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#acropolis — Public Fediverse posts

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  1. Today's Flickr photo with the most hits: the Temple of Athena Nike, Acropolis, Athens.

    #archaeology #athena #temple #acropolis #nike #victory

  2. Today's Flickr photo with the most hits: the Temple of Athena Nike, Acropolis, Athens.

    #archaeology #athena #temple #acropolis #nike #victory

  3. Today's Flickr photo with the most hits: the Temple of Athena Nike, Acropolis, Athens.

    #archaeology #athena #temple #acropolis #nike #victory

  4. Greece’s Must-See Archaeological Sites Before Climate Change Wins

    Climate change threatens Greece’s archaeological sites: Rising seas and extreme weather endanger iconic sites like Delos and the…
    #Climate #ClimateChange #Climate-Change #Acrópolis #archaeology #climatechange #Delos #Evergreen #globalwarming #greece #Weather
    europesays.com/2908462/

  5. I am now in possession of far too many pictures of the for someone who has never been

  6. I am now in possession of far too many pictures of the #Acropolis for someone who has never been

  7. I am now in possession of far too many pictures of the #Acropolis for someone who has never been

  8. I am now in possession of far too many pictures of the #Acropolis for someone who has never been

  9. I am now in possession of far too many pictures of the #Acropolis for someone who has never been

  10. :stargif: 𝑺𝒆𝒊𝒔 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒐𝒔𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒊𝒂 :stargif:

    En la ladera norte de la Acrópolis de Atenas, casi a la sombra del Partenón, el Erecteón no impone: susurra.
    Es un templo irregular, íntimo, construido hacia el 420 a.C., cuando la ciudad aún respiraba la grandeza de Pericles y también el cansancio de la guerra.
    En su pórtico sur, seis figuras femeninas sostienen el entablamento con una serenidad que desarma.
    No parecen esforzarse.
    Y, sin embargo, cargan con piedra, historia y símbolo.

    Son las cariátides.
    Miden algo más de dos metros y fueron talladas en mármol pentélico, esa piedra clara que con la luz ática adquiere tonos dorados.
    Si uno se detiene a mirarlas, descubre que no son idénticas.
    Cambia el pliegue del peplo, la leve flexión de la rodilla, la inclinación de la cabeza.
    Hay movimiento en su quietud.
    Esa alternancia sutil de peso —una pierna firme, la otra relajada— crea equilibrio y gracia.
    La arquitectura se vuelve cuerpo.

    Su belleza no es frágil.
    Los escultores sabían muy bien lo que hacían.
    Las gruesas trenzas que caen sobre la espalda no son solo ornamento: refuerzan el cuello, el punto más vulnerable de la figura.
    En ellas, la estética y la ingeniería se dan la mano.
    También estuvieron policromadas; hoy las vemos blancas, pero en origen tuvieron color, ojos pintados, detalles que las acercaban más a lo humano que a lo abstracto.

    El nombre “cariátide” remite a una historia incómoda.
    En su tratado De Architectura, el romano Vitruvio explicó que representaban a las mujeres de la ciudad de Caria, castigadas por haberse aliado con los persas.
    Condenadas a sostener templos como símbolo de humillación eterna.
    Es un relato potente, casi demasiado perfecto para no haber sido utilizado como advertencia política.
    Sin embargo, muchos historiadores dudan de su veracidad.
    Otra interpretación las vincula con las canephoras, jóvenes atenienses que llevaban cestas sagradas en las procesiones hacia la Acrópolis.
    No castigo, sino honor.
    No vergüenza, sino ritual.

    Quizá la verdad se perdió entre mito y propaganda.
    Atenas sabía convertir la piedra en mensaje.

    Hoy, cinco de las figuras originales se conservan en el Museo de la Acrópolis.
    La sexta se encuentra en el British Museum, trasladada a comienzos del siglo XIX por Lord Elgin.
    Su ausencia pesa.
    No es solo una cuestión estética; es un debate abierto sobre patrimonio, expolio y memoria compartida.
    En Atenas circula una leyenda: por la noche, las cinco hermanas “lloran” a la que falta.
    Es una imagen romántica, sí, pero también habla de una herida que sigue sin cerrarse.

    Las copias que hoy sostienen el pórtico cumplen su función estructural, mientras las originales descansan protegidas.
    Y aun así, cuando el sol cae sobre la colina sagrada, el efecto es el mismo: seis mujeres, inmóviles, sosteniendo algo más que piedra.
    Sostienen la idea de una ciudad que se pensó a sí misma a través del mito.
    Sostienen la tensión entre arte y poder, entre belleza y propaganda.

    En el Renacimiento, su modelo volvió a cobrar vida.
    Arquitectos y escultores redescubrieron a Vitruvio y adoptaron las figuras femeninas como símbolo de prestigio.
    En el Louvre, la sala de las Cariátides de Jean Goujon reinterpretó la herencia griega con una elegancia más dinámica, casi sensual.
    Y junto a ellas aparecieron los atlantes, su versión masculina, cuerpos tensos que parecen sufrir el peso que cargan.
    Frente a esa tensión, las figuras del Erecteón permanecen serenas.
    No hay dramatismo en su gesto.
    Hay resistencia.

    Quizá por eso siguen fascinando.
    No representan la fuerza bruta, sino la firmeza silenciosa.
    No exhiben esfuerzo, lo contienen.
    En tiempos antiguos y modernos, han sido leídas como símbolo de sacrificio, de dignidad o de advertencia.
    Tal vez sean todo eso a la vez.

    Seis mujeres.
    Seis presencias que atraviesan los siglos.
    Cuando uno las mira de frente, entiende que la arquitectura puede tener rostro, y que la piedra, si se talla con intención, puede convertirse en memoria.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #cariatides #acropolis #erecteon #historiaantigua #arteclasico #patrimonio #atenas #arquitecturagriega

  11. :stargif: 𝑺𝒆𝒊𝒔 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒐𝒔𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒊𝒂 :stargif:

    En la ladera norte de la Acrópolis de Atenas, casi a la sombra del Partenón, el Erecteón no impone: susurra.
    Es un templo irregular, íntimo, construido hacia el 420 a.C., cuando la ciudad aún respiraba la grandeza de Pericles y también el cansancio de la guerra.
    En su pórtico sur, seis figuras femeninas sostienen el entablamento con una serenidad que desarma.
    No parecen esforzarse.
    Y, sin embargo, cargan con piedra, historia y símbolo.

    Son las cariátides.
    Miden algo más de dos metros y fueron talladas en mármol pentélico, esa piedra clara que con la luz ática adquiere tonos dorados.
    Si uno se detiene a mirarlas, descubre que no son idénticas.
    Cambia el pliegue del peplo, la leve flexión de la rodilla, la inclinación de la cabeza.
    Hay movimiento en su quietud.
    Esa alternancia sutil de peso —una pierna firme, la otra relajada— crea equilibrio y gracia.
    La arquitectura se vuelve cuerpo.

    Su belleza no es frágil.
    Los escultores sabían muy bien lo que hacían.
    Las gruesas trenzas que caen sobre la espalda no son solo ornamento: refuerzan el cuello, el punto más vulnerable de la figura.
    En ellas, la estética y la ingeniería se dan la mano.
    También estuvieron policromadas; hoy las vemos blancas, pero en origen tuvieron color, ojos pintados, detalles que las acercaban más a lo humano que a lo abstracto.

    El nombre “cariátide” remite a una historia incómoda.
    En su tratado De Architectura, el romano Vitruvio explicó que representaban a las mujeres de la ciudad de Caria, castigadas por haberse aliado con los persas.
    Condenadas a sostener templos como símbolo de humillación eterna.
    Es un relato potente, casi demasiado perfecto para no haber sido utilizado como advertencia política.
    Sin embargo, muchos historiadores dudan de su veracidad.
    Otra interpretación las vincula con las canephoras, jóvenes atenienses que llevaban cestas sagradas en las procesiones hacia la Acrópolis.
    No castigo, sino honor.
    No vergüenza, sino ritual.

    Quizá la verdad se perdió entre mito y propaganda.
    Atenas sabía convertir la piedra en mensaje.

    Hoy, cinco de las figuras originales se conservan en el Museo de la Acrópolis.
    La sexta se encuentra en el British Museum, trasladada a comienzos del siglo XIX por Lord Elgin.
    Su ausencia pesa.
    No es solo una cuestión estética; es un debate abierto sobre patrimonio, expolio y memoria compartida.
    En Atenas circula una leyenda: por la noche, las cinco hermanas “lloran” a la que falta.
    Es una imagen romántica, sí, pero también habla de una herida que sigue sin cerrarse.

    Las copias que hoy sostienen el pórtico cumplen su función estructural, mientras las originales descansan protegidas.
    Y aun así, cuando el sol cae sobre la colina sagrada, el efecto es el mismo: seis mujeres, inmóviles, sosteniendo algo más que piedra.
    Sostienen la idea de una ciudad que se pensó a sí misma a través del mito.
    Sostienen la tensión entre arte y poder, entre belleza y propaganda.

    En el Renacimiento, su modelo volvió a cobrar vida.
    Arquitectos y escultores redescubrieron a Vitruvio y adoptaron las figuras femeninas como símbolo de prestigio.
    En el Louvre, la sala de las Cariátides de Jean Goujon reinterpretó la herencia griega con una elegancia más dinámica, casi sensual.
    Y junto a ellas aparecieron los atlantes, su versión masculina, cuerpos tensos que parecen sufrir el peso que cargan.
    Frente a esa tensión, las figuras del Erecteón permanecen serenas.
    No hay dramatismo en su gesto.
    Hay resistencia.

    Quizá por eso siguen fascinando.
    No representan la fuerza bruta, sino la firmeza silenciosa.
    No exhiben esfuerzo, lo contienen.
    En tiempos antiguos y modernos, han sido leídas como símbolo de sacrificio, de dignidad o de advertencia.
    Tal vez sean todo eso a la vez.

    Seis mujeres.
    Seis presencias que atraviesan los siglos.
    Cuando uno las mira de frente, entiende que la arquitectura puede tener rostro, y que la piedra, si se talla con intención, puede convertirse en memoria.

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    #cariatides #acropolis #erecteon #historiaantigua #arteclasico #patrimonio #atenas #arquitecturagriega

  12. :stargif: 𝑺𝒆𝒊𝒔 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒐𝒔𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒊𝒂 :stargif:

    En la ladera norte de la Acrópolis de Atenas, casi a la sombra del Partenón, el Erecteón no impone: susurra.
    Es un templo irregular, íntimo, construido hacia el 420 a.C., cuando la ciudad aún respiraba la grandeza de Pericles y también el cansancio de la guerra.
    En su pórtico sur, seis figuras femeninas sostienen el entablamento con una serenidad que desarma.
    No parecen esforzarse.
    Y, sin embargo, cargan con piedra, historia y símbolo.

    Son las cariátides.
    Miden algo más de dos metros y fueron talladas en mármol pentélico, esa piedra clara que con la luz ática adquiere tonos dorados.
    Si uno se detiene a mirarlas, descubre que no son idénticas.
    Cambia el pliegue del peplo, la leve flexión de la rodilla, la inclinación de la cabeza.
    Hay movimiento en su quietud.
    Esa alternancia sutil de peso —una pierna firme, la otra relajada— crea equilibrio y gracia.
    La arquitectura se vuelve cuerpo.

    Su belleza no es frágil.
    Los escultores sabían muy bien lo que hacían.
    Las gruesas trenzas que caen sobre la espalda no son solo ornamento: refuerzan el cuello, el punto más vulnerable de la figura.
    En ellas, la estética y la ingeniería se dan la mano.
    También estuvieron policromadas; hoy las vemos blancas, pero en origen tuvieron color, ojos pintados, detalles que las acercaban más a lo humano que a lo abstracto.

    El nombre “cariátide” remite a una historia incómoda.
    En su tratado De Architectura, el romano Vitruvio explicó que representaban a las mujeres de la ciudad de Caria, castigadas por haberse aliado con los persas.
    Condenadas a sostener templos como símbolo de humillación eterna.
    Es un relato potente, casi demasiado perfecto para no haber sido utilizado como advertencia política.
    Sin embargo, muchos historiadores dudan de su veracidad.
    Otra interpretación las vincula con las canephoras, jóvenes atenienses que llevaban cestas sagradas en las procesiones hacia la Acrópolis.
    No castigo, sino honor.
    No vergüenza, sino ritual.

    Quizá la verdad se perdió entre mito y propaganda.
    Atenas sabía convertir la piedra en mensaje.

    Hoy, cinco de las figuras originales se conservan en el Museo de la Acrópolis.
    La sexta se encuentra en el British Museum, trasladada a comienzos del siglo XIX por Lord Elgin.
    Su ausencia pesa.
    No es solo una cuestión estética; es un debate abierto sobre patrimonio, expolio y memoria compartida.
    En Atenas circula una leyenda: por la noche, las cinco hermanas “lloran” a la que falta.
    Es una imagen romántica, sí, pero también habla de una herida que sigue sin cerrarse.

    Las copias que hoy sostienen el pórtico cumplen su función estructural, mientras las originales descansan protegidas.
    Y aun así, cuando el sol cae sobre la colina sagrada, el efecto es el mismo: seis mujeres, inmóviles, sosteniendo algo más que piedra.
    Sostienen la idea de una ciudad que se pensó a sí misma a través del mito.
    Sostienen la tensión entre arte y poder, entre belleza y propaganda.

    En el Renacimiento, su modelo volvió a cobrar vida.
    Arquitectos y escultores redescubrieron a Vitruvio y adoptaron las figuras femeninas como símbolo de prestigio.
    En el Louvre, la sala de las Cariátides de Jean Goujon reinterpretó la herencia griega con una elegancia más dinámica, casi sensual.
    Y junto a ellas aparecieron los atlantes, su versión masculina, cuerpos tensos que parecen sufrir el peso que cargan.
    Frente a esa tensión, las figuras del Erecteón permanecen serenas.
    No hay dramatismo en su gesto.
    Hay resistencia.

    Quizá por eso siguen fascinando.
    No representan la fuerza bruta, sino la firmeza silenciosa.
    No exhiben esfuerzo, lo contienen.
    En tiempos antiguos y modernos, han sido leídas como símbolo de sacrificio, de dignidad o de advertencia.
    Tal vez sean todo eso a la vez.

    Seis mujeres.
    Seis presencias que atraviesan los siglos.
    Cuando uno las mira de frente, entiende que la arquitectura puede tener rostro, y que la piedra, si se talla con intención, puede convertirse en memoria.

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    #cariatides #acropolis #erecteon #historiaantigua #arteclasico #patrimonio #atenas #arquitecturagriega

  13. :stargif: 𝑺𝒆𝒊𝒔 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒐𝒔𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒊𝒂 :stargif:

    En la ladera norte de la Acrópolis de Atenas, casi a la sombra del Partenón, el Erecteón no impone: susurra.
    Es un templo irregular, íntimo, construido hacia el 420 a.C., cuando la ciudad aún respiraba la grandeza de Pericles y también el cansancio de la guerra.
    En su pórtico sur, seis figuras femeninas sostienen el entablamento con una serenidad que desarma.
    No parecen esforzarse.
    Y, sin embargo, cargan con piedra, historia y símbolo.

    Son las cariátides.
    Miden algo más de dos metros y fueron talladas en mármol pentélico, esa piedra clara que con la luz ática adquiere tonos dorados.
    Si uno se detiene a mirarlas, descubre que no son idénticas.
    Cambia el pliegue del peplo, la leve flexión de la rodilla, la inclinación de la cabeza.
    Hay movimiento en su quietud.
    Esa alternancia sutil de peso —una pierna firme, la otra relajada— crea equilibrio y gracia.
    La arquitectura se vuelve cuerpo.

    Su belleza no es frágil.
    Los escultores sabían muy bien lo que hacían.
    Las gruesas trenzas que caen sobre la espalda no son solo ornamento: refuerzan el cuello, el punto más vulnerable de la figura.
    En ellas, la estética y la ingeniería se dan la mano.
    También estuvieron policromadas; hoy las vemos blancas, pero en origen tuvieron color, ojos pintados, detalles que las acercaban más a lo humano que a lo abstracto.

    El nombre “cariátide” remite a una historia incómoda.
    En su tratado De Architectura, el romano Vitruvio explicó que representaban a las mujeres de la ciudad de Caria, castigadas por haberse aliado con los persas.
    Condenadas a sostener templos como símbolo de humillación eterna.
    Es un relato potente, casi demasiado perfecto para no haber sido utilizado como advertencia política.
    Sin embargo, muchos historiadores dudan de su veracidad.
    Otra interpretación las vincula con las canephoras, jóvenes atenienses que llevaban cestas sagradas en las procesiones hacia la Acrópolis.
    No castigo, sino honor.
    No vergüenza, sino ritual.

    Quizá la verdad se perdió entre mito y propaganda.
    Atenas sabía convertir la piedra en mensaje.

    Hoy, cinco de las figuras originales se conservan en el Museo de la Acrópolis.
    La sexta se encuentra en el British Museum, trasladada a comienzos del siglo XIX por Lord Elgin.
    Su ausencia pesa.
    No es solo una cuestión estética; es un debate abierto sobre patrimonio, expolio y memoria compartida.
    En Atenas circula una leyenda: por la noche, las cinco hermanas “lloran” a la que falta.
    Es una imagen romántica, sí, pero también habla de una herida que sigue sin cerrarse.

    Las copias que hoy sostienen el pórtico cumplen su función estructural, mientras las originales descansan protegidas.
    Y aun así, cuando el sol cae sobre la colina sagrada, el efecto es el mismo: seis mujeres, inmóviles, sosteniendo algo más que piedra.
    Sostienen la idea de una ciudad que se pensó a sí misma a través del mito.
    Sostienen la tensión entre arte y poder, entre belleza y propaganda.

    En el Renacimiento, su modelo volvió a cobrar vida.
    Arquitectos y escultores redescubrieron a Vitruvio y adoptaron las figuras femeninas como símbolo de prestigio.
    En el Louvre, la sala de las Cariátides de Jean Goujon reinterpretó la herencia griega con una elegancia más dinámica, casi sensual.
    Y junto a ellas aparecieron los atlantes, su versión masculina, cuerpos tensos que parecen sufrir el peso que cargan.
    Frente a esa tensión, las figuras del Erecteón permanecen serenas.
    No hay dramatismo en su gesto.
    Hay resistencia.

    Quizá por eso siguen fascinando.
    No representan la fuerza bruta, sino la firmeza silenciosa.
    No exhiben esfuerzo, lo contienen.
    En tiempos antiguos y modernos, han sido leídas como símbolo de sacrificio, de dignidad o de advertencia.
    Tal vez sean todo eso a la vez.

    Seis mujeres.
    Seis presencias que atraviesan los siglos.
    Cuando uno las mira de frente, entiende que la arquitectura puede tener rostro, y que la piedra, si se talla con intención, puede convertirse en memoria.

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    #cariatides #acropolis #erecteon #historiaantigua #arteclasico #patrimonio #atenas #arquitecturagriega

  14. :stargif: 𝑺𝒆𝒊𝒔 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒐𝒔𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒊𝒂 :stargif:

    En la ladera norte de la Acrópolis de Atenas, casi a la sombra del Partenón, el Erecteón no impone: susurra.
    Es un templo irregular, íntimo, construido hacia el 420 a.C., cuando la ciudad aún respiraba la grandeza de Pericles y también el cansancio de la guerra.
    En su pórtico sur, seis figuras femeninas sostienen el entablamento con una serenidad que desarma.
    No parecen esforzarse.
    Y, sin embargo, cargan con piedra, historia y símbolo.

    Son las cariátides.
    Miden algo más de dos metros y fueron talladas en mármol pentélico, esa piedra clara que con la luz ática adquiere tonos dorados.
    Si uno se detiene a mirarlas, descubre que no son idénticas.
    Cambia el pliegue del peplo, la leve flexión de la rodilla, la inclinación de la cabeza.
    Hay movimiento en su quietud.
    Esa alternancia sutil de peso —una pierna firme, la otra relajada— crea equilibrio y gracia.
    La arquitectura se vuelve cuerpo.

    Su belleza no es frágil.
    Los escultores sabían muy bien lo que hacían.
    Las gruesas trenzas que caen sobre la espalda no son solo ornamento: refuerzan el cuello, el punto más vulnerable de la figura.
    En ellas, la estética y la ingeniería se dan la mano.
    También estuvieron policromadas; hoy las vemos blancas, pero en origen tuvieron color, ojos pintados, detalles que las acercaban más a lo humano que a lo abstracto.

    El nombre “cariátide” remite a una historia incómoda.
    En su tratado De Architectura, el romano Vitruvio explicó que representaban a las mujeres de la ciudad de Caria, castigadas por haberse aliado con los persas.
    Condenadas a sostener templos como símbolo de humillación eterna.
    Es un relato potente, casi demasiado perfecto para no haber sido utilizado como advertencia política.
    Sin embargo, muchos historiadores dudan de su veracidad.
    Otra interpretación las vincula con las canephoras, jóvenes atenienses que llevaban cestas sagradas en las procesiones hacia la Acrópolis.
    No castigo, sino honor.
    No vergüenza, sino ritual.

    Quizá la verdad se perdió entre mito y propaganda.
    Atenas sabía convertir la piedra en mensaje.

    Hoy, cinco de las figuras originales se conservan en el Museo de la Acrópolis.
    La sexta se encuentra en el British Museum, trasladada a comienzos del siglo XIX por Lord Elgin.
    Su ausencia pesa.
    No es solo una cuestión estética; es un debate abierto sobre patrimonio, expolio y memoria compartida.
    En Atenas circula una leyenda: por la noche, las cinco hermanas “lloran” a la que falta.
    Es una imagen romántica, sí, pero también habla de una herida que sigue sin cerrarse.

    Las copias que hoy sostienen el pórtico cumplen su función estructural, mientras las originales descansan protegidas.
    Y aun así, cuando el sol cae sobre la colina sagrada, el efecto es el mismo: seis mujeres, inmóviles, sosteniendo algo más que piedra.
    Sostienen la idea de una ciudad que se pensó a sí misma a través del mito.
    Sostienen la tensión entre arte y poder, entre belleza y propaganda.

    En el Renacimiento, su modelo volvió a cobrar vida.
    Arquitectos y escultores redescubrieron a Vitruvio y adoptaron las figuras femeninas como símbolo de prestigio.
    En el Louvre, la sala de las Cariátides de Jean Goujon reinterpretó la herencia griega con una elegancia más dinámica, casi sensual.
    Y junto a ellas aparecieron los atlantes, su versión masculina, cuerpos tensos que parecen sufrir el peso que cargan.
    Frente a esa tensión, las figuras del Erecteón permanecen serenas.
    No hay dramatismo en su gesto.
    Hay resistencia.

    Quizá por eso siguen fascinando.
    No representan la fuerza bruta, sino la firmeza silenciosa.
    No exhiben esfuerzo, lo contienen.
    En tiempos antiguos y modernos, han sido leídas como símbolo de sacrificio, de dignidad o de advertencia.
    Tal vez sean todo eso a la vez.

    Seis mujeres.
    Seis presencias que atraviesan los siglos.
    Cuando uno las mira de frente, entiende que la arquitectura puede tener rostro, y que la piedra, si se talla con intención, puede convertirse en memoria.

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    #cariatides #acropolis #erecteon #historiaantigua #arteclasico #patrimonio #atenas #arquitecturagriega

  15. Greece Approves Landmark Restoration of the Odeon of Herodes Atticus Beneath the Acropolis

    There have been many memorable performances at the Acropolis ancient theater, the Odeon of Herodotus Atticus in Athens,…
    #Greece #GR #Europe #Europa #EU #Acrópolis #greece #GreekGovernment #Herodeon #restorationplan #Ελλάδα #νεα
    europesays.com/2796359/

  16. Noumenia: The New Moon Day Was the Holiest in Ancient Greece

    Ancient Greeks celebrated the new moon calling it Noumenia. Credit: Carl Young CC BY-SA-4.0 In Ancient Greece, Noumenia,…
    #Greece #GR #Europe #Europa #EU #Acrópolis #Aristophanes #Evergreen #greece #Herodotus #Noumenia #Plutarch #Ελλάδα #νεα
    europesays.com/2745224/

  17. review: Dimitris Pikionis at the Benaki Museum Pireos ⭐️⭐️

    I picked this exhibition at random, never heard of the man. It turns out he was the guy who designed the beautiful landscaping and footpaths around the acropolis!

    felix.gripe/blog/benaki-museum

    #athens #review #acropolis

  18. review: Dimitris Pikionis at the Benaki Museum Pireos ⭐️⭐️

    I picked this exhibition at random, never heard of the man. It turns out he was the guy who designed the beautiful landscaping and footpaths around the acropolis!

    felix.gripe/blog/benaki-museum

    #athens #review #acropolis

  19. review: Dimitris Pikionis at the Benaki Museum Pireos ⭐️⭐️

    I picked this exhibition at random, never heard of the man. It turns out he was the guy who designed the beautiful landscaping and footpaths around the acropolis!

    felix.gripe/blog/benaki-museum

    #athens #review #acropolis

  20. review: Dimitris Pikionis at the Benaki Museum Pireos ⭐️⭐️

    I picked this exhibition at random, never heard of the man. It turns out he was the guy who designed the beautiful landscaping and footpaths around the acropolis!

    felix.gripe/blog/benaki-museum

    #athens #review #acropolis

  21. review: Dimitris Pikionis at the Benaki Museum Pireos ⭐️⭐️

    I picked this exhibition at random, never heard of the man. It turns out he was the guy who designed the beautiful landscaping and footpaths around the acropolis!

    felix.gripe/blog/benaki-museum

    #athens #review #acropolis

  22. Another unusual view to the city of #Athens, including the #Acropolis and Mount #Lycabettus. The photo was taken on #Alepovouni, a foothill of Mt. #Hymettus.

    #photography #hiking #Kaisariani #Greece
    (photo: @kernpanik | license: CC BY-NC-SA 4.0)

  23. Another unusual view to the city of #Athens, including the #Acropolis and Mount #Lycabettus. The photo was taken on #Alepovouni, a foothill of Mt. #Hymettus.

    #photography #hiking #Kaisariani #Greece
    (photo: @kernpanik | license: CC BY-NC-SA 4.0)

  24. Another unusual view to the city of #Athens, including the #Acropolis and Mount #Lycabettus. The photo was taken on #Alepovouni, a foothill of Mt. #Hymettus.

    #photography #hiking #Kaisariani #Greece
    (photo: @kernpanik | license: CC BY-NC-SA 4.0)

  25. Another unusual view to the city of #Athens, including the #Acropolis and Mount #Lycabettus. The photo was taken on #Alepovouni, a foothill of Mt. #Hymettus.

    #photography #hiking #Kaisariani #Greece
    (photo: @kernpanik | license: CC BY-NC-SA 4.0)

  26. Another unusual view to the city of #Athens, including the #Acropolis and Mount #Lycabettus. The photo was taken on #Alepovouni, a foothill of Mt. #Hymettus.

    #photography #hiking #Kaisariani #Greece
    (photo: @kernpanik | license: CC BY-NC-SA 4.0)

  27. athens, greece
    may 1959

    the acropolis

    flickr.com/photos/dboo/5364788
    flickr.com/photos/dboo/6771768

    part of an archival project, featuring the photographs of nick dewolf

    © the Nick DeWolf Foundation
    Image-use requests are welcome via nickdewolfphotoarchive [at] gmail [dot] com

    #photography #film #bw #blackandwhite #mediumformat #greece #greek #athens #acropolis #ruins #1950s

  28. athens, greece
    may 1959

    the acropolis

    flickr.com/photos/dboo/5364788
    flickr.com/photos/dboo/6771768

    part of an archival project, featuring the photographs of nick dewolf

    © the Nick DeWolf Foundation
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    #photography #film #bw #blackandwhite #mediumformat #greece #greek #athens #acropolis #ruins #1950s

  29. athens, greece
    may 1959

    the acropolis

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    #photography #film #bw #blackandwhite #mediumformat #greece #greek #athens #acropolis #ruins #1950s

  30. athens, greece
    may 1959

    the parthenon

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    #photography #film #bw #blackandwhite #mediumformat #greece #greek #athens #acropolis #parthenon #ruins #1950s

  31. athens, greece
    may 1959

    the parthenon

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  32. athens, greece
    may 1959

    the parthenon

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  33. athens, greece
    may 1959

    the parthenon

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