 1984)
    Destacado escritor estadounidense, que se mueve con mucha soltura en diferentes géneros... Durante un tiempo recordado, sobre todo, gracias al #cine y ultimamente por el merecido éxito alcanzado por la serie para #televisión basada en su novela 📖 📺 Gambito de dama
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  48. Un 9 de agosto muere,
    🖋️ Walter Tevis (San Francisco, 1928 - Nueva York, 1984)
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  49. Un 9 de agosto muere,
    🖋️ Walter Tevis (San Francisco, 1928 - Nueva York, 1984)
    Destacado escritor estadounidense, que se mueve con mucha soltura en diferentes géneros... Durante un tiempo recordado, sobre todo, gracias al #cine y ultimamente por el merecido éxito alcanzado por la serie para #televisión basada en su novela 📖 📺 Gambito de dama
    Por suerte, ahora vive un gran momento editorial con la recuperación de sus muy recomendables #novelas y con la llegada en 2026 de la 1ª edición en español de todos sus #relatos en 📖 El rey ha muerto, libro publicado por la Editorial Impedimenta
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  50. Un 9 de agosto muere,
    🖋️ Walter Tevis (San Francisco, 1928 - Nueva York, 1984)
    Destacado escritor estadounidense, que se mueve con mucha soltura en diferentes géneros... Durante un tiempo recordado, sobre todo, gracias al #cine y ultimamente por el merecido éxito alcanzado por la serie para #televisión basada en su novela 📖 📺 Gambito de dama
    Por suerte, ahora vive un gran momento editorial con la recuperación de sus muy recomendables #novelas y con la llegada en 2026 de la 1ª edición en español de todos sus #relatos en 📖 El rey ha muerto, libro publicado por la Editorial Impedimenta
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  51. Simplemente, el silencio no era una característica de aquel edificio. Las tablas del suelo, a veces hasta las de las paredes, crujían al más ligero paso o movimiento, incluso emitían dolorosos restallidos cuando alguien se giraba en su cama, acompañados por quejumbrosos chirridos de los viejos somieres. Las barandillas de madera también chasqueaban ante el paso de las horas, como si de un macabro reloj arbóreo muerto se tratase, desperezándose con espasmos a horas irregulares en función de cómo las abandonara el frío o el calor. A aquellos ruidos se sumaban ocasionales silbidos bajo las puertas cerradas y junto a las ventanas entreabiertas, producidos por corrientes de aire que trataban de escapar o entrar a las estancias, cada puerta o ventana convertida en una armónica cuya respiración helaba el aire incluso en pleno verano, y a los que los golpeteos de los goznes se sumaban para aportar el siniestro toque metálico.

    publish.obsidian.md/euklidiada

    #relatos

  52. Simplemente, el silencio no era una característica de aquel edificio. Las tablas del suelo, a veces hasta las de las paredes, crujían al más ligero paso o movimiento, incluso emitían dolorosos restallidos cuando alguien se giraba en su cama, acompañados por quejumbrosos chirridos de los viejos somieres. Las barandillas de madera también chasqueaban ante el paso de las horas, como si de un macabro reloj arbóreo muerto se tratase, desperezándose con espasmos a horas irregulares en función de cómo las abandonara el frío o el calor. A aquellos ruidos se sumaban ocasionales silbidos bajo las puertas cerradas y junto a las ventanas entreabiertas, producidos por corrientes de aire que trataban de escapar o entrar a las estancias, cada puerta o ventana convertida en una armónica cuya respiración helaba el aire incluso en pleno verano, y a los que los golpeteos de los goznes se sumaban para aportar el siniestro toque metálico.

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  53. Simplemente, el silencio no era una característica de aquel edificio. Las tablas del suelo, a veces hasta las de las paredes, crujían al más ligero paso o movimiento, incluso emitían dolorosos restallidos cuando alguien se giraba en su cama, acompañados por quejumbrosos chirridos de los viejos somieres. Las barandillas de madera también chasqueaban ante el paso de las horas, como si de un macabro reloj arbóreo muerto se tratase, desperezándose con espasmos a horas irregulares en función de cómo las abandonara el frío o el calor. A aquellos ruidos se sumaban ocasionales silbidos bajo las puertas cerradas y junto a las ventanas entreabiertas, producidos por corrientes de aire que trataban de escapar o entrar a las estancias, cada puerta o ventana convertida en una armónica cuya respiración helaba el aire incluso en pleno verano, y a los que los golpeteos de los goznes se sumaban para aportar el siniestro toque metálico.

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  54. Simplemente, el silencio no era una característica de aquel edificio. Las tablas del suelo, a veces hasta las de las paredes, crujían al más ligero paso o movimiento, incluso emitían dolorosos restallidos cuando alguien se giraba en su cama, acompañados por quejumbrosos chirridos de los viejos somieres. Las barandillas de madera también chasqueaban ante el paso de las horas, como si de un macabro reloj arbóreo muerto se tratase, desperezándose con espasmos a horas irregulares en función de cómo las abandonara el frío o el calor. A aquellos ruidos se sumaban ocasionales silbidos bajo las puertas cerradas y junto a las ventanas entreabiertas, producidos por corrientes de aire que trataban de escapar o entrar a las estancias, cada puerta o ventana convertida en una armónica cuya respiración helaba el aire incluso en pleno verano, y a los que los golpeteos de los goznes se sumaban para aportar el siniestro toque metálico.

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  55. Simplemente, el silencio no era una característica de aquel edificio. Las tablas del suelo, a veces hasta las de las paredes, crujían al más ligero paso o movimiento, incluso emitían dolorosos restallidos cuando alguien se giraba en su cama, acompañados por quejumbrosos chirridos de los viejos somieres. Las barandillas de madera también chasqueaban ante el paso de las horas, como si de un macabro reloj arbóreo muerto se tratase, desperezándose con espasmos a horas irregulares en función de cómo las abandonara el frío o el calor. A aquellos ruidos se sumaban ocasionales silbidos bajo las puertas cerradas y junto a las ventanas entreabiertas, producidos por corrientes de aire que trataban de escapar o entrar a las estancias, cada puerta o ventana convertida en una armónica cuya respiración helaba el aire incluso en pleno verano, y a los que los golpeteos de los goznes se sumaban para aportar el siniestro toque metálico.

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    #relatos

  56. 📚 Último libro leído: #PinceladasDeColorRojoSangreYOtrasHistorias de Cristian Blanco @cblancowriter
    Trece historias de terror de los temas y estilos más variados; gustará tanto a los fans de los autores neoclásicos del género, como a los devoradores de nuevos mitos creepypasta.👌
    ⭐️⭐️⭐️⭐️/5
    .
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    #libros #terror #horror #books #creepypasta #lecturas #lectores #literatura #literaverso #booktodon #relatos #historias #cuento #cuentos #kindle #amazon

  57. 📚 Último libro leído: #PinceladasDeColorRojoSangreYOtrasHistorias de Cristian Blanco @cblancowriter
    Trece historias de terror de los temas y estilos más variados; gustará tanto a los fans de los autores neoclásicos del género, como a los devoradores de nuevos mitos creepypasta.👌
    ⭐️⭐️⭐️⭐️/5
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