La física cuántica nos fascina y, a la vez, nos desafía y desconcierta. Nos desconcierta porque es contraria a la intuición que desarrollamos a partir de nuestra interacción con el mundo físico.
Pero no sólo nos desconcierta al común de los mortales, sino que también desconcertaba a los grandes genios que la desarrollaron, a los que costaba asumir algunas de las conclusiones a las que ellos mismos llegaban.
Porque la ciencia se creó sobre la base de la existencia de una realidad objetiva, un mundo material común para todos, lo que permitía que distintos científicos pudieran repetir los mismos experimentos y obtener los mismos resultados. De esta forma podían validarse teorías y modelos.
Pero la física cuántica cuestiona, incluso, la existencia de esa realidad objetiva.
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