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#divulgacioncientifica — Public Fediverse posts

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  1. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  2. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  3. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  4. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  5. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  6. Pikachu pasó 67 días flotando en la ISS para divulgar cómo funciona la microgravedad y la vida a bordo (agua reciclada, capilaridad, ebullición). aidoo.news/noticia/WM3ON0

    #Espacio #Microgravedad #ESA #DivulgacionCientifica #ExploracionEspacial