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#divulgacioncientifica — Public Fediverse posts

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  1. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  2. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  3. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  4. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  5. Leo sobre el universo por la misma razón por la que leo cuentos: el misterio

    Primer campo profundo del telescopio James Webb. Foto: NASA, ESA, CSA y STScI (dominio público)

    En agosto escribí que en septiembre volvería a las reseñas y a la literatura, y lo he cumplido. Pero lo otro no se ha ido a ninguna parte, así que hoy vuelvo un rato a ello.

    Llevo meses leyendo sobre el universo, y me he dado cuenta de una cosa que al principio me pareció una casualidad y ya no me lo parece: leo divulgación científica por la misma razón por la que leo cuentos. No por aprender, no por cultura general. Por el misterio.

    Lo que engancha no es lo que se explica

    Piénsalo con los números. Toda la materia que conocemos, la de las estrellas, los planetas, las galaxias que salen en la foto de arriba y nosotros mismos, es alrededor de un cinco por ciento de lo que hay. El resto, ese noventa y cinco por ciento largo, es materia y energía oscuras. Y oscura significa exactamente lo que parece: sabemos que está ahí porque tira de las cosas, pero no sabemos qué es.

    O sea que llevamos siglos construyendo telescopios cada vez mejores para descubrir que casi todo lo que existe sigue sin tener nombre.

    A mucha gente eso le resulta frustrante. A mí me parece lo más interesante que he leído nunca. Y cuando me paré a pensar por qué, me di cuenta de que es lo mismo que me pasa con los relatos que comento aquí.

    Lo que no se dice, lo que no se ve

    En un cuento de Raymond Carver nunca pasa lo importante delante de ti. Un matrimonio habla de un tapón de cera en un oído, y por debajo está todo lo que llevan quince años sin decirse. Lo que sostiene el relato es lo que falta, la parte que Carver decidió no escribir.

    En Murakami pasa algo parecido por otro camino. Un hombre desaparece entre dos plantas de una escalera y nadie explica jamás adónde fue. Si lo explicara, el relato se vendría abajo.

    Y en el universo el mecanismo es idéntico. Lo que nos tiene mirando hacia arriba no es lo que ya sabemos, es la parte que se resiste.

    Los tres funcionan igual: un hueco lo bastante grande para que quepas tú dentro. El lector rellena el silencio de Carver, el que mira el cielo rellena la materia oscura. En los dos casos la gracia está en que no te den la respuesta.

    Campo ultraprofundo del Hubble: casi cada punto de luz es una galaxia entera. Foto: NASA y ESA (dominio público)

    La diferencia, que también la hay

    No quiero vender que sean lo mismo, porque no lo son, y la diferencia es lo más interesante.

    El hueco de Carver está puesto ahí a propósito. Es una decisión de escritor: sabe lo que no va a contar y calcula el efecto. El silencio está diseñado.

    El hueco del universo no lo ha puesto nadie. Está ahí porque todavía no llegamos. Nadie decidió que la materia oscura fuera un misterio, simplemente lo es de momento, y algún día dejará de serlo.

    Uno es un silencio construido y el otro es una ignorancia temporal. Y sin embargo producen la misma sensación al leerlos, que es lo que a mí me sigue pareciendo raro y bonito.

    Por qué escribo esto en un blog de libros

    Porque he acabado convencido de que leer ciencia me ha hecho leer mejor literatura.

    Antes, cuando terminaba un relato sin final claro, me quedaba con la sensación de que le faltaba algo. Ahora entiendo que estaba pidiéndole al cuento lo que tampoco le pido al cielo. Nadie cierra un libro de cosmología quejándose de que no expliquen qué es el noventa y cinco por ciento del universo. Se acepta que hay cosas que se miran sin resolverse.

    Los buenos cuentos hacen exactamente eso, solo que en pequeño y con gente dentro.

    Y ahora os pregunto a vosotros: ¿leéis cosas que no tienen nada que ver con lo que soléis leer? ¿Os ha cambiado alguna la forma de leer lo demás? Contádmelo en los comentarios, que estas conversaciones son las que más me gustan de tener un blog.

    Si os gustan estas mezclas, escribo también en mi Substack, donde voy dejando notas de lo que leo y de lo que se me ocurre entre entrada y entrada. Y para no perderos las próximas, podéis suscribiros al blog aquí abajo.

    #astronomia #booklovers #bookreview #bookstodon #ciencia #cosmologia #divulgacioncientifica #lectura #leer #libros #Literatura #Murakami #raymondcarver #universo
  6. Pikachu pasó 67 días flotando en la ISS para divulgar cómo funciona la microgravedad y la vida a bordo (agua reciclada, capilaridad, ebullición). aidoo.news/noticia/WM3ON0

    #Espacio #Microgravedad #ESA #DivulgacionCientifica #ExploracionEspacial

  7. Premio Universitario de Divulgación 2026 ofrece $50 mil por categoría; convocatoria cierra el 2 de octubre

    La UNAM, IPN, UAM y Tec de Monterrey convocan al Premio Universitario de Divulgación 2026, con tres categorías y premios de 50 mil pesos. La inscripción permanece abierta hasta el 2 de octubre.

    Por Gabriela Díaz | Reportera                                           

    La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) convocan a la primera edición del Premio Universitario de Divulgación 2026, que otorgará un premio de 50 mil pesos al primer lugar de cada una de sus tres categorías.

    La convocatoria está dirigida a personas con ciudadanía mexicana que hayan realizado actividades de divulgación científica, tecnológica o humanística de manera individual o grupal. El registro permanecerá abierto hasta el viernes 2 de octubre de 2026.

    El concurso busca reconocer trabajos que acerquen a la sociedad el conocimiento de las ciencias, las ingenierías y las humanidades mediante formatos como artículos, reportajes, libros, conferencias, cursos, experimentos, talleres, cápsulas de audio o video, pódcast, infografías, programas de radio y televisión, así como proyectos de realidad virtual o aumentada.

    Tres categorías para participar

    El Premio Universitario de Divulgación 2026 contempla las categorías Jóvenes, Grupos de Atención Prioritaria y General.

    La categoría Jóvenes está dirigida a personas de entre 15 y 25 años que hayan desarrollado actividades de divulgación para la ciudadanía mexicana.

    En Grupos de Atención Prioritaria pueden participar personas mayores de edad que hayan realizado divulgación dirigida a sectores considerados dentro de esta clasificación, entre ellos personas migrantes, personas con discapacidad, pueblos y comunidades indígenas, personas privadas de su libertad, personas afromexicanas y adultas mayores.

    La categoría General está abierta a personas mayores de edad que hayan desarrollado actividades de divulgación dirigidas a la ciudadanía mexicana. Las postulaciones pueden presentarse de manera individual o grupal.

    ¿Cuánto dinero entrega el premio?

    Cada categoría tendrá un único primer lugar, con un premio de 50 mil pesos entregado mediante cheque. Por lo tanto, la convocatoria contempla tres premios económicos, uno por cada categoría.

    Además del reconocimiento económico, las instituciones organizadoras prevén dar visibilidad al trabajo de las personas ganadoras durante 2027 mediante espacios de divulgación en actividades de la UNAM, IPN, UAM y Tec de Monterrey, así como en otros foros de alcance local, estatal y nacional.

    ¿Qué requisitos deben cumplir los participantes?

    Uno de los requisitos centrales es haber realizado divulgación en México de manera continua y comprobable durante al menos tres años, de forma pública y gratuita. También se establece que las personas participantes deben tener ciudadanía mexicana y no haber recibido previamente un premio o galardón nacional o internacional en divulgación o una actividad similar.

    La inscripción requiere llenar el Formato Único de Inscripción y presentar, entre otros documentos, una carta de motivos, un video de postulación de hasta tres minutos, evidencias fotográficas y documentales de hasta 20 actividades, así como un listado de esas actividades con información sobre lugar, fecha, objetivo y número de personas impactadas.

    También se solicitan cartas de apoyo a la postulación, una carta de veracidad de la documentación y, cuando corresponda, documentos adicionales para participantes menores de edad. Los enlaces digitales utilizados como evidencia deberán permanecer activos durante el periodo de la convocatoria.

    Evaluación y fechas del concurso

    El jurado evaluará aspectos como la calidad, impacto, originalidad, trayectoria, incidencia social, pertinencia e innovación de las actividades, prácticas y materiales presentados.

    Después de revisar las solicitudes, podrá integrar una lista corta de hasta siete personas por categoría y realizar entrevistas virtuales. Los resultados están programados para publicarse el 19 de noviembre de 2026, mientras que la ceremonia de premiación está prevista para el 3 de diciembre en instalaciones del IPN en Zacatenco, Cdmx. –sn–

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