home.social

Search

19 results for “bartt”

  1. RE: hachyderm.io/@thomasfuchs/1174

    Even when the Covid lockdowns showed how well programmers deliver remotely.

  2. Mas ainda é a marca mais barata, então comprei 4 litros.

  3. Eu fiquei divulgando pra todo mundo o protetor solar barato que eu uso, é claro que tá mais caro agora.

  4. Um dia com mais repressão no mundo
    Expresso: Detidos os líderes do Movimento das 'Baratas', que convocou protestos em Nova Deli. Há forte presença policial nas ruas
    expresso.pt/india/2026-10-10-d

  5. Profesiones digitales del futuro: ¿será el Sur Global una fuente de mano de obra barata o un nuevo centro de propiedad intelectual?

    fed.brid.gy/r/https://www.tele

  6. Carros a bateria abaixo de 25 mil euros ganham tracção no mercado europeu, enquanto em Portugal se fala de novos impostos para eléctricos.

    publico.pt/2026/10/10/enter/po

  7. europesays.com/es/810801/ Santi Cañizares, sobre la vivienda: «Valencia en los 90 era una ciudad regalada y no sabías qué comprar porque todo te parecía muy barato. Era buen momento para invertir» #barato #buen #canizares #Celebrities #ciudad #comprar #Entertainment #Entretenimiento #era #ES #España #Famosos #invertir #momento #parecia #regalada #sabias #santi #sobre #Spain #Valencia #Vivienda

  8. Descobri que existe uma chaleira elétrica que permite esquentar a água só até ela atingir 90C, que é a temperatura que dizem ser a ideal para passar o #café.
    Tem outras marcas até mais baratas mas me indicaram essa da Cadence: cadence.com.br/chaleira-eletri

  9. Tiket MotoGP Mandalika 2026 sudah habis terjual

    Penjualan tiket MotoGP 2026 di Sirkuit Mandalika, Kabupaten Lombok Tengah, Nusa Tenggara Barat sudah habis terjual ...

    antaranews.com/berita/5779222/

    #antaranews #berita #news #indonesianews #topnews #press

  10. #datocurioso

    ¿Por qué las brujas visten de negro?

    Si pensamos en una bruja, la mente nos dibuja de inmediato a una mujer con un largo vestido oscuro y un sombrero puntiagudo. Hoy en día, quienes practican la brujería moderna eligen el color negro como un símbolo de poder personal, misterio y, sobre todo, como un escudo energético que absorbe y repele la negatividad. Sin embargo, la historia detrás de este guardarropa es muy diferente y tiene más que ver con la propaganda que con la magia.

    En los siglos de la persecución en Europa, las sanadoras y herbolarias del campo no usaban uniformes oscuros. Vestían con telas comunes y baratas de tonos grises, marrones o del color natural de la lana. Fueron sus perseguidores quienes las vistieron de negro en el imaginario colectivo. Para las autoridades de la época, el negro representaba la noche, el pecado y lo prohibido. Al ilustrar los juicios en grabados de madera en blanco y negro, la silueta oscura se convirtió en el retrato perfecto de la maldad, creando con esto un prejuicio.

    Siglos después, la literatura y el cine terminaron de fijar este estereotipo y prejuicio. Lejos de esconderse, las corrientes espirituales modernas adoptaron el color con orgullo, transformando un símbolo de miedo en una herramienta de protección ante la negatividad.

    — Amber Luna, Bruja y Antropóloga

    #Historia #Brujería #Antropología #bruja #paganismo

  11. Cabinas, sexo y exorcismo: la verdad sobre el local de Barracas

    Hace diez años que vivo de un blog de contenido sensacionalista. Me enteré de las cabinas por el correo de un lector. Decidí echar un vistazo. Quedaban por Barracas, no me costó encontrarlas porque un amigo vive cerca. No viene al caso contar dónde era.

    Al llegar, vi que un hombre salía, apremiado. Me pareció que su prisa no era para perderse rápido del local y no ser visto por nadie, sino porque estaba aterrado. Según entendí por el correo, era lo que aquel hombre había ido a buscar. El tipo no era un cura, a pesar del apremio: tenía el semblante duro, curtido, y estaba vestido con unos jeans y una campera de cuero negra. La misma campera que tenía el patovica que franqueaba la puerta.

    Le entregué el efectivo (no era barato), me dio una tarjeta con un número y se apartó para dejarme entrar a un pasillo largo y estrecho. Pasé por las demás cabinas mirando hacia la derecha, que era donde estaban ubicadas. Las puertas de chapa estaban todas cerradas. Poco podía sonsacar de los otros clientes que estaban detrás de esas puertas. Seguí de largo hasta la que tenía escrito con marcador el número 9.

    Abrí la puerta. Enseguida sentí claustrofobia, porque mi lado de la cabina no tenía ventilación y era bastante chico. Tenía una silla vieja y dura que invitaba a quedarse de pie. Pero me senté y esperé.

    Del otro lado había un cubículo con un poco más de espacio que el mío. El vidrio que nos separaba (el único gasto excesivo de aquel lugar) parecía lo suficientemente duro como para aguantar golpes. Podía ver las magulladuras en varios lugares, algunas parecían arañazos y otras golpes a puño limpio. Las paredes estaban pintadas de gris, iguales a las que me rodeaban. El olor que había de mi lado era a sexo, agrio, a semen más que nada. Me sentía tan incómodo que eché la silla hacia atrás. Me empecé a impacientar. ¿Cuándo iba a aparecer? Al ver los golpes en el cristal, me pareció que el asunto podía ser peligroso. Algo interrumpió mis pensamientos.

    Desde la parte inferior del panel de vidrio empezaron a aparecer pelos teñidos de rosado, esos pelos se convirtieron en una cabeza, en una frente ceñuda, y en unos ojos que parpadeaban (el primer parpadeo era normal, unos ojos azules, y el segundo dejaba a los ojos blancos), una nariz cuyas narinas daban a pensar que la chica se estaba hiperventilando o que estaba repleta de deseo, y una boca con los labios finos y resecos. La piel era blanca, pálida. Siguió incorporándose del otro lado del cristal y pude ver que tenía una musculosa negra con agujeros, tatuajes en el brazo derecho y una cicatriz de quemadura en el izquierdo. Me dije que lo de los ojos sería algún truco barato, lentes de contacto, de esos que venden en cualquier local del centro.

    Esperé. La chica hizo un gesto con la mano como para que la siguiera mirando y se acuclilló en el centro del cubículo. Con las dos manos apoyadas en el suelo, empezó a abrir la boca, despacio, demasiado. Entonces cerró los ojos y, como si fuera una nena, se acostó en posición fetal. Me di cuenta de que estaba esperando que yo hiciera algo. Como no pasaba nada, bajé la vista a mi alrededor y noté que a mi izquierda tenía un crucifijo y a mi derecha una Biblia. Entendí entonces el juego que me había contado mi fuente. 

    Levanté el crucifijo. La chica apoyó las dos manos en el suelo, despegó la cabeza y me empezó a observar con la frente más ceñuda. Abrió la boca y lanzó un chillido. De a poco se incorporó y me dio la espalda. Tenía manchas moradas a la altura de los codos y, vestida con unos jeans cortos que dejaban ver sus nalgas, tenía un culo casi perfecto.

    Se acercó a la puerta del otro lado, por la que debió haber entrado, y apoyó las dos manos contra la pared. Mientras, me ofrecía el culo y gañía como un perro lastimado. Entonces despegó una mano de la pared y con un dedo me hizo la señal de que me acercara. Sólo que la señal no era para mí, sino para el crucifijo. Lo acerqué al vidrio y la chica aulló. Dio vuelta la cabeza y me clavó una mirada terrorífica. Nunca había visto una mirada tan llena de odio y de orgullo a la vez. La chica quería más. Y, de repente, yo también.

    El crucifijo ya no daba. Tomé la Biblia y la abrí donde tenía un señalador.

    Leí Mateo 8:16:

    Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos…

    La chica giró por completo. Hablaba, como yo, alto, pero no en lenguas, como uno hubiera esperado, sino que me decía Hijo de puta, Sinvergüenza, Degenerado, Pervertido y unas cuantas malas palabras que eran más excitantes, e interesantes, debo confesarlo, que escuchar a alguien hablar en arameo.

    Seguí:

    Marcos 1:26:

    Entonces el espíritu inmundo, causándole convulsiones, gritó a gran voz y salió de él.

    La chica abrió la boca, se impulsó contra la puerta y se arrojó contra el cristal. Pensé que iba a romperlo, así que incliné hacia atrás la silla. Improvisé. Le dije:

    Espíritu, deja a esta mujer en paz y sal de ese cuerpo, te lo ordeno por Jesucristo.

    La chica pegó un salto y desapareció de mi campo de visión. La seguí con la mirada. El techo de ella debía ser más alto que el mío. Si no, ¿dónde se había escondido? Dije:

    Espíritu demoníaco, muéstrate tal cual eres, déjame verte.

    De repente escuché una risa ronca de hombre. A la vez, la cabeza de la chica apareció lentamente desde arriba del cubículo, como si su cuerpo estuviera colgando boca abajo. Abrió la boca tan grande que parecía imposible y pude ver los dientes negros y una saliva que le colgaba de la barbilla del mismo color. Confieso que estuve a punto de cagarme encima (sólo el pensamiento de que tal vez se había colgado de una barra de dominadas oculta me salvó).

    Tenía el pelo hacia atrás, mojado ahora. Hizo un giro en el aire y aterrizó en el suelo. Al caer apoyó mal un pie y se quedó un segundo quieta, mirando un punto de la pared gris, como si se hubiera olvidado de lo que seguía. Después volvió. Tenía los dedos con uñas largas, sin pintar, sucias y rotas, casi cerrados sobre las palmas como si fueran garras. Las venas de los antebrazos eran azules y resaltaban, lo que le daba un aspecto varonil.

    Dejé la Biblia donde estaba e improvisé de nuevo:

    Quiero saber tu verdadero nombre, demonio del Infierno.

    Se llevó las manos a la boca y escupió en ellas un líquido que parecía sangre, demasiado rojo, y escribió en el vidrio:

    Abrahel

    Tu verdadero nombre, dije, demonio del Infierno.

    El demonio resopló, como si estuviera casi derrotado. O cansada.

    Tachó el nombre y escribió:

    Marisa.

    Asentí. Abrahel-Marisa se frotó los dientes con los dedos, como si quisiera limpiárselos. El negro le quedó en la mano. Después se sentó en el suelo, de espaldas, como al principio. Una mano le temblaba contra el muslo. Pensé que seguía en personaje. 

    Alguien golpeó la puerta. Era el patovica. Mi tiempo se había acabado. Dejé la habitación, le entregué la tarjeta con el número 9 y vi que en el pasillo había un hombre esperando, de espaldas, mirando la chapa de una puerta cerrada. Tenía unos zapatos negros, lustrados, fuera de lugar en ese piso. Caminé con el patovica escoltándome hasta afuera. Hasta luego, me dijo, y repetí lo mismo.

    Afuera atardecía. Noté que una figura encapuchada aparecía por detrás del local. Por los ojos azules, la palidez y un mechón rosado reconocí que era Marisa. Tenía más curiosidad que miedo, así que me acerqué y le pregunté cómo era capaz de hacer las cosas que hacía. Apretó los labios. Negó con la cabeza. Y suspiró. Parecía muy cansada, como si la vida no la hubiera tratado bien. Ya se habían prendido las luces del alumbrado público y noté que tenía otra cicatriz de quemadura en el pómulo derecho. Parecía que le hubieran apagado un cigarrillo en la cara.

    por Adrián Fares

    Inglés: adrianfares.substack.com

    Si les gustó pueden leer esta crónica (sobre un caso real) de lo que ocurrió en los noventa sobre los supuestos mensajes satánicos que contenían las canciones de la conductora infantil Xuxa. Un cura, un santuario religioso y alumnos aterrados: https://elsabanon.wordpress.com/2025/10/24/xuxa-el-cura-exorcista-y-los-mensajes-ocultos-una-tarde-de-panico-satanico-en-los-90/

    #adrianGastonFares #Barracas #cuento #exorcismo #género #horrorUrbano #literaturaArgentina #mujeres #prostitución #terrorArgentino
Share on Mastodon

Enter the server where you have an account.