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  1. El séptimo hombre, de Murakami: la ola que se llevó a su amigo y el miedo que tardó treinta años en soltar

    Sigo con la serie que empecé hace unas semanas: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después de la soledad de Tony Takitani, toca uno de los cuentos más inquietantes del libro: «El séptimo hombre».

    Foto: Unsplash

    Un grupo que se cuenta sus miedos

    El relato arranca con un truco sencillo: un grupo de personas reunidas una noche de tormenta se van turnando para contar lo que más miedo les ha dado en la vida. El narrador es el último, el séptimo, y lo que cuenta no es un susto cualquiera. Es algo que le pasó a los diez años y que decidió el resto de su vida, aunque él tardó décadas en entenderlo así.

    La ola, K. y la sonrisa que no debía estar ahí

    Vive en un pueblo costero, en temporada de tifones. Su mejor amigo se llama K., un chico más pequeño y frágil que él, con un don raro para dibujar. Un día de temporal salen juntos a ver el mar embravecido desde la playa, algo que han hecho otras veces sin que pase nada. Pero esa vez llega una ola distinta, mucho más alta que las demás, y el narrador corre hacia las dunas. K. se queda unos segundos de más. Cuando el narrador se gira para gritarle que corra, ve algo que no debería ver: a K. dentro de la ola, envuelto en el agua, mirándolo con una sonrisa. No de miedo. Una sonrisa.

    Esa imagen es la que se le queda grabada, más que la propia desaparición de su amigo. K. no vuelve a aparecer con vida.

    Lo que da miedo no es la ola, es quedarse quieto

    Ahí está lo mejor del cuento. El peligro real duró segundos. Lo que destroza al narrador durante treinta años no es haber estado cerca de morir, es haberse quedado paralizado mirando a su amigo en vez de gritarle antes, de avisarle, de hacer algo. La culpa no es por lo que la ola hizo. Es por lo que él no hizo. Se muda de pueblo, deja de dibujar aunque se le daba bien, evita el mar, evita casarse, evita casi todo lo que implique acercarse demasiado a otra persona. El miedo que cuenta esa noche no es a las olas: es a quedarse quieto otra vez cuando de verdad importe.

    Un dibujo que tarda treinta años en abrirse

    Antes de morir, K. le había regalado un dibujo enrollado, hecho para él. El narrador lo guarda sin mirarlo ni una sola vez durante tres décadas, convencido de que dentro hay algo terrible, quizá su propia cara de pánico, quizá la ola misma. Cuando por fin, ya adulto, vuelve al pueblo y se obliga a desenrollarlo, no hay nada monstruoso. Es solo un paisaje, tranquilo, sin nada que temer. El miedo llevaba treinta años viviendo de lo que él imaginaba, no de lo que había dentro del papel.

    ¿Qué hay dentro de tu dibujo enrollado?

    Murakami no necesita monstruos para esto: le basta una ola, un niño que corre y otro que no llega a tiempo. Y una idea que se sostiene sola: a veces el miedo real no está en lo que pasó, está en lo que llevamos años sin atrevernos a mirar de frente.

    ¿Hay algo que llevas tiempo evitando mirar de cerca solo por si acaso resulta ser tan terrible como lo imaginas?

    Si quieres seguir la serie de Sauce ciego, mujer dormida, aquí tienes los relatos que ya he contado: el hombre que desaparece en una escalera y Tony Takitani.

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  2. /𝙈𝙞𝙘𝙧𝙤𝙧𝙧𝙚𝙡𝙖𝙩𝙤/

    Llevo diez minutos con el corazón en la boca, sin atreverme a mover ni un solo dedo.
    Lo que hay detrás del cristal no es un reflejo, aunque se empeñe en llevar mi maldita sudadera y tenga mi misma cara de cansancio.

    He intentado convencerme de que son las luces o que me estoy volviendo loca por no dormir, pero acabo de soltar el libro a propósito y ella ni se ha inmutado.
    Sigue ahí, con esa mirada fija, pegada al vidrio, observándome como quien mira un bicho en un tarro.
    No parpadea.
    Ni una sola vez.

    Y ahora es cuando me va a dar algo de verdad: ha empezado a empañar el cristal con el aliento.
    Pero el vaho está apareciendo por mi lado.
    El aire caliente está saliendo de su boca, pero la mancha blanca está aquí, en el salón, conmigo.
    Siento el frío del jardín en mis propios pies aunque tenga la manta encima, y ella... ella está empezando a sonreír.
    Es una sonrisa que no me cabe en la cara, demasiado ancha, demasiado llena de dientes.

    Sé que si me giro del todo, el cristal ya no estará ahí.
    Sé que si me levanto, mis pies no van a pisar la alfombra, sino la hierba mojada.
    Me está robando la temperatura, me está robando el sitio.
    Y lo peor de todo es que, por mucho que quiera gritar, mi garganta está tan seca que solo sale un silbido.
    Ella ya tiene mi voz.
    Solo le falta mi cuerpo para terminar de entrar.

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    #terror #miedo #doppelganger #suspense #relatos #pesadilla #realidad

  3. /𝙈𝙞𝙘𝙧𝙤𝙧𝙧𝙚𝙡𝙖𝙩𝙤/

    Marcos quería algo "con fuerza", algo que impusiera.
    Cuando salió del estudio con aquel demonio de ojos vacíos ocupándole toda la espalda, se sentía poderoso.
    "Es solo tinta, Rosa, no seas antigua", le decía a su mujer mientras ella se santiguaba al ver esa mirada de hollín que parecía seguirla por el pasillo.

    Pero la tinta no tardó en cobrar intereses.

    Empezó con el frío.
    Un frío seco, de cripta, que se instalaba en el dormitorio aunque fuera agosto.
    Luego vinieron los susurros.
    Rosa juraba que, cuando Marcos dormía, la piel de su espalda siseaba.
    Una noche, lo vio.
    Bajo la luz tenue de la mesilla, los músculos de Marcos se retorcían, pero no por una pesadilla.
    El tatuaje se movía.
    Las garras del dibujo se hundían en la carne real, abriendo surcos que supuraban un líquido negro y denso.

    Marcos cambió.
    Se volvió huraño, violento, con unos ojos que ya no eran los suyos, sino los de la bestia que cargaba.
    Una noche, Rosa despertó sintiendo un peso muerto sobre ella.
    No era su marido.
    Era una sombra con escamas de tinta que se despegaba de la columna de Marcos, materializándose en la oscuridad.

    —Solo es un dibujo —balbuceó ella, con el aire escapándose de sus pulmones.

    Pero el dibujo sonrió.
    Y en esa sonrisa, Rosa comprendió que el tatuador no había usado agujas, sino un puente.
    Marcos no llevaba una imagen; era el estuche de algo que llevaba siglos esperando una invitación.
    Ahora, en esa casa, ya no vive un matrimonio.
    Vive una cosa que se alimenta de los gritos de una mujer que ya no puede huir, porque la puerta que abrieron no tiene cerradura por dentro.

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    #terror #relatos #misterio #tatuajes #miedo #paranormal #cuentosdeterror

  4. 𝐋𝐞𝐲𝐞𝐧𝐝𝐚𝐬, 𝐏𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐞 𝐇𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐞𝐧 𝐏𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐚 𝐏𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚
    ✵𝒀𝒐, 𝑪𝒍𝒆𝒐𝒑𝒂𝒕𝒓𝒂 𝑭𝒊𝒍𝒐𝒑𝒂́𝒕𝒐𝒓 𝑵𝒆𝒂 𝑻𝒉𝒆𝒂✵

    𓂀

    Nací entre columnas griegas
    y susurros egipcios.
    Mi sangre venía de Macedonia,
    pero mi alma pertenecía al Nilo.

    Hablé ocho lenguas
    para entender el mundo,
    y aun así, el mundo
    prefirió reducirme a mis labios.
    No sabían que tras mi mirada
    vivían mil estrategias,
    ni que cada sonrisa mía
    era una frontera negociada.

    Fui reina de un trono que ardía,
    hija de un linaje que olvidó su raíz.
    Aprendí medicina, astronomía, política.
    Fui voz y fue escándalo.
    Una mujer que pensaba demasiado
    siempre lo es.

    A César lo amé por inteligencia,
    porque en él vi la audacia que yo llevaba dentro.
    A Marco Antonio,
    por la furia y la ternura de saberse perdido.
    Amé como se gobierna:
    entre la pasión y el cálculo.

    Me acusaron de seducir,
    como si mi mente no bastara.
    Pero yo seduje con ideas,
    con idiomas, con cultura.
    Mis amantes fueron alianzas,
    mi cuerpo, una bandera.

    Y cuando Roma me quiso arrodillada,
    decidí morir de pie,
    como se mueren los imperios:
    con belleza y veneno.

    No busqué la eternidad,
    solo ser comprendida.
    Pero el tiempo me dio más que eso:
    me convirtió en símbolo.

    Dicen que fui mito.
    Yo digo que fui mujer.
    Y eso, en mi tiempo,
    fue la mayor revolución.
    𓂀

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  5. XI Certamen de Microcuentos ✍️📖 Vallecas Calle del Libro 2025

    El colectivo Vallecas Todo Cultura convoca a todos los escritores a participar en su XI Certamen de Microrrelatos dentro de las actividades de Vallecas Calle del Libro 2025.

    Los microrrelatos serán de tema libre y con una extensión máxima de 200 palabras. Podrán participar escritores de cualquier nacionalidad, mayores de 18 años y que residan en España.

    El premio consistirá en un diploma, un vale de la Librería Muga de 50 euros para canjear por libros (elegidos por la/el ganador/a) y para los finalistas un diploma y un lote de libros.

    Para conocer todos los detalles y las bases de participación del certamen, os invitamos a leer la noticia completa en nuestra web pulsando en el siguiente enlace.

    portalvallecas.es/xi-certamen-

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