#francisdrake — Public Fediverse posts
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:stargif: 𝑷𝒊𝒓𝒂𝒕𝒂𝒔: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒂𝒕𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒓𝒆𝒂𝒍 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒓𝒄𝒂 :stargif:
Cuando pensamos en piratas vemos parches, loros y cofres rebosantes.
Esa imagen nace sobre todo de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, no del Caribe del siglo XVII.
La realidad fue más áspera y política.Piratas y corsarios formaron parte del engranaje de un mundo en expansión.
El corsario actuaba con patente firmada por su rey; el pirata, sin bandera legal.
Pero la línea era fina.
Para Inglaterra, Francis Drake fue un héroe; para España, un criminal.
Lo mismo ocurrió con Henry Morgan, que saqueó Panamá y terminó siendo gobernador de Jamaica.
En el tablero caribeño chocaban España, Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas.
La violencia era herramienta de Estado.Los bucaneros surgieron en La Española como cazadores que ahumaban carne en el “boucan”. Expulsados por autoridades españolas, se lanzaron al mar.
Los filibusteros —del neerlandés vrijbuiter— operaban en costas y ciudades, a menudo bajo legalidad ambigua.
Era un capitalismo feroz flotando sobre rutas de plata y azúcar.La llamada Edad de Oro de la Piratería (aprox. 1650-1730) produjo figuras como Barbanegra, temido por su teatralidad, y mujeres como Mary Read y Anne Bonny, que desafiaron un mundo brutal y masculino.
Paradójicamente, muchos barcos piratas funcionaban con reglas internas avanzadas.
Antes de zarpar firmaban los “Articles”, un código contractual.
Elegían capitán por voto y podían destituirlo.
El contramaestre actuaba como contrapeso del poder.
El botín se repartía con relativa equidad: el capitán cobraba apenas dos o tres partes frente a la única parte del marinero.
Existían indemnizaciones por heridas: perder un brazo o una pierna tenía compensación fijada.
En contraste con las armadas reales, la brecha era mínima.
Democracia práctica en un mundo de monarquías absolutas.La vida diaria, sin embargo, estaba lejos del mito.
La dieta era una lucha contra el tiempo. El hardtack —galleta de mar— era un bloque infestado de gorgojos que se remojaba para poder morderlo.
La carne en salazón adquiría tonos sospechosos.
El escorbuto, por falta de vitamina C, hinchaba encías y abría heridas antiguas.
El agua se corrompía y se mezclaba con ron para hacer grog.
El mantenimiento del barco era constante: calafatear grietas, remendar velas, limpiar cubierta.
El sueño llegaba en hamacas apretadas.
La higiene era casi inexistente.En combate, el cirujano —a menudo barbero o cocinero— serraba miembros sin anestesia real, cauterizando con hierro al rojo.
La infección mataba más que el sable.
Los museos navales británicos conservan kits quirúrgicos que hoy resultan inquietantes.La justicia interna era fría.
Las disputas estaban prohibidas a bordo; debían resolverse en tierra mediante duelo.
El castigo habitual para la traición era el maronaje: abandono en una isla con una pistola y escasa pólvora.
Caminar por la tabla pertenece más a la ficción que a la práctica documentada.
El robo entre compañeros se castigaba con mutilaciones o expulsión: la lealtad económica era sagrada porque garantizaba la supervivencia colectiva.Tampoco todo era combate naval espectacular.
Muchas capturas se lograban por intimidación: izar la bandera negra —o roja, señal de “sin cuartel”— bastaba para que un mercante se rindiera sin disparar.
El terror era una estrategia racional que evitaba daños en el propio barco, el activo más valioso.El final llegó cuando dejaron de ser útiles.
Con tratados de paz y armadas fortalecidas, potencias como Inglaterra decidieron limpiar el Caribe.
Gobernadores como Woodes Rogers recibieron el encargo de erradicar a quienes antes habían servido a la corona.
Muchos aceptaron indultos; otros acabaron en la horca, exhibidos en jaulas como advertencia.El mito sobrevivió porque necesitábamos romanticismo donde hubo violencia y comercio global en gestación.
Y, como ocurre siempre, la piratería no desapareció: cambia de escenario.
Hoy puede surgir frente a Somalia o en forma de ransomware.
El objetivo sigue siendo el mismo: interceptar la riqueza en tránsito.Bajo la bandera negra no había libertad romántica, sino supervivencia, ambición y oportunidad.
Esa es la verdad incómoda. 🏴☠️▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #piratas #edadmoderna #caribe #corsarios #bucaneros #filibusteros #barbanegra #francisdrake #henrymorgan
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:stargif: 𝑷𝒊𝒓𝒂𝒕𝒂𝒔: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒂𝒕𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒓𝒆𝒂𝒍 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒓𝒄𝒂 :stargif:
Cuando pensamos en piratas vemos parches, loros y cofres rebosantes.
Esa imagen nace sobre todo de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, no del Caribe del siglo XVII.
La realidad fue más áspera y política.Piratas y corsarios formaron parte del engranaje de un mundo en expansión.
El corsario actuaba con patente firmada por su rey; el pirata, sin bandera legal.
Pero la línea era fina.
Para Inglaterra, Francis Drake fue un héroe; para España, un criminal.
Lo mismo ocurrió con Henry Morgan, que saqueó Panamá y terminó siendo gobernador de Jamaica.
En el tablero caribeño chocaban España, Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas.
La violencia era herramienta de Estado.Los bucaneros surgieron en La Española como cazadores que ahumaban carne en el “boucan”. Expulsados por autoridades españolas, se lanzaron al mar.
Los filibusteros —del neerlandés vrijbuiter— operaban en costas y ciudades, a menudo bajo legalidad ambigua.
Era un capitalismo feroz flotando sobre rutas de plata y azúcar.La llamada Edad de Oro de la Piratería (aprox. 1650-1730) produjo figuras como Barbanegra, temido por su teatralidad, y mujeres como Mary Read y Anne Bonny, que desafiaron un mundo brutal y masculino.
Paradójicamente, muchos barcos piratas funcionaban con reglas internas avanzadas.
Antes de zarpar firmaban los “Articles”, un código contractual.
Elegían capitán por voto y podían destituirlo.
El contramaestre actuaba como contrapeso del poder.
El botín se repartía con relativa equidad: el capitán cobraba apenas dos o tres partes frente a la única parte del marinero.
Existían indemnizaciones por heridas: perder un brazo o una pierna tenía compensación fijada.
En contraste con las armadas reales, la brecha era mínima.
Democracia práctica en un mundo de monarquías absolutas.La vida diaria, sin embargo, estaba lejos del mito.
La dieta era una lucha contra el tiempo. El hardtack —galleta de mar— era un bloque infestado de gorgojos que se remojaba para poder morderlo.
La carne en salazón adquiría tonos sospechosos.
El escorbuto, por falta de vitamina C, hinchaba encías y abría heridas antiguas.
El agua se corrompía y se mezclaba con ron para hacer grog.
El mantenimiento del barco era constante: calafatear grietas, remendar velas, limpiar cubierta.
El sueño llegaba en hamacas apretadas.
La higiene era casi inexistente.En combate, el cirujano —a menudo barbero o cocinero— serraba miembros sin anestesia real, cauterizando con hierro al rojo.
La infección mataba más que el sable.
Los museos navales británicos conservan kits quirúrgicos que hoy resultan inquietantes.La justicia interna era fría.
Las disputas estaban prohibidas a bordo; debían resolverse en tierra mediante duelo.
El castigo habitual para la traición era el maronaje: abandono en una isla con una pistola y escasa pólvora.
Caminar por la tabla pertenece más a la ficción que a la práctica documentada.
El robo entre compañeros se castigaba con mutilaciones o expulsión: la lealtad económica era sagrada porque garantizaba la supervivencia colectiva.Tampoco todo era combate naval espectacular.
Muchas capturas se lograban por intimidación: izar la bandera negra —o roja, señal de “sin cuartel”— bastaba para que un mercante se rindiera sin disparar.
El terror era una estrategia racional que evitaba daños en el propio barco, el activo más valioso.El final llegó cuando dejaron de ser útiles.
Con tratados de paz y armadas fortalecidas, potencias como Inglaterra decidieron limpiar el Caribe.
Gobernadores como Woodes Rogers recibieron el encargo de erradicar a quienes antes habían servido a la corona.
Muchos aceptaron indultos; otros acabaron en la horca, exhibidos en jaulas como advertencia.El mito sobrevivió porque necesitábamos romanticismo donde hubo violencia y comercio global en gestación.
Y, como ocurre siempre, la piratería no desapareció: cambia de escenario.
Hoy puede surgir frente a Somalia o en forma de ransomware.
El objetivo sigue siendo el mismo: interceptar la riqueza en tránsito.Bajo la bandera negra no había libertad romántica, sino supervivencia, ambición y oportunidad.
Esa es la verdad incómoda. 🏴☠️▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #piratas #edadmoderna #caribe #corsarios #bucaneros #filibusteros #barbanegra #francisdrake #henrymorgan
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:stargif: 𝑷𝒊𝒓𝒂𝒕𝒂𝒔: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒂𝒕𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒓𝒆𝒂𝒍 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒓𝒄𝒂 :stargif:
Cuando pensamos en piratas vemos parches, loros y cofres rebosantes.
Esa imagen nace sobre todo de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, no del Caribe del siglo XVII.
La realidad fue más áspera y política.Piratas y corsarios formaron parte del engranaje de un mundo en expansión.
El corsario actuaba con patente firmada por su rey; el pirata, sin bandera legal.
Pero la línea era fina.
Para Inglaterra, Francis Drake fue un héroe; para España, un criminal.
Lo mismo ocurrió con Henry Morgan, que saqueó Panamá y terminó siendo gobernador de Jamaica.
En el tablero caribeño chocaban España, Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas.
La violencia era herramienta de Estado.Los bucaneros surgieron en La Española como cazadores que ahumaban carne en el “boucan”. Expulsados por autoridades españolas, se lanzaron al mar.
Los filibusteros —del neerlandés vrijbuiter— operaban en costas y ciudades, a menudo bajo legalidad ambigua.
Era un capitalismo feroz flotando sobre rutas de plata y azúcar.La llamada Edad de Oro de la Piratería (aprox. 1650-1730) produjo figuras como Barbanegra, temido por su teatralidad, y mujeres como Mary Read y Anne Bonny, que desafiaron un mundo brutal y masculino.
Paradójicamente, muchos barcos piratas funcionaban con reglas internas avanzadas.
Antes de zarpar firmaban los “Articles”, un código contractual.
Elegían capitán por voto y podían destituirlo.
El contramaestre actuaba como contrapeso del poder.
El botín se repartía con relativa equidad: el capitán cobraba apenas dos o tres partes frente a la única parte del marinero.
Existían indemnizaciones por heridas: perder un brazo o una pierna tenía compensación fijada.
En contraste con las armadas reales, la brecha era mínima.
Democracia práctica en un mundo de monarquías absolutas.La vida diaria, sin embargo, estaba lejos del mito.
La dieta era una lucha contra el tiempo. El hardtack —galleta de mar— era un bloque infestado de gorgojos que se remojaba para poder morderlo.
La carne en salazón adquiría tonos sospechosos.
El escorbuto, por falta de vitamina C, hinchaba encías y abría heridas antiguas.
El agua se corrompía y se mezclaba con ron para hacer grog.
El mantenimiento del barco era constante: calafatear grietas, remendar velas, limpiar cubierta.
El sueño llegaba en hamacas apretadas.
La higiene era casi inexistente.En combate, el cirujano —a menudo barbero o cocinero— serraba miembros sin anestesia real, cauterizando con hierro al rojo.
La infección mataba más que el sable.
Los museos navales británicos conservan kits quirúrgicos que hoy resultan inquietantes.La justicia interna era fría.
Las disputas estaban prohibidas a bordo; debían resolverse en tierra mediante duelo.
El castigo habitual para la traición era el maronaje: abandono en una isla con una pistola y escasa pólvora.
Caminar por la tabla pertenece más a la ficción que a la práctica documentada.
El robo entre compañeros se castigaba con mutilaciones o expulsión: la lealtad económica era sagrada porque garantizaba la supervivencia colectiva.Tampoco todo era combate naval espectacular.
Muchas capturas se lograban por intimidación: izar la bandera negra —o roja, señal de “sin cuartel”— bastaba para que un mercante se rindiera sin disparar.
El terror era una estrategia racional que evitaba daños en el propio barco, el activo más valioso.El final llegó cuando dejaron de ser útiles.
Con tratados de paz y armadas fortalecidas, potencias como Inglaterra decidieron limpiar el Caribe.
Gobernadores como Woodes Rogers recibieron el encargo de erradicar a quienes antes habían servido a la corona.
Muchos aceptaron indultos; otros acabaron en la horca, exhibidos en jaulas como advertencia.El mito sobrevivió porque necesitábamos romanticismo donde hubo violencia y comercio global en gestación.
Y, como ocurre siempre, la piratería no desapareció: cambia de escenario.
Hoy puede surgir frente a Somalia o en forma de ransomware.
El objetivo sigue siendo el mismo: interceptar la riqueza en tránsito.Bajo la bandera negra no había libertad romántica, sino supervivencia, ambición y oportunidad.
Esa es la verdad incómoda. 🏴☠️▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #piratas #edadmoderna #caribe #corsarios #bucaneros #filibusteros #barbanegra #francisdrake #henrymorgan
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:stargif: 𝑷𝒊𝒓𝒂𝒕𝒂𝒔: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒂𝒕𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒓𝒆𝒂𝒍 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒓𝒄𝒂 :stargif:
Cuando pensamos en piratas vemos parches, loros y cofres rebosantes.
Esa imagen nace sobre todo de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, no del Caribe del siglo XVII.
La realidad fue más áspera y política.Piratas y corsarios formaron parte del engranaje de un mundo en expansión.
El corsario actuaba con patente firmada por su rey; el pirata, sin bandera legal.
Pero la línea era fina.
Para Inglaterra, Francis Drake fue un héroe; para España, un criminal.
Lo mismo ocurrió con Henry Morgan, que saqueó Panamá y terminó siendo gobernador de Jamaica.
En el tablero caribeño chocaban España, Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas.
La violencia era herramienta de Estado.Los bucaneros surgieron en La Española como cazadores que ahumaban carne en el “boucan”. Expulsados por autoridades españolas, se lanzaron al mar.
Los filibusteros —del neerlandés vrijbuiter— operaban en costas y ciudades, a menudo bajo legalidad ambigua.
Era un capitalismo feroz flotando sobre rutas de plata y azúcar.La llamada Edad de Oro de la Piratería (aprox. 1650-1730) produjo figuras como Barbanegra, temido por su teatralidad, y mujeres como Mary Read y Anne Bonny, que desafiaron un mundo brutal y masculino.
Paradójicamente, muchos barcos piratas funcionaban con reglas internas avanzadas.
Antes de zarpar firmaban los “Articles”, un código contractual.
Elegían capitán por voto y podían destituirlo.
El contramaestre actuaba como contrapeso del poder.
El botín se repartía con relativa equidad: el capitán cobraba apenas dos o tres partes frente a la única parte del marinero.
Existían indemnizaciones por heridas: perder un brazo o una pierna tenía compensación fijada.
En contraste con las armadas reales, la brecha era mínima.
Democracia práctica en un mundo de monarquías absolutas.La vida diaria, sin embargo, estaba lejos del mito.
La dieta era una lucha contra el tiempo. El hardtack —galleta de mar— era un bloque infestado de gorgojos que se remojaba para poder morderlo.
La carne en salazón adquiría tonos sospechosos.
El escorbuto, por falta de vitamina C, hinchaba encías y abría heridas antiguas.
El agua se corrompía y se mezclaba con ron para hacer grog.
El mantenimiento del barco era constante: calafatear grietas, remendar velas, limpiar cubierta.
El sueño llegaba en hamacas apretadas.
La higiene era casi inexistente.En combate, el cirujano —a menudo barbero o cocinero— serraba miembros sin anestesia real, cauterizando con hierro al rojo.
La infección mataba más que el sable.
Los museos navales británicos conservan kits quirúrgicos que hoy resultan inquietantes.La justicia interna era fría.
Las disputas estaban prohibidas a bordo; debían resolverse en tierra mediante duelo.
El castigo habitual para la traición era el maronaje: abandono en una isla con una pistola y escasa pólvora.
Caminar por la tabla pertenece más a la ficción que a la práctica documentada.
El robo entre compañeros se castigaba con mutilaciones o expulsión: la lealtad económica era sagrada porque garantizaba la supervivencia colectiva.Tampoco todo era combate naval espectacular.
Muchas capturas se lograban por intimidación: izar la bandera negra —o roja, señal de “sin cuartel”— bastaba para que un mercante se rindiera sin disparar.
El terror era una estrategia racional que evitaba daños en el propio barco, el activo más valioso.El final llegó cuando dejaron de ser útiles.
Con tratados de paz y armadas fortalecidas, potencias como Inglaterra decidieron limpiar el Caribe.
Gobernadores como Woodes Rogers recibieron el encargo de erradicar a quienes antes habían servido a la corona.
Muchos aceptaron indultos; otros acabaron en la horca, exhibidos en jaulas como advertencia.El mito sobrevivió porque necesitábamos romanticismo donde hubo violencia y comercio global en gestación.
Y, como ocurre siempre, la piratería no desapareció: cambia de escenario.
Hoy puede surgir frente a Somalia o en forma de ransomware.
El objetivo sigue siendo el mismo: interceptar la riqueza en tránsito.Bajo la bandera negra no había libertad romántica, sino supervivencia, ambición y oportunidad.
Esa es la verdad incómoda. 🏴☠️▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #piratas #edadmoderna #caribe #corsarios #bucaneros #filibusteros #barbanegra #francisdrake #henrymorgan
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Window in a dark hallway at Buckland Abbey
June 2012
#BucklandAbbey #England #Devon #UG #GB #NationalTrust #FrancisDrake #Abbey #Window #Abtei #Fenster #FensterFreitag
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Window in a dark hallway at Buckland Abbey
June 2012
#BucklandAbbey #England #Devon #UG #GB #NationalTrust #FrancisDrake #Abbey #Window #Abtei #Fenster #FensterFreitag
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June 2012
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Window in a dark hallway at Buckland Abbey
June 2012
#BucklandAbbey #England #Devon #UG #GB #NationalTrust #FrancisDrake #Abbey #Window #Abtei #Fenster #FensterFreitag
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Window in a dark hallway at Buckland Abbey
June 2012
#BucklandAbbey #England #Devon #UG #GB #NationalTrust #FrancisDrake #Abbey #Window #Abtei #Fenster #FensterFreitag
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@MoltenSulfur Fascinating! Two thoughts:
1. I would love to read more on this topic but I'm bad at reading history. Do you know any good fiction that deals with this topic/era? E.g. novelized version of Drake's exploits.
2. Did you read Skerples' post about Trinidade? https://coinsandscrolls.blogspot.com/2025/05/pulp-adventure-location-trindade-martim.html
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Alles Geschichte - Der #History-Podcast: #PIRATEN - #FrancisDrake, Freibeuter und Abenteurer
https://www.br.de/mediathek/podcast/alles-geschichte-history-von-radiowissen/piraten-francis-drake-freibeuter-und-abenteurer/2110115 -
Made a quiz about the routes of famous European explorers (Age of Exploration) 🗺️🧭 geographyquiz.app/quiz/routes-... Not too difficult and hopefully educational 🙂 #Magellan #ChristopherColumbus #FrancisDrake
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The Drake Memorial, Plymouth Hoe, Devon, c.1950 - Modern Portraits RP Postcard
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Drake Statue and Esplanade, Plymouth, Devon, c.1905 - Postcard
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#500 Crispin Gill - Buckland Abbey. Printed by Underhill (Plymouth) Ltd, 1968, 3rd revised edition. #CrispinGill #BucklandAbbey #FrancisDrake #Devon #BookOfTheDay
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Francis Drake’s circumnavigation
Francis Drake set off from Plymouth on 13 December 1577 in the 'Pelican', later renamed the 'Golden Hind'. After three years, he returned with a large bounty of gold, silver, pearls, and precious stones, becoming the first Englishman to circumnavigate the globe. #FrancisDrake #Pelican #GoldenHind #1577 #Circumnavigation #Englishman #Globe #Gold #Silver #Pearls #PreciousStones